De Él, Por Él y para Él es Todo
Transcripción
El versículo más importante de la Biblia
Hoy es la conclusión de Romanos 11, como ya decía Roberto, y llegamos probablemente a lo que yo creo que es el versículo más importante de toda la Biblia, porque todo lo que ustedes lean en la Biblia se puede ligar directamente con lo que vamos a estudiar el día de hoy. Todo. Entonces, resume tanto el mensaje de cada página, desde Génesis hasta Apocalipsis, como también la razón de todas las cosas: la razón de nuestra existencia, la razón de este mundo, la razón por la que estamos aquí, la razón por la que Cristo vino a morir a esta tierra, la razón por la cual cada una de las cosas que pasan en este mundo pasan. Y no puedo pensar en nada más profundo que eso. ¿O ustedes piensan que hay algo más profundo que lo que acabo de decir? Es increíblemente profundo.
Y hace dos semanas hablábamos acerca de eso. El versículo 33 de Romanos 11 dice: "¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios!". El punto es que esto es algo sumamente profundo, que es revelado parcialmente a nosotros, no enteramente. Y cuanto más vamos descubriendo acerca de Dios y de quién es realmente, más nos damos cuenta de qué tan poco sabemos sobre Él. Ese es el punto de este pasaje: "¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!".
Entonces, hoy vamos a tratar de concluir con esto. Pongan atención, porque va a ser intenso, porque quiero acabar hoy. Fácilmente lo pude haber hecho en dos mensajes, pero voy a tratar de hacerlo en uno, porque creo que todo esto va junto, y todo esto nos lleva a pensar muchas cosas con respecto a Dios y el mensaje de Romanos 11.
La colecta de David
Hemos estado arreglando el local, y ven este techo, y ven ahí cosas que todavía se están moviendo y quitando. Y cuando se hizo este techo, recolectamos una ofrenda; estuvimos recolectando ofrendas para juntar suficiente dinero para poder hacer este cambio. Y estaba meditando sobre algo parecido que pasó en la Biblia. Sucedió con el rey David. Era su sueño construir un templo para Dios, pero antes de morir, Dios le dijo: "No, tú no vas a construir este templo, porque tú has sido un hombre de guerra, y yo le voy a encargar a tu hijo, a Salomón, que construya ese templo".
Pero David tuvo el privilegio de hacer la parte que nosotros hicimos: de animar a la gente a que diera, y decir: "Miren, vamos a construir este templo. Traigan oro, traigan bronce, traigan materiales que puedan servir". Y se hizo una colecta enorme, probablemente la colecta más grande de todos los tiempos para cualquier proyecto religioso que ha habido; se dio en el tiempo de David. Y fue, de veras... o sea, muchos tratan de calcular cuánto era el equivalente —lo pueden leer en 1 Crónicas 29—, cuál era el equivalente de todo lo que reunieron, pero se calcula que era el equivalente de millones y millones de dólares. O sea, era una fortuna lo que se reunió para construir el templo.
Pero lo que quiero que vean —todo esto tiene que ver con el mensaje; no crean que estoy divagando aquí en algo que no tiene nada que ver—, lo que quiero que vean es lo que David dijo sobre ese dinero, todo lo que se reunió, la colecta más grande de todos los tiempos para la construcción de una iglesia. En el versículo 10 de 1 Crónicas 29, David dijo: "Bendito seas tú, oh Jehová, Dios de Israel nuestro padre, desde el siglo y hasta el siglo. Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos. Las riquezas y la gloria proceden de ti, y tú dominas sobre todo; en tu mano está la fuerza y el poder, y en tu mano el hacer grande y el dar poder a todos. Ahora pues, Dios nuestro, nosotros alabamos y loamos tu glorioso nombre. Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer voluntariamente cosas semejantes? Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos".
No hay nada que le podamos dar a Dios que no sea ya de Él. Entonces, no se jactó David, no dijo: "Miren cómo le echamos ganas y cómo reunimos cosas. Mira, Dios, cuánto te trajimos. ¿No estás impresionado con nosotros? Mira, Dios, cómo construimos este techo. Y nada más somos unos cuantos aquí, ¿no?, ni somos tantos hermanos, y mira todo lo que hicimos. ¿No estás impresionado, Dios?". ¿Se dan cuenta de la perspectiva correcta con respecto a Dios, y de quién es Él realmente, y de quiénes somos nosotros realmente en relación a Él? De eso se trata Romanos 11; ahí está la conexión.
De Él, por Él y para Él
Porque hace dos domingos estuvimos hablando de lo que significaban las riquezas de Dios; hablamos de la sabiduría, del conocimiento de Dios. No voy a regresar a ese punto, pero lo que quiero que piensen es que de ahí venimos: de empezar a maravillarnos de lo grande que es este Dios, el cual inspiró este libro, la Biblia, al cual estamos sirviendo y el cual nos ha salvado. Y el día de hoy leemos el versículo 34; bueno, la segunda mitad del versículo 33: "¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas". Suena un poco como David, ¿no? "A él sea la gloria por los siglos. Amén".
Hay un libro que se llama Una vida con propósito, y en ese libro, si ustedes lo abren, la primera página dice: "No se trata de ti". Y eso está sacado de aquí, del versículo 36. No se trata de ti; se trata de Dios. Ese es el mensaje de la Biblia. Ese es el tema central de todo lo que van a leer: se trata de Dios y de Su gloria. 1 Corintios 8:6, Efesios 4, versículos 4 al 6, Colosenses 1:16 dicen lo mismo, pero en otras palabras, que lo que dice este versículo.
Nadie puede entender la mente de Dios
De ahí, de este concepto de "de él, y por él, y para él, son todas las cosas", se derivan tres preguntas que hace Pablo en los versículos 34 y 35. Dice Pablo que hay tres cosas —son preguntas retóricas, ¿no?—, tres cosas que nadie puede hacer. La primera, dice Pablo, es entender la mente de Dios: "¿Quién entendió la mente del Señor?". ¿Cuál es la respuesta? No lo dice, pero esa es la respuesta: nadie. Y Deuteronomio 29:29 dice que hay cosas secretas, cosas que solo le pertenecen a Dios, y las cosas reveladas, a los hombres, a nosotros, para que las escudriñemos y las entendamos.
Tenemos que estar contentos con solo saber parte de la realidad. Tenemos que estar contentos con un conocimiento parcial. Nunca lo vas a saber todo; acostúmbrate. Y lo que sí está revelado, lo que sí podemos saber, lo tratamos de entender y lo tratamos de saber. Pero sabemos que es tan pequeño lo que hemos descubierto acerca de Dios en comparación con lo que Él es.
¿Se acuerdan del libro de Job? Este pasaje me recuerda mucho al libro de Job, porque en el libro de Job se maneja este tipo de cosas, donde Dios le cuestiona a Job y le dice: "¿Dónde estabas tú cuando se crearon las estrellas del universo? ¿Dónde estabas tú cuando sucedieron todas estas cosas?". Damos por hecho que ahí están, pero nosotros no sabemos cómo funcionan. Nosotros no tenemos ni idea de cómo es que realmente funciona el universo, y cómo es que tú y yo tenemos vida, y cómo es que respiramos. Son cosas que no sabemos, la verdad. Tenemos una idea pequeña, pero nuestro conocimiento es tan limitado y tan parcial en relación a lo que Dios es y Dios sabe.
Dice Pablo: "¿Quién entendió la mente de Dios?". Nadie. Vean lo que dice Isaías 55, versículo 8. Dice Dios: "Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos". ¿Les queda claro? Lo que Dios piensa, lo que Dios hace, nunca lo vamos a entender, nunca lo vamos a comprender, y tenemos que estar contentos con eso, hermanos.
Nadie puede aconsejar a Dios
Número dos, dice Pablo: nadie puede aconsejar a Dios. "¿Quién fue su consejero?". Isaías 40, versículo 13: "¿Quién puede dar consejos al Espíritu del Señor? ¿Quién sabe lo suficiente para aconsejarlo o instruirlo?".
"¿Acaso el Señor alguna vez ha necesitado el consejo de alguien? ¿Necesita que se le instruya sobre lo que es bueno? ¿Le enseñó alguien al Señor lo que es correcto, o le mostró la senda de la justicia?". En Job, capítulo 42, cuando Job acabó toda esta travesía de todo lo que él experimentó, de lo extraño que es Dios para hacer las cosas —porque eso es parte de no entender la mente de Dios: el hecho de que no entendemos por qué hace las cosas como las hace, y Job no entendía por mucho tiempo por qué Dios había permitido que murieran todos sus hijos, por qué había permitido que perdiera todas sus posesiones—, al final Job dice, versículo 2 del capítulo 42 de Job: "Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti. ¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento? Por tanto, yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía. Oye, te ruego, y hablaré; te preguntaré, y tú me enseñarás. De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza".
Cuando nos damos cuenta de quién es Dios realmente, y lo que Él sabe, y lo que nosotros sabemos, empezamos a tener una sensación de humildad delante de Él, de entender qué tan pequeños realmente somos, y nos damos cuenta de que tampoco podemos aconsejar a Dios. ¿No es chistoso que es probablemente lo que más le damos a Dios: consejo? El mundo... lo que más le gusta hacer es aconsejar a Dios. La cosa que Pablo dice que no puedes hacer es lo que más nos gusta hacer. Cada vez que la gente dice: "¿Y por qué no lo curaste?", "¿Dónde estaba Dios cuando...?"; cada vez que la gente dice: "Deberías haber...", a Dios, están haciendo lo que dice Pablo. No hagas eso. No te atrevas a aconsejar a Dios. Tú no sabes lo que estás diciendo. Tú piensas que conoces una mejor manera de hacer las cosas; tú piensas que Dios se está equivocando en permitir que pasen ciertas cosas en tu vida o en el mundo en general. Dios sabe exactamente por qué las está haciendo.
Nadie puede hacerle un favor a Dios
Número tres, dice Pablo: "¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado?". Hacerle un favor a Dios es la tercera cosa que nadie puede hacer, porque si todo ya es de Él, entonces, ¿qué haces para que ahora Dios te deba a ti un favor? Pensamos que si yo hago ciertas cosas y le echo la mano a Dios, entonces ahora Dios se va a ver obligado a hacer algo por mí. Eso también es una de las cosas más comunes que existen, ¿no?, esta idea de trueque con Dios. Y por eso están las peregrinaciones, ¿no?, que hacen, y por eso todas estas cosas se dan, porque la gente cree: "Si yo me sacrifico, si yo hago ciertas cosas, entonces Dios tiene la obligación de...".
Y existe la mentalidad, ¿no?, de que yo le pido algo a Dios y le digo: "A ver, Señor, por favor, cúmpleme eso, y voy a ir a la iglesia todos los domingos, y voy a estar ahí temprano, a tiempo, y voy a dar mi diezmo". Y entonces empezamos a pensar, y empezamos a sentir que ahora sí Dios tiene la obligación de contestar mi oración como yo se lo estoy pidiendo, porque: "Estoy cumpliendo, Dios. Estoy haciendo todas las cosas que Tú dices que debería hacer". Entonces, "¿quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado?". Todo lo que Dios te dé es gracia. Y sí, Dios promete ciertas cosas para Sus hijos, pero no es por obligación; es porque Él quiere, libremente, darnos.
Entonces, tenemos que aprender a orar y a pedir cosas, porque muchas veces oramos no en el nombre de Dios, sino en nuestro propio nombre, y ese no es el tipo de oraciones que Dios contesta. "Que se haga Tu voluntad, Señor. Tú sabes qué es lo que quieres hacer. Yo te pido esto, pero que se haga Tu voluntad y no la mía. ¿Quieres sanarme? Sáname. Si no, que sea para Tu gloria mi enfermedad. ¿Quieres darme trabajo? Dámelo. Pero si no, que mi falta de trabajo y mi pobreza sean también para Tu gloria". Esa es la perspectiva. Empieza a cambiar la manera en que hacemos las cosas; nos pone en una posición de humildad delante de Dios.
Vean lo que dice Lucas, versículos 7 al 10, cuando Jesús hablaba. Decía: "¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la mesa? ¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú? ¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no. Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos". ¿Se dan cuenta? Es esta posición de humildad delante de Dios en todo lo que hacemos para Él, en todo nuestro servicio hacia Él, pensando en que no es para que Dios esté endeudado con nosotros, sino que es simplemente por Su gracia y Su misericordia que tenemos el privilegio de servirle, y por lo cual hemos sido salvados a través de Su Hijo. Eso lo vamos a ver en un momento.
Lo único que podemos hacer es recibir
Entonces, ¿qué es lo único que podemos hacer con Dios? Recibir. Lo único que puedes hacer con Dios es recibir. No hay nada que puedas dar, porque todo lo tuviste que recibir primero. Así funciona. O sea, ya era de Dios en primer lugar. Entonces, hay dos opciones que tenemos; todo ser humano tiene dos opciones: recibe Su misericordia o muere condenado. Pero no vas a negociar con Dios. No vas a llegar delante de Él y vas a decir: "Mira, Dios, qué buena persona soy, cómo le eché ganas, cómo me respetaban todos por mi reputación de ayudar y de...". Tú no puedes hacer ese tipo de negociación con Dios. Lo único que puedes hacer es recibir misericordia, recibir perdón, y ese es el único tipo de negociación que se puede hacer con Dios.
¿Saben qué es lo único que le impresiona a Dios? ¿Qué le impresiona a Dios? Lo único que le impresiona a Dios es Su propia gloria. Es lo único que le impresiona: Su propia gloria. Y la mejor manera en que Dios muestra Su gloria es dándola libremente, regalándola a través de Su gracia.
De Él son todas las cosas
Hay tres cosas que dice el versículo 36 que son la base, el fundamento de la existencia de todo: "De él, y por él, y para él, son todas las cosas". Entonces, primeramente tenemos "de él". De Él es todo. ¿Se acuerdan? Romanos 9, versículo 16, unos versículos atrás: "Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia". Él es la fuente de todo. Efesios 1:11 dice que "obra todas las cosas conforme al consejo de su voluntad". Proverbios dice: "Podremos tirar los dados, pero el Señor decide cómo caen". ¿Tú crees que cuando regreses a tu casa hoy en la noche y digan: "Hay que jugar Turista todos", tú crees que Dios no tiene nada que ver con eso? Echas los dados: cae un seis, un ocho, si son dos, ¿verdad? Dios. Así de insignificantes son los detalles detrás de los cuales está Dios. Proverbios 19:21 dice: "Puedes hacer todos los planes que quieras, pero el propósito del Señor prevalecerá".
A ver, voy a hacerles esta pregunta: ¿realmente todo viene de Dios? ¿Todo? Es lo que dice este versículo, ¿no? ¿Todo es de Él? Sí. ¿Seguros? Vean lo que dice 1 Juan 2, versículos 15 al 16. Dice: "No amen a este mundo ni las cosas que les ofrece, porque cuando aman al mundo, no tienen el amor del Padre en ustedes. Pues el mundo solo ofrece un intenso deseo por el placer físico, un deseo insaciable por todo lo que vemos, y el orgullo de nuestros logros y posesiones" —es la Nueva Traducción Viviente—. "Nada de eso proviene del Padre, sino que viene del mundo". Nada de eso proviene del Padre; todo eso viene del mundo. Entonces, ¿de veras todo viene de Dios? A ver, esto hay que pensarlo, ¿no? Hay que pensarlo. Porque existe el pecado, existe el mal. ¿Viene de Él el pecado? Ya están como que no saben qué decir, ¿verdad? "De él son todas las cosas". ¿Todas las cosas? Bueno, la misma Biblia dice: no, hay cosas que no vienen de Él. La respuesta es: el pecado y el mal vienen y son de Él en el sentido de que Dios permite que sean y tiene el control sobre ellos.
Pero no vienen de Él en el sentido de que no son una extensión de Su naturaleza. El pecado y el mal no son parte de la naturaleza de Dios, pero vienen de Él porque tiene el control para permitir que sigan siendo y sigan existiendo. Y esa es la razón por la cual Satanás sigue existiendo el día de hoy: porque Dios quiere que siga existiendo. Y tú y yo aquí estamos hoy en día, y seguimos pecando, porque Dios ha permitido que aquí sigamos y que sigamos pecando. Dios pudo haber dicho hace mucho tiempo ya... Así como con una sola palabra hizo que todo el universo existiera, con una sola palabra Dios podría haber dicho que dejara de existir todo, y ya no estaríamos aquí.
Entonces, la única razón por la cual sigue habiendo mal y sigue habiendo pecado es porque Dios permite que siga habiendo mal y siga habiendo pecado. Entonces, en ese sentido es de Él, pero no en el sentido de que es una extensión de Su naturaleza; no viene de Él como parte de Su naturaleza. Dios puede controlar y permitir el pecado sin ser autor y originador del pecado. Entonces, tú y yo seguimos siendo totalmente responsables por el mal, y por las malas decisiones que tomamos, y por el pecado que hacemos. Seguimos siendo responsables, y aun así Dios sigue estando en control. No lo entiendan: crean, porque eso es parte de lo que está aquí. "De él son todas las cosas".
Sí, de Él son todas las cosas, porque todo lo que existe, existe porque Dios así quiso que fuera. ¿Creó Dios a Satanás? Sí, creó Dios a Satanás. Entonces, ¿por qué existe Satanás? Porque Dios lo creó. De Él son todas las cosas, pero lo que hace Satanás no es parte de la naturaleza y de la esencia de Dios. Bueno, no sé qué ejemplo podría ayudarles a entender esto. Uno podría ser: ¿cómo te haces un moretón? Bueno, hay varias maneras, ¿no? A lo mejor te podrías inyectar sangre morada, ¿no? Digo, tinta morada es lo que me refería. Sangre azul, te inyectas sangre azul... No, te inyectas sangre... digo, te inyectas tinta morada, y ahí está el moretón, ¿no?
Entonces, ¿de dónde surgió el moretón? Bueno, esa no es la manera común en la que ustedes se hacen moretones. La manera común es: un golpe causa el moretón, y el objeto no tiene que ser morado, ¿o sí? Entiendan cómo algo puede ser la causa sin ser la esencia. Es un ejemplo extraño, pero les ayuda un poquito a visualizar de qué estoy hablando, en el sentido de que todas las cosas son de Él, pero no todo viene de Su naturaleza y de Su esencia.
Por Él son todas las cosas
Número dos, dice Pablo: "Por él son todas las cosas". Y el ejemplo más claro de esto lo encontramos en el mensaje del evangelio. La salvación es por medio de Dios únicamente. No tiene nada que ver contigo. Lo único que tiene que ver contigo es que a ti es a quien salva, pero la salvación es por Él. Este es el ejemplo más claro de este punto de que por Él son todas las cosas, porque es por Su gracia. ¿Qué significa "por Su gracia"? ¿Se acuerdan de Romanos 5?: "Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios".
Gracia significa que tú no lo mereces y Dios te lo está dando de todas maneras. Quiere decir que es enteramente Dios y cero tú: 100%, 0%. Así funciona. A través de la fe, lo cual también es un regalo de Dios. Dios te da la fe para que creas en Él. Pero la fe, por definición, es ver no hacia ti mismo, sino hacia alguien más, ¿no? Tu fe está en Jesús; quiere decir: "Yo estoy poniendo mi confianza, estoy poniendo mi dependencia enteramente en Jesús. No me estoy viendo a mí mismo, estoy viéndolo a Él". Entonces, es Él el que me salva. Si la fe en Jesús es lo que te salva, entonces tienes que voltear tu vista de estarte viendo a ti mismo a ver a Jesús.
Y Romanos 8:1 dice: "Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús". ¿90% por Cristo Jesús y 10% ellos? ¿Dice eso? No. Dice: "para los que están en Cristo Jesús". Eso es lo que te salva: Cristo Jesús. Es por Él que hay salvación, y Dios quiere dejar eso muy claro: que solo a través de Dios hay salvación. Es Él; por Él, no por ti.
Y es por eso... de aquí venimos, ¿se acuerdan? Dios escogió que Israel, que se jactaba de su etnicidad y decía: "Ah, nosotros somos los escogidos de Dios, nosotros somos el pueblo escogido, favorecido por Dios; a nosotros nos dio la ley y los profetas; algo hay en nosotros que nos hace merecedores"... Y Dios dice: "No. Ahora va a cambiar el rumbo de la historia, porque ustedes me van a rechazar, y ustedes van a perderse de las bendiciones, de las promesas dadas a ustedes; es decir, no van a ser salvos. Y van a entrar todos los gentiles, los cuales van a recibir todo lo que yo les di a ustedes". Y ellos no tenían nada de privilegios étnicos. Nadie aquí en Cuajimalpa puede decir: "Ay, es que yo soy de sangre muy privilegiada por Dios", ¿no? Los judíos: "Yo soy hijo de Abraham". Nadie de nosotros puede decir eso.
Y Dios planeó de esa manera la historia para que precisamente pudiéramos decir: "Es por Él", ¿no? Para que los judíos tuvieran que algún día decir: "Es por Él que somos redimidos, y no porque somos judíos nada más". Ahí viene este capítulo, ¿se acuerdan? Entonces, esa es la razón. Esto de "por él" es la razón del rechazo de Israel en la historia. Y solo Dios pudo haber planeado una manera de salvación que cumpliera los requerimientos de Su justicia y, al mismo tiempo, justificara a los pecadores. Solo Dios podía hacer eso.
Para Él son todas las cosas
Número tres: "Para él son todas las cosas". Para Él son todas las cosas. ¿Se acuerdan de que les estaba diciendo que hay dos opciones? Puedes recibir la misericordia de Dios o ser condenado. Ambas son para Él. Todo el mundo y toda persona que ha vivido, al final, es para Él. Todos. Nadie, ningún animal, ninguna planta, ningún ser humano, ninguna estrella en el universo, nada de lo que se hace sale del propósito de que todas las cosas sean para Él. Entonces decimos: "¿Cómo...? A ver, entonces, ¿cómo funciona eso? Entonces, ¿qué tal si alguien es una persona mala, y se rebela contra Dios, y al final es condenado? ¿Eso es para Él?".
Sí, es para Él, porque en Su justicia Dios hace las cosas para Él, ¿no? Por eso condena a la gente, porque es para sí mismo que los está condenando: para mostrar Su justicia, para mostrar qué tan severo es el pecado, qué tan santo es Él, qué tan drástico es Él con el pecado, y cómo es que alguien que no viene a Él a través de Su Hijo es condenado. Eso glorifica a Dios. Pero ¿cuál quieres ser? ¿Quieres glorificar a Dios en tu condenación, o quieres glorificar a Dios en aceptar Su misericordia? Ese es el gran mensaje del evangelio: que no hay solo una manera de glorificar a Dios.
Dios podría condenar a todo el mundo y ser enteramente justo, inmediatamente, sin darnos ninguna oportunidad de misericordia y de arrepentimiento. Dios sería enteramente justo, y eso glorificaría a Dios, porque sería evidente que Dios es un Dios justo y santo que castiga el pecado. ¿Quién le va a reclamar y le va a decir: "Ay, ¿por qué no nos diste una oportunidad?"? ¿Por qué tiene que darte una oportunidad? No tiene que hacerlo. Pero Dios escogió dos maneras en las cuales Él es glorificado. Una, mostrando Su justicia y Su condenación del pecado, en el cual muchas personas mueren en sus pecados y delitos, eternamente.
Y también escogió mostrarse y glorificarse en enviar a Su Hijo Jesucristo, para que muriera y derramara Su sangre, y nos diera la oportunidad de ser reconciliados con Dios, y nos dijera: "Arrepiéntanse. Y si ustedes ponen su fe en Él, ustedes pueden ser reconciliados conmigo, y eso también me va a glorificar, porque también en mi amor y misericordia soy glorificado". ¿Se dan cuenta? Entonces, para Él son todas las cosas. Sí, la gente que se pierde, la gente que se salva, la gente que se rebela contra Dios, la gente que se arrepiente y acepta el perdón de Dios: todo eso es para Él. Todo.
No se trata de ti
Y todo esto, hermanos, pone una nueva perspectiva en nuestras propias vidas, ¿no?, porque pensamos que somos tan importantes. O sea, pensamos que nuestros problemas son todo. Pensamos que si a mí me tratan mal, eso es lo peor que puede pasar, ¿no? Y si a mí me hacen una injusticia, eso es lo peor que puede pasar. Y por eso nos deprimimos, y por eso nos desanimamos: porque sentimos que todo gira en derredor de nosotros, que nosotros somos el centro del universo, no Dios. Pensamos que nuestro sistema solar es: "Yo estoy aquí, y todo está girando alrededor de mí. Entonces, pues, que todos respeten mis derechos, ¿no?, y que todos me traten bien, como deberían tratarme, y que todo salga como yo quisiera que salga".
Eso es lo que nos preocupa casi todos los días. Es una perspectiva completamente equivocada de acuerdo con este pasaje, porque este pasaje dice: no se trata de ti. No se trata de lo que te hacen a ti, no se trata de las injusticias que te hacen y de las cosas que tú crees que deberían ser diferentes. No se trata de eso; se trata de Dios. Y si nosotros empezamos a tener esa perspectiva, ¿no disminuiría la gravedad de nuestros problemas? Si empezamos a pensar así: "Todas las cosas son para Él. Me insultan, y todo es para Dios, no para mí. Entonces, ¿qué tiene que me insulten? ¿Qué tiene lo que piensen de mí? Porque es para Dios". Todo es para Él. Cambia enteramente la perspectiva, y podemos empezar a decir con Pablo: "A él sea la gloria por los siglos. Amén", ¿no?
¿Qué significa "amén"? Que así sea: que todo sea para Él, no para mí. O a lo mejor se están sintiendo como: "Ay, dame tantita gloria a mí, ¿no? O sea, comparte un poquito de Tu gloria conmigo". Hay mucha gente que sí piensa eso y dice: "Ay, yo no puedo creer en un Dios que sea tan egoísta y que diga: 'Ay, toda la gloria para mí', ¿no? 'Todos alábenme a mí'. Ay, qué Dios tan orgulloso, tan arrogante". ¿Saben por qué dicen eso? Porque ellos quieren un poco de esa gloria, porque se sienten incómodos con decir: "Todo es para Él". Ellos quisieran decir: "Algo para mí también", ¿no?
La gloria de Dios es lo mejor que nos puede dar
Y no se dan cuenta de que la gloria de Dios es para nosotros; es para que nosotros la disfrutemos eternamente. Es lo mejor que Dios te puede dar: es Él mismo. Dios no sería un Dios amoroso si no diera Su gloria. Si Dios dijera: "Ah, bueno, tú un poquito de gloria también", sería completamente injusto Dios, porque nos estaría dando algo bien chafa, ¿no? Dios dándose a sí mismo a nosotros es lo mejor que Dios tiene que dar, y deberíamos estar contentos de que Dios quiere toda la gloria para Él, porque eso es lo mejor que existe. Y si quieres tú lo mejor, entonces desea que Dios se lleve todo y que Dios muestre quién es realmente. Y nosotros tenemos que estar contentos pensando que vamos a disfrutar de eso para siempre.
Espero, hermanos, que esto empiece a resonar en sus corazones con una verdad que sea real en sus vidas, y que no nada más estén diciendo: "Bueno, es que a mí lo único que me preocupa ahorita es, pues, conseguir trabajo, ¿no?". "Y a mí lo único que me preocupa es, pues, mi matrimonio, que se arreglen las cosas; ya con eso estoy feliz". O: "A mí lo único que me preocupa es no irme al infierno. Nada más con que no me envíen al infierno, entonces estoy bien". No, no pienses así. O sea, no te quedes en este mundo tan pequeño y con las cosas tan chiquitas, que realmente no importan, porque no se trata de esas cosas; se trata de la gloria de Dios.
Y entonces, cuando nos consumimos con las cosas chiquitas, perdemos de vista el panorama más amplio, que es el plan que Dios tiene para todas las cosas. Y si tú te acuerdas de esto todos los días, te aseguro que tu perspectiva de la vida cambia. Por eso dije, cuando empezó el mensaje, que creo que este es el mensaje más importante de la Biblia: porque explica la razón de nuestra existencia, explica la razón por la cual estamos aquí, de todas las cosas: de dónde venimos, por qué estamos aquí y hacia dónde vamos. De Él, por Él y para Él.
Entonces, te confronta con esta realidad: ¿cómo estás viviendo tú tu vida a la luz de eso?, ¿no? ¿Cómo estás asimilando las cosas que llegan a tu vida a la luz de eso? ¿Por qué se divorcia la gente? ¿Por qué? "Porque ya no lo amo", dice, o "ya no la amo, ya no siento nada". ¿De veras? O sea, ¿que se trata de ti?, ¿no? Eso está haciendo: se trata de ti. ¿Por qué miente la gente? "Es que, ¿qué van a decir si saben la verdad?". Ah, o sea, se trata de ti: "Es que mi reputación", ¿no? O sea, hay tantas cosas que constantemente nos hacen olvidar este versículo de la Biblia.
No daré Mi gloria a otro
Quiero concluir con estos pasajes de Isaías que tratan con este mismo punto que Pablo menciona, el fin de todas las cosas. Dice: "Yo soy el Señor; ese es mi nombre. No le daré mi gloria a nadie más, ni compartiré mi alabanza con ídolos tallados". "Te rescataré por amor de mí; sí, por amor de mí mismo. No permitiré que se manche mi reputación, ni compartiré mi gloria con los ídolos". Y cuando dice "ídolos", se aplica a todo lo que no es Dios. Es Isaías 42, versículo 8, e Isaías 48, versículo 11.
Uno de los movimientos más significativos de toda la historia de la iglesia se dio durante el periodo de la Reforma, con Martín Lutero y otros, Calvino. Y una de las frases clave del movimiento, uno de los conceptos claros que movieron el corazón de estas personas a buscar la verdad en la Palabra de Dios, a enfrentar el sistema político establecido y religioso que había en esa época, que existía también con la Iglesia católica, era la frase Soli Deo gloria: "A Dios solamente sea la gloria". Esa era la frase del movimiento de la Reforma que causó una visión en la gente para decir: "Vamos a hacer esto. ¿Por qué? Porque se trata de la gloria de Dios. Y si Dios quiere que nos maten, que así sea, porque no se trata de nuestras vidas aquí en la tierra; se trata de la gloria de Dios. Se trata de pelear por la verdad que hemos visto en Su Palabra, que sabemos que ha sido revelada para Su gloria. Si tenemos que morir, si tenemos que perder nuestra casa, si tenemos que perder nuestras posesiones, que así sea, porque todo es para la gloria de Dios".
Y si eso es lo que va a glorificar a Dios, que así sea. La vida de los mártires, aquellos que han perdido todo por causa del nombre de Cristo, ha sido una de las cosas que más ha glorificado el nombre de Dios a lo largo de la historia, porque la gente dice: "¿Cómo puede ser? ¿Cómo pueden permitir eso? ¿Y cómo pueden estar gozosos de eso?", ¿no? ¿Qué clase de gente actúa así? Solo gente que tiene la convicción de que para Dios son todas las cosas. Solamente la clase de gente que cree que no se trata de ellos, y que no se trata de sus problemas aquí en la tierra nada más, sino de algo más poderoso, más profundo y más eterno, que es Dios y Su gloria por toda la eternidad.
De Él, por Él y para Él como iglesia
Entonces, si nosotros meditamos más sobre este pasaje, si entendemos este pasaje como iglesia, todo será diferente, porque de eso se trata nuestra iglesia. Si ustedes entran a la página de la iglesia, iglesiacuajimalpa.org, van a encontrar este versículo ahí. No es casualidad. Y los jóvenes —no sé si todavía se llaman así, ¿no?, pero así, este era el grupo de jóvenes—: jóvenes "De Él, por Él y para Él". Si mantenemos ese enfoque como iglesia, si podemos seguir pensando en este versículo día tras día, y en todo lo que hagamos, y en todo lo que digamos, y en todo lo que planeemos como iglesia —"Ah, vamos a poner el techo. Ah, vamos a hacer esto, vamos a hacer la escuelita bíblica de vacaciones"—: ¿y cómo encaja esto dentro de esto? ¿Cómo encaja esto dentro del propósito de todas las cosas? Entonces estaremos pensando como Dios quiere que pensemos como cristianos. Que Dios bendiga Su Palabra y el mensaje de la doxología de Romanos 11.
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