Hechos 22:1-5ApocalipsisNathan Díaz
El Segundo Edén
¿Cómo será la eternidad con Dios? Apocalipsis 22 describe un segundo Edén: el río y el árbol de la vida, sin maldición y con acceso directo al rostro de Dios. El mensaje conecta el huerto, el tabernáculo y el templo para mostrar que en Cristo recuperamos más de lo que Adán perdió, y pregunta qué ciudad anhela tu corazón.
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Transcripción
Lectura del pasaje
Empezamos con el último capítulo de la Biblia; es lo que vamos a ver hoy. Vamos a empezar a ver este capítulo 22 de Apocalipsis. Vamos a leer estos primeros 5 versículos, que es lo que vamos a meditar. Dice: "Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones. Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes. No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos".
Señor, ayúdanos a entender esta porción de tu Palabra, que es tan profunda y tan llena de esperanza para nosotros. Que podamos ver cómo se conecta, Señor, todo esto con el resto de la Biblia y con nuestras vidas. En el nombre de Cristo Jesús.
Un jardín en la ciudad
Hemos estado viendo acerca de la nueva creación, cielos nuevos y tierra nueva, la nueva Jerusalén. Y todo esto que estamos viendo ahorita es un desarrollo de lo que Juan vio en este capítulo anterior, en el que vio toda esta nueva realidad de la nueva creación, donde ya no hay muerte, donde las primeras cosas han pasado, donde hay una comunión perfecta con Dios. Dice: "Dios mismo estará con ellos como su Dios"; con su pueblo morará con ellos. Y además les dice que les va a dar de la fuente del agua de la vida: "El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo". Esto es el capítulo 21, al principio.
Entonces, todo lo que hemos estado viendo después de eso ha sido un desarrollo de esas realidades: de la realidad de la esposa, la realidad de la ciudad. Y ahora, una tercera analogía que usa la Biblia para mostrarnos, una tercera imagen que usa para mostrarnos la realidad de la eternidad, es un jardín. Y eso es lo que vamos a ver aquí: es la imagen de un jardín que forma parte de la ciudad, que forma parte de la realidad de Dios y su pueblo juntos.
Entonces, claro, aquí está lo interesante: cuando hablamos de un jardín, ¿qué viene a su mente? Génesis. Y ahí empezó la historia, ¿no es cierto? La historia empezó con un jardín, con un huerto. Y ahora se están retomando esas imágenes para mostrarnos no la realidad del principio, sino la realidad del fin. En Génesis tenemos un paraíso perdido, y en Apocalipsis tenemos un paraíso recuperado. Pero no es nada más que hemos recuperado el paraíso original; es que Dios nos está dando algo aún mejor que lo que existía originalmente, porque en Cristo vamos a ganar más que lo que perdimos en Adán.
Adán hizo que se perdieran ciertas realidades, y bendiciones, y comunión con Dios, al pecar junto con Eva, y al cortar la relación con Dios, y al ser condenado por Dios. Perdimos algo en ese momento. Pero no solo Dios nos está regresando lo que perdimos, sino que ahora, en la manifestación de Cristo Jesús, nos va a dar una realidad aún más gloriosa de la que originalmente existía. Porque ya no es nada más dos personas en el huerto: es toda una humanidad redimida, de todas las naciones, tribus, lenguas, pueblos, sirviendo al Señor, conviviendo en una armonía perfecta con el Señor, en una realidad perfeccionada y nueva, en la cual disfrutamos de sus bendiciones por toda la eternidad.
El jardín y la ciudad
Entonces, voy a empezar a explicarles hacia dónde vamos con todo esto, lo que está tratando de hacer Juan mostrándonos esto. Dios nos está mostrando a través de Juan que el jardín y la ciudad son uno. El jardín y la ciudad están conectados; el jardín y la ciudad son una sola realidad. En la creación original, del huerto original, a través del pecado, esa realidad del jardín y la ciudad como un solo lugar se dividió. Entonces, ¿qué pasó? Adán y Eva fueron expulsados del huerto, y el jardín y la ciudad se convirtieron en dos realidades diferentes.
La ciudad se convirtió en el espacio en el cual el hombre iba a habitar en su pecado, y la humanidad iba a vivir en una condición caída. Y el jardín ya no era accesible; el jardín ahora iba a ser bloqueado, el acceso del jardín, a todos aquellos que quisieran entrar. Es decir, una separación. Ahí vamos a estar viendo más acerca de eso en un momento. Pero entonces quiero que empiecen a pensar cómo este es un panorama bíblico completo.
Nuevamente, Apocalipsis no está diseñado para que lo veamos solo. No está diseñado para que nada más lo leamos y sigamos: "¡Ah, qué bonito!", sino para que nos traiga imágenes del Antiguo Testamento, vayamos a esas imágenes; y no nada más vayamos a esas imágenes, sino veamos el desarrollo de la narrativa histórica que Dios ha desarrollado desde el principio. Entonces, cómo se conecta a toda la Biblia es crucial. No animamos a la gente a leer solamente ciertos versículos de la Biblia; no animamos a la gente a leer ciertos libros de la Biblia. Animamos a la gente a leer toda la Biblia, porque toda la Biblia es inspirada por Dios; toda la Biblia es la revelación que Dios quiere que entendamos. Y si tú no la lees, no vas a saber cuál es el plan de Dios.
Y tienes que verla en este panorama más amplio, viéndola, haciéndote hacia atrás y diciendo: "No nada más qué me está diciendo un solo versículo, sino qué me está diciendo todo el panorama". Hay un mensaje más amplio en toda la Biblia sobre lo que Dios está tratando de hacer.
El cielo y la tierra a lo largo de la historia
Entonces, esta imagen quiero que la piensen de una manera muy específica. El cielo y la tierra son dos realidades que están desarrolladas a lo largo de toda la Biblia. El cielo y la tierra empezaron como una realidad en armonía en el Edén, como un solo lugar realmente, porque estaba Dios conviviendo directamente, en un estado de perfección, en un paraíso. Y ese estado se rompe por causa del pecado. Y piénsenlo así, cómo se desarrolla la historia: se rompe por causa del pecado y empieza a correr la historia. Nuevamente se crean ciudades, se crean civilizaciones. Pero el clímax del pecado… El hombre peca y es expulsado del huerto; está en la ciudad. Y ahora, en el desarrollo de las civilizaciones, llegamos a Génesis 11, y Génesis 11 nos narra la torre de Babel, en donde nuevamente Dios, por el pecado del hombre, lo expulsa, o solo lo dispersa.
Pero la Biblia nunca nos deja… Nunca nos deja como que "ya se acabó, ya no hay esperanza; pecamos, Dios nos castiga". No. De ese punto, ahora Génesis 12 nos dice que Dios escogió a un hombre que se llamaba Abram, de Ur de los caldeos. Lo llama y le dice: "Ven, y yo te voy a mostrar una tierra, una tierra prometida. Te voy a llevar a un lugar, a ti y a tu descendencia". Entonces, eso es otra vez Dios tomando a su pueblo para otra vez llevarlos a la tierra que Él ha preparado para ellos. El pecado hizo que fueran expulsados del lugar que Dios preparó para ellos; ahora Dios está trabajando en la restauración, para otra vez llevarlos a una tierra prometida.
Y entonces llama a Abraham para que él siga a Dios en fe, y en su descendencia se desarrolle un pueblo que Dios está llamando, llevando a un lugar que se llama la tierra prometida. Y llegan a la tierra prometida. De hecho, en el libro de Josué encontramos que sí empiezan a conquistar la tierra y habitan en la tierra. Y lo van a ver en el periodo de los reyes, inclusive de David, cómo allí están ya cumpliendo las promesas. Pero entonces, ¿qué pasa? Vienen otros reyes, y vuelven a pecar, y ¿qué hace Dios? Los vuelve a expulsar de la tierra. El pecado los vuelve a expulsar de la tierra, ¿y son llevados adónde? A Babilonia. Y Babilonia se convierte en el ejemplo, en el lugar en donde la gente termina cuando se rebela contra Dios. Entonces, cuando se rebelaron originalmente, en la creación del huerto del Edén, terminaron en Babel; ahora, cuando se rebelan en la tierra prometida, terminan en Babilonia. Y ahora, en el Nuevo Testamento, a través de Jesús, Dios está usando estas mismas imágenes para decirnos: "Yo estoy otra vez juntando un pueblo para llevarlo a una tierra que Yo les estoy preparando".
Entonces, este es el mismo patrón, es el mismo ciclo que hemos estado viendo siendo desarrollado a lo largo de toda la Biblia: el lugar que Dios prepara para nosotros; por el pecado, Dios expulsa a la gente que puso ahí, y vuelve a juntar a su pueblo, preparándoles un nuevo lugar.
El tabernáculo, el templo y el Edén
Hay más detalles aquí. ¿Dios cómo es que les muestra esta preparación? No nada más es a través de la tierra prometida; también es a través de algo muy específico que hizo. Y esta es la conexión que Juan ya hizo en este pasaje. Lo vimos el domingo pasado: la realidad de la nueva Jerusalén está reflejando ¿cuál realidad, principalmente, se acuerdan? La del tabernáculo y el templo. Es decir, la nueva Jerusalén se ha convertido en este tabernáculo y templo en el cual Dios habita con su pueblo, así como en el Antiguo Testamento existía un tabernáculo y un templo en el cual Dios habitaba con su pueblo.
Pero lo que es interesante entonces es que el tabernáculo y el templo, de hecho, eran maneras de Dios de mostrarles que Dios sí quería tener comunión con ellos. Y el recordatorio de que Él quería tener comunión con ellos era a través de cómo se veía el tabernáculo y el templo. Y lo que es tan interesante acerca de las descripciones del tabernáculo y del templo es que estaban diseñados para reflejar el huerto del Edén, y el huerto del Edén reflejaba el cielo. Entonces, el tabernáculo y el templo están reflejando el Edén, y el Edén está reflejando el cielo. Y el tabernáculo y el templo están apuntando hacia adelante, hacia una realidad en la cual Dios quiere habitar con su pueblo, y en donde vamos a poder volver a entrar en esta realidad de un nuevo Edén. El tabernáculo y el templo estaban apuntándonos hacia un nuevo Edén que se cumpliría en Jesús. Y todas esas conexiones son sumamente interesantes.
Y quiero que vean en Hebreos 8, versículo 5, lo que dice el autor de Hebreos. Él dice claramente que esto es de lo que se trataba. Cuando Dios le dio las instrucciones a Moisés: "Construye un tabernáculo, y hazlo así, así, y usa estos materiales", y pone todos estos detalles, y se puso muy específico sobre muchas cosas… Lean los libros de la ley mosaica, y a veces dicen: "Señor, ¿por qué tanto detalle aquí? ¿De qué medida, y que sea de tal material, y que tenga todas estas especificaciones?". Bueno, el autor de Hebreos nos dice por qué tanto detalle. Dice: "Los cuales sirven a lo que es copia y sombra de las cosas celestiales". O sea, el templo, el tabernáculo, era un reflejo de cosas celestiales, "tal como Moisés fue advertido por Dios cuando estaba a punto de erigir el tabernáculo. Pues dice Él: Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que te fue mostrado en el monte".
Por eso Dios tiene tanto cuidado: "Hazlo específicamente así, así, así, así, así, porque cuando tú lo haces por las medidas, y las dimensiones, y las especificaciones que Yo te estoy dando, estás reflejando una realidad celestial". Eso es lo que Dios estaba haciendo a través del tabernáculo y del templo. Y eso es lo que estamos leyendo ahora aquí: la realidad de esas realidades celestiales, ahora presente con nosotros; ahora como algo no nada más dibujado en el templo, no nada más representado en el templo y en el tabernáculo, sino en la eternidad.
Dos capítulos al principio y dos al final
Y me encanta, porque esto es una trivia: ¿cuántos saben cuántos capítulos hay en la Biblia? Y contarán cada capítulo en la Biblia: 1189 capítulos, 1289 capítulos en toda la Biblia. Van a decir: "Pienso que bueno…". Y 1189 capítulos en la Biblia, y cuatro de esos capítulos tienen una característica muy específica, solo cuatro. Los primeros dos capítulos y los últimos dos capítulos son las únicas partes de toda la Biblia que nos narran la realidad de una creación sin pecado, sin maldad, sin maldición de parte de Dios. Empezamos con dos capítulos de perfección y terminamos con dos capítulos de perfección. Y todo lo que está en medio, 1185 capítulos, nos narran cómo se ve una humanidad caída, en necesidad de redención, y lo que Dios está haciendo para redimirla.
Y estos son como… ¿cómo le llaman? Lo que sostiene los libros de cada lado, ¿no? Es lo que empieza y lo que termina; es lo que está sosteniendo todo este libro junto. Empezó en perfección, pero termina en perfección también.
Y vamos a estar analizando estos cinco versículos de la siguiente manera. Vamos a estar viendo, primeramente, cuál es la realidad de esta descripción que nos está apuntando hacia el huerto del Edén. Es la primera cosa que queremos ver: cómo nos está apuntando hacia el huerto del Edén, y por lo tanto nos está apuntando hacia una realidad que existe en el tabernáculo y en el templo. Sí, esa es la conexión de este pasaje. Y claro, el pasaje viene de describir que Dios es el templo; por eso no hay necesidad de un templo. Entonces ya tenemos la imagen: ya vimos en el capítulo anterior todas las imágenes que vienen del Antiguo Testamento, tomadas de las descripciones del templo, ahora aplicadas a la nueva Jerusalén. Y ahora, en el huerto que estamos leyendo aquí, se nos apunta al huerto, y el huerto también nuevamente nos apunta al tabernáculo. Todo eso va junto. Todo eso nos está tratando de mostrar la realidad de cómo se ve Dios habitando con el hombre en perfecta armonía y unidad. Eso vamos a hacer: vamos a recorrer este pasaje.
El río de agua de vida
Entonces, número 1, nos describe: "Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero". La primera descripción que encontramos, por supuesto, ¿de dónde sale esta imagen? Está en el huerto del Edén: un río, sí, Génesis 2:10. Y hay algo interesante, dos cosas que describe acerca de este río. En vez de que entre a la ciudad, que es lo que normalmente sucedía, con los ríos que entraban a la ciudad, este río de hecho sale de la ciudad. Fluye del trono, del trono de Dios, que muestra que esta realidad del agua de vida, que es la que Dios provee para su pueblo, viene de Él. Él es la fuente.
Y me encanta porque dice "de Dios y del Cordero". Es decir, es una sola fuente: Dios y el Cordero es la misma fuente de la cual viene el agua de vida. Es una implicación muy grande acerca de la deidad de Jesús: de Dios y del Cordero; los pones juntos en una sola categoría, de la cual fluye el río de agua de vida, resplandeciente como el cristal, mostrándonos la pureza de lo que Dios nos está proveyendo.
Y la imagen, de hecho, aquí quiero que la vean: está en Ezequiel también, en Ezequiel 47, que creo que es donde tenemos una vista previa de esto. Ezequiel 47. Y lo que es muy interesante es sobre esta descripción en Ezequiel —de hecho, es como desde el versículo 1 hasta el 8, no lo puse…, del 1 al 8—: en la visión que tiene Ezequiel, que está también relacionada con el templo, la visión que tiene Ezequiel, este río cada vez se va haciendo más y más profundo. Y dice: "Ve y mídelo", y cada vez le dice… me está llegando más y más arriba el agua, hasta que llega el punto en que ya ni puede nadar. Y esa imagen de un río que se hace cada vez más, y más, y más, y más profundo, nos muestra la manera en que la bendición de la salvación y del Evangelio, que viene a todas las naciones de parte de Dios, es una realidad que se desarrolla progresivamente a lo largo de la historia, para cada vez llegar a más, y más, y más, y más personas.
¿Y saben qué es lo interesante de ese río? Léanlo —quiero ir un poco más rápido, por eso no lo estamos leyendo—, pero Ezequiel 37 nos narra cómo ese río va y desemboca en el mar Muerto. Y Adriana ya visitó el mar Muerto: ¿cuántos peces hay en el mar Muerto? Por eso se llama el mar Muerto, porque no hay vida en él; no es posible que haya vida en él. Y sin embargo, en la visión de Ezequiel, cuando este río de vida desemboca en el mar Muerto, da vida a todos los peces; empieza a fluir vida. Ya no es un mar muerto; ahora es un mar de vida. Esas son las imágenes que usa la Biblia para mostrarnos la realidad de lo que Dios hace en nuestras vidas a través de Jesucristo. Y aquí está esta imagen también siendo ejemplificada, del libro de Ezequiel; es la misma descripción la que van a encontrar ahí.
Y por supuesto, Jesús le dijo a la mujer samaritana: "Yo soy el agua de vida. Si alguien toma de tu agua, va a volver a tener sed; pero si alguien toma del agua que Yo les daré, no van a tener sed jamás; de él, de ellos fluirán ríos de agua viva". Y ya leímos sobre eso también en Apocalipsis, en el capítulo 7, versículo 17, esta realidad del trono y del río del cual fluye esta realidad. Dice: "Porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos".
Ahora, esta realidad que está leyendo aquí es la realidad de lo que los que están en la presencia de Dios ya están experimentando. Pero ahora esa realidad ya no es nada más para un grupo de gente: es para todo el pueblo de Dios, porque ahora el cielo se ha conectado con la tierra; ahora ambos se han vuelto una sola realidad. Ya no existe esta división que se creó en el huerto del Edén, donde hubo una separación de estas dos realidades. Ahora Dios está descendiendo en la presencia de su pueblo, la nueva Jerusalén, a la tierra, para crear una nueva realidad para todos, en la cual ya no existe ninguna frontera, ya no existe ningún lugar en el cual puedas estar ausente de la presencia de Dios. Y esa realidad nos apunta hacia la verdad de que Dios va a suplir nuestras necesidades más profundas.
Y en la antigüedad, cuando un enemigo atacaba una ciudad, ¿saben qué era lo primero que hacían? Cortaban la fuente de agua para la ciudad, o la contaminaban. Esa era la manera de atacar una ciudad, de destruir una ciudad. Pero ahora esta agua fluye desde adentro. No hay manera de que alguien pueda dañar la manera en la cual nos nutrimos de lo que Dios provee, de la vida que Dios provee para nosotros. Es un río que no entra a la ciudad, sino que sale de la ciudad.
En el Salmo leemos, Salmo 46, versículo 4, que dice: "Hay un río cuyas corrientes alegran la ciudad de Dios, las moradas santas del Altísimo. Dios está en medio de ella; no será sacudida. Dios la ayudará al romper el alba". Nos encanta cómo son imágenes que toda la Biblia ha estado presentándonos sobre la realidad de lo que Dios es para nosotros. Bueno, eso es el reinado de Dios; por eso es en el trono, porque Él reina, Él es gobernador, Él es la fuente de toda bendición en esta nueva realidad.
El árbol de la vida
Número 2: un árbol. Dice: "En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de…" ¿qué? "…de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones". Esta imagen es muy interesante, porque primeramente describe un árbol; están agrupando en una sola categoría el árbol de la vida. Pero lo chistoso es que está de los dos lados del río. Entonces, ¿cómo puede un árbol estar de este lado y de este lado? No sabemos, pero probablemente está hablando de un grupo de árboles que representan el árbol de la vida. Probablemente es una realidad plural: el árbol de la vida que llena la realidad de lo que Dios está haciendo en este nuevo Edén.
"Que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones". Entonces, número 1, encontramos una variedad y constancia en el fruto. Es decir, nunca va a haber escasez, nunca va a haber falta de lo que es necesario para nutrirnos, para tener la sanidad que Dios nos da. Ahora, no significa que nos vamos a estar enfermando en la eternidad y que Dios nos va a dar a comer del fruto para que se cure uno. No es nada más la realidad… Así como "no habrá más llanto, ni más dolor", "y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos": no significa que cada vez que lloremos Dios nos va a limpiar las lágrimas; significa que ya no vamos a llorar de la misma manera. Esto no significa que nos vamos a enfermar y vamos a necesitar sanidad; significa que ya no nos vamos a enfermar. Ya no va a haber maldición, ya no va a haber pecado, ya no va a haber muerte en esta nueva realidad. Y esta realidad, esta variedad y constancia en el fruto, es una de las cosas importantes que quiere Juan que veamos acerca de este lugar, de este árbol.
El candelabro del tabernáculo
Pero hay otra cosa. ¿Ahora se acuerdan? Les estaba diciendo: estamos viendo el Edén, y el Edén nos recuerda el templo y el tabernáculo. Y lo que es tan interesante entonces es que, de hecho, en el tabernáculo y en el templo existía un candelabro. ¿Y han leído cómo es el candelabro? Éxodo 37 —los dos pasajes que puse ahí son prácticamente idénticos—, pero vean Éxodo 37:17 al 24. Dice: "Hizo además el candelabro de oro puro. Hizo el candelabro labrado a martillo; su base y su caña, sus copas, sus cálices y sus flores eran de una pieza con él. Y salían seis brazos de sus lados: tres brazos del candelabro de uno de sus lados, y tres brazos del candelabro del otro lado. Había tres copas en forma de flor de almendro, un cáliz y una flor en un brazo, y tres copas en forma de flor de almendro, un cáliz y una flor en el otro brazo; así en los seis brazos que salían del candelabro.
"Y en la caña del candelabro había cuatro copas en forma de flor de almendro, con sus cálices y sus flores; y había un cáliz debajo de los primeros dos brazos que salían de él, y un cáliz debajo de los dos siguientes brazos que salían de él, y un cáliz debajo de los dos últimos brazos que salían de él; así con los seis brazos que salían del candelabro. Sus cálices y sus brazos, de una pieza con él; todo era una sola pieza de oro puro labrado a martillo. También hizo de oro puro sus siete lámparas con sus despabiladeras y sus platillos. Hizo el candelabro y todos sus utensilios de un talento de oro puro".
¿Cómo se ve este candelabro? ¿A qué se parece? Y estas imágenes que usa Dios, le dice a Moisés: "Hazlo así". ¿A qué se parece? A un árbol. Por eso tiene flores, por eso tiene ramas, por eso tiene un tronco. El candelabro representa un árbol, y representa un árbol específicamente, que es el árbol de la vida. Recuerden: el tabernáculo, el templo, está recordándole al pueblo de Israel la realidad del huerto del Edén, de lo que significa estar en la presencia de Dios, lo que significa tener acceso a la vida que Dios nos da. Y el candelabro representaba esta realidad, con sus flores, con sus ramas, con sus frutos. Y claro, también tenemos en Ezequiel capítulo 47, versículo 12, una descripción también paralela. Dice Ezequiel 47:12: "Junto al río, en su orilla, a uno y otro lado, crecerán toda clase de árboles que den fruto para comer. Sus hojas no se marchitarán, ni faltará su fruto. Cada mes darán fruto, porque sus aguas fluyen del santuario; su fruto será para comer, y sus hojas para sanar".
Entonces, todas estas realidades nos están apuntando hacia una realidad futura. Y Dios ya le había prometido, en Apocalipsis 2:7, esta verdad del árbol. Apocalipsis 2:7: "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios". Esa realidad ahora se ve ejemplificada y mostrada aquí en Apocalipsis, no nada más para un grupo de personas, no nada más para los que han muerto en el Señor, sino para todas las naciones, para todos los que estamos conviviendo de una manera perfecta y gloriosa en la presencia de Dios, disfrutando de lo que Él tiene para darnos a través de este árbol.
El árbol y la cruz
Y bien, el árbol, de hecho, también tiene muchos más simbolismos a lo largo de la Biblia. El árbol también es símbolo de la redención en el Evangelio, ¿no es cierto? Varias veces, en las epístolas y a lo largo del Nuevo Testamento, van a encontrar que la cruz es referida como un árbol. Y creo que Dios escogió específicamente hacer su obra redentora a través de un árbol porque el árbol de la vida apuntaba hacia otra realidad, que era el árbol de la vida en el cual Jesucristo iba a dar su vida por nosotros. Ese árbol representaba la vida que el Evangelio nos ofrecía a través del sacrificio de Cristo. Entonces, hay una conexión ahí entre el árbol de la vida, la cruz de Cristo, y el árbol de la vida que es la fuente de toda sanidad y de vida para la eternidad para su pueblo, por toda la…
Y hay varios aspectos que son sumamente interesantes acerca de todas estas verdades. Porque si recuerdan, cuando pecaron, cuando pecaron Adán y Eva, fueron expulsados del huerto. ¿Y qué dice Dios? ¿Qué pasó? Para que no tuvieran acceso al árbol de la vida, puso unos querubines, pues, unos querubines, para que no tuvieran acceso al árbol de la vida, porque el pecado nos separa de la presencia de Dios. No podemos tener acceso a la presencia de Dios por nuestro pecado. Y cuando Dios diseñó el tabernáculo, y cuando Dios diseñó el templo, ¿qué había en el Lugar Santísimo? Lo que se llamaba el arca del pacto. Y el arca del pacto tenía una tapa que se llamaba el propiciatorio. ¿Y qué guardaba la realidad de ese lugar y de esa arca? Dos querubines. ¿Qué creen que eso está diseñado para recordarles? Dos querubines: no te dan acceso a la presencia de Dios si estás contaminado, si tienes pecado. Solo el sumo sacerdote puede acercarse a ese lugar; solo el sumo sacerdote puede venir ante la presencia de Dios.
Dos querubines resguardan la realidad de la gloria de la presencia de Dios, en la cual ningún hombre en su pecado puede presentarse. Hay todas esas imágenes que están siendo representadas; nuevamente, el Edén está siendo representado en el tabernáculo. Y ahora tenemos nuevamente acceso a esta realidad de la presencia de Dios. ¿Por qué? Porque no hay más maldición. Ya no hay un ángel resguardando el acceso; ya no hay maldición. Y vamos a ver las cosas que deberían ser, ya son. Todo lo que dijimos: "Debería de ser así", ahorita no es. Un día vamos a decir: "Ya es así; ya todo es como debería ser". Y esa es la esperanza del cristiano: es saber que esto es una realidad que Dios ya ha comprado para nosotros en Cristo Jesús.
Para la sanidad de las naciones
La otra cosa interesante aquí es que menciona que era "para la sanidad de las naciones". "Naciones" es una idea interesante aquí, porque tenemos, bueno, tenemos una realidad que solamente dos veces ha aparecido: la palabra "naciones", antes de esto, solo ha aparecido dos veces en el libro de Apocalipsis. La primera es en el capítulo 5, versículo 9, y la segunda es en el capítulo 7, versículo 9. Pero en ambos casos encontramos que estas naciones aparecen ¿dónde? En la presencia de Dios. "Cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra". Y luego, en el capítulo 7, versículo 9, dice: "Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos".
Eso nos indica que la realidad de las naciones son naciones que son redimidas. La razón por la que hay naciones es porque tienen acceso a través de Cristo Jesús y lo que Él ha hecho por ellos. Y eso nos recuerda también al huerto del Edén, sí, porque parte de lo que sucedió en el huerto del Edén, en una creación perfecta todavía, es que Dios le dijo al hombre: "Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra". Ese fue el mandamiento de Dios; es lo que Dios quería: "Llenen la tierra". Pero claro, después de la caída empiezan a llenar la tierra con una humanidad caída, con una humanidad que no está cumpliendo el verdadero propósito por el cual Dios quiere llenar la tierra. ¿De quién quiere llenar la tierra Dios? De todas las naciones redimidas por Él.
Entonces, de una manera más profunda y más importante, es que se cumple el mandamiento de "fructificad, llenad la tierra" aquí, porque a través de la predicación del Evangelio nosotros llenaremos la tierra. Nosotros traemos gente de todas las naciones para ser parte de esta nueva realidad en todo el mundo, de toda tribu, nación, pueblo, lengua. Ya mencioné algo de esto el domingo pasado, donde decía: "Miren, hermanos, creo que va a haber aspectos que Dios va a rescatar de nuestras culturas y de nuestras naciones que se van a mantener por toda la eternidad", porque a Dios le gusta la diversidad. A Dios le gusta la música, a Dios le gusta la comida, a Dios le gustan todas estas cosas que nos encantan y que nos identifican. Creo que Dios va a mantener muchas de esas cosas por toda la eternidad.
Y eso es lo que hace que las naciones se distingan unas de otras. Si no, ¿cómo sabrías que son muchas naciones, si no hay algo que las diferencie? ¿Todos vamos a ser morenos, altos? ¿Todos vamos a ser…? ¿Cómo vamos a ser? Pues vamos a ser de muchas maneras. Creo que va a haber diversidad en la creación de Dios. A Dios le gusta la diversidad; así ha hecho la creación, y así va a seguir siendo por toda la eternidad, pero en una creación ahora perfecta: diversa, pero perfecta.
Trabajo con verdadero valor
Y vamos a compartir con Dios… Y esto Dios le encargó a Adán y Eva: "Trabaja en la tierra, trabaja en la tierra". Y vamos a compartir con Cristo en el cuidado y el cultivo de un cosmos glorificado, cumpliendo nuestro deseo, que es dado por Dios, de trabajar para cosas que de veras tienen un verdadero valor y verdadera gloria. ¿No nos frustra trabajar para algo temporal? Es decir: "Trabajo tan duro, horas y horas y horas y horas, por esto que un día…". ¿No hay un cierto tipo de frustración ahí? "Me esfuerzo en construir mi casa, y luego, ¿quién se la va a quedar?". Y un día ya no va a estar. Hay un sentido de que el fruto de nuestro trabajo ahora tiene una realidad eterna y una realidad gloriosa, por lo cual disfrutamos el trabajo, disfrutamos la labor que Dios nos ha encomendado, porque es para algo eterno. ¿Para qué es? Porque es para algo glorioso. Y esta es la realidad a la cual nos apunta Isaías 11:9: "No dañarán ni destruirán en todo mi santo monte, porque la tierra estará llena del conocimiento del Señor como las aguas cubren el mar". Así como el mar es agua todo, así nuestra nueva realidad será el conocimiento de Dios: contemplarlo a Él, y estarlo conociendo de una manera nueva a cada segundo de nuestra existencia, por toda la eternidad. Es más allá de nuestra comprensión, pero es la realidad que nos espera.
Verán su rostro
Otra cosa que encontramos aquí nuevamente es: "Y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán". ¿Y qué va a pasar? "Y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes". Pues no solamente es que Dios está en el trono, o sea, no es más: "Ay, Dios está por allá en un trono, donde estará", sino Dios teniendo una relación personal e íntima con cada uno de nosotros, donde nos conoce a cada uno por nuestro nombre, y donde todos tenemos acceso directo e inmediato a Él. No es un trono lejano. No tienes que hacer una cita; no tienes que decir: "A ver, ¿me puedes atender en una semana?", "Pues es que tiene mucha gente que atender". Así pasa con gente importante, ¿no? Es difícil tener acceso a ellos; es difícil que te escuchen. Pero en esta nueva realidad, nuestro Dios, nuestro Rey, tiene una relación cercana e íntima con nosotros, donde vemos su rostro, tenemos su nombre sobre nuestras frentes; Él nos conoce a cada uno en lo individual, por nuestro nombre.
Y esto es un reflejo de una nueva realidad. En Éxodo 33 encontrábamos que Moisés luchaba con esto, ¿no? Decía: "Señor, quiero ver tu gloria; quiero verte, Señor; déjame verte". ¿Y qué le dijo Dios? "Moisés, no puedes ver mi rostro, porque nadie puede verme y vivir". Pero ahora Dios está hablando de una realidad… De una manera caída, en pecado, en una realidad de pecado, sí, no podemos ver a Dios; en esta realidad, de esta vida, no podemos ver a Dios. Pero en la eternidad, sin maldición, sin pecado, sin dolor, sin muerte, en esa nueva realidad, sí podremos ver a Dios. Y esa es la realidad que nos está expresando este pasaje. Nos está diciendo: "Moisés no pudo ver el rostro de Dios, pero ustedes verán su rostro; ustedes sí lo contemplarán".
Y esto nuevamente, si vamos al huerto del Edén, nos refleja esta comunión cercana que existía en el huerto, cuando dice que Dios se paseaba en el huerto, ¿no?, Génesis 3:8. Él se paseaba en el huerto, y ahí estaba, y podían ir y verlo, y platicar con Él, y estar con Él de una manera profunda e íntima, que se rompió después del pecado. Esto es el cumplimiento de la bendición sacerdotal de Números 6:25 al 27. Ese es el anhelo de nuestro corazón, y aquí es cuando se cumple de una manera perfecta: "El Señor te bendiga y te guarde; el Señor haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; el Señor alce sobre ti su rostro, y te dé paz". Eso es nuestro anhelo. Podemos decirnos esa bendición unos a otros ahorita, pero sabemos que el cumplimiento real de esa bendición sacerdotal se da en la presencia de Dios, cuando nosotros seamos los sacerdotes que entran en la presencia de Dios de una manera tangible y física.
Veíamos hoy en la mañana este pasaje de 1 Juan 3: "Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que habremos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos como él es". ¿No les encanta eso? ¿No los llena de esperanza y de gozo decir: "Un día, Señor, sí te voy a ver; te voy a ver como eres, y ya no voy a estar velado como ahorita estoy velado"? O sea: "Estoy viendo el reflejo de tu gloria en la creación; estoy empezando a experimentar algo de tu gloria en la transformación del corazón que has hecho en mí a través del mensaje del Evangelio. Pero yo sé que falta mucho, y que esto nada más es una sombra de la realidad por venir. Yo sé que hay algo mucho más glorioso que me espera en la eternidad, delante de tu presencia".
Su nombre en sus frentes
¿Y saben qué? Esto de "su nombre estará en sus frentes": ¿quién tenía el nombre de Dios en su frente? Éxodo 28: "Harás también una lámina de oro puro, y grabarás en ella, como las grabaduras de un sello: Santidad al Señor. La fijarás en un cordón azul, y estará sobre la mitra; estará en la parte delantera de la mitra. Y estará sobre la frente de Aarón, y Aarón quitará la iniquidad de las cosas sagradas que los hijos de Israel consagren en todas sus ofrendas santas; y la lámina estará sobre su frente, para que sean aceptadas delante del Señor".
Entonces, esta es una imagen del sacerdocio en el Antiguo Testamento. Y el sacerdocio en el Antiguo Testamento, Dios estaba haciendo muy específico: "Pongan algo en sus frentes que va a representar que este sacerdote tiene acceso al Señor, para representar a un pueblo que no está consagrado al Señor y que está en pecado; pero él sí tiene acceso". Pero ahora cada uno de nosotros tenemos el nombre del Señor en nuestras frentes, como sacerdotes, porque cada uno de nosotros tendremos acceso directo a la presencia del Señor, así como en el Antiguo Testamento. "Y su nombre estará en sus frentes".
Ya no habrá noche
"No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara" —ya leímos sobre esto la semana pasada—, "ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará". La luz… ¡Qué símbolo tan profundo en la Biblia!, ¿no es cierto? La luz nos trae gozo. ¿No se deprimen cuando está todo oscuro todo el tiempo? ¿No les gusta que haya luz? Sale el sol, y como que nos alegramos, o sea, algo de la luz hace que haya gozo en la realidad que nos rodea. Y es en las tinieblas en las que se hace el pecado, y es en las tinieblas que Satanás mora. Pero la luz ahora es toda la realidad; ya no hay ningún lugar de oscuridad. La luz nos trae gozo; la luz nos trae belleza: es a través de la luz que podemos ver y contemplar los colores de la naturaleza. Y también es a través de la luz que obtenemos conocimiento.
Estas tres analogías, estos tres resultados de la luz, es algo que Spurgeon predicó en un sermón que él dio. Entonces: gozo, belleza, conocimiento. Todas esas cosas nos trae la luz, y todas esas cosas van a existir en su plenitud máxima cuando estemos en la presencia de Dios. Y este nombre que está en sus frentes también se narra en Apocalipsis, versículo 12, que dice: "Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo". Entonces, la realidad de tener acceso a la presencia de Dios, de tener intimidad en la presencia de Dios con Él, de una relación cercana y profunda como nada que has conocido hasta ahora.
Reinarán por los siglos
La otra cosa que está aquí, que me encanta también, que también otra vez nos apunta al huerto del Edén, en Génesis, es: "Reinarán por los siglos de los siglos". ¿Qué les dijo Dios a Adán y Eva en el huerto del Edén? "Ustedes reinen sobre toda la creación". Eso es lo que les dijo: "Sojuzgad y señoread la tierra". "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, para que gobierne sobre la creación".
Eso es lo que dijo Dios en un principio, en la creación original. Eso se quebrantó, eso se vio destruido a través del pecado. Pero ahora, en esta nueva realidad, ahora cumplimos ese mandamiento de Dios de una manera perfecta y absoluta, al reinar por los siglos de los siglos. Ahora sí vamos a reinar sobre toda la creación, y vamos a reflejar la gloria de Dios. Así como la luna refleja la luz del sol —no tiene su luz propia, pero refleja la luz del sol—, así nosotros reflejamos la gloria de Dios para reinar sobre toda la creación, y nunca se acabará: dominio absoluto sobre todo el universo. Y Pablo habla sobre esto también en Romanos 4: heredaremos la tierra entera. Todo será nuestro en Cristo Jesús.
Recapitulación
Entonces, me regreso tantito. Voy a recapitular todo lo que hemos estado viendo, nada más como un resumen, porque quiero que vean estas imágenes. El Edén es donde estaba Adán, y donde caminaba y hablaba con Dios, así como los sacerdotes caminaban con Dios en el templo. En Génesis 2:15, Dios pone a Adán en el jardín para cultivarlo y para guardarlo. Y estas son las nuevas realidades. Bueno, y en el sacerdocio del templo también ellos estaban encargados de guardar el templo, de mantener el templo, de estar ahí al servicio de Dios. Esta palabra, "sus siervos le servirán", es una referencia a cómo los sacerdotes servían en el templo. Y esa palabra, "servirán", también se puede traducir "adorarán": "Y sus siervos le adorarán"; la misma palabra en griego.
Y ya vimos la semana pasada que el propósito de todo lo que Dios hace es que la adoración a su nombre sea la principal realidad de todo el universo. Y entonces, el propósito de todo lo que estamos haciendo, al final, es adorar a Dios, y esa será la realidad final que experimentaremos. Entonces, Adán era una forma de sacerdote que servía y guardaba el primer templo de Dios, el Edén. Y después, los sacerdotes en el templo que se construyó bajo Moisés, el tabernáculo, y después en el templo bajo Salomón, tenían la misma labor.
Y cuando Adán falló en su labor, fue expulsado del jardín. Dos querubines, o querubines, guardaban el acceso al árbol de la vida. Y de la misma manera, los querubines también están guardando el acceso a la presencia de Dios en el Lugar Santísimo. Y el árbol de la vida es lo que estaba siendo ejemplificado en el candelabro, que estaba justo afuera del Lugar Santísimo. Y la manera en que es descrito el tabernáculo, del tipo de madera y del tipo de adornos, todo eso era para darle una apariencia de huerto, de jardín. Y la entrada del Edén era en el oriente; también la entrada al tabernáculo estaba en el oriente.
Bueno, hay muchas cosas que quiero decirles; esos son para darles un panorama general de todo lo que hay aquí, porque pude haber hecho esto en dos semanas, probablemente, porque hay muchísimas cosas. Podemos ir y ver las descripciones de los querubines siendo dibujados en las paredes del templo, las palmeras, los árboles que adornaban el interior del templo y del tabernáculo. Eso es increíble. Esas son las descripciones que nos apuntan hacia el huerto del Edén, que nos apunta hacia la realidad celestial: que hay una realidad donde el cielo y la tierra se juntan.
Un video sobre el cielo y la tierra
Bueno, normalmente no hago esto, pero quiero mostrarles un video. Y se los quiero mostrar porque es un resumen de seis minutos de todo lo que he estado diciendo. Pude haber empezado ahí, pues, y ya no tenían que escuchar el sermón; entonces por eso lo estoy dejando más hacia el final. Entonces, ¿no se pueden apagar las luces allá atrás? Y se los voy a mostrar.
Cuando lo probé hace ratito, lo conecté y dije: "Así se oye bien", pero no estaba conectado. Entonces, se llama… El Proyecto de la Biblia: "Cielo y tierra". No sé si lo ponen ahí también. Este proyecto, el Proyecto de la Biblia, hace unas pequeñas animaciones. Búsquenlos; hay muchos. Hay unos que explican el sacerdocio, hay unos que explican los reyes, hay videos que explican libros enteros de la Biblia, y son buenísimos, porque todos duran cinco minutos o seis minutos. Son muy cortos, pero agrupan todas las realidades y tratan de resumirlas. Y los artistas que hacen los dibujitos, pues, son muy talentosos. Y originalmente ese proyecto se empezó en inglés, pero después Coalición por el Evangelio se unió a ese proyecto y empezó a ayudar a hacerlos en español, y ahora muchos, muchos de estos videos ya están disponibles en español.
Yo quiero que vean este video porque claramente es de lo que hemos estado hablando todo este tiempo: cómo es que el cielo y la tierra empiezan como una realidad, cómo se dividen y cómo terminan otra vez como una sola realidad. Eso es lo que trata de ejemplificar, pero también mostrando cómo Jesús vino a mostrar esta realidad de una manera en su ministerio. Si lo encuentran… Entonces, hay que ver una manera… Es que no se envía el audio por el HDMI, y no sé qué es lo que está pasando. Está conectado el HDMI… ¿Por si lo invierte, para arriba, para el proyector? Y ya está, ya salió. Ahora sí.
(Se proyecta el video "Cielo y tierra" del Proyecto de la Biblia. Su narración no forma parte de la predicación y no se transcribe.)
Eso es, eso es la representación artística de todo lo que hemos estado estudiando en este pasaje.
La ciudad que esperaba Abraham
Así que quiero concluir nada más, hermanos, llevándolos a un pasaje que es Hebreos 11. Y quiero que vean aquí, en Hebreos 11, la manera en la cual Dios presenta la verdadera esperanza de Abraham. Dice, versículos 9 y 10: "Por la fe habitó como extranjero en la tierra de la promesa como en tierra extraña, viviendo en tiendas como Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios". Es la ciudad que esperaban Abraham, Isaac y Jacob. Y vean lo que dice el versículo 16: "Pero en realidad anhelan una patria mejor, es decir, celestial. Por lo cual Dios no se avergüenza de ser llamado Dios de ellos, pues les ha preparado una ciudad".
La pregunta, la pregunta que quiero hacerles a la luz de este pasaje, es: ¿cuál es la ciudad que tú anhelas? ¿Cuál es el verdadero anhelo de tu corazón? ¿Es una ciudad terrenal, o es una ciudad celestial? Dice que Abraham anhelaba una ciudad celestial; no una terrenal, una celestial, una construida por Dios. Ahí era donde estaba su corazón: no en lo que él podía poseer en esta vida, sino en lo que él podía poseer por toda la eternidad. Ese era el anhelo de su corazón, y ese es el mismo anhelo que debería existir en nosotros hoy. Y espero que estas palabras los exhorten, nos adviertan fuertemente acerca de esto.
"Por lo cual…", o sea, como él anhelaba una ciudad celestial, "por lo cual Dios no se avergüenza de ser llamado Dios de ellos". O sea, Dios no se avergüenza de ser llamado nuestro Dios cuando nuestro corazón está en el lugar correcto, si tú anhelas lo que deberías estar anhelando, que es la ciudad celestial, la realidad perfecta en la presencia de Dios. Y ese es el verdadero anhelo de nuestro corazón: no tener más coches, no tener una cuenta de banco más grande, no tener más posesiones, tesoros aquí en la tierra, sino lo que realmente perdurará por siempre. Si ese es el anhelo de tu corazón, entonces Dios no se avergüenza de ser llamado tu Dios, dice Hebreos.
Hechos para otro mundo
Entonces, quiero que piensen cómo es que se genera ese anhelo en nuestro corazón. Ese anhelo en nuestro corazón se genera a través de la realidad de Cristo Jesús. Cuando nosotros miramos a Cristo, vemos cosas que son más profundas, más duraderas y más reales que cualquier cosa que tenemos en esta vida. Entonces, nuestro corazón, al contemplar a Cristo en la cruz, empieza a atesorar cosas mejores, cosas que valen la pena, cosas más gloriosas que aquellas que poseemos como seres humanos caídos en una creación caída.
C. S. Lewis lo puso de esta manera, C. S. Lewis dijo: "Si nos encontramos a nosotros mismos con un deseo que nada en este mundo puede satisfacer, la explicación más probable es que fuimos hechos para otro mundo". Si este mundo no te satisface —lo cual, si somos honestos, es la realidad de todos: no nos satisface—, si este mundo no nos satisface, significa que fuimos creados para otro mundo, en el cual sí encontraremos la satisfacción real que anhela nuestra alma.
Y es por eso que encontramos en Cristo Jesús lo que dice 2 Corintios 1:20: "Tantas como sean las promesas de Dios, en Él todas son sí; por eso también por medio de Él, Amén, para gloria de Dios por medio de nosotros". En Él todas las promesas son sí. Véanlo a Él, disfrútenlo a Él como la realidad que nos está apuntando hacia cielos nuevos y tierra nueva, una presencia y comunión perfecta con Dios por toda la eternidad.
Jesús, el cumplimiento
Y Jesús vino a ejemplificar esto en su vida. Vino a apuntarnos hacia todo el camino y el peregrinar de Israel como un camino, un peregrinar hacia la tierra prometida, que ahora en Él se iba a cumplir: una nueva tierra prometida. Israel veía hacia adelante una tierra prometida; Jesús dice: "Yo los llevo hacia adelante, a una tierra prometida. Yo soy su guía; Yo soy el verdadero Moisés". Y regresa a los mismos pasos que Israel vivió, si se dan cuenta. Y de hecho, la genealogía de Jesús en Mateo 1:1 es increíble, porque la palabra que usa ahí es: "Este es el génesis de Jesús". Esa es la palabra que usa ahí, y nos muestra cómo estamos regresándonos otra vez hasta el principio, viendo a Jesús como el cumplimiento de todas esas cosas.
Y así como Israel salió de Egipto, Jesús salió de Egipto. Así como Israel pasó por las aguas, Jesús pasó por las aguas. Así como Israel estuvo en el desierto por 40 años, Jesús estuvo en el desierto por 40 días. Así como Israel tuvo un templo, Jesús es el templo. Así como Israel tuvo un maná, Jesús es el maná. Así como ellos tuvieron la columna de fuego, Jesús es la columna de fuego que los guía. Él es la luz. Él es el segundo Adán, el primogénito de la creación, que es el regalo de Dios para toda la humanidad que ponga su confianza en Él.
No hay nada más importante, puedo decirles, nada, que lo que les acabo de decir. Este es el final de la historia; esto es de lo que se trata todo. Esta es la manera en la cual Dios nos está guiando hacia un destino. Hay esperanza, porque tenemos a Cristo. El próximo domingo vamos a concluir este libro. Pues bien…
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