Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Isaías 66IsaíasNathan Díaz

Sión: Adoración verdadera de las naciones

¿Qué es la adoración verdadera y dónde adoramos realmente a Dios? Isaías 66 responde que a Dios no le importan nuestros edificios ni nuestras liturgias, sino el corazón humilde y contrito que tiembla ante su palabra. El capítulo final del libro contrasta el juicio sobre la adoración falsa con la adoración eterna de todas las naciones en los nuevos cielos y la nueva tierra.

Transcripción

El final de Isaías

(La grabación comienza con el mensaje ya iniciado.)

…En realidad es el final de Isaías. Pero ayer estaba predicando en el congreso de jóvenes, estaba predicando un pasaje de Isaías, y les decía que creo que es mi libro favorito del Antiguo Testamento; es el libro que más he disfrutado descubrir de una manera nueva al predicarlo, de todos los libros que he predicado del Antiguo Testamento. Entonces espero que juntos, como iglesia, estemos teniendo un sentido de cuáles son los temas centrales; eso siempre es uno de los propósitos al predicar: mostrar los temas centrales en el libro que se están repitiendo una y otra vez, y que nos van dando una idea de cuál es el mensaje principal que Dios quería comunicar a través de ese libro.

Y hoy vamos con el capítulo 66, que, por cierto, si lo tienen en su boletín, va a tener un título diferente, porque al final lo terminé cambiando; pero bueno, este es mi último título que decidí para este mensaje. En realidad este capítulo está dividido en dos partes en cuanto al tema. Pero esto no debería extrañarles, esto debería ser algo súper familiar para ustedes del libro de Isaías: que tenga dos mensajes opuestos. ¿Qué es lo que hemos estado viendo en el libro? Juicio y salvación. Estos dos temas han estado siendo desarrollados siempre de manera paralela a lo largo del libro; entonces Isaías dice algunos versículos que tienen que ver con el juicio de Dios, o del pecado, sobre la nación, sobre la idolatría, y después inmediatamente, normalmente, en la mayoría de secciones que hemos estado viendo, viene algo de consuelo, de esperanza, de misericordia, de gracia, de cómo Dios quiere salvarlos, de cómo Dios quiere ser fiel a sus promesas, a su pacto. Entonces esos dos temas siempre se están desarrollando en paralelo, y este último capítulo es un buen resumen del libro en ese sentido. Cómo van a ver que va cambiando el enfoque del grupo de personas del que está hablando y del destino de ese grupo de personas; lo vamos a ir leyendo.

¿Dónde adoramos a Dios?

Y estos primeros dos versículos del capítulo 66 en realidad presentan una pregunta. Y esta es la pregunta —aunque la pregunta en realidad es dónde vive Dios, pero la idea detrás de eso es dónde adoramos a Dios—. ¿Por qué? El templo que Dios le mandó construir específicamente a Salomón —en un momento vamos a leer un versículo donde Salomón reflexiona acerca de la realidad del templo—, el templo representaba el lugar de adoración a Dios; ese es el lugar donde estaba la presencia de Dios, ahí ibas para adorar a Dios, encontrarte con Dios.

Y entonces este capítulo comienza con esa pregunta. Dice: "Así dice el Señor: el cielo es mi trono y la tierra el estrado de mis pies. ¿Dónde, pues, está la casa que podrían edificarme? ¿Dónde está el lugar de mi reposo? Todo esto lo hizo mi mano" —o sea, todo el mundo, todo el universo— "y así todas estas cosas llegaron a ser, declara el Señor".

Entonces Salomón, en 1 Reyes 8:27, se encuentra con este mismo dilema. Dice: "A ver, hicimos este lugar que supuestamente es el lugar donde nos encontramos con Dios, es como su casa; pero si Dios es Creador de todo el universo, ¿cómo podría estar en un lugar nada más? Él es mucho más grande que eso". Y entonces Salomón dice: "Pero, ¿morará verdaderamente Dios sobre la tierra? Si los cielos y los cielos de los cielos no te pueden contener, ¡cuánto menos esta casa que yo he edificado!". 1 Reyes 8:27.

Entonces tenemos un pequeño dilema aquí que está tratando de crear Dios mismo, que es: ¿dónde se van a encontrar ustedes conmigo?, ¿dónde va a ser este lugar en el cual ustedes pueden adorarme realmente? Y esto es el Antiguo Testamento, eh; no crean que… Realmente, la manera en que se armoniza el Nuevo y el Antiguo Testamento siempre es sorprendente, porque sí se armonizan; no es que en realidad hay un mensaje acá y otro mensaje acá. Esta pregunta va a surgir nuevamente en el Nuevo Testamento: ¿dónde realmente se encuentra Dios con su pueblo?, ¿cómo se da esta relación?, ¿en un lugar?

Miren, ya pintamos muy bonito para nuestro aniversario, tratamos de tener este lugar lo mejor posible; pero este lugar realmente no importa, este lugar es lo de menos. A Dios no le importan nuestros edificios, a Dios no le importan nuestras liturgias. ¿Qué es lo que le importa a Dios? Bueno, nada más tienen que seguir leyendo, ¿verdad?: "Pero a este miraré: al que es humilde y contrito de espíritu, y que tiembla ante mi palabra".

¿Dónde adoramos a Dios? ¿Dónde nos encontramos con Dios? En nuestro corazón, en la actitud de nuestro corazón, cómo venimos delante de él. Entonces venimos en un espíritu contrito y humilde. Y eso es exactamente lo que pasó entre Jesús y la mujer samaritana, cuando Jesús le dijo: "Mujer, cree lo que te digo: la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adorarán ustedes al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos" —judíos, samaritanos— "porque la salvación viene de los judíos. Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque ciertamente a los tales el Padre busca que lo adoren. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben adorar en espíritu y en verdad". Él habita en el corazón de los adoradores.

Ahora pueden entender por qué cambié el título del mensaje: porque me di cuenta de que sí tiene que ver todo este capítulo con la gloria eterna para las naciones, pero hay un enfoque más particular en este capítulo, que es la adoración. La adoración está al centro de este capítulo: adoración verdadera y adoración falsa. Aquí estamos hablando del tipo de adoración verdadera que Dios espera de su pueblo.

Temblar ante su palabra

Y hay otra cosa que dice también, aparte del corazón; ¿se dan cuenta de qué más dice? "Y que tiembla ante mi palabra". Entonces también adoramos a Dios en reverencia ante su Palabra. ¿Cómo venimos ante su Palabra, cuando leemos su Palabra? ¿Cuál es nuestra actitud cuando abrimos este libro? ¿Y cuál es nuestra actitud cuando venimos el domingo a escuchar su Palabra, este momento que estamos haciendo ahorita? ¿Cuál es nuestra actitud en este momento ante su Palabra? ¿Es de reverencia, o es "preferiría estar en otro lugar, preferiría estar en mi casa, estaría viendo un partido de futbol, preferiría estar en el parque"? Hay tantas cosas que podríamos estar haciendo en lugar de estar haciendo esto.

¿Pero sabían que la predicación también es adoración? Ahorita estamos adorando a Dios. No es nada más cuando estábamos cantando, no es nada más lo que tradicionalmente pensamos que es la adoración: ahorita estamos adorando, porque estamos abriendo la Palabra de Dios y tenemos una actitud ante su Palabra, y eso también es adoración. Entonces la reverencia ante su Palabra es parte de lo que la adoración representa en el verdadero pueblo de Dios.

Como dice Pablo en 1 Tesalonicenses 2:13: "Por esto también nosotros sin cesar damos gracias a Dios de que, cuando recibieron la palabra de Dios que oyeron de nosotros, la aceptaron no como la palabra de hombres, sino como lo que realmente es, la palabra de Dios, la cual también hace su obra en ustedes, los que creen".

Entonces, ¿cuál es la actitud con la que venimos a la iglesia? ¿Para evaluar a otros y ver qué podemos criticar de los demás? ¿Nosotros somos los que juzgamos, o es la Palabra de Dios la que nos juzga a nosotros? ¿Venimos listos para ser confrontados nosotros ante lo que él nos dice domingo tras domingo? Y también, a lo largo de la semana, en nuestra lectura de su Palabra deberíamos estar siendo confrontados todos los días, y siempre con una actitud de reverencia. Esa es la razón por la cual Apocalipsis 2 y 3, las cartas a las siete iglesias, siempre tienen esta frase que debería ser muy familiar para nosotros, ¿no?: "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias". Escuchar con oídos espirituales la Palabra de Dios; no oídos físicos, sino oídos espirituales: "Señor, abre los oídos de mi corazón a tu Palabra".

El juicio a la falsa adoración

Bueno, esto nos lleva a un cambio, otra vez, como es típico de Isaías: un giro dramático para confrontar al pueblo de Dios ante su adoración falsa. Esto es lo que es la verdadera adoración: un espíritu contrito y humilde, reverencia a su Palabra, el que tiembla ante su Palabra. Pero el contraste es este, versículo 3, y es un juicio a la falsa adoración. Y aquí me voy a brincar un poquito —yo sé que normalmente tratamos de ir en orden—, pero quiero mostrarles que está a lo largo de todo este pasaje estos juicios, y nada más los voy a señalar para que vean dónde están, porque son los juicios a la falsa adoración.

Versículo 3: "El que mata un buey es como el que mata

a un hombre; el que sacrifica un cordero, como el que desnuca un perro; el que presenta ofrenda de cereal, como el que ofrece sangre de cerdo; el que quema incienso, como el que bendice a un ídolo".

Entonces, ¿qué está diciendo? Está diciendo que ustedes pueden hacer externamente todo lo correcto, ustedes pueden estar trayendo los sacrificios correctos; sin embargo, en realidad esos sacrificios —que sí son los que yo pedí—, pero la manera en que los traen, la razón por la que los traen, la actitud con la que los traen, hacen que sean una abominación, como lo que está describiendo ahí. O sea, no es que esté trayendo carne de cerdo —perdón, sangre de cerdo—: está trayendo la ofrenda que sería correcta, pero es como si fuera sangre de cerdo, porque es una abominación para Dios, porque es lo que dijo Dios: yo no quiero ese tipo de sacrificios.

Entonces está confrontando la hipocresía del pueblo, y esto lo hemos visto a lo largo de todo el libro; de hecho, así empieza Isaías —ahorita, en un ratito, vamos a ver cómo empezó Isaías y cómo está terminando—. Pero el punto es, entonces, que tanto judíos que siguen la ley al pie de la letra como paganos que tienen religiones idólatras, ambos están haciendo lo mismo: están adorando a Dios de una manera falsa. ¿Por qué? Porque están creando su propia religión, están adorando a Dios, al final del día, a su propia manera, como ellos creen que deben acercarse a Dios.

Y eso es exactamente lo que estaba pasando con los fariseos del tiempo de Jesús; por eso Jesús les dijo a los fariseos, Mateo 23:27: "¡Ay de ustedes, escribas y fariseos, hipócritas!, que son semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera lucen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia". Esta confrontación la hemos tenido una y otra y otra vez, que es: tú puedes hacer todo lo correcto, tú puedes tener un ministerio exitoso, y tu corazón está lejos de Dios.

Deleitarse en las abominaciones

Número dos: lo pueden ver, cómo ellos han escogido sus propios caminos, su propia religión, esta es su propia manera. Pero aquí hay otro detalle, que dice: "Y su alma se deleita en sus abominaciones". Su alma se deleita en sus abominaciones. Ayer, todo el fin de semana con los jóvenes que estaban ahí, era el tema de la idolatría, y estaba pensando, cuando estaba leyendo este texto, estaba pensando: bueno, ¿qué es lo que está diciendo Dios? Está diciendo que aquello en lo cual nos deleitamos más define lo que realmente estamos adorando. Aquello en lo cual nos deleitamos más define lo que realmente estamos adorando; esos son nuestros ídolos. Entonces, las cosas que son contrarias a la voluntad de Dios: cuando nos deleitamos en esas cosas, eso es lo que describe ese texto, "su alma se deleita en sus abominaciones". Yo no soy su Dios; esas cosas son su dios.

Y continúa diciendo: "También yo escogeré sus castigos, así como ellos escogen sus propios caminos" —yo escojo sus castigos— "y traeré sobre ellos lo que temen". ¿Qué temen? El juicio de Dios. "Porque llamé, pero nadie respondió; hablé, pero no escucharon. Más bien hicieron lo malo ante mis ojos y dijeron lo que no me complacía".

Entonces el juicio sobre la falsa adoración es porque no escuchan la voz de Dios. Y Jesús reafirmó esta misma verdad, Juan 8:47: "El que es de Dios escucha las palabras de Dios; por eso ustedes no escuchan, porque no son de Dios". Si no eres de Dios, no escuchas a Dios y no te importa lo que Dios tiene que decir. Por eso es una incongruencia cuando la gente dice que ama a Dios pero no tiene ningún interés en leer su Palabra. No es verdad que amas a Dios realmente si no lees su Palabra, y si no te deleitas en leer su Palabra, y si no conoces su Palabra y no te importa lo que dice su Palabra: entonces no amas a Dios, no eres de Dios, es así de simple.

"Ah, no, yo sí amo a Dios, yo oro todos los días". Oras todos los días para lo que tú quieres, pero nunca oras para lo que Dios quiere. Esa es la diferencia entre los hijos de Dios y los que no son de Dios: los que no son de Dios nada más le piden a Dios cosas: "Señor, dame esto, dame esto, dame esto, es que necesito esto, y estoy en problemas", y siempre están pidiendo algo de Dios. Y los que son hijos de Dios oran y dicen: "Señor, tú, muéstrame tu voluntad en mi vida, ayúdame a entender lo que tú quieres de mí, ayúdame para que yo pueda honrarte y glorificarte con todo lo que hago, pienso y digo". No escuchar la voz de Dios.

Persiguen a los que sí lo buscan

Número tres: no solamente es que ellos hacen cosas malas, sino que cuando ven a alguien que sí está buscando a Dios, ¿qué hacen? Versículo 5: "Oigan las palabras del Señor, ustedes que tiemblan ante su palabra: sus hermanos que los aborrecen, que los excluyen por causa de mi nombre…". Van a perseguir a los que buscan la verdadera adoración. Te va a incomodar cuando alguien realmente está buscando a Dios, te vas a sentir incómodo; y la mejor estrategia que tenemos cuando nos sentimos incómodos es la humillación, hacerlos sentir mal por la manera en que ellos están viviendo.

Y esto es lo que nosotros experimentamos del mundo, esto es lo que Jesús advirtió. Bueno, muchos pasajes, les puse varios, pero Juan 15:20: "Acuérdense de la palabra que yo les dije: un siervo no es mayor que su señor. Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes; si guardaron mi palabra, también guardarán la de ustedes". Entonces ellos persiguen a los hijos de Dios, y también se burlan de ellos, con sarcasmo: "Sea el Señor glorificado, para que veamos la alegría de ustedes". Así hablan, como diciendo: "A ver, después de que te estoy discriminando, persiguiéndote, ahora a ver el gozo del Señor en tu vida, a ver si sigues tan feliz de seguir este camino". Entonces ahí está la burla de parte de ellos. Pero dice Dios: "Pero ellos serán avergonzados".

El juicio de Dios

Entonces el versículo 6 ahora nos empieza a presentar el juicio de Dios sobre estas cosas. ¿Cuál es el juicio sobre la falsa adoración? La falsa adoración es hipocresía, no escuchar la voz de Dios, termina en la persecución de la verdadera adoración; pero ahora nos presenta Dios con qué va a ser él: "Voz de estruendo viene de la ciudad, una voz sale del templo: la voz del Señor que da el pago a sus enemigos". Dios vindicará a su pueblo, Dios juzgará a sus enemigos, y ese es un tema común, recurrente, del libro de Isaías.

Y ahora vayan al versículo 14, al final del versículo, donde dice "y su indignación". Por un lado: "Se dará a conocer a sus siervos la mano del Señor", se dará a conocer a sus hijos; pero por otro lado, su indignación a sus enemigos. Y dice el versículo 15: "Porque el Señor vendrá en fuego, y sus carros como torbellino, para descargar su ira con furor y su reprensión con llamas de fuego. Porque el Señor juzgará con fuego y con su espada a toda carne, y serán muchos los muertos por el Señor. Los que se santifican y se purifican" —bueno, eso es lo que creen que están haciendo en su religiosidad, creen que se están santificando y purificando— "para ir a los huertos" —estas son las prácticas paganas de adoración, de culto a los ídolos— "tras uno que está en el centro, que comen carne de cerdo, cosas detestables y ratones, a una perecerán, declara el Señor".

¿Y les gustan los finales felices? Sí nos gustan. Pero Dios, en su soberanía, decidió que Isaías no tuviera un final feliz. Lean el último versículo de Isaías y vean cómo termina: "Cuando salgan, verán los cadáveres de los hombres que se rebelaron contra mí; porque su gusano no morirá, ni su fuego se apagará, y serán el horror de toda la humanidad". En fin, ¿de qué está hablando? ¿Saben de qué está hablando? Del infierno. Jesús citó este versículo para hablar del infierno, cuando dijo: "Si tu ojo te es ocasión de pecar, sácatelo; te es mejor entrar al reino de Dios con un solo ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno, donde el gusano de ellos no muere y el fuego no se apaga. Porque todos serán salados con fuego".

Entonces hay condenación eterna. Este es el juicio sobre la falsa adoración: es que Dios juzgará eternamente a sus enemigos, y la definición de los enemigos de Dios son los que adoran falsamente a Dios. Y 2 Tesalonicenses retoma esta idea; esto es el Nuevo Testamento, por si piensan que esto suena tan cruel porque es el Antiguo Testamento. Bueno, lean Apocalipsis 19 si quieren también, porque aquí viene algo de lo que ya leímos. Pero Pablo, 2 Tesalonicenses 1:

"Pero que él les dé alivio a ustedes que son afligidos, y también a nosotros, cuando el Señor Jesús sea revelado desde el cielo con sus poderosos ángeles en llama de fuego, dando castigo a los que no conocen a Dios y a los que no obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesús. Estos sufrirán el castigo de eterna destrucción, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, cuando él venga para ser glorificado en sus santos en aquel día y para ser admirado entre todos los que han creído, porque nuestro testimonio ha sido creído por ustedes".

El infierno es rechazar el regalo de salvación al confiar en tus propios esfuerzos para salvarte a ti mismo. El infierno es especialmente para aquellos que creen que son demasiado buenos para que Dios los tenga que ayudar. El infierno recibe a aquellos que se imaginan a sí mismos como buenos, que se perciben a sí mismos como buenos; Jesús recibe a aquellos que se conocen a sí mismos como pecadores. Ese es el mensaje, ese es el contraste de lo que nos está diciendo el texto. El infierno es terrible, pero lo merecemos; Jesús sufrió el infierno por amor a nosotros. Esos son los dos destinos posibles: o Jesús paga por tu culpabilidad en la cruz, o tú pagas por tu culpabilidad eternamente en el infierno.

Si tienen dudas de si esto es justo, lean uno de los capítulos de "¿Si Dios es bueno…?", donde ese es el tema específicamente: si Dios es justo en enviar a la gente por toda la eternidad al infierno. Es el mismo contraste que hace Daniel en Daniel 12. Daniel 12 declara ese mismo lenguaje que aquí de Isaías: "Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra despertarán, unos para la vida eterna y otros para la ignominia, para el desprecio eterno".

Ahí está: dos caminos, dos destinos. ¿En cuál estás tú? El camino de la adoración verdadera o el camino de la falsa adoración. Solo hay dos, y tienen destinos completamente diferentes, ambos eternos, ambos permanentes; pero uno es el juicio de Dios y otro es el perdón y la misericordia de Dios. Y la única diferencia entre esas dos es la gracia de Dios manifestada a aquellos que tienen la humildad del corazón contrito y humillado para venir delante de Dios y decir: "Sí, sí te necesito, soy un pecador y necesito tu perdón, y no tengo ningún otro lugar donde ir más que a la cruz". Ese es el evangelio, es tan simple, es tan sencillo; y por eso bautizamos a veces a niños de seis, siete años, porque creemos que aun un niño de seis o siete años puede entender estas verdades.

La verdadera adoración

Bueno, así termina Isaías, con el juicio sobre la adoración falsa. Pero así no vamos a terminar nosotros: ahora vamos a examinar la verdadera adoración, que hay todo este capítulo sobre la verdadera adoración. Y les puse ahí arriba cuáles son los textos específicamente donde esto va a surgir, que vamos a analizar.

Primeramente, versículos 7 al 14: esta imagen muy interesante que surge, que no te la esperarías; siempre la Biblia nos sorprende a veces con cosas de "¿y de dónde salió esa imagen?". Pero dice: "Antes que estuviera de parto, ella dio a luz; antes que le vinieran los dolores, dio a luz un niño. ¿Quién ha oído cosa semejante? ¿Quién ha visto tales cosas?". No lo hemos visto; hemos visto a muchas mujeres dar a luz, pero bueno, hay características singulares aquí: "¿Es dado a luz un país en un solo día? ¿Nace una nación toda de una vez?".

Nosotros no conocemos ese tipo de partos; normalmente va saliendo un niño a la vez, ¿no? Y aquí, pues, la imagen: una mujer está dando a luz en un solo día toda una nación. Dice: "Pues Sion apenas estuvo de parto, y dio a luz a sus hijos". Sion es la que está dando a luz. ¿Quién está haciendo que pueda dar a luz? "¿Yo, que hago que se abra la matriz, no haré nacer?, dice el Señor. ¿Yo, que hago nacer, cerraré la matriz?, dice tu Dios". Entonces Dios es el que está provocando que Sion dé a luz, y da a luz a toda una nación.

Y en realidad esto es un poquito difícil de entender si no tenemos el panorama completo de las Escrituras, en donde entendemos cómo realmente se cumple esto, de qué está hablando. Y sabemos de qué está hablando esto que va a regresar en el Nuevo Testamento, porque más adelante van a ver a qué se está refiriendo: en el mismo capítulo se está refiriendo a una descendencia dada por Dios que viene de Sion, viene de Israel; más adelante va a decir que vienen de todas las naciones. Esta es la descendencia que viene de todas las naciones, como se le prometió a Abraham: "Haré de ti padre de muchas naciones, a través de ti bendeciré a todo el mundo".

¿Dónde vimos esto suceder, en particular, una nación que surgiera en un solo día? Esta nación es la iglesia, el pueblo de Dios, el verdadero Israel que viene de Sion, y surge rapidísimo cuando en Hechos 2 descendió el Espíritu Santo, hablaron en lenguas y están estas llamas de fuego, y Pedro predicó el evangelio. ¿Cuántos se convirtieron ese día? Tres mil personas se convierten en un solo día, y de repente la iglesia empieza a crecer y empieza a expandirse en todo el Imperio Romano. Y entonces encontramos que esta profecía se cumple en la manera en que la iglesia se convierte en esta nación que viene de Sion; y es una obra de Dios, él es el que da este fruto, de acuerdo a este pasaje.

Como una madre consuela

Y por eso dice el versículo 10: "Alégrense con Jerusalén y regocíjense por ella, todos los que la aman; rebosen de júbilo con ella todos los que por ella hacen duelo". Y yo me imagino a los apóstoles viendo lo que estaba pasando en Pentecostés y pensando en este versículo y diciendo: esto es razón de gozo, ver cómo Dios está trayendo una nueva nación a través de Jesucristo.

Y dice el versículo 11: "Para que mamen y se sacien del pecho de sus consolaciones, para que chupen y se deleiten de su seno abundante". Ay, Dios, cómo escribes así: la imagen de una madre amamantando a sus hijos, cuidándolos, nutriéndolos; se sacian, se deleitan. "Porque así dice el Señor: yo extiendo hacia ella paz como un río, y la gloria de las naciones como torrente desbordado; y ustedes mamarán, serán llevados sobre la cadera y acariciados sobre las rodillas. Como a uno a quien consuela su madre" —o sea, como la mamá consuela a sus hijos, esa ternura de mamá— "así los consolaré yo; en Jerusalén serán consolados. Cuando lo vean, se llenarán de gozo, se llenará de gozo su corazón y sus huesos florecerán como hierba tierna; la mano del Señor se dará a conocer a sus siervos".

Entonces ven estas imágenes: paz, consolación, gozo para toda la descendencia dada por Dios, que somos tú y yo. Esto es una descripción de nosotros; no es Jerusalén literalmente, físicamente, no es que tenemos que ir a Jerusalén: está hablando de una Jerusalén celestial, de la cual habla el autor de Hebreos. Ahí es donde hemos encontrado nuestra salvación, en Jesucristo y en lo que él ha hecho por nosotros. Entonces Jerusalén se convierte en un símbolo de restauración espiritual para una verdadera nación, de un verdadero pueblo de Dios que es redimido por el Hijo de Dios.

Todas las naciones y la señal

Entonces, versículo 18: "Pero yo conozco sus obras y sus pensamientos; llegará el tiempo de juntar…" —esto va a dar claridad a lo que ya leímos— "llegará el tiempo de juntar a todas las naciones y lenguas, y vendrán y verán mi gloria. Y pondré señal entre ellos, y enviaré a sus sobrevivientes a las naciones: a Tarsis y a las costas remotas, que no han oído de mi fama ni han visto mi gloria; y ellos anunciarán mi gloria entre las naciones".

¿Cuándo se cumplió esto? Ya se cumplió; esto se cumplió cuando Jesús dio la Gran Comisión a sus discípulos y dijo: "Vayan a todas las naciones y proclamen el evangelio, hagan discípulos, para que guarden todo lo que yo les he enseñado a hacer; y he aquí, yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo". Esa es la profecía que se estaba cumpliendo, la profecía de Isaías 66: yo voy a reunir de todas las naciones a un pueblo para mí mismo.

Y el punto aquí es que es de todas las naciones, y que hay una señal. Y creo que esa señal a la que se refiere el versículo 19 es la señal del Mesías; Hechos 2:22: Dios intencionalmente mostró señales a través de Jesús, para que supieran que este era el cumplimiento y ese era el Mesías. Y esa señal es la que está saliendo a todas las naciones, y el propósito de esa señal es para mostrar la gloria de Dios, declarar la gloria de Dios. Entonces, ¿qué

cosas son las cosas a las que este mundo da gloria? Pérdida de peso, mejor auto. ¿Qué cosas son las que glorificamos? La misión de la iglesia es muy clara: nosotros existimos para la gloria de Dios, y el propósito del evangelismo es la gloria de Dios, para que vean la gloria de Dios aquellos que no han oído de su fama ni han visto su gloria; ellos son los que tenemos que alcanzar. Y acabamos de tener nuestra conferencia de misiones, y ese era todo el enfoque: Dios quiere alcanzar a las naciones para mostrar su gloria a todos.

Y entonces aquí son mencionadas naciones en el versículo 19; no es aparente luego luego, pero estas naciones son un ejemplo nada más que está usando: está mencionando España, el norte de África, Grecia. Esas son las regiones a las que está haciendo referencia con todos estos nombres.

Un reino de sacerdotes

Y hay otra cosa que surge aquí en el versículo 21, y quiero que la vean porque es súper importante e interesante, que es también: "Tomaré algunos de ellos para sacerdotes y para levitas, dice el Señor" —bueno, "y también tomaré de ellos para sacerdotes y para levitas", así está en la Reina Valera—. Ellos van a ser sacerdotes; son de todas las naciones, pero no tienen que pertenecer a la tribu de Leví para ser sacerdotes: estos van a ser una nueva categoría de sacerdotes.

Y Pablo entiende que el ministerio sacerdotal, Romanos 15:16, es este: "Ser ministro de Cristo Jesús a los gentiles, ministrando a manera de sacerdote el evangelio de Dios, a fin de que la ofrenda que hago a los gentiles sea aceptable, santificada por el Espíritu". Cuando tú compartes el evangelio con otros, estás ejerciendo el ministerio sacerdotal dado por Dios. El sacerdocio de todos los creyentes es lo que creemos que estamos experimentando nosotros hoy: todos somos sacerdotes, todos representamos a Dios en esta tierra, y todos tenemos este ministerio de llevar el mensaje de su gloria y de cómo el evangelio transforma las vidas de las personas que vengan a Cristo. Entonces la verdadera adoración eterna va a tener que ver con un reino de sacerdotes, y eso está aquí en el texto.

Cielos nuevos y tierra nueva

Ahora estamos terminando, versículo 22. Entonces recuerden que Isaías siempre nos está presentando cosas que se cumplen en la primera venida y también cosas que se cumplen en la segunda venida; entonces hay una manera de alternar entre esas dos verdades siempre a lo largo de todo el libro. A veces no es tan fácil, no es tan evidente identificarlo, pero aquí creo que es más claro: hasta el versículo 18 al 21 está hablando de la era presente, lo que se inauguró en la primera venida de Cristo; y desde el versículo 22 y el 23 está hablando de algo que vendrá en su segunda venida.

¿Qué es lo que vendrá? "Porque como los cielos nuevos y la tierra nueva que yo hago permanecerán delante de mí, declara el Señor, así permanecerán su descendencia y su nombre. Y sucederá que de luna nueva en luna nueva, y de día de reposo en día de reposo, todo mortal vendrá a postrarse delante de mí, dice el Señor". Habrá un día en el cual toda la realidad que nos rodea experimentará la gloria de Dios y adorará a Dios de una manera perfecta, sin este estorbo del pecado y de nuestra naturaleza caída, y sin el estorbo de la muerte y de la enfermedad y de todas las cosas que ha traído el pecado a este mundo. Un día Dios restaurará todas las cosas, y eso es exactamente lo que desarrollamos en el capítulo 65: cielos nuevos y tierra nueva.

Eso es lo que viene, hermanos. No es la imagen de angelitos flotando en nubes con sus arpas toda la vida, diciendo: "Pues, ¿cómo se llama esta canción? Ahora, ¿cuál sigue? ¿Y qué más hago?". Si no, es esta nueva realidad de todo el universo siendo restaurado y recreado, para que podamos disfrutar de todas las bendiciones de Dios, pero por sobre todo de la misma gloria de Dios, de una manera que no hemos experimentado, porque es la misma gloria que se perdió en el huerto del Edén, ahora siendo restaurada en el segundo Edén, que son los cielos nuevos y tierra nueva, en el cual Dios dice: yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.

Ese es el momento que anhelamos, eso es a lo que nos está apuntando Isaías una y otra vez: viene una realidad que no se imaginan cómo será de increíble. Y Dios quiere antojarnos esta realidad, y quiere que vivamos el presente a la luz de esa realidad, pensando: "Ya mi cuerpo no funciona como debería, y estoy cada vez más traqueteado". Entendemos eso, cómo es que al ir envejeciendo es más evidente el dolor y el sufrimiento, no nada más en nuestro cuerpo sino en las cosas que vamos experimentando a nuestro alrededor. Y Dios quiere recordarnos: "Pueblo mío, esto solo es temporal, esto solo es temporal; no se afanen, no se angustien por lo que pasa hoy. Lo mejor está por venir; ustedes no saben lo que viene, no tienen idea de lo que viene. Así que enfrenten el presente con valor y con seguridad, porque yo estoy en control, y esto que ustedes pueden sufrir ahorita no es nada comparado con la gloria que verán en mi presencia".

La adoración que ya empezó

Entonces, adoración eterna. Y esa adoración de toda la creación, la verdadera adoración al final: no nada más el pueblo de Dios; Romanos 8 habla de eso, la creación misma también está esperando ser restaurada, gime.

Pedro dice que esta es nuestra esperanza: "El día del Señor vendrá como ladrón, en el cual los cielos pasarán con gran estruendo, y los elementos serán destruidos con fuego intenso, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. Puesto que todas estas cosas han de ser destruidas de esta manera, ¡qué clase de personas no deben ser ustedes en santa conducta y en piedad!, esperando y apresurando la venida del día de Dios, en el cual los cielos serán destruidos por fuego y los elementos se fundirán con intenso calor. Pero, según su promesa, nosotros esperamos nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia".

¿Ven cómo Pedro dice: a la luz de eso, vivamos vidas santas; a la luz de eso, vivamos la justicia de Dios? ¿Por qué? ¿Por qué, hermanos? Porque la verdadera adoración ya empezó. Todavía no encuentra su culminación, pero ya empezó; ya estamos empezando a adorar verdaderamente en espíritu y en verdad. Lo único que va a pasar es que esa adoración se va a intensificar hacia el final, lo único que va a pasar; pero ya empezamos. Esto que estamos viviendo ahorita ya es el comienzo, que anticipa lo que vamos a experimentar por los siglos de los siglos.

Entonces nos gozamos: "Ah, Señor, esto es una probadita; yo sé que esto no es como va a ser, pero quiero empezar a experimentar ya la realidad de la verdadera adoración en mi vida". Estamos preparando nuestra adoración ahora, anticipando el día donde será perfecta. Y ese es el mensaje de Isaías 66. Puestos de pie.

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