Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Génesis 27:1-40GénesisAlfredo Carrillo

Elegidos por la gracia de Dios

Transcripción

Oración inicial

¿Sí me escuchan? Sí, yo también escucho. Dios les bendiga nuevamente aquí, como cada semana, compartiendo los símbolos, el pan y el vino, la comunión, alimentándonos también de la Palabra del Señor. Vamos a orar nuevamente para que sea el Señor el que hable a nuestras vidas; me ha hablado a mí también a través de Su Palabra. Vamos a orar.

Señor Jesús, primeramente queremos reconocer Tu obra en la cruz. Debemos reconocer que Tú eres el Señor de señores; debemos reconocer, Señor, que Tú eres Aquel que nos ha llamado, el que nos ha salvado, Aquel que nos ha elegido. Gracias, Padre, por estar aquí en esta mañana. Gracias por mis hermanos, Señor, por las visitas que también están aquí. Abre su corazón, que no pongan sus ojos en mí, estén atentos escuchando Tu voz, Señor. Todo aquello que no provenga de Ti, quítalo, Padre. Señor, Tu Espíritu Santo sea el que me guíe. Mi Padre, nos ponemos en Tus manos, en el bendito nombre de Tu Hijo Jesucristo.

Lectura de Génesis 27

Vamos a abrir nuestra Biblia en el libro de Génesis, capítulo 27, y vamos a leer esta historia que ya por muchos es muy conocida y quizás muy trillada, pero la Palabra del Señor, dice que es vasta: siempre trae algo a nuestra vida. Y vamos a leer desde el versículo 1. Vamos a comenzar y ustedes me van siguiendo con la vista. Dice:

"Y aconteció que cuando Isaac envejeció, y sus ojos se oscurecieron quedando sin vista, llamó a Esaú su hijo mayor, y le dijo: Hijo mío. Y él respondió: Heme aquí. Y él dijo: He aquí, soy viejo, no sé el día de mi muerte. Toma, pues, ahora tus armas, tu aljaba y tu arco, y sal al campo y tráeme caza; y hazme un guisado como a mí me gusta, y tráemelo, y comeré, para que yo te bendiga antes de que muera. Y Rebeca estaba oyendo cuando hablaba Isaac a Esaú su hijo; y se fue Esaú al campo para buscar la caza que había de traer.

"Entonces Rebeca habló a Jacob su hijo, diciendo: He aquí, yo he oído a tu padre que hablaba con Esaú tu hermano, diciendo: Tráeme caza y hazme un guisado, para que coma, y te bendiga en presencia de Jehová antes que yo muera. Ahora, pues, hijo mío, obedece mi voz en lo que te mando. Ve ahora al ganado, y tráeme de ahí dos buenos cabritos de las cabras, y haré de ellos viandas para tu padre, como a él le gusta; y tú las llevarás a tu padre, y comerá, para que él te bendiga antes de su muerte. Y Jacob dijo a Rebeca su madre: He aquí, Esaú mi hermano es hombre velloso, y yo lampiño. Quizás me palpará mi padre, y me tendrá por burlador, y traeré sobre mí maldición y no bendición. Y su madre respondió: Hijo mío, sea sobre mí tu maldición; solamente obedece a mi voz y ve y tráemelos.

"Entonces él fue y los tomó, y los trajo a su madre; y su madre hizo guisados, como a su padre le gustaba. Y tomó Rebeca los vestidos de Esaú su hijo mayor, los preciosos, que ella tenía en casa, y vistió a Jacob su hijo menor; y cubrió sus manos y la parte de su cuello donde no tenía vello con las pieles de los cabritos; y entregó los guisados y el pan que había preparado en manos de Jacob su hijo. Entonces este fue a su padre y dijo: Padre mío. Isaac respondió: Heme aquí; ¿quién eres, hijo mío? Y Jacob dijo a su padre: Yo soy Esaú tu primogénito; he hecho como dijiste. Levántate ahora, y siéntate, y come de mi caza, para que me bendigas.

"Entonces Isaac dijo a su hijo: ¿Cómo es que la hallaste tan pronto, hijo mío? Y él respondió: Porque Jehová tu Dios hizo que le encontrase delante de mí. Isaac dijo a Jacob: Acércate ahora, y te palparé, hijo mío, por si eres mi hijo Esaú o no. Y se acercó Jacob a su padre, quien le palpó, y dijo: La voz es la voz de Jacob, pero las manos, las manos de Esaú. Y no le conoció, porque sus manos eran vellosas como las manos de Esaú; y le bendijo. Y dijo: ¿Eres tú mi hijo Esaú? Y Jacob respondió: Yo soy. Dijo también: Acércamela, y comeré de la caza de mi hijo, para que yo te bendiga. Y Jacob se le acercó, e Isaac comió; le trajo también vino, y bebió.

"Y le dijo Isaac su padre: Acércate ahora, y bésame, hijo mío. Y Jacob se acercó, y le besó; y olió Isaac el olor de sus vestidos, y le bendijo, diciendo: Mira, el olor de mi hijo, como el olor del campo que Jehová ha bendecido. Dios, pues, te dé del rocío del cielo, y de las uvas de la tierra, y abundancia de trigo y de mosto. Sírvante los pueblos, y naciones inclinen a ti; sé señor de sus hermanos, y se inclinen ante ti los hijos de tu madre. Malditos los que te maldijeren, y benditos los que te bendijeren.

"Y aconteció, luego que Isaac acabó de bendecir a Jacob, y apenas había salido Jacob desde delante de Isaac su padre, que Esaú su hermano volvió de cazar. E hizo él también guisados, y trajo a su padre, y le dijo: Levántese mi padre, y coma de la caza de su hijo, para que me bendiga. Entonces Isaac su padre le dijo: ¿Quién eres tú? Y le dijo: Yo soy tu hijo, tu primogénito, Esaú. Y se estremeció Isaac grandemente, y dijo: ¿Quién es el que vino aquí, que trajo caza, y me dio, y comí de todo antes que tú vinieses? Yo le bendije, y será bendito.

"Cuando Esaú oyó las palabras de su padre, clamó con una muy y muy amarga exclamación, y le dijo: Bendíceme también a mí, padre mío. Y él dijo: Vino tu hermano con engaño, y tomó tu bendición. Y Esaú respondió: Bien llamaron su nombre Jacob, pues ya me ha suplantado dos veces: se apoderó de mí y de mi primogenitura, y aquí ahora ha tomado mi bendición. Y dijo: ¿No has guardado bendición para mí? Isaac respondió y dijo a Esaú: He aquí, yo le he puesto por señor tuyo, y le he dado por siervos a todos tus hermanos; de trigo y de vino les ha provisto; ¿qué, pues, te haré a ti ahora, hijo mío? Y Esaú respondió a su padre: ¿No tienes más que una sola bendición, padre mío? Bendíceme también a mí, padre mío. Y alzó Esaú su voz y lloró. Entonces Isaac su padre habló y le dijo: He aquí, será tu habitación en grosuras de la tierra, y del rocío de los cielos de arriba; y por tu espada vivirás, y a tu hermano servirás; cuando te fortalezcas, que descargarás su yugo de tu cerviz."

¡Uf, qué gran historia!

El contexto: dos hermanos muy diferentes

Vamos a ver un poquito de contexto acerca de este engaño. Esaú… esas fueron personas de una vocación muy diferente; se dedicaban a cosas muy diferentes. Primero, Esaú era cazador del campo, como hemos leído, y anteriormente, aquí en los capítulos atrás, nos narra algo acerca de Esaú: el cazador de campo, era intrépido, ¿verdad?, por lo que nos dice. Se nota que era fuerte, además de ser el favorito de sus padres, y ahora allí empezamos con algo mal: Esaú, el favorito de su padre Isaac.

Por otro lado, nos dice que era una persona tranquila, era muy agitado, era hogareño, por decirlo así, y él era el favorito de su madre. ¿A alguien se le hace como coincidencia? A ver, quizás en las familias de aquí no pasa eso, ¿no?, eso de favoritos. Espero que no los haya. Aparentemente existía una constante competencia entre los hermanos, luego. Pero esta competencia finalmente un día, un día iba a tener una trascendencia muy importante.

Si nos vamos más atrás, dice que el Señor, cuando le pide Isaac, cuando Rebeca ora al Señor por un hijo y se lo concede, si recordamos, Dios les dice ¿qué? Que va a tener la bendición, la bendición que Dios le prometió a Abraham. Dijo que iba a pasar a este, a Jacob. Sí, a Jacob. Pero me equivoqué hace rato con Isaac: que iba a pasar a Jacob. Entonces Dios ya lo había, digamos, prometido, esa bendición, a su hijo, ¿sí?

El plato de lentejas

Pero ¿qué hizo Jacob con Esaú, si recuerdan? Que engañó a Esaú. Rápidamente, la historia no la vamos a buscar, pero se encuentra en una ocasión muy especial, que dice que Jacob había guisado, había hecho un guiso muy rico. Por lo que dice ahí, ¿no?, aparentemente olía muy rico. Él es una persona que también sabe… quizás, supongo, por la cercanía de su madre, él sabía guisar también, y aunque dice que también Esaú sabía hacer eso también, como lo hacía.

Entonces nos narra que Esaú había llegado de ir de cacería, pero había llegado sin haberlo logrado; dice que no había traído nada, aparentemente. Entonces llega y ve a Jacob con este plato de lentejas y dice: "Dame, dame, porque me estoy muriendo". O sea, aquí también una exageración: nadie se muere de hambre en un día. Pero él llegó tan cansado, quizás tan, tan hambriento, y dijo: "Dame, porque estoy muriendo". Y Jacob aprovecha esta situación y le dice: "Te la cambio por tu primogenitura", sabiendo que Dios ya le había prometido la bendición, ¿verdad?

Pero aquí vemos que a los dos se les estaba pasando algo muy importante: la primogenitura no solamente constaba de bienes materiales; constaba de una bendición especial, espiritual: continuar con la línea, con el plan de Dios.

Entonces Esaú, como él se moría de hambre, dice: "Adelante, te la cambio, porque me muero". Y le vuelve a reiterar, si leemos, y dice: "Porque me muero, me estoy muriendo, estoy muriendo de hambre". Y Jacob, ni tardo ni perezoso, dice: "Adelante, te la cambio". Y así sucedió. Tenemos ese contexto.

Mentiras de generación en generación

Y si nos vamos todavía más atrás, hablando de mentiras y engaños: Abraham, ¿qué sucede con él, con su esposa, si recordamos? Miente; dice que era su hermana, porque no lo mataran. Luego Isaac, ¿qué hace? Hace lo mismo: dice de su esposa que es su hermana, que también no quiere que lo mataran. Entonces viene aquí arrastrando una serie de mentiras, y que a veces se va pasando de generación en generación.

Entonces ya le pasa a la primogenitura, y ambos hermanos conocían muy bien el significado de lo que les decía esta primogenitura, que necesitaba para tener… Era el derecho del hijo mayor de suceder al padre como jefe de familia o del clan en donde estaban; le correspondía una porción doble de los bienes, y era, digamos así, era el recipiente de la bendición paterna. Todo esto nos pone en juego.

Esaú, al vender su primogenitura, no le importó; no le importa saber, bueno, que iba a tener todas estas bendiciones materiales, pero también la bendición espiritual, que es lo que más se le estaba pasando por alto. Él dijo: "Yo me voy a morir; ¿de qué, pues, me servirá la primogenitura?". Eso fue lo que contestó a Jacob. Entonces Esaú está despreciando esta bendición. Esaú menospreció la primogenitura, por lo que a Jacob se le hizo bien fácil cambiarla, pues. Sin embargo, se les está pasando a los dos que ya hay una promesa de parte de Dios hacia Jacob.

Isaac llama a Esaú

Aquí, bueno, nos vamos a empezar a ver el versículo del 1 al 5. Primero vamos a ver cómo, cómo se desenvuelve esta historia. Ya la leímos; vamos a analizarla un poquito más. Dice así: "Entonces aconteció que cuando Isaac envejeció, y sus ojos se oscurecieron quedando sin vista, llamó a Esaú su hijo mayor, y le dijo: Hijo mío. Y él respondió: Heme aquí. Y él dijo: He aquí, ya soy viejo, no sé el día de mi muerte. Toma, pues, ahora tus armas, tu aljaba y tu arco, y sal al campo y tráeme caza; y hazme un guisado como a mí me gusta, y tráemelo, y comeré, para que yo te bendiga antes de que muera".

Entonces Isaac realmente no sabe si va a morir. Tenía, por lo que sabemos, él tenía 137 años aproximadamente, y más adelante vemos que muere de 180. Pero él sentía que iba a morir, ¿no? Se sentía viejo, y estaba cansado, quizás por la ceguera que ya tenía, y mandó a llamar a Esaú. Pero aquí también vemos que Dios ya había elegido a su hijo Jacob para tener la bendición, pero, sin embargo, llama al hijo, este sentido, digamos, al preferido; llama a Esaú.

Entonces dice que él pensó que ya, por su condición física, ya había llegado el momento de dar la bendición al hijo mayor.

Ahora, para los que quizás no han leído toda la historia completa, vamos a remontarnos rápido al nacimiento de Jacob y de Esaú. Si recuerdan, de Esaú, cuando ya da a luz su mamá Rebeca, dice que sale Esaú, y ven que su niño, rubio, digo, de pelo rojizo. Pero cuando están en el momento de estarlo sacando, dice que viene Jacob, le está agarrando así el piecito a Esaú. Entonces, de alguna manera, están saliendo al mismo tiempo, y es cuando dice que le usurpó la primogenitura. No salió primero solamente Esaú, sino: "Estaba ahí un momento, y voy también yo, no me dejen solo". Y ahí va, agarrado de la piernita de su hermano.

Entonces lo manda, y le dice ir, y le da unas ciertas cosas bien específicas a su hijo, y también él le había planeado todo para que no hubiera falla; aparentemente no iba a haber falla. Le dice, le pide primero: "Toma, pues, ahora tus armas, tu aljaba y tu arco, y sal al campo y tráeme caza". Sabía que Esaú se dedicaba a esto, se dedicaba a la caza. Y entonces entra en una caza, y dice que cuando se la trajera de nuevo, que le preparara un guisado, dice, como a él le gusta.

Y entonces vemos también aquí que, bueno, Isaac también se deja llevar por lo material, por el gusto. Es como una condición: "Hazme un guisado para que yo te pueda bendecir". Pero también lo podemos ver cuando se celebraban cosas así: en la antigüedad se hacía con una comida, para como cerrar el pacto, el trato. Ya se va Esaú; sigue las indicaciones.

Rebeca estaba oyendo

Pero aquí más adelante, más adelante empezamos a ver ya toda una trama, hasta parece de telenovela, porque dice: "Y Rebeca estaba oyendo cuando hablaba Isaac a Esaú su hijo". Yo no sé qué estaba haciendo Rebeca ahí. Yo estaba pensando: "Bueno, ¿y qué estaba haciendo Rebeca? ¿Estaba cocinando, estaba haciendo alguna labor ahí, o iba de paso?". O se imaginó, quizás, cuando lo llamó en secreto a Esaú, quizás, imagino yo: "Creo que ya le va a decir algo acerca de la bendición, y me le pego; me pongo así, como del otro lado del cuarto, y me pongo ahí atenta a ver qué está haciendo".

Ella también se le está pasando, o está olvidando, que Dios le dio una promesa acerca de Jacob, que él iba a recibir esta bendición. Y dice así: "Y Rebeca estaba oyendo cuando hablaba Isaac a Esaú su hijo; y se fue Esaú al campo para buscar la caza que había de traer". Esperó que se fuera, y lo dice: "Entonces Rebeca habló a Jacob su hijo, diciendo: He aquí, yo he oído a tu padre que hablaba con Esaú tu hermano, diciendo: Tráeme caza y hazme un guisado, para que coma, te bendiga en presencia de Jehová antes que yo muera. Ahora, hijo, pues, obedece mi voz en lo que te mando. Ve ahora al ganado, y tráeme de allí dos buenos cabritos de las cabras, y haré de ellos viandas para tu padre, como a él le gusta".

Dos cabritos y una trama

Primero, no imagino yo qué tipo de cacería iba a traer Esaú. No creo que sea un chivo; no creo que iba a tener un chivo Esaú. Tuvo que matar a un venado, o no sé, un carnero quizás, un animal grande, porque él era experto en eso. Y dice, manda Rebeca a Jacob que vaya afuera, y del rebaño dice que traiga dos cabritos, o podemos decir dos chivos.

¿Quién ha comido barbacoa? Todos, levanten la mano. ¿Saben el sabor de la barbacoa? Bueno, ¿quién ha comido pollo? Todos han comido pollo. Y el pollo a la barbacoa no se parece. Yo pienso también, cuando estaba leyendo esto: bueno, un cabrito, pues, no creo que sepa igual a algo que iba a traer, o que acostumbraba a traer Esaú, para guisar.

Pero, sin embargo, Rebeca es muy, muy astuta, y empieza a tramar, empieza a planear todo de tal manera que logre engañar a Isaac. Y dice: "Tráeme de allí dos buenos cabritos de las cabras, y haré de ellos viandas para tu padre, como a él le gusta; y tú las llevarás a tu padre, y comerá, para que él te bendiga antes de su muerte". Entonces, supongo yo que debe de ser una buena, o muy buena cocinera, ya que le puso hierbas de olor, o no sé, pero lo preparó también que, que aparentemente no distinguía Isaac ese sabor.

Pero hay otra cosa: quizás en el preparar la vianda, aparentemente, a lo mejor podría engañar a su esposo, que yo tampoco no me imagino cuando él dice, Jacob: "Bueno, pero ¿qué hay de…?". Él, del cuerpo: quizás Esaú, a lo mejor, ha de ser un poquito más fornido, quizás por jalar el arco, por jalar los animales que cazaba, no sé, por trepar árboles, no sé, no sé cómo. Entonces, pero pienso que también había un poquito de diferencia; quizás ha de ser un poquito más robusto, además de ser velludo, y el pelo rojo. Isaac no podía verlo, porque dice que ya había perdido la vista.

Pero dice: "Me va a tocar mi padre, y yo soy lampiño", así como yo, no tengo ni nada acá ni en los brazos. Y dice: "Me va a tocar". Y ella, astutamente, dice: "Bueno, te voy a pegar la piel de los cabritos para cuando te toque…, que hay alfombra". Pero yo, yo lo que veo es descabellado: ¿cómo va a pegar la piel del cabrito y, a ver, no se dé cuenta? Y aparte dice que le pone así en el pecho. Pero, bueno, las mujeres a veces hacen cosas… por la astucia, y se las ingenian, se las ingenian muy bien.

Y tratándose más de sus hijos… Pero hay otra cosa todavía, todavía: para, quiere reafirmar que todo, para aparentar que es el hijo preferido de Isaac. Dice después —pero tiene miedo también este Jacob—, dice: "He aquí, Esaú mi hermano es hombre velloso, y yo lampiño. Quizás me palpará mi padre, y me tendrá por burlador, y traeré sobre mí maldición y no bendición".

Y su madre respondió —fíjense, qué cuadro de madre; a ver si se identifica alguna con esta madre—, dice así: "Hijo mío, sea sobre mí tu maldición; solamente obedece a mi voz y tráemelos". ¿Cuántas va más allá de 15? No levanten la mano ahora. Pero hasta qué grado está llegando Rebeca: se está echando ella la maldición con tal de que su hijo obtenga este beneficio.

Entonces él fue, obedeció a la mamá —tiene que obedecerla, porque es el preferido—. Entonces "él fue y los tomó, y los trajo a su madre; y su madre hizo guisados, como a su padre le gustaba" —también que sabía—. "Y tomó Rebeca los vestidos de Esaú su hijo mayor, los preciosos, que ya tenía en casa, y vistió a Jacob su hijo menor; y cubrió sus manos y la parte de su cuello", dice, "donde no tenía vello, con las pieles de los cabritos; y entregó los guisados y el pan que había preparado en manos de Jacob su hijo".

El olor de Esaú

Tercera cosa: dice que tenía los vestidos preciosos de Esaú. Yo tampoco logro entender, bueno, ¿qué hacían esos vestidos en casa de su mamá, o de sus papás? Quizás cuando, por las funciones, digamos, sacerdotales, o como el mayor de la casa, cuando les tocaba hacer estos servicios, él dejaba este vestido ahí. Pero Esaú, como hombre de campo, y él, de ciudad… Iba a preguntar si ha habido algún hombre de campo, pero bueno, no.

¿Cuántos aquí hemos viajado en metro, en camión, a las horas pico? Bueno, no quiero hablar mal de los obreros —yo soy obrero—, pero hay un olor característico del obrero por su trabajo. Así Esaú: como él cazaba, este, pues corría, brincaba, de la…, trepaba, no sé, pues sudaba. Entonces ya tiene un olor característico, y supongo que no usaba perfume ni ningún desodorante, y él impregnaba, supongo yo, todas sus ropas; impregnaba del campo, del sudor. El aroma característico de Esaú estaba impregnado en esa ropa.

Por ahí vi un chiste, a propósito de esto del sudor: estaban dos personas en un elevador, y le decía: "Bueno, creo que a alguien ya no le está funcionando el desodorante". Y le contesta la otra persona: "Ha de ser el tuyo, porque yo no uso". Así era Esaú. Y Jacob, Jacob estaba siempre en casita, aunque no transpiraba igual. Y el chiste es que estas ropas estaban tan impregnadas del aroma de Esaú, que quien se las pusiera, fácilmente diría: "Nada más, ahí viene Esaú".

Entonces "se fue a su padre y dijo: Padre mío. E Isaac respondió: Heme aquí; ¿quién eres, hijo mío?".

Fíjense: "Y Jacob dijo a su padre: Yo soy Esaú tu primogénito; he hecho como me dijiste. Levántate ahora, y siéntate, y come de mi caza, para que me bendiga. Entonces Isaac dijo a su hijo: ¿Cómo es que la hallaste tan pronto, hijo mío? Y él respondió: Porque Jehová tu Dios hizo que le encontrase delante de mí. Isaac dijo: Acércate ahora, y te palparé, hijo mío".

La voz es la voz de Jacob

Y, de entrada, le pregunta: "¿Quién eres?". Jacob… Yo tengo amigos gemelos, y no hablan igual. Y cuando es el padre y la madre, los conocen mejor, aunque cierres los ojos: "Yo sé que no eres tú, porque tienes la voz de Jacob; aunque digas que eres Esaú, tienes la voz de Jacob". Pero bueno, dice, le dice que se acerque y que coma de su caza.

Entonces empieza a dudar, y le dice: "Bueno, te mandé hace tanto tiempo que regresaste muy rápido". Y le pregunta que cómo es que ya la cazó tan rápido. Porque supongo, quizá, este Isaac, conociendo a su hijo, no sabe que me va a regresar en una hora con un carnero o con un venado. No iba a estar a la vuelta de la esquina, como aquí, que vamos a la pollería, vamos a la carnicería, y rápido trae la vianda. Supongo que iba a estar esperando; yo tenía que ser paciente para traer la caza.

Una cadena de mentiras

Bueno, entra y le dice: "¿Cómo es que la hallaste?". Esta, otra mentira más de Jacob para respaldar su mentira. Que tienes que hacer a veces, a veces, cuando dices una mentira, que tienes que hacer, para respaldar esa mentira, tienes que venir otra vez, y así te la llevas. Es lo que pasa con la mentira: cuando dices una mentira, tienes que hacer otra mentira para respaldar esa mentira, y otra mentira para respaldar esas otras dos mentiras. Esa es una cadena de mentiras, y lo mismo está pasando con Jacob.

Dice: "Porque Jehová tu Dios hizo que la encontrase delante de mí. Isaac dijo a Jacob: Acércate ahora, y te palparé, hijo mío, por si eres mi hijo Esaú o no". Yo hubiera estado temblando cuando me dice: "Acércate", y para que sintiera la piel del, del cabrito: "¿Y estaba bien pegada?". Yo estaba temblando ahí, aparte de que pensando en la mentira que estaba yo diciendo para obtener la primogenitura, la bendición.

"Y se acercó Jacob a su padre Isaac, quien le palpó, y dijo: La voz es la voz de Jacob, pero las manos, las manos de Esaú. Y no le conoció, porque sus manos eran vellosas como las manos de Esaú". Quiero suponer también que por la edad, quizás, él ya era muy lento, de poca fuerza; quizás ya había perdido un poco también, como que la sensación del tacto. De las manos, a veces, con edad se pierde. Yo soy carpintero, y hay cosas que ya no sé si raspa o si es liso, porque se va perdiendo la mano. Sin embargo, logró engañar; hasta este momento logró engañar a su padre. Y dice: "Y dijo: ¿Eres tú mi hijo Esaú?". Se lo vuelve a preguntar otra vez. Y Jacob, mentiroso, respondió: "Yo soy". "Dijo también: Acércamela, y comeré de la caza de mi hijo, para que yo te bendiga. Y Jacob se le acercó, e Isaac comió; le trajo también vino, y bebió. Y le dijo Isaac su padre: Acércate ahora, y bésame, hijo mío. Y Jacob se acercó, y le besó".

¿Y qué dice? "Y olió Isaac el olor de sus vestidos, y le bendijo, diciendo…". ¡Ah! Y todavía, para asegurar, Isaac dice: "A ver…". Faltaba la, la, como que la prueba de fuego: lo quería oler. "Este huele mal; acércate". Se acercó, y sí, efectivamente, Jacob no huele así, a como él es, bonito quizás, pero este es el show.

Y empieza la bendición. Dice: "Mira, el olor de mi hijo, como el olor del campo que ha bendecido, que Jehová ha bendecido. Dios, pues, te dé el rocío del cielo, y de las grosuras de la tierra, y abundancia de trigo y de mosto. Sírvante los pueblos, y naciones inclinen a ti; sé señor de tus hermanos, y se inclinen a ti los hijos de tu madre. Malditos los que te maldijeren, y benditos los que te bendijeren".

Elegido desde antes de nacer

Vemos aquí que el plan ya se ha solidificado, la mamá interviniendo, ¿verdad?, sabiendo que ya Dios lo había elegido. ¡Ah!, por medio de la gracia del Señor ya Jacob había sido elegido desde antes de nacer para que él tuviera la bendición. Sin embargo, es como que no le dio mucha importancia ni Isaac y Rebeca: Isaac por un lado, con el hijo preferido; Rebeca también, por otro lado, con su hijo preferido. Y cada uno a su modo, queriéndole ayudar a Dios, o queriéndose brincar lo que Dios había dicho, ayudando a esta, a pasar esta bendición.

El clamor de Esaú

Y vamos a seguir leyendo en el versículo 30, donde ya viene casi como que el clímax de esta historia. Dice así: "Y aconteció, luego que Isaac acabó de bendecir a Jacob, y apenas había salido Jacob de delante de Isaac su padre, que Esaú su hermano volvió de cazar. E hizo él también guisados", dice, "y trajo a su padre, y le dijo: Levántese mi padre, y" toma, "y coma de la caza de su hijo, para que me bendiga".

"Entonces Isaac su padre le dijo" —imagínense, a ver—: "¿Quién eres tú? Si acabas de salir, ¿cómo otra vez me vuelves a traer comida? ¿Quién eres tú?". "Y le dijo: Yo soy tu hijo, tu hijo primogénito". Le vuelve a reiterar; dice: "Yo soy tu hijo". Y no solamente "tu hijo", porque tenía dos; dice: "Soy tu hijo primogénito, Esaú". "Y se estremeció Isaac grandemente, y dijo: ¿Quién es el que vino aquí, que trajo caza, y me dio y comí de todo antes que tú vinieses?". Ahora, como que le cayó el veinte; dijo… ya tenía, mayormente, de la importancia de la bendición, de la promesa de Dios, y se estremeció demasiado. Dice: "Yo le bendije, y será bendito". "Cuando Esaú oyó las palabras de su padre, clamó con una muy grande y muy amarga exclamación".

Cada vez que lo leo, yo casi puedo llorar. No me puedo imaginar en los zapatos de Esaú, que su padre le dijera esto. Le está pidiendo a su padre algo, y Esaú es mejor, porque sí tomó su aljaba, tomó su arco, se fue a los peligros y consiguió la caza, cuando anteriormente vemos que en alguna ocasión no la consiguió, y cambió su primogenitura por un plato de lentejas, porque no tuvo éxito, porque no era tan fácil. Pero ahora complació a su padre: no regresó hasta obtener la caza.

Y dice: "Clamó con una muy grande y muy amarga exclamación, y le dijo: Bendíceme también a mí, padre mío. Y él dijo: Vino tu hermano con engaño, y tomó tu bendición. Y Esaú respondió: Bien llamaron su nombre Jacob, pues ya me ha suplantado dos veces: se apoderó de mi primogenitura, y he aquí ahora ha tomado mi bendición. Y dijo: ¿No has guardado bendición para mí? E Isaac respondió, dijo a Esaú: He aquí, yo le he puesto por señor tuyo, y le he dado por siervos a todos los hermanos; de trigo y de vino les ha provisto; ¿qué, pues, te haré a ti ahora, hijo mío? Y Esaú responde a su padre: ¿No tienes más que una sola bendición, padre mío?".

Estaba tan desesperado: "¿Solamente una bendición?". Pero él mismo estaba contradiciendo, el niño; estaba reconociendo que solamente había una bendición, y, sin embargo, quería pelear esa bendición. Pero quizá, como, como de consuelo, le dice: "He aquí, será tu habitación en grosuras de la tierra, y del rocío de los cielos de arriba; y por tu espada vivirás, y a tu hermano servirás; y sucederá cuando te fortalezcas, que descargarás su yugo de tu cerviz". ¡Qué gran historia!

Cuando Dios elige, no revoca

Cuando lo estaba leyendo, me puse a pensar en todas… Primeramente: cuando Dios elige algo, Él no revoca esa elección. Él tiene un plan trazado desde la creación hasta llegar a Jesús. Él escoge a quien quiere escoger, pero a veces nosotros nos queremos brincar eso; a veces queremos ayudar al Señor, o hacer por nuestra cuenta cosas que aparentemente están bien. Pero en todo esto se ha visto fraude, la mentira desde los padres, engaño y mentira tras mentira.

Y a veces, como padres, que estamos delegando a nuestros hijos… Vemos en esta historia, junto con otras, que no todos los héroes de la Biblia son intachables. Acabamos de estar estudiando, casi concluyendo, Daniel, y como lo conocemos, Daniel es un ejemplo; José es un ejemplo. Pero hay otro tipo de héroes, como este, como Jacob. Dios, para sus propósitos, escoge a quien quiere escoger, como les decía, en este caso para cumplir su plan, que ya venía trazando para que siguiera la línea al llegar a Jesús.

Elegidos para ser de bendición

Dios a nosotros nos seleccionó como familia. Cada uno de nosotros ya hemos, hemos sido hechos hijos de Dios. Nos seleccionó como familia y como nación también, como lo hizo con Jacob. Nosotros tenemos también esa bendición, y no estamos hablando de una bendición material, como Esaú lo estaba haciendo. Esaú tenía…, estaba mal su, su visión. Dios nos escogió para ser de bendición a otras familias; Dios nos escogió para ser de bendición a la nación. Ha concluido la escuelita bíblica; se expuso el Evangelio. Es algo que no es de nosotros; es algo que es de Dios. Dios nos escogió para esta labor, y de predicar el Evangelio.

Dios quiere que seamos ejemplo también de justicia a otros pueblos; es lo que nos está enseñando este pasaje también. Dios quiere que seamos ejemplo de obediencia a Dios. Rebeca no estaba siendo obediente a Dios; se estaba…, ella quería hacer por su cuenta las cosas. Jacob también hizo lo mismo; no fue obediente a Dios, porque ella sabía también acerca de esta bendición.

Tenemos un compromiso nosotros, misioneros, que debemos de cumplir. Jesús nos eligió para Sus propósitos, y hemos sido elegidos por gracia también, como han sido elegidos todos los personajes de, a través de la historia de la Biblia. Tenemos que cumplir este compromiso, porque hemos sido elegidos para eso; hemos sido elegidos por gracia, no porque lo merezcamos.

La difícil lección de Esaú

Por otro lado, Esaú aprende una muy difícil lección. Esaú se presenta delante de su padre para recibir la bendición que le correspondía como hijo primogénito, vea, y con amargura descubre que ya se la dieron a otro; se la dio a su hermano. Y lo peor es que se da cuenta que ya no hay otra bendición para él, porque la bendición que le dio Isaac a Esaú no es la misma. Esaú aprendió que tenía sus valores en orden equivocado. ¿Cuántos de aquí a veces tenemos nuestros valores en orden equivocado?

El fraude piadoso

¿Han oído hablar del fraude piadoso? Lo estamos leyendo, y transportándolo ahora a nuestra iglesia, o a nosotros mismos, lo vemos muchas veces, y decimos: "Ah, estoy orando porque voy a hacer esto", y al cabo de un tiempo: "Ah, Dios me contestó, y ya lo estoy haciendo". Y aparentemente es bueno, pero no está haciendo Dios, que está ahí; Dios no está pidiendo eso. Y aparece gente que…, bueno, queremos tener una bendición que Dios no está dando, y se le llama un fraude piadoso, porque aparentemente está siendo de beneficio, pero quizás no es lo que Dios quiera.

Y no solamente para no servir…: a veces, dentro de la misma iglesia, estamos haciendo cosas que quizás Dios no quiere que las hagamos, pero otros insistimos. Si no escuchamos la voz de Dios, no atendemos para lo que fuimos elegidos, y creemos que así es, porque nada más que le oré al Señor: "Y estoy haciendo esto porque el Señor me dijo de esta manera". Vemos que Esaú aprende que está con sus valores en un orden equivocado. Aunque Esaú pidió con lágrimas una bendición, dice, no encontró misericordia de su padre Isaac.

Porque no encontró misericordia de su padre Isaac, porque hubiera revocado la bendición que le dio a Jacob, y, bueno, también, o quizás: "Yo te voy a dar la misma bendición", que le dio a su hermano. Sin embargo, no fue así. Esaú, delante de su padre, con lágrimas y todo, no encontró misericordia.

Podemos alcanzar misericordia

O sea, pero ¿qué creen? Nosotros sí; nosotros podemos, por la gracia de Dios, alcanzar la bendición de ser llamados hijos de Dios. Pero ¿cómo puede ser esto? Dice que si nos acercamos a Él y nos arrepentimos de todo corazón, y sinceros, dice que el Señor toma nuestras vidas, nosotros, y podemos alcanzar ahora misericordia delante del Padre.

Esaú no alcanzó, porque vemos más adelante que también Jacob trae otras consecuencias acerca de este engaño, que dice, si leemos más adelante la historia, dice que Esaú quería matarlo, y juró, dijo que cuando muriera su padre él iba a matarlo. Hay una consecuencia, este engaño; hay una consecuencia, el no obedecer a Dios, el no seguir el plan de Dios.

Sin embargo, ahora nosotros, por Su gracia y por Su misericordia, hemos sido elegidos. Ya en la mañana, cuando celebramos la cena y tenemos los símbolos, ahí está claramente la gracia de Dios. Hemos sido elegidos; hemos sido considerados para la bendición de Dios, pero no por lo que somos, sino por lo que Él es.

Somos elegidos por gracia

Hermanos, ya para terminar: ¿cómo estamos teniendo nuestras convicciones? ¿En qué estamos poniendo nuestra vista? ¿Estamos siendo obedientes a la voz de Dios? ¿Estamos siendo desobedientes a la voz de Dios, como lo hizo Esaú aquí, como lo hizo Rebeca? Hay consecuencias amargas cuando no lo hacemos, pero hay grande bendición cuando obedecemos a la voz del Señor. Somos elegidos por gracia, no por lo que somos, porque si así fuera, ninguno estaríamos aquí.

Seamos atentos a la voz del Señor. Cuidemos de esa bendición; cuidemos de la primogenitura; no despreciemos la obra del Señor. Hace poco, en esta semana, cuando estaba estudiando esto, por ahí vi un video de un apóstol —no sé cuál fue el nombre—, porque me molestó mucho, que dice que es el salvador. ¡No es el salvador! Y todavía sus feligreses, interpretando mal la Escritura, diciendo que todos somos salvadores. Y él se ponía, y se exponía así, como: "Pobre de mí, me están atacando".

Si la Biblia es muy clara: que no solamente hay un salvador, ¿de miles? Eso es mentira. Solamente hay un Salvador, que es Jesucristo. Solamente hay un Salvador; Él es el único que puede darnos esa gracia. Somos elegidos por gracia; cuidemos y no menospreciemos la obra de Cristo en la cruz.

Si tú le entregas tu vida a Él, dice aquí que puedes encontrar misericordia delante del Padre. Ahora sí, nosotros podemos hacerlo, no como le pasó a Esaú, y también como le pasó a Jacob, porque Dios no estaba de acuerdo tampoco con esto, en la forma en que se hizo, pues. Sin embargo, podemos alcanzar la misericordia y ser elegidos. Ya somos elegidos por la gracia de Dios. Que Dios bendiga Su Palabra.

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