Juan 15JuanJosé María Cárdenas
En la vid cumplimos la misión
Transcripción
Introducción: una misión para la que nadie está listo
Me da mucho gusto estar aquí, con temor y temblor, para compartir la Palabra de nuestro Dios. Y lo que vamos a hacer es dar continuidad a lo que estuvimos escuchando acerca de las misiones. Y antes de entrar en el tema, quiero contarte una historia. Cuando recién me gradué —yo estudié derecho—, entré a trabajar y un compañero se estaba jubilando. Él es el que hacía todo lo jurídico en el área en la que yo entré.
Y cuando él se jubila, me transfiere todas sus responsabilidades, y la verdad me puse bastante nervioso. Empezamos a hablar cuando me estaba entregando todo y me dijo: "Tú ya estudiaste una licenciatura, tú ya estás listo para hacer estas cosas". Y ciertamente, cuando empecé a leer los expedientes que estaban ahí enfrente de mí, ya había estudiado lo que estaba ahí, ya sabía exactamente qué estaba leyendo, y sí estaba listo para tomar ese trabajo.
Pero hablando de la misión de Dios y la misión que tiene la iglesia en el mundo, no podemos hacer una equiparación de estas cosas. No es como estudiar una licenciatura. No hay nada, absolutamente nada —ni conferencias, ni seminarios, ni libros que leas— que te prepare para que estés totalmente listo para cumplir la misión de Dios.
La misión de Dios: llenar la tierra de Su gloria
¿Cuál es la misión de Dios? Si tú lees Génesis desde el principio, puedes ver cómo nos creó a Su imagen y semejanza y nos dio autoridad sobre todas las cosas, pero también dijo otra cosa: "multiplíquense, llenen la tierra, gobiérnenla". El mejor comentario acerca de Génesis 1 es el Salmo 8. Y cuando tú ves que Dios coronó al hombre de majestad y gloria, también ves que dice que lo puso sobre la creación. Y al final el salmista termina diciendo: "Toda la tierra es llena de la gloria de Dios".
¿Cuál es la misión de Dios? ¿Qué te hace pensar estos textos? La misión de Dios es llenar toda la tierra de Su gloria. ¿Qué es Su gloria? Hace poco lo vimos juntos: es el conjunto de Sus atributos. Eso es Su gloria. Dios quiere llenar toda la tierra del conjunto de Sus atributos. Quiere que cada espacio, cada criatura esté llena de Él.
¿Y por qué? ¿Qué, está tan necesitado este Dios que necesita la atención de todos y necesita estar en todo? No. Dios no necesita de nada ni de nadie. De hecho, cuando Él nos creó, Él ya estaba en una perfecta comunión entre el Hijo y el Espíritu Santo. Él mismo, al ser trino, está en perfecta comunión y no necesita de nada ni de nadie. Entonces, ¿por qué nos hizo, y por qué Su intención es llenar la tierra de Su gloria?
Quiere llenar la tierra de Su gloria porque Él nos hizo para sí mismo. Porque el propósito de toda la creación es Dios mismo. Y la única forma de cumplir el propósito del mundo y de tu vida es en Él: es ser lleno de Él. Entonces, Dios no quiere llenar la tierra de Su gloria porque nos necesite, o porque sea un Dios que necesita reconocimiento, sino porque Él sabe que, llena la tierra de Su gloria, la tierra va a encontrar verdadera satisfacción, porque está cumpliendo aquello para lo cual fue hecha.
Entonces, la misión de la iglesia, ¿qué es? Es proclamar el evangelio extendiendo el reino de Dios, llevando la gloria de Dios a todos los rincones de la tierra, hasta los confines de la tierra. ¡Qué tarea tan gloriosa, tan majestuosa, tan sublime, y tan imposible para una persona que viene a una conferencia, o estudia un seminario, o lee libros! ¿No crees? Aunque esas cosas son buenas, se quedan muy cortas para la misión de Dios.
La misión de Dios es llenar la tierra de Su gloria: que en cada aspecto de nuestras vidas nosotros disfrutemos quién es Dios y, llenos de Dios, proclamemos quién es Dios, reflejando quién es Dios a otros. ¡Qué tarea tan imposible! Una conferencia, aunque nos puede animar y puede ser muy buena; un seminario, aunque nos puede llenar de conocimientos, de técnicas para estudiar nuestras Biblias, para encontrar verdades profundas teológicas, no puede ser suficiente entonces. Porque se trata de todas las áreas de nuestra vida y de todo lugar en donde estemos: estar tan llenos de Dios, disfrutando tanto de Dios, que proclamemos quién es Dios y reflejemos quién es Dios.
En la vid cumplimos la misión de Dios
Queremos dar continuidad al mensaje, pero profundizando un poco: ¿cómo cumplimos la misión de Dios? La respuesta está en el Salmo… en el Salmo, perdón, en Juan 15. Y el título de este sermón es "En la vid cumplimos la misión de Dios". En la vid cumplimos la misión de Dios. Realmente, si llevas algunos años en el evangelio, muy posiblemente ya has leído Juan 15 y sabes de qué estoy hablando.
En la vid, Cristo, es posible cumplir la misión de Dios, porque "separados de mí nada podemos hacer", "nada pueden hacer", dice nuestro Señor. Y sabemos muchos versículos que, aunque son preciosos y son hermosos, justamente por eso se han convertido a lo mejor en un cliché en tu vida. Y dices: "Nada puedo hacer separado de Dios". O "si permaneces, llevas fruto". O "si permaneces en Su amor, vas a llevar fruto". Y todos estos clichés son verdades hermosas y gloriosas.
Pero queremos juntos ver este texto para profundizar en qué es lo que significa realmente eso, qué significa dar fruto, qué significa cumplir la misión de Dios. ¿Por qué es que en Cristo podemos cumplir la misión de Dios? Entonces, este sermón tiene dos partes. En la vid cumplimos la misión de Dios porque en Él podemos dar fruto que glorifica a Dios. Pero luego vamos a ver cómo se ve eso, cómo es realmente que se ven las vidas de los cristianos cumpliendo la misión de Dios.
Oración
Esa misión que tengo en este momento es muy alta y es imposible de lograr para mí. Por eso vamos a orar juntos.
Padre, gracias, gracias, Padre, por hacernos Tus hijos en Cristo, por dejar Tu Palabra, por dejar Tu Espíritu Santo, por permitirnos conocerte a través de Tu Espíritu. Gracias porque estamos juntos haciéndolo, abriendo Tus Escrituras. Concédenos conocerte y ser impactados por Tu amor, para que hagas sentido a nuestros corazones de que en Ti realmente podemos cumplir Tu misión. Líbrame a mí de ser un estorbo, Señor. Te doy gracias. Te damos gracias juntos en Cristo Jesús. Amén.
El contexto: del ministerio público al ministerio privado
Esta parte del evangelio de Juan la dijo hace ocho días el hermano Carlos. A partir del capítulo 12 hay una bisagra en el evangelio. Hay dos partes de este evangelio de Juan. La primera es la parte de las señales: nuestro Señor haciendo Su ministerio público, mostrando realmente que Él es Dios. "A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo" de Dios, Jesucristo, "lo dio a conocer".
¿Cómo lo dio a conocer? Con las obras que hacía. Lo dio a conocer cumpliendo todo lo que de Él estaba escrito. Lo dio a conocer porque Juan el Bautista, que era un predecesor, que estaba profetizado, anunció que Él vendría. Lo dio a conocer por el testimonio de Moisés; lo dio a conocer por todo lo que Él hizo y dijo. Jesús dio a conocer al Padre a través de esto.
Jesús glorificó al Padre. Eso es lo que significa: dio a conocer al Padre. Los atributos de Dios fueron claramente visibles en la persona de Cristo. Y la primera parte del evangelio es eso: Jesús mostrando la gloria de Dios en Su vida. Él se encarnó para que veamos Su gloria, lleno de gracia y de verdad.
La segunda parte del evangelio, que comienza en el capítulo 12, es el ministerio privado de nuestro Señor Jesucristo. Es una conversación que va a tener al final del capítulo 12, y hasta el 18, con Sus discípulos, con aquellos que creen en Él. Y es interesante, porque en el capítulo 13 están doce con Él, y entonces nuestro Señor dice: "Ya ustedes están limpios, aunque no todos". ¿A quién crees que se refería? A Judas. Ahí estaba Judas en el capítulo 3, pero en ese mismo capítulo él se va de la escena, y ya nuestro Señor queda únicamente hablando en este ministerio privado, en donde nuestro Señor les está preparando para lo que viene, con Sus apóstoles.
¿Y qué es lo que viene? Él va a consumar la obra de redención. Él va a entregar Su vida por nosotros. Va a morir, va a resucitar al tercer día y va a ascender a la diestra de Dios. Y el Espíritu Santo va a estar en los apóstoles para cumplir la misión de Dios: dar a conocer al Padre a través de Jesucristo, para que Este sea exaltado.
Pero los apóstoles se van a enfrentar a un mundo caído, a un mundo hostil que odia a Dios, a un mundo caído que está lleno de enfermedades, de necesidades fisiológicas, de problemas personales, de pecado. Y los apóstoles necesitan estos mensajes. Así que cuando creas que el mundo se te viene encima, cuando hay estos problemas del mundo caído, de esta realidad —de la enfermedad, de los conflictos, de las guerras, de los problemas económicos, de los temores—, puedes venir a esta charla íntima de Jesús con Sus apóstoles y puedes ser nutrido por estas verdades.
Y es por eso que Juan 15, más que una amenaza o una receta de cómo dar fruto, o una amenaza de que si no das fruto vas a ser echado al fuego, esto es una esperanza para los verdaderos creyentes en el Hijo de Dios. Es una esperanza, es un ánimo. Muchas veces he escuchado este pasaje predicado al revés, como una amenaza: si tú no das fruto… Pero vamos a ver juntos que más bien es una esperanza de que realmente en Cristo damos fruto que glorifica a Dios. Y también nos describe cómo se ve la vida de alguien que está glorificando a Dios.
Lectura: Juan 15:1-8
Entonces, vamos juntos a leer del versículo 1 al 8. Dice nuestro Señor Jesucristo: "Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo quita; y todo el que da fruto, lo poda para que dé más fruto. Ustedes ya están limpios por la palabra que les he hablado. Permanezcan en mí, y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco ustedes si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da mucho fruto, porque separados de mí nada pueden hacer. Si alguien no permanece en mí, es echado fuera como un sarmiento y se seca; y los recogen, los echan al fuego y se queman. Si permanecen en mí, y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y les será hecho. En esto, en esto es glorificado mi Padre: en que den mucho fruto, y así prueben que son mis discípulos".
Yo soy la vid verdadera
Vamos a ver por partes. Si estamos diciendo que en la vid vamos a dar fruto que glorifica al Padre, primero veamos qué es ese fruto. Y para esto nuestro Señor nos está dando elementos preciosos. No sé si puedan ponerla… Bueno, nos está dando elementos preciosos. Ahorita seguramente va a aparecer ahí. Pero para poder pensar en esto que está usando nuestro Señor: está usando algo que todos pueden ver, pero no solamente que todos pueden ver, sino que está usando algo que, a través de toda la revelación de quién es Dios —es decir, las Escrituras—, el Señor ha usado: una viña.
Entonces, nos está dando diferentes elementos. Dice: "Yo soy la vid". Una vid, perdón; la viña es cuando hay un conjunto de vides. "Yo soy la vid", dice Él, que es un árbol que tiene ramitas y que da ese fruto que vemos: uvas. Entonces, vamos a ver los elementos que nuestro Señor da para entender qué es dar fruto. "Yo soy la vid", pero ¿qué dice? Verdadera. "Yo soy la vid verdadera". ¿No te has detenido a pensar por qué dice "verdadera"? ¿Habrá falsas vides? ¿Habrá alguien diciendo: "Yo también soy la vid verdadera"?
Si puedes venir conmigo a Isaías 5. Tú puedes ver que nuestro Señor ha usado esta imagen de un árbol en toda la Biblia, de hecho. Pero quiero ser específico en cuanto a este árbol de la vid. Aquí va a decir "viña"; vamos a ver otro donde dice "vid". En el Salmo 80 dice que Israel es una vid que desarraigó de Egipto y la plantó en la tierra prometida. Entonces, Dios, a lo largo de Su revelación, ha mostrado a Israel como este árbol que da fruto. Entonces, vamos a ver qué características tiene ese árbol.
Israel, el plantío delicioso que falló
Fíjate en el versículo 7. Isaías 5 dice: "Ciertamente la viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá su plantío delicioso". Vamos a detenernos ahí: plantío delicioso. ¿Por qué Dios plantaría algo? ¿Necesita comer? ¿Por qué quiere que sea delicioso? ¿Porque ama las uvas? Mm. Dios nos creó para reflejarlo a Él. Así que ese plantío delicioso era delicioso ¿para quiénes? Para las otras naciones.
En Éxodo 19:5 dice que Dios escogió a Israel para poner en Israel Su nombre, y que todas las demás naciones lo conocieran. Así que Israel era el plantío delicioso del Señor para que otros probaran de Israel. ¿Qué iban a probar? Quién es Dios. Pero mira qué dice Él: Dios esperaba equidad, pero hubo derramamiento de sangre; justicia, pero hubo clamor. ¿Qué está haciendo Israel? Fallando al propósito por el cual Dios los hizo Su plantío delicioso.
Mira Jeremías 2:21. Dice nuestro Señor: "Pero yo te planté como vid escogida, toda ella de semilla genuina. ¿Cómo, pues, te has convertido delante de mí en un sarmiento degenerado de una vid extraña?". ¿Cómo, pues, ahora pareces de una vid extraña? ¿Cómo te has convertido en esto, si yo te planté con una semilla genuina? ¿Qué semilla es esta con la que se plantó Israel?
La semilla genuina
Génesis 12: Dios prometió a Abraham… En Génesis 11, todos los hombres piensan de continuo el mal y se están rebelando en contra de Dios otra vez, y hacen una torre para rebelarse en contra de Dios, para poner un nombre que no será conmovido. Y en ese contexto de rebelión en contra de Dios, Dios llama a un hombre que se llama Abraham, lo toma y le hace una promesa: "De ti haré una nación grande, y te bendeciré, y te multiplicaré, y te daré una tierra". Pero ¿qué más dice? "En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra".
Simiente es la palabra "semilla". Mm. ¿Cuál es esta semilla genuina con la que Dios plantó a Israel? Aquella semilla que va a terminar bendiciendo a todas las familias de la tierra. Cuando Pablo explica ese versículo en Gálatas 4, dice que esa semilla es Cristo. Entonces hace sentido. Vamos a Juan 15. Hace sentido que nuestro Señor diga: "Yo soy la vid verdadera", porque hay una vid extraña. Israel, el pueblo étnico, no parece estar dando el fruto.
¿Te acuerdas que comentamos algo acerca de Judas? Judas se fue porque, a pesar de que escuchó y vio las obras de Jesús, que estaba mostrando ser el cumplimiento de todas las Escrituras, que estaba mostrando ser esa semilla que iba a bendecir a las naciones de la tierra, Judas rechazó eso y prefirió poner su esperanza, su confianza, su amor y su gozo en el dinero, en la reputación. Y entonces Judas está representando, está mostrándonos la actitud del pueblo de Israel completo.
Nuestro Señor, en el evangelio de Juan, ha tenido discusiones con los líderes de Israel, que tienen la misma actitud de Judas. Y en el capítulo 5 y en el 8 los confronta y dice: "Ustedes no me conocen a mí porque no conocen al Padre, y no hay cabida en sus corazones para mi palabra porque están llenos de otras cosas. Buscan la gloria de los hombres", les dice. Israel, esta viña plantada con semilla genuina, está dando fruto de una vid extraña.
Entonces, la vid verdadera tiene que pararse frente a estos hombres que están viendo quién es Él, y están viendo la gracia y la verdad haciéndose realidad ante sus ojos en Jesús, y les tiene que decir: "Yo soy la vid verdadera, no Israel. Tu esperanza no está en Israel. En Israel no vas a comer de quién es Dios. No vas a disfrutar de quién es Dios. No vas a ser nutrido por Dios".
"Yo soy la vid verdadera". Pero no dice solo eso, sino lo que dice es: "Mi Padre es el viñador". Desde el principio el Señor ha sido el viñador; ha cuidado de la viña. Y dice: quita lo que no da fruto y lo echa al fuego, y poda lo que da fruto para que dé más fruto. Desde el principio tú vas a ver que el Señor está haciendo eso.
El Padre es el viñador
¿Has escuchado la palabra "remanente"? ¿A qué te suena eso? Es lo que queda de algo. El Señor, a lo largo de la historia, siempre guardó un remanente, porque fue podando Su vid, fue quitando lo que no daba fruto y echándolo al fuego, demostrando una cosa: que únicamente aquellos que esperaban en Dios y se nutrían de Dios iban a dar fruto. Todos los que no hacían eso y ponían su confianza en otra cosa —en otras naciones, en otros poderes— eran echados al fuego, como Judas.
El Padre está cuidando de Su vid. Y cuando ves el ministerio de Jesús, puedes ver que el Padre cuidó de Su vid verdadera, estuvo con Él todo el tiempo, y aun en la muerte lo sacó del sepulcro. No dejó que Su Santo viera corrupción. A los tres días resucitó. El Padre cuida de la vid.
Ustedes son los sarmientos
Pero ¿qué más dice? "Ustedes". Les dice a los apóstoles: "ustedes son los sarmientos". A la luz de toda esta verdad bíblica, ¿no te eriza la piel pensar en eso? Dios ha cuidado Su vid verdadera, y tú eres una rama de esa vid, un sarmiento de donde va a venir el fruto para que las naciones coman. Tú eres el sarmiento. Tú estás unido a la vid, estás nutrido por la vid.
Y dice a estos que están enfrente: "Ustedes ya están limpios". Ya están limpios. Versículo 3: "por la palabra que les he hablado". ¿Cómo pertenezco a la vid? ¿Cómo puedo estar unido y limpio para dar fruto? Por la palabra que Jesús habló y que ellos creyeron. Ellos son verdaderamente Sus discípulos.
Pero no vamos a negar que en todo esto hay condicionales: "si permaneces"; si, si haces esto; si… Pero Jesús les está dejando ver algo: no es lo que hacen ustedes, es lo que son. Un sarmiento en una vid no deja de ser un sarmiento de la vid. Es lo que es. Eso es lo que es. Y va a dar fruto por lo que es, no por lo que hace. Porque el sarmiento realmente no da fruto por sí mismo, sino que, nutrido de la raíz, es que puede dar fruto para que otros coman y disfruten de ese fruto delicioso.
¿Qué es el fruto?
Entonces, vamos a definir qué es fruto con estos elementos. Fruto es todo aquello que produce nuestra unión con Cristo y que glorifica al Padre, mostrando que somos discípulos de Jesús. Fruto es todo aquello que produce nuestra unión con Cristo y que glorifica al Padre, mostrando que somos discípulos de Jesús.
Pero ¿cómo ocurre eso? En la ilustración que vemos del árbol que tiene sarmientos y está dando frutos, podemos pensar: las raíces absorben los nutrientes de la tierra, esos nutrientes van al sarmiento, y el sarmiento puede dar fruto según la semilla que fue plantada. ¿Cómo funciona en la vida cristiana? Porque nuestro Señor no está haciendo nada misterioso. Vamos a ver cómo es que funciona.
Permanezcan en mi amor
Vamos a leer del versículo 9 al 17. Dice: "Como el Padre me ha amado, así también yo los he amado; permanezcan en mi amor. Si guardan mis mandamientos, permanecerán en mi amor, así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Estas cosas les he hablado para que mi gozo esté en ustedes, y su gozo sea perfecto. Este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros, así como yo los he amado".
Hermanos, ¿leyeron con atención el versículo 10? "Si guardan mis mandamientos, permanecerán en mi amor". El 9 dice: "Permanezcan en mi amor". El 10 dice: "Si guardan mis mandamientos, permanecerán en mi amor". Pero luego dice el 12: "Este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros". Ah, no, pues sí, yo los amo. No, espera: "como yo los he amado".
¿No que era esperanza este pasaje? "Permanece en mi amor. Si guardas mis mandamientos, permaneces en mi amor". ¿Y qué son Tus mandamientos, Señor? "Que ames como yo amo". Entonces, esta, ¿qué esperanza puede traer? Bueno, a menos que, como dice 1 Juan, tú digas que Dios es mentiroso, tú te engañes a ti mismo y tú creas que no tienes pecado.
¿Realmente amamos como Jesús?
Pero vamos a pensar juntos: ¿realmente amamos como nuestro Señor, que siendo Dios no escatimó ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó de sí mismo? ¿Esa es la manera en la que amas? ¿Esa es la manera en la que amas? Cuando, no sé, lavaste 35 trastes, quedó una cuchara, y con quien vives llega y te dice: "¿Por qué no lavaste los trastes?". Y tú dices: "No, si yo lavé 35 trastes. ¿Qué te pasa? Nunca reconoces lo que hago". Eso sería alguien que no ama como Jesús, que no puede vaciarse de que lavó 35 trastes. Él era Dios, y se vació de eso.
Ahora dime: ¿las relaciones que tienes son como Jesús amándote? Hoy leía en la mañana nuestro hermano Pablo: "En esto mostró Dios su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros". ¿Es la manera en la que tú muestras tu amor con tus prójimos? Realmente, cuando tú compruebas y disfrutas que son pecadores en tu propio paladar, ¿tú dices: "Ah, aun así te amo"?
Es decir, cuando alguien te miente, cuando alguien te traiciona, cuando alguien te lastima, cuando alguien te abandona, cuando alguien es indiferente contigo, cuando alguien te roba, cuando alguien se te mete en el tráfico, cuando pruebas lo delicioso de su pecado, ¿tú dices: "Aun así te voy a amar"? Si logras hacer eso… No, no creo que lo logres. No lo logras. No puedes amar así. Y no lo digo porque te conozca; lo digo porque lo dice la Escritura.
Fíjate, versículo 13: "Nadie tiene un amor mayor que este". Nadie tiene un amor mayor que este. Nadie. Entonces, ¿qué esperanza puede traerme esto? ¿Qué esperanza puede traerme que yo no puedo amar como Jesús? Que realmente, cuando amo a alguien, digo cosas como: "Amo estar con mi amigo porque me divierto mucho, porque puedo ser como soy, porque se interesa por mí". Puedes ver: todo tu amor es totalmente egoísta.
Es más, yo puedo estar aquí al frente de ustedes diciendo: "Amo las Escrituras, amo al Señor, amo la iglesia, y por eso proclamo la Biblia". Pero tú y yo sabemos que muy probablemente me esté amando a mí mismo al estar aquí al frente, porque amo el reconocimiento, amo que me digan "gracias" y no sé qué.
No somos tan distintos a Judas
Entonces, si eres más honesto contigo mismo, puedes reconocer que tú no te mereces ser nutrido por la vid, que tú no te mereces permanecer en el amor de la vid, que tú no te mereces ser parte de la vid. Tú mereces ser arrancado y echado al fuego, porque no eres tan distinto a Judas: porque también pones tu confianza en el dinero, porque también pones tu confianza en la reputación, porque también tienes tu confianza y tu gozo en muchas otras cosas que tú sabes.
Y si dices: "No, no, fíjate que no, yo en Dios". Sí, ¿a qué le tienes miedo? ¿Qué cosa es tu peor miedo? ¿Qué cosa es lo que te da ansiedad? Eso, eso es donde está tu confianza. Eso es donde está tu corazón. Eso es lo que realmente amas. Y si eres honesto, no eres tan distinto a Judas. No somos tan distintos a Judas. Somos muy parecidos a ese Israel que menospreció a Dios una y otra vez, y a ese Judas que vendió a Jesús por 30 monedas de plata.
Entonces, ¿me merezco estar en la vid? ¿Me merezco permanecer en la vid? La respuesta es no. Mereces ser arrancado y echado al fuego. "Pero yo hice mi devocional todos los días, porque eso es permanecer". "¿No permaneces en mi palabra?". Se trata de leer tu Biblia. No, no, no se trata de leer tu Biblia.
Es más, cuando Jesús dijo eso, los apóstoles no tenían Biblias. ¿Has pensado en eso? ¿Por qué reducimos "permanecer en mí" a "nomás lee la Biblia, ya, eso es permanecer"? Eso no es permanecer. Jesús dijo qué es permanecer; lo acabamos de leer juntos. Permanecer en Él es cumplir Sus mandamientos: amar como Él amó. Esto ya no tiene nada de esperanzador si te quedas ahí.
Nadie tiene un amor mayor que este
Pero mira por qué digo que es una esperanza. Versículo 13. Después de decir cuál es Su mandamiento, y de mostrarnos que no podemos permanecer en Su amor, dice: "Nadie tiene un amor mayor que este: que uno dé su vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero los he llamado amigos, porque les he dado a conocer todo lo que he oído de mi Padre. Ustedes no me escogieron a mí, sino que yo los escogí a ustedes, y los designé para que vayan y den fruto, y que su fruto permanezca; para que todo lo que pidan al Padre en mi nombre se lo conceda". Y cierra con esto: "Esto les mando: que se amen los unos a los otros".
¡Qué esperanza tan profunda! ¿Cómo es nutrido este sarmiento para poder dar fruto? Entendiendo esto: yo no merezco ni estar en la vid, ni permanecer en la vid, con devoción de 84 días seguidos. No lo merezco. Pero "nadie tiene un amor mayor que este". Jesús dio Su vida por nosotros para llamarnos amigos, para llamarnos amigos dándonos a conocer al Padre: "Les he dado a conocer todo lo que el Padre ha hablado". ¡Qué belleza! Porque además, el que Él dio Su vida por nosotros nos pone en una relación con el Padre, de manera que podemos pedir, y que todo lo que pidamos se haga.
Pero ¿en qué contexto está esto? Como un sándwich. Dice: "Mi mandamiento es que amen como yo he amado". Y luego dice: "Les mando que amen como yo he amado". Y en medio, ¿qué hay? ¿Cuál es la carne de este sándwich? "Nadie tiene un mayor amor que este". "Yo los he llamado amigos". "Yo los he escogido". "Yo los he designado para que vayan y den fruto".
¿Cuál es el fruto? Mostrar la gloria de Dios en todo lo que hacemos, en virtud de nuestra unión con Cristo, mostrando que somos Sus discípulos, amando como Él ama. Pero no vas a ser nutrido a menos que reconozcas que no mereces estar en la vid y que no mereces permanecer en la vid. Solamente la buena noticia de que Cristo murió por Sus amigos, revelándonos quién es el Padre, escogiéndonos y designándonos para llevar fruto… Solo así puedes realmente ser nutrido por este amor.
Su gozo en nosotros
Y dice aquí que el gozo que Él tiene es el que nos ha dado: "Estas cosas les hablo para que mi gozo esté en ustedes, y su gozo sea perfecto". ¿Dónde buscas gozo? ¿Dónde buscas amor? ¿A qué le entregas tu amor? Bueno, reconoce que no es al Señor, y ve cómo el que Él haya dado Su vida te permite disfrutar realmente de Su amor, y te permite realmente que Su gozo en ti sea perfecto, completo.
Es decir, el evangelio, las buenas noticias acerca de lo que Jesús hizo, es lo que te hace permanecer en la vid. La obra de Cristo es lo que te hace permanecer, así como la obra de Cristo es lo que te hizo arraigarte en primer lugar. Así que, ¿cómo se ve un sarmiento nutriéndose para dar fruto? Se ve reconociendo el gran amor de Dios, y dejándose impactar por este amor de Dios para que su gozo sea completo y, como consecuencia, dé fruto. No puedes dar lo que no tienes. ¿Quieres amar con el amor de Dios? Recíbelo.
La frustración de no dar fruto
Y esto puede responder por qué, aunque das fruto, tu vida no se ve como debiera. Y sé que estamos en un proceso de santificación, pero tú y yo hemos estado las suficientes veces frustrados por no poder dar fruto, por no perdonar como Dios perdona en Cristo, por no interesarnos por el dolido. ¿No te ha pasado en la iglesia que sabes que alguien está pasando algo, y ni siquiera le mandaste un mensaje, no le diste un abrazo, volviste a ignorarlo al pasar? ¿Y qué haces ahí?
Si estás realmente en la vid, créeme que la respuesta natural a eso es: "¿Por qué no puedo dar más fruto?". Una frustración: "¿Por qué no puedo dar más fruto?". Si tú no has tenido esta frustración, ten cuidado de no ser un sarmiento que va a ser echado al fuego. Tienes que venir al arrepentimiento, y tienes que conocer este gran amor de Cristo por ti. Tienes que conocer al Padre y cómo nos elige para dar fruto.
Pero si sí tienes esta frustración, lo único que tienes que hacer es reconocer el gran amor de Dios por ti. No esforzarse más, no decir: "Ah, se me pasó otra vez mandar ese mensaje. Sigo sin poder perdonar a este hermano, me sigue cayendo mal, sigo sin querer hablarle. Bueno, voy a leer más". Eso es lo que regularmente… bueno, voy a hablar por mí: es lo que hago. Cuando estoy frustrado, digo: "Entonces tengo que leer más". O sea, caí otra vez en este horrible pecado, y veo mi miseria, y me odio: "Ah, solo tengo que leer más", porque yo puedo dar fruto por mí mismo.
Pero el Señor dice: "Permanezcan en mi amor" para que den fruto. Tal vez, si en tu vida hay frustración por no dar fruto, quiere decir que estás permaneciendo en tus disciplinas, pero no en Su amor. Permanecer en Su amor, otra vez, significa simplemente rendirme y confiar: "Señor, nadie tiene este amor que Tú tienes por mí, que aun siendo quien soy, quieres nutrirme de Tu amor y Tu gozo para que cumpla Tu misión". En la vid, todo nos invade de gozo.
Cómo se ve la vida de quien cumple la misión: sufrir por ser de Él
Ahora, por último, ¿cómo se ven las vidas de personas que están cumpliendo la misión de Dios? Vamos a leer del versículo 18 al 26. Dice: "Si el mundo los odia, sepan que me ha odiado a mí antes que ustedes. Si ustedes fueran del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero como no son del mundo, sino que yo los escogí de entre el mundo, por eso el mundo los odia. Acuérdense de la palabra que yo les dije: 'Un siervo no es más que su señor'. Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes; si guardaron mi palabra, también guardarán la de ustedes. Pero todo eso les harán por causa de mi nombre, porque no conocen a Aquel que me envió. Si yo no hubiera venido y no les hubiera hablado, no tendrían pecado, pero ahora no tienen excusa por su pecado".
¿Cómo se ve la vida de alguien que está glorificando a Dios en todas las áreas de su vida? Sufriendo por ser de Él. Eso es lo que está diciendo aquí. Estamos sufriendo por ser de Él, porque estamos unidos a la vid, a la vid que está odiada por el mundo. Y nuestro Señor dijo por qué: porque mostró quién es Dios. Porque con Sus hechos y Su mensaje mostró quién es Dios. Y al mostrar quién es Dios, el mundo puede contrastarse y puede ver lo pecaminoso que es.
Cuando viene la luz, disipa las tinieblas, pero también la luz está confrontando las tinieblas y venciéndolas. Así que cuando Jesús se mostró al mundo, el mundo se opuso a Él, porque Jesús muestra el pecado del mundo; y por eso lo quieren matar, y por eso lo persiguen, y lo van a matar. Pero Jesús está diciendo: "Así como es conmigo, será con ustedes". El mundo odia la vid de Dios, la vid verdadera.
Y esa hermosa noticia que tenemos, que estamos unidos a la vid, es la noticia que nos hace estar seguros de que vamos a sufrir con Él, porque estamos unidos a Él. Y esta hostilidad en contra de quién es Dios también la recibe Su iglesia. Y a lo mejor en nuestro contexto no lo puedes ver tan claro, pero acabamos de escuchar en la conferencia de misiones de otros contextos donde la persecución y el odio son bastante evidentes, y son físicos.
Persiguen, arrestan, asesinan cristianos. Pero en nuestro contexto, ¿cómo se ve? Pones la tele, escuchas una canción… ¿No puedes notar cómo el mundo odia a Dios? ¿No puedes notar cómo los autores, los que producen cultura, odian a Dios y están cambiando la gloria de Dios por la gloria de lo creado? Y están cambiando la verdad de Dios por la mentira, y están exaltando cosas que no son Dios, y diciendo, señalándote estas cosas, diciéndote: "Ahí está el gozo, ahí está la felicidad, ahí vas a cumplir tu propósito". ¿No has visto eso? ¿Cómo este mundo odia a Dios?
Bueno, quien está unido a la vid va a sufrir con Cristo esta hostilidad en contra de Dios. Y esta hostilidad en contra de Dios se traduce en nuestro corazón como tentaciones, como presiones de fuera que están intentando llevarte a poner tu lealtad fuera de Cristo. Pero también se ve como estos hombres a quienes les parece cosa extraña que tú no corras en su disolución, como dice Pedro.
Vas a empezar a sufrir, porque seguir a Cristo implica mostrar quién es Cristo, y va a implicar perder amistades, va a implicar perder oportunidades de trabajo, tal vez oportunidades de crecimiento. Pero estar en la vid implica sufrir con Cristo y por Cristo.
La hostilidad contra Dios en mi propio corazón
Implica también tener que estar viendo el odio a Dios de una persona de la que no te puedes librar: de ti. ¿O no lo notas? ¿No notas que cuando estás pecando lo que declaras sin palabras es: "No te amo, no me eres suficiente, Dios. Todo Tu amor que me has dado y el gozo que has puesto en mí a través de Cristo no me es suficiente. Yo prefiero el reconocimiento, prefiero la reputación que todo lo que Tú eres, prefiero el placer"? ¿No has notado que en tu corazón, cuando pecas, lo que estás diciendo es: "Te odio, no me eres suficiente"?
Y sé que es fuerte lo que te estoy diciendo, hermano, pero es verdad. Somos hostiles contra Dios cuando pecamos. Dice Piper: toda la raíz del pecado es incredulidad. Pero esta incredulidad por fuerza tiene que tener menosprecio, aborrecimiento. Eso es lo que hacemos al pecar. ¿Y no sufres por eso? A lo mejor tú no, pero el apóstol Pablo sí, y yo también. Y sufrimos tanto que decimos: "¡Miserable de mí!".
¿Cómo puede ser que odies a este Dios que tanto te ama? ¿Cómo puede ser que abandones a este Dios que tanto te ama para cavar cisternas rotas que no retienen agua, cuando Él es fuente de agua viva? ¿Cómo puede ser, Chema, que hagas eso? Y eso es un dolor de mi corazón que no tendría si no estuviera unido a la vid.
El Padre poda para que demos más fruto
Pero hay algo que no destaqué al principio, y tanto quiero que lo veas, otra vez, versículo 2: "Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo quita; y todo el que da fruto, lo poda para que dé más fruto". ¿Cómo podas un sarmiento? Hiriéndolo. Hiriéndolo. Es la manera en la que va a dar más fruto. Tienes que cortar, tienes que quitar, tienes que jalar. Bueno, supongo, porque no sé de jardinería.
Pero realmente la única forma en que tú puedes ver tu pecado debe ser en virtud de tu sufrimiento, ya que estás unido a Cristo. Odio el pecado en mí porque estoy unido a Cristo; pero el Padre te limpia. Y esa dinámica del corazón en donde cambias a Dios por cualquier cosa, y el Señor te rompe al mostrarte Su gran amor, siempre lleva a que Dios te limpie para que des más fruto.
Entonces, la vida de alguien que está dando fruto no es como la licenciatura de derecho: "Ya terminé de estudiar, estoy listo". No funciona así. Somos una simple rama que es cuidada por el Padre, limpiada por el Padre para dar más fruto, en dependencia de ese amor y gozo que fluyen de Cristo, que es la vid.
Me odiaron sin causa
Ahora, ¿qué más? Vamos a seguir leyendo, el versículo 23. ¿Qué más podemos ver? Dice el versículo 23: "El que me odia a mí, odia también a mi Padre. Si yo no hubiera hecho entre ellos las obras que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; pero ahora las han visto, y me han odiado a mí y también a mi Padre. Pero ellos han hecho esto para que se cumpla la palabra que está escrita en su ley: 'Me odiaron sin causa'".
Quiero decirte que todo este sufrimiento cristiano… ¿qué viste aquí? Estaba escrito. Jesús fue perseguido y odiado para que se cumpliera la Palabra: "Me odiaron sin causa". Y la iglesia está llamada a dar fruto de manera que nos odien sin causa. Esto está en el control de Dios; descansa en eso. Pero también, si en tu trabajo te están odiando, como dice Nathan, que no te odien porque tú eres odioso, sino porque odian a Cristo.
¿Cómo podemos realmente enfrentar todo este mundo hostil en contra de Dios, incluso mi propia hostilidad en contra de Dios? ¿Simplemente sabiendo estas cosas? Simplemente: "Voy a reconocer que no amo tanto y voy a arrepentirme". Pero falta algo, porque aun nuestro arrepentimiento necesita arrepentimiento. Aun tu arrepentimiento muchas veces es culpa, no es arrepentimiento. Te arrepientes porque te cachan, no porque ames a Dios.
El Consolador nos ayuda
Entonces, ¿qué hago? Vamos a leer la última porción, versículo 26. Nuestro Señor les dice a Sus apóstoles, y con eso a nosotros: "Cuando venga el Consolador, a quien yo enviaré del Padre, es decir, el Espíritu de verdad que procede del Padre, Él dará testimonio de mí; y ustedes también darán testimonio de mí, porque han estado junto a mí desde el principio".
¿Cómo se ve la vida de alguien que glorifica a Dios? Sufriendo por Cristo, con Cristo, conforme al plan de Dios, pero ayudados por Dios a través de Su Espíritu Santo. En nuestras debilidades necesitamos al Espíritu que nos guíe, porque ni siquiera sabemos pedir como conviene, dice Romanos 8. Necesitamos Su Espíritu, que nos guíe a pedir como conviene, que nos ayude en nuestras debilidades, que nos ayude en todas estas falsas esperanzas que tenemos, que nos ayude a quitar nuestro amor de donde lo hemos puesto, que nos ayude a dejar de buscar el gozo donde lo estamos buscando.
Necesitamos Su Espíritu, y el Señor lo prometió y cumplió. Su Espíritu mora en ti si eres un creyente, y estás seguro de que en Cristo vas a cumplir la misión de Dios, por la obra de Cristo, fortalecido en el poder del Espíritu Santo, mientras el Padre te limpia.
Conclusión: una esperanza, no una amenaza
Al principio te dije: espero poder explicar este pasaje, porque no es una amenaza; realmente es esperanza. Para estar en la vid y permanecer en la vid hay una condición que cumplir. Y la buena noticia es que Jesús la cumplió por ti, y que esa obra suficiente siempre lo va a hacer, en todas las etapas de tu vida cristiana, para que tú des fruto que glorifica al Padre, muestres quién es Dios en cada área de tu vida y en cada lugar en donde estás.
Tienes que volver a mirar el amor mayor a todo, que nuestro Dios mostró enviando a Su Hijo por nosotros. Y tienes que recordar que Él te ha escogido para que des fruto, y tu fruto permanezca.
Oración final
Vamos a orar. Padre, gracias. Gracias por esta bendita verdad. Gracias por unirnos a Ti, por hacernos Tus sarmientos. Gracias porque estamos seguros de que, nutridos por Tu amor y el gozo perfecto que hay en Ti, fortalecidos por Tu Espíritu, daremos fruto para que el mundo te conozca, para que el mundo pruebe de Ti a través de nosotros. Ayúdanos, Padre, ayúdanos; impáctanos con Tu amor, y que esto nos transforme. Te lo pedimos, Señor, en Cristo Jesús. Amén.
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