Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Jonás 1:1-15JonásArturo Ferreiro

En sintonía con su compasión

Transcripción

Lectura y oración

(La grabación comienza con el mensaje ya iniciado.)

…hermanos, y Él quiere hablarnos este día. Y vamos a estar meditando acerca de este pasaje del capítulo 1 de Jonás. Quiero que leamos juntos desde el verso 1 al verso 3. Dice así: "La palabra del Señor vino a Jonás, hijo de Amitai: 'Levántate, ve a Nínive, la gran ciudad, y proclama contra ella, porque su maldad ha subido hasta mí'. Jonás se levantó, pero para huir a Tarsis, lejos de la presencia del Señor".

Vamos a orar, hermanos. Padre, gracias, Señor, porque sabemos que tú hablas a través de tu Palabra. Señor, gracias, Señor, porque es un privilegio poder escuchar tu voz a través de la predicación de tu Palabra. Te pedimos, Señor, que tú abras nuestros oídos, nos ayudes a estar atentos a tu Palabra, para adorarte, para obedecerte, Señor. Que tu Santo Espíritu, Padre, obre en nuestros corazones, Señor. Que podamos aprender de tu carácter, de tu voluntad, y que podamos, Señor, bajo el poder de tu Espíritu, movernos, Señor, levantarnos para hacer tu obra, Señor, para hacer lo que a ti te agrada. Padre mío, gracias por este tiempo. Ayuda al instrumento que va a predicar en este día, para que sea solamente tu voz lo que se escuche, Señor. En Cristo Jesús, amén.

La maldad de Nínive

La arqueología, hermanos, confirma el testimonio bíblico de la maldad de los asirios, cuya capital es Nínive. Estos eran bien conocidos en el mundo antiguo por su brutalidad y crueldad. Asurbanipal, nieto de Senaquerib, acostumbraba arrancar los labios y las manos de sus víctimas. Tiglat-pileser desollaba vivas a sus víctimas y hacía grandes montones de sus cráneos. La crueldad y maldad de estas personas era indescriptible y verdaderamente repulsiva. El Museo Británico de Londres contiene una colección de artefactos asirios en donde ellos describen su propia autodefinición como opresores sádicos y genocidas. Quizás algo equivalente hoy en día a la perversidad de estas personas son los grupos terroristas, o, sin irnos más lejos, los cárteles del narcotráfico, que golpean a sus víctimas con un regocijo sanguinario.

Pero aquí nuestra pregunta es: ¿cuál es la razón para la negativa de Jonás al llamado que le está haciendo el Señor? ¿Cuál es la razón? ¿Qué hay en la mente de Jonás para negarse ante la orden del Señor de ir a esta gran ciudad y proclamar contra ella?

La difícil encomienda y la huida

Mi primer punto de este sermón es la difícil encomienda y la huida. La encomienda y la huida. Volvamos a leer el verso 1. Dice: "La palabra del Señor vino a Jonás, hijo de Amitai: 'Levántate, ve a Nínive, la gran ciudad, y proclama contra ella, porque su maldad ha subido hasta mí'". Y aquí vamos de nuevo: Jonás recibe la palabra de Dios. Dios le da una instrucción clara, directa, a su profeta Jonás; una instrucción sencilla, sin muchas explicaciones. Le dice que vaya y pregone un juicio contra Nínive, porque su maldad ha subido ante Él. Y este es el tipo de encomienda que nosotros esperamos de un profeta del Señor: una encomienda para confrontar a pecadores malvados con su pecado.

La pregunta que surge es: ¿qué parte de la encomienda le molesta a Jonás? Sabemos que el profeta no está de acuerdo con el llamado, porque en el verso 3 hay un "pero". Dice: "Jonás se levantó, pero para huir a Tarsis, lejos de la presencia del Señor. Y descendiendo a Jope, encontró un barco que iba a Tarsis, pagó el pasaje y entró en él para ir con ellos a Tarsis, lejos de la presencia del Señor". Al menos en este capítulo no se nos dice qué es lo que molestó a Jonás, o por qué no está de acuerdo con la encomienda divina.

Lo que sí podemos inferir del texto es que, a pesar de lo que mucha gente piensa —que Dios es como un relojero que da cuerda al mundo y lo deja correr a su suerte—, se nos presenta a Dios de esta manera: como alguien a quien le importa, un Dios activo, que toma en serio el pecado de sus criaturas. No es simplemente un Dios indiferente, pues llama a su profeta a salir de su pueblo, Israel, hacia tierras paganas.

Un mensaje implacable

Ahora, el mensaje, el mensaje que Dios le encomienda al profeta, no suena muy optimista. Dice: "Pregona contra ella", es decir, levanta la voz y anuncia su juicio. En un spoiler de la historia, en el capítulo 3, verso 4, Jonás llega a predicar a la ciudad de Nínive, porque Dios siempre hace lo que Él quiere. Y el mensaje que él está predicando en el capítulo 3, verso 4, es: "De aquí a cuarenta días Nínive será destruida". Es un mensaje implacable. No está dando opciones ni excusas, ni tampoco, si se dan cuenta, está llamando al arrepentimiento. Está dictando una sentencia: "Están ustedes muertos". Si yo predicara así, seguramente tendría muchos problemas. Pero el mensaje de Jonás era directo, era claro. La maldad de estos ninivitas había subido delante de Dios. Dios realmente estaba airado contra el pecado de esta gente, ¿no es así? ¿Qué es lo que ustedes piensan? No está ignorando sus pecados, no está negando sus pecados. Dios sabe lo que han hecho y está emitiendo un mensaje de juicio.

La pregunta es si detrás de este severo juicio y del implacable mensaje que el profeta debía proclamar hay otra intención divina detrás. Quizá cuando Dios nos llama a enfrentar nuestro pecado o el juicio divino, o cuando un hermano nos alerta del castigo implacable de Dios en contra de nuestro pecado, a lo mejor el propósito de Dios podría ser, de hecho, mostrar su misericordia. Nínive estaba completamente entregada a un mal tal que no se puede describir sin sentir odio ni repulsión. ¿Significa esto que Dios ya la había entregado al juicio final, como parece ser en el mensaje que pregonaría el profeta? O, para decirlo de otra manera, ¿hay alguien que pueda estar tan lejos de Dios, o tan hundido en su impiedad, que no tenga remedio alguno?

Huyendo de la presencia del Señor

En el verso 3, Jonás se levanta, pero no se levanta para obedecer; se levanta para huir de la presencia del Señor. Y el pasaje es enfático al decir que Jonás huyó de la presencia del Señor: lo menciona dos veces en el mismo verso. Dios le hizo un llamado soberano, y él se fue literalmente hacia el otro lado. Al huir del llamado soberano de Dios, está en efecto huyendo de Dios mismo. Posiblemente Jonás, en vez de huir, debió haber estado en la comunión con otros profetas, para expresarles su sentir por el llamado de Dios, y estos le hubieran animado a obedecer a Dios.

Como Jonás, nosotros a veces creemos que podemos huir lejos de la presencia de Dios, como si Dios no fuese el Dios de toda la tierra, como si Dios estuviese confinado a las paredes de una iglesia. Y a veces Dios nos manda sus mensajeros incluso mientras vamos por nuestros propios caminos. "Es que esto que me está pidiendo Dios es muy difícil". Hermano, ¿te has preguntado por qué Dios manda mandatos —valga la redundancia— difíciles? Lo que Dios le estaba pidiendo a Jonás no era algo sencillo: pararse en medio de esta gente malvada y decir que ellos iban a ser destruidos en cuarenta días era casi, casi poner su vida en sacrificio.

Mandatos difíciles

Cuando Dios nos da mandatos difíciles, mis hermanos, a veces Él suele tener la intención de realizar los actos más maravillosos de liberación y salvación. No sería nada fácil, sin duda, para un pastor de ovejas escuchar de parte de Dios: "Ve a Egipto, ve a Egipto a liberar a mi pueblo". Y mucho más difícil sería que este mismo Dios le dijera a este Moisés: "Grítale a Faraón que deje ir a mi pueblo". ¿Te imaginas? Sin duda tendría que arriesgar su propio pellejo para eso. Imagínate a esta jovencita, María, la madre del Señor, escuchando que iba a concebir un niño siendo virgen, teniendo que poner en juego su propia reputación. Y eso es lo que pasó, porque después a nuestro Señor Jesucristo le dijeron que era un hijo de fornicación, la gente perversa. Y aparte también ponía en riesgo su propio desposorio con el piadoso José.

Dios nos va a llamar, mis queridos hermanos, a aquello que a primera vista no es agradable. Dios te va a llamar a hacer aquello que no quieres. Este es, de hecho, el llamado en donde Él es glorificado en nuestra obediencia y confianza. "Pero ¿cómo puedes afirmar esto, hermano? ¿Cómo puedes estar seguro de que Dios no nos va a llamar a lo que queremos, y sí a lo que no queremos? ¿No dice la Biblia: 'Deléitate asimismo en el Señor, y Él concederá los anhelos de tu corazón'?". Sí, amén, eso es lo que dice la Biblia. Él los concede, pero no de las maneras que nosotros pensamos. Se nos llama a un camino hacia la cruz, el llamado de la cruz, un llamado que no es particularmente atractivo para nosotros.

El Señor le dijo a Pedro —y esta mañana lo leyó el hermano Francisco—: "En verdad te digo que cuando eras más joven te vestías y andabas por donde querías; pero cuando seas viejo extenderás las manos, y otro te vestirá, y te llevará donde no quieras". Juan 21:18. Esto posiblemente se refería al futuro martirio de Pedro. Según la tradición, según la tradición cristiana, Pedro fue crucificado de cabeza en Roma durante el reinado de Nerón. ¿Quién quiere hacer la voluntad de Dios? Estoy viendo que algunos de ustedes tienen preocupación.

La cruz en nuestras vidas

Ahora, ¿esto significa que todos somos llamados a ser mártires, a sufrir por causa de Cristo hasta la muerte? No necesariamente. Esta muerte se puede ver de diferentes maneras. A aquellos que quieren servir en un ministerio en la iglesia, en ocasiones se les llama a ser sus embajadores en el mundo de los negocios, y a utilizar sus recursos para la expansión del reino de Dios. Aquellos que nunca habían considerado el pastorado, que estaban felices y exitosos en sus negocios, terminan experimentando que el llamado de Dios a cuidar de otros llega a ser más fuerte que lo que están haciendo. Esto mismo pasa con muchos misioneros que estaban cómodos sirviendo en sus iglesias locales, pensando que Dios nunca les llamaría porque no estaban necesariamente capacitados; pero la presión de un Dios perseverante, que no se rinde, no les deja en paz.

O, sencillamente, hermanos, la cruz puede verse como el llamado de amar a alguien que no merece tu amor. Eso implica un sacrificio para ti: un hermano difícil, un esposo hostil, una esposa infiel e irrespetuosa. Esto es un llamado para todos nosotros. Esta cruz no es algo que hay que buscar, pero sí es algo que hay que esperar. Es parte de la providencia de Dios en nuestras vidas. Evitar la cruz, de hecho, es andar por el camino del maligno.

El peligro de las puertas abiertas

Al parecer, el plan de Jonás iba viento en popa, sin ninguna dificultad, lejos de la presencia del Señor. Y curiosamente encuentra un barco que iba justo al mismo lugar al que pretendía ir. Esto le provee a Jonás rápidamente una oportunidad para progresar en su rebelión. Jonás pudo haber pensado que Dios estaría abriendo una puerta para su vida a Tarsis, pero en realidad era el mundo pecaminoso lo que estaba proveyendo aquello que él quería. Escucha: cuando estamos dispuestos a pecar contra la voluntad del Señor, el demonio siempre tendrá sus artimañas listas y dispuestas para nosotros. Será fácil desobedecer. Debemos estar atentos a las voces a nuestro alrededor que son contrarias al llamado divino, y lo vamos a racionalizar.

Y quiero ser claro aquí: no hay nada más engañoso como esta idea de las puertas abiertas en la vida cristiana. Escucha: no nos dirigimos por puertas abiertas, ni eventos, ni situaciones, o libros, o personas que coincidan con nuestro corazón perverso y engañoso. ¿Cómo nos dirigimos? Por medio de su voluntad revelada, por medio de su Palabra. Mis hermanos, aquello que Dios quiere es claro y está aquí.

Una encomienda, un llamado difícil de parte de Dios, ¿significa que Él no quiere nuestra felicidad? Absolutamente no. Esto significa que nosotros no sabemos cuál es el camino a esa felicidad. Su camino para nosotros es mucho más grande y glorioso, dentro de sus propósitos salvíficos, de lo que nosotros hemos pensado jamás. Nosotros no sabemos dónde está la verdadera dicha y plenitud. Y aquí la pregunta es: ¿qué vamos a hacer tú y yo? ¿Obedecer en fe a su llamado, o desobedecer como Jonás, para nuestro propio mal?

El costo de la desobediencia

Y voy a mi segundo punto: el costo de la desobediencia. El costo de la desobediencia, versos 4 al 13. Vamos a leer. Dice: "Pero el Señor desató sobre el mar un fuerte viento, y hubo una tempestad tan grande en el mar que el barco estuvo a punto de romperse. Los marineros tuvieron miedo, y cada uno clamaba a su dios, y arrojaron al mar la carga que estaba en el barco para aligerar. Pero Jonás había bajado a la bodega del barco, se había acostado y dormía profundamente. El capitán se le acercó y le dijo: '¿Cómo es que estás durmiendo? ¡Levántate, invoca a tu Dios! Quizás tu Dios piense en nosotros y no pereceremos'. Y cada uno dijo a su compañero: 'Vengan, echemos suerte para saber por causa de quién nos ha venido esta calamidad'. Y echaron suertes, y cayó la suerte sobre Jonás. Entonces le dijeron: 'Decláranos esta calamidad. ¿Qué oficio tienes y de dónde vienes? ¿Cuál es tu tierra y de qué pueblo eres?'. Respondió: 'Soy hebreo, y temo al Señor, Dios del cielo, que hizo el mar y la tierra'. Los hombres se atemorizaron en gran manera y dijeron: '¿Qué es esto que has hecho?'. Porque ellos sabían que él huía de la presencia del Señor, por lo que él les había declarado. Ellos le preguntaron: '¿Qué haremos contigo para que el mar se calme alrededor nuestro?'. Pues el mar se embravecía más y más. Y él respondió: 'Tómenme y láncenme al mar, y el mar se calmará alrededor de ustedes, pues yo sé que por mi causa ha venido esta gran tempestad sobre ustedes'. Los hombres se pusieron a remar con afán para volver a tierra firme, pero no pudieron, porque el mar seguía embravecido contra ellos".

El primer "pero" a la orden del Señor es de Jonás: "Pero Jonás se levantó para huir". Pero ese no es el último. El último está en el verso 4: "Pero el Señor desató sobre el mar un fuerte viento". El Señor soberano no estaba aceptando la renuncia del profeta. El privilegio siempre engendra obligación. Y Jonás había sido llamado como un profeta del Señor, y conocía al Señor; eso agravaba el pecado de Jonás.

Toda desobediencia, a fin de cuentas, es una negación de Dios: de su autoridad, de su bondad, o quizá de su juicio, o de su poder, de su amor, de su verdad. Siempre tiene que ver con algo acerca de Dios. La desobediencia es una negación de Dios, de quién es Él en sus hechos. Jonás estaba negando sus propias palabras acerca de quién es Dios y su identidad. En el verso 9 leemos que él dice: "Soy hebreo". ¿Eres cristiano? ¿De veras, Jonás? "Y temo al Señor, Dios del cielo, que hizo el mar y la tierra". ¿Cómo es que estás pensando que puedes huir de este Dios? ¿Qué verdades acerca de Dios estaría negando, aparte de estas, en su desobediencia? ¿Qué verdad de Dios estamos negando nosotros en nuestra desobediencia al llamado de Dios en nuestras vidas?

Siempre hacia abajo

Dios le dijo que se levantara, pero el movimiento de Jonás fue hacia abajo: descendió a Jope, luego descendió al interior de una nave, y finalmente a las profundidades del mar, porque fue lanzado. Un comentarista bíblico dice: "En última instancia, el pecado, ir en contra de los mandamientos de Dios, es siempre hacia abajo, y nos arrastrará hasta las profundidades eternas del infierno".

Me pregunto esto: la tormenta que desataba el Señor, ¿no parece demasiado severa ante el hecho de la desobediencia a predicar juicio contra malvados? Quizá Jonás tenía temor de ellos, ¿no? ¿Por qué Dios es tan severo, de mandarle una tormenta, incluso al punto del riesgo de su propia muerte? ¿Por qué Dios es tan severo con Jonás? Podemos ver que Dios estaba molesto con el pecado de Jonás, y desató el poderío del viento y del mar. ¿Qué pecado es el que está provocando en Dios tal respuesta? ¿Es el simple hecho del mandato desobedecido? ¿Es la negación de su autoridad, o de su derecho soberano de llamar al profeta como su vocero? La respuesta a estas preguntas nos debería hacer reflexionar, para entender el motivo detrás por el cual Jonás evitó la orden divina. Y llegaremos a eso. Pero aquí estamos viendo que el castigo no sería ligero. Esta locura de alejarse de Dios y de su encomienda sería costosa para el profeta, al menos en tres puntos importantes. Terminaría, primeramente, en compañía de paganos gentiles, cuyos caminos eran opuestos al Señor y a su pueblo. En segundo lugar, tendría costo en su propia economía: él tenía que pagar una seguramente considerable cantidad de dinero para embarcarse en su huida de Dios. Y como tercer punto, y el más terrible, es que tendría un costo para su propia vida, pues recibiría el castigo de Dios al punto de estar al borde de la muerte.

Claro que Jonás no veía este peligro mientras él dormitaba en el barco. No puede ver la situación de esta manera. Se echa a dormir al interior de la bodega de la nave, y de alguna manera duerme sus propias penas, y piensa que todo en su vida está bien y en paz. Pero la realidad es que no puede estar en un lugar más peligroso para él, porque el poderoso Gigante se ha despertado. Aunque él piensa que se había librado, Dios estaba allí, y no precisamente a su favor, sino en su enojo. La tempestad era tan grande que marineros expertos tuvieron temor; clamaban a sus dioses aterrorizados, mientras el profeta dormía.

No fue casualidad

Escucha esto: no fue una tormenta cualquiera, ni una coincidencia; no era un producto de la mala suerte. En el verso 7 leemos que los tripulantes de la embarcación, ante la negativa de la respuesta de los dioses mudos, de sus dioses falsos, echaron suertes para ver por causa de quién había venido el mal de la tormenta. ¿Alguna vez te has preguntado si lo que te sucede, las aflicciones de tu vida, son por causa de un disgusto de Dios ante la negativa de obedecerle o de hacer su voluntad? No lo hacemos, porque decimos: "Eso es supersticioso. A fin de cuentas, estos son paganos supersticiosos". Lo que debes entender es que este libro está lleno de ironías: eran los paganos, y no Jonás, los que sabían que Dios estaba mandando este caos. Negamos al Dios soberano que tiene el control de todas las situaciones de nuestras vidas y decimos que es simplemente casualidad.

Tengamos claro que ningún hijo de Dios puede prosperar en el pecado, en la desobediencia. Ningún hijo de Dios puede pensar que puede salirse con la suya en sus pecados. Esto no significa que todos los eventos calamitosos de nuestra vida muestran que hemos pecado; no necesariamente. Pero sí nos enseña que, si hemos pecado contra la Palabra de Dios, no debemos tomar a la ligera el castigo de Dios; este puede ser severo. De hecho, al leer el pasaje de la tormenta lanzada por el Señor, da la sensación de una precisión milimétrica, como si Dios lanzara una jabalina y diera justo en el blanco. Esa es la idea detrás de la palabra en este texto. Podemos pensar que podemos salirnos con la nuestra, que hay una excepción al llamado de Dios a nuestra vida, pero Dios siempre tiene la última palabra, y no dará tregua a que sus planes sean interrumpidos.

El cumplimiento de los propósitos redentores de Dios

Eso me lleva al punto tres, mi último punto del sermón: el cumplimiento de los propósitos redentores de Dios. El cumplimiento de los propósitos redentores de Dios. Quiero que me acompañes de nuevo del verso 10 al verso 12. Dice: "Los hombres se atemorizaron en gran manera y le dijeron: '¿Qué es esto que has hecho?'. Porque ellos sabían que él huía de la presencia del Señor, por lo que él les había declarado".

Es posible que estos marineros le preguntaran a Jonás, en el momento en que embarcó en la nave, adónde iba, y a lo mejor Jonás dijo: "Pues estoy huyendo de la presencia de mi Dios", ¿no? En este tiempo, en este contexto cultural, era muy interesante, porque los dioses eran dioses locales: el dios de esta región, el dios de esta región. A lo mejor para los marineros era: "No, pues tiene sentido; está huyendo por algo de su dios, y donde él va no lo van a molestar más". No había un estorbo para Jonás en estos marineros paganos. Es un paréntesis. Dice: "Ellos sabían que él huía de la presencia del Señor, por lo que él les había declarado. Y ellos le preguntaron: '¿Qué haremos contigo para que el mar se calme alrededor nuestro?'. Pues el mar se embravecía más y más. Y él les respondió: 'Tómenme y láncenme al mar, y el mar se calmará alrededor de ustedes, pues yo sé que por mi causa ha venido esta gran tempestad sobre ustedes'".

Los marineros le preguntaron al profeta qué harían con él para que el mar se les aquietara. Ya se habían despojado de los enseres de la nave; incluso a lo mejor aventaron sus propios ídolos al mar, ante la realidad de que no les podían ayudar en nada. Pero había algo que pesaba más que todo eso, y era el pecado de Jonás. Pero ¿qué pecado es este que pesa más que la idolatría de los paganos? Jonás parece no estar dispuesto a arrepentirse. Hasta ese momento no se le ha visto orando al Señor. De hecho, está más dispuesto a la muerte que a hacer la voluntad de Dios: "Láncenme al mar, y el mar se aquietará".

La compasión de los paganos

La respuesta de estos paganos, que hubiéramos juzgado quizá como paganos idólatras de poco corazón, es increíble y muy irónica. Mira el verso 13: "Los hombres se pusieron a remar con afán para volver a tierra firme, pero no pudieron, porque el mar seguía embravecido más y más". Estos paganos tuvieron más temor de Dios, y compasión por Jonás, que Jonás por los ninivitas y por ellos, pues no tuvo cuidado de que perecían. Casi podemos escuchar al capitán del barco cuando va a reprender a Jonás: "¿No tienes cuidado de nosotros, que perecemos?". ¿Te suena? Jesús, la barca, los discípulos. Ellos, al saber que la tormenta venía por causa de Jonás, y que echarlo al mar sería una segura muerte para él, muestran compasión por él, e intentan hacer volver la nave a tierra con todas sus fuerzas, agotando hasta el último recurso. Pero no pueden, porque Dios embravece más y más el mar.

La razón de la desobediencia

Quizás en este punto ya estés sospechando, o ya sabes la respuesta a la pregunta que he estado dejando al aire durante el sermón: ¿cuál es la razón, entonces, de la desobediencia del profeta? ¿Cuál es el pecado que desata el enojo de Dios y la furiosa tormenta? Tenemos que regresar un poco para entender el propio contexto del profeta. Los profetas como Jonás tenían la encomienda, dada por el Señor, de llamar a los reyes y a la nación de Israel al arrepentimiento de sus pecados, para volver al Señor. Pero no solo eso: ellos también estaban llamados a ser mensajeros de la gracia. Una y otra vez, de maneras inesperadas, y a pesar del pueblo, de sus idolatrías y de sus ofensas al Señor, el Señor mostraba su misericordia a su pueblo descarriado.

Jonás se sentó en primera fila para presenciar esta misericordia. En 2 Reyes 14:26 al 25 —si quieres no vayas ahí, lo voy a mencionar— habla del contexto de Jonás en el reino del norte. El pueblo de Israel ya se había dividido entre el reino del norte y el reino del sur, y había pasado mucho tiempo de eso, y estaba como rey del norte el rey Jeroboam II, un rey malvado. Y dice el pasaje de Jeroboam: "Él restableció la frontera de Israel desde la entrada de Hamat hasta el mar del Arabá, conforme a la palabra que el Señor, Dios de Israel, había hablado por medio de su siervo el profeta Jonás, hijo de Amitai, que era de Gat-hefer. Porque el Señor había visto la aflicción de Israel, que era muy amarga, pues no había siervo ni libre, ni nadie que ayudara a Israel".

Dios ayudó a su pueblo no porque ellos lo merecían, no porque ellos hicieran algo o porque se arrepintieran; no lo hizo por eso. Dios tiene misericordia porque Dios tiene un corazón compasivo. Leamos el verso 6 de Jonás de nuevo, porque creo que aquí hay un detalle muy, muy importante: el capitán se le había acercado a Jonás mientras dormía y le dijo: "¿Cómo es que estás durmiendo?". En la versión Reina-Valera dice algo así como "dormilón". "¡Levántate, invoca a tu Dios!". Y esto es muy importante, hermanos: "Quizás tu Dios piense en nosotros y no pereceremos". Quizás Él tendrá compasión de nosotros y no pereceremos. Sus dioses falsos no les habían salvado. Podía ser que Dios quisiera tener compasión de estos paganos, aquello de lo cual el profeta carecía.

¿Quién sabe si se volverá?

Más adelante, en otro capítulo del mismo libro, hay un pagano que dice algo muy parecido. Lo dice en respuesta a la proclamación del juicio de Jonás contra Nínive, que no pudo resistirse al llamado divino. ¿Se acuerdan? "De aquí a cuarenta días Nínive será destruida". La historia del libro de Jonás nos dice que los ninivitas escucharon esto, y en Jonás capítulo 3, verso 6, dice: "Y llegó la noticia hasta el rey de Nínive, y se levantó de su silla, se despojó de su vestido, y se cubrió de cilicio y se sentó sobre ceniza. E hizo proclamar y anunciar en Nínive, por mandato del rey y de sus grandes, diciendo: 'Hombres y animales, bueyes y ovejas, no gusten cosa alguna; no se les dé alimento, ni beban agua; sino cúbranse de cilicio hombres y animales, y clamen a Dios fuertemente; y conviértanse cada uno de sus caminos, de la rapiña que hay en sus manos. ¿Quién sabe si se volverá y se arrepentirá Dios, y se apartará del ardor de su ira, y no pereceremos?'".

Quizás Dios piense en nosotros, tendrá compasión de nosotros, para no perecer. "¿Quién sabe si se volverá y se arrepentirá Dios?". Tú sabes, Jonás. Y si lo sabes, ¿por qué no lo dices? Cuando la gran ciudad de Nínive, que representa a las naciones gentiles paganas en esta historia, muestra dolor por su pecado, Dios se arrepiente del mal que les haría. En Jonás 4, en el capítulo 4, en el verso 1, dice, cuando Dios ve el arrepentimiento de los ninivitas... perdón, es cuando Jonás ve el arrepentimiento de los ninivitas, y cuando ve que Dios se arrepiente de su castigo. Esto es lo que dice Jonás: "Pero esto desagradó a Jonás en gran manera, y se enojó. Y oró al Señor: '¡Ah, Señor! ¿No era esto lo que yo decía cuando aún estaba en mi tierra? Por eso me anticipé a huir a Tarsis, porque yo sabía que tú eres un Dios clemente y compasivo, lento para la ira y rico en misericordia, y que te arrepientes del mal anunciado'".

Negar la misericordia de Dios

Jonás sí lo sabía. Sabía que Dios tiene compasión por los perdidos, por los malvados. Para él esto era una realidad tan clara que aborreció la misma idea del perdón de Dios por los ninivitas. El "quizás" o el "quién sabe" de los paganos, Jonás lo podía responder con un "sí: Dios quiere salvarles, Dios quiere tener compasión de ustedes, y por eso me está enviando". El profeta Jonás huye de la presencia de Dios, pero no por... En ninguna parte del libro de Jonás se muestra a Jonás atemorizado por el llamado de Dios. Tampoco está dolido por la opresión de los ninivitas a su pueblo, aunque seguramente Jonás hubiera afirmado: "Es que tú no sabes, hermano, lo que me ha hecho". Lo que él hace es huir por odio. No quiere que la odiada Nínive reciba perdón; no quiere que se arrepientan y que Dios la salve.

Escucha esto: negar la misericordia de Dios a un pecador es el pecado más grave que puedes cometer, y por eso el pecado requiere un castigo ejemplar. Jonás representaba aquí a todo Israel, y por extensión a la iglesia. ¿Dónde está nuestra compasión, nuestra compasión por los perdidos, iglesia? En esta historia hay un detalle importante. ¿Te diste cuenta de que no eran los paganos los que desataban el enojo divino, la tormenta? No es culpa de ellos. Era el pecado de la falta de compasión del profeta. El problema: su indiferencia, su comodidad, reflejada en la pereza de anunciar las virtudes salvadoras de Dios. Al ver la calamidad de las personas sin Dios, era totalmente indiferente; estaba dormido.

¿Quiénes son tus ninivitas?

En lugar de pensar, mis hermanos, nosotros como iglesia: "Ah, esas personas pecadoras están sufriendo, seguramente, seguramente porque Dios está enojado contra ellas", más bien deberíamos pensar, y deberíamos confesar: "Están porque yo, pecador, no he ido, no he tenido compasión, no he anunciado el perdón de Dios, no he anunciado el amor de Dios". ¿Quiénes son tus ninivitas? ¿Tu esposo infiel, tu esposa, tu vecino que pone su música a todo volumen antes del domingo, tu jefe, algún político impío que no soportas? O a lo mejor es la comunidad LGBTQ+. Quizás tus ninivitas no estén tan lejos, en otro país; a lo mejor están aquí. ¿Qué tal si, en lugar de molestarte u ofenderte por sus pecados, tienes compasión y los confrontas en amor y en preocupación por sus propias almas?

Podemos estar muy contentos, mis hermanos, de la misericordia que Dios extiende a nosotros, y a la vez hacer acepción de personas, pecando gravemente contra la gracia que hemos recibido de Dios. ¿Para qué es nuestra salvación? ¿Te has preguntado? Para la gloria de Dios, sí. Pero hay un pasaje que nos dice para qué es nuestra salvación: en el Salmo 67, versículos 1 y 2, nos lo dice. Dice el Salmo 67: "Que Dios tenga piedad de nosotros" —amén— "y nos bendiga" —amén—, "y haga resplandecer su rostro sobre nosotros" —amén—. ¿Para qué? "Para que sea reconocido en la tierra tu camino, tu poder salvador entre todas las naciones". ¿Te das cuenta?

Los paganos invocan al Señor

Dice el verso 14 de Jonás: "Entonces invocaron al Señor los paganos y dijeron: 'Te rogamos, oh Dios, no permitas que perezcamos ahora por causa de la vida de este hombre, ni pongas sobre nosotros sangre inocente; porque tú, Señor, has hecho como has deseado'. Tomaron, pues, a Jonás y lo lanzaron al mar; y el mar cesó en su furia. Y aquellos hombres temieron en gran manera al Señor; ofrecieron un sacrificio al Señor y le hicieron votos". Jonás es lanzado al mar. Los paganos invocan al Señor y expresan más respeto por la vida de este hombre, Jonás, que, irónicamente, parece ser el pagano en esta historia. Quizá lo más terrible de todo es que Jonás no pudo ver la salvación de estos paganos idólatras, porque su corazón no estaba en sintonía con la compasión de Dios.

Sansón no tenía ojos para ver

¿Se acuerdan de la historia de Sansón, no? Sansón era un juez en Israel. Los jueces eran llamados a liberar al pueblo de la opresión de sus enemigos. Jonás fue particularmente uno de estos jueces que no estaba en sintonía con el corazón de Dios de salvar a su pueblo. De hecho, él solo veía por sus propios intereses, por sus propias lujurias. Para no hacer el cuento largo, terminó siendo un esclavo de sus enemigos, los filisteos, y los filisteos le sacaron los ojos. Esto, claro, es una metáfora de la ceguera espiritual. Jonás... digo, perdón, Sansón, al momento de estar llamado para hacer la burla de sus enemigos, le pide a Dios que le dé una oportunidad para vengarse de sus enemigos. Él muere solamente viendo la venganza, pero en realidad Dios estaba cumpliendo su voluntad, a través de su muerte y su sacrificio, de salvar a sus enemigos. Lo triste es que Sansón no tenía ojos para ver. Dios cumplió sus propósitos de salvación porque Él tiene la última palabra. Él siempre va a salvar; Él va a cumplir con su compasión, contigo como su colaborador, o a pesar de ti.

Una historia de la cárcel en Irán

Por último, hermanos, y acabo con esta historia que me compartió mi esposa, de Dan Baumann, que se escuchó en un programa de radio de La Voz de los Mártires, del cual mi esposa trabaja como traductora. Dan Baumann, en 1997, fue de visita con un amigo a Irán para compartir el evangelio de Cristo. Fue arrestado junto con su amigo por cargos falsos, con sentencias de muerte sobre su vida. Él relata sus nueve semanas en prisión en un libro, Presos en Irán, por si quieren conseguirlo. En el programa de radio de La Voz de los Mártires cuenta parte de lo que sucedió mientras estaba en la cárcel. Cito sus palabras: "Hubo cosas que Jesús me enseñó que fueron muy significativas. Nunca olvidaré el día que me detuvieron. Me golpeó un hombre que terminaría siendo el único hombre que me golpeaba todos los días. Así que simplemente le puse 'mi interrogador'. Era el primer día y me estaba golpeando, y de nuevo no había un verdadero sentido de por qué, o una razón para lo que estaba pasando. Y, sin embargo, ese día, mientras aquel hombre me golpeaba, sentí que Dios hablaba a mi corazón y me decía: 'Dan, quiero enseñarte a amar a tus enemigos'. Recuerdo que pensé: 'No, ahora no, gracias'. Porque la realidad era que en ese momento lo que estaba sucediendo era una completa injusticia. En lo que a política se refiere, debía haber podido consultar con una embajada; me debieron haber leído mis derechos. No sabía por qué me golpeaba. Era una situación muy turbia. Sí, eran mis derechos los que estaban violando; me estaban quitando mis derechos sin ninguna razón real. Así que, ¿amarlo? No, no. Amaré a otras personas, pero no a este tipo.

Fue entonces cuando lo sentí con fuerza, una y otra vez: 'Dan, quiero enseñarte a amar a tus enemigos'. Nunca olvidaré la forma en que me quejaba con Dios: 'No puedo hacer eso. De ninguna manera. Esto es demasiado. No va a pasar'. Entonces sentí que Dios me desafiaba con otra pregunta, en realidad una afirmación: 'Dan, pregúntame qué pienso de él'. Con esas simples palabras fue evidente que Dios cambió el tema. En ese momento mi vida giraba en torno a mí, y, sin embargo, en ese mismo momento había algo más, y era lo que Dios pensaba y cómo se preocupaba por aquel hombre. Me detuve y dije: 'Bien, Dios, no lo entiendo, pero ¿qué piensas de este hombre?'. El amor de Dios impactó mi corazón; el amor de Dios llenó mi corazón. Empecé a darme cuenta de que Dios amaba a aquel hombre, que lo amaba para siempre. Solo había un desafío, y era que aquel hombre no lo sabía.

Mientras me pegaba, fue el cambio de tema. Sí, mientras me pegaba me sentía terrible, pero en ese momento, el haberme tomado un segundo para decir: 'Dios, ¿qué está pasando? ¿Qué hay en tu corazón para este hombre?', eso fue lo que me estremeció. Así que, aunque me estaba golpeando, y aunque estaba en cierto modo enfadado y disgustado, aquella revelación de que Dios lo amaba cautivó mi corazón. El hombre me siguió golpeando; seguía teniendo esos momentos inexplicables en los que me pegaba sin ninguna razón clara; violaba mis derechos completamente. Pero el amor de Dios por aquel hombre cautivó mi corazón más que la situación. Aquello era una sensación que crecía con el tiempo, una realidad en mi mente y en mi corazón. Así que intenté ir más allá y dije: 'Dios, ayúdame a amarlo, ayúdame a cuidar de él'".

Sigamos adorando. Puestos de pie, hermanos.

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