Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

1 Samuel 171 Samuel / Necesitamos un ReyNathan Díaz

¿Quién peleará por nosotros?

¿A qué le tienes más miedo en esta vida, y quién va a pelear esa batalla por ti? La historia de David y Goliat casi siempre se predica como una lección moral —«sé valiente, tú también puedes vencer a tu gigante»—, pero 1 Samuel 17 no trata de tu valentía: trata de un campeón que pelea en lugar de un pueblo que no puede pelear. En este sermón, Nathan Díaz muestra cómo David anticipa a Cristo, el verdadero representante que ya ganó la batalla por nosotros.

Transcripción

Introducción: la historia más famosa… y la peor entendida

Hoy vamos a ver una de las historias más famosas de toda la Biblia: la historia de David y Goliat. Aunque no seas cristiano, aunque no conozcas casi nada de la Biblia, probablemente conoces esa historia; de alguna manera entiendes quiénes fueron estos personajes. Es una historia que se ha popularizado inclusive en contextos seculares. Han escrito libros acerca de esa historia como una analogía motivacional: para que tú puedas, a pesar de estar en desventaja, ganar en diferentes áreas de tu vida. Tú puedes ser como David, y las circunstancias pueden ser como Goliat. Y así, mucha gente se ha inspirado en esta historia para decir muchas cosas.

Nosotros queremos estudiarla hoy, por supuesto, a la luz del resto del libro, en el contexto en el que está, y entendiendo la profundidad teológica que tiene esta historia. Eso es la parte importante, y es la parte que la gente muchas veces no ve y no entiende. Inclusive en iglesias cristianas, esta historia se ha predicado muchas veces solamente como una historia moral, como una lección moral. Y hoy queremos ver realmente que es mucho más profundo de lo que imaginamos lo que está sucediendo en este capítulo de 1 Samuel 17.

Contexto: David ya ha sido ungido

Entonces, venimos de la semana pasada, habiendo visto que David fue ungido como rey. Y si recuerdan, les mencioné que, en cuanto a la segunda mitad del capítulo 16, muchos no están seguros si es necesariamente el orden cronológico en el que sucedieron las cosas. Puede ser que esta segunda parte que vimos del capítulo 16, donde David interactúa con Saúl, sea un evento posterior a su encuentro con Goliat.

La manera en que el autor de 1 y 2 Samuel acomoda las cosas… Él no está tan preocupado por darnos una cronología exacta, necesariamente, sino más bien por acomodar ciertos temas juntos y mostrarnos ciertos contrastes. Y creo que por eso está acomodado de la manera en que está acomodado. Y claro, el autor de Samuel está viendo todo ya en retrospectiva: él ya sabe cómo termina la historia y puede armar las piezas para ayudarnos a ver cómo Dios está obrando a lo largo de estas historias.

Lectura: 1 Samuel 17:1-11

Entonces, vamos a leer 1 Samuel, capítulo 17:

«Los filisteos reunieron sus ejércitos para la guerra y se concentraron en Soco, que pertenece a Judá, y acamparon entre Soco y Azeca, en Efes-damim. Y Saúl y los hombres de Israel se reunieron y acamparon en el valle de Ela, y se pusieron en orden de batalla para enfrentarse a los filisteos. Los filisteos estaban a un lado del monte e Israel estaba al otro lado del monte, y entre ellos el valle.»

De hecho, busqué esto: esta es una imagen del valle de Ela. Hoy ustedes podrían ir y visitar el lugar donde sucedió esta batalla. Así se ve hoy. Hay como cosas modernas ahí, pero en general se puede ver cómo están estos dos montes y en medio está este valle; y pueden ver cómo se habría visto más o menos, estando un ejército en un monte y otro ejército en otro monte, pudiéndose ver unos a otros. Y eso es lo que pasa en el valle.

Dice:

«Los filisteos estaban a un lado del monte, Israel estaba al otro lado del monte, y entre ellos el valle. Entonces, de los ejércitos de los filisteos salió un campeón llamado Goliat de Gat, cuya estatura era de seis codos y un palmo…»

—casi tres metros. Si sus Biblias tienen algún tipo de conversión ahí, te da una idea: es casi tres metros de altura.

«…Tenía un casco de bronce sobre la cabeza y llevaba puesta una cota de malla, y el peso de la cota era de cinco mil siclos de bronce…»

—57 kilos.

«…Tenía también grebas de bronce en las piernas y una jabalina de bronce colgada entre los hombros. El asta de su lanza era como un rodillo de telar, y la punta de su lanza pesaba seiscientos siclos de hierro…»

—6.84 kilos.

«…y su escudero iba delante de él. Goliat se paró y gritó a las filas de Israel: “¿Para qué han salido a ponerse en orden de batalla? ¿Acaso no soy yo filisteo y ustedes siervos de Saúl? Escojan un hombre y que venga contra mí. Si es capaz de pelear conmigo y matarme, entonces seremos sus siervos; pero si yo lo venzo y lo mato, entonces ustedes serán nuestros siervos y nos servirán”. De nuevo el filisteo dijo: “Hoy desafío a las filas de Israel. Denme un hombre para que luchemos mano a mano”. Cuando Saúl y todo Israel oyeron estas palabras del filisteo, se acobardaron y tuvieron gran temor.»

Señor, bendice este tiempo en tu palabra y en esta historia. Te pedimos que tú nos muestres cómo es que podemos entender la victoria que tú haces por tu pueblo. En el nombre de Cristo Jesús. Amén.

1) ¿A qué le tenemos miedo?

¿Qué es a lo que le tienen miedo? ¿A qué le tenemos miedo? ¿Qué es lo que realmente causa temor en nuestros corazones? ¿Cuáles son nuestros más grandes temores en esta vida?

Hay cosas terribles que podrían suceder. Es verdad. Y a veces nuestros corazones se sienten atemorizados por las posibilidades de lo que puede venir. Y a veces, cuando vienen esas cosas, realmente entramos en una ansiedad y en un temor en nuestras vidas que es real; y estando en un mundo caído, pasamos por esas cosas.

Y quiero que piensen, quiero que cada quien piense en los temores más profundos que hay en su corazón. Creo que cada uno de nosotros sabemos qué es lo que nos causa ansiedad, en diferentes grados. Yo sé que hay personas más ansiosas que otras, pero todos, en diferentes grados, nos ponemos ansiosos, nos ponemos nerviosos acerca de cosas. Y a veces son cosas buenas, a veces son cosas malas, pero al final sí hay verdaderos temores a los cuales nos enfrentamos.

¿Cuál es la situación que está viviendo el pueblo de Israel aquí contra estos filisteos, con quienes ya tienen toda una historia, como vamos a ver en un momento, en donde ahora sí se sienten realmente amenazados porque está este gigante delante de ellos? Y es la primera parte de la historia: ¿quién es el enemigo en esta historia?

Bueno, es este soldado que es un gigante llamado Goliat. Causa tanto temor en ellos que, de hecho, en el versículo 1 tenemos un verbo activo de parte de los filisteos: «Los filisteos reunieron sus ejércitos». Pero en realidad el verbo que aparece para Israel es «Israel fue reunido». Ellos fueron obligados a ser reunidos. Entonces, ellos simplemente están reaccionando ante la situación; pero el que tiene la ventaja, el que tiene la iniciativa, es este gigante de casi tres metros.

Y no nos debería sorprender demasiado. Hay un poco de debate sobre la medida exacta aquí en la Biblia, pero no nos debería sorprender demasiado una medida de casi tres metros, considerando historias que vienen desde atrás. Por ejemplo, en Números encontramos que justamente el pueblo de Israel entró en una tierra de gigantes, y cuando entraron en la tierra de gigantes dijeron: «Nos sentimos como grillos junto a ellos». Y encontramos más adelante, ya en Josué, un poco de trasfondo de lo que se nos dice acerca de Gat aquí, que es la ciudad de Goliat: que fueron desplazados por Josué, y por eso terminan allá estos gigantes. Parece que es descendiente de los anaceos.

Pero aquí, este gigante de tres metros… Siempre comentamos, al ver basquetbol —que ya terminó la temporada—, sobre uno de estos jugadores que es de Francia, Wembanyama, que mide 2.20. Entonces siempre hacemos bromas acerca de su altura y de cómo nos sentiríamos nosotros junto a él. Porque, digo, yo mido 1.80; significa que él es 40 centímetros más alto que yo. Y es normal, o sea, es algo que llama la atención: verlo junto a otros jugadores altos también y ver qué tan más alto es. Entonces, imagínense alguien de casi tres metros, y que solo su armadura pesa más que muchos de nosotros. La pura armadura. Entonces realmente es fuerte la impresión de este hombre y la intimidación que provoca.

2) Goliat y la línea de los enemigos de Dios

Pero Goliat entra dentro de una línea larga que se va desarrollando en la Biblia de lo que conocemos como los enemigos de Dios. A lo largo de todas las Escrituras tenemos esta categoría de los enemigos de Dios: aquellos que se oponen a Dios y a su plan. Y esto comienza con la serpiente en el huerto del Edén. Y por eso es que tenemos en Génesis 3:15 este resumen de esta tensión, esta batalla entre la simiente de la mujer y la simiente de la serpiente.

Y Goliat cae dentro de esta categoría más amplia en los temas bíblicos: los enemigos de Dios, los que se oponen al reino de Dios bajo la línea de la serpiente. Y esto es importante, como vamos a ver en un momento, porque nos muestra todo este patrón bíblico de cómo Dios está lidiando con sus enemigos y cómo va a lidiar con sus enemigos al final.

3) El campeón: ¿quién nos va a representar?

Y Goliat es mencionado como el campeón. Es su campeón. Y creo que entendemos ahorita, que está la euforia del Mundial, esta idea de lo que está pasando aquí. La idea del campeón es la idea de quién nos va a representar. Literalmente, esta palabra que se usa en hebreo es «el de en medio». Campeón es el de en medio: es el que está entre ustedes y nosotros, el que sale a pelear por nosotros. Y él está pidiendo de parte de Israel un campeón también. O sea: ¿quién los va a representar a ustedes para pelear?

Entonces entendemos, dentro del contexto del Mundial y todo lo que está sucediendo, exactamente cómo se ve esta representación, porque cada país tiene un equipo y este equipo representa a todo un país. ¿Quién nos va a representar? Somos 130 millones en México y tenemos que escoger a los once mejores. De 130 millones. Sí, son los mejores… No sé. Pero sé que nos gustaría aplicar esta analogía de David y Goliat en el Mundial. Nos gustaría poder decir: «Sí, México es como David, que nadie cree en ellos, y al final va a ser México contra Alemania, y Alemania va a ser Goliat. Podemos contra él». Quisiéramos ese tipo de narrativa, como esta historia, dentro del Mundial. No creo que pase.

Pero es representación. ¿Quién va a representar al pueblo? ¿Quién va a pelear por ellos?

4) Lectura: 1 Samuel 17:12-30 — David llega al campamento

Y aparece aquí David. Pero quiero que brinquen un poquito. Se menciona aquí, en el versículo 12, que Isaí tiene ocho hijos. De repente hay un cambio de escenario, porque está David y sus hijos:

«…y los tres hijos mayores de Isaí habían ido con Saúl a la guerra. Los nombres de los tres hijos que fueron a la guerra eran Eliab, el primogénito; Abinadab, el segundo; y Sama, el tercero. David era el menor. Los tres mayores siguieron, pues, a Saúl, pero David iba y venía de donde estaba Saúl a Belén para apacentar el rebaño de su padre. Durante cuarenta días el filisteo vino, vino mañana y tarde, presentándose en desafío. Y dijo Isaí a su hijo David: “Lleva ahora a tus hermanos un efa —22 litros— de grano tostado y estos diez panes, y corre al campamento a donde están tus hermanos. Lleva también estos diez quesos al capitán de los mil, y mira a ver cómo están tus hermanos y trae noticias de ellos”.»

Si fuera en este tiempo sería: «Llévales a tus hermanos sus guajolotas, y a sus jefes sus quesitos Oaxaca».

«“…porque Saúl y tus hermanos y todos los hombres de Israel están en el valle de Ela peleando contra los filisteos”. Y se levantó David muy de mañana, dejó el rebaño con un guarda y, tomando las provisiones, se fue como Isaí le había mandado. Llegó al perímetro del campamento cuando el ejército salía en orden de batalla, lanzando el grito de guerra. E Israel y los filisteos se pusieron en orden de batalla, ejército contra ejército. Entonces David dejó su carga al cuidado del que guardaba el equipaje y corrió a la línea de combate, y entró a saludar a sus hermanos. Mientras hablaba con ellos, el campeón, el filisteo de Gat llamado Goliat, subió de entre las filas de los filisteos y habló las mismas palabras de su desafío; y David las oyó. Cuando todos los hombres de Israel vieron a Goliat, huyeron de él y tenían gran temor. Y los hombres de Israel decían: “¿Han visto a ese hombre que sube? Ciertamente sube para desafiar a Israel. El rey colmará con grandes riquezas al que lo mate, le dará a su hija y hará libre en Israel a la casa de su padre”. Entonces David preguntó a los que estaban junto a él: “¿Qué harán por el hombre que mate a este filisteo y quite el oprobio de Israel? ¿Quién es este filisteo incircunciso para desafiar a los escuadrones del Dios viviente?”. Y el pueblo le respondió: “Según aquella palabra, así se hará al hombre que lo mate”. Eliab, su hermano mayor, oyó cuando él hablaba con los hombres, y se encendió la ira de Eliab contra David y le dijo: “¿Para qué has descendido acá? ¿Con quién has dejado aquellas pocas ovejas en el desierto? Yo conozco tu soberbia y la maldad de tu corazón, que has descendido para ver la batalla”. Pero David respondió: “¿Qué he hecho yo ahora? ¿No fue tan solo una pregunta?”.»

5) El enemigo también puede ser el hermano mayor

Típicos hermanos, ¿no? El hermano mayor… Si hubiera estado el papá: «Papá, ¿verdad que tú me enviaste? Míralo, me está acusando de algo que no es cierto. Está diciendo que no estoy siendo responsable con las ovejas; sí las dejé cuidadas, y estoy aquí porque tú me enviaste».

Y Eliab tiene este enojo contra David, y no sé si está basado en la unción previa del capítulo 16 —que Eliab es el primero que Samuel ve y cree que debería ser rey, y Dios dice: «No, él no»—, que de alguna manera hubiera rencor en su corazón hacia David por esa situación. Pero algo que es interesante aquí es que Eliab, de hecho, usa el mismo lenguaje que va a usar Goliat contra David también. Cuando David se enfrenta más adelante a Goliat, Goliat le dice: «¿Qué haces tú aquí? Tú no deberías estar aquí», y lo trata de humillar. Y es lo mismo que pasa con Eliab, el hermano mayor de David.

Por lo tanto, podemos ver en esta historia que el enemigo no nada más es el gigante; de hecho, también es el hermano mayor. También él se presenta como un enemigo de David. Y eso solamente es para hacernos pensar que, de hecho, muchas veces el desánimo en nuestras vidas puede venir de aquellos que supuestamente están de nuestro lado. Esa es la situación. El hermano mayor de David debería haberlo animado, y él está haciendo preguntas a todos los soldados —«Oye, ¿y qué está pasando con este gigante?»— y evidentemente está apenando a su hermano: «Ya, David, ya deja de preguntar. Nada más estás incomodando a la gente. Aquí estamos los soldados. Tú eres un pastorcito; tú deberías estar cuidando las ovejas».

Bueno, hermanos, eso no es para que piensen en cómo otros los critican, necesariamente, sino para que cada quien pensemos cómo nosotros criticamos a los demás y cómo nosotros a veces entramos dentro de este rol del hermano mayor. Y tenemos que tener cuidado. Esto es simplemente una advertencia, y lo hemos visto a lo largo también de 1 y 2 Corintios: sobre la crítica y el cinismo que puede existir dentro de la misma iglesia para desanimarnos unos a otros en vez de animarnos unos a otros. Decir: «Tú no sirves para el ministerio»; «no, tú no deberías hacer nada»; «no, tú regresa a lo que tú haces». Esa es la situación con la que se encuentra David en esta historia.

6) El brillante plan de Saúl

«Y entonces se apartó de su lado hacia otro y preguntó lo mismo, y el pueblo respondió lo mismo que antes.»

¿Quién se supone que debería estar representando a Israel? ¿Quién debería ser su campeón? ¿Quién debería ser? Saúl debería de ser. De hecho, esa fue la petición de Israel. La petición de Israel fue: «Danos un rey que pelee nuestras batallas por nosotros». Eso está en 1 Samuel 8. «Danos un rey que pelee nuestras batallas por nosotros». Y es lo que Saúl no estaba haciendo.

¿Y cuál es la estrategia de Saúl? A ver: ¿cómo vamos a enfrentar este gigante? ¿Qué podemos hacer? ¿Voy yo contra él, o quién es el mejor soldado? Es una estrategia militar la que debería estar armando. ¿Cuál es el brillante plan de Saúl? Vamos a dar un premio al que se enfrente a Goliat. Esa es su estrategia. «Miren, les vamos a dar mucho dinero, se casa con mi hija y ya nunca tiene que pagar impuestos». Es una oferta tentadora para cualquier soldado, y aun así nadie quiere. «¿De qué me sirve una esposa si estoy muerto? Oh, mucho dinero». Esa es la mentalidad de estos soldados. La verdad es que no tienen mucho ánimo de avanzar hacia delante en este plan que tiene Saúl. Y David tiene que preguntar y decir: «Esta es la estrategia que tienen. Esto es lo que van a hacer por el que se enfrente a Goliat».

7) Lectura: 1 Samuel 17:31-40 — «Su siervo irá y peleará»

Lo cual nos lleva ahora sí a esta siguiente parte de la historia, que empieza en el versículo 31:

«Cuando se supieron las palabras que David había hablado, se lo dijeron a Saúl, y él lo hizo venir. Y dijo David a Saúl: “No se desaliente el corazón de nadie a causa de él; su siervo irá y peleará con este filisteo”.»

Llega David y él dice: «Yo pelearé con él». Nadie quiere pelear con él. «Yo pelearé con él».

«Entonces Saúl dijo a David: “Tú no puedes ir contra este filisteo a pelear con él, porque tú eres un muchacho y él ha sido un guerrero desde su juventud”.»

O sea: «David, esto es suicidio. Tú eres un niño. Todos los soldados que están aquí están más capacitados que tú». Que, por cierto, cuando Eliab le dice a David «tienes un corazón soberbio y tú nada más quieres ver la batalla, pura morbosidad», David le debería haber contestado: «¿Cuál batalla? Nadie está haciendo nada. Ahí están todos sentados». En realidad, Saúl no tiene muchas opciones.

Dice el versículo 34:

«Pero David respondió a Saúl: “Su siervo apacentaba las ovejas de su padre, y cuando un león o un oso venía y se llevaba un cordero del rebaño, yo salía tras él, lo atacaba y lo rescataba de su boca; y cuando se levantaba contra mí, lo tomaba por la quijada, lo hería y lo mataba. Su siervo ha matado tanto al león como al oso, y este filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha desafiado a los escuadrones del Dios viviente”.»

Y como que Saúl quiere decir algo, y David le gana, y dice:

«Y David añadió: “El Señor, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, me librará de la mano de este filisteo”. Y Saúl dijo a David: “Ve, y que el Señor sea contigo”. Saúl vistió a David con sus ropas militares y le puso un casco de bronce en la cabeza, y lo cubrió con una armadura. David se ciñó la espada sobre sus ropas militares y trató de caminar, pues no se las había probado antes. Entonces David dijo a Saúl: “No puedo caminar con esto, pues no tengo experiencia con ellas”. Y David se las quitó. Y tomando su cayado en la mano, escogió del arroyo cinco piedras lisas y las puso en el saco de pastor que traía, en el zurrón; y con la onda en la mano se acercó al filisteo.»

Que, por cierto, he escuchado también algunas lecciones sobre esta parte de la historia diciendo que estas cinco piedras representan ciertas virtudes de la vida cristiana. Entonces, una piedra es la oración, y otra piedra es la lectura de la Biblia, y otra es la iglesia, y así, ¿no? Pero el problema de esa analogía es que, pues, David solo usó una.

8) David ve las cosas como Dios las ve

Entonces, bueno, aquí está David. Y lo primero que tenemos que observar acerca de él en esta historia es que él está aplicando el principio que vimos en el capítulo 16: él está viendo las cosas como Dios las ve, lo cual es diferente a todos los demás del pueblo de Israel.

Todos los soldados, Saúl incluido, están viendo lo que está delante de ellos, como el hombre ve: la apariencia externa. «Este hombre es gigante. ¿Quién se puede enfrentar a él?». Así como los espías que entraron a la tierra prometida y dijeron: «No, no, estos gigantes… no nos podemos enfrentar a ellos. No hay manera». De la misma manera, estos hombres están viendo las cosas desde una perspectiva humana. Pero David está viendo las cosas como Dios las ve: no con temor, sino a la luz de quién es Dios.

Lo cual muestra David, porque lo primero que él señala acerca de Goliat es la blasfemia de lo que está diciendo. ¿Cómo dejan que hable así de Dios? O sea, dejen a nosotros, a Israel; no importa. Pero está hablando de Dios de una manera blasfema. Y eso es lo que enciende el corazón y la pasión de David para querer hacer algo. Dice: «Nadie va a hablar de mi Dios de esa manera».

Y yo estaba meditando sobre esta parte de la historia y decía: es cierto, en nuestro propio contexto, en una diferente escala, nosotros experimentamos eso viviendo en una sociedad secular. Porque seguido —y cada vez más seguido— nos encontramos con películas, series de televisión, canciones que de hecho blasfeman el nombre de Dios y que dicen cosas acerca de Dios que deberían indignarnos, y que deberían hacernos decir: «No, no voy a tolerar esto». Esa debería ser nuestra actitud como cristianos: que despierte ese tipo de pasión en nuestros corazones acerca de lo que dice la gente de Dios. No importa que me insulten a mí, no importa lo que piensen de mí; importa lo que piensen de Dios.

Y eso lo encontramos a lo largo de los Salmos también: siempre la indignación del salmista es en relación a la perspectiva que otros tienen de Dios. La blasfemia era castigada en el Antiguo Testamento con la muerte, apedreados —que, irónicamente, es lo que va a hacer David.

Y luego, ¿qué más tiene David al ver las cosas como Dios las ve? Dice: «Yo sé que Dios me dará la victoria. Yo estoy dispuesto a ir contra Goliat porque sé que la victoria es de Dios».

Y esta interacción de la armadura que tiene con Saúl es representativa de la manera en que Saúl ve las cosas, de la manera de Saúl de hacer las cosas, a la manera del hombre. Y el hecho de que David no puede usar la armadura de Saúl representa que la metodología es fundamentalmente diferente en David y en Saúl, en su cosmovisión, en su manera de ver el mundo. Saúl dice: «Tú necesitas esta armadura, por lo menos para que no te duela tanto cuando te maten». Y David dice: «No, yo creo que tengo lo que necesito». Y él está listo para enfrentar a Goliat sin temor.

Lo cual nos muestra que hay algo en la historia de David donde él ya ha comprobado la fidelidad de Dios en su vida, porque él le cuenta a Saúl acerca de cómo él ya ha matado a un oso y a un león para defender y proteger a sus ovejas. Dice: «Si Dios me ayudó con esos animales —Goliat es como un animal—, Dios me puede ayudar con él también». Y lo llama «incircunciso», es decir, fuera del pacto de Dios. Él no es parte del pacto. El pacto que Dios tiene es con nosotros. Dios ha hecho un pacto conmigo.

Claro, David también sabe algo que Saúl no sabe aquí, que es que él ya ha sido ungido. Yo no sé qué tanta influencia está teniendo eso también en su vida, pero sabemos que, al final de su unción, dice que el Espíritu de Dios vino sobre David y permaneció con él hasta el fin. Así que sabemos que David sí tiene el Espíritu de Dios, y es el Espíritu de Dios el que se está moviendo dentro de David para tener esta clase de valor y para decir: «Si Dios ha estado conmigo en el pasado, estará conmigo en el futuro también».

9) Meditar en las misericordias pasadas

Y cada uno de nosotros tenemos que meditar en las misericordias de Dios en nuestras vidas, en el pasado, para darnos seguridad para mañana. También todos nosotros podemos ver hacia atrás y decir: «Señor, es un milagro que estoy donde estoy». Así que, ¿por qué dudaría de dónde voy a estar mañana? ¿Por qué tendría temor de qué va a pasar en diez años o en veinte años, si has estado conmigo hasta ahora?

Y esto, viendo la perspectiva más amplia del plan de redención, nos ayuda a ver también cómo es que, si Dios ya vino en su primera venida y Jesucristo murió en la cruz —ya vino una vez—, sabemos y tenemos la seguridad, por ese evento histórico, de que el futuro también es seguro. Dios ya hizo eso una vez. Podemos ver hacia adelante y decir: «Lo va a volver a hacer». Si Dios cumplió su promesa de enviar a su Hijo, también cumplirá su promesa de que Él regresará otra vez, y vindicará a su pueblo, y restaurará todas las cosas.

10) Lectura: 1 Samuel 17:41-58 — «La batalla es del Señor»

«El filisteo vino y se fue acercando a David, con su escudero delante de él. Cuando el filisteo miró y vio a David, lo tuvo en poco, porque era un muchacho rubio y bien parecido.»

Esa es la descripción que leímos en el capítulo 16, ¿se acuerdan? Pero acuérdense, este es más como esta idea de «miren qué simpático niño». Esa es como la perspectiva que Goliat tiene de él.

«Y el filisteo dijo a David: “¿Acaso soy un perro, que vienes contra mí con palos?”. Y el filisteo maldijo a David por sus dioses.»

Noten eso. Esto es importante.

«También dijo el filisteo a David: “Ven a mí, y daré tu carne a las aves del cielo y a las fieras del campo”. Entonces dijo David al filisteo: “Tú vienes a mí con espada, lanza y jabalina, pero yo vengo a ti en el nombre del Señor de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has desafiado. El Señor te entregará hoy en mis manos, y yo te derribaré y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cadáveres del ejército de los filisteos a las aves del cielo y a las fieras de la tierra, para que toda la tierra sepa que hay Dios en Israel. Y para que toda esta asamblea sepa que el Señor no libra ni con espada ni con lanza, porque la batalla es del Señor y Él los entregará a ustedes en nuestras manos”. Sucedió que cuando el filisteo se levantó y se fue acercando para enfrentarse a David, este corrió rápidamente hacia el frente de batalla para enfrentarse al filisteo. David metió la mano en su saco, sacó de él una piedra…»

…y fiu, fiu, fiu, fiu, fiu. No sé en qué manuscrito está eso. Bueno, ya conocen, esa es… ese canto.

«…la lanzó con la onda e hirió al filisteo en la frente. La piedra se hundió en su frente y Goliat cayó a tierra sobre su rostro. Así venció David al filisteo con una onda y una piedra; hirió al filisteo y lo mató, porque no había espada en la mano de David.»

Esos son detalles que el autor quiere asegurarse de que sepamos.

«Entonces David corrió y se puso sobre el filisteo, tomó su espada, la sacó de la vaina y lo mató, cortándole la cabeza con ella. Cuando los filisteos vieron que su campeón estaba muerto, huyeron. Y levantándose los hombres de Israel y de Judá, gritaron y persiguieron a los filisteos hasta el valle y hasta las puertas de Ecrón. Los filisteos muertos estaban tendidos a lo largo del camino de Saaraim, aun hasta Gat y Ecrón. Los israelitas regresaron de perseguir a los filisteos y saquearon sus campamentos. Entonces David tomó la cabeza del filisteo y la llevó a Jerusalén, pero puso sus armas en su tienda.»

Esto es uno de los detalles del orden cronológico de estos libros. Este evento, de que David tomó la cabeza del filisteo y la llevó a Jerusalén, esto va a pasar cuando David ya es oficialmente rey, en 2 Samuel capítulo 5. Lo vamos a ver: este es cuando ya va a Jerusalén. Pero, otra vez, el autor nos quiere mostrar que este es el principio y es representativo de su posición ahora ya como el ungido de Dios, ganando las batallas de Dios. Y que esto se ejemplifica en David llevando la cabeza de Goliat a Jerusalén.

«Cuando Saúl vio a David salir contra el filisteo, dijo a Abner, el comandante del ejército: “Abner, ¿de quién es hijo este joven?”. Y Abner dijo: “Por su vida, oh rey, no sé”. Y el rey dijo: “Pregunta de quién es hijo el joven”. Cuando regresó David de matar al filisteo, Abner lo tomó y lo llevó ante Saúl con la cabeza del filisteo en su mano. Saúl le dijo: “Joven, ¿de quién eres hijo?”. Y David respondió: “Yo soy hijo de su siervo Isaí, el de Belén”.»

11) Las declaraciones de David: la batalla es del Señor

Entonces, tenemos a David haciendo varias declaraciones significativas. Una es la declaración de que la batalla es del Señor, y que él va a pelear la batalla sin ninguna espada. Y el autor se asegura de mostrarnos que, de hecho, sí: David mató a Goliat sin ninguna espada.

Entonces, David está preocupado porque el nombre de Dios se ha mostrado como el que está haciendo la batalla, y porque Él se ha glorificado a través de esta situación. David quiere asegurarse de que vean: esto es nada más para que el nombre de Dios sea glorificado en la victoria, sabiendo que es Dios el que gana la batalla.

Y esto… yo creo que David conoce bien la historia de Israel, y creo que entiende que lo que está sucediendo es algo muy parecido a lo que pasó con Israel cuando salió de Egipto. Habían cruzado el mar Rojo en seco. Vienen los egipcios, el ejército está viniendo detrás de ellos, y ellos sienten igual el mismo temor que Israel estaba sintiendo en este momento, diciendo: «Aquí vienen los egipcios, otra vez nos van a terminar. Y si no nos matan, nos van a regresar como esclavos».

Y Moisés les dice —esto es Éxodo 14:13—: «Pero Moisés dijo al pueblo: “No teman, estén firmes y vean la salvación que el Señor hará hoy por ustedes, porque los egipcios a quienes han visto hoy no los volverán a ver jamás”». Y es la frase que usa David: «El Señor peleará por ustedes mientras ustedes se quedan callados». Ustedes no van a hacer nada; Dios va a pelear esta batalla por ustedes. Y esa es la misma idea de lo que David dice. Y por eso le dijo a Saúl: «No se desaliente el corazón de nadie a causa de él». De la misma manera que Moisés le dijo al pueblo «no teman», David también dijo: «No teman. Dios peleará esta batalla por ustedes. Ustedes solamente, callados, vean». Y eso es exactamente lo que pasa.

¿Qué hace David? Esto es simbólico. Es importante ver el simbolismo que hay detrás de cortarle la cabeza a Goliat con su propia espada. ¿Se acuerdan de lo que pasó en el capítulo 5? Algo muy parecido. Y esto también tenía que ver con los filisteos: cuando ellos se roban el arca, ¿se acuerdan?, y la meten en el templo de Dagón. ¿Y qué pasa con Dagón? Se le cae la cabeza. Entonces, cuando Goliat reta a David y lo maldice por sus dioses, ¿quiénes son los dioses de los filisteos? Dagón. Es una batalla entre dioses, para saber que Dios gana. Eso es lo que está pasando aquí, y se está repitiendo la misma historia que ya se había visto en 1 Samuel 5. Y creo que es por eso que es significativo que David le corta la cabeza a Goliat.

Y estas son las cosas que este muchacho —porque así lo llama Saúl— ve cuando ve a Goliat: es un blasfemo, no tenemos que tenerle miedo; Dios nos ha dado victorias en el pasado, así que nos dará victoria futura; y a través de esto Dios será glorificado.

Lo cual nos lleva a este último punto. Que, por cierto, la manera en que termina la historia, con Saúl pareciendo no conocer a David, otra vez depende de si está acomodado cronológicamente o no el capítulo 16 con el capítulo 17; pero es muy probable que no. No es una secuencia cronológica, y la familiaridad de Saúl con David viene después de este evento. No sabemos exactamente, pero puede ser.

12) ¿Qué significa «la batalla es del Señor» para nosotros?

El último punto, entonces, que quiero mencionar nos lleva a qué significa cuando dice, en el versículo 47, «la batalla es del Señor». ¿Qué significa «la batalla es del Señor» para nosotros?

Bueno, significa que cuando el ángel dice: «No teman, porque les traigo buenas nuevas de gran gozo que serán para todo el pueblo, porque les ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor»… Estas palabras de David anticipan el evangelio: no teman, porque alguien vendrá que peleará la batalla. Buenas nuevas, buenas noticias. Y este hombre va a ser el hombre de en medio, el campeón, el verdadero israelita, el verdadero rey.

¿Se acuerdan? Ana anticipó esto en su canto. Termina el canto hablando del ungido de Dios y de lo que el ungido de Dios va a hacer por su pueblo. Acuérdense cómo termina. Dice: «El Señor juzgará los confines de la tierra, dará fortaleza a su rey y ensalzará el poder de su ungido». Y Jesús fue ungido para comenzar su ministerio en su bautismo.

Y esto es increíble, porque aquí está esta conexión tan significativa que empieza a verse, que nos anticipa lo que va a venir, que es lo que pasa con Goliat. Se nos menciona específicamente cuánto tiempo se enfrenta Israel a los insultos de Goliat. ¿Cuánto tiempo fue? Durante cuarenta días.

Y es exactamente lo mismo. Y cuarenta es un número que se usa a lo largo de la Biblia para representar un periodo de prueba para el pueblo de Dios. Y de hecho es el mismo periodo que enfrentó el pueblo de Israel en el desierto: cuarenta años en el desierto, por los cuarenta días que estuvieron como espías en la tierra prometida. Cuarenta años en el desierto por su incredulidad, porque no creyeron que Dios podía vencer, ganar la batalla por ellos.

Pero cuando vamos hacia delante y vemos la vida de Jesús, encontramos que después de ser ungido —como David fue ungido en el capítulo 16—, lo que viene es ahora cuarenta días de enfrentar al enemigo. Cuarenta días de enfrentar los insultos de alguien que usa incorrectamente las Escrituras para tentar al pueblo de Dios. Y Jesús resiste la tentación y enfrenta a este enemigo —Lucas 4:1-13—, para después, al empezar su ministerio, encontrar que también es despreciado por su propia familia, como fue David por Eliab. «¿Quién es este hombre? Su mamá es María, y sus hermanos, Judas y Jacobo». Y sus hermanos no creyeron en Él durante su ministerio. «A los suyos vino, y los suyos no le recibieron».

Entonces entendemos que esta misma dinámica que está experimentando David, al ser rechazado por su propia gente como su representante, es la misma dinámica que enfrenta Jesús en su propia vida al empezar su ministerio. Para después… y esta es la declaración de David: «Yo vengo en el nombre del Señor». Y es exactamente como termina la vida de Jesús en su entrada triunfal: «¡Hosanna! Bendito el que viene en el nombre del Señor». Es la misma identidad que lleva Jesús como el descendiente de David.

Y vemos a Cristo apareciendo pequeño comparado con un imperio romano, pero de la misma manera Él va a pelear sin una espada. Y, en contraste con David, Él va a dar su vida para vencer. Lo cual nos muestra que la derrota del enemigo está anticipada en la experiencia de David, de lo que vendrá con Jesús. Porque ¿cómo se cumple Génesis 3:15, la simiente de la mujer y la simiente de la serpiente? David, en un sentido real, le aplastó la cabeza a la serpiente; pero en un sentido todavía más profundo y más permanente, Jesús aplastó la cabeza de la serpiente, derrotándola en la cruz.

Y leemos en Colosenses 2:15: «Habiendo despojado a los poderes y autoridades, hizo de ellos un espectáculo público, triunfando sobre ellos por medio de Él». Nuestro más grande enemigo, la muerte, ha sido derrotado.

13) Entonces, ¿qué hacemos nosotros? Vayan y conquisten

¿Cuáles son nuestros enemigos? ¿Quiénes son? ¿Qué tienes que hacer en relación a tus enemigos? Callados. Vean lo que Dios ha hecho por ustedes.

Pero ¿significa eso que no vamos a hacer nada? ¿Es ese el mandamiento nada más? Entonces siéntense en su sofá, vean la tele y esperen a que regrese Jesús. ¿Cómo funciona? ¿Y cómo funciona en relación a esta historia? ¿Qué pasa una vez que David ha derrotado al enemigo? ¿Qué pasa una vez que David le ha cortado la cabeza a Goliat? ¿Cuál es la reacción del pueblo, y qué es lo que tienen que hacer? Vayan y conquisten. Ese es el mandamiento. Él ha ganado la batalla por su pueblo para que ahora su pueblo pueda conquistar.

Esa es la misma dinámica que encontramos en la vida y en el triunfo de Jesús en la cruz:

«Porque las armas de nuestra contienda no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas; destruyendo especulaciones y todo razonamiento altivo que se levanta contra el conocimiento de Dios, y poniendo todo pensamiento en cautiverio a la obediencia de Cristo» (2 Corintios 10:4-5).

Nosotros vamos a pelear también. Sí, por supuesto que vamos a pelear. ¿Por qué? Porque Jesús dijo: «Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra; por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones», porque yo ya gané. Ahora ustedes pueden ganar. No hay ningún enemigo que ustedes no puedan conquistar, porque yo ya gané la batalla primero.

Esa es la misma realidad que nosotros experimentamos cuando leemos Romanos 8:31-39:

«Entonces, ¿qué diremos a esto? Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no negó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también junto con Él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que murió; sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Tal como está escrito: “Por causa tuya somos puestos a muerte todo el día; somos considerados como ovejas para el matadero”. Pero en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo porvenir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús, Señor nuestro.»

14) ¿Cuál es tu mayor temor?

Él ya ganó para que ahora nosotros ganemos.

¿Cuál es su mayor temor? ¿Cuál es tu mayor temor en esta vida? La crítica de otros. La oposición. La desilusión. La muerte. David escribió: «Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo». No hay nada que Cristo no haya conquistado para nosotros.

Así que vamos a enfrentar cualquier otro gigante que pueda haber frente a nosotros en el futuro, confiando en que las victorias pasadas de Cristo también garantizan nuestras victorias futuras.

Gracias, Señor, por tu palabra y por esta historia que nos muestra quién eres tú, a través de este pequeño pastor, este pequeño muchacho David, que viene delante de Goliat no en sus propias fuerzas, sino en la fuerza que tú das para vencer al enemigo. Y gracias, Señor, porque en ti encontramos verdadera esperanza para nuestras almas, sabiendo, Señor, que podemos avanzar hacia delante con confianza y podemos ser tus representantes en esta tierra; que otros vean lo que tú haces a través de nosotros y te den la gloria a ti, en Cristo Jesús. Amén.

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