Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

2 Corintios 4:13-182 CorintiosNathan Díaz

Viendo lo que no se ve

Transcripción

La Navidad y el tesoro en vasos de barro

… (La grabación comienza con la introducción ya empezada.) …2 Corintios 4. No estoy ocupado… Normalmente, a lo largo del año, no estoy preocupado en que los sermones, los temas de los sermones, coincidan con las fechas de diferentes festividades: que el Día de las Madres hablemos de las mamás, y el Día del Niño hablemos de los niños. Y a veces lo hacemos, pero en general simplemente estamos siguiendo la secuencia del libro y el orden del libro. Y para Navidad, esa es la ventaja: que no tenemos que buscar un pasaje que nos recuerde acerca de Jesús para predicar en Navidad, o cerca de Navidad, porque toda la Biblia nos está apuntando hacia la vida de Cristo.

Y entonces aquí estamos: en unos días vamos a estar celebrando la Navidad, y vamos a meditar sobre las implicaciones de la Navidad. Las implicaciones de la Navidad, las cuales no radican en realidad en el hecho de que Jesús nació; radican en el hecho de que Jesús vivió una vida perfecta, y murió una muerte y un sacrificio perfecto en nuestro lugar, y triunfó sobre la muerte, y ascendió a los cielos, y ahora está a la diestra del Padre intercediendo por nosotros. Tenemos la misión de proclamar este mensaje a todo el mundo. Y entonces ese es el verdadero mensaje al cual nos apunta la Navidad, y hoy vamos a estar escuchando más acerca de eso en el programa que tendremos en la tarde.

Pero quiero que pensemos otra vez en lo que ya habíamos meditado el domingo pasado, hablando de estos jarros, estos vasos de barro: cómo es que ha sido puesto dentro de este vaso un tesoro. El tesoro es el tesoro que Pablo describió en el versículo 6, cuando dijo: "Pues Dios, que dijo: 'De las tinieblas resplandecerá la luz', es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Cristo". Ese es el tesoro que ha sido depositado dentro de nosotros: seres frágiles, seres débiles, seres pecadores, seres que van a vivir la oposición y la tribulación y la aflicción de esta vida; y que, a través de vivir la aflicción y la tribulación en esta vida, vamos a poder reflejar el tesoro de la gloria de Dios.

Es a través de nuestra debilidad, justamente, que Dios magnifica el valor del tesoro, que es el mensaje del evangelio. Entonces Pablo dice: podemos jactarnos en nuestras debilidades; podemos gozarnos en el hecho de que somos débiles, porque es a través de eso que Dios es glorificado. Es la gloria de Dios a través de nuestras vidas la que es vista cuando nosotros somos expuestos como débiles. No nos gusta; no nos gusta sufrir, no nos gusta tener situaciones complicadas y difíciles en nuestras vidas. Pero a la luz del evangelio decimos: "Está bien. Quiero que Cristo brille a través de mí, en mi sufrimiento, en mi dolor, en mis fracasos. Tú, Señor, sé exaltado en la manera en la cual quieres manifestarte en mi vida". Es Su poder a través de nuestra debilidad.

Ustedes van a ver que este es un tema que va a regresar; es un tema, creo, central de 2 Corintios: el tema de nuestra debilidad y el poder de Dios, cómo funcionan juntos. Así que estos son los versículos que vamos a meditar hoy, a la luz de lo que meditamos el domingo pasado, que es la aflicción por la cual nosotros pasamos en la vida cristiana, en el ministerio cristiano, que es paralela a la aflicción y al sufrimiento que Cristo padeció por nosotros. Somos Sus discípulos; por lo tanto, nosotros podemos esperar también sufrir en esta vida. Pero tenemos el mismo propósito, que es llevar a la gente a la vida cuando los apuntamos a Cristo. De eso se trata el versículo 11, que dice: "Estamos siendo entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo mortal. Así que en nosotros obra la muerte, pero en ustedes la vida".

Lectura: 2 Corintios 4:13-18

Y este es el pasaje que vamos a meditar hoy, el resto de este capítulo. Dice: "Pero teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: 'Creí, por tanto hablé', nosotros también creemos, por lo cual también hablamos, sabiendo que Aquel que resucitó al Señor Jesús a nosotros también nos resucitará con Jesús, y nos presentará junto con ustedes. Porque todo esto es por amor a ustedes, para que la gracia que se está extendiendo por medio de muchos haga que las acciones de gracias abunden para la gloria de Dios. Por tanto, no desfallecemos; antes bien, aunque nuestro hombre exterior va decayendo, sin embargo, nuestro hombre interior se renueva de día en día. Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación, al no poner nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las cosas que no se ven; porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas".

Gracias, Señor, por Tu Palabra y por el mensaje que nos comunicas a través de Tu Palabra para transformarnos. Te pedimos que este mensaje en 2 Corintios sea un mensaje que nos apunte hacia Ti, que nos ayude a reflejarte a Ti. En el nombre de Cristo Jesús, amén.

El espíritu de fe

Bueno, punto número uno acerca de lo que Pablo quiere mostrarnos en esta sección. Son dos puntos, básicamente. El primero es: ¿cuál es el espíritu de nuestra fe, o cuál es la esencia de nuestra fe? Dice el versículo 13: "Pero teniendo el mismo espíritu de fe…". Entonces, ¿qué significa tener fe salvadora? ¿Cuál es la fe del evangelio? Y vamos a ver primero cuál es la esencia, y después, en la segunda parte, a ver cuál es el fruto de esta fe: qué es la fe, y luego qué produce esta fe en nosotros.

Y creo que una de las cosas que Pablo está tratando de hacer al explicar la fe… ¿Por qué de repente saca el tema de la fe aquí, a la luz de todo lo que ya hemos venido viendo? Recuerden que todo este capítulo, y todo el libro hasta este punto, en realidad se ha tratado de Pablo describiendo sus aflicciones como apóstol, y que esas aflicciones del ministerio en esta vida son las aflicciones normales para todo cristiano, en realidad. ¿Cómo afrontamos esas aflicciones? ¿Cómo afrontamos las cosas difíciles de nuestra vida, las cosas que tendrían la tendencia de traer temor a nuestra vida?

La fe es el antídoto al temor

¿Qué cosas temes? ¿Hay temores en tu corazón? Temor a ser defraudado, temor a la decepción, temor a la falta de dinero, temor a que nunca me voy a casar. ¿Cuáles son los temores que puede haber en nuestro corazón? La fe es el antídoto al temor. La fe funciona en la vida cristiana como una manera de no tener temor. Recuerden: el Antiguo Testamento, y toda la Biblia, está llena de esta exhortación: "No teman, no teman, no teman". ¿Y cómo hacemos para no tener temor? Y, sobre todo, sobre todo, temor a la muerte. ¿No es ese uno de nuestros mayores temores: que un día vamos a morir? ¿Qué implica nuestra muerte? ¿Qué implica el hecho de que un día ya no vamos a estar aquí, que van a estar celebrando nuestro funeral? Y hoy es un día más cerca de ese día para todos los que estamos aquí.

Entonces, ¿qué temores hay en nuestros corazones? ¿Y cuáles son los temores normales de la vida que Pablo quiere contrarrestar explicándonos el espíritu de fe, la esencia, el corazón de la fe? Y para hacer eso, Pablo mira su propia vida. Recuerden: Pablo tiene todas las razones para tener temor; Pablo tiene todas las razones para estar desanimado. Le dicen de todo: "Pablo, tú no sabes hablar. Pablo, tú estás cambiando la Palabra de Dios. Tú no eres un verdadero apóstol. Tú nada más llegaste ahí y te impusiste". Esas son todas las críticas que él está recibiendo, lo cual entenderíamos si él se siente desanimado y siente temor. Pero Pablo mira el Antiguo Testamento y va a sacar aquí una cita, cuando dice: "Según lo que está escrito: 'Creí, por tanto hablé'". Entonces Pablo va a mirar hacia el pasado; va a mirar una circunstancia del Antiguo Testamento, y la va a citar como un ejemplo de una fe que sostuvo a alguien. ¿Quién fue esta persona que fue sustentada?

"Creí, por tanto hablé": el Salmo 116

Vayan al Salmo 116; de ahí es de donde está sacando Pablo esta cita. Si tienen referencias al pie de sus páginas en sus Biblias, van a encontrar Salmo 116. Y el salmista, aquí… Vean, vean todo lo que está describiendo este salmo. Versículo 3: "Los lazos de la muerte me rodearon, y los terrores del Seol vinieron sobre mí; angustia y tristeza encontré". Luego, en el versículo 8, habla de cómo rescató su alma de la…, sus ojos de lágrimas, mis pies de tropezar. Versículo 15 dice: "Estimada a los ojos del Señor es la muerte de Sus santos". Entonces pueden ver que es un salmo que en general está hablando de aflicción, de tribulación, de tristeza, de llanto y de muerte.

Pero el salmista reconoce que, a pesar de la aflicción, Dios lo ha redimido. Es lo que está en el versículo 8: "Pues Tú has rescatado mi alma de la muerte". Entonces simultáneamente está viendo: "Sí, sí estoy sufriendo; sí, sí estoy pasando por un tiempo difícil de mi vida; pero al mismo tiempo puedo ver cómo Dios me rescata y me redime como Su hijo". Y lo que está citando Pablo es el versículo 10: "Yo creía, aun cuando decía: 'Estoy muy afligido'".

Entonces ven aquí cómo funciona la fe. Está el corazón del salmo: una fe que sustenta al salmista, en donde él puede decir: "Aunque yo estaba afligido, en mi corazón había una fe, y una confianza, y un descanso en el poder y en la soberanía de Dios para rescatarme, de tal manera que eso se refleja en lo que digo acerca de mi Dios. Sí, sí estoy afligido, pero al mismo tiempo estoy hablando de cómo Él me rescata y cómo Él me sustenta".

Entonces Pablo lee este salmo y ve un paralelo. Y podría haber escogido casi cualquier historia de todo el Antiguo Testamento, pero ve este salmo en particular y dice: "Ah, esa es mi experiencia también con Dios. Yo creo; por tanto, hablo". ¿Hablo de qué? De la fidelidad de Dios; hablo del sustento de Dios en mi vida. Mi fe se traduce en testimonio. Eso es como Pablo está pensando. Así como en el Salmo 116 el salmista quiere dar testimonio del tipo de Dios que lo sustenta y lo rescata de la aflicción y de la muerte, de la misma manera Pablo quiere mostrar que su Dios lo sustenta y lo rescata de la muerte.

Entonces Pablo, así como el salmista… Capítulo 1 de 2 Corintios, ¿se acuerdan?, versículo 8: "No queremos que ignoren, hermanos, acerca de nuestra aflicción sufrida en Asia, porque fuimos abrumados sobremanera, más allá de nuestras fuerzas, de modo que hasta perdimos la esperanza de salir con vida". Suena mucho como los salmos: Pablo dando su propio testimonio. Pero, ¿en qué resulta? Así como el salmista, capítulo 4 —ya lo hemos visto—, el versículo 5, ¿qué dice Pablo? "Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor, y a nosotros como siervos de ustedes por amor de Jesús". Entonces, ¿en qué resulta la aflicción de Pablo? En predicar. Por eso está citando este salmo: "Creí, por tanto hablé".

Mirar hacia el pasado: la cruz y la resurrección

Y esto es a lo que Pablo estaba animando a Timoteo en 2 Timoteo capítulo 2, versículo 7: "Considera lo que digo, pues el Señor te dará entendimiento en todo". Ahora, siempre la fe, el sustento de nuestra fe, está fundamentada en algo que Dios ha revelado acerca de Sí y en algo que Dios ya ha hecho en la historia en particular. Esto siempre así fue también en el Antiguo Testamento. En los salmos ustedes pueden ver: Dios le está recordando a Israel: "Recuerden cómo los saqué de Egipto; recuerden cómo los redimí; recuerden cómo les di la ley; recuerden…". Y siempre recuerdan algo del pasado para encontrar sustento para el presente.

Pero de este lado de la cruz siempre estamos viendo, ¿hacia dónde? Hacia la cruz. Y no nada más hacia la cruz, sino hacia la victoria sobre la muerte que sucedió tres días después en la resurrección. Y por eso es que Pablo le dice a Timoteo: "Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, descendiente de David, conforme a mi evangelio". Dice Pablo: acuérdate de lo que Cristo ya ha hecho por nosotros. Así que vemos hacia el pasado. Podemos ver nuestra aflicción, pero vemos hacia el pasado, recordando nuestra redención a través de Cristo en un momento de la historia, un momento en el que Dios entró en la historia para redimirnos. Ese es el espíritu de nuestra fe; ahí comenzamos.

Mirar hacia el futuro: resucitaremos

No es todo; no hemos terminado con lo que Pablo va a describir. Pero primero vemos hacia atrás para informar nuestro presente. Y cuando vemos hacia atrás para informar nuestro presente, ahora podemos ver, ¿hacia dónde? Hacia delante. Y podemos entender que nuestra fe siempre va a conectar las tres cosas —pasado, presente y futuro— para entender cómo se está desarrollando el plan de Dios para nuestras vidas. Y por eso es que el espíritu de nuestra fe no es nada más ver hacia el pasado, sino ver hacia el futuro, que es de lo que habla el versículo 14: "Sabiendo que Aquel que resucitó al Señor Jesús a nosotros también nos resucitó con Jesús, y nos presentará junto con ustedes".

Entonces la fe, la esencia de la fe cristiana, mira hacia el pasado para entender el presente: por qué hacemos lo que hacemos. Pero también hacemos lo que hacemos a la luz de lo que viene. ¿Y lo que viene para Pablo, que es tan importante que quita todo temor de su vida? Resucitaremos. La muerte no tiene poder sobre nosotros.

Cómo solemos pensar en el futuro

Pensar en el futuro siempre es algo muy incierto, siempre es algo muy ambiguo. Y normalmente, en nuestra sociedad, la tentación en cuanto a pensar en el futuro va a ser pensar en cómo me voy a jubilar. O sea: ¿de qué voy a vivir cuando ya esté viejito? "Ah, ¿tengo algún ahorro? ¿Mi Afore qué?". Normalmente así es como pensamos en cuanto al futuro: pensamos en cómo nos estamos preparando para los siguientes años, o para los últimos años de nuestra vida, y cómo podemos disfrutar de esos años. Pero esa no es la perspectiva bíblica acerca del futuro.

Y no estoy diciendo que tenga nada de malo planear, pero nuestra esperanza nunca puede estar en esas cosas sobre nuestro futuro, como: "Si podemos tener nuestras finanzas en orden para el futuro, entonces estamos bien; si tengo un seguro de vida y si mi familia va a estar cuidada, entonces estoy bien". Y normalmente el ver hacia delante nos enfoca en esas cosas, y eso es justo lo que Pablo va a contradecir en este pasaje. Ustedes ya vieron cómo termina el capítulo; vamos hacia allá.

Entonces, para muchos de nosotros, el futuro puede simplemente significar: "Me van a ascender el próximo año; voy a ganar más; voy a poder ahorrar para un nuevo carro; voy a poder ahorrar más dinero para comprarme más cosas". O, a lo mejor, cuestiones de salud: "Puedo estar más saludable el próximo año; puedo lidiar con enfermedades que estoy teniendo". Acabamos de escuchar acerca de las enfermedades con las que algunos están lidiando ahora. Y el futuro probablemente nada más implica: "¿Me voy a poder sanar o no? ¿O voy a seguir enfermo, o voy a empeorar?". Eso es lo que implica pensar en el futuro para algunos.

La enfermedad puede ser uno de los principales instrumentos que Dios usa para ayudarnos a pensar en el futuro, ¿no? Ya cuando algo no funciona bien en nuestro cuerpo, algo hace en nosotros que nos acerca un poquito más a esta realidad: esta vida no es todo lo que hay; esta vida es frágil. Estaba leyendo algo que publicaron de Coalición sobre D. A. Carson, que fue el cofundador, junto con Tim Keller, de Coalición por el Evangelio. Y él ahorita no está haciendo ninguna labor ministerial, porque su enfermedad ha empeorado. Y me encanta: ya tiene muchos años que dijo esto, pero ahora lo dice con más convicción, y creo que es la misma convicción de Pablo. Él dice: "No hay nada en mi cuerpo que una buena resurrección no pueda arreglar". Así es como él lo expresa. Y creo que esa es la misma convicción que tiene Pablo con respecto a su realidad presente. Por eso dice: "Sabiendo que Aquel que resucitó al Señor Jesús a nosotros también nos resucitará con Jesús, y nos presentará junto con ustedes". Ya estudiamos esto en 1 Corintios 15: la realidad de la resurrección futura. ¡Qué tan central tiene que ser esa convicción en la fe cristiana!

Es muy fácil a veces solamente estar viendo hacia el pasado. Pero si solamente estamos viendo hacia el pasado, perdemos de vista el panorama real que Dios quiere presentarnos sobre Su plan para nosotros, y Él siempre nos está apuntando a lo que viene también. Y lo que viene, si somos de Cristo, es lo que dice Judas 24: "Aquel que es poderoso para presentarnos sin caída, presentarnos sin mancha delante de Su gloria con gran alegría". Esa es la realidad de la que está hablando Pablo cuando dice: "nos presentará junto con ustedes", sin mancha, delante del trono de Dios. Y cuando Jesús regrese nuevamente, nos resucitará.

Para que abunden las acciones de gracias

Pero algo interesante pasa aquí en la segunda mitad del versículo 15, porque ahora dice: "para que la gracia que se está extendiendo por medio de muchos haga que las acciones de gracias abunden para la gloria de Dios". ¿No es interesante que ahora le da un giro, donde dice: y es nuestro amor por ustedes el que proclama estas cosas, como para fortalecer su fe? Pero además, para que, cuando ustedes abracen esta fe y experimenten la gracia de Dios, lo que suceda es que ustedes adoren a Dios en acción de gracias. Porque eso son las acciones de gracias: es cuando podemos reconocer la obra que Dios ha hecho en nuestra vida, agradecerle a Él, adorarlo a Él, y que por lo tanto Él sea glorificado.

Lo cual implica que una parte esencial de la fe, viendo hacia el futuro, no es nada más nuestra resurrección, sino la adoración que vendrá de todo el pueblo redimido de Dios. Es la esencia de nuestra fe: este mundo se trata acerca de la gloria de Dios. Todo lo que Dios ha hecho desde el principio, desde Génesis, se trata acerca de Su gloria. Así que, si estamos haciendo cualquier cosa que hagamos en esta vida, pero especialmente cuando proclamamos el evangelio, nuestra meta final no es la salvación de las almas; no es que la gente no se vaya al infierno. Eso no es nuestra meta final. Eso sí queremos que pase. Pero, ¿por qué queremos que eso pase? ¿Por qué queremos que la gente venga a Cristo? Porque queremos que Dios sea glorificado. Por eso. Porque queremos maximizar la cantidad de adoración que Dios recibirá al final de la historia en Su pueblo redimido.

Y cuando alguien viene a Cristo, decimos: "Un adorador más". Es lo que decimos: alguien que entiende de qué se trata realmente todo esto; alguien más cuyos ojos han sido abiertos, como veíamos en el versículo 6, que ahora ya no está en tinieblas y ve la luz de la gloria de Dios en la faz de Cristo, y ahora adora a Dios correctamente, porque ha sido reconciliado con Él. Por eso Pablo dice en Romanos 15: "Que el Dios de la paciencia y del consuelo les conceda tener el mismo sentir los unos para con los otros conforme a Cristo Jesús, para que unánimes, a una voz, glorifiquen al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo". Esa es la meta de Pablo en su predicación; es la meta de su ministerio: que Dios sea glorificado.

Amar a alguien es guiarlo a adorar a Dios

Entonces, ¿no es interesante? Se trata de la gloria de Dios. ¿Cómo amamos a la gente? Pablo aquí dice que todo esto es por amor a ustedes, a los corintios: "Y si yo realmente los amo, les voy a dar lo mejor que puedo darles. Y si yo les doy lo mejor que puedo darles, lo mejor que puedo darles es apuntarlos hacia la gloria de Dios". Es así de simple. Si tú amas a alguien, si tú quieres manifestar tu amor por alguien, lo guías a la adoración a Dios. Y ese es el final de la historia. Apocalipsis 7 describe esto: "Miré una gran multitud que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas, con palmas en las manos. Clamaban a gran voz: 'La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero'". Es la adoración el fin de todas las cosas, el fin de la historia.

Sí, el fin de todas las cosas es la gloria de Dios y la acción de gracias. Así como lo describe aquí Pablo, la acción de gracias glorifica a Dios. Y la gente no puede dar gracias a Dios correctamente porque no ha experimentado Su gracia salvadora. Entonces, ¿cómo van a experimentar esa gracia salvadora? Solamente si alguien les predica valientemente el evangelio. Pero no vamos a predicar si no amamos. Por eso es la motivación de Pablo: "Yo los amo a ustedes; por eso les predico". Y no amamos cuando no damos la gloria a Dios, porque significa que estamos valorando más nuestra propia gloria. Amar a Dios es valorar Su gloria.

¿Entienden cómo todo esto se conecta? ¿Por qué predicamos el evangelio? Porque amo la gloria de Dios. Por eso. Porque atesoro a Dios sobre todas las cosas, y no hay nada que produzca en mí más gozo que ver que alguien más va a adorar a Dios junto conmigo. Eso es el evangelismo. Y eso es lo que hacemos también en el crecimiento y la santificación de la iglesia: es valorar más a Dios. Así es como somos santificados.

La oración de Pascal

Estaba viendo una cita de Blaise Pascal, y me encantó cómo él lo escribe. Escribe como estas oraciones en uno de sus libros, y dice: "No te pido salud o enfermedad, ni por vida ni por muerte, sino que uses mi salud y mi enfermedad, mi vida y mi muerte, para Tu gloria. Solo Tú sabes lo que es la meta para mí. Tú eres el amo soberano; haz conmigo de acuerdo a Tu voluntad. Dame o quítame, solo conforme… no a mi voluntad, a la Tuya. Solo sé una cosa, Señor: que es bueno para mí seguirte y es malo ofenderte. Fuera de eso, no sé qué es lo mejor para mí: salud o enfermedad, riqueza o pobreza, o cualquier otra cosa en este mundo. Ese discernimiento está más allá del poder de hombres o ángeles, y está escondido entre los secretos de Tu providencia, la cual adoro, pero no pretendo entender". Creo que es el mismo sentir que está expresando Pablo: "Hago todo lo que hago para que Dios sea glorificado en ustedes".

El fruto de nuestra fe: no desfallecemos

Lo cual me lleva al segundo punto, que es versículos 16 al 18: el fruto de nuestra fe. ¿Qué sucede cuando hay este tipo de fe en nosotros? ¿Cómo se ve en la vida cotidiana? Dice el versículo 16: "Por tanto, no desfallecemos". No desfallecemos. Cuando tienes este tipo de fe, algo hay en ti… Les recuerdo cómo empezó este capítulo: "Por tanto, puesto que tenemos este ministerio, según hemos recibido misericordia…". Otra vez: ya meditamos sobre esta realidad, cómo funciona la misericordia. ¿Para qué? Para no desfallecer. No nos desanimamos, porque podemos ver hacia el futuro.

La cultura grecorromana en el tiempo de Pablo era una cultura fatalista. Estaba leyendo algo que escribió Marco Aurelio —y esto es parte de la cultura romana y de lo que creían—; a ver si no les suena, a lo mejor, como la mentalidad de nuestra sociedad, de nuestra cultura. Él decía: "En la muerte, todo lo que queda es polvo, cenizas, huesos y un mal olor". Eso significa la muerte. Ahora, mucha gente sí piensa así: que esta vida es todo lo que hay, que la muerte es el fin; estamos destinados a la nada. Y el problema es que, si tú eres consistente con esa cosmovisión de la vida, yo no entiendo cómo no entrarías en una profunda depresión, especialmente cuando las cosas ya no salen bien. O sea, si las cosas ya no empiezan a funcionar como te gustaría que funcionaran, y pierdes tu salud, o pierdes tu dinero, o pierdes tu familia, o pierdes cualquier cosa que hace que esta vida valga la pena para ti, y pierdes esas cosas, entonces, ¿cuál es el sentido de seguir viviendo? Ya no hay ningún sentido, si las cosas que podrían hacerte feliz ahorita te das cuenta de que son pasajeras, que no son duraderas, que no las puedes asegurar. Si te das cuenta de esa realidad, entonces, cuando pierdes esas cosas, ¿qué queda? Así pensaba la cultura en la cual estaba viviendo la iglesia de Corinto. Pero Pablo dice: no, nosotros, a la luz de nuestra fe, que ve hacia el pasado, ve hacia el futuro y entiende lo que Dios está haciendo: "Por tanto, no desfallecemos"; no desfallecemos. Ese es el fruto de nuestra fe.

Lo veíamos el domingo pasado: cuando vienen aflicciones a nuestra vida, cuando vienen pruebas, ahí es donde se ve si nuestra fe es real. ¿Por qué? ¿Dónde está tu tesoro: en algo que puedes perder, o en algo que no puedes perder? Esa es la pregunta más importante: ¿en dónde radica tu felicidad y tu satisfacción final?

El hombre interior se renueva de día en día

Pablo dice: "No desfallecemos; antes bien, aunque nuestro hombre exterior va decayendo, sin embargo, nuestro hombre interior se renueva de día en día". Entonces el fruto de nuestra fe es una renovación constante, una renovación constante en nuestro interior, en la obra que Dios está haciendo dentro de nosotros. Cuando habla del hombre exterior, creo que es un término muy amplio que Pablo está usando aquí para describir todas las aflicciones que él está viviendo en un mundo que está caído, en un mundo que se opone a la ley de Dios, a la voluntad de Dios. "El hombre exterior va decayendo"; es decir, el hombre exterior, todo lo externo a nosotros y todo lo que tiene que ver con la era presente, está pasando, no es permanente. Eso es lo que va a desarrollar en un momento Pablo. Pero lo que Dios está haciendo dentro de nosotros…

Y no es un contraste el que Pablo está haciendo aquí entre el mundo material y el mundo espiritual, porque, como ya vimos, Dios tiene un plan para el mundo material en la eternidad. Entonces no es que el mundo material va a dejar de existir y ya, ese es nuestro fin. No: el mundo material va a seguir existiendo. Cuando Jesús regrese, renovará todas las cosas, y el mundo será restaurado materialmente, y nuestro cuerpo será restaurado materialmente. No es que Pablo está despreciando la parte física. Pero sí dice: hay un aspecto de lo que estamos viviendo ahorita que simplemente es temporal, y está pasando, y es pasajero, y tiene que ver con las aflicciones que vivimos en esta vida. Y sí tiene que ver con un cuerpo que no funciona como debería de funcionar; y entre más viejos nos hacemos, menos funciona como debería de ser.

Pero dice Pablo: esto es el resultado de nuestra fe, es la renovación que Dios está haciendo, que creo que es la que describe en Efesios 3:16: "Les ruego que Él les conceda a ustedes, conforme a las riquezas de Su gloria, el ser fortalecidos con poder por Su Espíritu en el hombre interior, de manera que Cristo habite por la fe en sus corazones. También ruego que, arraigados y cimentados en amor, ustedes sean capaces de comprender con todos los santos cuál es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad, y de conocer el amor de Cristo que sobrepasa el conocimiento, para que sean llenos hasta la medida de toda la plenitud de Dios". Eso es la renovación que Dios quiere hacer en nosotros todos los días. La oración que hace Pablo en Efesios 3 es la renovación de este hombre interior.

¿Cómo somos renovados? Ya lo leímos en el capítulo 3, versículo 18: "Todos nosotros, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen, de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu". Entonces estamos contemplando a Cristo. Ya ha sido quitado el velo; ahora lo vemos a Él, y todos los días estamos contemplando esta gloria, pensando en esta gloria. Pueden leer algunos de los devocionales que recomendó Jonathan, los cuales nos llevan a estar contemplando constantemente la gloria del evangelio a través de Cristo Jesús. Eso empieza a transformar nuestro corazón; nos transforma internamente. Ese es el fruto de nuestra fe.

Un eterno peso de gloria

Y versículo 17: "Pues esta acción…", perdón: "Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación". Ahora, este lenguaje que está usando Pablo aquí es el mismo lenguaje, las mismas palabras —no lo ven, dependiendo de la versión que tengan de la Biblia—, pero es el mismo lenguaje que Pablo usó en el capítulo 1, versículo 8, cuando describió sus aflicciones. Segunda parte del versículo 8, dice: "porque fuimos abrumados sobremanera, más allá de nuestras fuerzas, de modo que hasta perdimos la esperanza de salir con vida". Bueno, pero el lenguaje, las palabras que usa Pablo en el 18 son las mismas palabras que usa cuando describe la aflicción en el versículo 8. Describe el peso —literalmente es la palabra que usa—, el peso de la aflicción que se manifestó sobremanera.

Lo ven aquí en el versículo 17: la aflicción. Creo que está pensando en lo que ya les dijo en el capítulo 1. Pero ahora el peso no es el peso de la aflicción; es el peso de gloria. Y si esa aflicción era una aflicción que se manifestaba sobremanera, o sea, una aflicción muy difícil, ahora el peso de gloria sobrepasa exponencialmente ese peso. O sea, el peso de la aflicción no es nada, es leve, comparado con el peso de la gloria, que tiene un peso mucho más grande. Entonces imagínense esta imagen de lo que Pablo, creo, está tratando de decir. Es decir: "¡Híjole, qué pesada es la aflicción!". Pero, ¡cuánto más pesada es la gloria de Dios! Ahora, si los pones en una balanza, la aflicción no pesa nada, porque la gloria pesa mucho más. ¿Entienden esa imagen? Es la imagen que nos está presentando Pablo.

Los contrastes del pasaje

Y les voy a mostrar —porque me dijeron algunos que les fue útil que les enseñara— cómo marco mi Biblia en estos pasajes, especialmente hablando de contrastes. Entonces quiero que vean estos contrastes; están en todos estos versículos. Entonces: negativo, rojo; positivo, verde. Así es como uso los colores. "Desfallecemos" está en contraste, ¿con qué? Con renovación. Ahí es un contraste que marca Pablo. Contraste número dos: aflicción. Y quiero que vean varias cosas aquí: aflicción leve, pasajera, en contraste, ¿con qué? Aflicción está en contraste con gloria; leve está en contraste con peso; y pasajero está en contraste con eterno. ¿Sí lo ven? Luego, aquí, en el siguiente versículo, que vamos a ver ahorita, tenemos las cosas que no se ven, en contraste con las cosas que se ven. Sí. Esos son los… Ah, bueno, y además está esto: temporales y eternas. Esos son los contrastes que encontramos en los tres versículos.

Eso es muy útil, porque empiezan a ver qué es lo que está tratando de hacer Pablo al mostrarnos una cosa y la otra. Y entonces la fe genuina, la fe verdadera, trae fruto que contrasta con una fe falsa, o simplemente con un mundo incrédulo que no quiere creer. Así que el fruto de nuestra fe es, primeramente, que no desfallecemos, porque el hombre interior está siendo renovado.

La renovación es un cambio de cosmovisión

Pero ahora el versículo dice: "al no poner nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas". Así que en el versículo 16, cuando dice que nuestro hombre interior se renueva de día en día, ahora el versículo 18 explica cómo se ve esta renovación. ¿Qué pasa cuando estamos siendo renovados? La renovación es un cambio de cosmovisión; es un cambio de cómo vemos el mundo. Esa es la renovación que empieza a suceder.

Y cuando estamos renovados de esa manera, se nos da la capacidad de ver algo que no está aquí, de ver algo que no es tangible en este mundo y en esta vida. Tenemos vistazos, y tenemos parte de la experiencia que ya ha comenzado, como vamos a ver en un momento. Pero ve mucho más allá, a cosas que no son una realidad todavía, pero que tenemos la convicción de que sí serán una realidad, aunque no las vemos. Eso es ser renovado. Si tu enfoque está en las cosas pasajeras, tu corazón no está siendo renovado por Dios. Si tu enfoque está en las cosas eternas, significa que tu corazón está siendo renovado por Dios.

¿Dónde está puesta tu vista?

Entonces habla de poner nuestra vista. Poner nuestra vista: ¿cuál es tu enfoque? Habla de un tipo de concentración: ¿dónde están tus ojos? No se despegan de ahí, como todos los adolescentes con sus… Y pasa una hora, y siguen, y ni siquiera han parpadeado. O sea, es increíble a veces cuánta atención podemos poner en algo tan pequeño, ¿no? Pero este es el enfoque que Pablo quiere dar. Es decir: ¿dónde está puesta tu vida, tu vista, y dónde está concentrada tu atención, tu enfoque diario? Ahí están tus ojos; no volteas ni para acá ni para allá; no te distraes. ¿Y qué es lo que está viendo esa mirada? Esa es la pregunta: ¿en dónde está puesta tu atención, tu vista? ¿En lo que se ve, o en lo que no se ve?

¿Qué es más fácil, hermanos? ¿Qué es más fácil: poner la vista en lo que se ve? "Tú dame un cheque; eso es lo que yo quiero ver". Es mucho más fácil estarnos enfocando en cosas palpables de esta vida. Pero la realidad de la transformación que Dios quiere hacer en nosotros es que podamos ver todo lo que nos rodea como pasajero. Cada vez que te pagan tu quincena: pasajera. Y sí, pasan unos días y ya no está. Pero no es nada más eso. Todas las cosas de este mundo, desde el polvo hasta los cielos, todas las cosas que estamos viendo son temporales; todas las cosas que estamos viendo son temporales. Todas estas cosas pasarán, y todas estas cosas serán renovadas en la eternidad. Pero lo que no vemos, lo vemos cuando somos cristianos: que es Dios y Sus promesas, el cielo, la eternidad. C. S. Lewis dijo: "Lo que no sea eterno está eternamente caducado". Esa es la mentalidad de la vida cristiana.

Gracia futura

Entonces estaba leyendo algunos fragmentos, y quiero compartirlos con ustedes para terminar, de John Piper, en su libro de Gracia futura, o Gracia venidera; no estoy seguro cuál es el título en español. Pero él dice esto: "Las promesas de gracia futura constituyen las claves para una vida cristiana que imita a Cristo. Cuando digo futura, no me refiero simplemente a la gracia del cielo y del siglo venidero; hablo de la gracia que comienza ahora, en este mismo segundo, y sustenta nuestra vida hasta el final de este párrafo. Cuando digo gracia, no me refiero simplemente al perdón de Dios al borrar nuestros pecados, sino también al poder y la belleza del Señor que evitan que pequemos. Cuando digo fe, no me refiero simplemente a la confianza en que Jesús murió por nuestros pecados, sino también en que Dios nos dará generosamente, junto con Él, todas las cosas. La fe es principalmente una garantía de lo que se espera, orientada al futuro. Su esencia es la profunda satisfacción con todo lo que Dios promete ser para nosotros en Jesús, empezando ahora mismo".

Esta expectativa de la gracia futura se encuentra en el centro de este pasaje; esto es de lo que está hablando Pablo. Sigue diciendo Piper —esto es ya hablando de este pasaje en particular; en el libro habla de este texto—: "La renovación de su corazón procede de algo muy extraño: viene de mirar lo que no se puede ver. Esta es la forma de no desanimarse: mirar lo invisible. ¿Qué veía él? Unos pocos versículos después, en 2 Corintios 5:7, dice: 'Vivimos por fe, no por vista'. No quiere decir que salte en la oscuridad sin saber lo que hay en ella; significa que las realidades más preciosas e importantes del mundo se encuentran más allá de nuestros sentidos físicos. Miramos esas cosas invisibles a través del evangelio. Por la gracia de Dios, vemos lo que Pablo llamaba 'la luz del glorioso evangelio de Cristo, el cual es la imagen de Dios'. Fortalecemos nuestro corazón, renovamos nuestra valentía, fijando nuestra mirada en la verdad invisible y objetiva que vemos en el testimonio de aquellos que miraron a Cristo cara a cara".

"Esto significa que la decadencia de su cuerpo tenía un sentido". La decadencia del cuerpo de Pablo. "El dolor, la presión, la frustración y la aflicción no estaban produciéndose en vano; no estaban desvaneciéndose por un agujero negro de sufrimiento inútil. En su lugar, esta aflicción estaba produciendo una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento. La cosa invisible a la que Pablo miraba para renovar su hombre interior era el inmenso peso de gloria que estaba siendo preparado para él, no solo después de, sino también por medio de y por el desgaste de su cuerpo. Cuando se siente dolorido, no solo fija sus ojos en lo fuerte que es el dolor, sino en lo que pesará la gloria debido al mismo".

Conclusión: no desperdiciar la vida

Romanos 8:18 es un pasaje, un versículo paralelo a este: "Considero que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse". Hay una frase famosa que dice: "No serás verdaderamente útil en la tierra a menos que pienses verdaderamente en el cielo". ¿Qué nos hace útiles para el reino de Dios aquí y ahora? El pensar en la eternidad y en lo que viene. Entonces, hermanos, la pregunta es: ¿para qué estamos viviendo? ¿Cuál es el propósito de nuestra existencia? Y este pasaje es una exhortación a no desperdiciar nuestras vidas en las cosas temporales. Por eso vamos a cantar sobre la fe en las cosas que no se ven.

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