Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Hebreos 5:1-10HebreosNathan Díaz

Jesús: sumo sacerdote calificado

¿Por qué Jesús es nuestro sumo sacerdote y qué lo hace estar calificado? Hebreos 5:1-10 responde con cuatro rasgos: tenía que ser hombre para representarnos, es paciente con los ignorantes y extraviados, fue llamado por el Padre y no por sí mismo, y fue perfeccionado por medio de la obediencia. Por eso es sacerdote eterno según el orden de Melquisedec.

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Transcripción

Oración y lectura de Hebreos 5:1-10

Hola, buenos días, hermanos. Gracias a Dios por la oportunidad otra vez de meditar en Su Palabra. Vamos a orar para empezar este tiempo, de encomendar a Dios la lectura de Su Palabra, el estudio de Su Palabra, para que podamos entender correctamente lo que está aquí, este pasaje que vamos a meditar hoy, que es Hebreos 5, del 1 al 10.

Gracias, Padre, por abrir Tu Palabra. Sabemos que Tú eres el que estás hablando, y sabemos que cuando Tú hablas debemos de escuchar, porque es importante. Y puede ser que nos suene aburrido, puede ser que nos suene irrelevante, pero es la Palabra que es más cortante que cualquier espada de dos filos, que penetra nuestro corazón, que penetra hasta partir el alma y discernir nuestros pensamientos, nuestras intenciones, y mostrarnos, Señor, Tu voluntad para nuestras vidas. Es esa Palabra la que tenemos que tomar en serio, la que tenemos que escudriñar constantemente, meditar en ella, porque sabemos que no hay nada más importante que lo que es eterno; no hay nada más importante que lo que tiene que ver contigo y con Tus propósitos. Hoy queremos entender cuáles son esos propósitos que tienes al haber inspirado al autor de Hebreos para escribir esta carta. En el nombre de Cristo Jesús.

Hebreos capítulo 5, versículos 1 al 10: "Porque todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres es constituido a favor de los hombres en lo que a Dios se refiere, para que presente ofrendas y sacrificios por los pecados; para que se muestre paciente con los ignorantes y extraviados, puesto que él también está rodeado de debilidad; y por causa de ella debe ofrecer por los pecados, tanto por sí mismo como también por el pueblo. Y nadie toma para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios, como lo fue Aarón. Así tampoco Cristo se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, sino el que le dijo: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy. Como también dice en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec. Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen; y fue declarado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec".

Repaso: nuestro sumo sacerdote tentado

Hoy vamos a ver algo que está ligado a lo que vimos el domingo pasado. El domingo pasado vimos, en el capítulo 4, versículos 14 al 16, a Jesús como nuestro sumo sacerdote tentado. Y una de las cosas importantes que traté de definir en esos versículos fue cómo la tentación de Jesús era diferente a la nuestra, y también era igual a la nuestra. Hay aspectos en los que es igual, hay aspectos en los que es diferente. Los aspectos en los que es diferente a nuestras tentaciones: Jesús no fue tentado internamente por una naturaleza pecaminosa, como nosotros somos tentados por una naturaleza pecaminosa. Pero sí fue tentado en todo, lo mismo que nosotros, en cuanto a tentaciones externas; en cuanto a considerar las posibilidades de lo que es no obedecer a Dios, no seguir el plan de Dios para nuestras vidas y buscar nuestro propio camino. Jesús fue tentado en ese sentido: al ser presentado constantemente por Satanás en el desierto, y a lo largo de todo Su ministerio, con esa posibilidad.

Y vimos que la tentación no es pecado cuando solamente está dentro de ese ámbito de lo hipotético, de lo posible. Tú puedes considerar cómo sería una cierta situación sin pecar: "¿Cómo sería si yo hiciera esto o lo otro, que es pecado?". Pero es cuando cedemos ya en nuestra naturaleza, o en nuestra voluntad humana, y encontramos nuestro placer y nuestra satisfacción en ese momento, en esa realidad. Entonces no es nada más contemplar la posibilidad, sino ceder ante lo que esa posibilidad nos ofrece para encontrar nuestro gozo y nuestro placer, en lugar de encontrarlo en lo que Dios es para nosotros y en lo que la voluntad de Dios es para nosotros.

Y ahí es donde Jesús siempre, siempre resistió la tentación. Ahí es donde siempre permaneció fiel a la voluntad del Padre, y podía decir una y otra vez: "Sí considero lo que esto podría ser... pero no, porque encuentro mayor gozo en la voluntad de Mi Padre. Encuentro mayor satisfacción en hacer Su voluntad, y por eso no lo voy a hacer; por eso no voy a ceder ante la tentación externa", ya sea de Satanás, del mundo, de nuestros propios sentimientos de debilidad humana, como nuestro cansancio, nuestra hambre, nuestra sexualidad, lo que sea que representa parte de ser humano. Es algo que Jesús pudo experimentar, en cuanto a considerar cosas que podrían ser pecaminosas, o que eran pecaminosas, que podrían satisfacer cosas que Él estaba experimentando en ese momento. Pero como no era el tiempo ni la voluntad de Dios en ese momento que Él se diera a esos placeres, rechazó la tentación; Él resistió la tentación.

Un libro que requiere esfuerzo

Espero que eso haya quedado claro. Me doy cuenta a veces de que el libro de Hebreos es un libro difícil de entender y difícil de explicar. Y constantemente me estoy encontrando con aspectos que me tienen pensando y meditando, y tratando de decirle: "Señor, a ver, ¿qué es lo que estás tratando de decir en este pasaje? ¿Qué es lo que estás tratando de mostrarnos a través de esto?". No está fácil el libro de Hebreos. No es un libro fácil de entender; requiere esfuerzo, requiere tiempo de meditar, contemplar la Palabra. Así como ustedes han estado viendo, los que están en algún grupo de estudio bíblico: las mujeres han estado estudiando Gálatas, los jóvenes han estado estudiando Romanos. Si lo han tomado en serio, si lo han tomado como la Palabra de Dios, se han dado cuenta de que no es fácil, que requiere esfuerzo, que requiere disciplina lo que significa estudiar la Biblia; que nos vamos a encontrar con cosas difíciles de entender, pero que vale la pena meditar.

Dios quiere que nos esforcemos. Dios quiere que le demos la importancia a Su Palabra, porque entendemos el papel que juega en nuestra santificación; entendemos el papel que juega en nuestro proceso de madurez. ¿Cómo vamos a madurar? Y ese es el tema del próximo domingo: nuestra madurez como cristianos, la exhortación a madurar. Y hoy vamos a ver este tema de los versículos 1 al 10 del capítulo 5, que tienen que ver con Jesús como nuestro sumo sacerdote calificado. Este es el tema de hoy, de estos diez versículos. Y esto es en contraste a lo que vimos el domingo pasado: Jesús era nuestro sumo sacerdote tentado. Y está todo muy conectado, y lo vamos a ver: es nuestro sumo sacerdote calificado.

El Evangelio es mucho más

Y estaba pensando sobre esto, tratando de entender por qué es tan importante. Y no sé ustedes, si el libro de Hebreos ha tenido el efecto en sus vidas que ha tenido en la mía; pero al meditar en estas cosas, algo te pasa internamente como cristiano. Cuando conoces mejor a Jesús, quién es, algo sucede dentro de nosotros, que estamos más conscientes no nada más de lo que es el Evangelio, qué tan importante y valioso es el Evangelio, sino de qué tan dependientes somos día a día en nuestro proceso de santificación, al resistir la tentación. El domingo pasado vimos eso. Y esta idea de la tentación, al meditar sobre cómo Jesús fue tentado, cómo yo soy tentado, cómo Él es mi sumo sacerdote, cómo puedo acercarme confiadamente al trono, ha afectado mi manera, ha cambiado mi manera de luchar contra el pecado en mi vida como cristiano. Espero que eso es lo que esté haciendo en sus vidas, porque creo que es la razón por la cual Dios inspiró esto.

Porque el Evangelio es mucho más que sólo decir: "Y Jesús murió por ti". Y ese es el problema en gran parte de la cultura evangélica y de la cultura cristiana que hemos creado: que vamos y compartimos el Evangelio con alguien, y sí tenemos una fórmula, una estrategia de compartir el Evangelio con ellos, donde nada más tomamos algunas ideas y conceptos que asumimos que entiende la gente, que asumimos que van a significar algo para ellos. ¿No nos estamos brincando cosas que la misma Biblia nos está diciendo que son importantes? Si yo le digo a alguien: "Jesús murió por ti", me va a decir: "Me da igual que haya muerto por mí o que no haya muerto por mí". Bien.

¿Por qué me debe de importar? Es decir, "Jesús murió por ti" no significa nada si no das, número 1, el contexto de nuestra condición delante de Dios: ¿cuál es nuestro problema? Número 2, si no explicas quién es Jesús primero. Si tú no tienes una categoría para quién es Jesús realmente, cuál es Su naturaleza, cuál es Su esencia, cuál es Su rol, Su dignidad, Su importancia dentro del plan divino de Dios; si no puedes apreciar eso, entonces va a ser muy difícil que aprecies la cruz, que aprecies el sacrificio de Jesús por ti.

Y entonces, lo que el autor de Hebreos está haciendo es que está desarrollando para nosotros quién es Jesús, porque eso va a amplificar nuestra visión del sacrificio de Jesús, y del Evangelio, y de cómo afecta nuestras vidas. Dice: "Si ustedes no entienden quién es Jesús, entonces no van a poder crecer como cristianos, no van a poder madurar como cristianos, no van a soportar la tentación como cristianos; se van a desviar, no van a perseverar. Tienen que entender quién es Jesús, cuál es Su naturaleza, cuál es Su esencia, cuál es Su verdadera majestad y gloria, y entonces ustedes serán transformados".

Estoy diciendo todo esto para que consideren seriamente el pasaje que tenemos delante de nosotros hoy; para que piensen seriamente sobre todas las implicaciones y la razón por la cual estamos estudiando a fondo el libro de Hebreos. Porque es lo que hace el libro de Hebreos: estudia a fondo quién es Jesús, en Sus diferentes dimensiones, Sus diferentes roles, Sus diferentes atributos. Y entonces hoy vamos a meditar sobre cuatro cosas. Uno, el aspecto de Jesús como hombre: por qué era importante que fuera hombre. Número 2, el aspecto de Su paciencia. Número 3, Su llamado. Y también vamos a meditar en cómo fue perfeccionado. Esas cuatro cosas son en las que creo que podemos profundizar en este pasaje. Hay más, pero creo que eso es un buen resumen de lo que este pasaje nos está diciendo.

El sumo sacerdote en Éxodo 28

Él es nuestro sumo sacerdote, y él está apelando a Éxodo 28 aquí: "Porque todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres es constituido a favor de los hombres en lo que a Dios se refiere". Y nada más brevemente quiero que vayan conmigo a Éxodo 28, porque este es el pasaje que describe al sumo sacerdote. Y aquí les puse una imagen, un dibujito del sumo sacerdote en el Lugar Santísimo... Ese no es el Lugar Santísimo; ese es el Lugar Santo, antes de entrar al Lugar Santísimo. Pero en el Día de la Expiación tenía todos estos rituales, y vamos a estar viendo eso a lo largo del libro de Hebreos; vamos a ver más cosas sobre el sumo sacerdote.

Pero vean conmigo en Éxodo 28 algunas de las características. El versículo 4 describe brevemente las partes de la vestidura: "Las vestiduras que harán son estas: el pectoral, el efod, el manto, la túnica bordada, la mitra y el cinturón". Esas son las partes. Pero algo que es sumamente importante acerca del sumo sacerdote en el Antiguo Testamento —y recuerden, esto es lo que la audiencia de Hebreos conoce bien; su Antiguo Testamento; son judíos—, versículo 9: "Tomarás dos piedras de ónice, y grabarás en ellas los nombres de los hijos de Israel; seis de sus nombres en una piedra, y otros seis nombres en la otra piedra". Versículo 12: "Y pondrás las dos piedras sobre las hombreras del efod, para piedras memoriales a los hijos de Israel; y Aarón llevará los nombres de ellos delante de Jehová sobre sus dos hombros por memorial". O sea, entonces tiene dos piedras en los hombros: seis nombres de las tribus acá, seis nombres de las tribus acá.

Y en el pectoral, las piedras. Versículo 21: "Las piedras serán según los nombres de los hijos de Israel, doce según sus nombres; como grabaduras de sello, cada una con su nombre, según las doce tribus". Versículo 29: "Llevará Aarón los nombres de los hijos de Israel en el pectoral del juicio sobre su corazón, cuando entre en el santuario, por memorial delante de Jehová continuamente. Y pondrás en el pectoral del juicio Urim y Tumim, para que estén sobre el corazón de Aarón cuando entre delante de Jehová; y llevará siempre Aarón el juicio de los hijos de Israel sobre su corazón delante de Jehová". Y en el versículo 36: "Harás además una lámina de oro fino, y grabarás en ella como grabadura de sello: SANTIDAD A JEHOVÁ". Ese es el nombre que trae el sumo sacerdote: "Santidad a Jehová". "Y la pondrás con un cordón de azul, y estará sobre la mitra; por la parte delantera de la mitra estará. Y estará sobre la frente de Aarón, y llevará Aarón las faltas cometidas en todas las cosas santas que los hijos de Israel hubieren consagrado en todas sus santas ofrendas; y sobre su frente estará continuamente, para que obtengan gracia delante de Jehová".

Los nombres del pueblo sobre sus hombros y su corazón

Digo todo eso... Quería llevarlos ahí brevemente, nada más para que vean que el sumo sacerdote cumplía toda esta función. Y el punto principal de todo eso... Hay mucha simbología, y vamos a estar viendo más sobre eso a lo largo del libro de Hebreos. Pero una de las cosas importantes es esta idea de los nombres: están los nombres en sus hombros, en su pecho, cerca de su corazón. Él está representando al pueblo delante de Dios; él es el representante de Dios. Y entonces tenemos esta idea: él está yendo para hacer sacrificio por los pecados de todo el pueblo; en una sola persona, por los pecados de todos. Es la idea del sumo sacerdote. Y por eso tiene los nombres de las doce tribus, porque eso representa al pueblo completo de Dios.

Lo cual es interesante —algunos entenderán de lo que estoy hablando, a lo mejor algunos no—, pero hay ciertas corrientes teológicas que dicen: "No, es que cuando el Antiguo Testamento hace referencia a Israel, hay que tomarlo como Israel. No podemos pensar que las promesas dadas a Israel tienen su cumplimiento en la iglesia", especialmente cuando se trata de la tierra, especialmente cuando se trata de promesas físicas. Pero una de las cosas que una y otra vez surge aquí es que, por ejemplo, el sumo sacerdote era para Israel, y tiene los nombres de las doce tribus de Israel; está representando a Israel delante de Dios con las doce tribus. Y ahora entendemos que Jesús es nuestro sumo sacerdote, y que esas doce tribus que el sumo sacerdote tenía en sus hombros y en su pecho ahora representan a todo el pueblo de Dios. Entonces, esas referencias a las doce tribus del Antiguo Testamento se han expandido para incluir a un pueblo más grande, porque el sumo sacerdote ha apuntado a un sumo sacerdote más grande.

Entonces, esos paralelos tienen que seguir. Así como las doce tribus estaban representadas en los hombros y en el pecho del sumo sacerdote, hoy en día nuestros nombres y nuestra identidad como el pueblo de Dios están siendo representados en Él, en los hombros y el corazón de Jesús, al interceder por nosotros como nuestro sumo sacerdote. Hay mucha simbología, y no me voy a meter en eso; ya llevo demasiado tiempo en este punto. Solamente quiero mostrarles que son profundos símbolos en el Antiguo Testamento que están apuntando hacia Jesús.

Tomado de entre los hombres

Así que el primer punto que quiero que vean es esta palabra: hombre. "Porque todo sumo sacerdote —dice el versículo 1— tomado de entre los hombres es constituido a favor de los hombres en lo que a Dios se refiere". O sea, en relación a Dios, en relación a representar al pueblo delante de Dios, este sumo sacerdote tiene que ser escogido de entre los hombres para buscar el favor de Dios para los hombres. Entonces, esto es muy interesante: que tenga que ser de entre los hombres y a favor de los hombres, estas dos ideas. Porque el sacerdote... la idea aquí simplemente es que tenía que ser humano para representar a humanos, porque son los humanos los que están delante de Dios siendo condenados por su pecado. Entonces, si se trata de un juicio a humanos, entonces un humano es el que tiene que interceder por ellos, el que los tiene que representar. ¿No es interesante?

Y esto nos regresa al capítulo 2, versículo 17, que dice: "Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos". Tenía que ser. O sea, el autor de Hebreos pone esta obligación en el rol de Jesús: que tenía que ser humano, "para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo". Tenía que ser humano. Esta parte es sumamente importante, y vamos a ver otro aspecto de por qué tenía que ser humano en un momento. Pero el punto de esto es simplemente que la humanidad de Jesús era esencial.

Porque iba a representar al ser humano delante de Dios. Y para poder representar correctamente al ser humano, en su incapacidad de presentarse delante de Dios, Él tenía que ser humano; tenía que ser de la misma naturaleza de aquellos que Él representaba. De entre los hombres, a favor de los hombres: ese es el concepto del Antiguo Testamento del sumo sacerdote; es el concepto del Nuevo Testamento en cuanto al rol de Jesús.

Pensamos en estos dos aspectos: en el aspecto de la deidad de Jesús y en el aspecto de la humanidad de Jesús. Y simplemente es decir que ser Dios hacía que fuera capaz, que estuviera capacitado para hacer esta obra; pero ser hombre lo hacía apropiado para hacer esta obra, este sacrificio, esta intercesión. ¿Se entienden estos dos aspectos? Es: por un lado, tenía que ser capaz; por otro lado, tenía que ser apropiado, en cuanto a la misma naturaleza de aquellos que representaba delante de Dios. Esto es muy revelador acerca de por qué son importantes estos atributos de Jesús, Su deidad y Su humanidad; lo que se llama teológicamente la unión hipostática, que tiene que ver con dos naturalezas en una persona.

Paciente con los ignorantes y extraviados

Bueno, eso es el versículo 1. Después: "En lo que a Dios se refiere, para que presente ofrendas y sacrificios por los pecados". Versículo 2, ahora dice: "Para que se muestre paciente con los ignorantes y extraviados, puesto que él también está rodeado de debilidad". Aquí tenemos otro aspecto acerca de la parte humana del sacerdote, en donde él, al ser humano y al ser expuesto a las mismas debilidades de lo que significa ser humano, podía entender a aquellos que estaba representando. En el caso del sumo sacerdote del Antiguo Testamento, aquí nos aclara el autor de Hebreos, él tenía que ofrecer sacrificios por su propio pecado también. Versículo 3: "Por causa de ella debe ofrecer por los pecados, tanto por sí mismo como también por el pueblo". Bueno, aquí es donde hay una diferencia con Cristo, por supuesto. Pero la razón por la que es importante esa descripción en cuanto al sumo sacerdote del Antiguo Testamento es porque eso es lo que le permite relacionarse con aquellos que él está representando: es su debilidad humana, el entender su condición. Y en ese sentido Jesús también nos entiende, porque Él también tenía ciertas debilidades humanas —no pecado, pero sí debilidades humanas— que permitían que Él pudiera entendernos y ser paciente con nosotros en cuanto a esas debilidades.

Este es mi versículo favorito, de ahorita, de este capítulo, en cuanto a cómo somos nosotros descritos. Porque vean lo que dice: "los ignorantes y extraviados". No sé si hay mejor manera de describirnos. Somos los ignorantes. El sumo sacerdote del Antiguo Testamento representaba a una bola de ignorantes. ¿Ignorantes de qué? Bueno, creo que tiene que ver con nuestra ignorancia acerca de lo que se supone que tenemos que hacer, en el sentido de cómo vamos a cumplir el propósito por el cual fuimos creados. Fuimos creados para Dios. ¿Cómo vamos a lograr eso? Necesitamos que alguien nos diga, y necesitamos que alguien nos represente también en esta parte, justamente por nuestra ignorancia. Nosotros no nos creamos a nosotros mismos; nosotros no pusimos las reglas, Dios las puso. Entonces, claramente somos los ignorantes acerca de muchas cosas, en donde necesitamos que Dios nos diga: "Este es el camino; esta es la manera en la cual ustedes pueden tener acceso a Mí; esta es la manera en la cual ustedes pueden ser reconciliados conmigo, y también cumplir el propósito por el cual fueron creados".

Entonces, ciertamente... o sea, cuando pienso en nuestra ignorancia, pienso en qué tan dependientes somos de Dios. Porque, ¡qué tan arrogantes somos para pensar que no necesitamos a Dios, que tenemos las respuestas! ¿De veras? ¿De veras sabes cómo vivir tu vida mejor? ¿De veras sabes que el verdadero gozo va a venir a través de lo que sea que estás haciendo? ¿O vas a decir junto con Pedro, como leemos en Juan 6: "Señor..."? Porque Jesús les dijo: "Miren, otros me han abandonado; ¿ustedes también me van a abandonar? ¿Van a dejar de seguirme?". Y Pedro dijo: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna". Además, Tú tienes palabras de vida eterna. Otros me hablan de hoy, de ahorita, de lo que yo puedo obtener ahorita; de cosas temporales, de cosas que se pueden perder. Tú me estás hablando de un gozo eterno; Tú me estás hablando de cosas que van más allá de mi capacidad de imaginación, inclusive. No me puedo imaginar el placer y el gozo que existen en la presencia de mi Creador. No me puedo imaginar las cosas que Tú me ofreces en la presencia de Tu gloria. No me puedo imaginar el concepto de eternidad.

Eso creo que es a lo que se refiere este versículo cuando dice que Jesús se muestra paciente con los ignorantes y extraviados: porque lo necesitamos, porque Él se da cuenta de que sin Él no somos nada, y no tenemos nada, y no sabemos nada. Somos ignorantes, porque somos criaturas, y porque no entendemos las verdades más profundas que Dios nos revela. Si Dios no nos las revelara, no las entenderíamos. Y Dios nos revela estas verdades, y es a través justamente de Su sumo sacerdote que nos revela estas verdades: cómo es que podemos acceder a la presencia de Dios.

Y con los extraviados. ¿Extraviados en qué? Estamos extraviados en nuestro propio pecado. Andamos buscando qué nos puede satisfacer, qué puede traer gozo a nuestras vidas que no sea Dios; que no sea lo que Él quiere de nosotros, sino lo que nosotros mismos queremos, porque nosotros queremos ser nuestro propio dios. Y por eso es que estamos extraviados, sin un rumbo fijo. Cada quien anda por su propio camino; somos como ovejas descarriadas, como dice Isaías; cada quien anda buscando lo suyo propio. Entonces, ¿qué necesitamos? Necesitamos un representante, justamente porque somos ignorantes, justamente porque estamos extraviados. No podemos por nuestra propia cuenta; necesitamos que alguien lo haga por nosotros. De eso se trata el sumo sacerdote. Ese es su rol: representarnos en lo que nos falta, en lo que necesitamos.

Un sumo sacerdote llamado por Dios

Bueno, esos son los versículos 2 y 3. El versículo 4 nos lleva al siguiente punto, que es: Jesús es sumo sacerdote llamado. Y eso se desarrolla en los versículos 4, 5 y 6. Tenemos aquí cómo era el sumo sacerdocio del Antiguo Testamento. Bueno, no era por votación; no era un asunto democrático en el que dijeran: "A ver, ¿quién les cae bien? ¿Quién desea ser nuestro sumo sacerdote?". No; Dios tenía que llamarlo. Y nos pone como ejemplo a Aarón, porque Aarón fue puesto por Dios como el sumo sacerdote; Él es el que lo llamó a este rol de sacerdocio.

Hubo esfuerzos, en otras partes del Antiguo Testamento, de personas que trataron de asumir el rol de sacerdocio, y las consecuencias fueron catastróficas, terribles para ellos. Tenemos a Coré y 250 seguidores de Coré, que fueron tragados por la tierra porque se elevaron a sí mismos a este oficio sacerdotal, al quemar incienso no autorizado por Dios, en Números 16. Saúl perdió su reino porque impacientemente asumió la función sacerdotal de Samuel, en 1 Samuel 13. Uzías también utilizó el incensario sacerdotal erróneamente, y tuvo lepra hasta el día de su muerte. Entonces, el primer punto que tienen que ver acerca del sacerdocio es que es un llamado, que nos muestra el aspecto soberano del sacerdocio. Es algo que Dios determina, no el hombre. Dios es el que llama; Dios es el que pone al ungido para hacer esta función.

Y aquí empieza a mostrarnos varias cosas acerca de este llamado. Dice: "Y nadie toma para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios, como lo fue Aarón. Así tampoco Cristo se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote". Y es interesante: aquí usa la palabra "Cristo", que es esta palabra "ungido", justamente en conexión al llamado. ¿Quién es el ungido de Dios? Mesías, Cristo. El punto es: Cristo no está actuando en independencia; es decir: "Sí, a mí... yo quiero ser el sacerdote, y yo lo voy a hacer porque yo puedo". Sino que hay algo aquí de la voluntad del Padre que lo está poniendo en ese rol. Así como se ponían los sumos sacerdotes en el Antiguo Testamento, el mismo Padre está dándole esa autoridad y ese rol a Su Hijo, a Jesucristo.

Y es interesante cómo aquí regresa a citar dos pasajes del Antiguo Testamento. Dice que no se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, "sino el que le dijo: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy". Eso es una cita del Salmo 2, versículo 7, que ya habíamos leído en Hebreos 1:5. Y después cita el Salmo 110:1, cuando dice: "Como también dice en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec". Y miren, tengo que confesar, hermanos, que esta es la parte que más me costó trabajo entender del pasaje.

Porque, ¿cómo se relacionan estos? Estás hablando del sacerdocio de Aarón, y luego, en vez de hablar del sacerdocio, citas un pasaje donde hablas de "Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy", y luego ya vas al orden de Melquisedec. Puede sonar muy confuso, y es confuso. Pero creo que, ya meditándolo bien y tratando de entender el flujo del argumento del autor de Hebreos, podemos ver que hay dos aspectos que están siendo representados aquí.

El oficio real de Jesús

El primero, en el versículo 5, es el oficio real de Jesús. El oficio real de Jesús, porque si ustedes ven en el capítulo 1, versículo 5: "¿A cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy?". Está desarrollando un argumento de que Jesús se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, "hecho tanto superior a los ángeles cuanto heredó más excelente nombre que ellos". Recuerden: esta idea de "yo te he engendrado hoy" tiene que ver con esto; es una herencia. Es la idea aquí, de la cultura judía, sobre la herencia del primogénito, y cómo todas las cosas le pertenecen al hijo. Y entonces, en el capítulo 1 estaba desarrollando cómo el Hijo está sentado en Su trono; es Rey. Ese es el punto, y eso lo hace superior: Su realeza, Su relación filial con el Padre como Su Hijo lo hace superior a los ángeles.

Aquí, creo, es el argumento del autor de Hebreos: que es superior. Entonces, ahora lo está comparando con Aarón. Está diciendo: "No, ahora Cristo cae dentro de una categoría como sumo sacerdote en donde Dios lo escoge, pero va más allá de como escogió a Aarón, porque Él es el Hijo, Él está en el trono, Él hereda todas las cosas, Él es Rey". Entonces, ahí hay un aspecto aún más poderoso que el sacerdocio de Aarón, porque este rol de Jesús va más allá de ser sacerdote: a ser Rey también; a ser sacerdote-rey. Y como vemos en otras partes, en otros pasajes de la Biblia, Él es de la tribu de Judá, de la que se había profetizado: de ahí vendrá el Rey, el Rey eterno que se sentará en el trono de David.

Entonces, es el oficio real de Cristo. Es de la tribu de Judá, y por eso es Rey. ¿Tiene derecho a ser Rey? Sí, porque es de la línea de donde vienen los reyes. Él está sentado en el trono, como veíamos en el capítulo 1. ¿Por qué? Porque Él es el Hijo, y Él es de la tribu de Judá; le corresponde ese derecho, y Dios se lo ha otorgado. Pero no es de la tribu de Leví; no es descendiente de Aarón. Entonces, ¿tiene derecho a ser sacerdote?

Según el orden de Melquisedec

Y el autor de Hebreos, entonces, ahora está desarrollando ese argumento, que es único del libro de Hebreos. Este argumento no aparece en ninguna otra parte de todo el Nuevo Testamento: ¿a qué orden pertenece el sacerdocio de Jesús, que le da derecho a ser sacerdote? Bueno, es un oficio sacerdotal que tiene Jesús por lo que tenemos aquí como el orden de Melquisedec. El orden de Melquisedec... Ya habíamos estudiado el libro de Génesis en la iglesia, y ya habíamos estudiado este capítulo 14 de Génesis, que es la primera vez que aparece Melquisedec. Melquisedec era el rey de Salem, y leemos en Génesis 14:18 que sacó pan y vino. Hay una descripción muy interesante de Melquisedec, que dice: "Él era sacerdote del Dios Altísimo". Eso dice en Génesis 14: él era sacerdote del Dios Altísimo. Pero desaparece de la escena; ya no vuelves a saber de Melquisedec.

Mil años después, el Salmo 110 vuelve a mencionar a Melquisedec, pero ahora lo menciona de una manera muy interesante. Es un salmo mesiánico, el Salmo 110, y como van a ver, es uno de los salmos principales de Hebreos; es citado en Hebreos muchas veces. Aparece el Salmo 110. Lo que dice el Salmo 110 es: "Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec". Para siempre. Lo cual significa que hay una categoría de un sacerdocio que es diferente, superior al sacerdocio de Aarón, porque el sacerdocio de Aarón es temporal. El sacerdocio de Aarón representa una línea de sacerdotes que mueren y tienen que ser reemplazados. Pero el sacerdocio de Melquisedec pertenece a un sacerdocio completamente diferente, que es un sacerdocio eterno.

Ahora, no me voy a preocupar demasiado por meterme en el tema de Melquisedec todavía, porque en el capítulo 7 vamos a regresar a Melquisedec, y va a ser el tema de un sermón completo, Melquisedec. Sólo aquí lo menciono porque aparece por primera vez en el libro de Hebreos. Se va a retomar este tema, como vemos que hace el autor de Hebreos, que está retomando temas que ya desarrolló; se repiten los mismos temas a lo largo de todo el libro. Y en este caso, simplemente quiero que tengan en mente que el oficio sacerdotal, la idea de Melquisedec, es un oficio sacerdotal eterno. No lo puse ahí, pero ustedes anoten: es un oficio sacerdotal eterno, el cual pertenece al orden de Melquisedec, lo cual lo hace superior a los sacerdotes de la tribu de Leví, de los descendientes de Aarón, a la cual no pertenece Jesús, a esa línea. Es un Rey superior porque es el Hijo, y es un Sumo Sacerdote superior porque es eterno. Vamos a ver eso más adelante.

Un solo sumo sacerdote eterno

Pero la idea es: en la historia de Israel no puedes tener dos reyes, no puedes tener dos sumos sacerdotes; sólo puedes tener uno. Y especialmente no puedes tener dos sumos sacerdotes eternos. Sólo hay un Sumo Sacerdote eterno; sólo hay un Sumo Sacerdote que nunca será reemplazado, y ese es Jesucristo. El templo de Jerusalén fue destruido en el año 70 después de Cristo. Creo yo que es por la providencia de Dios; fue profetizado que el templo sería destruido, en Mateo 24, y Jesús dijo las razones: "Ya no necesitan un sumo sacerdote, porque Yo soy el Sumo Sacerdote, y lo seré para siempre".

Otra vez, no creo que se vaya a reconstruir el templo en el futuro. No creo que vaya a haber sacerdotes en el futuro, porque creo que eso va en contra de la manera en que Jesús cumple esas funciones. Esas eran sombras que anticipaban a Jesús. Ahora ha sido revelado, por lo cual ya no necesitamos un sumo sacerdote humano, falible, pecaminoso. Y no podemos tener un sumo sacerdote falible, humano, pecaminoso una vez que Jesús ha sido revelado, porque lo vemos a Él directamente; entendemos que Él es el cumplimiento. Y bueno, ese es un tema también en relación a la escatología. Estoy pensando mucho en este tema últimamente, porque estoy escribiendo sobre eso. Así que son tangentes aquí, pero obviamente están relacionadas a lo que estamos viendo en cuanto al sacerdocio.

Perfeccionado por lo que padeció

Quiero que vean el siguiente punto que es mencionado aquí, y es: fue perfeccionado. Dice: "Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen". Miren, estaba pensando: esta parte es tan profunda, todo lo que está aquí. Hay tantas cosas que podría decir, pero quiero resumir dos cosas que veo que son importantes, que el autor quiere que veamos.

Tienes que no nada más tener la disposición para ayudar. O sea, tú puedes ir con alguien si tú necesitas ayuda —y mencioné algo de esto el domingo pasado, cuando hablábamos de cuando buscas a gente que puede ayudarte en una necesidad, como un mecánico, un doctor—: no nada más necesitas que puedan ayudarte, sino que necesitas que tengan la disposición para ayudarte. Entonces puedes tener una de las dos cosas. O sea, un doctor medio inepto, que no es un buen doctor —a lo mejor hizo trampa durante toda su escuela de Medicina—, y entonces de hecho ni te va a ayudar, porque no sabe lo que está haciendo, pero tiene la disposición de hacerlo. Dice: "Pero ¿sabes qué? Yo no te cobro; ven gratis". Hay doctores así, no sé, que creen que saben lo que están haciendo y no saben lo que están haciendo. Pero eso es la disposición, pero no la capacidad. Y por otro lado, puedes tener un doctor sumamente capacitado, pero sin la disposición, porque cobra tan caro que nunca vas a poder ir con ese doctor; entonces nunca va a estar dispuesto a atenderte. Necesitas ambas cosas: necesitas tanto el poder como la disposición para que, de hecho, sea útil. Y ese era el argumento del autor de Hebreos el domingo pasado, cuando decía: "Acerquémonos confiadamente", porque está dispuesto a ayudarnos.

Porque está en el trono de gracia; Él quiere ayudarnos; hay disposición. Pero ahora estamos desarrollando también —y lo habrá planteado en otras partes del libro de Hebreos— que también es capaz. No nada más es que Él está dispuesto, sino que tiene toda la capacidad para hacerlo. Y aquí desarrolla este argumento: ¿qué es lo que hace que Jesús sea capaz, que esté capacitado, que esté calificado para ayudarnos? No nada más quiere ayudarnos, sino que puede ayudarnos.

Ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas

Bueno, lo que lo pone en esa categoría es que cuando Jesús estaba encarnado, "en los días de su carne" —o sea, de toda Su encarnación, Su ministerio aquí en la tierra—, "ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente". ¿A qué se refiere esto de las súplicas y los ruegos, y el gran clamor y las lágrimas para librarlo de la muerte? Bueno, creo que hay muchas cosas encerradas dentro de esas frases. Pues estaba meditando sobre esto, y hay tantas cosas que podríamos decir, pero nada más quiero resumirlo así: Cristo estuvo en Su tiempo aquí en la tierra en completa dependencia del Padre, en súplica para ayudarlo a cumplir Su voluntad. Es decir: "Señor, que se haga Tu voluntad y no la mía. Ayúdame a que eso sea una realidad; en mi dependencia de Ti, en mi debilidad humana, que yo siempre pueda decir no a la tentación y pueda cumplir lo que Tú quieres".

Eso fue un ejercicio constante en Su humanidad, también siendo ejemplo para nosotros de la dependencia que también tenemos que tener del Padre para resistir la tentación. Él hizo lo mismo para cumplir la voluntad del Padre, y al haberlo hecho perfectamente, Dios el Padre contestó esa súplica y ese ruego; lo contestó el Padre al permitirle siempre vencer la tentación y siempre hacer Su voluntad, "a causa de su temor reverente". Es decir, Él es el único que realmente... "Temor reverente" se refiere a cómo sólo Jesús tenía un entendimiento correcto, un conocimiento correcto y una relación correcta con el Padre, lo cual hizo que pudiera cumplir a la perfección la voluntad del Padre, a pesar de la tentación, a pesar de las debilidades.

"Señor, Tú..." Hay dos aspectos aquí: "Tú líbrame de la muerte. Si yo cumplo a la perfección Tu voluntad, entonces, aunque yo muera en la cruz, Tú me resucitarás". Y es lo que hizo. Entonces había una pureza perfecta y una vindicación perfecta implicadas en cómo el Padre contestó las oraciones, las súplicas de Jesús: "Vas a ser perfecto, vas a ser puro perfectamente, y vas a ser vindicado perfectamente de la muerte".

Aunque era Hijo, aprendió la obediencia

"Aunque era Hijo". ¿No es interesante cómo lo pone el autor de Hebreos? Porque ese es su punto: que si fuera un hijo común y corriente como nosotros, eso es lo que esperaríamos: que fuera una lucha, que fuera difícil aprender obediencia. Pero lo sorprendente es que, aunque Él era Hijo, aunque compartía la misma naturaleza —se está apuntando otra vez al versículo 5: "Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy"—, Él era Dios. Aunque eso era cierto de Él, es sorprendente, dice el autor de Hebreos; por eso es esa palabra "aunque": aprendió obediencia. Y eso no significa que era desobediente y aprendió a obedecer. Se refiere a que cumplió la prueba; cumplió lo que tenía que probar acerca de Su naturaleza, acerca de Su vida aquí en la tierra, para comprobarse como digno y perfecto para la obra que Dios lo había enviado a hacer. Por eso dice el versículo 9: "Y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen".

Eso nos muestra que aprender obediencia significa que tenía que ser completo en Su experiencia humana, y significa que Él tenía que pasar las pruebas como humano que Adán y Eva no pasaron. ¿Se acuerdan? En el huerto del Edén, Adán y Eva fueron tentados, Adán y Eva fueron probados; ellos no pasaron la prueba. Jesús, como humano, tenía que pasar las mismas pruebas y comprobar que Él sí tenía lo que ellos no tenían. Así como Israel fue tentado en el desierto, y ellos no pasaron la prueba, Jesús tenía que ser tentado en el desierto y pasar; confiar absolutamente en la palabra revelada del Padre, al citar las Escrituras y al creer en esas promesas, y al decir: "No, no voy a aceptar el camino fácil; no voy a ceder ante la tentación, porque la voluntad del Padre es más importante, y Mi gozo está puesto en la voluntad del Padre".

Entonces, la obediencia perfecta a través del sufrimiento era un requisito para poder convertirse en un sumo sacerdote calificado y suficiente. Tenía que comprobarlo, tenía que pasar la prueba, tenía que mostrar que sí, efectivamente, Él tenía todas las características de aquel sumo sacerdote que podía ser un sumo sacerdote perfecto y eterno para todas las generaciones del pueblo de Dios que buscaran el perdón de Dios, el acceso a la presencia de Dios, a través de un representante; que ese representante realmente fuera digno, que realmente hubiera pasado todas las pruebas que otros sumos sacerdotes no habrían podido pasar, porque ellos tenían que ofrecer sacrificios por sus propios pecados. Por lo tanto, eran sacerdotes incompletos, insuficientes; tenían que apuntar hacia un sumo sacerdote más glorioso, más perfecto, más poderoso, más puro, que fuera vindicado por Dios mismo, por el Padre, para ser declarado... Y eso es lo que está en el versículo 10: "declarado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec".

Jesús es lo que necesitas

Entonces, es mi punto final: Él es perfeccionado. Y eso contesta la pregunta: ¿cómo sé que Jesús es realmente lo que necesito? ¿Cómo sabes que Jesús es lo que necesitas? El autor de Hebreos te está diciendo cómo sabes. Lo sabes porque Él fue tentado; lo sabes porque fue obediente, siempre resistió la tentación, siempre hizo la voluntad del Padre; porque fue declarado perfecto y eterno representante para Su pueblo. Por eso Jesús es lo que necesitas, y puedes saberlo. Él es adecuado para ayudarnos en nuestras tentaciones; Él es adecuado para darnos eterna salvación.

Y otra vez, hay una cláusula en el versículo 9: fue perfeccionado, y vino a ser autor de eterna salvación "para todos los que le obedecen". Y si les gusta marcar sus Biblias —yo no sé si les gusta; a algunos no, a algunos sí—, pero yo he estado marcando en el libro de Hebreos con rojo todas las advertencias, o todas las cláusulas que tienen que ver con nosotros. Y aquí marqué "para todos los que le obedecen", porque aquí hay una conexión: Él aprendió la obediencia; es decir, se mostró obediente a pesar de las debilidades humanas. Él se mostró obediente perfectamente como ejemplo para nosotros; y no nada más como ejemplo, sino para ser nuestra obediencia. Es decir, los que son realmente hijos de Dios serán obedientes como Él fue obediente. ¿Por qué? Porque Su obediencia es imputada a nosotros.

¿Cómo sabes que estás conectado a este Cristo y a la salvación que Él te ofrece? ¿Cómo sabes? Porque le obedeces, porque amas la justicia y la voluntad del Padre como Él la amaba. Ese es el deseo de tu corazón; es lo que quieres, es lo que anhelas. Y así sabes que has obtenido eterna salvación a través de Él: cuando lo ves a Él y dices: "Sí, esa vida que Jesús vivió es la mía; esa vida que Jesús vivió es la que yo he obtenido a través de la fe". No es la fe la que nos salva; es la fe en Jesús la que nos salva, porque Él es el que fue perfecto por nosotros. Y eso es lo que nos hace a nosotros obedientes; eso es lo que nos hace a nosotros seguir en Sus pasos. Podemos obedecer porque Él obedeció.

Espero que esta perspectiva acerca de quién es Jesús cambie sus vidas. Espero que les haga ver la vida cristiana con una nueva luz: en dónde estamos parados, en quién estamos parados. Eso hace toda la diferencia. Y el próximo domingo vamos a continuar meditando sobre esto en los últimos versículos del capítulo 5: la perfección, la madurez que Dios quiere traer a nuestras vidas.

Oración final

Gracias, Padre, por la oportunidad de meditar en Tu Palabra hoy, porque otra vez hemos sido confrontados no con lo que nosotros tenemos que hacer en nuestras fuerzas, sino con quién es Jesús para nosotros; cuáles son Sus atributos, cuáles son Sus características, que nos dan confianza, que nos dan seguridad a nosotros para avanzar en la vida cristiana, para ser transformados conforme a Tu imagen. Ayúdanos, Señor, a vivir estos versículos al contemplar a Jesús, al considerar a Jesús, porque eso es el fundamento, lo más importante de la obra que quieres hacer en nosotros. En Tu nombre oramos; en Tu nombre encomendamos nuestras vidas y nuestra iglesia. En el nombre de Cristo Jesús.

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