El amor, un fruto de la Justificación
Transcripción
Teología que se vuelve práctica
Buenos días. ¿Cómo están? Gracias a Dios. Qué bendición es tener la oportunidad cada domingo de celebrar la santa cena, y qué bendición es tener la palabra del Señor, que a través de ella nos guía y nos recuerda temas acerca de nuestra salvación. Hoy hablaban de la justificación; hace días hablábamos de la redención, un poquito, en el tema de la cena. Hoy hablamos de la justificación. Y hoy nos toca continuar con esta miniserie de Romanos 13 que estamos viendo. La semana pasada, nuestro hermano Arturo nos compartía los primeros siete versículos de este capítulo 13. Y bueno, pues vimos y aprendimos cuál es la perspectiva del cristiano ante la autoridad y ante, pues, las leyes, y que son puestas por el Señor; cómo debemos comportarnos ante todas las autoridades gubernamentales.
Entonces, hablando de la justificación, Pablo, del capítulo 1 al capítulo 11, pues nos da una buena dosis de teología. Pablo nos da una buena dosis de teología. Y bueno, del capítulo 1 al 11 nos habla precisamente de todo el panorama de la justificación. Nos habla de la condición humana, la condición caída del hombre; cómo todos estábamos condenados a una muerte segura y eterna —así como la salvación, segura y eterna—, estábamos condenados a una muerte segura y eterna, ese castigo que merecíamos por la transgresión hacia nuestro Creador. Y bueno, y también en esos capítulos vemos cómo hemos sido justificados, y no porque lo merezcamos, sino que es a través del sacrificio de Cristo, como también nos compartía hoy nuestro hermano Abraham: cómo Él se encarnó y Él fue el sustituto en pago para aplacar la ira de Dios, que ahora ya no estará sobre nosotros.
¿Y a qué voy con todo esto? Porque a lo largo de muchos años nuestro hermano Nathan nos ha enseñado bastante teología, mucha. Todos quizás en sus casas tienen también muchos libros de teología; las Biblias están llenas de comentarios teológicos. Y podría hablar mucho de esto, acerca de cómo nos hemos empapado de teología. Y bueno, eso es bueno, porque necesitamos saber cuáles son las verdades de Dios, pero saber cuál es la manera correcta de interpretar las verdades de Dios, con todo el estudio que hemos tenido, las clases diferentes que tenemos.
En jóvenes ya se les enseña teología; no solamente es un momento para venir y convivir, o jugar, quizás, sino que ellos están aprendiendo teología. Las mujeres en su grupo hacen lo mismo, ¿no? No están aprendiendo cómo ser solamente una ayuda idónea, cómo ser una buena esposa, cómo ser una buena madre; están aprendiendo teología, y a través de ello van a desarrollar lo otro. Los niños, aun a su corta edad, están siendo instruidos en teología. Y como lo dice la palabra en su raíz etimológica, teología es el estudio de Dios.
Pero Pablo nos enseña también, a partir del capítulo 12, que esta teología no solo es algo abstracto. Porque la teología la pueden estudiar no solamente los cristianos; en las universidades estudian teología y no son cristianos, mucho menos salvos. Pero ¿se han preguntado alguna vez: "¿Qué tengo que hacer con toda esta teología? ¿Para qué me sirve toda esta teología?". Y Pablo precisamente es lo que nos está enseñando a partir del capítulo 12: que no es algo abstracto, no es algo solamente académico, sino que la teología también es práctica.
Jesús, el autor de la teología, era un Jesús de acción. No solamente enseñaba teología, sino que era muy práctico. Todo lo que Él tenía de su sabiduría... no venía y hablaba con palabras redundantes, ¿verdad? No era un académico; con los pescadores, con los jornaleros, con los granjeros, Él era muy práctico y conciso. Y Pablo es lo que nos está enseñando a través del capítulo 2 en adelante. Ya en algún momento compartimos algunos también este capítulo, el capítulo 12: la manera en cómo debemos de conducirnos.
Entonces, hermanos, el evangelio es profundamente teológico, sí, pero también el evangelio es profundamente práctico. Es muy práctico, y deberíamos hacerlo práctico también nosotros. Si este evangelio no lo hacemos nuestro como cristianos, y lo vivimos de una manera práctica como Jesús lo hizo, entonces toda esta teología que hemos estado aprendiendo, y que podemos aprender, y que podamos saber, entonces no habrá servido ni habrá cumplido su propósito. Aunque estés en un seminario, si eso no lo aterrizas y no lo pones en práctica, de nada te va a servir tanto conocimiento. Y entonces Pablo, a partir del capítulo 12, nos enseña cómo poner en práctica esta teología en nuestras vidas.
Repaso: someternos a las autoridades
Entonces, el domingo anterior vimos cómo tenemos que obedecer a nuestras leyes, ya siempre y cuando no esté en contra de lo que Dios nos está ordenando. Pero aun así tenemos que someternos a ellas, acatarlas, a lo que ellos nos dicen, porque esa es la manera en que también glorificamos al Señor. Eso es lo que aprendimos hace 8 días. Aprendimos también acerca de pagar impuestos, como vemos en el pasaje en donde le preguntan a Jesús: "A ver, ¿hay que pagar impuestos?". Y Él contesta: "¿De quién es la moneda? ¿Quién está ahí, en esa moneda?". Y dice: "Entonces den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios".
Entonces vimos que las autoridades que Dios puso, las puso porque tienen un rol, y es necesario. Porque si no... de por sí este mundo está caído, y sin autoridades, sin haber quién dirija, quién esté al frente, sería algo anárquico; cada quien haría lo que quisiera. De por sí hacemos lo que queremos muchas veces. Y bueno, Pablo concluye con el versículo 7 de esta manera; vamos a recordarlo. Dice así: "Paguen a todos lo que deban: al que impuesto, impuesto; al que tributo, tributo; al que temor, temor; al que honor, honor". Paguen a todos lo que deban.
Lectura de Romanos 13:8-10
Después, Pablo —que es el pasaje que vamos a ver hoy— arranca nuevamente en el versículo 8 al 10. Dice así: "No deban a nadie nada, sino el amarse unos a otros; porque el que ama a su prójimo ha cumplido la ley. Porque esto: No cometerás adulterio, no matarás, no hurtarás, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en estas palabras se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; por tanto, el amor es el cumplimiento de la ley".
Señor, primeramente reconocemos que Tú eres nuestro Salvador, que Tú nos has justificado. Gracias, Señor, porque podemos recordar hoy en la mañana, Señor, tu sacrificio, y podemos recordar, Señor, que aun sin merecerlo Tú nos has salvado. Gracias por tu palabra, Señor. Gracias por ese amor mostrado en la cruz hacia nosotros, y que ahora Tú nos has entregado, Señor, para también darlo. Señor, bendice tu palabra. Señor, que tu Espíritu Santo sea el que hable a través de mí, Señor; que tu Espíritu Santo sea el que obre en los corazones. Señor, no permitas que diga algo, Señor, que esté fuera de lugar. Permíteme manifestar tu gloria, Señor, manifestar tu evangelio. Gracias, Señor. Nos ponemos en tus manos, en Cristo Jesús. Amén.
No deban a nadie nada
Entonces, ahora, en el versículo 8, me gusta cómo Pablo conecta la porción anterior, de los primeros siete versículos, conecta con lo siguiente. Dice... termina en el capítulo, en el versículo 7: "Paguen a todos lo que deban". Y comienza nuevamente en el versículo 8: "No deban a nadie nada". Entonces, este versículo podría interpretarse de una manera en que quizás nos esté diciendo: "No pidan prestado". Y también es una recomendación: no pidan prestado, porque eso podría conllevar a malos entendidos para la comunión. Pero Pablo está yendo más allá cuando dice: "No deban a nadie nada, sino el amarse unos a otros". Entonces, Pablo está llevando más allá el círculo de responsabilidad. Primero nos está mostrando que tenemos un círculo de responsabilidad ante las autoridades. Pero Pablo, a partir del versículo 8, está llevando, y nos está enseñando, que la responsabilidad va más allá de solamente el gobierno. Este círculo de responsabilidad se ha extendido a otras personas. ¿Quiénes son esas otras personas? El prójimo. Entonces dice: "No debas nada a nadie". A esta predicación le puse por título "El amor, un fruto de la justificación". Tú no puedes dar amor si no eres salvo; tú no puedes dar amor si no has sido perdonado. No puedes dar algo que no tienes.
Entonces, vamos a ver tres aspectos de este pasaje, y de lo que representa el amor, ya que hemos sido justificados. El primer punto: vamos a ver que el amor es lo único que nos debemos. El segundo punto es: el amor hace lo correcto. Y el tercer punto: el amor busca el bien de todos.
El amor es lo único que nos debemos
Entonces, hermanos, dice: "No deban a nadie nada, sino el amarse unos a otros; porque el que ama a su prójimo ha cumplido la ley". Entonces, el amor es lo único que nos debemos. Ahora, Romanos 12:9 al 21 ya lo habíamos estudiado, acerca del cuerpo de Cristo, acerca de cómo es la comunión; es un pasaje paralelo a esta porción.
¿Quién ha adquirido deudas? ¿Nadie? Padre, yo en algún momento, con las tarjetas de crédito, ¿verdad? Da pena decirlo, pero en algún momento todos nos endeudamos. Adquirimos una deuda, y pareciera que es impagable, porque vas y pagas, y como que no se reduce la deuda, y el... ¿cómo se llama?, el interés aumenta, y casi podría ser imposible ver el término de esa deuda. Y en la cultura en la que vivimos estamos acostumbrados a adquirir deudas, porque es tan fácil ofrecerte un dinero que no es tuyo, pero te lo pintan tan bonito que dices: "Bueno, pues va".
Entonces, entendiendo ese punto, en que en algún momento adquirimos una deuda porque algo no nos pertenecía, pero lo obtuvimos gratuitamente: así fue la deuda que adquirimos con Dios. Él nos dio algo que no era de nosotros, y nos lo otorga gratuitamente. Es una deuda impagable; todos somos deudores. Dice en Romanos 6:22 —vamos a leerlo rápidamente—, Romanos 6:22 dice: "Pero ahora, habiendo sido liberados del pecado y hechos siervos de Dios, tienen por su fruto la santificación, y como resultado la vida eterna. Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro".
Cristo pagó nuestra deuda; nos libró de la esclavitud del pecado. Nos ha redimido por amor. Hablamos de la redención, que es comprar nuestra libertad: un pago costoso por nuestra libertad. Cristo pagó eso. Adquirimos una deuda impagable con Él; ya Cristo pagó todo en su totalidad, nosotros no tuvimos que hacer nada. Ahora, el amor que Cristo depositó en nosotros al amarnos, ya al buscarnos, que nos dio por gracia, ahora debe ser manifestado hacia otros. El amarse unos a otros es la única deuda que debemos adquirir, y que además es una deuda impagable.
Ahora, yo les pregunto: ¿cuánto es suficiente amar a los demás? ¿Qué tanto debemos amar? Entonces: "No deban a nadie nada, sino el amarse". Esa debería ser nuestra única deuda que debemos de tener entre nosotros: amarnos. Yo les debo el amor hacia los demás, hacia ustedes, aun con nuestras diferencias, aun con nuestros diferentes caracteres. Nos debemos el amar a otros.
Amar verdaderamente
¿Cómo debemos amarnos? Debemos amarnos verdaderamente. Vamos a ver Mateo 5:43. Mateo 5:43 dice así: "Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo... y oren por los que los persiguen, para que ustedes sean hijos de su Padre que está en los cielos; porque Él hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa tienen? ¿No hacen también lo mismo los recaudadores de impuestos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen más que otros? ¿No hacen también lo mismo los gentiles? Por tanto, sean ustedes perfectos como su Padre celestial es perfecto".
Y qué difícil es... bueno, qué fácil es, primeramente, amar a quien te ama, ¿verdad? Es muy fácil amar a mis amigos, porque son mis amigos. Pero los que no son mis amigos, a veces es muy difícil amar. Sin embargo, es algo que Cristo nos enseña: tenemos que amar. Y a veces caemos en ese pecado: amamos a la gente que está de acuerdo con nosotros, pero no queremos amar a la gente que tiene diferencias con nosotros.
Ahí mismo, en Mateo 22. Mateo 22 dice, en el 34: "Los fariseos se agruparon al oír que Jesús había dejado callados a los saduceos. Uno de ellos, intérprete de la ley, para poner a prueba a Jesús, le preguntó: Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento de la ley? Y Él le contestó: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el grande y primer mandamiento. Y el segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la ley...".
Ahora, está hablando de la ley, los mandamientos de Dios. Pero quizás tú podrías cumplir todos... supón, aunque no fuera así, pero supongamos que tú cumples todos. Pero si no amas a tu prójimo como deberías de amarlo, quiebras todos los mandamientos, todos los demás. Amar a tu prójimo verdaderamente. Entonces, amar al prójimo es el cumplimiento de la ley. Después pueden buscarlo en Levítico 19:17 al 18; ahí está también.
Amar imparcialmente
Debemos amar imparcialmente, sin distinciones, porque Cristo no las tuvo con nosotros. Santiago 2: vamos a leer Santiago 2, del versículo 1 al 9. Dice así, Santiago 2: "Hermanos míos, no tengan su fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo con una actitud de favoritismo. Porque si en su congregación entra un hombre con anillo de oro y vestido de ropa lujosa, y también entra un pobre con ropa sucia, y dan atención especial al que lleva la ropa lujosa, y dicen: Siéntese aquí, en un buen lugar; y al pobre dicen: Tú, allí de pie, o siéntate junto a mi estrado; ¿acaso no han hecho distinciones entre ustedes mismos, y han venido a ser jueces con malos pensamientos?".
"Hermanos míos amados, escuchen: ¿No escogió Dios a los pobres de este mundo para ser ricos en fe y herederos del reino que Él prometió a los que lo aman? Pero ustedes han despreciado al pobre. ¿No son los ricos los que los oprimen y personalmente los arrastran a los tribunales? ¿No blasfeman ellos el buen nombre por el cual ustedes han sido llamados? Si en verdad ustedes cumplen la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacen. Pero si muestran favoritismo, cometen pecado y son hallados culpables por la ley como transgresores".
Debemos amar imparcialmente, sin distinciones. Y a veces, como que no sé cuál sea el criterio de decir: "Bueno, a este lo voy a querer más que al otro. A lo mejor, porque me hizo caras, a este lo amo menos". Pero en la economía de Dios es al revés: el que te hace más daño es al que debes de amar más. Debemos amar imparcialmente. Eso le debemos a los demás; eso es lo único que debemos deber: amar imparcialmente.
Amar fraternalmente
1 Juan 2:7 dice así —1 Juan 2:7 al 11—: "Amados, no les escribo un mandamiento nuevo, sino un mandamiento antiguo, que han tenido desde el principio; el mandamiento antiguo es la palabra que han oído. Por otra parte, les escribo un mandamiento nuevo, el cual es verdadero en Él y en ustedes, porque las tinieblas van pasando, y la luz verdadera ya está alumbrando. El que dice que está en la luz y aborrece a su hermano, está aún en tinieblas. El que ama a su hermano permanece en la luz, y no hay causa de tropiezo en él. Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas y anda en tinieblas, y no sabe adónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos". Tenemos que amarnos fraternalmente. Y yo les pregunto: todos aquí tenemos hermanos carnales, hermanos en sangre, y creo que nadie odia a su hermano sanguíneo. Sí, tienen diferencias, pero creo que no lo aborrecen, aun con esas diferencias. Si él estuviera en una situación, pues va y le ayuda, porque es su carne. ¡Cuánto más con los de la fe! Debemos amarnos fraternalmente. Y no lo digo porque no esté pasando; simplemente porque la Escritura lo dice.
Por eso es que lo único que nos debemos es el amor unos a otros. Es la única deuda que Dios nos dejó, y que nunca la vamos a pagar; va a ser interminable, porque todo el tiempo tenemos que estarnos amando. Todo el tiempo, no solamente... Nos vemos aquí en la iglesia; aquí podemos fingir, quizás, que nos amamos, que nos saludamos. Pero si nos encontramos afuera, a lo mejor es más fácil evadirnos. Pero gracias a que somos justificados, ese fruto existe en nosotros, y aun con diferencias tratamos de reconciliarnos, como Dios nos reconcilió. Entonces, lo único que debemos deber, dice Pablo, es el amarnos unos a otros, "porque el que ama a su prójimo ha cumplido la ley".
El amor hace lo correcto
Punto número dos: el amor hace lo correcto. "Porque esto: No cometerás adulterio, no matarás, no hurtarás, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en estas palabras se resume". Y nuevamente: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". El amor hace lo correcto. Entonces, cuando estaba meditando en este pasaje, me preguntaba: "Bueno, ¿y por qué menciona...?". Aunque está generalizando, al último, todos los demás mandamientos, Pablo, que no los menciona. Pero yo me preguntaba por qué. ¿Por qué escribió Pablo aquí solamente "no cometerás adulterio, no matarás, no hurtarás, no codiciarás"? O sea, sabemos que están todos los demás mandamientos, y aquí implícitamente, sin ponerlos, dice que están los otros mandamientos. Pero ¿por qué quiso exponer estos mandamientos específicamente, mencionarlos? Bueno, pues yo creo que porque él está también atacando un problema del corazón, y lo que hay en nuestro corazón: si no es amor, no lo podemos dar.
No cometerás adulterio
Entonces dice: "No cometerás adulterio". Jesús dijo en Mateo 5:27 —vamos a leerlo—, Mateo 5:27: "Ustedes han oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pero yo les digo que todo el que mira a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón". Y muchas veces juzgamos más cuando el pecado es como muy evidente, y que se ve cuando ya se cometió el acto. Pero aquí dice Jesús que si tú ya la codicias en tu corazón y en tu mente, ya cometiste adulterio, ya traicionaste ese pacto, y eso te hace transgresor de la ley. Entonces, Jesús nos está enseñando acerca de estos pecados. El amor hace lo correcto; no hace lo incorrecto.
En el adulterio, no solamente estás engañando a otra persona, a tu pareja, a tu esposo, a tu esposa. Cuando tú cometes adulterio, te estás engañando a ti mismo, primeramente. Pero en el contexto de que dice que debemos amarnos unos a otros, estás dañando a un tercero, digamos, el esposo de la persona con la que cometes adulterio. No le estás haciendo un bien, no estás haciendo lo correcto; lo estás dañando, no lo estás amando.
Y eso lo vimos en algún miércoles, en Proverbios 5, con nuestro hermano Gabi: el adulterio te lleva a la muerte. Proverbios 5, del 3 al 6; no lo voy a leer, ahí está. El adulterio te lleva a la muerte. En Proverbios 6 también, que compartimos, veíamos esto: que el adulterio lleva a la muerte. Primero, te lleva a una muerte espiritual. Y segundo, como veíamos y estudiábamos, en la antigüedad, cuando alguien era atrapado en adulterio, ¿qué es lo que sucedía con la mujer? Tenía que morir apedreada, junto con la otra persona. Hay un rencor de la otra parte, y en ese rencor existe odio, y eso puede llevar a la muerte.
Entonces, tenemos que hacer lo correcto. Y por eso Pablo quizás menciona estos pecados: porque el que tiene el amor de Dios, el que ha sido justificado, hace lo correcto. El adulterio te convierte en ladrón, porque te llevas lo que no es tuyo. El adulterio te hace insensato. El amor hace lo correcto.
No matarás
Luego menciona: "No matarás". Y nuevamente vamos a ver en Mateo 5 qué dice Jesús acerca de esto. Mateo 5:21 al 25 dice así: "Ustedes han oído que se les dijo a los antepasados: No matarás; y cualquiera que cometa homicidio será culpable ante la corte. Pero yo les digo que todo aquel que esté enojado con su hermano será culpable ante la corte; y cualquiera que diga: Insensato, a su hermano, será culpable ante la Corte Suprema; y cualquiera que diga: Idiota, será merecedor del infierno de fuego. Por tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar, y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar, y ve, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda".
El amor hace lo correcto, y no mata. Aquí creo que nadie ha matado a nadie; si acaso, una mosca. Pero no ha matado a un prójimo. Pero, sin embargo, dice Jesús que sí lo hemos hecho. En 1 Juan 3:13 también habla de eso; eso no lo leemos: 1 Juan 3, del 13 al 15. Hermanos, si amamos verdaderamente como Cristo lo hizo, nosotros no deberíamos de hacer esto: hablar de los demás. También dice que te haces asesino al hablar de los demás.
No hurtarás, no codiciarás
Por último, en este versículo 9, dice: "No hurtarás" y "no codiciarás". ¿Por qué quizás Pablo los dejó al último, en ese orden? Y bueno, si hacemos un regreso, cuando dice "no hurtarás", dice que el amor no hace que robes a tu prójimo, ¿verdad? Yo no robaría a mi prójimo, aunque no sea hermano. No importa que sea hermano: no debes de robar, no debes de tener lo que no es tuyo. Si te lo prestan, regrésalo; porque si no lo devuelves, pues ya te lo robaste. No hurtarás, no robarás. Y hablando del adulterio, lo que les decía: cuando tú cometes adulterio, estás hurtando, porque estás tomando algo que no es tuyo.
"No codiciarás". Nuevamente, cuando quieres robar algo, es porque primeramente lo codicias. Eso mismo pasa con el adulterio: codicias lo que no es tuyo. Pero también podemos codiciar ciertas posiciones. Hay quienes tienen un mejor trabajo, y podemos codiciarlo, aunque digan: "Es codicia buena". No hay codicia buena: no codiciarás. Quizás aun en la misma iglesia podemos codiciar el tener un ministerio: "Ah, yo quisiera tener ese ministerio". Aunque sea bueno, pero a veces tenemos que ver cuál es la motivación, si solamente es por decir: "Bueno, quiero que todos me vean ahí enfrente". No codiciarás, no hurtarás.
Y en estas dos prohibiciones ejemplifica ya cómo un corazón que no ha sido justificado verdaderamente hace que te lleve a cometer los dos pecados anteriores: cuando cometes adulterio, primero codicias y luego hurtas. Y esto te lleva a la muerte. Y hablando del tema de la lujuria: casi siempre entendemos como lujuria únicamente lo sexual, y la palabra lujuria significa eso mismo, codicia. Todos tenemos lujuria, y a veces esos deseos los llevamos a cabo. Es un deseo fuerte por algo; eso significa lujuria. Y a veces, cuando te dejas llevar por ese pecado, por la lujuria, por tus deseos, haces hasta lo imposible para obtenerlo, como dé lugar.
Pero Jesús nos enseña que si consideramos el amarnos los unos a los otros, no buscaríamos hacer lo... buscaríamos hacer lo correcto. Cristo ya pagó en la cruz por estos pecados. Si hemos caído, pidamos perdón, porque Cristo ya pagó. No estamos juzgando, pero estamos dando una esperanza: ven a Cristo, ve a Cristo. Él pagó toda esa deuda. Entrega esos deseos. Y esto nos lleva a no hacer daño a nuestro prójimo.
El amor busca el bien de todos
Punto número tres, dice: el amor busca el bien de todos. Esencialmente, así debe de ser. Cuando tú amas a alguien, no le buscas causar un daño. Cuando tú le dices a tu esposa "te amo", no estás pensando que en algún momento que te haga enojar la vas a golpear. Porque somos buenos para hablar, para aparentar —pero somos malos para llevar a cabo lo que... nuestra palabra es muy rápida para sacar antes que nuestra cabeza lo analice—. El amor busca el bien de todos. Y vamos a ver que el amor no hace mal al prójimo. ¿Por qué? "El amor no hace mal al prójimo; por tanto, el amor es el cumplimiento de la ley". Y me encanta, porque dice que, básicamente, si tú no tienes amor, de nada sirve que tú sepas muchas cosas, que tú quieras cumplir todos los mandamientos, menos tener amor.
La regla de oro
¿Qué dice la regla de oro? ¿Alguien sabe la regla de oro? Mateo 7:12 dice así: "Por eso, todo cuanto quieran que los hombres les hagan, así también hagan ustedes con ellos, porque esta es la ley y los profetas". Mm. Yo quiero que me traten bien, pero yo trato mal. Esta es la regla de oro: trata a los demás como quieres que te traten. Si yo te trato con amor, ¿qué voy a esperar? Amor. Si yo trato a los demás con indiferencia, me van a dar por respuesta indiferencia, porque vivimos en una condición caída. Aun cuando ya somos justificados, seguimos batallando con el pecado.
Decir "ama a tu prójimo como a ti mismo" es entender que no dañarías tu cuerpo: lo procuras, lo cuidas, lo alimentas, buscas su bien. Por eso dice aquí que el amor no hace mal a su prójimo. Si tú tienes hambre, comes; aparte de satisfacer un deseo, comes porque sabes que si no comes te vas a morir. Entonces, por ejemplo, hoy, hermanos, en la mañana, cuando despiertan y están ya preparándose para venir a la iglesia, ¿qué es lo que están pensando? Quizás no todos nos bañamos, pero estás pensando en hacerlo. Te estás preparando; buscas venir de la manera mejor presentable a la iglesia. No tenemos que venir de traje —hoy lo hice porque, bueno, se me ocurrió—, pero busco la manera de estar presentable, no solamente para los hermanos, sino para lo que vengo: adorar a Dios.
Pero ¿a qué voy? Buscas tu mejor ropa, buscas el mejor peinado, quizás nos perfumamos. Estás cuidando tu cuerpo, quieres arreglarlo, estás buscando un bien para tu cuerpo. Cuando decidimos hacer ejercicio para estar mejor, estás buscando cuidar este empaque que Dios nos dio, porque al final lo vamos a entregar. Tenemos que cuidarlo, porque es templo del Espíritu Santo. Entonces, de esa manera en que tú tratas de cuidarte es lo mismo que pensarías hacer con tu hermano. Por eso dice: así como te amas a ti, ama a los demás. ¿Alguien se ha odiado solo? Yo nunca he ido al espejo y me digo: "Ay, te odio. Ah, ay, te odio por eso que dijiste". Creo que nadie lo ha hecho.
Entonces, decir que el amor no hace mal al prójimo es entender que amar es beneficiar en gran manera al prójimo. Entonces, me gusta porque Pablo, cuando está diciendo todas esas cosas, lo dice de una manera de prohibición, para que encaje con lo que nos está diciendo acerca de la ley, de los mandamientos: no hace mal, no hurtarás, no robarás, no hace mal. Lo dice de una manera como prohibición, para que encaje con el de la ley, para que tú lo cumplas: no hagas, no cometas, no, no... no hace mal al prójimo.
Lo que el amor hace
En 1 Corintios 13, que ya estaremos viendo con Nathan, yo solamente quiero mencionar el versículo 5. Dice, hablando del amor, en un contexto que viene diciendo qué es el amor; dice el versículo 4: "El amor es paciente, es bondadoso. El amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no es arrogante; no se porta indecorosamente; no busca lo suyo, no se irrita, no tome en cuenta el mal recibido". Ah, pueden borrar esa parte, si quieren. Dice: "no tome en cuenta el mal recibido". "El amor no se regocija de la injusticia, sino que se alegra con la verdad". Y dice —esta parte me encanta—: "Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera", y a ver, todos juntos: "todo lo...". Gracias por cooperar. El amor todo lo soporta.
El amor también se manifiesta en el perdón. Porque puedo decir: "Bueno, sí, te amo, ¿verdad? Pero no te me acerques". El amor se manifiesta en el perdón hacia otros. Romanos... Mateo 18, muy conocido por todos, Mateo 18, porque a veces lo ocupamos. Mateo 18, versículo 21, dice así: "Entonces, acercándose Pedro, preguntó a Jesús: ¿Cuántas veces pecará mi hermano contra mí que yo haya de perdonarlo? ¿Hasta siete veces?". ¿Y Jesús qué le contesta? "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete". ¿Han multiplicado esa cantidad? El amor también se manifiesta en el perdón: 70 veces 7, hermanos.
El amor es un verbo
El amor es un verbo, no es un sustantivo. Eso sonó bueno. Bueno, así es: el amor es un verbo, no es un sustantivo. El amor es proactivo. Si todos nos recordamos del libro de Lucas, ¿cómo vemos a Jesús ahí? Es un Jesús activo. Hay muchos milagros ahí; vemos a Jesús de aquí para allá. Y en cualquier evangelio, Jesús siempre estaba actuando, porque es la manera en que Jesús estaba enseñando el evangelio. No solamente estaba diciendo; estaba actuando. No decía "te amo": amaba. No decía "te voy a lavar los pies": los lavaba. No solamente les dijo "voy a morir por ustedes"; ¿qué dijo?, ¿qué hizo? Murió. Él actuó. El amor es proactivo, y busca siempre el bien de todos. Jesús es lo que hizo: Jesús no solamente dijo; Jesús actuó y nos mostró ese amor.
Dice Efesios 10... Efesios 5, perdón. Efesios 5, del 1 al 4, dice así: "Sean, pues, imitadores de Dios como hijos amados; y anden en amor, así como también Cristo les amó y se dio a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios, como fragante aroma. Pero que la inmoralidad, y toda impureza o avaricia, ni siquiera se mencionen entre ustedes, como corresponde a los santos. Tampoco haya obscenidades, ni necedades, ni groserías, que no son apropiadas, sino más bien acciones de gracias. Porque con certeza ustedes saben esto: que ningún inmoral, impuro o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios".
El amor es proactivo. El amor hace bien, busca el bien de todos. El amor es el cumplimiento de la ley. El amor es el fruto de la justificación. Si tú has sido justificado, deberías de tener este fruto, el amor. Pero no solamente deberías tenerlo: deberías de actuar. Debemos de actuar. Va a ser difícil, porque hay personas... somos difíciles. Decía, cuando platicaba con mi hermano Paco, papá de Nathan, de algunas situaciones... y teníamos una frase él y yo: decíamos que teníamos hermanos incómodos. Y a veces él me decía que los dos éramos hermanos incómodos.
Tres lecciones
Podemos aprender tres cosas de esto, acerca de amarnos los unos a los otros y de que nos lo debemos. Número uno: tener la satisfacción de servir a nuestro prójimo como lo hizo Cristo, aunque es lamentable que no lo hagamos como lo hizo Él. Venimos a servir, y no a ser servidos. Todos los que entramos aquí no debemos de buscar el ser servidos, sino servir. Cuando firmamos la membresía, es una de las cosas que siempre decimos: no solamente venimos a edificarnos, sino a edificar. No destruyas; construye.
Número dos: amarnos unos a otros y deberles el amor nos sirve como una prueba de que somos, o hemos sido, justificados; somos salvos y regenerados en Cristo Jesús. Número tres: tener la certeza de que estamos haciendo lo que Dios quiere que hagamos.
Corazón y manos
Y quiero acabar con una anécdota. Hermanos, les amo, aunque son difíciles. A veces pasamos tiempo platicando con ciertas situaciones, y duele; duele ver que no hay amor. Aconsejamos, y nos preguntamos: "¿Por qué no se aman? ¿Por qué está pasando esto en esta familia?". Dice así esta anécdota, hablando de que debemos de actuar, ¿verdad?, de que no solamente tenemos una cabezota llena de teología. Y dice así:
Un predicador meditaba en su despacho, buscando una ilustración adecuada para un sermón sobre el amor que pensaba predicar el domingo siguiente. De pronto entró en el cuarto su hija, de pocos años, diciendo: "Papá, ¿puedo sentarme? ¿Puedo sentarme sobre tus rodillas, papá?". Y le dice: "No, hijita, ahora no puedo, papá; estoy muy ocupado". Papá estaba muy ocupado. Le dice: "Solo un momento, papá; venga, súbeme". El padre no supo negarse a esta súplica; tomó a la niña en brazos y la sentó sobre sus rodillas, a la vez que le decía: "¿Quieres mucho a papá, hija?". "Te quiero mucho", contestaba la niña, "mucho, mucho, mucho". "¿Cuánto me quieres, pues?", pregunta el padre. La niña colocó sus diminutas manos en las mejillas de su padre, y, apretándolas suavemente, contestó con afecto: "Papá, te quiero con todo mi corazón y con mis dos manos".
Finalmente había encontrado el pastor la ilustración que buscaba. ¿Puede haber mejor definición del amor? Corazón y manos: sentimiento y acción. Una cosa sin la otra queda mocha. Y ese es el amor que nos debemos: es corazón y manos. Meditemos en esto, hermanos. Y en verdad les amo. Y nuestro deseo como pastores es llevarlos a los pies de Cristo, y que se amen, y que nos amemos, y pensemos en cómo Jesús amó. ¿Estamos amando igual? Y lo único que nos debemos es amarnos unos a otros. No se endeuden con otras cosas; endéudense con el amor. Tengan esa deuda impagable de amarse siempre, amarse unos a otros. Yo sé que habemos hermanos incómodos, o que algunos tienen un hermano incómodo. Amémonos como Cristo nos amó.
Escúchanos
Ven un domingo
Predicamos así cada semana, a las , en Av. México 319.
Qué esperar si vienes →