Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Hechos 27HechosNathan Díaz

Anclas en la tormenta

¿Qué hacer cuando llegan las tormentas de la vida? El naufragio de Pablo en Hechos 27 muestra tres clases de tormenta —las que provocan nuestras malas decisiones, las inesperadas y las que nos hacen perder toda esperanza— y las tres anclas que lo sostuvieron: saber de quién era, a quién servía y que Dios cumple sus promesas.

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Transcripción

Introducción: la recta final hacia Roma

(La grabación comienza con el mensaje ya iniciado.)

…cerca del final del libro de Hechos; nos quedan tres domingos en este libro. Y hoy vamos a ver el capítulo 27, capítulo 27 de Hechos. Y esta es la recta final del apóstol Pablo en dirección a Roma, que es donde Dios lo llamó a ir. Él lo llamó a Roma; le dijo: "Tú vas a ir a Roma". Ha estado… a pesar de esa promesa de que iba a ir a Roma, que apareció en el capítulo 23, versículo 11, cuando dice: "A la noche siguiente se le presentó el Señor y le dijo: Ten ánimo, Pablo, pues como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma". Y yo me imagino a Pablo diciendo: "¡Qué bien! Dios quiere llevarme a Roma, allá voy". ¿Y qué pasó? Siguió en la cárcel, siguió encarcelado, y siguió encarcelado por otros dos años.

Y ha sido una travesía increíble para el apóstol Pablo, enfrentando a estos gobernadores, las acusaciones de los judíos, a los gobernadores, tratando de explicar su situación. Ahora apeló al César. Dijo: "Soy ciudadano romano", y apeló al César. Y Festo, como buen gobernador romano, le otorga ese privilegio, ese derecho que tiene, de ir con el César. Y nos quedamos la semana pasada al final del capítulo 26, cuando de hecho tienen una conversación Agripa y Festo. Y la conversación es: "Ninguna cosa digna ni de muerte ni de prisión ha hecho este hombre". Esto es lo que Festo le dice a Agripa. Y Agripa le dice a Festo: "Podría este hombre ser puesto en libertad, si no hubiera apelado a César". Pero parte del plan de Dios para su vida era llegar a Roma, y Pablo se da cuenta de que Dios está poniendo las situaciones que él debe aprovechar para llegar a Roma, y apelar al César era una buena manera de llegar a Roma.

Lectura: Hechos 27:1-8

Y ya llegamos al capítulo 27: "Cuando se decidió que habíamos de navegar para Italia, entregaron a Pablo y a algunos otros presos a un centurión llamado Julio, de la compañía Augusta. Y embarcándonos en una nave adramitena que iba a tocar los puertos de Asia, zarpamos, estando con nosotros Aristarco, macedonio de Tesalónica. Al otro día llegamos a Sidón; y Julio, tratando humanamente a Pablo, le permitió que fuese a los amigos, para ser atendido por ellos. Y haciéndonos a la vela desde ahí, navegamos a sotavento de Chipre, porque los vientos eran contrarios. Habiendo atravesado el mar frente a Cilicia y Panfilia, arribamos a Mira, ciudad de Licia. Y hallando ahí el centurión una nave alejandrina que zarpaba para Italia, nos embarcó en ella". Tienen que bajarle un poquito… "Navegando muchos días despacio, y llegando a duras penas frente a Gnido, porque nos impedía el viento, navegamos a sotavento de Creta, frente a Salmón. Y costeándola con dificultad, llegamos a un lugar que llaman Buenos Puertos, cerca del cual estaba la ciudad de Lasea".

Un mapa para entender el viaje

Y todos decimos: "¿Qué?". Ni idea de qué está pasando, ustedes; no sabemos qué está pasando. Es como si le dijera a alguien que no es de aquí: "Agarré la autopista Chamapa–La Venta, y luego salí a la autopista, y luego me fui a Querétaro". Y si no son de México dirían: "¿Dónde está? ¿Cómo está? ¿Qué tan largo es? ¿Cuánto tiempo dura? ¿Dónde te conectas?". Bueno, entonces quiero ayudarles, porque al principio, cuando estaba yo leyendo este pasaje, estaba muy perdido en qué es lo que estaba sucediendo. Pero muy fácil: es un mapa, y se aclaran muchas cosas.

En este mapa pueden ver cómo estaba en Cesarea, que es este primer punto, hasta abajo. Suben a Sidón. Van en este barco, no es muy grande, pero le asignan a este hombre, Julio, de la compañía Augusta, para llevarlo hasta Roma. Entonces toman este barco y suben por Chipre, por arriba de Chipre, y pasan por aquí, por Mira, que está allá arriba, que es parte de Licia. Y luego se suben a otro puerto, que es Gnido —Gnido con G—, y luego bajan a esta otra isla de Creta, y le dan la vuelta por Salmón, Salmón, y luego le dan la vuelta a la isla y llegan a Buenos Puertos. Está en inglés, perdonen el mapa, porque no hay muchos mapas en español, pero ven dónde está Buenos Puertos: es ahí, justo en medio de esa isla.

Pablo no hacía el ministerio solo

Ahora, quiero que vean unos detalles importantes. ¿Quiénes están acompañando a Pablo? Cuando empiezan a escuchar la primera persona plural —"zarpamos", "embarcamos"—, ¿quién está ahí? Lucas. Lucas es el que está acompañando a Pablo en este viaje. Y también menciona otro personaje: ¿quién? Aristarco. Aristarco era de Tesalónica, o de Macedonia. Parece ser que, como Lucas tuvo su ministerio en Macedonia, probablemente tenía una relación muy cercana con Aristarco. Lo hemos visto antes en el libro de Hechos: en Hechos 19:29, en Hechos 24 ya se ha mencionado a Aristarco. Pablo lo menciona en sus cartas, en Colosenses, en Filemón. Es alguien que estuvo acompañando mucho a Pablo en mucho de su ministerio.

Y me llama la atención eso, porque creo que nos muestra la importancia de no hacer el ministerio solo; de no pensar: "Dios me llamó a mí; a Pablo me llamó a mí; yo me voy solo, y yo hago lo que yo quiero, y yo soy mejor". Pablo se rodea de gente que lo está acompañando todo el tiempo, y en los cuales él se apoya. Hay un valor en los amigos que tenemos en el ministerio, ¿no es cierto? La gente cercana a nosotros. Y más aún si llegamos a la historia… En realidad, está normal todo lo que hemos leído ahorita. Pero los amigos que están con nosotros en medio de los momentos más difíciles de nuestra vida, las tribulaciones más difíciles, esos son los amigos más importantes que Dios ha puesto en nuestras vidas: los hermanos y hermanas que están ahí incondicionalmente en nuestras vidas, para ser parte de un proceso de santificación, y de dirección, y de sabiduría en nuestra vida, para saber qué hacer y cómo hacerlo.

Pablo tiene esta gente a su lado. Muy, muy raro… Creo que solamente una vez en todo el libro de Hechos encontramos que Pablo tuvo que ir solo, y no le gustó, que fue cuando se adelantó a Atenas, ¿se acuerdan?, en el capítulo 17. Pero les dijo, acuérdense: "… alcáncenme". Es una situación de emergencia la que hizo que Pablo tuviera que irse solo. Entonces veo cómo Dios está trabajando en la vida de Pablo.

Buenos Puertos y la advertencia de Pablo

Y están haciendo todo este recorrido; llegaron a Buenos Puertos. Pero aunque suena muy bonito —suena como Puerto Vallarta o algo así, suena como un lugar muy bonito—, aparentemente no era un lugar bonito. ¿Por qué? Porque llegan, y dice: "Y habiendo pasado mucho tiempo, y siendo ya peligrosa la navegación…". Todo esto les tardó un rato, hacer todo este recorrido. Entonces dice: "…por haber pasado ya el ayuno, Pablo les amonestaba, diciéndoles: Varones, veo que la navegación va a ser con perjuicio y mucha pérdida, no solo del cargamento y de la nave, sino también de nuestras personas".

Entonces ellos quieren seguir adelante. Obviamente les falta muchísimo para llegar a Italia. Ven dónde está Italia: tienen que subir. Y ese es el plan: ir subiendo, subiendo, hasta allá atrás, de este lado; ni siquiera en el mapa ahorita todavía Italia. Pero ya se pasó mucho tiempo: pasado el ayuno. ¿Por qué? Es esa fiesta donde hay un ayuno. No sabemos cuál era la época del año, porque además han encontrado escritos antiguos de navegación de esta época que dicen exactamente… dicen: después de septiembre —creo que era septiembre 4, septiembre 14, no marqué bien la fecha, pero decía algo así—, después de esas fechas ya la navegación en el mar Mediterráneo es peligrosa, no es recomendable. Pero ya a partir de noviembre 14 ya es época de tormentas; es muy peligroso. La mayoría de la gente que tenía barcos ya los guardaba durante todo el invierno, y ya hasta la primavera del año que entra es cuando ya volvían a sacar sus barcos y ya era seguro navegar nuevamente. Como explica aquí esto de "pasado ya el ayuno", sabemos que más o menos ya pasó el ayuno, y esto habría sido a principios de octubre. Sabemos que por lo menos ya están a mediados de octubre, y ya es más arriesgado. Todavía se puede, pero sí es arriesgado: ya hay tormentas, ya está la situación más difícil. Y eso es lo que Pablo sabe. Pablo tenía experiencia con el mar. Se piensa que a estas alturas de su ministerio Pablo ya había navegado unas 3000, unas 3.500 millas ya en el mar. Ya se la sabía. En 2 Corintios 11:25 dice Pablo que naufragó, ¿cuántas veces? Tres veces. Aquí vamos a leer una de ellas. Pero evidentemente tuvo muchas cuestiones en el mar; allí había aprendido cómo funcionaba. Si hay alguien que sabía sobre estas situaciones, era él.

¿Cómo viene la experiencia? ¿Cómo conocemos bien un tema? Pues viviéndolo, experimentándolo. ¿Quieren saber sobre aviones? Pregúntenle a mi tío, porque eso hace todo el tiempo. ¿Quieren saber sobre barcos? Yo no sé nada de barcos, pero ¿quién sería una buena persona para preguntarle sobre barcos? Pablo. Nada más que estos hombres no piensan igual. ¿Ellos qué piensan? "El centurión daba más crédito al piloto y al patrón de la nave que a lo que Pablo decía".

El centurión le hizo más caso al piloto

Ahora, este centurión respetaba a Pablo; sí lo respetaba. Y Lucas ya nos dijo que lo trató muy bien; lo describe como alguien que trató humanamente a Pablo. Y le dejó, cuando llegaron a Sidón, le permitió ir y bajarse y ver a sus amigos. Y el evangelio pues todavía se está extendiendo por todo el imperio; entonces Pablo conocía gente ahí y fue a visitarlos. O sea, tenía un buen trato dentro del barco Pablo, en general. Y creo que por eso es que se le ha permitido dar su opinión, y lo escuchan. Pero —y eso lo sabemos por información histórica del Imperio romano— los emperadores romanos ofrecían una recompensa para estos que transportaban… Porque esta hubiera sido ya una nave… sí, ven, ellos están rumbo a Italia, pero estas naves no son naves del gobierno; son naves privadas. Y por eso es que Lucas y Aristarco habrían podido acompañar a Pablo: porque pueden pagar su pasaje y ya se suben al barco.

Pero son naves que normalmente llevan cargamento; entonces llevan trigo, llevan grano a Roma. Y entonces muchas veces está la presión de "voy a entregarlo, porque si lo entrego más pronto me van a pagar; y entre más pronto, más me pagan". Si se tardaban demasiado, los castigaban. Y entonces había un poco de presión por ese lado, y se ve que por esa razón están dispuestos a arriesgarse. Dice: "El centurión daba más crédito al piloto y al patrón de la nave que a lo que Pablo decía".

Inclusive ya cambiaron de barco. ¿Se acuerdan dónde cambiaron de barco? Dice el versículo 6 que iban en uno, y luego cambiaron cuando habían atravesado el mar frente a Cilicia y Panfilia y arribaron a Mira. Ahí en Mira cambiaron de barco, a uno más grande, que es este otro barco, la nave alejandrina. Entonces ya es un barco más grande; vamos a descubrir en un momento que va a haber casi 300 personas sobre este barco. Entonces llevan mucho grano, llevan mucha comida.

Y dice: "Y siendo incómodo el puerto para invernar…". Entonces, quejumbrosos, nos dijeron: "Aquí en Buenos Puertos no hay nada que hacer; está bien aburrido, y tenemos que pasar todo el invierno aquí. Está mucho más bonito otro puerto un poquito más arriba". ¿Y ese puerto cómo se llama? Fenice, "puerto de Creta que mira al nordeste y sudeste, e invernar ahí". Noten la exactitud de Lucas, que no es experto en navegación, pero nos da todos los detalles necesarios que tenemos que saber para saber cómo era geográficamente donde estaban, todos los detalles. Y no le hacen caso a Pablo, y dicen: "Sí, sí es arriesgado, pero como que está bien el viento; vamos a aventarnos".

Soberanía divina y responsabilidad humana

Pablo dice: "No lo hagan". Pero vean: Dios le había prometido a Pablo que iba a llegar a Roma. Ya le había prometido que iba a llegar. Lo más que pudo haber hecho Pablo es decir: "Y Dios me va a llevar de todas maneras; ¿para qué me preocupo? ¿Para qué les doy consejos, si Dios es soberano y me va a llevar sea como sea?". Pablo usa su sabiduría humana y su sentido común para darles consejos de sentido común: "Sí, Dios me va a llevar, pero no sean tontos. Vamos a tener cuidado en este proceso, y vamos a hacerlo de una manera responsable".

Y esto va a surgir nuevamente, y es esta tensión entre la soberanía divina y la responsabilidad humana: acerca de cómo, aunque entendemos que Dios es soberano y hace todas las cosas conforme al designio de Su voluntad, de todas maneras nosotros ejercemos nuestra sabiduría humana y nuestro sentido común que Dios nos ha dado para tomar ciertas decisiones. Y a veces esas decisiones significan no hacer cosas tontas. Y hacemos cosas tontas, ¿no es cierto? Y sí, Dios está en control, pero también usa tu sabiduría; Dios te la ha dado para tomar mejores decisiones en cuanto a tu dinero, en cuanto a tu trabajo, en cuanto a tu tiempo, en muchas áreas. Y eso es lo que está haciendo Pablo aquí.

Lectura: la tempestad (Hechos 27:13-20)

Aquí es donde se pone interesante la historia. Versículo 13: "Y soplando una brisa del sur, pareciéndoles que ya tenían lo que deseaban, levaron anclas e iban costeando Creta". Todo parecía que iba bien. "Pero no mucho después dio contra la nave un viento huracanado llamado Euroclidón". O sea, una tormenta fuerte; esa es una manera de expresarlo en ese tiempo. "Y siendo arrebatada la nave, y no pudiendo poner proa al viento, nos abandonamos a él y nos dejamos llevar". Ya no podían controlar la nave. El viento es tan fuerte que empieza a empujarlos hacia abajo. Ellos querían ir para arriba y no pudieron. Está bien, donde está Fenice, y ya iban en la costa de Creta, nada más ahí a la orilla navegando. Pero el viento empezó a empujar, empujar, empujar; el barco se empieza a ir hacia abajo.

Y dice: "Y habiendo corrido a sotavento de una pequeña isla llamada Clauda, con dificultad pudimos recoger el esquife" —estos son todos términos náuticos—, "y una vez subido a bordo, usaron de refuerzos para ceñir la nave; y teniendo temor de dar en la Sirte, arriaron las velas y quedaron a la deriva". ¿A qué se refiere lo de la Sirte? Hasta acá abajo. O sea, ya se están yendo tan, tan abajo que tienen miedo de que van a llegar a esta parte norte de África que está aquí. Y todas las cosas se ponen peor. Dice: "Pero siendo combatidos por una furiosa tempestad, al siguiente día empezaron a alijar, y al tercer día con nuestras propias manos arrojamos los aparejos de la nave". En otras palabras, están quitando cargamento de la nave, tratando de aligerarla, porque con la fuerza del viento el peso hacía más frágil la nave; se podía romper. Y están en medio del mar y de la tormenta, y empiezan a sacar cosas de la nave.

"Y no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días, y acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos". Llega el momento en que están extremadamente desesperados; ya no saben qué hacer. En ese tiempo no tenían brújulas. ¿Qué usaban para saber su ubicación? Entonces, en la noche, veían las estrellas, y estos marineros sabían cómo identificar, de acuerdo a la posición de las estrellas, sabían decir: "Ah, pues vamos para acá o vamos para allá". Y en el día, pues de dónde sale el sol y dónde se pone; eso te ayuda a ubicarte, ¿no? Pero está tan nublado, tantas nubes, que no ven el sol de día y no ven las estrellas de noche. Entonces no tienen idea de para dónde van, y cada vez están más y más dentro del mar. Aquí está: la gente que dibuja estos mapas nada más está y o sea, este está muy conservador. Varios de los que yo vi llegan prácticamente casi hasta la costa aquí del sur, de África. ¿Y adónde querían ir? A Italia, para arriba. Y ya están casi pegando hasta abajo. Pero ya no saben qué hacer. Están amarrando; esa es la otra cosa que están haciendo. Están aventando las cosas para perder peso, y están poniendo cuerdas que sujetan el barco y que lo mantengan unido. Les estoy dando la traducción de todo esto; eso es lo que están haciendo: están sujetando sogas que le dan vuelta al barco, y las amarran, y eso lo mantiene para que no se despedace con la tempestad.

«Tened buen ánimo»

Entonces Pablo, "como hacía ya mucho que no comíamos…". ¿Por qué no comían? ¿Ustedes comen cuando están estresados y cuando piensan que se van a morir? No. Además, probablemente tenían náuseas la mayor parte del tiempo. "…puesto en pie en medio de ellos, dijo: Habría sido por cierto conveniente, oh varones, haberme oído, y no zarpar de Creta tan solo para recibir este perjuicio y pérdida". Sonó como una mamá: "¿No te dije? Yo les dije que no saliéramos. Pero bueno, ustedes querían ir a un lugar más cómodo, querían tenerla más fácil".

Pero vean lo que les empieza a decir; esto es muy interesante. Aquí dice el versículo 22: "Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave". "¿Sabes esto, Pablo?". "Bueno, lo sé": "Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo, diciendo: Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo. Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho. Con todo, es necesario que demos en alguna isla". O sea: "Dios nos va a salvar, pero si intentamos llegar a la tierra en algún momento…".

¿Se dan cuenta de esta situación tan estresante? ¿Han estado en un barco alguna vez con una tormenta? Yo no. Al escuchar la historia del Titanic, hay muchas maneras de morir; no puedes morir en un… Y les voy a decir algo: yo venía en el avión anoche, y estaba leyendo este pasaje, estaba meditando sobre la tormenta, y entramos en turbulencia en el avión. Y ustedes saben cómo es que Dios a veces te da la oportunidad de vivir lo que estás estudiando. Y: "Señor, ahorita no. Déjame por lo menos predicarlo, y luego ya". Pero es terrible. O sea, morir de esa manera es una de las peores maneras en que puedes morir. Porque, se dan cuenta, en un momento van a ver que pasan 15 días en esta tormenta, dos semanas. Imagínense la agonía de estar pensando durante dos semanas que ya te vas a morir.

Yo estaba en una tormenta; no estaba en un barco, pero sí estaba en el mar, donde las olas están grandes, y sí sé lo que se siente que te revuelquen las olas; eso sí sé. Y probablemente mis experiencias más cercanas a la muerte han sido ahí, donde dije: "¿Cómo ves? Algo me está jalando, la corriente, para adentro, y no sé cómo salir". Y sí es una sensación un poquito de desesperación la que te empieza a entrar. Bueno, de todas maneras me sigo metiendo, pero cuando está tranquilo. Dice: "Tened buen ánimo, porque yo confío en Dios". Ahora, vamos a regresar a esto en un momento.

Lectura: la decimocuarta noche (Hechos 27:27-38)

Además, quiero que vean qué es lo que sucedió. "Venida la decimocuarta noche…". ¿Cuántas noches llevan? 14 noches en la tormenta. "…y siendo llevados a través del mar Adriático" —lo que conocemos como el mar Mediterráneo—, "a la medianoche los marineros sospecharon que estaban cerca de tierra; y echando la sonda…". Tenían estas cuerdas con unos plomos, y podían ir contando. Creo que más o menos eran seis pies, creo, lo que leí; entonces, un poquito más alto que yo, es la distancia entre un plomo y otro. Podían determinar qué tan profunda estaba el agua. Y creo que así lo hacen hoy en día todavía, ¿no? Echan algo, ahora debe ser electrónico, pero pueden saber qué tan profundo está. Y se dan cuenta cuando ya se están acercando a tierra, porque se va haciendo menos profundo.

Dice: "…echando la sonda, hallaron veinte brazas; y pasando un poco más adelante, volviendo a echar la sonda, hallaron quince brazas". Se dan cuenta de que se está haciendo menos profundo. "Y temiendo dar en escollos" —o sea, no quieren pegar en las piedras—, "echaron cuatro anclas por la popa, y ansiaban que se hiciese de día". ¿Han tenido esa sensación? "Ya que sea de día, por favor, quiero ver algo". "Entonces los marineros procuraron huir de la nave, y echando el esquife al mar" —o sea, un barquito que tienen ahí de emergencia—, "aparentaban como que querían largar las anclas de proa". Porque están bajando las anclas, pero en realidad se quieren escapar. Pablo se da cuenta. "Pablo dijo al centurión y a los soldados: Si estos no permanecen en la nave, vosotros no podéis salvaros. Entonces los soldados cortaron las amarras del esquife y lo dejaron perderse". O sea: nadie se va a escapar. Pablo ya dijo que nadie se salga del barco, porque seguramente se dio cuenta de que están tratando de escapar.

"Cuando comenzó a amanecer…". Y claro, estos eran prisioneros, acuérdense; no se los menciona, pero aquí van prisioneros, y como que están viendo oportunidades para escaparse. "Cuando comenzó a amanecer, Pablo exhortaba a todos que comiesen, diciendo: Este es el decimocuarto día que veláis y permanecéis en ayunas, sin comer nada. Por tanto, os ruego que comáis por vuestra salud; pues ni aun un cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá". Entienden otra vez esta dinámica de responsabilidad humana. Sí, Dios te va a salvar, pero come. O sea, sí, Dios quiere sanarte, pero voy al doctor, ¿no? Es un sentido de responsabilidad y de sentido común, y Dios usa esas cosas para salvarnos. O sea, el sentido que tiene Pablo es: "Sí nos vamos a salvar, pero Él quiere que hagamos… Este es el medio que quiere usar para salvarnos. Coman, hagan algo".

Dar gracias por la comida

"Y habiendo dicho esto, tomó el pan y dio gracias a Dios en presencia de todos, y partiéndolo, comenzó a comer". No es la Cena del Señor; esto es nada más una comida. ¿Y qué hace Pablo? Como buen judío, da gracias a Dios por la comida. Es testimonio hacer eso. ¿Por qué nosotros damos gracias por la comida? Porque creemos que eso agrada a Dios. 1 Tesalonicenses 5 dice: "Dad gracias a Dios en todo; es Su voluntad". Por eso damos gracias por la comida. Y cuando la gente nos ve, y estamos allá afuera y damos gracias por la comida, les llama la atención: "¿Y eso por qué? Cierran los ojos, y agachan la cabeza, y se agarran de las manos; están haciendo una meditación". A veces yo pienso que eso estarán pensando. Pero cuando tienes oportunidad de compartir con alguien por qué haces eso, es un testimonio de cómo agradecemos a Dios por las bendiciones que nos da. Pablo quiere dar testimonio; estos no son hombres cristianos.

Y dice que entonces empiezan a comer todos: "Entonces todos, teniendo ya mejor ánimo, comieron también. Y éramos todas las personas en la nave doscientas setenta y seis". Lucas se pone a contar: 276. O sea, más gente de la que somos aquí estaba en ese barco. Imagínense cómo estaba la cuestión del pánico. Ya saben cómo se contagia, ¿no? Entre más gente, más fácil ponerse nervioso, porque empiezas a ver a otros que están nerviosos, y eso te pone a ti nervioso, creo. Y dice: "Y ya satisfechos, aligeraron la nave, echando el trigo al mar". Ya comieron; dicen: "Ya no necesitamos el peso de esta comida que estamos llevando". Entonces la tiran, porque saben que eso les va a ayudar a que no se destruya el barco tan fácilmente; o sea, que no choque con tanta fuerza, por ejemplo, si pegan en rocas.

Lectura: el naufragio (Hechos 27:39-44)

Y dice: "Cuando se hizo de día, no reconocían la tierra". Vieron un lugar, pero no sabían dónde era. "…pero veían una ensenada que tenía playa, en la cual acordaron varar, si pudiesen, la nave. Cortando, pues, las anclas, las dejaron en el mar" —las tiran—, "largando también las amarras del timón; e izada al viento la vela de proa, enfilaron hacia la playa. Pero dando en un lugar de dos aguas" —es un lugar donde se parte—, "hicieron encallar la nave; y la proa, hincada, quedó inmóvil, y la popa se abría con la violencia del mar".

Entonces los soldados sabían lo que está pasando. Hasta ese punto, la nave va y se entierra en unas rocas y se clava, pero el agua sigue empujando, y está fuerte el agua. ¿Y eso qué empieza a hacer? Empieza a despedazar la nave. Ya sufre un daño la nave, y ahora ya nada más es cuestión de tiempo antes de que la nave se empiece a caer en pedazos. Ahora, ¿qué es lo que les preocupa a los soldados romanos que están ahí? "Entonces los soldados acordaron matar a los presos, para que ninguno se fugase nadando". ¿Por qué iban a hacer eso? Ya hemos visto esto antes en Hechos: ¿qué pasaba si un soldado romano perdía a su prisionero? Lo mataban. Entonces dicen: "¿A que me maten a mí, o a que yo lo mate a él? Mejor yo lo mato, y ya solucioné ese problema".

La soberanía de Dios aun sobre los incrédulos

¿Y qué había dicho Dios acerca de todos los que iban en la nave? Nadie va a morir. Y fíjense bien lo que pasa aquí. Dice: "Pero el centurión…". ¿Quién es el centurión? Julio. "…el centurión, queriendo salvar a Pablo, les impidió este intento, y mandó que los que pudiesen nadar se echasen los primeros, y saliesen a tierra; y los demás, parte en tablas, parte en cosas de la nave. Y así aconteció que todos se salvaron saliendo a tierra". Entonces Julio, aunque es un centurión romano, no es cristiano, está del lado de Pablo, y está ahora tratando de ayudar a Pablo, y sabe que es importante llevar a Pablo a Roma. Y les da esta orden: "No, no los maten; déjenlos, déjenlos brincar". Él, sin saberlo, está cumpliendo lo que Dios quiere hacer a través de él.

Esto es increíble: es la soberanía de Dios aun sobre los incrédulos. Dios trabaja aun sobre los que no son Sus hijos. Usa a Satanás, usa a quien quiera usar para hacer lo que Él quiere hacer; Él no está limitado a nada. Y en este caso usa incrédulos. Ya vimos otra historia en Hechos donde usó a un endemoniado para hacer Su obra, ¿se acuerdan? Él hace lo que quiere. En este caso usa a este hombre, el centurión. Pablo ya había establecido una relación de confianza con él; parece ser que este hombre lo respeta. Se han hecho amigos, después de vivir todo eso, imagínense.

Malta y la bahía de San Pablo

Y llegan a tierra. Ahora, hoy no vamos a ver el capítulo 28, pero en el capítulo 28 se nos revela dónde llegaron. ¿Adónde llegaron? A Malta. Y este es un mapita de Malta como es el día de hoy. Y me puse a buscar en internet sobre Malta y sobre el apóstol Pablo, y es muy interesante, porque los de Malta están muy orgullosos de que Pablo estuvo ahí. Hoy en día esto es una parte muy grande de su tradición, y hasta tienen una bahía que se llama la bahía de San Pablo. Y obviamente la Iglesia católica ha construido la catedral de San Pablo allí en Malta, donde supuestamente sucedieron los hechos que vienen en el capítulo 28.

Pero varios investigadores y arqueólogos han hecho investigación y se han dado cuenta de que probablemente donde piensan que es, no fue. Es una bahía que se llama la bahía de Santo Tomás, probablemente, donde llegaron. Y lo saben porque Lucas da una descripción muy, muy específica de este lugar. Esta es una imagen de Malta; está muy bonito. Vayan de vacaciones ahí, está increíble, todas las fotos que yo vi. Eso es Malta. Esta es la bahía de San Pablo; está muy turística, ¿no? Y la bahía de Santo Tomás, que probablemente es donde llegó Pablo, es esta. Pero el detalle acerca de la bahía de Santo Tomás es que tiene esta forma en donde se divide el mar en dos partes. Y la profundidad del mar varía en diferentes partes de la isla, y tenemos la ventaja de que, como Lucas da las medidas de la profundidad, pueden ver qué zonas que rodean Malta tienen esa profundidad, y coincide que esta es la sección donde tiene más o menos esa profundidad el agua. Entonces están casi seguros ya, con más investigación, de que este fue el lugar exacto en donde Pablo llegó náufrago, con todos los hombres que estaban en la nave también con él, y se salvaron. Es un buen historiador Lucas, y esta es una de esas pruebas.

¿Por qué nos dejó Dios esta historia?

Esa es la historia; acabamos la historia. Es lo que pasó. Entonces, ¿qué es lo que aprendemos? ¿Por qué puso esto aquí Lucas? Hay algunas aplicaciones. Pero puede parecer como que Lucas dijo: "No, va muy aburrida la historia; tengo que contar algo de más emoción, con acción, algo que puedan hacer en una película un día". Sería una buena película esto; está buenísima esta película, si quisieran hacerla: intriga y misterio, hay toda clase de situaciones de ese tipo de cosas que vemos en el cine. Pero esto es la vida real; esto sí pasó.

Creo yo, al estar meditando… Cuando yo estaba pensando más adelante, sabía que había estado esta historia del naufragio de Pablo, y yo decía: "¿Qué voy a predicar sobre el naufragio de Pablo?". Pero ya cuando estuve leyendo y releyendo esta historia, y meditando sobre ella, fue muy claro cuál es la razón por la cual Dios nos dejó esta historia aquí. Y les voy a mostrar lo que creo que está pasando aquí; creo que aquí es donde nosotros podemos ver cómo se aplica a nuestras vidas el día de hoy.

Tormentas por malas decisiones

¿Qué creen ustedes que representan estas tormentas? Bueno, ¿qué eran las tormentas? Tiempos difíciles, ¿no es cierto? O sea, ¿Pablo la tuvo fácil? Y si Pablo no la tuvo fácil, probablemente nosotros tampoco la tendremos fácil. No esperes que te vaya mejor que al apóstol Pablo. Aunque la verdad es que sí nos ha ido mejor que a él, pero no sería de extrañarnos que cosas de este tipo nos sucedieran. ¿Cuáles son las tormentas que vienen a nuestra vida? Y en base a esta historia, ¿cómo se manifestaron estas tormentas?

Número 1: se manifiestan las tormentas, ¿por qué? Por malas decisiones, ¿no es cierto? Esto generó el problema inicialmente. Tú tomas una mala decisión, y hay consecuencias, y vienen cosas malas a tu vida porque tomaste malas decisiones, y tienes que lidiar con las consecuencias. Y esta historia nos enseña eso. No es que, porque Pablo estaba sobre la nave, Dios dijo: "No, aunque sean imprudentes esos marineros, es mi apóstol; yo lo voy a cuidar, yo lo voy a dejar que no le pase nada, que no se preocupe. Yo voy a asegurarme de que no haya ni una sola ola, y que se vayan directito hasta Roma". ¿Hizo eso Dios? "A ver, ustedes no escucharon al apóstol Pablo. Tiene sabiduría, sabe lo que está diciendo". Y hay una consecuencia de sus decisiones.

Hay consecuencias malas por nuestras malas decisiones; las hemos sufrido todos. Saben, todos tienen su historia en su mente; saben cuáles han sido estas decisiones de las que ustedes piensan: "Si lo pudiera volver a hacer, si pudiera volverlo a hacer, no habría hecho eso. Si hubiera sabido que así iba a terminar…". Entonces, ¿ustedes creen que estos marineros hubieran estado tristes de quedarse en Buenos Puertos si hubieran sabido lo que les esperaba? ¿No hubieran dicho: "Por lo menos es tierra firme; por lo menos no andamos por ahí sin saber qué va a pasar con nuestra nave"? Este es un tipo de tormenta que puede venir a nuestra vida; ese es el tipo de tormenta que vino en esta historia.

Tormentas inesperadas

Número 2: son las tormentas que vienen inesperadamente, las circunstancias inesperadas de nuestra vida. Me llama la atención cómo en cada una de estas dos etapas… Hay dos etapas después de que salen aquí de Buenos Puertos.

Cuando salen, inicialmente iba todo bien, y esta brisa del sur, como que… hasta me imagino que se burlaron de Pablo: "¿Eh? ¿Ahora dijiste que nos iba a ir mal? Salimos. Mira qué tal viene el clima". Porque al principio así, y de pronto llega el viento, y no lo pueden controlar, y se sale de control toda la situación, y entran en pánico. Y luego, cuando ven la tierra al final: "Y ya llegamos a tierra, vamos a llevar el barco hasta la playa". ¿Y qué pasa ahora? En la roca, y se empieza a despedazar la nave. Entonces a veces así es como pasa. ¿No es así la vida? Cuando piensas que todo está bien, cuando piensas: "¿Cuál es el problema? Tengo mi trabajo, tengo dinero, tengo salud; no hay nada mal en mi vida". En ese momento de tanta seguridad de que todas las cosas van bien, es normalmente donde pega más fuerte una noticia inesperada, en donde pierdes tu trabajo, o te diagnostican cáncer, o te dicen cualquier cantidad de cosas que nunca esperabas que te dijeran.

¿Han tenido este tipo de experiencias? Una llamada telefónica que no esperaban recibir; un viaje en el metro que pensaban que era un día más y terminó en un asalto. O sea, cuántas cosas suceden y nos agarran de sorpresa, y no sabemos por qué, y cómo, y dónde pasaron, y de pronto nuestro mundo cambia y no sabemos qué hacer con él. Es lo que les sucedió a estos hombres: eran estas circunstancias inesperadas con las que se enfrentaron.

Tormentas que nos llevan a perder toda esperanza

Y número tres, número 3: las tormentas que nos llevan a perder toda esperanza. ¿Han estado realmente en un punto tan bajo que realmente sienten que ya no hay más esperanza? Dicen: "Ya no sé para dónde voltear, ya no sé qué hacer, ya no sé con quién ir". Ya se empieza a sentir, a entrar un sentido de desesperación dentro de ustedes, un sentido de angustia, un sentido de estrés que los domina completamente. Eso es lo que leemos en el versículo 20, cuando dice: "…ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos". ¿Quién está ahí hablando? Lucas, lo que estaba viviendo Lucas, diciendo: "Híjole, ¿por qué ando con este apóstol Pablo, que nada más es una cosa tras otra?". Y Lucas piensa que se van a morir, junto con los demás. Lucas dice: "Yo ya había perdido la esperanza también". Si ustedes han estado en cualquiera de estas circunstancias que estoy describiendo, entonces tienen una idea de lo que está sucediendo en este capítulo.

La casa sobre la roca

¿Cuál es el otro lado de esto? Y quiero que vean esto, porque cuando vimos Mateo 7, ¿se acuerdan?, en Mateo 7 tenemos la casa sobre la roca y la casa sobre la arena. ¿Les pasan cosas diferentes a la casa sobre la roca y a la casa sobre la arena? No, no les pasan cosas diferentes; lo mismo les pasa. O sea, en las dos cae la lluvia, y sube el agua, como lo describe, y azota la tormenta. No dice Dios: "Esta que está sobre la roca, a esta que no le pase nada, a esta no le va a caer lluvia; y esta que está en arena, a esa sí la voy a dejar que le caigan cosas". No. La tribulación, la tormenta, cae sobre ambas casas. Seas cristiano o no cristiano, caerá tribulación, habrá problemas, habrá dificultades en tu vida. Entonces, ¿cuál es la diferencia entre estas dos casas? ¿Cuál es la diferencia? Lo que hay debajo. ¿Cuál es el fundamento? No qué les pasa, sino qué las sostiene.

Y aquí vemos quién es el que representa en esta historia a alguien que tiene un fundamento más sólido en su vida en medio de estas circunstancias: ¿quién? Pablo. Lo deja bien claro aquí: Pablo representa no la tormenta, sino el ancla. Y son tres áreas que quiero que vean, que dijo Pablo, que muestran en dónde estaba puesta toda su confianza.

Primera ancla: de quién soy

Número 1, versículo 23. ¿Qué dijo Pablo? "Esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios…". ¿Qué? ¿De quién? Esa es la primera ancla: ¿de quién eres? ¿A quién perteneces? ¿Pablo sabía que iba a pasar esto? Cuando ya leímos en el capítulo 23, Dios le dijo: "Vas a llegar a Roma". ¿Sabía cómo iba a llegar a Roma? No; nada más sabía que iba a llegar a Roma. Dios le hizo una promesa: "Vas a llegar a Roma". ¿Cómo? Quién sabe. "Eso sí no sé, Señor, pero yo sé que me vas a llevar a Roma". Pero Pablo nunca se imaginaba que sería de esta manera. Hay muchas cosas que Pablo no sabía, pero hay muchas cosas que sí sabía. Y lo que sí sabía seguro era: "Yo soy de Dios".

Hemos sido comprados por Dios. Tenemos Su presencia para siempre en nuestras vidas. Por eso Mateo 28:20 dice: "…he aquí yo estoy con vosotros hasta fin del mundo". Y las analogías que nos da la Palabra de Dios son: somos como la esposa de un esposo; estamos casados con Dios; somos la esposa de Cristo, Efesios 5. Somos ovejas de Él, el Pastor; ya lo vimos en el Salmo 23, que nos compartió nuestro hermano Chucho el miércoles. Juan 10:14 y 15 dice Jesús: "Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas". También tenemos la relación con Dios de Padre e hijo: Romanos 8:15: Dios no nos ha dado un espíritu de temor, sino de adopción, por el cual clamamos: "¡Abba, Padre!". Y hemos sido comprados por la sangre de Cristo: 1 Corintios 6:19: este cuerpo no es de ustedes, es templo del Espíritu Santo, comprado por un alto precio.

Segunda ancla: a quién sirvo

Número 2, ¿cuál es la segunda ancla? La segunda ancla es lo que dice Pablo a continuación. Dice: "…y a quien sirvo". Hemos sido llamados. Y es la seguridad y la paz que viene a nuestra vida cuando sabemos que estamos haciendo la voluntad de Dios: "Dios me ha llamado a hacer esto; puedo seguir adelante, porque es el llamado que Dios me ha hecho". Y Pablo sabe: "Yo estoy haciendo la voluntad de Dios, yo estoy sirviendo a este Dios. Él se encarga, Él se ocupa de mí, porque yo estoy buscando que Él sea glorificado en mi vida, yo estoy buscando compartir el evangelio, y eso siempre será Su voluntad".

¿Y otro personaje en la Biblia que también tuvo problemas en el mar, y que hasta tuvieron que tirarlo porque se dieron cuenta de que era por su culpa que estaban teniendo problemas? ¿Quién? Jonás. Pero ahí es el otro lado. ¿Ahí estaba obedeciendo Jonás o desobedeciendo? Estaba desobedeciendo a Dios. ¿Tenía paz Jonás? No, porque él sabía que no estaba haciendo la voluntad de Dios. Cuando nosotros estamos sirviendo a Dios, cuando estamos haciendo Su voluntad, hay una paz en nuestras vidas que es un ancla en nuestra vida: "Yo no sé cómo va a salir esto, pero sí sé que esto es Su voluntad, porque la Palabra de Dios dice que es Su voluntad. ¿Va a estar difícil? Sí, sí va a estar difícil; pero es Su voluntad, y por eso lo hago".

Tú puedes tener —ya lo he mencionado antes—, tú puedes tener la completa seguridad de que no vas a morir ni un día antes de lo que se supone que tenías que morir. Puedes tener completa seguridad de que Dios no te dejará morir hasta que hayas terminado tu obra, si eres Su hijo. Dios dice: "Yo tengo un plan para tu vida, y quiero que me sirvas de esta manera, y no vas a vivir ni un solo día más del que yo quiero que tú me sirvas". Y Pablo lo sabe. Y para Dios, que le dijo "vas a llegar a Roma": "Bueno, Dios, Tu problema cómo me vas a llevar a Roma. Y yo sé que a lo mejor me muero al día siguiente que llegue a Roma, pero ya llegué, y cumplí el ministerio que Tú tenías para mí, de llegar a ese lugar". Por eso es que Pablo tiene esta absoluta confianza: Dios se lo reveló.

Tercera ancla: confío en Dios

Y número 3, número 3, ¿cuál es la tercera ancla que ven aquí? Está en el versículo 25: "…porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho". ¿Cuál es la última ancla que encontramos en esta historia? Dios nos ha dado promesas; nos ha prometido cosas Dios, muchísimas cosas. La única pregunta es: ¿las crees? ¿Las crees realmente? ¿Qué es lo que Dios te promete? Hay un libro de John Piper que se llama Batallando contra la incredulidad, y me encanta ese libro, porque lo que hace es mostrarnos cómo la raíz de todo pecado en nuestras vidas es la incredulidad. La raíz, la razón por la que pecamos, es porque no creemos; no le creemos a Dios. Esa es la verdadera raíz del problema. Si entendiéramos las promesas de Dios, y realmente creyéramos las promesas de Dios, entonces no estaríamos tratando de encontrar nuestra satisfacción en el pecado y en las cosas que el pecado produce en nuestra vida. Estaríamos diciendo: "No, Dios es mejor que estas cosas". Pero como no le creemos a Dios, por eso caemos tan seguido.

Es la confianza en Dios el ancla que nos sostiene en medio de cualquier situación, porque sabemos que, aunque no vemos las cosas —como dice Pablo, las cosas que no se ven, esas son las eternas—, cuando no las vemos, sabemos que son reales. Ese es el tipo de ancla que tiene Pablo en su vida: "Yo soy de Dios, Dios me dijo, y yo confío en Él. No veo cómo va a funcionar este asunto, pero yo confío en Él; yo le creo".

Las promesas que anclan nuestra vida

Y son esas promesas que nos da Dios las que nos dan la gracia para perseverar. Las promesas que encontramos en Romanos 8:28: todas las cosas ayudan a bien a los que a Dios aman y han sido llamados conforme a Su propósito. Las promesas de la redención: Dios te ha prometido que puedes ser redimido por Su sangre. ¿Le crees? ¿Crees que realmente puedes ser perdonado delante de Dios, y pones tu fe y confianza en Cristo Jesús? ¿Le crees? Eso es fe: tienes que confiar en Él. Y sí: "Sí, sí te creo, Señor. Yo confío en Dios que será así como se me ha dicho. Tú dices que me perdonas; yo no sé cómo le haces, pero Tú dices que lo haces a través de la sangre de Cristo. Así que hazlo, por favor, Señor, porque yo no puedo. Te necesito a Ti, y necesito lo que Tú has hecho por mí".

¿Nos ha prometido Dios recompensa? Sí, nos ha prometido Dios recompensa. Este mundo no es el fin de las cosas. El cielo no es el fin: cielos nuevos y tierra nueva es lo que nos ha prometido, donde ya no habrá más pecado, donde toda la creación será restaurada. Esa es la recompensa que anhelamos y deseamos con nuestros corazones: cuerpos glorificados, resucitados por Dios. Esa es la promesa. ¿Le creen a Dios? ¿Creen que ustedes, cuando mueran, no es el fin, sino que estarán en la presencia de Dios? ¿Y que ese no es el fin, sino que serán resucitados nuevamente para contemplar a Dios con un cuerpo físico glorificado, como el que tenía Jesús? ¿Le creen? Esas son las promesas que anclan nuestras vidas en medio de las tormentas que vienen.

Tormentas para que otros vean a Cristo en ti

Nosotros nada más queremos llegar a Roma, pero Dios está mucho más interesado en cómo llegamos ahí, y va a dirigir las circunstancias para llevarnos de la manera que Él quiere. Y a veces las tormentas vienen para que otros vean a Cristo en ti. ¿Usó Dios el testimonio y la confianza de Pablo para impactar la vida de estos hombres? Estoy seguro que sí. Por eso es que los convenció de comer; por eso es que los convenció de estar tranquilos en medio de una situación bien difícil. Probablemente Dios te use para que tú puedas ser de testimonio y de ayuda a alguien que está viviendo una circunstancia difícil, y Dios te dé a ti la fuerza que ellos necesitan.

Entonces, cuando la fe de uno de nosotros es débil, la fe de otro es fuerte, y Dios usa esa fe para animarnos. ¿No es cierto que así funciona la iglesia? Estamos aquí para fortalecernos unos a otros. Y a veces, cuando alguien está viviendo una tribulación y una tragedia en su vida, algo inesperado, algo que nos prueba realmente —y ustedes saben que en los últimos meses así ha sido el caso en esta iglesia—, Dios usa a diferentes personas para darnos el ánimo y darnos la fe que necesitamos en medio de la tormenta.

Conclusión

¿Estás en una tormenta en tu vida? ¿Estás viviendo circunstancias difíciles? Tú necesitas las anclas que Dios te da. ¿Le crees a Dios? ¿O eres como estos marineros, tratando de huir porque no están seguros de cómo va a terminar la cosa? Esta es la historia que Dios nos dio y reveló por medio de Su Espíritu Santo a través de Lucas, para que hoy tú la escuches y sepas lo que Dios quiere que tú tengas en tu vida hoy, que es la esperanza y confianza absoluta en Él.

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