Hebreos 12:12HebreosNathan Díaz
Un llamado a la santidad
¿Por qué la santidad es tan importante en la vida cristiana? Hebreos 12:12-17 la presenta como un camino derecho que recorremos juntos, persiguiendo la paz, y señala tres obstáculos: la raíz de amargura de la falsa doctrina, los apetitos inmediatos de Esaú y el remordimiento que nunca llega a ser arrepentimiento.
Transcripción
Introducción: la carrera y la disciplina
… (La grabación comienza con el mensaje ya iniciado.) …En este libro de Hebreos, ha sido un libro de exhortación constante, de estar conscientes del peligro delante de nosotros constantemente. Como ya mencionaba Roberto, este capítulo 12 se ha estado enfocando en el tema de la carrera que estamos corriendo como cristianos: cómo estamos corriendo la carrera, y cuáles son los obstáculos en la carrera, o las cosas que nos alientan, nos desvían, nos afectan en nuestra manera de correr. Entonces, habíamos meditado el domingo pasado, ¿verdad?, en la disciplina divina, en la manera en que Dios como Padre nos disciplina.
Y como padre, de la misma manera que nosotros disciplinamos a nuestros hijos, en el sentido de que queremos lo mejor para ellos y buscamos, cuando nosotros actuamos de alguna manera, que vean las implicaciones de su comportamiento, de su conducta. Aunque a ellos no les gusta, lo hacemos por su bien, y lo hacemos porque podemos ver un panorama más amplio nosotros que ellos, y porque los amamos. Y de la misma manera, la disciplina divina de parte de Dios no es el castigo del juicio de Dios sobre Sus hijos. Nunca es enojo e ira de una manera nada más para desquitarse con nosotros o para hacernos sentir mal nada más, sino que tiene un buen propósito. Y como ya escuchábamos, todas las cosas ayudan a bien a los que a Dios aman.
Y esa es la manera en que tenemos que discernir la disciplina en nuestras vidas: esto es bueno para mí; todas estas cosas malas que me suceden tienen un buen propósito en el plan soberano de Dios. Entonces, hoy vamos a meditar sobre los versículos 12 al 17 de Hebreos 12: "Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; y haced sendas derechas para vuestros pies, para que el cojo no se salga del camino, sino que sea sanado. Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, por ella muchos sean contaminados; no sea que haya algún fornicario, profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura. Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas".
Señor, esta es Tu Palabra. Nos queremos someter a ella; debemos entender lo que nos dice. Y queremos que, a través de la santidad en nuestras vidas, Tú puedas ser glorificado en esta iglesia. En el nombre de Cristo Jesús, amén.
La santidad, obra de Cristo en nosotros
Dos puntos nada más tengo sobre este pasaje. Y el primero, simplemente, es entender este camino de santidad, el camino de la santidad que está explicado realmente aquí en el versículo 12. Y está paralelo otra vez a lo que veíamos al principio del capítulo, que tiene que ver con esta idea de una carrera, y que hay un camino delante de nosotros; estamos avanzando hacia una meta. Entonces habla acerca de un camino que tenemos que enderezar; vamos a ver eso en un momento. Pero el punto central del texto está en el versículo 14. Para el autor de Hebreos —y ya lo ha hecho a lo largo de todo este libro—, la santidad es central en la vida cristiana. Y por eso dice: "Seguid la santidad, sin la cual nadie verá al Señor".
Ése es el punto central que se tiene que quedar en nuestras cabezas: qué tan importante realmente es la santidad en nuestras vidas. Y en Hebreos 10:14, si nos empezamos a preguntar qué es esto, cómo tenemos esta santidad... No pensemos que la santidad es algo que nosotros obtenemos por méritos. Y quiero aclarar esto de entrada, porque va a ser muy fácil que en este sermón haya esa percepción errónea de que lo que nosotros hacemos es final y decisivamente el factor que nos santifica. No es. Y Hebreos 10:14 ya nos había explicado esto, ¿se acuerdan?: "Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados". La obra de Cristo es la que nos santifica; es Su obra en nuestras vidas la que hace que esto sea posible, lo que Él hizo en la cruz, Su sacrificio.
Entonces, eso tiene que quedar claro, para que entendamos que lo que vamos a estar hablando hoy es simplemente cómo eso se manifiesta y cómo se expresa, a través de exhortaciones acerca de la santidad. El autor de Hebreos está diciendo: que se vea que el sacrificio de Cristo es real en ustedes, que se vea que ustedes han experimentado este cambio interno. Y la santidad, hermanos —estaba pensando sobre esto—, es nuestra preparación para el cielo. Estamos ahorita en un camino dirigido a estar en la presencia del Señor, y simplemente nos estamos preparando para ese momento. Entonces, ¿cómo se van moldeando y formando mis afectos y mis deseos y mis amores, las cosas que amo, mis tesoros, de acuerdo a la realidad que yo voy a experimentar por toda la eternidad?
Si a nosotros se nos permitiera ahorita entrar en el cielo sin ser santos, no entenderíamos, no tendríamos la capacidad de gozar, ¿no?, de deleitarnos en el tipo de cosas que vamos a estar contemplando en el cielo. Estamos siendo transformados y renovados, y esa transformación será final en el momento en que muramos y después en la resurrección. Pero ahorita estamos en un proceso que ya nos está dirigiendo en ese camino. Ya Dios nos está apuntando en esa dirección y te está preparando para lo que viene; te está mostrando los deleites y los placeres y la gloria que vendrá, a través de la manera en que tú ves el pecado hoy, la manera en que peleas contra el pecado hoy. Y eso te va moldeando para amar las cosas que Dios ama cada vez más, y odiar las cosas que Dios odia cada vez más. Es el camino en el que estamos.
Un camino derecho
Entonces, el versículo 12 es el primer punto, que es el camino. La santidad es un camino derecho. Y realmente a lo que nos referimos con eso es que es un camino que queremos que no tenga obstáculos, que sea lo más fácil de caminar posible. Por eso es que explica esta idea; ése es el paralelo con todo lo de la carrera: "Por lo cual, levantad las manos caídas". Pues ya estás corriendo, ya llevas un rato corriendo, y te empiezas a cansar, y ya no puedes respirar bien, y tienes dolor de caballo, y entonces te empiezan a doler las rodillas, y hasta empiezas a tener ganas de vomitar; tanto ejercicio te está agotando.
Y entonces dice... Ustedes pueden identificar a gente así en la iglesia, que ya está cansada, que ha vivido tantas cosas y ha experimentado cosas en sus vidas, que ahorita están dándose por vencidos. Y la idea es ayudarles. Ayúdales, haciendo que el camino sea lo más fácil posible para ellos. Que levanten sus manos; ayúdales a descansar en el Señor. Y piensen en cómo hacer que la pista sobre la cual ellos están corriendo no tenga estorbos. Y en Proverbios 4:25 al 27 leemos esta idea: "Miren tus ojos hacia adelante, y que tu mirada se fije en lo que está frente a ti. Fíjate en el sendero de tus pies, y todos tus caminos serán establecidos. No te desvíes a la derecha ni a la izquierda; aparta tu pie del mal".
Es Proverbios, la misma idea aquí, pero la idea de cómo nos ayudamos mutuamente en ese proceso. Ésa es la idea: estamos para ayudarnos en la carrera que tenemos por delante. Y en Isaías 35, versículos 3 al 4, leemos —y de aquí está sacando el autor de Hebreos lo que dice—: "Fortalezcan las manos débiles y afiancen las rodillas vacilantes. Digan a los de corazón tímido: Esfuércense, no teman; pues su Dios viene con venganza, la retribución vendrá de Dios mismo; mas Él los salvará". Entonces, rodillas paralizadas: ¿se dan cuenta de que tiene la idea de temor en nuestras vidas? Cuando empezamos a tener temores que nos empiezan a invadir.
Y la idea de un cojo, alguien que está lastimado y que ya no está pudiendo correr bien, es el equivalente a un atleta herido. Y si ustedes han visto estas carreras, sí nos da gusto cuando lo vemos; le llaman un espíritu deportivo. O sea, que aunque es tu contrincante, tú no sigues corriendo: "Qué bueno que se cayó, y así yo ya voy a poder ganar", sino que se detiene, y se voltea, y se toma el tiempo para ayudarle a pararse. ¿No les gusta ver eso cuando pasan los deportes? ¿Qué piensan? Qué bueno que lo único que está en la mente de esa persona no es nada más "tengo que ganar a toda costa", sino "estoy en una carrera donde estoy pensando constantemente en qué está pasando con los demás". También están los hermanos en esta carrera: juntos. Juntos, no cada quien por su cuenta. El punto del pasaje es que este es un camino de comunidad.
Un camino de comunidad
La carrera que tenemos por delante es una carrera de comunidad. La estamos haciendo todos al mismo tiempo, y vamos en diferentes puntos de la pista, pero podemos ver hacia atrás, podemos ver hacia adelante, podemos ver hacia los lados, y tratar de entender qué está pasando en la carrera de los demás. Y pensar constantemente: ¿qué puedo yo hacer para que la carrera sea más fácil de correr en la vida de mi hermano o mi hermana? ¿Qué puedo yo hacer para darle un empujón, para quitar algunas cosas que a lo mejor iban a estorbarle? Ya habíamos leído sobre estas advertencias de comunidad, donde el autor de Hebreos tiene muy claro que la experiencia de la vida cristiana es una experiencia en comunidad. No está diseñada para que tú la vivas solo.
"Yo ya tengo a Dios, y por eso no tengo que ir a la iglesia, porque yo estoy bien con Dios". Es mentira; la Biblia dice que es mentira. No puedes vivir la vida cristiana solo o sola; necesitas a tus hermanos. Vean lo que dice el capítulo 3, versículo 13 —ya se los recuerdo—: "Antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado". Entonces, la exhortación es unos a otros, todos los días: recuérdense las verdades que conocen acerca de la Palabra de Dios. Y después, en el capítulo 10, versículo 25 —habíamos ya meditado sobre esto—, ahí está este pasaje: "Consideremos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras". ¿En qué contexto? El contexto es no dejarnos de congregar, "como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca".
Vivimos en una sociedad —y éste es el reto que tenemos delante de nosotros—, vivimos en una sociedad de individualismo, ¿no es cierto? Está enfocada al individualismo: lo que tú quieres, lo que es mejor para ti, lo que te afecta a ti o lo que te ayuda a ti. Y estamos bombardeados con esta idea de que lo único que importa realmente es mi propia vida. Importan los demás. Pero existe esta necesidad de discipulado, y queremos fomentar una cultura de discipulado en la iglesia, en la cual unos a otros se están constantemente animando y exhortando en el camino de la vida cristiana.
Y estaba pensando en esta analogía: cuando vamos a algún lugar y alquilamos un camión o una camioneta para ir todos juntos —además, somos de los más difíciles para coordinar esa logística—. ¿No íbamos y llegábamos ahí a Veracruz, y fuimos allá a la sierra a repartir las cajitas? ¿Y qué hacíamos cuando nos volvíamos a subir al camión? "A ver, ¿cuántos somos?". ¿Y por qué hacemos eso? Porque decimos: "No vayamos a estar dejando a alguien ahí. ¿Qué tal si nos arrancamos en el autobús y ahí se quedan atrás, en Veracruz, y luego cómo se van a regresar?". Es la misma idea de la iglesia: constantemente estar contando, saber quiénes somos, ¿y no falta nadie? ¿Alguien se está quedando atrás? ¿Alguien ya se cayó del camión y hay que irlo a recoger? Y todo el tiempo estamos haciendo ese análisis como iglesia. Bueno, ésa es la exhortación de este texto: que constantemente estemos vigilando lo que está pasando, y quiénes están y quiénes no están, y qué podemos hacer por los que no están, para ayudarles, para que vayamos juntos.
Un camino de paz
Y el camino de la santidad, de acuerdo al versículo 14, es un camino de paz: "Seguid la paz con todos". En el Salmo 34, versículo 14, leemos: "Apártate del mal, y haz el bien; busca la paz". Jesús, en las bienaventuranzas, dijo específicamente esto: "Bienaventurados los que procuran la paz, pues ellos serán llamados hijos de Dios". Bienaventurados los pacificadores, los que constantemente están buscando cómo estar en paz con los demás. Esta palabra, hermanos, que está aquí, "seguid la paz", es esta palabra de perseguir, corretear. Porque la paz no es fácil de tener muchas veces, ¿no es cierto? Tienes que perseguirla: ahí está la paz, y tienes que ir tras ella de una manera muy consciente. Ahí está delante de ti: esto es lo que Dios quiere de mí, y voy a perseguirla y voy a tratar de alcanzarla.
Si fuera fácil este punto, el mandamiento no estaría de esta manera explicado. Si el autor de Hebreos dijera: "Bueno, yo sé que siempre tienen paz todos, que se llevan bien siempre, especialmente en la iglesia"... Donde más pasa, ¿eh? El autor de Hebreos sabe el reto que es esto. Nos dice: tienen que ser proactivos en esta búsqueda constante de lo que Pablo dijo en Romanos 12: en cuanto dependa de ustedes, estén en paz con todos los hombres. Sabe que es imposible, porque a veces está fuera de nuestras manos. Pero todo lo que yo pueda hacer para estar en paz, lo voy a hacer.
Y ésa es una parte crucial del camino de la santidad: estar buscando cómo es que, en mis relaciones con toda la gente que me conoce, estoy perdonando, estoy olvidando, estoy restaurando, estoy siendo amable, estoy pensando en ellos, estoy buscando ayudarles, estoy orando por ellos, especialmente si son mis enemigos, especialmente si me han hecho mal, de acuerdo a Mateo 5 y 6. Se dice fácil, ¿no? Pero la paz es un reto que está delante de nosotros todos los días. Y la pregunta es: ¿cómo nos conoce la gente? ¿Qué dirían de nosotros?
En los videos que ya llevan unos años circulando en internet, que se hacen virales, las "ladies" y los "lords"... saben a lo que me refiero, ¿no? Y nos entretenemos con esas cosas; nos encanta ver cómo alguien se sale de su carro, está todo enojado y quiere golpearlos, y decimos: "¿Cómo pueden ser así? Yo no quiero toparme con alguien que tenga esa personalidad". Pero ¿realmente nos conoce la gente como pacificadores? ¿En realidad lo primero que les vendría a la mente es: "Es un pacificador; a él no le gusta entrar en conflicto y en controversia; él trata de mantenerse a cuentas con la gente"?
Hermanos, tenemos que ser conocidos como pacificadores. Que sí confrontamos el pecado, y que sí confrontamos las cosas que están mal, pero al final estamos buscando constantemente cómo mostrar el amor y la gracia y la misericordia de Dios a los demás a través de nuestras actitudes. Y yo sé que hay miles de cosas injustas en esta vida, pero qué tal testimonio tan poderoso es cuando nos salimos de nuestro camino, por alguien que nos está haciendo algo malo, para hacerles a ellos bien, ¿no? Ése es un testimonio increíble. "Y aunque me rayaste el coche, aunque me insultaste, aunque me dijiste lo que sea, oye, perdóname, quiero estar bien contigo, no quiero ningún problema".
Y tan fácil es que las cosas escalen, que son chiquitas, y lo hemos visto miles de veces. Empieza con algo pequeño, y de repente uno insulta al otro, y entonces eso es lo que hace que éste se enoje, e insulta al otro, y así empiezan a insultarse y terminan agrediéndose. Sí, a veces terminan hasta en homicidio, porque todo escaló de una manera tan grande. Y todos lo hemos visto manejando en las calles de esta ciudad: qué tan fácil es que algo pequeño se convierta en algo grande, nada más porque "no me gustó cómo te metiste a mi carril". Bueno, éste es el camino de la santidad al que nos está exhortando el autor de Hebreos. Nos está diciendo que es un camino derecho.
Y es un camino de comunidad, y es un camino de paz. Y aquí pueden ver en el versículo 15 otra vez esta exhortación que tiene que ver con este camino de comunidad, porque cuando dice "mirad bien" —episkopeo en griego, episcopado, esta idea de sobreveedor—, entonces tenemos esta idea otra vez que describe a los líderes de la iglesia. Pero no es exclusivo de los líderes de la iglesia; es en plural, porque "mirad bien": ustedes miren bien, porque es trabajo de todos. "No sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios".
No dejar de alcanzar la gracia de Dios
"No sea que alguno deje de alcanzar la gracia". Tenemos que entender esto, hermanos, porque aquí es una exhortación sumamente fuerte: no alcanzar la gracia de Dios. ¿No te da miedo simplemente pensar en la idea de que hay algunos que dejan de alcanzar la gracia de Dios? Ya habíamos visto esta tendencia en otros pasajes; solo se los recuerdo. Vean el capítulo 2, versículo 1: "Es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos". Entonces, como alguien que va en un barquito y viene la corriente, y es fácil que nos desvíe del camino en el que vamos. O, por ejemplo, en el capítulo 3, versículo 12, que dice: "Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo".
O el capítulo 6, versículo 4: "Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio". O en el capítulo 10, versículo 39 —ya lo vimos también—: "Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición". Hay una categoría que sí lo hace: retrocede para perdición. Y solo estoy aclarando esto, hermanos, porque sí hay una categoría de los que dejan de alcanzar la gracia de Dios.
Y cuando decimos eso, no estamos diciendo que la gracia de Dios se acaba porque no hay suficiente. Hay más gracia que la que hay pecado en el mundo y para el mundo; entre más abundó el pecado, tiene que haber más gracia. Y la gracia de Dios es mucho mayor al pecado de toda la humanidad; tenemos que dejar eso en claro. Pero entonces, ¿qué es dejar de alcanzar la gracia de Dios? Creo que todo lo que sigue aquí en los versículos que quedan, el versículo 15, 16 y 17, nos explica, nos pone ejemplos de qué es, o cómo se llega a ese momento en el que hemos dejado de alcanzar la gracia de Dios; en el que, como leímos en el capítulo 6, ya no hay perdón para esta categoría de personas, y su corazón se ha desviado de tal manera que ya nunca van a regresar al camino.
Y para el autor de Hebreos, entonces, tenemos que estar constantemente mirando, constantemente volteando a nuestro alrededor, para tratar de identificar potencialmente quiénes son estas personas que tenemos que ayudar, para que esto no suceda. ¿Qué son las cosas que están en la mente del autor de Hebreos?
Primer obstáculo: la raíz de amargura
Número 1, dice: "Que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados". La primera cosa que es un obstáculo para la santidad, y que es lo que significa no alcanzar la gracia de Dios, la primera característica de alguien que no alcanza la gracia de Dios: raíz de amargura. Ahora, aquí el autor de Hebreos... esto es muy interesante, porque yo, si leo este texto, pensaría: "Ah, bueno, no estés enojado con la gente, porque puede haber amargura en tu corazón hacia ellos", que eso es a lo que se refiere. Pero la razón por la que sabemos que eso no es a lo que se refiere es porque aquí está citando de Deuteronomio 29:18.
Y en Deuteronomio 29:18 leemos esto —es una alusión, no es una cita directa; es una alusión a Deuteronomio 29:18—: "Además, han visto sus abominaciones y los ídolos de madera y de piedra —esto es hacia el pueblo de Israel—, de plata y de oro, que tenían con ellos. No sea que haya entre ustedes hombre o mujer, familia o tribu, cuyo corazón se aleje hoy del Señor nuestro Dios para ir y servir a los dioses de aquellas naciones; no sea que haya entre ustedes una raíz que produzca fruto venenoso y ajenjo". Es la idea de lo que está tratando de citar el autor de Hebreos. Lo cual nos muestra que, cuando habla de una raíz de amargura, a lo que se refiere es a una raíz de apostasía, de falsa doctrina dentro de la iglesia.
Ésa es la primera cosa que puede surgir, y que es una amenaza en toda iglesia: en donde haya gente que está empezando a creer cosas que no son ciertas acerca de Dios y acerca de la Biblia. Y es nuestro trabajo, entonces, estar constantemente metidos en la Palabra de Dios, para que la Palabra de Dios moldee la doctrina y lo que creemos acerca de la vida cristiana, y de esa manera evitemos raíces de amargura. ¿No es interesante eso? Por eso, en este texto, raíz de amargura: dioses falsos, desviarnos hacia cosas que son falsas acerca de Dios.
Puedes tener conversaciones con muchas personas que te van a decir, especialmente, por ejemplo, si hablas del infierno o si hablas del pecado: "¿Sabes qué? Mi Dios no es así". ¿No han escuchado a alguien decir así? "Mi Dios no es así, y Dios es así, así, así". Y es la verdad: su dios es así porque se lo inventaron. Nos hacemos dioses conforme a lo que nosotros queremos que Dios sea, ¿no? Es la primera cosa: estemos alerta de la doctrina, de lo que creemos acerca de Dios en nuestros corazones.
Segundo obstáculo: los deseos temporales
Número 2 está en el versículo 16. Y pueden ver que la idea de la apostasía es algo que, para el autor de Hebreos, se esparce muy fácilmente, ¿no? Que cuando empieza a haber alguien que empieza a decir cosas falsas, es muy fácil que otros le crean y lo sigan. Número 2, versículo 16: "No sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura". Y ésta es mi manera de resumir este obstáculo para la santidad: ¿qué tan propensos somos como iglesia a ceder ante la tentación de los deseos temporales, de lo que me puede satisfacer ahorita? Porque eso es exactamente lo que pasó con Saúl —Esaú—, con Esaú.
Porque ¿qué hizo? "Yo tengo tanta hambre que no me importa el pacto que Dios hace conmigo. Tómalo tú. Lo espiritual, lo que no puedo ver ahorita, lo que no es tangible para mí, realmente no me importa; yo quiero una sopa". Y eso es lo que hizo Esaú: antepuso su tendencia a satisfacer sus deseos físicos en el momento. ¿Y no es verdad que nuestra sociedad vive para la sensualidad y para la impiedad, para la gratificación instantánea? Eso es todo lo que nos rodea; es un mensaje que está constantemente bombardeándonos: "Cómpralo ahora y paga después. Cómpralo ahorita y empiézalo a pagar en diciembre, si quieres, y a 48 meses". ¿Por qué nos seduce eso? Es gratificación instantánea: "Ya lo tengo. No lo tengo que pagar todavía, pero ya lo tengo; es lo que importa", ¿no?
Y en este texto está el sexo. Entendemos que es probablemente una de esas áreas donde más claramente vemos esta tentación, porque el sexo es esta invitación, esta tentación constante a satisfacer una necesidad física dentro de nosotros, en donde es fácil minimizar las consecuencias; especialmente si pensamos: "Nadie se va a enterar, nadie va a saber esto, porque yo estoy aquí solito con mi computadora o con mi teléfono. ¿Quién se va a enterar?". Pornografía. ¿Estamos conscientes de que es un problema mucho más grande en nuestra iglesia de lo que reconocemos? Y es porque somos capaces de hacer tantas cosas cuando creemos que no hay consecuencias, ¿no es cierto? ¿Qué clase de cosas haríamos si no hubiera consecuencias? Como estos destrozos que se hacen cuando sale una manifestación.
Y rompen vidrios, y empiezan a grafitear todo, y se meten en las tiendas, y empiezan a hacer este tipo de cosas. ¿Por qué las hacen? No las harían solitos, una sola persona; normalmente las hacen porque hay tanta gente haciendo lo que... dicen: "Ah, ellos también. Yo no soy el único, y si yo no soy el único, entonces no puede ser tan malo; por lo menos no creo que me vaya a pasar nada". Entonces, por eso se hacen estas multitudes. Y es esto, como le llaman... sí hay una parte psicológica aquí: cuando yo creo que todos los demás, todas las demás personas, lo están haciendo, entonces es muy fácil unirte a ellos: "No puede ser tan malo si todos lo hacen".
Es interesante: estaba estudiando esto, y estaba viendo que realmente no se habla de su inmoralidad sexual de una manera muy explícita en Génesis; nomás por las mujeres que quiso tener, que causaron muchos problemas. Pero en la literatura rabínica sí se encuentran muchas descripciones acerca de la vida de Esaú que tenían que ver con que era un hombre... el típico hombre, ¿no?, todo peludo y cazador, y "yo soy hombre", y pura testosterona, ¿no? Es el tipo de hombre que nos imaginamos cuando leemos en la Biblia. Básicamente el autor de Hebreos confirma esto aquí: era un hombre que daba libre expresión a sus apetitos, e impulsivo; hacía lo que quería en ese momento.
Cuando tú dejas que tus apetitos controlen tu vida, que tus apetitos físicos y temporales sean el factor determinante de tus decisiones, eso va a arruinar tu carrera. Eso es lo que dice el autor de Hebreos; eso es lo que tienen que estar cuidando en sus vidas: qué tan fácil intercambian un plato de sopa por el pacto y las promesas infinitas y eternas de Dios. ¿Dónde están nuestras prioridades? ¿Cómo pensamos en las cosas que importan, los tesoros en nuestra vida? ¿Mi cuenta bancaria, mi carro, mi casa, mi reputación, o lo que será para siempre? ¿Para qué estoy viviendo?
Tercer obstáculo: la falta de arrepentimiento
Y aquí llegamos al versículo 17: "Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas". El último obstáculo para la santidad es la falta de arrepentimiento. Y aquí solo quiero aclarar lo que creo que está diciéndonos este pasaje acerca de la naturaleza del arrepentimiento. Cuando está en Génesis 27, Esaú sí sufrió las consecuencias de su decisión, que fue que Isaac bendijo a Jacob. Aunque fue con un engaño, Isaac bendijo a Jacob, y él se dio cuenta de que todo esto realmente fue a raíz de la manera en que él minimizó la importancia de las promesas de Dios para su vida.
¿Y cómo reaccionó? ¿Le gustó perder su bendición? No le gustó; se dio cuenta de que sí era algo importante. Pero su manera de reaccionar fue que se enojó. Dijo: "Voy a matar a mi hermano; así me voy a sentir mejor acerca de esto, si lo puedo matar". Y entonces reaccionó en ira; sí estaba enojado. Y eso creo que es a lo que se refiere acerca de estas lágrimas que derramó: fueron por frustración, fueron por enojo y desesperación al ver lo tonto que había sido hasta ese punto. Entonces, las lágrimas de enojo y de frustración fueron porque vio las consecuencias de su decisión. Pero es remordimiento, no arrepentimiento.
Vean la diferencia entre esas dos. El remordimiento es: "Ay, la regué, no lo debí haber hecho". El arrepentimiento es: "Eso fue pecado; tengo que venir delante de Dios en humildad y pedirle perdón, porque el problema no es lo que yo le he hecho a otra persona; el problema es lo que yo le he hecho a Dios". Vean lo que dice 2 Corintios 7:10: "Porque la tristeza que es conforme a la voluntad de Dios produce un arrepentimiento que conduce a la salvación, sin dejar pesar; pero la tristeza...". O sea, dice Pablo, hay una tristeza que te lleva al arrepentimiento, y hay otra tristeza, que es del mundo, que produce muerte, no salvación.
Quiero que entiendan esto bien, porque quiero que entiendan que no hay ningún pecado que Dios no pueda perdonar, y que si tú te arrepientes, Dios te perdona; que eso quede claro. No hay ningún pecado que no pueda ser pagado por Cristo en la cruz, ninguno: violación, asesinato. Gente que estuvo metida en satanismo, que hizo toda clase de cosas, metidos en el ocultismo, y ahora han sido redimidos por Cristo, perdonados por Cristo. Si alguien viene y se arrepiente, él será perdonado. Pero tenemos que aprender a diferenciar estas dos cosas en la vida cristiana y en la vida de la gente, porque el pecado nos afecta a todos, y no tienes que ser cristiano para darte cuenta de que muchas veces el pecado es algo malo.
Judas y Pedro: remordimiento y arrepentimiento
Pero ¿se acuerdan de Judas? Judas se sintió mal sobre lo que hizo; sí, se sintió muy mal de lo que hizo. Él regresó: "¿Saben qué? Yo no puedo tener esto... hice mal, nunca debí haber vendido a mi Maestro". Pero ese sentimiento de culpa lo llevó a la desesperación, lo llevó al suicidio. Y por el otro lado tenemos a Pedro, que básicamente hizo lo mismo: negó a su Maestro tres veces. Y cuando se dio cuenta de lo que había hecho, ¿qué pasó? Lloró amargamente. Pero ¿a qué lo llevó? Es esa tristeza de la que habla Pablo en 2 Corintios; una tristeza que lo llevó al arrepentimiento, que lo llevó a la salvación, y lo llevó a tener paz.
Por eso dice que la tristeza que es conforme a la voluntad de Dios produce un arrepentimiento que conduce a la salvación, sin dejar pesar. Está atrás de mí; ya no cargo con esto, porque Cristo lo pagó en la cruz. No tengo que vivir con mi pecado sobre de mí día tras día, sintiéndome mal por ese pecado, si yo ya lo confesé, yo ya se lo puse a Dios y le dije: "Señor, ve a Cristo, no me veas a mí; ve lo que Él hizo por mí. Y te pido que Él pague por mi culpa; te pido que Él sea el que sufra el castigo que yo merecía". Ésta es la transacción del evangelio; es increíble. Lo glorioso del evangelio es que así funciona, y ¡pas!, mis pecados quedaron atrás, tan lejos como el occidente está del oriente, o tan profundo como lo más profundo del mar. Ahí están mis pecados. Nunca más se va a acordar Dios de ellos para ponerlos delante de mí como algo que tenga en contra de mí.
Puedes leer acerca de esto en Mateo 27:3, acerca de Judas, porque habla de... y en la Nueva Biblia de las Américas, NBLA, dice específicamente esta palabra: "sintió remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata". Ya habíamos hablado de esto al principio de este capítulo: lo que como iglesia sentimos en relación al pecado. ¿Lo toleramos o nos arrepentimos? Son las únicas dos opciones.
Conclusión y oración
Siembra un pensamiento y cosecha una acción; siembra una acción y cosecha un hábito; siembra un hábito y cosecha un estilo de vida; siembra un estilo de vida y cosecha un carácter; siembra un carácter y cosecha un destino. Es tiempo de que veamos todas las cosas pequeñas en nuestra vida, todas las cosas pequeñas que minimizamos. Es tiempo de ver la santidad seriamente. Vivamos una vida que siempre está lista para enfrentar la eternidad.
Gracias, Padre, por Tu Palabra, y gracias porque podemos ver en ella lo que quieres de nosotros y la manera en que podemos glorificarte con todas las decisiones que tomamos y con la manera en que vivimos día a día. Encomendamos en Tus manos este mensaje, para que Tú transformes los corazones de todos los que estamos aquí, y te buscamos para poderte servir con nuestras vidas, servir con nuestros dones, y para que haya una transformación constante internamente, que la gente pueda ver, que refleje Tu gracia, Tu misericordia y Tu perdón en cada uno de nosotros. En Cristo Jesús, amén. Pónganse de pie.
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