Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Hebreos 12:1-3HebreosNathan Díaz

Corriendo como Jesús y hacia Jesús

¿Cómo correr la carrera de la vida cristiana sin rendirse? Hebreos 12:1-3 responde con dos instrucciones: despojarnos del pecado que nos enreda y también de todo peso que, sin ser pecado, nos estorba. Y una sola mirada: Jesús, quien corrió primero y por el gozo puesto delante de él soportó la cruz.

Transcripción

Introducción: retomando Hebreos

… (La grabación comienza con el mensaje ya iniciado.) …viendo todo el año pasado de qué habla este libro. Había estas pequeñas pausas en el camino a veces, pero vamos teniendo este panorama completo de lo que nos quiere decir Dios a través de Su Palabra. Y justamente antes de dividirnos en grupos en diciembre, y de que fuera esto del semáforo rojo, habíamos concluido con el capítulo 11, viendo acerca del gran ejemplo que podemos encontrar en el Antiguo Testamento de la fe de aquellos que veían a Jesús, veían la promesa de Jesús, y veían las promesas de Dios en sus vidas como la esperanza y el fundamento de todo lo que hacían. Y así es como podían glorificar a Dios a través de sus vidas, en los ministerios que Dios les dio a cada quien.

Hoy vamos a recordar algo de eso, porque el capítulo 12 está otra vez conectando todo con el capítulo 11, o sea, con todo lo que viene antes. Cuando leen en sus Biblias el capítulo 12, las palabras "por tanto"... "Por tanto" significa: en base a todo lo que hemos visto anteriormente. Así que vuelvan a leerlo en sus casas; recuerden todo lo que hemos estado meditando acerca del libro de Hebreos. En base a todo eso, vamos a leer estos primeros tres versículos del capítulo 12: "Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de Él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar".

Señor, nos apoyamos en Tu Palabra. Guíanos en el gran ánimo y la gran esperanza que debe de surgir de leer estos versículos en nuestros corazones. Vamos a correr la carrera con fidelidad. Amén.

Todos estamos corriendo una carrera

Ahora bien, todos estamos corriendo una carrera; ése es el punto del pasaje. El punto del pasaje es que, una vez que has comenzado la vida cristiana, eso es como la salida; ahí es donde empieza todo: en nuestra conversión. Podemos leer algo acerca de esto; ya fue explicado por el autor de Hebreos en el capítulo 9, versículo 14: "¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo? Así que por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna".

Ése es el comienzo de la carrera. Es un pacto que hacemos con Dios, el cual limpia nuestras conciencias, lava nuestros pecados, nuestras transgresiones delante de Él, porque miramos a Jesús, vemos lo que Él hizo por nosotros, y decimos: "Señor, aplica eso a mi vida. Dame lo que Él es; lo que Él es para Ti, dámelo a mí: Su justicia, Su inocencia, Su santidad, Su perfección y Su grande e infinito valor, dámelo a mí, para poderme presentar delante de Ti inocente y justificado". Es la razón por la cual existe nuestra iglesia; es la razón por la cual nos congregamos. Es porque Dios nos ha llamado a ser parte de una familia que tiene eso en común.

Todos los que estamos aquí hemos participado —como miembros de la iglesia, de los miembros de la iglesia estoy hablando—, hemos participado de esta bendición específica, que es la regeneración, la transformación interna del corazón a través de la fe. Y estaban hablando en su momento acerca de gente que ha fallecido en este último año; muchísima gente ha fallecido. Yo no sé cuánto tiempo me queda a mí. Si me muero a la misma edad que mi papá, unos 25 años más; podría ser mucho menos, o podría ser un poquito más. Pero no sé cuánto tiempo me queda.

Lo que sí sé es que estoy corriendo, que ya empecé una carrera que va a terminar en esta vida cuando muera. Y que ese día que yo muera quiero ser encontrado fiel en la carrera que corrí en esta vida. Quiero ser encontrado como alguien que miró hacia adelante, y siguió corriendo, y nunca miró hacia atrás, y cumplió con el llamamiento que Dios hizo en su vida. Ése es mi deseo, es mi oración: "Señor, ayúdame a mantenerme fiel hasta el final, hasta el día en que yo muera; que yo pueda seguir corriendo y manteniéndome en perseverancia en la fe que Tú me has dado en Cristo Jesús. Sígueme santificando, sígueme ayudando a ser alguien que está siendo usado, una herramienta para Tu gloria".

Se nos olvida que estamos corriendo

¿Saben cuál es el problema? Se nos olvida que estamos corriendo. Se nos olvida que estamos en una carrera, porque pasan los días y nos acostumbramos, y se vuelven monótonos, y caemos en rutinas, y decimos: "Pues estamos viviendo para sobrevivir. Voy a ver la tele, y voy a pasear, y voy a ver qué más me compro, y voy a ver qué más hago". Y empezamos a olvidarnos de que estamos en una trayectoria, en una pista de una carrera. Entonces, de repente ya empezamos a trotar, y de repente ya empezamos a caminar, y de repente ya nos sentamos en una banqueta y buscamos la sombra. Ésa es la tendencia que existe.

Pablo era alguien que tenía bien claro que estaba en una carrera y que tenía que llegar hasta el final. En 2 Timoteo 4:6 dice: "Porque yo ya estoy para ser derramado como una ofrenda de libación, y el tiempo de mi partida ha llegado". Es una de las últimas cosas que escribió Pablo antes de morir: "He peleado la buena batalla, he terminado la carrera" —usa este mismo lenguaje del autor de Hebreos—, "he guardado la fe. En el futuro me está reservada la corona de justicia que el Señor, el Juez justo, me entregará en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman Su venida". Ése era el sentir más profundo del corazón de Pablo: la recompensa que vendría al final. "Señor, ayúdame a mantenerme fiel".

¿Es una carrera fácil? No, es una carrera difícil. Y quiero mostrarles cómo esto que estamos leyendo aquí en el capítulo 12 de Hebreos no es nuevo. El autor de Hebreos ya nos ha estado advirtiendo que no es fácil, y ya ha estado preocupado por esta iglesia a la que le está escribiendo, porque dice: ustedes tienen la tendencia a desviarse, ustedes tienen la tendencia a dejar de correr, ustedes tienen la tendencia a no estar enfocados en lo que es importante. Vean, aquí les puse un poquito del recorrido que pueden hacer a lo largo del libro.

Como en el capítulo 2, versículo 1: "Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?". ¿Ven? Sí está preocupado el autor de Hebreos. Capítulo 3, versículo 12: "Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado".

Capítulo 6, versículo 11: "Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud" —¿hasta cuándo?— "hasta el fin, para plena certeza de la esperanza, a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas". O en el capítulo 10: "Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca". Es una carrera de perseverancia. Si están pensando en términos de carreras, no son los 100 metros planos, en que nada más tienes que dar un solo empujoncito y llegar hasta el final lo más rápido que puedas. Es una carrera de perseverancia, de mantenerse; no es tanto la velocidad, sino la constancia. Y entonces se parece más a un maratón de varios kilómetros. Y esta carrera es una carrera que Dios está diseñando para que todos la terminemos juntos. Entonces, ya dije: bueno, sí hay un sentido en el cual la carrera termina cuando morimos, pero algo más está pasando ahí, donde cada quien que va terminando la carrera llega y ahora le echa porras a los que todavía no han llegado.

Una carrera que terminamos juntos

Vean lo que dice el capítulo 11. ¿Cómo terminó el capítulo 11? Ya se les olvidó, porque fue hace muchas semanas que lo vimos, pero recuerden cómo terminó el capítulo 11. Ya hablando de todos estos personajes del Antiguo Testamento, de la fe, dice el autor de Hebreos, versículo 39: "Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido". Ahora, en un sentido no recibieron, en que no vieron la manifestación histórica de Jesucristo. Pero en otro sentido, que creo que también está en la mente del autor de Hebreos, no han recibido lo que va a venir cuando Cristo vuelva por segunda vez, que es la resurrección de los santos y la restauración de todas las cosas: "proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros".

"Yo no les voy a dar a ellos todavía la recompensa hasta que todos estén juntos". Entonces, la Palabra de Dios nos está apuntando en esta dirección, la cual dice: un día todos recibiremos juntos la recompensa final, que será la resurrección del cuerpo, un cuerpo glorificado, un cuerpo que puede contemplar la gloria de Dios de una manera que este cuerpo no puede. Y vamos a disfrutar por toda la eternidad la restauración de toda la creación, la restauración de todas las cosas, sin pecado, sin dolor, sin muerte, sin más sufrimiento. Y ésa es la recompensa final.

Una gran nube de testigos

"Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos". Ahí está: esta carrera la estamos corriendo ¿con quién? Con espectadores. Y ya he hablado un poco de esto. A muchos de ustedes les gusta el futbol. Hay diferentes deportes, pero muchos de estos deportes tienen las mismas características, y una de esas características es que tú puedes estar jugando como visitante o como local. Entonces, en casa recibes, y cuando tú recibes a un equipo invitado, ¿quiénes son los que están en el estadio? Normalmente los que le van al equipo de casa. Y entonces tienes la afición, la porra: la UNAM tiene su porra, el América tiene su porra, el Cruz Azul tiene su porra. Bueno, ya no me voy a meter en problemas, porque si no: "¿Por qué no mencionaste a unos y a otros sí?". Y yo sé que cada quien tiene su equipo.

Pero ¿saben qué es lo que pasa? Y esto ha sido un tema de la pandemia: el jugar en estadios vacíos se ve muy raro. ¿Por qué? Porque meten gol y no… nada más como que una persona aplaude o dice algo. Pero no es lo mismo que cuando todo el estadio está lleno y se emocionan porque ven que ya metieron un gol. ¿Eso motiva a los jugadores? Claro que los motiva; por eso tienden a ganar más cuando juegan en casa. Los motiva de una manera que no los motiva si no hay nadie viendo el partido. Tú puedes jugar futbol por gusto, y nada más porque te gusta. Pero cuando hay gente ahí que está echando porras, que está diciendo, y se emociona también junto contigo cuando las cosas salen bien, y se decepciona cuando las cosas salen mal, es una motivación adicional en lo que estás haciendo.

Y el autor de Hebreos, creo, nos está dando esa misma perspectiva acerca de la vida cristiana. Dice: ustedes tienen una porra por delante. Todos los que ya han muerto antes de ustedes están ahí en la meta, gritándoles: "¡Sí se puede! Sí puedes llegar, porque yo llegué. Yo terminé; tú puedes terminar también". Nos están hablando a través de sus testimonios, a través de sus vidas. Dios los mantuvo hasta el final: Abel, Enoc, Noé, Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, Josué, Rahab, Gedeón, Barac, Jefté, David y Samuel. Todos ellos terminaron. Y no nada más ellos: todos los que sabemos en la historia de la iglesia que han pasado antes de nosotros, todos ellos terminaron. Mis papás terminaron.

Y ése es nuestro círculo; es la gente con la que nos identificamos, ¿no? Ésa es la gente que podemos imitar, es la gente que podemos seguir, al ver el camino que tenemos por delante, y al ver que todos ellos tuvieron tribulaciones, todos tuvieron problemas, todos ellos tuvieron cosas difíciles que enfrentaron. Pero aquí el autor de Hebreos quiere que nos identifiquemos con toda esta gente, y que sepamos con toda seguridad que ellos están de nuestro lado, ellos son parte de nuestro equipo. No son hombres muertos para ser recordados, sino testigos vivos que deben ser escuchados. Es la gran diferencia, ¿no? Alguien que ha muerto en Cristo: los podemos oír todavía hablándonos.

Despojémonos de todo peso

¿Cuáles son las instrucciones aquí? Es algo importante, y todos los que hacen deporte saben esto, ¿verdad? Si tú haces ejercicio, si tú quieres ser bueno en lo que haces, ¿qué tienes que hacer? Normalmente tienes que entrenar, tienes que seguir una cierta dieta, probablemente tienes que tener ciertas disciplinas, inclusive en cuanto a la hora en que te tienes que acostar, y cuánto debes de dormir, y cómo tienes que entrenar. Y contratan entrenadores especiales para ayudarles a obtener ciertos resultados específicos que están buscando. Y aquí el autor de Hebreos está haciendo exactamente lo mismo. Él tiene en mente esta imagen de una carrera, de cómo eran las olimpiadas desde entonces. Dice: a ver, si ustedes quieren correr de una manera que glorifica a Dios, de una manera que persevera hasta el fin, entonces déjenme decirles cuáles son algunas de las cosas que tienen que hacer. Y hay dos en particular que están aquí.

Dice, número uno: "despojémonos". Ahí está, entonces, el mandamiento: despójate de todo peso. Ahora, en estas carreras es un poquito diferente; ustedes lo pueden ver, porque obviamente, cuando alguien se prepara para una carrera, no se pone un abrigo y un casco y unas botas. O sea, van lo más ligero posible, y por lo regular ni siquiera mangas, y shorts, y unos tenis súper ligeros. En esa época, para la carrera se desnudaban completamente; corrían desnudos. Se quitaban toda la ropa porque no querían que nada les estorbara. Qué bueno que ya no se está haciendo. Pero ésa es la imagen que el autor de Hebreos quiere que tengan: cómo se preparan para la carrera, despojándose de todo peso.

Pero quiero que vean que lo que va a seguir es "y del pecado". Así que el autor de Hebreos está diciendo que hay dos cosas aquí que te pueden afectar, no nada más una. Y la primera no es pecado; es solamente peso. Para que, cuando venga tu hijo adolescente y te diga: "Ay, papá, ¿qué tiene de malo? No es pecado"... porque normalmente es la excusa que se busca: "No, es que no es pecado". No es pecado, pero a lo mejor sí es peso. ¿Los juegos de video son malos? ¿Son pecado? No les voy a preguntar si tienen Xbox y PlayStation en sus casas, pero probablemente algunos de ustedes lo tienen. Mis hijos tenían uno, y tienen otras cosas, y si no lo tienen, en sus teléfonos tienen juegos, seguramente. Ahora, otra vez les pregunto: ¿es pecado? No es pecado, pero puede ser un peso; puede ser algo que te estorba. Eso sí, es algo que te estorba para correr, porque te distrae constantemente.

Algunos de nosotros estamos tan absorbidos por la industria del entretenimiento, simplemente, y nos encanta ver películas, y nos encanta ver series de televisión, y nos encanta ver videos de gatitos en YouTube. O sea, ¿es pecado? No es pecado. Pero cada uno de nosotros tenemos que evaluar de qué está hablando aquí cuando dice despojarse del peso, que no es pecado, pero sí es un estorbo en muchas áreas: si es algo que te domina, si es algo que te controla, si es algo que te está quitando mucho tiempo, que te distrae, que no te deja enfocarte en las cosas que realmente son importantes, porque son las cosas que tienen que ver con el reino de Dios. Donde a lo mejor tienes que quitarte algunas de esas cosas de encima. Hay amistades que son un peso que nos estorba en la carrera; hay asociaciones con diferentes cosas que son un peso que nos estorba; hay eventos que se convierten en un peso; hay lugares, hay hábitos, hay placeres, hay toda clase de cosas que pueden ser un peso que nos estorba. Y ahora, más, quiero dejarlo así, abierto, para que cada quien considere; y sabe cuáles son esas cosas. Todos las tenemos, todos. "Yo no tengo ningún peso". Es porque no entiendes la definición de peso: algo que te estorba en la vida cristiana y en tu crecimiento espiritual.

Y del pecado que nos asedia

Y la segunda cosa, como ya veíamos, es: despojémonos ¿de qué? "Y del pecado". Y todavía, para el autor de Hebreos, aquí hay más descripción de cómo funciona el pecado, porque dice: "el pecado que nos asedia". ¿A qué se refiere? Que se nos pega, que nos enreda; a eso se refiere. ¿Han visto cuando está una telaraña y hay algún insecto que se pega ahí en la telaraña, y entre más se mueve y entre más trata de zafarse, qué es lo que normalmente pasa? Más se pega y más se atora con la telaraña, y la araña está feliz. Así es el pecado, exactamente. El pecado es tan sutil; es tan fácil que nos enrede, porque empezamos con algo chiquito.

Como: "Voy a ir a pasear por el techo un ratito; eso es suficientemente inocente, ¿no? Quiero aire fresco. Y se está bañando. Puedo regresarme, y otra vez estar en mi casa, o puedo seguir paseándome un rato, y hacer de cuenta como que no veo; sí veo. Y luego ya me regreso, y me quedo pensando: ¿y le hablo, no le hablo? No... sí, sí le voy a hablar". Y va dando pasos, y en cada paso se está enredando más y más y más. Y de repente ella le dice: "Estoy embarazada". "Pero tiene esposo. ¿Qué hago con su esposo? ¡Híjole! Y su esposo se va a enterar, porque no puede estar con ella ahorita; está en la guerra. Entonces lo voy a emborrachar, voy a convencerlo de que se quede... Pero él se rehúsa, y no quiere, y entonces estoy aquí en un dilema. Ahora, ¿qué puedo hacer? Entonces ahora lo voy a poner hasta el frente de la batalla para que lo maten, y entonces se resuelve el problema".

Despojémonos del pecado que nos asedia. ¡Qué tan fácil nos envuelve! Nosotros conocemos, hermanos, nuestro corazón. Nosotros sabemos cuáles son los pecados a los cuales somos más propensos; lo sabemos. Sabemos bien, exactamente, cuáles son nuestros pensamientos, cuáles son nuestros sentimientos. Hay algunos de nosotros que tenemos la tendencia a la crítica, y eso es tan fácil que nos envuelva. Hay otros que somos tan propensos a la flojera, y eso es algo que nos envuelve y nos asedia. Algunos tenemos la propensión a la amargura en nuestro corazón por cosas que otros nos han hecho. Algunos tenemos envidia de lo que otros tienen. Algunos estamos luchando constantemente con la lujuria que hay en nuestras cabezas. Algunos sabemos que fácilmente nuestro corazón se enorgullece porque la gente nos reconoce y nos dice cosas que queremos escuchar, y eso empieza a crecer dentro de nuestro corazón, y de repente empezamos a ver a otros como inferiores a nosotros.

Todo sale a la luz

Sabemos cuáles son esos pecados que tan fácilmente nos envuelven, y pensamos... y aquí está el gran peligro, hermanos, porque creo que eso es mucho lo que el autor de Hebreos tiene en mente: pensamos que lo que la gente no ve no importa. "Si yo tan sólo puedo comportarme como lo que los demás hermanos de la iglesia esperan de mí, y yo puedo crear una imagen de un buen cristiano... Nadie me ve hacer ciertas cosas; nadie sabe lo que realmente estoy pensando, nadie sabe lo que estoy sintiendo". Y entonces minimizamos la gravedad del pecado, porque, seamos honestos, si la gente no nos descubre, no le damos mucha importancia. Pero déjenme decirles algo, y es un principio bíblico: todo al final sale a la luz, y todo pecado tiene consecuencias. Puedes minimizarlas, ignorarlas por un tiempo, pero tarde o temprano te vas a enfrentar con lo que ese pecado significa realmente.

Algunos de ustedes han escuchado y han leído los reportes finales sobre el caso de Ravi Zacharias, que era un apologista que muchos habíamos escuchado, y habíamos leído mucho de su material, y han sido bendecidos por mucho de lo que él hizo en su ministerio. Y ahora se ha hecho toda una investigación a fondo sobre su vida y sobre las cosas que nadie sabía, y ahora, ya fallecido, todo ha salido a la luz. Y yo me imagino que él pensaba: "Nadie sabe, así que no importa tanto. Y entonces, si la percepción que la gente tenga de mí es la percepción que yo quiero que tengan de mí, voy a estar bien". Y ahora el ministerio de apologética más grande del mundo está siendo destruido. En todos los países donde tiene representación están buscando cómo cambiar de nombre; hay gente que no quiere tener nada que ver con ellos. Hay una crisis que se está viendo a nivel mundial en el mundo cristiano por la percepción de lo que realmente estaba sucediendo ahí.

Y cuando yo leo esas cosas, hermanos, y veo a nuestra congregación, yo sé que hay muchas cosas que no sé que están sucediendo. Yo sé que cada uno de ustedes, en sus casas y en sus vidas, en lo privado, están viviendo una serie de cosas y una lucha con el pecado constante. Y si no fomentamos una cultura de discipulado y de rendición de cuentas en la iglesia, donde podamos hablar de esas cosas y decir esas cosas, esas luchas que estamos teniendo, si no estamos fomentando eso, entonces no estamos corriendo la carrera fielmente. No estamos yendo en la dirección en la que tenemos que estar yendo, y esta iglesia puede ser destruida, puede dejar de existir y de ser una luz. Es lo que pasó con la mayoría de las siete iglesias de Apocalipsis, y ésa era la advertencia: arrepiéntete, o dejarás de ser una luz en el candelabro.

Un llamado al arrepentimiento

Esto, hermanos, es un llamado al arrepentimiento. Hoy es el día. Tú sabes de qué es de lo que te tienes que arrepentir. Tú sabes bien qué es lo que te estorba en la carrera. Quiero que nos tomemos un momento para que cada quien, ahí donde está, piense: ¿qué es aquello de lo cual me tengo que arrepentir hoy? Hoy, no mañana; no esperar otro día, otra semana. Porque cuando esto salga, las consecuencias serán mucho más graves para la iglesia de Cristo. ¿No están cansados? Yo sí tengo miedo de cosas que pueden venir, pero también tengo confianza de que Dios está detrás de nuestra iglesia y Él la sostendrá. Es mi oración: "Señor, ayúdanos a seguir corriendo, y ayúdanos a seguirnos arrepintiendo diariamente delante de Ti".

Puestos los ojos en Jesús

¿Cómo lo hacemos? Aquí está la clave: "puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de Él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios". Aquí está: Él es el autor de nuestra fe. Y la palabra es "pionero": es el que fue antes de nosotros para mostrarnos cómo es la fe perfecta. Y no nada más eso: Él nos da esa fe y nos sostiene en esa fe. Él consuma nuestra fe. Y Él es el pionero de la fe del Antiguo Testamento, y Él es el pionero de la fe del Nuevo Testamento.

Y el autor de Hebreos quiere asegurarse de que no nos hagamos ídolos de los santos: Moisés, y David, y Abraham, y Enoc, y Abel. No se hagan ídolos de ellos, porque ellos también estaban viendo a Cristo, porque se trataba de Cristo. Entonces, cuando los vemos a ellos, ellos nos apuntan en esa dirección, y dicen: "No, ve a Cristo, porque Él es el que está en la meta realmente. Nosotros llegamos ya con Él, y Él es el principal que te está esperando al final". Y pues puedes dejar de voltear a los lados, ver hacia adelante y decir: "Hacia allá voy; allá está Cristo delante de mí". Ellos son como... si pensamos en todos los que han muerto en Cristo, ellos son como velas que nos alumbran un poquito el camino. Jesús es el sol; Él es la verdadera luz de lo que estamos buscando y hacia quien vamos.

El pionero de la vida santificada. Efesios 2:8: "Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no es de ustedes, es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe".

Y también las obras que Él preparó de antemano para que anduviéramos en ellas son por fe, que es un don de Dios.

Jesús fue delante de nosotros

Número 2, y aquí está esta clave: Jesús fue delante de nosotros para mostrarnos el verdadero camino. Y otra vez estamos viendo a estos personajes del Antiguo Testamento; vemos estas cosas que deben... ya lo veíamos en 3 Juan: debemos de imitar a la gente que anda en verdad y en amor, debemos de imitarlos. Pero ellos nos apuntan a Dios, y Dios es la meta final. Y entonces vemos a Jesús, y vemos que Él agradó a Dios, al Padre, como Enoc, pero de una manera más perfecta. Él hizo un mejor sacrificio que Abraham. Él puso a un lado más gloria que la que puso a un lado Moisés para convertirse en libertador. Él derramó sangre más preciosa, inocente, que la sangre de Abel. Él derrotó a un gigante más poderoso que el que derrotó David. Y Él obtuvo una tierra prometida más increíble que la que obtuvo Josué.

Él sufrió dolor espiritual por nosotros al estar en la cruz; físico y espiritual, pero el espiritual fue el más profundo, porque nadie ha sufrido como sufrió Jesús, nadie ha vivido tribulación como sufrió tribulación Jesús. Y Él fue delante de nosotros, Él está al final, y Él nos está diciendo: "Yo lo hice; tú también puedes, porque estás en mí". No hay ninguna tribulación, ningún obstáculo en tu vida que tú puedas poner como pretexto, porque ninguno va a ser más grande que lo que Jesús pasó; ninguno. Y Jesús, entonces, garantiza para nosotros la victoria, porque Él la obtuvo. Ya no te andes quejando: "Pobre de mí, cómo sufro, todos me ven mal, y todos me maltratan, y todos me hacen cosas". Ahí tienes a Cristo; no tienes pretexto. Tú puedes terminar la carrera.

El gozo puesto delante

¿Cómo? Como lo hacen los corredores: hay un premio al final. Si termino, hay un premio al final. ¿Cuál es? Jesús nos puso el ejemplo. ¿Cuál era el premio? El gozo puesto delante de Él. Hay un error que la gente comete al pensar en el cristianismo, porque piensan que el cristianismo es una lista de reglas, cosas que no hacemos, todo lo que nos despojamos, y se quedan en eso nada más. Como si a los corredores les gustara desnudarse y desvestirse, y de eso se tratara. No, no se trata de eso. Se trata de correr para llegar al final, para que te den la recompensa de llegar al final; de eso se trata.

Hay gozo, hermanos; hay placer más allá de tu imaginación, en esta vida que te espera. ¿Crees que sabes de felicidad? "Voy a comer un chocolate, ¡qué feliz soy!". Eso no es nada. Lo que vamos a tener con Cristo es la mejor recompensa y el mejor tesoro que puede existir en el universo. Y tenemos que acordarnos de eso constantemente: hay un gozo adelante, hay un gozo adelante. Así que sí me puedo despojar del pecado, sí me puedo despojar del peso, sí puedo dejar de enfocarme en tonterías, y sí debo de dejarme de quejar de todas las cosas que me están pasando, porque adelante hay algo de lo cual no soy digno, y Dios me lo va a dar. Así le dijo a Pedro, ¿se acuerdan? "Jesús, hemos dejado todo para seguirte". "No hay nada que tú dejes en esta vida que no se te recompense cien veces en la eternidad".

Pero Jesús nos mostró gozo en hacer la voluntad del Padre, gozo en la corona de la recompensa. Él compró una familia para sí mismo —ya leímos acerca de eso en el capítulo 2—, para podernos hacer Sus hermanos. Ése era el gozo que Él veía delante. Él también decía: voy a obtener para mí una familia que va a poder convivir con nosotros por toda la eternidad; "Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo". Ésa era la promesa a lo largo del Antiguo Testamento, y Jesús sabía que estaba obteniendo eso a través de Su sacrificio.

Pero ¿cuál es el verdadero gozo para nosotros? Porque para Jesús fue que se sentó a la diestra del trono de Dios; eso es, iba a estar en la presencia del Padre y va a poder decir: "Sí, Padre, cumplí con la misión que me diste. Ahora podemos disfrutar todo el fruto que viene de ese sacrificio". Lo cual significa que para nosotros también es la misma recompensa: es estar en la presencia de Dios. Significa que Jesús es la recompensa. Yo quiero estar en el cielo; yo quiero estar con Jesús en el cielo. Y no me quiero quedar en el cielo; quiero que toda la creación sea renovada y sea nuestro patio trasero, donde jugamos y donde disfrutamos de la gloria de Dios por los siglos de los siglos. De eso se trata la Biblia; ya lo estudiamos en Apocalipsis.

Gozo en las pruebas

"Tengan por sumo gozo, hermanos míos, cuando se hallen en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de su fe produce paciencia". Tengan gozo en las pruebas; es lo más difícil de hacer. Pero la razón por la que tienes el gozo no es por la tribulación del presente; es por lo que viene. Porque estás perseverando, porque vas en la carrera, porque sigues en el camino. Y dices: "Qué bueno que estoy en las pruebas, porque significa que estoy siguiendo el camino de Cristo; porque Él fue probado, porque Él fue tentado, así que yo también lo seré. Pero yo recibiré lo mismo que Él recibió, que es el gozo eterno de la presencia de Dios". Así que las pruebas las recibiremos con gozo, porque eso nos dará perseverancia. Las pruebas y la tribulación suceden por una razón, y en la vida del cristiano nunca serán en vano, porque sabemos que todas las cosas ayudan a bien a los que aman a Dios, a los que han sido llamados conforme a Su propósito.

Pablo lo veía claramente en su propia vida. Él dijo: "No es que ya lo haya alcanzado o que ya haya llegado a ser perfecto, sino que sigo adelante, a fin de poder alcanzar aquello para lo cual también fui alcanzado por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no considero haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está adelante, prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús". ¿No los llena de esperanza? Yo quiero sentir eso mismo que sentía Pablo. Yo quiero tener la misma meta que tenía Pablo. ¿Para qué estoy en esta vida? ¿De qué se trata esta vida? ¿Quiero otra casa, una cuenta de banco más grande? ¿Qué quiero? ¿En qué estoy enfocando todo mi esfuerzo y mi tiempo y mi afán? ¿De qué se trata?

Se trata de llegar al final; de eso nada más. De poder escuchar a Dios decir: "Buen siervo fiel, en lo poco has sido fiel, en lo mucho te pondré". Es lo único, lo único que importa: el final. Lo único que quiero; no hay otra cosa que importe. "Ayúdame, Señor, a no distraerme; ayúdame a no estar todo el tiempo olvidándome de lo que realmente importa, que es Tu reino, y Tu justicia, y Tu gloria". Para eso es la iglesia: para recordarnos eso unos a otros.

No desmayen

"Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar". Los cristianos van a estar expuestos a frustración, a desánimo. Y Martyn Lloyd-Jones escribió un libro sobre esto: Depresión espiritual. Todos estamos expuestos a eso. Todos nos vamos a sentir cansados en diferentes momentos de nuestra vida; todos vamos a decir: "Ya no quiero seguir, ya me siento cansado, ya no. Ya mejor voy a vivir para otras cosas; tener que lidiar con estos hermanos...". Se pueden sentir así a veces. No se desanimen, no desmayen; todavía tenemos una carrera por delante. Jesús garantiza que terminaremos, porque Él terminó primero, y Él nos está esperando del otro lado. Es hacia Él y para Él que corremos.

Gracias, Padre, por Tu Palabra, y por la manera en que Tu Palabra nos confronta y nos exhorta a vivir para Tu gloria. Te pedimos, Señor, que al volvernos a reunir, al volver a estar juntos, podamos tener bien claro que este tiempo, al estar separados, haya servido para poder reevaluar el significado de la iglesia, para poder reevaluar nuestras prioridades en la vida. Que no desperdiciemos tiempo, que no desperdiciemos recursos en cosas temporales. Ayúdanos, Señor, a enfocarnos y a verte siempre a Ti, para poder perseverar hasta el final. Te lo pedimos en el nombre de Cristo Jesús, amén.

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