Filipenses 2:1-11FilipensesDaniel Puerto
Disfruta del gozo que produce la unidad
Transcripción
Saludo y lectura de Filipenses 2:1-11
Buen día a todos, mis hermanos. No sé si esto está funcionando… Sí, perfecto. Buenos días. Qué gusto estar con ustedes. Reciban un saludo de la iglesia donde mi familia y yo nos congregamos en Guadalajara, la Iglesia Gracia Soberana: el pastor Roberto Estupiñán y también el pastor Andrés Contreras; ellos envían muchos saludos a Nathan y a toda la iglesia aquí. Les pido que abran sus Biblias conmigo en Filipenses, capítulo 2, versículos 1 al 11. Estaremos en este pasaje, en estos versículos, hoy, y voy a leerlo; ustedes me siguen con la vista.
Dice así la Palabra del Señor, Filipenses 2:1 al 11: "Por tanto, si hay algún estímulo en Cristo, si hay algún consuelo de amor, si hay alguna comunión del Espíritu, si algún afecto y compasión, hagan completo mi gozo, siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito. No hagan nada por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de ustedes considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien por los intereses de los demás. Haya, pues, en ustedes esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló Él mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre". Amén.
Qué bueno es vivir en unidad
La vida de pleitos es miserable, ¿no es cierto, mis hermanos? ¿A quién le gusta vivir en un hogar donde todos son calderazos, e insultos, ofensas, peleas? ¿O a qué empleado le gusta estar en un equipo de trabajo donde lo tratan mal, y donde él tiene que andar buscando la manera de defenderse por los pleitos o los chismes que hay en la empresa? ¿A quién le gusta asistir a una iglesia donde las personas están divididas, donde hay grupos, donde hay facciones, donde apenas llegas ya te están metiendo en un grupo para pelear contra el otro? A nadie le gusta vivir una vida de pleitos.
Por el contrario, ¡qué bueno es vivir en unidad, en paz unos con otros!, ¿no es cierto? Qué rico es llegar a casa y sentir que llegaste a tu lugar, a tu hogar, y abrazar a tu familia, compartir con ellos, reír, llorar juntos. Qué bueno es tener buenos amigos, tener un matrimonio que está en paz, vivir en un hogar en armonía, estar en un trabajo donde el equipo funciona junto y se ayudan unos a otros. Qué bueno es estar en una iglesia donde se percibe el amor genuino y donde hay paz. El Salmo 133 dice: "¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!".
Qué rico es… Cuando mires a alguien viviendo en unidad, detente. Por eso dice "miren": paren y miren lo bueno que es cuando hay unidad, porque no es natural en los seres humanos estar unidos, estar en paz. Es normal y natural en nuestra naturaleza caída estar en pleitos, en divisiones, en guerra: a escala mundial, piénsese en Rusia y Ucrania; o en guerra a escala individual, piensen en un esposo y una esposa. Entonces, ¿cómo podemos nosotros disfrutar ese gozo que hay cuando vivimos en unidad? ¿Cómo podemos disfrutar la paz en nuestras relaciones? Eso es lo que Pablo nos enseña aquí, en Filipenses 2, del 1 al 11. Y este sermón se titula "Disfruta el gozo que produce la unidad".
Una iglesia sana con la semilla de la división
La iglesia a la cual Pablo escribe desde prisión es una iglesia que hoy llamaríamos una iglesia saludable, una iglesia sana. En esta iglesia no había herejías, que nosotros sepamos, porque Pablo no señala ninguna. No había falsos maestros, que nosotros sepamos, porque Pablo no señala "tengan cuidado con esta doctrina o con aquella" en esta carta. Misioneros: eran hermanos que enviaban apoyo económico a equipos misioneros, como en este caso, que le enviaron una ofrenda a Pablo. Y Pablo está escribiendo esta carta para agradecer esa ofrenda que los hermanos le enviaron.
Y ellos enviaron una ofrenda —escuchen, mis amados hermanos— aun siendo pobres. Pero no pobres así, de vivir al día, ¿no?, o "pagar la renta, pero por poco no llego al mes". No; ellos vivían en extrema pobreza. Pablo habla de ellos en 2 Corintios: que en su extrema pobreza, ellos le rogaron a Pablo: "No nos quites el privilegio de ofrendar para las misiones". Eran hermanos motivados por el evangelio para dar generosamente. Era un grupo de hermanos cristianos de una iglesia sana y ejemplar.
Pero, por más sana y ejemplar que era la iglesia, tenían un grave riesgo: el riesgo de dividirse, de que se quebraran las relaciones en medio de la iglesia. Porque toda iglesia, por muy sana que sea, tiene sembrada adentro la semilla de la división. Y quizás tú me digas: "¿Por qué, Daniel? ¿Por qué dices eso?". O como los discípulos, ahí, cuando Judas dijo: "Alguien me va a traicionar": "¿Seré yo, Señor?". Somos todos nosotros. ¿Saben por qué en toda iglesia, por muy ejemplar que sea, está sembrada la semilla de la división adentro? Porque ahí estoy yo, porque estás tú, porque tenemos la tendencia a la guerra, la tendencia al pleito. Y Pablo sabe eso; Pablo no ignora eso. Pablo sabe que en esta iglesia, por muy sana que sea, está la tendencia a la división, y por eso les escribe.
Miren conmigo Filipenses 1:27: "Solamente compórtense de una manera digna del evangelio, de modo que ya sea que vaya a verlos o que permanezca ausente, pueda oír que ustedes están firmes en un mismo espíritu, luchando unánimes por la fe del evangelio". Pablo dice aquí: "Mis amados hermanos, quiero que estén unidos, luchando por la fe del evangelio. No se separen, no se dividan". Y podemos recordar que en Filipenses, capítulo 4, Pablo menciona a dos hermanitas de la iglesia, Evodia y Síntique, y les dice: "Les ruego que sean de un mismo sentir". Ay, aquí había dos hermanitas que estaban en pleito. Eran dos hermanas, seguramente pilares de la iglesia; hermanas, podemos decir, que organizaban los eventos de las comidas de la iglesia. Y una decía: "Vamos a ofrecer chilaquiles para el desayuno", y la otra decía: "No, no, no, chilaquiles no; vamos a ofrecer frijolitos, molletes". Y ahí empezaban a pelear y a discutir. No sabemos cuál era el problema, pero estaban en problemas las dos hermanitas, y Pablo les dice: "Sean de un mismo sentir".
Unidos frente a los adversarios
Y miren lo que sigue diciendo Pablo en el versículo 28, Filipenses 1:28: "De ninguna manera estén atemorizados por sus adversarios, lo cual es señal de perdición para ellos, pero de salvación para ustedes, y esto de Dios". Hay enemigos que se oponen al evangelio fuera de la iglesia, y Pablo dice: la manera de tratar con esa gente no es insultarlos, no es ofenderlos, no es echar una embestida teológica contra ellos; es estar unidos. ¿Cómo se pelea contra los ataques de Satanás, contra el evangelio, contra las mentiras de la sociedad? Estando unidos nosotros, mis amados hermanos. En otras palabras, tenemos enemigos que impiden el avance del evangelio, pero nuestro énfasis no debe ser centrarnos en ellos, sino estar unidos entre nosotros para alcanzar a los que no conocen a Jesús.
Pablo quiere que esta iglesia esté unida, unida. Pero ¿cómo se hace? ¿Cómo, Pablo? ¿Cómo podemos evitar los desacuerdos que llevan a la ruptura de relaciones? ¿Cómo podemos evitar la murmuración, el chisme, las disputas, los pleitos? ¿Cómo podemos evitar caer en guerras, en divisiones? Bueno, Pablo nos da aquí, en este pasaje, cinco mandatos que nosotros tenemos que tener presentes. El primero de ellos es: recuerda los regalos no merecidos que has recibido.
Recuerda los regalos no merecidos que has recibido
Recuerda los regalos no merecidos que has recibido. Mira el versículo 1 del capítulo 2: "Por tanto, si hay algún estímulo en Cristo, si hay algún consuelo de amor, si hay alguna comunión del Espíritu, si algún afecto y compasión…". Pablo enumera aquí regalos que todo creyente ha recibido, mis amados hermanos. Pablo enumera aquí regalos de la gracia de Dios. Pablo no está poniendo en duda estos regalos: "Por tanto, si hay algún estímulo en Cristo…", "si hay", porque quizás no. No; Pablo está diciendo: ya que hay un estímulo en Cristo, ya que hay un consuelo de amor, ya que hay comunión del Espíritu, ya que hay afecto y compasión. Estos son regalos que todo creyente en el evangelio ha recibido por la pura gracia de Dios.
El estímulo en Cristo es la acción de Cristo de venir a nuestro lado para ayudarnos, aconsejarnos, exhortarnos. El consuelo de amor es la acción de Cristo de acercarse al creyente y ministrarle con amor, para su gozo. La comunión del Espíritu es la presencia del Espíritu Santo, del Espíritu Santo de Dios, en nuestra vida. El Creador del universo vive en nosotros, y es la garantía de la vida eterna, el sello, el pago inicial de nuestra glorificación. Y el afecto y la compasión son el resultado del profundo amor y la gracia de Dios mostrada sobre nosotros. Siendo Sus enemigos, no habiendo nada bueno en nosotros, nada atractivo en nosotros, Dios derramó Su amor, Dios derramó Su compasión sobre nosotros, pecadores que merecíamos, ¿qué?, mis amados hermanos: el infierno por la eternidad.
Pablo, ¿por qué comienzas hablándonos de los regalos que hemos recibido cuando nos estás exhortando a vivir en unidad? ¿Por qué? Porque la base de la unidad es la gratitud, mis amados hermanos. Lo repito: la base de la unidad es la gratitud. Hemos recibido tantas bendiciones de Dios; es la Trinidad trabajando a nuestro favor: Dios Padre derramando Su amor y compasión, Dios Hijo viniendo a nuestro lado para consolarnos, el Espíritu Santo viviendo en nosotros para garantizarnos que somos de Dios. Hemos recibido tanto, y tanto, y tanto. Y la pregunta de Pablo, entonces, es: ¿por qué peleas, esposo? ¿Por qué peleas, esposa? ¿Por qué peleas? ¿Por qué buscas que otros te den, y te den, y te den, si Dios ya te dio, y te dio, y te dio en abundancia?
Tengo el amor del Padre, el consuelo de Cristo, la presencia del Espíritu Santo; he recibido el amor infinito e inagotable de Dios. A mí, merecedor del infierno, Dios me dio todo esto; me ha dado Su evangelio, me ha dado a Su Hijo, Cristo, que murió en la cruz por mis pecados. ¿Por qué pelear? Ese es el punto de Pablo, hermanos. ¿Por qué pelear en la iglesia? ¿Por qué pelear porque no cantaron el canto que tú les dijiste a los de la música que cantaran? ¿Por qué pelear? "No, es que yo quiero cantos más tradicionales". "No, pero es que yo soy joven y quiero cantos más contemporáneos". ¿Por qué sigues peleando, si Dios ya te ha dado tanto, y tanto, y tanto, y tanto?
Los diez pesos y la fortuna de Elon Musk
Imagínate que de repente te llama Elon Musk, que es el hombre más rico del planeta Tierra, y te dice: "Yo estoy cansado ya de dirigir Tesla y todas mis compañías, y te las voy a regalar a ti. Todo tuyo". Y tú: "¡Nada! No te creo", y le cuelgas. Y de repente llegan a tu casa los abogados de Elon Musk, te llevan al aeropuerto, en un avión privado vuelas a las oficinas centrales, y ahí está Elon Musk esperándote con todos los documentos. Se firma todo; todo es tuyo. Tú no te la crees todavía, pero empiezas a recorrer tus nuevas propiedades. Todo lo que era de él ahora te queda a ti: sus aviones, sus casas, sus negocios, sus inversiones, sus cuentas de banco. Y vas volando de Hawái a Dubái, y de Alemania a Brasil, y estás disfrutando toda tu nueva riqueza.
Y de repente, en un vuelo, en un avión, tú te acuerdas de un amigo que te debía diez pesos, y tú dices: "¡Se me olvidó cobrarle!". Y le dices al piloto: "Hey, regrese; vamos allá, a Cuajimalpa, que tengo que ir a cobrar una deuda". Y pues te regresas, y aterrizas aquí, y vas con tu amigo y le cobras los 10 pesos. ¿Cómo se mira eso, hermanos? ¿Cómo se mira esa historia? Como ridículo, ¿no es cierto? Tristemente, así nos vemos tú y yo cuando peleamos. Les voy a decir algo, hermanos: si Elon Musk nos dejara su fortuna, no nos dejaría ni el 0.1% de lo que Dios nos ha dado. Somos muy privilegiados, con todos los regalos inmerecidos que hemos recibido.
Y el punto de Pablo es: ¿por qué peleamos? ¿Por qué peleamos en nuestro matrimonio? ¿Por qué peleamos en nuestra iglesia? ¿Por qué peleamos con nuestros amigos? ¿Por qué pelear, si hemos recibido tanto, y tanto, y tanto? Entonces, podemos expresar esto de manera negativa: si nosotros estamos peleando, es porque somos malagradecidos, porque no hemos dimensionado la grandeza de los regalos de Dios para nosotros, porque no los valoramos, porque no son importantes para nosotros. En primer lugar, entonces: recordemos los regalos no merecidos que hemos recibido.
Reorienta tu mente
En segundo lugar: reorienta tu mente. La inclinación de nuestro corazón es a pensar en nosotros primero. Se nos ha enseñado desde muy pequeños a pensar en nosotros. Los niños: una de las primeras palabras que aprenden a decir es "mío", ¿no es cierto? "Mío, mío, yo, yo, para mí, todo para mí". Tenemos pocos ejemplos y pocas enseñanzas de sacrificio y servicio. Pero el evangelio de Cristo nos enseña un camino diferente; nos enseña, en segundo lugar, a reorientar nuestra mente. Reorienta tu mente. Pablo nos está haciendo un llamado aquí: "Hey, cambia de perspectiva; reorienta tu mente. En lugar de enfocarte en ti, enfócate en otros".
Versículo 2, Filipenses 2:2: "Hagan completo mi gozo, siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito". Miren cómo empieza Pablo el versículo 2: "Hagan completo mi gozo". Todo pastor verdadero quiere ver a su iglesia unida, mis amados hermanos. ¿Ustedes quieren quebrarle el corazón a sus pastores? Peléense, divídanse. Todo pastor verdadero, fiel, quiere ver a su gente unida, no en pleito. Un pastor dice esto: "Yo prefiero sufrir persecución que tener que enfrentar la falta de unidad y la división". Y Pablo, con un corazón pastoral, les dice: "Hermanos" —estas son personas que él ganó para Cristo—, "hermanos, completen mi gozo". ¿Cómo? Siendo del mismo sentir.
¿Qué significa la frase "siendo del mismo sentir"? Significa tener la misma mente. Pablo dice: piensen igual, tengan la misma manera de pensar, los mismos valores, las mismas ambiciones. Y este mandato no es un mandato periférico en el Nuevo Testamento, mi hermano, que solo aparece aquí y en ningún otro lugar. No; este mandato está por todas partes en el Nuevo Testamento: Romanos 15:5, 1 Corintios 1:10, 2 Corintios 13:11. Pablo usa diez veces esta frase en Filipenses; Pablo usa 23 veces esta frase en todas sus cartas. Esto es importantísimo en nuestra doctrina de la iglesia, en nuestra eclesiología. Es importantísimo que le prestemos atención a esta frase: "Sean de un mismo sentir; tengan la misma mente".
Si todos pensaran como yo
Ahora, aterricemos esto. ¿Cómo pensamos regularmente, mis amados hermanos? Si ustedes son tan malos, tan perversos como yo, ustedes piensan así: "Si todos pensaran como yo, no tendríamos problemas". Por ejemplo, en casa: "Las toallas van aquí. Este es el espacio de las toallas. Las toallas no van en el comedor, en los muebles, encima de las bicicletas. No; este es el espacio de las toallas. Y si todos aquí en esta casa pensaran como yo, no tendríamos problemas". Les tengo una mala noticia: todos pensamos así. La esposa quiere que el esposo sea, piense y actúe como ella, y el esposo quiere que la esposa sea, piense y actúe como él. Y en la iglesia a menudo sucede lo mismo. Una escritora lo puso en palabras muy poéticas: "Cree como yo creo, ni más ni menos; confiesa que tengo la razón y nadie más; siente como yo siento, piensa como yo pienso, come como yo como y bebe como yo bebo; mira como yo miro, haz como yo hago; solo entonces tendré comunión contigo". Esa es la parte poética de las guerras en nuestra casa, de las guerras en las iglesias. O sea: "Si a todos les gustaran los cantos que a mí me gustan, yo no haría problema; yo no me pondría a pelear con los que organizan el orden del servicio".
¿Cuál es el resultado de este pensamiento, mis amados hermanos? Pleitos, guerras, divisiones. Y Pablo dice: "Este es el mandato, esta es la orden: tengan todos una misma mente". Pero, Pablo, ¿pero en qué? ¿Cómo podemos tener una misma manera de pensar? Bueno: tengan todos una misma mente en que todos están pensando en el beneficio del otro antes de pensar en el beneficio propio. Tengan todos una misma mente en que todos estamos pensando qué es lo mejor para el otro: qué es lo mejor para mi hermano, qué es lo mejor para mi hermana, qué es lo mejor para mi esposa, qué es lo mejor para mi esposo, qué es lo mejor para el otro, qué es lo mejor para mis hijos; en lugar de estar pensando qué es lo mejor para mí, qué es lo que yo quiero.
La verdadera unidad no se logrará cuando todos piensen como tú. Cuando tú estás empujando a los demás, y como presionando a los demás para que piensen como tú, lo único que conseguirás es guerra. Eso es lo único que vamos a conseguir: pleito, guerra, divisiones. La verdadera unidad se logra cuando todos pensamos en los otros antes de pensar en nosotros mismos, cuando todos damos prioridad a los demás antes de darnos prioridad a nosotros mismos.
Y Pablo continúa y dice ahí: "Completen mi gozo… conservando el mismo amor". Hemos recibido el amor sacrificial de Cristo aun sin merecerlo; entonces Cristo nos llama a dar ese amor a personas que aún no lo merecen. "Es que, Daniel, es que si tú conocieras a esta mujer que Dios me dio…". Bueno, no la conozco, pero Dios sí te conocía a ti perfectamente, y te amó cuando tú merecías ser enviado al infierno con toda justicia, y te salvó, y te redimió. Tú no merecías nada. Entonces, dice Pablo: conservemos ese mismo amor; ese mismo amor que hemos recibido de Cristo, tengámoslo por otros.
Y añade: "Unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito". Cristo quiere que estemos unidos en armonía. Es como una orquesta, donde los instrumentos no están compitiendo unos con otros a ver quién suena más fuerte, ¿no?, o quién va más rápido. No; van a un mismo ritmo y siguen una misma melodía. Eso se llama armonía: los instrumentos están haciendo cada uno su parte. Ninguno se adelanta, y cada uno va cumpliendo su función, cada uno va cumpliendo su función.
Reconstruye tu concepto de ti mismo y de los demás
¿Cómo podemos disfrutar el gozo que produce la unidad? Primero: recuerda los regalos no merecidos que has recibido. En segundo lugar: reorienta tu mente. En tercer lugar —veamos, mis amados hermanos—: reconstruye tu concepto de ti mismo y de los demás. Reconstruye tu concepto de ti mismo y de los demás. Versículo 3: "Nada hagan por egoísmo". La palabra "egoísmo" ahí significa facciones o partidos, como el Chivas-América, ¿sí? Eso es hacer las cosas por egoísmo: cuando todo lo que tú quieres es el progreso, el avance de tu lado, de tus cosas, de tus planes. Esa es una tentación para todos nosotros cada día, que solo el evangelio puede transformar.
"Nada hagan por egoísmo o por vanagloria". La palabra "vanagloria" indica una opinión excesivamente elevada de nosotros. Una persona —dice un comentarista—, una persona vanagloriosa siempre piensa que tiene la razón y espera que otros estén de acuerdo con ella. Esta persona está compitiendo por atención, por la aprobación de otros. No encuentra fácil, el vanaglorioso, alegrarse con los éxitos del otro: "Me aumentaron en el trabajo". "Yo llevo cinco años trabajando para la misma empresa con el mismo salario…". Eso es vanagloria, porque estás buscando el avance de tus propias cosas. "No hagan nada por egoísmo o por vanagloria".
Entonces, si no es por egoísmo, por vanagloria, ¿cómo las hago, Pablo? Versículo 3: "Sino que con actitud humilde…". Esa palabra, "humildad", mis amados hermanos, aquí es una palabra compuesta en el idioma original en que se escribió la Biblia. La primera parte de la palabra significa "no levantarse del suelo", o algo que se queda abajo, y la segunda parte de la palabra significa "entendimiento". Entonces, que tu entendimiento de ti sea el de alguien que se queda abajo, que no se sube. Entonces, cuando eres humilde, no piensas cosas altas de ti mismo. Cuando eres humilde, no te percibes arriba de otros: por la casa donde vives, por el auto que manejas, por los Jordans que calzas, por el teléfono que tienes, por la educación que tienes, por una posición en el gobierno, por tu conocimiento teológico, por tu tiempo en la iglesia, por tus años de convertido, por tu apariencia física.
No te consideras superior a los demás. No dices: "No, yo soy aquí el que tiene más años en esta iglesia, y por eso todos están abajo de mí; mi voz cuenta doble". No, no dices eso. Más bien, te bajas y miras a los demás hacia arriba. Ese es el punto: te miras como un siervo de los demás.
El orgullo, nuestro más grande enemigo
Obviamente, todos sabemos que lo contrario a la humildad es el orgullo, ¿no es cierto? Es este sentido de superioridad sobre otros: "Yo soy mejor que otros, porque obviamente yo soy abogado, ¿y cómo me va a decir un carpintero lo que yo tengo que hacer, o un albañil lo que yo tengo que hacer? No puede ser. Yo estoy arriba, yo estoy en un estatus superior". Eso es orgullo. Y amados hermanos, nosotros, cuando veamos pleitos en nuestro hogar, cuando veamos pleitos en la iglesia, una de las primeras preguntas que nos tenemos que hacer es: ¿estoy siendo orgulloso? Porque casi inevitablemente, donde hay pleitos y contiendas pecaminosas, ahí hay orgullo. Muéstrame a dos personas que se están peleando, y yo te voy a mostrar dos orgullosos.
Entonces, ¿quieres experimentar unidad en tu hogar? Busca la humildad; haz morir tu orgullo en ti. John Stott dijo la siguiente frase: "En cada etapa de nuestro desarrollo como cristianos y en cada esfera de nuestro discipulado cristiano, el orgullo es nuestro más grande enemigo y la humildad nuestro más grande amigo". ¿Escuchan? Decía que no nos vamos a librar de este enemigo hasta que nos muramos. Todos los días batallamos con el orgullo, con sentirnos superiores a los demás, con querer que otros nos sirvan a nosotros.
Versículo 3: "No hagan nada por egoísmo —dice Pablo— o por vanagloria, sino que con actitud humilde…", ¿y qué más?, "…cada uno de ustedes considere al otro como más importante que a sí mismo". Como más importante que a sí mismo: este es el punto. Reconstruye tu concepto de ti mismo y de los demás. No pienses que eres superior a ellos; piensa que estás abajo y que tú eres el siervo de ellos. Que fue exactamente lo que hizo Cristo, ¿no es cierto? Él dijo: "Yo no he venido a ser servido, sino a servir". Él tomó la posición de más abajo y empezó a ver a todos hacia arriba.
Rechaza vivir para ti
¿Cómo podemos disfrutar el gozo que produce la unidad? Número uno: recuerda los regalos no merecidos que has recibido. Número dos: reorienta tu mente. Número tres: reconstruye tu concepto de ti mismo y de los demás. Número cuatro: rechaza vivir para ti. Rechaza vivir para ti. Versículo 4: "No buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás". La palabra "buscando" ahí —"no buscando cada uno sus propios intereses"—, la palabra "buscando" se refiere a poner atención, fijarse, interesarse. Pablo dice: no te intereses por ti mismo; interésate por los demás. Esto es bastante blanco y negro, hermanos, ¿sí? No veas por lo tuyo; mira por lo de los demás. Deja las demandas personales; interésate por los demás. Esto es contracultural y opuesto a la naturaleza caída del ser humano. En las consejerías matrimoniales, mi esposa y yo hemos escuchado: "Es que ella no toma en cuenta lo que yo amo". "Él no considera lo que me gusta". "Él no participa equitativamente en el trabajo de la casa". O "ella no llena mi tanque de amor", o "ella no habla mi lenguaje del amor". Entonces vemos un patrón ahí, ¿no?: "Él no hace lo que yo quiero, él no me llena lo que yo estoy buscando".
Entonces, lo que Dios nos manda a nosotros es ir contra la naturaleza caída, lo cual es únicamente posible por el evangelio de Cristo. Solo los redimidos por la sangre de Jesús pueden vivir así, en el poder del Espíritu Santo: "No buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás".
Llenar los espacios en blanco
Y aquí Pablo como que nos deja intencionalmente unos espacios en blanco que nosotros tenemos que llenar. Es como en los exámenes en la escuela, ¿no es cierto?, que dice: "Complete la siguiente frase", y te ponen una parte de la frase y lo otro está en blanco. Eso es lo que Pablo está haciendo por nosotros aquí: "No buscando cada uno sus propios intereses…". ¿Cuáles, Pablo? ¿Cuáles intereses? ¿De qué cosas me estás hablando específicamente? "…sino más bien por los intereses de los demás". ¿Cuáles intereses de los demás, Pablo?
Entonces, ¿qué les parece si, para hacer las cosas muy prácticas —para mañana lunes, por ejemplo, en casa, en el trabajo, en la escuela—, para mañana lunes llenamos algunos de esos espacios? ¿Qué les parece? "No buscando cada uno por sus propios intereses…", y ahí podemos poner "trabajo": no buscando, no interesándose cada uno por su propio trabajo, sino también por el de los demás. O: "Yo tengo trabajo, perfecto, pero yo sé que hay dos hermanos en la iglesia que no tienen; entonces yo quiero ayudarles a ellos a buscar trabajo". ¿Sí? No buscando cada uno sus propias finanzas, sino también las finanzas de los demás: "Yo tengo mi cuenta en el banco, pero yo sé que hay dos hermanos que para hoy no van a tener comida en la cena". ¿Qué te parece si me intereso por ellos? Y ahí nosotros podemos seguir haciendo ejercicios, hermanos, de llenar estos espacios en blanco que nos dejó Pablo. Eso es como infinito, ¿no es cierto?
John Piper dice: "Haz que el bien de los demás sea el centro de tu interés y tu estrategia de trabajo. Encuentra tu gozo en hacer felices a los demás". Papá, si estás viendo la televisión y tu hijo te dice: "¿Quieres jugar conmigo?", no pienses solo en lo cansado que estás. Por un acto motivado por el evangelio, exaltando a Cristo, pon los intereses de tu hijo antes que los placeres de tu relajación.
Imagina un hogar así
Imaginémonos por un momento, hermano, hermana —cierra tus ojos—, imagínate por un momento vivir en un paraíso en el que, en tu casa, terminan de comer, y dice uno de tus hijos adolescentes: "Hoy yo lavo los platos". Y su hermana, un año menor que él, dice: "No, no, no, no, no, no, no, no, no, no. Señor, usted los lavó ayer; hoy me toca a mí". Y la mamá dice: "Hijitos, ustedes están cansados de tanto ayudar en la casa. ¿Qué les parece si se van a jugar su Nintendo y yo lavo los platos?". Y el hombre se levanta y dice: "Aquí yo soy el jefe de este hogar, yo mando: yo voy a lavar los platos hoy".
Imagínate un hogar donde todos estén buscando los intereses del otro. Imagínate una iglesia donde todos estén buscando los intereses del otro: "Ese canto… pero yo veo cómo otros hermanos adoran al Señor con ese canto; yo voy a adorar con ellos también, porque estoy cantándole a nuestro Dios, no a mí; a Dios, a nuestro Dios".
Y aquí es donde necesitamos el evangelio, mis amados hermanos, porque Cristo murió en la cruz para perdonar todos nuestros actos egoístas, donde hemos buscado vivir para nosotros mismos. Aquí es donde necesitamos el evangelio, porque en Cristo hay perdón para egoístas como nosotros. En Cristo hay perdón para gente que ha vivido para sí toda su vida. En Cristo hay perdón para los que han peleado por sus cosas, por sus gustos y sus placeres. Cristo en la cruz pagó la ira de Dios por todo tu egoísmo. Y a través de la obra de Cristo tenemos el Espíritu Santo, y en el poder del Espíritu Santo podemos hacer morir el orgullo en nosotros y el egoísmo en nosotros, y empezar a vivir por los intereses de los demás, como Cristo lo hizo.
Reflexiona en la obra de Cristo y sigue Su ejemplo
Y exactamente pensando en Él es que vamos al último punto de este mensaje: reflexiona en la obra de Cristo y sigue Su ejemplo. Ahora, dije "el último punto", pero todavía falta, hermanos, ¿sí? Lo que acabamos de cubrir es la entrada, como en un restaurante, ¿no? Este que viene es el plato fuerte. ¿Están listos, mis hermanos? Este es el plato fuerte: reflexiona en la obra de Cristo y sigue Su ejemplo.
Entonces, repasemos. ¿Cómo podemos disfrutar el gozo que produce la unidad? Número uno: recuerda los regalos no merecidos que has recibido. Número dos: reorienta tu mente. Número tres: reconstruye tu concepto de ti mismo y de los demás. Número cuatro: rechaza vivir para ti. Número cinco: reflexiona en la obra de Cristo y sigue Su ejemplo.
Cuando llegamos al versículo 5 de Filipenses 2, llegamos a lo que se conoce como un himno. Estos versículos, del 5 al 11, son un himno que se entonaba en la iglesia del primer siglo, y Pablo lo copia aquí —copiar, pegar—, porque él quiere cerrar esta exhortación a vivir en unidad con la obra y el ejemplo de Jesús. Esto es maravilloso. Este himno cuenta la historia de Cristo: Su venida, muerte y exaltación. Entonces, Pablo nos está diciendo: para vivir en unidad tienes que ver a Cristo, tienes que poner tus ojos en Él. Tienes que poner tus ojos —como dice Pablo en Colosenses 3—, poner tus ojos, tu mira, tu mirada, en las cosas de arriba. ¿Y quién está arriba? Cristo, sentado en el trono al lado del Padre.
Cristo renunció a Sus privilegios y gloria
Entonces, en este himno, mis amados hermanos, veremos cinco pasos que Cristo dio al venir a la Tierra y completar Su obra a nuestro favor. El primer paso que Cristo dio es que Cristo renunció a Sus privilegios y gloria. Versículo 5. Primer paso, dijimos: Cristo renunció a Sus privilegios y gloria. Versículo 5: "Haya, pues, en ustedes esta actitud que hubo también en Cristo Jesús". La palabra "actitud" aquí se refiere a una manera de pensar, una disposición de mente, una disposición de vida, una manera de vivir. ¿Cuál fue la disposición de Cristo que debemos imitar? Él renunció a Sus privilegios y gloria.
Versículo 6: "El cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo". Esa frase ahí, "aunque existía en forma de Dios": la palabra "forma" está hablando de que Cristo es cien por ciento Dios. Jesús no es un dios menor, con "d" minúscula; no es un dios creado. Jesús no es un dios en medio de otros dioses; no es un hombre elevado, un hombre superior. Jesús no es un súper humano con algunas características divinas. Pablo dice: Él es 100% Dios. Aunque las sectas falsas nieguen esta verdad, aunque se hayan levantado a lo largo de la historia del cristianismo herejías como el arrianismo, el mormonismo, el unitarismo, los testigos de Jehová: todos ellos niegan la deidad de Cristo. Pero Pablo dice que Jesús es cien por ciento Dios. Esta es una verdad que debemos creer, que debemos defender y que debemos enseñar a nuestros hijos: Jesús es Dios. No es 99% Dios; Él es 100% Dios. Todas las características que se atribuyen a Dios deben ser atribuidas a Cristo. Y Pablo dice: Jesús, quien es Dios, "no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse".
Esa palabra, "igual", ahí, en el idioma original en que se escribió la Biblia, en el griego —la conocemos en español—, es la palabra "isos". De ahí se derivan palabras como "isométrico", que significa "medidas iguales". Eso es "igual": la palabra "igual" se refiere a cosas que son exactamente iguales. Jesús es exactamente igual a Dios en poder, en carácter, sabiduría, conocimiento, eternidad. Jesús no es menos que Dios; Jesús es igual a Dios; Jesús es Dios. Pero, aun siendo Dios, el Creador de todo lo que existe, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. En otras palabras, lo que Pablo está diciendo es que Cristo no usó Su deidad, Su alta posición, Su poder, Su gloria, como una excusa para no descender en humillación a salvar pecadores. No usó Su posición en Su propio beneficio.
El glorioso Dios, Creador y Sustentador del universo, "no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo". Esa palabra, "despojó", la famosa palabra "kénosis": los teólogos han gastado un montón de papel tratando de explicar qué significa. Literalmente significa "vaciarse". ¿De qué se vació Cristo? No se vació de Su deidad, porque Él no dejó de ser Dios cuando estuvo aquí en la tierra. Pero los hermanos estudiosos nos ayudan a entender de qué se vació Cristo. Se vació de Su gloria celestial: al descender a la tierra, Jesús renunció a la gloria que tenía cara a cara con Dios Padre. Incluso en el Evangelio de Juan Él dice: "Padre, ha llegado la hora", para que regrese a la gloria en la que estaba antes de encarnarse.
Jesús se despojó de los privilegios divinos: dejó de lado el despliegue voluntario de Sus atributos divinos y se sometió a la dirección del Espíritu Santo. Jesús dejó, hermanos, se vació de Sus riquezas eternas, de Sus riquezas celestiales, y se hizo pobre. 2 Corintios 8:9: "Porque conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, sin embargo por amor a ustedes se hizo pobre, para que por medio de Su pobreza ustedes llegaran a ser ricos". Cristo se despojó a sí mismo. Un comentarista lo pone en esta frase: "Jesús se anuló a sí mismo; renunció a Sus privilegios celestiales por nuestro bien".
Hoy en día nosotros lo pondríamos de esta manera: Jesús no reclamó Sus derechos. "Mi derecho, ese es mi derecho", que es lo que nos enseñan hoy, ¿no?: "Reclama tus derechos, pelea por tus derechos". Que ya solo ese tema requeriría otro sermón, ¿no?, para hablar de qué hacemos con nuestros derechos. Entonces, estamos viendo el ejemplo de Cristo, y cómo Él no reclamó Sus derechos; más bien, se anuló a sí mismo para servirnos. Entonces, el primer paso que Jesús dio para completar Su obra en la tierra es que Él renunció a Sus privilegios y gloria.
Cristo se hizo esclavo y vino para servir
El segundo paso: Cristo se hizo esclavo y vino para servir. Ahí dice en el versículo 7: "Sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo". La palabra "siervo" ahí significa literalmente "esclavo". Y en el primer siglo —nosotros sabemos, mis hermanos—, los esclavos no tenían voluntad propia. Los esclavos no tenían derechos; hacían absolutamente todo lo que sus amos les decían que hicieran. Un esclavo no era independiente; estaba totalmente sometido a la voluntad de su amo. Y Jesús tomó esa forma: Jesús se hizo esclavo, Jesús tomó esa posición. Mateo 20:28, un pasaje que mencioné antes, dice Jesús: "Yo no he venido para ser servido, sino para servir".
En la antigüedad había un dios babilónico llamado Marduk, y según, pues, toda la religión babilónica, se decía que este dios Marduk quería que la humanidad existiera como sus esclavos. Y Cristo, todo lo contrario: el Creador de todos los seres humanos vino y se hizo esclavo para servirnos. De Su gloria en los cielos a ser esclavo en la tierra. Hermano, te pregunto: ¿tú puedes medir esa distancia? ¿Cuánto bajó Cristo? ¿Cuánto descendió? De Su gloria en los cielos a ser esclavo en la tierra, a lavar los pies de Sus discípulos, a hacer el trabajo más bajo que un esclavo podía hacer. ¿Cuánto descendió Cristo? Es un descenso infinito para nosotros; en nuestra mente no lo puedo medir, no lo podemos medir.
No sé, me dicen que Polanco, aquí en la Ciudad de México —no conozco, pero me dicen que Polanco es un barrio muy, muy importante, ¿no?, una zona muy adinerada—. Imagínate que alguien nació en lo mejor de lo mejor de Polanco, y a los 20 años tiene una revelación de que tiene que ir al barrio más pobre de los pobres de los pobres, al gueto, a la zona más pobre de la ciudad, a lavarles los pies a unos albañiles. Esa distancia es nada comparada con cuánto descendió Cristo, nuestro Cristo, por nosotros, Sus enemigos.
Voy a leer una frase de un escritor que se llama Mike Riccardi. Él dice lo siguiente: "Tenemos que reflexionar en lo que Cristo dejó. El Creador y Sustentador del universo, el soberano e inmortal Dios, lleno de gloria y siendo alabado por los ángeles y los santos en el cielo, vino a la tierra. Nació de una adolescente pobre, en un pueblo pequeño de Israel, en un establo prestado. Creció en un oscuro pueblo pesquero al norte de Jerusalén. Aprendió el oficio de carpintería de su padre adoptivo, José. Creció casi en el anonimato Sus primeros 30 años. Su última cena fue en una habitación prestada". Usó un pollino prestado, ¿no?, para entrar a Jerusalén. Cuando murió, fue sepultado en una tumba prestada.
El dueño del universo, en pobreza, para salvarte a ti, Su enemigo. El hombre más sabio del universo, siendo paciente con necios, ciegos y rebeldes. El hombre más poderoso del mundo, del universo, Jesucristo, soportando los golpes de soldados romanos que Él estaba manteniendo vivos en ese momento, porque Él es el Sustentador de la vida: Él le estaba dando vida a Sus asesinos. Sufriendo escupitajos y vergüenzas. Es sumamente claro que Jesús no estaba viendo por Sus intereses, ¿no es cierto, mis hermanos? Jesús estaba viendo por los intereses de ¿quiénes? De nosotros. Cristo renunció a Sus privilegios y gloria; Cristo se hizo esclavo y vino a servir.
Cristo se hizo hombre
En tercer lugar: Cristo se hizo hombre. Versículo 8: "Y hallándose en forma de hombre…". En otras palabras, Jesús era Dios, es Dios, pero Jesús es 100% hombre también. Él no fue un santo flotante, caminando, flotando sobre una nube, no, con una aureola en Su cabeza. No, no; Él fue un hombre. Como escuchábamos a nuestro hermano hace un momento, Él tuvo todas las necesidades y debilidades de ser un ser humano, excepto el pecado. Jesús se cansó, tuvo hambre, entendió el dolor de perder a un amigo como Lázaro y llorar enfrente de su tumba. Jesús, como muchos de ustedes, experimentó la traición de Sus mejores amigos en los momentos que más los necesitaba, el abandono de Sus mejores amigos.
Un pastor lo pone de la siguiente manera: "¡Qué ejemplo tan diferente da Cristo! Cristo, como rey, podría haber exigido un palacio, un carruaje, sirvientes, un buen vestuario y un reino lleno de tesoros, pero vivió como un hombre sencillo". Piensa que el Dios del universo estaba al lado de José y le ayudó en su carpintería en Nazaret. Ahí ya te llevas para meditar un mes: el Dios del universo al lado de José, ayudándolo en su carpintería en Nazaret. Cristo renunció a Sus privilegios y gloria, se hizo esclavo y vino a servir, se hizo hombre.
Se humilló a sí mismo hasta la muerte de cruz
Cuarto paso que Dios… que Jesús dio para completar Su obra: se humilló a sí mismo, dando Su vida en una cruz. Versículo 8: "Y hallándose en forma de hombre, se humilló Él mismo". ¿Recuerdan la palabra "humildad"? Quedarse abajo, no levantarse del suelo. Eso fue lo que Jesús hizo: se quedó abajo, en lo más bajo. ¿Hasta qué punto descendió Jesús? Pablo dice: "hasta la muerte". Ahora, mis hermanos, reflexionemos un poco en esto; no lo pasemos así, a la ligera. Jesús murió ¿por quién? Jesús no murió por lo máximo, por la… ¿cómo se dice?, ¿no?, la crema y nata de la sociedad, por lo más bello y hermoso. Jesús murió por delincuentes, por fornicarios, por adúlteros, por ladrones, por malhablados, malpensados, por chismosos, por borrachos.
Yo tengo un hijo de seis años; lo amo con todo mi corazón. Y si él corre hacia la calle, y viene un camión a toda velocidad, y yo me tiro y lo empujo para salvarlo, y el camión me da a mí, y yo muero, ¿cómo se reportaría eso, mis hermanos? ¿Cómo se leerían los periódicos? "Padre héroe salva a su hijo", ¿no es cierto? Ahora, imagínese que viene el peor narcotraficante, delincuente, asesino, sicario de México, condenado a pena de muerte, y yo digo: "Yo voy a morir por él". ¿Qué dirían ustedes? "Tú estás loco. Ese hombre merece todo lo que le van a hacer, y más", ¿no es cierto? Eso fue lo que hizo Jesús, mis hermanos: por amor murió por Sus enemigos.
Y no murió cualquier muerte. Pablo dice: "y muerte de cruz". La peor muerte, la más vergonzosa muerte; una muerte que no estaba calculada para respetar la dignidad de la persona, estaba calculada para aumentar su vergüenza y su dolor al máximo. Esa muerte murió Jesús. Un predicador bautista de hace unos cientos de años dijo: "Bendito sea Su nombre: Jesús descendió, descendió y descendió, y cuando llegó a nuestro nivel y se hizo hombre, todavía descendió, y descendió, y descendió más bajo y más profundo aún".
Ven a Cristo
Si tú hoy no conoces a Jesús, te lo presento. Este es el gran Salvador que nosotros proclamamos: Cristo Jesús, que vino a morir por lo peor de los pecadores. Si tú no conoces a este Cristo —este es mi Cristo—, te lo presento. Tú no puedes salir de aquí ignorando a este gran Salvador, Cristo Jesús. Arrepiéntete de tus pecados y ven a Jesús. No importa la carga de tu culpa o la carga de tu vergüenza. No importa si ayer te dormiste hasta las tres de la mañana viendo pornografía; no importa si tú estás cometiendo adulterio, o si tú estás en borracheras interminables. Ven a Cristo. Él perdona pecadores; Él es un gran Salvador para grandes pecadores. Lo cantábamos hace un momento: donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. Ven a Cristo hoy; ríndete, ya no pelees más. Ven a la cruz, y ahí encontrarás perdón.
Cristo fue exaltado hasta lo más alto
Y veamos el último paso que dio Cristo para completar Su salvación: Cristo fue exaltado hasta lo más alto. Versículo 9: "Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre". Jesús fue colgado en una cruz y murió ahí, pero Él no se quedó en una cruz. Lo bajaron de la cruz y lo sepultaron, pero Él no se quedó en el sepulcro: al tercer día Él resucitó de los muertos. Y dicen las Escrituras que el Padre lo ascendió hasta la gloria, que es la gloria más alta; que ya no hay gloria más arriba de esa gloria.
Entonces, nosotros podemos ver aquí un cumplimiento de las Escrituras, Salmo 138:6: "Porque el Señor es excelso, y atiende al humilde, pero al altivo lo mira de lejos". Entonces, Dios Padre vio que Su Hijo descendió, y descendió, y descendió hasta lo más bajo, y como Él atiende a los humildes, lo exaltó hasta lo más alto. Entonces, el que más se baja para servir, más alto es exaltado para recibir gloria. Y ese fue Cristo. 1 Pedro 5:5 al 6: Dios nos manda que nos revistamos de humildad en nuestro trato mutuo, "porque Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes". Y termina diciendo Pedro ahí: "Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él los exalte a Su debido tiempo".
Entonces, tú tomas Filipenses 2 y dices: "Daniel, ¿tú me estás diciendo que viva de esta manera, así, sacrificialmente, pensando en los intereses de los demás, no en mis propios intereses? A ver, mi hijo, ¿y a mí quién me va a cuidar? ¿Y quién va a ver por mis intereses?". ¿Cuál es la respuesta de Pablo, mis amados hermanos? Dios verá por tus intereses. Esa es la respuesta de Pablo. Ya que Cristo descendió, y descendió, y descendió, Dios lo exaltó. Tú desciende, desciende, desciende, buscando la unidad, la armonía con tus hermanos, en tu matrimonio; ponte a servir, y Dios te exaltará. Ahora, toma una posición de guerra, de pelear por lo tuyo, y estás demostrando orgullo, y a los orgullosos Dios los humilla.
Pon tus ojos en Cristo
Entonces, la clave aquí, mis amados hermanos, no es decir: "Ay, yo voy a ser más humilde, me voy a esforzar por ser más humilde; ya no, ya no chisme, ya no chisme, ya no… me muerdo la lengua, ya no voy a pelear más en mi casa". Esa no es la clave, hermano. ¿Sabes cuál es la clave? Mira a Cristo. Contempla a Cristo; míralo en la cruz, muriendo por ti. Mira todos los regalos que te fueron dados gracias a Su obra. Mira a Cristo, pon tus ojos en Él, contémplalo, mira la cruz. Pon tus ojos en Cristo. Martyn Lloyd-Jones decía: "Solo hay una cosa que sé que me aplasta contra el suelo y me humilla hasta el polvo, y es mirar al Hijo de Dios, y especialmente contemplar la cruz. Nada más puede humillarme así. Cuando veo que soy un pecador que nada sino el Hijo de Dios en la cruz puede salvarme, estoy humillado hasta el polvo. Nada más que la cruz puede darnos este espíritu de humildad".
Iglesia amada, Iglesia Evangélica de Cuajimalpa: vivan en unidad. ¿Cómo? Pongan sus ojos en Jesús. No aparten su mirada de Cristo. Que por generaciones se predique el evangelio en esta iglesia hasta que Cristo venga, y que no se escuche de la iglesia que están en divisiones, en pleitos, en contiendas; que estén en armonía, para la gloria de Cristo.
Oración
Vamos a orar. Amado Dios, gracias por Tu Palabra. Gracias, Señor, porque nos llamas, nos llamas a todos nosotros a venir a la cruz, a venir a Cristo, a encontrar perdón para nuestro egoísmo y nuestro orgullo. Y nos llamas a que vengamos a la cruz para ver a Jesús y crecer en humildad, hacer morir nuestro orgullo en el poder del Espíritu Santo. Gracias por esta amada iglesia, Señor. Te pedimos que esta congregación esté unida, Señor; que, como dice Pablo en Efesios 4, no le den lugar al diablo, que quiere sembrar semillas de discordia y de división en toda iglesia que está anunciando a Jesús. Que aquí se predique a Cristo, Señor, y que todos los hermanos de esta iglesia pongan sus ojos en Jesús cada día, para vivir en unidad unos con otros, para la gloria de Tu nombre; de manera que los que no te conocen puedan ver esta iglesia y ver un grupo de personas que te aman, que están unidas por Jesús, en Jesús, para Su gloria. Oramos en Su nombre. Amén. Muchas gracias, hermanos. Dios les bendiga.
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Predicamos así cada semana, a las , en Av. México 319.
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