Juan 14:16-17JuanAlfredo Carrillo
¿Quién es Jesús?
Transcripción
Fin de la serie: la presencia del Espíritu Santo
¿Me escuchan? Ya. Bueno, hoy terminamos nuestra serie acerca de quién es Jesús, y no voy a hacer un resumen; solamente quiero recordar cómo empezamos nuestra serie. Rápidamente vimos varias características acerca de nuestro Señor Jesucristo, y una de ellas fue que empezamos hablando de la Trinidad, de Su deidad. Vimos parábolas de Jesús, los sermones; estudiamos acerca de Su encarnación, de Sus milagros, de lo que hizo en la cruz —sacrificio sustitutivo—, de Su resurrección, de la ascensión. Y hoy nos toca ver acerca del Espíritu Santo, de la presencia del Espíritu Santo.
Lectura: Juan 14:16-17
Y para ello quiero que vayamos, por favor, al evangelio de Juan. Evangelio de San Juan, capítulo 14, versículo 16. Gracias. Versículos 16 y 17 únicamente. Dice así la Palabra del Señor, en un contexto en el que Jesús se estaba despidiendo: desde el capítulo 13 hasta el capítulo 17, básicamente, Jesús empieza a anunciarles acerca de lo que iba a suceder cuando Él se fuera. Dice el versículo 16: "Entonces yo rogaré al Padre, y Él les dará otro Consolador para que esté con ustedes para siempre". Versículo 17: "Es decir, el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque ni lo ve ni lo conoce; pero ustedes sí lo conocen, porque mora con ustedes y estará en ustedes".
Señor, gracias por Tu Palabra. Y lo único que puedo pedirte, Señor, es que Tú me uses, Señor; que Tú seas conmigo, Señor; que Tu Espíritu Santo me dé palabra, Señor, palabra de verdad, Señor, y palabra de convencimiento, Señor, primeramente a mí, Señor. Úsame. Soy un instrumento Tuyo, Señor. Y que cada uno de mis hermanos puedan depositar eso también en sus corazones. Que Tu nombre sea exaltado. A Ti la honra y la gloria, en Cristo Jesús. Amén.
¿Qué sabemos acerca del Espíritu Santo?
¿Qué saben acerca del Espíritu Santo? ¿Qué tanto sabemos acerca del Espíritu Santo? Normalmente en las iglesias reformadas, en las iglesias, digamos, bautistas, en las iglesias que, digamos, tenemos una doctrina correcta —no sé si es por costumbre, por tradición—, que el Espíritu Santo parece que se relega, siendo que el Espíritu Santo es parte de la Trinidad. Casi en algunas iglesias hasta es como tabú mencionar al Espíritu Santo. Cuando mencionamos al Espíritu Santo y decimos "que el Espíritu Santo obre", "que el Espíritu Santo sea con nosotros", nos sentimos carismáticos, o pensamos que ya estamos hablando como carismáticos cuando queremos hablar del Espíritu Santo y de lo que hace.
Y la doctrina del Espíritu Santo es de las pocas de las que hablamos dentro de la iglesia, o muchas veces ni la tocamos. El Espíritu Santo, sabemos que existe, ¿verdad? Pero no sabemos mucho de Él. Sabemos que existe, pero no sabemos mucho de Él. Siendo honestos, en muchos de los círculos y denominaciones de cristianos se habla del Espíritu Santo también, pero solo en términos de experiencia.
He ahí el problema por el cual a veces no queremos tocar estos temas del Espíritu Santo: solamente en términos de experiencia, en términos de cosas místicas, de revelaciones; en la emoción se habla de milagros. Y yo no estoy en negación de que Dios sigue obrando milagros. Pero si vemos en las Escrituras, Dios tiene mucho poder, pero hay otras personas que tienen poder. Y hablamos de Satanás: Satanás puede obrar milagros. ¿Qué sucede cuando un católico le pide a la Virgen que le haga un milagro, y sí sucede, y sí sana? ¿Es de Dios o no es de Dios? ¿Fue el Espíritu Santo, o qué fue?
Pero volvamos al cristianismo. El Espíritu Santo se ha maniatado tanto que se ha distorsionado la función y la presencia del Espíritu Santo. De hecho, hay muchas cosas acerca del Espíritu Santo en doctrinas erróneas, como estas experiencias que decía yo, que ya vamos a ir viéndolas más adelante, acerca del bautismo del Espíritu Santo. Ya. Y de hecho, la palabra está mal dicha: "bautismo del Espíritu Santo" no es correcto. Somos bautizados con el Espíritu Santo.
El Espíritu Santo es una persona divina
Otros dicen que creen en Jesús como Salvador, pero no creen en el Espíritu como una persona. Niegan que el Espíritu Santo sea una persona. Sin embargo, en las Escrituras podemos ver que el Espíritu Santo es Dios mismo. Es la tercera persona de la Trinidad, quien aplica soberanamente la obra redentora de Cristo en el corazón de los pecadores. No es una fuerza impersonal, sino una persona divina. Y tratemos al Espíritu Santo como tal, como la persona divina que es. Tiene voluntad, intelecto y afectos también. La Confesión de Fe de Westminster subraya que la divinidad del Espíritu Santo es esencial para que la salvación sea una obra enteramente de Dios.
Ahora, el término "persona" que se usa para designar al Espíritu Santo… No me gusta citar griego, porque no sé mucho griego, y tampoco lo hacemos porque no queremos hacer parecer que si no sabes griego no puedes interpretar la Biblia. Pero a veces es bueno, como para entender un poquito más por qué se le dice que es una persona el Espíritu Santo. La palabra que se usa en griego, no la voy a decir; solamente voy a decir que la traducción que se usa de esta palabra nos da la idea de una persona que tiene rostro, algo que se ve de otro, que está delante, que tiene expresión facial. Así es como usan la palabra "Espíritu Santo". Alguien que tiene rostro es una persona; es parte de la Trinidad.
El Espíritu Santo, dentro de la Trinidad, es también coeterno y consustancial con el Padre y el Hijo. Es lo mismo. Tiene la misma sustancia divina. Y como decía, Su función es entrar en la aplicación de la redención y la edificación de la iglesia. Sin el Espíritu Santo no podríamos permanecer ni como hijos de Dios ni como iglesia. También, sin el Espíritu Santo, la muerte de Cristo en la cruz sería ineficaz para nosotros personalmente.
El Espíritu en el bautismo de Jesús y en la Gran Comisión
Otra prueba de que el Espíritu Santo forma parte de la Trinidad la podemos ver cuando Jesús fue bautizado. Si recuerdan este pasaje, en ese momento dice que se abrieron los cielos. Dice: "Y Él vio al Espíritu de Dios bajar como una paloma". Dice Mateo 3:16 y 17, dice así: "Este es mi Hijo amado; estoy muy complacido con Él". Y en esta escena, hermanos, tenemos a los tres miembros de la Trinidad desempeñando tres actividades distintas: Dios Padre hablando desde el cielo, Dios Hijo siendo bautizado, y Dios Espíritu Santo que desciende del cielo para posarse y empoderar a Jesús para iniciar Su ministerio.
También el Espíritu Santo estuvo presente en la creación. A veces tenemos un mal concepto del Espíritu Santo, como que solamente es la fuerza. No es la fuerza; no es Star Wars, "que la fuerza te acompañe". Es el poder de Dios. Es Dios mismo el Espíritu Santo. Entonces, Jesús inicia Su ministerio a partir de que el Espíritu Santo desciende y confirma.
Al final del ministerio de Jesús, en Mateo 28:19, Jesús les dice a Sus discípulos que vayan y hagan discípulos de todas las naciones. ¿Qué dice? "Bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo". Nuevamente hace alusión al Espíritu Santo como una parte de la Trinidad. Y es importante que entendamos que el Espíritu Santo es parte de la Trinidad. Cuando se pone al Espíritu Santo en la misma expresión y al mismo nivel de las otras personas, es difícil no aceptar que Él tenga la misma posición que el Padre y el Hijo.
Tres cosas acerca de la presencia del Espíritu
Entonces, hermanos, regresando a nuestro texto —porque era importante que entendamos que el Espíritu Santo es parte de la Trinidad, que el Espíritu Santo posee los mismos atributos de la divinidad, de Dios; es Dios mismo—, en base a nuestro texto quiero que veamos, quiero compartir tres cosas que podemos encontrar en este versículo acerca de la presencia del Espíritu Santo que Jesús nos había prometido. Vamos a ver tres cosas. Número uno: el Espíritu Santo como nuestro Consolador. Número dos: el Espíritu Santo mora con nosotros… en nosotros, perdón, en nosotros el Espíritu Santo. Número tres: estará con nosotros. Entonces, vamos a diferenciar esas dos: que el Espíritu Santo mora en nosotros, pero también que el Espíritu Santo estará con nosotros.
Primero: el Espíritu Santo, nuestro Consolador
Dice así, en la primera parte, en el versículo 16: "Entonces yo rogaré al Padre, y Él les dará otro Consolador para que esté con ustedes para siempre". Nuevamente quiero citar el griego —no es mi intención que ustedes piensen que si no saben griego no van a poder interpretar la Escritura—, pero hay una palabra que se usa aquí para el Consolador, que es paracletos. Bueno, esta palabra significa alguien que está al lado de alguien, que ayuda. En la cultura griega el paracletos era un abogado, el abogado de la familia. Cuando alguien estaba en problemas, este paracletos era el abogado, para ayudarlos y sacarlos de esos problemas.
Entonces: "Yo rogaré al Padre, y Él les dará otro Consolador para que esté con ustedes para siempre". Entonces, la venida del Espíritu Santo se daría únicamente después de la ascensión de Cristo. Como vimos hace ocho días, Cristo ascendió a los cielos, ascendió al trono, fue entronizado, recibió toda la gloria que le pertenecía. Y es entonces cuando, más adelante, vendría el Espíritu Santo que había prometido, para que iniciara la obra en la iglesia, con Sus santos.
Ahora, a diferencia de Jesús, el Espíritu Santo no regresaría al Padre. Jesús dejó Su gloria, dejó Su trono, se hizo carne, creció, murió, resucitó y se fue. Regresó nuevamente al Padre, a donde pertenecía. El Espíritu Santo no es así. El Espíritu Santo regresó para quedarse. Bueno, vino para quedarse; no regresó, vino para establecerse con nosotros. Él no va a regresar hasta que la obra de los santos sea completada y hasta que Jesús venga por segunda vez. Entonces el Espíritu Santo se irá junto con todos nosotros.
El Espíritu Santo es el Consolador prometido por Jesús, enviado por el Padre para estar con los creyentes para siempre, brindándonos paz, brindándonos enseñanza, brindándonos guía divina en medio de la aflicción. Por eso se llama el Consolador.
Nos fortalece en la debilidad
Ahora, ¿de qué manera actúa como nuestra ayuda? El Espíritu Santo nos fortalece en momentos de debilidad, ¿no es así? Pero vamos a diferenciar debilidad y aflicción; vamos a ver adelante también aflicción. Nos ayuda en momentos de debilidad. Hoy en la mañana estaban hablando las participaciones acerca de nuestras debilidades, acerca de que pecamos, fallamos, y el Espíritu Santo nos redarguye, nos ayuda a eso, nos fortalece en momentos de debilidad.
En 2 Corintios 1:3 dice así: "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que también nosotros podamos consolar a los que están en cualquier aflicción, dándoles el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios. Porque así como los sufrimientos de Cristo son nuestros en abundancia, así también abunda nuestro consuelo por medio de Cristo".
Jesús no nos dejó huérfanos. En el versículo 18 de Juan, que estamos leyendo, después dice: "No los dejaré huérfanos". En este mismo capítulo, versículo 18: Jesús no nos deja huérfanos. El Espíritu Santo es el que se queda con nosotros; es alguien que está al lado de nosotros. Y a veces no pensamos mucho en eso: que el Espíritu Santo es el que está con nosotros, es el que nos está ayudando, es el que nos está capacitando para sostenernos cada que fallamos o cada que somos tentados. Es el Espíritu Santo el que nos dice: "Estás yéndote por el camino mal". Espero que cuando sean tentados sientan eso.
Él es el otro Consolador. Él es de la misma clase que Jesús. Él es de la misma clase que el Padre, lo que garantiza Su divinidad y capacidad para nosotros, para sostenernos. Actúa como nuestra ayuda.
Nos consuela en la aflicción
Inciso B: nos consuela en la aflicción y la verdad. Ahí mismo, en Juan 14:26 y 27, dice: "Estas cosas les he dicho estando con ustedes. Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, Él les enseñará todas las cosas y les recordará todo lo que les he dicho. La paz les dejo, mi paz les doy; no se la doy a ustedes como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo".
El Espíritu Santo es el que nos trae paz. ¿Quién no ha estado en la enfermedad, o con algún familiar en enfermedad? ¿Quién no ha estado en alguna situación de un problema familiar, o en el trabajo, o de "tengo ansiedad, tengo miedos"? Para eso está el Espíritu Santo. Hay que recurrir a Él. Él es el que nos va a ayudar, y Su función es ayudarnos, enseñarnos todas las cosas y las enseñanzas de Jesús. Él nos trae consuelo. El Espíritu Santo nos recuerda las promesas de Jesús: "No se preocupen por el día de mañana". Él nos ayuda en nuestra aflicción.
Cuando se muere un familiar, estamos en aflicción; los que hemos experimentado la muerte de un familiar muy cercano. El Espíritu Santo es el que nos ayuda a tener esa paz. Sí, nos duele en el cuerpo. Pero tenemos la esperanza de dónde va a estar cuando su familiar también… sabemos que él ha creído en Cristo. Porque esa es la seguridad que nos da el Espíritu Santo; es la paz que nos da Él. Es nuestro consuelo en la aflicción.
Valida nuestra justificación
Inciso C. Dentro de este punto, ¿cómo es Consolador el Espíritu Santo con nosotros? Valida nuestra justificación, que vimos hace ocho días. Jesús muere en la cruz para ser justificados. Pero cuando el Espíritu Santo viene, valida nuestra justificación. Al estar unidos en Cristo, Su justicia nos es acreditada. Ya no hay condenación para los que estamos en Él. Romanos 8:1-2 dice: "Por tanto, ahora no hay condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús te ha libertado de la ley del pecado y de la muerte".
Hoy leíamos en la mañana este versículo. Hemos sido justificados, pero por fe; porque hemos creído y hemos puesto nuestra fe en Cristo Jesús. Por fe, porque la fe es la que nos justifica. Nunca está sola nuestra fe: viene acompañada por la santificación y la obra del Espíritu Santo. Y al ser justificados, tenemos entrada al Padre; tenemos entrada al trono de la gracia, hermanos. Y a veces quizás son doctrinas que ya hemos estudiado, pero es bueno recordarlas, y es bueno saber también y ver que es obra del Espíritu Santo. Dice en Efesios 2:18: "Porque por medio de Cristo los unos y los otros tenemos nuestra entrada al Padre en un mismo Espíritu".
Tenemos la seguridad eterna. Si tienes al Espíritu Santo, tienes la seguridad eterna. El Espíritu Santo no va y viene; mora en ti. Y vamos a ver más adelante. Entonces, al ser justificados tenemos seguridad eterna. Nada puede separarnos del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, porque el Espíritu Santo es la garantía que nos ha sido dada de nuestra justificación. Él es el que va a obrar en nosotros. 2 Corintios 1:21 y 22; apúntenlo nada más, no lo voy a leer. Y así es como es el Consolador, y podemos hablar de más cosas acerca de cómo nos consuela.
Segundo: el Espíritu Santo mora en nosotros
Punto número dos: el Espíritu Santo morará en nosotros. Ahí, en el mismo versículo 16 —digamos que es el inciso B—, dice: "Pero ustedes sí lo conocen, porque mora en ustedes". Ahora yo les pregunto: ¿de veras conocen al Espíritu Santo? Contéstense. ¿Mora en ustedes? El Espíritu Santo mora en nosotros automáticamente cuando ponemos nuestra fe en Cristo, cuando somos salvos.
Y dice Romanos 8:26 y 27: "De la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. No sabemos orar como deberíamos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Y aquel que escudriña los corazones sabe cuál es el sentir del Espíritu, porque Él intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios". El Espíritu Santo intercede por nosotros porque mora en nosotros. El Espíritu Santo no es solamente una influencia, como decía al inicio; es una persona divina que vive dentro del creyente.
Ahora, la pregunta es —ya lo habíamos estudiado con nuestro hermano Nathan—: ¿qué pasa con el Espíritu Santo en el Antiguo Testamento? ¿Estaba o no estaba? Pero de una forma diferente.
El Espíritu Santo no moraba en las personas que Dios usó. Estaba con ellos, pero no estaba en ellos. Porque después de que ya hacían el servicio y la voluntad del Señor, el Espíritu se iba; no estaba con ellos. Y vemos ejemplos como Sansón, por ejemplo; David —David mismo dice que por qué lo ha dejado Su Espíritu—; Moisés, José, Daniel, etcétera. El Espíritu Santo obraba antes de Jesús, pero no moraba en Su pueblo.
El bautismo con el Espíritu
Ahora sí. Y eso es lo que sucede cuando hablamos del bautismo del Espíritu. ¿Qué significa el bautismo del Espíritu? Que cuando crees en Cristo, pones tu fe en Él, inmediatamente el Espíritu Santo mora en ti. No es algo que sucede después de que tú has creído en Cristo, como se enseña muchas veces en una doctrina incorrecta. El Espíritu Santo no viene después de que tú has creído en Cristo. Si tú crees en Cristo y pones tu fe en Él, en automático el Espíritu Santo mora en ti, cuando hay un verdadero arrepentimiento y convicción de pecado.
"Tú tienes que tener un evento especial en donde hablas en lenguas, porque si no hablas en lenguas no tienes el Espíritu Santo": estás contradiciendo toda la Escritura. El Espíritu Santo reside en uno cuando uno cree en Cristo Jesús y pone su fe en Él. Desde ahí mora el Espíritu Santo. Y bueno, ese es otro sermón: hablar en lenguas. Pero en la Biblia no dice que son lenguas angelicales; eran lenguas humanas, porque entendieron todos el idioma que estaban hablando.
El Espíritu Santo ahora mora en nosotros. 1 Corintios 12:13 dice: "Pues por uno, por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo, ya judíos o griegos, ya esclavos o libres, a todos se nos dio a beber del mismo Espíritu". A todos los que hemos puesto nuestra fe en Cristo, a todos los que hemos creído en Él, Él nos ha salvado, nos ha justificado, y ahora mora el Espíritu Santo en nosotros.
Nos regenera
Ahora, ¿cómo puedes saber si el Espíritu Santo en realidad está morando en ti? Bueno, solamente quiero darles algunas claves. Nos regenera. Esa es la obra del Espíritu Santo cuando mora en ti: te regenera. Gálatas 5:22 y 23 dice: "Pero el fruto del Espíritu es el amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley. Pues los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, provocándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros".
¿Has sido regenerado? Bueno, este es el fruto del Espíritu. No son "los frutos del Espíritu", aclaremos: es el fruto del Espíritu. Así te conduces. Así me conduzco: he sido regenerado y muestro este fruto del Espíritu Santo. Mientras que Cristo realizó la obra de la redención en la cruz, el Espíritu Santo aplica la obra de la redención en la cruz de nosotros. El fruto del Espíritu.
En la regeneración, el Espíritu Santo actúa soberanamente en nuestras vidas, soberanamente y sobrenaturalmente, porque pasamos de estar muertos a tener vida nueva. Eso se llama regeneración. Es como las lagartijitas: le quitas la cola y le vuelve a crecer; se regenera, vuelve a salir algo nuevo. Es lo mismo que pasa con nosotros cuando tenemos al Espíritu Santo. Estábamos muertos en delitos y pecados, como dice Efesios 2:1: "Y Él les dio vida a ustedes, que estaban muertos en sus delitos y pecados, en los cuales anduvieron en otro tiempo según la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia".
En los hijos de desobediencia opera otro espíritu; en los hijos de obediencia, el Espíritu Santo. Alguien que está muerto no puede decidir vivir. El Espíritu Santo es el que debe dar vida primero; es el que nos regenera. Y esta obra es instantánea en cuanto nosotros hemos creído en Cristo Jesús.
Y la regeneración genuina se ve cuando manifiestas el fruto del Espíritu, lo que acabamos de leer. Cuando tienes un arrepentimiento genuino de tu pecado, cuando tienes actitudes de acuerdo al Espíritu Santo, cuando tu conducta es justa de acuerdo a Dios, a Sus estatutos; cuando tenemos buenas obras, pero en relación al Espíritu Santo. Los narcos tienen buenas obras, pero no tienen al Espíritu Santo. Ellos se llevan la gloria. Las buenas obras deben llevarse la gloria a Dios.
Dice así, pues, en Efesios 5:16 al 17, al 21, dice así: "Pues no sean necios, sino entiendan cuál es la voluntad del Señor. Y no se embriaguen con vino, en lo cual hay disolución, sino sean llenos del Espíritu. Hablen entre ustedes con salmos, himnos y cantos espirituales, cantando y alabando con su corazón al Señor. Den siempre gracias por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a Dios el Padre. Sométanse unos a otros en el temor de Dios".
El consuelo del Espíritu Santo, el Consolador, no solamente es algo emocional. Es algo que se ve: transforma la vida. No es solamente sentir: "Ah, es que este canto me llega al corazón". El Espíritu Santo transforma nuestra vida, produciendo amor, gozo, paz y paciencia, incluso en medio de las pruebas. Porque es bien fácil tener paz en medio de la paz, tener gozo en medio del gozo; en medio de pruebas no es tan fácil tener paz.
Convence de pecado
El Espíritu Santo es quien convence de pecado. En Juan 16, versículos 7 al 8, dice: "Pero yo les digo la verdad: les conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Consolador no vendrá a ustedes; pero si me voy, se lo enviaré. Y cuando Él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De justicia, porque yo voy al Padre y ustedes no me verán jamás; de juicio, porque el príncipe de este mundo ha sido juzgado".
La obra del Espíritu Santo es dar vida espiritual. Este es el papel del Espíritu Santo como Consolador. Cuando mora en nosotros, se debe de notar; es un proceso. Sí.
Nos santifica
Y ese se le llama santificación, como inciso B. El Espíritu Santo, cuando mora en nosotros, nos santifica. Ya hemos sido apartados, hemos sido justificados, hemos sido santificados; pero hay un proceso que se llama la santificación. Sí, hemos sido santificados en el aspecto en que hemos sido librados del pecado, hemos sido regenerados, pero nuestra santidad no está completada. Sigo mintiendo, sigo odiando, quizás sigo maldiciendo. Y no tienes que decir una grosería para maldecir a alguien. Llevo un proceso; estoy en obra.
Nos santifica. El Espíritu nos da el poder para librarnos y evitar el pecado. A veces nos gana nuestro hombre antiguo y pecamos; eso no se excusa. Es cuando decimos que estamos llenos del Espíritu Santo. La llenada del Espíritu Santo no tiene que ver con hablar en lenguas, no tiene que ver con caer, con estas manifestaciones. Y lo digo porque yo fui invitado a estos tipos de eventos —y perdón si alguien estaba en esas cosas—, pero la Biblia no enseña eso.
¿Quieres ver que el Espíritu Santo está obrando en ti? Tu vida debe tener un cambio. Conozco a muchos que se caían cuando decían que el Espíritu Santo los tiraba, pero sus vidas no eran conforme a Cristo. La santificación es una vida cambiada y sometida a la voluntad de Dios. El Espíritu Santo hace morir las obras de la carne y nos transforma, o debería transformarnos.
No contristen al Espíritu
El Espíritu Santo, cuando mora en nosotros… tenemos que recordar también que Él es una persona sensible. Y cuando tú pecas, ¿qué dice la Escritura? Que lo contristas. Y contristar no significa entristecer; si buscas en el diccionario "contristar", está también "hacer enojar". El Espíritu Santo se molesta cuando tú pecas. Dice en Efesios 4:30: "Y no entristezcan al Espíritu Santo de Dios, por el cual fueron sellados para el día de la redención". Cada que pecamos, estamos entristeciendo, estamos haciendo enojar al Espíritu Santo, porque somos necios de corazón.
Isaías 63:10 dice: "Pero ellos se rebelaron y afligieron Su Santo Espíritu, por lo cual Él se convirtió en su enemigo y peleó contra ellos". Cuando tú te resistes a la obra del Espíritu Santo, en algún momento te vuelves enemigo. Y no estoy diciendo que pierdas tu salvación; simplemente que, como pecadores, eso no le agrada al Padre.
Entristece al Espíritu Santo. El Espíritu Santo ahora mora en nosotros. Está en nosotros. Antes estaba con los que usó el Señor; ahora está en nosotros y permanece con nosotros.
Tercero: el Espíritu Santo estará con nosotros
Punto número tres: el Espíritu Santo, dice, estará con nosotros. Versículo 17: "Pero ustedes sí lo conocen, porque mora con ustedes y estará en ustedes". El Espíritu Santo es el agente que nos une a Cristo. ¿Para qué? Para que Su presencia pueda estar a diario con nosotros. Él es el que transforma este templo. Él es el que continúa la obra. Él nos capacita con poder para vivir en obediencia.
Juan… 1 Juan 2:27 dice así: "En cuanto a ustedes, la unión… la unción que recibieron de Él permanece en ustedes, y no tiene necesidad de que nadie les enseñe. Pero así como Su unción les enseña acerca de todas las cosas, y es verdadera y no mentira, así como les ha enseñado, ustedes permanecen en Él".
Nos sella como posesión de Dios
¿Por qué necesitamos que esté con nosotros? ¿Por qué? Al unirnos a Él, el Espíritu nos marca como posesión de Dios. Él es el sello: le pertenecemos. Es como en esta película de Toy Story, en donde Andy tiene su muñequito y le pintan en el piecito ahí que pertenece a Andy. Así nosotros: el Espíritu Santo nos pone ese sello. Ahora le pertenecemos, porque nos une a Cristo.
Efesios 1:13 y 14 dice: "En Él también ustedes, después de escuchar el mensaje de verdad, el evangelio de salvación, y habiendo creído, fueron sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que nos es dado como garantía de nuestra herencia, con miras a la redención de la posesión adquirida de Dios, para alabanza de Su gloria". Somos sellados con el Espíritu Santo.
Nos guía a pensar, sentir y actuar
¿Para qué necesitamos que esté con nosotros el Espíritu Santo? Para pensar, para sentir y actuar bajo Su dirección. Si no lo tenemos, ¿cómo serían nuestros pensamientos? ¿Cómo actuaríamos, hermano? Si ves que actúo mal, qué bueno que tengo al Espíritu Santo, porque si no, no sé cómo sería. Necesitamos al Espíritu Santo para sentir, pensar y actuar bajo Su dirección.
Romanos 8:1 dice: "Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios. Pero ustedes no han recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que han recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: '¡Abba, Padre!'. El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios".
Nos da revelación
El Espíritu Santo, necesitamos que esté con nosotros, como dice Jesús, para darnos revelación. El Espíritu es la verdad de la Palabra de Dios, para revelarnos más de Cristo. Juan 16, versículos 3 al 15: "Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, los guiará a toda la verdad, porque no hablará por Su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y les hará saber lo que habrá de venir. Él me glorificará, porque tomará de lo mío y se lo hará saber a ustedes. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que Él toma de lo mío y se lo hará saber".
El Espíritu Santo nos da revelación, pero no estas revelaciones de decir: "Tuve un sueño, y el Señor me dijo que tenías que ofrendarme". "El Señor me dijo que te tienes que cambiar de empleo". Eso no es revelación; eso son mentiras. Si yo digo: "El Señor me dijo", pues no puedes refutarme, porque pues el Señor le dijo. Esa no es revelación.
La revelación que necesitamos ya está toda aquí. No necesitamos ni una nueva revelación. La revelación del Espíritu Santo que nos da es saber las cosas que Dios nos dejó escritas en Su Palabra, las enseñanzas de Jesús que tenemos que llevar a cabo. Esa es la revelación de Dios. ¿Nuestras revelaciones de que "se me apareció alguien", de que "vi…"?
Intercede por nosotros
Necesitamos que el Espíritu Santo esté con nosotros para que interceda por nosotros. Él es nuestro abogado, nuestro paracletos, como ya habíamos leído, que intercede por nosotros. Dice en Romanos 8:26-27, que habíamos leído: "De la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. No sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles". Por medio de la oración, el Espíritu Santo intercede por nosotros. ¿Para qué? Para que Él pueda alinear nuestra oración conforme al corazón de Dios, no conforme a nuestro corazón.
Dice en Santiago que cuando oramos y Dios no nos concede, es porque pedimos mal. ¿Y qué es pedir mal? Porque es un versículo que también tuercen algunas doctrinas que dicen: "Es que pediste mal, no pediste con fuerza, no pediste con fe para que te diera ese coche nuevo". Estar alineados con Dios es: ¿qué es la voluntad de Dios, lo mejor para mi vida?, en mis oraciones. Y el Espíritu Santo es el que me va a ayudar a alinear lo que hay en mi corazón.
Quiere un esposo, pero no está convertido. Quiere una esposa, pero no es cristiana. Porque no sé… El Espíritu Santo nos ayuda a alinear nuestras oraciones. Él intercede por nosotros. Alinea nuestro corazón. Para eso necesitamos que el Espíritu esté con nosotros.
Nos capacita para el servicio
¿Para qué más necesitamos que esté el Espíritu Santo? Hablábamos hace rato de una cita para venir a arreglar la iglesia, y estábamos hablando del servicio. El Espíritu Santo, necesitamos que esté con nosotros para el servicio. Primeramente, para testificar de Él: Mateo 28, que ordena Jesús que seamos enviados. Para el servicio, para ser testigos, nos capacita para actuar, para dirigir, para influir en los demás, en nuestro alrededor. Hechos 1:8 dice: "Pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra".
Dios quiere que le sirvamos, y necesitamos al Espíritu Santo para poder llevar a cabo este servicio. El Espíritu Santo literalmente es el poder de Dios. ¿Y por qué? No necesita Dios. Hablábamos hace ocho días de que Dios podía hacer hablar a las piedras, pero quiere que lo haga Su pueblo. Quiere que Su pueblo le sirva. Y nosotros no vamos a convencer al mundo, porque la obra es de Dios. Es una obra totalmente de Dios. Nosotros solamente vamos y sembramos, pero el poder del Espíritu Santo es el que actúa.
Y los apóstoles, los discípulos, no hubieran podido lograrlo si no hubiera sido por la ayuda del Espíritu Santo. Jesús prometió que el Espíritu vendría, viviría dentro de ellos y les daría poder de manera milagrosa. Y eso lo podemos ver en Hechos: "Pero cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder, y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra". Es la forma en que nosotros podemos servir a Dios: por medio del Espíritu Santo.
Nos hace perseverar
¿Para qué también necesitamos al Espíritu Santo, que esté con nosotros? Para que perseveremos. A eso le llamamos la perseverancia de los santos. Dice nuevamente la Confesión de Westminster: "El Espíritu garantiza que los verdaderos creyentes nunca caigan total ni finalmente del estado de gracia. Además, proporciona la seguridad interna de que son salvos, testificando a su espíritu que son hijos de Dios". Nos ayuda a perseverar. La iglesia perseverará con la ayuda del Espíritu Santo.
Por último, dice Filipenses 1:6: "Estoy convencido precisamente de esto: que el que comenzó en ustedes la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesús". Ya vieron la importancia del Espíritu Santo, y no tenemos que hablar de cosas místicas: lo necesitamos. Es parte de la Trinidad; es la promesa de Jesús antes de irse.
Resumen y oración
Y resumiendo, para terminar, hermanos: el Espíritu Santo nos da sabiduría, porque tiene intelecto; Isaías 11:2, apúntenlo. Nos escudriña; lo leímos: 1 Corintios 2:10-11. El Espíritu Santo nos oye: Juan 16:13. El Espíritu Santo nos habla: Hechos 8:29. El Espíritu Santo nos controla: Hechos 6 al 7; todos los planes se sujetan a Él. El Espíritu Santo nos enseña: Juan 14:26. El Espíritu Santo nos juzga: Hechos 15:28. El Espíritu Santo nos convence de pecado: Juan 16:8. El Espíritu Santo ejerce voluntad: 1 Corintios 12:11. El Espíritu Santo escoge y envía: Hechos 13:2 y 208… El Espíritu Santo intercede: Hechos… Romanos 8:27, que ya leímos. El Espíritu Santo nos guía: Romanos 8:14.
Oremos. Gracias, Señor, porque nos has dado, Señor, a Tu Espíritu Santo. Gracias, Señor, porque a través de Él podemos tener la seguridad de que Tú permaneces con nosotros, de que no estamos solos, de que tenemos una ayuda, un Consolador, alguien que está a nuestro lado y en nosotros, que vive con nosotros y dentro de nosotros. Gracias, Espíritu Santo. Amén.
Escúchanos
Ven un domingo
Predicamos así cada semana, a las , en Av. México 319.
Qué esperar si vienes →