Jesús es las Bienaventuranzas
¿Qué significan las bienaventuranzas de Mateo 5? Este repaso recorre las ocho y muestra que no son una lista de reglas para esforzarnos: solo Jesús las cumplió de manera perfecta. Ser pobre en espíritu, manso, misericordioso o limpio de corazón comienza por mirarnos menos a nosotros mismos y recibir de Cristo lo que no podemos producir.
Transcripción
Un repaso de las bienaventuranzas
(La grabación comienza con el mensaje ya iniciado.)
… nos tomamos un domingo por bienaventuranza el año pasado. Entonces, no vamos a volver a hacer eso, porque la idea es continuar con el Sermón del Monte. Pero no podemos continuar con el Sermón del Monte si no vemos dónde comenzó y vemos el fundamento sobre el cual está edificado el Sermón del Monte. Vamos a estar viendo el próximo domingo acerca de ser sal y luz en el mundo. Después, vamos a estar viendo, después de los bautizos, cómo ser perfecto. Vamos a estar hablando del pecado de la ira, después del pecado de la lujuria, después del matrimonio y el divorcio. Y todos esos temas surgen de esta parte del Sermón del Monte, de las bienaventuranzas.
Entonces, no podíamos irnos a esa sección sin antes recordar qué es lo que dicen las bienaventuranzas. Es un buen repaso. Hoy vamos a hacer un repaso de qué es lo que nos decían estas bienaventuranzas. Son ocho, y tenemos que verlas porque no solo son el fundamento de este sermón, sino que son el fundamento de la vida cristiana. Y como ya tiene unos meses que lo vimos, ya se nos olvidó qué dicen. Y yo ya no me acordaba, y yo lo estudié, lo prediqué, y ya estaba repasando. Dice: "Ah, sí, sí, cierto. Esto es lo que dice esta bienaventuranza, y esto es lo que dice esta, y esto es lo que implica".
Contra el estereotipo del cristiano
Y miren, es muy importante este tema, porque el tema de las bienaventuranzas rompe con el estereotipo que existe de lo que significa ser cristiano. Siempre, como cristianos, estamos luchando en contra de conceptos erróneos sobre qué significa ser cristiano: que la gente cree que nada más es religiosidad. Nos ve como gente que pues nos hemos vuelto religiosos, o nos sentimos buenas personas, más santas, más bien portadas que los demás, y como que nada más estamos viendo para ver en dónde se equivocan y qué es lo que hacen los demás, y cómo los podemos juzgar por su pecado. Y son estereotipos muy fuertes en nuestra sociedad, pero tenemos que empezar por nosotros, entenderlos correctamente.
Ustedes no se imaginan cuántas bromas hacen en la delegación sobre mí, porque, o sea, tienen este concepto, ¿no? Andan diciendo peladeces o cosas que no deberían de decir, y me dicen: "Ah, échale agua bendita", o cosas así, ¿no? Pues es el concepto que tiene la gente: siente que eso es religiosidad, que nosotros somos así, personas religiosas. Entonces, yo espero que al leer este pasaje, al estudiar este pasaje nuevamente, se acuerden de lo que ya vimos, pero vean la gran importancia que hay en las bienaventuranzas con respecto a lo que significa la gracia de Dios como la base de todo.
La vida cristiana no es una lista de reglas; no es "estas son las cosas que puedes hacer y estas las cosas que no puedes hacer". No es eso. Aunque la gente cree que es eso; aunque la gente cree que si se une a la iglesia, o si se vuelven cristianos, lo único que están agregando a su vida son reglas. Eso es lo último que queremos que la gente piense. Entonces, quiero que vean por qué digo eso.
Cada una de estas bienaventuranzas nos muestra cosas con respecto a nosotros mismos, porque dice: "Bienaventurados los que son así". Entonces, obviamente, empezamos a vernos a nosotros mismos en estas bienaventuranzas, tratando de identificar cómo es que encajamos o no encajamos en ellas. Y la verdad es que después de leer todas las bienaventuranzas —ya lo he dicho, ya lo dije cuando lo estudiamos—, la mayoría de nosotros, si somos honestos, perfectamente honestos, terminamos un poco frustrados, un poco deprimidos, porque nos damos cuenta de qué tan lejos estamos de ser bienaventurados en nuestra naturaleza. Porque nuestra naturaleza, si somos honestos, es contraria a lo que está siendo descrito aquí. ¿No es lo natural el buscar nuestro bienestar, lo que nos conviene, lo que queremos? Eso es natural. Y estas bienaventuranzas están describiendo lo contrario.
Solo Jesús
Entonces, vamos a ver en cada una de ellas qué es lo que está diciendo sobre nosotros y cómo deberíamos de ser. Pero después vamos a ver en cada una de ellas cómo están realmente describiendo a Jesús, porque solo Jesús cumplió de manera perfecta cada una de estas características. Solo Jesús demostró ser realmente pobre en espíritu. Solo Jesús realmente lloró por el pecado. Solo Jesús realmente mostró mansedumbre. Solo Jesús tuvo verdadera hambre y sed de justicia. Solo Jesús fue realmente misericordioso. Solo Jesús fue realmente limpio de corazón. Solo Jesús fue un real y verdadero pacificador. Solo Jesús fue perseguido e insultado de una manera que no merecía; tú y yo normalmente sí lo merecemos.
Entonces vamos a ver cómo, así como ya vimos el año pasado cómo todo el Antiguo Testamento está apuntando hacia Jesús, ¿adivinen qué? El Nuevo Testamento también está apuntando hacia Jesús. Todo en el Nuevo Testamento también, y de una manera más explícita que el Antiguo Testamento. Lo vimos en el Antiguo, pero ahora lo vamos a ver: cómo es que cuando Jesús dijo estas bienaventuranzas, realmente estaba mostrando a la gente el fundamento sobre el cual el evangelio sería predicado, que es: "Miren la obra que Jesús hizo, a través de la cual ustedes pueden ser partícipes de la vida que Dios quiere para ustedes".
Los pobres en espíritu
Número uno: pobres en espíritu. ¿Qué dice la Biblia acerca de ser pobre en espíritu? "Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos". Versículo 3. La Biblia nos llama, nos invita a ser pobres en espíritu. Vean lo que dice Filipenses 2, versículos 5 al 8: "Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús". Ya ahí ya les estoy adelantando que sí nos está apuntando hacia Jesús, pero nos está diciendo: "Ustedes sean así; ustedes sean como fue Jesús, el cual no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz".
Así que la Biblia nos está invitando a nosotros a ser pobres en espíritu. Y la esencia de ser pobre en espíritu es esta idea de darnos cuenta de nuestra verdadera condición delante de Dios, cuando empezamos a ver que no podemos jactarnos de nada de lo cual hemos trabajado y por lo cual hemos estado trabajando. Porque decimos: "Yo sí soy una buena persona, porque le he echado ganas". Pero la Biblia nos está invitando a empezar vaciándonos a nosotros mismos de toda cualidad, toda razón de orgullo, para poder realmente empezar a depender de Dios. Esa es la invitación que nos hace la Biblia.
Entonces vemos cómo es que Jesús cumplió el ser pobre en espíritu: no al darse cuenta de Su propio pecado, porque no tuvo pecado, pero al vaciarse a sí mismo de lo que pudo haberse jactado, de lo que pudo haber sido una razón de orgullo en Su vida. Eso es lo que dice Filipenses 2: Jesús se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; se humilló, y se humilló hasta la muerte, y muerte de cruz. Y entonces nosotros empezamos a entender cómo Cristo realmente cumple esta bienaventuranza de una manera perfecta.
Mateo 11:29 dice: "Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas". Eso es lo que dice Mateo 11:29. ¿Quieres hallar descanso en tu alma? Aprende a ser humilde. Aprende a despojarte de ti mismo y a mirar a alguien más como la persona de la cual tú dependes entera y absolutamente para todo. Ese es el comienzo de la vida cristiana; ahí empieza todo. Cuando tú te vacías de ti mismo, dices: "Yo no tengo nada que ofrecer. Todo lo que yo puedo ser necesita ser dado como regalo a mí". Cuando empiezas a ver eso, estás en el camino hacia ser un verdadero cristiano. Pero ahí empieza. La gente cree esencialmente que son buenos. La gente no se siente como que es tan mala. Nadie, por lo regular, habla así.
Sí, hay gente que dice: "Sí, soy muy malo". Pero mucha gente, la mayoría, siente que le echa ganas. Y yo tengo estas conversaciones todos los días; bueno, no todos los días, exagero; muy seguido. Tengo estas conversaciones muy seguido con la gente, ¿no?: "Pues yo, o sea, trato de hacer bien a la gente, trato de no dañar a otros, creo que he hecho buenas cosas. Sí, no soy perfecto, pero pues nadie es perfecto". ¿No les suena eso muy común? Eso es lo que la gente dice. Ese no es el punto. El punto es que si no eres perfecto, no eres perfecto, y necesitas ser perfecto. Eso lo vamos a ver en un momento, en una de las próximas bienaventuranzas.
Pero cuando empiezas a darte cuenta de tu verdadera condición, empiezas a depender menos y menos y menos y menos de ti, y empiezas a ver a alguien más, que es Cristo, y la manera en que Él cumple todo lo que dice esta bienaventuranza. Porque dice Mateo 20, versículos 27 y 28: "Y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar Su vida en rescate por muchos". Jesús ejemplificó la humildad y el servicio a los demás: pensar en los demás primero. Y nosotros somos invitados a ser pobres en espíritu pensando menos en nosotros mismos.
La verdadera humildad
Quiero aclarar esto, porque ese es el concepto falso que existe de la humildad. Pensamos que la humildad, lo contrario del orgullo, o sea, la humildad, es pensar que somos muy poco, que valemos muy poco. Decir: "No, pues yo, pobre de mí, nadie me quiere. Yo no sirvo para nada, yo no estudié, yo no sé, yo no pienso como los demás". Y así nos la pasamos lamentando todo lo malo en nosotros, y ya nos deprimimos, nos hacemos chiquitos, y ya. Y la realidad es que eso no es lo contrario de la humildad. De hecho, sigue siendo orgullo, porque es una jactancia en base a, pues, qué tan mal estamos: "Mírenme, pobre de mí".
La realidad es que la humildad, bíblicamente, no es pensar que somos pequeños; es simplemente dejar de pensar en nosotros, y ya. Es pensar menos sobre ti. Eso es humildad: no pensar que eres nada, es pensar en alguien más, enfocarte en alguien más. Eso es la verdadera humildad: cuando empiezas a ver a los demás primero. Y el evangelio comienza con ver primeramente a Cristo, y especialmente a Cristo, y pensar más en Cristo. Piensas menos en ti y más en Jesús y lo que Él hizo. Por eso es que les digo: las bienaventuranzas nos están apuntando hacia Jesús. ¿Quieres ser pobre en espíritu? Pues piensa más en Cristo, y en Él, y serás pobre en espíritu. Te lo garantizo.
Solo podemos ser verdaderamente pobres en espíritu al dejar de mirarnos a nosotros mismos y comenzar a ver a alguien más. Nuestra sociedad está llena de gente que se está viendo a sí misma constantemente, y el enfoque de todo son ellos mismos, y lo que ellos quieren, y lo que ellos anhelan en sus vidas, sus metas, sus propósitos: "Tú puedes ser lo que tú quieras ser". Ese es el mensaje, ¿no?, de nuestra sociedad. Es lo contrario de ser pobre en espíritu.
Los que lloran
Versículo 4: "Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación". Vimos, cuando estudiamos este pasaje, que este llorar, este lamentarnos, realmente viene después de ser pobre en espíritu. Después de darme cuenta de mi verdadera condición delante de Dios, empieza a pesarme más el pecado en mi vida, y empiezo a luchar de una manera más real con eso que no agrada a Dios. Entonces, el llorar realmente representa: ¿cómo vemos el pecado en mi vida? Si decimos: "Ah, pues así soy. Ni modo, aguántame, porque pues así soy". Eso le dices a tu esposa: "Pues tú te casaste conmigo, ¿no? Tú sabías en lo que te estabas metiendo. No me quieras cambiar. Así soy de enojón".
Bueno, cuando Cristo empieza a trabajar en tu vida, empiezas a luchar con aquellas cosas que sabes que no están bien, y empieza a haber una batalla, y te empiezas a lamentar por esas cosas. Y entonces en nosotros se manifiesta de la misma manera como se manifestó en Pedro. ¿Se acuerdan de Pedro, en Mateo 26:75? "Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente". Esa es nuestra oración: "Señor, ayúdame a llorar amargamente por mi pecado. Ayúdame a entender la gravedad del pecado en mi vida". No a decir: "Ay, bueno", y a pasarlo por alto, y hacer de cuenta como que no está ahí, y asumir que es normal. No, no es normal. Debes de llorar; debes de sentir esto en tu ser, en lo más profundo de tu ser: "¿Por qué, por qué? No, esto no está bien, no es como debería de ser. Esto no honra al Señor, esto no glorifica al Señor. Señor, quítame estos pensamientos, quítame estos sentimientos".
Y eso es lo que vamos a estar viendo en varios domingos. Hay pecados muy específicos que trata Jesús en el Sermón del Monte, pero todo empieza en este proceso en el cual nos lamentamos por nuestro propio pecado.
Jesús lloró por nuestro pecado
Ahora, Jesús no lloró por Su pecado, porque Él no tenía pecado. Pero es la persona que ha llorado de una manera más profunda por nuestro pecado y el pecado de todo el mundo. ¿Se acuerdan? En Mateo 23, versículo 37, viendo Jerusalén dijo: "¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!". Jesús lloraba amargamente por el pecado de la gente. Le dolía en el corazón ver lo que estaba sucediendo, el rechazo.
Y lo vemos en su máxima expresión en Jesús, ¿en dónde creen? En Getsemaní, ¿se acuerdan? En Getsemaní vemos la angustia y el dolor que causaba aquello a lo que iba Jesús, que era morir por nuestros pecados. Él sabía que eso era toda la razón por la cual Él iba a tener que enfrentar la cruz. Y el pecado, nuestro pecado, causó angustia, dolor y tristeza en Su corazón. Fue el momento de Su mayor tristeza. Mateo 26, versículos 37 y 39: "Y tomando a Pedro, y a los hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y angustiarse en gran manera. Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, velad conmigo. Yendo un poco adelante, se postró sobre Su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como Tú".
Entonces, este fue el momento de mayor tristeza en el corazón de Jesús, causado por nuestro pecado, lo que lo llevó a la cruz. Y entonces vemos a Jesús como el ejemplo a seguir: "Señor, si a Ti te causa llorar el pecado, que cause en mí llorar el pecado". No solo mi pecado, sino el pecado de los demás. No vemos a los demás para juzgarlos y juzgar su pecado. No, no estamos allí afuera para estar señalando a la gente y decir: "Ay, tú estás mal, y eso es pecado, y no hagas eso, y Dios te va a castigar, y te vas a ir al infierno". No estamos para decir eso. Estamos para llorar por lo que vemos, y sentir compasión por esas almas, y sentir una verdadera tristeza por ver que no tienen una verdadera esperanza en sus vidas. Debe de causarnos tristeza; debe de causarnos dolor.
¿Qué es lo que ustedes pensaron acerca de lo que sucedió en el hospital que explotó el jueves, verdad? Sí, el jueves. ¿Qué pensamos sobre eso? Nos dio tristeza. Nos dio tristeza. Pero, ¿qué es lo que nos dio tristeza? Esa es la pregunta. O sea, sí hay una situación muy real que es muy triste, física y temporal, pues, de perder un ser querido, perder un bebé, o muchas situaciones así. Pero la verdadera tristeza es el pensar que no tienen una verdadera esperanza en sus vidas; el ver que alguien, al perder un ser querido, ya no tenga nada más.
Dice: "Pero es que esto era mi vida". ¿Entienden? La gente está viviendo para cosas temporales; vive para estas relaciones que tenemos unos con otros, y pensamos que eso nos va a satisfacer: que si podemos tener verdaderos amigos, entonces estaremos contentos. Pensamos que si encuentro esa persona tan especial con la cual casarme, entonces realmente podré ser feliz. Pensamos que si tengo el trabajo de mis sueños, entonces podré ser realmente feliz. Y no nos damos cuenta de que la verdadera esperanza de una persona va más allá de esta vida; va hacia la eternidad.
Y entonces, cuando vemos a esa gente y lo que ellos sufrieron, tenemos que pensar: ¿cuál era su esperanza? ¿Qué es lo que les queda? ¿Pueden confiar en un Dios soberano que está en control de todas las cosas? ¿Pueden decir, como Pablo decía: "Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia"? ¿Pueden decirlo? No; muchas personas no pueden decir eso. Tienen temor a la muerte; no quieren morir. Y tú y yo tampoco queremos morir, pero tenemos paz con respecto a ese momento en nuestra vida. Sabemos que cuando llegue el momento estamos en las manos de Dios, y lo que sigue es mejor que lo que hemos experimentado hasta ahora.
Entonces volteamos a ver a Cristo; vemos cómo es que Él entendía la verdadera necesidad de la gente, cómo Él se conmovía por el pecado en las vidas de las personas que lo rodeaban. Y pedimos a Dios, al verlo a Él, pedimos que nos dé a nosotros ese mismo sentir. Y eso, les digo, vamos a encontrar la aplicación de eso más adelante, cuando estemos viendo específicamente los pecados que se mencionan en el Sermón del Monte.
Los mansos
Versículo 5: "Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad". Y la Biblia nos invita a nosotros a ser mansos. Dice el Salmo 37, versículos 10 y 11, que los humildes, los mansos, poseerán la tierra y se deleitarán en abundante prosperidad. Hay un aspecto de ceder nuestros derechos ahorita, y de no sentir que tenemos que pelear por lo que nos corresponde todo el tiempo. Cuando empezamos a ceder esa parte de nuestra vida, ¿qué pasa? Nos empezamos a parecer a Jesús. Pero eso no lo hacemos en nuestras propias fuerzas; lo hacemos viendo a Jesús, en Su propia vida, cómo es que aplicó la mansedumbre.
Jesús dijo: "Aprende de mí, que soy manso y humilde de corazón". "Soy manso", dijo Jesús. "Aprendan de mí, imítenme a mí". Bueno, ¿qué hizo Jesús para demostrar que era manso cuando estaba siendo enjuiciado para morir? Dice: "Y siendo acusado por los principales sacerdotes y por los ancianos, nada respondió". Falsamente; lo están acusando falsamente, están diciendo cosas que no son ciertas. ¿Y qué hace Jesús para defenderse? Nada. "Pilato entonces le dijo: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti? Pero Jesús no le respondió ni una palabra; de tal manera que el gobernador se maravillaba mucho". O sea, decía: "Esto no es normal. No es normal que a alguien lo estén acusando de algo que no ha hecho y de lo cual es inocente, y ahí esté sin defenderse", encomendándoselo, ¿a quién? Al que juzga justamente. Jesús tenía paz porque Él sabía que estaba en manos de un Juez perfecto, no de un juez temporal y falible, como es un juez humano.
Entonces nos empieza a mostrar cómo se tiene que ver la vida cristiana, en donde nos dejamos de preocupar por las cosas que nos afectan a nosotros, y empezamos a ver en Jesús, como ya vimos, que ponía a los demás primero. Empezamos a ver: "¿Cómo hago eso, Señor?". Pues descansando en que Tú tienes el control de todas las cosas. ¿Se acuerdan de Romanos 12? ¿Qué es lo que dice? "Si tu enemigo tiene sed, dale de beber; si tiene hambre, dale de comer". ¿Por qué puedes hacer eso? Porque tienes un Dios que dice: "Mía es la venganza, yo pagaré". Entonces, ¿tú qué estás defendiendo? Tú no puedes hacer justicia; Dios sí. Y estás en Sus manos. Y al final, ten por seguro, se hará justicia.
Entonces, ¿cómo somos mansos? ¿Mirándonos más a nosotros mismos? "Ay, voy a ser más manso; voy a buscar echarle ganas para ser más manso". No. ¿Cómo sucede? Viendo más a Cristo, viendo más a Dios, dependiendo más de Él. Entre más dependas de Él, más fácil será soltar las cosas que te afanan, tus derechos, las cosas que tú sientes que te corresponden y que la gente debería de respetar. Va a ser más fácil decir: "No importa, alguien más se puede ocupar de eso. Yo voy a mirar y buscar las cosas que preocupan a Dios, y Él se encarga de mí".
Los que tienen hambre y sed de justicia
Versículo 6: "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados". La Biblia nos invita a nosotros a buscar justicia. ¿Y qué tipo de justicia nos invita la Biblia a buscar? Mateo 5:48: es la justicia que dice la Biblia; busquen esta justicia. "Sed, pues, vosotros como perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto". Ahora entienden por qué no funciona eso de "pues nadie es perfecto". Porque si tú dices eso, entonces dices: "Ah, pues entonces ya te amolaste, ¿no?". "¿Eres perfecto?". "Ah, pues no eres perfecto". Pues Dios quiere perfección. Dice: "Sé perfecto". La Biblia nos está dando un mandamiento: "Sed perfectos". ¿Como quién? Como Dios. Tú necesitas la perfección de Dios.
La pregunta es: ¿de veras anhelas eso? ¿De veras tienes hambre y sed de justicia de ese nivel de perfección? Decir: "Así de justo quiero ser, como Dios". ¿Qué tanto anhelas eso? Si tú lo anhelas en tu corazón, ¿qué te va a obligar a hacer? Te va a obligar a decir: "No puedo. Necesito que alguien más sea perfecto por mí; que me dé Su perfección; que diga: 'A ver, yo sí soy perfecto; ten, aquí está mi perfección para ti'". Eso es lo que necesitamos.
Entonces volteamos a ver a Jesús, porque Él es el único que ha tenido hambre y sed de justicia de una manera perfecta, porque Él cumplió la justicia a la perfección. Y 2 Corintios, capítulo 5, versículo 21, dice: "Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos" ¿qué? "justicia de Dios". ¿Tienes hambre y sed de justicia? ¿Quieres ser perfecto como Dios es perfecto? Hay alguien que lo fue: Cristo. Y la razón por la que fue perfecto es para que tú pudieras ser perfecto en Él. Tú lo miras a Él, dependes de Él, y Él te da Su perfección delante de Dios, para que tú seas justicia de Dios.
Solo el Cordero es digno
Él es el único perfectamente justo y perfectamente digno. Por eso es llamado "Santo, santo, santo", en Isaías, en Apocalipsis. Vean lo que dice Apocalipsis 5, del 1 al 10: "Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos. Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos? Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo. Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo. Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos. Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra. Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono. Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los 24 ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos; y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque Tú fuiste inmolado, y con Tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra". El único capaz de tener una justicia perfecta; el único con suficiente hambre y sed de justicia como para venir y vivir una vida terrenal sin pecado, para darte la vida que no podías vivir y morir la muerte que tú merecías morir.
Los misericordiosos
Versículo 7: "Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia". La Biblia nos invita a vivir vidas de misericordia. Y la misericordia, cuando vimos esta bienaventuranza, vimos que la manera más grande de manifestar misericordia es perdonando. El perdón es la manifestación más grande que hay de misericordia; no hay algo más sublime. Y Marcos 11:25-26, ¿ven lo que dice? "Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone vuestras ofensas. Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas". ¿Les suena importante perdonar? Solo si tú quieres ser perdonado. Es importante perdonar.
Pero aquí vamos a entender bien este orden, porque todo esto parece estar diciendo que Dios nos perdona como tipo recompensa, ¿no?: "Ah, tú perdonaste; ah, ahí está, también te perdono. Te lo ganaste, tu premio". Vamos a tratar de entender si esto es lo que está diciendo. "Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia". ¿Qué está diciendo Jesús? Cuando vemos Su vida y vemos Su ministerio en la tierra, nos damos cuenta de que Él mostraba misericordia en dos áreas, tanto físicas como espirituales.
Y entonces, por eso decía, como fue el caso en Lucas 5:23-24: "A ver, ¿qué es más fácil decir: Tus pecados te son perdonados, o levántate y anda?". Porque ellos decían: "Esto es blasfemia. ¿Cómo le dice a alguien: 'Tus pecados te son perdonados'?". Y Él les dice: "Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados —dijo al paralítico—: A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa". Entonces Jesús manifestó estas dos áreas en Su vida de misericordia. Decía: "A ver, sí voy a mostrar misericordia a otros al suplir necesidades físicas, pero, aún más importante, voy a suplir una necesidad espiritual que tiene la gente: la necesidad de ser perdonados".
Misericordia presente y futura
¿Y cuándo necesitamos ser perdonados? ¿Ahora, o en el futuro? ¿Cuándo? A ver, yo les hago la pregunta: ¿ustedes están buscando perdón? "Oye, Nathan, perdóname". "Sí, sí, te perdono en 10 años". ¿Qué me van a decir? "Pues yo estaba esperando que me perdonaras ahorita, no en 10 años". Entonces, ¿cuál es la esperanza real del cristiano? Porque aquí la bienaventuranza pone en el futuro nuestra misericordia, la manera en que Dios nos va a mostrar misericordia. Dice: "Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia". O sea, quién sabe cuándo, algún día nos mostrará misericordia Dios.
Pero, ¿qué estaba pasando aquí, en el ministerio de Jesús? Estaba mostrando misericordia, ¿en el futuro o en ese momento? ¿Cuándo? Ahí, ¿no? O sea, sí les decía: "Tus pecados te son perdonados". No le dijo al paralítico: "Tus pecados te serán perdonados algún día". Él le dijo: "No, ahorita tus pecados te son perdonados". Y eso es lo que Dios hace con nosotros. Dios nos muestra misericordia al perdonarnos ahora, y también nos mostrará misericordia en el futuro.
Ahora, la clave es que el día que tú mueras y te encuentres delante de Dios, y tú quieras ser perdonado, ese no es el momento donde empiezas. Porque en ese momento Dios te declarará justo delante de Él y te mostrará misericordia, pero, ¿en base a qué? En base a haber ya experimentado Su misericordia antes. O sea, que hay misericordia presente y hay misericordia futura. En Jesús vemos un misericordioso Juez, presente y futuro.
"Bienaventurados los misericordiosos". Porque si tú eres misericordioso, quiere decir que estás viviendo lo que ya experimentaste. La única manera de ser misericordioso es que tú sepas cómo se siente el que hayan tenido misericordia de ti. Así que dice Jesús: "Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia". Solo aquellos que muestran misericordia porque experimentaron misericordia alcanzarán misericordia. ¿Entienden? Así funciona la Biblia; eso es lo que nos dice. Dice: "Por lo cual —2 Corintios 4:1—, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia" ¿que qué? Que hemos recibido, "no desmayamos". La Biblia dice: la misericordia es ahorita. ¿Tú quieres experimentar misericordia en el futuro? Entonces experiméntala ahora, porque solo así verás misericordia de parte de Dios.
Jesús fue misericordioso de una manera perfecta. Durante Su ministerio mostró misericordia, pero especialmente mostró misericordia porque Su propósito entero en ser encarnado, en venir a esta tierra, era mostrar misericordia. La mayor misericordia: que todo Tu ministerio y Tu vida giran en torno a ese objetivo. Imagínense si así se vieran nuestras vidas: "¿A qué te dedicas?". "A mostrar misericordia; es mi trabajo". Imagínense. Y eso, en la realidad, debería de ser la característica principal de los cristianos: mostrar misericordia. Como Jesús, buscando Su ejemplo, mostramos misericordia en dos áreas también: físicas, temporales, pero sobre todo eternas. Para poder mostrar misericordia, tienes que haber experimentado misericordia en tu vida.
Los limpios de corazón
Versículo 8: "Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios". ¿Qué significa ser puro de corazón, o limpio de corazón? La Biblia nos invita a hacer esto, y lo vimos cuando meditamos sobre este pasaje: significa no ser hipócritas; tener nuestras prioridades en orden; saber de qué se tratan las cosas, y no estar mostrando una cosa por acá, cuando realmente por acá es una completamente diferente. Ser puro de corazón es ser unánimes entre lo que está en nuestro corazón y lo que hacemos como cristianos.
Y Mateo 15:7-11 dice: "Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. Y llamando a sí a la multitud, les dijo: Oíd: No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre". Ser puro de corazón significa que tú puedas reflejar lo que hay dentro de ti de una manera genuina. Y no hay nadie que fue más así que Jesús: lo que veías y lo que escuchabas era lo que era.
Pero nosotros, por lo regular, vivimos para la gente, para crear la impresión que queremos crear, aunque sabemos que no es cierto lo que ven. Entonces, ustedes no se imaginan lo que hay realmente en mi corazón, porque lo que ustedes ven no es mi corazón, porque no soy puro de corazón en mi naturaleza. Jesús sí lo fue, y lo vemos claramente, porque dice en Mateo 16 que Él tenía una visión clara de lo que Él iba a hacer y de lo que tenía que hacer, y no era cambiante. No era como que un día decía: "Bueno, creo que sí", y otro día: "No, mejor ya no". No era ese tipo de persona. "Jesús comenzó a declarar a Sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer día". Él entendía esto. Y cuando Pedro le dice que no quiere que esto suceda, le dice: "¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres".
Ser puro de corazón es realmente ver, y entender, y vivir para las cosas de Dios. Eso es ser puro de corazón. Y Jesús lo entendió y lo vivió mejor que nadie más, porque Él es el único que cumplió los mandamientos más importantes en la Biblia. ¿Cuáles son? Cuando le preguntan: "¿Cuál es el mandamiento más importante?", ¿qué dijo Jesús? Mateo 22:37 y 39: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento". Eso es lo que significa ser puro de corazón. "Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo".
"De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas". Y solo Jesús cumplió ambos de una manera perfecta. Entonces, si tú quieres ser puro de corazón, ¿qué vas a tener que hacer? Ver a Jesús, y decir: "A ver, Jesús vivió con una mente clara en el propósito de Dios, en lo que Dios quería de Él, amando a Dios con todo Su corazón y viviendo para el propósito que Dios quería de Su vida". Entonces: "Señor, ayúdame, que al contemplar a Jesús yo pueda ser así, más y más; que yo pueda ser puro de corazón, al no estar viviendo para lo que la gente ve y dando una impresión de lo que yo quiero que ellos vean, aunque adentro yo sé que mis deseos y las cosas que anhelo son completamente diferentes".
Los pacificadores
Versículo 9: "Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios". La Biblia nos invita a ser pacificadores. Nos dice que Dios nos ha dado el ministerio de la reconciliación, en 2 Corintios 5:18. Santiago 4, versículos 1 al 4, dice: "¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites". Esto es lo que conecta esta bienaventuranza con ser puro de corazón. "¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios".
Entonces la Biblia —es chistoso— nos está invitando a ser pacificadores. ¿Con quiénes? ¿Con nuestros enemigos? O sea, dice: "Ustedes son enemigos del mundo". Pero la realidad es que los problemas que surgen en la iglesia y entre nosotros surgen por no tener un corazón puro, porque tenemos un corazón que anhela cosas egoístas. Eso es lo que dice Santiago 4. Entonces la Biblia nos está invitando a que no haya pleitos entre nosotros, a que no nos estemos peleando y que no estemos causando problemas: "Traten de ser pacificadores; traten de que las cosas vayan bien entre ustedes". Y nos da ahí la raíz. Bueno, no tenemos tiempo de desarrollar todo este tema, pero ya lo vimos el año pasado.
En Jesús vemos que Él fue el pacificador por excelencia, porque 1 Pedro, capítulo 2, versículo 20, dice: "Pues, ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios. Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis Sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en Su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente; quien llevó Él mismo nuestros pecados en Su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos al pecado, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados. Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas".
Dios nos ha encargado el ministerio de la reconciliación porque Él es, por excelencia, el reconciliador. Dice Colosenses 1:20: "Por medio de Él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo" ¿qué? "la paz mediante la sangre de Su cruz". Así que, ¿cuál es la principal paz que trae Cristo? Reconciliación, la paz espiritual. Jesús vino para hacer paz entre Dios y el hombre. ¿Qué mejor pacificador que ese? El que puede traer paz entre Dios y el hombre. ¿No es increíble?
Entonces, nosotros somos llamados a traer paz en nuestras relaciones, porque eso debería de ser un reflejo de la paz que Dios ha traído a nuestras vidas, entre nosotros y Dios. O sea, es incongruente que yo esté hablando de paz con Dios y todo el tiempo me esté peleando con los demás. Porque dicen: "A ver, ¿paz con Dios? Pero no reflejas paz; reflejas conflicto". Entonces Dios nos llama a ser pacificadores. Y la manera de hacer eso es buscando primeramente el reino de Dios y Su justicia; o sea, buscando las cosas que realmente importan.
¿Quieres pelearte con la gente? Está bien, pelea, pero pelea por algo que importe, algo que sea importante, como la gloria de Dios. Por eso sí discute y pelea. Jesús era muy celoso sobre ciertas cosas, y ciertas cosas sí lo hacían enojar, pero no eran las cosas donde lo ofendían a Él o lo insultaban a Él. Eran las cosas sobre Dios y Su reino y el propósito que Él tenía; eso era lo que lo hacía enojar. No eran cosas personales; eran cosas que tenían que ver con algo mucho más grande. Las cosas temporales las dejamos pasar, pero las cosas eternas, esas sí nos preocupan. Y un verdadero pacificador pelea y hace guerra, pero hace guerra contra el pecado, contra Satanás y contra todo lo que vaya en contra de Dios. No porque "no me gusta cómo me hablaste hoy" o "no me gusta esa cara que haces". O sea, no son el tipo de cosas por las que peleamos.
"Mas Dios muestra Su amor para con nosotros, en que siendo pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en Su sangre, por Él seremos salvos de la ira. Porque siendo enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de Su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por Su vida. Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación". Que nuestras vidas reflejen reconciliación.
Los que padecen persecución
Y por último: "Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos". La Biblia nos invita a vivir por causa de la justicia. Y 1 Pedro 4:15 dice que ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, por entrometerse en lo ajeno. Es lo que ya veíamos; esto está ligado con lo de ser pacificadores: que eso no sea por lo que nos metemos en problemas. ¿Por qué nos debemos de meter en problemas? "Si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello. Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?".
Entonces, la persecución que viene a la vida de un cristiano tiene que ser por causa de la justicia. Tiene que ser porque ven que nosotros vivimos para Dios. Esa debe de ser la razón: que Cristo es el centro de nuestras vidas, que Él es el propósito máximo y supremo de todo lo que hacemos. Si por eso te persiguen, si por eso te odian, entonces está bien. Pero si te odian porque eres bien payaso, nada más, eso no está bien. Y la Biblia lo deja muy claro; nos está invitando a seguir el ejemplo de Cristo.
Entonces, por un lado —vamos a verlo el próximo domingo—, somos sal y luz, y hay un aspecto que debe de atraer a la gente hacia nosotros. Eso es por un lado: que la gente debe de querer platicar con nosotros y debe de querer estar con nosotros, porque hay algo diferente sobre nosotros. Es por un lado. Y por otro, también nos van a odiar, porque sin que tú les digas que están mal, ellos solitos van a sentirse incómodos, porque nos ven a nosotros. Y nada más, nada más ver cómo vivimos debe de hacerlos reflexionar y sentirse incómodos sobre sus propias vidas. Nada más eso. O sea, no tienes que decirles "estás mal"; tienen que ver tu vida y darse cuenta de que están mal. ¿Sí me entienden? O sea, no es estar señalando a la gente y decir: "Estás mal"; es dejar que ellos vean en nosotros la diferencia, que ellos puedan comparar. Y una de dos —ya lo vimos esto, estoy haciendo repaso—, una de dos: o eso los va a traer, o los va a separar de nosotros.
Una de dos. Entonces, la gente te debe de amar o te debe de odiar. Espero que no nada más sea en medio, como que: "Ah, sí, lo conozco", y ya. Porque entonces quiere decir que no está siendo de testimonio. Si tu vida está siendo de testimonio, entonces algo debe de atraer a la gente hacia ti, o la debe de estar alejando de ti. Así funciona. Y en la vida de Jesús así se vio: atrajo mucha gente hacia Él; también mucha gente lo odiaba.
Y Jesús sufrió persecución como nadie más, porque aun Sus mismos amigos, cuando fue arrestado, lo abandonaron. E Isaías 53:3 dice: "Varón de dolores…", que fue varón de dolores, "experimentado en quebranto; despreciado y desechado entre los hombres… no lo estimamos". Si alguien sufrió desprecio en este mundo, fue Cristo. Entonces vemos a Cristo y decimos: "Pues yo soy seguidor de Él". Si soy seguidor de Él, ¿qué espero? ¿Que todos me amen, y que nunca me insulten, y que la gente, todos, piensen que soy maravilloso? ¿Eso espero? Si tú eres seguidor de Cristo, espera, por lo menos de algunos, lo peor.
Gozaos y alegraos
Pero fíjense lo que dice: "Bienaventurados sois" —versículo 11— "cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo". El versículo 12 es el único mandamiento en toda esta sección. ¿Se dan cuenta de cuál es el mandamiento? "Gozaos y alegraos". Esto es increíble. Yo no sé cómo hacerlo, pero tiene que suceder en nuestras vidas; así se debe de reflejar. Que cuando sea por causa de Cristo que te insultan, y que te odian, y se alejan de ti, te dé gusto: "Qué bueno, porque quiere decir que me estoy pareciendo a Cristo". Por eso debo de alegrarme, porque quiere decir que estoy empezando a vivir el tipo de vida que Dios quiere que viva, el tipo de vida que Jesús tuvo. "Porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros".
Entonces, no debe de sorprendernos, y debe ser causa de gozo, el sufrir por causa del evangelio. Por causa del evangelio. Estamos siendo muy claros aquí: hay muchos tipos de conflictos, y hay muchas razones por las cuales la gente nos puede odiar, y solo hay una categoría que es válida: nuestra fe en Cristo. Que ese sea el enfoque de la razón por la cual otros nos odian y nos desprecian. Dice Juan 3:19-21: "Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas" ¿en quién? "en Dios".
No eres tú, es Dios en ti
No eres tú. El punto de las bienaventuranzas es que no eres tú; es Dios en ti. Ese es el punto: que cuando tú ves estas bienaventuranzas, y ves que así debería de verse tu vida, lo que vas a tener que empezar a hacer es a depender más de Dios, si quieres verte así. Y entre más te parezcas a estas bienaventuranzas, quiere decir que estás siendo más dependiente y teniendo tu fe mejor cimentada en Jesucristo. Entre más vivas las bienaventuranzas… la única manera de la vida cristiana: mira más a Cristo, confía más en Cristo, velo a Él, velo a Él como el ejemplo al cual estas bienaventuranzas estaban apuntando, y serás más como lo que tienes que ser para heredar el reino de Dios.
Porque la vida cristiana es "ya, y todavía no". Ese es el contraste que existe en la vida cristiana. Sí, ya vamos en camino, pero todavía no hemos llegado. Y mientras vamos en este camino, vamos progresando, y viendo, y entendiendo más de cómo es Dios y cómo nos debemos de relacionar con Dios. Y vamos en este camino hasta que un día lleguemos a la perfección completa y seamos hechos a la imagen perfecta y semejanza perfecta de Dios, en cuerpos glorificados, en los cuales entenderemos exactamente cómo se puede vivir de esta manera. Mientras, ahí vamos. Pero no soy yo, sino Cristo que vive en mí, el que hace esto.
¿Saben cuándo empezamos a ser más orgullosos, a ser menos pacificadores, más conflictivos; empezamos a amar menos la verdadera justicia, la justicia que viene de Dios; cuándo empezamos a ser menos perseguidos? ¿Sabes cuándo pasa eso? Cuando empiezas a vivir para ti mismo, nada más. Cuando no estás meditando en la Palabra, cuando no estás cerca de Dios. Eso es exactamente lo que pasa. Y cuando Dios se vuelve el centro de tu vida, todas esas cosas empiezan a cambiar. Eso es de lo que estaba hablando Humberto el domingo pasado. Todas esas cosas empiezan a cambiar, y empiezas a experimentar la clase de vida que Dios quiere que tengas. Y esto se llama… ¿saben cómo se llama esto, hermanos? Gracia.
Gracia: la parábola de los obreros
Mateo 20. En Mateo 20, Jesús da una parábola, y dice que hay varios que están trabajando para un mismo jefe. Y uno empieza desde la mañana a trabajar, y está todo el día trabajando, y le echa muchísimas ganas, y al final le dice el jefe: "Aquí está tu dinero". Pero a uno que empezó a trabajar bien tarde, y trabajó nomás un ratito, le da lo mismo. Y entonces, ¿cómo creen que se siente el que trabajó todo el día? Dice: "Uy, pues entonces, ¿para qué le eché tantas ganas? Pude haber trabajado nada más un ratito y me habrían dado lo mismo".
¿Y saben quién es ese jefe? Dios es ese jefe. Pero, ¿saben cuál es la lección de esa parábola? La lección de la parábola es: no es lo que tú haces; es lo que Dios quiere dar, porque se le antoja darlo. Eso significa gracia. Él quiere darnos lo que nos da porque Él quiere; no porque tú seas una buena persona, no porque tú lo merezcas, no porque Dios diga: "Ay, mira ese, cómo le echa ganas; ese sí, ¿no?". Dios dice: "A ver, yo muestro mi gracia. Y lo bueno que puede haber en tu vida, ¿sabes por quién es? Por mí, porque yo lo hago". Así funciona la vida cristiana.
Es la diferencia entre lo que nosotros creemos sobre Dios y sobre la vida cristiana, y todas las demás religiones. Porque todas las demás religiones, en algún momento, se enfocan en el hombre, y en lo que el hombre puede hacer, y la decisión, y el esfuerzo, la voluntad de la persona; todas. Y la Biblia, el cristianismo bíblico, ¿no?, el cristianismo bíblico constantemente nos está invitando a voltear hacia Dios, y a depender menos de nosotros y de lo que podemos hacer, y depender más de lo que Él está haciendo en nosotros, y a recibir, recibir, recibir, recibir. Y solo de ahí puede fluir la verdadera vida cristiana: después de recibir. Tú no puedes dar lo que no tienes. Entonces, ¿cómo vas a ser misericordioso? ¿Cómo vas a tener hambre y sed de justicia? ¿Cómo vas a ser pobre en espíritu? Recibe primero de Cristo lo que significan estas cosas, y luego la gente las empezará a ver en tu vida. Esta es la base del Sermón del Monte, y lo que vamos a estar viendo en los próximos domingos.
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