1 Samuel 81 Samuel / Necesitamos un ReyNathan Díaz
¿Quién es tu Rey?
¿Cómo saber quién es tu rey? Israel pidió un rey como el de las demás naciones y, al hacerlo, rechazó a Dios como su Rey. En 1 Samuel 8 vemos la advertencia: aquello en lo que buscamos felicidad y seguridad termina esclavizándonos, y por qué el Rey que realmente necesitamos vino a servir y no a ser servido.
Transcripción
Introducción: Un capítulo crucial
Muy bien, vamos a continuar con nuestro estudio de Primera de Samuel. Hoy vamos a ver el capítulo 8, que es un capítulo crucial dentro de la historia, en donde tiene muchos elementos y principios fundamentales: no nada más del pueblo de Israel, sino de la historia redentiva y de nuestras propias vidas.
Vimos el domingo pasado que Dios guió a Israel en una victoria contra los filisteos, en donde Samuel conmemoró esa victoria —y la manera en que Dios peleó por ellos— con una roca que se llama Eben-ezer, que es la roca de ayuda. Representaba la fidelidad de Dios: la fidelidad del pacto de Dios con su pueblo. Y ahora disfrutaban de lo que significaba tener a Dios como su rey y como su guía. Y hacía la pregunta el domingo pasado: ¿qué tanto tiempo va a durar esto? ¿Qué tanto tiempo va a durar lo que leímos en los capítulos 4 al 7, y la manera en que concluyó esa historia?
El escenario: desilusión con el liderazgo humano
Podemos entender el escenario de Israel, porque es el escenario de cualquier país, de cualquier situación política. Sabemos que la política es siempre controversial y nos podemos meter en argumentos sobre quién es el mejor gobierno y quién es el peor gobierno, y quién es el mejor presidente y quién es el peor presidente. Pero la realidad es que, al final, la razón por la que tenemos esas discusiones es porque queremos creer en nuestros líderes. Queremos creer en que las personas que nos gobiernan realmente lo están haciendo con las motivaciones correctas: que no están ahí nada más para enriquecerse y para tener más poder, sino que realmente les preocupa el pueblo.
Queremos pensar que alguien nos va a salvar como nación. Y eso lo vemos todo el tiempo: eso es de lo que se tratan las campañas políticas. Y cada gobierno, cada campaña, prometen que ahora sí va a ser diferente. Ahora sí. La esperanza de México. Pero al ir pasando el tiempo, se revela que realmente sigue habiendo corrupción, muchas veces más corrupción en nuevos gobiernos que en pasados. Y hay una fuerte desilusión. Hay una fuerte decepción con nuestros gobiernos porque esa es la naturaleza de un gobierno humano. Vemos a otras naciones, vemos a otros países y lo que ellos están haciendo, y decimos: “Si tan solo nos gobernara alguien como él… Si tan solo tuviéramos ese presidente… Si tan solo tuviéramos ese gobierno…”
Bueno: eso es exactamente lo que está pasando con Israel aquí en este capítulo.Samuel envejece y sus hijos fallan (1 Samuel 8:1–3) Pasa un tiempo. Suficiente tiempo como para que ellos empiecen a ver y analizar lo que está pasando alrededor de ellos y decir: “Miren estas otras naciones, cómo funcionan… y véannos a nosotros.” Sienten una fuerte desilusión, y con justa razón, porque vean lo que dice el versículo 1 del capítulo 8: Cuando Samuel ya era viejo, puso a sus hijos como jueces sobre Israel. El nombre de su primogénito era Joel y el nombre del segundo Abías. Estos juzgaban en Beerseba. (Esto es al sur; no es exactamente donde vive Samuel.
Parece que los tiene en otra región; no está cerca de ellos en realidad). Pero vean el versículo 3: “Sus hijos no anduvieron en los caminos de su padre, sino que se desviaron tras ganancias deshonestas, aceptaron sobornos y pervirtieron el derecho.” De repente tenemos una cuestión de liderazgo hereditario, en donde Samuel pone a sus propios hijos como jueces. Claro: el rol del juez nunca había sido hereditario. Siempre había sido que Dios asignaba a un juez y ese es el que juzgaba.
Eso es lo que encontramos en Jueces. Nunca eran los hijos. De hecho, hay una ocasión con Gedeón en la que querían ponerlo como rey, y al final termina su hijo queriendo tomar esa posición, y termina todo muy mal: una guerra civil. Y es la última vez que vimos algo así: que un juez o el hijo de un juez quisiera quedar en la posición de liderazgo. Pero aquí claramente Israel está sintiendo una fuerte decepción. “Danos un rey… como todas las naciones” (1 Samuel 8:4–6) Vean lo que dice el versículo 4: Entonces se reunieron todos los ancianos de Israel y fueron a Samuel en Ramá, y le dijeron: “Mira, has envejecido y tus hijos no andan en tus caminos.
Ahora pues, danos un rey para que nos juzgue como todas las naciones.” Aquí tenemos a los líderes de Israel. Probablemente ya no son los mismos de antes —ha pasado mucho tiempo—, pero recordamos que antes los líderes dijeron: “¿Por qué perdimos contra los f ilisteos? ¿Qué podemos hacer?” y trajeron el arca… y eso terminó muy mal. A veces no tienen muy buenas ideas estos líderes.
Y aquí, simplemente voltean alrededor y dicen: “Mira, tus hijos, Samuel, son una bola de corruptos; nos han fallado. Así que ponnos un rey que nos pueda guiar, alguien en quien podamos confiar.” La parte de pedir un rey no es tan extraña ni tan problemática como podríamos pensar, porque Dios ya había anticipado que Israel tendría un rey desde Moisés. Dios ya había hablado del rey (Deuteronomio 17) Dios ya les había dicho (Deuteronomio 17:14): “Cuando entres en la tierra que el Señor tu Dios te da, y la poseas y habites en ella, y digas: ‘Pondré un rey sobre mí como todas las naciones que me rodean’, ciertamente pondrás sobre ti al rey que el Señor tu Dios escoja…” Y también da requisitos: que sea uno de tus hermanos, no un extranjero; que escriba una copia de la ley; que la lea todos los días; que tema al Señor; que no se eleve su corazón; que no se desvíe ni a la derecha ni a la izquierda; para que prolongue sus días, él y sus hijos.
Entonces, Dios ya había anticipado que Israel iba a tener un rey. Pero se dan cuenta que hay ciertas características que debe tener este rey. No es nada más simplemente poner a un rey. Una y otra vez en Jueces se nos dice: “No había rey en Israel; cada quien hacía lo que bien le parecía.” Sí hay una necesidad, porque cuando no hay buen liderazgo, la nación se desvía. Entonces, ¿cuál es el problema aquí? Samuel se enoja… y ora (1 Samuel 8:6) Vean lo que pasa cuando Samuel escucha esto (versículo 6): “Fue desagradable a los ojos de Samuel que dijeran: ‘Danos un rey que nos juzgue.’” Samuel se enojó. Cuando alguien dice algo que no nos gusta, ¿qué hacemos? Normalmente nos enojamos y lo confrontamos.
Pero vean lo que hace Samuel: Se enojó… así que oró al Señor. Que esa sea una lección para nosotros, si tenemos la tendencia a ser impulsivos: “Señor, primero déjame poner esto delante de ti.”El diagnóstico de Dios: “Me han desechado a mí” (1 Samuel 8:7–9) Y el Señor dijo a Samuel: “Escucha la voz del pueblo en cuanto a todo lo que te digan, pues no te han desechado a ti, sino que me han desechado a mí para que yo no sea rey sobre ellos.” Así como todas las obras que han hecho desde el día en que los saqué de Egipto hasta hoy — abandonándome y sirviendo a otros dioses— así lo están haciendo contigo también. “Ahora pues, oye su voz. Sin embargo, les advertirás solemnemente y les harás saber el proceder del rey que reinará sobre ellos.” ¿Cuál es el problema con Israel aquí? No es que sea malo tener rey. Dios ya lo había anticipado.
Pero aquí hay dos cosas: 1. 2. Están pidiendo el rey equivocado por las razones equivocadas. La clave está en la frase: “Queremos un rey como todas las naciones.” No están preocupados por tener el rey correcto. No están preocupados por el rey prometido por Dios. Quieren ser como las demás naciones. “Ser Israel” era ser apartado: “sean santos” (identidad) ¿Qué significaba ser Israel? La identidad de Israel se establece en la ley de Moisés: “Sean santos porque yo soy santo.” A veces pensamos santidad como “pórtense bien”, pero va más allá: es la idea de estar apartado, puesto aparte para algo especial; ser diferente. Y esto es lo que ellos están negando: “Queremos ser como todas las demás naciones.” Niegan su identidad dada por Dios.
Ellos no están buscando ser como Dios y reflejar a Dios a las naciones —lo cual es lo que Dios quiere—, sino que quieren ser como las demás naciones, sin diferencia. Y esta misma idea se comunica en el Nuevo Testamento: el llamado a ser santos, apartados, es dado al pueblo de Dios. La razón por la cual tú y yo somos cristianos —salvados por Dios— es para reflejar a Dios a las naciones. Por eso:“No se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente…” Y también: “Ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido…”
La pregunta para empezar es: ¿qué nos hace diferentes? ¿Qué puede identificar la gente en nosotros para que sea claro que pertenecemos a una categoría apartada por Dios? ¿O en todos los sentidos nuestras vidas serían exactamente igual que los no cristianos? Cómo llevamos nuestros matrimonios, cómo llevamos nuestras finanzas, cómo usamos nuestro tiempo… Todas esas cosas reflejan al rey al que servimos. ¿Es el mismo rey de las naciones? “Para que yo no sea rey sobre ellos” (1 Samuel 8:7) La otra cosa que pasa cuando piden un rey como las naciones es lo que dice Dios: “Para que yo no sea rey sobre ellos.” Dios ve la motivación: en esencia están pidiendo que Él no sea su rey.
Las implicaciones son increíbles, porque el libro está armado para mostrarnos un contraste. Venimos del capítulo 7: Dios ya les había mostrado que Él sí era suficiente como rey. Los guió a la victoria, les mostró que podía pelear sus batallas. Y en el corazón de esta petición está: “No creemos, Dios, que tú seas suficiente para nosotros.” Voltean alrededor y ven a las demás naciones y dicen: “Nos falta algo. Algo falta. Sí tenemos a Dios… pero falta algo.” Dios les está preguntando: “¿Soy suficiente?” Ellos quieren seguridad en alguien que puedan ver. ¿No es esto verdad en nuestra sociedad? Siempre estamos siendo confrontados con una elección: la seguridad de lo palpable, lo que se puede ver y tocar.
Como el dinero: “Ahí es donde me siento seguro.” “Si tengo a Dios y tengo dinero, estoy bien.” “Pero si tengo a Dios y no tengo dinero, entonces no estoy bien.” “Algo falta.” Tratamos de llenar vacíos con algo, porque sentimos que Dios no es suficiente. Y eso fue exactamente lo que pasó durante la vida de Jesús. Pilato trae a Jesús delante de los judíos y ¿qué dicen?Juan 19:15: “Fuera, fuera, crucifícalo.” “¿He de crucificar a su rey?”, pregunta Pilato.
Los principales sacerdotes respondieron: “No tenemos más rey que César.” Entonces, como pueblo escogido de Dios, tenemos que tomar una decisión: ¿quién es nuestro rey? ¿Qué tanta seguridad queremos en lo palpable? Por eso Pedro dice (1 Pedro 1:8): “A quien sin haberle visto, ustedes lo aman…” Dios advierte con misericordia (1 Samuel 8:9–18) Dios dice: “Les voy a dar un rey, pero antes les voy a dar otra oportunidad de pensar esto bien. Les voy a explicar lo que implica tener un rey.” “Les harás saber el proceder del rey.” Esta palabra “proceder” viene de la raíz de “justicia”: el tipo de justicia del rey que reinará sobre ustedes. Y es irónico: no les gusta la “justicia” de los hijos de Samuel, pero Dios les dice: este rey va a ser peor.
Samuel habló todas las palabras del Señor al pueblo y dijo: “Así será el proceder del rey que reinará sobre ustedes…” Y esta palabra se repite cuatro veces: “tomará.” • Tomará a sus hijos para su servicio. • Tomará a sus hijas para perfumistas, cocineras y panaderas. • Tomará lo mejor de sus campos, viñedos, olivares. • Tomará el diezmo. • Tomará siervos y siervas, mejores jóvenes y asnos… • Y ustedes mismos vendrán a ser sus siervos. Y dice: “Ese día clamarán por causa de su rey a quien escogieron… pero el Señor no les responderá en ese día.”“No”: el pueblo insiste (1 Samuel 8:19–20)
No obstante, el pueblo rehusó oír la voz de Samuel y dijeron: “No, sino que habrá rey sobre nosotros…” Y repiten la motivación: “A fin de que seamos como todas las naciones, para que nuestro rey nos juzgue, salga delante de nosotros y dirija nuestras batallas.” Ya les advirtió Dios… y aun así dicen: “Eso es lo que queremos.” ¿Se acuerdan? Creían que eran más libres en Egipto. Pensaban que la tenían mejor en Egipto. Dios les está diciendo: ustedes están pidiendo regresar a Egipto. Eso es lo que están pidiendo. Y esta escena es tan real para nosotros hoy, porque todos sentimos atracción hacia cosas que no son Dios, cosas que deshonran a Dios. ¿Cómo identificas a tu rey? Lo que sea para lo cual tú dependas para tu felicidad y seguridad, tú vas a ser esclavo de eso. Puede ser el deseo de casarte, el deseo de tener más dinero, el deseo de tener más reconocimiento.
Y quiero hacerles esta pregunta: ¿cómo podemos saber quién es nuestro rey? ¿Cómo identificas quién es tu rey? Lo que sea que te trae la mayor felicidad y satisfacción en tu vida, ese es tu rey. Lo que sea que te trae la mayor felicidad y satisfacción en tu vida es tu rey. Y Dios dice: “Ustedes creen que este rey los va a servir a ustedes, pero lo que va a pasar es que ustedes van a terminar sirviéndolo a él. No les va a dar nada. Solo les va a quitar cosas.” Eso es lo que define la esclavitud del pecado: promete felicidad, promete satisfacción, pero al f inal lo único que hace es quitarnos. Parece que nos da algo, pero terminamos perdiendo verdadero gozo, verdadera satisfacción, verdadero placer. Por eso dice Gálatas 4:8: “En aquel tiempo, cuando ustedes no conocían a Dios, eran siervos de los que por naturaleza no son dioses.” Nuestro corazón puede volverse esclavo.
Y el pecado siempre nos tienta a ir hacia atrás, aun cuando sabemos lo destructivo que es.Dios “contesta” como juicio: cuidado con asumir “puertas abiertas” Ahora, vean este último principio: Dios nos sorprende con su respuesta, porque tres veces le dice a Samuel: “Escúchalos y dales lo que quieren.” Esto nos debe hacer pensar sobre cómo sabemos la voluntad de Dios. Porque es muy común que la gente asuma que si Dios contesta positivamente y abre ciertas puertas, debe ser algo bueno. “Yo le dije a Dios: si me dan el trabajo, que sea tu voluntad.” “Si me dicen que sí, es tu voluntad.” “Si me rechazan, no era tu voluntad.” ¿Y qué tal si te ofrecen el trabajo y termina siendo una maldición en tu vida?
Eso que tanto querías, Dios te dice: “¿Lo quieres de veras? Te lo voy a dar, nada más para que veas cómo es buscar a otro rey en tu vida que no sea yo.” Esto pasa con relaciones: “Debe ser de Dios porque mira cómo se acomodó todo…” Dios le va a dar a Israel lo que están pidiendo como parte de su juicio. “Dios los entregó” — como hemos meditado—. Dios nos puede entregar a lo que pedimos, para que experimentemos cómo es tener un rey que no sea Dios. Y si somos sus hijos, esto puede ser para hacernos reaccionar, purificarnos, y mostrarnos dónde deben estar nuestras prioridades. A veces la misericordia de Dios es no contestar nuestras oraciones: “Gracias, Señor, por no darme lo que te pedí… me estabas protegiendo.”
Cierre del capítulo: “Nómbrales un rey” (1 Samuel 8:21–22) Después que Samuel escuchó todas las palabras del pueblo, las repitió a oídos del Señor. Y el Señor dijo a Samuel: “Escúchalos y nómbrales un rey.” Entonces Samuel dijo a los hombres de Israel: “Váyase cada uno a su ciudad.”
Vamos a tomar una pausa aquí y ver cómo se va a desarrollar este rey del cual Dios ya les advirtió.Saúl como contraste: el rey que piden vs. el rey que necesitan Saúl va a funcionar como un contraste: “Esto es lo que ustedes querían, esto es lo que les di… pero esto es lo que yo les voy a dar y esto es lo que realmente necesitan.”
¿Quién es el rey que viene? • No es un rey que busca ser servido, sino un rey que viene a servir: “Ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.” • Es un rey que salva: Por causa de Saúl, muchos van a morir; pero a través del rey que viene, muchos van a vivir. “El ladrón solo viene para robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida…” • Es un rey que establece un reino distinto: “Mi reino no es de este mundo…” No hay ningún rey como Él. Ellos necesitaban un rey. Sí. Nosotros necesitamos un rey.
Pero la pregunta es: ¿cuál es el rey que queremos? ¿Cuál es el rey que necesitamos? Dios nos pregunta hoy: ¿crees realmente que yo soy mejor que cualquier otro rey en tu vida? ¿Lo crees? ¿Crees que yo soy supremo? La única razón por la cual la gente rechaza a Cristo es porque aman sus reyes: “Yo prefiero este rey.” La vida gobernada por otro rey va a terminar en destrucción. Hay una advertencia: ese es el mensaje del evangelio. Pero aquí estoy yo: yo puedo ser tu rey.
Mi Hijo se encarnó y vivió una vida de servicio y humillación —como vimos en Filipenses 2— para hacer posible que seamos reconciliados con Dios a través de la fe. Es tan simple como decir: “Sí, Señor, yo quiero que tú seas mi rey.” Fragmento final: S. M. Lockridge (1976) Quiero terminar con un fragmento de un sermón que tradujimos hace poco para el Ministerio de Abre la Biblia. Es un sermón de 1976 por un pastor que se llama S. M. Lockridge.La Biblia dice: Él es el Rey de los judíos, Él es el Rey de Israel, Él es el Rey de justicia, Él es el Rey de los siglos, Él es el Rey del cielo, Él es el Rey de la gloria, Él es el Rey de reyes y Él es el Señor de los señores. Ese es mi Rey.
Me pregunto, ¿lo conoces? David dijo: los cielos declaran la gloria de Dios y el firmamento muestra la obra de sus manos. Mi Rey es un Rey soberano. Ninguna medida puede definir su amor ilimitado. Ningún telescopio puede vislumbrar la costa de su provisión infinita. Ninguna barrera puede impedirle derramar sus bendiciones. Él es duraderamente fuerte. Él es completamente sincero. Él es eternamente firme. Él es inmortalmente lleno de gracia. Él es imperialmente poderoso. Él es imparcialmente misericordioso. ¿Lo conoces?
Él es el Hijo de Dios. Él es el Salvador de los pecadores. Es el eje de la civilización. Se yergue en la soledad de sí mismo. Es imponente. Él es único. Él es incomparable. Él no tiene precedentes. Él es supremo. Él es preeminente. Él es la idea más elevada de la literatura. Tiene la personalidad más elevada en la filosofía. Él es el problema supremo de la alta crítica. Él es la doctrina fundamental en la verdadera teología. Él es la necesidad cardinal de la religión espiritual. Ese es mi Rey. Él es el milagro de la época. Él es el superlativo de todo lo bueno que puedes llamarle. Él es el único calificado para ser un salvador suficiente.
Me pregunto si lo conoces hoy. Él proporciona fuerza a los débiles. Está disponible para los tentados y los probados. Él se compadece y salva. Él protege y guía. Él cura a los enfermos. Él limpia a los leprosos. Él perdona a los pecadores. Cancela la deuda de los deudores. Él libera a los cautivos. Él defiende a los frágiles. Él bendice a los jóvenes. Él sirve al desfortunado. Él cuida de los ancianos. Él recompensa a los diligentes. Y Él embellece a los humildes. ¿Lo conoces? Mi Rey es la clave del conocimiento. Él es la fuente de la sabiduría. Él es la puerta de la liberación. Él es el camino de la paz. Él es la senda de la justicia. Él es la vida de la santidad. Él es el portal de la gloria. ¿Lo conoces?
Él es el maestro de los poderosos. Él es el capitán de los conquistadores. Él es el jefe de los héroes. Él es el líder de los legisladores. Él es el supervisor de los vencedores. Él es el gobernador de los gobernadores. Él es el príncipe de los príncipes. Él es el Rey de reyes y Él es el Señor de los señores. Ese es mi Rey. Ese es mi Rey.Sus oficios son múltiples. Su promesa es segura. Su vida es inigualable. Su bondad es ilimitada. Su misericordia es eterna. Su amor nunca cambia. Su palabra basta. Su gracia es suficiente. Su reinado es justo. Su yugo es fácil. Y su carga es ligera. Ojalá pudiera describirlo, pero Él es indescriptible.
Él es incomprensible. Él es invencible. Él es irresistible. Los cielos de los cielos no pueden contenerlo, y mucho menos un hombre explicarlo. No puedes sacarlo de tu mente. No puedes apartarlo de ti. No puedes vivir más que Él, y no puedes vivir sin Él. Los fariseos no lo soportaban, pero descubrieron que no podían detenerlo. Pilato no pudo encontrar ninguna falla en Él, y Herodes no pudo matarlo. La muerte no pudo con Él, y la tumba no pudo retenerlo. Ese es mi Rey. Él siempre ha sido y Él siempre será. No tiene predecesor y no tendrá sucesor. No había nadie antes que Él y no habrá nadie después de Él. No puedes destituirlo y no va a renunciar. Ese es mi Rey. Padre, el reino es tuyo, y el poder y la gloria por siempre y para siempre y siempre. Y cuando termines con todos los “por siempre”, amén y amén.
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