Juan 10:31-38JuanAlfredo Carrillo
¿Por qué confiar en la Biblia?
Transcripción
Casi al final de la serie
Buenos días todavía. Buenos días. Y bueno, ya casi estamos por concluir nuestra serie de «¿Por qué confiar en la Biblia?», y creo que a lo largo de todos estos domingos ha sido de gran bendición y ha sido realmente edificante estar profundizando acerca de la autoridad de la Biblia, de la inerrancia, su confiabilidad, su claridad, la necesidad de la Biblia —que fue lo último que vimos también—, y también que la Biblia es suficiente para todas las situaciones que pasamos a lo largo de nuestra vida como cristianos. Pero bueno, hoy vamos a ver algo que me parece también muy importante, pero a la vez muy interesante, porque siempre que leemos las Escrituras vemos la historia de los personajes, vemos toda esta narrativa que comprende la historia de la redención, y dentro de ella está Jesús.
Hoy lo que vamos a ver es este capítulo del libro que estamos usando, de Kevin DeYoung, que se llama «La Biblia inquebrantable de Cristo». Y vamos a ver un pasaje que está en Juan 10, versículos 31 al 42 —perdón, al 38—, versículos 31 al 38.
Lectura de Juan 10:31-38
Y dice así la Palabra de Dios: "Los judíos volvieron a tomar piedras para tirárselas. Entonces Jesús les dijo: 'Les he mostrado muchas obras buenas que son del Padre. ¿Por cuál de ellas me apedrean?'. Los judíos le contestaron: 'No te apedreamos por ninguna obra buena, sino por blasfemia; y porque Tú, siendo hombre, te haces Dios'. Jesús les respondió: '¿No está escrito en su ley: Yo dije: son dioses? Si aquellos a quienes vino la palabra de Dios los llamó dioses —y la Escritura no se puede violar—, ¿al que el Padre santificó y envió al mundo ustedes dicen: Blasfemas, porque dije: Yo soy Hijo de Dios? Si no hago las obras de mi Padre, no me crean. Pero si las hago, aunque a Mí no me crean, crean a las obras, para que sepan y entiendan que el Padre está en Mí y Yo en el Padre'".
¿Qué creía Jesús acerca de su Biblia?
Ahora quiero hacerles una pregunta: ¿qué creía Jesús acerca de su Biblia? ¿Qué pensaba de ella? ¿Tenía autoridad? ¿Era necesaria? ¿Le era suficiente? ¿Le era clara? Y vamos a ver poco a poco qué es lo que Jesús pensaba de su Biblia. La Biblia en los tiempos de Jesús era el Antiguo Testamento. Ya estaba cerrado el canon; digamos que Él no había escrito el último capítulo, ¿verdad?, el último libro de este Antiguo Testamento. Entonces la Biblia de Jesús ya estaba concluida.
Nosotros ahora tenemos, digamos, también la Biblia completa de nuestros tiempos, porque ya Cristo ha cumplido la revelación que estaba en el Antiguo Testamento, la profecía. La historia redentiva había concluido y empezado a la vez con Cristo: concluido porque Él había nacido. El Mesías había cumplido su propósito de dar su mensaje, que es el evangelio de salvación, morir en la cruz y al tercer día resucitar. Deja los evangelios, deja sus enseñanzas, y más adelante sus apóstoles siguen proclamando las enseñanzas de Jesús, y usó a varios de ellos para dejarnos las cartas, ¿verdad?, que tenemos en el Nuevo Testamento. Ahora nosotros tenemos esas dos revelaciones: Antiguo Testamento y Nuevo Testamento.
Ahora, es importante esto. Estamos estudiando la Biblia y por qué confiar en ella, porque muchas veces, como hemos visto, algunos interpretan como que el Antiguo Testamento ya no es válido para nosotros los cristianos, porque dicen que ya no estamos bajo la ley, porque dicen que ahora estamos bajo la gracia. Y no es cierto. El Antiguo Testamento es tan válido y tan autoritativo como lo es el Nuevo Testamento. Ahora, como todo buen cristiano, deberíamos de creer lo que Jesús creía acerca de su Biblia. Y debemos de creer lo que Jesús también dejó en sus enseñanzas, en los evangelios, junto con todas las cartas apostólicas, el Apocalipsis; todo ello es inspiración del Espíritu Santo.
Todo ello tiene la misma autoridad; toda ella tiene la misma inerrancia, la misma confiabilidad, la misma claridad. Ciertamente hay pasajes más oscuros que otros; sin embargo, con la ayuda del Espíritu Santo podemos entender la Palabra de Dios. Entonces tenemos que ver lo importante y lo valioso que debería de ser para nosotros como cristianos conocer nuestra Biblia, usarla, vivirla; no solamente tener una estantería o un librero lleno de ellas.
Atesorar la Escritura
Gracias a Dios. De veras que yo doy gracias a Dios porque tenemos la oportunidad ahora, en nuestros tiempos, y sobre todo de este lado del planeta, de que todavía no se nos prohíbe tener Biblia. Podemos pasearnos con la Biblia por la calle, y tenemos tantas versiones de Biblia. Gracias a Dios por el trabajo que nuestro hermano Yus hace, ¿no?, y nos presenta diferentes biblias de estudio, aun para los niños. Yo le compré una Biblia a mis nietos, la que anunciaron, de estudio para ellos, y platicaba con unos hermanos y yo creo que ya no se las voy a dar, porque está muy, muy documentada, está excelente. Pero bueno, fuera de eso, debemos atesorar la Escritura como lo hacía Jesús.
Pero al mismo tiempo, todas esas doctrinas que hemos estado estudiando las damos por sentadas. Quizás damos por sentado que todos sabemos las doctrinas de la Escritura. Creemos que todo hermano reformado debería de saberse todas las doctrinas de la Escritura, y a veces nos jactamos en eso: «Somos reformados». Pueden visitar nuestra página en internet, y ahí tenemos lo que creemos. Ahí están nuestras confesiones, la declaración uno y dos. ¿Sí sabían que existía eso? Métanse a la página; ahí están.
Y dentro de estas declaraciones, dentro de esta confesión que tenemos como iglesia, declaramos que la Biblia es nuestra autoridad; es la única. Sí, recomendamos libros para ayudarnos a esclarecer un poco algunos pasajes: hermanos teólogos que se han dedicado por décadas a estudiar estos pasajes nos ayudan a tener un poquito más de luz sobre algunos pasajes que son más oscuros, digamos, o profundos, y de los que quizás no encontramos el significado. Mas, sin embargo, la Palabra de Dios es la única autoridad. Ya no hay más revelación. Dios mismo nos habla a través de su Palabra. ¿Quieres escuchar la voz de Dios? Abre tu Biblia, léela.
Una iglesia sin Escrituras
Entonces, ¿qué pasaría si decimos y afirmamos que la Biblia es verdadera e inspirada y es nuestra autoridad? Si la iglesia no tuviera las Sagradas Escrituras, ¿cómo sería la iglesia? Pues no sería iglesia. Es como decir que alguien es cocinero y no tiene cocina, que alguien es violinista y no tiene violín; decir que soy cristiano y no tengo a Cristo. Eso es la Biblia para la iglesia. Si rechazamos la necesidad de las Escrituras, nuestra iglesia solamente sería un club de optimistas, en donde solamente tendríamos conferencias motivadoras, en donde solamente enseñaríamos la regla para ser buen padre, la regla para ser buen esposo, el éxito para ser una buena madre.
Pero la Biblia nos enseña más que eso. Veíamos que la Escritura es penetrante, es cortante. No solamente la Biblia es para que tú tengas éxito. La Biblia es para destapar lo más profundo de nuestro ser, para que veamos lo más podrido que hay en nosotros. Ya sé que hemos sido salvos, ya sé que hemos sido santificados, pero todavía tenemos eso, ese pecado por el cual estamos luchando. Ciertamente la obra que Él comenzó en nosotros la terminará, pero es a través de su Palabra que lo hará, con la ayuda del Espíritu Santo y la obra de Cristo en la cruz.
Jesús no vino a quebrantar la ley
Entonces, ¿qué creía Jesús sobre su Biblia? Jesús creía firmemente que toda ella era y es la autoridad, que es infalible e inquebrantable. Jesús cita en Mateo 5:17: "No piensen que he venido para poner fin a la ley o a los profetas; no he venido para poner fin, sino para cumplir". Eso es lo que Jesús vino a hacer. No vino a quebrantarla. Jesús la cumplió perfectamente, y eso es lo que, cada vez que confrontaba a los fariseos, cada vez que confrontaba a los doctos de la ley, les enseñaba: cómo interpretarla correctamente. Y a veces fallamos en eso: la interpretamos a nuestra manera o a nuestra conveniencia.
A veces somos fariseos. ¿De qué nos sirve saber que la Biblia es infalible si no la leemos, y mucho menos la obedecemos? ¿De qué nos sirve saber sobre la Reforma y sus cinco solas si no las aplicamos? ¿De qué nos sirven las diferentes confesiones que hay si no sometemos nuestras vidas a las enseñanzas de la Palabra? Podemos jactarnos de saber mucha Biblia, de tener mucho conocimiento, pero si no la vivimos y la aplicamos, de nada nos sirve. Y eso es lo que estaba enseñándoles a los fariseos.
Y vamos a ver en un momento la utilidad que tenía para Jesús la Escritura: la autoridad, la utilidad, la necesidad, la suficiencia y el poder que tenían las Escrituras, y cómo recurría a ellas en todo tiempo. Jesús siempre estuvo citando el Antiguo Testamento. Ahora, hemos leído esta pequeña porción de Juan, del 31 al 38, pero solamente quiero tomar dos versículos, el 34 y el 35, en donde dice: "Jesús les respondió: '¿No está escrito en su ley: Yo dije: son dioses? Si aquellos a quienes vino la palabra de Dios los llamó dioses —y la Escritura no se puede violar—...'".
Y hay tres cosas que podemos ver en este pasaje, en las que Jesús nos enseña cómo utiliza esta porción de la Escritura que Él citó, lo que creía de ella y cómo la usaba. Vamos a ver tres cosas que podemos sacar de estos dos versículos.
La Escritura es inquebrantable y la podemos usar en nuestra defensa
Número uno: la Escritura es inquebrantable y la podemos usar en nuestra defensa. La Escritura es inquebrantable porque es nuestra autoridad; la Escritura es inquebrantable porque no se puede violar. Versículo 34: entonces dice que Jesús les respondió... ¿Y por qué quiero tomar estos dos? Me parece a mí que en este pasaje estos dos versículos son todo el clímax de lo que estaba sucediendo entre Él y los fariseos, entre Jesús y los fariseos. Jesús cita este salmo que es —y créanme— una porción muy profunda. Por lo menos a mí me costó mucho trabajo tratar de entender de qué estaba hablando Jesús y por qué utilizó este pasaje.
Ahora, haciendo un contexto rápido: los fariseos querían matar a Jesús porque Él se había declarado Dios. Ellos decían que estaba cometiendo blasfemia por llamarse a sí mismo Dios. El castigo por la blasfemia era la muerte, ser apedreado, como dictaba la ley. Estaban recurriendo a la ley; estaban torciendo la ley, quizás, pero también estaban errando en la ley. Y eso es lo que Jesús quería corregir con los fariseos. Por eso querían apedrearlo.
Ahora, esto ya había sucedido anteriormente en Juan 8, pero hay una diferencia entre este suceso y Juan 8. En Juan 8 también querían apedrearlo, y dice que Jesús se ocultó; Jesús huyó y se escondió. Mas ahora no se oculta: los enfrenta. Obviamente no era el momento, ni la hora, ni el tiempo en que Jesús debía de morir. Pero ahora lo que estaba haciendo Jesús era recurrir a la Escritura para defender lo que Él estaba diciendo.
Entonces, en el capítulo 8 vemos de qué lo acusaban, porque Él les había dicho: "Antes de que Abraham existiera, Yo soy". Al usar la palabra «Yo soy» se estaba proclamando Dios, diciéndoles: «Yo soy Dios». El título que se le da a Dios: «Yo soy». Jesús recurre a la Palabra para su defensa. Y los judíos le responden: "No te apedreamos por ninguna obra buena" —porque es lo que Él decía—, "sino por blasfemia, y porque Tú, siendo hombre, te haces Dios". Todas las obras y señales que había hecho confirmaban y respaldaban que Jesús era Dios mismo. ¿Quién más podría ser? Y aun así, los fariseos estaban negando su divinidad y no creían nada de lo que Jesús decía.
Cómo nos defendemos nosotros
Pero esta vez Jesús recurre a la Palabra, recurre a su Biblia para defenderse, y me gusta la manera en que lo hace, porque no es la manera en que lo hacemos nosotros. Muchas veces nos confrontan. A Jesús realmente no le estaban confrontando ningún pecado, porque Él no estaba pecando. Pero cuando a nosotros nos confrontan nuestros pecados, ¿qué hacemos? «Ah, voy a sacar un versículo que me ayude para respaldar lo que estoy haciendo». O, peor aún, estamos escuchando la Palabra y decimos: «Ah, este versículo le queda». Así es como nos defendemos. Eso es lo que está haciendo Jesús: ¿cómo usamos la Palabra para nuestra defensa?
Jesús cita este versículo del Salmo 82:6: "Yo dije: son dioses". Esta declaración que hace este salmo de Asaf es algo que Dios había dictado. Es la Palabra de Dios; es la voz hablando, dando autoridad al hombre. A eso se refiere con «son dioses», y cuando Dios designa dar esa autoridad, nadie puede refutarla, porque ha sido de parte de Dios. Se refiere a las autoridades o majestades designadas por Dios mismo. Pero por el momento hasta ahí vamos a dejarlo. No vamos a profundizar tanto, porque nos llevaríamos más tiempo del que deberíamos de llevarnos. Pero así es como estaba usando Jesús esta porción: si Dios les está diciendo «dioses» a los hombres porque les está dando esa autoridad, y porque viene de la autoridad de Dios, cuánto más el Hijo del Hombre, cuánto más Jesús, que es el verdadero Dios, tiene esa autoridad.
Cuando Jesús vio que el comportamiento de los fariseos y los escribas no encajaba con lo que ellos predicaban, con lo que ellos enseñaban de la ley, la respuesta que les dio no era para criticarlos. Las respuestas que siempre dio Jesús a los fariseos nunca fueron para criticarlos; nunca fue para decirles: «Ah, mira, tú dices que esto es la Biblia y tú no lo estás haciendo». Jesús los está corrigiendo porque quiere que entiendan bien la Escritura. También los judíos se jactaban de ser expertos en las Escrituras, pero eran inconsistentes con lo que practicaban.
Vuelvo a decir lo mismo que dije hace mucho tiempo: los seminarios, gracias a Dios que existen, pero ¿eres consistente con lo que estudias? ¿Cuántos libros de teología leemos? ¿Somos consistentes con lo que estudiamos? Los fariseos no eran consistentes entre lo que enseñaban y lo que practicaban. Jesús no los refuta con cosas teológicas, con discursos teológicos, ni con grandes discursos doctrinales —aunque sí hay mucha doctrina en lo que Jesús decía—, ni filosóficos. Usa la Palabra de Dios.
Jesús se defendió citando las Escrituras
Jesús, siendo el Hijo de Dios, se apoyó y se preservó citando las Escrituras. Jesús se defendió citando las Escrituras. No se defendió ni apeló a su divinidad. Él podría mandar ángeles; mas, sin embargo, Él citó la Escritura para defenderse, y no es la primera vez que lo hacía. ¿Con quién más lo hizo? Con alguien casi poderoso, que tenía mucho poder: Satanás, cuando fue tentado. En Mateo 4:7 dice: "Escrito está: No tentarás al Señor tu Dios". Jesús usó la Escritura para defenderse de Satanás. Jesús está sobre Satanás, está sobre de él; es Dios mismo, Él lo creó. Mas, sin embargo, en ese momento en que fue tentado, no apeló a su poder divino. Podía eliminarlo, podía desaparecerlo con el poder que tenía Jesús. Mas, sin embargo, nos está enseñando Jesús que Él se defiende recurriendo a la Escritura.
Y voy a hacer nuevamente una pregunta que podría surgir aquí: ¿qué tan arraigada está la Palabra de Dios en ti cuando tenemos situaciones? ¿Recurrimos a la Palabra o no recurrimos a ella? ¿Ha penetrado la Palabra en ti? ¿Ha penetrado tus coyunturas, ha penetrado hasta tus tuétanos, te ha cortado para ver qué hay en ti? Y no se trata de si vamos a experimentar o no problemas, situaciones o tribulaciones, sino de cuándo las vamos a experimentar y cómo vamos a enfrentarnos.
Jesús recurre a la Palabra de Dios irónicamente con los fariseos, porque los judíos se jactaban de ser expertos en las Escrituras, y Jesús las usa en contra de ellos. Él vence y venció a todos sus adversarios a través de la Palabra de Dios; a Satanás mismo. Jesús conocía perfectamente la Palabra y podía citarla en cualquier momento, y no solamente porque era Dios mismo, sino porque, como todo buen judío —o como todo buen cristiano—, meditaba en ella. ¿Cómo nos defendemos? ¿Apelamos a nuestra sabiduría coloquial, a nuestra filosofía, o mediante la Escritura? ¿Nos defendemos a la manera de Jesús o apelamos solamente a nuestro ego?
¿A dónde recurrimos en la prueba?
Y aquí viene algo que, cuando estaba estudiando, me confrontó: ¿a dónde recurrimos cuando estamos pasando pruebas? Eso me confrontó a mí, porque yo he fallado en esa área. Cuando el estrés nos come, ¿a quién recurro? ¿A mis amigos? ¿A mis familiares? ¿Me lo quedo solo, o recurrí a la Palabra de Jesús cuando me comió el estrés? Y no es fácil para mí reconocerlo. ¿Cómo alimentas tu alma? ¿Con la Escritura o con lo que dicta tu corazón engañoso y falible? La Escritura inquebrantable fue la defensa de Jesús, pero no solamente para defenderse de los enemigos, sino para defenderse de las situaciones. ¿Qué es lo que debemos de hacer?
Jesús nos muestra la autoridad de la Escritura
Número dos: Jesús nos muestra la autoridad de la Escritura. Versículo 35. Dice: "Si aquellos a quienes vino la palabra de Dios los llamó dioses...". La Palabra de Dios es la autoridad. Y Jesús estaba enseñándoles a los fariseos que Él creía en la autoridad de la Palabra. Los judíos acusaban a Jesús de blasfemia, de autoproclamarse Dios. Sin embargo, Jesús no actuó, digamos, usando su divinidad para confrontarlos, porque Él siempre ha sido Dios; no había necesidad de enseñarles como tal que era Dios. Él usó las Escrituras para defenderse, pero también les enseñó la autoridad de las Escrituras.
Ellos sabían que la interpretación rabínica sostenía que este salmo estaba dirigido a las tribus de Israel cuando recibieron la ley en el monte Sinaí. Y este pasaje habla de la autoridad que tienen las Escrituras dadas por Dios a los hombres. Ahora, Jesús está citando este salmo para establecer un principio teológico que se basa en una verdad menor para argumentar una verdad mayor: si este pasaje era verdad para ellos, ¿no lo sería más para aquel a quien el Padre santificó? O sea, Jesús creía de su Biblia que toda ella estaba inspirada y tenía la autoridad del Espíritu Santo, y que en toda ella el Espíritu Santo está trabajando, y estaba trabajando en la guía de los autores de la Escritura.
Y no solamente las partes donde Dios es citado directamente, sino que toda la Biblia tiene autoridad: en la narrativa, en la poesía; toda ella es autoridad, como ya hemos estado estudiando. "¿Dicen de aquel a quien el Padre consagró y envió al mundo: 'Estás blasfemando', porque dijo: 'Yo soy Hijo de Dios'?". ¿Por qué nadie acusó a Asaf de llamar a los hombres dioses? ¿Por qué nadie quiso apedrearlo por usar estas palabras. Sin embargo, a Jesús lo estaban queriendo matar por decir que Él era Dios.
Jesús había acorralado a los fariseos con la misma Escritura, con lo mismo que ellos ya habían estudiado, porque ellos no podían negar las Escrituras, y menos en público. Ellos eran la autoridad máxima de interpretación de las Escrituras, y no podían negar lo que estaba diciendo Jesús. No podían contradecirlo, porque era contradecir la Palabra de Dios, era contradecir la autoridad. Jesús está afirmando que toda la Escritura es la autoridad para todos y es inquebrantable. Y esa era la base en la que ellos deberían de estar de acuerdo.
¿Por qué la Escritura es inquebrantable?
Ahora, por último: ¿por qué la Escritura es inquebrantable? Jesús creía que toda la Palabra de Dios era de Dios, provenía de Él. Toda la Escritura era dada por Dios a través de viva voz o de revelación, y no tiene errores, no se contradice, no se invalida. Jesús todo el tiempo estuvo enseñándoles a los fariseos que la Palabra de Dios no se puede violar; ni los pasajes más difíciles de entender, o las porciones, digamos, menos citadas de la Biblia, dejan de tener autoridad. ¿Tú qué piensas de la Biblia? Tiene esta autoridad, aun las partes más pequeñas o aun las partes más difíciles de entender. La Palabra de Dios no puede contradecirse a sí misma.
La misma inerrancia del Antiguo Testamento es la única razón que nos dice que conocerlas bien nos guarda a nosotros del error. ¿Qué tan bien conoces tu Palabra, la Palabra de Dios? ¿Recurrimos a ella para guardarnos del error? Normalmente, cuando pecamos es porque no recurrimos a la Escritura, y por eso es que no nos guardamos del error. Necesitamos empaparnos de la Palabra de Dios como lo hacía Jesús.
Mateo 12:24 nos dice: "Jesús les dijo: '¿No es esta la razón por la que ustedes están equivocados: que no entienden las Escrituras ni el poder de Dios?'". Aparentemente los que estaban atacando a Jesús conocían las Escrituras, pero realmente no las conocían: solamente las habían memorizado, pero no las estaban aplicando correctamente. Y eso es lo que pasa en nuestras vidas. Podemos memorizarlas, podemos sabernos libros enteros, capítulos enteros, pero si no pasa de eso y no las aplicamos, vendremos a ser como fariseos. Y solamente las podríamos citar para atacar a otros, pero no para revelar nuestro pecado.
Y esa es la razón por la que debemos de conocer bien nuestra Biblia: para llenarnos de ella, pero también para reconocer su autoridad, para que no seamos desviados. Y la realidad es que constantemente nuestra aplicación de la Escritura es inconsistente. Nos parecemos mucho a los fariseos, siendo honestos. Y este es el punto que Jesús estaba enseñándoles a ellos, a los judíos: creen que son expertos en la Biblia y creen que la aplican de manera consistente en todos los aspectos. Mas no era así. Jesús atesoraba las Escrituras, creía en ellas, las aplicaba correctamente, constantemente, consistentemente e inquebrantablemente. ¿Eso hacemos?
El Catecismo Menor de Westminster nos dice: "La Palabra de Dios que se encuentra en las Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento es la única regla que nos guía sobre cómo podemos glorificar y disfrutar a Dios". Y como ya hemos visto, toda la Escritura, toda la Palabra, desde Génesis hasta Apocalipsis, es una ventana para ver la gloria de Dios. Y si tú puedes entender la gloria de Dios, vas a entender que no puedes quebrantar la Escritura, porque quebrarías la gloria de Dios.
Cristo, activo en el Antiguo Testamento
Cuando Jesús vino por primera vez —porque va a venir una segunda vez—, Él encontró el Antiguo Testamento terminado, el canon cerrado, totalmente completo. Pero quiero mostrarles algo que también podemos ver en la Palabra de Dios: antes de nacer Jesús, Él ya estaba activo en el Nuevo Testamento. Juan 21:41 dice: "Esto dijo Isaías porque vio su gloria, y habló de Él". Jesús ya estaba activo en el Nuevo... en el Antiguo Testamento. Él está leyendo el mismo libro que tenemos nosotros, el mismo libro en el que Él actuó para que se formara.
1 Pedro 1:10 al 11 dice: "Acerca de esta salvación, los profetas que profetizaron de la gracia que vendría a ustedes diligentemente inquirieron y averiguaron, procuraron saber qué persona o tiempo indicaba el Espíritu de Cristo dentro de ellos, al predicar los sufrimientos de Cristo y las glorias que seguirían". Él ya estaba actuando en el Antiguo Testamento antes de nacer, y Jesús nos enseña que ninguna parte de las Escrituras puede ser quebrantada. Jesús es el cumplimiento de todo lo que dice —apunta— el Antiguo Testamento, y a través de Él formamos parte de esa historia redentiva junto con Él.
Estamos dentro de esta historia de la Biblia, y ahora podemos leer la historia redentiva, y esa es nuestra guía autoritativa e inquebrantable. ¿Cómo usas la Escritura? Como para Jesús, es inquebrantable también para ti; es autoritativa, es suficiente, es necesaria, es clara. Y, como dicen los bautistas, que Dios bendiga su Palabra, y que nos ayude a entender cómo usarla correctamente y cómo aplicarla correctamente a nuestras vidas, y que podamos ver la gloria de Dios en su Palabra.
Oración
Vamos a orar. Dios, te damos gracias por tu Palabra, y te rogamos que en verdad podamos aplicarla, Señor, aunque pareciera difícil, Señor, porque a veces nos gana nuestro pecado, nos gana nuestra carne. Somos flojos, Señor, en invertir tiempo para Ti, en invertir tiempo en tu Palabra, Señor. Es más fácil invertir tiempo en otras cosas que en tu Palabra. Líbranos, Señor, de la tentación, y ayúdanos, Padre. Gracias, Señor, nuevamente por tu iglesia, y bendice lo que sigue a continuación, Padre, con este bautismo que vamos a tener, y que Tú seas glorificado, en Cristo Jesús. Amén.
Escúchanos
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