Cómo orar
Transcripción
Un solo sermón
… (La grabación comienza con el mensaje ya iniciado.) …al Sermón del Monte. Como decía Jonathan, ya hemos estado cuatro domingos viendo el capítulo 5, y hace como diez años, más o menos, es cuando estudiamos el Sermón del Monte, y nos tomamos muchos domingos más, ¿ya verdad? Sí, nos tomamos muchos domingos más para estudiar todos estos tres capítulos, Mateo 5 al 7. Pero, como decía Jonathan, bueno, en realidad fue un solo sermón. Y en esta sección del capítulo 6, hoy voy a hablar de los versículos 1 al 15 del capítulo 6, enfocado específicamente en este tema de la oración: cómo orar.
Aunque originalmente me tomé ocho sermones para hablar del Padre Nuestro, entonces hoy voy a tratar de resumir esos ocho sermones en uno solo. Y creo que hay una ventaja en verlo de esa manera: tratar de entender en un solo mensaje de qué se trata realmente la oración, cómo es la oración, para qué es la oración. Y si están tomando apuntes, no voy a leer todos los versículos que van a aparecer, porque estoy tomando todo esto de mis viejos apuntes de lo que ya prediqué. Pero creo que es útil que ustedes vean algunas de las referencias que, aunque no nos metamos a ellas en detalle, pueden apuntarlas y estudiarlas con calma. Y al final también voy a darles algunas recomendaciones de algunos libros que creo que pueden ayudarles en este tema.
Donde nos habíamos quedado
Entonces, hemos estado viendo cómo es que Jesús da este sermón enfocado en el corazón del hombre, enfocado en nuestra tendencia natural a justificarnos a nosotros mismos, a pensar que realmente no estamos tan mal porque no hacemos ciertas cosas. Pero el Sermón del Monte nos ha confrontado con el hecho de que nuestro corazón es engañoso más que todas las cosas, y que nuestra tendencia hacia el mal es natural. Eso es hacia donde gravitamos naturalmente como seres humanos caídos. Y entonces nos ha estado confrontando una y otra vez el Sermón del Monte con nuestra realidad: que realmente todos tenemos un problema con Dios, todos hemos quebrantado la ley de Dios, porque desde nuestro corazón la quebrantamos.
Y muchos de los aspectos de la vida cotidiana nos muestran cómo todo el tiempo estamos luchando con lo que no deberíamos de hacer. Lo que Dios manda que hagamos, no lo hacemos; y lo que Dios dice que no hagamos, sí lo hacemos. Entonces, en esas dos direcciones es que realmente quebrantamos la ley de Dios. Y entonces, al final del capítulo 5, y es lo que se veía el domingo pasado, tenemos este mandamiento de amarnos, de demostrar el amor aun a nuestros enemigos, y de esa manera reflejar a Dios. Porque si Dios manifiesta Su gracia común, que implica que manifiesta Sus bendiciones y Sus regalos a aquellos que son Sus enemigos también, no nada más para Sus hijos sino también para Sus enemigos, entonces nosotros tenemos la responsabilidad de también amar a nuestros enemigos para reflejar a Dios.
Y nos ha estado confrontando con esto. Ahí es donde nos habíamos quedado: con cómo manifestamos la gracia, el amor de Dios. Y creo que ahora el capítulo 6 va a mostrarnos cómo podemos manifestar la gracia de Dios para amar a nuestros enemigos, para perdonar a los que nos ofenden. ¿Cómo hacemos eso? ¿Cuál es la estrategia que Dios nos da para que realmente podamos vivir estas cosas que parecen tan difíciles, tan imposibles? ¿Quién cumple con estas cosas? ¿Quién puede decir: "Sí, yo soy perfecto como el Padre es perfecto; sí, mi justicia supera la justicia de los fariseos"? ¿Quién puede decir eso? Todos nos sentiríamos abrumados con todos estos mandamientos, con todas estas expectativas de lo que significa ser un hijo de Dios que refleja a Dios. ¿Cómo lo hacemos?
Lectura: Mateo 6:1-8
Bueno, versículos 1 al 8 del capítulo 6. Quiero mostrarles, creo, cómo nos dice el Señor que podemos hacer estas cosas:
"Cuídense de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de otra manera no tendrán recompensa de su Padre que está en los cielos. Por eso, cuando des limosna, no toques trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres. En verdad les digo que ya han recibido su recompensa. Pero tú, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha, para que tu limosna sea en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ustedes oren, no sean como los hipócritas, porque a ellos les gusta ponerse en pie y orar en las sinagogas y en las esquinas de las calles para ser vistos por los hombres. En verdad les digo que ya han recibido su recompensa. Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Y al orar, no usen ustedes repeticiones sin sentido, como los gentiles, porque ellos se imaginan que serán oídos por su palabrería. Por tanto, no se hagan semejantes a ellos, porque su Padre sabe lo que ustedes necesitan antes que ustedes lo pidan".
La mejor recompensa
Entonces, ¿cómo hacemos esto? ¿Cómo vivimos la vida cristiana? Bueno, comienza con qué hay detrás de la motivación por la cual hacemos las cosas, qué es lo que realmente estamos buscando. Cuando hay un individualismo que busca que nosotros seamos el centro de todo, no vamos a poder amar a la gente como deberíamos de amarlos, no vamos a poderlos perdonar como deberíamos de perdonarlos. Si nosotros somos lo más importante, y si lo que nos preocupa es cómo la gente nos percibe, no vamos a poder seguir los mandamientos de Dios.
El texto nos dice: céntrate en una cosa, que es: busquen la mejor recompensa. No es la recompensa de que ustedes se sienten especiales y los más importantes en todo el universo, donde todo gira en torno a ustedes, sino: encuentren su satisfacción y su identidad en Dios y en qué es lo que piensa Dios de ustedes. Ese es el secreto, esa es la clave de cómo es que vamos a poder amar a los demás correctamente, cómo es que vamos a poder perdonar a los demás correctamente, y cómo es que podemos dar ofrenda correctamente, que son los versículos 1 al 4, y cómo podemos orar correctamente, que son los versículos 5 al 8.
¿Cómo podemos orar correctamente buscando la mejor recompensa? ¿Que viene de quién? ¿De gente como nosotros? Cuando la gente nos dice: "Ah, qué bonito oras, porque tú no eres de esos que tartamudean y se traban y no saben cómo orar". Pero el otro hermano, mira, hasta riman sus palabras cuando está orando. Y eso es un poco de lo que está diciendo aquí: ¿quién es la satisfacción de nuestras almas? ¿Qué es lo que estamos buscando? ¿La aprobación de quién?
Un Dios que ve en lo secreto
Bueno, el Dios de la recompensa. Hay muchas cosas que quiero decir, no las voy a decir porque no tengo tiempo de decirlas, pero hay dos cosas que están en el texto, y es conocer la clase de Dios que tenemos, que puede recompensarnos. Número uno, versículo 6: es un Dios que ve en lo secreto. Entonces, por eso es que nos invita a que nuestra oración no sea nada más pública. Sí, debe de ser pública y en comunidad, y todo el Nuevo Testamento está lleno de ejemplos de cómo oraba la comunidad de los santos juntos. Pero además, y especialmente, este es el fundamento: o sea, que nuestra oración en público sea el resultado de nuestra oración en lo secreto.
Pero eso tendría que hacernos evaluar a todos, pues, cómo está ese porcentaje. O sea, si oramos más en público de lo que oramos en lo privado. Nuestra oración pública debe ser el resultado de que realmente nos importa la oración. Y entonces, aunque la gente no nos vea orando... Si alguien nos pide aquí que oremos, oramos: "Ah, sí, hermano, yo oro". Pero si no hay nadie que nos está pidiendo hacerlo, ¿lo hacemos? Si no hay algún tipo de presión para hacerlo y para quedar bien, ¿oramos? Es la pregunta que nos está planteando. Y al conocer a nuestro Dios, entendemos que Él ve todo lo que los demás no ven. Y entonces yo voy en lo secreto, oro al Señor y en lo secreto es que conozco al Dios que es omnipresente. Él está en todo lugar, a diferencia de ustedes: ustedes no me ven en lo secreto, pero Dios sí. Conozco al Dios con el que estoy orando, lo cual significa que la gente no me tiene que ver para que mi oración sea importante.
Un Dios omnisciente
Número dos, versículo 8: es un Dios omnisciente. ¿Se dan cuenta? Este es el tipo de Dios que tenemos. "Todavía no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. Detrás y delante me rodeaste, y sobre mí pusiste tu mano". Esa es la oración del salmista, Salmo 139: esta idea de que Dios conoce nuestros pensamientos, conoce toda nuestra vida. Y entonces, que podemos venir a Él con toda confianza, porque Él es omnisciente, porque Él sabe todas las cosas. De Él recibiremos nuestra mejor recompensa siempre.
Entonces, cómo orar: eso es lo primero que establece Jesús. Cómo orar buscando ser recompensados. No debemos pensar en la recompensa como algo carnal necesariamente: "Ay, si quiero que algo bueno venga para mí, entonces eso ya no es espiritual". No, de hecho es lo más espiritual que puedes hacer: querer que haya algo bueno para ti, pero que sea lo mejor, realmente, que venga de Dios; que Él sea nuestra recompensa.
El Padre Nuestro
Así que ya vieron, ya estudiamos ocho versículos, pero aquí bajamos un poquito la velocidad, porque llegamos al Padre Nuestro. Dice, y hay un paralelo a este pasaje en Lucas 11: "Ustedes, pues, oren de esta manera: 'Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre. Venga Tu reino. Hágase Tu voluntad, así en la tierra como en el cielo. Danos hoy el pan nuestro de cada día. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del mal. Porque Tuyo es el reino y el poder y la gloria para siempre. Amén'".
Bueno, vamos a recorrer esto rápido, pero pensando en las implicaciones de qué es esta estructura que nos da Jesús como un ejemplo. Recuerden: no es con vanas repeticiones. No se trata de repetir esta oración; se trata de encontrar cuáles son los principios que Jesús nos está dando sobre la oración cuando Él hace esta oración. Y aquí están.
¿Por qué oramos?
¿Por qué oramos? Esto es un mandamiento de Dios. Y nada más quiero establecer primeramente que esto es importante: Jesús está diciendo que es importante. Y a veces podemos, especialmente cuando enfatizamos tanto la soberanía de Dios y la omnisciencia de Dios, es fácil pensar: "Bueno, ¿para qué oramos, si Dios ya sabe todo, si Él ya va a hacer lo que Él quiera hacer de todas maneras? ¿Por qué oramos?".
Bueno, número uno, porque es un mandamiento. Aquí está claramente: "Oren de esta manera". Número dos, porque nos lleva a depender de Dios. Como vamos a ver en un momento, la oración es la clave para aprender dependencia de Dios. Y número tres, es porque Dios se complace y goza en incluirnos en Sus planes. Es decir, Dios ordena no nada más el fin, sino los medios a través de los cuales llega ese fin. Entonces, Dios va a hacer Su voluntad en la tierra, sí, pero Dios va a hacer Su voluntad en la tierra a través de la iglesia y a través de la oración de los santos que conforman a la iglesia. Es la manera en que Dios soberanamente ha decretado que se den las cosas: a través de nuestra oración. Entonces, no podemos minimizar ni menospreciar el valor que tiene la oración en nuestras vidas, la centralidad que tiene la oración en nuestras vidas.
La estructura del Padre Nuestro
Así que, ¿cómo está estructurado el Padre Nuestro? Está estructurado de la siguiente manera. Tenemos esta primera parte: "Padre nuestro que estás en los cielos". Esta es la parte que nos explica a quién oramos: entender con quién estamos hablando. Número dos, establece el "santificado sea Tu nombre", que es por qué oramos, cuál es el objetivo de nuestra oración: es para que Él sea glorificado. Número tres, tenemos "venga Tu reino, hágase Tu voluntad, así en la tierra como en el cielo". Eso es cómo contesta Dios: de acuerdo a Su voluntad y para la expansión de Su reino en la tierra. Eso es cómo contesta Dios.
Ya tenemos esas tres cosas establecidas, que es en relación a Dios. Eso es como está estructurado el Padre Nuestro. Y después, las siguientes tres cosas son: número uno, "el pan de cada día, dánoslo hoy", que habla acerca de nuestras necesidades físicas, cómo es que Dios va a suplir nuestras necesidades físicas. Número dos, "perdónanos nuestras deudas", que habla acerca de nuestra necesidad de reconciliación con Dios, nuestra necesidad de tener paz con Dios. Y número tres, habla acerca de "líbranos del mal": nuestra necesidad de ser santificados por Dios. Entonces tienen dos grupos de tres: uno está enfocado en Dios, y los últimos tres enfocados en nosotros.
La cosa acerca del Padre Nuestro que es muy interesante, que nos reta en nuestra manera de orar, es que, bueno, todos sabemos que tenemos necesidades. Eso no está en duda. Todos pensamos: "Tengo necesidades, sí, sí, tengo necesidades". Y por lo regular pensamos en las físicas principalmente: no tengo dinero, no tengo salud, no tengo trabajo, no tengo la escuela a la que quiero entrar, no tengo esposa todavía... Bueno, o sea, la lista es interminable. Y entonces, por lo regular, comenzamos con nuestras necesidades. Ahí empezamos, ahí arrancamos con nuestra oración: "Señor, necesito, dame".
Pero lo que nos enseña primeramente el Padre Nuestro es que, antes de venir a Él con nuestras necesidades, tenemos que entender por qué esas necesidades van a ser suplidas, por qué y por quién van a ser suplidas; que entendamos eso claramente. Por eso empieza el Padre Nuestro haciéndonos pensar en Dios, y en Sus atributos, y en Sus planes y Sus propósitos, para que eso ponga en perspectiva nuestras necesidades y nuestra propia condición humana. Entonces, ahí vamos. Creo que voy bien.
"Padre nuestro"
"Padre nuestro". ¿Qué implica cuando empieza el Padre Nuestro con "Padre nuestro"? "Padre nuestro" habla acerca de esta relación íntima, de esta relación cercana. En el Antiguo Testamento, 14 veces en el Antiguo Testamento es que hay una referencia a Dios como Padre. Pero lo interesante en el Antiguo Testamento es que todas estas referencias a Dios como Padre siempre son como nación: es Padre de la nación, nunca de un individuo en particular. Nunca un individuo ha llamado a Dios Padre en el Antiguo Testamento hasta este punto en que Jesús aparece en la escena, donde ahora Él, más de 60 veces en los evangelios, Jesús llama al Padre "Padre", le dice directamente "Padre". Excepto una vez, y es cuando estaba en la cruz y dijo: "¿Por qué me has abandonado?". Esa es la única vez en la cual no usa esa expresión.
La idea del Padre Nuestro es una nueva relación, la que establece una nueva relación en la cual no estamos naturalmente. Como seres humanos, nosotros no somos hijos de Dios naturalmente. Necesitamos ser adoptados por Dios para que pertenezcamos a la familia de Dios y para que podamos llamarle a Dios Padre, lo cual es una expresión de la gracia de Dios. Por ejemplo, en Juan capítulo 1, versículo 12, dice: "Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en Su nombre, que no nacieron de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios".
Entonces, no somos hijos de Dios; no todo el mundo es hijo de Dios. Somos todos criaturas de Dios, pero hay una categoría especial de los que pueden llamar a Dios Padre. Y vamos a ver un poquito más de cómo es eso cuando lleguemos a la parte de "perdónanos nuestras deudas". Pero eso es algo muy importante que establecer, porque es un llamado a todos los que están aquí para que piensen cuál es su relación con este Dios. ¿Realmente pueden llamarlo Padre? ¿Realmente, este sentido de cercanía? Yo pienso en mis hijos, y pienso en la manera en que ellos tienen ciertos privilegios en relación a mí que otros no tienen.
Esa es la verdad. O sea, los que son nuestros hijos tienen un privilegio que no pertenece a nadie más. Y parte de ese privilegio es vivir en mi hogar, tener mi sustento en el hogar, donde ellos tienen derecho a la comida que compramos, al techo que proveemos, la ropa que ellos usan. Todo eso viene de su padre, y es un derecho que ellos tienen ahora en esa filiación, en esa relación, que otro no tiene. Si alguien viene a tocar a mi puerta y me dice: "Ah, quiero vivir en tu casa", digo: "¿Por qué?". O sea, ¿entienden esta dinámica, donde no es lo mismo para cualquiera?
Y esto es lo que es importante entender en el Padre Nuestro: que está estableciendo que, en realidad, nosotros éramos por naturaleza hijos de ira, como dice Efesios 2. Esa es nuestra verdadera condición. Y entonces tenemos que ser tomados de esa categoría y ser puestos como hijos de Dios en un modelo de adopción. Y por eso es tan importante el ministerio de adopción, porque eso es lo que refleja lo que Dios ha hecho con nosotros, y por eso es tan poderoso lo que comunica acerca de Dios cuando adoptamos.
Abba, Padre
Y hay esta palabra en hebreo que se usa, que es Abba. Ustedes probablemente la conocen, y es simplemente esta expresión de familiaridad, de cercanía, como "padre querido". Hay muchas maneras en que se ha tratado de traducir. Es simplemente la expresión de lo que un hijo realmente expresa a su papá. No habla así con nadie más. Tengo amigos cercanos, y algunos que ni siquiera tengo tanto tiempo de conocerlos, y le dicen a sus hijos que me digan "tío". Entonces ahí vienen los niños: "¡Tío, tío!". Y la verdad es que no soy su tío, pero es esta idea de, pues, más cercanía. Pero nunca he conocido a alguien que le diga a sus hijos: "Dile papá". Eso sería raro, ¿no?
Pero cuando hay esta cercanía, cuando puedes llamar a alguien padre, cuando puedes decir "sí, papá", es una expresión de cercanía que Dios nos da. Y es lo que leemos en Gálatas 4, en Romanos 8: Dios está mostrándonos Su amor y Su apoyo a pesar de nuestro pecado, y nos hace ver nuestra necesidad de un padre, porque somos débiles.
Y solo quiero decir una cosa aquí. Yo sé que siempre que sale este tema del padre, obviamente la gente puede pensar: "Bueno, es que mi padre no fue un buen padre, y no me gusta pensar en Dios como padre, porque tengo la relación de un padre que me abandonó, un padre que fue abusivo", muchas otras cosas. Pero si tú puedes poner a tu papá en la categoría de un mal padre, significa que existe un estándar, ¿no? Significa que entiendes cómo debería de verse un padre. Y espero que puedan pensar en la realidad de Dios como un padre perfecto, un padre que realmente sí cumple el estándar que ningún padre aquí puede cumplir. Todos nos quedamos cortos con nuestros hijos de cómo deberíamos de ser como padres, y simplemente buscamos imitar al Padre perfecto.
"Nuestro" es una expresión de familia. Significa que no estamos solos en esta relación de hijo y padre; significa que existe una familia. No es la invitación a decir "Papá mío"; es la invitación a decir "Padre nuestro". Significa que tú también eres Su hijo, tú también eres Su hijo, tú también eres Su hijo, y eso nos hace hermanos. Por eso nos decimos hermanos. Entonces, todo eso está contenido en esas primeras dos palabras.
"Que estás en los cielos"
Tengo que ir más rápido. "Padre nuestro que estás en los cielos". Entonces tenemos una idea de Dios como que baja a nuestro nivel para que pueda estar cerca de nosotros, como un padre. Pero además, "que estás en los cielos" manifiesta la idea de trascendencia. No nada más estás cerca de nosotros, sino que también estás por encima de nosotros; Tú eres mucho más grande que nosotros. Y realmente no es así, nada más horizontal, la relación: tiene que ver con una criatura infinitamente pequeña en comparación con el Dios que está por encima de esta criatura. Entonces, al mismo tiempo que Dios está cerca de nosotros, está por encima de nosotros, y muestra Su soberanía. Y de hecho nos muestra que podemos tener confianza y verdadera dependencia en Él justamente porque es tan grande, tan por encima de todas las cosas. Eso es lo que nos está mostrando "que estás en los cielos".
"Santificado sea tu nombre"
"Santificado sea Tu nombre" nos habla acerca de la honra que debemos a Dios. Eso es lo que está en Éxodo 20, sobre "no tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano, porque el Señor no tendrá por inocente al que tome Su nombre en vano". El principio de la sabiduría es el temor del Señor. Y cómo vemos a Dios, y cómo vemos Su nombre como lo más grande, lo supremo en nuestras vidas, moldea nuestras vidas, moldea nuestras oraciones, de tal manera que empezamos a entender que lo primero en nuestras oraciones es: "Señor, ¿cómo es que yo puedo honrarte a Ti?".
Y hay tres... Es mi resumen, no me voy a meter en detalle en estas cosas, pero el resumen es que queremos honrar a Dios en lo que creemos acerca de Él. O sea: "Quiero reflejarte correctamente, como Tú quieres ser comunicado en mi vida". Es decir, no quiero reflejar a un Dios falso, inventado de acuerdo a mi propia imaginación; quiero reflejarte a Ti, el Dios revelado en la Biblia. Como Tú quieres ser conocido, así quiero reflejarte. Entonces, el Dios en que creemos: quiero creer lo correcto acerca de Ti, quiero reflejar lo correcto acerca de Ti, y quiero depender correctamente de Ti.
Y cuando yo dependo correctamente de Ti, estoy honrando Tu nombre, porque cómo yo me someto a Dios, cómo yo veo a Dios, es la manera en que glorifico a Dios, ¿no es cierto? Es mi adoración a Dios. Lo que ve el mundo en cómo dependo de este Dios habla de cómo lo honro a Él. Dios quiere ser conocido a través de Sus nombres. En la Biblia, Dios se da esos nombres; quiere que conozcamos esos nombres. Y nuestra oración es que Su nombre y Su persona sea reverenciada, que sea tratada como santa. Y nuestro deseo es que Dios sea conocido como Él es realmente.
Podemos tener muchas ideas acerca de Dios, pero podemos no vivir esas realidades acerca de Dios en nuestras vidas, que conocemos. ¿Ven la diferencia? Entonces, "santificado sea Tu nombre" habla de cómo vivimos las realidades que conocemos acerca de este Dios: "Ayúdame a conocerte más y a experimentar estas realidades, de tal manera que Tú seas honrado, que Tu nombre sea honrado a través de mi vida".
"Venga tu reino"
"Venga Tu reino". Hay tres aspectos en los cuales el reino de Dios es revelado en la Palabra de Dios, y es el reino pasado, presente y futuro. El reino ya vino a través de Jesús, como leemos en Mateo 12: "El reino de Dios ha llegado a vosotros". Entonces ya hay una realidad pasada del reino. También el reino está aquí, en nosotros. Entonces, a través de la iglesia, a través del avance del reino de Dios en Su iglesia, es que el reino sigue avanzando. Entonces hay un sentido pasado, presente, y también hay un sentido futuro: el reino será establecido cuando el Hijo entregue el reino al Padre, como leímos y estudiamos en 1 Corintios 15.
Entonces, cuando decimos "venga Tu reino", estamos pensando en todas estas dimensiones acerca del reino de Dios: "Sí, Tú ya viniste, estableciste Tu reino; nosotros estamos avanzando Tu reino; y también hay un reino futuro que Tú quieres que veamos como la esperanza en nuestras vidas, porque Tú harás perfectas todas las cosas", mientras sigue avanzando el reino a través de la predicación del evangelio. Entonces la pregunta es, hermanos: ¿qué tan comprometidos estamos con el reino de Dios? Y esto va a venir hacia el final de este capítulo: "Busca primero… primeramente el reino de Dios y Su justicia". ¿Qué tan comprometidos estamos realmente con el reino de Dios, con la idea de que el reino de Dios es lo más importante? No nuestro reino, no los reinos terrenales y políticos, sino el reino de Dios. Y esta parte del Padre Nuestro nos recuerda que el reino tiene un Rey. Todo ser humano será confrontado finalmente con la realidad del Rey Jesús, de este reino, que es el verdadero reino eterno.
"Hágase tu voluntad"
Entonces, bueno, "hágase Tu voluntad", que establece la soberanía de Dios. Él es soberano sobre todas las cosas, y podemos dividir esta soberanía y esta voluntad de Dios en dos categorías: en los decretos y los preceptos. Decretos creativos y redentivos que Dios tiene a lo largo de toda la historia. Muchos de ellos son secretos; muchas de estas cosas de la voluntad de Dios no las sabemos. Entonces, cuando decimos "hágase Tu voluntad", entendemos que hay muchas cosas de la voluntad de Dios que no conocemos: "Señor, ¿con quién me voy a casar?". Muchos quisieran saber la respuesta a esa pregunta, pero no les ha sido revelada todavía. Sigan yendo a los campamentos de jóvenes y la descubrirán.
Pero hay muchas cosas de la voluntad de Dios que son secretas, que no nos han sido reveladas. Y no sé cuánto tiempo me queda de vida; Dios no me ha revelado eso. Hay muchas decisiones a las que nos enfrentamos todos los días, en donde no sabemos si ir para acá o para acá, y las dos son buenas opciones. ¿Voy a esta iglesia o voy a esta iglesia? Las dos son de sana doctrina. ¿O voy a esta escuela o a esta escuela? Las dos escuelas parecen ser buenas opciones para mí. Es decir, siempre estamos siendo confrontados con decisiones en las que no sabemos qué hacer.
Y está esa voluntad secreta de Dios. Como dice Romanos 8, qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu intercede por nosotros con gemidos indecibles. Es decir, hay este misterio en la voluntad de Dios. Podemos orar con confianza: "Señor, Tú eres soberano. No sé cuál sea Tu voluntad; no sé si es sanar o no sanar; no sé si es mantener con vida o que muera; no sé cómo va a ser. Pero sé que Tú eres soberano, y sé que lo que sea que Tú quieras hacer es para Tu gloria. Ayúdame a aceptarlo, ayúdame a aceptarlo".
Y tenemos, de hecho, un ejemplo en el mismo huerto de Getsemaní de esta oración, ¿no? En este jardín donde Jesús oró: "Si es posible, que pase de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la Tuya". Y eso está en contraste, como paralelo, con el primer jardín, donde lo que se dio en relación a la voluntad de Dios fue: "No se haga Tu voluntad, sino la mía", cuando Eva y Adán comieron del fruto. Y ahora Jesús, diciendo en otro jardín: "No se haga mi voluntad, sino la Tuya". Es esta perspectiva de entender que nosotros existimos no para nosotros mismos, sino para la gloria de Dios y para Sus propósitos, aun cuando no se sienta que es lo que queremos. Normalmente no nos gusta la voluntad de Dios.
Pero también está Su voluntad revelada, la cual está clara. "Señor, ¿es Tu voluntad que mienta en esta ocasión, por una vez?". Sabemos... no, sabemos cuál es Su voluntad revelada. Entonces: "Hágase Tu voluntad como está revelada en Tu Palabra. Ayúdame a vivir los mandamientos, los principios que Tú has establecido, para que Tú seas glorificado en mi vida, para que Tu nombre sea santificado". Entonces es en nuestras vidas que buscamos que se haga Su voluntad, en nuestras oraciones.
"Así en la tierra como en el cielo"
Número... no sé ya con qué número vamos, pero es la siguiente frase: "así en la tierra como en el cielo". Nos muestra esto, brevemente nada más: es en la historia redentiva, en la teología bíblica, que tenemos esta idea de que el pecado en Génesis separó el cielo y la tierra. En el huerto del Edén, ambas eran una sola realidad: era la comunión de Dios con el hombre sin separación, sin algún tipo de barrera, que fue establecida cuando entró el pecado en el mundo. Y eso creó estas dos categorías muy claras, cielo y tierra, donde la tierra está en corrupción y en maldición, y el cielo está en este estado de santidad y gloria y perfección.
Y entonces, otra vez, lo que Dios está haciendo a través de la historia redentiva es llevarnos hacia donde otra vez el cielo y la tierra se conviertan en una misma realidad nuevamente. Y eso es lo que leemos en Apocalipsis 21 y 22: cómo es que el cielo y la tierra regresarán a ser una misma realidad. Entonces, nuestra oración está enfocada en ver este panorama más amplio de cómo Dios está trabajando en todas las cosas para que en la tierra, al ir avanzando el reino, estemos preparándonos para que Su voluntad sea la misma en el cielo y en la tierra. Podemos anticipar ya esa realidad cuando vivimos nosotros nuestra vida como creyentes redimidos, la iglesia.
Entonces, el pecado separó el cielo y la tierra, y el plan de Dios concluye con el reino celestial uniéndose al terrenal. Y eso realmente se trata de que la historia nos lleve a una sola voluntad: es la voluntad de Dios. Por eso es que Filipenses 2:9 dice: "Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre". Entonces, ahí está. Eso es, creo yo, en grandes rasgos, lo que nos está comunicando esta primera parte del Padre Nuestro.
Las tres peticiones
Ahora vamos con las tres peticiones que siguen. Nuevamente, como un recordatorio, estas tres peticiones están divididas en una petición de nuestro sostenimiento físico; en una petición de reconciliación, que es "perdónanos", que es justificación; y en una petición que tiene que ver con nuestra santificación, que es "no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal". Entonces hay algo interesante. No tengo tiempo para meterme en todo esto, pero realmente estas tres peticiones están en tres categorías. Entonces está la parte física y la parte espiritual, que se divide en nuestra relación con Dios y luego en cómo interactuamos en este mundo.
Pero si pensamos en relación a la Trinidad, el rol que la Trinidad juega dentro de nuestras vidas, podemos ver más o menos cómo el Padre tiene este rol de sustento, de provisión en nuestras vidas; y cómo el Hijo tiene este rol de reconciliación en nuestras vidas; y cómo el Espíritu Santo tiene este rol de santificación y sustento en nuestras vidas. Entonces, provisión, reconciliación y sustento: esas tres áreas las podemos ver más o menos cómo están siendo desarrolladas, donde entendemos cómo Dios en la Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, están trabajando activamente en nuestra vida diaria. Necesidades en nuestro pasado, lo cual habla de nuestra justificación; nuestras necesidades en el presente, que es el sostenimiento y la santificación; y nuestras necesidades también en el futuro, anticipando que nunca vamos a dejar de depender de Dios en estas áreas. Eso va a seguir por toda la eternidad.
"El pan nuestro de cada día"
Entonces, pan: "El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy". Esto nada más simplemente nos recuerda que tenemos una dependencia absoluta en Dios. Y esa dependencia, y aquí voy rápido porque quiero detenerme más en el siguiente punto, es para lo que es necesario. "Señor, necesito una casa más grande; Señor, necesito un mejor carro; necesito un mejor salario; necesito ganar la lotería". Esas no son necesidades; muchas veces son deseos que tenemos. Y es importante ver en esta oración que realmente el enfoque está en lo necesario, en lo que es necesario para vivir.
Y creo que, en general, en nuestra iglesia podríamos decir que todos estamos en esta categoría, ¿bien? Sí, tenemos lo que necesitamos; no lo que quisiéramos tener, pero sí lo que necesitamos tener. Y es para el presente. Vamos a ver más sobre esto el próximo domingo, pensando en la provisión de Dios, el futuro. De hecho, ustedes pueden ver más adelante; Él va a hablar acerca de esto en el versículo 25: "No se preocupen por su vida, qué comerán o qué beberán, y por su cuerpo, qué vestirán. ¿No es la vida más que el alimento, el cuerpo más que la ropa?". Va a venir más sobre este punto. Y es interesante cómo las mismas cosas que están en el Padre Nuestro se desarrollan todavía más en el Sermón del Monte. Así que viene más sobre eso también en el capítulo 7. Y obviamente, cuando pedimos el pan, decimos: "Dame, dame el pan que necesito", estamos entendiendo que esto no es lo más importante que necesitamos. Sí lo necesitamos, sí es importante, pero no es lo más importante. Por eso es que Jesús dijo en Su tentación: "No solo de pan vivirá el hombre", porque hay algo más importante. Y eso lo vamos a ver más en relación también al ayuno el próximo domingo.
Entonces, solamente aquí tengo unos puntos para pensar acerca de lo que significa "el pan nuestro de cada día, dánoslo hoy". Es para la gloria de Dios: "Ya sea que coman o que beban o que hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios". Entonces, aun nuestro sustento físico es para la gloria de Dios. De hecho, podemos pensar que es insignificante, o que es material y mundano pensar en necesidades físicas. Pero la verdad es que Dios nos da esas necesidades, suple esas necesidades, para que a través de esas necesidades suplidas también lo glorifiquemos.
"Perdónanos nuestras deudas"
Bueno, me gustaría hablar más sobre eso, pero quiero llegar a este punto, porque creo que aquí hay algo que a veces no recordamos en nuestra oración, y es la deuda que tenemos con Dios: "Perdónanos nuestras deudas". ¿Cuáles son estas deudas? ¿Qué le debemos a Dios? Porque si tú sales y le dices a alguien: "¿Cómo va tu deuda con Dios?", diría: "¿Deuda? ¿Qué le debo a Dios? ¿Me prestó dinero? ¿Cómo funciona esto? O sea, no entiendo a qué te refieres si dices 'tengo una deuda con Dios'". Pero Jesús claramente dice que todos tenemos una deuda con Él.
Y esa deuda, número uno... Y aquí puse este pasaje de Lucas 7, donde Dios perdona a esta mujer que lava Sus pies con su cabello, y dice: "Aquel a quien se le ha perdonado mucho, ama mucho". Entonces esta parte es crucial: es entender qué es lo que Dios nos ha perdonado. Dentro de nuestra oración está que tenemos una deuda con Dios, y esa deuda es real. O sea, no es imaginaria. Queremos suprimir esa verdad de que tenemos una deuda; queremos no pensar en que tenemos una deuda con Dios; queremos pensar que todas las cosas están bien con Dios. Pero cada vez que oramos, tenemos que ser confrontados con el hecho de que, de hecho, sí necesitamos ser perdonados.
Y la razón por la cual necesitamos ser perdonados es porque esa deuda no nada más es real, sino que es grave. Es infinitamente grave, porque cuando tú ofendes a un Dios infinitamente santo, infinitamente glorioso, entonces esa ofensa se vuelve equivalentemente infinita. Y por eso es que Jesús dio una historia en Mateo 18. Vamos a verla en un momento, pero pone en perspectiva qué tan grande es la deuda que realmente tenemos. No nada más es grave, sino que también es eterna. Esa deuda tiene que ser pagada, y tiene que ser pagada eternamente, porque Dios es un Dios eterno, y Su valor es proporcional a la manera en que la deuda es pagada. Escribí algo de eso en el libro de Si Dios es bueno, ¿por qué existe el mal?; pueden leer sobre eso en relación al infierno.
Pero el punto es que entendamos qué tan profundo es de lo que estamos hablando. No es algo nada más superficial, como: "Ay, discúlpame, choqué contigo". "Ay, perdón". "Y ya, no pasa nada". Es el tipo de disculpas que nos damos entre nosotros, donde parece que no hay gran ofensa muchas veces en la razón por la cual nos estamos disculpando constantemente. Aquí estamos hablando de una deuda real, de una deuda profunda, de una deuda grave, de una deuda que nadie puede pagar.
Una deuda perdonable
Lo cual me lleva a mi último punto, que es que esta deuda es perdonable. Y eso es de lo que nos habla Colosenses 2:13: "Cuando estabais muertos en vuestros delitos y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con Él, habiéndonos perdonado todos los delitos, habiendo cancelado el documento de deuda que consistía en decretos contra nosotros y que nos era adverso, y lo ha quitado de en medio, clavándolo en la cruz. Y habiendo despojado a los poderes y autoridades, hizo de ellos un espectáculo público, triunfando sobre ellos por medio de Él".
¿No les encanta la esperanza que la Palabra de Dios nos da cuando dice: "Sí, sí tienes una deuda, pero esa deuda es perdonable"? En base a lo que Jesucristo hizo en la cruz, en base a Su justicia perfecta, en base al hecho de que era Dios mismo el que estaba entregándose por nosotros, es que podemos tener confianza de que nuestros pecados son perdonados cuando ponemos nuestra fe en Él. Cuando pedimos perdón y decimos: "Sí, Señor, perdona mi deuda por lo que Jesús hizo", ¿saben qué pasa? No hay más deuda. Eres completamente inocente. "¿De veras, Señor? ¿Lo único que tengo que hacer es pedírtelo? 'Perdona mis deudas', te lo pido con mi fe y mi confianza en Jesucristo, ¿y Tú lo vas a hacer?". Sí, así de simple. Sí. ¿No es increíble la esperanza que encontramos en la Palabra de Dios para nuestras vidas?
Pero se nos olvida orar para pedir perdón, para reconocer nuestra necesidad de perdón en nuestra vida, recordar lo que Jesús hizo por nosotros día a día, hermanos. No es nada más algo que pensamos: "Ah, sí, un día yo le pedí perdón a Jesús". Día a día: "Señor, yo sé que he sido justificado, pero yo sé que sigo ofendiéndote en mi vida. Señor, muéstrame las cosas que están mal en mi vida. Examina mi corazón; muéstrame si hay algo de perversidad ahí; guíame en el camino eterno". Entonces hay este sentido de reconciliación constante con Dios.
Número dos, y esto está aquí: el perdón que encontramos con Dios, 1 Juan 1, que es lo que citaba ahorita, nos trae paz, nos trae libertad, y es confiable. Si Dios dice que nos perdona, nos perdona. No debe de haber duda en nuestro corazón acerca de un Dios que es completamente confiable en todo lo que dice que hace. No puede mentir, dice el autor de Hebreos, en Hebreos. Y es perfectamente justo. Trae paz, trae libertad, es confiable y es perfectamente justo.
"Como también nosotros hemos perdonado"
Lo cual me lleva al siguiente punto, que es... eso está en el texto, está en la oración: "Perdona nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores". Y por supuesto, aquí es fácil brincarnos esa parte de la oración, ¿no? En realidad, ¿cuándo hemos puesto en perspectiva este perdón de Dios? Y aquí es donde entra esta historia que cuenta Jesús en Mateo 18. Pueden leerla. Es sobre los dos deudores, y uno debe 10,000 talentos. Y 10,000 talentos... un talento era el equivalente de un año de salario, un talento. Entonces, hagan la conversión en su mente: cuánto ganan en un año, y multiplíquenlo. ¿Cuánto es esta deuda, más o menos, en nuestro tiempo? ¿Cuánto sería? Y la deuda que este otro hombre tenía, creo que era el equivalente de tres meses de salario, o algo así, ¿no?
Entonces, imagínense esta proporción. Y aquí es donde siempre, si oramos así, tenemos un problema, porque lo que está diciendo la oración realmente es, número uno: nuestra deuda realmente es infinita, y la deuda que otros tienen para con nosotros es muy pequeña. Esa es la primera cosa. Número dos, es que Dios nos está poniendo a orar así justamente para confrontarnos con: ¿realmente entiendes el evangelio? O sea, ¿realmente entiendes lo que te fue perdonado, o menosprecias el perdón de Dios, si tú no puedes perdonar a alguien más? Dice el texto, básicamente, y esto va a venir en el versículo 14 y 15: "Porque si ustedes perdonan a los hombres sus transgresiones, también su Padre celestial les perdonará a ustedes. Pero si no perdonan a los hombres, tampoco su Padre les perdonará a ustedes sus transgresiones".
Entonces, la idea es que si tú no entiendes qué tan grande es el perdón de Dios en tu vida, entonces, por supuesto, tú no puedes perdonar a alguien más, porque piensas que eso es lo peor: "Lo que alguien me ha hecho es imperdonable". Así nos sentimos muchas veces. Y Dios nos está diciendo: "Mm, sí, es imperdonable". "Es que tú no sabes cuánto dolor me ha traído, tú no sabes cuánta angustia ha traído a mi vida lo que esta persona me ha hecho". No hay nada que alguien te pueda hacer que sea peor que lo que tú le hiciste a Dios. Nada. Entonces, el perdón de la deuda que otros tienen con nosotros, en realidad, si oramos así como está en el Padre Nuestro, termina siendo una bendición o es una maldición que nosotros estamos pidiendo sobre nosotros mismos, ¿no es cierto? "Señor, perdóname, pero yo no puedo perdonar. Pero perdóname como yo perdono". ¡Ah, sí!
Y es la manera más significativa en la cual nos podemos parecer a Dios y podemos reflejar a Dios: el perdón. Vean, y esto está... venimos de ahí, en Mateo 5, y vamos hacia allá también en Mateo 6, en lo que sigue después del Padre Nuestro. Pueden ver claramente: el perdón está antes y después de esta oración. Y aquí está la clave, aquí está el centro de cómo es posible el perdón.
"No nos dejes caer en tentación"
Último punto que nos da: "No nos dejes caer en tentación, sino líbranos del mal". ¿Dónde está nuestra santificación? El poder del Espíritu en nuestras vidas. Esta palabra, y lo puse aquí en el título porque esto es realmente cómo se puede traducir "no nos dejes caer en tentación", esta palabra de tentación puede ser tentación o puede ser prueba. Y realmente hay dos enfoques que la Biblia da sobre esto. El enfoque de tentación, especialmente como es presentado en Santiago 1:13, de que nadie debe de decir "soy tentado por Dios": hay un sentido en el cual la tentación tiene como propósito hacernos caer. Y ese es el propósito que Satanás siempre tiene en la tentación.
Y la razón por la que dice que Dios no tienta a nadie es porque el propósito de Dios en relación a Sus hijos siempre es fortalecerlos y purificarlos a través de la prueba. Entonces, por eso es que Dios no tienta a nadie: porque Su propósito no es hundirnos y hacernos sentir como un fracaso porque no pudimos pasar la prueba, sino, al contrario, ayudarnos a tener una mayor dependencia en Él a través de la prueba, como fue el caso de Job.
Entonces, cuando oramos "no nos dejes caer en tentación", no está diciendo: "Ah, bueno, quita todas las pruebas de mi vida, y no quiero nada difícil, por favor, Señor, porque ya sabes que si pasa algo difícil en mi vida, caigo". No, no es como la oración está planteándolo. "No dejes que Satanás cumpla su objetivo en la prueba, donde yo caiga y dude de Ti en el proceso, donde yo me aleje de Ti en el proceso". Que sea como fue con Pedro, ¿se acuerdan? Lucas 22: "Simón, Simón, mira que Satanás te ha reclamado para zarandearte como a trigo". ¿Y qué le dijiste? "Que no", ¿verdad? Dice: "Bueno, he rogado por ti, para que tu fe no falle; y tú, una vez que hayas regresado, fortalece a tus hermanos".
Siempre hay algo bueno que Dios está haciendo en medio de cualquier prueba. Y la oración es: "Señor, ayúdame a entender cómo es que Tú quieres santificarme a través de la prueba. Ayúdame a pasar esa prueba como Tu hijo, al aprender mayor dependencia de Ti". Y la tentación puede venir en varias áreas: una es de nuestra naturaleza, como dice Santiago; también del mundo; también de Satanás; y también de Dios, la prueba. La tentación tiene varios ángulos de los cuales puede llegar a nuestras vidas. Estamos conscientes de que es así. "Pero, Señor, ayúdame a entender cómo Tú quieres ayudarme a confiar de una manera más profunda en Ti, en Tu plan, y ayúdame a salir de una manera que te glorifique, aunque pase por unos valles en el proceso". Como fue con Pedro: "Aunque tenga que llorar en algún momento porque fallé, sé que Tú me restauras, me levantas nuevamente, y me sigues usando".
"Líbranos del maligno"
Entonces hay este sentido dentro de la tentación y la prueba. Y una manera de traducir, y creo que es mejor traducirlo de esta manera, de hecho, es: "sino líbranos del maligno". "No nos dejes caer en tentación, sino líbranos del maligno". Y Arturo compartía con nosotros ayer, en el retiro de hombres, esta parte de la vida cristiana donde estamos en constante oposición a los ataques de Satanás, donde estamos en una batalla constante, donde tenemos que estar conscientes de lo que Satanás está haciendo en este mundo.
Me gustaría profundizar en todos estos puntos, pero aquí les pongo estas ideas para que las mediten. ¿Cómo libramos la tentación? A través de la oración, como fue en el caso de Jesús. Jesús estaba en oración constante; esto era parte de Su sustento, y creo que también Su sustento a través de la tentación que surgió en el desierto con Satanás. Pero vean lo que pasó en Getsemaní, en Mateo 26, cuando les dijo a Sus discípulos: "Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil". Entonces, la oración forma una parte esencial de cómo resistimos la tentación, de cómo es que podemos enfrentar lo que sea que venga a nuestras vidas.
Número dos, libramos la tentación con la Palabra, conociendo este libro, que es otra vez lo que hizo Jesús cuando se enfrentó a Satanás. Él podía resistir los ataques de Satanás porque conocía bien el fundamento de Su fe. Y eso modeló para nosotros: que cuando nosotros conocemos bien la Palabra de Dios, tenemos una herramienta mucho más poderosa para resistir a Satanás. Y realmente de eso habla Pablo en Efesios 6 cuando habla de la armadura: son todos estos aspectos que nos preparan para la batalla. Número tres, con el poder del Espíritu. Esas áreas son las que nos ponen en una posición de poder resistir los ataques de Satanás. Y esta es la oración: "Señor, ayúdame a estar fortalecido en esas tres áreas".
La doxología
Y termina el pasaje diciendo: "Porque Tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, para siempre. Amén". Esto probablemente no lo dijo Jesús; es lo que se piensa, pero no está en los manuscritos más antiguos, esa última parte. Parece ser que esta última sección, esta doxología, viene de la tradición de los primeros siglos de la iglesia, en donde la costumbre judía es terminar toda oración con una doxología. Ahora, claro, las doxologías son bíblicas; sí, es algo que encontramos en muchos otros lugares de la Palabra de Dios. Así que no se preocupen: no tienen que arrancar esta hoja de sus Biblias y decir "ay", o tachar ahí. No, está bien. Eso forma parte de lo que Dios quería, creo, que estuviera, y refleja realmente la reacción apropiada de todo lo que hemos venido orando hasta este punto; refleja la reacción apropiada de todo lo que viene antes y lo que viene después.
En 1 Crónicas, David hizo una oración que es una doxología hermosa, que pueden leer: 1 Corintios 29:10 y 11. Judas termina con una doxología muy parecida: "Y a Aquel que es poderoso para guardaros sin caída y presentaros sin mancha en presencia de Su gloria con gran alegría, al único Dios nuestro Salvador, por medio de Jesucristo nuestro Señor, sea gloria, majestad, dominio y autoridad, antes de todo tiempo, y ahora, y por todos los siglos. Amén". Esos son el tipo de doxologías que encontramos en Apocalipsis también; encontramos una parecida en Apocalipsis 5:13.
Entonces, esta doxología refleja bien todo lo que esta oración es: cómo podemos resumir todo lo que sabemos acerca de Dios. Que es el reino de Dios significa que Él es Rey, significa que Él es libre de hacer lo que Él quiera, y significa que Él es soberano para hacer lo que Él quiera. Eso es el reino de Dios. Tenemos el poder de Dios siendo manifestado, como leemos en el Salmo 62. Aquí les pongo nada más algunos versículos que manifiestan cómo el poder de Dios es evidente en la historia, no nada más de la creación y de todo Su poder creativo, sino en toda la historia redentiva. Y también, por último, la gloria de Dios, que es justamente este sentido de que ese es el propósito de todas las cosas. El tema central de la Biblia es: "De Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria por los siglos de los siglos". Es la motivación de todas nuestras peticiones, y por eso podemos decir: "Tuyo es el reino, Tuyo es el poder y Tuya es la gloria. Ayúdame a vivir para ese reino, a través de Tu poder y para Tu gloria". Esa es la manera en que resume esta doxología cómo oramos al Señor. Y es la esperanza futura del creyente. Es decir, todas estas cosas tienen una realidad presente y tienen una realidad futura. Y la gloria de Dios simplemente va a ser mejor y más espectacular cuando Él sea el Rey sobre todas las cosas, en una creación totalmente restaurada, perfecta, en donde moraremos y contemplaremos esa gloria. Y cada día habrá más gloria que ver, porque nunca se acabará la gloria infinita de Dios para ser contemplada. Imagínense.
Esa es la realidad que está contenida dentro de esta doxología, que termina diciendo "por todos los siglos, para siempre", lo cual es interesante pensar, porque estamos pensando en que existe lo temporal y existe lo eterno, lo cual es parte de lo que vamos a ver el próximo domingo. Pero existe lo temporal, existe lo eterno. ¿Y qué es lo que decimos? "Amén". Y así terminamos nuestras oraciones. Y la razón por la que terminamos nuestras oraciones diciendo "amén" es porque esta es la convicción profunda de la realidad presente y la realidad futura para nuestras vidas. Entonces, cada vez que decimos "amén", estamos diciendo... y es solamente una manera de decir "que así sea", pero es una convicción de que esto es lo que deseo y es lo que espero. Esas son las dos cosas que están contenidas en "amén". Ese es el Padre Nuestro.
Conclusión práctica: cómo oramos
Ahora, solo para terminar, está esta conclusión pequeña. Esto no lo di cuando prediqué esto originalmente. Si quieren escucharme dar nueve sermones sobre todo lo que dije hoy, pueden hacerlo; está ahí en línea. Pero eso es el resumen, y quiero resumir con algo muy práctico: ¿cómo oramos?
Número uno, creo que hay cuatro categorías que están contenidas aquí. Hemos hablado de esto en la reunión de oración; lo hemos tratado de poner en práctica. Los elementos que realmente están contenidos dentro de la oración, como está expresado en el Padre Nuestro, son adoración, confesión, agradecimiento y súplica. Está en estos cuatro elementos. Normalmente estamos orando con la parte de la súplica nada más, o empezando con la súplica, como veíamos. Pero realmente tenemos que ser más intencionales en pensar... O sea, vean todo lo que meditamos hoy: una oración que dijimos en unos cuantos segundos. ¿Se dan cuenta cuánto hay realmente abajo, en la raíz de todo lo que te está diciendo Jesús de cómo debemos de orar? Entonces, sean intencionales en sus oraciones de incluir estas cuatro categorías. Y creo que eso es un consejo práctico sobre la oración.
Número dos: oramos tratando de ser bíblicos. Y al tratar de ser bíblicos, la mejor manera de orar bíblicamente es orar la Biblia. Ahí no hay pierde si quieres ser bíblico. Y quiero recomendarles este libro que se llama Orando la Biblia, de Donald Whitney, que ahí está en la librería, y ya hemos hablado de esto. Y son unos principios de cómo fortalecer tu vida de oración al no pensar la oración y la lectura de la Biblia como cosas separadas, como que "voy a leer la Biblia un ratito y luego voy a orar un ratito". A veces pensamos que son dos categorías separadas, pero realmente pueden estar juntas. Podemos estar orando mientras leemos la Biblia, y podemos orar la Biblia.
Y usar las mismas luchas y conflictos, por ejemplo, que están en el corazón de los salmistas cuando están escribiendo los salmos, que eso refleja nuestra propia situación muchas veces, y decimos: "Ah, sí, es así, me siento yo también". Y puedes convertirlo en tu propia oración, porque esas oraciones están ahí como un ejemplo de cómo se ve esta relación cercana a Dios como Padre, cómo se ve esta relación íntima y constante con Dios que se va desarrollando en la vida cristiana. Y entonces les recomiendo ese libro. Les recomiendo este otro libro, que es de un amigo que es pastor en Apodaca, en Nuevo León; se llama Emanuel Elizondo, y escribió este pequeño libro que se llama Enséñanos a orar, que es un estudio buenísimo del Padre Nuestro. Y otra vez, aquí están resumidos los mismos conceptos de los que hablamos hoy.
Ser intencionales
Y por último, cómo orar: bueno, hay que ser intencional en esto. Yo reconozco que fallo, y he fallado en ser intencional sobre mi oración. Es decir, soy tan desorganizado en mi vida en general, y tan indisciplinado, que solo hago cosas espontáneamente, normalmente. Y eso puede ser bueno, pero también puede ser malo, porque hay disciplinas espirituales, como la oración, que podemos descuidar si no somos intencionales, y si nada más pensamos: "Voy a orar cuando se me ocurra orar". O sea: "Ah, tengo tiempo. Ah, sí, no tengo nada que hacer. Ah, ¿por qué no oro?".
A veces así tratamos la oración: como si no hay nada más, y realmente no hay distracciones, no hay nada sucediendo en mi vida, estoy aburrido, ya se le murió la batería a mi celular, entonces no puedo meterme a las redes sociales. "Pues, ¿qué más hago? Ah, pues oro. Esa es otra opción". Es como que estamos nada más buscando alguna oportunidad que surja espontáneamente para orar, y lo hacemos. "Oren sin cesar", como dice 1 Tesalonicenses 5. Pero sí tenemos que ser intencionales, y vemos el patrón de Jesús levantándose muy de mañana y tomando tiempo, apartándose de los demás para orar.
Y una de las cosas que he retomado recientemente, que había hecho en el pasado y lo había dejado de hacer... Pero al estarme preparando para este mensaje, dije: "Ay, Señor, voy a hablar de la oración; más vale que busque vivir esto en mi propia vida". Y retomé algo que hacía en el pasado, que es tener como un diario de oración, donde tienes la oportunidad nada más de escribir tus oraciones. Lo haces, y empiezas a pensar en todas estas cosas que hemos estado hablando hoy, y tratas de plasmarlas, y ser intencional en incluir todas estas diferentes áreas: pensar en lo que Dios ha hecho por nosotros, adorarlo por eso, agradecerle, y también reconocer nuestros pecados, pedir perdón, también pedir por nuestras necesidades. Todas estas cosas las vas poniendo en estos diarios de oración, y después puedes regresar y ver cómo estuviste orando en una temporada de tu vida, y cómo Dios contestó a esas oraciones.
Creo que es un ejercicio útil, y solo necesitas un cuaderno, una pluma; no es nada complicado. Pero ser intencional en ser consistente en llevar ese diario... A mí me ha ayudado recientemente retomar esa práctica. Eso nada más es un ejemplo, pero más que otra cosa, es simplemente el ser intencional en poner un tiempo específico en el día para hacerlo. Es importante esto, hermanos. ¿Es la vida de oración de un creyente importante para nuestro sustento como cristianos? Es crucial, es crucial.
Dios está diciendo: "No puedes tener una relación íntima y cercana conmigo si no oras, si no hablas conmigo. Es lo que quiero: que hables conmigo, porque tenemos una relación de Padre e hijo. Así que acércate a Mí con confianza, sabiendo que te voy a escuchar, y sabiendo que voy a contestar de acuerdo a Mi voluntad, lo cual es lo mejor para ti". Y puedes descansar completamente en eso, y gozarte en eso, al experimentar esta dependencia, al experimentar esta cercanía con nuestro Dios, y decir: "Sí, Señor, perdón, porque me he sentido alejado de Ti a lo largo de los últimos meses, y no he estado en oración. Pero quiero estar más cerca de Ti, quiero conocerte mejor. Voy a leer Tu Palabra, voy a pasar un tiempo hablando contigo, porque quiero que tengamos esta cercanía que Tú has establecido para Tus hijos, donde haya esta confianza, donde haya este anhelo, esta ternura de cercanía".
Y hoy cantábamos sobre eso: qué amigo encontré, amor más fiel que el de una madre, una cercanía más íntima que amantes. Señor, enséñanos a orar…
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