Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Apocalipsis 22:6-22ApocalipsisNathan Díaz

¡He aquí vengo pronto!

Si Jesús dijo «he aquí vengo pronto», ¿por qué han pasado casi dos mil años? El epílogo de Apocalipsis 22 explica que esa espera es la paciencia de Dios, y señala tres cosas que hacemos mientras tanto: atesorar su Palabra sin añadir ni quitar, adorar solo a Dios e invitar a todo el que tenga sed.

Escuchar el audio de esta predicación →

Transcripción

Introducción

Vayan a la última página de sus Biblias, y ahí es donde estamos. Y realmente estamos concluyendo con lo que hemos venido viendo. Pero fue en octubre que empezamos, si no me equivoco, con Apocalipsis. Porque si fue octubre, entonces octubre a… casi, casi un año que nos tomamos para estudiar el libro de Apocalipsis. Y uno de los propósitos principales de estudiar este libro es que podamos ver este libro no como un libro que evadimos y que nos da miedo leer, sino que un libro que realmente está escrito para nosotros como iglesia y que tiene un mensaje significativo y relevante para nosotros hoy.

Y vamos a estar viendo hoy exactamente cómo es que el libro termina afirmando la relevancia del libro de Apocalipsis. El libro mismo dice: este libro es importante, este libro es relevante para ustedes, y deben de meditarlo, deben de considerar sus palabras, atesorarlas. Hay una bendición especial para aquellos que lean las profecías de este libro y las guarden en su corazón. Hay una bendición especial para aquellos que pongan su esperanza en las promesas que este libro nos muestra. Entonces, vamos a leer los versículos 6 al 21, y vamos a analizarlo a lo largo de este mensaje en cuanto a cómo es que este libro nos muestra cómo debemos estar viviendo hoy como cristianos.

Lectura del pasaje

Dice, versículo 6: "Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto. ¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro. Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas. Y después que las hube oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas. Pero él me dijo: Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios. Y me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca. El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía. He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.

"Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira. Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana. Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.

"Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro. El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros".

Un epílogo inesperado

¿Cómo es que Apocalipsis termina? Ahora, nos hubiera encantado que terminara en el versículo 5 de este capítulo, ¿no? "No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos". Ese es un buen final, ¿no? Pero ahí no termina todavía. Viene todo esto que acabamos de leer. Y queremos tratar de entender por qué es que termina con este epílogo el libro, y por qué es que hay un énfasis significativo en una cosa en particular.

Quiero que lo noten: está en el versículo 7, está en el versículo 12 y está en el versículo 20. Tres veces a lo largo de esta sección Jesús va a decir: "He aquí, vengo pronto". Versículo 7: "He aquí, vengo pronto". Versículo 12: "He aquí, vengo pronto". Versículo 20: "Vengo en breve". Entonces nos damos cuenta que toda esta sección está enfocada hacia mostrarnos la cercanía de estas cosas que Apocalipsis nos está diciendo, la cercanía del final de los tiempos, y cómo es que esa exhortación tiene que afectar nuestras vidas hoy.

¿Cómo es que el pensar que el Señor viene pronto hace que vivamos nuestra vida de una manera diferente a como la viviríamos si no lo tuviéramos en mente? Si dijéramos: "Así es el mundo, y así seguimos, y nunca va a pasar nada más; simplemente nos vamos a extinguir como humanidad, y ya". Si esa es tu mentalidad, y si estás pensando de esa manera, obviamente eso va a afectar la manera en que vives tu vida, en que tomas decisiones todos los días. Pero si estás pensando: "No, estas cosas se van a acabar, porque Jesús va a regresar, va a reinar, va a juzgar la tierra y va a vindicar a su pueblo, para que haya una comunión perfecta entre Él y su Esposa por toda la eternidad; y las cosas de este mundo son temporales, pero hay cosas eternas para las cuales puedo prepararme ya, y para después puedo vivir ya", ¿no cambia eso nuestra manera de pensar acerca del libro de Apocalipsis, y de pensar acerca de nuestra vida el día de hoy?

Este es el mensaje de esta sección: "He aquí, vengo pronto". Así que quiero mostrarles tres áreas que creo que esta sección nos muestra específicamente. A veces es un poquito más implícito, no tan explícito, pero nos está mostrando toda esta sección tres áreas de la vida cristiana en las cuales tenemos que tener una cierta actitud y una cierta mentalidad mientras regresa Jesús.

¿Qué significa «pronto»?

Número 1… Vamos a pensar, antes de pensar en estas tres áreas, vamos a pensar en "He aquí, vengo pronto". Cuando se escribió esta carta, a finales del primer siglo, más o menos alrededor del año 90 después de Cristo, ¿cuántos años han pasado? Casi 2000, casi 2000 años. Entonces, ¿"pronto"? ¿Dos mil años se les hace pronto? "He aquí, vengo pronto", y dos mil años después seguimos diciendo: "He aquí, viene pronto". ¿Qué significa eso? ¿Otros dos mil años? Ya pasaron 2000 años, y los primeros lectores de esta carta decían: "Sí, el Señor ya viene".

Entonces, quiero que vean primeramente que cuando está anticipando esto, "pronto", "He aquí, vengo pronto"… De hecho, ¿en qué tiempo está ese verbo, "vengo"? Está en presente. No dice "He aquí, vendré pronto"; dice "vengo pronto". Hay una idea aquí de que el comienzo de esta venida ya está desde la primera iglesia; algo ya entró en marcha cuando se escribió esta carta, y que ya se había estado desarrollando, de hecho, por varios años.

Apocalipsis es el equivalente… Si fuéramos al Pentateuco y viéramos el Pentateuco en cuanto a cómo Dios prepara a su pueblo, podríamos ver Apocalipsis como Deuteronomio. Deuteronomio es un libro… y vamos a estar viendo unas veces Deuteronomio, porque aquí van a venir varias citas de Deuteronomio en lo que viene en esta sección. Pero Deuteronomio es un libro que estaba preparando al pueblo de Israel, diciéndoles: "Mira, la tierra prometida ya viene, y esto es cómo se tienen que preparar para la tierra prometida". Y entonces les plantea todo el escenario para que, cuando lleguen al libro de Josué, ya tienen todo lo que en Deuteronomio se había establecido de cómo se iba a ver esa transición hacia la tierra prometida. Y es lo mismo con el libro de Apocalipsis: es un libro que está viendo hacia adelante, a la tierra prometida, donde Dios está llevando a su pueblo. Pero Moisés vio la tierra prometida; bueno, la vio, pero no la poseyó. Entonces hubo muchas generaciones que todavía pasaron esa transición entre la promesa y el cumplimiento. Y de la misma manera, nosotros estamos en un periodo de transición entre la promesa y el cumplimiento. Pero el cumplimiento ya se ha empezado a desarrollar; solo no se ha culminado de una manera final.

Entonces, quiero que vean, número 1, qué significa "pronto". "Pronto" significa: con paciencia. Sí, pronto, pero Dios sabe cuándo es pronto. Ustedes no saben cuándo es pronto; Dios sí. Y claro que el pasaje que nos muestra esa realidad claramente es 2 Pedro 3, que dice en el versículo 3 que la gente va a estar diciendo: "¿Dónde está la promesa de su venida? Porque desde que los padres durmieron, todo continúa tal como estaba desde el principio de la creación". Esto es un parecido a lo que estaba pasando cuando fue el diluvio con Noé. Noé anuncia el diluvio, y pasan años, y años, y décadas, y un siglo, y la gente decía: "¿Qué, ya ves? Decías que se iba a inundar", y nadie lo cree.

Pero vean, vean la razón por la cual se prolonga ese periodo. Dice el versículo 9: "El Señor no se tarda en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con vosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento". Entonces, "pronto" significa: Dios está siendo paciente con un mundo que todavía no ha conocido el Evangelio en la extensión que Dios quiere que lo conozcan. Por eso Mateo 24:14 dice: "Y este evangelio del reino se predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin". Entonces vendrá el fin: cuando el Evangelio ya haya sido proclamado a todas las naciones, vendrá el fin.

Lo cual debería ser una de las principales motivaciones por las cuales oramos por los misioneros, y apoyamos a los misioneros, y queremos ser parte de lo que Dios está haciendo en otros lugares del mundo. Porque decimos: "Señor, si queremos que ya vengas, ¿qué tenemos que estar haciendo? Predicando. Vamos a ir a predicar a las naciones, porque entre más pronto las naciones escuchen tu nombre, más pronto Tú vendrás". Pues esa es la promesa de la Palabra de Dios en cuanto a cómo se va a desarrollar el final de los tiempos.

Pero nuevamente, "pronto" tiene la idea de que está cerca: es la siguiente fase en el plan de Dios. Es decir, Jesús vino, se encarnó en esta tierra —escuchábamos mucho sobre eso hoy en la mañana, sobre la encarnación de Cristo—, y eso inauguró esta etapa de la predicación del Evangelio y del avance del Reino de Dios a través de la Iglesia, en la cual ya estamos en el final de los tiempos. Desde ese momento, el final de los tiempos no es algo que todavía no ha llegado; ya estamos en los últimos tiempos. Y varios pasajes nos muestran cómo podemos entender esta realidad.

Vayan a Daniel, porque Daniel tiene muchos paralelos aquí con este pasaje, y quiero que vean un detalle muy importante. Dice el versículo 4… Daniel ha recibido todas estas visiones del futuro, todas estas visiones de lo que va a suceder, pero a Daniel se le da una cierta instrucción. Se le dice: "Tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará". Ya he explicado estos versículos en nuestro estudio del libro de Daniel. Pero vean lo que dice también el versículo 9: "Anda, Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin". Sí, no sé qué es lo que Dios va a hacer que va a desatar todos los eventos que hemos estado estudiando, que ya nos dan el último empujón hacia la manifestación de Cristo como Juez y Rey.

Entonces, aquí estamos esperando, estamos esperando. Entonces, ¿qué hacemos mientras esperamos? ¿Nos sentamos aquí en la iglesia? ¿Hacemos actividades, eventos, conferencias? ¿Qué hacemos mientras esperamos a que Jesús regrese? ¿Qué estamos…? ¿De qué manera nos estamos preparando para lo que viene?

Palabras fieles y verdaderas

Y eso es lo que me lleva al primer punto. El primer punto es lo que se menciona aquí en el versículo 6: "Estas palabras son fieles y verdaderas". Y esto viene también de Daniel 2:45: cuando Daniel revela las palabras de la profecía, también usa un lenguaje muy parecido con respecto a la revelación que está recibiendo sobre el sueño de Nabucodonosor. Pero más allá de eso, entendemos que "palabras fieles y verdaderas" nos muestra que la Palabra de Dios es confiable. Esto es cierto. Esto es lo que dice: "El Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto".

Entonces pone una categoría de gente, ciertas personas: los espíritus de los profetas son aquellos que han escrito la Biblia, que han recibido esta revelación. ¿Y quién está detrás de ellos? Dios, el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas. Dios es el que ha inspirado estas palabras; Dios es el que está revelando su voluntad a través de estas personas, para mostrar a sus siervos estas cosas que deben de suceder pronto. Entonces, no es nada más Juan el que está recibiendo la revelación. Está diciendo: "Ya ha habido muchos antes que yo que ya han estado recibiendo revelaciones de parte de Dios sobre cómo todo esto tiene sentido, cómo se armoniza todo el plan de Dios para su pueblo". Son palabras fieles y verdaderas.

¿Cuáles son estas palabras fieles y verdaderas? Las palabras del Nuevo Testamento, por lo menos, son de revelación apostólica. Por eso es que decimos, consideramos, que ya no hay apóstoles hoy en día. Cuando alguien dice: "El apóstol va a visitar nuestra iglesia", pero ¿quién, Pedro, Juan? ¿Quién? ¿Cuál de los apóstoles? Porque los apóstoles, creo, son aquellos que han recibido la revelación de Dios para comunicar estas profecías, y ya el canon ha sido cerrado con respecto a este tipo de revelación de la que está hablando aquí el pasaje. Pero nosotros tenemos la responsabilidad de considerar estas palabras como fieles y verdaderas, así como Pablo mismo se expresa acerca de sus propias palabras.

Él dice en Gálatas 1:12: "Ni lo recibí de hombre, ni me fue enseñado, sino que lo recibí por medio de una revelación de Jesucristo". Pablo mismo dice: "Esto es de Dios; ustedes tómenlo como de Dios, porque es de Dios". Y les dice a los tesalonicenses, a los de Tesalónica, en 1 Tesalonicenses 2:13: "Por eso también nosotros sin cesar damos gracias a Dios de que, cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la aceptasteis no como la palabra de hombres, sino como lo que realmente es, la palabra de Dios, la cual también hace su obra en vosotros los que creéis". Entonces Pablo dice: "Ustedes, cuando nos están escuchando, no están pensando: 'Mira qué inteligente es Pablo, qué sabio es Pablo, qué sabio es Pedro'. No están pensando eso. Dicen: 'Dios nos está hablando a través de ellos; es Palabra de Dios misma la que estamos escuchando y meditando'".

Y en Efesios 2:20 establece este fundamento. Dice: estamos siendo "edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular". Entonces, este pasaje nos está apuntando en esa dirección. Nos está diciendo qué podemos hacer mientras estamos esperando la segunda venida de Cristo: sigan meditando en las palabras inspiradas por Él. Sigan, sigan meditando sobre estas verdades constantemente, porque son verdad, son verdad. Y eso es lo que Dios nos ha dejado mientras Él regresa: tenemos su Palabra, que está ahí para que meditemos en ella día y noche y la atesoremos en nuestro corazón, y seamos fieles a esta Palabra.

Y es por eso que decimos que es central la predicación de la Palabra en la iglesia, porque esto es lo que Dios nos ha encargado hacer mientras esperamos que regrese. Mediten, estudien, lean sus Biblias. Hagan algo, usen su tiempo, inviértanlo en algo que vale la pena, que es para la eternidad. ¿Sí? ¿Qué cosas son las cosas que son importantes? La Palabra de Dios, palabra fiel y verdadera.

No añadir ni quitar

Y tenemos que ser fieles a esta Palabra. No es nada más meditar sobre ella, sino ser fieles a lo que realmente está ahí. Por eso es que dice en el versículo 18: "Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas…". Y vean cómo lo está manejando: ¿añades cosas? Dios te añade algo a ti. ¿Quieres añadirle a la Biblia? Está hablando específicamente del libro de Apocalipsis esta maldición, pero se aplica a todo lo que es inspirado por Dios, si es revelado por Dios, como vamos a ver en un momento en Deuteronomio 4. ¿Quieres agregarle a la Biblia? Dice: "Yo te agrego algunas plagas de las que están aquí". ¿Quieres quitarle? Pero aquí está tu nombre, del libro de la vida: ya no estás en el libro de la vida.

¿Es serio cómo manejamos la Palabra inspirada por Dios, o sea, la revelación de Dios? Claro que sí, es muy serio. Ese es un reto; tenemos que considerarlo todos los que nos paramos aquí a predicar y decimos: "Esto es lo que dice Dios". Es una gran responsabilidad sobre nosotros, porque estamos siendo responsables de comunicar fielmente el mensaje que Dios ha revelado. ¿Y es fácil hacer eso? No, no es fácil, porque yo quiero agregarle cosas. Pues yo tengo mis ideas, y digo: "Estaría bueno también decir esto, porque yo creo que el hermano tiene que escuchar eso", porque la Biblia dice… Lo que tengo que decir es una advertencia muy seria con respecto a cómo guardamos la Palabra.

Vean cómo lo dice en el versículo 7. Y recuerden que hay siete bienaventuranzas, siete bienaventuranzas en Apocalipsis, y aquí en esta sección estamos leyendo la sexta y la séptima. La sexta es la del versículo 7: "He aquí, vengo pronto. Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro". Es una bienaventuranza. Y una maldición para el que quita las palabras, el que agrega palabras; pero hay una bienaventuranza para el que guarda las palabras de la profecía.

Entonces, ¿qué significa guardar estas palabras? Significa atesorarlas como lo que realmente son: que son palabras eternas. "El cielo y la tierra pasarán, pero mi palabra no pasará". Entonces, nuevamente, es una perspectiva sobre lo que es temporal y lo que es eterno. Las palabras de Dios son eternas. ¿Qué es lo que guardo en mi corazón? ¿Cosas temporales? ¿Cuánto dinero tengo en el banco? ¿Eso es lo que está en mi corazón todo el tiempo? ¿Qué guardamos? ¿Qué es lo que atesoramos?

Vean lo que dice Deuteronomio capítulo 4. Les decía que hay un paralelo muy significativo entre Deuteronomio y Apocalipsis. También en Deuteronomio 4 van a leer este paralelo, de dónde viene esta idea que Dios ya está desarrollando. Deuteronomio 4:2 dice: "No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordeno". Entonces, esto es lo que es tan importante para nosotros, lo que Pablo expresa en 2 Corintios 4:2: "Sino que hemos renunciado a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino que, mediante la manifestación de la verdad, nos recomendamos a la conciencia de todo hombre en la presencia de Dios". Entonces, Pablo está comprometido con no adulterar la Palabra de Dios, con decir exactamente lo que Dios está tratando de decir a su pueblo.

¿Y qué tanto son nuestras emociones y nuestros sentimientos lo que influencia nuestra manera de pensar, y cómo actuamos en la iglesia, y cómo nos comportamos día a día? ¿Y cuánto es el fundamento de algo sólido, objetivo, fuera de nosotros, que es la Palabra de Dios, lo que rige nuestra conducta y nuestra manera de pensar? No importa cómo me siento. No importa que siento que Dios está lejos de mí hoy: yo sé que está aquí, yo sé que está presente, y yo sé que Él sigue siendo soberano. Siento que no, pero la verdad de la Palabra de Dios me da un fundamento, una verdad en la que yo puedo confiar enteramente, en la que yo puedo confiar internamente, sabiendo que mi corazón se va para acá y se va para allá, y mi mente se va para acá y se va para allá.

Y a veces siento que este mundo no tiene sentido, de que mi vida no tiene propósito. Y a lo mejor hay tantos sentimientos y pensamientos que entran a nuestra cabeza y a nuestro corazón, pero la Palabra está ahí, diseñada para aterrizarnos en lo que Dios quiere que sepamos. Bueno, ¿qué hacemos entonces mientras regresa Jesús? Guardamos las palabras de la profecía de este libro en nuestro corazón. "Señor, no sé cuánto tiempo falta, pero mientras, vamos a estar leyendo esto, vamos a estar usando todo nuestro tiempo para estudiar y meditar, y ayudar a otros a entender lo que…".

"¿Has leído la Biblia? ¿Saben lo que dice?". "No, nunca la he leído". "Bueno, ¿por qué no la lees? ¿Por qué no empiezas a leer? Te voy a dar un librito que te va a ayudar a tener una idea de dónde empezar". Y todo el tiempo, como iglesia, hemos estado lidiando con ese tipo de situaciones, en las que la gente dice: "Sí, sí quiero conocer la Palabra de Dios; ayúdame a conocerla". Y para eso estamos aquí; para eso es la iglesia: para que juntos estemos meditando en estas verdades, diciendo: "En lo que regresa Jesús, aquí estamos", ¿no?

Adora a Dios

Número 2. Vean otra cosa que será muy interesante aquí, versículo 8: Juan oyó estas cosas y vio estas cosas. Y nuevamente el testimonio dice: "Sí, y yo soy el que está dando este testimonio". Y puede hablar de esta manera en su Evangelio, en Juan, y también en sus epístolas, primera, segunda y tercera de Juan. Dice: "Miren, yo estoy dando el testimonio de lo que yo he visto, de lo que he escuchado, de lo que Dios mismo me ha revelado, y es verdad. Créanme".

A Juan le pasa algo muy peculiar que ya le había pasado antes. ¿Se acuerdan? En el capítulo 19, versículo 10, dice que cuando él vio esta imagen de las bodas del Cordero que estudiamos, dice: "Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús". Entonces, el ángel que está comunicando estas cosas a Juan le dice: "Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía". Este es el capítulo 19, versículo 10.

Parece ser que Juan, dentro de todas estas experiencias de ver cosas gloriosas —porque es lo que está viendo, cosas gloriosas—… Y a veces no entendemos: ¿está hablando Jesús, o está hablando el ángel? Y a lo mejor Juan también a veces está confundido sobre eso, porque el ángel está comunicando verdades sobre Jesús, y Jesús a veces se está dirigiendo a Juan. Entonces, dentro de toda esta imagen de cosas gloriosas, Juan reacciona, se postra, adora. Pero, por supuesto, cuando es el ángel el que está delante de él, el ángel lo reprende y le dice: "No, no, no lo hagas". Y usa un lenguaje fuerte aquí: "¿Qué estás haciendo? No, no lo hagas, porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, de los que guardan las palabras de este libro".

Y hay un mandamiento aquí, y también está en el capítulo 19. ¿Cuál es el mandamiento? "Adora a Dios". Hermanos, esto es el principio. Lo que está pasando aquí es muy importante, porque todos adoramos, y todos inevitablemente vamos a adorar aquello que admiramos y aquello que pensamos que es glorioso. Es eso: esa adoración, cuando tú contemplas algo que te impacta, lo adoras. Esa es nuestra reacción natural. Y lo he mencionado antes, he dado ese ejemplo, y ahora que nos estamos llenando de bebés en la iglesia… Siempre pasan, o llegan con el bebé, y especialmente las hermanas, cuando lo ven, lo primero que dicen inevitablemente es: "¡Ay, no!". Y ahora, yo nunca he visto una mamá que venga con su bebé recién nacido y te lo enseñe: "Pero antes de verlo tienes que decirle…". ¿Es una condición? ¿Quién está obligado a expresarse de esa manera? ¿Quién dice "¡Ay, no!" porque más vale, porque si no se va a ofender y va a decir que pienso que su bebé está muy feo? Pero es una expresión genuina. De cierto, eso pasa en todas nuestras experiencias: somos movidos a la adoración constantemente, y vamos a adorar aquello que pensamos que es glorioso. Pero constantemente nuestra adoración tiene que ser redirigida, constantemente, porque va a haber muchas cosas… Ese ejemplo de un bebé es un ejemplo pequeño, pero pasa a escalas más grandes con otras cosas en nuestra vida, y empezamos a admirar ciertas cosas, a vivir para ciertas cosas, y constantemente tenemos que recordar.

Y pasa mucho, especialmente para los que son solteros, que idealizan e idolatran lo que significa tener una relación con alguien del sexo opuesto, y empiezan a vivir para eso, y eso empieza a consumirlos. Y es algo… Anhelamos su venida todos los que anhelamos que ya regrese el Señor Jesús. Entonces, ¿qué hacemos mientras esperamos que Jesús regrese? Lo adoramos. Y lo adoramos de muchas maneras: unos meditando sobre quién es, cuáles son sus atributos, qué es lo que la Biblia dice acerca de Él, conociéndolo mejor. Eso nos lleva a la adoración, a atesorarlo más, y también anhelando ya estar con Él de una manera perfecta y absoluta en la eternidad.

La invitación sigue abierta

Número 3: ¿qué hacemos mientras regresa Jesús? Mientras regresa Cristo, tenemos que seguir evangelizando. Y eso está en el pasaje también. Vean, vean lo que dice el versículo 14… perdón, el versículo 17: "El que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente". Es la invitación. Y la invitación es porque ahorita todavía está abierta esa invitación. Hay una invitación que está abierta en lo que regresa Jesús. Le decimos: "Sí, Señor, ven". Pero en lo que regresas, le decimos a la gente: "Ven, bebe, toma el agua; ven adonde usted va a ser saciada de una manera en la cual nunca vas a volver a tener sed". Porque no es una sed física, ni un agua física, sino que es un agua espiritual que satisface profundamente los anhelos más profundos de tu ser.

Pero vean lo que dice el versículo 11. Y esta es la advertencia; esto es donde tenemos esta advertencia y este anuncio de juicio a la gente también. Dice: "El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía". Todo eso también está en Daniel capítulo 12, versículo 10. No vamos a ir ahí, pero pueden ir ahí; eso es paralelo a este pasaje. Y es cómo respondemos a la revelación que Dios nos está dando, porque va a llegar un momento en el que ya no haya más oportunidad para tomar una decisión con respecto a estas cosas.

Va a llegar un momento —y eso es lo que está declarando este pasaje—, está diciendo: va a llegar un momento en el que los que son injustos, y los que son impíos, y los que se han rebelado contra Dios, van a estar en una categoría por toda la eternidad. Ya no va a haber más oportunidad de arrepentirse. Y aquellos que son santificados, que son de Dios, seguirán siendo santos y santificándose por toda la eternidad. Y va a haber un momento decisivo y categórico en el cual ya no hay más oportunidad. Mientras, decimos "ven", mientras decimos "tomen el agua". Pero va a haber un momento en el que Dios dirá: "El que es injusto, sea injusto todavía".

Eso forma parte del plan de Dios: el hecho de que hay algunos que lo están rechazando, y su justicia será manifestada en condenarlos perfecta y justamente por su pecado. Eso glorificará a Dios. Pero la invitación es: no seas de esos que van a glorificar a Dios a través de cómo son condenados por su pecado; sé de los que van a glorificar a Dios por la manera en que la misericordia de Dios fue mostrada en sus vidas, a través del perdón de los pecados en Cristo Jesús.

Vean lo que dice Hebreos 9:27: "Así como está decretado que los hombres mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo, habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos, aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación de los que ansiosamente le esperan". Cuando mueras, se acaba la oportunidad; después de eso sigue el juicio de Dios. Y solo los que ansiosamente le esperan sean recibidos en gloria como sus hijos. E Isaías 40:10: "He aquí, el Señor Dios vendrá con poder, y su brazo gobernará por Él. He aquí, con Él está el galardón, y delante de Él su recompensa". Y en Mateo 25 leemos acerca de la recompensa: justos e impíos, cabritos y corderos.

Miren, hermanos, esta es una iglesia de fiestas. Nos encanta hacer fiestas y cumpleaños, y qué bueno. Todo el tiempo nos están invitando, y todo el tiempo nos invitan a cosas: "Hermano, quiero que vengas a las 4 de la tarde tal día". O estamos invitando a la gente a este evento que va a ser el próximo fin de semana; le estamos diciendo: "El 6 y 7 de septiembre tienen el evento; vengan a este evento". Todo el tiempo hay invitaciones. ¿Y qué es lo que pasa cuando tú recibes una invitación? Pues evalúas, ¿no? Dices: "¿Voy o no voy?". ¿Y cómo decides si vas o no? Pues pesas los beneficios, y a lo mejor los sacrificios que tienes que hacer para ir a lo que sea que te están invitando. Entonces dices: "No, no vale la pena ir". Muchos están diciendo, a lo mejor: "¿700 pesos por una conferencia? Mejor no". No, está bien: estás evaluando qué tanto vale la pena para ti esa invitación.

Pero esta invitación es de consecuencias eternas. Esta invitación es la invitación más importante que tú vas a recibir en toda tu vida. Está aquí, en el versículo 17: ¿tienes sed? Lo único que necesitas es tener sed. Significa que sabes que necesitas algo; sabes que necesitas algo, sabes que tú no puedes, que tú estás en un estado caído, que por tu pecaminosidad estás quebrantado. Sabes esa condición que tienes; eso es lo que significa cuando se tiene sed. El que tiene sed, lo único que necesita hacer es reconocer que tiene sed.

La invitación más importante y con las consecuencias más profundas para tu vida. Lo cual significa que tienes que considerar esta invitación seriamente y decir: "¿Cómo estoy respondiendo ante esta invitación?". Porque cuando Cristo aparezca, el estado en el que tú estés será tu estado por toda la eternidad. Y estamos viendo a la sociedad con sed, ¿no es cierto? Estamos viendo que sí hay sed, pero se les olvida, se nos olvida, cuál es el objeto de nuestra satisfacción, dónde podemos encontrar realmente satisfacción para esa sed. Porque usa la analogía del agua, porque el agua es esencial para la vida, y sin el agua no podemos sobrevivir. Y hay un agua de la que la Biblia está hablando, que es el agua que nos nutre espiritualmente, que nos da vida espiritualmente, que sin ella moriremos. Y es de lo que habla Apocalipsis cuando estamos leyendo acerca de la segunda muerte, que es el lago de fuego.

Dice: "Bienaventurados los que lavan sus ropas". Viene a recompensar a cada uno según su obra, pero no es por obras que somos salvos: es porque hemos lavado nuestras ropas en la sangre del Cordero. Eso ya lo leímos en el capítulo 5 y en el capítulo 7, acerca de aquellos que lavaron sus ropas con la sangre del Cordero; han sido emblanquecidos por la sangre del Cordero. Eso es lo que nos justifica delante de Dios. Y esa es la invitación: "Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad".

"Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras"; todo aquel que ama y hace mentira estará afuera. …Y es su hijo, y Él será mi Padre por toda la eternidad. Y yo quiero que tú tengas esa misma esperanza.

Hora de despertar

Pero vean qué está pasando aquí en Apocalipsis. Miren, esto está diseñado para hacernos reaccionar. No está diseñado para hacernos pensar: "Bueno, algún día van a pasar estas cosas; sigamos con nuestra vida". No, esto está diseñado para ser una exhortación a nosotros, para darnos cuenta de que si de veras creemos estas cosas, van a transformar nuestra manera de vivir, van a transformar nuestra manera de pensar, y como iglesia vamos a reaccionar.

Ese es el sentir de Pablo en Romanos 13: "Haced todo esto, conociendo el tiempo, que ya es hora de despertaros del sueño; porque ahora la salvación está más cerca de nosotros que cuando creímos". Tu salvación está más cerca, porque Jesús ya está más cerca. Su salvación final, tu redención final, todavía no ha sucedido; solo es el principio lo que has experimentado. Pues despierta de tu sueño, oh cristiano, a la luz de que hoy es un día más cerca de lo que sigue que lo que era ayer. Y la pregunta es: ¿qué estás haciendo hoy para vivir a la luz de esa realidad?

La bendición final

Entonces Juan termina diciendo: "Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús". Y hay una bendición con la cual termina este pasaje. Y esta es la bendición: para ser un libro con tantas maldiciones y con tantos juicios, es increíble, termina con una bendición. Y el Antiguo Testamento también termina con una maldición, y ahora tenemos un panorama completamente lleno de esperanza. ¿Y cuál es la esperanza? Dice: "La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros".

Esa es la esperanza: que la gracia de Dios esté con nosotros. Porque la gracia es central a la fe cristiana; la gracia es para la Iglesia de Dios; la gracia es la que nos sustenta para vivir como Dios quiere que vivamos. La gracia es poder. ¿Cómo vamos a vivir así? ¿Cómo vamos a vivir a la luz de lo que viene? ¿Cómo vamos a tener el pensamiento correcto? ¿Cómo vamos a evangelizar a la gente? ¿Cómo vamos a meditar en la Palabra y entenderla? ¿Cómo vamos a adorar a Dios correctamente? Que su gracia esté con todos nosotros: esa es la manera, y esa es la bendición final de este libro.

Y yo espero, hermanos, que a lo largo de este camino de Apocalipsis hayamos encontrado verdadera esperanza; que a lo largo de este camino de estudiar el libro de Apocalipsis hayamos encontrado la razón de nuestra existencia, y la manera en la cual tenemos que estar viviendo nuestras vidas todos los días para la gloria de Dios; y que constantemente estemos en esta evaluación de las cosas que son importantes y las cosas que no son tan importantes, que nos distraen todo el tiempo, para que Dios sea glorificado en nuestras vidas y en nuestra iglesia. Puestos…

Volver al vídeo ↑

Escúchanos

Ven un domingo

Predicamos así cada semana, a las , en Av. México 319.

Qué esperar si vienes →