Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Hebreos 12:18-24HebreosNathan Díaz

Acercándonos al monte de gracia

¿Cuál es la diferencia entre el monte Sinaí y el monte Sión? Hebreos 12:18-24 contrasta el monte de la ley —inaccesible, con fuego, tinieblas y temor— con el monte de la gracia, donde Jesús es el mediador y su sangre habla mejor que la de Abel. A ese monte el creyente ya se ha acercado, sin miedo a morir.

Transcripción

Introducción: la carrera de la vida cristiana

Tengo que recordarles un poquito qué es lo que hemos estado viendo en este capítulo 12 en particular, porque han pasado algunas semanas desde que estábamos en el libro de Hebreos. Y el énfasis y la exhortación ha estado siendo en la carrera de la vida cristiana y cómo se ve esta carrera. Y al irnos acercando hacia el final de Hebreos, van a ir viendo, cada vez más, algunos aspectos muy prácticos, muy parecido a las epístolas de Pablo, donde empieza a dar ejemplos muy específicos de cómo se ve la vida cristiana en áreas muy específicas, y cómo ejercitamos la santidad al ir creciendo en Cristo. Entonces van a ver eso, van a ver este desarrollo en lo que estamos viendo ahorita en el capítulo 12; pero es más en el capítulo 13, específicamente, que vamos a empezar a ver en dos semanas, en donde hay unos puntos bien específicos con los que termina el autor de Hebreos para mostrarnos cuál es su sentir y su exhortación para nosotros, sus preocupaciones.

Y las vemos aquí, porque el capítulo 12 ya nos dijo: están ustedes corriendo una carrera, y esa carrera es una carrera difícil; es una carrera de distancia más que de velocidad. Entonces requiere perseverancia, requiere mantenerse a pesar de los desánimos, a pesar de las manos caídas y de las rodillas paralizadas que leíamos en el versículo 12. A pesar de esas cosas, estamos juntos como iglesia, animándonos todos para poder terminar la carrera todos juntos, para que podamos ver cómo todos vamos en la misma dirección y tenemos el mismo propósito. No estamos peleando unos contra otros en la carrera; realmente estamos corriéndola juntos, para llegar al final juntos y gozarnos juntos de que la terminamos. Ese es el sentir de lo que está en el corazón del autor de Hebreos.

Esaú: una vida enfocada en lo temporal

Y hablaba, en la última sección que estudiamos, acerca de la paz, la santidad, la raíz de amargura, que tiene que ver con la sana doctrina. Habíamos hablado acerca de la fornicación, o del tipo de actitud que existe en Esaú: tengan cuidado con esas cosas. Porque dice el versículo 17 que aun "después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas". Entonces, el peligro es que nuestro llanto no sea un llanto de arrepentimiento, sino nada más un llanto de pérdida de bendiciones. O sea, si ven en el versículo 17, ¿qué es lo que procuró con lágrimas? No, lo que procuró con lágrimas no fue el arrepentimiento; lo que procuró con lágrimas fue la bendición: "Híjole, se me fue esa bendición que era para mí, y la vendí por un plato de sopa". Y ese enojo dentro de él, de Esaú, lo llevó a querer matar a su hermano, a asesinarlo. Ese es el tipo de enojo que provocó en él la frustración sobre las malas decisiones que él había tomado en el pasado.

Pero vimos que en particular la vida de Esaú ejemplifica una vida que solo se enfoca en lo temporal. Eso creo que es el énfasis central sobre la vida de Esaú, si leen la historia, y la hemos estado estudiando en el libro de Génesis. Pero cuando describe esas dos cosas acerca de él, fornicario o profano, la idea de la actitud que Esaú tenía en las situaciones que vivía constantemente era tomar decisiones siempre en base a lo que le beneficiara en ese momento. Y es por eso que existe tanta perversión sexual, por ejemplo, en nuestra cultura: es porque estamos enfocados solamente en el ahora. Y por eso no esperamos hasta el matrimonio para tener relaciones sexuales, o por eso nos acostamos con alguien que no es nuestro cónyuge: porque no estamos pensando en lo eterno, no estamos pensando en lo que es importante en nuestras vidas. Lo único que queremos es: "Ahorita sentirme bien; lo único que me importa es hoy, que hoy satisfaga mi carne".

Lectura de Hebreos 12:18-24

Entonces, ahí estamos; eso ya lo vimos hace unas semanas. Y ahora ya llegamos al versículo 18, que empieza con una palabra que, si tienen esas hojas de las que estaba hablando Roberto, que hicieron las mujeres, sobre cómo estudiar la Biblia, van a ver que son palabras que son importantes de notar en la Biblia, y de decir: "¿Por qué está esta palabra aquí?". ¿Cuál palabra? "Porque". Entonces, de acuerdo a lo que yo les acabo de decir acerca de Esaú y su enfoque en lo temporal, ahora el autor de Hebreos quiere decirnos algo, nos quiere exhortar a algo, nos quiere animar, diciéndonos:

"Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar, y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad, al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más, porque no podían soportar lo que se ordenaba: Si aun una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada con dardo; y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando".

Ahí está un monte que nos describe el autor de Hebreos. Y luego nos describe otro, versículo 22: "Sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel".

Señor, gracias por esta parte de Tu Palabra. Te pedimos que nos ayudes a entenderla y a meditar en todas las implicaciones que esto tiene para nuestras vidas. En el nombre de Cristo Jesús.

Dos montes, dos maneras de acercarse a Dios

Dos cosas vamos a analizar en este pasaje: qué es el monte Sinaí y qué es el monte Sion. Esos son los contrastes que está haciendo el autor de Hebreos. Nos quiere mostrar estos dos montes, nos quiere demostrar sus características, y nos quiere enseñar cómo es acercarse a Sinaí y cómo es acercarse a Sion. Y recuerden otra vez: tenemos en mente a Esaú, tenemos en mente las advertencias anteriores, cómo es que él se acercó a Dios, y cómo es que nosotros tenemos que acercarnos a Dios. Y hay maneras diferentes de llegar a Dios. No todo el que busca a Dios lo conoce realmente, porque Dios ha establecido la manera de buscarlo y de llegar a Él, y Él nos dice cuál es esa manera, y nos dice que si no seguimos esa manera no lo vamos a conocer. Y tú puedes pensar que lo conoces y realmente no lo conoces, y un día te dirá: "No te conozco, apártate de mí; yo no sé quién eres".

No en el sentido de que no sabía Dios que existíamos, sino en el sentido de que no había un pacto que había establecido Él con nosotros para cumplir las promesas para nosotros. Necesitas un pacto con Dios si tú quieres que Él te dé lo que te promete. ¿Cuál es ese pacto? Esto es de lo que se trata: esto es entender el pacto. Tiene que ver... y el nuevo pacto, ya lo leímos en el capítulo 8 de Hebreos, tiene que ver con cómo nos relacionamos con la ley y cómo nos relacionamos con la gracia. Esa manera de que tú entiendas qué es la ley y qué es la gracia de Dios, eso es lo que te va a llevar a poder entender el pacto que Dios quiere hacer contigo a través de Jesucristo. Y es interesante que el autor de Hebreos está usando una imagen aquí de algo con lo que toda su audiencia estaría muy familiarizada, que es la manera en que Dios le dio la ley a Su pueblo a través de Moisés. Y recuerden, aquí dice: "No os habéis acercado al monte que se podía palpar". O sea, del que está hablando es un monte que se puede palpar: el monte Sinaí. Y todo lo que ha venido diciendo en el libro de Hebreos han sido cosas que se podían palpar: había un tabernáculo, y había un sacerdote, y había sacrificios, y un corderito que tú podías tocar, y la sangre era derramada. Y era algo muy didáctico lo que experimentó el pueblo de Israel con todas las leyes y mandamientos y ceremonias que les dio.

Pero no se trataba de que nada más se quedaran en la experiencia didáctica que Dios les estaba dando, sino de que entendieran la profundidad espiritual que esas cosas tenían, y que apuntaban hacia Jesucristo. Entonces, para el autor de Hebreos es importante que no nos quedemos con las cosas físicas nada más, sino que veamos que hay todo un mundo y toda una realidad allá afuera que Dios ha establecido, que trasciende a este mundo físico que podemos palpar y ver. ¿Qué hay detrás del mundo físico? ¿Qué hay detrás? Hay un monte. La imagen, ustedes... estamos rodeados de montes; saben exactamente cómo se ve un monte, y han subido a uno. Imagínenselo como un símbolo de una realidad espiritual.

El monte como lugar de adoración

Y es interesante ver a lo largo de la historia bíblica cómo es que Dios usó los montes específicamente como lugares de adoración. Y justamente, cuando leemos la historia de la torre de Babel, estamos leyendo acerca de una imitación de Sus montes siendo construida por el hombre como su lugar de adoración: "Aquí es donde nosotros vamos a adorar", no donde Dios dice: "Es este monte". Entonces, la torre de Babel se convirtió en el símbolo del monte hecho por hombres para ponerse a sí mismos en el centro y ser su propio dios. Que, por cierto, curiosamente, es la explicación más probable de por qué hay pirámides en todo el mundo. Dios había establecido montes para la adoración, y de algún lugar en común todas estas civilizaciones, incluyendo la del continente donde estamos nosotros y de nuestro propio país, seguían esa misma idea, y en Egipto y en todas partes.

Ustedes saben que hay algo ahí extraño que los arqueólogos han visto, y han dicho: "¿Por qué, cómo, en diferentes épocas y en tan diferentes lugares, son tan parecidas estas edificaciones?". Bueno, probablemente tiene su origen en lo que sucedió en la torre de Babel. Entonces, el monte se convierte en un símbolo del lugar en donde te vas a encontrar con Dios. Y si recuerdan la conversación con la mujer samaritana, es un buen ejemplo, en Juan 4, versículos 20 y 21. Si recuerdan, está la mujer samaritana hablando con Jesús, y ¿qué es lo que le dice? "Ustedes dicen que se debe adorar en ese monte; nosotros decimos que se debe de adorar en este monte". Y otra vez Jesús trasciende esta realidad de un espacio físico y geográfico, y dice: "Bueno, lo que yo he venido a ser realmente es el lugar en donde Dios se va a encontrar contigo ahora, a través de lo que yo voy a hacer. No es un lugar geográfico; es un lugar espiritual, es dentro de cada corazón transformado".

Y es la conversación que Jesús tuvo con la mujer samaritana; y, por cierto, esa conversación giraba en torno a este tema de la adoración, ¿no es cierto? Y cuando tú regresas a la historia de los judíos en el éxodo, que es la historia a la que está haciendo referencia aquí el autor de Hebreos, ¿por qué le dijo Dios a Moisés que quería que Faraón los dejara ir? ¿Cuál era la razón? Va Moisés con el Faraón y le dice: "Deja ir a mi pueblo". ¿Para qué? "Para que me sirvan", para que me adoren; es la misma palabra. ¿Y a dónde los lleva? Cruzando el mar Rojo, ¿y a dónde los lleva? Al monte Sinaí.

Sinaí: la santidad de Dios desplegada

Entonces, vayan conmigo, vayan conmigo allá, al texto. Quiero que lo lean, porque creo que cuando lo leemos directamente de donde el autor está citando, pueden ver un poquito mejor el contexto de la historia. Éxodo 19:12: "Y señalarás término al pueblo en derredor, diciendo: Guardaos, no subáis al monte, ni toquéis sus límites; cualquiera que tocare el monte, de seguro morirá". Ahí está tu monte de adoración: tócalo y te mueres. "No lo tocará mano, porque será apedreado o asaeteado; sea animal o sea hombre, no vivirá. Cuando suene largamente la bocina, subirán al monte. Y descendió Moisés del monte al pueblo, y santificó al pueblo; y lavaron sus vestidos. Y dijo al pueblo: Estad preparados para el tercer día; no toquéis mujer. Aconteció que al tercer día" —curiosamente, son tres días los que Dios usa para prepararlos para esta manifestación que va a ser— "cuando vino la mañana, vinieron truenos y relámpagos, y espesas nubes sobre el monte, y sonido de bocina muy fuerte; y se estremeció todo el pueblo que estaba en el campamento".

"Y Moisés sacó del campamento al pueblo para recibir a Dios; y se detuvieron al pie del monte. Todo el monte Sinaí humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en fuego; y el humo subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremecía en gran manera. El sonido de la bocina iba aumentando en extremo; Moisés hablaba, y Dios le respondía con voz tronante". Y hay muchas historias en la Biblia, pero esta es una de las que me gustaría haber visto. Bueno, digo eso ahorita, ¿no?, porque vean lo que pasó en el capítulo... sigan un poquito más adelante, capítulo 20, versículo 18: "Todo el pueblo observaba el estruendo y los relámpagos, y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba; y viéndolo el pueblo, temblaron, y se pusieron de lejos. Y dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos" —pero ¿qué?— "pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos".

O sea, es lo que ellos pensaban que iba a pasar si Dios les hablaba directamente. No sé cómo habría sido, para que pensaran eso: que solamente la voz te mataría. "Y Moisés respondió al pueblo: No temáis; porque para probaros vino Dios, y para que su temor esté delante de vosotros, para que no pequéis". Es decir, este es un despliegue de la santidad de Dios, es un despliegue de la pureza de Dios, y es por eso que no se pueden acercar, porque cualquier pecador caía muerto. Vean qué tan grande es su pecado, que los mata si tan solo tocan el lugar en donde está descendiendo Dios. Vean qué tan increíble es la santidad de Dios siendo desplegada para que la vean.

Y encontramos estas descripciones aquí muy interesantes, porque realmente no son descripciones nuevas, en un sentido; son cosas que ya habíamos visto. ¿Se acuerdan? Cuando Adán y Eva pecaron en el huerto del Edén: esta idea de fuego siendo manifestado por la santidad de Dios para separarnos de Él es exactamente lo que sucedió con el ángel que tenía una espada de fuego, cuando Adán y Eva pecaron, para que no entraran más al huerto del Edén y comieran del árbol de la vida. Entonces, a lo largo del Antiguo Testamento estamos viendo esta separación tan clara, donde Dios está mostrando que hay un verdadero problema que tenemos; es un verdadero problema. Tú no puedes tener comunión con Dios; tú no puedes ni siquiera acercarte a Dios sin ser consumido completamente en tu estado actual. Y este monte entonces se empieza a convertir, para el autor de Hebreos, en un símbolo de un monte que es inaccesible, es imposible llegar ahí; y si tú tratas de acercarte nada más pensando "yo sí puedo", vas a terminar muerto.

Entonces, ¿cuáles son las características del monte Sinaí? Las características: ley, representada por este fuego; nos separa esta ley, porque la hemos quebrantado. También la separación se manifiesta con las tinieblas que son narradas aquí: hay oscuridad, hay oscuridad alrededor del monte. Es decir, la justicia de Dios trae oscuridad palpable para la gente, que pueden ver, que representa la separación entre Dios y nosotros. Y por último, hay trompetas y hay una voz. Claro, nosotros no usamos a Roberto para eso, pero en los tiempos del pueblo de Israel las trompetas normalmente eran usadas como una señal de advertencia, un poco como nuestras alertas sísmicas, ¿no? Tenemos bocinas, y cuando están ahí es para alertar de que algo va a suceder, y que estés atento y que hagas algo. Entonces, esta amenaza es simbolizada por las trompetas y la voz de Dios.

Moisés mismo tiene miedo. ¿Se acuerdan de niños, cuando llegaban a algún lugar? Y, por ejemplo, llegas a un terreno y está ahí una casa toda vacía, y dicen: "Es que ahí hay fantasmas, o hay cosas; ahí aparecen cosas". Y entonces siempre quieres que alguien entre primero: a ver quién se va a meter y quién se va a arriesgar primero. Y todos tienen miedo; entonces van a buscar al más dejado para que él sea el que entre primero. Así veo un poquito al pueblo de Israel, y tú dices: "Tú, ¿qué, te vas también con Dios? ¿Por qué no vendrás tú? No, ¿por qué no subes tú?".

El monte Sinaí que nos hacemos

Pero el punto, hermanos, entonces, es que todo lo que representa este monte Sinaí —ley, separación y amenaza— nos muestra que es imposible llegar a Dios. Y que esta es la manera: el monte Sinaí, de hecho, como lo ejemplifica la vida de Esaú, es la manera más común en que la gente trata de acercarse a Dios, pensando: "Dios me tiene que aceptar como soy; Dios me tiene que...". Porque en nuestras mentes, como no somos tan malas personas —"yo no soy como esos que roban mochilas en el aeropuerto"—, así es nuestra percepción, autopercepción. Entonces sentimos: "Dios me debe algo; ¿por qué me va a impedir el acceso a Su presencia? ¿Por qué me diría: 'No, te vas a morir si tratas de acercarte'?".

Entonces tratamos de acercarnos, tratamos de pensar que hay maneras en las cuales podemos justificarnos a nosotros mismos delante de Dios. Y entonces nosotros nos hacemos nuestros minimontes Sinaí, que es lo que está describiendo aquí el autor de Hebreos: nuestros pequeños lugares donde ahí está la justicia de Dios, ahí está la ley de Dios, ahí está la amenaza de Dios: "No te acerques por tus propias obras; no te acerques como estás". Y no escuchamos la advertencia. Y el día que nos presentemos delante de Dios y Él nos pregunte: "¿Por qué te tengo que aceptar?", y nuestra razón sea: "Porque le eché ganas; porque, mírame a mí, yo no soy como él o como ella", vamos a terminar en condenación eterna.

El monte Sion: la Jerusalén celestial

Lo cual nos lleva al segundo monte: monte Sion, versículo 22. El autor de Hebreos sostiene la confianza: ustedes ya se han acercado al monte Sion. Noten el tiempo del verbo aquí. No dice: "Un día se acercarán, algún día estarán ahí, van en camino al monte Sion". No: ustedes ya se han acercado al monte, ya lo tocaron. Pero no es el del monte Sinaí; este es el monte Sion. Es tradicionalmente el monte donde está el templo en Jerusalén; eso se convirtió en el símbolo de la presencia de Dios. Y Jerusalén es una ciudad; por eso dice "la ciudad del Dios vivo". Pero, por si tienen la tendencia a idolatrar Israel, a idolatrar esa zona geográfica del mundo, que les quede claro que no está hablando de ese lugar específicamente: es "Jerusalén la celestial".

Pablo habla acerca de esto también en Gálatas: "Díganme, los que desean estar bajo la ley, ¿no oyen a la ley? Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos, uno de la sierva y otro de la libre. Pero el hijo de la sierva nació según la carne, y el hijo de la libre por medio de la promesa. Esto contiene una alegoría, pues estas mujeres son dos pactos: uno procede del monte Sinaí, que engendra hijos para ser esclavos; esta es Agar. Ahora bien, Agar es el monte Sinaí en Arabia, y corresponde a la Jerusalén actual, porque ella" —y todos hablan de Jerusalén físicamente, geográficamente; Jerusalén geográficamente, adivinen— "está en esclavitud con sus hijos". Geográficamente, Jerusalén no te va a dar nada. ¿Qué es lo que dice? Pero aquí lo explica, versículo 26: "Pero la Jerusalén de arriba es libre; esta es nuestra madre".

Dice Pablo: esta es nuestra ciudadanía; es una ciudad. Y esta ciudad es la ciudad que está siendo ya preparada por Dios. Ya estamos teniendo acceso a esta ciudad en nuestra relación con Dios ahorita, pero se va a ir manifestando y haciendo más increíble y más gloriosa conforme nos acercamos al momento de la segunda venida, en el cual será inaugurada públicamente la ciudad, que es la manera en que Dios habitará y estará en armonía y en comunión con Su pueblo para siempre. Y es lo que leemos en Apocalipsis 22:14: "Bienaventurados los que lavan sus vestidos, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad". Es lugar de comunión con Dios: "Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo".

Pero esa experiencia empieza ahorita. El Reino de Dios es una ciudad, porque así es un reino. Podríamos decir: el reino de México; vivimos en su capital, que es la Ciudad de México, y somos ciudadanos mexicanos, nacidos en este reino. Por eso Pablo dice: "Nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también ansiosamente esperamos a un Salvador, el Señor Jesucristo", Filipenses 3:20.

Millares de ángeles

Dice: "a la compañía de muchos millares de ángeles". Y eso es interesante, porque de hecho son descritos... Deuteronomio 33:2 describe justamente que en Sinaí, dice: "El Señor vino de Sinaí, y esclareciéndoles desde Seir; resplandeció desde el monte Parán, y vino de en medio de diez millares de santos; a Su diestra había fulgor centelleante para ellos". Es decir, esta presencia angelical y espiritual se dio de hecho en el monte Sinaí, y son probablemente los que tocaron las trompetas que iban incrementando en volumen. Daniel 7 dice: "Un río de fuego corría, saliendo de delante de Él. Miles de millares le servían, y miríadas de miríadas estaban en pie delante de Él. El tribunal se sentó, y se abrieron los libros". Y por supuesto, ya estudiamos Apocalipsis, Apocalipsis 4, Apocalipsis 5, describiendo a los seres angelicales que están rodeando el trono, que le sirven día y noche y lo adoran sin parar; y una multitud, en el capítulo 7, que nadie podía contar, que está de pie delante del trono con vestiduras blancas. Esa es la realidad que está empezando a ser descrita aquí, que está anticipando el autor de Hebreos, para que pensemos qué es lo que representa el monte Sion para nosotros.

La congregación de los primogénitos

Hay otro concepto aquí muy interesante que sigue, versículo 23: "a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos". Entonces aquí tiene otro concepto: a estos ciudadanos del reino los llama primogénitos. ¿Y cuáles son las características de los primogénitos en la Biblia, y por qué es tan importante, por qué aparece tantas veces? Hoy en día no pensamos mucho en ese término: "Ah, sí, el que nació primero, ¿no?, y pobrecito el segundo, el tercero y el cuarto, que ellos son menos especiales". Bueno, en realidad, bíblicamente sí había un peso sobre los primogénitos, y el peso radicaba principalmente en el tema de la herencia: a ellos se les daba una doble porción de la herencia. Entonces, esa es una cosa a la que nos está apuntando: son los herederos; por eso los llama primogénitos.

Pero además piensen en esto, y ya lo hemos hablado antes: un primogénito nunca escoge en qué familia quiere nacer. ¿Quién de ustedes escogió a sus padres? "Esto es... no me gusta el trato; prefiero que ellos sean mis papás". No escogimos a nuestros papás. Es una posición a la cual tú tienes que nacer solamente; tú no puedes ganar esa posición, tú no puedes hacer nada para convertirte en hijo de alguien. Y es la imagen bíblica de la adopción que hemos recibido en Cristo Jesús: que nacemos dentro de la familia de Dios, no por voluntad del hombre, sino por voluntad de la soberana elección divina.

Entonces, es otra imagen que nos está dando, la imagen de primogénito. Y Dios, en el éxodo, así llamó a Israel: "Entonces dirás a Faraón: Así dice el Señor: Israel es mi hijo, mi primogénito". Dios lo llamó Su primogénito. "Y te he dicho: Deja ir a mi hijo para que me sirva, pero te has negado a dejarlo ir. Por tanto, mataré a tu hijo, a tu primogénito". También en la décima plaga había algo especial por eso: la décima plaga se centró en los primogénitos, porque la imagen del primogénito estaba al centro de lo que Dios quería mostrarle a Israel: "Ustedes son mi primogénito, ustedes son mis herederos; a través de ustedes yo haré mi plan para este mundo. Así que mi manera de mostrar mi justicia va a ser con el primogénito de Faraón y el primogénito de todo aquel que no haya puesto la sangre sobre el dintel de la puerta la noche de la Pascua". Porque se trata de la primogenitura: ¿quién heredará las promesas? ¿A quién he escogido yo para que sea parte de mi familia?

"Y si somos hijos, somos también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si en verdad padecemos con Él a fin de que también seamos glorificados con Él". "Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de Su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos". La iglesia cristiana es una sociedad de primogénitos. Todos nacimos primero, con Jesús como el ejemplo a seguir; Él fue el hermano mayor que nos mostró el camino. Pero todos, todos participamos de esa posición de herencia de primogénito. No hay el nacido segundo, y tercero, y cuarto, y "bueno, a ella no le tocó".

Inscritos en los cielos

La otra cosa que también es interesante —otra vez conectando estas historias: estamos leyendo Hebreos, estamos leyendo lo que sucedió en el éxodo—, la otra cosa que es interesante ver es que están inscritos en los cielos. ¿Y saben qué pasó en Números 3? Es parte del proceso: después de que Israel había salido de Egipto, ¿qué hizo Moisés? "Vamos a hacer una inscripción de quiénes son los que forman parte del pueblo de Israel". Y usa este mismo lenguaje. Ahora, la idea es que nosotros también, así como en Números 3:40 y 43 —lo pueden leer, Números 3—, existe esta idea de hacer un registro, de hacer algo formal para establecer la pertenencia. Así como los pasaportes, que perdió mi hijo ayer, dicen de dónde eres ciudadano: algo formal que puedes mostrar y decir: "Sí, sí soy ciudadano". Así Dios nos ha inscrito a nosotros dentro de un libro: una declaración formal de que, de hecho, sí formamos parte de la familia.

A Dios el Juez de todos

"A Dios el Juez de todos". Aquí, ahora, viendo a Dios como Juez. Ya leímos algo sobre esto en el capítulo 10, versículos 30 y 31, que dice: "Por la fe cayeron los muros de Jericó después de rodearlos siete días. Por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los desobedientes, habiendo recibido a los espías en paz". No... creo que hay una cita... "Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan". Dios será el Juez al final de nuestras vidas. Dios establecerá la manera en la cual todo pecado se pagará, todo pecado.

Lo cual nos muestra —y ya lo he mencionado antes— que entonces solo hay dos opciones: o tú pagas por tu pecado, o Jesús paga por tu pecado; pero alguien lo va a pagar. Eso es justamente lo que nos da la libertad para amar a nuestros enemigos. Ama a tus enemigos, ama al que te hace mal. ¿Por qué? Porque "mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor". ¿Ven la conexión? Si Dios se va a encargar de hacer justicia, entonces yo ahora soy libre para poder amar al que me hace mal a mí, al que me hace una injusticia a mí, porque yo no tengo que preocuparme de que ese pecado se pague. ¿Se va a pagar? Por supuesto que se va a pagar, porque Dios es un Juez justo; ningún pecado se le escapará. Yo no tengo que afanarme, yo no tengo que preocuparme por que se haga justicia todo el tiempo, y mucho menos por mi propia mano, porque yo no puedo hacer justicia perfecta; pero Dios sí la puede hacer.

Así que "al que te dé una cachetada, ponle la otra mejilla", dice Jesús. Está bien, porque si un día tú te arrepientes de eso, Jesús pagará ese pecado; y si nunca te arrepientes de eso, tú pagarás ese pecado. Voy a orar para que te arrepientas y que Jesús lo perdone; pero si no es así, yo tengo paz, puedo estar tranquilo. ¿Es injusto que nos roben cosas? Sí, claro que es injusto. Pero yo conozco las limitaciones de nuestra policía; no estoy esperando que se haga una perfecta justicia a través de nuestro gobierno y de estas leyes. Estoy esperando que Dios haga Su justicia, y puedo amar a aquellos que nos han quitado cosas, con gusto, con gozo.

Los espíritus de los justos hechos perfectos

Dice el mismo versículo 23: "a los espíritus de los justos hechos perfectos". Nadie es perfecto, ¿no? Bueno, nadie que no conoce a Cristo es perfecto. Tú y yo sí somos perfectos. ¿Seguimos pecando? Sí, seguimos pecando, pero la perfección de Cristo ya es nuestra. Esa es la imputación que se hace por la fe: Su vida perfecta ya es nuestra hoy. Así que conviértete en lo que ya eres: tienes la justicia de Cristo para vivir en santidad. Así que solo busca depender más y más de Él, para que Él sea glorificado en tu vida. Es una garantía que, si esa obra ha empezado, se completará. Y sí seremos perfectos, de una manera en la cual ya no experimentaremos las consecuencias del pecado, algún día.

No estamos solos: la iglesia local

Entonces, quiero que entiendan todo lo que rodea al monte Sion. No estamos solos: hay toda una comunidad, todo un grupo, un pueblo, una ciudad, una nación que rodea al monte Sion, a la cual pertenecemos. Y el autor de Hebreos quiere poner en nosotros el consuelo y la esperanza de que no estamos solos, y de que ya podemos disfrutar de las bendiciones de la armonía que existe hoy en medio de ese pueblo, y que se manifiesta principalmente en la iglesia local. Me parece increíble, increíble, que digamos: "Vamos a estar juntos en la eternidad", pero no podemos estar juntos ahorita. No sé, es ridículo pensar así: "Ahorita no; nos vemos en la eternidad; ya nos veremos, y ahora ya sí; no, ahorita no".

Estos son tus hermanos y hermanas en Cristo, que Dios ha puesto en tu vida para que digas: "Esta es la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, y es la gente que más amo en todo el mundo, porque apenas empieza el viaje con ellos". Esta es la experiencia donde comienza, para el cristiano, entender de qué se va a tratar la eternidad, con todas sus dificultades y luchas. Pero aquí vemos cómo se ve el amor de Cristo, la gracia, la misericordia, el perdón, la unidad del cuerpo.

Jesús, el Mediador del nuevo pacto

Y el pasaje termina diciendo: "a Jesús el Mediador del nuevo pacto". ¿Por qué esta palabra, "Jesús"? Hablando de Su humanidad, hablando de Su vida aquí en la tierra, porque ahí es donde se manifestó cómo es que el plan de Dios se iba a cumplir perfectamente. Para que no fuera el mediador Moisés. Ya leímos la historia: para el pueblo de Israel, Moisés fue el mediador. Le dijeron: "Tú sube al monte Sinaí, tú habla con Dios; tú eres Su amigo, tú puedes, en nuestra representación". Moisés tenía miedo, y Moisés tenía también sus propias limitaciones y su propio pecado en su propia vida. Pero, a diferencia de Moisés, Jesús se convirtió en el verdadero Mediador, que sí podía subir al monte Sinaí y sí podía presentarse delante de Dios en toda Su justicia y Su vida.

Y las tinieblas, y el fuego, y la oscuridad, y las trompetas, y la voz que rodearon el monte Sinaí, son las mismas características que rodearon a Cristo en Su crucifixión, cuando dijo: "¿Por qué me has abandonado?". Y en la manera en la cual Él cumplió perfectamente toda la ley de Dios que el monte Sinaí representa —porque ahí fueron dados los Diez Mandamientos—, de la manera en que Jesús cumplió esa ley, de esta manera es que ha provisto ahora para nosotros el monte Sion: "No tengan miedo de acercarse a este monte, pero pasen por mí primero. Si están conectados a mí, no morirán, nada les pasará; yo seré su Juez y su Abogado".

La sangre que habla mejor que la de Abel

Y termina con algún detalle que ya vimos en el capítulo 11, cuando hablamos de otro personaje del Antiguo Testamento, súper interesante aquí, que dice: "y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel". O sea, pensamos que Abel era inocente, pero la inocencia de Abel no se compara con la inocencia de Cristo; y su sangre fue derramada. Abel fue asesinado por su hermano; Jesús fue asesinado por Sus hermanos. Pero, aunque existen estos paralelos, los efectos y las consecuencias fueron muy diferentes. Porque, por un lado, la muerte de Abel causó una tormenta y un juicio para su hermano, porque cuando Dios le dijo a Caín: "La sangre de tu hermano clama desde el suelo", o sea, la sangre de Abel estaba hablando. Pero ¿qué estaba pidiendo la sangre de Abel? La sangre de Abel pedía juicio y venganza; eso es lo que pedía: "No dejes, Dios, que esto se quede así". Y Dios castigó, y Caín se convirtió en un ejemplo, así como Esaú, del linaje que está apartado de Dios, que está siendo juzgado por Dios.

Así que, donde la sangre de Abel pedía juicio y venganza, la sangre de Jesús pide perdón y reconciliación. Esa es la diferencia; por eso es mejor. No había nada bueno a lo que estaba apuntando la sangre de Abel, sino que iban a venir problemas de esa sangre siendo derramada. Pero de la sangre de Cristo iba a venir el perdón de pecados para toda la humanidad, para todos aquellos que pusieran su fe en esa sangre, que pudieran ver el valor del tesoro de esa sangre siendo derramada. Perdón es lo que te ofrece; misericordia es lo que te está ofreciendo, no juicio. La sangre habla, ¿está bien? Eso dice el autor de Hebreos: la sangre habla. ¿Qué dice? Pues depende de quién es el que derramó esa sangre. Dice algo su vida, dice algo el valor de su vida, dice algo cuando es derramada, lo que representa para nosotros: perdón y reconciliación.

Capítulo 10, versículo 19: "Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que Él nos abrió a través del velo, esto es, de Su carne, y teniendo un gran sumo sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura".

Conclusión: el monte de la gracia

Así que aquí está el monte Sion. ¿Qué es el monte Sion? Es gracia, cuando consideramos que hay un mejor lugar. El monte Sinaí es el camino de la ley: "Adelante, inténtalo". Quiere decir: por el camino de "yo puedo hacer esto, yo puedo ser una buena persona"; adelante, inténtalo. Pero hay un mejor lugar que debes de considerar, que es el lugar de la gracia. Y también el monte Sion es un lugar de reconciliación, cuando consideramos que hay un mejor Mediador entre nosotros y Dios que Moisés. Y el monte Sion es un lugar de invitación, cuando consideramos que hay una mejor sangre que la sangre de Abel.

Considera la compañía con la que quieres estar por el resto de la eternidad. Considera al Juez que tú quieres escuchar que emita un juicio sobre tu vida. Considera al Mediador que tú quieres, el Abogado que tú quieres que te represente en el día final. Y considera el sacrificio más precioso y glorioso que se ha hecho en la historia de la humanidad, que fue hecho por ti y por cada uno, cada uno de los que somos hijos de Dios y formamos parte de la iglesia.

Gracias, Padre, por Tu Palabra, y gracias porque podemos ver en ella estas verdades tan profundas que nos llenan de gozo y nos llenan de esperanza. Ayúdanos a vivir a la luz de lo que nos muestras aquí en el libro de Hebreos, para que en todo lo que digamos día a día podamos tenerte a Ti, y a ese monte, el monte Sion, como el centro de nuestras vidas; para que podamos acudir a Ti con libre acceso y sin temor a morir, con toda la seguridad de que lo que era necesario que se hiciera ya se hizo. En Su nombre oramos, en el nombre de Cristo Jesús.

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