¿Qué es el Evangelio?
Transcripción
El propósito de esta miniserie
¿Me oyen? Ah, ya. Gracias. Bueno, pues ya casi estamos por concluir esta miniserie de ¿Qué es el evangelio?. Supongo que la mayoría ya tienen este libro, ¿verdad? Bueno, eso no sé qué fue, si sí o no. Pero sí quisiera hacer como, ¿qué será?, una especie de declaración o comentario nada más acerca de este libro y del propósito de las predicaciones que hemos estado haciendo desde que empezó nuestro hermano Roberto. ¿Qué pretendemos como iglesia con este libro, que ya la mayoría lo han comprado, creo, y con respecto a cómo lo estamos exponiendo acá enfrente? Bueno, lo que queremos hacer, lo que queremos enseñar a través de este libro, no es que solamente lo leamos: que yo venga aquí y me pare y lo lea, y digan: "Bueno, pues yo lo puedo leer".
Pero bueno, cada quien lo ha dado de una forma diferente, cada capítulo. Lo que queremos enseñar es que la manera en que lo dio nuestro hermano Roberto, el capítulo 1 y 2; la manera en que después yo di el 3 y el 4; luego mi hermano Jonatán, el 5 y el 6… Lo que pretendemos es que esta es una herramienta para que ustedes aprendan a compartir el evangelio. Y la manera en que lo hemos hecho diferente cada uno es para que precisamente ustedes puedan aprender que el evangelio se puede dar en base a este libro, en lo que nos está enseñando el hermano Greg Gilbert: cómo lo podemos dar. No solamente tenemos que leerlo tal y cual está, sino que estamos dando bases doctrinales para que ustedes compartan el evangelio, que es un evangelio completo.
Este libro está bien, pero podemos dar un poquito más a las personas con las que queremos compartir el evangelio. Y esa es una importancia, porque hay tantas corrientes doctrinales en que el evangelio se ha distorsionado: se le ha añadido, se le ha quitado, se le ha inventado. Pero queremos centrarnos en la Palabra de Dios, en lo que es el verdadero evangelio. Y ese es el propósito de estas exposiciones que estamos haciendo en esta miniserie, que se llama ¿Qué es el evangelio?.
Mantener la cruz en el centro
Entonces, vamos a ver ahora el capítulo 7. Ya nos faltaría uno y terminamos esta miniserie. Hoy nos toca ver precisamente lo que ya nos comentaba nuestro hermano Jonatán: el capítulo 7 del libro se titula "Mantener la cruz en el centro". Y, como ya había comentado, hay tantas maneras en que las iglesias que no están apegadas a una doctrina sana exponen el evangelio, quizás quitándole, otros añadiéndole; pero, sin embargo, lo que no están haciendo es mostrar la cruz de Cristo en el centro. Sin la cruz no hay evangelio. Sin esa cruz no existe el evangelio.
Vamos a abrir nuestra Biblia, la Palabra del Señor, en Gálatas 3:1-14. Y bueno, Pablo ya había predicado el evangelio en la iglesia de los gálatas; mas, sin embargo, ellos querían seguirle añadiendo cosas al evangelio, cosas que no necesita el evangelio de Cristo. Y esa carta se la envía a los gálatas porque estaban distorsionando el evangelio que Pablo mismo les había predicado. Y dice así, en el versículo 1:
"¡Oh, gálatas insensatos! ¿Quién los ha fascinado a ustedes, ante cuyos ojos Jesucristo fue presentado públicamente como crucificado? Esto es lo único que quiero averiguar de ustedes: ¿recibieron el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? ¿Tan insensatos son? Habiendo comenzado por el Espíritu, ¿van a terminar ahora por la carne? ¿Han padecido tantas cosas en vano, si es que en realidad fue en vano? Aquel, pues, que les suministra el Espíritu y hace milagros entre ustedes, ¿lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe? Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado como justicia. Por tanto, sepan que los que son de fe, estos son hijos de Abraham. La Escritura, previendo que Dios justificaría a los gentiles por la fe, anunció de antemano las buenas nuevas a Abraham, diciendo: 'En ti serán benditas todas las naciones'. Así que los que son de la fe son bendecidos con Abraham, el creyente.
Porque todos los que son de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: 'Maldito todo el que no permanece en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas'. Y que nadie es justificado ante Dios por la ley es evidente, porque 'el justo por la fe vivirá'. Sin embargo, la ley no se basa en la fe. Al contrario: 'El que las hace vivirá por ellas'. Cristo nos redimió —versículo 13— de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros, porque escrito está: 'Maldito todo el que cuelga de un madero', a fin de que en Cristo Jesús la bendición de Abraham viniera a los gentiles, para que recibiéramos la promesa del Espíritu mediante la fe".
Oración
Señor, te ruego, Padre, que Tú me ayudes, Señor, en esta mañana, Padre; que solamente, como dijo Pablo, Señor, que no me he propuesto ninguna otra cosa más que hablar de Cristo, y Este crucificado. Señor, ayúdame a exponer Tu Palabra, Señor. Que Tu Espíritu Santo sea sobre nosotros y que abra nuestro entendimiento en nuestros corazones. En Tu nombre oramos, en Cristo Jesús. Amén.
¿Por qué es tan importante la cruz?
Vamos a centrarnos solamente en este versículo 13. Quería leer todo el capítulo para tener un contexto un poquito más claro, pero solamente vamos a tomar un versículo. El versículo 13 dice: "Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros, porque escrito está: 'Maldito todo el que cuelga de un madero'". Mantener la cruz en el centro. Entonces, ¿por qué es tan importante la cruz? Evidentemente, la importancia la tiene nuestro Salvador Jesucristo, pero la cruz es fundamental en el evangelio. Es de suma importancia que nosotros entendamos y estudiemos por qué es tan importante la cruz dentro del evangelio, y las implicaciones de la cruz en el evangelio.
¿Y por qué es tan importante? Porque cuando hacemos una entrevista de membresía, una de las cosas que preguntamos cuando estamos entrevistando, a cada uno les preguntamos: "¿Qué es el evangelio?". Queremos que nos digan cómo han comprendido, en sus palabras, qué es el evangelio. Y si ustedes hicieran esa entrevista, se sorprenderían de las respuestas que nos dan. Muchas de las cosas que nos dicen, evidentemente, no es que no sean bíblicas, o no es que no sean parte del evangelio. Son parte del evangelio, lo que nos exponen los hermanos que hacen su entrevista para la membresía, pero no es el evangelio completo.
Por lo menos, algunos nos dicen que solamente… o que son las buenas nuevas. Creo que la mayoría, cuando conocimos del evangelio, cuando alguien nos predicó, ¿qué es lo que nos decían? "Te voy a hablar de las buenas nuevas". Bueno, eso está bien. Sí, son buenas nuevas, pero no todo queda ahí. No solamente son buenas nuevas. Para que nosotros podamos adquirir esas buenas nuevas, ¿qué es lo que tenemos que hacer? Bueno, ya hemos expuesto en los capítulos que tenemos un Dios soberano, Creador, a quien tenemos que rendirle cuentas; que reconocemos que somos un hombre caído, que tenemos pecado, que caímos en maldición a través de la desobediencia; que hay un Salvador que Dios preparó desde la fundación de la creación, desde los principios de los tiempos, que es Jesucristo.
Pero ¿qué más hay? Cristo murió en la cruz, y es ahí donde radica todo el fundamento. Si Cristo no hubiera muerto en la cruz, entonces todo lo que hacemos es en vano, porque no seríamos salvos. Tuvo que haber muerte. Y eso lo hemos visto desde el principio de la creación, en Génesis: que Dios proveyó. Porque el hombre quería hacer algo por él, como hemos ya estudiado: quiso ocultar o tapar su pecado, quiso proveer por él mismo, quiso ayudarle a Dios. Mas, sin embargo, tuvo que haber una muerte para cubrir el pecado del hombre. Y esa es la importancia de la cruz.
Y vamos a ver tres aspectos en este versículo. Número uno, que hubo un intercambio. Número dos, en ello vemos que está nuestra identidad en la cruz. En la cruz hubo un intercambio, en la cruz está nuestra identidad, y en la cruz está el precio de la salvación. Esos tres aspectos vamos a ver.
El intercambio
Entonces, número uno: el intercambio. La cruz, entonces, es nuestro fundamento de nuestra fe cristiana. Y no porque tengamos un ídolo. Yo tengo una cruz que a veces me la pongo, pero no es porque sea mi ídolo. Algunos me han dicho que por qué cargo una cruz, y yo soy cristiano; por eso cargo una cruz. Solamente es un símbolo de que mi fe es en base a lo que sucedió en esa cruz. En esa cruz hubo un intercambio. Dice 1 Corintios 1:18: "Porque la palabra de la cruz es necedad para los que se pierden, pero para nosotros, los salvos, es poder de Dios".
Porque la palabra de la cruz es necedad cuando hablas de la cruz, cuando quieres exponer el evangelio. He visto algunos videos en donde solamente te hablan del evangelio como: "Tus problemas van a acabar, tu familia va a mejorar, tú vas a tener éxito, vas a tener riquezas, porque eres hijo del Rey". Eso no es el evangelio. El evangelio está en la cruz. Cristo nos redimió de la muerte. Él tomó nuestro lugar; ahí sucedió el intercambio. Él absorbió toda nuestra culpa. ¿Para qué? Para pasar de muerte a vida. Si el grano no cae, no puede dar fruto; eso dijo Jesús. Tuvo que haber muerte para generar vida. En esa cruz se hizo el más hermoso intercambio.
Dios siempre ha provisto un sustituto para perdonar los pecados. Y a lo largo de la historia bíblica vemos cómo Dios estableció que hubiera este recordatorio de que tenía que haber muerte para perdonar pecados. Vemos que hay sacrificios, sacrificios para diferentes cosas, para perdonar pecados, ciertos tipos de pecado; pero era un sacrificio temporal, un sacrificio que no duraba, un sacrificio que no tenía permanencia, un sacrificio que no tenía eternidad. Y en Cristo lo hay. En Cristo se hizo una vez y para siempre, en esa cruz, en ese hermoso intercambio que hubo en esa cruz.
Y a mí me gusta esta palabra, cuando dice "intercambio". Todos merecíamos la muerte: Romanos 3:23. Jesús tenía que morir en la cruz antes de poder resucitar, y así salvarnos de la ira de Dios y rescatar al mundo. Quizás esté diciendo cosas que ya sabemos, pero es importante que nos las recordemos. Hoy somos justos. ¿Por qué? Por la muerte de Cristo en la cruz, y porque hemos depositado nuestra fe en Él. Eso es lo que nos ha hecho justos, lo que nos ha justificado: fe y arrepentimiento.
¿Qué es lo que vimos con nuestro hermano Jonatán? Si no reconocemos que somos pecadores, si no reconocemos que hemos transgredido la ley de Dios, si no reconocemos que tenemos un problema con nuestro Creador —que le hemos desobedecido, que jamás le hemos buscado, que siempre le hemos rechazado—, si no reconocemos nuestra naturaleza pecaminosa, no podemos ser salvos. Y cuando lo hacemos, en un arrepentimiento genuino, a través de la fe, es como Cristo hace este hermoso intercambio en la cruz. Todo juicio que había contra nosotros por nuestro pecado le fue imputado a Cristo en la cruz.
La doble imputación
Hay una doble imputación: Él absorbe nuestro pecado y Él nos da Su justicia. Ahora, Dios, a través de la cruz… lo que sucedió en esa cruz es que el Padre ahora nos puede ver, puede ver a nosotros, pero es por medio de Cristo, de lo que hizo en esa cruz. 2 Corintios 5:21 dice: "Al que no conoció pecado, lo hizo pecado por nosotros, para que nosotros fuéramos hechos justicia de Dios en Él". Jesús cargó con nuestro pecado en la cruz y nos dio justicia.
Por eso es que es tan importante que no nos brinquemos la cruz, dice Greg Gilbert en este libro. Y nos expone diferentes maneras en que se predica el evangelio, en que, aunque se expone el evangelio —en que Dios proveyó, cómo la humanidad cae, Dios provee, Dios redime, y que en un momento Dios va a hacer todo nuevo—, nunca se habla de lo que pasa en la cruz. Y es importante y fundamental que sepamos que ahí fue el intercambio.
Y entonces, hermanos, ¿te has puesto a pensar en ese hermoso intercambio que sucedió en la cruz? Cada que pecamos, cada que fallamos, debemos de seguirlo recordando. Si no fuera por lo que sucedió en la cruz, no pudiéramos seguir teniendo un abogado; no pudiéramos seguir perseverando en la santidad. Él tomó nuestro rechazo y nos otorgó Su aceptación. Eso es lo que representa la cruz también. Y Su muerte fue el pago suficiente. Y en esa cruz sucedieron muchas cosas. Cristo fue nuestro sustituto; Él fue nuestro intercambio.
Nuestro sustituto
Y quizás suene muy, muy reiterativo, pero es importante que nos lo grabemos bien para que, cuando hablemos del evangelio, les digamos esto a las personas. ¿Qué es lo que sucedió en la cruz? Cristo fue el único hombre sin pecado que jamás haya vivido. Siendo sin pecado, era el único que podía tomar nuestro lugar, era el único que podía sujetarse a esta pena de muerte, aun siendo inocente. Y aun así murió. Y eso lo recordamos cada domingo en la mesa del Señor. Cristo murió en esa cruz como cualquier otro ladrón, como cualquier malhechor. Mas, sin embargo, Cristo no murió por Sus pecados; Cristo murió por nuestros pecados en esa cruz. Murió como sustituto del pecador, como mi sustituto, en esa cruz.
Cristo murió por nuestros pecados, siendo muerto por nuestras transgresiones: 1 Corintios 15:3; también pueden leer Romanos 4:25. "Él mismo llevó nuestros pecados en Su cuerpo sobre el madero": 1 Pedro 2:24. Él fue nuestra propiciación. "Él es la propiciación por nuestros pecados": 1 Juan 2:2.
¿Qué es propiciación?
Hermano, este término, ¿qué significa? Porque a veces somos muy académicos. ¿Qué es propiciación? ¿Sabes qué es propiciación? Porque está padre cuando escuchamos o decimos que la propiciación es apaciguar la ira de Dios. Dios está airado no solo con el pecado; está airado con el pecador. Si solamente fuera algo contra mi pecado, pues Dios me podría ver. El pecado debe ser castigado, justamente castigado, porque Dios es santo y justo; pero también justamente perdonado. Y eso hizo Cristo en la cruz. Cristo en la cruz recibió el castigo justo a causa de nuestra desobediencia, a causa de nuestra transgresión. Y en esa cruz fuimos justamente perdonados también. La cruz es la manera que Dios usa para castigar el pecado y perdonar al pecador, para demostrar en este tiempo que Él es justo, y que justifica al que tiene fe en Jesús.
Romanos 3:26. Cuando Cristo murió en la cruz, cargó con el castigo divino, cargó con la ira divina que merecíamos por nuestros pecados, y desvió la ira de Dios para siempre, siempre y cuando pongas tu fe en Cristo. Yo no sé si todos los que estamos aquí hemos puesto nuestra fe en Jesús. Y si tú no lo has hecho, si tienes poco de asistir, este es el mensaje del evangelio. ¿Te has preguntado esto? O a los que ya hemos escuchado del evangelio, esto nos puede reafirmar nuestra convicción de nuestra fe: lo que sucedió en la cruz, este hermoso intercambio. Merecíamos la ira de Dios; mas, sin embargo, Cristo tomó nuestro lugar, absorbió nuestro pecado. Es así como Él nos ha salvado. Él cargó el castigo divino por nuestros pecados y desvió eternamente la ira de Dios hacia todos los que son Suyos. ¿Eres Suyo?
Nuestra identidad en la cruz
¿Qué más podemos encontrar en esta cruz? Este intercambio. ¿Y por qué les comentaba acerca de esta cruz que a veces me ponía? Porque en esa cruz está nuestra identidad. Yo sé que Cristo es nuestra identidad, pero en lo que sucedió en esa cruz está nuestra identidad. ¿Qué nos identifica como cristianos? No quiero parecer universalista, pero si tú vas a cualquier parte del mundo y ves un edificio con una cruz, ¿qué es lo que piensas? No solamente que sean católicos o mormones; ves una cruz, y lo primero que se te viene a la mente, en un edificio, viendo una cruz, es Cristo. Por lo menos a mí, sí. La cruz está relacionada con Cristo, y de alguna manera es nuestra bandera, nuestro estandarte, hablando de ahora que ya pasaron las fiestas patrias. ¿Qué es lo que nos identifica como mexicanos? Una bandera. ¿Qué es lo que nos identifica como cristianos? La cruz.
En los primeros cristianos, cuando querían reunirse, es muy famoso el pescadito. ¿Sí se acuerdan de este pescadito? Bueno, no sé si estoy en lo correcto, pero les voy a hablar un poquito acerca de esto, hablando de la identidad: cómo se reconocían cuando se reunían en la casa. No se iban a reunir, porque eran perseguidos; pues hacían la mitad del pescado, y después, cuando terminaban, cerraban el pescadito. Entonces, quiere decir que ahí estuvieron, y así es como se identificaban los cristianos.
Pero la cruz también es nuestra identidad. Dice, en la segunda parte de Gálatas 3:13: "habiéndose hecho maldición por nosotros". Nos identificamos con esa cruz. Cristo se identificó con nosotros haciéndose maldición. En esa cruz, todo lo que Jesús padeció también es nuestra vivencia; también nos identificamos con Él. ¿Por qué? Él padeció dolor. Él murió por nuestros pecados en esa cruz. Y al poner nuestra fe en Él, también hemos sido crucificados.
Crucificados con Cristo
Gálatas 2:20 dice: "Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive en mí. Y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por la fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí". Perdón. Nos identificamos con la cruz de Cristo. Hemos sido crucificados realmente… Nuevamente, no: hemos sido crucificados con Él, como dice el texto: "Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo, mas Cristo vive en mí". Cuando Jesús murió en la cruz, es como si yo hubiera estado ahí clavado, porque Cristo tomó mi lugar.
En el Antiguo Testamento, cuando hablamos de que iban a hacer el sacrificio con los corderos, una de las cosas que hacían era ponerle la mano sobre la cabeza del cordero. ¿Sabían para qué era? Para identificarse con el sacrificio: "Esto es lo que va a representarme para mi perdón de pecados". Se identificaban con el cordero que iba a morir. Lo mismo está sucediendo con Cristo en la cruz. Nos identificamos con Cristo. Cristo es el Cordero que va a tomar el lugar por mi pecado.
Dice Romanos 6:6: "Sabemos esto: que nuestro viejo hombre fue crucificado con Cristo, para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado". Nuestra naturaleza vieja ha muerto en la cruz junto con Cristo. Y esta es otra de la importancia de hablar de la cruz en el evangelio. En el siguiente versículo de Romanos 6, el versículo 7, dice: "Porque el que ha muerto ha sido libertado de pecado". Y es a través de la cruz. Y lo que sucedió en esa cruz fue el milagro más hermoso, más increíble. ¿Cómo es que pudo perdonar nuestro pecado? Y eso es lo que nos identifica como cristianos: la cruz.
Formalista e Hipocresía
Y en el libro de Greg Gilbert, al inicio del capítulo, nos cuenta una porción de la historia de El progreso del peregrino. Y uno de los personajes, el personaje principal, que es Cristiano, que está en el camino hacia la Ciudad Celestial, se encuentra a unos personajes junto con él, y uno de ellos se llama Formalista, y el otro se llama Hipocresía; esos dos personajes. ¿Y por qué narra Greg esta parte? Porque habla de nuestra identidad. Hablamos de fe y arrepentimiento en los domingos pasados. Entonces, si tú no te arrepientes, si tú no tienes fe, no puedes entrar por la puerta estrecha, que es lo que nos narra el libro de El progreso del peregrino.
Para poder entrar en el camino hacia la Ciudad Celestial, tenemos que entrar por la puerta estrecha, que es el arrepentimiento y la fe, y caminar sobre el camino, pero desde el inicio. Mas, sin embargo, Formalista e Hipocresía se brincaron la pared. Imaginariamente, digamos que había una barda a los lados del camino hacia la Ciudad Celestial, y ellos se brincaron; no entraron por la puerta estrecha. Pero a lo que voy es que, cuando vamos a llegar con nuestro Señor, en El progreso del peregrino, cuando entran por la puerta estrecha se les da como un certificado, algo que comprueba que fueron arrepentidos y justificados. Y los que se saltan la barda no lo tienen.
Entonces hay un problema. Cuando te saltas cosas del evangelio, ¿cómo puedes decir que eres cristiano, si no pasaste por el arrepentimiento, si no pusiste tu fe en Cristo? Quizás puedas estar caminando en estos momentos en el camino hacia la Ciudad Celestial. Pero a lo mejor somos Formalista o Hipocresía, y creemos que estamos en el camino hacia la Ciudad Celestial. Pero cuando lleguemos allá, dice: "No todo el que me diga: 'Señor, Señor'…". No voy a llevar lo que me identifica como cristiano. Y esa es nuestra identidad: que nos hemos identificado con Cristo en la cruz, porque hemos sido crucificados.
Entonces, la puerta estrecha simboliza el arrepentimiento y la fe en Cristo crucificado. Y no podemos saltarnos la barda para evitar la puerta estrecha. No hay nada que sustituya la obra de Cristo en la cruz. No podemos quitarle ni añadirle nada al evangelio. No hay nada que podamos hacer por nosotros mismos para que seamos justificados y perdonados, más que la cruz de Cristo. Porque Cristo murió ahí por nosotros, tomó nuestro lugar, y ahora nos identificamos con Él. Esa es nuestra identidad. Mantener la cruz en el centro es de suma importancia. No podemos saltarnos esa parte. Jesús no puede ser tu Salvador si no es tu Señor primeramente. Jesús no puede ser tu Salvador si no has sido identificado con Él. Jesús no puede ser tu Salvador si no has sido crucificado con Él.
Elementos de nuestra identidad en Cristo
Y les voy a hablar de algunos elementos que hablan de nuestra identidad en Cristo. Número uno: nacimiento espiritual. No puedo decir que soy cristiano si no he nacido de nuevo. Al creer en Jesús, experimentamos un nuevo nacimiento. Hemos muerto a nuestro hombre antiguo, a nuestra naturaleza pecaminosa, y por medio de Cristo podemos nacer de nuevo espiritualmente, ser una nueva persona. Tenemos que tener un nacimiento espiritual. Ese nacimiento espiritual, como cualquier nacimiento, te hace hijo. Somos hijos de Dios al nacer espiritualmente. Somos adoptados por Dios como Sus hijos, hermanos y hermanas en Cristo. Juan 1:12 dice: "Pero a todos los que le recibieron les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en Su nombre".
A través de esta identidad en Cristo tenemos perdón y redención. Hemos sido perdonados de los pecados y redimidos mediante la sangre de Cristo, que fue derramada en esa cruz. Y es como podemos obtener el acceso a la gracia. Efesios 1:7: "En Él tenemos redención mediante Su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de Su gracia". Y por último —quizás hay más—: completos en Él. Somos completos en Él; antes no lo éramos. Y esto significa que tenemos todo lo necesario para una vida espiritual en Cristo solamente. Y eso fue a través de la cruz, porque Él murió ahí. Efesios 3:18-19 dice: "Ustedes sean capaces de comprender con todos los santos cuál es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad, y de conocer el amor de Cristo que sobrepasa el conocimiento, para que sean llenos hasta la medida de toda la plenitud de Dios". Completos. Somos completos en Él.
Y por último, ahora sí —y que hemos hablado del libro—: pertenecemos a un reino espiritual. Como hijos de Dios, como nacidos de nuevo, como hijos de Dios, pertenecemos a un reino espiritual, y es lo que proclamamos a través del evangelio: un reino. La identidad en Cristo implica pertenecer a un nuevo reino. Antes pertenecíamos al reino de las tinieblas; ahora, como hijos de Dios, pertenecemos al reino celestial, a un reino espiritual con una herencia asegurada. Y no estoy hablando de calles de oro, porque esa es otra de las maneras de predicar el evangelio: es prometer que tú vas a disfrutar de los ríos de cristal y de las calles de oro. Eso ya no importa. Y ese es un sentido figurado. Lo que importa es estar con Cristo. Eso es lo que a mí me interesa: estar delante de Él.
Colosenses 1:13: "Porque Él nos libró del dominio de las tinieblas y nos trasladó al reino de Su Hijo amado". Pertenecemos a un reino, porque ahora tenemos una identidad en Cristo. Habiéndose hecho maldición por nosotros en esa cruz, nos dio nuestra identidad.
El precio de nuestra salvación
Y número tres, lo más hermoso que pasó en esa cruz: el costo, el precio de nuestra salvación. "Maldito todo el que cuelga en un madero", dice Gálatas. Él se hizo maldición por nosotros. Cristo sufrió todo por nosotros en esa cruz: burlas, injurias, dolor, exposición, vergüenza; y quizás podría decir muchas cosas que sufrió físicamente. Pero la peor de todas, la más terrible, es que sufrió el peso de nuestro pecado, de toda la humanidad. "Maldito todo el que cuelga en un madero": la ira de Dios sobre de Él. Este es el evangelio que debemos de predicar. Este es el problema que hay entre Dios y el hombre: Su ira a causa de la desobediencia.
Isaías 52:14 dice: "Su rostro fue desfigurado más que cualquier hombre"; la gente no le reconoció. "Mas Él herido fue por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre Él". Colosenses 2:14: "Habiendo cancelado el documento de deuda que consistía en decretos contra nosotros y que nos era adverso, que fue quitado del medio, clavándolo en la cruz". Jesús cargó todos nuestros pecados; se hizo maldición por nosotros. No solo sufrió en Su cuerpo físico, sino que también, en forma espiritual, experimentó todos nuestros terribles pecados, nuestra condenación. Experimentó la oscuridad que debíamos experimentar.
Jesús estuvo en la cruz durante tres largas horas antes de morir. Estuvo clavado en la cruz por nosotros. Todo sucedió ahí antes de resucitar y vencer la muerte. Y la gran obra de la cruz es que fue el medio que Dios usó para castigar al pecado y perdonar al pecador. Y cada 8 días queremos recordarlo a través de la Cena del Señor, porque anunciamos la muerte y la resurrección de nuestro Señor, y la segunda venida. Dice Romanos 3:26: "Para demostrar en este tiempo Su justicia, a fin de que Él sea justo y el que justifica al que tiene fe en Jesús".
Cristo, en esa cruz, cargó todo nuestro pecado, toda nuestra maldad. El pecado nos ha separado y nos dejó una deuda con Dios. Mas, sin embargo, en la cruz Cristo pagó toda esa deuda completamente. Juan 2:12 dice: "Les escribo a ustedes, hijitos, porque sus pecados les han sido perdonados por el nombre de Cristo".
La cruz define nuestra visión
A través de esa cruz… La cruz de Cristo nos da una visión completa de Dios y del evangelio. Sin cruz tenemos un evangelio incompleto. En esa cruz nos habla de Su santidad y Su gracia, encontrándose en la cruz estas dos cosas: justicia y gracia. Hay una canción —no me acuerdo cómo va—, pero dice que se besaron la justicia y la gracia de Dios. Creo que esa cruz, lo que sucedió allí, define la visión de nosotros mismos como cristianos y como hombres naturales: también somos pecadores que necesitan ser salvados. Define nuestra visión de Cristo: solo Él, como Hijo de Dios, pudo ofrecerse como sacrificio eterno, expiatorio y suficiente para salvarnos. Define nuestra visión de la salvación esa cruz: somos salvos al confiar en el Salvador crucificado. Define nuestra visión de la iglesia: la iglesia es la comunidad de los salvados por la cruz.
Hermanos, el único camino hacia la salvación es entrar por la puerta estrecha, por medio de esa cruz. Si no pasas por la puerta estrecha, no eres un verdadero cristiano, no eres un verdadero hijo de Dios. Puedes estar en el camino, pero solamente ahí. No hay nada que sustituya la obra de Cristo en la cruz, ni nada que podamos añadir a esa obra. Es solamente la cruz que termina una vez y para siempre con el pecado. Y es la cruz lo que hace posible que los hombres sean incluidos en el reino de Dios. Jesús murió en la cruz, lo sepultaron y resucitó al tercer día. Es lo que hace nuestra fe verdadera; es lo que le da valor a nuestra fe. La cruz de Cristo… por lo tanto, es importante que la mantengamos en el centro del evangelio. En la cruz fue perdonada la rebelión del hombre, y al mismo tiempo fue reconciliado con Dios.
Oración
Vamos a orar. Gracias, Padre, porque Tú moriste en la cruz, tomaste mi lugar, tomaste nuestro lugar. Gracias porque podemos identificarnos, Señor. Y ahora pertenecemos a un reino. Somos Tus hijos. Somos perdonados. Los decretos que había contra nosotros han sido cancelados, Señor. Gracias, Padre. Gracias por otorgarnos Tu justicia. Gracias por tomar nuestro lugar. Te agradecemos, en Tu nombre, Cristo Jesús. Amén.
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