Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Marcos 8:22-38MarcosNicolás Osorio

20/20

Transcripción

Saludo desde Bogotá

(La grabación comienza con el mensaje ya iniciado.)

…hasta ahora conociendo, pero siempre es una alegría estar acá, siempre es un gozo estar con ustedes. Siento que esta iglesia es muy cercana a mi corazón; tal vez, fuera de mi iglesia local, es la iglesia en la que más disfruto estar, y eso me anima. Y ahora traer a toda mi familia, que siempre lo hemos dicho, y por fin el Señor nos da esa oportunidad: es un gran gozo para mí. También les traigo saludos de la Iglesia Bautista Renacer y, como siempre les digo, hermanos, si algún día están por el norte de Bogotá, así casualmente un domingo, bienvenidos a la iglesia. Vengan, visítennos.

Queremos compartir con ustedes también, y que vean quiénes están allá y cuál es su familia en Bogotá. Me encanta, además, cantar con ustedes. Hay un montón de canciones que ustedes cantan que yo solo cantaba cuando era niño, y como que me transporta a un montón de eventos en mi propia iglesia cuando tenía la edad de mis hijos, y eso me anima también. Y hoy, escuchar a Nico orar antes de que yo pasara a predicar, me sentí como en Bogotá, me sentí como en Renacer. Muchas veces él es el que me introduce para pasar a predicar. Entonces, realmente me siento en casa, y gracias por recibirnos.

Un examen visual

Hay algunos hombres que son más recordados por lo que hicieron que por su nombre. Posiblemente ninguno aquí... de pronto algunos, de pronto alguien con una profesión muy específica conoce el nombre de Herman Snellen. De pronto la mayoría no lo conoce, pero todos aquí conocemos su trabajo, conocemos su obra. Él fue un oftalmólogo holandés que fue el que se inventó una escala de fracciones para medir la agudeza de la visión. Usted ha visto esa escala de fracciones: seguramente son las famosas letras que usted encuentra cada vez que va al oftalmólogo.

Y él propuso que la medida normal de visión se puede entender como 20/20, es decir, ver algo claramente a 6 m de distancia: usted está a 6 m de distancia, que por cierto son 20 pies, y usted puede ver ese objeto claramente. Cuando una persona tiene una visión de 20/40, por ejemplo, significa que necesita estar a 6 m para ver claramente algo que una persona con visión normal vería a 12 m de distancia; entonces es 20/40. Y eso es lo mínimo que usted debe tener para que le den una licencia de conducción. Si usted está peor que eso, no puede manejar un coche, o un carro, como le decimos en Colombia.

En la tabla de letras que todos hemos visto, la primera letra, que es la más grande, es 100. Imagínese: si una persona solo ve eso, prácticamente está ciega. Mientras que la última línea, esas letras pequeñitas, pequeñitas, que usted ve en la escala, son 20, es decir, una visión extraordinaria. Pues nuestro pasaje de hoy es básicamente un examen visual. Hoy vengo a hacerles un examen visual, hermanos. ¿Qué tan aguda debe ser nuestra visión para seguir a Jesús? Y la pregunta más importante para nosotros sería: ¿con cuánta claridad ve usted a Jesús? ¿Con cuánta claridad ve usted la gloria de Cristo y la entiende? Bueno, ese es el examen que vamos a hacer ahora.

Lectura de Marcos 8:22-38

Así que los invito a que abran sus Biblias conmigo en Marcos capítulo 8. Marcos capítulo 8, versículo 22, hasta terminar el capítulo, hasta el versículo 38: Marcos 8:22-38. Voy a leer el pasaje y luego oramos nuevamente para que el Señor nos guíe a través de Su Palabra. Marcos 8:22. Esto dice la Palabra inspirada por Dios:

"Llegaron a Betsaida y trajeron a Jesús un ciego, y le rogaron que lo tocara. Tomando al ciego de la mano, lo sacó fuera de la aldea y, después de escupir en sus ojos y de poner las manos sobre él, le preguntó: '¿Ves algo?'. Y levantando la vista, dijo: 'Veo a los hombres, pero los veo como árboles que caminan'. Entonces Jesús puso otra vez las manos sobre sus ojos, y él miró fijamente y fue restaurado, y veía todo con claridad. Y lo envió a su casa, diciendo: 'Ni aun en la aldea entres'.

Jesús salió con sus discípulos a las aldeas de Cesarea de Filipo, y en el camino preguntó a sus discípulos: '¿Quién dicen los hombres que soy Yo?'. Le respondieron: 'Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; pero otros, uno de los profetas'. Y Él les preguntó de nuevo: 'Pero ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?'. 'Tú eres el Cristo', le respondió Pedro. Y Jesús les advirtió severamente que no hablaran de Él a nadie.

Jesús comenzó a enseñarles que el Hijo del Hombre debía padecer muchas cosas y ser rechazado por los ancianos, los principales sacerdotes y los escribas, y ser muerto, y después de tres días resucitar. Y les decía estas palabras claramente. Entonces Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprender a Jesús. Pero Él, volviéndose y mirando a Sus discípulos, reprendió a Pedro y le dijo: 'Quítate delante de Mí, Satanás, porque no tienes en mente las cosas de Dios, sino las de los hombres'.

Llamando Jesús a la multitud y a Sus discípulos, les dijo: 'Si alguien quiere venir conmigo, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de Mí y del evangelio, la salvará. ¿O de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma? ¿Qué dará un hombre a cambio de su alma? Porque cualquiera que se avergüence de Mí y de Mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre también se avergonzará de él cuando venga en la gloria de Su Padre con los santos ángeles'".

Vamos a orar. Padre celestial, ayúdanos a entender correctamente quién es nuestro Señor Jesús. Ayúdanos a ver con claridad, y no solamente decir que vemos, no solamente profesar que vemos, sino realmente ver. Ayúdanos, Señor; obra en esta iglesia local. Te ruego que Tu Espíritu esté sobre nosotros para recibir Tu Palabra, y que seamos renovados en nuestra mente; y que quienes no ven hoy la gloria de nuestro Señor Jesús porque están ciegos espiritualmente, te ruego que vean; y quienes ven, te ruego que se examinen, y que podamos, Señor, realmente, verdaderamente, ver la gloria de nuestro Señor Jesucristo. Te lo pido en Su nombre. Amén.

Para seguir a Jesús necesitamos ver claramente

Muchas personas en estos días dirían que creen en Jesús. Es fácil encontrar aparentes o supuestos seguidores de Jesús, pero siempre la pregunta es: ¿qué es lo que usted entiende exactamente de Jesús? ¿Usted entiende quién es Jesús? ¿Usted ve con claridad la gloria de Cristo? La realidad es que muchos creen lo que no entienden, siguen lo que no conocen, lo que se imaginan, lo que se inventan en sus mentes, un Jesús imaginario; pero no ven con claridad.

Todos aquí, todos nosotros, necesitamos un examen visual. Necesitamos un examen para reconocer si estamos viendo o no quién es verdaderamente el Señor Jesucristo. De pronto alguno entre nosotros es consciente de que está ciego y está aquí hoy con el objetivo —de pronto personal, pero más importante, con el objetivo providencial de nuestro Señor soberano—: lo tiene aquí para que usted pueda ver hoy. Pero de pronto usted dice: "Bueno, yo veo hace mucho tiempo. Yo veo claramente". Bueno, es un buen día para examinarnos y asegurarnos de que estamos viendo genuinamente a nuestro Señor. Le pido al Señor que examine nuestros corazones para reconocer si lo que seguimos es en realidad al Señor Jesucristo o es nuestro invento del Señor Jesucristo.

Por eso necesitamos recordar que para seguir a Jesús necesitamos ver claramente. Para seguir a Jesús necesitamos ver claramente. Usted no puede seguir a Jesús si usted no ve claramente, porque de pronto está siguiendo a un Jesús que no es real. Y quiero mostrarles qué significa ver claramente a Jesús, así como qué significa no verlo claramente. Así que esa es la forma en la que vamos a abordar ese mensaje. Para seguir a Jesús necesitamos ver claramente, y la forma en la que lo vamos a hacer es a través de entender qué es una visión a medias.

Una visión a medias

¿Qué es una visión a medias? Es decir, una visión parcial. Y luego, ¿qué es una visión completa? Visión a medias y visión completa. Y al entender qué es una visión a medias y qué es una visión completa, entonces le ruego al Señor que nos convenza de que para seguir a Jesús necesitamos ver claramente. ¿Qué es una visión a medias?

Bueno, el pasaje comienza con una de las escenas más raras de la Biblia. Y lo que me encanta de esta escena y de este pasaje —que podría decir que es uno de mis pasajes favoritos en la Biblia— es que demuestra la genialidad literaria de Marcos, del autor de este libro. Es una evidencia de que leer la Biblia no es leer a un montón de gente descuidada que está escribiendo lo que se acuerda y ya. Es una persona que está pensando muy bien cómo escribir su material, su libro, su evangelio. Es una escena extraña porque parece que no está relacionada con nada, y luego vamos a ver que está totalmente relacionada con todo.

Pero, además, es una escena extraña porque nos deja una duda: ¿Jesús no pudo sanar a este hombre? Aparece un ciego y le dicen a Jesús si lo puede sanar. Jesús se lo lleva aparte, lejos, como que solo. Escupe en su mano, pone su saliva en los ojos de este hombre y le dice: "¿Ves algo?". Y él: "Pues sí, veo algo, pero veo como árboles que caminan". ¿Por qué? ¿Por qué pasa eso? ¿Es que acaso Jesús no puede sanarlo inmediatamente? Entonces Jesús vuelve a poner Sus manos sobre él, y ahora sí ve con claridad. ¿Por qué está esa escena? ¿Qué tiene que ver esto con todo? ¿Por qué Jesús no lo sanó completamente de inmediato? ¿Qué es lo que nos quiere mostrar Marcos con esta escena? Bueno, hay que abrir los ojos bien para entender lo que el Señor nos quiere decir.

La excelente visión de Pedro

Justo después de esto, en el versículo 27, hay un cambio de escenario. Desaparece el ciego; ya no estamos viendo al ciego con Jesús. Ahora está Jesús con Sus discípulos y les hace una pregunta: "¿Quién dicen los hombres que soy Yo?". Ellos responden: "Bueno, algunos dicen que Tú eres Juan el Bautista, otros dicen que Tú eres Elías, otros dicen que eres uno de los profetas". "Vamos a hacer un examen con ustedes. Entonces, ¿quién dicen ustedes que soy Yo? ¿Quién de ustedes sabe quién soy Yo realmente?". Y entonces se levanta Pedro, en su momento de victoria: "Tú eres el Cristo". Y todos: "¡Guau, muy bien, Pedro!".

Eso podríamos decir que es la escena de la excelente visión de Pedro. Aquí Pedro se sacó un 10, o no sé cómo ustedes califiquen eso: un 20/20. Pedro ve claramente quién es Jesús. Y eso es un momento muy importante para el Evangelio de Marcos. En realidad, si usted ha estudiado el Evangelio de Marcos, si usted ha leído alguna vez el Evangelio de Marcos, de pronto usted puede reconocer que hay una situación permanente desde el inicio, una problemática desde el inicio en el Evangelio de Marcos. La problemática es esta: ¿quién sabe quién es Jesús?

De hecho, el capítulo 4 de Marcos termina con una frase, con una pregunta, después de un gran milagro que hace Jesús: Jesús calma la tempestad. Acuérdense que los discípulos iban en el barco con Él. Jesús estaba durmiendo como si nada estuviera pasando. "Señor, ¿no te importa que vamos a morirnos aquí todos?", le dicen los discípulos. Y Jesús se levanta y dice: "Cálmate, sosiégate", le dice al viento. Y el mar se calmó, y el viento se calmó. Y esa historia, esa escena, termina con los discípulos aterrados haciendo una pregunta: "¿Quién es este, que aun el viento y el mar le obedecen?". Esa pregunta enmarca la problemática de Marcos: ¿quién es este?

En realidad, solo hay un personaje en todo Marcos, hasta este punto, que sabe quién es Jesús. Solo hay un personaje que ha dicho quién es Jesús verdaderamente. ¿Saben quién es? Un demonio. Los demonios salían de las personas gritando: "¿Qué tienes contra nosotros, Jesús de Nazaret? Tú eres el Santo de Israel". Eran los únicos que sabían quién era verdaderamente Jesús. Pero, por supuesto, Jesús los callaba, porque no quería que Su nombre estuviera en los labios de un demonio.

Así que estamos en un punto climático en el Evangelio de Marcos, porque esta es la primera vez en la que un hombre, un ser humano, está declarando con su boca algo de la identidad correcta de Jesús: "Tú eres el Cristo". Este es un momento muy importante para el evangelio. Parece como que ya se solucionó el problema: ya tenemos a alguien que entiende quién es Jesús. Y entonces Jesús, dice en el versículo 30, "les advirtió severamente que no hablaran de Él a nadie". Y uno se pregunta otra vez: "Pero ¿por qué? Ya saben quién es Él, ¿por qué les dice que se callen?". Bueno, lo vamos a ver en un momento. Ténganlo ahí.

El caso es que aquí estamos en la excelente visión de Pedro, y es un momento muy importante para todo el evangelio. Por fin alguien sabe quién es Jesús. Por fin parece que alguien ve correctamente a Jesús. Entonces, ante ese reconocimiento, Jesús parece que quiere llevar Su ministerio al siguiente nivel. ¿Cuál es el siguiente nivel? Versículo 31: "Jesús comenzó a enseñarles". Noten la palabra "comenzó": es la primera vez que Jesús dice esto. "Jesús comenzó a enseñarles que el Hijo del Hombre debía padecer muchas cosas, ser rechazado por los ancianos, los principales sacerdotes y los escribas, ser muerto y después de tres días resucitar".

Es como Jesús diciendo: "Ya entendieron, por fin. Ya ven quién soy Yo. Muy bien. Ahora sí les puedo decir a qué vine". Porque el punto aquí no es solamente quién es Jesús; la pregunta es: ¿a qué vino Jesús? Y entonces, por primera vez, Jesús les dice: "Ya que saben quién soy Yo, ahora les digo que vine a morir".

La ceguera de Pedro

Y en ese punto aparece otra vez nuestro querido Pedro. Versículo 32: "Les decía estas palabras claramente. Entonces Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprender a Jesús". Usted necesita unos segundos para asimilar esa expresión. O sea, usted posiblemente, y como buenos latinoamericanos, no nos sentimos muy cómodos como para ir a reprender a alguien, ¿no? "Venga, hermano, lo voy a reprender". Eso es incómodo para nosotros, menos si es alguien que está en una posición de autoridad. Es difícil para un miembro de la iglesia reprender a uno de sus pastores; se requiere valentía. Ahora imagínese usted reprender, no sé, a un gobernante, o lo que sea.

Pero Pedro reprende a Jesús. O sea, esto ya no es valentía, es estupidez, ¿no? Es como: ¿qué le está pasando a Pedro? Acaba de decir que es el Cristo, acaba de decir que es el Mesías, y lo está reprendiendo. Y su reprensión es básicamente decirle: "¿Cómo puede ser que Tú vas a morir?". En otros evangelios nos dicen cuál es la reprensión: "Que esto no te suceda, que jamás te acontezca esto que acabas de decir"; es decir, que Tú nunca mueras. Por supuesto, a esta nueva escena la podemos llamar la ceguera de Pedro. Es tan grave lo que Pedro está haciendo que Jesús le dice: "Quítate delante de Mí, Satanás". Lo que Pedro acaba de hacer es gravísimo.

Entonces, ¿a quién se parece Pedro? Piénsenlo bien. Pedro primero ve muy bien, pero luego se da cuenta que en realidad no ve muy bien. Pedro es como el ciego. Pedro es como el ciego que ve a medias. Pedro es como el ciego que no está viendo claramente. Parece que sí: "Ah, sí, sí, ya veo algo. Sí, los seres humanos son como árboles que caminan". ¡No, estás viendo mal! Y ese es Pedro. Así es Pedro: "Sí, Tú eres el Cristo, pero no deberías morir". Pedro ve, pero no ve. Pedro ve algo, pero no ve todo. Pedro ve a medias.

¿Se dan cuenta de que Marcos es un autor impresionante? Hermanos, ver a medias no es suficiente. Y aquí es donde nos tenemos que preguntar: ¿yo veo bien o veo a medias? Para seguir a Jesús necesitamos ver claramente quién es Él.

Pedro es como quien busca a Jesús diciendo: "Sí, sí. Yo sé que Jesús es poderoso. Yo sé que Jesús me puede sanar". Sí, Jesús es poderoso para sanar; estás viendo algo que es cierto. "Pero también demanda toda tu adoración". "Ah, eso no lo había pensado". O como el que sigue a Jesús porque puede solucionar sus problemas: "Yo sé que Jesús es el dueño del oro y de la plata. Puede darme felicidad, puede darme paz". "Sí, pero también demanda toda tu obediencia". "Ah, sí, eso no lo había pensado". O como el que se sabe la retahíla. Y esto es el peligro. Esto es el gran peligro, hermanos. Todos podemos recitar: "Jesús murió y resucitó; eso es el evangelio". Hasta un loro lo puede hacer. Pero la pregunta es si vemos claramente lo que eso significa.

Entonces alguien puede pensar: "Bueno, pero ¿cuál es el problema? Por lo menos ve algo, ¿no? ¿Cuál es el problema de ver a medias quién es Jesús? Si es mejor algo que nada; por lo menos ve algo acerca de Jesús". Y realmente no, realmente no es bueno ver a medias, porque noten lo que Jesús le dice a Pedro: "Quítate de delante de Mí, Satanás, porque no tienes en mente las cosas de Dios, sino las de los hombres". Satanás sabe quién es Jesús. Satanás sabe que es el Hijo de Dios, pero realmente no lo adora, no lo ama, no se somete a Él. Satanás ve, pero ve a medias. Ver a medias es ver como un demonio.

Y posiblemente es por eso que Jesús no les permitía hablar de Él. Pedro dice: "Tú eres el Cristo". "Muy bien, tienes razón" —esta parte no nos la dice Marcos; Mateo sí nos dice lo que le responde—, pero luego les dice: "No hablen de Mí". Y uno dice: "Pero ¿por qué?". Claro: así como Jesús no quiere que Su testimonio esté en boca de demonios, tampoco quiere que Su testimonio esté en boca de quienes ven solo a medias.

El problema, hermanos, es que una visión a medias es la visión de los hombres, no la de Dios. Es tener la mente puesta en las cosas de la tierra. Es que mi vida gira en torno completamente a las cosas terrenales, no a las cosas divinas. Es ver a Jesús como me conviene, no como es. Es ver a Jesús como me sirve, no como es verdaderamente. Es ver a Jesús como me lo imagino, no como es.

El Cordero de siete ojos

Una de las escenas más preciosas... y siempre me gusta hablar de Apocalipsis acá, porque pues su pastor es experto en Apocalipsis. Una de las escenas más preciosas de la Biblia es Apocalipsis 5, cuando el ángel dice: "Mira, el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido". Y entonces Juan voltea a ver, y lo que encuentra es un Cordero, ¿no? Y esa escena muchas veces se recrea como un corderito bonito y tierno: "¡Ay, tan bonito! Jesús es un León, pero también es un corderito tierno". Pero ¿se acuerdan cuál es la descripción de ese Cordero? Tenía siete ojos y siete cuernos. Yo no creo que usted alguna vez haya visto un animal así que no sea una mutación aterradora. Yo no creo que usted se acerque a acariciar a un cordero que tiene siete ojos y siete cuernos.

Y ese es el tema: nos imaginamos a Jesús, pero perdemos de vista cómo es realmente. En el caso de Pedro, es ver a Jesús como un gran libertador —"Tú eres el Mesías, viniste a salvarnos"—, pero no como un humilde servidor. En nuestro caso, puede ser ver a Jesús como un gran sanador, pero no como un salvador del pecado y de la muerte. O ver a Jesús como un salvador, pero no como el Rey soberano sobre todas las cosas. Alguien puede decir: "Él es el que soluciona mis problemas". Muy bien. Pero no como el que demanda toda nuestra adoración y nuestra obediencia. Hermanos, Jesús no quiere una visión a medias. Jesús quiere que lo entendamos correctamente. Para seguir a Jesús necesitamos ver claramente.

Una visión completa

Entonces, la pregunta es: ¿qué es ver bien? ¿Qué significa ver completamente? ¿Qué significa ver a Jesús como Él es? Y esto es como ir realmente al oftalmólogo. Usted llega al oftalmólogo y le dice: "No, doctor, yo veo muy bien. Yo no tengo problema, yo no necesito lentes". "Ah, bueno, muy bien, lo felicito. Ahora lea las letras, a ver si es verdad. Vamos a ponerlo a prueba". Ver bien no es una cuestión simplemente de decir "yo veo"; es una cuestión de demostrar que vemos, a través de implicaciones que son las mismas demostraciones de que realmente entendemos y vemos quién es Jesús. ¿Qué es ver completamente?

Bueno, pasamos a nuestro segundo punto, a partir del versículo 34. Jesús entonces llama a Sus discípulos. Es interesante, porque lo que Jesús quiere es dar una lección a todos. Noten que el versículo 33 dice: "Pero Él, volviéndose y mirando a Sus discípulos, reprendió a Pedro". Es decir, no fue como: "A ver, Pedro, ven para acá: quítate delante de Mí, Satanás". No, es como: todos están mirando, "Quítate delante de Mí, Satanás". Quiere que todos entiendan la lección. Y entonces, en el versículo 34, dice: "Llamando Jesús a la multitud y a Sus discípulos, les dijo: 'Si alguien quiere venir conmigo, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame'".

Negarnos a nosotros mismos

Tener una visión clara de quién es Jesús es negarnos, es renunciar a nuestra vida misma, es tomar la cruz, es morir a nosotros mismos. Es básicamente desechar nuestra vida: que todos esos sueños, logros, metas, anhelos, deseos que no están en coherencia con la gloria de nuestro Señor Jesucristo, que no son para Él, que no son de Él, que realmente son solo nuestros, que nuestro vecino incrédulo también los tiene, que no nos diferencian realmente de nadie en este mundo... esos deseos, anhelos, sueños, todo lo que yo soy como simple ser humano, no como hijo de Dios, todo eso debe morir. Y eso, hermanos, no es fácil. No es fácil.

Pero si yo entiendo quién es Jesús, la evidencia más clara es que entiendo que mi vida en este mundo no vale tanto; que mi profesión no vale tanto, que mi dinero no vale tanto, que las cosas materiales no valen tanto, que aun mi salud física no vale tanto comparada con la gloria de Cristo. Y eso demuestra que vemos bien. Eso demuestra que comprendemos cuánto vale Jesús.

La flechita y el iPhone

Se lo voy a poner de esta manera. Imagínese que usted tiene un celular viejito, de esos que... ah, sí, de esos en que se podía jugar la serpientica esa. Nosotros le decíamos Nokia 1100; no sé si aquí era 11... o bueno, de pronto usted ya se acuerda cuál era. En Bogotá, o en Colombia, le decíamos "las flechas", porque solo los indios la tenían, ¿no? Era el chiste con el celular. Entonces, imagínese que alguien tiene ese celular y viene otra persona y le regalan un iPhone 17. Naturalmente, lo que usted va a pensar sobre esa persona es que va a desechar la flechita. ¿Por qué? Pues porque el iPhone 17 es mucho mejor; porque sencillamente ese nuevo celular tiene unas características que sobrepasan en valor y utilidad a ese otro celular que tenía.

Ahora imagínese que usted llega a la casa de esa persona y resulta que tiene el iPhone 17 como decoración, ahí en una mesa, pero él sigue usando la flechita. Usted podría pensar que de pronto es que le gustaba mucho el jueguito ese; pero, en realidad, si no usa el iPhone es porque... ¿qué puede estar pasando? No sabe cómo usarlo, no lo entiende. Siempre recuerdo un video de un papá al que le regalaron un iPad y lo usaba para picar cebolla. No lo entiende, no comprende de qué se trata. Y si no comprende de qué se trata, pues es lógico que no lo use. Es lógico que valore otra cosa que tiene menos valor en realidad, pero como no entiende, entonces para él tiene sentido.

¿Qué pasa cuando alguien entiende claramente a Jesús? Esto no es una cuestión de: "Ay, me toca dejar todo. Ay, me tocó dejar la flechita, y yo que tanto la amo".

No, lo natural sería: "¡Guau, me dieron esto, me dieron este nuevo celular! Ahora eso ya es basura". Literalmente, así es como lo plantea Pablo: "Todo lo que era para mi ganancia ahora es basura en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor". Pero porque Pablo fue transformado en su mente, sus ojos se abrieron y comprendió quién era Jesús.

Pero imagine a alguien que dice: "Sí, claro, yo veo a Jesús, conozco a Jesús", y solo está preocupado y pensando en su vida terrenal y en este mundo, en la riqueza, en la moda, en sus anhelos profesionales, en su apariencia personal, en su estatus en este mundo. Todo lo que lo mueve es libertad financiera, todo lo que lo mueve es ser exitoso, todo lo que lo mueve es modas, tecnologías. Y entonces alguien viene y piensa: "Ve, pero yo pensé que Jesús era más interesante que eso". ¿Qué concluye usted? Pues seguramente usted va a concluir: esa persona no ha entendido quién es Jesús, no ha entendido Su valor; porque, si entendiera quién es Jesús, todas esas cosas serían basura.

No hay vida sin Él

Y lo maravilloso de la Palabra de Dios es que nos explica por qué. Porque, si paramos en el versículo 34, pues tendríamos que quedarnos simplemente con la idea: "Bueno, Jesús lo dice y ya; este predicador lo dice y ya". Pero yo espero que aquí haya personas un poco más escépticas. Es normal que haya personas más escépticas y que de pronto estén preguntando: "Bueno, pero ¿por qué? ¿Por qué yo tengo que dejar de valorar mi vida ante la gloria de Jesús? Quiero entender por qué". Muy bien. Nuevamente, gracias a Dios por Marcos, porque eso es exactamente lo que va a hacer el siguiente versículo, y en los siguientes versículos: explicarnos por qué. Claro, es Jesús el que lo dice, y Marcos hábilmente trae esos argumentos aquí, a nuestras páginas, para que nosotros podamos entenderlo.

Noten que el versículo 35 comienza diciendo "porque", y luego el versículo 38 comienza diciendo "porque". Claro, en esta versión de pronto hay algunas que cambian un poco, pero lo que está haciendo Jesús es argumentar Su declaración: "Si alguien quiere venir conmigo, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame". Y aquí está el porqué. Si usted necesita razones para seguir a Jesús, aquí están. Primero, porque el que entiende quién es Jesús comprende que no hay vida sin Él. El que entiende quién es Jesús comprende que no hay vida sin Él. Mire el versículo 35: "Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de Mí y del evangelio, la salvará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma?".

Esa es una pregunta que gobierna la mentalidad que mi esposa y yo tenemos hacia nuestros hijos; que tratamos que gobierne. Porque uno ve a sus hijos y dice: "Uy, que sea exitoso, que nos saque de pobres", como dicen algunos, ¿no? Ese tipo de cosas: "El niño es inteligente, de pronto va a lograr cosas impresionantes". Y luego tenemos que preguntarnos: bueno, ¿y de qué le sirve ganar el mundo si va a perder su alma? El que entiende quién es Jesús comprende que no hay vida sin Él.

Porque lo que hizo Jesús al venir a este mundo, hermanos, fue ganar la vida para nosotros: la vida completa, la vida más satisfactoria y gloriosa. Como escuchábamos a nuestro hermano en la reflexión de la Santa Cena, vino a ganar todo para nosotros. Pero es que "todo" no es una profesión exitosa, o libertad financiera, o estatus y placer en este mundo. Eso no es todo; realmente eso es nada. La vida que Jesús vino a ganar es una vida mejor, eternamente mejor. Jesús vino a este mundo para comprar con Su propia sangre una vida eternamente mejor para nosotros. Y por eso lo que dice Pedro es tan grave: "No mueras". Si Jesús no muere, no tenemos nada.

Cuando lleguemos al cielo, hermanos, vamos a darnos cuenta de que esta vida era solo una sombra. Todos los placeres, todos los deleites, todas las alegrías, todos esos anhelos y deseos que usted tenía, todos los gustos, todo lo que este mundo nos ofrecía, era solo una sombra, solo un adelanto de algo mayor. Era la gracia de Dios para decirnos: "Mírenme a Mí; no se queden mirando esas cosas, mírenme a Mí". Era un adelanto de algo perfecto y completo.

C. S. Lewis lo escribió de una manera preciosa. Él escribió que estas cosas —sueños, deseos, anhelos—, estas cosas son solo imágenes de lo que realmente deseamos, pero que, si las confundimos con la cosa real, se pueden convertir en ídolos absurdos que destruyen el corazón de sus adoradores. Porque no son la cosa real: son solo el aroma de una flor que no hemos encontrado, solo el eco de una melodía que no hemos escuchado; son solo las noticias de un país que aún no hemos visitado. Eso es la alegría en este mundo. Es solo un eco de una melodía que no hemos escuchado, pero que anhelamos escuchar, y que la vamos a escuchar cuando estemos en la presencia de nuestro Señor y encontremos lo que verdaderamente es vida.

Ver con claridad a Jesús implica despreciar la vida entera, porque Él vino a darnos vida. Si usted sigue a Jesús enfocado en cosas terrenales, entonces realmente usted no ha entendido lo que Jesús vino a darle.

Su aprobación es nuestra máxima gloria

Pero además —y esta es la segunda razón—, Jesús es tan generoso que no solo nos da una razón, sino una segunda razón. ¿Por qué deberíamos dejar todo, dejar de valorar nuestra vida en esta tierra para seguirlo a Él? ¿Por qué? No solo porque Él vino a darnos vida —no hay vida sin Él—, sino, además, porque el que entiende quién es Jesús comprende que su máxima gloria, la máxima gloria que usted puede disfrutar, es ser apreciado por Él; es que Él esté satisfecho con usted. ¿De dónde sacamos eso? La segunda razón, versículo 38: "Cualquiera que se avergüence de Mí y de Mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre también se avergonzará de él cuando venga en la gloria de Su Padre con los santos ángeles".

Los versículos 37 y 38 son el peor terror que cualquier ser humano puede imaginar. ¿Usted se acuerda del temor que se siente cuando tenía que presentar un examen en el colegio, en la universidad, y usted no había estudiado? Ese momento de examen: "Aquí ya no hay más. Lo que yo sé es lo que vale, y no estudié para nada, y voy a perder este examen". Delante del Señor, lo peor que usted puede escuchar es: "Me avergüenzo de ti. No te conozco. No sé quién eres. Apártate de Mí, Satanás".

Pero, por implicación, lo mejor que podemos escuchar, la máxima felicidad a la que usted puede apuntar como criatura, como ser humano en esta tierra, en algún momento de su vida, es escuchar de Dios las palabras: "Bien, buen siervo y fiel; sobre poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu Señor". Es básicamente la satisfacción de un niño. Mis hijos todo el tiempo me están diciendo: "Papá, mira lo que hice". Dibujan cualquier cosa: "Papá, mira". Ganan algo en videojuegos: "Papá, mira, lo logré". "Papá, mira lo que escribí. Papá, mira lo que aprendí". Eso no es orgullo; eso no es el orgullo de mis hijos. Es la humildad de mis hijos. Es la humildad de saber que el reconocimiento de su papá es lo que los llena de gozo y de alegría.

Y así somos todos nosotros con Dios. El máximo gozo que usted puede experimentar es que usted llegue ante la presencia del Señor y usted escuche: "Bien, estoy satisfecho contigo". El máximo terror es escuchar las palabras: "Estoy avergonzado de ti". Solo por eso, hermanos, solo por ese día, solo por ese momento, tiene sentido desechar la vida misma y seguir a Jesús. Porque seguir a Jesús es perseguir la máxima gloria, es perseguir la máxima felicidad que usted jamás va a poder experimentar en este mundo. ¿Usted quiere ser feliz? Niéguese a sí mismo, tome su cruz, muera a usted mismo y sígalo a Él, y usted va a encontrar verdadera vida.

¿Qué tan nítida es su visión de Cristo?

Para seguir a Jesús necesitamos ver claramente. Entonces, hermanos, pregunta; aquí está la pregunta difícil: ¿qué tan nítida es su visión de Cristo? Una visión 20/20 de Cristo no es simplemente decir "creo en Cristo". No es simplemente decir: "Sí, sí, yo sé quién es Él". Eso implica demostrarlo. Así como tener una buena visión no es simplemente decir "yo veo bien": se requiere leer las letras. Y aquí están las letras: ¿qué tanto valora usted su vida en este mundo? Solo usted puede responder con honestidad.

Todo está en competencia con nuestro Señor. Todo; toda la publicidad que usted ve en la calle le está diciendo: "Mire, aquí hay algo en competencia con Jesucristo". La pregunta es: en su corazón, ¿realmente usted ama a Cristo tanto como para negar su propia vida y seguirlo a Él? ¿O usted ama demasiado las cosas de este mundo como para darle la prioridad a Él?

La buena noticia es que Cristo pagó para que nosotros podamos verlo. Ninguno de nosotros puede ver a Jesús por sí mismo. Ninguno. Si usted hoy está consciente —"No, yo la verdad es que estoy ciego"—, la buena noticia es que Jesús pagó para que usted pueda ver. Solo deposite su fe en Él, crea en Él y empiece a conocerlo, dispuesto totalmente a dejarlo todo por Él.

Si usted hoy ve claramente, si usted es consciente de que por la gracia de Dios usted ve, si realmente usted puede decir con el apóstol Pablo: "Todo para mí es basura en vista del incomparable valor de conocer a Cristo", entonces dele gloria a Dios, y dé gracias, y ayúdele a otros a ver, porque no es por usted. Tal como se lo dijo Jesús a Pedro, pero en Mateo: "Bienaventurado eres, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino Mi Padre que está en los cielos". Así que, hermanos, adoremos al Señor, agradezcamos al Señor y roguemos al Señor que nos ayude a ver claramente.

Oración final

Vamos a orar. Padre celestial, gracias por Tu Hijo y por Su gloria. Gracias por enviarlo y usarlo para nuestro bien; sacrificarlo para nuestro bien; sacrificarlo para darnos vista, para permitirnos ver Su gloria y amarlo a Él sobre todas las cosas. Te ruego que hoy nos ayudes a examinar nuestro propio corazón, y podamos recordar que no hay nada que pueda competir con nuestro Señor, porque Él es supremamente valioso. Obra en nosotros, ayúdanos, permítenos ser verdaderos adoradores. Y gracias, Padre, por la obra de nuestro Señor Jesús en nosotros. A Ti sea toda la gloria, en el nombre de nuestro Rey Jesucristo. Amén.

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