Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Hechos 21:1-14HechosNathan Díaz

Profecías y desacuerdos sobre la voluntad de Dios.

¿Cómo saber cuál es la voluntad de Dios cuando los hermanos que amas opinan lo contrario? En Hechos 21:1-14 Pablo insiste en subir a Jerusalén mientras los discípulos, movidos por el Espíritu, le ruegan que no vaya. El mensaje examina el don de profecía en el Nuevo Testamento y muestra que la unidad y el desacuerdo no son incompatibles.

Escuchar el audio de esta predicación →

Transcripción

Introducción: de regreso a Hechos

Muy bien. Continuamos con Hechos. Les voy a dar un pequeño recordatorio de dónde estábamos. Nos habíamos quedado en octubre, en octubre del 2017 —eso es hace mucho tiempo ya—, en Hechos capítulo 20. Y si se ve en sus Biblias, Hechos capítulo 20, la segunda mitad del capítulo termina con esta reunión que tuvo Pablo con los ancianos de la iglesia de Éfeso en Mileto. Y lo que dijimos fue que, ya que llegamos ahí, aprovechamos que ahí estábamos en Hechos, viendo lo que Pablo les aconsejó a los ancianos de Éfeso, lo que les dijo acerca del ministerio, de la labor del liderazgo en una iglesia, de cómo pastorear a las ovejas, del ejemplo que él había sido también para ellos, cómo tenían que seguir su ejemplo. Y vimos eso, y entonces hicimos una pausa de tres meses para estudiar el libro de Efesios.

Y el domingo pasado nuestro Jonathan concluyó con la última parte de Efesios, Efesios 6. Entonces ya concluimos con el libro de Efesios. Ahí estábamos en el libro de Hechos viendo lo que Pablo quiso decirles en Hechos a los efesios, a los de Éfeso. Y ahora regresamos ya nuevamente al capítulo 21 de Hechos. Pero quiero que vean cómo se conecta el capítulo 21 con el 20, porque realmente es una secuencia. Aquí hicimos una pausa, pero van juntos, porque este es el mismo viaje. O sea, todo esto se dio en esta última parte del tercer viaje misionero de Pablo, ya yendo de regreso a Jerusalén. Entonces todo esto que vimos cuando vimos el capítulo 20, y lo que vamos a ver hoy, es parte de este viaje: se va acercando, acercando, acercando a Jerusalén.

El contexto en el capítulo 20

Pues quiero que vean de dónde viene el énfasis en el capítulo 20; es el contexto. Dice el versículo 16 del capítulo 20: "Porque Pablo se había propuesto pasar de largo a Éfeso, para no detenerse en Asia". O sea, él va de prisa; tiene algo de prisa. "…pues se apresuraba por estar el día de Pentecostés, si le fuese posible, en Jerusalén". Y él les dijo en el versículo 22: "Ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy a Jerusalén, sin saber lo que allá me ha de acontecer; salvo que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo que me esperan prisiones y tribulaciones". Y entonces ya está anticipando Pablo todos los problemas que vienen y la manera en que va a sufrir en Jerusalén, y básicamente se está despidiendo de toda esta gente con la que se reúne.

Vean, ¿se acuerdan cómo terminó esa escena? Versículo 36: "Cuando hubo dicho estas cosas, se puso de rodillas, y oró con todos ellos. Entonces hubo gran llanto de todos; y echándose al cuello de Pablo, le besaban, doliéndose en gran manera por la palabra que dijo, de que no verían más su rostro. Y le acompañaron al barco". Entonces va de puerto en puerto Pablo, en estos barcos y en estas ciudades, con unas paradas forzosas, porque estas embarcaciones hacían paradas en diferentes ciudades, y se tenían que bajar los pasajeros, esperar a que otra vez volvieran a embarcar, y seguir a la siguiente ciudad.

Lectura: Hechos 21:1-14

Y es lo que leemos en el capítulo 21. Vamos a leer los primeros 14 versículos, que son lo que vamos a meditar hoy. Dice: "Después de separarnos de ellos, zarpamos y fuimos con rumbo directo a Cos, y al día siguiente a Rodas, y de allí a Pátara. Y hallando un barco que pasaba a Fenicia, nos embarcamos, y zarpamos. Al avistar Chipre, dejándola a mano izquierda, navegamos a Siria, y arribamos a Tiro, porque el barco había de descargar allí". Entonces estamos leyendo todo un diario de parte de Lucas, muy detallado, acerca del viaje. "Y hallados los discípulos, nos quedamos allí siete días; y ellos decían a Pablo por el Espíritu, que no subiese a Jerusalén. Cumplidos aquellos días, salimos, acompañándonos todos, con sus mujeres e hijos, hasta fuera de la ciudad; y puestos de rodillas en la playa, oramos. Y abrazándonos los unos a los otros, subimos al barco, y ellos se volvieron a sus casas".

"Y nosotros, completada la navegación, saliendo de Tiro arribamos a Tolemaida; y habiendo saludado a los hermanos, nos quedamos con ellos un día. Al otro día, saliendo Pablo y los que con él estábamos, fuimos a Cesarea; y entrando en casa de Felipe el evangelista, que era uno de los siete, posamos con él. Este tenía cuatro hijas doncellas que profetizaban. Y permaneciendo nosotros allí algunos días, descendió de Judea un profeta llamado Agabo, quien viniendo a vernos, tomó el cinto de Pablo, y atándose los pies y las manos, dijo: Esto dice el Espíritu Santo: Así atarán los judíos en Jerusalén al varón de quien es este cinto, y le entregarán en manos de los gentiles. Al oír esto, le rogamos nosotros y los de aquel lugar, que no subiese a Jerusalén. Entonces Pablo respondió: ¿Qué hacéis llorando y quebrantándome el corazón? Porque yo estoy dispuesto no solo a ser atado, mas aun a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús. Y como no le pudimos persuadir, desistimos, diciendo: Hágase la voluntad del Señor".

Dos opiniones sobre la voluntad de Dios

Este es el pasaje que vamos a ver. Y como ustedes ven, es un pasaje un poco confuso, un poco complicado, porque vamos a tratar de entender qué está pasando aquí. Una de las cosas principales que quiero que vean es que hay dos opiniones diferentes que Lucas nos trata de mostrar acerca de cuál es la voluntad de Dios, y no se ponen de acuerdo en cuál es la voluntad de Dios: que Pablo vaya a Jerusalén o que no vaya a Jerusalén. Y Pablo tiene una idea, y todos los demás tienen otra. Entonces es muy interesante este pasaje, porque creo que tiene muchas lecciones para nosotros hoy. Porque en nuestra iglesia, ¿nos ponemos siempre todos de acuerdo? ¿Estamos todos de acuerdo en todo? Esto nos muestra la realidad de cómo es la comunión en el cuerpo de Cristo.

Entonces lo que voy a hacer con ustedes es tratar de simplificarlo lo más que pueda, para que podamos entender los puntos centrales de este pasaje. Quiero recorrer este pasaje con ustedes y hacernos tres preguntas acerca del pasaje. La primera pregunta es: ¿por qué es que Pablo quiere ir tanto a Jerusalén? Y les voy adelantando un poquito de lo que viene, porque si ustedes siguen leyendo el capítulo 21 y 22, se van a dar cuenta de algunas de las razones por las cuales Pablo quería ir a Jerusalén y por qué fue a Jerusalén. Lo vamos a ver más el próximo domingo, pero quiero darles ese contexto: por qué quería ir a Jerusalén Pablo. Y del resto de este pasaje, del 20 y del 19, podemos ver algo de las razones también, yendo a otras cartas de Pablo también.

Vamos a preguntarnos: ¿por qué es que los discípulos, incluyendo el mismo autor de este libro, Lucas, no quieren que Pablo vaya a Jerusalén? ¿Por qué ellos quieren impedir que vaya? Entonces vamos a tratar de contestar eso. Y tercera: voy a hacer un paréntesis teológico aquí, pero que creo que es importante, que tiene que ver con todo esto de las profecías. Nos vamos a preguntar: ¿qué es el don de profecía en el Nuevo Testamento? Porque aquí está ahí el don de profecía, y un profeta; hay hasta cuatro hijas de Felipe que profetizan. ¿Qué es, cómo se ve, cómo es diferente o parecido a lo que vemos hoy en día, que algunos dicen que es el don de profecía? ¿Es lo mismo, no es lo mismo? Vamos a tratar de entender algo de eso. En base a contestar esas tres preguntas, vamos a hacer tres conclusiones sobre el pasaje que creo que sí son muy claras.

¿Por qué quería Pablo ir a Jerusalén?

Entonces, a ver, número uno: ¿por qué quería ir a Jerusalén tanto Pablo? ¿Qué había en su corazón que se aferraba tanto a ir a Jerusalén? Acuérdense del capítulo 19, versículo 21: "Pasadas estas cosas, Pablo se propuso en espíritu ir a Jerusalén, después de recorrer Macedonia y Acaya, diciendo: Después que haya estado allí, me será necesario ver también a Roma".

Entonces ahí está Pablo: él quiere ir a Jerusalén. Este es su deseo, ¿no? Se repite otra vez, como ya leíamos en el capítulo 20, en el versículo 16; después en su discurso con los ancianos de Éfeso, en el versículo 21, 22, 23. Bueno, parte de la respuesta a esa pregunta tiene que ver con el hecho de que en Jerusalén… si ustedes regresan y se acuerdan todavía —porque ya tiene muchos meses—, lo que vimos cuando llegamos al capítulo 15 de Hechos: ¿cuál era el problema que había habido, que requirió que hubiera un concilio en Jerusalén, que se juntaran todos? ¿Se acuerdan? La iglesia de Jerusalén estaba diciendo: "A todos estos gentiles que se están convirtiendo, pues se están convirtiendo a nuestro Mesías, que es el cumplimiento de nuestra ley; y nuestra ley dice que se tienen que circuncidar, y que tienen que seguir los rituales del judaísmo. Entonces, ¿por qué no lo están haciendo?".

Ellos veían… se había vuelto una controversia si tenías que seguir los rituales judíos para ser cristiano. ¿Y cuál fue la conclusión a la que llegaron? Llegaron a la conclusión de que no. En el concilio de Jerusalén, Pedro habló ahí, Pablo estaba ahí, y al final dijeron: "No, no es necesario. Si tú no eres judío, no tienes que hacer los rituales, porque es por fe; es un asunto diferente". Todas las cosas del Antiguo Testamento —las festividades, los rituales, todo eso— estaban apuntando hacia Jesús, pero no eran el fin. Entonces, ahora que ya tenemos el fin, que es Jesús, si tú estás unido a Él en fe, no necesitas hacer esos rituales. Pero ya estoy preparando para el próximo domingo ahorita con lo que estoy diciendo.

La ofrenda para la unidad entre judíos y gentiles

Pero el punto es que no había mucha unidad en la iglesia a estas alturas. Realmente había una división muy fuerte en la iglesia, que hoy en día no entendemos, no vemos, porque nosotros aquí somos puros gentiles. Entonces no tenemos otro contexto; no tenemos lo que estaba sucediendo en ese momento. En ese momento la iglesia había comenzado en Jerusalén, ¿con quiénes? Con judíos. Y el problema más grande es que no se estaba viendo unidad entre judíos y gentiles, porque los judíos seguían sintiéndose superiores a los gentiles en muchos sentidos: "Porque, pues, nosotros somos el pueblo de Él, y si ustedes se unen a nosotros, entonces ustedes tienen que hacerse como nosotros". Pues había una división claramente entre judíos y gentiles, y a Pablo le preocupaba esa división.

De hecho, por una pista en el libro de Hechos que viene un poquito más adelante, que es en el capítulo 24, versículo 17, donde dice: "Pero pasados algunos años, vine a hacer limosnas a mi nación y presentar ofrendas"; por ese contexto, y por lo que Pablo dice en 1 Corintios 16, y también en 2 Corintios, sabemos que Pablo había estado haciendo este recorrido, ya al final de su tercer viaje misionero, y estaba recaudando una ofrenda de todas las iglesias gentiles para llevar a los judíos. Y el propósito por el cual estaba recaudando esa ofrenda… Esa es la que está llevando ahorita. Él va con un equipo de personas: va con Timoteo, va con Tito, va con otros que ya hemos mencionado en otras partes. Y ellos son representantes de todas estas iglesias: de la iglesia de Corinto, de la iglesia de Tesalónica, de la iglesia de Filipos, de estas iglesias. Y han estado juntando ofrendas, dándoselas a Pablo para llevarlas a Jerusalén.

¿Por qué? Porque entonces, cuando él llega con esa ofrenda, ¿qué significa eso? "Hermanos judíos de Jerusalén: los gentiles los aman. Somos un cuerpo en Cristo, somos una iglesia, vamos a estar unidos. Aquí está esta ofrenda para mostrarles cuánto queremos estar juntos". Entonces para Pablo es muy importante esto. O sea, Pablo… si ustedes leen sus cartas acerca de esta ofrenda en 1 Corintios, 2 Corintios, y si van viendo su sentir a lo largo de su ministerio, de su vida: ¿a dónde iba Pablo primero a predicar siempre que llegaba a una ciudad? A la sinagoga, ¿no? ¿Por qué? Porque amaba a sus hermanos, y le dolía mucho ver la incredulidad de los líderes judíos, y le dolía aún más ver el rechazo de los cristianos judíos hacia los gentiles cristianos. Y Pablo está luchando constantemente por unir a estos dos. Entonces esto es lo que lo está motivando para ir a Jerusalén.

«Ya estoy acostumbrado»

A lo largo de este plan, ya hemos estado viendo, Pablo se los dijo a los de Éfeso: "En todas partes me dicen que me va a ir mal cuando vaya a Jerusalén". En cada ciudad que va: "Pablo, te va a ir mal; cuando vayas, va a haber persecución, va a haber tribulación, va a haber prisiones". Pero a Pablo no le importa. Dice: "Ya estoy acostumbrado; siempre me va mal". Solo en Corinto tuvo una revelación de parte de Dios, y Dios le dijo: "Toma una pausita, un descansito; por ahorita no te van a hacer nada". Pero le iba mal a Pablo. ¿Y en Listra qué le pasó? Pensaban que ya se había muerto de tanto que lo habían golpeado; lo sacaron de la ciudad, lo dejaron ahí, dijeron: "Ah, pues se murió, ya, dejarlo". Y resulta que no, no estaba muerto. Pero a ese grado llegaba: a una ciudad, y lo encarcelaban, y lo azotaban, y todo el tiempo le están pasando cosas terribles. Pero ya está acostumbrado.

Y miren, cuando él se convirtió al Señor, en el capítulo 9, versículo 16, ¿qué le dijo Dios a Pablo? "Vas a sufrir más, Pablo. Yo te he llamado para ser apóstol a los gentiles; vas a sufrir muchísimo". Entonces esto no es nada nuevo para Pablo. Entonces, la pregunta: ¿por qué quería ir Pablo a Jerusalén? Ya les di algunas de estas razones.

¿Estaba equivocado Pablo?

Ahora, aquí está lo interesante. O sea, estos discípulos sabían todo esto que yo les estoy diciendo, y sin embargo pensaban que no debía ir. Entonces, aquí está la pregunta: ¿estaba equivocado Pablo en querer ir a Jerusalén, o ellos estaban mal? Es una pregunta interesante, porque es que todos estaban en contra de que fuera. Si nosotros decimos por qué no… bueno, vamos a ver por qué no. Es interesante ver que Lucas está tratando inclusive de mostrarnos… Y les digo esto porque evidentemente uno de estos dos grupos está equivocado: o es Pablo el que está equivocado, o son los discípulos los que están equivocados, porque son opiniones contrarias: vas o no vas.

Y Lucas nos da también incluso un paralelo aquí que quiero que vean, que es una pista de por qué a lo mejor Pablo está en lo correcto. Hay paralelos con el ministerio de Jesús. ¿Los vieron? A ver si los notaron. Si tuvieras leído el evangelio de Lucas mientras estás leyendo Hechos de Lucas, vas a notar que Jesús también fue a Jerusalén al final de Su misión. Era Su propósito ir cuando eran las festividades: en el caso de Jesús, era cuando era la Pascua; en el caso de Pablo, no alcanzaba a llegar a la Pascua, pero alcanzaba a llegar a Pentecostés. Hay tres advertencias a Pablo de los sufrimientos que va a padecer en Jerusalén, y tres veces Cristo habló, en esta última etapa, acerca de los padecimientos que Él iba a sufrir en Jerusalén. Fue atado por soldados romanos, se arrodilló a orar, y dijo: "Que se haga Tu voluntad, y no la mía".

Hay muchas cosas que están diseñadas para recordarnos… Y sobre todo, de todas esas cosas: se opusieron, especialmente Pedro. ¿Qué le dijo Pedro a Jesús cuando Jesús le dijo: "Voy a ir a morir"? ¿Se emocionó Pedro así: "Qué bueno, vas a morir"? Él estaba triste sobre eso, y le dijo: "¡No, Señor! ¿Cómo crees?". Pero era la voluntad de Dios. ¿Y qué le dijo Jesús? Se lo dijo: "Apártate de mí, Satanás". Ahora, habiendo dicho todo eso, tenemos que evaluar esto con cuidado, porque a pesar de que existen esos paralelos, Pablo no es Jesús. O sea, ¿se podría haber equivocado Pablo? ¿Jesús? No. ¿Pablo? Sí. Algo interesante —y aquí quiero que sientan más tensión de la que ya sienten, espero— es que dice el versículo 22 del capítulo 20: "Ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy a Jerusalén, sin saber lo que me ha de acontecer". Y también cuando lo menciona en el capítulo 19… En el versículo se había propuesto Pablo pasar de largo a Éfeso, porque quería ir a Jerusalén; pero otra vez se menciona en el capítulo 20, versículo 16… ¿dónde estoy? Perdón, en el capítulo 19, versículo 21. 19, versículo 21. Vean lo que dice: "Pasadas estas cosas, Pablo se propuso en espíritu ir a Jerusalén, después de recorrer Macedonia y Acaya". Y entonces, a ver, mi pregunta es: ¿está Pablo guiado por el Espíritu en esta decisión, en la que se ve? Sí, parece ser, ¿no?

¿El Espíritu dice que sí o que no?

Ahora, vamos a ver el otro lado. Dice el versículo 4 del capítulo 21 que ellos decían a Pablo, ¿por quién? "…por el Espíritu, que no subiese a Jerusalén". ¿Están siendo guiados los discípulos por el Espíritu a decirle a Pablo: "No, no vayas"? Dice Lucas: están siendo guiados por el Espíritu. No solo eso, sino cuando llega Agabo, el profeta, ¿qué le dice Agabo? Versículo 11: "Esto dice…", ¿quién? "…el Espíritu Santo". Está hablando Agabo de parte del Espíritu Santo. ¿Qué, tiene un problema de personalidad el Espíritu Santo, que no se decide si va a decir que sí vaya o que no se vaya? ¿Qué está pasando aquí? No se extrañen. Y yo quiero que vean eso, porque es lo que quiero ayudarles a entender en este pasaje: lo complejo de esta situación.

La preocupación de los discípulos

Entonces vamos a ver el otro lado. Vemos buenas razones por las cuales Pablo quiere ir a Jerusalén, pero por el otro lado los discípulos están preocupados por la seguridad de Pablo. ¿Pablo siempre se enfrentaba a los peligros que le esperaban? ¿Siempre? No, no siempre. Ya leímos varias historias: una vez lo bajaron en una canasta; otra vez, cuando estaban todos alborotados, ¿se acuerdan?, en Éfeso, con lo de las estatuas y todo eso, y jalaron a unos de los discípulos, y había todo un tumulto ahí, y entonces Pablo dijo: "Voy a salir, es una oportunidad para predicar". Y le dijeron: "No, espérate, Pablo, quédate aquí escondido". ¿Y qué hizo? ¿Qué respondió? No salió. Muchas veces huyó del peligro. Entonces no es extraño sugerirle a Pablo: "¿Sabes qué? Sí te van a matar; si hay peligro de que te maten, no vayas". No es raro.

Con el ministerio de Pablo, para los discípulos tiene completo sentido esta sugerencia. En la mente de ellos, el que Pablo estuviera a salvo por ahora era una mejor manera de avanzar el evangelio. "Bueno, ¿ya cumplió?", dicen ellos. "El ministerio de Pablo está creciendo, está teniendo influencia; es un gran maestro, lo queremos mucho. No es mala idea que siga aquí un rato más".

Y además de todo eso, para agregar… Porque les voy a decir una cosa aquí: cuando estoy leyendo los comentarios —probablemente leí, no sé, 10 comentarios diferentes de Hechos acerca de este punto—, no están de acuerdo. Todos quieren encontrar quién estaba mal y quién estaba bien. Y algunos dicen: "No, los discípulos estaban mal; estaban siendo egoístas. ¿Cómo puede ser que le estén diciendo a Pablo 'tú quédate'? Él tenía que ir a Jerusalén y predicar, y eso era parte de la misión de Dios para él". Y hay otros que dicen: "No, el que estuvo mal fue Pablo, por ignorar el consejo de todos". No le fue tan bien en Jerusalén, efectivamente.

«Sal prontamente de Jerusalén»

Pero hay una pista que quiero que vean, de uno de los comentaristas que dice que Pablo se equivocó en esta decisión, y eso está en el capítulo 22, versículo 17. Porque aquí Pablo ya está viendo hacia atrás, y vean lo que él ve: "Y me aconteció, vuelto a Jerusalén, que orando en el templo me sobrevino un éxtasis". Ahora, Pablo estuvo en Jerusalén antes, pero parece ser que esto es una referencia a esta visita de la que estamos viendo ahorita, que estamos estudiando. Dice que esta visión fue: "Date prisa, y sal prontamente de Jerusalén; porque no recibirán tu testimonio acerca de mí". Dios le está diciendo: "Pablo, sal de Jerusalén, no quiero que estés aquí".

Y Pablo está discutiendo con el Señor. Dice: "Yo dije: Señor, ellos saben que yo encarcelaba y azotaba en todas las sinagogas a los que creían en ti; y cuando se derramaba la sangre de Esteban tu testigo, yo mismo también estaba presente, y consentía en su muerte, y guardaba las ropas de los que le mataban". O sea, como abogando por los de Jerusalén: "Entonces están igual que yo estaba, ¿no? ¿Por qué me dices que me vaya? Así como me salvaste a mí, ¿no los puedes salvar a ellos también?". Y es así como el argumento en la mente de Pablo. ¿Pero qué le dice el Señor? "Ve, porque yo te enviaré lejos a los gentiles".

Entonces, desde el punto de este comentarista, James Montgomery Boice, él dice: ¿quería Dios que Pablo estuviera en Jerusalén? No, Dios no quería que Pablo estuviera en Jerusalén; Él quería que fuera a los gentiles. Y después de todo, los discípulos están viendo que Pablo es apóstol a los gentiles. Dicen: "¿Qué haces yendo a Jerusalén? Nada más te van a matar. ¿Sabes que es la festividad de Pentecostés, cuando hay más celo de parte del liderazgo judío? Si hay un momento más delicado, es ese". Entonces está yendo en un momento donde nada más los tientas más. Es, por lo menos, creo, lo que ellos están pensando.

Pablo amaba a su gente. Pablo decía… como ya veíamos, va a la sinagoga siempre que llega a una ciudad. Y si ustedes leen Romanos 9 y 10, van a ver el deseo que había en el corazón de Pablo por los judíos, por su propia gente, y le dolía mucho ver el rechazo, y quería aprovechar cualquier oportunidad para compartirles la Palabra. Pero aquí lo interesante es quién se une a tratar de convencer a Pablo de no ir. Versículo 12: "Al oír esto, rogamos…". O sea, ¿quién está incluido ahí? Lucas. ¿Saben quién está escribiendo esta carta? Dice: "Yo, yo le estaba diciendo: 'Pablo, no vayas'". Bueno, ¿quién estaba en lo correcto? ¿Quién estaba equivocado aquí? Ahorita les voy a decir, porque yo tengo todas las respuestas. Vamos a llegar a eso en un momento.

Paréntesis teológico: el don de profecía

Antes de ir a ese punto, quiero hacer un paréntesis teológico, y lo hago porque este pasaje es clave en un tema que nos concierne hoy en día también: tiene que ver con el don de profecía. Aquí vemos a Agabo, y vemos también a los discípulos que estaban en Tiro, también por el Espíritu; también es algún tipo de revelación, de profecía. Y también tenemos a Felipe. Ven aquí: cuando llegan a Cesarea, Felipe se había ya establecido en Cesarea con su familia. Ahora, ¿quién era Felipe? Nos dice Lucas: era uno de los siete. ¿Cuáles siete? Los siete diáconos de Hechos capítulo 6. ¿Se acuerdan? Escogieron a siete; Felipe es uno. Y después vimos a Felipe como Felipe el evangelista, que fue a Samaria, ¿se acuerdan?, y él es el que trata con Simón el mago, y después trata con el etíope eunuco. Bueno, llegamos en el capítulo 8, versículo 40: se estableció en Cesarea.

¿Saben cuánto tiempo ha pasado de eso, de lo de Felipe diácono, a ahorita? 20 años han pasado ya. Ahora, leemos este libro bien rápido, y decimos: "Ay, qué bonita historia". Pero la verdad es que Hechos cubre un período muy largo de tiempo. Felipe ya tuvo tiempo de tener cuatro hijas, y resulta que todas son proféticas. Qué interesante, ¿no? ¿Por qué Lucas nos señala eso? Nos dice: "Ah, por cierto, no estaban casadas", o sea, eran vírgenes. Hoy en día no es tan fácil hacer esa conclusión, ¿verdad? Pero en este tiempo sí decía: "No, no están casadas, son vírgenes", y además son proféticas. Entonces, ¿qué podemos decir acerca del don de profecía? Porque hoy en día, en muchos lugares, muchas iglesias, hay supuestos profetas que dirían: "Ah, pues yo soy como Agabo, ¿no? Yo les voy a decir qué va a pasar y escúchenme como Pablo escuchó a Agabo, y les voy a dar revelación de parte de Dios".

Profecías que no eran motivacionales

Número uno, quiero que vean esta diferencia. Número uno: las profecías que yo he escuchado de nuestra época —siempre que he escuchado a alguien: "Me profetizó el profeta y apóstol"— casi siempre son algo de motivación, algo bonito que les profetizaron: "Sí, Dios quiere usarte grandemente este año y usar tus dones, y veo así mucha bendición y prosperidad para tu vida. Y tú, que no te podías embarazar, ahora sí te vas a embarazar para el año que entra. Y tú, que estabas enfermo, ya el año que entra Dios te va a curar". Tienden a hacer ese tipo de cosas; bueno, es lo que yo oigo normalmente. ¿No son cosas muy positivas? Lo que me llama la atención es que ambas profecías de Agabo —tanto la que vino en el capítulo 11, que es cuando dijo acerca del hambre que iba a haber en Jerusalén, como aquí—, ¿son profecías positivas, estas, como de ánimo? Hay que ponerle: profecía de Agabo: "Se van a morir de hambre en Jerusalén". O sea, no, no es algo como muy emotivo, ni esta tampoco.

Profecías dramatizadas

Vean cómo sucedió todo esto: llega Agabo de Judea, y toma el cinto de Pablo, y se ata los pies y las manos, y dice —es la profecía—: "Así atarán los judíos en Jerusalén al varón de quien es este cinto, y le entregarán en manos de los gentiles". O sea, usa esta dramatización Agabo, al estilo de los profetas del Antiguo Testamento. Si ustedes leen el Antiguo Testamento, los profetas comúnmente dramatizaban sus profecías. Dios quería decir algo, y como que lo actuaban. Entonces Isaías ahí anda desnudo, y andaba desnudo, ¿no?, para mostrar lo que Dios iba a hacer con los egipcios. Ezequiel hizo una maqueta de Jerusalén para mostrar lo que iba a pasar con Jerusalén. Jeremías también actúa cosas. Tenemos a Oseas. Oseas, imagínense; Dios dijo: "Vamos a hacer una representación. Ve, cásate con una prostituta, porque quiero que Israel vea cómo son ellos conmigo". Pues era la dramatización. "Por cierto, te va a ser infiel varias veces; tienes que ir por ella y traerla. Pero eso quiero que hagas, porque esta es la dramatización de mi profecía para Israel".

Entonces, normalmente no eran muy divertidas estas dramatizaciones, para los profetas por lo menos, pero estaban diseñadas para representar una verdad espiritual. O sea, eran dramas de una verdad espiritual. De hecho, nosotros hacemos eso en los sacramentos. Hoy en la mañana estamos celebrando la Cena del Señor, que es una dramatización de una verdad espiritual. O sea: "Esto es mi cuerpo, esto es mi sangre; hagan esto en memoria de mí". Es una dramatización para que recuerden una verdad espiritual; es una manera más clara, más vívida, de entender lo que estamos recordando. Igual con el bautismo. Aquí Agabo le dice: "A ver, Pablo, por si no te queda claro cómo va a estar: así te van a amarrar las manos y los pies, como puerquito, y van a meterte a la cárcel; no te va a ir bien". O sea, quería como hacerlo más claro, más vívido para Pablo.

La revelación y la interpretación

Entonces, ¿qué podemos decir sobre el don de profecía? ¿Es posible…? Piensen en esto: ¿es posible que la revelación de lo que le iba a pasar a Pablo era el límite de lo que ellos estaban viendo, no la implicación, o sea, el mandamiento o la prohibición? O sea, ellos veían esta visión y decían: "A ver, Pablo va a sufrir". Esto sí está claro en el pasaje: una y otra vez, en las ciudades, le será revelado: "Pablo va a sufrir cuando vaya a Jerusalén". Pero no nos queda claro que la parte de la profecía de "no, no vayas a Jerusalén" fuera del Espíritu Santo. Parece ser que la única parte que era la revelación profética era "Pablo va a sufrir"; la parte de "no vayas, por lo tanto" era interpretación de ellos sobre la profecía. ¿Me entienden? Creo que eso es parte de lo que está sucediendo aquí. Por eso es que no hay un acuerdo: porque están interpretando la profecía que se les está dando.

Entonces aquí quiero darles un contexto sobre el don de profecía. Me parece que el don profético del Nuevo Testamento es diferente al don de profecía que encontramos en el Antiguo Testamento, en el sentido de que las profecías del Antiguo Testamento normalmente estaban diseñadas para dar una indicación muy clara acerca de la voluntad de Dios, y no había duda. Aquí obviamente hay duda; obviamente están diciendo: "¿Qué significa?". No está claro. Entonces no son profecías que están diseñadas para dar un sentido claro de la voluntad de Dios, y apuntan en una cierta dirección, creo yo. Este pasaje, creo que nos muestra eso: parece un tanto falible, un tanto ambiguo lo que está sucediendo. Y creo que eso nos debería demostrar con cuánto cuidado deberíamos de tomar aun profecías que se den hoy en día, ¿no?

O sea, alguien te dice… pues supongamos que son más bíblicos y nos dicen algo más de lo que nos va a pasar: "Te van a correr de tu trabajo el año que entra". "Pero con eso… no sé. Gracias, ¿no?". Pero no te está diciendo sobre la voluntad de Dios. ¿Qué significa eso? ¿Que debo buscar otro trabajo? ¿Que debo de irme de vacaciones, o de misionero? ¿Qué significa? Entonces, ¿entienden? Creo yo que la manera en que se practica el don de profecía hoy, que normalmente supone "Dios me dijo: haz esto", no es la manera en que se daban estas profecías. Estas profecías eran todas una idea de lo que va a pasar, y en base a eso nuestro discernimiento cristiano nos lleva a pensar: "Haz esto", "no lo hagas". Creo que eso es lo que está sucediendo en este contexto.

La profecía bajo la Palabra de Dios

Y creo que esto es importante que lo vean. Creo que en el Nuevo Testamento el don de profecía, por lo menos como se estaba manifestando aquí, no tenía el nivel de autoridad bíblica, canónica, de la enseñanza apostólica que se convirtió en nuestro Nuevo Testamento. Pues estaba abajo; no estaban buscando en estas profecías saber sobre doctrina o sobre la voluntad de Dios específicamente. Estas eran cosas que estaban sucediendo aquí abajo, pero que estaban siendo sometidas constantemente a la Palabra de Dios en este tiempo. Lo cual nos debería mostrar cómo deberíamos tratar la profecía hoy en día: si es que hubiera este don de profecía, de todas maneras tendríamos que siempre poner la Palabra de Dios por encima de esto.

Las hijas de Felipe: profecía y enseñanza

Ahora, les digo eso porque además tenemos este pequeño detalle de las hijas de Felipe, que son proféticas. Algunos dicen que el don de profecía en el Nuevo Testamento es lo mismo que el don de enseñanza; entonces, profetizar era enseñar y establecer doctrina. Pero creo que ese no es el caso, porque las cuatro hijas de Felipe, siendo mujeres… O sea, pongámoslo en contexto con lo que decía Pablo. A ver, piensen: ¿qué decía Pablo sobre el rol de la mujer dentro de la iglesia en cuanto a la enseñanza? ¿Qué decía? "No permito que la mujer enseñe". O sea, que sea su principal papel dentro de la iglesia, como su rol principal, ser la que enseña la doctrina; creo que el hombre sea, y creo que Dios ha dado esa responsabilidad al hombre. Pero sí dice Pablo, en 1 Corintios 11, que la mujer que ora o profetiza en la iglesia se cubra la cabeza. O sea, Pablo sí permite que la mujer ore y profetice; no permite que enseñe.

Entonces hay una clara distinción entre el don de profecía y el don de enseñanza. Y claramente el don de enseñanza, en cuanto a doctrina y revelación de parte de Dios, está por encima de cuestiones del don de profecía, que me parece que era algo, pues, menos místico y menos extraño de lo que pensaríamos hoy en día acerca del don de profecía. Parece que se da en el contexto de conversaciones, de decir: "Mira, yo creo que Dios me está mostrando esto, sobre algo que va a suceder".

Y entonces tenían que discernir cómo eso podría ser de edificación dentro de la iglesia, cómo usarlo. Lo que Agabo profetizó en Hechos 11 sobre el hambre que iba a haber en Judea los llevó a hacer, ¿qué? A llevarles una ofrenda, ¿se acuerdan?, Pablo y Bernabé. Entonces era discernir. O sea, la profecía no era "llévenles una ofrenda"; la profecía era "va a haber un hambre". Y esa profecía los llevaba a decir: "¿Cómo puede ser esta profecía de edificación? Vamos a hacer algo por nuestros hermanos". ¿Entienden? No es algo místico, decir cosas nada más así, por decirlas, sino cómo las usamos de una manera que sirva al reino de Dios. ¿Estaban los discípulos queriendo glorificar a Dios en detener a Pablo de ir a Jerusalén? ¿Estaba Pablo queriendo glorificar a Dios en querer ir a Jerusalén?

Y por cierto, les menciono esto también, como otro paréntesis: las hijas, tenemos por la historia de la iglesia que tres de estas hijas de Felipe llegaron a más de 90 años, y fueron fuentes de información sobre la era apostólica y de la primera iglesia para varios historiadores, como Eusebio. Es muy interesante que aparecen en otros lugares fuera de Hechos.

¿Quién tenía la razón?

Pero, a ver, si tenemos estos dos grupos, todos diciéndole: "Pablo, no vayas", y Pablo diciendo: "No, sí voy a ir", entonces ahora sí, ¿quién tenía la razón? ¿Quieren saber lo que pienso? No sé. No sé, no sé quién tenía la razón. Creo que no importa quién tenía la razón, porque Lucas nos quiere enseñar otra cosa que no es eso. O sea, Lucas no está escribiendo esto para decirnos: "Sí, nosotros estamos equivocados, Pablo estaba en lo correcto", o "Pablo estaba equivocado, nosotros estamos en lo correcto". Creo que eso no es lo que Lucas está tratando de decir. ¿Qué está tratando de decirnos? Piensen.

Primera lección: discernir la voluntad de Dios no es fácil

Número 1: creo que nos está diciendo que la sabiduría para discernir la voluntad de Dios a veces es difícil, ¿no es cierto? No es tan fácil como crees, que siempre vamos a saber cuál es la voluntad de Dios: "Nada más oren tantito y ya van a saber". Así yo he escuchado a algunos pastores y líderes; vienen a pedir consejo: "Pastor, ¿qué hago con esto?". "Ah, pues que el Señor te muestre". ¿Y si no me muestra? Puede ser que no se va a mostrar. Aquí no les mostró. Los discípulos no estaban convencidos de que la voluntad de Dios era que Pablo fuera a Jerusalén; hasta el final no estaban convencidos. Ya lo dejaron ir porque Pablo era muy terco, pero no. Entonces, sí. Entonces creo yo que hay una complejidad aquí que tenemos que apreciar: la vida cristiana, las decisiones de la vida cristiana, no son fáciles.

¿Pablo escuchaba siempre los consejos de otros? No, no siempre. Aquí no escuchó a nadie. Todos estaban en contra de lo que él quería hacer, y lo hizo de todas maneras: "No importa lo que me digan, yo voy a hacerlo". ¿A veces escuchaba el consejo de otros? Sí, ¿no es cierto? Ya lo vimos, ya les di varios ejemplos. A lo largo de su ministerio hemos visto muchas veces: llega un momento en el que tenía que enfrentar una decisión, Pablo escuchaba los consejos y los seguía. A veces esos consejos y esas opiniones las ignoraba. Vimos el caso con Bernabé, ¿se acuerdan? Pablo y Bernabé llegaron al punto en el que se tuvieron que separar, porque nada más no se podían poner de acuerdo sobre cuál era la voluntad de Dios para ellos: "No, no me importa lo que me digas; yo no me lo llevo a Marcos". Entonces, ahí, a ver: ¿quién tenía la razón en ese caso, de Pablo y Bernabé? Yo les di, cuando vimos esa historia, vimos algunas razones por las que a lo mejor Pablo estaba equivocado en no haberse llevado a Juan Marcos. No sabemos quién estaba equivocado. Pero también es una lección parecida a esta: a ver, hermanos, sabiduría, discernimiento; lo necesitamos para saber cuál es la voluntad de Dios.

Ni siempre obedecer, ni siempre ignorar

Les voy a decir algo, porque quiero que lo tomen, porque hay unos de ustedes que ya los estoy viendo: "Sí, si Pablo podía ignorar a todos, yo también. No, no me importa lo que me digan, voy a hacer lo que yo quiera. Entonces, bien por Pablo; yo soy de su equipo". Déjenme decirles que alguien que siempre hace lo que otros dicen es un cristiano inmaduro, pero también alguien que siempre ignora lo que otros dicen es un cristiano inmaduro. O sea, tienes que tener mucho discernimiento para saber cuándo escuchar y cuándo ignorar. Pero eso no es fácil, y puede ser peligroso: puedes tomar decisiones muy malas en base a ignorar o a escuchar a alguien, ¿no es verdad? Entonces: "Señor, danos sabiduría para entender lo complejo de las decisiones que tenemos que tomar".

¿Es siempre la decisión más difícil la correcta? No. Pablo a veces no tomaba la decisión más difícil, porque a veces: "Que no me maten; esa es la decisión que vamos a tomar ahorita; es la más fácil", ¿no? De hecho, vamos a ver el próximo domingo lo que pasó en Jerusalén: Pablo tomó la decisión fácil en lo que va a suceder a continuación. Léanlo, si quieren, adelante; si no, lo vamos a ver el próximo domingo. Pero Pablo, en lo que viene en Jerusalén, se fue por el camino más fácil del que habríamos pensado: "Nada, Pablo, después de esto, tú te habrías enfrentado también a Jacobo y a los de Jerusalén: 'No, no, yo no voy a hacer lo que me están pidiendo, porque eso va en contra del evangelio'". Espero que los haya interesado ya en el próximo domingo. Pero a veces la decisión fácil es la correcta; a veces la decisión difícil es la correcta.

Segunda lección: unidad y desacuerdos no son incompatibles

Pero ¿cuál sería el punto de este pasaje, entonces? ¿Para qué escribió esto Lucas? Creo que escribió esto para que veamos una cosa… bueno, dos cosas, porque son las que les voy a decir. Número 1: lo escribió porque quiere que veamos que la unidad y los desacuerdos no son incompatibles. ¿Lo imaginan? Ahora estamos empezando un nuevo año. ¿Va a ser fácil este nuevo año? Tenemos que hacer muchas cosas como iglesia. ¿Vamos a estar de acuerdo en todo lo que hagamos? No, y así es. Pero podemos estar unidos en esos desacuerdos, y que esos desacuerdos no nos dividan. Aquí tenemos un claro ejemplo de cómo puedes seguir perfectamente unido a pesar de tener opiniones completamente diferentes sobre lo que es la voluntad de Dios.

Hay una frustración que yo oigo cuando leo esto, de las oraciones, de que oraron en la playa, en el versículo 5. Imagínense la oración de estos hermanos. Sí, están orando por Pablo; están diciendo: "Señor, este hermano Pablo, cuídalo; que se le baje un poquito lo terco, pero cuídalo y protégelo, y bendice su ministerio". Hay un tono de frustración, creo yo, cuando dice aquí en el versículo 14: "Y como no le pudimos persuadir, desistimos, diciendo: Hágase la voluntad del Señor". O sea, hay convicción en esa declaración, pero también hay frustración: "Como, Señor, Tú sabes; está en Tus manos. Creemos que está completamente mal, pero es de Ti el asunto". O sea, yo me animo cuando leo esto, porque creo que nos da esperanza para avanzar en unidad como iglesia, y en cuanto a la voluntad de Dios para nuestras vidas.

Tercera lección: el amor entrañable del cuerpo de Cristo

Pero lo más importante aquí —ya llegué al punto final—, lo más importante, creo, que hay en este pasaje, es que Pablo está mostrando que el amor entrañable y la comunión del cuerpo de Cristo no es opcional. Pero lo vieron desde el capítulo 20, y quiero mostrárselos. O sea, ¿se acuerdan? "Oró con todos ellos. Entonces hubo gran llanto de todos; y echándose al cuello de Pablo, le besaban, doliéndose en gran manera por la palabra que dijo, de que no verían más su rostro". Y si marcan algunas palabras aquí, nos muestran la comunión que Lucas está tratando de mostrarnos que existía de Pablo con cada una de estas ciudades, y los cristianos que había en cada una de estas ciudades. Claro, con los de Éfeso había estado tres años; con ellos había todavía más cercanía.

Pero aun en lugares donde solo había pasado unas cuantas semanas, ya tenía hermanos y hermanas que él amaba. Y si tenía la oportunidad y un pretexto para ir a visitarlos —"Se queda mi barco aquí unos días"—, aprovechaba e iba y los visitaba, y quería ser animado por ellos y animarlos a ellos. Y vean todas las palabras que hay aquí. Versículo 4: "Hallados los discípulos, nos quedamos siete días". Después, versículo 5: "…acompañándonos todos". Versículo 6: "Abrazándonos los unos a los otros". Versículo 7: "…saludado a los hermanos, quedamos con ellos un día". Versículo 8: "…entrando en casa de Felipe… posamos con él". Versículo 10: "Permaneciendo nosotros allí…". Versículo 11: "…quien viniendo a vernos", Agabo, "tomó el cinto de Pablo".

Y luego, en el versículo 13, Pablo entiende la lucha que ellos tienen. Obviamente no lo quieren ver morir; realmente quieren que no le hagan daño. Y les dice Pablo en el versículo 13: "¿Qué hacéis llorando y quebrantándome el corazón?". Suena como la letra de una canción romántica que escucharían en el radio, ¿no?: "¿Qué haces llorando y quebrantándome el corazón?". Pero esto muestra el tipo de intimidad y de cercanía que hay de Pablo con estas personas. Pablo entiende que no es fácil; no es fácil para él. Pero dice: "Es la voluntad de Dios. Así que, aunque sea difícil, aunque no quiera despedirme de ustedes, aunque ustedes quieran lo mejor para mí, tenemos que hacer lo que más glorifique a Dios".

No se puede amar a Dios sin amar a Su iglesia

Pero lo que refleja este sentimiento de Pablo es que tú no puedes amar a Dios y no amar a la iglesia de Dios. Si tú amas a Dios, amas a la gente de Dios; van juntas las dos cosas. Pablo nos muestra eso: él ama a Dios; por eso ama a la gente que es de Dios. Y se ve: hay unidad, hay amor, hay desacuerdo, pero hay algo que los conecta que es más profundo que cualquier otro lazo que existe en este mundo. Ustedes están más unidos a la gente en este edificio, a través del Espíritu Santo y la salvación en Cristo Jesús, de lo que están unidos a cualquier familiar por sangre que puedan tener, porque ese vínculo es más importante. El vínculo espiritual trasciende cualquier vínculo humano. ¿Tenemos los mismos hobbies, nos caemos bien? Sí, no es lo que nos une. ¿Ser hijos del mismo padre y la misma madre? Eso no es lo que nos une más. Lo que más nos une es tener el mismo Espíritu Santo. Y eso lo vimos en la carta a los Efesios, ¿se acuerdan?, capítulo 4.

Conclusión

Todo esto ya es la introducción a lo que viene el próximo domingo. Que Dios nos ayude este año a vivir de una manera que refleje la unidad en medio de la diversidad, y en medio de los desacuerdos, y en medio de lo complejo que es conocer y entender la voluntad de Dios para nuestras vidas, para que se vea el amor de Cristo a través de nuestra iglesia, en la manera en que nos tratamos unos a otros y en la manera en que vivimos como un cuerpo. Pónganse de pie.

Volver al vídeo ↑

Escúchanos

Ven un domingo

Predicamos así cada semana, a las , en Av. México 319.

Qué esperar si vienes →