Apocalipsis 21:9-27ApocalipsisNathan Díaz
La nueva Jerusalén
¿Qué es la nueva Jerusalén? No es solo una ciudad que desciende del cielo: es la esposa del Cordero, la iglesia. Recorriendo sus cimientos, sus medidas en forma de cubo —como el Lugar Santísimo— y sus piedras preciosas, este mensaje explica por qué en ella no hay templo ni sol, y cómo todo refleja la gloria de Dios.
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Transcripción
Introducción
Después de hoy solo nos quedan dos domingos en el libro de Apocalipsis. Entonces, vamos a estar terminando el primero de septiembre, creo que es. Creo que es ese el último. Hoy vamos a estar terminando con el capítulo 21. Y el domingo pasado vimos acerca de esta descripción, en esta sección, sobre los nuevos cielos y nueva tierra. En el versículo 1 del capítulo 21: "Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más". Y vimos todo esto, todas las descripciones que hay desde aquí hasta el versículo 8.
Ahora, del 1 al 8 es la manera en que Juan nos presenta esta nueva realidad que va a existir cuando Jesús regrese. Cuando Jesús regrese y haga justicia, y pues sea la resurrección de los muertos y el juicio de todas las personas que han existido en la tierra, entonces habrá una nueva realidad para los santos, para la iglesia; va a haber una nueva realidad para los hijos de Dios. Y esto es lo que empieza a describir. Estas cosas que describen los versículos 1 al 8 son las que se van a desarrollar ahora, del versículo 9 hasta el capítulo 22, versículo 5. Estas realidades: qué significa la esposa, qué significa la nueva Jerusalén, qué significa que enjugará toda lágrima de los ojos de ellos, qué significa que todas las cosas son nuevas, qué significa que nos va a dar de beber del agua de la vida, que viene en el versículo 6. Entonces, todo esto se va a desarrollar más a lo largo de los siguientes versículos.
Lo que vamos a ver hoy es el desarrollo de la nueva Jerusalén. Ya lo mencionó el versículo 2 del capítulo 21. Decía: "Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido". Entonces, ahí está; esa es la descripción que se va a retomar ahora en el versículo 9. Otra vez regresamos al tema de la ciudad y la esposa.
Cómo leer un libro simbólico
Y quiero recordarles —esto es un principio hermenéutico, esto es como estudiamos el libro de Apocalipsis— que este género literario apocalíptico es un género literario simbólico, que usa símbolos, que usa imágenes para mostrarnos realidades. Entonces, uno de los errores, creo yo, que se cometen muy seguido es llegar al libro de Apocalipsis como llegamos al resto de la Biblia, como llegamos a los Evangelios o a las Epístolas, y pensar que es lo mismo. No, no es lo mismo; es otro género, y se tiene que leer de una manera diferente, porque ese género está diseñado para darte imágenes, y esas imágenes comunican ideas.
¿Y de dónde vienen esas imágenes? Las imágenes vienen principalmente del Antiguo Testamento. Todo lo que estamos viendo en el libro de Apocalipsis se ha desarrollado ya a lo largo del Antiguo Testamento. Hoy vamos a ver esta idea de la nueva Jerusalén, la descripción de la nueva Jerusalén en el Antiguo Testamento. Y de ahí vienen, o sea, de ahí las está tomando Juan, estas visiones. Está viendo y describiendo cosas que ya conocían los judíos; ya los que habían estudiado bien su Antiguo Testamento ya estarían familiarizados con muchas de estas ideas y conceptos. Entonces, hoy vamos a estar viendo qué es la nueva Jerusalén, qué significa dentro del contexto de Apocalipsis y dentro del contexto de toda la Biblia.
La esposa del Cordero
Este versículo 9 comienza este último ciclo. Son siete ciclos de visiones en el libro de Apocalipsis, siete ciclos, y el versículo 9 abre el último. Este es el último ciclo de lo que va a ver Juan, de todas estas verdades que va a ver Juan. Y vean, vean lo que dice: "Vino entonces a mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas postreras, y habló conmigo, diciendo: Ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del Cordero".
Ahora, esto es clave; esto es una clave importantísima en el pasaje. Bueno, primero está haciendo referencia a los ángeles que derramaron las plagas en la tierra anteriormente. Parece ser que ya se hizo el juicio. Ahora estos mismos ángeles, que han básicamente destruido lo que existía, que han hecho juicio sobre la maldad, y el pecado, y la corrupción que había sobre la tierra, este mismo ángel ahora se está encargando de mostrar una visión a Juan de la renovación de todas las cosas. Primero haces la demolición, ¿no?, y luego la reconstrucción. Y eso parece ser que es lo que está haciendo este ángel.
Pero aquí está la clave, hermanos, o sea, esto es sumamente importante, porque ya apareció aquí, al principio del capítulo 21. Dice: "Yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido". ¿Dónde habíamos leído sobre una esposa ataviada para su marido? En el capítulo 19. Leímos sobre las bodas del Cordero; ahí estaba una esposa ataviada para su marido. Ahora Juan quiere que recordemos esa imagen, y decirnos: "Miren, ahora les voy a dar una diferente de lo mismo. La misma esposa, ahora se las voy a describir de una manera diferente". La esposa.
Pongan atención, porque es la clave de interpretación. No podemos brincarnos esas cosas y asumir que estamos interpretando correctamente Apocalipsis. Apocalipsis nos da las claves para poderlo interpretar como Dios quiere. Y dice —el ángel le dice a Juan qué es lo que "te voy a mostrar"—: "Ven acá, yo te mostraré", versículo 9, "la desposada, la esposa del Cordero". Es la clave de interpretación aquí para entender de qué se trata la simbología del libro. ¿Qué es la nueva Jerusalén? La esposa de Dios.
Lo que va a ver Juan es otro ángulo diferente, otra imagen. Antes apareció como una esposa ataviada para su marido, en las bodas del Cordero; ahora se le va a presentar la misma imagen, pero ahora la va a describir como una ciudad. Entonces, ya les digo desde ahorita: no vamos a estar viendo… En realidad no es una ciudad literal, que hay una ciudad que baja y esa ciudad es un lugar físico. Sí, sí vamos a estar en un espacio físico, porque vamos a estar en cielos nuevos y tierra nueva; sí existe una dimensión física. Pero la nueva Jerusalén no representa simplemente un lugar: representa a la Iglesia, la esposa de Cristo. Eso es la nueva Jerusalén.
Eso es muy importante, porque si no, simplemente decimos: "Ah, pues hay un cubo que baja del cielo, y ya", y no entendemos lo que realmente está pasando aquí. Y les voy a mostrar de dónde vienen del Antiguo Testamento. Todas las imágenes que jala Juan vienen del Antiguo Testamento, y están diseñadas para apuntarnos hacia una nueva realidad, un nuevo pueblo de Dios.
La ciudad y la ramera
Y el paralelo importante que quiero que vean aquí está en el capítulo 17. ¿De quién leímos en el capítulo 17? De una mujer que era llamada la gran… la madre de las rameras. Entonces, capítulo 17. Y pasó lo mismo, por cierto: la introducción es muy, muy, muy, muy similar. Versículo 1: "Ven acá, y te mostraré la sentencia contra la gran ramera". Es el versículo 1 del capítulo 17. Aquí le dice a Juan: "Ven acá, te mostraré a la esposa de Cristo". Pero la gran ramera, ¿qué es? ¿Es una mujer? ¿Literalmente es una mujer? No. Dice el versículo 18 del capítulo 17: "La mujer que has visto es…" ¿qué? "…la gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra".
Ahora, tampoco es una ciudad literal. Es un sistema político que es gobernado por Satanás y por las dos bestias, y representa a un pueblo, una gente. Eso es lo que representa la gran ciudad Babilonia. No es nada más un lugar físico: "Ahora vamos a ir a Irak; ¿es Irak?". No, no es Irak. Todos los que se oponen a Dios son representados como Babilonia. Entonces, esa es la imagen del Antiguo Testamento que está tomando Dios para mostrarnos que existe una mujer que se opone a Dios, que son los enemigos de Dios: la gran ramera. Y ella los gobierna, los manipula, los influencia; también es una mujer representada como una ciudad, Babilonia. Por el otro lado, cuando llegamos al capítulo 19, ¿qué tenemos? Tenemos otra mujer. Pero esta no es una ramera; esta, ¿quién es? Es una esposa, y es una esposa ataviada, vestida de lino fino, limpio y resplandeciente. Ella no se prostituyó como la gran ramera; ella no buscó otros dioses, no se entregó a la idolatría. Ella estaba comprometida con su marido, el Señor Jesucristo, para recibirlo en gloria, y en ese momento se encontraron, cuando Jesús regresa. Y ahora esa misma mujer, así como la ramera era Babilonia, esta mujer, la esposa, es también llamada la nueva Jerusalén.
Entonces tenemos: ramera, Babilonia; esposa, nueva Jerusalén. Esos son los contrastes del libro de Apocalipsis, que quiere que veamos dos categorías de personas, dos mujeres. Todos, todos pertenecemos a una de esas dos categorías. ¿Eres ciudadano de Babilonia, o eres ciudadano de la nueva Jerusalén? ¿Eres parte de la gran ramera, o eres parte de la esposa de Cristo? Es así de simple, así de sencillo, hermanos. Estas imágenes no están ahí para confundirnos. No están ahí para imaginarnos toda clase de cosas extrañas, como cuando tienes una pesadilla y no sabes por qué se ven las cosas como se ven, y: "¿Qué comí? ¿Qué cené? ¿Por qué, por qué me imagino estas cosas tan raras?". O sea, no es eso lo que le pasó a Juan. Juan está mostrándonos realidades bíblicas que han sido desarrolladas ya desde el principio. Y va a retomar imágenes desde Génesis hasta los profetas, todo lo que en el Nuevo Testamento se desarrolló en el ministerio de Jesús y con los apóstoles.
Ezequiel 40 al 48
Entonces, tres cosas que vamos a ver. Estas imágenes vienen de… No podemos irnos a todos los pasajes; obviamente aquí va a haber muchas referencias. Pero principalmente quiero que tengan en mente ocho capítulos de la Biblia; bueno, nueve realmente: Ezequiel 40 al 48. Estas imágenes todas provienen de ahí; todas nos están jalando estas imágenes de Ezequiel, y de otros lugares que vamos a ver. Pero principalmente Ezequiel es el primero que desarrolló esta realidad de un nuevo templo, un nuevo lugar en donde el pueblo de Dios iba a reunirse con su Dios después del exilio. Esas dimensiones, esas realidades de ese templo de Ezequiel, ahora son magnificadas en Apocalipsis. Se van a ver de una manera más grande, más espectacular que lo que Ezequiel jamás pensó que serían.
Entonces, vamos a ver punto por punto. Son tres cosas que vamos a ver. Número uno, vamos a ver los fundamentos de la ciudad. ¿Cuáles son los fundamentos de esta ciudad? Lo cual nos va a mostrar cuál es el fundamento de la Iglesia de Cristo. Lo que es fundamento de la ciudad es solamente un símbolo de lo que es el fundamento de la Iglesia de Cristo. Número dos, vamos a ver la apariencia de la ciudad, cómo se ve la ciudad, lo cual también es una descripción de cómo se ve la Iglesia de Cristo. Y número tres, vamos a ver las carencias de la ciudad. Lo cual suena un poco raro, pero sí hay cosas que no existen en esta ciudad, y eso es con lo que termina el pasaje.
Entonces, todo esto… Acuérdense, si ustedes ven el gran panorama, el gran panorama bíblico, se van a acordar que Dios llamó a Abraham de la tierra de Ur de los caldeos, y lo llamó a una nueva tierra, donde Él le dijo: "Yo te voy a dar una tierra a ti y a tus descendientes, y en ti serán benditas todas las naciones de la tierra". Ahora, Abraham nunca vio la tierra; él nunca disfrutó de la bendición de la promesa. Pero él creyó en Dios, siguió a Dios en fe, como leemos en Hebreos 11 y como leemos en Romanos 4. Abraham siguió estas promesas hechas por Dios.
Y saben, de hecho, esas promesas se cumplen de una manera final aquí. Esta tierra que Dios le prometió a Abraham, esta descendencia que Dios le prometió a Abraham, estas bendiciones que Dios le prometió a Abraham, se cumplen ahora de una manera final y completa en los cielos nuevos y la tierra nueva: la herencia de todos los hijos de Dios, no nada más de los judíos étnicos, sino de todos los hijos de Dios. Es el final del camino de la búsqueda de Abraham lo que vamos a estar leyendo.
Desde un monte grande y alto
Entonces, número uno, encontramos lo que dice aquí, versículo 10: "Me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios". Vamos a ver dos cosas aquí. Uno es que es desde un monte, y esto es significativo. ¿Por qué? Porque hay un paralelo entre lo que está pasando aquí y lo que pasó con Moisés en Éxodo 34:30. Porque cuando vean lo que va a venir en el versículo 11, van a encontrar que dice: "Teniendo la gloria de Dios. Y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima". Entonces, ¿qué es lo que va a pasar? Juan es llamado al monte de Dios, ¿y qué es lo que va a ver en el monte de Dios? La gloria de Dios.
¿Y qué pasó con Moisés? Moisés fue llamado al monte Sinaí, recibió los 10 mandamientos, "y aconteció que cuando Moisés descendía del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte…", ¿qué pasó? "…Moisés no sabía que la piel de su rostro resplandecía por haber hablado con Dios". Entonces, ¿qué pasa cuando tú tienes un encuentro con la gloria de Dios? Tú reflejas la gloria de Dios. Y eso es lo que vamos a estar viendo aquí.
Lo lleva a un monte, que nos lleva a recordar, de hecho, no nada más a Moisés; nos va a recordar a Isaías. Isaías también nos habla: "Acontecerá en los postreros días que el monte de la casa del Señor será establecido como cabeza de los montes; se alzará sobre los collados, y confluirán a él todas las naciones". Eso lo vamos a ver en un momento. Pero también le pasó lo mismo a Ezequiel. Ezequiel dice: "En visiones de Dios Él me llevó a la tierra de Israel, y me puso sobre un monte muy alto, sobre el cual, hacia el sur, había una construcción parecida a una ciudad". Ahí estamos viendo ya estos paralelos. De ahí viene la imagen de Apocalipsis, del libro de Ezequiel capítulo 40. ¿Pero qué hizo Dios con Ezequiel? Lo llevó a un monte. Ahora a Juan lo lleva a un monte. Cuando iba a ver a la gran ramera, lo llevó a un desierto para ver a la gran ramera. Ahora, para ver la gran ciudad de Dios, la nueva Jerusalén, lo lleva a un monte de Dios.
Y entendemos el significado. En Hebreos 12:22 se nos da la explicación de esto. Se nos dice: sí, efectivamente, no piensen en esto literalmente; piensen en esto, en lo que simboliza. Dice el autor de Hebreos: "Vosotros, en cambio, os habéis acercado al monte Sion y a la ciudad del Dios vivo, la Jerusalén celestial, y a miríadas de ángeles". Entonces, nos está hablando de una realidad espiritual, este pasaje, representada por un monte, representada por una ciudad.
Y claro, ya lo habíamos visto en el capítulo 14, hablando de los 144 000. Vamos a llegar a ellos en un momento. Pero los 144 000, en el capítulo 14, versículo 1, son descritos. Dice: "Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente". Y como veíamos, los 144 000, cuando estudiamos ese pasaje, también representan a la Iglesia de Dios sobre el monte de Sion con Jesús. Estos son los símbolos.
Una obra de Dios
La otra cosa que vemos aquí es que descendió del cielo la ciudad. Dice: "Descendiendo del cielo, de Dios", lo cual nos recuerda que esta es una obra de ¿quién? ¿Quién hace esto? Dios. Es Dios, y su obra, y su presencia siendo demostrada al mundo a través de su pueblo. Pero es Dios el que lo hace. Es decir, nuevamente tenemos Babilonia y Jerusalén. Babilonia existía físicamente en el Imperio babilonio, en el mismo lugar donde en Génesis 11 teníamos otra Babel, ¿se acuerdan? Babel. ¿Qué pasó en Babel? ¿Qué era lo que ellos querían hacer? Ellos querían subir a los cielos; ellos querían alcanzar a Dios: "¿Cómo podemos nosotros llegar a Dios?". Aquí, la nueva Jerusalén es exactamente lo contrario. Es Dios diciendo: "Yo bajo a ustedes. No es ustedes viniendo a mí; soy Yo bajando con mi pueblo".
Y eso muestra las diferencias entre estas dos cosmovisiones, filosofías de cómo llegar a Dios. Nosotros llegamos a Dios no porque nosotros alcanzamos a Dios, sino porque Él vino a nosotros. Y esa es la diferencia entre el cristianismo y todas las demás religiones. Todas las demás religiones te van a decir: "Esto es como tú llegas a Dios; esto es como tú puedes alcanzar la gracia de Dios, el favor de Dios". Y el cristianismo dice: "No, no hay nada que tú puedas hacer; Dios ya lo hizo todo". Y eso está simbolizado en el hecho de que viene del cielo: esto es una obra de Dios.
Y Filipenses 3:20 nos recuerda esta realidad. Nos dice: "Nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también ansiosamente esperamos a un Salvador, el Señor Jesucristo". Él se manifestará de los cielos. Eso es donde realmente pertenecemos. No somos primeramente mexicanos; somos primeramente cristianos. Esa es nuestra principal identidad. Por eso —y lo he dicho varias veces—, tenemos más en común con un cristiano en China, que ni siquiera habla nuestro idioma, que con un inconverso aquí, vecino nuestro. Algo más profundo nos une a ellos, que es la ciudadanía celestial.
Muros, puertas y cimientos
Número tres. Esto es muy interesante, hermanos, esto es muy interesante, porque todas estas descripciones, recuerden, nuevamente son simbólicas de lo que Dios está haciendo. "Su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal. Tenía un muro grande y alto con doce puertas; y en las puertas, doce ángeles, y nombres inscritos, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel; al oriente tres puertas; al norte tres puertas; al sur tres puertas; al occidente tres puertas. Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero".
Entonces, ahora tenemos murallas, muros que están ahí para simbolizar la protección de Dios, la seguridad de Dios, la invulnerabilidad que va a ser una realidad para el pueblo de Dios. Cuatro lados, para mostrar que es para todo el mundo, o sea, desde el norte, sur, oeste, este. Todos esos cuatro… Siempre que se usa el número cuatro en Apocalipsis, está diseñado para representar a toda la tierra. Es decir, de toda la tierra proviene esta realidad de la nueva Jerusalén. Y en Isaías 26, versículos 1 y 2, leemos: "En aquel día se cantará este cántico en la tierra de Judá: Ciudad fuerte tenemos. Para protección Él pone murallas y baluartes. Abrid las puertas para que pueda entrar la nación justa, la que permanece fiel". Ese es el cumplimiento de esta promesa del libro de Isaías.
Y luego tenemos las 12 tribus de Israel, que por supuesto representan lo que Dios hizo a través de su pueblo a lo largo de todo el Antiguo Testamento, dándoles las promesas, dándoles las leyes, dándoles a los profetas, pero todos apuntando hacia otra realidad, que era Cristo. Y cuando Cristo fue manifestado, se vio claramente cómo es a través de la fe en Él que nos conectamos a las promesas, no a través de ser judío étnicamente. No tienes que nacer como judío para ser verdadero judío. De hecho, Apocalipsis, en las cartas, ya nos dijo: "Hay judíos que creen que son judíos, y no lo son". ¿Por qué? Porque solo son judíos físicamente, no espiritualmente. Y lo único que le importa a Dios es que seamos judíos espiritualmente. No importa que seas descendiente de Abraham en la sangre; eso no te da derecho a nada. Lo único que te da derecho a las promesas de Dios es si tú crees en Cristo Jesús. Y entonces, por eso es que las puertas son a través de los pactos, las promesas, que son las 12 tribus de Israel.
Pero ¿cuál es el fundamento? De acuerdo a este pasaje, los cimientos tienen los nombres de ¿quiénes? Los 12 apóstoles del Cordero. Y yo me imagino a Juan en la isla de Patmos, todo solito, y deprimido, porque a lo mejor ha pasado tanto tiempo. Pero ahora ve esta visión, y ve… ¿Y cuál sería uno de los nombres que vio ahí en los cimientos? El suyo. Y de hecho, Juan es el único que queda vivo a estas alturas de los 12 apóstoles; es el último. Y es un ánimo para él decir: "Ah, vale la pena. Lo que estoy haciendo para el Señor vale la pena, porque Dios lo está usando para edificar su iglesia, para ser parte del cimiento del pueblo de Dios".
Y se cumple entonces lo que Jesús le dijo a Pedro en Mateo 16:18. ¿Qué le dijo? "Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella". Pedro, en la declaración que hizo de que Cristo era el Hijo de Dios viviente… En esa declaración Dios dijo: "Ustedes, los apóstoles, serán el fundamento, a través de esa fe de que Yo soy el Hijo de Dios viviente, de que Cristo es el Hijo de Dios viviente. A través de esa fe se construirá todo el plan que Yo tengo para mi pueblo, que se llama la Iglesia. Todo lo que voy a hacer va a ser a través de la Iglesia y para la Iglesia". No hay otro pueblo de Dios que no sea la Iglesia de Cristo. Desde el momento en que Jesús vino hasta el momento en que Él regrese y haga justicia, solo existe un solo pueblo de Dios. No tenemos varias categorías aquí.
Su pueblo… El fundamento es la declaración apostólica de la que habla Pablo en Efesios 2:20: "Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular". Pablo lo reforzó; dijo: "Sí, efectivamente, es esta declaración apostólica sobre la cual Dios está edificando lo que viene". Y es esto, ¿verdad? Esto es la declaración apostólica: lo que creemos, lo que ellos escucharon de Jesús, y sabían que Él dijo e hizo. Y Él les encomendó: "Ustedes escríbanlo, díganlo, para que se mantenga por todas las generaciones, hasta que Yo regrese, y ellos puedan conocer lo que Yo quiero de mi pueblo".
Por eso es tan valioso lo que tenemos aquí en este libro. Por eso es que creemos en sola Escritura: solo la Biblia es nuestra autoridad, porque solamente el fundamento de los apóstoles, que tenían como fundamento la piedra angular, a Jesús, solamente ese fundamento sea el fundamento de esta iglesia. No las tradiciones, no lo que yo creo que deberíamos de hacer, no nuestras preferencias: lo que está aquí. Y constantemente, por eso decimos: "A ver, si está en la Biblia, está bien; si no, pues no es tan importante". Así de simple.
La apariencia de la ciudad
Número dos: la apariencia de la ciudad. Dice: "El que hablaba conmigo tenía una caña de medir, de oro, para medir la ciudad, sus puertas y sus muros". Nuevamente, esto está tomado de Ezequiel capítulo 40, versículos 3 al 5. Es el mismo lenguaje, las mismas palabras: "Me llevó allá, y he aquí, había ahí un hombre cuyo aspecto era semejante al bronce, con un cordel de lino y una caña de medir en la mano; y estaba de pie en la puerta. Y el hombre me dijo: Hijo de hombre, mira con tus ojos, oye con tus oídos, y presta atención a todo lo que te voy a mostrar; porque para mostrártelo has sido traído aquí. Declara todo lo que ves a la casa de Israel". Y entonces empieza a medir el templo. Lo mismo pasa con Juan: el ángel tiene una vara de medir, de oro, para medir la ciudad. Ahora, esto nos recuerda… Cuando se habla de medir, nuevamente estamos hablando simbólicamente de la protección de Dios. Cuando Él define límites y dice: "De aquí acá, acá, acá, acá, acá", es Él poniendo los límites para su pueblo. Y ya lo habíamos encontrado en el capítulo 11, ¿se acuerdan?, también para describir al pueblo de Dios. En el capítulo 11 decía: "Entonces me fue dada una caña semejante a una vara de medir, y se me dijo: Levántate, y mide el templo de Dios, y el altar, y a los que adoran en él. Pero el patio que está fuera del templo déjalo aparte, y no lo midas, porque ha sido entregado a los gentiles; y ellos hollarán la ciudad santa cuarenta y dos meses".
Si "ciudad santa" es simbólico para el pueblo de Dios, lo que está diciendo es: hay un grupo de personas, los que ya están en la presencia de Dios, que han muerto, los mártires, que ya están dentro del área protegida por Dios. Esa es la parte que está midiendo. Y la que no mide es el patio externo, que son los santos, la iglesia que todavía está aquí en la tierra, sufriendo la persecución y la tribulación. Dice: "Va a tener que ser hollada por los gentiles". Pero llegará el día en que toda la ciudad será medida y protegida por Dios, de tal manera que ya no tendremos nada que temer; ya no habrá nadie más que nos pueda hacer daño, ni física ni espiritualmente.
Esas son las realidades que están siendo expresadas aquí. ¿Ven cómo no es tan simple como parece? "Ah, pues está midiendo; ah, sacó su metro y está diciendo cuánto mide". No es eso; eso es lo de menos, cuánto mide en realidad. Es lo que simbolizan esas medidas lo que es importante, porque lo que simbolizan esas medidas son las que están apuntando a nuestra realidad como la Iglesia de Cristo.
Números del pueblo de Dios
Vean. Esto es muy interesante. Dice: "La ciudad se halla establecida en cuadro, y su longitud es igual a su anchura; y él midió la ciudad con la caña, doce mil estadios; la longitud, la altura y la anchura de ella son iguales. Y midió su muro, codos de medida de hombre, la cual es de ángel". Espero que esto esté recordándoles números que ya hemos visto en el libro de Apocalipsis, ¿verdad? ¿Dónde más? ¿Dónde es el único otro lugar que hemos encontrado números como 12 000 y 144? Los 144 000. Nuevamente, otra imagen de la Iglesia. Los 144 000 representan la Iglesia; la nueva Jerusalén representa la Iglesia. Por eso usa estos números, porque 12 es el número simbólico del pueblo escogido de Dios. ¿Cuántas tribus de Israel hay? 12. ¿Y cuántos apóstoles hay? 12. Estos dos juntos representan el número completo del pueblo de Dios. Por supuesto, para expresar esa llenura, ese sentido completo, se multiplican por 1000. Lo cual es lo que encontramos en el capítulo 7 y en el capítulo 14, cuando leemos las descripciones de los 144 000.
Esto se me hace sumamente interesante. Me encanta, porque es cuando todo empieza a tener sentido. Tanto tiempo de no entender Apocalipsis bien, y es fascinante cuando dices: "Ah, es que no era nada más leer Apocalipsis; era leer toda la Biblia". Esa es la clave. Una vez que haces eso, dices: "Ya creo que sé de lo que está hablando. Creo que ya empieza a tener más sentido todo esto".
Un cubo: el Lugar Santísimo
Es interesante la figura, porque ¿cuál es la forma que nos dice? "Está establecida en cuadro". Está establecida en cuadro. Y ¿saben qué? Los elementos dentro del tabernáculo y del templo, la mayoría de ellos, eran en cuadro, en forma de cuadro, tanto el propiciatorio como todas las cosas. Pueden leer todas las descripciones que hay en el Antiguo Testamento, pero todas son un cuadro. Pero en particular hay algo que nos quiere señalar Juan, que es la forma que tiene: no nada más es de cuadro, sino que también dice que es proporcional su altura como su longitud. Y entonces, ¿qué forma tiene? Es un cubo.
Ahora, esto es muy raro para una ciudad, como que una ciudad es un cubo. Pero nuevamente, no es eso. No es "imagínense un cubo; ahí vamos a vivir, en un cubo". No es eso. Es: piensen, piensen, lean sus Biblias. ¿Cuál es el único otro cubo descrito en toda la Biblia? Solo hay un cubo más en toda la Biblia que es descrito por Dios, y está en 1 Reyes 6:20. ¿Saben qué es? Es el Lugar Santísimo. Es el único otro cubo que existe, en donde las medidas son proporcionales: su longitud, como su altura, como su anchura.
Ahora, esto es muy importante, porque ¿qué es lo que nos está diciendo? La ciudad es… ¿qué es? ¿Qué es la ciudad? Es el Lugar… ¿qué? Santísimo. Eso es lo que es la ciudad: es el cumplimiento de lo que el Lugar Santísimo apuntaba, que era la presencia de Dios. Pero claro, una vez al año, solamente un sacerdote podía entrar al Lugar Santísimo y presentarse delante de Dios en representación de todo el pueblo. Pero cuando Jesús murió, ¿qué pasó? El velo del templo se rasgó, y el acceso al Lugar Santísimo se hizo una realidad a través de lo que Jesús estaba haciendo. Pero eso solo era el principio. El cumplimiento final de ese acceso es este: cuando en realidad ya todo el pueblo de Dios, de una manera completa y absoluta, esté en la presencia de Dios, disfrutando de la gloria shekinah, que será una realidad para todos, constantemente. No va a haber ningún lugar donde tú puedas decir que la gloria de Dios no esté. O sea, esa realidad del cubo nos está apuntando hacia la realidad del Lugar Santísimo.
Y nuevamente tenemos todos esos números hablando acerca de los números que representan al pueblo de Dios: 144 codos. Miren, si ustedes hicieran la conversión de lo que está diciendo aquí, tendríamos una ciudad de 2200 km de largo por 2200 km de alto. Hasta le estorbaría a algunos satélites ahí para pasar. No va a haber satélites, pero… Y si lo ponen en un mapa, es como la mitad de Estados Unidos, el área, más o menos, de lo que está narrando aquí. Pero no es el punto. Y de hecho, hay algo que es interesante: esta dimensión, esta área que está describiendo, si la queremos convertir a nuestros kilómetros y nuestros metros, de hecho sería el equivalente del mundo helenista, del Imperio romano de esa época. Es decir, sería una manera de describir todo el mundo conocido: los judíos y gentiles que hay en la dispersión, en todo el Imperio romano, están siendo incluidos aquí. Esa es una de las cosas a las que nos apunta.
Pero algunas Biblias, como la NVI, hacen la conversión, pero el problema es que cuando haces la conversión, pierdes el punto del pasaje. Porque el punto del pasaje no es que midas y entiendas cuánto es la distancia, sino que veas por qué usa los números que usa, por qué usa 12 000, por qué usa 144. Ese es el punto, porque ya hay referencias de esos números en otras partes de Apocalipsis que te dicen por qué está usando esos números.
Medida de hombre, la cual es de ángel
Después tenemos el material, o sea, cómo se ve. Y, por cierto, dice: "Medida de hombre, la cual es de ángel". Aquí está: esta es la clave de interpretación para todo este pasaje. ¿Qué nos está diciendo? Nos está diciendo: "Estas imágenes terrenales les están mostrando realidades espirituales". Eso es lo que significa cuando dice: "La medida de hombre, la cual es de ángeles". Ustedes lo ven desde una perspectiva humana, y lo entienden desde una perspectiva humana, pero realmente hay una perspectiva espiritual de esto también. Y esa perspectiva humana, que es la única manera en que pueden entender las cosas, es Dios poniéndonos imágenes que entendemos, que nos muestran otras realidades más profundas.
Las visiones humanas deben de ser entendidas más profundamente, de acuerdo a su significado simbólico, o espiritual, o angelical. Es lo que significa.
Materiales que reflejan la gloria de Dios
Ahora tenemos la descripción de la ciudad. Dice: "El material de su muro era de jaspe; pero la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio". Y oro puro y vidrio limpio, ¿no? Otra vez está regresando a lo que ya nos dijo en el versículo 11: "Teniendo la gloria de Dios. Su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como una piedra de jaspe, diáfana como el cristal". Entonces, la idea es que todo el material de la nueva Jerusalén es un reflejo de la gloria de Dios. Ese es el punto: que todo lo que estás viendo refleja la gloria de Dios. Por cierto, en un momento vamos a ver dónde se conecta esto directamente, en el libro de Apocalipsis, con la gloria de Dios.
Dice, versículo 19, aquí está: "Los cimientos del muro de la ciudad estaban adornados con toda piedra preciosa. El primer cimiento era jaspe; el segundo, zafiro; el tercero, ágata; el cuarto, esmeralda; el quinto, ónice; el sexto, cornalina; el séptimo, crisólito; el octavo, berilo; el noveno, topacio; el décimo, crisopraso; el undécimo, jacinto; el duodécimo, amatista". ¿Para qué nos dice todas estas piedras? Otra vez, hay una clave importante aquí. Adivinen: ya nos está diciendo cuántas piedras son. Muy claramente dice: "A ver, pongan atención: piedra número uno, piedra número dos, piedra número tres", y así se va hasta llegar a ¿qué número? 12.
El pectoral del sumo sacerdote
¿Saben a qué piedras son idénticas estas que describe Juan? A las piedras que encontramos en Éxodo 28:17 al 20, y también en 39:8 al 14: "Harás el pectoral del juicio". Pectoral que iba a usar ¿quién? El sumo sacerdote. Ahora, recuerden: todo lo que está describiendo aquí tiene un paralelo con lo del sumo sacerdote. Y el sumo sacerdote se vestía… Su túnica estaba diseñada para simbolizar la decoración y la belleza del tabernáculo y del templo. Y su pectoral estaba diseñado para simbolizar ¿qué? El Lugar Santísimo. Era una minirréplica del Lugar Santísimo que él tenía sobre su pecho. Eso era lo que el sumo sacerdote tenía ahí.
Lo pueden leer. Dice: "Harás el pectoral del juicio, obra de hábil artífice; lo harás como la obra del efod, de oro, de tela azul, púrpura, escarlata y de lino fino torcido lo harás. Será cuadrado y doble, de un palmo de largo y un palmo de ancho. Y montarás en él cuatro hileras de piedras. La primera hilera será una hilera de un rubí, un topacio y una esmeralda; la segunda hilera, una turquesa, un zafiro y un diamante; la tercera hilera, un jacinto, un ágata y una amatista; la cuarta hilera, un berilo, un ónice y un jaspe. Todas estarán engastadas en filigrana de oro. Las piedras serán doce, según los nombres de los hijos de Israel, conforme a sus nombres; serán como las grabaduras de un sello, cada una según su nombre, para las doce tribus". Es lo que el sumo sacerdote tenía sobre su pecho.
Ahora, cuatro de estas piedras son descritas diferente por Juan, pero parece ser que simplemente es un nombre diferente que tenían. No sabemos exactamente cuáles son todas estas. Pero quiero que vean, de lo que sí sabemos sobre estas piedras, cómo describen una belleza más allá de las piedras, más allá de ser representativo del Lugar Santísimo, que está siendo representado en el pectoral del sacerdote. Recuerden, Dios le dijo a Moisés: "Yo haré de ti un pueblo de reyes y sacerdotes". Sí, vemos en el Nuevo Testamento que, aunque eso se le prometió a Moisés para el pueblo de Israel, se cumplió en la Iglesia. Y nosotros ahora somos el pueblo de reyes y sacerdotes para Cristo. Entonces, hay algo muy profundo aquí, que nos muestra que el pueblo de Dios se compone de sacerdotes que tienen acceso al Lugar Santísimo, en la presencia de Dios.
Los colores del arcoíris
Pero no nada más eso, sino que hay otra cosa que estaba viendo sobre esto: los colores. Zafiro y ágata son como azulosos. Esmeralda y crisopraso son como verdes. Crisólito es como dorado. Berilo es como medio azuloso, verdoso. Topacio es como amarillo. Jacinto, y cornalina, y ónice son como rojos; amatista es como morado. ¿Qué les recuerdan estos colores? Apocalipsis capítulo 4; ya lo vimos. Dice, versículo 3: "Y el aspecto del que estaba sentado…" ¿en dónde? En el trono, "…era semejante a piedra de jaspe y de cornalina". Ahora, ahí hay dos de estas piedras. Pero los colores de estas piedras también armonizan, o combinan, con otro elemento que hay aquí: "Había alrededor del trono un arco iris, semejante en aspecto a la esmeralda".
Aquí nuevamente estamos viendo estas piedras de colores representando los colores del arcoíris. Y recuerden: es la gloria de Dios la que está siendo reflejada a través de su pueblo. Entonces, todo lo que están viendo en el capítulo 4, sobre el que está sentado en el trono, ahora se refleja en su pueblo. Y su pueblo tiene los mismos colores, las mismas piedras que reflejan la gloria de Dios. Pero cuando habla del arcoíris, nos recuerda la gran realidad de la promesa y del pacto que Dios hace con su pueblo. Porque cuando Dios estableció el arcoíris después del diluvio, dijo: "Esta es la señal del pacto que hago contigo, de que no destruiré más el mundo por agua". La próxima vez que lo veas, en la presencia de Dios y de su pueblo, será porque ahora hay cielos nuevos y tierra nueva.
Y estaba pensando sobre el arcoíris: ¡qué fenómeno tan interesante es!, ¿no? ¿Qué elementos tienen que existir para que se produzca un arcoíris? Tiene que haber una tormenta, tiene que haber lluvia. ¿Y qué más tiene que haber? Sol. Hay dos elementos que se unen para representar el pacto de Dios con su pueblo. ¿Y no es interesante que justamente esas dos cosas son las mismas que se ven en la cruz de Cristo Jesús? Cuando Él murió por nosotros, teníamos, por un lado, la ira de Dios, la tormenta de la ira de Dios sobre su Hijo; y por otro lado, el sol del amor y de la misericordia de Dios brillando sobre el mismo evento. Porque ahora el amor y la promesa, que es prometida a aquellos que pusieran su fe en Cristo Jesús, se estaba cumpliendo. Es increíble. Me encantan estas imágenes, estos símbolos, que están diseñados para ir más allá de nada más cosas. Están diseñados para que, cuando tú los veas, recuerdes estas realidades espirituales.
Vean lo que dice también en los versículos 9 y 11 del capítulo 4. Dice: "Y siempre que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que estaba sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas". Esto nos va a apuntar a lo que viene a continuación, que tiene que ver con la adoración, la adoración que se da en la nueva Jerusalén.
Calles de oro
Dice: "Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era una perla. Y la calle de la ciudad era de oro puro, transparente como vidrio". Nuevamente, ¿qué está reflejando esto? La gloria de Dios. Pero en particular, creo, está reflejando la realidad de lo que leemos en el Antiguo Testamento. En el Antiguo Testamento van a encontrar que el piso, el piso del templo, estaba forrado de ¿qué? 1 Reyes 6:30 dice: "Revistió de oro el piso de la casa, el santuario interior y el exterior". Entonces, esta imagen de oro está diseñada para apuntarnos hacia la realidad: las calles de la nueva Jerusalén son de oro, así como el templo tenía sus pisos de oro también. El templo de Salomón tenía pisos de oro. Pero ¿quiénes pisaban sobre esos pisos de oro? Aquellos que eran admitidos a la presencia de Dios para servir y adorar, como sacerdotes. Esta es la nueva realidad para todo el pueblo de Dios: ahora todos caminamos sobre calles de oro. Esa es la simbología que está diseñada para apuntarnos. Así como el templo de Salomón tenía sus pisos de oro, ahora la nueva Jerusalén tiene sus pisos de oro. Pero no es nada más el sacerdote el que camina sobre ellos, sino todo el pueblo de Dios, porque han sido hechos dignos de presentarse ante la presencia de Dios.
Puertas de perla
Y las perlas que describe aquí, de las 12 puertas, son perlas… Miren, las perlas en la época antigua eran valuadas mucho más; o sea, eran valuadas por encima de las piedras preciosas, de las gemas. Y nos recuerda lo que Jesús dijo en una parábola, en Mateo 13:45 al 46, donde dijo: "El reino de Dios es semejante a un hombre que encuentra una perla de gran precio". Y cuando encuentra esa perla, ¿qué hace? Va y vende todo lo que tiene para poder tener esa perla. ¿Quién es la perla preciosa? Cristo. Cristo es la perla de gran precio. Él es el camino a Dios. Y por eso es importante, es simbólico, que cada una de las puertas son perlas: algo de gran valor que te da acceso a la ciudad santa.
Miren, hermanos, espero que empiecen… Yo sé… Los hombres, por lo regular, no nos detenemos en las tiendas de diamantes y de joyería. Pero las mujeres sí; les encanta. ¿Qué les atrae de las joyas? ¿Qué hace que digan: "Ay, yo quiero esos aretes; ay, yo quiero ese collar; ay, yo quiero…"? Son hermosos. O sea, son descripciones de cosas que Dios ha hecho, que están diseñadas para mostrarnos una realidad más profunda. Y creo que lo que Juan está tratando de hacer aquí es ponernos imágenes de cosas que conocemos para describirnos belleza.
¿Qué es lo que para ti es hermoso? ¿Qué es lo que a ti te atrae? ¿Cómo te enamoraste de tu esposa? ¿Diciendo: "Ay, está bien fea esa mujer, chata"? ¿Así te enamoraste de ella? No. Te enamoraste porque contemplaste su hermosura, contemplaste sus características buenas, ¿no? Dijiste: "Algo hay que me atrae; hay algo que es hermoso acerca de ella". Y es así como un hombre se enamora de una mujer. Lo mismo es lo que está haciendo Juan: está tratando de exponernos ante la belleza de lo que es estar en la presencia de Dios. Pero claro, no entendemos lo que es estar en la presencia de Dios. Entonces está poniendo todas estas imágenes de cosas preciosas de este mundo, las cuales no hacen justicia, pero tratan de reflejar esa realidad; tratan de reflejar lo hermoso de una nueva realidad de comunión entre Dios y su pueblo.
Las carencias de la ciudad: no hay templo
Y eso es lo que nos lleva ahora al último punto: ¿cuáles son las carencias de la ciudad? Número uno, dice, versículo 22: "Y no vi en ella templo". Después de todo eso… porque la visión de Ezequiel es un templo. Y después de todo eso nos dice Juan: "Pero ¿saben qué? Realmente no hay un templo ahí". No hay un templo físico. En todas las culturas antiguas, de todas las civilizaciones, había templos. ¿Y para qué son los templos? Ahí es donde te vas a encontrar con Dios. Esa era la idea de un templo: era el lugar de comunión entre lo divino y lo humano. Pero dice Juan: "No vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero".
Entonces, no tiene un templo. Y de hecho, esta imagen me encanta porque la usa… viene de Isaías 60:19. Es una imagen que habla de Jehová, de Dios, el Dios de Israel. Y aquí Juan lo aplica al Cordero. Lo que Isaías describe como Jehová Dios, el Dios Todopoderoso, en Isaías, ahora es el Dios Todopoderoso y el Cordero. Es decir, el Cordero también es Dios. O sea, es una imagen de divinidad ahí, una descripción de divinidad.
Pero lean lo que dice Jeremías 3:16: "Sucederá que en aquellos días, cuando os multipliquéis y crezcáis en la tierra —declara el Señor—, no se dirá más: Arca del pacto del Señor. No les vendrá a la mente, ni la recordarán, no la echarán de menos, ni será hecha de nuevo. En aquel tiempo llamarán a Jerusalén: Trono del Señor, y todas las naciones acudirán a ella, a Jerusalén, a causa del nombre del Señor; y no andarán más tras la terquedad de su malvado corazón".
Y por supuesto, Jesús, en su primera venida, demostró cómo se iba a cumplir esta realidad. Porque dice Juan: vimos al Verbo de Dios, "y el Verbo habitó entre nosotros", hizo su tabernáculo entre nosotros. Así como en el Antiguo Testamento Dios le dijo al pueblo de Israel que hiciera su tabernáculo para estar entre ellos, así Jesús vino para estar entre nosotros. Y Jesús, de hecho, dijo: "Yo soy el templo". Jesús lo dijo, Juan 2:19. Y una y otra vez hacía referencia al templo, y decía: "Destrúyelo, y en tres días Yo lo reedificaré". Y decían los líderes religiosos: "Estás loco, ¿de qué estás hablando?". Jesús no está hablando del templo físicamente. ¿Está hablando de qué? Dice Juan: de su propio cuerpo. Porque Jesús estaba diciendo: "Hay una razón por la cual ya no va a estar este templo: porque Yo ya vine. Ya no necesitan un templo; Yo soy esa realidad para ustedes, Yo soy el templo".
Y por eso dice Pedro en 1 Pedro 2:5: "También vosotros, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo". Dice Pedro: "Ustedes están siendo construidos como el templo, con Jesús como el fundamento". Ahora la gloria shekinah es directa, es inmediata. Ya no van a tener que decir: "Vamos a la iglesia". Esa es la realidad de la nueva Jerusalén. Ya no van a decir: "Oye, ya son las 9:50 y no vamos a llegar a tiempo; se nos va a hacer tarde, nos vamos a perder los primeros cantos". Ya no va a existir esa realidad. Vamos a vivir en la realidad del templo de Dios, de su presencia, de la adoración a Dios para siempre.
No hay sol ni luna
La otra cosa que encontramos… Y claro, Pablo hace una analogía también: nosotros somos el templo del Espíritu Santo. O sea, hay toda clase de imágenes que nos muestran que el templo estaba apuntando hacia una realidad espiritual más profunda. Pero también la otra realidad es: "La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillan en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera". ¿No es interesante? Aquí nuevamente tenemos esta imagen, Isaías 60:19, donde también Isaías describe esto: "Ya el sol no será para ti luz del día, ni el resplandor de la luna te alumbrará, sino que tendrás al Señor por luz eterna, y a tu Dios por tu gloria. Nunca más se pondrá tu sol, ni menguará tu luna, porque tendrás al Señor por luz eterna, y se habrán acabado los días de tu luto". Eso es lo que se está cumpliendo aquí en Apocalipsis 21, lo que dijo el profeta Isaías. Nuevamente, apuntando hacia la deidad de Jesús como el Cordero de Dios: lo que dice Isaías acerca de Dios, se le aplica a Jesús.
Pero lo más importante de esto es: ¿quién dijo en el principio "Sea la luz"? Dios. Dios es la fuente de la luz. Él no necesita el sol para que haya luz; Él es luz. Y en Juan 1:4 al 5 leemos que Jesús es la luz. Jesús es la luz. Y cuando Dios dijo "Hágase la luz", de hecho estaba apuntando hacia una realidad más profunda, de la revelación de Jesús entre nosotros como la luz del mundo, en donde Él sería la fuente final de luz, para no estar más en tinieblas. Y en Ezequiel 43:2 leemos: "He aquí la gloria del Dios de Israel venía de la parte del oriente; su voz era como el sonido de muchas aguas, y la tierra resplandecía de su gloria".
Ahora, así como el mar —veíamos el domingo pasado—, no es que no haya mar, no haya agua, no haya playas; no es ese el punto. El mar representa el lugar de donde viene todo el mal, de donde viene todo el dominio de Satanás y de sus fuerzas demoníacas. Por eso es que dice: "Ya no habrá más mar", porque representa esa realidad de lo que para los judíos era lo malo, el caos, lo desconocido; ahora ya no va a existir esa realidad. De la misma manera, no es que ya no haya sol ni haya luna. No sabemos; puede ser que no haya. Pero el punto no es ese. El punto es que la realidad de Dios, y de la luz, y de la gloria de Dios, supera la realidad de nuestro sol, y de nuestras estrellas, y de nuestro universo.
Imagínense todo el calor que da el sol, y toda la luz que da el sol, para poder calentar este planeta y para que podamos tener luz en todo este planeta. ¿Y saben cómo va a ser la luz del sol comparada con la luz de Dios? Como cuando, no sé, está oscuro y prendes una vela, y da mucha luz, ¿no? Dices: "Ah, wow, ya puedo ver". Pero ya sale el sol, ¿y te sirve de mucho la vela? Ya no se ve la luz de la vela. Es algo así lo que está describiendo. Dice: la luz del sol no es nada, no es nada comparada con la luz de la gloria de Dios.
No hay pecado
La última cosa que quiero que vean es que no hay pecado. Dice: "Las naciones que hubieran sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella. Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues ahí no habrá noche. Y llevarán la gloria y la honra de las naciones a ella. No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero". De todas las naciones estarán ahí, en la nueva Jerusalén; de todos los pueblos.
Y me hace pensar, inclusive, que va a haber aspectos culturales y aspectos étnicos que se van a mantener en toda la eternidad. Porque a Dios le gusta la diversidad; a Dios le gusta la comida, a Dios le gusta la música, a Dios le gustan los lenguajes, a Dios le gustan todas estas cosas que ha creado como parte de la diversidad de este mundo, que creo que en algunos sentidos se van a mantener. Porque muchas de las visiones que hemos estado viendo a lo largo del libro de Apocalipsis describen gente de todo pueblo, nación, tribu y lengua. ¿Y cómo sabes que son de todo pueblo, tribu, nación y lengua? Porque son diferentes; no se ven todos iguales. No vamos a ser todos de un mismo color, no vamos a ser todos de una misma estatura. O sea, hay variedad, creo, en el pueblo de Dios en toda la eternidad. Y por eso describe naciones, por eso describe pueblos, porque las naciones representan culturas, representan cosas que Dios ha creado como parte de nuestra manera de vida.
Y eso es lo que leíamos también en Isaías 65, donde describe una realidad muy parecida a la realidad que tenemos ahora, pero de perfección, en donde ya no habrá más muerte, pero todavía disfrutaremos de muchas de las cosas que existen hoy en día: relacionales, de amor, de unidad, de sentimientos, de asombro. O sea, es una imagen errónea el pensar: "Ay, ahí están en el cielo, sobre una nube, con su arpa, tocando todo el tiempo". Hay algo mucho más increíble aquí que está siendo narrado, con lo que ninguna realidad de este mundo y de esta vida se compara. Pueden pensar en todas las cosas más exquisitas y más increíbles que ustedes han disfrutado en esta vida, y eso solamente es una sombra de lo que habrá de venir en la gloria, en la presencia de la gloria de Dios.
Puertas siempre abiertas para la adoración
Dice Isaías 60:11: "Tus puertas estarán abiertas de continuo; ni de día ni de noche se cerrarán, para que te traigan las riquezas de las naciones, con sus reyes llevados en procesión". Pero ¿cuáles son estas riquezas? ¿Cuáles son el honor y la gloria de los que está hablando aquí? La adoración. Eso es lo que traen. No es que traen oro y traen cosas físicas, materiales, para ofrecer a Dios; es que ellos mismos son la adoración, ellos mismos son los que se están ofreciendo como sacrificio a Dios. Entonces: "Aquí estoy yo, Señor, para adorarte por toda la eternidad". De todo pueblo, tribu, nación y lengua estamos aquí para reconocer al Rey de reyes y Señor de señores, porque Él nos ha redimido con su sangre. Eso es lo que hemos estado leyendo a lo largo de todo el libro; eso es lo que está describiendo aquí: traerán su gloria y su honor.
Y a diferencia del huerto del Edén… Cuando pecaron Adán y Eva, ¿qué hizo Dios cuando pecaron? Puso un ángel, ¿y qué dijo? "No pueden pasar". Una espada de fuego que impedía el acceso. Aquí es exactamente lo contrario: ahora las puertas nunca se cierran. ¿Alguna vez han experimentado eso? Es raro; hay lugares donde sí, pero que no tengan que cerrar la puerta de su casa, que digan: "Ah, que entre el que quiera". ¿Pueden hacer eso? Pues en esta ciudad así va a ser. Porque no hay nada malo que pueda entrar; no hay nada inmundo, no hay pecado, no hay nada que pueda contaminar esta ciudad. Entonces, están completamente abiertas; todos tienen acceso. Todos, de todas las naciones, todos los pueblos de toda la tierra tienen acceso para ser parte de la nueva Jerusalén: todos los que están inscritos en el libro de la vida.
Se trata de la adoración; de eso se trata la Biblia, de la adoración a Dios. Dios quiere ser glorificado en todo lo que hace. Todo es para su gloria, como dice Romanos 11:36.
¿Está tu nombre en el libro de la vida?
Entonces, la pregunta… O sea, todo esto, hermanos, ¿qué hace en ustedes? ¿Qué es lo que genera en ustedes cuando se imaginan todas estas escenas y dicen: "Yo quiero ser parte de la nueva Jerusalén; yo quiero estar aquí; yo quiero ver la gloria de Dios"? Bueno, nuevamente la pregunta es: ¿está tu nombre inscrito en el libro de la vida? ¿Y sabes cómo puedes saber? Una de las cosas con las que puedes saber si tu nombre está inscrito en el libro de la vida es: ¿qué tan importante es para ti la gloria de Dios? Esa es una de las maneras. Porque, para los que son hijos de Dios, la gloria de Dios es lo más importante. Vivimos para su gloria, no para la nuestra. Aquellos que se han arrepentido de sus pecados, han puesto su fe en Cristo Jesús, y que dicen: "Ahora no se trata de mí, se trata de Ti. El propósito de mi existencia, la meta, el lugar al que quiero llegar, es tu gloria. No hay nada más precioso".
¿Y no es increíble que vivimos para cosas que no son la gloria de Dios? Vivimos para ganar más dinero, vivimos para comprarnos cosas en este mundo. Y dice claramente Jesús: "No se hagan tesoros en la tierra; háganse tesoros en el cielo", donde nadie les puede quitar lo que ustedes obtengan. "Vivan para mi gloria, porque mi gloria es eterna, y mi gloria es su recompensa eterna. Entonces, no pierdan tanto tiempo en cosas que pasarán; no pierdan tanto tiempo en las cosas que simplemente representan una realidad temporal. Vivan para pensar y para contemplar quién soy Yo, y quién seré Yo para ustedes para siempre".
Oración final
Gracias, Padre, por estas realidades. Gracias porque nos apuntan hacia Ti, y nos apuntan hacia lo que nosotros somos en Ti, cómo nosotros reflejamos tu gloria cuando estamos en la presencia de tu gloria. Ayúdanos a vivir a la luz de esta realidad. En el nombre de Cristo Jesús, amén. Puestos de pie.
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