2 Timoteo 3:14-172 TimoteoRoberto Reyes
¿Por qué confiar en la Biblia?
Transcripción
Terminando el estudio
Ahí estoy, ahí estoy. Muy buenos días, hermanos. Dios les bendiga a todos. Pues gracias a Dios, el Señor nos da la oportunidad de estar nuevamente aquí, aquí en este lugar, en este púlpito. Y créanme, hermanos, que no es realmente un anhelo estar aquí en el púlpito. Es un compromiso, una gran responsabilidad, y a veces prefiero no hacerlo, y más cuando tenemos a nuestro querido pastor Nathan, que tanto disfruta predicar, ¿a poco no?, y cuánto disfrutamos nosotros escucharlo. Pero bueno, gracias a Dios, que nos da la oportunidad.
Y estaba recordando que exactamente hace un año me tocó estar en este mismo lugar. Bueno, hace un año era primero de diciembre; estamos inaugurando el mes de diciembre, el último mes del año. Y bueno, pues hoy nuevamente el Señor nos da esta bendición, que es una bendición a pesar de todas las cosas.
Hermanos, estamos terminando este libro, Confía en Su Palabra; Kevin DeYoung es el autor. Son ocho capítulos donde viene ilustrando de una manera muy específica, muy detallada, pues muchos temas acerca de por qué confiar en la Palabra. Y pudiéramos pensar: "Pues ¿qué necesidad de que tengamos que estar los cristianos recordando que debemos confiar en la Palabra de Dios?". Es el libro por excelencia, ¿no? Es nuestra guía, es nuestra espada, es todo, nuestra Biblia. ¿Por qué tener que llevar varios domingos en un estudio que habla de "confía en la Palabra, no lo olvides"?
Pues es precisamente por eso, hermanos: porque tenemos la tendencia humana, en una naturaleza caída, pecaminosa, en la que estamos en este mundo, de olvidarnos muy fácilmente de lo que Dios hizo. Ahorita, lo que nuestro hermano Marcial nos daba, él como médico… Fíjense, eso toma un sentido diferente: él es médico. Y el hecho de darnos estos detalles acerca de lo que nuestro Señor Jesús padeció… Yo tenía muchos años… más bien, recién que yo conocí el evangelio, que conocí al Señor, escuché una narración muy similar a esa, que me quebrantó, que me hizo entender muchas cosas, hermanos.
Y ahorita que lo hizo el hermano otra vez… híjole, tenía mucho tiempo que no escuchaba esos detalles de cómo el Señor Jesús sufrió y padeció, y de una manera horrible, hermanos. O sea, no hay descripción, realmente, que nos podamos imaginar, ¿no?, de lo que el Señor padeció en Su propia humanidad para poder llegar a esa cruz y poder llevar a cabo la voluntad del Padre. Y eso, hermanos, precisamente me ayuda a entender aún más este título. ¿Por qué tenemos que confiar? Porque el autor de la Palabra de Dios, de la Escritura, lo sufrió todo por amor a nosotros. Nos dejó Su Palabra para que le conozcamos a Él.
La Palabra revelada, hermanos, la Biblia, habla por sí misma y afirma que es la revelación de Dios; es inspirada por Él y verdadera. Y tenemos que creerlo, y tenemos… bueno, es parte de la fe que Dios nos ha dado. Sabemos que todo esto es por fe. No es nada nuestro; no es que seamos buenos, que seamos más listos que otros, que por eso sí atendimos al llamado de la Palabra de Dios. Es la gracia y misericordia de Dios únicamente; no es otra cosa, hermanos.
Persiste en la Palabra
Entonces, pues hoy estamos terminando, cerrando este breve estudio de ocho capítulos, y hoy precisamente el tema es "Persiste en la Palabra". Ya nuestro hermano Jonathan nos dio el pasaje que vamos a estar recorriendo. Es un pasaje breve de la segunda carta del apóstol Pablo a Timoteo, en el capítulo 3, versículos 14 al 17, en donde hace este mismo llamado, o exhorto, a su discípulo amado, a Timoteo. Y pues vamos a ir viendo algunos detalles importantes que el autor, Kevin DeYoung, está tomando y quiere que nos quedemos con esto, porque él inició el primer capítulo con el Salmo 119 y está terminando con 2 Timoteo 3:14 al 17. Y ahorita vamos a ver en parte por qué lo hace así.
Estaba pensando, ahorita que veo los títulos de John Piper, de sus libros, hermanos —ampliamente recomendables, por supuesto—: precisamente Kevin DeYoung narra una anécdota donde él estuvo en un panel donde estaba precisamente John Piper. Y ahorita que decían… todo está aquí conjugando. Estoy emocionado, porque todas las cosas ayudan a bien y estamos en el Espíritu del Señor compartiendo la Palabra.
Y ahorita que veía los libros de John Piper: dice Kevin DeYoung que en una ocasión, en un panel, conferencia, a John Piper le preguntaron: "¿Por qué usted concluye, pastor John, que la inerrancia de la Palabra es verdadera?". La inerrancia es que no hay error en la Palabra. Y dijo: "Pues porque me lo dijo mi mamá". Entonces pareciera que no fue un chiste; obviamente no fue un chiste. Pero a lo que voy es que precisamente —y ahorita lo vamos a abordar en el tema de esta segunda carta de Pablo a Timoteo— las bases están… Y lo vamos a leer ahorita; le dice: "Desde tu abuela Loida, tu madre Eunice, y tú has recibido esta enseñanza desde tu niñez".
Y ahorita que están las clases, hermanos: la importancia de orar por nuestros niños, orar por las clases de escuela dominical. Eso puede ser toda la diferencia. Principalmente los hermanos que conocieron el evangelio desde la infancia pues saben lo que implica, ¿verdad?, recibir una enseñanza adecuada, correcta, bíblica —obviamente bíblica—, centrada en el evangelio de salvación. Pues puede hacer toda la diferencia, hermanos.
Pero vamos a ir avanzando en esto. Me da mucho gusto poder compartirlo. Y bueno, pues tenemos que estar conscientes y comprender, hermanos, por qué tenemos que persistir en las Escrituras, mantenernos en esa línea de la Palabra de Dios. Sabemos, y se ha dicho, que la Biblia es vista como un pase de acceso a la mente revelada y a la voluntad de Dios, siendo el libro más influyente de todos los tiempos, que se ha traducido a más de 100 idiomas —bueno, lenguas, entre lenguas e idiomas—, y también ha sido el más perseguido de todos los tiempos, la Biblia.
Revelación o especulación
D. A. Carson, que es uno de los que participó aquí para poder dar su opinión acerca de este libro, dice que la mala doctrina surge principalmente de la ignorancia, de no conocer la Biblia. O sea, de ahí surgen muchos problemas, muchos temas doctrinales, en las iglesias principalmente. Y aplaude a Kevin DeYoung por combatir la ignorancia difundiendo teología sencilla y clara, como la de este libro.
Kevin DeYoung dice que solo hay dos opciones cuando se trata del conocimiento de un Creador divino. Hay dos opciones: la revelación o la especulación. Y sí es cierto, ¿no? Cuando desconocemos el contenido de los textos bíblicos, pues la gente tiende a estar especulando, inventando, yéndose a muchísimos otros recursos o alternativas de ciencia, de teología, de doctrina, que no llevan a nada si están ignorando la Palabra de Dios.
Entonces, efectivamente, tras el conocimiento de un Creador divino, inspirador de la propia Palabra, existe la revelación o la especulación: o Dios habla, o nosotros adivinamos. Entonces, ese es el punto hoy en día: la gente, con una tendencia a un menú de opciones, hermanos, donde pueden elegir lo que se imaginen, desde tantas corrientes, sectas, ideologías que no van a llevar a nada, aparte de la bendición a la que nos lleva la Palabra de Dios, la Biblia.
Hemos visto a lo largo de este estudio, hermanos, principalmente cómo vamos a responder a aquellos cuestionamientos que nos hacen allá afuera. Hemos estado muchas ocasiones en la explanada compartiendo la Palabra de Dios, y una de las preguntas a veces más enfáticas es esa: "¿Cómo sé que lo que me estás diciendo es verdad? ¿Cómo sé que la Biblia es cierta? Pues si fue escrita por hombres". Y ahí tenemos que tener el conocimiento para poder responder. Sin duda, pues fueron hombres como nosotros —bueno, conociendo al Señor Jesús muchos de ellos—, pero fueron falibles, fueron pecadores también, fueron personas llenas de errores y defectos, como todos nosotros.
Entonces, ¿por qué creerles a ellos? "No, ellos escribieron la Palabra…". Sin duda, creer la Biblia, creer que la Biblia es la Palabra de Dios, es un acto de fe, como les dije: una fe que Dios nos ha dado al momento en que nos acercamos a la Palabra de Dios, en que alguien nos acercó la Palabra de Dios. Y sí, por el contenido de sus textos, pero nos convence Su Espíritu, por la obra transformadora que empezó a hacer en nuestras vidas. ¿A poco no, hermanos?
Podemos darnos la oportunidad de ser abiertos, como dice la gente, ¿no?: "Pues yo todo lo que me digan yo lo escucho, yo lo puedo hasta creer". Pero hasta ahí se queda mucha gente. Cuando empieza la obra del Señor a hacer esa transformación en nuestra mente y corazón, es donde hace la gran diferencia. Es donde empezamos a dar razón de que, híjole, "Pues creo que esto sí es cierto; esto no me había pasado; creo que hay algo aquí extraño que no había experimentado nunca". Y es por la gracia y misericordia de Dios.
Cuántas veces hemos dicho, al momento de compartir nuestra fe: "Bueno, pero no me creas a mí, ¿eh? Cree lo que dice aquí la Palabra". O: "No lo digo yo; lo dice Dios aquí en Su Palabra". Porque nos respalda la Palabra de Dios acerca de la fe que compartimos con las personas.
Lectura: 2 Timoteo 3:14-17
Y bueno, y para cerrar este estudio de Confía en Su Palabra, de Kevin DeYoung, vamos a leer el pasaje que Pablo escribe. ¿Ya tienen lista su Biblia, hermanos? La segunda carta del apóstol Pablo a Timoteo, capítulo 3, versículos 14 al 17. Voy a leer la versión Reina-Valera, que dice así en el versículo 14: "Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra".
Voy a invitarlos a que me ayuden a orar. Señor Dios, gracias, Padre, por este momento que Tú nos permites de adentrarnos un poquito a Tu Palabra, Señor. Te agradezco la oportunidad que nos das como iglesia de poder conocerte más, de tener tantos recursos disponibles a nuestro alcance ahora, Señor, para poder entender cómo Tú piensas, qué es lo que Tú has hecho, Señor, a lo largo de todos estos años, siglos, Señor. Y en el tiempo tan breve que nosotros estamos en este mundo, pues que nos ayudes a tener pleno discernimiento respecto de las cosas importantes que Tú quieres que sepamos, que conozcamos, que escudriñemos y que llevemos a la práctica, dándote a Ti la gloria y la honra, la adoración y la alabanza, Señor, con la bendición que implica el poder conocerte y llamarnos hijos Tuyos, Padre.
Pues gracias por este tema, por este estudio. Ayúdanos verdaderamente, Señor, a confiar en Tu Palabra. Y ayúdanos, Señor, a terminar con tantas cosas que te ofenden, que nos afectan, que nos separan de Ti y que nos hacen batallar y batallar, Señor, porque nos olvidamos de quién eres Tú y nos olvidamos de lo que has dejado en este tesoro que es la Biblia. Señor, ayúdanos a estar concentrados en ella, en Tu Palabra, para batallar menos y darte más y más la gloria a Ti. En el nombre de Tu Hijo Jesús. Amén. Amén. Gracias, hermanos.
Toda la Escritura es inspirada por Dios
Bueno, pues este pasaje es uno de los más famosos, y el versículo 16, hermanos, específicamente: "Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia". Es un versículo que usamos muy comúnmente, ¿no? Cuando nos preguntan o nos cuestionan de la veracidad de la Palabra de Dios: "Bueno, pues es inspirada por Dios". Pero ahí también nos quedamos un poco cortos, porque la gente realmente no alcanza a comprender pues qué es "inspirada por Dios". Pero ¿qué más? ¿Qué más hay aparte de eso?
Y una vez que nosotros sabemos que la Escritura ha sido inspirada por Dios, pues ¿qué más podríamos decir nosotros por nosotros mismos? ¿Qué más tendríamos que decir de la Biblia, hermanos? Esa inspiración de Dios… Bueno, tenemos que explicar todo eso. Kevin DeYoung dice que esta es la definición manifiesta de la inspiración: todo en la Biblia proviene de la boca de Dios. La suficiencia, la claridad, la autoridad y la necesidad están contenidas aquí en la Palabra de Dios.
Y si este pasaje de 2 Corintios 3:16 es verdad, pues todo es cierto. Pero si fuera mentira, hermanos, caemos como en 1 Corintios 15: si Jesús no resucitó, no tendríamos nada. Si la Palabra de Dios no fue inspirada por Dios, no tendríamos nada tampoco, hermanos. Estaríamos ahí como hablando al aire, creyendo cosas como la gente de allá afuera, con tantas ideologías o filosofías, si realmente la Palabra de Dios no fuera inspirada por Él.
Entonces, tenemos que tomar como base esta verdad, hacerla propia y compartirla de esta misma manera, y testificar con nuestra propia vida. Eso es lo que va a hacer la diferencia también al momento de compartir nuestra fe. Kevin dice que no hay un versículo más importante para desarrollar una correcta comprensión de la Escritura que este de 2 Corintios 3:16, donde toda la Palabra, toda la Palabra, toda la Escritura es inspirada por Dios.
Persiste tú
Y bueno, el apóstol Pablo, en este pasaje que acabamos de leer, insta a su discípulo Timoteo —y nos insta hoy a nosotros, hermanos— a persistir, que es permanecer y aferrarnos a la Palabra de Dios. Eso es lo que está instando a Timoteo. Es la forma en como Dios lo hace con nosotros. Recuerden que la Palabra de Dios es para todos nosotros; que es vigente, que no pierde, no caduca, no; es viva y eficaz, como espada de dos filos, como también esta otra definición de la Palabra de Dios.
Entonces, persistir: permanecer o aferrarse a lo que se ha aprendido, de lo cual nos hemos convencido —nos ha convencido el Espíritu de Dios— respecto de las Sagradas Escrituras. ¿Desde cuándo somos cristianos, hermanos? Ya muchos años, algunos otros más recientemente. Pero bueno, finalmente el efecto, la obra del Señor, es la misma: "El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará". Es la promesa de Dios, hasta el día de Jesús, hasta el día postrero.
Y vemos en este pasaje que Pablo muestra un contraste muy importante, porque más adelante, en el capítulo 4 de esta misma segunda carta, habla el apóstol Pablo acerca de aquellos que lo persiguen, y parece que está pensando en esta gente mala, en los impostores de la fe, que van de mal en peor, como Demas, ¿verdad? Si vamos al capítulo 4, versículos 10 y 11, dice que Demas lo abandonó por seguir al mundo; y en el 10 —versículo 10, capítulo 4—, como Alejandro el calderero, que le causó muchos males, dice Pablo.
Entonces, Pablo está pensando en esta gente. Y aquí, en el versículo 14, en el 3:14, en algunas versiones dice "sin embargo"; en este caso, la Reina-Valera y la Biblia de las Américas dicen "pero". Y estos "peros", hermanos, nos dan aliento, nos dan un respiro: "Pero persiste tú en lo que has aprendido". O sea: hay mucha maldad, hay mucha oposición, vas a tener muchos problemas, vas a padecer por causa de buscar la piedad en Mí, dice el Señor Jesús. "Pero tú persiste en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién lo has aprendido". O sea, no surgió de ti, no viene nada más de algo de tu propia imaginación, dice.
¿De quién lo aprendiste?
Y aquí hay un detalle importante: ¿de quién lo has aprendido? ¿De quién han aprendido la Palabra de Dios, hermanos? Tenemos aquí un pastor de enseñanza bien preparado, que Dios lo ha usado, que tiene el don de la enseñanza, nuestro pastor Nathan. Pero yo creo que a muchos de nosotros no fue Nathan el que nos compartió en primera instancia la Palabra de Dios, ¿verdad?
De alguien más la recibimos. Yo creo que, si hacemos memoria, pues fueron varias personas, tal vez, o fue una persona específica la que nos habló del evangelio. ¿Quién te acercó a los pies del Señor? Hermanos, me detengo un ratito aquí —bueno, muy breve—, porque quiero considerar a aquellos evangelistas obedientes al llamado de Dios de ir y hacer discípulos a todas las naciones, predicando a toda criatura. Ajá. Y de la gran responsabilidad implícita en esta gran labor. Porque, al igual que el apóstol Pablo, con tantos padecimientos y persecución, pues estaremos en la mira del enemigo constantemente, más aquellos que tienen ese deseo ferviente de estar compartiendo su fe a las personas.
El apóstol Pablo… sabemos todos los padecimientos. Cuando estudiamos Hechos de los Apóstoles, o cualquiera de sus cartas, vemos cómo él padeció y sufrió persecución, al grado de tenerlo por muerto en algunas ocasiones. Pero todos los discípulos fieles de nuestro Señor que comparten su fe padecerán este tipo de persecución. Por ello Pablo insta a Timoteo, y nos insta a nosotros hoy, hermanos, a que confiemos en la Palabra de Dios, en las promesas de Él; que persistamos en lo que hemos aprendido, de lo cual fuimos persuadidos o convencidos por obra del Espíritu Santo, de parte de nuestro Señor.
Y precisamente el autor dice que la exhortación más apropiada para acabar su libro puede ser la que está en este versículo 14: "Persiste tú" en la Palabra; permanece, resiste o aguanta en lo que has aprendido y te persuadiste. Y nos hace un llamado a los creyentes a quedarnos en la Escritura, a no abandonarla, ni buscar algún otro tipo de revelación, alternativa o cualquier otra cosa que creamos que pueda ser superior, porque no existe.
Así también Pablo advierte a Timoteo, y nos advierte a todos nosotros, que no seamos como esos engañadores o desertores. Y dice: "Mira, tú has sido criado en el evangelio, arraigado y establecido en la Palabra de Dios. Por tanto, el reto para ti ahora", le dice a Timoteo, y nos dice a nosotros, "es seguir creciendo. Sigue moviéndote en la misma dirección. Mantente firme en la misma fe que te fue dada por gracia", hermanos.
No te desvíes del camino
Y es el llamado que nos hace el Señor cada vez, cada vez que estemos batallando, hermanos, con pruebas, con tribulaciones propias de nuestra debilidad en la carne, de situaciones en las cuales no hemos podido salir y ya llevamos tiempo batallando con esto. Y, fuera de desanimarnos y querer tirar la toalla, hermanos, recordemos esto: que Dios ya pagó por todo eso, que la Palabra de Dios es verdad, que nos tenemos que mantener firmes. Dice "persiste", dice el apóstol, como un ruego a Timoteo. Es un ruego que nos hace Dios a nosotros: persiste, mantente en el camino.
Esto significa también, hermanos, que Timoteo debe permanecer cerca de la Palabra de Dios. Sí, porque el mandamiento de continuar en el evangelio es para Timoteo y para todos nosotros: una exhortación para persistir, crecer en los escritos sagrados, como leemos en este pasaje. Sigue esta dirección. Y por eso, hermanos, es que es necesario, pues, escribir libros de esta naturaleza: Confía en la Palabra. No nos olvidemos, hermanos, de confiar siempre en la Palabra de Dios.
Y un buen, un buen consejo para todo cristiano es: no te desvíes del camino. Ese es el mensaje de Timoteo 3, 2 Timoteo 3:14 al 17, que estamos repasando hoy. Sin importar las pruebas, hermanos… Llegamos a un punto tal, a veces, en donde decimos: "Creo que Dios se equivocó, porque no era para mí esto. Yo no puedo. Yo, por más que me he esforzado, no logro salir de esto. Caigo y regreso, y a veces hasta peor". Pero bueno, esa es la lucha del cristiano, hermanos. Es por eso que Dios murió en la cruz por nosotros, llevando nuestras enfermedades, nuestros delitos, nuestros pecados. Todo lo llevó el Señor en la cruz.
Y tenemos que aferrarnos a esa realidad, a esa verdad: persiste tú en la Palabra que te ha sido dada, en la que te persuadiste, dice, sabiendo de quién la has aprendido. Entonces, sabiendo esto, hermanos… Pues seremos tentados, probados; nos cansaremos, nos desanimaremos, enfrentaremos muchas presiones, tal vez; pero el Señor ya lo ha hecho todo. "Confía, Yo ya he vencido al mundo", dice el Señor.
El versículo 12, ¿qué dice, hermanos? ¿Ya lo vieron? El 12 de este mismo pasaje dice: "Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán…", ¿qué? "…persecución". ¿Quieres vivir piadosamente en Cristo Jesús? Bueno, pues ahí está: padecerás persecución de muchas formas, de muchas maneras, hermanos. Pues esta es la instrucción de nuestro Señor para todos los que le conocemos y creemos en Su Palabra: permanece en las Escrituras y mantén el rumbo, "puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe", ¿verdad?, también dice Hebreos 12:2.
Cuatro razones para permanecer
Y vamos a observar en este pasaje, en estos versículos de 2 Timoteo 3, cuatro razones importantes, hermanos, que está enfatizando el autor Kevin DeYoung, por las cuales debemos permanecer en la Palabra de Dios. Y son cuatro razones muy interesantes, que a lo mejor no nos hemos detenido a considerar. La primera de ellas es nuestra historia; la segunda es la capacidad de las Escrituras; la tercera es la originalidad de las Escrituras, y la cuarta es la funcionalidad de las Escrituras.
Nuestra historia
Nuestra historia: ¿qué podemos decir de nuestra historia? Es la número uno, hermanos. Respecto de nosotros mismos, pues tenemos ya una historia. Algunos dirán: "Bueno, pues ya acabo de conocer la fe. Pues ¿qué historia puedo tener?". Pues ¿cómo estabas? ¿Cómo te encontró el Señor? ¿Cómo estás ahora? ¿Cómo vas? Esa ya es una historia. Mucha gente ni siquiera se detiene a considerar que tiene una historia que contar de su propia vida, pero todos tenemos una historia, hermanos.
Incluso los que nacieron en un seno cristiano, en una familia cristiana… Hemos escuchado testimonios de jóvenes que, pues, naciendo en un seno cristiano —como se le conoce comúnmente, este término, "seno cristiano", una familia en la fe—, pero vienen al conocimiento verdaderamente de la gracia hasta una edad posterior. Y en todo su andar como niños cristianos pues era reunirse, asistir, una dinámica, una rutina; pero el conocimiento verdadero de su fe, donde entregan su vida a Cristo, es años posteriores. Y también es una historia que glorifica el nombre del Señor.
En algunos casos también, pues no toda la familia camina en la fe, tristemente. Algunos vienen… vemos incluso aquí hermanos que vienen solitos, que son el único integrante de la familia que es creyente en el Señor. Pero pues todos tenemos una historia al final, hermanos. Todos tuvimos un medio de gracia que Dios usó para nosotros acercarnos a la fe en Cristo Jesús.
Y de la misma forma, Pablo exhorta a su discípulo; lo hace ahí mismo, en el capítulo 1. Ahora regrésense dos capítulos, al primer capítulo, versículos 3 al 5, y fíjense lo que dice Pablo acerca de su discípulo Timoteo. 2 Timoteo 1:3 al 5 dice: "Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día; deseando verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de gozo; trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también".
Así es como empieza esta segunda carta a Timoteo, y le hace recordar nuevamente a su discípulo: "Acuérdate de dónde vienes, quién te llevó al conocimiento de la fe". Y le da el crédito también a él, el beneficio de la duda, de decirle: "Y estoy seguro que también en ti hay esa misma realidad", esa misma sinceridad de tu fe, de tu amor por nuestro Señor.
Y aquí, hermanos, dice que lo lleva en sus oraciones: "Me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día". Fíjense, hermanos, la importancia, la importancia de orar y animar a aquellos a quienes les hemos hablado del evangelio de salvación. Recordemos que, al momento de acercarlos a la fe en el Señor, van a venir muchas luchas, hermanos, y tenemos que estar ahí atentos, porque va a venir desánimo, va a venir una serie de confusión de que "pues ¿por qué está sucediendo esto?".
"Si yo creo que estaba mejor antes que ahora". ¿No han llegado a decir eso? Porque pareciera que se acrecientan —o no pareciera: se acrecientan— los problemas cuando venimos al conocimiento de la fe en el Señor. Es una realidad. Y de esta misma forma en que Pablo exhorta a Timoteo es la exhortación de Dios para cada uno de nosotros, que nos dice: "Recuerda cómo me conociste. Recuerda quién te trajo al conocimiento de la fe".
Una fuente confiable
Y esto no es para elogiar o exaltar a esa persona que está haciendo las veces de evangelista, sino que hay que ver también a esa persona. Hermanos, ¿cuánta gente comparte la fe que ha aprendido de una fe equivocada, una fe a la que le están faltando los elementos esenciales de la Palabra de Dios, la obra del Espíritu Santo, la fe firme en la obra salvífica que Jesús hizo en la cruz, y se quedan con una doctrina, una enseñanza incompleta?
Entonces, es importante saber y recordar quién nos llevó al conocimiento de la fe, y que esa persona también… porque luego nos toca orar por esa persona que nos trajo a la fe, con tantas luchas, con tantas situaciones; nos toca orar por ellos. Y saber si viene de un contexto 100% bíblico o no.
Escuchaba… Ah, pues ayer precisamente un hermano, que dice: "Toda la familia de mi esposa no es creyente, y nosotros, que estábamos buscando una iglesia, habíamos asistido únicamente dos veces. Nos pareció buena la enseñanza. Coincidió que nos acompañó la familia de mi esposa, y fuimos, y ese día fue un terrible mensaje de la Palabra de Dios, en donde se enfatizó…". Bueno, la enseñanza fue una mala aplicación, pero es porque la iglesia tiene una mala doctrina. Entonces, dice: "Y ese día pues salió bien enojada mis familiares, porque decían: 'Pues están poniendo a la mujer hasta el piso'". Dice: "¿Cómo es posible eso? Si tú crees esto, pues prefiero mejor no acercarme a tu fe".
O sea, imagínense, hermanos, los riesgos de recibir una enseñanza inapropiada, fuera del texto de la Palabra de Dios. Entonces, esos son los alcances que siempre van a existir. De ahí dice: "Acuérdate", dice el apóstol, "de dónde recibiste", de una fuente confiable. "Acuérdate de quién lo has aprendido". Y gracias a Dios, hermanos, porque nuestra iglesia, como iglesia cristiana, podemos tener la certeza de que estamos apegados 100% al texto bíblico. De que, si bien no damos a veces las mejores aplicaciones, estamos buscando únicamente la guía de nuestro Señor a través de Su Palabra, nada más.
Ese es el propósito principal que buscamos al pararnos en este lugar, o en cualquier lugar, en el tiempo de evangelismo con las personas: ¿qué estamos, o qué vamos a enseñarles? ¿Qué vamos a decirles, no? La Palabra de Dios únicamente. No necesitamos más; la obra del Espíritu Santo Él la estará haciendo, como lo hizo con nosotros.
Sembrar en los niños
Entonces, pues la historia: contamos nuestra historia, de dónde el Señor nos sacó. Cuántas veces hemos echado mano de nuestro propio testimonio, ¿no?: "No, pues yo estaba peor que tú, y el Señor me rescató de ahí". O sea, sí tienes oportunidad de decirle a la gente. Y sin duda alguna, hermanos, los cimientos de la fe de Timoteo, como ya leímos en el primer capítulo, fueron colocados desde su niñez por su abuela Loida y su madre Eunice.
Y, como decía ahorita al inicio, teniendo las clases aquí de nuestros niños: cuán importante es sembrar una enseñanza bíblica firme y fuerte en nuestros hijos, en nuestros niños de escuela dominical, de la escuelita bíblica de vacaciones… Hemos tenido más de 100 niños aquí en el programa de Operación Niño de la Navidad, que ya viene también en camino, y vamos, primero Dios, a estar allá en las montañas compartiendo a muchos niños también acerca de la fe. No sabemos, hermanos, el impacto que causará en sus vidas lo poquito o mucho que podamos decirles.
Pero ¿cuántas historias conocemos de personas adultas que regresan a la fe cristiana, que la abandonaron muchos años de sus vidas, y dicen: "Es que yo de niño iba a la iglesia y escuché ahí el evangelio"? Entonces, tenemos que estar conscientes en todo momento de parte de quién estamos hablando, hermanos, y hacerlo de esta manera, con esa convicción y esa entrega, porque el Señor lo ha hecho todo. Y el Señor hace la obra en las vidas de todos estos niños, como lo hizo aquí, en este caso, en el discípulo Timoteo: lo recibió de su abuela y de su mamá. Y ahí está el resultado: sirviendo al Señor y haciendo grandes obras con el apóstol Pablo. Entonces, todos tenemos una historia.
La capacidad de las Escrituras
El otro punto es la capacidad de las Escrituras. ¿A qué tipo de capacidad se refiere, hermanos? En este segundo punto tomamos la base y verdad bíblica de que la Palabra de Dios puede hacer realidad todo. ¿Sí o no? Dios creó todo por Su sola palabra, dice Génesis, ¿verdad? Abraham fue llamado por la palabra. Ajá: "Ve al lugar que te voy a decir", le dijo a Abraham. El pueblo fue reunido como una nación por la Palabra de Dios. Lázaro fue resucitado por la palabra. La iglesia fue creada por la Palabra.
Y a lo largo de la historia redentora vemos a Dios creando, maldiciendo, llamando, convirtiendo, reuniendo, bendiciendo, equipando, amenazando y prometiendo por Su sola palabra. Es toda la obra que el Señor ha hecho, o hizo, y seguirá haciendo a lo largo de esta humanidad en la que nos encontramos. Y es esta misma Palabra de Dios la que tiene absoluta capacidad para salvarnos, hermanos.
El 3:15, ¿qué dice? Que desde la niñez ha sabido las Sagradas Escrituras. ¿Ya lo vieron? "Y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio…", ¿para qué, hermanos? ¿Para el mundo, para tener éxito en esta vida? ¿Te pueden hacer sabio para qué? ¿Para que te vaya bien? Pues todo eso viene a ser añadiduras de parte de Dios, conforme a Su voluntad. Aquí dice algo bien importante: te puede ser sabio, ¿para qué? "La salvación por la fe que es en Cristo Jesús".
¿Habrá algo más importante que la salvación, hermanos? Si vamos a estar aquí —bueno, ya llegué a los 50—, si vamos a estar aquí 51 años, o 60, o 70, o los años que el Señor nos permita, y ya nos vamos, pues viene la salvación, la vida eterna en Cristo Jesús, ¿no? Entonces, eso es lo que nos debe mantener con ese ánimo y con esa esperanza viva, hermanos: te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.
Mateo 24:35 dice: "El cielo y la tierra pasarán, pero Mis palabras no pasarán". Se van a cumplir. El último puntito, tilde, dice la Palabra, se va a cumplir. Lo creamos o no, nos guste o no, estemos de acuerdo o no, el Señor va a cumplir Su Palabra siempre. Amén, hermanos.
Bueno, pues la Escritura, como sabemos, hermanos —y quisiéramos a veces encontrar todas las respuestas al problema que tenemos en ese momento—, no nos va a decir todo lo que quisiéramos saber con tan solo abrirla. Pero sí nos dice todo lo que necesitamos sobre las cosas más importantes de esta vida y de la venidera. Eso sí lo vamos a encontrar, y sí nos va a ayudar, hermanos, a través de la oración; nos va a ayudar a salir de la circunstancia en la que nos encontremos y estemos batallando en ese momento.
El objetivo de la Biblia es que puedas ser suficientemente sabio como para poner tu fe en Cristo Jesús y ser salvo, más que otra cosa. No hay otra cosa, yo creo, más importante. Nadie ni nada más en este mundo tiene la capacidad que tiene la Palabra de Dios de salvarnos. La palabra de un presidente es importante, de nuestra presidenta; pues sí, ¿no?, escuchamos. La palabra de nuestros padres es importante; pues sí, la honramos, ¿no?, atesoramos. La de nuestro cónyuge también nos es de bendición. Pero solo la Palabra de Dios nos puede salvar. Esa es una realidad. Solo en las Escrituras podemos encontrar las buenas nuevas del perdón de los pecados.
Podemos ser guiados a creer en Jesucristo, y al creer, tener vida en Su nombre. Solo en la capacidad de las Escrituras encontramos el poder transformador de nuestras vidas, hermanos. ¿Cierto, no, hermano Miguel? Amén, ¿verdad, hermano? Y lo hemos visto, y lo estamos viendo, hermanos. ¿Quién sabe cómo estaríamos, hermanos, todos, muchos de los que estamos aquí, si el Señor no nos hubiera rescatado, no? Como dice el canto, ¿verdad?: "¿Dónde estaría hoy si no me hubieras alcanzado?". Entonces, ya vimos que tenemos una historia por contar. La capacidad de las Escrituras es suficiente: nos puede salvar la propia Palabra de Dios.
La originalidad de las Escrituras
Número tres, la originalidad de las Escrituras. Originalidad de las Escrituras, ¿qué es? Realmente, Kevin DeYoung quiere darle este título de la originalidad a la creatividad o maestría de la Escritura: creatividad o maestría de la Escritura, refiriéndose al origen, a de dónde vino la Palabra de Dios y quién es responsable por ella. Y vemos la famosa respuesta, versículo 16, ¿cuál es? "Toda la Escritura es inspirada por Dios". Ahí está la respuesta, hermanos.
Kevin dice que la inspiración de la Escritura es un hecho establecido en el pasado; no es un suceso que esperemos que suceda en el futuro. Todo ya está escrito, todo ya fue dado, todo ahí está, hermanos. La Escritura no solo inspira, sino que es inspirada. La Escritura lleva en sí todo el peso de la autoridad divina, porque proviene completamente de un origen divino. Y esto es una verdad para toda la Escritura. Pues cada libro, hermanos, de los 66 libros que comprenden la Biblia, cada capítulo, cada línea, cada palabra, todo en ella es inspirado por Dios.
Y no solamente en las partes teológicas, o las más memorables, las más famosas, o en aquellos pasajes, pasajes que nos conmueven mucho y que queremos mucho, los salmos: "A mí me gusta este salmo, y lo repito, y lo memorizo". Toda la Escritura es inspirada por Dios. Incluso dice Kevin que no está de acuerdo… Bueno, no dice que no está de acuerdo; dice: "Debiéramos quitar esos textos rojos de la Biblia". Nos sirven como referencia, ¿no?, de que son palabras de Jesús. Dice: "Pero esos textos rojos… a veces la gente le da un mayor peso a ese texto en rojo, que es palabra de Jesús". Pero toda la Biblia es inspirada por Dios.
Dice: "Quitémonos eso de la mente, de que porque es palabra de Jesús tiene más importancia, más peso, más divinidad que los textos de 2 Reyes", que están bien aburridos, además, ¿no? Entonces, dice, quítense eso de la mente: toda la Biblia es inspirada por Dios. Sale. Entonces, debemos escuchar la Biblia, permanecer en ella, sujetarnos a su enseñanza, porque la Biblia es de Dios: tanto los escritos sagrados del Antiguo Testamento como los escritos inspirados para la Iglesia del nuevo pacto. Toda la Biblia es inspirada por Dios.
Entonces, la originalidad de la Escritura implica comprender que, si toda la Escritura es inspirada por Dios, hay unidad a lo largo de las páginas de la Biblia. Se ha dicho aquí también que muchos dicen: "Bueno, es que ya no estamos bajo la ley, el Antiguo Testamento; por eso ya casi ni lo leo. La gracia, del Nuevo Testamento…". Toda la Escritura es inspirada por Dios, tiene una perfecta concordancia, no hay error en ella. Hay muchos textos que sí pareciera que están contradictorios unos con otros, en diferentes libros, en Antiguo y Nuevo Testamento, pero no es así, hermanos.
Tenemos que entender y estudiar los contextos, las épocas, a quién va dirigido, una serie de conceptos importantes que nos van a ayudar a corroborar que efectivamente no hay contradicción en la propia Escritura. Entonces, la Escritura es inspirada por Dios. Sí. Posee la misma autoridad que el Dios hombre, Jesucristo, nuestro Señor. Entendamos que la sumisión a las Escrituras es sumisión a Dios. La rebelión contra las Escrituras es rebelión contra Dios. Y la Biblia no puede fallar, flaquear o errar, de la misma manera que Dios no puede fallar, flaquear o errar. Es Su Palabra revelada, y aquí la tenemos.
La funcionalidad de las Escrituras
Entonces, tuvimos nuestra historia; la capacidad de las Escrituras, que nos pueden salvar; la originalidad, que es de la boca de nuestro Señor, de Su corazón, de Su mente; y tenemos la funcionalidad de las Escrituras. Y la última razón que Pablo propone para permanecer en las Escrituras es su funcionalidad. Y aunque pareciera un argumento sin mucha relevancia —pues ¿qué funcionalidad tienen las Escrituras?—, para el apóstol Pablo la funcionalidad es la conclusión de todo su argumento; es la recompensa o propósito de toda su magnífica teología, de sus escritos en general.
¿Y por qué digo esto, hermanos? Porque la Escritura es útil ¿para qué? "Para enseñar, para redargüir, para instruir en justicia", ¿verdad? Nos dice quién es Dios y lo que Él demanda de nosotros. También nos dice quiénes somos nosotros delante de Él, por qué estamos aquí, de dónde venimos y a dónde vamos e iremos. Hermanos, todo esto nos dice la Palabra de Dios. Nos habla de amor y de matrimonios desde el inicio, ¿verdad?, de un matrimonio también desde el origen. Nos habla de la vida antes de nuestra vida y de la vida después de la muerte.
Principalmente nos habla sobre el pecado y el perdón, sobre Cristo y la cruz, sobre cómo es que estamos perdidos y cómo fuimos hallados; y de que podemos confiar plenamente en todo lo que dice la Escritura acerca de estos temas tan profundos, enigmáticos muchos de ellos, y que la gente desconoce completamente. Por eso está en una continua búsqueda de respuestas, y van a una fe, y a otra fe, y a otras corrientes, una serie de recursos que no les van a llevar a nada si no es a través de la Palabra de Dios.
Entonces, la Escritura, hermanos, es útil para redargüir y corregir. La Palabra condena y consuela; también nos convence de pecado, nos confronta y nos conforta, y nos regresa al camino correcto. Nos detiene cuando arruinamos las cosas, ¿verdad, hermanos?, y nos pone en el buen camino. Nuevamente: Dios nos dio la Biblia porque nos ama lo suficiente como para decirnos qué piensa y cómo debemos vivir. Hermanos, imagínense, la Palabra de Dios. Tenemos que creerlo, hermanos; atesorar esta realidad, esta verdad, en nuestras propias vidas.
La Escritura es útil para instruirnos en justicia; ya lo dijimos. Nadie tiene éxito en los niveles más altos, por ejemplo, en los deportes, si no practica, ¿no? Nadie tiene éxito en llevar a cabo la música sin mucha práctica. ¿No hay que preguntarle a Mao cuántos años le llevó tocar como toca el violín, por ejemplo? Nadie llega lejos en la escuela de santidad, hermanos, sin horas, días y años en la Palabra de Dios. Aquí tenemos la garantía de poder llegar y que escuchemos la voz del Señor decir: "Entra en el gozo de tu Señor". No, aquí está.
Útil para toda buena obra
Y, por último, hermanos, si anhelamos ser cristianos competentes y útiles a los propósitos de Dios, necesitamos la Biblia. Necesitamos leerla, llenarnos de ella. La Biblia nos edifica a fin de que podamos resistir durante el tiempo de prueba, de sufrimiento; la Biblia nos va a equipar para eso. Nos da discernimiento la Palabra de Dios para tomar las mejores decisiones en situaciones difíciles, complicadas, en donde están de por medio muchas cosas: nuestro patrimonio, el rumbo de nuestra familia. "¿Acepto o no acepto este trabajo? ¿Me cambio o no me cambio? ¿Lo dejo? Este trabajo es muy bueno, pero este pareciera que es mejor".
La Biblia nos va a dar esa sabiduría, esa paz de saber que en el Señor estaremos tomando decisiones adecuadas, y que Él no nos va a dejar. Nos dará suficiente fuerza para ser pacientes con otros, y nos hará suficientemente pacientes para responder con amabilidad cuando alguien nos lastime, nos ofenda. Entre muchas otras situaciones, la Biblia, la Palabra de Dios, nos dará las respuestas a todo aquello que necesitemos, mas no lo que queremos, hermanos. Y tenemos que hacer la diferencia y no frustrarnos porque el Señor no nos da lo que quiero. El Señor nos va a dar siempre lo que necesitamos, porque Él es sabio, Él conoce todo de nosotros.
Preguntas para quedarnos
Y en conclusión quiero que nos quedemos con unas preguntas, hermanos. ¿De qué manera te has instruido tú en la Palabra de Dios? ¿Cada cuándo la estamos leyendo? Si bien los libros que aquí nos presentan son muy buenos —claro que sí, hermanos, y serán de mucha ayuda y bendición—, la lectura de la Palabra es algo esencial que no podemos dejar de lado. Porque, si no, hermanos, nos va a surgir esa espinita, como dicen, esa inquietud de buscar algo nuevo, algo diferente, en otras fuentes, algo más allá de la Escritura: nuevas experiencias, revelaciones, modas culturales, tendencias, y todo lo que ahorita internet nos ofrece todo el tiempo en el teléfono. Todo el tiempo está presentándonos cosas novedosas que nos van a llamar la atención.
¿Cómo estás usando la Escritura en tu vida práctica, hermanos? ¿Estás siendo enseñado? ¿Estás siendo corregido, redargüido, instruido en justicia? ¿Para qué necesitamos ser instruidos en justicia, hermanos? Pues para que seamos perfectos delante de Dios; pero no es la perfección que se conoce en este mundo, sino simplemente preparados para toda buena obra, para servir al prójimo, para servir a nuestro Señor. Mm.
¿Y amas la Palabra de Dios? ¿Qué te motiva a amar la Palabra de Dios? "No, pues porque me ha ayudado en ciertas situaciones". Y lo tomamos ya a veces como un amuleto, como un "pues a ver si me ayuda hoy; la vez pasada no me resultó, pero a ver si esta vez sí". O sea, la Palabra de Dios es parte esencial de nuestra vida, nuestra vida cristiana, y así lo tenemos que ver, hermanos.
Entonces, el llamado práctico es quedarnos en el rumbo, en el camino de la fe, a través de la Palabra de Dios: leerla, estudiarla, escudriñarla. "Escudriñarlo todo, retener lo bueno" de la Palabra de Dios. Y miren que nadie los engañe con filosofías y huecas sutilezas, dice también el apóstol Pablo a los Colosenses, ¿verdad?: que nadie los engañe con filosofías y huecas sutilezas, sino según Cristo.
Confiemos en lo que dice la Palabra de Dios, hermanos, porque Dios… porque es de Él, la Palabra es útil para nuestra vida, y no hay cambio. No hay cambio en esto. Dios se ha mantenido fiel desde siempre, y la Biblia no se equivoca. La inerrancia de la Biblia es absoluta; no tiene error, y nos va a llevar a casa finalmente, hermanos. Y es lo que tenemos que compartir a los demás: la Biblia es la Palabra de Dios, y se llama Biblia, ¿verdad?
Un plan para el nuevo año
Entonces, pues, con esto en mente, hermanos, vamos a orar al Señor. Vamos a pedir al Señor… Ya viene Jonathan; ya se tardó en anunciar las diferentes formas de estudio, de lectura de un año. Siempre nos anima Jonathan a hacerlo. Ahorita no lo ha hecho, pero ya viene, porque va a empezar el nuevo año, 2026, y sí es una buena oportunidad de poder iniciar el primero de enero con la lectura y seguirnos todo el año.
Si se les dificulta leer —"porque no sé qué leer", "porque me da sueño", "porque ya terminé de leer y no supe ni lo que leí", "porque estuve divagando en muchas cosas"—, bueno, pues lleven uno de estos métodos de lectura de la Biblia en un año. Pero háganlo con compromiso, creyendo que es la Palabra de Dios, creyendo que habrá un efecto de gran bendición para nuestras vidas, hermanos.
Y ahora cantemos el Salmo 19, que tenía mucho que no lo cantábamos. Puestos de pie. Y después vamos a dar gracias a Dios por Su Palabra. Y confíen en Su Palabra, hermanos. Y si pueden adquirir este libro, bueno, pues se los recomiendo, para que podamos seguir conociendo al dador de la vida, Jesús, nuestro Salvador. Amén.
Escúchanos
Ven un domingo
Predicamos así cada semana, a las , en Av. México 319.
Qué esperar si vienes →