¿Qué ofrezco a Dios?
Transcripción
Introducción y oración
Dios les bendiga, hermanos. Quiero hacer un paréntesis pequeño antes de comenzar. Quiero darle gracias a Dios por la vida de mi esposa, porque hoy cumplimos 21 años de casados, y doy gloria a Dios por ello. Está dando clase ahorita también. Y es importante también agradecer al Señor los años de casado que le da a uno. Y antes de empezar a decir cualquier cosa, vamos a ponernos en manos del Señor.
Padre, alabado seas; a ti la honra, a ti la gloria, Señor. Y, Padre, te bendecimos, bendecimos tu nombre, Señor. Y yo te pido, Señor, y te ruego, que tu Espíritu Santo sea el que hable a través de mí, Señor; que, quizás si tengo errores, Señor, tú seas el que me dé palabra, Señor, como le diste palabra a Moisés, Señor, cuando a causa de su tartamudez tenía miedo y sentía incapacitado, Señor. Asimismo, Señor, también a mí dame palabra, Señor, por esta incapacidad que a veces sentimos al compartir, Señor, al hablar de ti, de lo que tú ordenas, Señor Jesús. Nos ponemos en tus manos. Te ruego también por mis hermanos, Padre, que les abras su corazón, su entendimiento, pero sobre todo su corazón, para que puedan guardar ahí, Señor, lo que tú me has mostrado, Señor, también a mí primeramente. Gracias, Padre. Nos ponemos en tus manos, en Cristo Jesús. Amén.
Pero en la mañana, en la Cena del Señor, ya se me adelantaron los hermanos. Se me adelantaron, porque qué bueno que cada que compartimos algo de la Escritura nos enfocamos, o tratamos de enfocarnos, hacia lo que Dios quiere, cómo estemos delante de Él. Hablábamos de la santidad. Se estuvo hablando mucho de eso, de la santidad, de lo que representa el sacrificio de Cristo, de que no es por nosotros, de cómo venimos.
Lectura: Levítico 9 y 10
Y yo quisiera que abrieran su Biblia, hermanos, en el libro de Levítico. En el libro de Levítico. Y vamos a leer desde el nueve, para tener un poquito de antecedente de lo que quiero compartirles esta mañana. Ya tienen todos Levítico, ¿verdad? Y dice así la Palabra del Señor:
"En el día octavo, Moisés llamó a Aarón y a sus hijos, y a los ancianos de Israel; y dijo a Aarón: Toma de la vacada un becerro para expiación, y un carnero para holocausto, sin defecto, y ofrécelos delante de Jehová. Y a los hijos de Israel hablarás diciendo: Tomad un macho cabrío para expiación, y un becerro y un cordero de un año, sin defecto, para holocausto. Asimismo un buey y un carnero para sacrificio de paz, que inmoléis delante de Jehová, y una ofrenda amasada con aceite; porque Jehová se aparecerá hoy a vosotros. Y llevaron lo que mandó Moisés delante del tabernáculo de reunión, y vino toda la congregación y se puso delante de Jehová. Entonces Moisés dijo: Esto es lo que mandó Jehová; hacedlo, y la gloria de Jehová se os aparecerá.
Y dijo Moisés a Aarón: Acércate al altar, y haz tu expiación y tu holocausto, y haz la reconciliación por ti y por el pueblo; haz también la ofrenda del pueblo, y haz la reconciliación por ellos, como ha mandado Jehová. Entonces se acercó Aarón al altar y degolló el becerro de la expiación que era por él. Y los hijos de Aarón le trajeron la sangre; y él mojó su dedo en la sangre, y puso de ella sobre los cuernos del altar, y derramó el resto de la sangre al pie del altar. E hizo arder sobre el altar la grosura con los riñones y la grosura del hígado de la expiación, como Jehová lo había mandado a Moisés. Mas la carne y la piel las quemó al fuego fuera del campamento.
Degolló asimismo el holocausto, y los hijos de Aarón le presentaron la sangre, la cual roció él alrededor sobre el altar. Después le presentaron el holocausto pieza por pieza, y la cabeza; y lo hizo quemar sobre el altar. Luego lavó los intestinos y las piernas, y los quemó sobre el holocausto en el altar. Ofreció también la ofrenda del pueblo, y tomó el macho cabrío que era para la expiación del pueblo, y lo degolló, y lo ofreció por el pecado como el primero. Y ofreció el holocausto, e hizo según el rito. Ofreció asimismo la ofrenda, y llenó de ella su mano, y la hizo quemar sobre el altar, además del holocausto de la mañana.
Degolló también el buey y el carnero en sacrificio de paz, que era del pueblo; y los hijos de Aarón le presentaron la sangre, la cual roció él sobre el altar alrededor; y las grosuras del buey y del carnero, la cola, la grosura que cubre los intestinos, los riñones, y la grosura del hígado; y pusieron las grosuras sobre los pechos, y él las quemó sobre el altar. Pero los pechos, con la espaldilla derecha, los meció Aarón como ofrenda mecida delante de Jehová, como Jehová lo había mandado a Moisés.
Después Aarón alzó sus manos hacia el pueblo y lo bendijo; y después de hacer la expiación, el holocausto y el sacrificio de paz, descendió. Y entraron Moisés y Aarón en el tabernáculo de reunión, y salieron y bendijeron al pueblo; y la gloria de Jehová se apareció a todo el pueblo. Y salió fuego de delante de Jehová, y consumió el holocausto con las grosuras sobre el altar; y viéndolo todo el pueblo, alabaron, y se postraron sobre sus rostros".
Capítulo 10, Nadab y Abiú: "Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó. Y salió fuego de delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de Jehová. Entonces dijo Moisés a Aarón: Esto es lo que habló Jehová, diciendo: En los que a mí se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado. Y Aarón calló.
Y llamó Moisés a Misael y a Elzafán, hijos de Uziel tío de Aarón, y les dijo: Acercaos y sacad a vuestros hermanos de delante del santuario, fuera del campamento. Y ellos se acercaron y los sacaron con sus túnicas fuera del campamento, como dijo Moisés. Entonces Moisés dijo a Aarón, y a Eleazar e Itamar sus hijos: No descubráis vuestras cabezas, ni rasguéis vuestros vestidos en señal de duelo, para que no muráis, ni se levante la ira sobre toda la congregación; pero vuestros hermanos, toda la casa de Israel, sí lamentarán por el incendio que Jehová ha hecho. Ni saldréis de la puerta del tabernáculo de reunión, porque moriréis; por cuanto el aceite de la unción de Jehová está sobre vosotros. Y ellos hicieron conforme al dicho de Moisés".
Nadab y Abiú
Bueno, hay un poco acerca de ofrendas mecidas y todo eso del holocausto; todo está desde el capítulo 1 hasta este capítulo, antes del nueve. Si lo pueden leer con más tranquilidad, para que puedan entender de qué habla la ofrenda mecida y todo esto... Pero vamos a centrarnos en tres versículos en el capítulo 10, sobre Nadab y Abiú. Vamos a hacer rápido un bosquejo. Este libro tiene solamente dos pasajes narrativos, y uno incluye este. Todo el libro habla acerca de las leyes, las instrucciones, ritos y reglamentos acerca del sacerdocio. Levítico: Leví, ¿verdad?, los levitas, los sacerdotes.
Entonces, como escuchamos, a partir del versículo 1, este relato trata de la rebelión y desobediencia de los dos hijos de Aarón, sacerdotes también. Y lo que me llama la atención: que eso que hicieron viene después de lo que estaba narrando en el capítulo 9. Dice en el capítulo 9 que la gloria del Señor se manifestó, o fue manifestada, y todo el pueblo vio esta maravilla. Yo no imagino, ni siquiera puedo imaginar qué vieron, qué sucedió, cómo fue el ver. Supongo que fue algo indescriptible, ver la gloria del Señor.
Pero a veces, si observamos nuestra vida, así es: vemos la gloria del Señor, nos es manifestada, pero también después tenemos rebeldía. Y analizando acerca de lo que hicieron Nadab y Abiú, queremos pensar que querían repetir ellos, o buscar ver otra vez esa manifestación, ¿no? A veces, a veces, como hombres, somos dados a esas cosas, ¿no? Queremos ver manifestaciones sobrenaturales, ¿no?
Pero dice aquí que Dios no se los había pedido. Y la manera en que lo hicieron, la verdad es que da miedo, ¿verdad? Si lo analizamos a la luz de la Palabra, deberíamos de ponernos a temblar, ¿no? Ofrecer algo que Dios no nos pide. Y yo quisiera que viéramos, en el capítulo 19, versículo 22, de Éxodo, qué nos dice acerca de la santidad. Éxodo dice así: "Y también que se santifiquen los sacerdotes que se acercan a Jehová, para que Jehová no haga en ellos estrago". De antemano ya había ordenado el Señor que se santificaran los que iban a ministrar.
Y por eso les digo que esto da miedo, porque los que estamos acá al frente sí tenemos que buscar la santidad, pero no solamente nosotros. Dice también: "Que se santifiquen los sacerdotes para que se acerquen a Jehová, para que Jehová no haga en ellos estrago". Apenas se terminó la ordenación de los sacerdotes, en los capítulos anteriores que les estaba diciendo, y vemos aquí que dos de ellos ya cometieron pecado, Nadab y Abiú. Entonces tal pareciera que lo que quedó en sus mentes fue algo tan impresionante que querían volverlo a... como querer repetirlo. Sí.
Buscar manifestaciones
En el versículo 9:24 podemos ver esto. Dice: "Y salió fuego de delante de Jehová, y consumió el holocausto con las grosuras sobre el altar; y viéndolo todo el pueblo, alabaron, y se postraron sobre sus rostros". Y en el versículo 23 es donde nos dice de la gloria del Señor. Dice: "Y salieron y bendijeron al pueblo; y la gloria de Jehová se apareció a todo el pueblo". Analizando todavía un poquito más, dice aquí… vemos que, viendo lo que nos relata y viendo lo que ha estado sucediendo desde... yo creo que desde... Me comentaba Nathan, por ahí, en un post que puse, que desde el siglo primero, ¿no?, ya había cosas que querían hacer como manifestaciones, y buscar todas estas cosas.
Pero para nosotros debe ser una enseñanza muy valiosa: el querer buscar esas cosas, el querer buscar señales de eventos extranormales, ya podíamos decir sanaciones, y buscar por nuestra cuenta. Y no porque yo diga que el Señor no lo puede hacer. El Señor lo puede hacer, pero siempre es bajo su voluntad y por algo. Otra cosa que podemos ver aquí es que los milagros no bastan para purificar. Los milagros no bastan para purificar los corazones. Y a veces pareciera que sí; aquel que hace milagros pareciera que es más santo, o pareciera que es más entregado al Señor. Y eso es lo que vemos, lo que últimamente estamos viendo.
O, como decía, desde principios del siglo quizás la gente busca esas cosas. O a veces también nosotros podíamos ser arrastrados y querer buscar esas manifestaciones, pensar que, porque vemos milagros, o que quizás ya hacemos milagros, ya mi corazón es más santo. Y podemos verlo en los evangelios: cuando Jesús empezó su ministerio, hizo muchos milagros, y no porque la gente los observara tenían un corazón más puro. O quizás los mismos apóstoles: Judas, que podía hacer milagros, quizás no por ello tenía el corazón más puro. Los milagros solos no nos hacen santos, ni a nadie. Dice Romanos 1:16: "Porque el evangelio es poder para salvación". Solamente eso es lo que nos da la salvación, y es lo que nos santifica: el evangelio.
Criados en un ambiente de fe
Nadab y Abiú cometieron este pecado, ¿verdad?, el pecado de rebeldía. Y aquí hay algo bien importante que debemos de analizar acerca de estos dos sacerdotes. Dice que eran hijos de Aarón. Nadab y Abiú cometieron este pecado a pesar de que hay tres cosas: ellos fueron criados en un ambiente religioso, tienen un padre piadoso, y tener el privilegio de también ser sacerdotes. Yo lo traigo hasta este tiempo, con nuestros hijos. Nuestros hijos son criados en un ambiente, digamos, cristiano, para no decir religioso, porque religioso es otra cosa. Nuestros hijos se crían en un ambiente cristiano: leen la Biblia, les enseñamos a orar, los instruimos nuevamente en la Palabra.
No necesariamente... porque a veces suena presuntuoso decir que tienen un padre piadoso todos, ¿verdad?, que debiera de ser. Y a la vez también tienen el privilegio de ser sacerdotes, porque al hacernos hijos de Dios, dice la Escritura que somos real sacerdocio también. Entonces debemos tener cuidado cómo instruimos a nuestros hijos acerca de las verdades del evangelio, acerca de la salvación. La salvación es personal; enseñarles eso, ¿verdad? Y debemos de luchar, enseñarles a luchar día a día por la santidad. Porque, analizando a Nadab y Abiú, también quisiera pensar en qué estado estaban ellos cuando ofrecieron este tipo de culto, cómo estaban.
Yo les pregunto: ¿estoy siendo de ejemplo para mi familia? ¿Cómo estoy instruyendo? ¿Estoy manifestando esa santidad que debería de tener, o por lo menos que vieran mi familia que estoy luchando por esa santidad? Hagamos esta pregunta todos como padres, o si están a cargo de alguien; ya no solamente tienen que ser padres. Quizás hay quienes no son padres, pero están a cargo de alguien menor. Los que estamos arriba, con respecto a nuestros hermanos menores aquí en la congregación, ¿cómo nos están viendo? ¿Nos están viendo como una persona que está buscando la santidad de Dios? ¿Estoy siendo ejemplo para mi familia, ya sea espiritual o mi familia carnal?
Fuego extraño
Luego dice ahí mismo: "fuego extraño". Dice: "Y pusieron en ellos" un incensario, fuego que el Señor no les había mandado. Vamos a leer rápidamente en el capítulo de ese mismo libro, versículo 12, versículo 16... digo, capítulo 16, versículo 12. Dice: "Después tomará un incensario lleno de brasas de fuego del altar de delante de Jehová, y sus puños llenos del perfume aromático molido, y lo llevarán detrás del velo". Había unos reglamentos acerca de este perfume, de este incienso. Dios dio una fórmula específica para hacer estos inciensos aromáticos para cuando se le ofrecían a Él, pero dio una advertencia. Dijo: "De este perfume, tal y como yo se los estoy dictando, no vas a hacer uno igual para ti, porque es mío". Porque si lo haces, ¿qué pasa?
Luego hay algo importante aquí también. No se nos da muchos indicios de lo que narra la historia cuando dice: "Tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego". Pero ¿de dónde tomaron ese fuego? Porque cuando dice "fuego extraño", quiere decir que no era fuego del que estaba en el altar. Ese fuego que estaba en el altar era del Señor; Él lo había propiciado. Entonces tal pareciera, cuando analizamos este pasaje, que quizás ese fuego lo trajeron de afuera del templo; bueno, de afuera del tabernáculo. Por eso era un fuego extraño. Y Dios no estaba de acuerdo, porque no pertenecía a Él. Se lo estaban ofreciendo algo que ellos habían hecho, fuego extraño, y por tanto desobedecieron al Señor, de acuerdo a las reglas que Él les había establecido. Todo lo tenían que tomar del templo.
¿Qué culto le rendimos al Señor?
Fue algo extraño. Y el error que cometieron Nadab y Abiú es una muy buena situación de cómo hombres decidimos qué clase de culto o servicio rendimos al Señor. ¿Estamos rindiendo culto al Señor que Él nos está pidiendo? ¿Estamos ofreciendo al Señor un servicio que Él nos está pidiendo, o algo que se me está ocurriendo a mí, algo que Él ni siquiera me está ordenando? Dice en Mateo 5:15... perdón, 15:7. Vamos a leerlo rápidamente. Mateo 15:7 dice así, dice la Palabra del Señor: "Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres".
Y más adelante, en Colosenses capítulo 2 (vamos a buscarlo), Colosenses capítulo 2, versículos 4 al 8, dice así: "Y esto lo digo para que nadie os engañe con palabras persuasivas. Porque aunque estoy ausente en cuerpo, no obstante en espíritu estoy con vosotros, gozándome y mirando vuestro buen orden y la firmeza de vuestra fe en Cristo. Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en Él; arraigados y sobreedificados en Él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias. Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo". Y luego, en el versículo 20 de ese mismo capítulo, dice: "Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne".
Culto voluntario. Ya: la voluntad humana. ¿Cómo estamos interpretando las Escrituras acerca de lo que es el culto a Dios, acerca de lo que Él nos pide? ¿Estamos dándole un culto de acuerdo a mi voluntad, o de acuerdo a la voluntad de Él? ¿Qué es lo que estamos dándole al Señor de acuerdo a sus mandamientos establecidos?
¿Los cristianos somos castigados?
Versículo 2 del capítulo 10, Levítico dice: "Y salió fuego de delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de Jehová". Y vemos aquí nuevamente el trato del Señor. Y yo le preguntaba a Nathan, quería saber su opinión acerca de qué pasa con los cristianos cuando nos portamos mal. ¿Solamente nos perdona Dios, y ya, cuando decimos: "Perdóname, Dios, porque la regué, porque pequé"? Y la pregunta que le hacía yo era: "Bueno, ¿qué opinas de que los cristianos sí somos castigados?". Porque a veces se nos enseña que el cristiano no es castigado, ¿no? También somos castigados.
En Hebreos 10:31, ¿qué dice? Vamos a buscarlo. Hagan de cuenta que estamos jugando esgrima; sirve que despegamos las hojas. Hebreos 10:31 dice así: "¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!". Y en el capítulo 12, versículo 29, también de Hebreos, dice así: "Porque nuestro Dios es fuego consumidor". Cuando leemos estos versículos, quizás el autor de Hebreos se estaba acordando de Nadab y Abiú. No estoy asegurando que así fue, pero quizás se acordó de esto, y por eso él le escribió al pueblo cristiano: "¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!".
Ahora, los cuerpos de ellos no fueron consumidos por el fuego, ¿verdad? No fueron convertidos en cenizas como los holocaustos que se ofrecían. Dice en el versículo 5 del capítulo 10: "Y ellos se acercaron y los sacaron con sus túnicas fuera del campamento, como dijo Moisés". Solamente cayeron muertos. Hay varios textos en donde... bueno, ya leímos algunos ahorita, donde dice que el fuego de Dios desciende del cielo, ¿verdad?, y es para consumir el holocausto; y la manera en que también el fuego consume a las personas, ¿verdad? El fuego de Dios representa la aprobación de Dios, o la desaprobación de Él. Es una manera de purificar también que tiene el Señor. Esto lo tenemos en el capítulo 9, versículo 24; ya lo leímos.
Este texto se ha citado también muchas veces para condenar los pecados de presunción, de descuido, de irreverencia, o también el sustituir el mandamiento divino por práctica humana. Y vamos a leer en 1 Corintios 11, versículo 30, y dice así: "Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen. Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados en el mundo".
Y como les decía hace un momento, como cristianos a veces se nos predica, o se nos enseña, o creemos, que no tenemos castigo a causa de nuestros pecados. Dios tiene sus maneras de llamarnos la atención acerca de lo que estamos haciendo en nuestras vidas, cómo estamos presentándonos día a día delante de Él. Dios es santo y justo, y Él tiene su manera de reprendernos. Y hay algo bien importante que siempre debemos de tener en cuenta: la santidad para Dios es algo muy serio. No debemos de tomarlo a la ligera. No por creer que ya somos salvos por la gracia estamos absueltos, ¿verdad?, de presentar nuestros cuerpos en santidad.
Y yo les hago otra pregunta nuevamente: ¿cómo me estoy guardando en santidad? ¿Qué veo? ¿Qué pienso? Y me llama la atención esas cosas acerca de que los cristianos no son castigados, porque sí hay muchas doctrinas que se predica esto. Y lo chistoso es que ellos dicen que Dios no te castiga, pero sí puedes perder la salvación. Es algo contraproducente. O sea: "Dios no te puede castigar porque eres su hijo, te ama mucho, te quiere mucho, pero sí puedes perder la salvación". Y en la mañana nos hacía referencia a esto Israel: la salvación está en manos de Jesucristo. Gracias por eso, porque está en manos de Jesucristo. Pero, como todo buen padre, el Señor, si reincidimos y reincidimos y reincidimos, va a llegar un momento en que el Señor nos da nuestras nalgadas.
Aarón calló
Capítulo 3 de… versículo 3 del capítulo 10 dice así: "Entonces dijo Moisés a Aarón: Esto es lo que habló, diciendo: En los que a mí se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado. Y Aarón calló". Aarón calló, pero de enmudecer, no de caerse, porque a lo mejor quizás no se entiende. Pero Aarón no abrió la boca; solamente calló. "Esto es lo que habló Jehová". Y cuando el Señor habla, nos indica que es una ordenanza. Tenemos que atender a la voz de Dios, a lo que Él dice.
Vamos a ver en el capítulo 8, versículo 35. Dice: "A la puerta, pues, del tabernáculo de reunión estaréis día y noche por siete días, y guardaréis la ordenanza delante de Jehová, para que no muráis; porque así me ha sido mandado". Luego vamos a citar otro texto, en Éxodo 19:22. Éxodo 19:22 dice así: "Y también que se santifiquen los sacerdotes que se acercan a Jehová, para que Jehová no haga en ellos estrago". Y en Levítico 11:44 dice también: "Porque yo soy Jehová vuestro Dios; vosotros por tanto os santificaréis, y seréis santos, porque yo soy santo; así que no contaminéis vuestras personas con ningún animal que se arrastre sobre la tierra".
Cuántas veces nos tiene que decir el Señor
Bueno, cuando algo se repite mucho en la Biblia, o se menciona mucho, quiere decir que es algo muy importante para Dios. Y hay infinidad de textos en la Biblia que hablan acerca de la santidad, y de que Él nos lo está ordenando. No nos está sugiriendo si queremos ser santos, o si queremos presentarnos delante de Él en una manera en santidad; nos está ordenando. Ahora, ¿cuántas veces nos tiene que decir el Señor algo para que le hagamos caso? Analicen sus vidas. ¿Cuántas veces tiene que decir el Señor...? ¿Hasta que nos pasa algo, hasta que nos castiga y nos reprende? ¿Por qué no podemos creer en su Palabra sin ver la consecuencia de nuestra desobediencia?
A veces, o muchas veces, así somos. Leemos que hay un castigo, leemos que hay una consecuencia, pero a veces no la creemos hasta que lo vemos, hasta que nos pasa, ¿no? ¿Cuántos accidentes no hay cuando somos dados al vino, verdad, y manejamos en estado de ebriedad? Yo, bueno, yo no, pero es un ejemplo. Aun como cristianos, ¿no?, que decimos tener esa lucha, o dicen tener esa lucha, y no le hacemos caso al Señor, no entregamos eso, y ya cuando pasa algo, entonces sí.
Santificado por sus juicios
"En los que a mí se acercan me santificaré". Si Dios no es santificado por la obediencia y el culto sincero, entonces Él es santificado por medio de sus juicios también. Vamos a ver esto en Ezequiel 38, versículo 16. Ezequiel 38. No se duerman, hermanos. Ezequiel 38:16 dice así: "Y subirás contra mi pueblo Israel como nublado para cubrir la tierra; será al cabo de los días; y te traeré sobre mi tierra, para que las naciones me conozcan, cuando sea santificado en ti, oh Gog, delante de los tuyos".
"Y seré engrandecido y santificado", dice el Señor. Dios será santificado, ya sea por medio de la obediencia del hombre, o por medio de sus juicios sobre los rebeldes. Pregunta: ¿cuál es nuestro caso? ¿Por ser obedientes o por ser desobedientes? ¿Cómo queremos santificar a nuestro Dios? ¿A través de nuestra obediencia, o a través de nuestra desobediencia?
Ananías y Safira
En Hechos 5:1 al 11 hay una historia que ya muchos conocen, acerca de Ananías y Safira, y vamos a leerla. Hechos 5, versículos 1 al 11. Son pasajes, la verdad, que dan miedo, y a veces ni los quisiéramos leer, pero tenemos que conocerlos. "Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad, y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles. Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios. Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que oyeron. Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y sacándolo, lo sepultaron.
Pasado un lapso como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo que había acontecido. Entonces Pedro le dijo: Dime, ¿vendisteis en tanto la heredad? Y ella dijo: Sí, en tanto. Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti. Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró; y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido. Y vino gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas".
Guau. Perdón si no les estoy predicando acerca del amor del Señor, pero el Señor también así es. No podemos engañar al Espíritu Santo. No podemos tratar de engañar al Señor. No podemos ocultar nuestros pecados. ¿Qué pecados tienes ocultos? ¿Qué pecados tengo ocultos por ahí? Cuando digamos "santificado sea tu nombre", debemos decirlo de corazón, y conscientes de lo que estamos diciendo, con el entendimiento de lo que representa.
Olor de vida o de muerte
Dios o santifica o castiga. Nathan nos enseñaba que no hay tibiezas, o no debe de haber tibiezas: ¿eres o no eres? Purifica o consume; vemos aquí estos casos. El sol hace que la planta crezca o que se seque, ¿verdad? El evangelio es olor de vida para vida, u olor de muerte para muerte: 2 Corintios 2:16. El 14 también; 2 Corintios, desde el 14: "Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento. Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden; a estos ciertamente olor de muerte para muerte", hablando de los que se pierden, "y a aquellos olor de vida para vida. Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?".
Que es lo que nos decía Israel también en la mañana: nosotros no podemos hacer por nosotros mismos nada, si no es por medio de Cristo. Cristo es la roca de la salvación, o la roca de tropiezo. La expresión que nos habla aquí en Levítico, "los que a mí se acercan", se refiere especialmente a los sacerdotes. Hay que recordar que los cristianos somos sacerdotes. Sí, somos sacerdotes de Dios, y nos acercamos a Él por medio de Cristo. Hebreos 12:14 dice así: "Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor".
Todos somos sacerdotes
"Y Aarón calló". ¿Qué creen que podía decir Aarón después de ver a sus hijos muertos? Reclamarle al Señor. Quizás Aarón enmudeció para demostrar su sumisión acerca del juicio de Dios. Hermanos, cuando venimos aquí cada domingo en la mañana a tomar la Cena del Señor, ¿cómo venimos, o con qué actitud venimos? ¿Queremos darle al Señor un culto que es preparado por nosotros, para querer quizás agradar a Él por medio de otras cosas, y no por medio de la adoración sincera? Dios nos ha hecho sacerdotes, y como tales tenemos que preservarnos en santidad. Eso dice la Escritura. Ya casi acabé, hermanos; es corto el mensaje. No se duerman. Pero es bien importante saber qué Dios nos está pidiendo.
Ahora, hablando del sacerdocio: hace años, hace mucho tiempo, yo dirigía la alabanza con otros hermanos, y me llamaba la atención un comentario que me hacía, hablando de que ellos traían otra corriente doctrinal; en muchas cosas no estaba de acuerdo, pero una de ellas era que decían que los músicos de la alabanza eran los levitas. Tienen esa enseñanza: que los levitas son los músicos de la alabanza, y que por lo tanto eran los que teníamos que estar en mayor santidad. Pero ¿qué creen? Esa es tu obligación y la mía. Tanto tú tienes que ser santo como yo tengo que ser santo. No porque yo predique tengo que ser más santo que tú, que estás abajo. Eso no te exime. La santidad es para todos, así como la salvación es personal. Tenemos que buscar nuestra santidad.
Todo aquel que se dice ser redimido, todo aquel que se dice ser hijo de Dios, todo aquel que dice: "El Señor ha tomado mi vida", debe de buscar la santidad por igual. Tanto mi hermano Paco, que es pastor, como el pequeño que está en su clase: es lo mismo.
¿Qué fuego estamos ofreciendo?
¿Qué fuego estamos ofreciendo al Señor? ¿El de nuestra voluntad o el de Él? El fuego de Dios. Y reflexionando... Y esto va para mí también, principalmente, porque hay cosas en mi vida por las cuales sigo luchando. ¿Luchas con algún vicio? ¿Bebes? ¿Has pensado acerca de la santidad cuando tomas una copa, dos copas, tres copas? Después de haber leído esto, ¿lo pensarías dos veces? Dios es fuego consumidor. ¿Tomas drogas? Después de haber leído esto, ¿lo pensarías dos veces? ¿Estoy en desobediencia con mi relación amorosa? ¿Lo pensarías dos veces? "No me quiero casar". Y créanme, es fuerte para mí decirlo, pero el Señor lo pone en mi corazón, y así lo establece su Palabra. ¿Estoy enojado con algún hermano? ¿Sigo sin hablarle? ¿Esa es la manera en que me presento delante de Dios? ¿Cómo estoy viviendo? ¿En santidad o en pecado? Y yo lo digo por mí también.
¿Qué estamos ofreciendo al Señor? ¿Un fuego extraño, o un fuego de Él? Al final de esto vamos a cantar un canto que dice "Fuego de Dios". Pero pensemos en lo que estamos cantando. Es un consejo que yo siempre guardo y me viene a la mente, de mi hermano Paco. Dice: "Fuego de Dios, consúmenos". ¿Cómo estamos delante de Él? Y si te digo, o pregunto: ¿qué estás haciendo con tu vida? ¿Te drogas? ¿Bebes? ¿No te quieres casar? Quizás me vas a odiar. Pero la Palabra del Señor no es para que me ames; es para decirte las cosas que Dios tiene establecidas en su Palabra, lo que Él quiere para Él acerca de nuestras vidas.
¿Está primero mi trabajo también? Eso es un culto también: mi trabajo, mi trabajo, mi trabajo, mi trabajo, el dinero. Hay iglesias que se enseña esto también: "Si eres pobre, es que estás en pecado. Tienes que tener prosperidad; se tiene que ver la abundancia". Y yo conozco hermanos que están así: trabajan y trabajan y trabajan y trabajan, porque dicen que es del Señor. Yo no digo que el Señor te bendiga a través de tu trabajo, pero también se puede volver un culto el trabajo. La familia se puede volver un culto, y eso es fuego extraño.
Nuevamente, hermanos: ¿cómo estamos viviendo? ¿En santidad o en pecado? ¿Qué vemos en nuestros teléfonos? ¿Qué vemos en nuestra computadora? ¿Qué oímos en nuestras conversaciones, o qué decimos? ¿Estamos de acuerdo con lo que opinan nuestros amigos inconversos? Nadab y Abiú, Ananías y Safira: son historias bien feas, pero por algo están en la Escritura. Por algo Dios las puso, para que veamos que Dios no juega con su santidad, porque si no, tomaríamos en vano el sacrificio de Cristo en la cruz. Si no nos importa el sacrificio de Cristo, pues no busques la santidad de Él. Pero si te importa el sacrificio de Cristo, tenemos que estar buscando la santidad de Él. Que Dios bendiga su Palabra.
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