Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

1 Samuel 231 Samuel / Necesitamos un ReyNathan Díaz

El ungido fortalecido en Dios

¿Cómo tomamos decisiones que honran a Dios cuando las dos opciones parecen buenas y la Biblia no dice cuál escoger? En 1 Samuel 23, David está huyendo para salvar su vida y, en lugar de actuar por impulso como Saúl, consulta a Dios, obedece su mandato y descubre que todos los imperativos de la Biblia vienen acompañados de promesas. En este mensaje de la serie Necesitamos un Rey, Nathan Díaz muestra las tres maneras en que Dios fortalece a su ungido —su dirección, un amigo fiel y su mano invisible— y por qué eso es esperanza para nosotros hoy.

Transcripción

Introducción: la Biblia y la realidad del sufrimiento

Continuamos, continuamos en el estudio de 1 Samuel. Y una de las cosas que me encanta acerca de la Biblia —y entre más la lees y la estudias, más te das cuenta— es qué tan realista es en cuanto a la experiencia humana, en cuanto a cómo vivimos nosotros nuestras vidas aquí en la tierra.

Y una de las cosas que toda la Biblia contiene, de principio a fin, es el tema del sufrimiento y de la prueba. Está llena de elementos y de historias que nos muestran que esta vida es una vida de sufrimiento, y que vamos a enfrentar toda clase de aflicciones en esta vida. Pero siempre nos muestra la manera en la cual Dios está trabajando en la historia para también darnos esperanza en él.

(Aquí hay una breve interrupción técnica: «Entonces… se desconectó».)

Entonces, hoy vamos a ver el capítulo 23 de 1 Samuel.

El contraste entre Saúl y David (1 Samuel 22)

La semana pasada estábamos viendo esta historia en donde hay un contraste entre Saúl y David, y la manera en la cual Saúl —en su locura, en su celo y en esta obsesión que tiene con matar a David, y sospechando de todas las personas que le ayudaran a David— termina matando a todos los sacerdotes de Ahimelec. Eso está en el capítulo 22, y en el versículo 16 Saúl le dice a Ahimelec: "Ciertamente morirás".

Y en contraste con Saúl, encontramos hacia el final del capítulo que Abiatar, que es el hijo de Ahimelec, escapa y llega con David; y David le dice en el versículo 23: "Quédate conmigo, no temas, porque el que busca mi vida busca tu vida; pues conmigo estarás a salvo".

Entonces tenemos este contraste que el autor de 1 Samuel quiere que veamos entre Saúl, que ha sido rechazado por Dios, y David, que es el ungido de Dios. Y lo que representa estar asociado, estar en la presencia del ungido de Dios, siempre representa el favor de Dios. Y esa es la invitación que estas historias y este libro quieren hacernos: a formar parte del reino del verdadero rey, del ungido de Dios, que es Jesucristo. Hacia allá está apuntando toda esta historia; nos está preparando para el descendiente de David, que va a cumplir perfectamente todas las promesas que Dios ha hecho para aquellos que son su pueblo.

Entonces, capítulo 23. Vamos a ver este capítulo nada más hoy, y realmente está dividido en tres partes, en tres secciones que nos muestran otra vez la liberación de David —la manera en que David es liberado por Dios y protegido por Dios— y, en contraste, lo que Saúl está pensando y haciendo como enemigo de Dios. Ayer hablábamos acerca del anticristo, y aquí Saúl tiene este rol de anticristo, porque recuerden: Cristo es "ungido", y él es el que está en contra del ungido. Entonces esa es la función que cumple Saúl en esta historia.

1) David fortalecido por la dirección de Dios (1 Samuel 23:1-14)

La primera parte de la historia, entonces, son los versículos 1 al 14. Y en esta parte de la historia vamos a ver la manera en que David es fortalecido al buscar la dirección de Dios, al buscar la voluntad de Dios para su vida.

Dice: "Entonces dieron aviso a David: 'Los filisteos están atacando a Keila y están saqueando las eras'. Entonces consultó David al Señor: '¿Debo ir a atacar a estos filisteos?'. Y el Señor dijo a David: 'Ve, ataca a los filisteos y libra a Keila'. Pero los hombres de David le dijeron: 'Mira, estamos con temor aquí en Judá; cuánto más si vamos a Keila contra las filas de los filisteos'. De nuevo David consultó al Señor, y el Señor le respondió: 'Levántate, desciende a Keila, pues entregaré a los filisteos en tu mano'. Y David y sus hombres fueron a Keila y pelearon contra los filisteos, y él se llevó sus ganados y los hirió con gran mortandad. Así libró David a los habitantes de Keila".

Ahora, esta historia parece que sucedió al mismo tiempo que sucede la matanza de los sacerdotes en Nob. Como van a ver ahorita, regresa a lo que viene después de esta historia, justo cuando llega Abiatar con David —entonces eso ya lo habíamos leído—. Hay como un poquito de retroceso cronológicamente en la historia, más para mostrarnos dónde estaba David cuando llegó Abiatar a verlo. Entonces esto viene antes del versículo 20 del capítulo 22. Sí, ahorita lo van a ver; ahorita van a ver cómo está más o menos estructurado.

Pero el punto es que David está huyendo de Saúl con sus hombres, que son un montón de gente… pues, cuestionable. A lo mejor ya lo habíamos visto en el capítulo 22: todo el que estaba en apuros, todo el que estaba endeudado, todo el que estaba descontento se unió a él. Entonces tiene un montón de gente, un grupo que no es necesariamente como un ejército entrenado ni nada. Pero ellos escuchan que Keila —que está ahí junto a donde están los filisteos— está siendo invadida por los filisteos, y aparentemente es una zona de israelitas.

Entonces David, aunque está siendo perseguido por Saúl, está preocupado sobre salvar a su gente y cumplir la función de rey que realmente Dios le ha dado, que es proteger al pueblo de los filisteos —que debería de ser el rol de Saúl—. Pero David se entera de este peligro que están enfrentando y dice: "Vamos, vamos a defenderlos, vamos a ayudarles".

Entonces pueden entender cómo los hombres de David dicen: "Oye, David, ya tenemos suficientes problemas nosotros como para andarnos metiendo en problemas de otros. O sea, nosotros estamos corriendo por nuestra vida, ¿y tú quieres llevarnos a pelear ahorita con filisteos? ¿No se te hace arriesgado eso?".

Y bueno, David, ¿qué hace? Esto es interesante. Este es un punto superimportante acerca de la historia, porque David consulta a Dios. A diferencia de Saúl, que actúa impulsivamente y que está nada más actuando con el primer impulso que le llega, el que lo hace cometer atrocidades. Saúl básicamente consulta con Doeg, que vimos el domingo pasado, pero David consulta con Dios.

¿Cómo tomamos decisiones que honran a Dios?

Lo cual me lleva a esta pregunta —y es la pregunta que quiero que nos hagamos; esto va a venir en la siguiente sección también—. La pregunta es, como cristianos: ¿cómo tomamos decisiones que honran a Dios? Es la pregunta.

Porque todo el tiempo nos estamos enfrentando con decisiones, ¿no es verdad? Todo el tiempo tenemos que decidir cosas: ¿voy a esta escuela o voy a esta escuela? ¿Voy a esta iglesia o voy a esta iglesia? ¿Saco un préstamo o no saco un préstamo? ¿Debo de trabajar acá o debo de trabajar acá? Y todo el tiempo estamos siendo confrontados con decisiones que tenemos que tomar.

Y ahora podríamos pensar que no ir a rescatar a los de Keila podría ser una decisión sabia, ¿no? O sea, no es que a fuerzas tenía que ir David; a veces tenía que huir. Entonces no es que sea claro; no es un tema moral como "debo de robar o no debo de robar" —bueno, ahí sí sabemos qué es lo que Dios quiere de nosotros—, pero constantemente nos enfrentamos a diferentes decisiones que a veces no son tan claras: una buena decisión, otra buena decisión. Entonces, ¿cómo tomamos estas decisiones? ¿Qué es lo que nos guía en el proceso para tomar las decisiones que van a honrar a Dios?

Primer principio: orar

Y aquí hay un principio importante que se establece en cómo Dios le contesta a David. No sabemos cómo. Esta es la primera vez que encontramos comunicación directa entre David y Dios, entonces no sabemos exactamente cómo se da esta comunicación. Y en un momento vamos a ver otra manera en que Dios se comunica con David —entonces voy a comentar algo acerca de eso—, pero el principio es, número uno, que tenemos que orar.

Y lo digo como algo que asumimos y se nos hace muy obvio: "Ah, sí, claro, hay que orar". Sí… pero la verdad, la verdad es que no oramos como deberíamos. Si somos honestos, sabemos que somos impulsivos, ¿no? Todos, todos. O sea, no estoy hablando de alguien en particular: aquí todos somos impulsivos. Estamos pensando siempre en "ah, pues hago esto; ah, pues hago esto; ah, pues hago esto". Y raramente es lo normal que nos detengamos realmente y digamos: "Señor, ¿qué te va a honrar?".

Y en fe —y no es que vamos a escuchar la voz de Dios que nos diga, como en este caso, "sí, haz esto"—, pero en fe, ahora, después de haber orado, en buena conciencia podemos decir: "Señor, ahora voy a tomar esta decisión, bendícela. Y si realmente tú no quieres que tome esa decisión, dame una manera de entender que a lo mejor no es lo que debería de hacer". Y entonces estas decisiones las tomamos con manos abiertas, sabiendo que estamos buscando honrar a Dios. Ese es nuestro propósito principal en lo que estamos decidiendo.

Lectura: 1 Samuel 23:6-14

Vean la historia cómo continúa. Dice: "Al huir Abiatar, hijo de Ahimelec, a donde estaba David en Keila, descendió con un efod en la mano. Cuando se avisó a Saúl que David había ido a Keila, Saúl dijo: 'Dios lo ha entregado en mi mano, pues se ha encerrado entrando en una ciudad con puertas dobles y barras'. Y Saúl convocó a todo el pueblo a la guerra para descender a Keila, a fin de cercar a David y a sus hombres.

David supo que Saúl tramaba el mal contra él, así que le dijo al sacerdote Abiatar: 'Trae el efod'. Entonces David dijo: 'Oh Señor, Dios de Israel, tu siervo ciertamente ha oído que Saúl procura venir a Keila para destruir la ciudad por causa mía. ¿Me entregarán en su mano los hombres de Keila? ¿Descenderá Saúl tal como tu siervo ha oído? Oh Señor, Dios de Israel, te ruego que lo hagas saber a tu siervo'. Y el Señor dijo: 'Sí, descenderá'. Entonces David dijo: '¿Me entregarán los hombres de Keila a mí y a mis hombres en manos de Saúl?'. Y el Señor dijo: 'Sí, los entregarán'.

Se levantó pues David con sus hombres, como seiscientos, y salieron de Keila y anduvieron de un lugar a otro. Cuando a Saúl le informaron que David se había escapado de Keila, cesó de perseguirlo. David se quedó en el desierto, en los refugios, y permaneció en la región montañosa, en el desierto de Zif. Saúl lo buscaba todos los días, pero Dios no lo entregó en su mano".

La palabra que recorre el capítulo: "mano"

Ahora, en esta parte de la historia hay una palabra recurrente que usa el autor aquí para hablar de poder, o de autoridad, o de una pelea de poder y autoridad que se está dando en la historia, y es la palabra "mano". Vean cuántas veces aparece. Empieza cuando Dios le dice a David, en el versículo 4, que él entregará a los filisteos en su mano, en la mano de David. Pero después ahora tenemos al sacerdote Abiatar, que llega con un efod en la mano. Y después Saúl piensa que Dios ha entregado a David en su mano. Y después pregunta David si los hombres de Keila van a entregar a David en la mano de Saúl. Y al final encontramos este resumen de este capítulo, donde dice: "Saúl lo buscaba todos los días, pero Dios no lo entregó en su mano".

Entonces este es un tema recurrente sobre el poder: ¿quién tiene el poder? ¿Quién tiene la autoridad? Están peleando por en manos de quién están las cosas, ¿no? Esa es la temática que se está desarrollando a lo largo de esta historia.

El efod, el Urim y Tumim: descriptivo, no prescriptivo

Nuevamente: David, ¿qué hace cuando se encuentra en esta situación difícil? Ya llega el sacerdote Abiatar —y déjenme mostrarles esto— y trae el efod. Este es un dibujo de lo que era el efod que habría usado el sumo sacerdote, o sea, el papá de Abiatar. Y el efod tenía una placa que se llamaba Urim y Tumim. Y esto pueden leer más sobre eso: está en Éxodo 28; ahí hay más información sobre esto.

Pero era algo que no entendemos exactamente cómo funcionaba. A través del Urim y Tumim, y del sacerdote, es que podían conocer la voluntad de Dios sobre cosas: ¿sí o no?, o hacían ese tipo de preguntas. Y no sé cómo funcionaba; tenía estas piedras, estas doce piedras, y no sé qué indicación había a través del Urim y Tumim para saber la voluntad de Dios.

Ahora, tanto en la historia previa como en esta, tenemos una situación que llamamos en la Biblia descriptiva, no prescriptiva. Es decir: nosotros ya no buscamos la voluntad de Dios a través de un Urim y Tumim. Y, como les decía, no es que tenemos que escuchar la voz de Dios para conocer la voz de Dios. La revelación de Dios es progresiva, y en diferentes momentos de la historia la manera en que Dios se manifestó tenía que ver con circunstancias específicas. Y hoy nos ha hablado, como dice Hebreos 1, a través de su Hijo. Y esta es la revelación a través de la cual conocemos la voluntad de Dios.

Entonces hay otra dinámica acerca de conocer la voluntad de Dios, aunque el principio es el mismo: buscar la voluntad de Dios para honrarlo. La dinámica, la manera en que se conoce la voluntad de Dios, ha cambiado a lo largo de la historia. Y ahora es lo que hace tan especial este libro: la Biblia es un libro especial para nosotros porque es nuestro Urim y Tumim, ¿no? Esta es la manera en que podemos discernir qué es lo que Dios quiere de nuestras vidas. Entonces ese es un dibujo nada más para los que quieren un poquito más de contexto.

Segundo principio: obedecer los imperativos… que siempre vienen con promesas

Somos fortalecidos por la dirección de Dios en nuestras vidas cuando oramos. Pero vean cómo, en el versículo 4, cuando era este asunto de Keila, Dios le contestó a David de una manera muy interesante. Le dijo: "Levántate, desciende a Keila".

Ahora, la Biblia está llena de mandamientos, de imperativos: "hagan esto", y lo van a encontrar todo el tiempo. Va a decir en diferentes pasajes: "haz", "haz"… y nos está dirigiendo hacia la acción. Todo el tiempo la Biblia nos está mostrando la idea de que tenemos que hacer cosas que Dios quiere para nosotros. Entonces, ¿cómo tomamos decisiones que honran a Dios? Obedeciendo imperativos que nos da la Palabra de Dios. Si la Biblia dice "haz esto", hazlo.

Pero hay un muy grande "pero" aquí, porque… ¿qué representaba el mandamiento "ve y pelea contra los filisteos en Keila"? ¿Qué representaba realmente? ¿Por qué tenían miedo los amigos de David aquí? Porque era sumamente peligroso. O sea: "¿Cómo vamos a enfrentar a estos filisteos? Nosotros ni siquiera somos soldados. David, yo nada más estaba endeudado; ese era mi problema, ¿no?". O sea, esta gente ni siquiera sabe pelear; ¿y cómo van a ir a enfrentar a los filisteos? Esto es un problema; realmente, cumplir con ese mandamiento es un problema.

De la misma manera que cuando la Biblia nos da mandamientos es un problema, ¿no? Porque si la Biblia dice "sean santos"… ah, pues sí, qué fácil, ¿no? "Sean puros", "sean rectos", "no mientan", "hagan todas estas cosas"… y nos podemos sentir abrumados pensando: "No hay manera en que yo pueda hacer lo que la Biblia me está pidiendo que haga, porque me conozco a mí mismo; sé que cuando me enfrento con estos imperativos, fallo".

Pero aquí está la otra parte de lo que pasa en la Biblia, y lo que pasa aquí con David. Vean: "Levántate, desciende a Keila, pues…". ¿Qué dice? "Pues". Esa es una palabra sumamente importante. Significa que todos los imperativos de la Biblia están acompañados de promesas. Todos los imperativos de la Biblia están acompañados de promesas.

Así que nunca leas la Biblia solo viendo los imperativos: "Ay, Dios me dice que lo haga, así que lo voy a hacer". Nunca podemos hacer eso, porque si hacemos eso… ¿saben la carga que estamos poniendo sobre la iglesia si solamente decimos "hagan"? Una carga imposible de cargar. Pero si yo les digo: "hagan porque Dios… porque Dios hará"…

Y eso es lo que acabamos de ver en Filipenses 2, ¿no? "Ocúpense en su salvación con temor y temblor". "Ah, no, sí, voy a echarle ganas" —sería nuestro primer instinto: nada más, qué tanta fuerza de voluntad tengo para ocuparme en mi salvación—. Pero no dice eso el texto. ¿Cuál es la promesa del texto? Hay una promesa ahí. ¿Cuál es? "Porque Dios es el que en ustedes produce tanto el querer como el hacer, por su buena voluntad".

Entonces: mandamiento, promesa. Mandamiento, promesa. ¿Cómo pudo David obedecer a Dios? Creyendo en la promesa: "Ah, tú dices, Señor, tú dices que tú los vas a entregar; entonces sí voy". O sea, esto me da toda la capacidad y toda la confianza para realmente obedecerte, Dios. Una vez que veo la manera en que tú prometes, ahora sí, ahora sí tengo lo que necesito para obedecer.

Entonces el mandamiento parece no razonable, parece imposible; pero si la promesa es verdadera, entonces el mandamiento es realista. Si el mandamiento es aislado de la promesa, es una carga.

Hermanos, cuando Jesús dijo: "Vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado"… esa es una tarea imposible. Sí. "Ah, vayan y evangelicen todo el mundo". En el momento en que surge ese mandamiento, tenemos una tarea imposible delante de nosotros, y por supuesto que nos vamos a sentir desanimados para cumplir con esa tarea. ¿Cuántos cristianos somos en comparación con los que no son cristianos? Somos la minoría; somos tan poquitos en este mundo en comparación con todos los que no conocen a Cristo. Es una tarea imposible.

Pero ¿qué dice la promesa? Mateo 28. La promesa dice: "Yo estoy con ustedes". ¿Hasta cuándo? "Hasta el fin del mundo". "Y toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra; por eso, vayan". Ahora cambia el panorama: "Señor, si vamos, vamos contigo. Tú estás con nosotros, tú tienes autoridad en el cielo y en la tierra; así que sí podemos cumplir con el mandamiento".

Dios, en esta historia, ha provisto para David el efod, y le ha dado una manera de entender su voluntad. Entonces David dice: "Voy a orar al Señor, voy a buscar la voluntad de Dios ahora a través del sacerdote". Interesante, ¿no?, que a través de una tragedia, de hecho, Dios está proveyéndole a David una herramienta adicional para obedecerlo.

El contraste: Saúl se inventa la voluntad de Dios

Y vean el contraste entre David y Saúl, porque Saúl asume; dice algo ridículo aquí, en el versículo 7: "Ah, qué bien, David se metió en una situación complicada. Dios lo ha entregado en mi mano". Dios ha entregado a David en manos de Saúl. Bueno, el autor deja claro en el versículo 14 que ese no es el caso, y Saúl se va a dar cuenta de que no es el caso.

Pero ¿por qué dice "Dios lo ha entregado en mi mano"? Bueno: cuando no tienes la palabra objetiva de Dios como guía en tu vida, puedes inventar lo que tú quieras sobre la voluntad de Dios. Lo que quieras, lo que más te convenga en el momento, puede ser la voluntad de Dios. Si no tienes la guía objetiva de la voluntad de Dios en tu vida, si tú no conoces este libro, cualquier cosa, cualquier cosa que te guste puedes decir: "Ah, mira, Dios me lo está dando". O sea, la mentalidad y la opinión de Saúl es completamente subjetiva.

Aquí David sí tiene una guía clara: Dios le está diciendo "no hagas esto" o "sí haz esto". Pero Saúl se está inventando en su mente lo que supuestamente es la voluntad de Dios. Entonces nada más quiero mostrarles cuál es la diferencia entre tener una guía clara y objetiva, externa a nosotros, que es la Palabra de Dios, y simplemente guiarnos por nuestros sentimientos, que es la manera en que la mayoría de la gente vive: lo que a mí se me haga mejor, eso es lo mejor; lo que yo sienta que es bueno, eso es bueno. Y entonces vivimos en un mundo relativista que no tiene un parámetro claro sobre cómo deberíamos de vivir nuestras vidas.

Nosotros como cristianos sí. Y nunca está basado en nuestros sentimientos: siempre viene de afuera. Es increíble. Esta es una gran, gran bendición que Dios nos ha dado como cristianos: tener una autoridad externa a nosotros, a la cual podemos acudir en cualquier momento para conocer su voluntad.

La traición de Keila

Entonces David ora al Señor, le pregunta por su voluntad y le llama "Dios de Israel". O sea, esta es una crisis nacional; ese es un tema del pacto que Dios ha hecho, no nada más con David, sino que viene desde atrás, desde Abraham.

¿Y qué le contestó Dios? "¿Me van a traicionar los de Keila?" —David acababa de salvarlos—. "¿Me van a entregar a Saúl?". ¿Qué le dice Dios? "Sí, te van a entregar". O sea, que la gente de Keila tenía más miedo de Saúl de lo que estaban agradecidos con David.

Bueno, entendemos a los de Keila: "¿Ya escucharon lo que pasó? Se echó a ochenta y… ochenta y cinco sacerdotes, porque ayudaron a David". Entonces los de Keila dicen: "Bueno, pues Saúl es el que tiene el poder ahorita; no queremos hacerlo enojar".

Entonces David experimenta la traición de los de Keila, y eso lo lleva al desierto de Zif, un lugar donde realmente no tiene hogar. Claro, todo esto nos está anticipando verdades acerca del descendiente de David, de Cristo, porque Cristo tampoco tendría un lugar donde recostar su cabeza. Y Jesús no podía confiar en la lealtad de aquellos a quienes había venido a salvar. Esa fue la experiencia de Jesús también. Ahora, David nos está anticipando esas experiencias en esta historia.

2) David fortalecido por un amigo (1 Samuel 23:15-18)

La siguiente historia que surge es lo que dice el versículo 15: "Y David se enteró de que Saúl había salido para quitarle la vida, y David se encontraba en el desierto de Zif, en Hores. Jonatán, hijo de Saúl, se levantó y fue a donde estaba David, en Hores, y lo fortaleció en Dios" —o "fortaleció su mano en Dios"—.

Otra vez este tema de la mano surge. Y dice que le dijo: "No temas, porque la mano de Saúl mi padre no te encontrará; y tú reinarás sobre Israel, y yo seré segundo después de ti. Saúl mi padre también sabe esto". Hicieron los dos un pacto delante del Señor, y David permaneció en Hores mientras Jonatán se fue a su casa.

Esta parte de la historia me encanta, porque de repente… la primera parte de la historia es que David es fortalecido a través de la dirección de Dios, sobre la voluntad de Dios en su vida. Pero esta siguiente parte de la historia es cómo David es fortalecido en Dios ¿por quién? Por un amigo.

David está en un punto bajo; o sea, está viviendo en el desierto. Esto no es un palacio; no es lo que esperarías, si se supone que va a ser rey, la manera en que está viviendo David. Y Jonatán se entera acerca de esta situación, y él tiene el propósito, la iniciativa: "Simplemente voy a ir a animar a mi amigo". Pero no es nada más animarlo como "ah, mira, aquí estoy contigo". El texto es muy claro sobre cómo lo anima, cómo lo anima.

Aquí, en la NBLA, no sé por qué quitaron esta palabra, pero en Reina Valera lo van a encontrar. Dice: "Fortaleció su mano en Dios". Fortaleció su mano en Dios.

Otra vez esta idea: ¿cómo vas a enfrentar la prueba, David? Con mi amistad.

¿Cuál es el trabajo de un verdadero amigo cristiano?

¿Cuál es el trabajo de un verdadero amigo que es cristiano? ¿Cuál es el verdadero trabajo? ¿De qué se trata esto que hacemos como iglesia? ¿Para qué estamos juntos? ¿Por qué somos amigos? ¿Por qué convivimos juntos y tenemos comunión juntos? ¿Cuál es el propósito de esta relación que tenemos nosotros como cristianos, como la iglesia de Dios? ¿Cuál es? Fortalecernos unos a otros en Dios; fortalecer nuestras manos en Dios; apuntarnos todo el tiempo hacia Dios.

Es decir: Jonatán vino a poner la mano de David en la mano de Dios. Eso es lo que él vino a hacer.

Y vean lo que le dice. Le dice: "No temas". Ahora, hermanos, cada vez que la Biblia dice "no temas", siempre hay razón para temer. Siempre. O sea, son las peores circunstancias; siempre son circunstancias terribles donde el temor es lo natural. En esas circunstancias es donde la Palabra de Dios viene a consolarnos y a decirnos: "No tienes que temer".

Y la pregunta que quiero que nos hagamos en relación a esto es: ¿cuál es la función de la iglesia? La función de la iglesia es enfrentar el presente. Y esta es la realidad de David: debe de haber temor. Saúl te quiere matar; estás viviendo en el desierto; no tienes realmente un ejército; tu vida corre peligro todos los días. Esa es la situación real de David; eso es lo que él puede ver.

Pero ¿en dónde pone su mira Jonatán? En algo que todavía no ha pasado. Le dice: "La mano de Saúl mi padre no te encontrará, y tú reinarás sobre Israel, y yo seré segundo después de ti. Saúl mi padre también sabe esto". O sea: Dios cumplirá su promesa en tu vida. Ese es el recordatorio de Jonatán.

Para eso estamos nosotros también aquí: para recordarnos que las cosas importantes de nuestra vida son las cosas que no se ven. Que no importa cuál sea la realidad que nosotros estemos viviendo en este momento, Dios nos ha prometido que él está en control y que él nos llevará a un lugar en donde estaremos bien. De eso hablábamos ayer, les decía: por eso la escatología es para darnos esperanza, y nos da esperanza en cosas que todavía no podemos ver.

Y es por eso que encontramos en 2 Corintios —ya estudiamos este pasaje—, 2 Corintios 4:16-18… Este es el sentir de Jonatán con David. Pablo dice: "Por tanto, no desfallecemos; antes bien, aunque nuestro hombre exterior va decayendo, sin embargo nuestro hombre interior se renueva de día en día. Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación, al no poner nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas".

Saúl sabe que David es el ungido de Dios. Nos dice Jonatán: "Sí, papá sí sabe". Pero Saúl odiaba este conocimiento; odiaba ese conocimiento, y estaba peleando contra el conocimiento de que David era el ungido de Dios.

Hermanos, ¿de qué se trata la iglesia? Se trata de recordarnos unos a otros sobre las cosas que no se ven, y por lo tanto no temeremos. Esa es la razón por la cual Dios nos tiene aquí juntos.

La última conversación

Y estaba pensando algo, estaba leyendo sobre este pasaje: esta es la última vez que David y Jonatán van a verse a lo largo de la historia. Ya va a venir muy pronto: ya Jonatán va a morir. Y estas son las últimas palabras que se dijeron, y reafirmaron el pacto que ya se habían hecho: "David, cuando tú estés en el trono, tú cuidarás de mi familia, ¿verdad?" —¿se acuerdan que eso era lo que Jonatán le había dicho?, y David le dijo: "Sí, yo voy a cuidar de tu familia"—. Entonces han restablecido, han reafirmado este pacto que ya habían hecho juntos… y no se van a volver a ver.

Y eso simplemente a mí me llevaba a pensar, pensando en nuestra iglesia, pensando en la realidad de cómo Dios nos ha juntado a nosotros para animarnos unos a otros. Estaba pensando: va a haber un día en que será nuestra última vez de vernos —cualquiera de nosotros—. Va a haber alguna última conversación que tuvimos entre nosotros. Y estaba pensando: "Señor, por favor, deja que la última conversación que yo pueda tener con cualquiera de mis hermanos sea una conversación en la cual nos fortalecimos mutuamente en ti".

Esa es la historia: aquí Jonatán fortaleció a David en el Señor, y eso fue lo último que pudo decirle. Y el anhelo de nuestro corazón es el mismo, unos con otros como iglesia: "Señor, ayúdame a que en las conversaciones que yo tenga siempre pueda apuntar a otros hacia ti".

3) David fortalecido por la mano invisible de Dios (1 Samuel 23:19-29)

Lo cual nos lleva a la última parte de la historia, que encontramos en los versículos 19 al 29. Dice: "Entonces subieron los de Zif a Saúl, en Guibeá, y dijeron: '¿No está David escondido entre nosotros, en los refugios de Hores, en la colina de Haquila, que está al sur de Jesimón? Ahora bien, oh rey, usted descienda conforme a todo el deseo de su alma para hacerlo, y nuestra parte será entregarlo en manos del rey'.

Y Saúl dijo: 'Benditos sean del Señor, porque se compadecieron de mí. Vayan ahora, asegúrense, investiguen y vean dónde está su escondite y quién lo ha visto ahí, porque me han dicho que es muy astuto'".

No le atribuye a Dios que David se logra escapar de él; lo ve como que David nada más es astuto. Y vean otra vez a Saúl haciéndose la víctima, ¿no? "Ay, pobre de mí. Gracias por compadecerse de mí".

Luego dice: "'Vayan ahora, asegúrense, investiguen y vean dónde está su escondite y quién lo ha visto ahí, porque me han dicho que es muy astuto. Miren, entonces, reconozcan todos los escondites donde se oculta, regresen a mí cuando estén seguros y yo iré con ustedes; y sucederá que si estuviera en la tierra, voy a hallarlo entre todos los miles de Judá'.

Ellos se levantaron y fueron a Zif delante de Saúl. Y David y sus hombres estaban en el desierto de Maón, en el Arabá, al sur de Jesimón. Saúl fue con sus hombres a buscarlo, pero le avisaron a David, y este bajó a la peña y permaneció en el desierto de Maón".

Entonces David tiene mejor inteligencia que los hombres de Saúl: a él le avisan antes. Y dice: "Y permaneció en el desierto de Maón. Cuando Saúl lo supo, persiguió a David en el desierto de Maón. Saúl iba por un lado del monte, y David y sus hombres por el otro lado del monte. David se apresuraba para huir de Saúl, pero Saúl y sus hombres estaban rodeando a David y a sus hombres para apresarlos. Pero un mensajero vino a Saúl diciendo: 'Apresúrese y venga, pues los filisteos han hecho una incursión en la tierra'. Regresó entonces Saúl, dejando de perseguir a David, y fue al encuentro de los filisteos. Por eso llamaron aquel lugar la Peña de Escape. Y subió David de ahí y permaneció en los refugios de En-gadi".

Es interesante cómo se desarrolla todo esto. Aquí encontramos la mano invisible de Dios. Recuerden, este es el tema de este capítulo: ¿en manos de quién están las cosas? Y aquí Dios muestra que todo está en sus manos, y él dirige las circunstancias para fortalecer a David.

Perdón: pausa de hidratación.

Dios siempre está obrando a favor de su pueblo

Dios siempre está obrando en favor de su pueblo, aun cuando no vemos lo que está haciendo, aun cuando no sabemos cómo lo está haciendo: lo está haciendo. Y lo hemos visto una y otra vez a lo largo de este libro.

Y la esperanza que esta historia nos da, en la manera en que se desarrolla, es que la iglesia prevalecerá. Ayer estábamos hablando de este tema de si Satanás está atado o no, y en Apocalipsis 20 les decía: miren, el punto es que Dios está asegurando que Satanás no puede vencer a la iglesia, y que la iglesia prevalecerá sin importar cuál sea la oposición que venga a ella. Entonces, Dios siempre está obrando a favor de su pueblo.

Y a lo largo de esta historia encontramos la manera en que Dios está protegiendo a su ungido, para que él pueda salvar a su pueblo. Porque esa es la tarea de David: "Tú vas a ser rey de Israel, y tú vas a representarme con mi pueblo, y tú vas a proteger y llevar a la victoria a mi pueblo". Y esta idea del ungido de Dios es la idea que está apuntándonos hacia el descendiente de David, como ya hemos dicho, que es Jesucristo.

Y encontramos en la vida de Jesús la misma idea: Dios nunca, nunca va a abandonar a su ungido. Siempre estará con él, siempre lo protegerá para que su misión se cumpla. Y por eso en Hechos 2, versículo 27, encontramos cómo se cumple la profecía: "Pues tú no abandonarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu Santo vea corrupción" —hablando de Jesús, pero mostrándonos algo que vio David—; "me has hecho conocer los caminos de la vida, me llenarás de gozo con tu presencia".

Dice Pedro: "Hermanos, del patriarca David les puedo decir con franqueza que murió y fue sepultado, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo que Dios le había jurado sentar a uno de sus descendientes en su trono, miró hacia el futuro y habló de la resurrección de Cristo, que ni fue abandonado en el Hades ni su carne sufrió corrupción".

Entonces, finalmente, quien no es abandonado por Dios es Jesús. Y es por eso que sabemos que Dios siempre está obrando en favor nuestro.

Y la historia termina… es increíble, ¿no? A través de una amenaza de los filisteos es que Dios… Cuando ya se está acercando Saúl a hacer una verdadera amenaza para David, llegan y le dicen: "Oye, Saúl, nos están atacando los filisteos". Ahora, ¿quién ha comprobado que es el mejor para pelear contra filisteos? David, que es al que está persiguiendo Saúl. Entonces Saúl tiene que retirarse, tiene que abandonar su cacería de David e ir a pelear contra los filisteos. Y de esa manera Dios provee protección para David.

El Salmo 54

Ahora, el Salmo 54 fue escrito en este contexto, en esta historia. Si ustedes ven el título del Salmo 54, dice: "Para el director del coro; con instrumentos de cuerda. Masquil de David, cuando los zifeos vinieron y dijeron a Saúl: '¿No está David escondido entre nosotros?'".

Dice: "Sálvame, oh Dios, por tu nombre, y hazme justicia con tu poder. Escucha mi oración, oh Dios; presta oído a las palabras de mi boca, porque extraños se han levantado contra mí y hombres violentos buscan mi vida; no han puesto a Dios delante de sí. Pero Dios es el que me ayuda; el Señor es el que sostiene mi alma. Él devolverá el mal a mis enemigos; destrúyelos por tu fidelidad. Voluntariamente sacrificaré a ti; alabaré tu nombre, oh Señor, porque es bueno, porque él me ha librado de toda angustia y mis ojos han visto a mis enemigos derrotados".

Entonces el salmo empieza pidiendo la salvación de Dios y termina con cómo Dios lo liberó.

Conclusión: Jesús es nuestra Peña de Escape

Así como David fue liberado de una manera temporal, nosotros clamamos de la misma manera, ¿no? Pero nosotros pedimos salvación y no somos liberados de una manera temporal: somos salvados para siempre. Porque Jesús es nuestra Peña de Escape. Esa piedra ahí es un recordatorio.

Dios protegerá a su ungido, y protegerá a todos aquellos que estén conectados a él. Es nuestra esperanza, hermanos. No hay nada que enfrentemos en esta vida que no tenga garantizado por Dios que seremos liberados. Garantizado por Dios. Y no es una liberación temporal: es una liberación eterna, en donde Dios provee lo necesario.

Dios siempre está trabajando de maneras misteriosas en nuestra vida. No entendemos, no entendemos cómo funciona, pero sabemos que todas las cosas ayudan a bien a los que a Dios aman y han sido llamados conforme a su propósito.

Puestos de pie, vamos a cantar juntos: "Tú eres mi fuerza y mi poder".

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