Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Mateo 5:33-48MateoAlfredo Carrillo

Sermón del monte

Transcripción

Introducción

Gracias. Continuamos con nuestro estudio del Sermón del Monte, en el capítulo 5. No sé si es mi impresión, pero creo que todos se fueron para allá arriba. Hoy voy a ser menos rudo. Pero gracias a Dios, porque nos da Su Palabra, y gracias a Dios que no somos nosotros los que la escribimos. Gracias porque Dios usó a hombres que Él escogió para escribir detalladamente lo que nuestro Señor Cristo estuvo haciendo en Su estancia aquí en la tierra. Gracias por ello, porque somos bendecidos. Somos bendecidos porque a veces tenemos más Biblias de las que deberíamos de tener, y al mismo tiempo tenemos mucha responsabilidad. Cuando tenemos muchas Biblias de cada versión y no la hemos leído, es una gran responsabilidad. Gracias a Dios por Su iglesia también, porque vemos cómo Dios obra a través de ella para que el evangelio sea predicado.

Resumen de las antítesis anteriores

Y yo quisiera, para los que no vinieron hace ocho días, y no vinieron hace un mes, y no vinieron hace quince días también, que no pudieron escuchar quizás lo que nuestro hermano, el pastor Roberto, también compartió sobre este Sermón del Monte, rápidamente voy a hacer un breve resumen de lo que vimos hace ocho días. Y empezamos, después de las bienaventuranzas, a ver lo que le llaman las cinco de Jesucristo con respecto a la ley, o contraposiciones. Son seis en total estas antítesis que nuestro Señor Jesucristo estaba exponiendo para revelar el error en la enseñanza que tenían los fariseos y los escribas.

Hace ocho días hablamos acerca de la integridad de nuestro corazón, hablamos de la pureza de nuestro corazón y hablamos de la santidad de nuestro corazón. Y todo ello se veía en la primera antítesis, que hablaba sobre el odio: lo que nos hablaba nuestro Señor Jesucristo sobre lo que de veras quería decir la ley acerca de ese "no matarás". Hablamos acerca del adulterio: un corazón puro, que no solamente es cometer el hecho o el acto, sino que es una cuestión del corazón. Y de hecho, desde la primera antítesis de nuestro Señor Jesucristo, todo va dirigido al corazón. Ese es el tema que el Señor Jesucristo está aquí exponiendo.

Hablamos del divorcio también: la santidad de lo que representa el matrimonio, porque es algo que el Señor estableció desde que puso al hombre en la tierra, y cómo debemos nosotros de conservar esa santidad como matrimonio, como pareja. Buscar la santidad de nuestra esposa, buscar la santidad de nuestro esposo, y cómo el matrimonio es indisoluble. Y vimos cómo las Escrituras no se contradicen con respecto a lo que dijo nuestro Señor Jesucristo.

Lectura: Mateo 5:33-48

Luego, entonces, continuamos en el mismo capítulo, y vamos a leer ahora a partir del versículo 33 de Mateo 5, y dice así: "También han oído que se dijo a los antepasados: 'No jurarás… cumplirás tus juramentos al Señor'. Pero Yo les digo: no juren de ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de Sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni jurarás… ni un solo cabello. Antes bien, sea el hablar de ustedes: 'Sí, sí' o 'No, no'; porque lo que es más de esto procede del mal.

Ustedes han oído que se dijo: 'Ojo por ojo y diente por diente'. Pero Yo les digo: no resistan al que es malo; antes bien, a cualquiera que te abofetee en la mejilla derecha, vuélvele también la otra. Al que quiera ponerte pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa. Y cualquiera que te obligue a ir 1 km, ve con él dos. Al que te pida, dale; y al que desee pedirte prestado, no le vuelvas la espalda.

Ustedes han oído que se dijo: 'Amarás a tu prójimo y odiarás…' …hijos de su Padre que está en los cielos; porque Él hace salir Su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa tienen? ¿No hacen también los recaudadores de impuestos… no hacen lo mismo? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen más que otros? ¿No hacen también lo mismo los gentiles? Por tanto, sean ustedes perfectos, como su Padre celestial es perfecto".

Oración

Nuevamente, Señor, queremos ponernos en Tus manos. Señor, queremos que Tu Espíritu Santo, Señor, sea el que hable; que no vean a la persona que está aquí enfrente, que también es falible, pero que en su incapacidad como hombre queremos buscarte, Señor, todos juntos, reconociendo que no podemos hacer nada, Señor, que podamos hacer para llegar a Ti. Y eso es lo que hace Tu Palabra: nos muestra nuestra incapacidad. Y que podamos seguir entendiendo que no se trata solamente de la letra, sino que se trata del Espíritu. Señor, gracias, Padre, por Tu Palabra. En Tu nombre nos ponemos. Amén.

Tres corazones

Bueno, entonces se trata de un tema del corazón, como hemos estado viendo. Ahora podemos ver tres cosas en estas tres divisiones, que son las últimas tres antítesis de nuestro Señor Jesucristo. Podemos ver aquí otro tipo de corazón, ¿verdad? Ya vimos los otros tipos de corazones la semana pasada. Ahora vamos a ver lo que es un corazón honesto, en la primera parte; en la segunda parte vamos a ver cómo debe ser un corazón humilde; y, por último, un corazón amoroso. Y me gusta el orden en que el Señor está exponiendo este sermón.

Y quiero aclarar de una vez, como recordatorio, y más adelante lo voy a volver a recordar: este sermón, ¿a quién fue escrito? ¿A todos, a todo el mundo? No; fue escrito a los cristianos únicamente, a los hijos de Dios. Si tú no eres regenerado, no vas a poder ser parte de las bienaventuranzas.

Un corazón honesto

El corazón honesto, versículos 33 al 37, lo que acabamos de leer, que nos habla de los falsos juramentos. Y tenemos ahí un subpunto que podemos ver, que es hablar con la verdad. Y ahorita vamos a ver de qué se trata. Quisiera leer rápidamente en Éxodo 20:7, si se acuerdan de este mandamiento, que dice: "No tomarás el nombre de Dios en vano". Y también en Números. También vemos en Números 30, versículo 2, dice: "Si un hombre hace un voto al Señor, o hace juramento para imponerse una obligación, no faltará a su palabra; hará conforme a todo lo que salga de su boca". A veces nuestra boca es más rápida que nuestra cabeza, y decimos cosas que no podemos cumplir.

Pero bueno, entonces, todo lo que los escribas y los fariseos estaban haciendo era estar malinterpretando o añadiendo cosas a la ley de Dios. Jesús continúa, entonces, con estas antítesis. Esta es la número cuatro, respecto a estos mandamientos que acabamos de ver en Éxodo 20:7 y Números 30:2, ¿verdad?, sobre los juramentos: "No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano, porque el Señor no tendrá por inocente al que tome Su nombre en vano".

"También han oído que se dijo". "Han oído que se dijo". Y me gusta cómo Jesús lo utiliza. No como... dice: "Han oído que se dijo". Es importante que veamos por qué Jesús dice "han oído que se dijo". No está diciendo "está escrito" como tal; dice "han oído que se dijo", o "que se les dijo". Nuevamente, el problema aquí es que así no se dio la ley. Nuevamente, los fariseos habían pervertido la ley, le habían añadido. Estos hombres, que estaban dedicados a transcribir toda la Palabra del Señor, conocían perfectamente qué había en ella.

Y es cuando decimos: entonces, ¿por qué no la estaban interpretando bien? Porque solamente era letra para ellos; habían hecho a un lado el espíritu. Deuteronomio 6:3; ahí podemos ver algo. En Levítico 19:2 también. No lo vamos a leer; lo pueden apuntar. El asunto es que la ley, así como la leyeron, dedujeron esta enseñanza de estos pasajes de Deuteronomio y de Levítico: "No jurarás". Dedujeron, como dice aquí, "no jurarás falsamente, sino que cumplirás tus juramentos al Señor". Así no estaba escrito; como que juntaron estos dos pasajes. Solamente dice "y cumplirás lo que está escrito". Y nuevamente Jesús quiere corregir esta mala enseñanza y poner en claro cuál era la verdad en esto.

Lo que enseñaba la ley de Moisés sobre el perjurio

Entonces vamos, como la semana pasada, a analizar qué es lo que decía la ley de Moisés, porque ese es nuestro principio. Si no entendemos lo que decía la ley de Moisés, no podemos entender lo que estaba corrigiendo nuestro Señor Jesucristo. Entonces, ¿qué enseñaba la ley de Moisés, y cuál era su propósito respecto al perjurio? Esa... yo no soy abogado, pero esa palabra se usa en la abogacía, el perjurio. Hay un delito de perjurio, que es jurar falsamente, creo. Ah, no sé cómo está... o dar falso testimonio. ¿Qué es lo que está aquí tratando el Señor?

La respuesta será, nuevamente, que censura. Ya esta ley censura este problema de jurar; controlar esta ligereza de hacer juramentos por todo y de todo. Se quería jurar, decía, que por el templo, por la ofrenda, por el nombre de Dios; casi por cualquier cosa podían jurar. Y eso llevaba a más pecado. Lejos de quitar el pecado de jurar falsamente, llevaba a tener más pecado. ¿Y cuál era ese pecado? Mentir. La mentira que hay en nosotros pone de manifiesto lo que vimos hace ocho días: la doctrina del pecado, nuestra condición caída. Si recuerdan, esta doctrina del pecado es nuestra condición caída. La mentira pone de manifiesto la condición y la caída del hombre.

Se habían empezado a mentir entre el pueblo unos a otros, y a afirmar cosas que no eran verdaderas. Se había salido de control totalmente. Nuevamente, nadie creía en nada ni en nadie, aun cuando se juraba en el nombre del Señor. Esto mismo pasaba respecto al divorcio, que vimos la semana pasada: le habían añadido algo a la ley de Dios acerca del divorcio. Porque, si recuerdan, el Señor no mandó que se divorciara nadie. Solamente era como un pretexto, porque el matrimonio es indisoluble.

Número dos: que también, adicionalmente, restringía el hacer juramentos por cosas triviales. Y cualquier pretexto era perfecto para jurar en el nombre de Dios. Y esto me hacía pensar: ¿cuántas veces no hemos hecho esto? Cuando queremos que la gente nos crea, ¿qué hacemos? A lo mejor no usan el nombre de Dios, pero dicen: "Te lo juro". O sea, es como decir: "Créeme, te juro que no lo hice". Voy a usar algo que, nuevamente, en el mundo se usa, y dicen: "Verdad de Dios". Eso es usar el nombre de Dios en vano. Y aquí dice que usaban casi todo como pretexto para jurar.

Era necesario terminar con esas costumbres y mostrarles lo grave de hacer juramentos por hacer; que nuestra vida es algo serio, es algo serio con respecto a los juramentos. ¿Por qué? Dios está en todos lados. Dios está presente en nuestras vidas, en la de los buenos y en la de los malos, pero sobre todo nosotros debemos dar testimonio de ello. Dios ve nuestras vidas, y mentir... Y respecto a los juramentos, todo lo que hacemos en un juramento es serio, porque es parte de nuestra vida, y Dios lo toma en serio. Aun sabiendo que tú estás mintiendo, Dios lo toma en serio. Todo lo que hacían era importante porque eran Su pueblo. Por eso les había dado esta ley, y que no hicieran esas cosas; era una manera de recordarles, y que cuidaran la manera en que… con los demás respecto a los juramentos.

Número tres: ¿qué más vemos en la ley de Moisés? Que todo lo que hacían debería ser un reflejo de Dios. Dios no es mentira; Dios es verdad, porque en Él está la verdad, en Él está la verdad y la vida. Nuestra vida debe ser un reflejo de Dios, porque somos Sus hijos, somos Su pueblo. Y lo que hagamos y lo que digamos tiene consecuencias, y no solamente tiene consecuencias para con Dios con respecto a nosotros; tiene consecuencias para con los hombres.

La letra y el espíritu

Entonces, lo que Jesús estaba haciendo era corregir todas estas malas interpretaciones de la ley y su enseñanza: "No jurarán". En un seminario, de verdad, gracias a Dios porque tiene uno esa oportunidad de estar en un seminario; gloria a Dios por la predicación y la clase de predicación expositiva que tenemos allá. Podemos ser muy académicos, podemos ser muy elocuentes, pero si solamente es eso, si solamente es pura letra y estamos olvidando el espíritu, entonces nuestro mensaje está vacío. Solamente sería una clase más de una escuela. Y eso es lo que está aquí Jesús exponiendo delante de los fariseos, que se preocupaban solo por la letra y se habían olvidado del espíritu.

Al igual que el adulterio: decía la ley "no cometerás adulterio". Entonces, si yo no cometo el acto, cumplo la ley y soy perfecto. Pero Jesús iba más allá. Dice que si tú ya codicias en tu corazón a una persona, ya cometiste adulterio. Y eso es lo que nos enseña, porque está contando el espíritu; es lo que nos está diciendo Jesús. Entonces, esta manera de interpretar la ley daba mucha amplitud a los pecados del pueblo, a muchas cosas que eran totalmente contrarias a Dios. Habían quitado la importancia del nombre de Dios en esta ley al decir que solo "no cometas perjurio". Si tú no jurabas el nombre de Dios en vano, entonces cumplías la ley, pero podías hacer otras cosas que estaban ofendiendo Su nombre.

Reglas en lugar de corazón

Y como cristianos, hermanos, a veces hacemos lo mismo también: separamos las cosas y nos hacemos solamente reglas. Solamente queremos cumplir reglas, pero no estamos viendo nuestro corazón. Esto puede ser exterior, como los fariseos: qué hacer y qué no hacer. Si haces ciertas cosas, eres un mundano; si yo no las hago, soy tan espiritual. Y a veces tendemos a juzgar de esa manera: "Ya haces ciertas cosas, eres un mundano", o "si vistes de tal o cual manera, cometes pecado". Por supuesto, tenemos que cuidar la manera en que nos conducimos; por supuesto, tenemos que cuidar la manera en que nos vestimos. Pero a veces exageramos.

Tenemos que ver que, ciertamente, cuando vestimos, nuestra vestimenta sea honrosa. Pero también, ciertamente, cuando vemos algo que quizás no es de acuerdo a lo que debemos representar como hijos de Dios, también tenemos que ser amorosos para con ellos y mostrar el amor, no solo juzgar porque no estás cumpliendo la regla. Entonces: si te vistes así y te ves así, eres mundano; si haces eso, si haces lo otro, eres mundano. "¡Ah, el hermano está bailando! ¡Ah, mis vestiduras!". Pero baila rebién. Además, no estoy diciendo que tienen permiso de bailar; no me vayan a decir que yo dije... Hermanos, es algo del corazón: cómo interpretamos también nosotros la ley de Dios.

Y dice aquí también que además podían hacer varios tipos de juramentos, de tal conveniencia que enseñaban cuáles sí tenían que cumplir y cuáles no.

Ah, si jurabas por el templo, dice que no; que tenías que cumplirlo. Si jurabas por el altar, tenías que cumplirlo. Si jurabas por equis, podías deshacerlo.

Hablar con la verdad

Entonces, ¿qué es lo que nos está enseñando Jesús aquí? Número uno, que tienes que hablar con la verdad; no usarán el nombre de Dios para blasfemar o maldecir. Número dos, que no se jure por nada de lo creado, porque le pertenece a Dios, su Creador. Y todavía más allá va Jesús, directo al asunto del corazón: hablar y no mentir. Que dice el versículo 37: que tu sí sea sí y tu no sea no. "Antes bien, sea el hablar de ustedes: 'Sí, sí', 'No, no'; porque lo que es más de esto procede del mal".

Entonces, respecto a la doctrina del pecado, sabemos que nuestros corazones son mentirosos, porque esa es nuestra tendencia: o mentimos, o decimos verdades a medias. No sé qué es peor, si mentir o decir una verdad a medias. Bueno, delante de Dios es pecado. Pero a veces decimos verdades a medias, y eso se convierte en una mentira, porque no estás exponiendo la verdad. Pero también podemos caer en que, cuando es uno mentiroso y dices la mentira tantas veces, se convierte en una verdad. Y eso es lo que estaban haciendo los fariseos: su enseñanza era errónea, era una mentira, y la repitieron tantas veces, y la enseñaron de tal manera, que se convirtió en una mentira.

Cumple tus juramentos

Entonces, Jesús nos dice que nuestra manera de hablar sea con verdad. Cuando hablamos con los demás, ¿cómo es nuestro hablar con nuestros hermanos? Uno de los mayores problemas, y esto es bien importante, hermanos, uno de los mayores problemas con respecto a los juramentos, uno de los mayores problemas de la gente que se divorcia, es no cumplir su juramento. ¿Se acuerdan de sus votos? Bueno, ustedes invitaron a mucha gente a su boda, o a lo mejor no mucha gente, sino a bastante gente. Ellos son testigos del juramento que hicieron en su boda. Cuando vas al registro civil también hay testigos, y firmas, porque hay un juramento ahí; de alguna manera hay un pacto. A eso se refiere Jesús: cumple, cumple tus juramentos.

La gente se divorcia porque miente cuando hace un juramento delante de Dios. Porque no solamente están haciendo un juramento delante de los hombres; están haciendo un juramento delante de Dios. Y eso es lo que no están viendo, la gravedad; se están olvidando de Dios. Todo lo que está pasando en su vida, lo que están haciendo, tiene una consecuencia, porque lo están haciendo delante de Dios, en algo que Dios estableció: el matrimonio. Por eso la gente se divorcia, por eso la gente se separa. Ayer me pedían consejo respecto a eso, porque una de las partes está desesperada, no sabe qué hacer, porque la otra parte no está cumpliendo su juramento. Y a veces lo queremos resolver así. "¡Ah, párense!". Cumple tus juramentos. No deberíamos de mentirnos, pero por desgracia es nuestra tendencia, aunque a veces no sea abiertamente.

Ojo por ojo

Número dos, la quinta antítesis de nuestro Señor Jesús: "Ustedes han oído que se dijo: 'Ojo por ojo y diente por diente'". Esta es una frase muy trillada; le llaman la ley del talión. Y cuando alguien menciona esto, cuando lo he escuchado, me suena más a venganza que a componer algo. ¿Qué enseña la ley de Moisés? Éxodo 21, versículos 22 y 24, dice: "Si algunos hombres luchan entre sí y golpean a una mujer encinta, y ella aborta sin haber otro daño...". O sea, ¿qué más daño puede haber que matar a alguien, a un bebé? "...ciertamente el culpable será multado según lo que el esposo de la mujer demande de él, y pagará según lo que los jueces decidan. Pero si hubiera algún otro daño, entonces pondrás como castigo vida por vida, ojo por ojo, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe".

Entonces, el principio a aplicar es el mismo que el del adulterio, el divorcio y el de jurar. Lo que hacía la ley de Dios era controlar la situación que prevalecía entre el pueblo judío; controlar la situación que estaba prevaleciendo, en este caso la violencia y el deseo de venganza: "Ah, tú me hiciste eso; ahora yo te voy a hacer esto". Y no solo los judíos lo hacían; la tendencia del hombre es hacer esto. Si alguien nos hace mal, ¿qué hacemos? ¿Voy y le compro una despensa y se la dejo ahí? Apenas nos ofenden y de inmediato, perdón, ya estoy planeando cómo desquitarme: "Ah, nomás a ver la oportunidad, y ¡ah!, me lo agarro solo".

¿Qué me dicen de los niños, hermanos? Porque podemos pensar que esa tendencia es en los adultos, o porque ya crecimos y ya nos maleamos. ¿Y qué de los niños? Está en ellos, está el pecado, existe esta tendencia. Viene un niño, le arrebata la galleta, y el otro, ¡zas!, o lo persigue si se echa a correr. Está en nosotros, en nuestra condición caída. Dios busca controlar el pecado. Él es Dios de la gracia, pero también es el Dios dador de la ley. Él no solo destruirá el pecado por completo, y todo su dominio, en un sentido escatológico, cuando Él venga; pero mientras ese tiempo se cumpla, Dios estará controlando esto. Porque, a saber, Satanás no puede hacer nada sin Su permiso; Dios le está permitiendo solamente, como sucedió con Job. Pero volvamos al tema.

Una ley para los jueces

Entonces, esta ley se hizo para que existiera un principio de justicia e igualdad. Y aquí está el problema. Dice que para que existiera un principio de justicia. Entonces, ¿a quién había sido dada la ley? Específicamente a un grupo de personas. ¿Quiénes eran? Los jueces. "Te saco un ojo, me sacas un ojo": eso se refería a la ley. Era como el pago justo de lo que había sucedido; era el precio de la consecuencia. Eso es lo que estaba mostrando nada más la ley: el principio de justicia debe estar presente siempre; de acuerdo a la ofensa es el pago correspondiente y el castigo.

Pero lo más importante de esta ley es que no fue dada para aplicarla personalmente. Ah, los fariseos estaban enseñando eso: la enseñanza estaba enseñando que tú la aplicaras con respecto a quien te había ofendido. O sea, que tú tomaras la decisión de cuál era el pago con respecto a la ofensa. Eso lo tenían que hacer unos jueces. Y este era el error en su enseñanza farisaica: omitió en el principio a quién había sido dada la ley, y la hicieron personal. "No te esperes a alguien para que vea cuál es el problema y trate de arreglarlo". Entonces, lo que hacían es que, en vez de limitar el problema, lo incitaban: "Ojo por ojo, diente por diente; si te hacen...".

Y padres, cuando no estás bien en el Señor, ¿qué pasa con los hijos, cuando van a la escuela, o cuando están... yo creo que aun dentro de la iglesia? "Si te hace algo ese niño, desquítate; no te dejes". ¿Qué estamos enseñando también nosotros? ¿Qué es lo que Jesús enseña? ¿Qué es lo que Jesús enseñó, entonces, con respecto a "ojo por ojo y diente por diente", a la venganza? "Pero Yo les digo: no resistan al malo". Entonces, y nuevamente, hay que recordar que el Sermón del Monte no es un código ético. No son más reglas para tener cierta conducta; no es una nueva ley que sustituye a la antigua ley.

Lo importante es el espíritu. Y no porque la letra no importe; la letra importa, porque esa es la ley. Pero la letra sin el espíritu está vacía.

Un corazón humilde: no resistir al malo

¿Qué podemos ver aquí, entonces? Dice: "Pero Yo les digo: no resistan al que es malo; antes bien, a cualquiera que te abofetee en la mejilla derecha, vuélvele la otra". Y dice que no resistan al malo. Entonces, las bienaventuranzas, recordemos, no fueron creadas para todo el mundo; fueron hechas únicamente para el creyente, para el que nació de nuevo. Por lo tanto, no aplica para los no creyentes en Cristo Jesús; solo para Sus escogidos y los redimidos, los que han sido rescatados, los que han sido regenerados.

¿Quiénes son? Nuestro hermano Roberto nos compartía: los pobres en espíritu, los que reconocen su incapacidad total, que necesitan de Dios. Esos son los pobres en espíritu: los que hemos reconocido nuestra incapacidad, que no podemos hacer nada delante de Dios respecto a nuestro pecado. Los que lloran a causa de su pecado: "Bienaventurados los que lloran". Los que lloran a causa de su pecado. Cuando pecamos, debería de causarnos eso, hermanos: sentir tristeza. Y no porque me martirice; los que lloran a causa de su pecado, porque sabemos que nos corrompe. Los que son mansos son los que tienen el Espíritu Santo.

"No resistas al malo". Jesús nos quiere mostrar cuál es la actitud con respecto a nuestra persona y a la de Él, con nuestro orgullo, el "yo primero". No resistir al malo: ese es el problema. ¿Qué significa no resistir al malo? Pues no seguir el pleito. O sea, resistir al malo es: "Yo lo voy a remediar". Eso está diciendo aquí, y tú no puedes. En lugar de eso, aquí nos dice Jesús algo: no debemos de llegar más allá del problema, más allá de la ofensa; no hacerlo más grande. Y a veces algo pequeño lo hacemos algo tan grande: me hizo ojos, y pareciera que me dijo "te voy a matar". Pero a veces continuamos el pleito. Y vemos aquí cuatro cositas que Jesús nos enseña.

La otra mejilla

Número uno, dice: vuelve la otra mejilla. Es una ofensa pública. Sí, aquí habemos muchos a los que nos han ofendido públicamente. Pero esa es una manera simbólica de afrentar la ofensa cuando dicen: "Pon la otra mejilla". Sí, donde pone de por medio tu dignidad y tu honor. A ver, rápidamente, para que podamos entender: en algún tiempo, en la antigüedad, no sé, hace unos siglos, cuando alguien quería defender su honor, iba con un guante... En películas, ¿qué hacía? Le daba con la mano abierta en la mejilla, así, o le hacía así, la derecha: le daba un golpe con esta parte en la parte derecha. Y eso era: "Te estoy retando a un duelo". Eso significaba lo que estaba diciendo aquí. Y obviamente, el que retaban, pues, tenía que contestar, porque si no... estaba de por medio el honor, su yo, su ego: "Yo te voy a matar, tengo mejor puntería".

Y a veces así somos: nos retan, y queremos demostrar que yo puedo más. "Bienaventurados los que procuran la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados aquellos que han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos", Mateo 5, del 9 al 10, dice. Nos dice algo de este escenario: nos lleva a una oportunidad de servir al que nos ofende. No resistir es dar, no quitar.

La túnica y la capa

Luego nos muestra un contexto legal. Y ya van dos personas que me preguntan acerca de estas cuestiones legales. Dice aquí: si alguien te pone pleito, "al que quiera ponerte pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa". Eso es un contexto legal, porque alguien te podía demandar que lo que tú poseías era de él, y Jesús dice que no pelees por eso: déjalo; aún más, dale la capa. La túnica era como una prenda que iba abajo de la capa; la usaban para dormir, principalmente. Nada más ha sido un contexto cultural, para no salirnos tanto. Entonces, no podían quitarse la túnica, y literalmente no iban a ir sin túnica, iban a andar por ahí sin esa parte de la ropa. Pero lo que Jesús nos está enseñando es que te despojes; no hagas pleito. Es un contexto legal: deja también la capa. Esto es la inversa del "ojo por ojo", de la venganza por la injusticia: dice que le des aún algo más.

Hermanos, hay que aprender a ser desprendidos, dejar a un lado nuestro orgullo. No estoy hablando en el contexto de lo que traemos; de nuestro orgullo. Despréndete de tu yo. Si ya murió, ¿por qué lo sigues cargando? Y a veces parece que tenemos al muerto cargando, porque lo puedo sacar como de una bolsita en el momento que lo necesite: "Ay, saco al que estaba antes vivo, y agárrate con ese".

La segunda milla

Luego viene otro ejemplo, en un contexto militar. Dice: "Y cualquiera que te obligue a ir 1 km, ve con él dos". En la antigüedad, los soldados romanos podían obligar a cualquier persona, si ya estaban cansados, o si no estaban cansados también, creo, a que llevara su mochila, todo lo que necesitaban para la guerra. Y los obligaban. O sea, ni siquiera como "hazme el favor"; "te obligo a que me cargues 1 km, porque para eso estás", casi casi. Y dice Jesús: tú haz los 2 km. Va más allá: lleva su carga 2 km más. Eso significa hacerlo con alegría.

"Los baños... es que huelen feo". Con alegría, hermanos. ¿Cómo lo hacemos, si servimos en la iglesia? "Es que siempre me tocan los baños". Y a veces: "Señor, ya, agárrate a otro". Sirve con alegría, y notarán que somos diferentes, que somos del Señor: tener un corazón de servicio por los demás. Eso es lo que nos está enseñando Jesús.

Las personas incómodas

Luego dice, sobre las personas incómodas: "Al que te pida, dale; y al que desee pedirte, no le vuelvas la espalda". "Al que te pida, dale". No solamente es darle al pobre, porque a veces podemos ocupar también esto como: "Ah, ya hice algo, hice mi acción del día, hice mi obra para el Señor: estoy dando a los pobres". Pero no se trata solamente de darle al pobre; se trata de darle hasta al que no es pobre, despojarte. Pueden ver más después en Deuteronomio 15:7 al 11; ahí pueden ver lo que dice esta ley. Jesús nos enseña que seamos tan generosos que aun a los que no son pobres hay que darles, ¿verdad? Es más, a tus enemigos. Ahí sí aplica lo que dije hace rato: si alguien es mi enemigo, o me considera su enemigo, yo voy, le compro una despensa y se la doy: "Ten". Porque es la actitud de un hijo de Dios. Dejemos el orgullo y no nos neguemos.

Jesús es nuestro mayor ejemplo. Somos cristianos: actuemos como cristianos, actuemos como Cristo. Él es nuestro ejemplo de entrega, nuestro ejemplo mayor de entrega. Él se dio por completo, y cada ocho días lo celebramos. Él, al mundo… entregó Su vida por todos los que estábamos perdidos, por los rotos, por los que anhelábamos y teníamos hambre y sed de justicia. Porque esa justicia que anhelábamos era la justicia de Dios con respecto a nuestro pecado, porque merecíamos la muerte eterna, y Jesús se entregó por completo, Romanos 5:8. Se dio por completo a los incómodos, que no merecían nada. Y a veces pensamos así de las personas, de los hermanos también: creemos que hay alguien que no se merece nada de parte de nosotros, ni el perdón.

Un corazón que ama

Por último, un corazón que ama, 43 al 48. Dice: "Ustedes han oído que se dijo: 'Amarás a tu prójimo y odiarás…'". ¡Yo, de veras, qué capacidad tenían para mover las leyes! Hasta parecen de México. Esta es la última antítesis de Jesús. Nuevamente comenzamos bajo el principio de qué es lo que enseñaba la ley de Moisés. ¿Acaso dice así el Antiguo Testamento? "Ustedes han oído que se dijo: 'Amarás a tu prójimo y odiarás…'". ¿Dónde dice esto? ¿Qué es lo que dice? Que amarás a tu prójimo como a ti mismo.

El celo étnico de los fariseos

Pero los judíos, los escribas y fariseos, estaban enseñando esto. Lo que enseñaban era lo siguiente, hermanos: amar solamente a los judíos. "Los judíos, amen a los judíos. Los que no son judíos, esos son los enemigos de Dios", por ser enemigos de Dios. ¡Qué celo étnico había! ¿Y saben cuál era la excusa? Porque dentro de la Palabra de Dios, si hemos leído los juicios de Dios, hay muchas afirmaciones acerca de que Dios mandaba a exterminar a ciertos pueblos. Aun en los salmos imprecatorios hay estas afirmaciones. Específicamente el Salmo 69:23 al 24 dice así... Bueno, búsquenlo; es que el reloj me persigue. Vean ese salmo, lo que dice David: que sus ojos se oscurezcan. Ahí van a encontrar esta frase.

Pero aquí hay algo importante: los fariseos usaban estas afirmaciones y estos salmos solamente para incitar, pero no estaban diciendo eso. ¿Cómo podemos, entonces, reconciliar esas dos cosas, amar a tu prójimo y amar a los enemigos, bajo esas afirmaciones que hay en la Escritura? En la Escritura: "Amen a sus enemigos y oren por los que los persiguen". Que estaba hablando de un juicio que solamente Dios podía emitir; no estaba diciendo que lo hicieras tú. Pero los fariseos pretendían que tú tendrías que odiar a todos. Era un juicio por Su nombre; era juicio por el celo por Él, por el celo de la casa de Dios. Era juicio de parte de Dios, y que solamente Él podía hacerlo. Pero no porque estaba mandando que odien a sus enemigos; jamás había eso en la Escritura. Hay que amar a nuestros enemigos, porque eso es lo que Dios hace también.

Amen a sus enemigos

Dios es un Dios santo y un Dios justo, donde ciertamente hace justicia. Pero también es un Dios amoroso. Y he aquí viene la parte buena de todo esto que hemos visto: no solamente es que Dios nos hace ver nuestro pecado, Dios nos hace ver nuestras faltas; nos está diciendo que nos ama. Hace Su justicia, pero también nos ama, y de esa manera hace Su justicia. Esta es la culminación de la vida cristiana: "Oren por los que los persiguen, amen a sus enemigos".

Nuestra actitud hacia nosotros mismos, ¿cómo está? ¿Pondrías la otra mejilla? ¿Darías tu capa? ¿Caminarías otro kilómetro? ¿Ayudarías aun a los que no estén necesitados? Ves a alguien necesitado y normalmente te mueve a misericordia. Ya, es más, yo creo que hasta el ejemplo podía ser que el que me ofendió esté necesitado, y lo podía usar como venganza: "Ahora no le ayudo". Nos enseña que debemos morir a nuestro yo, a nuestro orgullo, hermanos, a nuestro interés propio; dejar de preocuparme por mí. Es lo que nos están mostrando estas últimas tres antítesis de Jesús. ¿Por qué? ¿Cómo se ve nuestra vida? ¿Cómo se ve la forma de tratar a los demás?

Y, hermanos, no depende de lo que son; no depende de lo que nos han hecho. Nunca debe de ser así. ¡Ah, qué fácil es amar a los que te aman, a los que te caen bien! Eso es bien fácil. Ya lo habíamos visto el domingo pasado: el amor de Dios no se trata de que Él tuvo afinidad con nosotros. De hecho, no la había; teníamos un abismo entre Él y nosotros. No solo amar a los que nos aman; los cristianos pueden hacer eso, y los no cristianos. ¿Por qué amar a tus enemigos? Porque Dios no nos trata por lo que somos o lo que hagamos respecto a Él, ni depende de nada en nosotros. Nos ama a pesar de nosotros. Y esa es la noticia buena: que nos ama a pesar de nosotros. Cristo murió por nosotros, pero no porque lo mereciéramos, sino por Su amor incondicional y desinteresado.

Un autoexamen

El cristiano es alguien que Dios separa de este mundo perdido y lo pone en otra posición: pertenece a un reino diferente. ¿Has nacido de nuevo? El miércoles estudiábamos eso. ¿Has nacido de nuevo? ¿Eres nueva criatura? ¿Eres nueva creación? ¿Has sido regenerado? ¿El Espíritu Santo habita en ti? Creo que es bueno hacer un autoexamen, hermanos. Ya no somos de este mundo. El cristiano ha muerto al yo; se ha despojado de sí mismo.

Entonces, seamos honestos y examinémonos nuevamente, lo que decía hace ocho días, y vamos a encontrar que una de las cosas más terribles que hay en nuestras vidas, y que las gobiernan a veces, son otras personas, y lo que ellos nos hacen o nos dicen. Quizás no es tu caso; quizás sí. Mucho de lo que hacemos y pensamos depende a veces de los demás: "Ah, voy a cumplir estas reglas porque quiero verme bien, o quiero caer bien, o quiero entrar dentro de cierto círculo". Pero eso nos lleva a la amargura. Ya tuvimos una conferencia de la amargura, y espero que también haya servido. Es más, vemos a ciertas personas y nos alteramos. Debemos amarlas. Porque Jesús no está diciendo que te tienen que agradar tus enemigos. Aunque no te agraden, ámalos. Ama a tus enemigos, aunque no te agraden.

Romanos 13:8-10 dice: "No deban nada a nadie, sino el amarse unos a otros. Porque esto: 'No cometerás adulterio, ni matarás, no hurtarás, no codiciarás', y cualquier otro mandamiento, en estas palabras se resume: 'Amarás a tu prójimo como a ti mismo'. El amor no hace daño al prójimo; por tanto, el amor es el cumplimiento de la ley". 1 Pedro 3:8 al 9 dice: "En conclusión, siendo todos de un mismo sentir, compasivos, fraternales, misericordiosos y de espíritu humilde; no devolviendo mal por mal, o insulto por insulto, sino más bien bendiciendo, porque fueron llamados con el propósito de heredar bendición".

Cristo, el dador y cumplimiento de la ley

Por último, Dios nos dio la ley a causa de la dureza de nuestro corazón. Él dio esta ley cuando sacó a Su pueblo de Egipto, pero falló, y seguimos fallando para cumplir esta ley. Pero Cristo vino. Él es el cumplimiento de la ley; Él es perfecto, y Él vino a cumplirla en esa cruz, porque Él es el autor de la ley. Por eso Él decía: "Han oído que se dice eso, pero Yo os digo", con esa autoridad, porque Él es el dador de la ley. Jesús: "Pero Yo digo, porque Yo la di, porque Yo la creé". Por lo tanto, Jesús es nuestro ejemplo. ¿Por qué? Porque Su corazón es íntegro, porque Su corazón es puro, porque Su corazón es santo, porque Su corazón lleva verdad, porque habla verdad. Su corazón es manso y humilde, y Su corazón amó y ama grandemente.

Oración

Gracias, Señor, porque Tu Palabra es como una espada de dos filos, Señor, y que penetra hasta los tuétanos. Señor, te rogamos, Padre, porque podamos depositar Tu ley en nuestros corazones, porque te amamos. Gracias, Señor, porque Tú nos has tomado, porque Tú nos has amado, porque moriste en la cruz por nosotros. Gracias por ello, Señor. Gracias porque me revelas mi pecado, Señor. Gracias, Jesús, porque sé que tengo esperanza. Gracias por ser nuestro buen Padre. En Tu nombre, Cristo Jesús, amén.

Volver al vídeo ↑

Escúchanos

Ven un domingo

Predicamos así cada semana, a las , en Av. México 319.

Qué esperar si vienes →