Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

1 Samuel 18-201 Samuel / Necesitamos un ReyNathan Díaz

Entre el amor y el odio

¿Por qué Saúl terminó odiando a David hasta querer matarlo, mientras Jonatán —el heredero legítimo al trono— lo amó como a sí mismo y le cedió su corona? En 1 Samuel 18–20, Nathan Díaz muestra cómo la ira, los celos y el temor consumieron a un rey, y cómo el amor de pacto llevó a otro hombre a renunciar a sus derechos. Frente al ungido de Dios no hay terreno neutral: este mensaje nos deja tres preguntas para responder con honestidad — ¿a quién amo más?, ¿quién es mi enemigo? y ¿a quién le cedo mis derechos?

Transcripción

Introducción: el ungido de Dios y su pueblo

Como mencioné el domingo pasado, vimos una de las historias más famosas de toda la Biblia, que es esta historia de David y Goliat. Y continuamos en la narración de 1 Samuel con algunas historias que no son tan famosas, que a lo mejor no conocemos tan bien, pero que realmente nos muestran nuevamente esta dinámica del ungido de Dios.

Eso es lo que estamos viendo a lo largo de todo este libro: ¿quién es el ungido de Dios? ¿Y cómo es que Dios usa a su ungido para representar a su pueblo, para pelear por su pueblo y para obtener victoria por su pueblo? Ese va a ser el tema a lo largo de todo este libro.

Y ya peleó David contra Goliat, como vimos el domingo pasado. Nosotros estamos, realmente, en la posición dentro de esta historia de David y Goliat de ser el pueblo atemorizado; el pueblo que realmente no puede; el ejército que no puede enfrentar a Goliat en sus propias fuerzas y que sabe que, si trata de enfrentarlo, va a perder. Pero gracias al representante ungido de Dios, que es David, este pueblo puede obtener victoria. De la misma manera que, a través de Jesús como nuestro representante, también podemos obtener victoria, porque Él ganó por nosotros.

El amor de Jonatán (1 Samuel 18:1–5)

Ahora la historia progresa y continúa en el capítulo 18. Hace un cambio para mostrarnos más acerca de Jonatán. Ya habíamos visto cosas acerca de Jonatán, que es este hijo mayor de Saúl.

Dice: “Y aconteció que cuando David acabó de hablar con Saúl, el alma de Jonatán quedó ligada al alma de David, y Jonatán lo amó como a sí mismo. Saúl tomó a David aquel día y no lo dejó volver a la casa de su padre. Entonces Jonatán hizo un pacto con David, porque lo amaba como a sí mismo. Jonatán se quitó el manto que llevaba puesto y se lo dio a David, con sus ropas militares, incluyendo su espada, su arco y su cinturón. David salía a dondequiera que Saúl le enviaba, y prosperaba. Saúl lo puso sobre hombres de guerra, y esto fue agradable a los ojos de todo el pueblo y también a los ojos de los siervos de Saúl.”

Vamos a regresar en un ratito al tema de Jonatán y David, pero solamente quiero que vean aquí: es probablemente a causa de todo lo que Jonatán ha visto en David, especialmente en relación a Goliat, que él está convencido de que David está siendo usado por Dios, que tiene a Dios con él. Y entonces Jonatán y David tienen una relación muy especial, muy cercana. Vamos a ver eso en un momento.

Quiero ahora enfocarme… quiero que piensen nada más: esta primera parte muestra el amor de Jonatán, y por eso el sermón es “Entre el amor y el odio”, porque eso es de lo que se trata en estos capítulos. Es un contraste entre el sentimiento que Jonatán tiene por David y el sentimiento que Saúl tiene por David. Y es interesante cómo se desarrolla esta relación entre Saúl y David.

1) El enemigo del ungido (1 Samuel 18:6–16)

Entonces vamos a empezar con el odio, y con el enemigo del ungido.

Dice: “Aconteció que cuando regresaban, al volver David de matar al filisteo…” —nuevamente, recuerden cómo el narrador está llevándonos a diferentes momentos: a veces avanza y luego se regresa, y nos está dando panoramas generales de la situación, enfocándose en diferentes personajes—. Pero aquí dice: “Aconteció que cuando regresaban, al volver David de matar al filisteo, las mujeres de todas las ciudades de Israel salían cantando y danzando al encuentro del rey Saúl con panderos, con cánticos de júbilo y con instrumentos musicales.”

Esto es común; esto es algo muy normal de esa cultura. Lo vemos en otras partes del Antiguo Testamento. “Las mujeres cantaban mientras tocaban, y decían: ‘Saúl ha matado a sus miles, y David a sus diez miles.’” No sé cómo sonaba el canto, pero no voy a tratar de inventarle música.

Y esto es lo que provoca en Saúl: “se enfureció, pues este dicho le desagradó, y dijo: ‘Han atribuido a David diez miles, pero a mí me han atribuido miles. ¿Y qué más le falta sino el reino?’”

Ahora, no es necesariamente que la intención de estas mujeres fuera minimizar a Saúl. Puede ser que la manera en que está escrito el canto sea nada más juntando a David y a Saúl como los que obtienen las victorias. Y es una práctica común de la poesía hebrea hacer estas multiplicaciones en estrofas posteriores. Entonces no es con mala intención que lo están cantando de esta manera. Pero claro, Saúl sí lo toma mal; él se siente ofendido por esta situación. Y hasta proféticamente estaba diciendo: “¿Qué más le falta sino el reino?” De hecho, eso es exactamente lo que va a pasar.

“De aquel día en adelante, Saúl miró a David con recelo. Y aconteció al día siguiente que un espíritu malo de parte de Dios se apoderó de Saúl, y este deliraba en medio de la casa mientras David tocaba el arpa con su mano. Como de costumbre, Saúl tenía la lanza en la mano, y Saúl le arrojó la lanza, pues se dijo: ‘Clavaré a David en la pared.’ Pero David lo evadió dos veces. Saúl temía a David, porque el Señor estaba con él, pero se había apartado de Saúl.”

Entonces aquí tenemos un buen resumen de qué es lo que está pasando. ¿Por qué es Saúl el enemigo de David? ¿Por qué está tan enojado con David? Y no me imagino al pobre David ahí tocándole el arpa y de repente le avienta la lanza… ¿y qué pasó?, ¿toqué mal, o qué?

Ira, celos y temor

Y el texto nos dice de dónde viene este enojo tan fuerte de parte de Saúl. Son tres cosas que menciona, y esto es lo que se va a resumir a lo largo de estos capítulos. La relación entre Saúl y David se convierte en una relación de odio. De odio. Y hay tres factores aquí.

Número uno: ira, que ustedes pueden ver en el versículo 8. Pero ¿de dónde viene la ira? Bueno, la ira viene de lo que dice el versículo 9: de celos. Está consumido Saúl por celos. Y la tercera cosa que encontramos que caracteriza a Saúl en su relación con David —interesantemente, porque esto sí va a aparecer muchas veces a lo largo del texto, lo pueden notar— es temor. Pensaríamos que David es el que debería temer a Saúl, y en cierto sentido sí le teme; pero es mayor el temor de Saúl hacia David, porque puede ver que la mano de Dios está con él y puede ver que la mano de Dios no está con él. Y entonces empieza a actuar desesperadamente para tratar de mantener el reino para sí mismo.

Pero esta dinámica… nada más quiero que pensemos en lo que la Biblia nos dice acerca de estas cosas: “Los celos enfurecen al hombre, y no perdonará en el día de la venganza.” “Cruel es el furor e inundación la ira, pero ¿quién se mantendrá ante los celos?” “Porque donde hay celos y ambición personal, allí hay confusión y toda cosa mala”, dice Santiago 3:16.

Ahora, podríamos pensar que nosotros no tenemos celos, que nosotros estamos exentos de lo que está pasándole a Saúl, y decir: “Bueno, yo no tengo celo de nadie.” Pero yo creo que, si somos honestos y realmente examinamos lo que hay en nuestro corazón, los celos pueden surgir de una manera tan natural y tan fácil, en tantas áreas de nuestra vida.

O sea, yo puedo pensar… cuando lo estaba pensando, yo decía: “Sí, es Saúl el que es celoso.” Pero al pensar en mi propia vida, y al pensar en mi relación con otros, me doy cuenta de que en mi propio corazón… Esta es una de las cosas, un detalle que te puede ayudar a ver cómo esto está a lo mejor en tu propio corazón: es cuando no puedes gozarte por algo bueno que le pasa a alguien más; cuando lo ves con indiferencia —“le va bien”, y ya—; y algo hay en nuestro corazón que piensa que eso lo merecemos nosotros. Pensándolo, sí, digo, si soy honesto: sé que eso me pasa seguido. Seguido estoy pensando en cómo otros la pueden tener mejor que yo, y no me gozo por ellos. Digo: “No, yo merezco eso.”

A veces pensamos en relación al dinero: cuánto gana alguien más. Pensamos: “¿Por qué él gana más que yo, si yo soy más listo?” O a veces es en relación al reconocimiento. O a veces en relación a nuestras posiciones, responsabilidades y ministerios dentro de la iglesia. A veces es dentro de la misma familia, entre hermanos. A veces es el celo que existe dentro de un matrimonio —y hay un celo sano y hay un celo no sano que se puede dar dentro de un matrimonio, donde es más control que otra cosa—.

No me voy a meter en todos los detalles; no quiero hacer este sermón acerca de este punto como el centro. Pero sí quiero que pensemos cómo los celos destruyen nuestras vidas; cómo los celos nos hacen su esclavo; cómo destruyen negocios, cómo destruyen iglesias, cómo destruyen familias; cómo nos sentimos sobre otras iglesias cuando otras iglesias tienen éxito, y cuando iglesias de otras denominaciones tienen éxito.

Y es interesante, porque en la vida de Saúl, por lo menos, podemos ver cómo el celo y el temor van de la mano. Celo y temor van de la mano. ¿Quieres vivir tu vida en constante temor? Alimenta los sentimientos de celos que hay en ti.

Los intentos de Saúl por matar a David (1 Samuel 18:17–30)

Y esto lleva al resto de la historia. Voy a ir resumiendo un poco; no vamos a leer todo el texto, porque vamos a cubrir hasta el capítulo 20, pero les voy a ir contando cómo se desarrolla esta historia. Ya tenemos aquí la base de cómo está esta relación entre David y Saúl.

Saúl lo pone como capitán de mil hombres, y todo lo que David hace le va bien. Y otra vez, versículo 15: “Cuando Saúl vio que él prosperaba mucho, le tuvo temor. Pero todo Israel y Judá amaba a David.” Aquí está el contraste: mientras que Saúl está incrementando en su odio hacia David, el resto de Israel está incrementando en su amor hacia David. Empezando por el hijo, el príncipe Jonatán.

Y Saúl va a tratar… él tiene tanto celo de David que lo que realmente quiere es matar a David. Entonces va a tratar de varias maneras de matarlo. La primera es casándolo con su hija. Suena chistoso, pero es exactamente lo que pasa. Está Merab, la hija mayor, y el plan de Saúl es: “Yo le voy a proponer a David: cásate con mi hija, pero quiero que pelees las batallas de Israel.” O sea, está estimulándolo a ir al frente de batalla, y de esa manera enfrentarse con los filisteos y que los filisteos lo maten. Ese es el plan. Ese es el plan de Saúl.

Pero parece que no entendemos muy bien qué pasó ahí. De hecho, David no reacciona aceptando eso —lo cual podríamos pensar: ¿no era ese el ofrecimiento por matar a Goliat? Y bueno, evidentemente no había pasado—. Y David dice: “¿Y qué te voy a dar a cambio de tu hija? Yo no tengo nada. ¿Quién soy yo, o qué es mi vida, o quién es la familia de mi padre, para que yo sea yerno del rey?”

Y lo que es interesante… no sabemos por qué se da esto, pero en parte creo que es porque David se está rehusando; pero creo que Merab tampoco estaba enamorada de David. A lo mejor ella ni quería casarse con él, y ella está enamorada de uno que se llama Adriel meholatita. Adriel meholatita. Y me imagino a las dos hermanas —está la hermana menor, Mical—, me imagino a las dos hermanas platicando, y a Merab diciéndole (esto es conversación de mujeres): “Ni me gusta David.” Y Mical: “Pues a mí sí me gusta.” Y eso es exactamente lo que pasa: Mical, la otra hija de Saúl, amaba a David. Ahora tenemos a otra persona que ama a David.

Y cuando Saúl se entera, él cambia su plan, pero es muy parecido, porque ahora dice: “Bueno, se la daré para que le sirva de lazo y para que la mano de los filisteos sea contra él.” Entonces Saúl dijo a David por segunda vez: “Serás mi yerno hoy.” ¡Ay, qué suegrito! Digo, nada más para los que se quejan de sus suegros: si quieren sentirse mejor sobre sus suegros, piensen cómo sería tener a Saúl de suegro, alguien que te quiere matar.

Y ahora David como que sí cede con Mical. Dice: “Ah, bueno, sí; pero igual está este tema de qué te voy a dar a ti, rey. Yo soy pobre.” Pues no, no les diste la recompensa por matar a Goliat. Aparentemente no. Aparentemente no le dieron nada; David no recibió nada por matar a Goliat.

Y Saúl inventa este chisme, pero a través de sus siervos les dice: “Díganle a David que me cae bien.” Ese es el chisme. O sea, ellos saben que Saúl lo odia. Yo no sé si David ya tenía pistas de que Saúl no lo quería mucho, pero el chisme es: “El rey se deleita en ti, y todos sus siervos te aman. Ahora pues, sé yerno del rey.” ¿No quieres ser yerno del rey? Él te ama. Claro, es mentira.

Y David dice: “Ay, pues no tengo nada que darle.” Entonces, ¿cuál es el plan de Saúl? Le dice: “No te preocupes.” “Díganle a David: el rey no desea dote alguna, sino cien prepucios de los filisteos, para tomar venganza de los enemigos del rey.” Qué bueno que mi suegro no me pidió eso para casarme con mi esposa. No nos habríamos casado, ¿eh?

Y claro, pueden ver la estrategia aquí. Dice: “Bueno, sí pudo matar a Goliat, pero a ver qué tal contra cien filisteos.” Y dice: “Mata estos filisteos incircuncisos.” Bueno, ya quedaron circuncidados… pero: “mata estos filisteos incircuncisos, que son mis enemigos.” Y Saúl piensa que David va a morir cuando haga esto. Pero ¿qué hace David? Mata doscientos. Le agrada la idea. Dice: “Claro, mato estos cien.” Pero cuando va con sus hombres —ya me los imagino llegando a cien y diciendo: “No, ¿por qué no nos aventamos otros cien?”—… Y a ver, yo no sé: llega con Saúl, y yo me imagino la cara de Saúl cuando David llega con doscientos prepucios. Saúl está completamente sorprendido aquí. No sé cómo fue la presentación. Hay cosas que quisiéramos imaginarnos y ver en la Biblia, pero esta no es una de esas escenas que quisiéramos ver.

Y David trae esto, y “cuando Saúl vio y comprendió que el Señor estaba con David” —esto es lo que él ve: sí, Dios está con David— “y que su hija Mical lo amaba, temió Saúl aún más a David. Y Saúl fue siempre enemigo de David.” Y entonces otra vez regresa este tema de que cuando sale David le va bien, y Dios le da sabiduría, y es muy estimado entre la gente.

Capítulo 19: la huida de David

Ahora, en el capítulo 19, otra vez regresa a la escena Jonatán, y Jonatán básicamente está tratando de ser mediador entre Saúl y David. Él no quiere que su papá y su mejor amigo no se lleven bien. Entonces él habla, le dice a Jonatán —perdón—, a Saúl, a su papá: “¿Por qué quieres matar a David? O sea, ¿qué te ha hecho?” Y al final, básicamente, convence a Saúl: “No, no te preocupes, no va a morir.”

Así que David regresa a la casa. Ahora ya es parte de la familia real. O sea, todo lo que Saúl trata de hacer para acabar con David le sale mal, y hasta se le revierte. David nada más va incrementando en poder, en autoridad y en popularidad.

Entonces regresa David, y dice —versículo 8 del capítulo 19—: “Cuando hubo guerra, David salió y peleó contra los filisteos, y los derrotó con gran matanza, y huyeron delante de él. Y vino un espíritu malo de parte del Señor sobre Saúl…” —ya hemos visto esto antes, inclusive antes del capítulo 18— “…y estaba él sentado en su casa con su lanza en la mano, mientras David tocaba el arpa. Y Saúl trató de clavar a David en la pared con la lanza, pero este se echó de la presencia de Saúl, y la lanza se clavó en la pared. David huyó y escapó aquella noche.”

Entonces, ¿a dónde huye? A su casa, con Mical. Y Mical se entera y sabe que están buscando a David. Entonces ella lo ayuda a bajar por la ventana, muy al estilo de Rahab en Jericó. Y esta otra vez es una escena muy interesante. Para los que dicen que la Biblia es aburrida: no han leído estas historias, porque es sumamente interesante todo lo que pasa.

Ella lo baja por la ventana y luego toma un ídolo doméstico —no sé qué está pasando ahí, pero hay un ídolo en la casa de David—, lo puso en la cama, y después puso a su cabecera una almohada de pelo de cabra y lo cubrió con ropa. Y cuando van los mensajeros, ella dice: “Está enfermo.” “Miren, ahí está, enfermo.” Y ven el bulto y piensan que ahí está David. Entonces eso básicamente nada más le está comprando tiempo para que pueda irse más lejos, para que pueda escapar. Y finalmente, cuando Saúl les dice: “Pues tráiganlo enfermo” —porque ya está determinado a matarlo—, van y se dan cuenta de que Mical los había engañado. Y Mical también les miente varias veces; inclusive les dice que David la había amenazado. O sea, ella como que haciéndose ahí víctima para también protegerse a ella con su papá. Su papá está sumamente enojado ahora con ella; la ve a ella como traicionera.

¿A dónde se escapa David? Se escapa a la casa de Samuel. Se escapa a la casa de Samuel. Y entonces le llega la información a Saúl que David está en Nayot —y eso es el versículo 19—. Y entonces Saúl envía mensajeros, y cuando van los mensajeros se encuentran con profetas que están profetizando, y también el Espíritu de Dios hace que profeticen los mensajeros de Saúl. Esto pasa tres veces.

Pero quiero que vean un detalle aquí de esta palabra “profetizaron”. Es la misma palabra del versículo 10, cuando dice que, cuando un espíritu malo se apoderó de Saúl, “este deliraba en medio de la casa”. Entonces, profetizar: no crean que necesariamente es que están hablando cosas que van a pasar en el futuro o algo así. Profetizar simplemente es esta palabra del resultado de ser dominado por un espíritu. Entonces, “deliraba”: es como un poquito aquí de locura que le entra a Saúl cuando el espíritu malo lo posee; empieza a actuar de una manera errática. Y probablemente esto es lo que pasa también con sus mensajeros.

En la cuarta vez va Saúl a buscar a David a la casa de Samuel, y le pasa a él lo mismo. Y así es como Dios detiene el ataque de Saúl contra David. Dice en el versículo 23: “Persiguió hasta Nayot en Ramá, y el Espíritu de Dios vino también sobre él, e iba profetizando continuamente hasta llegar a Nayot en Ramá. Se quitó además la ropa, también profetizó delante de Samuel, y estuvo echado desnudo todo aquel día y toda la noche. Por lo que suele decirse: ‘¿También está Saúl entre los profetas?’”

¿Les suena? ¿Les suena familiar esta escena? Esto pasó cuando Saúl inicialmente iba a ser rey, ¿se acuerdan? Él va, y Samuel le dice: “Tú te vas a encontrar con los profetas y vas a empezar a profetizar.” Y pasa. O sea, este es un pasaje paralelo a lo que pasó en el capítulo 9. Viene a Ramá, Saúl; cuando viene al pozo, pide por Samuel: eso es igual. Luego profetiza con un grupo de profetas. Pero en el capítulo 9 la gente se maravilla al escuchar a Saúl profetizando y dicen: “¿Está Saúl entre los profetas?”; y aquí se burlan de él, diciendo: “¿Está Saúl entre los profetas?” Algo muy diferente está pasando.

Y en el capítulo 11, después de que profetizó Saúl, el Espíritu de Dios viene sobre él y le da autoridad. Sin embargo, aquí el espíritu que invade a Saúl —y que lo hace volverse loco— lo hace desnudarse. Y esto, creo que es significativo, es simbólico de la autoridad que le está siendo quitada a Saúl. ¿Se acuerdan de cuando Samuel le dice que le va a ser quitado el reino? Saúl trata de agarrar a Samuel de la túnica, y como simbólicamente, al quedarse con la capa, Samuel le dice: “Tu reino también te será quitado.” Y aquí tenemos un evento muy público que representa lo que Dios está haciendo con Saúl al quitarle la autoridad que le había dado en el capítulo 11. Entonces ahora el espíritu lo desnuda, básicamente.

Capítulo 20: el pacto de Jonatán con David

El capítulo 20 nos lleva a un poquito más de tensión. “David huyó de Nayot y vino ante Jonatán, y le dijo: ‘¿Qué he hecho yo? ¿Cuál es mi maldad? ¿Cuál es mi pecado contra tu padre, para que busque mi vida?’ Y él le respondió: ‘De ninguna manera, no morirás. Mi padre no hace ninguna cosa, grande o pequeña, sin revelármela. ¿Por qué, pues, me ha de ocultar esto mi padre? No será así.’ Pero David volvió a jurar y dijo: ‘Tu padre sabe bien que he hallado gracia ante tus ojos, y ha dicho: que no lo sepa Jonatán, para que no se entristezca.’”

O sea, David le dice: “Tu papá ya no te está diciendo sus planes de matarme.” Y aquí hay un montón de situaciones que se dan entre David y Jonatán, muy parecidas a lo que pasó al principio del capítulo 18.

2) El amigo del ungido

Y esto me lleva al otro punto que quiero mostrarles de esta historia. Ese es el contraste: cómo se ve el amigo del ungido. Entonces, por un lado tenemos al enemigo del ungido de Dios, y por el otro lado tenemos al amigo del ungido de Dios.

Y esta relación con Jonatán es muy interesante, porque a veces pensamos en David y Jonatán como personas más o menos de la misma edad. Pero es interesante: estaba leyendo que, cronológicamente, si puedes ver lo que está pasando en 1 Samuel y también en 2 Samuel, Saúl reinó por cuarenta años y David empieza a reinar a los treinta años. Entonces parece ser que David está naciendo alrededor del tercer año del reinado de Saúl. Y recuerden, Jonatán ya es soldado, y tenías que tener por lo menos veinte años para ser soldado en el ejército de Israel. Entonces se piensa que, de hecho, Jonatán le lleva unos veintisiete años a David, por lo menos. Significativamente más grande en edad que él.

Y Jonatán es el que debía haber sido el enemigo de David, ¿no? ¿No es él más apropiado para ser el enemigo de David? ¿Por qué? Porque él es el heredero del reino. Él es el que se supone que va a heredar todo el reino de su padre Saúl. Además, es más grande en edad. ¿Cómo va a respetar a alguien que es casi treinta años más chico que él? Pero todo lo que hace Jonatán por David muestra absoluto respeto, absoluta aceptación y humildad, para entender que Dios está con David; y él está feliz simplemente de ser parte de este viaje de David, en el rol en el que Dios lo ponga a él. Lo contrario de Saúl: sin ningún celo. Jonatán está más interesado en el reino de Dios que en su propio reino.

Y aquí hace un montón de cosas con David como parte de su juramento. Vean la humildad de Jonatán: “Lo que tú digas, haré por ti.” Se están revirtiendo los papeles. ¿Quién es el príncipe aquí? ¿Quién debería estar sirviendo a quién? David debería estar sirviendo a Jonatán. Pero aquí Jonatán se pone en la posición del siervo de David. Y entonces: “trata con misericordia a tu siervo”, le dice en el versículo 8, “ya que has hecho entrar a tu siervo en un pacto del Señor contigo… pero si hay maldad en mí, mátame tú”. Aquí es David diciéndoselo a Jonatán: “O sea, si estoy haciendo yo mal hacia tu papá, si realmente estoy haciendo mal, pues sí, entonces sí merezco morir.”

Pero están usando esta palabra que en hebreo es la palabra jésed: amor eterno, incondicional, lleno de misericordia y compasión. Todas estas ideas están encerradas en esta palabra de misericordia que se está usando.

Y vean en el versículo 13, ahora Jonatán: “Que el Señor sea contigo, como ha sido con mi padre. Y si todavía vivo, ¿no me mostrarás la misericordia del Señor para que no me maten? Ni quitarás tu misericordia de mi casa para siempre, ni aun cuando el Señor haya quitado de la superficie de la tierra a cada uno de los enemigos de David.”

Él está consciente de que Dios le va a dar el reino a David. Y Jonatán se está asegurando: “Hazme parte de tu reino. Yo me pongo bajo el cuidado de tu autoridad como el rey de Israel.” “Jonatán, pues, hizo un pacto con la casa de David, diciendo: ‘El Señor lo demande de la mano de los enemigos de David.’ Y Jonatán hizo jurar a David otra vez a causa de su amor por él, pues lo amaba como a sí mismo.” En el versículo 23 le dice: “En cuanto al acuerdo del cual tú y yo hemos hablado, que el Señor esté entre nosotros dos para siempre.”

La prueba en la mesa del rey (1 Samuel 20:24–34)

Ahora, lo que están tramando en el contexto de todo esto es que Jonatán básicamente va a indagar si Saúl todavía quiere matar a David. David no quiere morir: “No quiero ir a comer a casa de tu padre, que me vuelvan a aventar la lanza, ¿no? Entonces, ¿por qué no investigas?” Y el plan que tienen es que, en estas festividades que se están haciendo en estos días de las costumbres judías —David es parte de la familia real—, no se va a presentar el primer día. Y efectivamente no se presenta el primer día, y la idea es ver cómo reacciona Saúl cuando Jonatán le dice: “Bueno, es que fue a ver a su familia, a hacer sacrificios, y yo le di permiso de ir.” Y entonces, el segundo día, ahora sí, Saúl se enoja.

Y esto es lo que pasa en el versículo 25: “El rey se sentó en su asiento como de costumbre, en el asiento junto a la pared. Jonatán se levantó, y Abner se sentó al lado de Saúl, pero el lugar de David estaba vacío. Sin embargo, Saúl no dijo nada aquel día, porque se dijo: ‘Es una casualidad; no estará limpio, de seguro no se ha purificado.’” Nada más está pensando que por eso no está ahí. “Pero al día siguiente, el segundo día de la luna nueva, el lugar de David estaba aún vacío. Entonces Saúl dijo a su hijo Jonatán: ‘¿Por qué no ha venido el hijo de Isaí a la comida, ni ayer ni hoy?’”

Y usa esta manera despectiva de hablar de David: “el hijo de Isaí” es como decir: “Sí, el hijo de nadie.”

“Y Jonatán respondió a Saúl: ‘David me rogó encarecidamente que lo dejara ir a Belén. Me dijo: “Te ruego me dejes ir, pues nuestra familia tiene sacrificio en la ciudad, y mi hermano me ha mandado que asista. Ahora pues, si he hallado gracia ante tus ojos, te ruego me dejes ir para ver a mis hermanos.”’” Es interesante, porque la palabra que usa —“me dejes ir”, “dejar ir”— es la palabra “escapar”. Entonces, de hecho, Jonatán sí le está diciendo el plan de David. “Por este motivo no ha venido a la mesa del rey.”

“Se encendió la ira de Saúl contra Jonatán, y le dijo: ‘¡Hijo de perversa y rebelde!’” Feliz Día del Padre. Ese es el papá que estamos estudiando. “‘¿Acaso no sé yo que prefieres al hijo de Isaí, para tu propia vergüenza y para vergüenza de la desnudez de tu madre?’” Aquí Saúl está extremadamente enojado; inclusive hay lenguaje aquí muy vulgar que está usando en referencia a la mamá de Jonatán. De hecho, “hijo de perversa y rebelde”: él es el perverso y rebelde; es hijo de un papá perverso y rebelde, en realidad.

Y vean lo que sucede: “Pues mientras viva sobre la tierra el hijo de Isaí…” —está revelando las motivaciones de su corazón— “…ni tú ni tu reino serán establecidos.” O sea: mientras esté vivo David, tú no vas a ser rey. Pero Jonatán responde y dice: “¿Por qué? ¿Por qué ha de morir? ¿Qué ha hecho?” Entonces Saúl le arrojó la lanza para matarlo. Ahora Saúl está tratando de matar a su propio hijo. “Así Jonatán supo que su padre había decidido matar a David.” Si me quiere matar a mí, creo que también quiere matar a David.

Paréntesis para el Día del Padre

Que, por cierto, estaba pensando sobre esto, y esto es algo muy interesante para el Día del Padre, para como ánimo para los padres. Queremos ser buenos padres para nuestros hijos; queremos criarlos correctamente, y le pedimos a Dios sabiduría: “Señor, ayúdanos a criar a nuestros hijos bien.” Pero nos vamos a equivocar. Y hay esperanza en estas historias. Y les voy a decir por qué hay esperanza: porque los personajes que Dios está usando, que son Samuel y David, tienen hijos terribles los dos —los que son supuestamente las personas piadosas—. ¿Quién es el hijo bueno en esta historia? El hijo del malo. El hijo del enemigo del ungido de Dios.

Entonces, si nuestros hijos resultan bien, no es por nosotros: es a pesar de nosotros, y por la gracia de Dios. Él hace una obra en ellos. Y no podemos poner nuestra esperanza —y este libro que recomendaba Jonathan hace un momento, sobre la crianza y los hijos— no podemos poner nuestra esperanza en ciertas fórmulas o ciertos métodos para poder instruir a nuestros hijos. Es cómo les mostramos a temer a Dios y a amar a Dios, y a través de nuestro propio ejemplo; pero están en sus manos, no en las nuestras. Lo mejor que podemos hacer es orar por ellos. Nada más lo digo aquí como un paréntesis sobre esta historia, algo que estaba pensando.

La despedida (1 Samuel 20:35–42)

Y la historia está desarrollada de tal manera que Jonatán y David tienen una especie de código, que es a través de aventar flechas y decirle al ayudante de Jonatán cómo recoger las flechas. Esto le indica a David si Saúl está enojado o no.

Y efectivamente, entonces dice: “Jonatán se levantó de la mesa ardiendo en ira, y no comió pan el segundo día de la luna nueva, pues estaba entristecido por David, porque su padre le había afrentado. A la mañana siguiente, Jonatán salió al campo para reunirse con David, y un muchacho pequeño iba con él. Y dijo al muchacho…” —esta es todo lo que habían planeado antes sobre cómo iba a ser la clave— “‘Corre, busca ahora las flechas que voy a tirar.’ Y mientras el muchacho corría, tiró una flecha más allá de él. Cuando el muchacho llegó al lugar de la flecha que Jonatán había tirado, Jonatán le gritó al muchacho: ‘¿No está la flecha más allá de ti?’” Esa es la clave de que Saúl está enojado y quiere matarlo. “Y Jonatán llamó al muchacho: ‘Corre, date prisa, no te detengas.’ Y el muchacho de Jonatán recogió la flecha y volvió a su señor. Pero el muchacho no sospechaba nada; solo Jonatán y David sabían del asunto. Entonces Jonatán dio sus armas al muchacho y le dijo: ‘Vete, llévalas a la ciudad.’ Cuando el muchacho se fue, David se levantó del lado del sur y, cayendo rostro en tierra, se postró tres veces; y se besaron el uno al otro y lloraron juntos, pero David lloró más. Y Jonatán dijo a David: ‘Vete en paz, ya que nos hemos jurado el uno al otro en el nombre del Señor, diciendo: “El Señor esté entre tú y yo, y entre mi descendencia y tu descendencia, para siempre.”’ David se levantó y se fue, y Jonatán entró en la ciudad.”

Entonces esta historia termina triste. Y nada más quiero que piensen —es como empieza también el capítulo 18— esta relación entre David y Jonatán.

¿Qué tipo de amor es este?

Y lamentablemente, en todo este movimiento LGBTQ+, algunos han tratado de mostrar o de argumentar que la relación entre David y Jonatán tenía algún tipo de sentido romántico. Sin embargo, eso no es lo que dice el texto, y tenemos que pensar en cómo usamos la palabra “amor”. ¿Qué significa amor? Amar a alguien. ¿Puede un hombre amar a otro hombre? Sí, por supuesto. ¿Puede un hombre amar a otro hombre? Y eso es bíblico. La ética sexual que determina la Biblia acerca de cómo nos relacionamos en esa parte de nuestras vidas es otra cosa.

Y ustedes saben, hay diferentes palabras en los idiomas originales, en hebreo y en griego, para hablar de amor, para describir diferentes tipos de amor; y este no es el tipo de amor del que está hablando cuando habla de amor. Inclusive cuando dice que se besaron, no nos debe extrañar: eso aparece muchas veces a lo largo del Antiguo Testamento. De hecho, eso es lo que pasa cuando Samuel unge a Saúl: lo besa. Entonces hay inclusive un uso que se da en un contexto político, como para reconocer la autoridad de alguien más. Es como se describe que se hacía. Entonces hay muchas cosas que están sucediendo, aunque también es este afecto entrañable que hay entre ellos dos.

Entonces, si fuera eso —y eso está condenado en la Biblia como pecado, el homosexualismo—, el autor de 1 Samuel no tendría ningún problema en decirlo, si hubiera pecado ahí, ¿no? Porque claramente va a hablar del pecado de David más adelante. Y el autor siempre señala cuando algo está mal y cuando es en contra de la voluntad de Dios.

El pacto: ligado, leal, y cediendo sus derechos

Entonces eso no es lo que está pasando aquí, pero sí está pasando algo muy importante, que es pacto. Pacto. Y me encanta hablar de pacto, porque —y en las bodas que hemos tenido aquí en la iglesia siempre hablamos de pacto y de la importancia del pacto— es a través de pactos que Dios hace todo lo que hace.

Y esto es muy significativo entre Jonatán y David, porque Jonatán escoge a David específicamente y dice: “Quiero hacer un pacto contigo.” Y este amigo del ungido tiene una relación de amor con David, y estas son todas las cosas que describe sobre su relación:

Está ligado a su alma —que, por cierto, esta palabra también aparece en Génesis cuando se describe el amor de Jacob por Benjamín. Y eso es muy interesante, porque es una misma relación de padre e hijo la que se describe ahí: “ligado a su alma”—.

Se describe como estableciendo un pacto, como leal hasta la muerte.

Y por último, cediendo sus derechos. Cuando Jonatán, al principio del capítulo 18, se quita sus ropas militares, su espada, su arco y su cinturón, y se los da a David, esto es simbólico de Jonatán cediendo sus derechos como el próximo rey de Israel y dándoselos a David, diciendo: “Yo sé que Dios te ha escogido a ti. Aquí está. Esto es simbólico de que tú eres el que va a tomar el trono.” Esto es lo que realmente está pasando entre Jonatán y David. Jonatán se da cuenta de esto.

3) ¿De qué lado estás tú?

Pero aquí está la parte que quiero que vean: Jonatán llega a un punto en su vida en que es confrontado entre paz con su papá o paz con David. Va a ser uno de los dos, pero no puede ser los dos. No puede estar bien con su papá y estar bien con David. Tiene que tomar una elección.

Lo cual me lleva a mi último punto sobre toda esta historia, que es: ¿de qué lado estás tú? ¿De qué lado estás tú? Porque cuando nosotros vemos en la Biblia lo que representa nuestra relación con el ungido de Dios… si queremos ser amigos del ungido de Dios, ¿qué significa eso? Automáticamente nos estamos haciendo enemigos de todo este mundo; pero también, como describe Efesios 6, las huestes, los poderes de tinieblas, el mundo espiritual también se vuelve nuestro enemigo cuando estamos como amigos de Dios.

Tenemos que entender esto. Tenemos que entender que la vida cristiana no son vacaciones: es una batalla. Es una batalla contra enemigos que van a venir constantemente contra nosotros, si es que queremos estar del lado de Dios.

¿A quién amas más?

Así que estas son las preguntas que nos muestran de qué lado estamos. ¿A quién amas más? ¿Dónde está tu lealtad? ¿Dónde está tu amor? ¿Cuál es el mandamiento más grande de todos? “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu mente, con todas tus fuerzas.” Ahí es donde nuestros afectos se tienen que derramar hacia Dios primeramente.

Y Jesús dijo: “El que ama a padre…” —papás, Día del Padre—. Ese es el mensaje del Día del Padre: “El que ama al padre o a la madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama al hijo o a la hija más que a mí, no es digno de mí. Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que ha hallado su vida, la perderá; y el que ha perdido su vida por mi causa, la hallará.”

Ahorita que salgan con sus papás, pueden decirles: “Papá, te amo, pero amo a Dios más.” Porque ese es el amor que Dios demanda de nosotros. Ese es el amor de un verdadero hijo de Dios.

¿Quién es tu enemigo?

“Y si el mundo los odia, sepan que me han odiado a mí antes que a ustedes.” David le pudo haber dicho esto a Jonatán, ¿no? “Te odia tu papá; a mí me odió primero.”

“Nadie puede servir a dos señores, porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o apreciará a uno y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir a Dios y a las riquezas.” Cualquier otra cosa que proclame autoridad y amor en nuestras vidas se puede volver nuestro dios, nuestro amo; se convierte en nuestro ídolo. Y la Palabra de Dios nos está llamando a aborrecer todo aquello que quiere tomar el lugar de Dios en nuestras vidas.

Tenemos que traer eso delante de Dios y decir: “Señor, esto está queriendo tomar el lugar que solo te corresponde a ti. Hazme enemigo de esto. Haz que esto sea mi enemigo, que cuando lo vea me llene de ira y quiera salir corriendo.”

“¡Oh, almas adúlteras! ¿No saben ustedes que la amistad del mundo es enemistad hacia Dios? Por tanto, el que quiere ser amigo del mundo se constituye enemigo de Dios.”

¿A quién cedes tus derechos?

Y por último, esta es la parte que vemos en Jonatán: ¿a quién cedes tus derechos? Al ceder sus derechos, al ceder el futuro de su propio hogar —Jonatán como hijo del rey—, Jonatán de hecho obtiene un futuro protegido por el reinado de David. Eso lo vamos a ver cuando lleguemos a 2 Samuel; esto sí va a ser algo real: David tiene un compromiso firme de cuidar de la familia de Jonatán. Y al ceder sus derechos ahorita, está viendo hacia el futuro y está diciendo: “Cuida de mi familia en el futuro, David.”

Bueno, es lo mismo que nosotros hacemos con Dios, ¿no es cierto? Al ceder nuestros derechos ahorita, al decir: “No necesito riquezas ahorita, no necesito estas cosas que podría encontrar en el mundo, porque me estoy encomendando al reino de Dios; y si yo me encomiendo al reino de Dios, Él se encargará de mí en el futuro.” Eso es exactamente lo que pasa en cada una de nuestras vidas, y decimos, de la misma manera que dijo Juan el Bautista: “Es necesario que Él crezca y que yo disminuya.”

“Llamando Jesús a la multitud y a sus discípulos, les dijo: ‘Si alguien quiere venir conmigo, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame; porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma?’”

Conclusión

Cada uno de nosotros tenemos que contestar a estas tres preguntas, y ser honestos sobre cuál es la respuesta: ¿A quién amo? ¿Quién es mi enemigo? ¿Y a quién cedo mis derechos? Y eso determina mi relación con el ungido de Dios: como su amigo o como su enemigo. Con Jesús no hay nada en medio, en realidad: o lo amas o lo odias. No hay otra cosa.

Y me estaba acordando de un canto de niños que no sé si conocen, pero lo podemos cantar juntos. Ahorita vamos a cantar otro, pero este canto me estaba acordando ahorita. Dice: “Yo tengo un amigo que me ama.” Bueno, vamos a cantarlo juntos, pensando en esta verdad de que Jesús es nuestro amigo.

“Yo tengo un amigo que me ama, tengo un amigo que me ama, tengo un amigo que me ama… su nombre es Jesús.”

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