Colosenses 1:18-23
Transcripción
Repaso: Cristo, Señor de la creación
Gracias a Dios que podemos estar aquí nuevamente reunidos en un solo propósito, con una sola mente, con un mismo espíritu y una misma fe. Gracias a Dios por Su Palabra, que es la que nos rige, nuestra autoridad. Y gracias a Dios por Su Palabra, porque a través de ella podemos conocer más y más acerca de la persona de Cristo, y nos recuerda, cada vez que la abrimos, quién es Él. Y rápidamente, haciendo un pequeño resumen de lo que vimos hace ocho días: empezamos a estudiar esta porción de Colosenses, del capítulo 1, del versículo 15 al versículo 23. Y hace días analizamos los primeros versos, que son del 15 al 17.
Y veíamos que lo que estaba sucediendo en la iglesia de Colosas era que estaban siendo, pues, de alguna manera permeados o contaminados con estas filosofías, sobre todo la de los gnósticos. Y este pasaje, lo que habíamos aprendido también, es que es un hermoso himno a Cristo, y de eso se trata esta porción. Dice Pablo: "No me he propuesto otra cosa más que hablar de Cristo", exaltar a Cristo. Y de eso se tratan todas nuestras predicaciones: todo lo que enseñamos aquí debe de apuntar a Cristo; se trata de Cristo. Y ese pasaje habla de ello: exaltar a Cristo.
Y quiero que, cuando al final terminemos de estudiar el día de hoy, usted salga con ese pensamiento, con ese sentir, nuevamente: exaltar a Cristo, no al hombre. No se trata de nosotros; la salvación se trata de la gloria de Dios. Y hace ocho días veíamos que en este himno, en esta alabanza que es hacia Cristo, veíamos tres cosas: que Cristo es la imagen del Dios invisible, que Él es el primogénito de la creación, que Él es el sustentador de la creación. Entonces, Él es Señor de la creación; Él sustenta todas las cosas.
Y quiero que se lleven esta idea, y recordárselo: Creador, y que todo se lo debemos a Él, que Él es nuestro sustentador. Como habíamos escuchado hace rato, como vemos en los himnos y cantamos en la mañana, dice: "Maravilloso es", todo lo que Él ha hecho. Él es antes de todo, el principio y el primogénito. Y veamos cómo aparecían estas palabras importantes, ¿no?: Creador, el principio y el primogénito.
Él, trece veces
Entonces, hermanos, vamos a continuar ahora del versículo 18 hasta el versículo 23. Y solamente como una pequeña información: cuando estamos estudiando en nuestra clase de predicación expositiva, para saber cuál es el tema principal de un pasaje hay ciertas ayudas, ciertas herramientas, y una de ellas son las palabras repetidas, o qué más se repite. Y en esta porción, desde el versículo 14 —prácticamente desde el versículo 13— hasta donde vamos a ver, al versículo 23, trece veces se menciona la palabra "Él", el artículo "Él", refiriéndose a Cristo. Por lo tanto, se trata de Cristo este pasaje; más para que ustedes lo tomen en cuenta también: se trata de Él, exaltarlo a Él.
Entonces, dado que había una influencia filosófica muy fuerte alrededor de la iglesia, era necesario que Pablo dejara en claro, para cada iglesia, para la iglesia misma, quién era Cristo en todos los aspectos de nuestra vida, en todos los aspectos de la vida de la iglesia, y que Su evangelio era el mismo. El evangelio no cambia. Puede haber muchas filosofías, y vemos cómo permean dentro de las iglesias estas filosofías; el evangelio siempre va a ser y será el mismo. No hay nada nuevo en la doctrina.
Lectura: Colosenses 1:18-23
Entonces dice así, Colosenses 1, versículo 18: "Él es también la cabeza del cuerpo, que es la iglesia; Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, a fin de que Él tenga en toda la primacía. Porque agradó al Padre que en Él habitara toda la plenitud, por medio de Él reconciliar todas las cosas consigo, habiendo hecho la paz por medio de la sangre de Su cruz, por medio de Él, repito, ya sea las que están en la tierra o las que están en los cielos. Y aunque ustedes, aunque ustedes antes estaban alejados y eran de ánimo hostil, ocupados en malas obras, sin embargo, ahora Dios los ha reconciliado en Cristo, en Su cuerpo de carne, mediante Su muerte, a fin de presentarlos santos, sin mancha, irreprensibles delante de Él.
"Esto Él hará si en verdad permanecen en la fe bien cimentados y constantes, sin moverse de la esperanza del evangelio que han oído, que fue proclamado a toda la creación debajo del cielo, del cual yo, Pablo, fui hecho ministro".
Vamos a orar. Gracias, Padre, porque nos has mostrado, Señor, a través de Tu Palabra, quién eres Tú, y cómo nos debemos a Ti; que todo se trata de Ti, que todo gira en torno a Tu persona, que Tú eres la imagen del Dios invisible. Padre, te ruego esta mañana, Señor, que Tu Espíritu Santo me ayude, Señor. Soy torpe de labios, y corto de entendimiento también. Abre nuestros corazones, Señor; que Tu Palabra sea depositada, y que podamos al final, Señor, y por siempre, exaltarte y glorificarte. Bendice Tu Palabra. En Cristo Jesús, amén.
Cristo, Señor de la redención
No saben las maravillas que uno encuentra cuando está profundizando en la Escritura, y cómo eso te mueve el corazón y te hace ver lo pequeño y lo insignificante que eres delante de Dios, y que todos nos debemos a Él. Ahora, la semana pasada el título del mensaje era que Cristo es el Señor de la creación. La primera creación, que comenzó con Adán —hablando de la humanidad—, falló; veíamos que había fallado. Sin embargo, había una promesa en Génesis 3:15, y apuntaba a que de esa línea iba a venir un Salvador, iba a venir el Mesías a restaurar la creación. La promesa dada a Abraham, que en él serían benditas todas las naciones, se iba a cumplir a través de la descendencia de David, y culminaría con Cristo.
Y a través de Él se iniciaría una nueva creación, a través de Su sacrificio. Y vamos a ir estudiando, y vamos a ir viendo cómo sucede esto. Primeramente, este mensaje lo he titulado ahora, en esta segunda parte… que Cristo es Señor de la creación, y ahora vamos a ver cómo Cristo es Señor de la redención, a través de Su iglesia, que Él estableció. Entonces, vamos a pasar a estudiar, y he dividido en tres puntos este mensaje, que están, pues, implícitos en el texto. Número uno: Cristo es la cabeza; es lo que vamos a ver. Número dos: Cristo, el primogénito de los muertos. Y número tres: Cristo es el reconciliador.
Cristo es la cabeza
Primer punto. Dice: "Él es también la cabeza del cuerpo, que es la iglesia". Cristo es la cabeza. Y Pablo… me gusta cuando él escribe todas estas cartas, porque él siempre usa estos ejemplos para que nosotros podamos entender la enseñanza que él está transmitiendo; usa estos ejemplos a todas las iglesias. En este caso usa el ejemplo del cuerpo. Vimos que en Corintios, la primera vez que se usa la palabra, digamos, "cuerpo", solamente mencionaba el cuerpo, hablaba de los miembros —en Corintios, que ya lo estudiamos—: un cuerpo tiene varios miembros, y está hablando de la iglesia. La iglesia es el cuerpo de Cristo.
Pero no hay cuerpo si no hay cabeza, ¿sí? Entonces, ahora Pablo está usando el ejemplo del cuerpo, pero con una cabeza: Cristo es la cabeza del cuerpo, que es la iglesia. Entonces, todo cuerpo necesita una cabeza. ¿O han visto un cuerpo sin cabeza? No, ¿verdad? Solamente en las películas. Bueno, porque sin cabeza no hay cuerpo. La cabeza lleva la autoridad del cuerpo. Y hay tres cosas que podemos ver también aquí, dentro de este pasaje; hay tres cosas que podemos entender la razón por la que Cristo es la cabeza de la iglesia. Y es importante: ¿por qué Cristo es la cabeza de la iglesia?
Número uno: porque Él resucitó. Nosotros no nos reunimos solamente por reunirnos. ¿Qué hacemos cada domingo cuando llegamos? La primera parte de nuestra reunión de adoración es recordar la muerte y la resurrección de Cristo, porque Él está vivo. Si Él no hubiera resucitado, nuestra fe sería una fe vana; sería como creer en cualquier otra cosa. Él es el primogénito de los muertos; es a lo que se refiere en esta primera parte. Por eso es la cabeza de la iglesia: porque Él ha resucitado. Su resurrección.
Número dos: Su divinidad. Dice: "Él tiene en todo la primacía". Porque dice: "Él es también la cabeza del cuerpo, que es la iglesia; Él es el principio". Y estudiábamos hace ocho días cómo se refiere a que Él es el principio, o el primogénito. En todo el Antiguo Testamento veíamos que habla mucho de primogénito; había un número ahí que hablaba como de trescientas tantas veces… No me acuerdo bien cuántas veces dije que aparece "primogénito" en el Nuevo Testamento.
Entonces, es algo importante la primogenitura para Dios. Pero cuando se habla en relación con Cristo, "primogénito" no significa en relación con un tiempo o con un lugar, ya, antes de o después de, sino que "primogénito" se refiere… el vocablo nos está hablando de una posición que tiene Él sobre todas las cosas, como un soberano. Pues habla de primogénito: Su divinidad. Él tiene en todo la primacía.
Número tres: Él es la cabeza de la iglesia por Su obra redentora. Hizo la paz por medio de Su sangre, versículo 20. Esta es la razón por la que Cristo es la cabeza: porque Él tiene autoridad sobre todo ello. Él tiene autoridad sobre la iglesia porque Él la fundó. La iglesia es una institución que Cristo fundó; es una institución fundada por Cristo, y en Cristo tiene su propósito. Nosotros no nos reunimos por otra cosa más que para exaltar a Cristo, para darle gloria a Cristo.
El propósito de la iglesia
¿Cuál es el propósito de la iglesia? ¿Tenemos claro, claro, el propósito de la iglesia? Bueno, podemos enumerar tres cosas que yo pude ver. Número uno: el propósito de la iglesia, de la cual Cristo es la cabeza, es hacer discípulos. Para eso es la iglesia. O díganme cómo es que una iglesia se llena: para hacer discípulos. Y esa es nuestra labor. Por eso es que tenemos tantos discipulados: tenemos discipulados en casa, tenemos discipulados como iglesia, hay un discipulado de jóvenes, hay un discipulado de mujeres, hay un discipulado de matrimonios, y así. Porque el propósito es multiplicarnos.
Cuando Dios, a través de Cristo, renueva, o hace esta nueva creación… En la primera creación le dice Dios a Adán y a Eva: "Fructificad y multiplicaos", o "multiplíquense", ¿verdad? Falló la primera creación; se siguió multiplicando. Pero ahora el símil es que la iglesia, como nueva creación, ¿qué hace? Está fructificando y se multiplica. Entonces, hacer discípulos es el propósito de la iglesia. Número dos: bautizándolos. Hace un mes, más o menos, tuvimos bautismos: dar testimonio público de su fe. Ese es el propósito. Número tres: enseñar. Ya: predicar el evangelio, haciendo discípulos; dar testimonio de nuestra fe, bautizando; y número tres, enseñar todo lo que Cristo enseñó.
Y por eso es que Cristo es la cabeza de la iglesia. Ese es el propósito de la iglesia. ¿Estamos cumpliendo este propósito como iglesia? Entonces, Cristo es la cabeza de la iglesia, hermanos, y no hay cuerpo sin cabeza. ¿Por qué? ¿Un cuerpo sin cabeza puede tener vida? Mm, claro que no. Y cualquier organización debe tener una autoridad, y Cristo es la autoridad. Cristo nos da vida por Su poder. Si Cristo no fuera la cabeza de la iglesia, la iglesia está sin vida; quizás podría ser un club. Pero a través de Cristo la iglesia tiene vida. Por eso es que existe la iglesia, aunque sea perseguida.
Una iglesia en un vehículo
Estaba escuchando un testimonio en la mañana de un misionero —no dicen el nombre— en Irán: cómo hacía iglesia. Bueno, saben, en Irán hay mucha persecución; los miércoles vemos eso sobre misiones, cómo es perseguida la iglesia. Pero, sin embargo, Cristo le da vida, porque Él la está manteniendo. Entonces, el testimonio era cómo hacían iglesia, porque estaba prohibido, y era… es la muerte. Entonces, él tenía un vehículo, y a los más que podían caber en su vehículo, él pasaba por ellos, los recogía y arrancaban. Entonces, las autoridades no sospechan de que en un vehículo hay una iglesia. Era una iglesia de cinco o seis personas. Entonces, ellos iban cantando, iban adorando, hacían la Cena del Señor. Ahí está Su iglesia, mantenida por la cabeza.
¡Qué hermoso testimonio, hermanos! Valoren lo que tenemos. No somos los que predicamos la Palabra; es Cristo. En verdad me considero como Moisés: soy torpe de labios. Pero es por Cristo y a través de Cristo que podemos entender Su Palabra; Él es la cabeza. Y aun en estas circunstancias que les platico, de este testimonio, que hacían iglesia, ahora el hermano decía que quiere comprar un microbús. Nosotros estamos planeando, o tenemos el deseo, de comprar un terreno. Ahora hoy hay más gente —pero hace ocho días, no—. Pero queremos hacer la iglesia más grande, que crezca. Pero no solamente que crezca por crecer: que tenga vida. Fructifiquen, multiplíquense, porque ustedes son una iglesia, y Cristo es la cabeza. De eso se trata: hacer discípulos, bautizándolos, enseñar, porque Cristo es la cabeza.
¿Cómo podría el cuerpo crecer sin cabeza? La iglesia está creciendo, hermanos. Si hacemos una retrospectiva de hace quizás no tan lejos —unos cinco años, de la pandemia para acá—, la iglesia ha crecido. Y esa es parte de nuestra preocupación como liderazgo, ¿no? Y qué bueno tener esas preocupaciones: que no cabemos, a ver que la iglesia está solamente vacía. Deberían de venir los miércoles —no es regaño—. ¿Cómo podría el cuerpo crecer sin la cabeza?
Una relación orgánica y espiritual
Hay dos dinámicas que tiene Cristo como la cabeza. Número uno: una relación orgánica. Cristo no solamente está ahí como autoridad y dirigiendo: da vida vigorosa y crecimiento. Porque Cristo tiene esa relación orgánica con Su iglesia, da vida vigorosa y hace que crezca; es una relación orgánica. Y número dos: tiene una relación espiritual. Guía y dirige nuestras acciones; a través de Su Espíritu Santo, Él nos guía y dirige nuestras acciones. Si no fuera así, esta iglesia sería un caos. Me refiero no a esta: en todas las iglesias.
Los dirigentes de la iglesia —pastores, ancianos y diáconos, todo el cuerpo pastoral— no son la cabeza de la iglesia. Dios los puso ahí, sí, porque es la manera en que Dios puso Su gobierno, para que la dirigiera también en la tierra. No es el hombre la cabeza, ni varios hombres; es Cristo la cabeza. Cristo es el que dirige; Él tiene la primacía, y seguirá siendo la cabeza. La estructura de gobierno que la iglesia ha adoptado solo tendrá valor y significado en la manera en que estamos sujetos a la autoridad de Cristo. ¿Para qué? No para que me sirvan. Yo no estoy aquí para que me sirvan; las autoridades no estamos aquí para que nos sirvan. Estamos para servir.
Si Cristo se humilló, y tomó este delantal, y se arrodilló, y tomó los pies sucios del camino, y lavó cada pie, si Él lo hizo, yo también, porque soy un servidor de Cristo, porque Él es la cabeza. Nuestra misión como el cuerpo de Cristo es saber cuál es la voluntad de Cristo, porque Él es la cabeza. ¿Cuál voluntad? Bueno, la que nos guste o la que no nos guste. Porque decimos todo el tiempo que Su voluntad es buena, agradable y perfecta. Entonces, la que nos guste o no nos guste, porque es agradable y perfecta: que aumente o no la iglesia, si eso es Su voluntad, está bien; que seamos populares o que no lo seamos; que seamos reconocidos o no; que seamos despreciados. Pero si es por el nombre de Cristo, no me importa ser despreciado. Prefiero ser despreciado por el nombre de Cristo.
Sometidos a la cabeza
Él es la cabeza de cada uno de nosotros, la cabeza de la iglesia, y por lo tanto debemos de obedecer individualmente primero. Y luego, entonces, es así que se podrá lograr la unidad del cuerpo de Cristo. Si tú no obedeces primero, si tú no te sometes a la cabeza, que es Cristo, jamás podrás ver unidad. Si tú no te humillas, jamás podrás ver unidad. Si tú no te antepones… perdón, es al revés: si no pones a tu hermano antes que a ti, jamás vas a ver unidad, porque no te estás sometiendo a la cabeza. Entonces, la unidad será una realidad palpable, porque Cristo no está dividido del Padre ni del Espíritu Santo, porque Él es la primicia de todos nosotros.
Cristo es la cabeza. Gracias por eso. Y de eso se trata este himno: de exaltarle por lo que es Él. Gracias, porque Él quiso ser la cabeza, porque Él quiso dar vida a este cuerpo. "Él es también la cabeza del cuerpo, que es la iglesia; Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, a fin de que Él tenga en todo la primacía".
El primogénito de los muertos
Punto número dos: Cristo es el primogénito de los muertos. Ahora, viendo en ese entonces, con los colosenses, algo también por lo que Pablo estaba, digamos, peleando en favor de la iglesia, en favor de Cristo, es que se dudaba de la resurrección de Cristo. Ese era otro de los temas que estaban permeando todo el tiempo en la iglesia: todo el tiempo se estaba dudando de la resurrección de Cristo. Estaba en debate también la resurrección, y esto ponía en juego Su poder como Dios mismo y como soberano sobre todas las cosas, las cosas visibles y las invisibles, lo natural y lo espiritual.
Ahora, hermanos, nuevamente, como iglesia, lo que venimos haciendo cada ocho días es de suma importancia. Siempre como iglesia decimos que nuestra principal reunión —la principal; si las demás no existieran, la principal— es la Cena del Señor. Eso es lo que nos une primeramente: el recordar a Cristo, pero no solamente en Su muerte, y no solamente en Su sacrificio, sino que Él resucitó. Él está vivo. Amén. Amén. No se duerman; yo sé que mi voz duerme. Esa es la razón por la que nos reunimos; es nuestra reunión principal: adorar a Cristo, porque Él vive. Si Él no viviera, no podría dar vida a la iglesia.
Y es lo que celebramos. Es el evento más importante para el evangelio, porque predicar a un Cristo muerto, como a un Buda muerto, como a un Confucio muerto, como a un Mahoma muerto. Sin embargo, predicamos a un Cristo que vive. Y es de suma importancia, como les digo, para el evangelio y para nuestra fe, porque Cristo, a través de Su resurrección, inauguró la nueva creación: esa creación que había caído con Adán, el portador también de la imagen de Dios. Porque dice ahí, Génesis 1:26 y 27: "Hagamos al hombre a nuestra imagen". Pero falló.
Sin embargo, ahora en Cristo, a través de Su resurrección, y la iglesia como nueva creación, vino a restaurar esta imagen de Dios. Eso lo vimos hace ocho días: somos portadores de Su imagen. Se los vuelvo a recordar: somos portadores de la imagen de Dios, porque somos la nueva creación; la iglesia es la nueva creación. Entonces, Su resurrección tiene suma importancia. Por eso dice: Cristo, el primogénito de los muertos. Nuevamente, no es un lugar de tiempo, sino que es Su posición: Él venció a la muerte.
Él venció a la muerte
Cristo es el primogénito. ¿Por qué? Es el sentido que usa Pablo para comunicar esta verdad a los colosenses: es un sentido de posición, de rango, y no en un sentido de orden, porque Él está sobre la muerte; Él es dueño de la muerte. Cristo no fue el primero en resucitar; hay más antes de Él, ¿sí?, ¿se acuerdan? Entre ellos, Lázaro. Entonces, si fuera el lugar de orden, Cristo no sería el primogénito en resucitar. Pero es la posición que Dios le ha dado a Cristo: es que Cristo venció la muerte. Y eso es lo que celebramos cada ocho días como iglesia: Cristo venció la muerte.
Y con Su resurrección, todos los que hemos creído en Cristo tenemos una nueva vida, una vida eterna. En Juan 11:25 al 26 dice: "Jesús les contestó: 'Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?'". Amén. Cristo es llamado también el primogénito de la creación, ya como decía en el versículo 15, porque Él es el origen de toda la creación. Así como también, en Su resurrección, dio comienzo a una nueva creación. Él vino a restaurar el Edén, tal y como era la primera vez, antes de que el hombre pecara, antes de que el hombre rompiera la comunión con Dios.
Y como había dicho, hay una promesa en Génesis 3:15, que de él vendrá un Salvador, de él vendrá el Mesías. Y se cumplió en Cristo; se cumplió en Cristo cuando se humanó y personificó la imagen del Dios invisible. Y por eso es la cabeza de la iglesia; por eso Él es el primogénito de entre los muertos. Efesios 2, del 1 al 6, dice así: "Y Él les dio vida a ustedes, que estaban muertos en sus delitos…" —hoy lo leyó Quique, por cierto—. "Pero Dios, que es rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo —por gracia ustedes han sido salvos—, y con Él nos resucitó, y con Él nos sentó en los lugares celestiales en Cristo Jesús".
Apocalipsis 1:17 al 18 dice: "Cuando lo vi, caí como muerto a Sus pies. Y Él puso Su mano derecha sobre mí, diciendo: 'No temas, yo soy el Primero y el Último, el que vive, y estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del Hades'". Amén.
En Él habita toda la plenitud
Dice: "A fin de que Él tenga en todo la primacía. Porque agradó al Padre que en Él habitara toda la plenitud". Si usted estuviera escribiendo un himno con estas palabras, ¿cómo lo haría? Y hay muchos que tenemos, a ver, que hablan de que Él es Creador, que Él es sustentador, que Él es nuestro ayudador, que en Él está toda la plenitud. En Él habita toda la plenitud; en Él habita toda la plenitud. ¿Cuál es esa plenitud? Y voy a leer algo que yo no escribí; es un comentario, para que entendamos qué es la plenitud.
Dice así: "La plenitud es la manifestación de la realidad plena de Dios en Cristo de una manera ilimitada, de Su identificación con Él, morando en Cristo en todo Su poder y atributos, en toda Su naturaleza y ser. Toda la plenitud del ser y la naturaleza de Dios habita constante y permanentemente en Cristo. No se puede hacer limitación alguna a esta realidad de que Dios está en Cristo, siendo así Cristo, de una manera plena y perfecta, la manifestación de Dios, el mismo Dios manifestado en toda Su plenitud y totalmente comunicado a Cristo, Dios hecho carne. Así, Cristo es denominado la imagen del Dios invisible".
En Él está toda la plenitud, y esa es la razón por la que en Él está también nuestra plenitud. Cristo es la cabeza de la iglesia, y en Él está toda la plenitud. Cristo es el primogénito de los muertos, porque ha resucitado, y es por esa razón que la iglesia está viva.
Cristo, el reconciliador
Por último, punto número tres: Cristo es el reconciliador, el Señor de la redención. Versículos 20 al 23; dice: "Por medio de Él reconciliar todas las cosas consigo, habiendo hecho la paz por medio de la sangre de Su cruz". Entonces, para los gnósticos, el cuerpo era el lugar en donde se depositaba el mal; esa era una de las creencias de los gnósticos: el depósito para el mal. Creían que Dios, con Su pureza y santidad, era un Dios inalcanzable. ¿Y el evangelio qué significa? Que tenemos acceso a Dios, a Dios Padre, a través de Cristo; a través de Su muerte y de Su resurrección tenemos acceso a Él.
Entonces, esta enseñanza que se estaba dando en aquel lugar, y que podía contaminar el verdadero evangelio. Ciertamente hay mal en nuestro cuerpo, pero a través de Cristo es que podemos tener acceso al Padre, a restablecer la comunión. Y por eso es que se valían… más adelante habla de adoración de ángeles, ya. Y es así que, entonces, pensaban los gnósticos que a través de un mediador podían llegar a Dios, ¿no?, a través de ángeles y todas estas entidades incorpóreas. Y eso es lo que estaba combatiendo Pablo. Por lo tanto, Pablo hace esta declaración: también es en Cristo, y por medio de Él, que nosotros, y ellos, los colosenses, podrían ser aceptados por el Padre; que no importaba en qué condición estabas, siempre y cuando hayas puesto tu fe en Cristo.
¿Has puesto tu fe en Cristo? No sé si es la primera vez que has venido a una iglesia cristocéntrica, pero, si no lo has hecho, hoy te invito a que medites sobre estas cosas, y que si pones tu fe en Cristo: en que Cristo murió por ti, que Cristo resucitó, y que solamente y únicamente a través de Él puedes obtener perdón de tus pecados. Porque el problema del hombre es que la ira… la ira de Dios está contra el hombre, contra el hombre natural. Pero Cristo vino a absorber esa ira. Pon tu fe en Él.
Entonces, es en Cristo y por medio de Él que podemos ser aceptados por el Padre. Dios se hizo uno de nosotros para poder llevar a cabo la obra de reconciliación y redención. Cristo es el reconciliador, el Señor de la redención. "Por un hombre entró el pecado", dice la Escritura; es decir, el primer Adán. Y por un hombre fuimos perdonados de nuestros pecados; es decir, Cristo, el segundo Adán. Romanos 5:18 dice: "Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera, justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida".
Cristo es nuestra redención, y es lo que dice aquí este himno, himno a Cristo: Señor de la creación, primogénito de los muertos, Señor de la redención. Y es por eso que la iglesia existe: porque vino a redimir a un pueblo para Sí mismo. Cristo es nuestro reconciliador. Cristo nos libró de la esclavitud de nuestros pecados, y Él nos compró por medio de Su sangre. Y esta palabra… a veces hay una paradoja en el cristiano, porque antes éramos esclavos del pecado, y ahora nos ha redimido, pero ahora somos esclavos de Cristo. Pasamos de una esclavitud a otra esclavitud. Pero pasamos de una esclavitud mala a una mejor esclavitud.
Sacar la cabeza
Estaba leyendo también acerca de unos traductores de la Biblia en África —se me olvidó el nombre de la tribu—, así como en México, que se está traduciendo la Biblia en varias lenguas. Y cuando llegaban a esta parte de la redención… Yo no sé de traducciones; sé muy poco griego, casi nada. Pero a veces la gramática hay que buscarla de tal modo que, hacia el idioma al que se va a traducir, se pueda entender y no pierda el significado, o que se distorsione el significado. Bueno, se está haciendo muy largo. Le preguntaba, digamos, al originario de esa tribu cómo podía traducir la palabra "redención". Y decía: "Escribe que le ha sido sacada su cabeza".
Y dije: "Bueno, pero ¿cómo? ¿Por qué?". "Bueno", dice, "cuando los esclavos eran capturados para venderlos, les ponían grilletes, un collar aquí de metal. Si tú querías comprar su libertad, le pagabas la cantidad que era requerida, que pedían para liberarlo, y lo que hacían era sacar la cabeza del aro metálico". Entonces, como la Biblia estaba escrita para ellos, ellos podían entender el significado de redención, de liberación de la esclavitud, con esa palabra de "sacar la cabeza". Nosotros hemos sido sacados… la cabeza, por Cristo. Hemos sido comprados con pago justo por Su muerte.
Nos libró de la esclavitud. Nos quitó la ceguera espiritual y nos devolvió la vista. Nos sacó de nuestra ignorancia de pecado, de nuestro odio y de nuestra miseria en la que nos encontrábamos. Vino por los rotos, por los enfermos, por los necesitados, por los vulnerables; vino a sacarnos la cabeza. Dice que, aunque éramos de ánimo hostil, éramos extraños a Dios, Sus enemigos —nuestra manera de pensar, nuestra ética, nuestros ideales y todo lo que hacíamos era contrario a Dios—, sin embargo, Él nos redimió, porque Él es el Señor de la reconciliación. Él hizo la paz. Él nos ha redimido, nos ha reconciliado, nos ha hecho Suyos; somos Su nueva creación.
Paz con Dios
La primera creación falló por ella misma; ahora Cristo es quien nos sustenta como nueva creación, como Su iglesia. Estamos en paz con Dios. Todos los que hemos puesto nuestra fe en Cristo estamos en paz con Dios. ¿Te sientes con esa paz, o hay algo que te abruma todavía? Si no es así, recurre a la sangre de Cristo, recurre a la cruz. No pongas tus ojos en mí, en nadie; pon tus ojos en Cristo. Él es tu cabeza.
Pero no solamente ha hecho esto: la obra de Cristo es tan grande que es para toda la creación. "Habiendo hecho la paz por medio de la sangre de Su cruz", dice el texto, "por medio de Él, repito, ya sean las que están en la tierra o las que están en los cielos". Así de grande es Su obra. No solamente vino a restaurar al hombre; ha restaurado toda la creación. Por eso habla de una nueva creación, y será completada cuando el Señor venga por segunda vez.
Permanecer en la fe
Por último, dice: "Esto Él hará si en verdad permanecen en la fe bien cimentados y constantes, sin moverse de la esperanza del evangelio que han oído, que fue proclamado a toda la creación debajo del cielo" y de la tierra. Una vez que hemos sido redimidos por Su sangre, y como creación nueva, santificados y justificados, tenemos que permanecer ¿qué? Firmes. Firmes en la fe; es decir, en el verdadero evangelio. Y esta es la garantía de la victoria en el mundo: en Él somos… en Él somos plenos, y no necesitamos nada más. Sin movernos de la esperanza, esta esperanza que está en Cristo.
¿Y cuál es la esperanza? Bueno, si se leyó hoy en la Cena, sabes cuál es la esperanza: Cristo viene por segunda vez. Esa es nuestra esperanza: Cristo viene por segunda vez. Ahí me vas a ver —no se sorprendan— pero perfecto; ya no voy a fallar. Ahí te voy a ver perfecto. Y esa es nuestra esperanza como iglesia, como Iglesia de Cristo: que vamos a ser completados, con un cuerpo nuevo, adorando juntos, quizás, verdaderamente —y no estoy diciendo que no lo hagamos—. Vendrá como soberano de Su creación, como la cabeza de la iglesia. Confiando en que nuestra vida está en las manos de Cristo, como el Señor de la redención.
Cristo es nuestro Señor. Cristo es el Señor de la creación, y Cristo es el Señor de la redención. Que Dios bendiga Su Palabra. Y si quieres cantar un himno nuevo, lee Colosenses 1, del 15 al 20, y exalta a Cristo.
Oración
Vamos a orar. Amado Padre, te agradecemos, Señor, porque Tú eres la cabeza de Tu iglesia. Tú eres el que tiene toda autoridad, porque Tú nos has hecho un hombre nuevo, nos has dado vida nueva, Señor. Sí, fallamos, pero Tú vas a completar la obra. Gracias por Tu iglesia. Gracias porque Tú le das vida; gracias porque Tú le das… Gracias porque Tú la nutres. Gracias por Tu iglesia. Gracias por Tu Palabra. A Ti te exaltamos, a Ti te bendecimos, a Ti te glorificamos. Y que en todo lugar que estemos Tu nombre sea exaltado. En Cristo Jesús, amén.
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