Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Romanos 6:1-4Romanos

Señales de Membresía en el Cuerpo I Jonathan Adams (Juan 6:53-57)

Transcripción

Entre series: las doctrinas de la iglesia

Así está el mensaje, para poder participar de la Cena del Señor, como mencionaba Alfredo. Ahora, hemos estado estudiando en estos mensajes, entre el final... ¿se acuerdan del libro que terminamos de estudiar? ¿Quién se acuerda? Hebreos, correcto. Entre el finalizar ese libro con el pastor Nathan y la próxima serie —creo que ya lo anunció, pero la próxima serie va a ser sobre el libro de Isaías, creo, a menos que el pastor Nathan haya cambiado de parecer—, entonces, en este ínter, hemos venido teniendo algunos mensajes sobre las doctrinas de la iglesia, y las doctrinas que creemos.

Primero estudiamos la doctrina de Dios: quién es Dios, por qué lo adoramos. Tal vez confunda el orden aquí, pero la salvación con Arturo, la Biblia con nuestro hermano Álex, la doctrina del futuro con Jonathan. La semana entrante, Dios mediante, vamos a estudiar la doctrina de la iglesia con Rodrigo. Y en esta semana vamos a estudiar el bautismo y la Santa Cena, que son las dos ordenanzas que tenemos de Jesucristo para que toda la iglesia junta participe de estas dos ordenanzas. Y por eso decidimos tener la Santa Cena después del mensaje, entonces, cambiando un poco, para que todos sigamos poniendo atención, no nos quedemos dormidos. Y perdón si me agacho un poquito: esta mesita está un poquito baja, y ya me falla la vista.

Sacramentos y ordenanzas

Pero vamos a hablar de dos actos, estos dos actos, el bautismo y la Santa Cena, que son representativos de los medios de gracia que Dios nos da para crecer en nuestra fe. Algunos, en las iglesias cristianas, ven estos como los únicos dos que nos quedan después de eliminar otros de los siete sacramentos que tiene la Iglesia romana. Y los reformadores, a partir de Martín Lutero, estudiaron y cuestionaron estos siete sacramentos a la luz de la Biblia, y no solo de las tradiciones, y fueron determinando que cinco de esos siete sacramentos o no eran necesariamente para todo cristiano —por ejemplo, el matrimonio no es necesariamente para todo cristiano; hay cristianos a los que Dios los llama a ser solteros, o por lo menos por un tiempo de sus vidas a ser solteros—, y algunos de los otros ni siquiera tienen fundamento alguno en la Palabra de Dios.

Y determinaron entonces que el bautismo y la Santa Cena sí son ordenanzas que nos ha dado nuestro Señor Jesucristo para que todos los miembros de la iglesia, todos en la iglesia, participemos. Están claramente fundamentados en la Palabra de Dios, y por eso los llamamos ordenanzas: porque los ordenó nuestro Señor Jesucristo. Ahora, la palabra "sacramento" no tiene nada malo en sí. Es un voto sagrado, o un acto sagrado; viene del voto, del juramento que hacían los soldados romanos al unirse al ejército romano. Entonces es un símbolo de lealtad que se hace, en nuestro caso, a la Palabra de Dios, a nuestro Señor Jesucristo. Un sacramento es algo que nos distingue como cristianos, porque hemos tomado ese voto, ese juramento de lealtad a Jesucristo. Y también nosotros, como cristianos, creemos que estos son medios de gracia, pero no en sí nos dan la salvación.

Otros medios de gracia

Ahora, no estamos los cristianos limitados a estos dos medios de gracia. Hay otros medios de gracia que enseña la Biblia, y tomo esta lista del teólogo, profesor de teología, Wayne Grudem, a quien conocí en mi primer Navidad en Chicago, por allá en el 96. Y estos medios de gracia son muy importantes, porque también son para todos nosotros en la iglesia. Y son: la predicación de la Palabra; muy, muy importante este medio de gracia, la predicación de la Palabra de Dios.

Y debo aquí hacer una exhortación. A veces —y creo que todos hemos caído en esto de vez en cuando—, sí, estamos haciendo alguna otra cosa, o tenemos alguna tarea: "Tengo que arreglar esto o alistar esto para después del culto", o algo así. Y entonces es muy fácil distraernos; o, si estamos cuidando niños o algo así, pues comenzar a conversar. Es muy importante escuchar la predicación de la Palabra de Dios; es uno de los medios de gracia que Dios ha instituido para nosotros.

La oración también, otro medio de gracia muy, muy importante. Tenemos también lo que acabamos de estar haciendo aquí con mucho gozo, y es la alabanza; también es otro medio de gracia. La disciplina de la iglesia, aunque parezca algo negativo, en realidad es algo positivo. Porque, ¿qué se busca en la disciplina de la iglesia? Se busca volver a atraer a la persona, decirle: "Oye, vas muy mal; tenemos que decirte muy, muy claramente que vas mal". Y nuestra oración y esperanza es que esa persona regrese, se arrepienta, regrese con nosotros. Es un medio de gracia.

Las ofrendas también: dar nuestras ofrendas es un medio de gracia; recibimos gracia nosotros por medio de nuestras dádivas, nuestras ofrendas. El ejercicio de los dones espirituales, también otro medio de gracia muy importante: a todos nosotros Dios nos ha dado dones espirituales, y por medio del ejercicio de esos dones recibimos también gracia. Y cada uno de estos podría ser un mensaje en sí mismo, pero vamos muy rápidamente. La comunión entre hermanos también es otro medio de gracia: un hermano, una hermana, llenos del Espíritu Santo, teniendo esta comunión entre nosotros, es un medio muy importante y muy gozoso de gracia. El evangelismo, otro medio de gracia: el que nosotros también compartamos nuestra fe con los demás. Y en último lugar de los que tiene —dice que ni siquiera esta lista es exhaustiva—, la consejería bíblica a los hermanos también es otro medio de gracia que Dios da a través de este discipulado, de esta consejería bíblica.

Entonces no es que nada más nos hayamos quedado con dos sacramentos de siete: "Bueno, ya casi no tenemos nada, y pobrecitos". No, no, no, todo lo contrario: tenemos muchos medios de gracia. Pero vamos a enfocarnos en estas dos ceremonias en las que sí participamos todos en la iglesia de forma formal: el bautismo y la Santa Cena.

El bautismo: Romanos 6

Vamos a hablar primero del bautismo. Y tengo dos citas hoy, porque no puedo encontrar una sola cita que reuniera los dos de una forma que fluía con el mensaje, o que me pareció fundamento. Pero Romanos 6, del 1 al 4, primero vamos a ver, Romanos 6 del 1 al 4, el bautismo. Dice Pablo aquí, Romanos 6 del 1 al 4: "¿Qué concluiremos? ¿Vamos a persistir en el pecado para que la gracia abunde? ¡De ninguna manera! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo podemos seguir viviendo en él? ¿Acaso no saben ustedes que todos los que fuimos bautizados para unirnos con Cristo, en realidad fuimos bautizados para participar en Su muerte? Por tanto, mediante el bautismo fuimos sepultados con Él en Su muerte, a fin de que, así como Cristo resucitó por el poder del Padre, también nosotros llevemos una vida nueva".

Lo que es una buena descripción de lo que para Pablo significa el bautismo. Este pasaje obviamente no es la institución del bautismo; Jesús manda en Mateo 28, nos manda a hacer discípulos y bautizar. Sí es una ordenanza muy clara del Señor. Pero creo que este pasaje nos habla de 3 características del bautismo. A partir del bautismo, nuestra identidad como personas está con Cristo; nuestra identidad está escondida en Cristo en el bautismo.

Una controversia entre creyentes

Cuando buscamos libros cristianos acerca del bautismo, muchas veces encontramos libros de polémica, que buscan convencer o argumentar acerca del punto de vista del autor. Y hasta los cristianos reformados a veces estamos divididos entre los que bautizan creyentes solamente y los que bautizan a los hijos de creyentes. Ahora, no me malinterpreten: no estoy diciendo que no hay una respuesta clara en la Biblia, creo yo, ni estoy diciendo que no importa; es muy importante. Pero pocas veces los estudios se enfocan en lo que significa el bautismo en el Nuevo Testamento. El Nuevo Testamento no habla en realidad mucho de esta controversia que tenemos en las iglesias.

Y hay cristianos que de buena fe sostienen los dos puntos de vista. No debemos decir: "Ah, pues, ¿esto es...? ¿Cómo bautizan niños? No son creyentes". Creo que están equivocados en cuanto a la interpretación bíblica, pero sí hay creyentes que de buena fe tienen esta creencia. Aquí en la Iglesia Evangélica de Cuajimalpa sí tenemos una claridad de que la Biblia enseña muy claramente que el bautismo es para creyentes en el Señor Jesucristo, y la Biblia entera es consistente en este sentido.

Alguno me dirá: "Bueno, el bautismo existe solamente a partir del Nuevo Testamento". Pero siempre, desde el Antiguo Testamento, siempre ha habido una señal para los que entran al pueblo visible de Dios. Y esto del pueblo visible, el cuerpo visible de creyentes. 1 Corintios 10:2 —1 Corintios 10:2— nos dice que todos nuestros antepasados fueron bautizados en la nube y en el mar para unirse a Moisés. Y esto significa el pacto dado por medio de Moisés; no es que nos estemos uniendo a Moisés como nos unimos a Cristo; habla del pacto.

La señal de entrada al pueblo visible

En el Antiguo Testamento, el pueblo de Dios era Israel. Sí había personas de fuera de Israel que se unieron al pueblo de Dios —podemos pensar en Rahab, en Rut, algunos—, pero son pocos ejemplos: Naamán; quizás, quizás Nabucodonosor llegó a creer en las promesas de Dios de una forma salvadora. Pero básicamente, cuando nacía un hijo en una familia judía, se convertía en parte del cuerpo visible del pueblo de Dios, y la circuncisión era la señal de entrar en ese cuerpo visible. Asimismo, el bautismo para nosotros es entrar al cuerpo visible, los que dicen: "Yo soy parte del pueblo de Dios", hoy en día. Pero eso pasa al creer en el Señor Jesucristo, porque ya no hay un grupo de personas que automáticamente forme parte del pueblo visible de Dios. Ahora somos de todas las tierras, todas las lenguas, todas las tribus en el mundo.

Entonces, no significa que toda persona bautizada —o en el Antiguo Testamento, el circuncidado— era automáticamente salva. No; hubo tiempos en la vida del pueblo de Israel en que solo quedaba un remanente, al parecer. Pero sí era un indicio de pertenecer al pueblo visible de Dios. En el Nuevo Testamento, la señal es el bautismo, y el pueblo de Dios se define no por el nacimiento natural, sino por el nacimiento de lo alto, el nacimiento nuevo, la profesión de fe en nuestro Señor Jesucristo. Cuando se hace una profesión de fe en Jesucristo, el bautismo es el acto público por el que se jura lealtad a nuestro Señor Jesucristo.

Ahora, sabemos que hay personas que se bautizan y no son salvos; ellos son los que se apartan de la fe y siguen muertos en sus delitos y pecados. Pero hacemos un esfuerzo importante, como líderes de la iglesia, para probar y determinar la profesión de fe que hace la persona, para ver si es real esta profesión de fe.

Primero: una nueva identidad

En la Iglesia Evangélica de Cuajimalpa enseñamos que no debemos confundir este bautismo de creyentes con la ceremonia que se hace en otras iglesias a los hijos de creyentes, que se practica en los bebés. Los bebés no pueden bautizarse porque aún no pueden tener fe. Pero hay algo simbólico que es importante de esto, y es esto de que somos bebés en la fe: cuando nos bautizamos, estamos naciendo de nuevo; es una nueva vida. Y es importante ese simbolismo. Nosotros no podemos pensar en nosotros mismos sin nuestro nombre, por ejemplo. Por eso, cuando... la tradición era: cuando se bautiza el niño, llega a tener su nombre, ¿no? "¿Cómo se va a llamar el niño?". Yo pensé que era una pregunta rara, hasta que entendí que sí, por el tema de la tradición de dar el nombre en el bautizo.

Pero eso lo debemos entender, para nosotros, como una nueva identidad en Cristo. Así como yo no puedo pensar en mí mismo sin pensar en mi nombre, no puedo pensar en mí mismo sin pensar que yo soy un seguidor de Cristo. Yo no sería yo mismo si no estoy siguiendo a Cristo. Esa es la identidad que tenemos a partir del bautismo.

Segundo: muertos al pecado

El bautismo también, en segundo lugar, significa que hemos muerto al pecado. Si hemos sido bautizados, cada día debemos esforzarnos y luchar para darle muerte a la vida... perdón, al pecado en nuestras vidas. Debemos confesar y arrepentirnos de nuestros pecados. Tenemos vida en Cristo, así que ya somos muertos al pecado; no somos esclavos del pecado. Eso quiere decir que, por el poder del Espíritu Santo, podemos luchar en contra del pecado y vencerlo, algo que no tiene la persona que está fuera de Cristo: es esclava del pecado.

El problema real de mi tío

Y esto tiene implicaciones para el evangelismo. Recuerdo una vez —yo tenía, yo creo, como 13 años— que mi abuelita materna llamó a mi padre, a su yerno, para preguntarle citas bíblicas en contra de los tatuajes, porque mi tío se quería hacer unos tatuajes, y a ella eso la tenía escandalizada, ¿no? Entonces, a toda costa quería que no se hiciera un tatuaje. Yo recuerdo que mi papá me contó todo esto, y yo me fui a la Biblia a encontrar pasajes sobre esto. "A ver, tal vez en el Antiguo Testamento, en las leyes, acerca de muchísimas cosas". Yo dije: "Bueno, pues ha de haber algo ahí, ¿sí?, que tal vez...". Y comencé a buscar. Y era antes del internet, por cierto. Entonces, pues, sabía eso; tenía que... echártelo completito, ¿no? Porque todavía es increíble cómo nos ha cambiado la forma, hasta de memorizar, porque ya está: "Pues voy a buscar ese pasaje, que ya no me acuerdo". Antes lo memorizábamos; es importante tenerlo también memorizado.

Pero mi padre, como lo ha hecho muchas veces, me cambió la jugada por completo. Me dijo: "Bueno, hijo, en realidad ese no es el problema de tu tío. En realidad da igual si se hace un tatuaje o no se hace un tatuaje". El problema... ahora, si Dios tiene opiniones acerca de los tatuajes, yo creo que sí. "Pero el problema real es tan grave que en realidad eso no importa. El problema grave es que no tiene a Cristo; necesita a Cristo. Lo que él necesita es el evangelio, no un pasaje acerca de por qué no se puede hacer tatuajes".

Entonces es muy importante que nosotros también pensemos en esto. Si vamos por la vida acusando a las personas: "Mira, tú tienes una identidad de género de esto, y lo otro, y de aquello", o "tú estás haciendo esto, o lo otro, o aquello, y eso está mal"... Sí debemos tener un testimonio acerca del bien y del mal, pero ese no es el problema del que está sin Cristo. El problema es justo eso: que está sin Cristo. Cuando Cristo entra en la vida de una persona, transforma todo lo demás; todo lo demás viene por añadidura. Ya no va a querer hacer todas estas otras cosas. ¿Por qué? Porque no le agradan a Dios, y ya lo sabe.

El bautismo, entonces, para nosotros marca un antes y un después: nuestra nueva vida en Cristo. Si ya eres bautizado y te veo en algún pecado, sí es importante que nos estemos exhortando los unos a los otros en esos temas, redarguyendo, si vemos eso. Pero solamente si la persona ya se ha identificado con Cristo en el bautismo. Y dos: el bautismo significa que hemos muerto al pecado.

Tercero: caminar en vida nueva

En tercer lugar, el bautismo significa que caminamos diariamente en el camino de la vida. El caminar con Cristo debe ser algo que realmente nos caracteriza como personas, que marca una diferencia. Si alguien te pudiera seguir por un par de días, ¿qué concluiría acerca de ti? ¿Qué le saltaría a la mente? ¿Qué cosa diría? Bueno, si tuvieras que resumir la vida, o las características, de Jonathan, de cualquiera de nosotros, ¿cuál sería? Una pregunta que nos debe hacer pensar mucho. ¿Somos personas que vivimos como ya muertos? ¿Como una mujer muerta a sí misma, como un hombre muerto a sí mismo, que ya no tiene derechos, y ya no tiene que estar cuidando sus derechos, porque ya esos derechos se los cedió a Jesucristo, para vivir Su vida?

Todos los días debemos despertar con ese pensamiento: "Yo ya no vivo; yo soy hombre muerto, soy mujer muerta para mí mismo; vivo solamente en Jesús". Los que estamos casados, los que tenemos hijos, tenemos eso como una realidad: si no, se están viendo... las personas todo el día están viendo cómo vivimos, cómo nos portamos. Y eso lo debemos tener como una prioridad de nuestras vidas: el demostrar esa lealtad a nuestro Señor Jesucristo.

Nuestros hijos

Hay algunos cristianos —quiero mencionar brevemente— que he visto que tratan a sus hijos como ateos hasta que, bueno, ya se bautizaron. Y entonces los tratan como si odiaran a Cristo, y a veces hasta les dicen eso: "Bueno, tú odias a Cristo, porque tú no has sido salvado", ¿no? Pero yo creo que debemos tomar un punto de vista, una actitud, muy diferente con nuestros hijos. Dios obra a través de familias, pone a hijos en familias; ese es un medio de gracia, esa relación padre-hijo. Y el Señor se glorifica mucho en traer a muchos de estos hijos de familias cristianas a Su redil. Él obra de esa forma todos los días, y debemos estar conscientes de eso: animar a los hijos a amar al Señor, a seguir Sus mandamientos, orar por ellos, y no tratarlos como ateos o algo así. Cuando son muy chiquitos, el Señor está obrando en sus vidas, y debemos estar enseñándolos a amar al Señor. Y Dios se glorifica en convertir, en traer a muchos de estos niños a Su reino. Esa es una de las obras de evangelismo más importantes que podemos hacer. Entonces, el bautismo significa, en tercer lugar, que caminamos diario en el camino de la vida.

La Santa Cena: Juan 6

Y una de las formas, en el diario caminar, que tenemos de seguir al Señor, de caminar en este camino de la vida, es la Santa Cena. Y vamos a hablar brevemente ahora también de la Santa Cena. Quiero que abramos nuestras Biblias en el Evangelio de Juan, capítulo 6, los versículos del 63 al 67... Juan 6:53-57. Frank, creo que me estoy arrepintiendo de rechazar el agua. Gracias. Juan 6, versículos 53 a 57: "—Ciertamente les aseguro —afirmó Jesús— que si no comen la carne del Hijo del hombre ni beben Su sangre, no tienen realmente vida. El que come Mi carne y bebe Mi sangre tiene vida eterna, y Yo lo resucitaré en el día final. Porque Mi carne es verdadera comida y Mi sangre es verdadera bebida. El que come Mi carne y bebe Mi sangre permanece en Mí, y Yo en él. Así como me envió el Padre viviente, y Yo vivo por el Padre, también el que come de Mí vivirá por Mí".

Una cena real

Por lo que veo yo en el Nuevo Testamento, la Cena del Señor se parecía más a una cena real que lo que hacemos hoy en día. La cena de la Pascua, donde el Señor instituyó, nos ordenó que hiciéramos esta Santa Cena, era una cena de Pascua con comida, y era lo que comieron a esa hora del día; no necesitaban más comida. Por eso, creo, en algunas iglesias se celebra solo una vez al año, quizás para hacerlo algo más como una cena. Aunque los apóstoles nos hablan de "cada vez que nos reunimos", y Jesús también habló de esto. Entonces, por eso aquí en la Iglesia Evangélica de Cuajimalpa lo celebramos cada domingo, en obediencia a este mandamiento.

Lo cierto es que creo que se parecía más a una cena normal que el jugo y las galletitas. Lo bueno es que tenemos, cada tres meses por lo menos, una cena familiar, de comunidad, aquí en la Iglesia Evangélica de Cuajimalpa. Y tal vez, no sé, podríamos en esas ocasiones también celebrar, tener un pan grande, quizás un baguette grande, y un jugo especial, antes de que abran todas las demás bebidas. Porque, en realidad, la Santa Cena es una cena también; además de espiritual, una cena real.

Siete palabras clave

Entonces, ¿qué significa la Santa Cena para nosotros? Un autor que me gusta mucho se llama Sinclair Ferguson, y usa un texto como clave para la Santa Cena, y después propone siete palabras clave, o conceptos clave, para entender la Santa Cena, que los voy a repasar muy brevemente, prometo. Pero el texto que usa es un texto que en el siglo 20 se ha usado mucho en el evangelismo; pero en el pasaje, realmente, si lo vemos, Jesús está hablando con cristianos, está hablando con creyentes, y no con conversos. Es Apocalipsis 3:20. Dice Apocalipsis 3:20: "Mira que estoy a la puerta y llamo". Jesús aquí hablando. Dice: "Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye Mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo". Es un bello retrato de Jesús queriendo cenar con nosotros como cristianos. Y no lo tenemos que tomar tan simbólico, de que "cenar" quiere decir darnos salvación o algo así; lo podemos tomar también así, literal: que Él quiere cenar, tener esa comunión con nosotros.

Comunión

Y esa es la primera característica que menciona Ferguson: la Santa Cena es comunión. Y a veces usamos esa palabra para describir la Santa Cena: "comunión". Tenemos comunión con Jesús realmente cuando participamos de la Santa Cena. Él está presente en nuestra cena, la Santa Cena, de forma muy especial. No estamos hablando de que el pan y el vino se conviertan literalmente en el cuerpo y la sangre de Jesús, un error que se ha enseñado y se sigue enseñando; pero no, eso no es así. Jesús vive hoy, y Su cuerpo está en el cielo; Él está sentado, nos dice Hebreos, a la diestra de Dios Padre. Él, literalmente, no está aquí, ni siquiera cuando lo alzamos o hacemos alguna cosa. Estos son símbolos que nos representan el cuerpo de Jesús. Cuando Jesús instituyó la Santa Cena, Él estaba ahí mismo, frente a Sus discípulos, y cuando alzó el pan, todos ellos sabían que no era un pedacito, ¿no? Pero, bueno, hay una presencia real de Jesús con nosotros aquí en la Santa Cena; es una real comunión que tenemos con Jesús en la Santa Cena. La Santa Cena es comunión.

Reconciliación

En segundo lugar, la Santa Cena es reconciliación. Reconciliación: nos recuerda que la muerte de Jesús en la cruz nos reconcilia con Dios. Nosotros somos los que merecemos la separación eterna de Dios; merecemos la ira de Dios por nuestros pecados. Pero Jesús fue el que sufrió esa ira en lugar de nosotros; Él tomó esa ira de Dios sobre Él. Fuimos reconciliados, por lo tanto, por ese sacrificio, y ahora somos hijos de Dios; estamos reconciliados con Dios. Y dentro de esta reconciliación, también debemos recordar la reconciliación entre hermanos, que consiguió para todos nosotros.

Una de las cosas más impactantes que me acuerdo como niño, allá en Colombia, era en un pueblito donde yo iba con mi padre mucho, y él predicaba. Recuerdo que un día, después del culto —o quizás fue antes, no me acuerdo—, estaba atendiendo a las personas, y mi padre se agachó y me dijo: "¿Ves esa familia de ahí? ¿Y esa familia de allá? Antes de conocer a Cristo, esas dos familias, si se agarraban en el campo, se mataban a machetazos, porque son de diferentes partidos políticos, y hay mucha violencia. Pero ahora, hoy, míralos: aquí están sentados juntos, alabando juntos al Señor, reconciliados por la sangre de Cristo, participando juntos de la Santa Cena".

Recuerdo también un viaje que hice, ya hace casi 20 años, a Israel, y tuve la oportunidad de congregarme con una congregación que era más o menos mitad judía y mitad árabe. Había traducción simultánea, porque era en hebreo y en árabe, pero estaban juntos, y alabando al Señor juntos como un solo cuerpo. Muy pocos lugares, si es que alguno otro, en todo Israel, en toda esa zona, en toda esa región del mundo, tenían un evento así, donde judíos y árabes se sentaban juntos como hermanos, alabando a un mismo Dios. Entonces Dios nos trae esa reconciliación como hermanos en la Santa Cena.

Y de aquí hago una exhortación breve. Hay casos de personas que repentinamente salen con un rencor, algún resentimiento, y resulta que lo traen desde hace tiempo y no se han reconciliado. Hermanos, esto no debe ser así. Hay motivos para no tomar la Santa Cena, pero no son, por ejemplo, que "hoy, en esta semana...". Si nos hemos confesado y arrepentido de nuestros pecados, debemos participar en la Cena del Señor. No es porque "hoy, esta semana, no me lo gané"; no se trata de eso, no es algo que nosotros ganamos. Pero si tú tienes un resentimiento, un conflicto con un hermano, abstente de participar en la Cena. Pero eso sí: no lo hagas más de una semana, porque justo después del culto te vas a parar, y vas a ir a encontrar a ese hermano, y a reconciliarte. Porque la Santa Cena es reconciliación: no podemos participar si no estamos reconciliados con Dios y si no estamos reconciliados con nuestros hermanos. La Santa Cena es reconciliación.

Proclamación

En tercer lugar —y vamos a ir más rápidamente—, la Santa Cena es proclamación: proclamamos la muerte de nuestro Señor hasta que Él venga. Y no es solo lo que hacemos aquí en el púlpito, de proclamar la Palabra de Dios; sí lo hacemos. Pero el hecho de participar aquí de la Santa Cena es una proclamación en sí del evangelio. Es una proclamación simbólica, que tiene que ser explicada, obviamente, pero es una proclamación que todos hacemos de la muerte y la venida de nuestro Señor Jesucristo. Entonces estamos predicando y proclamando la muerte de nuestro Señor al participar en la Santa Cena.

Bendición

La Santa Cena es bendición, en cuarto lugar. Bendición. Hemos estudiado recientemente Apocalipsis, como se acordarán, también antes de Hebreos. Y se acordarán de que se habla mucho de copas en el Apocalipsis. Son uno de los medios que utiliza Juan para explicar, en los ciclos; es uno de los ciclos que usa para explicar el futuro de la historia de la iglesia, que la semana pasada nos dio un recorrido en moto por el Museo Nacional de Arte. Pero a veces hay que hacer eso, porque de repente vemos un cuadro: "Ah, yo quiero acordarme de ese cuadro y estudiarlo bien, y ese también, y ese también". Pero hay que irse, hay que ir rápidamente, y después entramos en más detalle.

Pero las copas son un símbolo, en el Antiguo Testamento, del juicio de Dios. Dios hacía que las naciones impías bebieran de la copa de la ira de Dios. Los profetas hablaban de la ira de Dios, y de que Dios obligaba a Sus enemigos a tomar esa copa. Por eso entendemos que Jesús, cuando estaba en el monte de los Olivos, en el huerto de Getsemaní, oró que, si fuera posible, esa copa pasara de Él. Era la copa de la ira de Dios. Pero dijo: "No Mi voluntad, sino la Tuya". Y Jesús bebió esa copa de la ira de Dios; la bebió toda, para que nosotros, al tomar de esta copa, recibamos bendición: en lugar de lo que merecemos, que es la copa de la ira de Dios, bebamos la copa de la bendición de Dios, que viene por el sacrificio de Cristo. La Santa Cena es bendición.

Consagración

En quinto lugar, la Santa Cena es consagración. Estamos recordando una muerte, la muerte del único hombre que no mereció la muerte. Y a pesar de eso, vemos el mundo que nos rodea, un mundo que superficialmente, quizás, algunos dicen: "Ah, sí, me parece muy bonito Jesús". Pero Sus enseñanzas reales, esas enseñanzas, y a Él mismo, en realidad, lo aborrece el mundo. ¿Y nosotros vivimos activamente honrándolo a Él? ¿Vivimos identificándonos con Jesús? ¿Vivimos de forma fiel en este mundo que lo aborrece a Él, o nos da vergüenza? Si nos da vergüenza, Jesús mismo nos dice que no somos seguidores de Él. Podemos tener miedo, como lo tuvo Pedro; podemos tener dudas, como las tuvo Tomás; olvidarnos, como se olvidó Felipe; pero nunca tener vergüenza. Y la Santa Cena nos recuerda cada domingo que estamos consagrados: nuestras vidas están consagradas al Señor. La Santa Cena es consagración.

Anticipación

En penúltimo lugar, la Santa Cena es anticipación. Jesús nos dijo que celebráramos la Santa Cena hasta que Él venga. Él estaba ahí prometiendo —y lo prometió muchas veces— que vendría otra vez por nosotros. No es algo figurativo, no es algo simbólico, de: "Ay, pues me siento mejor; entonces Jesús ya vino". Hay algunos que enseñan que Jesús ya regresó otra vez, y cosas así, raras, ¿no? Cuando Jesús venga —y ya lo hemos visto en Apocalipsis—, se oirá de un extremo al otro del mundo; no hay ninguna persona que no se entere. Pero después de ese regreso, ¿qué será? Ya no celebraremos la Santa Cena. Pero, ¿dejaremos de tener comunión? No: estaremos en las bodas del Cordero, en la cena de las bodas del Cordero. Entonces esta cena, simple, sencilla —y aun cuando tenemos chicharrón en salsa verde y chilaquiles, y todo eso—, todavía no le llega ni a los pies a lo que será esa cena de las bodas del Cordero. Entonces esto es una anticipación de lo que tendremos con nuestro Señor Jesucristo cuando Él venga.

Autoexamen

Y en último lugar, la Santa Cena es autoexaminación. El apóstol Pablo, en un pasaje que leemos con mucha frecuencia, nos dice que nos debemos examinar a nosotros mismos antes de participar. Muchas veces decimos que no tiene nada de mágico el pan y el vino, y es cierto: no hay nada mágico aquí. A veces decimos que son solo símbolos, y sí, son símbolos. Pero a veces creo que decir "son solo símbolos", en realidad, demerita lo que tenemos aquí frente a nosotros. Sí es la presencia real de nuestro Señor Jesucristo aquí con nosotros; tenemos siempre la presencia real de nuestro Señor Jesucristo. Y hay consecuencias, siempre, siempre hay consecuencias de participar en la Santa Cena: de bendición, de reconciliación, de todo lo que hemos comentado, para los creyentes. Pero para los que toman de forma indigna, hay juicio.

Entonces no podemos pensar: "Nada, pues es solo un pan, en realidad no importa; solo un vino, en realidad no importa, un juguito". No: siempre hay consecuencias. Para bendición, si estamos reconciliados, si estamos viviendo conforme a la Palabra de Dios; pero para maldición, si no es el caso. No debemos tomarlo como algo a la ligera, nunca, esta Santa Cena. "Cosa temible y terrible es caer en manos del Dios viviente". La Santa Cena es autoexaminación.

Soldados bajo juramento

Espero que este mensaje nos ayude a predicarnos a nosotros mismos, todos los días, el hecho de que somos soldados bajo juramento de lealtad a nuestro Señor Jesucristo. Nos identificamos con Él; no somos nadie ya sin Él. Soy hombre muerto. Tú, si estás creyendo en el Señor Jesucristo, eres hombre, mujer, muerta. ¿Por qué? Porque "ya no vivo yo, sino Cristo en mí". El Señor está obrando aquí entre nosotros. Hemos visto en estos días, en estas semanas, meses, bautismos muy, muy lindos, con unos testimonios de mucho ánimo, que glorifican a nuestro Señor Jesucristo. Es una bendición para todos. Espero que muchos más sigan el mandato del Señor de bautizarse: creer en el Señor Jesucristo y ser bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Y celebremos la Santa Cena cada semana, y tal vez con algo especial cada tres meses, en las cenas comunales que hacemos, de forma que recordemos que somos hijos de Dios, somos parte de una familia, de un pueblo que pertenece a Dios, que tiene esa comunión que ningún otro puede tener con Dios. Y recordemos los demás medios de gracia, que creo que tienen una riqueza muy grande para nosotros, para crecer cada día en el Señor. Que estas celebraciones que tenemos, del bautismo y la Santa Cena, sean cada vez de más y más bendición para nosotros.

Invitación a la mesa

Vamos a orar ahora por el pan y el vino, y después participar. Sabemos que, como siempre mencionamos, los que son miembros de esta Iglesia Evangélica de Cuajimalpa, que están caminando en fidelidad con el Señor, están reconciliados con el Señor Jesucristo, con sus hermanos, participen en la Cena. Si son miembros de otras iglesias cristianas que tienen esta misma enseñanza de la Palabra de Dios, participen de la Cena. Si no, entonces les digo que, por favor, busquen a algún hermano, alguna hermana; busquen, más que todo, al Señor en oración, para tener esta reconciliación con nuestro Señor Jesucristo. Sin esta reconciliación tendrán que tomar la copa de la ira de Dios, y es una ira eterna.

Oración por el pan y la copa

Vamos a orar ahora, dando gracias por el pan y el vino. Padre celestial, te damos gracias por esta celebración que instituyó nuestro Señor Jesucristo, que nos da un recordatorio de forma muy palpable, de forma muy gráfica, de lo que significa la muerte de Cristo Jesús, que conmemoraremos, Señor, esta muerte, hasta que Él venga. Porque sabemos que sí vendrá, Señor; sabemos que resucitó con gran poder, ascendió, y ahora está a Tu diestra, de donde vendrá al fin del mundo, Señor, por nosotros, y a juzgar a los vivos y a los muertos. Te damos gracias por nuestros hermanos, y, más que todo, por nuestro Señor Jesucristo, en cuyo nombre te lo pedimos. Gracias.

Y en esta hora queremos rogarte que bendigas estas copas, Señor, con este jugo de la uva, que representa esa sangre preciosa, Señor, derramada, Señor, en la cruz. Gracias por esa salvación. En el nombre de Cristo Jesús. Amén.

Oración final y avisos

Vamos a orar, hermanos. Señor, una vez más, gracias por permitirnos estar aquí, adorándote y glorificándote. Y gracias también por las ofrendas que hoy se recolectaron, y que cuides el camino de cada uno de nosotros y de mis hermanos. Por todo, en Cristo Jesús. Amén.

Nada más, algunos de los avisos que tenemos por compartirles, después de esta celebración que hemos tenido muy explícita hoy, con un sentido tal vez hasta diferente, ¿verdad?, después de haber escuchado la importancia, la relevancia, de esta ordenanza, o estas ordenanzas tan importantes que recibimos de nuestro Señor Jesucristo…

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