Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Isaías 64IsaíasNathan Díaz

Avivamiento para Sión

¿Cómo se ora pidiendo un avivamiento? Isaías 63:15-64:12 muestra el patrón completo: lamento porque Dios parece ausente, petición de que rasgue los cielos y descienda, confesión de que aun nuestras buenas obras son como trapo de inmundicia, y una nueva súplica a su misericordia. El avivamiento es obra soberana de Dios en vidas sencillas y obedientes.

Transcripción

Un anhelo de avivamiento para la iglesia

Muy bien. Vamos a continuar nuestro estudio de Isaías. Estábamos hablando el domingo pasado acerca de cómo es que la venganza de Dios y la justicia de Dios sobre los enemigos del pueblo de Dios son una realidad que tiene que transformar nuestras vidas: el pensar en la justicia perfecta de Dios. Entonces, habíamos estado meditando sobre el capítulo 63; nos quedamos en el versículo 14. Hoy continuamos con el capítulo 63 en el versículo 15, y creo que esta sección que vamos a ver hoy es significativa, porque muestra un patrón de cómo el pueblo de Dios tiene que venir delante de Él y cómo oramos. Eso va a quedar claro: cómo debemos orar, pero... como resultado de esa oración, el experimentar, el anhelar avivamiento. Entonces el enfoque está en este tema, en el avivamiento que el pueblo de Dios pide, y cómo se ve cuando hay avivamiento.

Creo que es sumamente importante, porque anoche, meditando sobre esto, estudiando este texto, estaba pensando: bueno, ¿qué es lo que anhelamos para nuestra iglesia? ¿Cuál es el corazón de esta iglesia? ¿Qué es lo que realmente nuestros corazones anhelan como miembros de este cuerpo? ¿Qué es lo que nos gustaría ver que suceda aquí? Y al leer estos versículos sí me sentí confrontado por esto. Sí me sentí confrontado de pensar: Señor, ¿qué es lo que importa realmente? Nos distraemos con tantas cosas que no son importantes, nos distraemos con tantas cosas triviales como iglesia, que se nos olvida qué clase de Dios tenemos: la clase de Dios que nos ha salvado y que nos ha dado sus promesas. Eso es lo que tendría que estar en nuestros corazones día y noche: Dios, ¿qué clase de Dios eres? ¿Y cómo quieres manifestarte en nosotros? Podemos esperar cosas extraordinarias de Dios, podemos esperar cosas gloriosas de parte de Dios entre nosotros, si sabemos qué clase de Dios es.

De este sentir, de este corazón que anhela avivamiento, viene lo que Pablo describió en Efesios 3:14: "Por esta causa, pues, doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien recibe el nombre toda familia en el cielo y en la tierra. Le ruego que Él les conceda a ustedes, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder por su Espíritu en el hombre interior, de manera que Cristo habite por la fe en sus corazones. También ruego que, arraigados y cimentados en amor, ustedes sean capaces de comprender con todos los santos cuál es la anchura, la longitud, la altura, la profundidad, y de conocer el amor de Cristo que sobrepasa el conocimiento, para que sean llenos hasta la medida de toda la plenitud de Dios. Y a aquel que es poderoso para hacer todo mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que obra en nosotros, a Él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén".

Ese es el sentir de Pablo para su iglesia: que podamos experimentar a Dios de maneras nuevas y más profundas todos los días, y que ese sea el propósito por el cual venimos aquí, para experimentar a Dios, para sentir a Dios en lo que está haciendo entre nosotros, verlo de una manera clara y convincente. Esto es Dios actuando en nuestros corazones para mostrar su amor, su gracia y su misericordia unos a otros, proclamar el evangelio, ver cómo la gente es transformada por este evangelio. Ese es el corazón de la Palabra de Dios hablando acerca del pueblo de Dios y de lo que tiene que apasionarnos.

Las cuatro partes de esta oración

Entonces quiero dividir en cuatro partes esta sección, esta oración de avivamiento de parte del pueblo de Dios, y que pensemos también cómo esto se refleja en nuestras propias oraciones, qué elementos; porque es evidente: cuando leamos este texto nos vamos a dar cuenta de cuáles son los elementos que comúnmente faltan en nuestra oración. Vamos a ver el lamento que hay de parte del pueblo de Dios —con eso empieza aquí—, y después viene una petición en base al carácter de Dios; y luego otra vez hay una confesión de parte del pueblo de Dios acerca de su pecado y su condición delante de Dios, que no merece lo que Dios les da; y otra vez regresa una petición, para terminar.

El lamento: parece que Dios no está actuando

Entonces empezamos con el lamento, que son los versículos 15 al 19 del capítulo 63. Y en esta parte del lamento vamos a ver dos cosas —estoy tratando de hacer esto lo más sencillo posible, para que puedan ver la estructura del pasaje—. El lamento se compone de la razón por la que el pueblo de Dios lamenta: es porque parece que Dios no está actuando en favor de su pueblo. Dios, ¿dónde estás? ¿Qué estás haciendo? No te vemos, parece que no estás presente en nuestras vidas. Pero el pueblo de Dios sabe algo acerca de Dios, y lo que saben acerca de Dios es que Dios nos ama como un padre ama a sus hijos.

Entonces véanlo en el texto. Dice: "Mira desde el cielo y ve desde tu santa y gloriosa morada. ¿Dónde está tu celo y tu poder? La conmoción de tus entrañas y tu compasión para conmigo se han restringido. Porque tú eres nuestro Padre, aunque Abraham no nos conoce ni nos reconoce Israel. Tú, oh Señor, eres nuestro Padre; desde la antigüedad tu nombre es nuestro Redentor. ¿Por qué, oh Señor, nos haces desviar de tus caminos y endureces nuestro corazón a tu temor? Vuélvete por amor de tus siervos, las tribus de tu heredad. Tu pueblo santo poseyó tu santuario por breve tiempo, pero nuestros adversarios lo han pisoteado. Hemos venido a ser como aquellos sobre los que nunca gobernaste, como aquellos que nunca fueron llamados por tu nombre".

Entonces, recuerdan, el domingo pasado estábamos viendo que ya Isaías, dentro de lo que estaba revelando acerca del pueblo de Dios, cuestionaba en el versículo 11: "¿Dónde está...?" —o sea, pensando en el Dios que sacó a Israel de Egipto, dice: ¿dónde está ese Dios?—. "¿Dónde está el que los sacó del mar con los pastores de su rebaño? ¿Dónde está el que puso su Santo Espíritu en medio de ellos?". Y entonces ahora dice: mira desde el cielo, Dios, y esta barrera que hay entre el cielo y la tierra, quítala; manifiéstate tú, Dios del cielo, creador de todas las cosas, en nuestras vidas aquí, de una manera real, de una manera tangible. "Mira desde el cielo y ve desde tu santa y gloriosa morada, ¿dónde está tu celo y tu poder?". Eso es lo que queremos experimentar: tu celo y tu poder. "La conmoción de tus entrañas" —o sea, tus partes más profundas como Dios, la esencia de tu ser, que es tu compasión—: no restrinjas eso. Se siente como que estás restringiendo tu compasión hacia tu pueblo.

Y esta misma palabra en hebreo, "restringido", que aparece en el versículo 15, es la misma palabra con la que va a terminar esta oración, en el versículo 12 del capítulo 64, cuando dice: "¿Te detendrás ante estas cosas, oh Señor? ¿Te restringirás?". Esa es la misma idea del versículo 15. Entonces lo que quiere es: no te restrinjas, Dios, muéstrate, muéstranos la clase de Dios que eres entre nosotros; queremos ver esa realidad de una manera tangible, porque sabemos qué clase de Dios eres. Miqueas 7:18 dice: "¿Qué Dios hay como tú, que perdona la iniquidad y pasa por alto la rebeldía del remanente de su heredad? No persistirá en su ira para siempre, porque se complace en la misericordia". El corazón de Dios, la esencia de Dios, lo que el pueblo sabe, es que quiere mostrar su misericordia, su compasión hacia nosotros. Él se complace, le trae gozo mostrar eso. Así que, si sabemos eso acerca de Dios, le pedimos: muéstranos eso, Dios.

Y luego dice: "porque tú eres nuestro Padre". Yo sé cómo es un papá con sus hijos: los amo profundamente, y haría todo por ellos, y su bienestar es mi prioridad. Todos los que tenemos hijos entendemos esa relación. Pero todos los padres también entendemos que nuestros hijos a veces se comportan de maneras que nos avergüenzan: de repente hacen berrinches, de repente patean, de repente gritan. Y si estás en la tienda y hay gente viendo, haces como que es de otra persona ese niño. Bueno, para ser honestos, eso nos hacen nuestros hijos, pero nosotros también se lo hicimos a nuestros padres, así que no nos podemos quejar demasiado. Cada vez que mis hijos hacían algo, yo trataba de recordar: creo que yo era peor. Entonces me tranquilizo.

Y esto es lo que dice Isaías: si viniera Abraham, no nos reconocería. No nos estamos comportando como hijos tuyos. Israel no nos reconocería; nos hemos desviado, realmente no estamos actuando como tus hijos. Es nuestro papá, pero ellos, nuestros ancestros, los patriarcas, nos desconocerían; dirían: no, no parecen mis descendientes, aquellos a quienes se les hizo la promesa. "Desde la antigüedad tu nombre es nuestro Redentor": tú le prometiste eso a Abraham, y a Isaac, y a Jacob. Entonces nosotros tenemos que comportarnos de la misma manera, como que esa es la herencia que recibimos de parte de ti.

Y entonces dice el versículo 17 —y aquí el texto es un poquito difícil de entender—, porque dice: "¿Por qué, oh Señor, nos haces desviar de tus caminos y endureces nuestro corazón a tu temor?". Parece que Isaías está culpando a Dios de su desobediencia. No. Lo que realmente está diciendo es: ¿por qué es que aparentemente no haces nada, cuando tú sabes que te necesitamos tan desesperadamente para salvarnos de nuestros pecados y de los pecados de nuestros enemigos? O sea, si tú no intervienes, estamos completamente sin esperanza. Por eso es que lo pone de esa manera. Por eso es que dice: es que, Señor, si tú no haces algo, entonces ¿qué esperas? ¿Que nosotros podamos salvarnos a nosotros mismos? Si tú no cambias nuestro corazón, nosotros —como dice Juan 8:34— somos esclavos del pecado; no podemos hacer nada por nuestra propia cuenta y por nuestra propia fuerza de voluntad.

Pero, además, lo que está reconociendo es que Dios nos ha dejado a nuestra propia naturaleza como parte de su obra de disciplina en nuestras vidas. O sea, Dios a veces nos deja a nosotros mismos y a nuestros deseos, para enseñarnos cómo es vivir la vida sin Él. Y puedes leer el libro "Si Dios es bueno, ¿por qué existe el mal?", porque ese es uno de los propósitos de ese libro: mostrar que hay un propósito bueno que Dios tiene en permitir que exista el mal en este mundo, y en dejarnos ver algunas de las consecuencias del pecado en este mundo, cómo se ve un mundo sin Dios, cómo se ve la realidad de nuestras vidas sin Dios. A veces Dios nos deja experimentarlo un poquito, no completamente, pero un poquito, y es una obra de disciplina en sus propios hijos. Y por eso lo describe así Isaías, y dice: Señor, tú nos haces desviar de tus caminos, tú endureces nuestro corazón a tu temor, porque básicamente nos has dejado a nosotros mismos para mostrarnos la gravedad de nuestro pecado. Pero seguimos siendo responsables delante de ti.

Y luego dice, entonces, la respuesta: sí, Dios, tú nos has dejado a nosotros mismos, así que la única esperanza que puede existir para nosotros es lo que dice al final del versículo 17: "Vuélvete por amor de tus siervos, las tribus de tu heredad". La única esperanza que podemos tener es si tú intervienes de alguna manera; tú tienes que intervenir, Señor. Y luego dicen los versículos 18 y 19: "Tu pueblo santo poseyó tu santuario por breve tiempo, pero nuestros adversarios lo han pisoteado. Hemos venido a ser como aquellos sobre los que nunca gobernaste, como aquellos que nunca fueron llamados por tu nombre". Esto en parte está profetizando realidades futuras: la destrucción del templo un siglo después, por los babilonios. Y está sentando un antecedente para otros personajes que vendrán, como Daniel, que van a decir: Señor, tú has prometido estas cosas, así que nosotros apelamos a tus atributos, y a tu carácter, y a tu fidelidad como Dios, para que tú contestes a tu pueblo y tú restaures a tu pueblo.

La petición: "¡Oh, si rasgaras los cielos!"

Lo cual nos lleva ahora sí al capítulo 64. Entonces empieza con este lamento de por qué parece que Dios no está actuando, aunque sabemos que Dios sí nos ama. Y ahora encontramos parte de la clave del avivamiento que Dios quiere hacer en nuestras vidas. ¿Por qué permite Dios estas temporadas de tribulación y de aflicción, y de sentirlo lejos? ¿Por qué lo permite Dios? Para despertar en nosotros un sentimiento de necesidad y de pasión por Él que no existiría de otra manera.

Entonces viene esta petición, el versículo 1 del capítulo 64. Vean esa primera palabra, ¿cuál es? "Oh". ¿Qué representa esa palabra? Expresa un deseo dentro de nosotros tan profundo de que Dios se manifieste en nuestras vidas. Y esa es la raíz del avivamiento, es este deseo: Señor, sí quiero que tú estés presente aquí; sí quiero que tú seas evidente en todo lo que la gente puede ver de mi vida. Y ese es el corazón de la oración, ¿no es cierto? Cuando Jesús nos enseñó a orar, ¿qué dijo? "Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo". Es esta pasión por la manifestación de Dios en nuestra realidad. O sea, aprendemos, hermanos, aprendemos a orar no de escuchar a otros orar, sino de leer la Biblia.

¿Y cuál es la petición? Otra vez, esto es muy parecido a lo que leímos en el versículo 15, que decía: "Mira desde el cielo y ve desde tu santa y gloriosa morada" —manifiéstate aquí—. Lo repite, regresa esa misma idea, y dice: "¡Oh, si rasgaras los cielos y descendieras!". Si se abriera esta cortina que hay entre tú y nosotros, para que pudiéramos verte siendo manifestado entre nosotros... No habría mayor gozo en nuestros corazones que ver que tú descendieras a la tierra. "Si tan solo hubieras rasgado los cielos y descendieras", es literalmente como se lee. "Si los montes se estremecieran ante tu presencia". Y aquí van a encontrar "tu presencia", en estos primeros tres versículos, siendo repetido tres veces. El anhelo es la presencia de Dios: tu presencia va a hacer que los montes se estremezcan, tu presencia hará que las naciones tiemblen, "los montes se estremecieron ante tu presencia cuando descendiste".

Entonces, toda la idea que está detrás de esto... hay tanto que podríamos decir, pero solo quiero hacerlos pensar que de hecho esta petición tiene un cumplimiento unos 600 años después, en Marcos 1:10, cuando se abrieron los cielos, pero en vez de ver la ira y la justicia de Dios descendiendo, baja una paloma y dice: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia". Eso fue, en primera instancia, el cumplimiento de que se abrieran los cielos y descendiera Dios entre nosotros. Pero ya hemos visto que eso se ha cumplido, y ahora aún más podemos anhelar esta realidad: Señor, tú ya descendiste, así que muéstranos esa realidad hoy a nosotros como tu pueblo. ¿Cómo se ve que tú estás entre nosotros? Y me encanta la descripción del versículo 2, porque la descripción del versículo 2 tiene esta imagen. Dice: "Como el fuego enciende el matorral, como el fuego hace hervir el agua". Es decir, sin el fuego no puede haber el calor de una fogata, no hay cambio, sigue siendo igual; necesitan una intervención extraordinaria esos palos y esa leña, para que se conviertan en algo útil. El agua, para poder hervir, necesita que esté el fuego debajo y la purifique. Ese es el tipo de cosa dramática, de cosas extraordinarias que esperamos de parte de Dios. O sea, nosotros no podemos por nosotros mismos hacer el cambio que es requerido; necesitamos la intervención poderosa y magnífica de Dios. Como el fuego es a nuestra experiencia humana, el fuego de Dios es a nuestra experiencia espiritual. ¿Para qué? "Para dar a conocer tu nombre a tus adversarios". Convierte, Señor, a tus enemigos en adoradores. Y tú eres el único que puede hacer eso, porque nosotros éramos tus enemigos; tú haces ese cambio en nosotros, para que ahora nosotros estemos postrados delante de ti y te estemos dando la gloria a ti.

Dios actúa de maneras inesperadas

Entonces, la petición es que descienda su presencia. Y luego leemos en el versículo 3: "Cuando hiciste cosas terribles que no esperábamos y descendiste, los montes se estremecieron ante tu presencia". Lo cual nos muestra que la petición no nada más es que descienda su presencia, sino que descienda su presencia de una manera que reconocemos que es la única manera en que Dios hace las cosas: soberanamente. "Cuando hiciste cosas terribles que no esperábamos". ¿No les encanta esa manera de describir a Dios? Tú vas a hacer algo completamente inesperado en nuestras vidas, porque así ha sido a lo largo de toda la historia. Dios siempre ha actuado en maneras inesperadas.

De repente está el pueblo de Dios acorralado, porque vienen los egipcios y está el mar de este lado, y ¿qué vamos a hacer? Y empiezan a desesperarse: no sabemos cómo Dios nos puede salvar, ahora sí vamos a perecer todos. Y de repente, ¿qué hace Dios? Abre el mar, y pasan en seco, y después con ese mismo mar destruye a los enemigos de Dios. Es más: lo que hemos estado leyendo acerca de este Siervo sufriente. Aunque estaba revelado en Isaías —"la virgen concebirá y dará a luz un hijo"—, y había todas estas profecías que estaban apuntando hacia una realidad futura, ¿fue la manifestación de este Siervo sufriente la manera en que estaba esperando el pueblo que sucediera? ¿Un pesebre? Así, Señor, ¿así es como te quieres manifestar? Nadie esperaba que eso sucediera. Y después dicen: ya, aquí está nuestro libertador, aquí está el Mesías que hemos estado esperando. Pero ¿cómo termina? En una cruz; lo matan. Eso no se suponía que era la manera en que te tenías que manifestar, Dios. Y luego, ya muerto, dicen: bueno, ha muerto, ya no podemos esperar nada más; tenemos una buena memoria de él y de sus enseñanzas, eso es todo lo que nos queda. Y de repente resucita. Otra vez, aunque ya lo había profetizado, es completamente inesperado para el pueblo de Dios; no se imaginaban que Dios iba a actuar de esa manera.

Y después llega el día de Pentecostés, y ahí están nada más todos orando y juntos como comunidad, y de repente entra un fuerte viento, y de repente surgen llamas de fuego sobre sus cabezas, y de repente empiezan a hablar en lenguas. Algo que no estaban pidiendo, algo que no estaban esperando; simplemente sucedió por la soberana voluntad de Dios, completamente inesperado. Y después todavía más: sigues en el libro de Hechos, y tienes al que está persiguiendo a la iglesia, matando a cristianos, y dicen: este representa a los enemigos de Dios, él es lo contrario al cristianismo, él se opone a nosotros. ¿Y qué hace Dios? Lo salva, para convertirlo en su principal voz entre las naciones gentiles. Dios hace cosas inesperadas.

Y yo estoy seguro de que, platicando con todos ustedes y conociendo sus historias, ustedes me dirían lo mismo: yo sería la última persona en estar aquí hoy. Pero Dios hace cosas inesperadas. Yo no lo estaba buscando, yo no estaba pidiéndole a Dios que se manifestara en mi vida; yo ni siquiera... yo estaba viviendo mi vida con otras preocupaciones y con otras prioridades, y de repente Dios me encontró donde yo estaba, y no pude resistirme a su gracia y a su manifestación en mi vida. Eso es de lo que está hablando el versículo 3: la clase de cosas radicales y extremas que Dios hace en la historia de la humanidad.

El avivamiento es obra soberana de Dios

El avivamiento en la iglesia de Dios es una obra de Dios, una obra soberana. He leído de la historia de la iglesia, de las cosas que pasaban en el ministerio de George Whitefield: a veces predicaba y la gente decía "qué bonito sermón" y se iban. También pasó en la vida de Jonathan Edwards: predica un sermón sobre la ira de Dios, "Pecadores en manos de un Dios airado", y lo predica en su iglesia, y todos se van a su casa y "qué interesante". Y va y lo predica en otro lugar, el mismo sermón, y de repente todos están de rodillas, arrepentidos, llorando delante de Dios, y Dios trae una nueva ola de avivamiento, por el mismo sermón que ya había predicado y que parecía que no tenía ningún efecto en la gente.

Lo cual, para nosotros los predicadores, es un gran consuelo. Yo tengo la responsabilidad de hablar aquí delante de ustedes lo que está en la Palabra de Dios, pero la transformación es obra de Dios, y no hay nada que yo pueda hacer para cambiarlos a ustedes. Yo puedo apelar a todas las cosas que la Palabra de Dios está diciendo y a sus promesas, pero el resultado que haya hoy, y en cualquier domingo de esta iglesia, no depende del que está aquí enfrente. Así que no me tengo que preocupar, no tengo que decir: "ay, Señor, por favor, ojalá y alguien venga y me diga después del sermón: ay, qué bonito sermón, cómo me conmovió, hermano". Necesito esa afirmación en mi vida. No, no la necesito, porque Dios hace la obra, no yo.

En China, en 1950, había más o menos un millón de chinos cristianos; hoy se estima que hay 100 millones de chinos cristianos. Y eso en medio de persecución, en un país que está en contra del cristianismo normalmente. ¿Qué necesitamos? ¿Que nuestras leyes sean más favorables a los cristianos? ¿Esa es la solución? No. Lo que necesitamos es que Dios haga su obra soberana, inesperada. Eso es lo que necesitamos.

El versículo 4 dice: "Desde la antigüedad no habían escuchado ni puesto atención, ni el ojo había visto a un Dios fuera de ti que obrara a favor del que esperaba en Él. Sales al encuentro del que se regocija en practicar la justicia, de los que se acuerdan de ti en tus caminos". Señor, manifiéstate como la clase de Dios poderoso que eres. Espera grandes cosas de Dios, pide grandes cosas de Dios. ¿Pero a través de quiénes se va a manifestar? ¿A través de quiénes va a ser su avivamiento, Dios? ¿De los más inteligentes aquí, de los que han estudiado en un seminario o un instituto bíblico, de los que tienen más carisma para hablar o que saben cómo presentarse delante de los demás, de los que aparentemente tienen más dones y talentos? ¿A través de ellos va a ser su obra de avivamiento, Dios? ¿O a través del camino sencillo y ordinario de la obediencia a Dios? ¿Qué dice el texto? "Sales al encuentro del que se regocija en practicar la justicia, de los que se acuerdan de ti en tus caminos". Hermanos, ¿quieren experimentar la presencia de Dios en sus vidas? Simplemente, aquí está la clave, el gran misterio: simplemente usen sus vidas para acordarse de quién es Dios, y traten de reflejar a ese Dios en cómo viven. Ese es el gran misterio del avivamiento, es la gran clave y el gran secreto que ustedes no sabían acerca de cómo experimentar la presencia de Dios en sus vidas: vivan una vida simple y sencilla de obediencia a Dios. Eso es todo. No tienen que ser vistos por nadie, no tienen que ser reconocidos por nadie; simplemente busquen conocer a este Dios y reflejarlo, y Dios se manifestará poderosamente ahora.

La confesión: somos peores de lo que creemos

Es la petición. A continuación, en la oración de avivamiento que está haciendo el pueblo de Dios, tenemos ahora lo que viene de la segunda mitad del versículo 5 hasta el versículo 7, que es confesión. Vean lo que dice: "Pero te enojaste porque pecamos; continuamos en los pecados por mucho tiempo, ¿y seremos salvos?". ¿Ven cómo cuestionan esta verdad de la misericordia de Dios? O sea, llegan a este momento en el que están pidiendo la presencia de Dios y están diciendo "sí, Señor, manifiéstate en nuestras vidas", pero de repente se detienen y reflexionan en quiénes son y cómo han sido delante de Dios, y dicen: bueno, Señor, no lo merecemos. Entendemos esa parte todos nosotros.

Versículo 6: "Somos como el inmundo". Entonces tiene aquí todas estas comparaciones: "como el inmundo", "como trapo de inmundicia todas nuestras obras justas" —esto es una referencia a lo que leemos en Levítico 15:19-24, que es acerca de los trapos de menstruación y de cómo eso muestra un estado de suciedad—, "todos nos marchitamos como una hoja, y nuestras iniquidades, como el viento, nos arrastran". ¿Ven todas esas comparaciones? Miren, hay algo aquí que está pasando, y esto es lo que se nos olvida cuando oramos. Cuando oramos, normalmente llegamos a Dios con una petición y le decimos: Señor, haz esto, por favor, haz esto. Y ahí termina nuestra oración: Señor, te pedimos que nos sanes; te pedimos que nos proveas trabajo; Señor, te pedimos que nos bendigas. Siempre estamos pidiendo cosas de parte de Dios.

Y déjenme decirles algo que queda claro aquí en el texto: si no nos detenemos en algún punto de la oración a confesar nuestros pecados, entonces le estamos pidiendo a Dios cosas como si él nos debiera esas cosas. Tú tienes la obligación, Dios, de contestarme; tú tienes la obligación de darme lo que te pido. Así estamos orando constantemente si no nos detenemos primero a pensar en nuestra condición delante de Él, a confesar. No estamos entendiendo correctamente esta relación que tenemos con Dios, porque Dios no tiene obligación de nada para con nosotros. Estamos apelando a su gracia, y a su misericordia, y a su compasión para darnos las cosas, pero la única manera en que eso queda claro es si yo primero confieso mis pecados y digo: sí, Señor, soy culpable, yo sé que no lo merezco.

Así que la confesión es una parte esencial de la oración. No se nos olvide incluir eso cada vez que oramos, cada vez que venimos delante de Dios: Señor, aquí estoy pidiéndote esto; yo sé lo que soy delante de ti, yo sé cómo es mi corazón delante de ti, pero no quiero orar como la mayoría de la gente ahora, nada más exigiéndote cosas. Quiero venir delante de ti en humildad, y la única manera de venir delante de ti con humildad es reconociendo mi propio corazón pecador delante de ti. Y eso implica, hermanos, que todos aquí somos peores de lo que creemos. Nos elevamos mucho más en nuestra espiritualidad y madurez, y tratamos de pensar: no soy tan malo; o sea, mira, Dios, realmente sí le estoy echando ganas, mira, realmente sí soy una buena persona. Este pueblo reconoce que es peor de lo que cree.

Y vean entonces lo que dice el versículo 7: "No hay quien invoque tu nombre, quien se despierte para agarrarse de ti, porque has escondido tu rostro de nosotros y nos has entregado al poder de nuestras iniquidades". Entonces, ¿qué? Podría haber hecho un sermón solamente acerca de estos versículos, pero quiero resumírselos. Cuando dice "como trapo de inmundicia todas nuestras obras", ¿qué es como trapo de inmundicia? ¿Nuestro pecado? No es lo que dice el texto. No estoy reconociendo "ah, mi pecado es como inmundicia delante de ti". ¿Qué es lo que dice que es inmundicia? Las cosas buenas que hago son como inmundicia. No solo apesta mi pecado: las cosas buenas que hago también apestan. Eso sí nos cuesta trabajo reconocerlo. No, mira, Dios, qué bien prediqué el domingo, eh, tiene que ganarme algo. Eso no.

La otra imagen que usa es "nos marchitamos como una hoja": somos frágiles. Señor, ayúdame a reconocer mi fragilidad. Me hago el fuerte, pienso que soy fuerte, pienso que puedo resistir la tentación, pienso que soy la gran cosa. Señor, ayúdame a entender mi verdadera fragilidad delante de ti. Y además de todo eso, no nada más es que mi pecado apesta y mis buenas obras apestan, no nada más soy frágil, sino que además tengo que reconocer que mi pecado me envuelve fácilmente. Como el viento sopla y se lleva las cosas, y el polvo y las hojas son arrastradas completamente con el viento, de esa misma manera viene el pecado a mi vida y me arrastra. Tengo que reconocer que no tengo ninguna fuerza ante el mal de la naturaleza que hay en mí, pecaminosa.

En otras palabras, ¿qué está pidiendo el texto cuando confesamos? Señor, necesitamos que nos salves de nosotros mismos. Ahí está, esa es al final la esencia de lo que está diciendo el texto, la esencia de nuestra oración. Entonces la confesión es que somos culpables y que merecemos las consecuencias del juicio de Dios. Por eso el versículo 7 dice "nos has entregado al poder de nuestras iniquidades"; es decir, cuando sufrimos las consecuencias de nuestro pecado, es enteramente lo que merecemos. No podemos quejarnos, no podemos decir que Dios está siendo injusto cuando sufrimos un poco de lo que el pecado es en nuestras vidas.

La última petición: Padre y alfarero

Lo cual nos lleva ahora al versículo 8, que es otra vez una petición. Nuevamente regresa a pensar quién es Dios el pueblo de Dios, y dice el versículo 8: "Pero ahora, oh Señor, tú eres nuestro Padre; nosotros el barro y tú nuestro alfarero; obra de tus manos somos todos nosotros". ¿Se dan cuenta de estas imágenes? ¿Cuál es la petición? Bueno, el versículo 9. ¿Cuál es la petición? Sabemos que tienes el derecho a enojarte, Dios; sabemos que tú podrías ir con todo contra nuestro pecado y no serías injusto ni en la más mínima manera, pero estamos apelando a tu misericordia y a tu amor. Señor, queremos que tengas memoria selectiva: o sea, acuérdate de tu misericordia y de tu bondad para con tu pueblo, y olvídate de nuestro pecado; o sea, de esa parte no te acuerdes. Acuérdate de lo que dices tú acerca de ti mismo, de la clase de Dios que eres; de eso sí acuérdate. "Mira, te rogamos, todos nosotros somos tu pueblo". Estamos simplemente delante de ti, pidiéndote, rogándote, porque es nuestra única esperanza: tu misericordia en nuestras vidas. ¿En dónde más vamos a poner nuestra esperanza?

Entonces hay dos características que muestra el texto, que reconocen. Una es: Dios es un padre. Esto es lo que estoy apelando: es que tú eres nuestro papá, tú eres como el padre que ama a su hijo, y yo sé que lo que haces siempre va a ser lo mejor para tus hijos, y que tu castigo no durará para siempre, porque tu castigo es para enseñarnos algo acerca de ti mismo.

Para eso es. Esa es la razón por la cual nosotros, padres, castigamos a nuestros hijos, disciplinamos a nuestros hijos: es porque sabemos que no les va a gustar, sabemos que van a llorar, pero sabemos que es lo mejor para ellos. Entonces nosotros hacemos la misma apelación con Dios y decimos: Dios, sabemos que eres nuestro Padre, y sabemos que yo soy papá con mis hijos, yo sé cómo los disciplino, así que yo recibo tu disciplina de la misma manera; pero muéstrame por qué lo estás haciendo, Señor, trae el fruto de tu disciplina a mi vida.

Y la otra cosa que dice es que Él es como un alfarero. Entonces aquí está apelando a otra realidad. ¿Qué nos dice la descripción de alfarero acerca de Dios? Que Él tiene todo el poder sobre nosotros, Él hace lo que quiere hacer. Así que le decimos: haz lo que sea que tengas que hacer, porque tú puedes hacer lo que quieras. Pero eres bueno, y también eres todopoderoso. Ahí están los dos atributos siendo mostrados: como Padre, Él es amoroso; y como alfarero, Él es todopoderoso. ¿Son compatibles esas dos verdades? ¿Puede Dios ser completamente bueno y también completamente todopoderoso, y aun así permitir un mundo de mal y de pecado? Sí. Lean "Si Dios es bueno, ¿por qué existe el mal?".

Las ruinas de la ciudad y las ruinas de nuestras vidas

Entonces: recuerda tu pacto con tu pueblo, para perdonar nuestros pecados. Y aquí es donde termina el pasaje y la oración para el avivamiento en el pueblo de Dios. Dice: "Tus ciudades santas se han vuelto un desierto, Sion se ha convertido en un desierto, Jerusalén en una desolación. Nuestra casa santa y hermosa, donde te alababan nuestros padres, ha sido quemada por el fuego, y todas nuestras cosas preciosas se han convertido en ruinas". Esto se cumplió literalmente en la destrucción de Jerusalén, pero está hablando de una realidad más profunda, y eso es lo que hemos estado viendo a lo largo de todo el libro de Isaías. Esa realidad más profunda es que la ciudad se convierte en una analogía de nuestras propias vidas. Por eso es que leíamos en el capítulo 62, versículo 12: "Y los llamarán pueblo santo, redimidos del Señor; y a ti te llamarán ciudad deseada, ciudad no abandonada".

La restauración de Dios en nuestras vidas es usada aquí como una analogía de ver nuestras vidas como una ciudad. Nuestro pecado ha hecho ruinas de nuestras vidas; somos como una ciudad que ha sido despedazada y destruida. Y entonces venimos delante de Dios para pedir que Él sea el que nos reconstruya, como Jerusalén sería reconstruida bajo Esdras y Nehemías, Josué y Zorobabel. Esa realidad física y literal se convierte en nuestra misma esperanza, a través de la misericordia de Dios, para cada uno de nosotros, al reconocer nuestra condición.

Dios está siendo paciente contigo hoy

Lo cual me lleva a recordarles simplemente estas verdades, y con eso terminamos hoy esta sección de Isaías. 2 Pedro 3:9 dice: "El Señor no se tarda en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con ustedes, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento". Dios te está llamando hoy, ¿a qué? Al arrepentimiento. Es la única razón, dice la Biblia; la única razón por la cual Dios es paciente: para que tengamos tiempo de arrepentirnos. Así que tú estás aquí hoy: ¿sabes qué significa que estás aquí hoy? Dios está siendo paciente contigo. ¿Y sabes por qué está siendo paciente? Porque quiere que hoy vengas delante de Él en arrepentimiento; que hoy confieses estos pecados, que hoy le digas: sí, Señor, he fallado, mi pecado es como inmundicia, mis buenas obras son como inmundicia, soy frágil, soy llevado por el viento de mi pecado todo el tiempo. Aquí estoy, Señor, lo confieso; apelo a tu misericordia y a tu gracia en mi vida, porque, Jesús, los cielos ya se abrieron, ya descendiste, ya te manifestaste entre nosotros en la persona de Cristo Jesús, y en Él está mi esperanza, porque Él vivió la vida perfecta que yo no podía vivir y Él murió la muerte que yo tenía que morir, para que hoy yo pudiera tener esperanza de ser reconciliado contigo.

1 Pedro 5:6 dice: "Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él los exalte a su debido tiempo, echando toda su ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de ustedes". Entonces, hermanos, Hebreos 10:19: "Puesto que tenemos confianza para entrar al Lugar Santísimo por la sangre de Jesús, por un camino nuevo y vivo que Él inauguró para nosotros por medio del velo, es decir, su carne, y puesto que tenemos un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, teniendo nuestro corazón purificado de mala conciencia y nuestro cuerpo lavado con agua pura. Mantengamos firme la profesión de nuestra esperanza sin vacilar, porque fiel es aquel que prometió".

No guardará silencio

Versículo 12: "¿Te detendrás ante estas cosas, oh Señor? ¿Guardarás silencio y nos afligirás sin medida?". ¿Se acuerdan cómo empezó el capítulo 62? Está haciendo una pregunta; es una pregunta retórica que ya tuvo una respuesta. El capítulo 62 empezó con esto, dice: "Por amor de Sion no callaré, y por amor de Jerusalén no me estaré quieto, hasta que salga su justicia como resplandor y su salvación se encienda como antorcha". Tú ya dijiste eso, Señor. Tú no te callarás, tú sí vas a actuar; así que mi pregunta ya ha sido contestada. ¿Guardarás silencio? No, no guardará silencio. ¿Te mantendrás en esta actitud de ser restringido en lo que quieres hacer en tu pueblo? No, no te vas a mantener quieto, tú vas a actuar.

Señor, no te restrinjas; sálvanos a nosotros y salva a tus enemigos, convierte a tus enemigos en adoradores; muestra tu misericordia y amor aunque merecemos tu ira; restaura las ruinas de nuestras vidas, Señor. Esta es nuestra oración hoy, Señor: que vengamos a ti como una iglesia, en humildad y en arrepentimiento, pidiendo que te muestres como realmente eres, para tu gloria y para nuestro gozo.

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