Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Rom. 11:11-24Nathan Díaz

No te Ensoberbezcas sino Teme parte 2

Transcripción

El peligro del orgullo

El domingo pasado estuvimos viendo que todo esto... este concepto de que podríamos enorgullecernos surge de lo que Pablo ya ha estado explicando en relación a cómo Israel como nación ha sido cortado, y han sido quitados de la raíz, y hemos sido injertados nosotros. Lo cual podría causar orgullo si pensamos en que hemos sido hechos participantes de la raíz y de la rica savia del olivo, que está en el versículo 17. A través de la fe en Jesucristo hemos sido hechos partícipes de las promesas y de la bendición que viene a través de Abraham y de su descendencia, que al final se cumple en Jesucristo como el descendiente, el Mesías enviado por Dios, el descendiente de Abraham, de David, enviado por Dios para redimir a toda la humanidad.

Entonces, vimos que Pablo hace estas advertencias. Dice que existe un peligro, y el peligro está en jactarnos, en el orgullo. Dice: "No te jactes, no te ensoberbezcas". Lo dijo en el versículo 18: "No te jactes"; ¿sí lo ven?: "No te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti". En relación a esa advertencia, dice Pablo, el antídoto es pensar que tú no eres el que los sustenta a ellos; ellos te están sustentando a ti. Eso tiende a quitar un poco el orgullo, ¿no? Entre más dependiente seas de otro, menos tienes de qué jactarte. Y usábamos esta ilustración de un bebé que está recién nacido, que depende absolutamente de su madre, el cual no tiene mucho de qué jactarse, porque es tan dependiente de lo que la mamá provee para él.

La siguiente exhortación que hace Pablo en relación al orgullo viene en el versículo 20, que ya leímos: "No te ensoberbezcas". Y el punto aquí que vimos que Pablo da como un antídoto es: recuerda que "ellos fueron desgajados por su incredulidad, pero tú por la fe estás en pie". Es decir, Pablo está apelando a este punto de que es solamente la fe lo que nos une a los judíos y a las promesas hechas a los judíos, y la fe en sí misma es un aspecto que contradice el orgullo.

La fe tiene contenido

Y vimos varias cosas; vimos qué significa la fe. Y voy a repetir este punto porque quiero que esto quede bien claro. Y lo repito porque, cuando ustedes compartan su fe con otros, compartan esto. Porque cuando decimos "tienes que tener fe en Dios" o "en Jesús", no estamos diciendo gran cosa; tenemos que ser más claros con respecto a lo que estamos diciendo. Entonces dijimos: la fe no es algo ambiguo. No es nada más "fe"; inclusive, no es nada más "fe en Dios". Es fe en alguien; tiene contenido nuestra fe. Y esa fe se centra y tiene su mira puesta, ¿en qué? En la persona de Jesucristo, ¿no?, en lo que Él hizo en la cruz.

Y lo vimos en el capítulo 10, ¿se acuerdan?, cuando dice, versículo 9: "Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo". Entonces es fe que tiene contenido, y el contenido es Jesucristo: Él murió y resucitó. Pero no es nada más el contenido de que Jesús vino, y murió, y resucitó; va todavía más allá, porque vimos que los demonios también creen eso, y Satanás también cree eso. Es fe para hacer algo, para lograr algo a través de eso.

Entonces ya vamos otro paso más, que es: no nada más es fe con contenido, que es Jesucristo, sino que es fe con contenido en Jesucristo, que puede... ¿qué? Tengo fe en que puede justificarme delante de Dios, en que tiene ese tipo de poder para hacerlo. Tenemos que ser muy claros en qué sentido estamos teniendo nuestra fe en Jesús. O sea, si yo les dijera: "¿Ustedes tienen fe en mí?", ¿qué dirían? Espero que sí, en algún nivel, ¿no? Pero por eso hay que ser más específicos. ¿Fe para hacer qué? ¿Para ganar una lucha de sumo? Eso no es en lo que tienen fe en mí. Tienen fe en mí en otro tipo de cosas; a lo mejor, si dicen: "Vamos a hacer algo en el estudio, ¿no? Tenemos fe en Nathan, en que él puede hacerlo". Ese tipo de cosas. Ustedes ya saben en qué clase de cosas pueden poner su fe en mí.

Y cuando nosotros hablamos de Jesús y de cómo ponemos nuestra fe en Él, o sea, es en Jesús para justificarnos delante de Dios, porque Su sacrificio es suficiente para sustituir nuestra culpabilidad y nuestro pecado delante de Dios en el día final. Y la última cosa que vimos era: fe que atesora; fe que ve lo que está contemplando como algo precioso. Y ese creo que es el punto que tiene en la mente Pablo: el hecho de que la fe en sí siempre está viendo hacia afuera, ¿no? Si yo digo: "Ustedes tienen fe en mí", estoy diciendo: no están teniendo fe en ustedes, están teniendo fe en mí, ¿no? Cuando decimos "tenemos fe en Dios", no estamos viendo hacia nosotros; estamos viendo hacia Dios.

Y nuevamente es este punto de dependencia, en donde por definición lo que está pasando aquí es que estamos dejando a un lado el orgullo, porque estamos volteando hacia Dios como la fuente de la cual dependemos enteramente. Entonces, la fe no se jacta, porque la fe depende de otra cosa. Y creo que es lo que quiere Pablo dejar en claro: que si tú realmente tienes el tipo de fe que salva, entonces debes de examinarte a ti mismo cuando empiezas a tener estos sentimientos de orgullo, porque dices: "¿De dónde viene eso?". No viene de la fe que salva; viene de otro lugar, de nuestra naturaleza pecaminosa. Entonces, "por la fe estás en pie"; eso lo vimos el domingo pasado.

"A ti tampoco te perdonará"

Y hoy quisiera que vieran este otro punto que menciona Pablo, que tenemos que tomar muy en serio. Dice el versículo: "Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará". Ten cuidado, porque si en ti hay sentimiento de orgullo con respecto a lo que te está uniendo con Dios, lo que te está reconciliando con Dios, y tú te empiezas a enorgullecer de eso: "Es que yo...", dice: acuérdate de los judíos. Ellos se jactaban de que estaban haciendo todo correctamente; ellos se jactaban de que tenían la ley; ellos estaban empezando a tener orgullo dentro de ellos mismos con respecto al favor de Dios para con ellos, y ya viste qué les pasó a ellos. Entonces, si tú estás viendo que en tu propio corazón hay orgullo, ten cuidado, porque a lo mejor no tienes el tipo de fe que salva. Si tú empiezas a decir: "Es que yo, es que yo, es que yo", dice Pablo: "A ti tampoco te perdonará".

Entonces, esto es algo muy serio, hermanos. El orgullo es la raíz de todo pecado. Lo peor, lo que más detesta Dios de todos los pecados que existen, es el orgullo. Y es el más sutil de todos, ¿no? Es muy fácil ciertos pecados entre nosotros señalarlos luego, luego, porque son muy evidentes: "Ah, él tiene un problema", ¿no?, porque es un pecado escandaloso. Pero el orgullo es algo que es muy sutil, y no nos damos cuenta de que está ahí, y no pensamos que tenemos un problema. Y eso es precisamente el orgullo, ¿no?: decir "No, es que estoy bien". "¿Es que qué?". Ahí está. ¿Te das cuenta? Ese es el problema: no estás teniendo la sensibilidad para darte cuenta de que Dios quiere sacar todo orgullo de nuestro corazón a través de meditar en lo que es el evangelio y la manera en que Él nos ha salvado.

"A ti tampoco te perdonará". Constantemente, como iglesia, tenemos que estar examinándonos a nosotros mismos, y no dar por hecho que las cosas están bien. Eso es lo peor que podemos hacer como iglesia: decir: "No, pues todo está bien. No necesitamos examinarnos. No necesitamos decirle a los hermanos: 'A ti tampoco te perdonará si tienes orgullo en tu corazón'. Eso no es para nosotros. Nosotros somos la iglesia más humilde que hay; ese tipo de exhortación no es para nosotros". El momento en que nosotros empezamos a caer en ese tipo de sentimiento, estamos yendo en contra, creo yo, de lo que la Biblia está tratando de decirnos aquí.

Examinaos a vosotros mismos

Vean lo que dice 2 Corintios 13:5. Vean lo que dice 2 Corintios 13:5, porque aquí está la clave, y creo que esto es a lo que quiere llegar Pablo con los lectores de la carta a los Romanos. Dice: "Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?". Cuidado con asumir que soy cristiano. Cuidado con asumir que estoy haciendo las cosas como debería de hacerlas. Cuidado con asumir que tengo el tipo de fe que debería de tener. Esto es algo muy serio, hermanos; muy, muy serio, ¿no?

Examinaos a vosotros mismos. Vean qué es lo que hay realmente en su corazón. Examinen el tipo de fe que tienen. Examinen por qué es que están aquí, qué es lo que piensan en relación a Dios y a Jesucristo, cuáles son las prioridades en mi vida, qué es lo que más vale para mí. Ese tipo de cosas, dice Pablo, véanlas en su propia vida. Porque tanta gente vive engañada, pensando que están bien y que son cristianos, inclusive cuando realmente no lo son. Dice en Mateo 7, creo, que le dirán en el día final: "Señor, en tu nombre hicimos esto, y esto, y esto, y esto". Y Jesús les va a decir: "Apartaos de mí, no os conozco". Y esa es la realidad que nos rodea: las iglesias cristianas están llenas de no cristianos. Tenemos que detenernos un momento a pensar sobre la nuestra y analizar nuestras propias vidas.

¿Cómo hacemos eso? Esa es la pregunta. ¿Quieren examinarse a sí mismos? ¿Quieren ver qué clase de fe hay en ustedes? ¿Quieren hacerlo junto conmigo? Este pasaje dice cómo hacerlo. Sí, les voy a mostrar cómo; dice Pablo: "Hagan esto, y así pueden revisar qué clase de fe es la que tienen". Así pueden empezar a ver qué es lo que realmente hay en su corazón.

Mira la bondad y la severidad de Dios

Y el primer punto que dice Pablo en relación a cómo examinarnos a nosotros mismos, dice el versículo 22: "Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado". ¿Qué dice Pablo que debemos de hacer? Mirar dos cosas sobre Dios, dos aspectos de Dios: uno es Su bondad, y el otro es Su severidad. ¿Dónde vemos estas dos cosas de Dios? ¿A dónde miramos? A ver, ayúdanos: ¿dónde volteamos para ver la bondad y la severidad de Dios? Hay dos lugares donde podemos voltear a ver estos dos aspectos de Dios.

Número uno: podemos voltear al libro de la naturaleza. Hay dos libros que ha escrito Dios. Uno es el libro de la naturaleza, y dice Romanos 1:20 que Su eterno poder y deidad han sido claramente vistos por medio de lo creado. Entonces, cuando tú ves cualquier cosa, lo que te rodea, y a ti mismo, y todo, todo lo creado, ¿qué estás viendo? Algo de Dios, porque de Dios vienen todas las cosas. Entonces algo te está diciendo sobre Dios.

Y no es muy difícil ver la severidad de Dios en la naturaleza. ¿O sí es difícil ver la severidad de Dios en la naturaleza? No es muy difícil. Acaba de temblar, y todos, después de un rato que está temblando, empezamos a pensar: "Ah, ¿qué se supone que tengo que hacer?". No, yo no sé qué hacer; dije: "¿Es un marco de una puerta, o abajo de una mesa, o qué? ¿Qué es lo que hacemos?", ¿no? O sea, y de repente ya no estamos tan seguros, pero empezamos a ponernos un poquito nerviosos. Y obviamente, para los que estábamos vivos en ese tiempo, cuando fue el temblor del 85, tenemos grabadas esas imágenes en nuestra cabeza de lo que puede pasar en un temblor.

Entonces, eso es la severidad de Dios, ¿no? Cada vez que tiembla, cada vez que hay un huracán, cada vez que hay un desastre natural. El Popocatépetl podría hacer erupción en cualquier momento y causar un verdadero problema también aquí en la Ciudad de México, ¿no? Esas son cosas que muestran la severidad de Dios. También vemos la enfermedad en nuestros propios cuerpos; vemos el cáncer, vemos niños muriéndose de sida y de hambre en África, vemos toda clase de injusticias, vemos toda clase de cuestiones que tienen que ver con la misma naturaleza que están causando dolor y sufrimiento todos los días. Vean eso: eso es la severidad de Dios.

¿La bondad de Dios se ve en la naturaleza? Sí, también se ve la bondad de Dios. Y aquí estamos, estamos respirando; eso es la bondad de Dios. El hecho de que tú y yo estemos respirando ahorita; el hecho de que tú y yo tengamos salud, en algún nivel por lo menos, y que podamos estar aquí. Todos aquí tenemos dos ojos con los cuales podemos ver; escuchar, sentir, oler: eso es la bondad de Dios. Vamos a pasear, y salimos, y vemos un hermoso paisaje, y vemos la bondad de Dios ahí también. Entonces eso, hermanos, es la primera cosa, en donde podemos voltear a ver ambas cosas con respecto a Dios.

Pero es un poquito ambiguo cuando vemos esos dos aspectos de Dios en la naturaleza, ¿no? Porque no sabemos bien qué es lo que nos está diciendo con respecto a la severidad de Dios. Solamente vemos la severidad de Dios, pero ¿qué sobre la severidad de Dios? ¿Qué sobre Su bondad? No sabemos. La naturaleza no nos dice más allá de que Dios es un Dios severo y un Dios bondadoso. Entonces, a veces es confuso, porque algo trágico le pasa a alguien, y no sabemos si en realidad lo que estábamos viendo era la bondad de Dios, y no Su severidad, al no permitirle algo peor, ¿no? No sabemos; esa parte está oculta de nosotros.

O lo que para nosotros sería la bondad de Dios a veces, en las cosas que nos rodean, no necesariamente es la bondad de Dios. Muchos de nosotros diríamos: "Ay, la bondad de Dios, pues que me gane la lotería; eso sería la bondad de Dios", ¿no? Y no sabemos que si de veras nos sucediera, si de veras nos ganáramos la lotería, no sería la bondad de Dios; sería la severidad de Dios en nuestra vida. Entonces, es un poquito ambiguo, y es difícil; es difícil saber qué es lo que hay detrás de todas estas manifestaciones de la bondad y de la severidad de Dios.

El libro de la revelación

Así que, ¿hacia dónde volteamos entonces? A otro libro, ¿no?: el libro de la revelación de Dios. Es el otro libro escrito por Dios, que es la Biblia. Y aquí sí Dios explica muchas de las cosas que hace; y aquí Dios sí explica Su severidad, y aquí Dios sí explica Su bondad. Cuando lo ves en la naturaleza, no está explicado; nada más está ahí. Pero cuando ves la Biblia, aquí sí está explicado, y podemos ver claramente lo que Dios tiene en mente. Y quiero que vean estos dos aspectos, porque casi siempre van de la mano en la Biblia: severidad y bondad están todo el tiempo ahí juntas.

Vean lo que dice en Éxodo capítulo 34, a ver si no ven junto conmigo aquí lo que está diciendo Pablo: la bondad de Dios y la severidad de Dios. Vean lo que dice el versículo 6 de Éxodo 34: "Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! Fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado". ¿No es la bondad de Dios esto? ¿No son algunas de las palabras más increíbles que podrían leer en la Biblia? A ver, pero sigan leyendo: "Y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos", ¿hasta cuándo?, "hasta la tercera y cuarta generación". Las palabras probablemente más severas que podrías leer en toda la Biblia también están ahí.

¿Ven cómo este es el mensaje de la Biblia? Ver ambas cosas, bondad y severidad, juntas. Y no nada más es en el Antiguo Testamento; también Jesús hablaba así. Véanlo en Mateo 10:28, que dice: "Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno". Teme a aquel que te puede mandar al infierno. Eso es lo más temible que existe en todo el universo: la severidad de Dios. Eso es lo que deberíamos de temer. "¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. Pues aun vuestros cabellos están todos contados. Así que no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos".

Ahí está la bondad de Dios puesta junto a Su severidad. No temas al que mata el cuerpo; teme al que te puede enviar al infierno para toda la eternidad. Pero ni uno de tus cabellos pasa desapercibido por Dios. Entonces empezamos a ver de qué está hablando Pablo cuando dice: "Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios". Mírala, mira, contémplala, piensa en lo que está diciendo. Cada vez que estás leyendo la Palabra de Dios y llegas a partes que no te gustan, no quiere decir "bríncale".

Y aquí también vemos, en el capítulo 2, la bondad y la severidad de Dios juntas, en los versículos 4 y 5, donde dice: "¿O menospreciéis las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?". Esa es la bondad de Dios, ¿no?: Dios siendo paciente, y esperando, y llevándonos al arrepentimiento. "Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios". Entonces, nuevamente tenemos dos cosas que Pablo quiere que observemos, y que están diseñadas para mostrarnos si nuestra fe es la fe correcta, la fe que salva: si estamos viendo ambas cosas. ¿Se dan cuenta?

"Mira, mira, mira", dice Pablo. ¿Saben cuántas veces está esta palabra en la Biblia? Más de 1000 veces aparece en la Biblia la palabra "mira". Lo cual quiere decir que Dios sabe que no miramos muy bien, por lo regular. Y está diseñado aquí para mostrarnos la importancia de todo lo que viene aquí.

Solo queremos ver la bondad

Miren, muchas iglesias quisieran ver nada más la bondad de Dios, y entonces solo hablan de la bondad de Dios. Y es mucho más fácil así, ¿no? Si nada más le decimos a la gente: "Dios es bueno, Dios te ama, y todas las cosas son buenas. Y mira, échale ganas, y Dios te va a ayudar, y Él está contigo, y bla", y todo palabras de ánimo y palabras positivas... Y podemos pasarnos así todo el día. Y en el momento en que llegamos a un pasaje sobre la severidad de Dios, decir: "Ah, no, ese... a ver, ese no es el que estaba buscando", ¿no? Y ya. Y tener ese tipo de actitud con respecto a, pues, lo que nos gustaría que nos dijera Dios, que simplemente son palabras de ánimo.

Y entonces vivimos en una cultura donde la autoestima es muy importante. Entonces: "No, no le digas nada así de que no puedes, ¿no? Nunca digas 'no puedes'; siempre: 'Sí, tú puedes'. Y nunca le digas: 'Ah, no, tú no eres bueno para eso'. No, no: 'Tú échale ganas', aunque no sea bueno", ¿no? Para eso, mejor miéntele, ¿no? Vivimos en esa cultura que piensa que es mejor mentirle a los niños, nada más para no bajarles la autoestima, que ser honestos con ellos y decirles: "No, hijo, tú eres malísimo para el piano; otra cosa", ¿no? O: "No eres bueno para el futbol; ¿para qué le echas?, ¿para qué sigues ahí? Ni te meten a la cancha nunca".

Entonces, o sea, hay que ver por qué es que en nuestras iglesias tenemos la tendencia a siempre querer ver la bondad de Dios: porque no nos gusta que nos digan "estás mal". No nos gusta que nos digan "Dios te va a castigar". No nos gusta hablar de la ira de Dios, no nos gusta hablar de Su juicio. Pero está en toda la Biblia. Lean el Antiguo Testamento. No nos gusta leer: "Ay, Dios mató a toda una nación, y mandó exterminar". Y Dios dijo que si tu hijo te desobedece y sigue en rebelión, que lo saquen y que lo apedreen. "Ay, no, no, Dios, eso está muy duro", ¿no? La severidad de Dios, ¿no? Mira la severidad de Dios. Ahí está, ¿para qué? Para que la veas.

Severidad que lleva al temor

Lo cual nos lleva... Y miren, nada más quiero hacer una aclaración aquí. La severidad de la que está hablando Pablo no es el tipo de severidad que a veces nos muestra Dios cuando quiere corregirnos; o sea, el tipo de severidad amorosa de un padre hacia sus hijos. Porque existe ese tipo de severidad, ¿no?: Dios haciendo cosas que parecen severas, pero realmente tienen un propósito amoroso y de corrección detrás. Eso no es lo que está diciendo Pablo aquí. Esa no es la severidad que quiere que veamos, la severidad de disciplina de un padre amoroso. Él está diciendo: ve la severidad de Dios en Su juicio, en Su ira, en Su castigo sobre el pecado; en eso ve Su severidad.

Lo cual nos lleva, ¿a qué? A lo que dice el versículo 20: "No te ensoberbezcas". Que ver la bondad y la severidad de Dios cause en nosotros un efecto que se llama, ¿qué? Temor. Nuevamente, es una palabra como negativa, ¿no?; no nos gusta usar esa palabra. "Ay, no, ¿temor? No, ¿cómo crees? ¿Temor?". Sí, temor. Ve la severidad de Dios, y que eso te lleve al temor; que tomes en serio lo que Dios está diciendo con respecto al pecado, y te des cuenta de lo grave que es el pecado para Dios, y que si hay aunque sea así de pecado en tu vida, poquitito, ya es suficiente para condenarte para toda la eternidad. Y entonces ningún hombre estará de pie delante de Él. Justamente eso.

¿Qué causa en ustedes, qué reacción provoca pensar que nunca, por mucho que se esfuercen, podrían llegar a la perfección que Dios demanda de cada persona si va a vivir una eternidad en comunión con Él? ¿Qué provoca en ustedes pensar en eso? ¿Algún tipo de sentimiento provoca pensar que no pueden? ¿Que todo el pecado que hay en mí es suficiente para condenarme por toda la eternidad?

La cruz: bondad y severidad juntas

Y aquí, hermanos, dice: "Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo". No "si permaneces en Su severidad", no. La idea de Pablo no es nada más: ve la severidad de Dios y quédate viendo la severidad de Dios. Dice: no; ve la severidad de Dios para que te lleve a otro aspecto con respecto a Dios, que es Su bondad. "Si permaneces en esa bondad". Si tú permaneces en la bondad de Dios, a la cual llegas viendo, ¿qué? La severidad de Dios. El temor lleva a la bondad de Dios. Ese es el propósito de mostrarnos Su severidad: empujarnos en la otra dirección, de ver que hay más gracia que juicio, hay más gracia que pecado, hay más gracia que culpabilidad.

Entonces vemos la cruz, y vemos el lugar en donde toda la severidad de Dios se vio de la manera más clara, y donde toda la bondad de Dios se vio de la manera más clara, ahí, juntas, en un mismo lugar, en un mismo acontecimiento, en una misma persona: Jesús, recibiendo la severidad absoluta de Dios, poniendo sobre Él todo el castigo, todo el pecado de toda la humanidad, haciéndolo a Él pagar, y derramar Su sangre, y dar Su cuerpo —que es lo que recordamos hoy en la mañana—. Es la severidad de Dios; pero al mismo tiempo, poniendo eso como un regalo para toda persona que quiera creer en Él, y de esa manera no se pierda, sino tenga vida eterna. La cruz representa esas dos cosas: la bondad y la severidad de Dios.

Entonces, creo que cuando Pablo dice "Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios", está pensando: mira el evangelio. Mira lo que es el evangelio en sí. Mira el fundamento, el corazón del mensaje de la cruz: son esas dos cosas. Y si no ves las dos cosas, no estás viendo el mensaje del evangelio completo. No es el evangelio si estás viendo nada más una de las dos; tienes que ver ambas. ¿Para qué envió Jesús a su... digo, Dios a Su Hijo Jesucristo?

¿Cuál era la necesidad? ¿No podía decir Dios nada más: "No, pues sí, los perdono a todos, y ya, ignoro lo que hicieron"? No podía decir eso Dios, ¿no? Porque tienes que ver Su severidad contra el pecado. Si no la ves, entonces no va a tener sentido en absoluto lo que Jesús hizo. No tiene sentido; es abuso de infantes, ¿no?: "¡Qué papá tan abusivo! Quiero que vayas y sufras". Si uno de nosotros hiciera eso, nos reportarían con el DIF, ¿no? Pero Dios es otra cosa; algo diferente está pasando aquí en relación a la bondad y la severidad de Dios.

El temor nos lleva a la seriedad

Bueno, número dos: el temor nos lleva a la seriedad acerca de Dios. Y este punto nada más lo menciono porque creo que es importante entender que el cristianismo no es un juego. No es algo superficial; no es algo que alguien debe tomar a la ligera. Y vivimos en un mundo donde todo se toma a la ligera, ¿no? Todo es un chiste, todo es una broma. Métanse a Facebook un rato y van a ver qué porcentaje es pura broma y qué porcentaje son cosas serias. Nos encanta nada más reírnos, y sí, ¿no? Y todo lo vemos tan superficial: en la tele, y puro chiste, y pura broma, y pura risa, y ver todo superficial.

Y entonces, de repente, en la iglesia como que tenemos la tendencia a querer hacer lo mismo, ¿no?: "Ah, sí, sí, Dios. Ah, sí, la Biblia. No tan serio tampoco, ¿no? No hay que clavarnos tanto en estas cosas. Sí, sí, sí, está bien, ¿no?". Pero tenemos la tendencia a ser como muy superficiales y muy livianos en todo lo que hacemos y todo lo que pensamos. Pero si realmente existe temor en nuestro corazón, eso le da seriedad, ¿no? Esto no es broma. Esto no es un chiste. Esto no es como ver la televisión. Esto no es como leer el periódico. Esto sí es serio. Esto sí es algo en lo cual debemos de meditar día y noche, porque eso es lo único que transforma nuestra vida; eso es lo único que nos muestra el tipo de fe que me puede reconciliar con Dios: este temor, este sentido de seriedad, de no tomar esto a la ligera.

Por eso es que la iglesia en general es un lugar serio, ¿no? O sea, no es como ir a Six Flags, ¿verdad? Es otra cosa completamente diferente; no están en la misma categoría. No es: "¿Qué hacemos el domingo? ¿Vamos a la feria o vamos a la iglesia?". "Ah, pues a la iglesia. No, pues ahí también nos divertimos". ¿De veras? Es otra cosa; ni lo compares, porque no hay un parámetro con el cual comparar esas dos cosas. No es lo mismo. Una cosa es completamente superficial, una cosa es completamente entretenimiento; y la otra es la eternidad, el Dios que creó el universo y todas las cosas que en él hay, el propósito que tiene en haberte creado y en haberte redimido. Eso es completamente diferente.

Un temor que produce gozo

Y la última cosa que quiero mencionar, en relación al temor que Pablo quiere crear en nosotros a través de ver la severidad y la bondad de Dios, es el gozo que produce en nuestro corazón. Es un temor que produce gozo. ¿Existe esa clase de temor? Sí, sí existe esa clase de temor. Dios quiere que le temamos seguros y salvos. Dice Romanos 8:1: "Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús". ¿Provoca temor en ti eso? ¿Qué clase de temor? Sí, sí provoca temor; debe de provocar temor. Pero, ¿qué clase de temor? Es una clase de temor que trae paz. Es una clase de temor que trae gozo a nuestro corazón, porque lo estamos contemplando desde una perspectiva completamente diferente. La severidad de Dios para nosotros no es una severidad que nos amenace constantemente con destruirnos, sino que es una severidad de la cual podemos sentir la paz que provoca en nuestro corazón el no tener que vivirla. ¿Entienden?

¿Causa temor? Sí, sí causa temor. Pero es la razón por la cual disfrutamos ver películas de acción, ¿no? Acabo de ver la película de Superman hace poco con mis hijos, y hay muchas explosiones y muchos edificios que se caen en esa película. Pero la razón por la que disfruto verla es porque no representa para mí una amenaza que se caiga un edificio, ¿verdad? En la película me gusta ver que se caiga un edificio, pero no me gustaría estar junto al edificio que de veras se cae. Es otra perspectiva, o sea. ¿Sí lo entienden? Estoy viéndolo desde una perspectiva donde yo estoy seguro.

Y estamos viendo todo lo que Dios hace y todo lo que Dios es desde una perspectiva que es diferente. No estamos de este lado como Sus enemigos, como dice Romanos 5; no, sino que estamos de este lado como Sus amigos, contemplando lo que Dios es, y lo que hace, y Su severidad, y Su bondad, pero como los receptores de Su bondad, y como las personas que estamos siendo salvas de Su severidad. Y cambia completamente la perspectiva. Ese es el tipo de fe que teme. Ese es el tipo de efecto que Pablo quiere causar en nosotros: "No te ensoberbezcas". Temor, dulce temor, temor que trae paz, temor que trae gozo a nuestro corazón.

Si cada uno de nosotros meditamos sobre estas cosas, creo que podemos ver por qué es que no debe existir orgullo en nuestro corazón con respecto a la elección de Dios de los gentiles por encima de los judíos, por lo menos en esta parte de la historia. ¿Sí lo ven? ¿Por qué no debe haber orgullo en tu corazón? ¿Por qué no debes sentirte superior a los judíos? ¿Por qué no debes de sentir que mereces lo que tienes? Porque la bondad y la severidad de Dios nos llevan a un temor que nos muestra nuestra posición real delante de Él. Y juntos hacemos eso como iglesia: nos animamos a temer, a ver la bondad y la severidad de Dios en nuestras propias vidas.

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