Hebreos 4:14-16HebreosNathan Díaz
Jesús: sumo sacerdote tentado
¿Cómo vencer la tentación sabiendo que Jesús fue tentado en todo como nosotros? Hebreos 4:14-16 muestra en qué sentido su tentación fue igual a la nuestra y en qué sentido fue distinta, y por qué solo alguien sin pecado puede ayudarnos. La invitación es acercarnos confiadamente al trono de la gracia para hallar oportuno socorro.
Escuchar el audio de esta predicación →
Transcripción
Introducción y oración
Hola, hermanos. Es un gusto acompañarlos otra vez por este medio para estudiar la Palabra de Dios, para estudiar el libro de Hebreos, que espero que esté siendo de bendición en sus vidas como lo está siendo en la mía. Cada día que leo este libro soy confrontado de una manera nueva, y veo lo relevante que es este libro para nosotros hoy. Así que, primero Dios, vamos a encomendar a Él este tiempo que vamos a estar juntos meditando en estos últimos tres versículos del capítulo 4.
Gracias por la oportunidad de meditar en Tu Palabra. Gracias porque vemos en ella las características que quieres que conozcamos acerca de Ti, y especialmente acerca de Tu Hijo. Y buscamos, a través de estos versículos que vamos a estar meditando hoy... queremos conocerte mejor, queremos amarte más a través de este tiempo, y queremos que Tú seas glorificado en nuestras vidas y en nuestra iglesia. En el nombre de Cristo Jesús, amén.
Repaso: entrar en el reposo de Dios
Hoy vamos a estar meditando, como ya decía, en estos últimos tres versículos del capítulo 4. Nada más, un recordatorio de lo que estuvimos viendo el domingo pasado: vimos 13 versículos el domingo pasado, y hablamos acerca de muchas cosas. Después de que terminé el mensaje el domingo pasado, me di cuenta: "Bueno, pude haberlo dividido en dos partes". Pude haber hecho la parte de entrar en Su reposo como una parte, y luego la parte de la Biblia como una espada de dos filos; otro mensaje pudo haber sido completamente. Pero quería juntar las dos el domingo pasado y hablar sobre las dos cosas, porque creo que era importante que viéramos cómo el autor de Hebreos nos está dando una de las claves centrales para entrar en el reposo de Dios.
Y ese fue el punto el domingo pasado: ¿cómo entramos en el reposo de Dios? Hablamos sobre el reposo de Dios, y cómo es la obra completa de Dios. Así como en la creación original, cada día que hacía algo, decía —vio que era bueno—; y llega al sexto día, toda Su creación es perfecta, vio Dios que era bueno, y descansó Dios de Sus obras. Entonces, Dios completa una obra y descansa al final. Y ahora nos ofrece ese descanso también de otra obra perfecta, que es la obra de Cristo Jesús. Él es nuestro sábado; Él es el descanso de nuestras obras, porque Dios ya hizo una obra perfecta en nuestro lugar.
Y hablábamos acerca de estas verdades que están en el capítulo 4: cómo la tentación más grande en la vida cristiana es a la incredulidad. El problema que tenemos del pecado es un problema de incredulidad, de fe. Veíamos eso al final del capítulo 3, donde dice: "Y vemos que no pudieron entrar a causa de su incredulidad". Y luego dice el autor de Hebreos claramente, en el versículo 2 del capítulo 4, que no les aprovechó la palabra que escucharon. ¿Cuál fue el problema? Escucharon la Palabra de Dios, escucharon el Evangelio de Dios, los israelitas que salieron de Egipto, pero el problema fue que no la acompañaron de fe. Ese es el problema, y por eso no entraron en el reposo de Dios.
¿Cómo entramos en el reposo de Dios? ¿Cómo descansamos en Dios? A través de la fe. Y quisimos definir —traté de definir el domingo pasado— qué es la fe; cómo se define la fe que salva, la fe bíblica, que tiene que ver con confianza. No nada más conocimiento, sino confianza, de tal manera que atesoramos lo que sabemos, de tal manera que confiamos nuestra vida en manos de este Dios que se ha comprobado como un Dios fiel a través de Sus obras, a través de la historia, y podemos depender de Él. Y esa confianza nos muestra que entre más confiamos, más descansamos. Es la verdad de la vida cristiana: es el aprender a confiar, aprender a depender más de Dios, y eso es lo que trae reposo a nuestras vidas. Esa dinámica de confiar en Él a través de Sus promesas, confiar en las obras que Él ha hecho por nosotros, es lo que logra el reposo en nuestras almas.
Eso fue el domingo pasado. Terminamos hablando de la Biblia y de la naturaleza de la Biblia: más cortante que espada de dos filos; es viva, eficaz, penetra, discierne. Y esa misma Palabra nos muestra un Dios al cual tenemos que rendir cuentas. Ahí terminamos, en el versículo 13.
Lectura de Hebreos 4:14-16
Vamos a meditar en estos versículos, 14 al 16. "Por tanto" —todo lo que ya he dicho—, "por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro".
Hoy vamos a estar viendo esta verdad: es la verdad de Jesús como sumo sacerdote. Hoy vamos a estar viendo el aspecto de la tentación de Jesús, que es uno de los énfasis principales de este pasaje. Y el próximo domingo vamos a ver más sobre este tema del sumo sacerdote, que tiene que ver con Sus cualidades como sumo sacerdote, comparadas con las cualidades del sumo sacerdote del Antiguo Testamento. Entonces, este va a ser un tema recurrente en el libro de Hebreos; se está volviendo más evidente.
Eso ya había aparecido; nada más les recuerdo que este tema del sumo sacerdote ya se había mencionado en el capítulo 2. Ya lo habíamos estudiado, el capítulo 2, versículo 17, cuando todavía teníamos reuniones aquí en la iglesia. Pero recuerdan, capítulo 2, versículo 17: "Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados". Y luego, en el capítulo 3, versículo 1, regresamos también a ese tema: "Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús". Y está regresando a estos temas ahorita, en los versículos 14 al 16. Y bueno, esto va a seguir hasta el capítulo 10, este tema del sumo sacerdote. Así que no me preocupo demasiado por hablar todo lo que se pueda hablar sobre el sumo sacerdote hoy, porque vamos a seguir hablando sobre eso el próximo domingo. Y ahí ustedes pueden ver también, en el boletín que está en este mes, los temas para las próximas semanas.
Entonces, quiero analizar tres cosas con ustedes hoy. La primera es: ¿quién es este gran sumo sacerdote que está siendo descrito? Es la introducción. Y la segunda es: ¿qué significa que Jesús fue tentado en todo, de acuerdo al versículo 15? Y después vamos a meditar en la invitación que nos hace el autor de Hebreos: acercarnos, pues, confiadamente al trono de la gracia. Es ahí donde vamos a concluir. Esos son los tres versículos.
El gran sumo sacerdote
Así que, primero, meditamos sobre el sacerdocio de Jesús. Vemos aquí que tiene que ver con una imagen que viene del Antiguo Testamento. Estaba pensando sobre esto, meditando, leyendo diferentes libros también, y pensando cómo es esta idea del sumo sacerdote, por qué para nosotros hoy, en 2020, un sumo sacerdote puede parecer una idea tan extraña, tan foránea a nosotros. Y otra vez, el libro de Hebreos está basado en el Antiguo Testamento; necesitas entender tu Antiguo Testamento. Y la audiencia del libro de Hebreos claramente conocía su Antiguo Testamento; el autor de Hebreos conocía su Antiguo Testamento. Entonces usa un lenguaje que está diseñado para llevarnos al pasado, para mostrarnos a Dios actuando a lo largo de la historia. Y claro, podemos pensar —esto es una pregunta legítima—: cuando Adán y Eva pecaron en el huerto del Edén —y vamos a revisar este tema también más adelante—, pero cuando Adán y Eva pecaron en el huerto del Edén, ¿qué es lo que causó que Dios tardara tanto en resolver el problema del pecado? ¿No se han preguntado eso? Pudo haber Dios resuelto todo luego, luego. ¿No lo pudo haber dicho?: "A ver, ustedes pecaron, quebrantaron Mi ley. Tiene que haber derramamiento de sangre. Ahí está Mi Hijo". Luego, luego, que entrara en la historia y solucionara el problema que se había suscitado cuando Adán y Eva pecaron. Pero no; Dios no lo hizo así. Dejó que se desarrollara un largo periodo de historia, de unos 4000 años, para llegar hasta el cumplimiento del Mesías, de Su Hijo. ¿Sí, no? "Señor, ¿por qué te tardaste tanto en resolver este problema del pecado? ¿Por qué no actuaste antes? ¿Por qué cuatro mil años de historia?".
La Biblia es un libro grueso; es un libro que no se puede leer rápidamente. Tarda mucho tiempo leer la Biblia. Ahí hay programas para leer la Biblia en un año, y aun así requieren leer varios capítulos todos los días. Entonces no es un libro que se lee rápidamente. Hay tantas historias y tantas cosas que hay en este libro, y nos preguntamos: "¿Por qué, Señor? ¿Por qué no nos revelaste una versión condensada, nada más de resumen, de Tu plan?". Bueno, aquí está; esta es la razón: porque Dios quería actuar en la historia de tal manera que sucedieran ciertas cosas que nos fueran preparando para la venida de Su Hijo; de tal manera que cuando viniera Jesús, cuando viniera el Mesías, pudiéramos decir: "Ah, de eso se trata. Esto es quien es Él; para esto vino".
La sombra del sumo sacerdote en el Antiguo Testamento
Entonces, el sumo sacerdote, el rol del sumo sacerdote, la manera en que Dios instituyó que existiera un sumo sacerdote. Primero nos plantea: ¿por qué necesitamos un sumo sacerdote? Evidentemente hay un problema. Dios ya nos está apuntando en esa dirección; ya estaba apuntando a Israel en esa dirección cuando les dijo: "Quiero que tengan un sumo sacerdote; un sumo sacerdote que va a entrar una vez al año al tabernáculo" —o al templo, más adelante— "en el Día de la Expiación. Va a pasar por el patio externo, va a entrar al Lugar Santo, y luego va a entrar al Lugar Santísimo, y luego va a llegar al propiciatorio, y luego va a derramar sangre sobre el propiciatorio, y va a obtener el perdón de Dios para todo el pueblo". Ya los está apuntando a varias cosas: nuestro pecado requiere que se derrame sangre; nuestro pecado requiere que alguien entre a la presencia de Dios por nosotros, que abogue por nosotros, que nos represente delante de Dios. El sacerdote en el Antiguo Testamento tenía también que ofrecer sacrificio por sus propios pecados; eso lo vamos a ver el próximo domingo.
Pero la audiencia original del libro de Hebreos... la tentación que ellos tienen es a regresar a ese sistema. Ellos ya han escuchado acerca de Jesús; ellos ya han escuchado acerca del cumplimiento de todas las cosas en Él; Él es el sacrificio. Pero claro, son judíos que estaban acostumbrados a ofrecer sacrificios, estaban acostumbrados a todas estas leyes ceremoniales. Y entonces tienen la tentación de: "Sí, ¿por qué no nos regresamos a eso? ¿Por qué no seguimos haciendo esas prácticas que Dios mismo instituyó?". Y el autor de Hebreos quiere mostrarles: "No, es que hay algo mejor. Hay un sumo sacerdote mejor que esos sumos sacerdotes".
Traspasó los cielos: Jesús, el Hijo de Dios
Tenía varias características; aquí están algunas de ellas, que están diseñadas otra vez para hacernos pensar en la imagen del Antiguo Testamento. "Traspasó los cielos": Levítico 16:1 al 25. Aquí está mostrándonos esta realidad que tiene que ver con el Día de la Expiación: una vez al año, entrando al Lugar Santísimo. Y también, como Hijo de Dios. Él es el Hijo de Dios. Si se acuerdan, capítulo 1, versículo 2: "En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo". Ahí no dijo Su nombre, no dijo que era Jesús. Ahora nos está diciendo: se llamó Jesús. Y esa es la confesión, dice el autor de Hebreos; es la confesión que nosotros profesamos. Por eso dice: "Retengamos nuestra profesión". "Teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión". Eso es lo que decimos acerca de esta realidad.
Uno que traspasó los cielos: como el sumo sacerdote cruzaba el patio, el Lugar Santo, para llegar al Lugar Santísimo —y en el Lugar Santísimo estaba el arca del pacto, el propiciatorio—, de la misma manera Jesús cruzó los cielos: primero, segundo, tercer cielo, de acuerdo a lo que leemos en 2 Corintios 12. Todas esas realidades tienen un paralelo en Cristo Jesús, yendo ante la misma presencia de Dios para interceder por nosotros. Es interesante esta palabra: "gran sumo sacerdote". Porque sólo hay un gran Sumo Sacerdote, el Sacerdote de sacerdotes. Como decimos "Rey de reyes, Señor de señores", también es el Sacerdote de los sacerdotes; el más alto, el mejor, que entra no a un tabernáculo humano, sino a un tabernáculo celestial. Eso lo vamos a ver en Hebreos 9.
Nuestra confesión: una fe histórica
Pero esto es nuestra confesión. Hay una fe histórica: Jesús vino, entró en el espacio, en el tiempo y en la historia. Y esa es nuestra confesión, de la que dice el autor de Hebreos que es la confesión que tenemos que retener. Confesamos que Jesús entró en nuestra historia, en nuestro tiempo, en nuestro espacio. Él es el Sumo Sacerdote del que estamos hablando, y es la fe histórica que nos ha sido pasada a través de los apóstoles, que está siendo establecida aquí en el libro de Hebreos: la fe que confesamos. Pospusimos —no iba a decir "suspendimos"; no, pospusimos nada más— los bautizos que íbamos a tener en la iglesia. Y es la confesión de fe que ellos van a hacer: en un Jesús histórico, que es Sumo Sacerdote, que es el Hijo de Dios, que traspasó los cielos, que entró al Lugar Santísimo; está en el Lugar Santísimo, o sea, en la presencia de Dios, intercediendo por nosotros. Que es mucho de lo que vamos a estar viendo en el libro de Hebreos.
Tentado en todo, pero sin pecado
Así que eso nos lleva al siguiente punto, que tiene que ver con el versículo 15: "Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado". Y aquí sí nos metemos a un tema teológico sumamente... no sumamente controversial, pero sumamente difícil de entender.
Sí, la idea de que Jesús fue tentado era extremadamente revolucionaria, esta idea que está compartiendo el autor de Hebreos. Porque los estoicos tenían la idea de que el principal atributo de Dios era Su apatía, que lo hacía incapaz de sentir, por lo menos a un nivel como nosotros experimentamos. Y entonces había una apatía, un distanciamiento de Dios. Los epicúreos también decían que Dios habitaba en lo que llamaban intermundia, en un punto donde está desconectado de Su creación. Entonces, esta idea del autor de Hebreos, de que tenemos un sumo sacerdote que puede compadecerse de nosotros, de nuestras debilidades, que haya sido tentado en todo, es una idea sumamente revolucionaria, especialmente en una cultura griega, en una cultura pagana que tenía toda clase de percepciones acerca de Dios. Esto es un Dios que condesciende, que se baja a nuestro nivel y puede entendernos.
Pero no podemos juntar esas dos ideas, normalmente, acerca de la deidad de Jesús y Su humanidad. Y el autor de Hebreos nos está tratando de mostrar ambos lados al enfatizar esta parte de la tentación de Jesús: mostrándonos ahora Su humanidad, y Su humanidad de una manera muy real, muy tangible; pero también, al mismo tiempo, cómo es diferente Su humanidad a la nuestra. Hay unos puntos muy importantes de diferencia. Entonces, tenemos que entender claramente a qué se refiere cuando dice que Jesús fue tentado en todo según nuestra semejanza, y por qué es importante. Bueno, es importante porque cuando compartimos experiencias con otros, eso nos une más, ¿no es cierto? Cuando tú vives ciertas experiencias iguales a otra persona, te pone en un punto de entenderla, de conectarte con ella de una manera que no podrías si no hubieras compartido esas experiencias.
Experiencias compartidas
Entonces, por ejemplo, todos tenemos hobbies, y cuando le agarramos el gusto a algo... Por ejemplo, yo —como ya he estado mencionando en otros mensajes recientemente—, me gusta jugar basquetbol. Inmediatamente, cuando conozco a alguien a quien también le gusta el basquetbol, ya tenemos una conexión. Inmediatamente hay algo que él entiende de mí y yo entiendo de él. Podemos tener diferentes grados de habilidades —a lo mejor, jugando, normalmente él es mejor que yo—, pero nuestro gusto por el deporte, o por ver partidos, automáticamente crea una conexión significativa. De la misma manera, gustos de diferentes cosas: música. Si tú dices: "Me gusta este grupo", y la persona con la que estás hablando dice: "¡A mí también me encanta! También es uno de mis grupos favoritos", inmediatamente se crea una conexión por esa experiencia compartida de disfrutar un cierto estilo de música. O te gusta una cierta decoración, cómo se ve una cierta casa, o un edificio, o cosas así; de pronto ya encuentras algo en común con la gente que te une a ellos. Más allá de eso, las mujeres también estaban... vi que hoy estaban haciendo manualidades y cosas. Entonces, un gusto en común, sé que crea vínculos con la gente.
Y más allá de eso están las experiencias tristes y difíciles de la vida: el enfrentar enfermedad. He visto a alguien que pasa por cáncer, o alguien que pasa por diabetes, o cualquier tipo de enfermedad; pero de pronto, si conoces a alguien que tiene esa misma enfermedad que tú tuviste, o que tienes, automáticamente ese dolor y esa experiencia de pasar por esa enfermedad te hacen simpatizar de una manera mucho más profunda.
Yo he compartido con varios mi perspectiva, por ejemplo, hoy en día, sobre la pérdida de los padres. O sea, cuando alguien pierde a sus padres... Y eso ha pasado. Y yo recuerdo, antes de que fallecieran mis papás, gente que perdía a su papá o a su mamá, y simpatizaba con ellos. Yo decía: "Bueno, lo siento mucho; siento mucho tu pérdida, hermano. Aquí estoy". Y claro, sí es real ese sentimiento. Pero desde que mis padres fallecieron, cuando yo sé de alguien más que ha sufrido la pérdida de su papá o su mamá, ahora tengo un nuevo nivel de entendimiento; ahora tengo un nuevo nivel de simpatía hacia esa experiencia que ellos han vivido. ¿Por qué? Porque yo viví lo mismo. Entonces puedo entender esa dinámica de una nueva manera. La muerte, esa experiencia de una muerte cercana a nosotros, es una experiencia muy poderosa, que, cuando la compartes con alguien, te ayuda en el entendimiento que tienes hacia ellos.
Bueno, todo eso lo digo nada más para decir que este pasaje nos está mostrando la importancia que tiene que Jesús comparta las experiencias que nosotros tenemos de esta vida de debilidad, de debilidad humana y de tentación humana. Queremos entender esto correctamente, porque esto es muy importante.
Las tentaciones de Jesús
Tenemos que Jesús fue tentado. Esto es algo que los Evangelios dejan muy claro que sucedió, no nada más al principio del ministerio de Jesús, sino también al final de Su ministerio. Las dos más grandes tentaciones de Jesús sucedieron cuando empezó, cuando fue tentado por Satanás en el desierto, y al final de Su vida, cuando está en el huerto de Getsemaní. Vemos la lucha interna de Jesús sobre cómo someterse a la voluntad de Dios a pesar de la tentación de tomar el camino fácil. Y esto nos empieza a ayudar a entender, a definir, a qué se refiere ser tentados. Lucas 4 y Lucas 22 nos narran estas dos historias de la vida de Jesús. Ahí empezamos a ver: sí, sí, Jesús fue tentado; fue tentado en todo según nuestra semejanza.
Entonces, queremos entender en realidad cómo es igual, porque el autor de Hebreos está diciendo esto: la tentación de Jesús es igual a la nuestra en gran parte; inclusive dice "en todo". Pero ese "todo" está condicionado, porque sí fue tentado igual a nosotros en todo, pero también hay aspectos en los cuales no es tentado igual a nosotros. Vamos a ver qué dice la Biblia; queremos entender esto correctamente.
Semejanza de carne de pecado
Vean conmigo a qué se refiere "según nuestra semejanza". Y Romanos 8:3 nos da un poco una pista aquí, cuando dice que Jesús fue hecho "en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne". Entonces, la idea es: en semejanza de carne de pecado. Eso es: no tenía carne de pecado; tenía una semejanza de carne de pecado. Y aquí, otra vez, es el mismo principio que tiene el autor de Hebreos.
Hay un pasaje en particular que quiero que vean, que es Santiago 1:13, Santiago 1:13 al 15, que habla sobre la tentación, y aquí es donde empezamos a entender dónde la tentación de Jesús es diferente a la nuestra. Dice: "Que nadie diga cuando es tentado: Soy tentado por Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, y él mismo no tienta a nadie". Pues ahora aquí Santiago está diciendo: Dios no puede ser tentado por el mal, y Él no tienta a nadie. Bueno, vamos a entender esto un poco más, porque todo esto empieza a parecer... parece que está contradiciendo lo que dice el autor de Hebreos. Dice: "Sino que cada uno es tentado cuando es llevado y seducido por su propia pasión". Bueno, Jesús fue tentado, dice el autor de Hebreos. Santiago dice: cada uno es tentado cuando es llevado y seducido por su propia pasión. Después, "cuando la pasión ha concebido, da a luz el pecado; y cuando el pecado es consumado, engendra la muerte".
Entonces, vamos a tratar de entender a qué se refiere que Jesús fue tentado. Porque, de acuerdo a Santiago, la tentación surge desde adentro, desde un deseo pecaminoso, que es el que nos lleva a actuar en base a ese deseo pecaminoso. Y eso es como Santiago describe la tentación. Entonces, ¿es la tentación de Jesús igual a la nuestra? Parece ser que no; parece ser que no es tentado como nosotros, porque nosotros somos tentados, de acuerdo a Santiago, por deseos pecaminosos que hay dentro de nosotros, que evidentemente Jesús no tenía. Pues, ¿cómo puede ser tentado igual a nosotros? Bueno, vamos a tratar de aclarar esto, porque aquí está la cláusula del autor de Hebreos cuando dice: "pero sin pecado". Entonces, ¿a qué se refiere "sin pecado"?
El paralelo con Adán y Eva
Bueno, vamos a ver cuál es el paralelo más cercano a esto en la Biblia. Para entender esta dinámica de "sin pecado", tenemos que ver cómo la tentación de Jesús es paralela a la tentación de Adán y Eva en el huerto. Aquí hay una cosa bien interesante. Estaba estudiando esto, estaba meditando sobre esto, y me pareció que esto es muy iluminador para entender la naturaleza del pecado, y cómo es igual y es diferente la tentación de Jesús: en muchos sentidos es igual, y en muchos sentidos también es diferente.
Entonces, aquí está el paralelo. Cuando somos tentados, somos tentados en unas áreas muy específicas. Y vamos al huerto del Edén, vamos con Adán y Eva, especialmente con Eva, con la serpiente, y vamos a encontrar que esta primera tentación era una tentación de conocimiento, de curiosidad, digamos. O sea, la serpiente le dice a Eva: "Tú puedes saber más de lo que sabes ahorita. Tú puedes ser como Dios en lo que sabe sobre el bien y el mal". Entonces está apelando a este sentido de curiosidad: "¿Cómo sería si yo fuera como Dios? ¿Cómo sería eso?". Ahora, hasta ese punto, creo, todavía no hay pecado. Esa es la parte de la tentación: está nada más apelando a un mayor conocimiento, a una mayor exposición, a tener curiosidad por cómo sería si ya fuera como Dios.
Entonces, empieza con la curiosidad, la tentación: "¿Cómo sería?". Hasta este punto no es pecado. Hasta este punto Jesús comparte nuestra tentación. ¿Por qué? Porque Él visualizaba cómo sería: "Si es posible, que pase de Mí esta copa". Entonces ya está visualizando Jesús, en ese momento, un escenario, un escenario posible: "Podría no pasar por este sufrimiento y esta tribulación; podría ser... Si fuera posible, físicamente me gustaría evitar el dolor, el sufrimiento". Pues ahí empieza.
Placer, posesión y poder
Pero luego, la verdadera tentación nos presenta ciertas cosas muy, muy tangibles delante de nosotros, que nos ofrecen cosas muy, muy claras, muy tangibles. Estoy haciendo el audiolibro de Piper, Viviendo a la luz de dinero, poder y sexo, donde habla de estas tres áreas. Creo que es lo mismo que desarrolla, donde las mismas tres áreas de mayor tentación tienen que ver con placer, posesión y poder.
La serpiente le presentó estas tres tentaciones a Eva. Le dijo: "Mira este fruto, para satisfacer tu hambre". Entonces está apelando a un deseo bueno, pero al final está apelando a un deseo de satisfacción, un deseo, un placer. Número 2: vio que era bueno a los ojos. Entonces es esta codicia, este deseo de poseer algo hermoso. Y número 3, le dice: "Serás como Dios". Entonces apela al poder que ya puede tener si desobedece a Dios, si sigue este rumbo. Entonces apela a esas tres cosas, piénsenlo: placer, posesión y poder.
Con Jesús hay un paralelo exacto, cuando fue tentado en el desierto por Satanás. Igual, otra vez se repite la historia. Inclusive, creo que hay un paralelo de que Jesús haya sido tentado en el desierto con el tiempo que Israel pasó en el desierto como prueba, donde ellos no pasaron; que justamente es de donde viene esta idea que estuvimos desarrollando el domingo pasado, ¿no?: Israel en el desierto, que no pudo entrar en el reposo de Dios porque no pasó la prueba en el desierto. Jesús sí pasó la prueba en el desierto. Pero también la prueba en el desierto estaba diseñada para hacer un paralelo de la prueba del huerto del Edén, donde Jesús también fue tentado con placer: "Convierte estas en pan. Tienes hambre, Jesús; come, satisface tu hambre". Otra vez, no es que sea malo comer; es cómo y dónde lo hacemos, la manera en que lo hacemos, lo que es el problema. Vamos a ver eso en un momento.
Y después le dice: "Todos estos reinos pueden ser tuyos". Otra vez: Jesús es Rey, tiene derecho a esos reinos, pero es la tentación hacia la posesión, hacia el poder, en ese momento y de esa manera, que no es la manera de Dios. No es que le esté dando algo malo a Jesús; no le está ofreciendo algo malo. Es cómo, y cuándo, y dónde lo está haciendo lo que se convierte en la parte de la tentación: fuera del plan de Dios, fuera del tiempo de Dios. Y al final también apela al poder: "Tú puedes brincar, y los ángeles te van a cachar, y no te va a pasar nada. ¿Por qué? Porque eres tan poderoso. Tú tienes esa clase de poder, Jesús. ¿Por qué no lo haces?".
Cuándo la tentación se convierte en pecado
Entonces, la tentación en la vida cristiana viene en estas tres áreas: placer, posesión y poder. Las tres pes, podríamos llamarles, si así quieren recordarlo. Pero la tentación se convierte en pecado en el momento en que nosotros cedemos a encontrar nuestro placer en ese pecado; a decir: "Sí, que ese pecado me dé la felicidad ahora que yo quiero", de cualquier cosa que tenga que ver con estas tres áreas. En el placer... Otra vez, el libro al que me estoy refiriendo, de Piper, que habla de dinero, sexo y poder: el sexo apela a nuestro placer, el dinero apela a nuestra posesión, y claro, el poder es poder; es la influencia, es lo que podemos hacer. Ninguna de esas tres cosas, dice John Piper, son malas en realidad; Dios nos las ha dado como regalos para hacer Su voluntad. Es cuando cedemos ante la tentación, al encontrar nuestro placer en esa tentación y en ese pecado, que la tentación se convierte en pecado.
Entonces ya podemos ver dónde está la diferencia con Jesús: Jesús nunca encontró Su placer y Su satisfacción en esas cosas fuera del plan y de la voluntad de Dios, y del tiempo de Dios. Entonces, otra vez, son cosas buenas, pero no en el tiempo de Dios ni a la manera de Dios. Eso es lo que quiero que entiendan acerca de la tentación. Estuve pensando mucho sobre esto: cómo definir tentación, cómo definir en qué momento la tentación se convierte en pecado. Los regalos de Dios los podemos recibir de una manera incorrecta y en un tiempo incorrecto, y eso es cuando son pecado.
Entonces, por ejemplo, el sexo. El sexo es algo bueno, creado por Dios, pero hay un tiempo y un lugar para el sexo. Y miren, es por eso que se llama tentación: porque nos está ofreciendo algo bueno. Al final, la tentación se presenta a nosotros como algo bueno, algo deseable; por eso es que es tentación. Y normalmente es el camino fácil, la salida fácil. Veamos la vida de Jesús: "Convierte estas rocas en panes", y sería lo más fácil ahorita para satisfacer Su hambre; no esperar a que acaben los 40 días. "Que pase de Mí esta copa": esa sería la ruta fácil. "Pero no sea conforme a Mi voluntad, sino…" conforme… Normalmente, el camino más fácil es el camino de la tentación, es el camino del pecado.
El racismo como ejemplo
También estaba pensando sobre todo esto que se está hablando ahorita sobre el racismo. ¿Cómo es el racismo pecado? Bueno, la tentación al racismo, ¿cuál es? ¿En qué momento se convierte? Porque, bueno, nosotros valemos delante de Dios; sí, eso es algo bueno. La autoestima es algo bueno a la luz de ser creados a imagen y semejanza de Dios, cuando nos apunta hacia nuestro Creador; nos vemos a través de Él, como Su creación. Eso es algo bueno: el valor del ser humano. Pero el racismo es ceder ante la tentación de exaltar mi valor a expensas de alguien más, al denigrar o menospreciar el valor de alguien más, y de esa manera yo sentirme más valioso. Eso es el racismo, y eso es de lo que se está hablando tanto ahorita, a la luz de todo lo que está sucediendo en Estados Unidos. ¿Ven dónde está la tentación? "Me gusta sentir que valgo". Eso es algo bueno, sí, pero cómo encuentras tu valor hace toda la diferencia; eso es lo que lo hace pecado.
Otra vez, la inmoralidad sexual apela al placer, y es un placer dado por Dios, el placer sexual. Pero cuando cedemos ante ese placer de la manera errónea, en el momento erróneo de nuestra vida, es que se convierte en pecado; cuando cedemos ante esta tentación.
Entre más resistes, más conoces la fuerza del mal
Entonces, ¿cómo es diferente la tentación de Jesús a la nuestra? Bueno, estaba leyendo algo que escribió C. S. Lewis, que es muy interesante. Decía, de hecho, que entre más tú resistes a un enemigo, más consciente estás de qué tan fuerte es él. Lo comparaba con un ejército. Decía: si tú resistes, ¿cómo vas a saber que un ejército es muy poderoso, muy fuerte? Bueno, entre más tú lo resistas, más tiempo lo resistas, más evidente se va a volver su fuerza para ti. El que menos conoce la fuerza del mal es el que cede más rápido al mal. Eso es interesante. Puede simpatizar Jesús con nosotros justamente porque resistió el pecado; justamente porque sabe cómo se ve esta oposición hacia el pecado.
Tentación externa y tentación interna
Pero ahora, viendo este pasaje de Santiago 1:13, y lo que dice sobre ser tentados por nuestras propias concupiscencias, por nuestros propios deseos pecaminosos: existe la tentación externa y existe la tentación interna.
Entonces, si quieren entender cómo se relaciona Hebreos 4:15 con Santiago 1:13: Santiago 1:13 está hablando de tentación interna; Hebreos 4:15, que es nuestro pasaje de hoy, está hablando de tentación externa. Jesús fue tentado externamente: Satanás, el mundo, todas las cosas que lo rodeaban eran lo que provocaba la tentación. Es decir, el experimentar de una manera real y tangible la posibilidad, o sea, hipotéticamente, de conocer y acceder a esas cosas; cómo sería experimentar esas cosas, pero sin encontrar Su placer en esas cosas, sin ceder en ningún momento a esas cosas. "Sí, sería bueno, Señor, no tener que sufrir en la cruz, y los clavos, y la tortura, pero encuentro mayor gozo y mayor satisfacción en hacer Tu voluntad. Por eso no lo voy a hacer".
La impecabilidad de Jesús
Yo creo en la doctrina de la impecabilidad de Jesús; es decir, que no tenía en realidad la capacidad de pecar, porque era Dios. Tenía la debilidad humana que lo exponía ante las tentaciones de las circunstancias que lo rodeaban, de tal manera que pudiera entender cómo es que ceder ante esas cosas podría satisfacer anhelos temporales de Su vida; serían la salida fácil. "No, no, no voy a ceder ante esa tentación".
La fe es el antídoto a la tentación
Entonces, la fe es el antídoto a la tentación, porque justamente le creemos a Dios que los regalos que Él nos ofrece a través de Sus promesas son mejores que lo que esa situación que está enfrente de nosotros en ese momento nos está ofreciendo. "Si tan sólo mintiera ahorita... Si tan sólo diera esa imagen ahorita... Si tan sólo...". Entonces tenemos esa tentación en ese momento, pero decimos: "No, Señor. Yo te creo a Ti: que si yo hago Tu voluntad ahorita, eso es mejor, y eso a largo plazo va a traer mayor gozo y mayor satisfacción a mi vida, porque Tú sabes lo que es mejor para mí, y yo existo para Tu gloria. Así que ayúdame a resistir la tentación. Ayúdame a resistir lo que está enfrente de mí, que me está nada más dando una alternativa fácil para no cumplir Tu voluntad, lo que yo sé que Tú quieres de mí".
Como lo hizo Jesús: citó las Escrituras. De esa manera recordó las promesas de Dios, ¿no? Esa es la manera de vencer la tentación: recuerda que lo que Dios te ofrece es mejor que lo que está delante de ti. No puedes nada más decir que no; necesitas algo mejor que lo que está enfrente de ti, que lo sustituya. Y Jesús pudo ver a las Escrituras como Su arma, y decir: "Escrito está: No tentarás al Señor tu Dios". "Escrito está": contestar con seguridad sobre qué es lo que estaba diciendo Dios.
Y piensa en lo que hace también Eva con la serpiente: "Pero sí, Dios nos dijo que no comiéramos, ni tocáramos; sí, Él dijo que vamos a morir". No; Él dijo "ciertamente morirán". Esa parte la omitió Eva. Entonces, es importante entender qué es exactamente lo que Dios dice y cómo lo dice, porque en base a eso vamos a poder luchar contra la tentación. Citamos las Escrituras, y las citamos de la manera en que Jesús las citó: no dudando que son verdad para nuestras vidas. Y cuando Jesús fue tentado por Satanás, cuando Jesús le dijo que no a la tentación, enfrentando a Satanás, Él estaba diciendo sí a la cruz, porque esa era la voluntad del Padre.
Un sumo sacerdote que nos entiende y nos ayuda
Entonces, ¿nos entiende Jesús? Sí nos entiende, porque Él todavía tiene un cuerpo en el cielo; un cuerpo físico, un cuerpo glorificado, pero es un cuerpo. En ese cuerpo Él ha experimentado las mismas debilidades físicas que a nosotros nos llevan a ceder ante el placer que el pecado nos ofrece. Ahí es donde Jesús dijo no. Y aquí es donde está la gran diferencia, y aquí es donde está el verdadero consuelo.
Podríamos decir: "Es que, bueno, Señor, es que entonces no me entiendes, porque Tú no tenías una naturaleza pecaminosa. Yo quisiera que también tuvieras una naturaleza pecaminosa, para que de veras experimentaras lo que yo estoy viviendo. Si hubieras tenido una naturaleza pecaminosa como la mía, entonces sí me entenderías". Bueno, hay un gran problema con eso, y es: si Jesús hubiera tenido pecado, entonces sería otro ser humano más; no te podría ayudar en tu tentación. No es suficiente con que Jesús sólo nos pueda entender en las luchas; también tiene que servir como una verdadera esperanza a la cual nosotros podemos recurrir en medio de nuestras tentaciones.
Acerquémonos confiadamente
Y ahí es donde llegamos al versículo 16: "Acerquémonos confiadamente". Esta frase, esta palabra que usa el autor de Hebreos, "confiadamente", es una palabra que quiero que traten de entender: con cuánta confianza está esta invitación abierta para que nosotros vayamos a un lugar en donde sabemos que no seremos rechazados, donde sabemos que no nos sentiremos como extraños, donde pertenecemos ahora a la familia. Y por eso tenemos el derecho.
Estaba pensando cómo sería... Sí, hay mucha confianza entre nosotros como hermanos en Cristo; yo entiendo eso. Y de hecho, hasta tengo llaves de la casa de algunos de ustedes. Y estaba imaginando cómo sería si ustedes un día regresaran de haber estado fuera, y llegaran a su casa, y me encontraran allí sentado en la sala viendo la tele, o acostado en su cama. Sería una situación muy incómoda, donde dirían: "Oiga, hermano... Bueno, está bien, sí, yo le di llaves de mi casa, pero, este, creo que ya es demasiada confianza. No sea tan confianzudo. No se trata de que entre cuando quiera". O sea, hay un grado de privacidad que tenemos como familia. Y claro, o sea, y otra vez, yo sé que hay confianza entre nosotros, y que pues siempre somos bienvenidos en sus casas, y ustedes son bienvenidos en la mía también, siempre. Pero obviamente entendemos que existen diferentes grados de confianza, y el grado más íntimo de confianza es para los que son de la familia, los que viven en la casa, los que son de ahí. Yo no me extrañaría de ver a mi hijo durmiendo en su recámara, porque es su recámara; es para él. Entonces, se supone que tiene que estar; se supone que debe de sentir confianza.
Lo mismo es lo que el autor de Hebreos nos está diciendo en cuanto a la presencia misma de Dios: nosotros tenemos acceso al trono de la gracia justamente porque Jesús nos ha invitado a formar parte de una familia en donde ahora tenemos toda la libertad, y no tenemos vergüenza, y no tenemos pena de ir delante de Él con cualquier cosa, con cualquier situación que estemos enfrentando. Es la respuesta del versículo 16; es la respuesta a lo que dijo el autor de Hebreos en el versículo 14: "Retengamos nuestra profesión", lo que confesamos, ¿se acuerdan?, lo que creemos acerca de Jesús como un personaje histórico, y también sobre nuestra fe en Él. Esa confesión tenemos que retenerla. ¿Cómo? Acercándonos, pues, confiadamente al trono de la gracia. Es la manera en que se hace eso: con un ejercicio constante, con un hábito de entrar en la presencia de Dios.
Reconocer que necesitamos ayuda
Y quiero que vean el primer punto sobre cómo retenemos nuestra profesión y cómo es que nos acercamos confiadamente. Es con lo que dice este versículo al final: "para el oportuno socorro". Lo cual significa, entonces, que tenemos que reconocer que necesitamos ayuda. Ese es el primer paso para acercarnos: es decir, "necesito la ayuda de Dios en la situación que yo estoy viviendo". Y existen muchas profesiones diferentes, pero hay ciertas profesiones donde necesitamos más ayuda y más confianza. Estaba pensando sobre esto en particular: hay dos profesiones donde siempre es difícil encontrar a alguien en quien confiar: doctores y mecánicos. Por lo menos es mi experiencia, porque en esas dos áreas no sé si me están engañando o no; no sé si lo que me están diciendo realmente me va a ayudar, y entonces nos sentimos enfermos: me duele el estómago, y la cabeza, me duele cualquier otra parte del cuerpo, me siento mal de cualquier cosa, y yo tengo que encontrar un doctor en el cual confiar, porque necesito ayuda. En el momento en que yo reconozco que yo no puedo arreglar mi condición física, ¿qué voy a hacer? Busco un doctor. Si yo pienso que yo me voy a curar solito, nunca voy a buscar al doctor. Lo mismo pasa con el coche. Mientras el coche no tenga algún ruido extraño, no esté haciendo cosas raras, no voy a buscar un mecánico, necesariamente. Es cuando ya mi carro empieza a fallar que digo: "Necesito un mecánico". Y necesito un mecánico que sepa lo que está haciendo, para que me diga en realidad qué es lo que se necesita hacer al carro; que no me invente un montón de cosas y nada más me quiera sacar el dinero. Entonces vas y buscas un buen mecánico. Pero primero reconoces que necesitas ayuda, y entonces eso te obliga a buscar a la persona más indicada para proporcionarte esa ayuda: ¿quién es la persona más capaz de hacer lo que yo necesito?
Entonces, en eso se convierte la pregunta que necesitamos contestar cuando estamos en problemas. Socorro: es porque yo reconozco que necesito ayuda, que estoy en una situación de un problema. Y entonces aquí es donde entra el punto de que Jesús es sin pecado, porque el único que nos puede ayudar es alguien que no tenga pecado. Es el único que nos puede proporcionar la ayuda necesaria en medio de nuestra tentación, porque fue tentado en todo como nosotros, pero sin pecado. Y esa es la gran diferencia que hace que, de hecho, Jesús sea útil; que de hecho nos pueda dar algo que no poseemos. Porque en esa parte es tan diferente a nosotros, necesitamos, cuando somos tentados por el pecado, recurrir a Jesús, reconociendo que Él tiene lo único que nosotros no tenemos, que es perfección. Él tiene lo que nos falta.
Gracia y misericordia en el trono
Y entonces encontramos en Él algo que no merecemos; por eso es gracia, por eso es misericordia. "Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia". Bien, ven el énfasis: tú no mereces la ayuda, pero tú conoces a alguien que se complace en darla. ¿No es increíble? Esa es la realidad de Jesucristo; es la realidad de nuestro Dios cuando nos acercamos al trono.
Esto es lo que es muy interesante: cómo te acercas al trono. Todos, en algún momento, se van a encontrar con el trono. Y este es el trono del juicio, el trono blanco que aparece al final de Apocalipsis. Pero para algunos será un trono no de gracia, sino de juicio. Pero para los que lo buscamos como nuestro socorro, los que lo buscamos como nuestra única esperanza, Él está sentado en un trono de gracia.
1 Corintios 10:13: la vía de escape
Quiero que meditemos, para terminar, en un pasaje que es paralelo, creo, a todo esto, y nos muestra la importancia de la esperanza que está en este pasaje. Muchos de ustedes lo conocen: 1 Corintios 10:13. Dice: "No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres; fiel es Dios, que no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podéis soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que podáis resistirlo". Esta declaración de Pablo con respecto a la tentación es muy iluminadora sobre la naturaleza de la tentación y la naturaleza de la ayuda que Dios nos da en medio de la tentación. Porque es interesante cómo lo pone Pablo; vean cómo lo dice: "No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres". Es decir, todos los hombres experimentamos tentaciones, y otra vez, son del mismo tipo de naturaleza. Son diferentes tentaciones, pero tienen la misma naturaleza: placer, poder y posesión. Estos son el tipo de tentaciones que todos enfrentamos.
"Fiel es Dios, que no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podéis soportar". Ahora, eso tenemos que aclararlo. Sí estaríamos tentados más allá de lo que podemos soportar si es que no tuviéramos una salida a la tentación; si es que Dios no nos estuviera dando el recurso para vencer esa tentación; si no hubiera ayuda. Ese es el punto: si no hubiera ayuda, entonces sí sería más allá de nuestra capacidad de resistir. Pero es justamente porque hay ayuda que el apóstol Pablo puede decir: no seremos tentados más allá de lo que podemos soportar. Porque nos está diciendo por qué: Dios les da todas las herramientas, todas las maneras de poder vencer la tentación. ¿Cuál es? A través del trono de la gracia: acercándote confiadamente a donde está Cristo intercediendo por ustedes, y donde van a encontrar ayuda para poder vencer, para poder resistir. Siempre va a estar allí; por eso es oportuno. Justo cuando lo necesites, Jesús va a estar a tu disposición. Tienes toda la confianza para entrar hasta adentro, hasta la recámara de la casa, y decirle a Jesús: "Aquí estoy. Yo soy Tu hijo; me has adoptado, me has comprado con Tu sangre. Ahora recurro a Ti, porque no tengo ningún otro lugar adonde ir. Tú eres mi única esperanza para poder enfrentarme a la tentación de no hacer la voluntad de Dios y no vivir para Su gloria; de ir por el camino fácil".
A través de la oración y la Palabra
Y es a través de la oración: "Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces". Dios se complace en contestar nuestras oraciones, en que vengamos a Él en necesidad. Y es a través de la oración, a través de buscarlo en Su Palabra, que encontramos la manera de enfrentarnos al pecado que nos rodea y que nos tienta todos los días; no nada más desde adentro, sino también desde afuera. Porque nosotros somos tentados por nuestra propia naturaleza, y también por las situaciones externas que nos rodean.
Es más fácil siempre ceder ante la tentación que buscar ayuda. Es nuestra naturaleza. Preferimos decir: "Mejor cedo; va a solucionar mi anhelo de poder, de placer, de posesión, por ahora". Es más fácil ceder en ese momento, no pensando en la voluntad de Dios, no pensando en lo que Dios quiere, o cómo puede ser Él más glorificado en nuestras vidas; sino que es más fácil, es nuestra naturaleza. Pero hay esperanza, y este versículo nos lo dice. Hay esperanza para nosotros. ¿Por qué? Porque Jesús es nuestro Sumo Sacerdote. Nuestro Sumo Sacerdote, Jesús, de acuerdo a lo que hemos leído en nuestros tres versículos, nos entiende; o sea, es compasivo; es perfecto, sin pecado; es poderoso, porque está sentado en un trono; y es dadivoso: nos quiere dar gracia, nos quiere dar misericordia, nos quiere dar lo que no merecemos. Está listo para mostrarnos todas estas cosas; están a nuestra disposición como Sus hijos.
Consideren a Jesús
Y el autor de Hebreos nos está invitando, entonces, a refugiarnos en Él. Consideren a Jesús, como leímos en el capítulo 3, versículo 1: "Hermanos, consideren a Jesús". Es lo que estamos haciendo: considerándolo a Él, quién es Él, quién es Él para nosotros. Es lo que abre toda esta nueva dimensión de la vida cristiana. ¿Cómo enfrentamos la tentación? Enfrentamos la tentación a través de considerar a Jesús, que también fue tentado como nosotros, pero sin pecado. Y es por eso que podemos tener esperanza. Que Dios nos ayude a enfrentar la tentación esta semana en nuestras vidas al considerar a nuestro gran Sumo Sacerdote.
Oración final
Padre, gracias por este tiempo juntos, y gracias por Tu Palabra. Ayúdanos a seguir meditando sobre estas verdades. Y vamos a seguir meditando sobre estas verdades en el próximo capítulo, capítulo 5, a seguir viendo qué clase de Sumo Sacerdote eres, y transforma nuestras vidas a través de la verdad que hemos meditado hoy. En el nombre de Cristo Jesús, amén.
Escúchanos
Ven un domingo
Predicamos así cada semana, a las , en Av. México 319.
Qué esperar si vienes →