¿Qué es el Evangelio? (Arrepentimiento y Fe)
Transcripción
Un libro evaluado a la luz de la Palabra
Pues, como mencionaba Roberto, y en las predicaciones de las últimas semanas del pastor Roberto y el pastor Alfredo, pues hemos estado siguiendo los conceptos que presenta Greg Gilbert en este libro, ¿Qué es el evangelio?. Y creo que lo hemos explicado, pero para que todos lo tengamos fresco, como consejo pastoral: hemos adquirido muchos de estos libros para que los podamos utilizar con amigos, conocidos, para ayudar a explicar el evangelio. Y queremos que todos lean este libro, pero que también profundicemos un poquito en los diferentes conceptos que trata.
Obviamente, nuestra única regla para vida y para fe es la Palabra de Dios, es la Biblia. Así que no es que estemos utilizando otro texto como un texto inspirado; para nada. Todo texto escrito por un hombre, una mujer, un ser humano —un mero ser humano—, tiene que ser evaluado a la luz de la Palabra de Dios. Así que, bueno, en lo conducente, pues algunos de los ejemplos de este hermano me parecen, pues, un poco quizás aburridos; otros me parecen muy, muy buenos. Pero bueno, no es la Palabra de Dios; pero estamos usando los conceptos y la forma en que él organiza.
Un Dios Creador y nuestra rebelión
Entonces, vamos a repasar rápidamente los cuatro elementos del evangelio. El primero es que hay un Dios, Creador del cielo y de la tierra, que es omnipotente, es soberano, es santo, y es a Él a quien tenemos todos los seres humanos… Creamos o no en Él, lo rechacemos o no, tenemos que rendirle cuentas a Él. Tendremos que rendirle cuentas.
En segundo lugar, nos hemos rebelado, todos y cada uno de nosotros, en contra de ese Dios. Y esa rebelión es mucho más profunda que solo, pues, hacer cosas malas, ¿no? A veces llegamos al final del día: "Híjole, pues hoy no fui perfecto, porque hice esto que estuvo mal". No, es mucho más profundo. Desafortunadamente para nosotros, es mucho más profundo, porque tiene que ver con un rechazo que nosotros tenemos del propósito y el motivo por el que Dios nos creó.
Entonces, lo expresamos aquí siempre como ídolos. Hacemos ídolos en nuestros corazones. No tienen que ser de oro y plata, o de madera, como en algunas culturas; pero sí tenemos ídolos, y muy arraigados: del poder, de las cosas materiales, de los placeres; muchos diferentes ídolos por los que, como seres humanos, hemos rechazado a Dios a favor de estos ídolos. Pensamos que estos ídolos en realidad nos van a hacer felices. Nos creemos la mentira ¿de quién? De Satanás en el huerto del Edén. Les dijo: "No, no le hagan caso a Dios. Él no tiene sus mejores intereses en mente. Hagan lo que a ustedes les parece placentero. Ve esa fruta, ve cómo se ve de bien", ¿no? Entonces, ese es el rechazo que todo ser humano tiene en su corazón, ¿no?
Buscar nuestra propia justicia
El mundo nos dice que ya superemos esas supersticiones, ¿no? Que superemos… "Ay, pues no crean que Dios creó el cielo y la tierra en seis días. No crean en eso. No crean que va a haber un juicio final. No crean en esas cosas". Y esa es parte de la rebelión del ser humano. Y hacemos a veces un balance, y tratamos de pensar: "Bueno, pues en algunas cosas quizás fallé, pero en otras hice cosas muy, muy buenas, yo creo: serví a otros, puse mis recursos para ayudar a otros. Entonces, yo creo, yo creo que si toma en cuenta Dios un equilibrio, una balanza, pues voy a salir bien. Yo creo que va a salir bien, especialmente si me esfuerzo un poquito más de aquí en adelante, que tengo toda la intención de hacer", ¿no? Esa es la rebelión que tenemos en contra de Dios: es buscar nuestra propia justicia.
Otros quizás, buscando su propia justicia, piensan: "Bueno, pues esta semana no voy a tomar Santa Cena, porque creo que no me porté a la altura. Entonces, a ver si la próxima le echo más ganitas, y ahí sí puedo participar, porque pues ya estaré mejor", ¿no? "Ya estaré mejor". Estamos confiando en nuestras propias obras.
Arrepentimiento y fe
Y el tercer elemento del evangelio es el que vamos a ver en esta mañana; y el cuarto lo vamos a ver la semana entrante. Entonces, ese elemento lo dejo pendiente; no lo voy a mencionar explícitamente. Pero el tercer elemento es muy sencillo: solo hay salvación mediante el arrepentimiento de nuestros pecados y la fe en Jesucristo. Entonces, Gilbert, aquí en este capítulo, cita varios pasajes, pero vamos a enfocarnos en uno que me pareció muy importante y que resume este mensaje. Está al final de Hechos. Es, pues, una predicación, de alguna forma, de Pablo ante el rey Agripa. Se acordarán que ya estaba preso, y lo hicieron pasar ante varios dignatarios romanos, y él dio su defensa en cada uno de ellos.
Entonces, vamos a leer Romanos… perdón, Hechos, Hechos 26, a partir del versículo 12 hasta el versículo 18. Y quiero enfocarme especialmente en el versículo 18, pero a partir del versículo 12 tenemos un poquito de contexto de lo que nos está diciendo, y lo vamos a aplicar un poquito en nuestra meditación de esta mañana. Hechos 26:12-18. Pablo le está hablando al rey Agripa de sus viajes. Dice:
"En uno de esos viajes iba yo hacia Damasco con la autoridad y la comisión de los jefes de los sacerdotes. A eso del mediodía, oh rey, mientras iba por el camino, vi una luz del cielo, más brillante que el sol, y con su resplandor nos envolvió a mí y a mis acompañantes. Todos caímos al suelo, y yo oí una voz que me decía en hebreo: 'Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Solo te haces daño a ti mismo'. Entonces pregunté: '¿Quién eres, Señor?'. 'Yo soy Jesús, a quien tú persigues', me contestó el Señor. 'Ahora, ponte en pie. Me he aparecido a ti con el fin de designarte siervo y testigo de lo que has visto de mí y de lo que te voy a revelar. Te libraré de tu propio pueblo y de los no judíos. Te envío a ellos para que les abras los ojos y se conviertan de las tinieblas a la luz, y del poder de Satanás a Dios'". Ahí está el arrepentimiento. "'…a fin de que, por la fe en mí'" —es decir, Jesucristo— "'reciban el perdón de los pecados y la herencia entre los santificados'".
Si hubiera cámaras en el tiempo de Jesús
Ahora quiero hacerles una pregunta, o proponerles un escenario. ¿Qué tal si hubiera… imaginemos que hubiera habido todas las cámaras que existen hoy en día, y hasta con sonido, que están casi en todos los lugares de la ciudad? Creo que los movimientos de cualquiera de nosotros los podrían trazar 24 horas al día, si usaran las diferentes cámaras que existen, ¿no? Ahora, imaginemos que eso existía en el tiempo de Jesús, y que pudiéramos trazar toda la vida de Jesús y Su ministerio 24 horas al día, contra alguien que tiene nada más los cuatro evangelios. ¿Qué persona va a tener mejor entendimiento de la obra del ministerio de Jesús? El que tiene los videos va a tener más información, ¿no? Va a tener más datos. Pero ¿qué es lo que le va a faltar? Le va a faltar interpretación. Y eso es lo que tenemos en la Palabra de Dios, en los evangelios. Entonces tenemos más entendimiento del ministerio de Jesucristo que una persona con videos de 24 horas al día, hasta con sonido, del ministerio de Jesús. ¿Por qué? Porque tenemos esa interpretación divina en los evangelios. Si no tienes un intérprete, no te vas a dar cuenta de lo que está pasando.
Por ejemplo, estaba pensando en ejemplos: Cristóbal Colón es un buen ejemplo. Él murió pensando que había llegado a Asia, en algún lugar de Asia, ¿no? Entonces no entendió para nada la importancia de sus viajes. O quizás personas que estuvieron ahí presencial en el Sermón del Monte, ¿no? Pero por distracciones o lo que fuera, pues no… tal vez no entendieron la mitad. Nosotros tenemos en la Palabra de Dios lo que necesitamos para entender, para interpretar, para comprender la importancia del ministerio de Jesús.
Pablo interpreta su encuentro con Jesús
Y bueno, es así con Pablo, ¿no? Si hubiéramos estado ahí con él en el camino a Damasco… en algún pasaje dice que oyeron algo como un trueno, pero no entendieron lo que pasó, ¿no? Y aquí Pablo, después de toda una vida —porque ya está más hacia el final de su vida—, después de décadas de ministerio, ya nos está dando una interpretación de su encuentro con Jesús. Nos está diciendo los momentos clave. Le está diciendo a Agripa, al rey Agripa; y como está aquí, por mano de Lucas, en Hechos, está aquí para nosotros.
Y el mensaje de Pablo, que vio a Jesucristo resucitado, es este; es el mensaje que le dio Jesucristo: abran los ojos y conviértanse de las tinieblas a la luz, y del poder de Satanás a Dios. Nuevamente, ese es el arrepentimiento. Si decimos "arrepentimiento", podemos pensar en esta frase; eso es lo que es el arrepentimiento: de las tinieblas a la luz, del poder de Satanás a la gloria de Dios. Y la fe es el segundo componente que nos menciona. Dice: "Por fe en Jesús reciban el perdón de los pecados y la herencia entre los santificados". Entonces, nos habla de la justificación aquí, y también de la santificación, que es el proceso que tenemos a partir de la conversión. Es ese proceso de santificación, de parecernos más y más, cada vez, a nuestro Señor Jesucristo.
Repasar nuestra propia historia
Ahora, creo que es importante una breve aplicación aquí: que para nuestras vidas es muy importante que nuestras propias vidas estemos repasando, como lo estaba haciendo Pablo aquí; que estemos repasando y meditando en nuestras vidas, y en lo que nos ha significado todo lo que nos ha pasado. Y creo que es una forma también de entender si estamos en Cristo o no. Si lo que recordamos de nuestra vida es una serie de cosas más o menos aleatorias —de buena suerte, de mala suerte, de oportunidades, quizás, que se presentaron; "las supe aprovechar", "no las supe aprovechar"—, si esa es nuestra historia, entonces no es una historia de fe.
Una historia de fe reconoce la forma en que Dios ha estado obrando y ha obrado en nuestras vidas, aun antes de la conversión —pero todo con un propósito—, y después de la conversión. Es una historia gradual, ¿no? Siempre me preocupa un poco cuando escucho a hermanos dar su testimonio y hablan de que, bueno, fueron convertidos hace 30 años, y ahí para, en la conversión, ¿no? Digo, me preocupa un poquito. Tal vez tengan cinco más testimonios, y en eso sí hablen de lo que el Señor ha hecho en sus vidas después. Pero debemos de estar haciendo eso, hermanos, y debemos de ayudarnos los unos a los otros en esa labor de meditar en nuestra historia, de entender cómo Dios ha estado trabajando en nuestras vidas.
Hace poco hablé con un anciano —es miembro de otra iglesia—, pero hablé con él, le pregunté un poco acerca de su historia, y me comenzó a contar. Y me di cuenta en ese momento de que muy probablemente no había tenido esa oportunidad de contar la historia de su vida con mucha frecuencia. Se vieron, pues, emociones muy, muy vivas, de cosas que pasaron hace muchos, muchos años. Y me di cuenta de que el Señor estaba trabajando ahí, en esa conversación que estábamos teniendo. Me estaba utilizando como una herramienta, quizás, para ayudar a este hermano a interpretar esa historia, a ver cómo Dios había estado trabajando en su vida.
Y eso es muy importante, hermanos. Es una parte importante de la fe: que nosotros veamos nuestras vidas como un campo de acción de nuestro Señor Jesucristo. Y en esas historias, pues, ¿quién es el héroe? Si yo soy el héroe, entonces, pues, no es una vida dedicada a servir, a ser siervo de Cristo. Entonces, hermanos, creo que es muy importante meditar en esto. Cuando estemos pensando en nuestras vidas, pensemos cómo Dios… enfoquémonos en pensar cómo Dios ha obrado en nuestras vidas, y darle la gloria por eso.
Lo que no es la fe
Ahora, quiero comentar brevemente tres cosas que no son la fe, para definir luego qué sí es la fe. La fe no es lo que la cultura popular hoy nos da a pensar. El autor aquí tiene una definición, creo que muy buena, de lo que es la fe… de lo que piensa la gente que es la fe, ¿no? Es creer en algo ridículo en contra de toda evidencia, ¿no? Es básicamente opio para el pueblo, o es una droga para que no sintamos lo difícil que es la vida. No es tener fe en algo que es totalmente ridículo y contra toda evidencia, ¿no? "Tú nada más cree que podrás llegar algún día a presidente de Walmart, o a la primera mujer jugadora de fútbol en la NFL, o al primero en llegar a Marte, y pues tú lo vas a lograr". "Ay, sí, claro que sí". No; no estoy diciendo que no debemos de soñar, pero eso no es la fe; eso no es la fe bíblica.
Gilbert menciona uno de los ejemplos que sí me pareció buen ejemplo. Es un desfile navideño en el que alguien se inventó ponerle como un medidor de decibeles, o algo así. Y entonces, entre más aplaudía y gritaba la gente, más subía el medidor de la fe, ¿no? Entonces, más aplaudas y más grites, pues más fe hay en este grupo, ¿no? Y entonces, bueno, llegó a su máximo cuando entró en escena Santa Claus, ¿no? Y ahí sí, todos al máximo del medidor de fe, ¿no?
Y bueno, dice Gilbert, bueno, pues obviamente quizás había algunos chiquillos ahí a los que sus padres, pues, les han contado esto, y no se han dado cuenta todavía; no han tenido algún amigo que les ha contado: "Oye, pues fíjate que…". A mí me metieron en problemas una vez por eso, pero bueno, me regañaron. Pero obviamente la gente no realmente cree en Santa Claus; pero, pues, ahí está el medidor de la fe, y entonces todos están gritando. Pero ese es el concepto general, ¿no? Creo que pasa también mucho en los entierros, ¿no? En los entierros, pues, no cristianos, todo el mundo está ahí.
"Ay, sí, pues ya es un angelito", ¿no? O: "No, pues ya está con Diosito", ¿no? O algo así. Digo, la verdad es que lo digo con mucho dolor en el corazón; no es una burla. Pero es para que nos animemos, hermanos, a entender que hay muchos que están perdidos a nuestro alrededor, ¿no? Y sencillamente eso no es fe. No hay una fe verdadera ahí.
No es una fe ciega
En segundo lugar… Entonces, el primer lugar es que no es una cosa ridícula que, contra toda evidencia, creamos. La fe tampoco es lo que llamamos una fe ciega. Hubo cristianos que, aun después de Galileo y Copérnico, pues pensaron que la tierra era plana, ¿no? "Es plana", ¿no? Porque, supuestamente, por una interpretación de Apocalipsis y algunos otros pasajes que dicen "los cuatro ángulos de la tierra", ¿no? Entonces, "¿cómo puede una esfera tener ángulos?". Eso lo podemos, con algún matemático, comprobar: pues que no tiene ángulos, ¿no? Entonces, no es una fe ciega en ese sentido.
Tampoco es algo que solo cree cuando la ciencia me lo comprueba, ¿no? Eso es idolatrar a la razón y a la ciencia. Hay una frase que creo que es de Anselmo de Canterbury —vivió en el siglo, como, XI, por ahí—, pero tiene una frase que creo que resume muy bien cómo debemos pensar en todo esto como cristianos: es "creer para poder entender", ¿no? Entonces, no rechaza la razón, no rechaza el intelecto, pero cree para poder entender.
No es solo creer intelectualmente
Y la tercera cosa que no es la fe es solo creer intelectualmente en todo lo que pasó en la Biblia, ¿no? Tenemos que ir más allá, ¿no? Cuando yo era chico, yo, desde mis primeros años, no tuve nunca dudas de la verdad de lo que estaba en la Palabra de Dios. Pero me tomó algún tiempo… hubo un tiempo, me acuerdo, que no tenía esa fe para creer que realmente era para mí esa salvación. Y eso es lo importante. Tenemos que confiar, depender de la muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo: que es por mis pecados, es por mí que murió. Entonces, no es solo creer intelectualmente: "Ah, pues sí, hubo un hombre que se llamaba Jesús, que vivió en la tierra, y pues no sabemos cómo, pero resucitó". No solo los hechos; tiene que ser una fe que es para mí, que es propia.
La fe es dependencia
Y tenemos aquí la cita, que es muy concisa: Hebreos 11:1. "La fe es tener confianza en lo que esperamos; es tener certeza de lo que no vemos". Es Hebreos 11:1, para los que quieran apuntar. La fe es dependencia, dependencia de Dios. Vamos a leer algunos versículos de Romanos 4, Romanos 4:18-21: "Contra toda esperanza, Abraham creyó y esperó, y de este modo llegó a ser padre de muchas naciones, tal como se le había dicho: '¡Así de numerosa será tu descendencia!'". Romanos 4:18-21, perdón. "Su fe no se debilitó, aunque reconocía que su cuerpo estaba como muerto, pues ya tenía unos 100 años, y que también estaba muerta la matriz de Sara. Ante la promesa de Dios no dudó como un incrédulo, sino que se reafirmó en su fe y dio gloria a Dios, plenamente convencido de que Dios tenía poder para cumplir lo que había prometido".
Abraham sabía que, sin ese hijo prometido, él no tenía esperanza de ver todas las promesas que Dios le había hecho; que era igual… él era prácticamente muerto, porque no tenía descendencia. Y de la misma manera, nosotros sabemos que si no hay un descendiente de Abraham que sea perfecto y que pueda morir por nosotros, estamos sin esperanza. Estamos perdidos; también nosotros dependemos de Dios. Solo si confiamos y tenemos fe en Jesús, para que Su justicia sea atribuida por Dios a nosotros y, al mismo tiempo, nuestros pecados castigados en Él, es que tenemos esperanza. Y esa es la fe.
Si no tienes esta fe en esta mañana, te puedo asegurar que vas a comparecer ante el trono de Dios cuando mueras, o cuando Él… cuando Jesús regrese, y no vas a tener esperanza. Vas a vivir una eternidad separada de Dios. Así que la fe es indispensable. Solamente si Cristo murió por mí, tengo esperanza. Esa es la fe.
El arrepentimiento
Ahora, brevemente, vamos a volver al arrepentimiento. Y aquí también creo que Gilbert tiene una buena definición: es volvernos del pecado, odiarlo y decidir dejar de practicarlo, con la ayuda de Dios, al momento que nos volvemos a Él en fe. El arrepentimiento es crucial y es indispensable para la salvación. Estaba de moda por algún tiempo el concepto del cristiano carnal, ¿no? Que era uno que aceptaba a Jesús como su Salvador, pero pues como todavía no lo seguía como su Señor. Bueno, eso es completamente antibíblico. Son fantasías de personas que aman su pecado, pero, pues, no quieren el riesgo de un castigo. Entonces, completamente antibíblico. Si Jesús no es mi Señor, no puede ser mi Salvador.
El arrepentimiento es odiar mi pecado, decidir dejar de practicarlo y dejarlo atrás. Y esto es importante, porque si Jesús realmente es el Rey, es el Señor de todo el universo, como la Biblia lo enseña, ¿cómo voy a estar yo en el campo del enemigo? ¿Cómo voy a estar yo en el ejército del enemigo? No tiene absolutamente ningún sentido. Si estoy a favor de Dios, eso significa que soy seguidor Suyo y que soy parte de Su reino. Tenemos Mateo 6:24, también un pasaje importante. Dice: "Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir a la vez a Dios y a las riquezas".
No es vivir una vida perfecta, hermanos. Sabemos que en esta vida no existe tal. Seguiremos luchando contra el pecado, pero ya sabemos de qué lado estamos. Nunca vamos a estar en paz, o cómodos, con nuestro pecado que aún está en nosotros. Vamos a odiar ese pecado. Y parte del arrepentimiento, finalmente, es dar frutos del arrepentimiento: es mostrar amor, compasión y bondad. Comenzamos a vivir como Cristo vivió, con Su ejemplo. No dependemos de estos frutos para nuestra salvación, pero son una prueba indispensable de esa salvación, ¿no? Entonces vemos que tenemos fruto, y decimos: "Bueno, gracias, Señor. Me estás dando seguridad en que te estoy siguiendo; estás obrando en mí".
Ante el juicio final
Gilbert termina el capítulo con un ejercicio que quiero que hagamos brevemente. No podemos imaginar visualmente cómo será ese juicio final. Pero en esos momentos, ¿cómo vamos a responder a Dios cuando nos pida cuentas de nuestra vida? Pensemos brevemente en eso. La única respuesta que podemos dar como cristianos es: "Yo no soy digno. Mi vida merece no otra cosa que la muerte. Pero Cristo murió por mí. Sus obras están ya en mi cuenta. Él murió la muerte que yo merezco, y vivió la vida que yo tenía que vivir".
Oración
Oremos, hermanos. Padre nuestro, te pedimos que para los que están aquí en esta mañana, Señor, que no han tomado el paso de decidir seguirte y entregarte sus vidas, Señor: que a través de la necedad, Señor, que es la predicación de Tu Palabra —pero que Tú nos mandas hacer—, que Tú obres en esos corazones, Señor. Te lo pedimos en Cristo Jesús. Amén.
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