Isaías: Esperanza para pecadores
¿De qué trata el libro de Isaías? Este mensaje final recorre los 66 capítulos en tres movimientos: el juicio sobre el pecado y la rebeldía del pueblo, la esperanza de salvación en el Mesías y el siervo sufriente, y la gloria futura de nuevos cielos y nueva tierra, donde la muerte será destruida para siempre.
Transcripción
Cuarenta y ocho mensajes en Isaías
Isaías. Este último mensaje es realmente un ejercicio que es parte de lo que queremos que sea la predicación expositiva, que es: hemos estado estudiando este libro por mucho tiempo, y después de estar escuchando constantemente diferentes pasajes, y pasan los años, ¿cuál es la manera en que entendemos este libro ahora? O sea, podemos ver hacia atrás y pensar en cómo veíamos, cómo entendíamos Isaías, y ahora, después de haberlo estado estudiando tanto tiempo, ¿cómo lo vemos?
Ahora que pienso acerca de Isaías, mi percepción, mi entendimiento del libro ha sido profundizado muchísimo; he visto muchas cosas que antes no había visto en el libro, y por eso es que he mencionado recientemente que creo que es mi libro favorito en el Antiguo Testamento. Y básicamente encuentras toda la historia redentiva aquí: desde el problema del ser humano y su condición caída, hasta la solución que Dios da a esa condición, y luego la esperanza futura de lo que Dios va a hacer todavía en un futuro. Entonces toda la historia redentiva está siendo mostrada a lo largo del libro.
Y estaba viendo que fueron cuarenta y siete mensajes de Isaías, con varias pausas en el camino —por eso nos tardamos tanto—, pero cuarenta y siete mensajes; hoy sería el número cuarenta y ocho de Isaías. Y es muy simple lo que quiero hacer con ustedes: quiero darles un recorrido del contenido del libro. Yo espero que la mayor parte del tiempo de hoy estén con sus cabezas viendo hacia abajo, hacia sus Biblias, porque no vamos a leer todos los versículos que hay en Isaías, pero vamos a leer una buena cantidad que nos resume el libro de Isaías.
De hecho, si ustedes quisieran entender este libro… Este es el título que originalmente le dimos al libro, y varios de ustedes lo tienen para sus apuntes a lo largo de nuestro estudio. Quiero darles un resumen; para mí fue muy divertido, muy alentador, regresarme a cosas que ya se me habían olvidado. Y si a mí se me olvidan, que yo soy el que las estudió y las predicó, imagínense ustedes: no se van a acordar de muchísimas cosas de este libro. Entonces esto espero que sea un recordatorio de muchos pasajes que, cuando los estaba leyendo y cuando estaba estudiando, me llenaban de ánimo, de esperanza, de gozo; a veces de miedo, a veces de temor. El lenguaje que usa este libro es sumamente explícito y fuerte en cuanto a la redención y la esperanza, y también en cuanto al juicio y la condenación. Entonces quiero mostrarles eso.
La estructura del libro
Entonces, ya es suficiente introducción. Isaías: ¿cómo está estructurado este libro? Y a lo mejor no alcanzan a ver muy bien este diagrama, pero quise mostrarles la estructura general del libro, en donde tenemos los capítulos 1 al 6 como una introducción realmente al ministerio de Isaías, en donde el mensaje es: el santo Rey juzga a Jerusalén, pero la renovará. De los capítulos 7 al 12: invitación a Acaz para confiar en Dios; la amenaza y los imperios que están siendo mencionados son Aram —o Siria— e Israel, el reino del norte; el mensaje es que el Rey poderoso promete un nuevo rey.
Luego, 13 al 27: profecías a las naciones, una gran variedad de naciones que es mencionada en esta sección, y el mensaje es: el Rey poderoso gobernará a las naciones a través de su rey. Capítulos 28 al 39: es la invitación a Ezequías a confiar en Dios, en donde la amenaza, o el imperio que está siendo mencionado, es Asiria, y el mensaje es: la ayuda del hombre es inútil, Dios da paz, en Dios encontramos nuestra paz. Y en los capítulos 40 al 55 encontramos que Isaías predice el exilio en Babilonia, donde el imperio o la amenaza es Babilonia: vendrá redención en un nuevo éxodo a través del Siervo, y ese sería el mensaje de esa sección. Capítulos 56 al 66: Isaías predice el regreso del exilio, donde ahora el imperio mencionado es Persia, Ciro específicamente; y aquí no es la amenaza, es el reino que Dios va a usar para restaurar a Israel del exilio, y el tema es: Dios reunirá las naciones a través de sus siervos.
Entonces está esta idea que se desarrolla a lo largo de todo el libro, el remanente: pero ¿cómo es que Dios va a reunir a todos al final de los tiempos y hacer un nuevo reino? Todo eso; esa es la estructura, a grandes rasgos, del libro de Isaías. "Isaías" significa "el Señor salva"; ese es el significado de su nombre, y es una buena manera de entender el libro, nada más con el puro significado de su nombre.
Juicio para pecadores: la rebeldía
Entonces, ya tienen abiertas sus Biblias en Isaías. Lo dividí en tres secciones el contenido del libro; entonces vamos a ir recorriendo pasajes clave a lo largo del libro viendo estas secciones, y son solamente como un recordatorio de lo que está aquí.
Número uno, tenemos que Isaías está expresando un juicio para pecadores. Entonces el pecado está siendo expuesto, está siendo confrontado, y hay un juicio sobre ese pecado. Y se puede resumir en rebeldía, primeramente; así empieza el libro: "Visión que tuvo Isaías, hijo de Amoz, con relación a Judá y Jerusalén, en los días de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá". Un ministerio de unos cincuenta años que tuvo Isaías, a lo largo de todos estos reinados; cubre un gran periodo de tiempo, especialmente predicando hacia el reino del sur.
Y entonces confronta a Israel con su rebeldía: "Oigan, cielos, y escucha, tierra". Este lenguaje del reino, y la manera en que él lo explica: "Hijos crié y los hice crecer, pero ellos se han rebelado contra mí. El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su amo; pero Israel no conoce, mi pueblo no tiene entendimiento. ¡Ay, nación pecadora, pueblo cargado de iniquidad, generación de malvados, hijos corrompidos! Han abandonado al Señor, han despreciado al Santo de Israel, se han apartado de él. ¿Dónde más serán castigados? ¿Continuarán en rebelión? Toda cabeza está enferma y todo corazón desfallecido. Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay nada sano en él, sino golpes, verdugones y heridas recientes; no han sido curadas ni vendadas ni suavizadas con aceite. La tierra de ustedes está desolada, sus ciudades quemadas por fuego; su suelo lo devoran los extraños delante de ustedes, y está en una desolación como destruida por extraños".
Entonces, ven, los compara con un animal terco, con un cuerpo herido y con una ciudad desolada. Entonces esta rebeldía se desarrolla en estos versículos que hemos leído, del 2 al 8. Capítulo 3, versículo 8, sigue explicando esta rebeldía: "Pues Jerusalén ha tropezado y Judá ha caído, porque su lengua y sus obras están contra el Señor, rebelándose contra su gloriosa presencia".
Más adelante, en el capítulo 5, versículo 12, tenemos: "Pero no contemplan las obras del Señor". Tienen todas las bendiciones de Dios: banquetes, lira, arpa, pandero, flauta, vino; "pero no contemplan las obras del Señor, ni ven las obras de sus manos". Disfrutan de los regalos y se olvidan del dador de los regalos. Vean el versículo 20; esta es la definición de pecado aquí: "¡Ay de los que llaman al mal bien y al bien mal, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!". Cuando invertimos las cosas que Dios dice, y hacemos que lo que Dios dice que es malo se convierta en bueno a nuestros ojos, y lo que es bueno para Dios se convierta en malo a nuestros ojos —que es mucho de lo que vemos que es la influencia de nuestra cultura hoy—, eso es la definición de pecado.
Vayan al capítulo 6, porque el capítulo 6 es un capítulo muy importante; vamos a irlo viendo en diferentes partes. Pero el capítulo 6 es esta visión que tiene Isaías de Dios en su trono: "En el año de la muerte del rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y la orla de su manto llenaba el templo. Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas: con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, Santo, Santo es el Señor de los ejércitos; llena está toda la tierra de su gloria".
La santidad de Dios y el envío de Isaías
Esta es la visión que Isaías tuvo, y esta santidad de Dios justamente es lo que contrasta con la rebeldía del pueblo, el pecado del pueblo. Por eso es que en el versículo 5 entiende su condición: "¡Ay de mí, porque perdido estoy! Pues soy hombre de labios inmundos y en medio de un pueblo de labios inmundos habito". Y entonces, en el versículo 7, viene este ángel, el serafín, con un carbón encendido y toca sus labios, y es quitada su iniquidad y perdonado su pecado. Y entonces Isaías dice: "Aquí estoy, envíame a mí". "¿A quién te voy a enviar?".
Isaías es perdonado porque reconoce su rebelión delante de Dios, su pecado delante de Dios. ¿Y a quién lo va a enviar? A un pueblo rebelde: "Dile a este pueblo: escuchen bien, pero no entiendan; miren bien, pero no comprendan. Haz insensible el corazón de este pueblo, endurece sus oídos, nubla sus ojos; no sea que vea con sus ojos, y oiga con sus oídos, y entienda con su corazón, y se arrepienta y sea curado".
Entonces la rebeldía del pueblo va a ser el ministerio de Isaías. ¿Y adivinen qué va a pasar? Van a seguir siendo rebeldes. "No importa, Isaías, que tú les vas a predicar: ellos no van a escuchar, ellos no van a entender tu mensaje". Qué bueno que Dios no me dice eso cada vez que me subo a predicar: "Tú predica, al fin que acaba nadie te va a entender". Eso es lo que le dijo a Isaías.
Luego vayan más adelante, capítulo 14; vean el capítulo 14, versículos 13 y 14 —anoche yo estaba recorriendo todos estos capítulos buscando cuáles eran los que quería resumir—. Es la rebeldía; a veces se le atribuye a Satanás esta rebeldía: "Tú dijiste en tu corazón: subiré al cielo, por encima de las estrellas de Dios levantaré mi trono, me sentaré en el monte de la asamblea, en el extremo norte; subiré sobre las alturas de las nubes, me haré semejante al Altísimo". Y en realidad esta es una declaración de juicio contra el rey de Babilonia, pero está asociado muchas veces con quién está detrás de los imperios, que es Satanás. Entonces no es nada más la rebeldía del ser humano, sino la rebeldía del ser humano siguiendo el ejemplo de Satanás en el mismo principio de la historia.
Luego váyanse hasta el final, capítulo 64, versículo 6, y van a encontrar otra vez esta misma idea siendo desarrollada; hay muchos más versículos, nada más escogí algunos, recorriendo, escogiendo cuáles quería mencionar. Capítulo 64, versículo 6, dice: "Pisoteé los pueblos en mi ira, los embriagué en mi furor y derramé su…". Perdón, ese es el 63. El capítulo 64, versículo 6: "Todos nosotros somos como el inmundo, y como trapo de inmundicia todas nuestras obras justas; todos nos marchitamos como una hoja, y nuestras iniquidades, como el viento, nos arrastran".
Entonces aquí está otra vez el pecado del pueblo, la rebeldía del pueblo, incluyendo inclusive sus buenas obras, lo que ellos consideran sus buenas obras, siendo descritas como un trapo inmundo; ya estudiamos eso hace no mucho tiempo.
Hipocresía e idolatría
La rebeldía del pueblo, también la hipocresía del pueblo está siendo expuesta. En el capítulo 1 van a leer desde los versículos 11; estos son importantes, y estos versículos sobre la hipocresía de Israel aparecen también a lo largo de todo el libro: "¿Qué es para mí la abundancia de sus sacrificios?, dice el Señor. Cansado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de ganado cebado; la sangre de novillos, corderos y machos cabríos no me complace". Hacen todo externamente, lo que se supone que deben hacer, pero su corazón está lejos de Dios. Entonces la hipocresía está siendo confrontada en este libro.
La idolatría está siendo confrontada. Capítulo 2, versículo 8, dice: "También su tierra se ha llenado de ídolos". Entonces ahí está esta confrontación acerca de sus ídolos, que está en todo el libro. Pero quiero que vean en particular el capítulo 41, versículo 24: "Miren, ustedes no son nada y su obra es vana; abominación es el que los escoge". Está hablando de los ídolos: los ídolos no son nada. Y entonces tú te conviertes en lo que adoras; y entonces empieza a hablar de cómo los ídolos no ven, los ídolos no piensan, los ídolos no pueden hacer nada, y por lo tanto la gente se vuelve de la misma manera: no ve, no escucha, no entiende, se vuelven igual que sus propios ídolos.
Y en el capítulo 44, versículo 10, se burla de los ídolos: "¿Quién ha dado forma a un dios, o fundido un ídolo, para no tener ganancia?". Es inútil; inclusive los ídolos te agotan, porque tienes que trabajar para hacerlos, y lo que te dan de regreso por todo el trabajo que tú hiciste no es nada. Versículo 12: "El herrero hace un instrumento cortante, lo trabaja sobre las brasas, lo forma con martillo y lo forja con su brazo fuerte; después siente hambre, flaquean sus fuerzas, no bebe agua y desfallece". Entonces, en lugar de darte fuerzas, te quitan fuerzas, te quitan energía; no te dan energía, no te ayudan, te consumen. Y cualquier ídolo que tengamos hace eso en nuestras vidas: consume cosas de nosotros, agota cosas de nosotros, nos deja más frustrados de lo que estábamos al principio. Esa es la confrontación con la idolatría.
El juicio también sirve al remanente
Hay un juicio que está siendo desarrollado en todo el libro de Isaías que también está dirigido al remanente de Dios. Y esto es muy interesante: no es nada más contra los pecadores que van a terminar siendo condenados que hay un juicio, sino también hay un juicio que está siendo establecido para aquellos que están siendo escogidos por Dios para ser salvos por Dios, restaurados por Dios. Entonces el juicio también tiene un ángulo positivo en el libro de Isaías: está siendo usado para el bien del pueblo.
Y lo van a encontrar, esta idea del remanente siendo expresada primeramente en el versículo 9 del capítulo 1: "Si el Señor de los ejércitos no nos hubiera dejado algunos sobrevivientes, seríamos como Sodoma y semejantes a Gomorra". Entonces habla siempre de algunos que Dios guarda y algunos que Dios preserva para sus propósitos. En un sentido histórico, son aquellos que van a sobrevivir a los juicios que tienen que ver con los exilios de Israel; pero en un sentido espiritual, son aquellos que ponen su confianza y su fe en el Dios de Israel, se arrepienten, vienen a él y encuentran perdón, encuentran perdón y restauración.
Entonces, versículo 27 del capítulo 1, vean el lenguaje que usa; versículo 27 del capítulo 1: "Sion será redimida" ¿con qué? "con juicio". ¿Ven las dos ideas juntas, juicio y salvación? El juicio está siendo usado para redimir: "y sus arrepentidos, con justicia".
Luego vean capítulo 4, versículos 2 y 3: "Aquel día, el Renuevo del Señor será hermoso y lleno de gloria, y el fruto de la tierra será el orgullo y adorno de los sobrevivientes de Israel" —del remanente—; "y acontecerá que el que sea dejado en Sion y el que quede en Jerusalén será llamado santo: todos los que estén inscritos para vivir en Jerusalén". Es el mismo lenguaje: todos los que estén en el libro de la vida; ya lo estudiamos hace no sé cuánto tiempo.
Pero capítulo, versículo 20: "Sucederá en aquel día que el remanente de Israel y los de la casa de Jacob que hayan escapado no volverán a apoyarse más en el que los hirió, sino que en verdad se apoyarán en el Señor, el Santo de Israel. Un remanente volverá, un remanente de Jacob, al Dios poderoso. Pues aunque tu pueblo, Israel, sea como la arena del mar, solo un remanente de él volverá; la destrucción decidida rebosa justicia".
Capítulo 16, versículo 13, después de toda esta destrucción y juicio sobre Moab, dice… Y ahora quiero que pongan atención, porque ahora ya no está hablando de los judíos, de un remanente de los judíos: ahora está hablando de remanentes de otras naciones. Eso es lo que es muy interesante que surge en Isaías: no es nada más hablando de Israel. Sino, por ejemplo, versículo 13: "Ahora el Señor dice: dentro de tres años, como los contarían, la gloria de Moab será despreciada con toda su gran muchedumbre, y su remanente será muy pequeño y débil". Va a haber un remanente que va a tomar refugio en Judá. Y eso se
desarrolla a lo largo de estos capítulos. Capítulo 19, versículo 19, dice: "Aquel día habrá un altar al Señor en medio de la tierra de Egipto" —ahora está hablando de Egipto— "y un pilar al Señor cerca de su frontera; y será por señal y por testimonio al Señor de los ejércitos en la tierra de Egipto. Porque clamarán al Señor a causa de sus opresores, y él les enviará un salvador y un poderoso, el cual los librará". ¿A quiénes? A Egipto. "Y el Señor se dará a conocer en Egipto, y los egipcios conocerán al Señor en aquel día; adorarán con sacrificios y ofrendas, harán voto al Señor y lo cumplirán. Y el Señor herirá a Egipto, herirá" —pero ¿qué?— "y sanará". Otra vez esta idea de juicio para salvación: herirá, pero sanará. "Y ellos volverán al Señor, y él responderá y los sanará".
Esta idea se repite algunas veces más. Capítulo 28 —bueno, pueden leer ahí el versículo 25—: "Bendito sea Egipto, mi pueblo; y Asiria, obra de mis manos; e Israel, mi heredad". Pueden ver ahí un remanente de todas las naciones, que está siendo profetizado aquí. Capítulo 28, versículo 5: "En aquel día, el Señor de los ejércitos será hermosa corona y gloriosa diadema para el remanente de su pueblo". Es este tema del remanente siendo desarrollado a lo largo de todo el libro.
Capítulo 30, versículo 26: "La luz de la luna será como la luz del sol, y la luz del sol será siete veces mayor, como la luz de siete días, en el día que el Señor ponga una venda en la fractura de su pueblo y cure la llaga que él ha causado". Juicio para salvación: él causa la llaga y él venda la herida. ¿No es poderosa la imagen? Ya se me había olvidado que estaban todos estos pasajes en Isaías, porque ya tenía tanto tiempo que los habíamos estudiado; pero los vuelvo a leer, y por eso, si me quedo en una isla desierta, déjenme el libro de Isaías, está bien, tengo suficiente para estudiar y repasar el resto de mi vida. Esta es la parte de juicio para pecadores.
Esperanza de salvación futura
Que es la otra parte que surge en Isaías: esperanza de salvación futura. Y esa es una parte muy importante del libro. Algunos han señalado que Isaías tiene sesenta y seis capítulos, la Biblia tiene sesenta y seis libros; y que la manera en que está estructurado el libro es juicio, el desarrollo de juicio a lo largo de los primeros treinta y nueve capítulos, y luego los otros diecisiete desarrollan de una manera más clara la esperanza de salvación. Entonces algunos han visto este paralelo —los capítulos no son inspirados por Dios, pero algunos han visto este paralelo que existe con la Biblia completa—. ¿Por qué? ¿Cuántos libros tiene el Antiguo Testamento? Treinta y nueve. Y diecisiete el Nuevo Testamento. Entonces tienes la misma estructura, de alguna manera, siendo expresada en Isaías; una manera de recordar la estructura del libro.
Entonces, uno de los temas importantes que se desarrollan en Isaías: los primeros treinta y nueve capítulos es lo que algunos ven que están anticipando al Mesías; pero ahora, en la segunda parte, a partir del capítulo 40, viendo al Mesías de una manera más clara y mucho más explícita. Muy parecido a cómo veríamos el Antiguo y el Nuevo Testamento.
Entonces la esperanza de salvación futura es a través del Mesías, y este es un tema muy importante de Isaías. En donde, bueno, ahí están: tenemos a Juan diciendo que a quien Isaías vio en el trono, en el capítulo 6, es a Jesús; es lo que dice Juan: Isaías ya había visto a Jesús. Y esa es esta visión del capítulo 6 que ya leímos hace un momento: "Santo, Santo, Santo es el Señor de los ejércitos; llena está toda la tierra de su gloria". ¿Quién es el que llenaba el templo? Jesús.
La señal de Emanuel
En el capítulo 7, versículo 14 —están familiarizados con esto—, esto está en el contexto del juicio contra Acaz. ¿Y qué le dice Dios a Acaz? "No te preocupes, Acaz". Los asirios… Se está reuniendo el reino del norte y los de Siria para atacarlo, y él tiene la tentación de hacer una alianza con Asiria para protegerse de los que van a invadir del norte. Y en este capítulo 7 Dios le dice: "No te preocupes, vas a estar bien, yo voy a estar contigo. Es más, si quieres, pídeme una señal y te la muestro; la que quieras, tú pídemela, yo te la doy".
Y Acaz, aparentemente piadosamente, dice: "No, no, yo no quiero una señal, yo no voy a tentar a Dios pidiéndole una señal". Dios dice: "Pero te estoy diciendo que me pidas una señal, por favor, pídeme una señal, quiero darte una señal". Y Acaz se rehúsa a pedir una señal, pero la razón es porque él realmente no confía en Dios: él prefiere confiar en Asiria. Entonces él no quiere que Dios se manifieste en su vida, porque entonces se va a ver comprometido: "Bueno, Dios ya me mostró definitivamente que no debo hacer una alianza con Asiria, pero yo quiero hacer una alianza con Asiria; así que no voy a pedir una señal, para que yo tenga la libertad de decir: bueno, es que esa es la opción que yo tengo. Esa es la señal que yo quiero, es que Asiria nos proteja, porque lo puedo ver, lo puedo palpar".
Y en ese contexto es que Dios le dice a Acaz: "¿No me pides una señal de que yo voy a estar contigo? Yo te voy a dar una señal". "Por tanto, el Señor mismo les dará esta señal" —ahora le habla a todo Israel, no nada más a Acaz, sino a todo Israel; miren, yo voy a amplificar esta señal, esto va a ser más de lo que creen—: "una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emanuel". ¿Por qué Emanuel? Porque representa que Dios está con nosotros. Una virgen, un bebé. Y hay mucha confusión sobre cómo se cumplió en primera instancia esta profecía —pueden escuchar el mensaje completo sobre esto—, pero todo esto ya empieza a apuntarnos en una dirección de algo que Dios hace, una señal. Señal: piensen en esa palabra, porque "señal" va a ser un tema recurrente a lo largo del libro de Isaías, y "señal" se empieza a repetir una y otra vez.
Y cuando llegamos al capítulo 8, versículos 13 y 14, dice: "Al Señor de los ejércitos es tener por santo; sea él su temor, y sea él su terror. Entonces él vendrá a ser santuario; pero piedra de tropiezo y roca de escándalo para ambas casas de Israel, y lazo y trampa para los habitantes de Jerusalén". Algo que Dios va a hacer que va a ser piedra de tropiezo para los judíos; es lo que se empieza a profetizar.
Un niño nos ha nacido
Más adelante sigue desarrollándose, en el capítulo 9, versículo 6: "Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado". Está hablando del poder de Dios para la batalla y para triunfar sobre sus enemigos y proteger a su pueblo, y de repente dice: "Un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado, la soberanía reposará sobre sus hombros; y se llamará su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz. El aumento de su soberanía y de la paz no tendrá fin sobre el trono de David y sobre su reino, para afianzarlo y sostenerlo con el derecho y la justicia desde entonces y para siempre. El celo del Señor de los ejércitos hará esto".
Capítulo 11, versículos 1 y 2, estos son muy importantes: "Entonces un retoño brotará del tronco de Isaí" —un descendiente de David— "y un vástago dará fruto de sus raíces; y reposará sobre él el Espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del Señor".
Capítulo 22, versículo 22. Yo, en mi Biblia —y esto es una sugerencia; no, ya sé que hay gente que no le gusta rayar sus Biblias—, pero busqué un cierto color para subrayar pasajes que eran específicamente mesiánicos, para poder identificar cuáles son los pasajes que están hablando específicamente acerca de Jesús, que se cumplen en Jesús. Y su libro de Isaías tiene mucho de ese color. Capítulo 22, versículo 22, dice —y aquí está hablando de Eliaquim—, esto
es un evento histórico de alguien que viene y sustituye a un hombre que se llama Sebna; otra vez, pueden escuchar todo el mensaje acerca de esto. Pero ahí hay tipología que surge acerca de Eliaquim, apuntando a una figura futura. Versículo 22: "Pondré la llave de la casa de David sobre su hombro; cuando él abra, nadie cerrará; cuando él cierre, nadie abrirá. Lo clavaré como clavija en lugar seguro, y será un trono de gloria para la casa de su padre". O sea, otra vez, estas son profecías que están tomando un personaje de ese momento para apuntarnos a una realidad futura; y Jesús, en Apocalipsis 3, toma estas descripciones para sí mismo. Siempre estoy tentado a mejor quedarme en este pasaje y predicarlo, pero seguimos.
Capítulo 28, versículo 16, dice: "Por tanto, así dice el Señor Dios: yo pongo por fundamento en Sion una piedra, una piedra probada, angular, preciosa, fundamental, bien colocada; el que crea en ella no será perturbado". Los autores del Nuevo Testamento captan perfectamente: este es Jesús, de quien está hablando.
Luego, capítulo 30, versículo 20, dice: "Aunque el Señor les ha dado pan de escasez y agua de opresión" —y aquí está la NBLA, está más claro, porque Reina Valera está en plural, pero en realidad es en singular: pan de escasez y agua de opresión— "él, tu Maestro, no se esconderá más, sino que tus propios ojos contemplarán a tu Maestro". El Maestro que será revelado como el Maestro. Empiezan a sentir esta anticipación que crece en Isaías.
El capítulo 40 y los cantos del Siervo
Y llegamos al capítulo 40, que es este cambio; obviamente, a partir del capítulo 40 todavía se intensifica más el tema del Mesías, cuando dice el versículo 3: "Una voz clama: preparen en el desierto camino al Señor; allanen en la soledad calzada para nuestro Dios. Todo valle sea elevado, y bajado todo monte y collado; vuélvase llano el terreno escabroso, y lo abrupto, ancho valle. Entonces será revelada la gloria del Señor, y toda carne a una la verá, pues la boca del Señor ha hablado".
Entonces tenemos una revelación, un camino que se prepara; y obviamente el Nuevo Testamento dice: este es Juan el Bautista, el que prepara el camino. Y cuando es revelado, nivela todas las cosas: los montes son bajados y los valles son elevados, para poner todo al mismo nivel. ¿A qué se refiere eso? Humillar al orgulloso y levantar al quebrantado. Es la manera en que Jesús vino a nivelar el plano para toda la humanidad, ponernos a todos en el mismo nivel: todos tenemos el mismo problema y todos tenemos la misma solución. Son las… Isaías, para describir estas realidades.
El 42, versículos 1 al 7, describen ahora… Y a partir de este capítulo tenemos cuatro cantos del Siervo, si recuerdan; son cuatro, y este es el primero: "Este es mi Siervo, a quien yo sostengo, mi escogido, en quien mi alma se complace. He puesto mi Espíritu sobre él; él traerá justicia a las naciones. No apagará la mecha que casi no arde; con fidelidad traerá justicia. No se desanimará ni desfallecerá hasta que haya establecido en la tierra la justicia; su ley esperarán las costas". Entonces esta es la realidad a la cual está apuntando el Siervo: cómo va a tratar a los que ya están quebrantados por su propio pecado, no se va a dar por vencido hasta que complete la justicia que vino a hacer. Ese es el mensaje del Siervo.
Luego, en el capítulo 49, versículos 1 al 6; vean el versículo 6, dice: "Poca cosa es que tú seas mi siervo para levantar las tribus de Jacob y para restaurar a los que quedaron de Israel; también te haré luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta los confines de la tierra". Entonces la idea es que la obra que hace el Siervo viene a alcanzar a todas las naciones, y no es nada más para Israel: "Si mi misión fuera nada más para Israel, eso sería poquito; ese no es el propósito del Siervo, solo Israel, no: es para todas las naciones". Esto es Isaías, esto es el Antiguo Testamento diciéndolo: no es nada más para Israel mi salvación.
Capítulo 50, versículos 4 al 9: "El Señor Dios me ha dado lengua de discípulo, para que yo sepa sostener con una palabra al fatigado. Mañana tras mañana me despierta, despierta mi oído para escuchar como los discípulos. El Señor Dios me ha abierto el oído, y no fui desobediente ni me volví atrás. Ofrecí mi espalda a los que me herían, y mis mejillas a los que me arrancaban la barba; no escondí mi rostro de vasos y salivazos. El Señor Dios me ayuda, por eso no soy humillado; por eso he puesto mi rostro como pedernal, y sé que no seré avergonzado". Esto, anticipando que este Siervo va a sufrir desprecio, va a sufrir el ataque y el desprecio del pueblo.
Herido por nuestras transgresiones
Lo cual queda muy claro en los capítulos 52, versículo 13, al 53, que ustedes ya conocen: primero hablando de cómo será prosperado y enaltecido, pero después diciendo, versículo 3 del capítulo 53: "Fue despreciado y desechado de los hombres, varón de dolores, experimentado en aflicción; y como uno de quien los hombres se esconden el rostro, fue despreciado y no le estimamos. Ciertamente él llevó nuestras enfermedades y cargó con nuestros dolores; con todo, lo tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido. Pero él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades; el castigo por nuestra paz cayó sobre él, y por sus heridas hemos sido sanados".
Y estas son las mismas palabras que usó Isaías para describir al pueblo de Israel en el capítulo 1, en su condición de pecado, como un cuerpo herido. Y ahora, ¿quién es un cuerpo herido? El Siervo. ¿Para qué? Para cargar justamente con el pecado del pueblo, que era como un cuerpo herido. Entonces: "Yo voy a asumir tu condición para poder traer redención". Esa es la idea que está desarrollando Isaías.
Capítulo 59, versículo 17, dice: "Se puso ropas de venganza y se envolvió de celo como de un manto". ¿Quién? Jesús. Jesús se puso el casco de salvación y la justicia como coraza. Por eso dice el versículo 20: "Vendrá un Redentor a Sion y a los que se aparten de la transgresión en Jacob". Y el versículo 21 dice: "Mi Espíritu que está sobre ti, mis palabras que he puesto en tu boca, no se apartarán de tu boca, ni de la boca de tu descendencia" —hablando de este Siervo— "ni de la boca de la descendencia de tu descendencia, desde ahora y para siempre".
Versículos 1 y 2 del capítulo 61: hoy en la mañana lo leyeron. Jesús toma el rollo en la sinagoga, abre el rollo de Isaías y lee: "El Espíritu del Señor Dios está sobre mí, porque me ha ungido el Señor para traer buenas nuevas a los afligidos; me ha enviado para vendar a los quebrantados de corazón, para proclamar libertad a los cautivos y liberación a los prisioneros, para proclamar el año favorable del Señor".
Y capítulo 64, versículo 1: "Oh Dios, si rasgaras los cielos y descendieras". ¿Para qué? "Para dar a conocer tu nombre a tus adversarios, para que ante tu presencia tiemblen las naciones". ¿Hizo eso ya Dios? ¿Rasgó los cielos para descender? Ya empezó este proceso; no termina todavía, porque todavía viene otro descenso, pero ya lo hizo una vez: abrió los cielos y descendió en forma de un ser humano.
Redención y reconciliación
A través del Mesías encontramos redención y reconciliación. Otra vez, no vamos a leer todos, porque si no, no vamos a acabar; pero pueden ver varios de los pasajes nada más brevemente. Y un ejemplo, un resumen —ustedes lo conocen— sería el capítulo 1, versículo 18. ¿Quiere Dios la redención y la reconciliación? "Vengan ahora y razonemos, dice el Señor: aunque sus pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; aunque sean rojos como el carmesí, como blanca lana quedarán".
Desde el primer capítulo Dios está hablando de su iniciativa para que la humanidad sea reconciliada con su Creador. Eso es lo que quiere, es lo que anhela: "Vengan, los estoy invitando, conversemos", les dice, "razonemos juntos. ¿No quieren estar conmigo? Yo les voy a dar todo lo que necesitan para obtener el perdón". Y por eso tengo aquí lo que Isaías experimenta en el capítulo 6, cuando son purificados sus labios: "Soy hombre
de labios inmundos". Y justamente viene el serafín con el carbón encendido y purifica sus labios, y le dice: ahora has quedado purificado, ahora has sido perdonado. Y el siguiente paso es servir a Dios con su vida.
Todo el capítulo 12, si quisieran, es increíble. De repente están estos como paréntesis, pero el capítulo 12 es todo este canto de adoración a Dios por su redención. Vean el lenguaje que usa: "Te doy gracias, oh Señor". Dice: "En aquel día dirás…". ¿Qué día? El día de redención de Dios. "En aquel día dirás: te doy gracias, oh Señor, porque aunque estabas enojado conmigo, tu ira se ha apartado y me has consolado. Dios es mi salvación, confiaré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es el Señor Dios, él ha sido mi salvación. Con gozo sacarás agua de los manantiales de la salvación. Y en aquel día dirás: den gracias al Señor, invoquen su nombre, hagan conocer entre los pueblos sus obras, hagan recordar que su nombre es exaltado. Canten alabanzas al Señor, porque ha hecho cosas maravillosas; sea conocido esto por toda la tierra. Clama y grita de júbilo, habitante de Sion, porque grande es en medio de ti el Santo de Israel".
¿Por qué? Él estaba enojado con nosotros, su ira iba a ser contra nosotros, pero su ira se ha apartado. ¿Cómo? El libro de Isaías lo revela: alguien absorberá esa ira en nuestro lugar. Bueno: capítulo 12, capítulo 23, capítulo 27, capítulo 29 —yo sabía que eran demasiados pasajes—, pero vean cómo empieza el capítulo 40, cuando dice: "Consuelen, consuelen a mi pueblo, dice su Dios. Hablen al corazón de Jerusalén y díganle a voces que su lucha ha terminado, que su iniquidad ha sido quitada, que ha recibido de la mano del Señor el doble por todos sus pecados". Es la redención que encontramos.
Y el versículo 10 —y, híjole, estos versículos me encantan también—, miren, versículo 10: "El Señor vendrá con poder, y su brazo gobernará por él; y con él está su galardón, y su recompensa delante de él. Como pastor apacentará su rebaño, en su brazo recogerá los corderos y en su seno los llevará; guiará con cuidado a las recién paridas". Ese es el lenguaje de reconciliación y de cuidado que Dios tiene para su pueblo.
Ahí, en el capítulo 41, versículo 10, le dice a su pueblo: "No temas, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré, ciertamente te ayudaré, sí, te sostendré con la diestra de mi justicia". Isaías 62:1: "Por amor de Sion no callaré, y por amor de Jerusalén no me estaré quieto, hasta que salga su justicia como resplandor y su salvación se encienda como antorcha". Dios se asegurará de que su pueblo sea redimido, de que haya verdadera reconciliación entre él y su remanente.
Y es para todas las naciones
Y es para todas las naciones esto, otra vez. Vean cuántos pasajes hay que hablan de todas las naciones. Espero que se tomen el tiempo para leer estos pasajes; a mí me tomó, no sé, siete, ocho horas repasar todo el libro otra vez. Pero, otra vez, nuestra memoria es corta, se nos olvidan estas cosas; necesitamos regresar y regresar una y otra vez y decir: "Sí, Señor, es verdad, tú nos estás prometiendo estas cosas, tú nos dices qué clase de Dios eres".
Y este es un resumen de todos estos pasajes que les puse aquí sobre las naciones. Dice el versículo 2 del capítulo 2: "Acontecerá en los postreros días" —que son los días que vivimos hoy— "que el monte de la casa del Señor será establecido como cabeza de los montes; se alzará sobre los collados, y confluirán a él todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos y dirán: vengan, subamos al monte del Señor, a la casa de Jacob, para que nos enseñe acerca de sus caminos y andemos en sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra del Señor".
Es la razón por la cual tú y yo estamos aquí hoy. Nosotros somos estas naciones que estamos yendo a Jerusalén, estamos yendo a la Sion celestial para encontrar la palabra de Dios y la voluntad de Dios para nuestras vidas. Y todos estos pasajes hablan de todas las naciones siendo reunidas; especialmente lo vimos el domingo pasado, cómo termina el libro de Isaías, capítulo 66, diciendo, versículo 18: "Pero yo conozco sus obras y sus pensamientos; llegará el tiempo de juntar a todas las naciones y lenguas, y vendrán y verán mi gloria. Y pondré señal" —aquí esta es la idea de la señal— "entre ellos, y enviaré a sus sobrevivientes a las naciones: a Tarsis… remotas que no han oído de mi fama ni han visto mi gloria; y ellos anunciarán mi gloria entre las naciones". Eso es lo que ya estamos experimentando el día de hoy.
Todo esto para su gloria
Y todo esto —y esto es importante, hermanos, este es el énfasis que Isaías hace—, ¿por qué hace Dios todas estas cosas? Para su gloria; Isaías lo deja muy claro. Capítulo 42, versículo 8: "Yo soy el Señor, ese es mi nombre; mi gloria a otro no daré, ni mi alabanza a imágenes talladas". Se trata acerca de su gloria. Luego, capítulo 43, versículo 7: "A todo el que es llamado por mi nombre y a quien he creado para mi gloria" —por eso los hice, dice Dios—, "a quien he formado y a quien he hecho". Esto es el propósito de Dios en todas las cosas que él ha hecho: de él, por él y para él son todas las cosas.
Capítulo 48, versículos 9 al 11: "Por amor a mi nombre contengo mi ira, y para mi alabanza la reprimo contra ti, a fin de no destruirte. Pues te he purificado, pero no como a plata; te he probado en crisol de aflicción. Por amor mío, por amor mío lo haré; ¿podría ser profanado mi nombre? Mi gloria, pues, no la daré a otro". Es como saber de qué se trata la Biblia: se trata de eso, de la gloria de Dios y de todas las cosas que Dios está haciendo para ser glorificado al final.
Y si no han leído el libro… "¿Si Dios es bueno, por qué existe el mal?". Esa es una de las respuestas más importantes que surge en el libro: es por qué permite Dios un mundo de maldad. Al final será glorificado en la manera en que ha permitido que se desarrolle la historia. Esa es la respuesta más profunda de todas, más significativa de todas, creo yo, que nos da la Biblia.
Un Dios supremo
Así que, para terminar, tenemos una esperanza de gloria futura, y esto se manifiesta a través de un Dios supremo. Todo el capítulo 40 habla acerca de estas verdades: un Dios supremo. O sea, la manera en que Dios dice: "Miren, yo soy el Creador de todas las cosas, yo soy el que hizo este mundo, yo soy el que hizo el universo; todas las cosas vienen de mí, yo soy la causa final de toda la realidad que los rodea. Así que pueden creerme: viene una gloria futura, porque yo tengo el poder para crear gloria para ustedes, yo tengo el poder para recrear y restaurar todas las cosas, porque yo soy el Dios que hizo este universo".
Eso es lo que el capítulo 40 muestra una y otra vez, en la manera en que Dios se describe a sí mismo: "¿Quién midió las aguas en el hueco de su mano, y con su palma tomó la medida de los cielos? ¿O con un tercio de medida calculó el polvo de la tierra? ¿Quién pesó los montes con la báscula y las colinas con la balanza? ¿Quién guió al Espíritu del Señor, o como consejero suyo le enseñó? ¿A quién pidió consejo, y quién le dio entendimiento? ¿Quién lo instruyó en la senda de la justicia, le enseñó conocimiento y le mostró el camino de la inteligencia?". ¿Quién puede decirle a Dios "por qué haces esto, Dios, yo sé mejor que tú cómo hacer las cosas"? ¿Alguien me está tratando de…? ¿Quién?
Esta idea se desarrolla; están varios pasajes, pueden apuntarlos —perdón si no es suficiente tiempo para que los apunten—. Pero uno de los puntos increíbles de Isaías, así: Apocalipsis e Isaías tienen muchísimos paralelos, y todo el tiempo, a lo largo de todo el libro, estábamos viendo estos paralelos con Apocalipsis,
donde las visiones de Juan ve Isaías, y dice: sigue en Isaías, se profetizaban todas estas ideas de que toda la creación será restaurada. Y una y otra vez: capítulo 40, capítulo 65, capítulo 66 especialmente habla de nuevos cielos y nueva tierra; todo el orden creado será restaurado, y Dios está anticipando esa realidad en Isaías.
El final del pecado y de la muerte
Y por último, muestra el final del pecado y de la muerte en esta creación restaurada: el final del pecado y de la muerte. Y estos sí quiero que lean estos versículos conmigo, porque son espectaculares y son los que regresan en el Nuevo Testamento para decir que estos encuentran su cumplimiento en Jesús y en la obra de Jesús.
Capítulo 24 de Isaías: todo el capítulo es juicio de Dios contra las naciones, un juicio final sobre todas las naciones; todo el pecado de todas las naciones será destruido. Esto se anticipa en Apocalipsis: cada vez que llegamos al sexto de los juicios —sexto sello, sexta trompeta, sexta copa—, encontramos a Dios juzgando a todas las naciones, trayendo un juicio final sobre todo el pecado y toda la maldad.
Y en particular vean Isaías, porque Isaías 25 contiene una promesa que regresa en Apocalipsis —está en 1 Corintios 15, pero también regresa en Apocalipsis—. Dice Isaías 25:8: "Él destruirá la muerte para siempre; el Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y quitará el oprobio de su pueblo de sobre toda la tierra, porque el Señor ha hablado". Esa es la promesa: no habrá más muerte, no habrá más pecado, no habrá más dolor, no habrá más tristeza; todas las cosas serán hechas nuevas. Isaías ya anticipa esta realidad, Isaías ya nos está apuntando en esa dirección.
"¿Cómo lo vas a hacer, Dios? No sé, pero tú lo prometes; tú eres el Creador del universo, tú tienes ese tipo de poder, que tú puedes cumplir ese tipo de promesas, y confiamos en que lo harás". Y ahora nosotros vemos hacia atrás y decimos: sí, Jesús venció a la muerte en su resurrección, y eso nos garantiza justamente que esa es la clase de poder que él tiene, que él puede derrotar a la muerte. No nada más él… Cuando nosotros también tengamos cuerpos resucitados y glorificados, no habrá más muerte, no habrá más llanto, no habrá más dolor. Apocalipsis capítulo 21: pueden leer todo sobre eso y los paralelos que hay con Isaías ahí.
Y por eso es que Isaías termina el capítulo cuando dice, versículos 19 y 20: "Me regocijaré por Jerusalén y me gozaré por mi pueblo; no se oirá más en ella voz de lloro ni voz de clamor. No habrá más allí niño que viva pocos días, ni anciano que no complete sus días", como estuvimos viendo hace unos cuantos domingos. Todo lo que trae tristeza a nuestras vidas no será más.
Esto es lo que la Biblia describe como las primeras cosas. Lo que estamos viviendo ahorita, en esta era, son las primeras cosas; las segundas cosas vendrán. Entonces hay un primer Edén y hay un segundo Edén; hay una primera Jerusalén y hay una nueva Jerusalén; hay un Israel físico y étnico y hay un Israel espiritual. Y todas estas realidades están empujándonos en una dirección a lo largo de toda la historia redentiva, en donde ahora vemos hacia adelante y nos llenamos de esperanza. Porque nosotros somos pecadores y necesitamos… ¿Quieren encontrarla? Lean Isaías.
Escúchanos
Ven un domingo
Predicamos así cada semana, a las , en Av. México 319.
Qué esperar si vienes →