Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Día 3

Conferencia misionera 2024

Transcripción

Bienvenida y oración

Sean bienvenidos en esta mañana a esta iglesia. Qué bendición es poder reunirnos y juntos celebrar a nuestro Salvador. Les invito a que, por favor, nos pongamos de pie; vamos a hacer una oración para iniciar. Vamos a orar.

Señor, te damos muchas gracias en esta mañana. Gracias porque hoy podemos reunirnos como iglesia. Dios, gracias porque has preparado este día en el que hoy podemos celebrarte a ti, podemos celebrar tu victoria, podemos celebrar tu amor que nos has dado en Cristo. Muchas gracias por tu iglesia, Señor. Hoy podemos cantarte, podemos adorarte. Gracias, Señor, porque hoy nos podemos unir a las diferentes iglesias, Señor, que en todo el mundo también se reúnen para alabarte, para poner tu nombre en alto; iglesias, Señor, quizá de diferentes denominaciones, pero tenemos un mismo propósito, y es poner tu nombre en alto, es predicar el nombre de Cristo. Te pedimos, Señor, que bendigas este servicio de adoración a ti. Sé solamente tú exaltado, Señor. Prepara nuestros corazones también para recibir tu Palabra. Confiamos, Señor, en que tú estás con nosotros. En el nombre de Jesús oramos, amén.

Lectura del Salmo 66

Y antes de iniciar, les invito a que leamos la Palabra del Señor en el libro de los Salmos, capítulo 66, versículos 1 al 4. Salmo 66, versículos 1 al 4. Si lo tenemos listo, leemos juntos, y dice así: "Aclamad a Dios con alegría, toda la tierra. Cantad la gloria de su nombre; poned gloria en su alabanza. Decid a Dios: ¡Cuán asombrosas son tus obras! Por la grandeza de tu poder se someterán a ti tus enemigos. Toda la tierra te adorará, y cantará a ti; cantarán a tu nombre". Y hoy podemos cantar, podemos celebrar su nombre. Amén.

(Canto congregacional.)

Queremos declarar que Él es digno, que Él es digno de toda gloria. Dice la Palabra del Señor: "Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo, y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre".

(Canto congregacional.)

Reflexión: conformidad o transformación

Jesús reina. Estemos atentos a la lectura. Romanos 12 dice: "Y no se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto".

Esta semana, leyendo un libro, llegué a este versículo, y el libro hacía mención de que Pablo hace un contraste aquí entre dos cosas: conformidad y transformación. Una vez que el Señor te llama y toca tu corazón, tú tomas la decisión de seguirlo, y creces en una santificación progresiva. Pero ¿qué pasa cuando estás en un momento decisivo entre hacer el bien o el mal? ¿Cómo decides afrontar esa decisión: con conformidad, o decides aceptar la transformación que Dios está haciendo en tu vida y ver desde la perspectiva de Dios lo que estás haciendo? Esto también lleva a que tú puedas después ver lo que es bueno, aceptable y perfecto, dice la Biblia.

Creo que muchas veces, en los trabajos, en las escuelas, con nuestros amigos, con nuestra familia, en el día a día de lo que llamamos vida, nos conformamos a nuestro pecado. Nos conformamos a vivir una vida que no agrada a Dios, a no vivir transformados, y a no aceptar el precio que Dios pagó por nuestros pecados en la cruz. Creo que de manera recurrente caemos en pecado, muchas veces sin darnos cuenta. Hoy quiero que nos quedemos reflexionando en esto: tenemos la decisión de afrontar cada situación de nuestra vida siendo conformistas en cuanto al precio que Dios pagó en la cruz, o aceptando esa transformación que Él está haciendo.

Obviamente, para esto es necesario tener una comunión con Dios constante y efectiva día a día: estar leyendo, estar orando, estar viviendo y sintiendo día a día lo que Dios hace en nuestras vidas. Veía en la Real Academia Española lo que significa la palabra "renovar", y lo marcaba como "sustituir una cosa vieja". Sustituye tu mente de estos pensamientos malos y decide tomar una transformación por Cristo. Decide que Cristo transforme tu vida, y vive con ello una verdadera transformación, que vale la pena.

Pensaba que para nuestra familia, para nuestros amigos, muchas veces aceptamos hacer cosas o cambiar actitudes en nuestra vida por amor a ellos, por amistad a ellos, y no nos importan las consecuencias de esto. Pero en esta reflexión me gustaría decirte que vale la pena hacer y tomar esa decisión por Cristo, de esta transformación de la que hablábamos. Vale la pena. Porque si un amigo, que muchas veces nos traiciona, que muchas veces peca con nosotros y nos lleva mal, por ello tomamos la decisión de hacerlo, ¿cuánto más por Cristo, que fue a la cruz y murió por nosotros por amor? ¿Cuánto más por Él, que entregó su vida para que tú hoy puedas ser salvo? Vale la pena vivir renovando nuestro entendimiento para Cristo, y vale la pena siempre tener presente que Dios es todo para nosotros. Dios es todo para nosotros.

Esta semana veíamos en las conferencias misioneras, el primer día, que pusieron un ejemplo de una persona que, si mal no recuerdo, era musulmana. Era una chica que se convirtió a Cristo, y aun poniendo en riesgo su vida, decidió seguir a Cristo, porque ella tenía claro que valía la pena esta transformación. Yo quiero que te quedes con eso hoy en esta reflexión: vale la pena vivir para la transformación que Cristo hace en nuestras vidas. Toma la decisión día a día, con tus pecados, o donde estés, en una situación crítica, de no ser conformista para Cristo, y vivir día a día asimilando esa transformación que Dios genera en nuestra vida. Quería compartirles eso el día de hoy. Romanos 12:2: "Y no se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto".

Vamos a seguir adorando a Dios, estando de pie, por favor.

(Canto congregacional.)

La Cena del Señor

Hola, hola, hermanos que me van a ayudar: ¿pueden pasar, por favor, al frente? Por principio bíblico, en esta iglesia creemos que solamente pueden tomar la Cena del Señor aquellos que han tomado una decisión por Cristo, han aceptado a Jesús como su Salvador y se han bautizado en alguna iglesia cristiana. Así es que, por respeto a este principio, les pedimos que, por favor, solamente tomen la cena quienes cumplan con estos requisitos.

Saulo de Tarso, el gran misionero

Estamos recordando el tema de las misiones, así es que me gustaría comentar un poco respecto de aquella persona que, en mi entender, es el más grande misionero, después del Señor Jesucristo, en la iglesia primitiva. Estoy hablando de Saulo, nacido en Tarso. A manera de recordatorio, quisiera platicar un poco de su biografía.

Saulo es un hombre, o fue un hombre, de gran educación. Fue educado bajo la instrucción de un hombre que se llamaba Gamaliel, que era un doctor de la ley extremadamente conocedor de la misma. Saulo era una especie como de policía judicial que perseguía a cristianos en su época. Hay una escena que es trascendente, que marca la Biblia, donde él está en el camino y se encuentra con que están por apedrear a un hombre que se llamaba Esteban, un cristiano. Y este hombre, antes de apedrearlo, Saulo consiente en que esto suceda, y terminan matando a Esteban.

Esto parece ser un detonante para que Saulo insista aún más en querer perseguir a los cristianos, de tal manera que pide cartas de autorización para poderlos perseguir, arrestarlos y llevarlos de regreso a Jerusalén, arrestados. Iba camino a Damasco cuando de repente Saulo, al parecer a mediodía, se encuentra así con una luz destellante, tremenda, que lo deslumbra, lo hace quedar ciego, y escucha, escucha la voz del Señor. Dice Hechos 9:3: "Mientras viajaba, al acercarse a Damasco, de repente resplandeció a su alrededor una luz del cielo. Al caer a tierra, oyó una voz que le decía: 'Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?'. '¿Quién eres, Señor?', preguntó Saulo. El Señor respondió: 'Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate, entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer'".

Ahora, los que iban allá con Pablo vieron la luz, pero solamente vieron un destello; escucharon la voz, pero no podían entenderla, solamente escucharon sonidos. Pero Saulo quedó momentáneamente ciego; bueno, por un tiempo quedó ciego. Fue llevado a Damasco. Ahí un hombre llamado Ananías le ayudó a recuperar la vista, por la gracia de Dios. Y aquí comienza la obra evangelística de Pablo, en Damasco. El hombre empezó a aprender, empezó a predicar, fue perseguido en diversas ocasiones. Después estuvo tres años completos en Jerusalén con los discípulos, quienes al principio no lo aceptaban. Tuvo que llegar Bernabé a presentárselo y decirles: "Es hermano". "Oye, pero este es el que nos perseguía". "Sí, pero es hermano. Él sigue ahora al Señor". Y poco a poco se va introduciendo con los discípulos, y lo van aceptando. En varias ocasiones, les decía, fue perseguido para ser asesinado. Lo querían matar, porque ese hombre que en principio perseguía a los cristianos ahora los defendía. Y no solamente eso: predicaba el evangelio, auspiciaba que se propagara el nombre del Señor. Lo llevaron a Cesarea, a Tarso; ahí fundó iglesias, en Tarso. Pablo, junto con Bernabé, llegaron a Antioquía, donde hicieron un gran trabajo misionero. Pero ahí comienza un punto de partida de Saulo: comienzan los tres famosos viajes misioneros de Saulo. El primero terminó en Chipre, el segundo terminó en Grecia y el tercero terminó en Corinto.

El punto de partida: el evangelio de Dios

Yo sé que voy rápido, pero quiero llegar a este punto de Corinto. En Corinto, este hombre, Pablo, escribe a los romanos, al Imperio romano, un lugar que estaba conformado por judíos y por gentiles, es decir, no judíos. Un lugar donde había un gran desdén por el evangelio, un lugar donde había persecución a los creyentes, un lugar donde había desprecio por el evangelio, un lugar donde ser cristiano era un delito. Era difícil vivir ahí. Y Pablo les escribe, viendo toda esta problemática, y trata de alentarlos, y les escribe esto en la carta a los Romanos, versículos del 1 al...: "Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios".

Escucha esto: el punto de partida del apóstol Pablo es el evangelio de Dios. Él no dice: "Yo, Pablo, que sufrí tantas penalidades; yo, Pablo, que soy discípulo de Gamaliel; yo, Pablo, que hice tres viajes misioneros". Por cierto, estos tres viajes misioneros son alrededor de —hay quienes difieren en los números, pero alrededor de— 14,000 km. Para que te des una leve idea de cuánto es esto, estamos hablando de cuatro vueltas y media a Cancún caminando: vas a Cancún caminando, regresas, vuelves a ir, cuatro veces y media. Eso es más o menos la distancia de los tres viajes misioneros del apóstol Pablo. Gracias a Dios por hombres como Pablo, que dejaron la comodidad para llevar el evangelio. ¿Estás de acuerdo? Si no, no sé dónde estaríamos hoy.

Versículo 2: "que Él ya había prometido por medio de sus profetas en las Sagradas Escrituras. Es el mensaje acerca de su Hijo, que nació de la descendencia de David según la carne, y que fue declarado Hijo de Dios con un acto de poder, conforme al Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos: nuestro Señor Jesucristo. Por medio de Él hemos recibido la gracia y el apostolado para promover la obediencia a la fe entre todos los gentiles, por amor a su nombre; entre los cuales están también ustedes, llamados de Jesucristo".

Las noticias que devienen del evangelio básicamente son dos. La primera es que Cristo, el Hijo de Dios, vino al mundo a morir por el perdón de nuestros pecados, para pagar por nuestros pecados, por tus pecados, y para resucitar, haciendo efectivo el testimonio de que Él es el Hijo de Dios, dándonos esperanza de que tendremos vida eterna. Y la segunda gran noticia es que Él nos ha dado una nueva vida; esta nueva vida que nos permite conformar una iglesia, una nueva vida que se debe de ver reflejada día a día en todas tus obras, en todos tus caminos. En la iglesia nos unimos, y juntos recordamos a nuestro Salvador.

Los elementos de la Cena

Vamos a tomar los elementos de la cena. Dice la primera carta a los Corintios, en el capítulo 11, versículo 23 —por cierto, también escrita por el apóstol Pablo—: "Porque yo recibí del Señor lo mismo que les he enseñado: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan, y después de dar gracias, lo partió y dijo: 'Esto es mi cuerpo, que es para ustedes; hagan esto en memoria de mí'". Comamos el pan, hermanos.

"De la misma manera tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: 'Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; hagan esto, cuantas veces la beban, en memoria de mí'. Porque todas las veces que coman este pan y beban esta copa, proclaman la muerte del Señor hasta que Él venga". Tomemos la copa, hermanos.

Oración

Vamos a orar. Bendito Señor y Padre nuestro, te damos tantas, tantas gracias por la bendición que nos das de tener una iglesia, por la bendición que nos das de haber recibido el evangelio a través de diversas personas que, durante el paso de la historia, han decidido dejar la comodidad de sus hogares, de sus trabajos, de sus casas, para anunciarte a ti, el único Dios verdadero. Gracias, Señor, porque esta bendición nos ha alcanzado, y porque hoy podemos estar reunidos alabando y adorando tu nombre. Te pedimos, oh Dios, que este tiempo nos lleve a meditar en tu grandeza. En el nombre de Cristo Jesús, amén.

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