Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

1 Corintios 15:1-111 CorintiosNathan Díaz

La centralidad del Evangelio

Transcripción

De regreso a lo básico

Continuando en nuestro estudio de 1 Corintios, hemos llegado probablemente a mi capítulo favorito dentro de esta carta, y van a ver hoy esta introducción de esos primeros 11 versículos. Porque es tan importante este capítulo; porque es un capítulo esencial que la iglesia debe conocer. Y en general creo que el poder meditar sobre todas las verdades que están en este capítulo, y a lo mejor hasta memorizar estas verdades... Este capítulo en particular sería algo que estarían citando todo el tiempo, cosas que están aquí.

Y entonces Pablo viene de los 14 capítulos que ya estudiamos, en donde ha estado tratando toda clase de cosas en relación a la iglesia, toda clase de problemas que tiene la iglesia, que enfrenta la iglesia todo el tiempo: temas de pecado, temas de disciplina, temas de conciencia, temas de matrimonio, de unidad en la Cena del Señor, de la sujeción de las mujeres. Todos estos temas han surgido. Y en los últimos capítulos surgió el tema de los dones y de cómo aplicamos los dones dentro de la iglesia, cómo se debe ver de una manera que edifica a todos.

Y es casi como que Pablo se detiene un momento y quiere traer claridad otra vez a su carta y a su enfoque, y quiere hablar acerca de la misión de la iglesia, de qué se trata la iglesia en realidad. Y quiere simplificar nuevamente todas las cosas, aterrizar en un punto en específico, que es el punto del evangelio. Así que él regresa, y en los versículos 1 al 11 dice: la misión de la iglesia es el mensaje de la iglesia. La misión de la iglesia es el mensaje de la iglesia.

Lectura de 1 Corintios 15:1-11

Vean lo que dice el versículo 1: "Ahora les hago saber, hermanos, el evangelio que les prediqué, el cual también ustedes recibieron, en el cual también están firmes, por el cual también son salvos, si retienen la palabra que les prediqué, a no ser que hayan creído en vano. Porque yo les entregué en primer lugar lo mismo que recibí: que Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras, que fue sepultado y que resucitó al tercer día conforme a las Escrituras; que se apareció a Cefas y después a los doce. Luego se apareció a más de 500 hermanos a la vez, la mayoría de los cuales viven aún, pero algunos duermen.

Después se apareció a Jacobo, luego a todos los apóstoles; y al último de todos, como a uno nacido fuera de tiempo, se me apareció también a mí. Porque yo soy el más insignificante de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, pues perseguí a la iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no resultó vana. Antes bien, he trabajado mucho más que todos ellos; aunque no yo, sino la gracia de Dios en mí. Sin embargo, haya sido yo o ellos, así predicamos y así creyeron ustedes".

Señor, bendice el mensaje de tu Palabra. Lo que vamos a ver a continuación, que sea un mensaje que nos recuerde la verdad de cómo el evangelio tiene que ser central en nuestras vidas y en la iglesia. Vamos a regresar a lo básico, porque lo básico es lo más importante. En el nombre de Cristo Jesús, amén.

¿Qué comunica el nombre de una iglesia?

A lo largo de los años conoces iglesias con muchos nombres diferentes, y a veces me pregunto si el nombre de una iglesia comunica de qué se trata esa iglesia. Me ha tocado ver nombres como "Renovación Familiar", o, un poquito más extremo, ¿conocen unas iglesias que se llaman "Pare de Sufrir"? Y me pregunto nada más: ¿qué está comunicando ese nombre? ¿Qué comunica? Normalmente lo que comunica es lo que ellos consideran que sería central.

Creo que la razón por la que una iglesia le pone a su iglesia "Renovación Familiar" es porque quieren comunicar que el punto de todo es tener buenas familias, o restaurar familias. Y sé que hay iglesias que tienen esa misión: que estemos todos bien, buenos matrimonios, buenos hijos. Y al final eso se convierte en el tema central de algunas iglesias. "Pare de Sufrir" quiere dar la impresión, dar el mensaje de que se trata acerca de que te vaya bien en esta vida, de que no tengas que sufrir, de que Dios sane todas tus enfermedades, o de que Dios te prospere con más dinero. Y eso es lo más importante; eso es lo central: lo que Dios puede darnos materialmente en esta vida.

Y así, o sea, empiezan a ver diferentes... Y creo que cuando vas a una iglesia y estás escuchando las predicaciones domingo tras domingo, debería empezar a ser evidente de qué se trata la iglesia y cuál es el tema central de la iglesia. Y a veces no es tan claro. Si ustedes se han dado cuenta, nuestra iglesia tiene un nombre que dentro del nombre incluye una palabra, que es "evangélica". Y en realidad la única razón para usar esa palabra dentro de nuestro nombre es porque consideramos que se trata acerca del evangelio. Y esa es una manera de describir... Esperamos que el evangelio sea central; es la misión de esta iglesia; es como el evangelio es el fundamento para todas las cosas.

Y Pablo aquí siente la necesidad de darles un recordatorio a los corintios sobre qué es el evangelio y asegurarse de que no haya confusión en ellos. Porque creo que Pablo, a lo mejor, a esas alturas de la carta, después de estar hablando de todos estos problemas que traen y todos estos conflictos y confusiones con respecto a tantas cosas, a lo mejor está pensando: "A lo mejor no todos, pero a lo mejor muchos, o algunos de los corintios, no saben qué es el evangelio; no saben de qué se trata realmente la iglesia. Y más vale que me asegure de regresar a este punto, porque necesito recordarles que este es el punto de partida; esto es de lo que se trata la iglesia". Porque cuando se empiezan a distraer con otras cosas, y otras cosas se vuelven el enfoque, entonces puede afectar la manera en que la iglesia se ve en la práctica.

Mantener clara la misión

Algunos de ustedes vieron, y saben: tuve un pequeño debate el viernes con alguien acerca de escatología. Muy amigable debate, nada agresivo ni nada. Y uno de mis puntos, en contraste con el posmilenialismo, que era lo que estábamos debatiendo —amilenialismo y posmilenialismo—, uno de mis puntos era: creo que la misión de la iglesia es clara, y creo que tenemos que mantener el enfoque claro de la iglesia. Esto es predicar el evangelio, y fuera de eso todo es secundario; realmente no importa tanto. Mientras nos mantengamos en esa línea, sabemos que estamos haciendo lo que fuimos llamados a hacer.

Entonces, esto era parte de lo que yo estaba tratando de mostrar en relación al posmilenialismo: que creo que algo del enfoque del posmilenialismo a veces puede distraer de esa misión, porque hay un enfoque también en la parte política y social que puede ser desbalanceado. No digo que lo es todo el tiempo, pero puede ser; se puede convertir en el enfoque.

El evangelio es Jesús

Entonces, ¿qué nos está diciendo Pablo en este capítulo? Nos está diciendo qué es el evangelio. Así que es lo que vamos a ver hoy: tres cosas que nos muestran estos primeros 11 versículos de qué es el evangelio. Número uno: el evangelio es Jesús. Eso queda muy claro, porque Pablo dice: "Ahora les hago saber, hermanos, el evangelio". Y "ahora les hago saber" es esta idea de "quiero dejarles claro"; esa es la idea, en realidad, de las palabras que usa en el original.

"Ahora les hago saber" —les dejo en claro, lo más claro posible—, "hermanos, el evangelio que les prediqué, el cual también ustedes recibieron, en el cual también están firmes, por el cual también son salvos, si retienen la palabra que les prediqué, a no ser que hayan creído en vano". Entonces, aquí está la primera cosa que Pablo empieza a comunicar acerca de qué pasa con el evangelio, para qué es el evangelio, cuál es el efecto que tiene en ellos.

Bueno, el evangelio es Jesús, pero es algo que se proclama. Pablo les predicó este mensaje; ellos recibieron este mensaje. Y de hecho, como van a ver en el versículo 3, Pablo también recibió el mensaje originalmente; alguien le predicó a él. Claro, Jesús mismo se le apareció a Pablo, pero a él le fue predicado este mensaje. Ahora él se lo comunica a ellos; ahora ellos lo creen. Entonces, es una noticia proclamada; ese es el punto de partida del evangelio. Es información que se comunica acerca de Jesús, pero es recibida, es sostenida —están firmes en el evangelio— y creída.

Creer para salvación o creer en vano

Pero cuando decimos "creída", hay dos tipos de creer, dice Pablo. Hay un creer que lleva a la salvación y hay un creer que es en vano. Por eso este capítulo es tan importante: porque Pablo va a dejar en claro —y espero que en estos mensajes quede claro para ustedes— cómo se ve cuando yo creo en vano en el evangelio. Cómo se ve si mi creencia en el evangelio no produce salvación en mí, o no da como fruto salvación. Así que hay una manera de creer en vano que queda aquí. No vamos a meternos en eso ahorita, porque esto va a surgir un poquito más adelante. Pero Pablo quiere confrontar esa posibilidad: que algunos a lo mejor ni siquiera son salvos, aunque ya han escuchado el evangelio, aunque han creído el evangelio, pero de una manera que no trae salvación. Entonces, ese es el primer punto.

En primer lugar: un evento histórico

Número dos, versículo 3: "Porque yo les entregué en primer lugar lo mismo que recibí". Así que aquí Pablo no podría ser más claro, porque está diciendo que esto es de primer orden; esto es lo más importante. Vamos a hablar de prioridades, dice Pablo: "en primer lugar". O sea, no hay nada que esté por encima de esto que les he dicho. ¿Cuál es el mensaje? Bueno, el mensaje es un evento histórico, algo que sucedió en la historia. Y en el momento en que Pablo escribió esta carta, era algo que había sucedido pues hace no mucho tiempo; tenía muy pocos años que esto había sucedido. Se piensa que más o menos en los años 50 después de Cristo, así que tendría 20 años que había sucedido la vida, muerte, resurrección y ascensión de Cristo.

Pero eso es de lo que está hablando cuando dice: "Esto es lo que yo les comuniqué". Es un mini resumen del evangelio, pero aquí está: "que Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras, que fue sepultado y que resucitó al tercer día conforme a las Escrituras". Ahí está. Les preguntamos en la reunión, cuando hacen su entrevista para ser miembros: "¿Qué es el evangelio?". Si quieren irse a la segura, digan lo que dijo Pablo: Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras, fue sepultado y resucitó al tercer día conforme a las Escrituras. Ese es el mensaje del evangelio. Obviamente hay más que podemos decir, pero eso es un buen pequeño resumen de este evento histórico.

Claro que esto asume otras cosas. Asume otras cosas: asume su encarnación, que Dios se hizo hombre como parte de la historia. De hecho, usa esta palabra, "Cristo". Ustedes saben: esta palabra, "Cristo", en griego se refiere a "ungido", al Mesías. Entonces, dentro de esa sola palabra ya se asume que está cumpliendo las profecías mesiánicas del pueblo de Dios, del pueblo de Israel. Pero entendemos, por todo lo que dijo y predicó Jesús, que Él mismo era Dios: Dios encarnado. La segunda persona, el Hijo de Dios, se hizo hombre; esa es su encarnación. Y claro, vivió una vida perfecta, una vida que cumplió la ley de Dios que tú y yo no podíamos cumplir. Todo lo que les acabo de decir está solo implícito en todo lo que dijo Pablo, no explícito.

Cristo murió por nuestros pecados

Y aquí es donde aterriza; dice: "Cristo murió". Ahora, la gente muere todo el tiempo. El mensaje de que alguien murió no debería ser nada especial, en realidad, porque todo el tiempo escuchamos sobre muertes. Y de hecho, se calcula que unos 30,000 judíos fueron crucificados en el tiempo en que Roma tenía posesión y control de la tierra de Israel; unos 30,000. Así que esto no era nada extraño; la crucifixión de un judío no es nada particularmente especial.

Por eso Pablo tiene que introducir un punto muy importante, que hace que esta sea una muerte única, una muerte que jamás se ha dado en toda la historia de la humanidad. O sea, muchos han muerto, y muchos vamos a morir, pero nadie en toda la historia de la humanidad ha muerto por los pecados de la humanidad. Eso nunca ha sido la razón por la que alguien ha muerto jamás, más que en esta única ocasión. Él es el único hombre, Jesucristo, que murió por nuestros pecados.

Ahora, esto es crucial, porque los musulmanes, por ejemplo, no creen que Jesús murió. O sea, ellos creen que Jesús vivió, que fue un buen profeta que comunicó el mensaje de Dios, pero ellos niegan este evento. Ellos dicen: "Él no murió físicamente; Él no murió nunca". Lo cual automáticamente —si ustedes leen esta definición del evangelio—, ¿qué significa en relación al islam? Que ese es otro evangelio; el que ellos creen no es el evangelio de la Biblia.

¿Y es crucial este punto? Pues sí, es crucial, porque, dice Pablo, sin la muerte de Jesús... Y aquí entran todos estos términos teológicos con los que a veces nos sentimos intimidados: propiciación, expiación, sustitución. Son todos estos términos legales que entran para explicar que lo que está sucediendo es que Jesús está muriendo la muerte que tú y yo merecíamos morir, en nuestro lugar, pagando por la culpa que tú y yo teníamos por quebrantar la ley de Dios. Entonces, eso es lo que está pasando: es esta transacción legal en la corte celestial, que dice: "Sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados".

Alguien tiene que pagar, y la muerte es la paga. Dios se toma muy en serio el pecado, y por eso dice: tienen que morir después de que han pecado. Por eso es que ese es nuestro salario; ese es el término que Pablo usa en Romanos. Dios nos está pagando lo que se nos debe: muerte. ¿Cómo se va a solucionar eso? Alguien tiene que morir por mí; alguien tiene que sufrir el castigo que yo merecía delante de Dios. Es lo que conocemos como sustitución penal: el castigo, la ira de Dios, cayendo sobre su Hijo, para que no tenga que caer sobre nosotros.

Bueno, ya profundizamos un poco más en esta definición de qué es el evangelio. Pero todo esto está dentro de lo que Pablo está tratando de comunicar sobre qué es el evangelio: "Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras" —vamos a regresar a eso en un momento—.

Fue sepultado

"Fue sepultado". Ahora, no pensamos tan seguido acerca de este detalle de "sepultado". ¿Qué importa si fue sepultado o no?

Bueno, sí es muy importante, porque esto es una confirmación, de hecho, de que en realidad sí murió; de que físicamente Él realmente murió. Las únicas personas que se sepultan son personas muertas. Yo recuerdo que en diferentes épocas de mi infancia y de mi adolescencia, si hablabas de la experiencia más terrorífica que podías vivir, eran estas historias que escuchabas sobre alguien que pensaban que estaba muerto: se le había bajado el ritmo cardíaco a un nivel donde casi era imperceptible, y ahí están celebrando su funeral, y luego lo entierran, y ya que lo enterraron, despierta. O sea, eso generaba pesadillas para mí, porque no te puedes imaginar cómo sería eso: despertar dentro de un ataúd, enterrado bajo tierra, y decir: "Ay, se equivocaron; me enterraron; no se dieron cuenta de que no estaba muerto".

Bueno, los romanos eran expertos en el tema de asegurarse de que alguien estuviera muerto. Ellos no iban a permitir que alguien fuera sepultado si había cualquier duda de que no estuviera realmente muerto. Y hay muchas cosas en las descripciones de los evangelios acerca de la muerte de Jesús que muestran que realmente Él estaba muerto. Por ejemplo, el punto sobre no romperle las piernas —que habría sido una manera de terminar matándolo por asfixia— es un detalle importante, inclusive profetizado también, como dice aquí: "conforme a las Escrituras". Y esos detalles se nos dan para que entendamos que no había duda de que Jesús realmente estaba muerto. Jamás habrían permitido que una persona de la que no estuviera completamente confirmado que estaba muerta fuera sepultada.

Y esto es importante, porque muchas personas piensan: "Bueno, a lo mejor la explicación más fácil y natural de la resurrección de Jesús es que realmente nunca murió". Como que estaba moribundo, al grado de que sí estaba bastante mal, pero que se pudo recuperar ya estando en la tumba, y de alguna manera salir de ahí y ya volverse a recuperar. Hay esa teoría de algunos escépticos sobre la narrativa de los evangelios. Pero Pablo no nos está permitiendo pensar en eso, porque parte del mensaje del evangelio es que fue sepultado, porque Él realmente estaba muerto; no era una ilusión su muerte.

Resucitó al tercer día

Y aquí está el punto que Pablo ahora va a desarrollar con mucha más profundidad y calma, sobre qué significa y cuáles son las implicaciones. Va a desarrollar este último punto, que es parte del mensaje del evangelio, que es: "y que resucitó al tercer día". Que resucitó al tercer día. Ahora, esta parte del mensaje... Todo lo demás, la gente podría decir: "Bueno, murió; dicen que fue por nuestros pecados; quién sabe si fue por nuestros pecados. Parecía un buen hombre, pero murió. Sí, lo sepultaron". Pero cuando llegas a esta parte, de repente te encuentras con algo que es realmente, si estás hablando de un evento histórico, completamente inconcebible a nuestras mentes y a nuestras experiencias humanas, que nos dicen que cuando te mueres, mueres.

Esa es nuestra conclusión natural y lógica, porque es lo que vemos todo el tiempo suceder. No vemos gente resucitar todo el tiempo. Y aun los milagros que se dan, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, que tienen que ver con resurrección, tienen una característica diferente, porque todas esas resurrecciones fueron resurrecciones temporales. Lázaro volvió a morir: fue resucitado por Jesús, pero volvió a morir; no tenía un cuerpo glorificado como el que Jesús tuvo en su resurrección. El que se cayó de sueño, Eutico, porque hacía mucho calor y había un balcón: él volvió a morir. Entonces, así como la muerte de Jesús fue única en sus características y en su propósito, también esta resurrección fue diferente en sus características y en su propósito; fue única.

Y déjenme decirles algo. A veces pensamos: "Ah, bueno, es que antes no tenían iPads; antes no tenían el tipo de tecnología y avance científico que nosotros tenemos; para ellos habría sido más fácil creer un mito como este". No, es tan increíble y tan difícil de creer para los judíos del primer siglo, o para los gentiles del primer siglo, que para una persona moderna de hoy en día, contemporánea nuestra. Para ellos también esto habría sido algo completamente nuevo, inclusive dentro de sus mismas religiones y creencias. Los griegos no tenían una categoría para una resurrección corporal; no la tenían.

Los judíos: en el judaísmo no existía una característica —o una categoría, perdón— para una resurrección que sucediera antes del final de los tiempos, o sea, en el juicio final. Sí tenían una creencia —lo leemos en Daniel 12, por ejemplo— de que todos van a ser resucitados al final de los tiempos, y creemos que eso todavía es un evento futuro; y los judíos ya tenían esa categoría. Pero que alguien resucitara antes de eso, ningún judío lo tenía claro. Y por eso, en esta conversación que se da cuando Jesús resucita a Lázaro: "Ah, bueno, sí, Jesús, yo sé que en el día final va a resucitar, pero eso es al final de los tiempos". Esa es la categoría que tenían los judíos en relación a la resurrección.

Entonces, lo que Pablo va a desarrollar de ahora en adelante, realmente, hermanos, es el tema de la resurrección: qué significa para nosotros hoy este punto específico de que Jesús ha resucitado. Y vamos a pasar varios domingos en eso; son versículos, prácticamente, en los que Pablo va a estar hablando de este tema.

Un hecho confirmado en la historia

La resurrección, otra vez, confirmada como un evento histórico. José de Arimatea es el que era dueño de esta tumba donde Jesús fue sepultado. Fue vigilado por guardias romanos. José de Arimatea, por cierto, era de la corte judía, ¿no? Esto no era un evento confuso en cuanto a los detalles de cómo se dio. Todos estos detalles habían sido claramente establecidos históricamente, de tal manera que no podían pensar que se habían robado el cuerpo; que no podían pensar: "Ay, los soldados se quedaron dormidos, y pues pudieron sacar a Jesús sin que se dieran cuenta". Porque estas cosas no sucedían así.

Imagínense: si tú eras un soldado romano, te da mucho sueño —y a lo mejor ustedes han luchado con eso, ¿no?; a lo mejor están luchando con eso ahorita—, pero imagínense que el castigo es: "Te quedas dormido, se roban el cuerpo, y a ti te vamos a matar". Ya hay un poquito más de motivación para estar despierto, ¿no? Así era. Este es exactamente el contexto en el que se dio la resurrección de Cristo. Pero hay un detalle también importante dentro del texto. Bueno, y también el tema de las mujeres siendo las primeras que fueron testigos de esta resurrección: todo esto presta credibilidad al hecho de que fue algo histórico.

Conforme a las Escrituras

Pero noten —hay mucho que podríamos decir sobre la resurrección, y lo vamos a estar diciendo los próximos domingos—, pero noten esto: dos veces Pablo va a decir "conforme a las Escrituras". Lo cual implica que el evangelio que muestra la vida de Jesús fue también planeado por Dios y revelado progresivamente desde el principio. Es decir, esto nunca fue un plan B. Nunca fue algo en lo que Dios dijo: "Bueno, a ver, ya traté esto, no funcionó; ya traté esto, no funcionó; ya traté esto, no funcionó. Bueno, ahora vamos a hacer esto: mi Hijo va a encarnarse, va a morir. Supongo que esta es mi última alternativa sobre lo que podría hacer por la humanidad".

Desde el principio Dios ya sabía exactamente cómo iba a ir la historia de la humanidad, y Él ya sabía lo que quería hacer en la historia de la humanidad. Y desde Génesis 3:15 vemos anticipada esta promesa de que va a haber enemistad entre la simiente de la mujer y la simiente de la serpiente, y que va a haber una guerra, una enemistad que se da entre estas dos simientes, y que termina con la serpiente mordiendo el calcañar de la simiente de la mujer, pero la simiente de la mujer aplastando la cabeza de la serpiente. Esa historia, esa profecía que da Dios en Génesis, se desarrolla a lo largo de todo el Antiguo Testamento para llegar a su cumplimiento final en Jesucristo. Y encontramos —ya estudiamos Isaías— todos los detalles de todo lo que se iba a ver anticipado por los profetas. Como, por ejemplo, si hablamos de su sepultura, Isaías dijo, en Isaías 53:9: "Se dispuso con los impíos su sepultura, pero con el rico fue en su muerte, aunque no había hecho violencia, ni había engaño en su boca". Todo esto anticipaba esta realidad que iba a cumplirse en Jesús.

El evangelio es poder

Ahora, versículo 5: el evangelio es Jesús, pero el evangelio también es poder. Y quiero que vean lo que aquí explica también en relación a la resurrección. Dice: "Se apareció a Cefas y después a los doce. Luego se apareció a más de 500 hermanos a la vez, la mayoría de los cuales viven aún, pero algunos ya duermen. Después se apareció a Jacobo, luego a todos los apóstoles". Vamos a detenernos ahí, porque ahí Pablo otra vez está dando toda esta evidencia histórica, al grado que dice: "Bueno, hay tanta gente que vio a Jesús resucitado que ustedes todavía pueden ir a preguntarles cómo fue esto de que vieron a Jesús resucitado".

Y todos nosotros sabemos que, cuando empieza a haber testigos, y múltiples testigos de algo, empieza a ser cada vez más creíble. Si uno de ustedes me dijera que vio un ovni, diría: "Pues, ¿quién estaba contigo? ¿Quién lo vio también?". "No, pues yo estaba solito y lo vi". "Bueno, no sé qué viste". Muchas cosas pueden hacernos pensar o imaginar cosas si estamos solos. Pero una vez que empiezas a agregar gente, y si ya vinieran varios y me dijeran: "No, sí, ya estábamos todos ahí; todos lo vimos", ya estaría un poquito más preocupado por ustedes, pero diría: "A lo mejor algo pasó aquí; o sea, algo hay de cierto en lo que me están diciendo". Y así, ya cuando llegas a 500 personas, obviamente ya tienes un grupo bastante grande que está corroborando un evento importante.

Y la resurrección de Jesús se convierte, en este punto de la historia en particular, al Jesús manifestarse delante de la gente, en el punto más importante sobre por qué el cristianismo iba a avanzar hasta todos los confines del Imperio romano. Porque estas personas dicen: "Esto hace que todo tenga sentido, y esto hace que todo valga la pena". Y por eso, más allá... O sea, Pablo sí está dando argumentos de la veracidad histórica de la resurrección, pero está diciendo algo más importante.

Poder de Dios sobre la muerte

Número uno: está diciendo que el evangelio es poder de Dios sobre la muerte. Y eso es lo que Dios quería que quedara claro en la resurrección, y por eso dejó que tantas personas lo vieran. Porque dijo: "Miren, la misma muerte no puede con el Hijo de Dios". Lo cual significa que Él ha triunfado sobre la muerte, lo cual significa que ustedes también ahora tienen verdadera esperanza para sus vidas. Porque no hay nada peor que la muerte; ¿o sí? ¿Pueden pensar en algo peor? Y si la muerte ha sido derrotada, entonces, ¿a qué le tienen miedo? Ese es el razonamiento que empieza a surgir dentro de la primera iglesia, en todos estos líderes de la primera iglesia: el evangelio es poder sobre la muerte, que es validado y confirmado en la resurrección de Jesús.

Ray Comfort —ustedes saben que hacemos estos videos, doblamos estos videos de Aguas Vivientes—, y me encanta algo que siempre le está diciendo a la gente. Porque la gente no ha leído sus Biblias; no saben de qué se trata realmente la Biblia. Y él les da un pequeño resumen siempre de cuál es el mensaje de la Biblia, y les dice a la gente: "¿Sabías que la Biblia está dividida en dos partes, Antiguo y Nuevo Testamento?". "Ah, sí". "Ah, no sabía". "Bueno, ¿sabes qué dice el Antiguo Testamento? ¿Qué nos dice? Que Dios iba a derrotar la muerte". Ah, sí; eso es lo que dice el Antiguo Testamento: Dios va a derrotar la muerte. Y el Nuevo Testamento nos dice cómo lo hizo. Ahí tienen un pequeño resumen de la Biblia: Dios va a derrotar la muerte, y cómo lo hace.

Y Tim Keller dice —y esto es crucial, hermanos, para todo lo que va a venir en este capítulo—: si Jesús resucitó de los muertos, entonces tienes que aceptar todo lo que Él dijo. Por eso es tan importante este punto. Si Jesús resucitó de los muertos, si esto realmente pasó, tú tienes que aceptar todo lo que Él dijo, porque todo lo que Él dijo sí tiene autoridad. Si no resucitó de los muertos, entonces no te debería importar nada de lo que dijo. Es así de simple; es así de radical la importancia de la resurrección.

Estaba leyendo a alguien que se llama Jaroslav Pelikan, y decía: "Si Cristo ha resucitado, ninguna otra cosa importa. Si Cristo no ha resucitado, nada importa". ¿Entienden la diferencia? Si Cristo resucitó, eso es lo único que realmente... Y si no resucitó, en realidad nada importa en este mundo y en esta vida. Solo somos materia; vamos a desaparecer algún día, vamos a ser nada, y realmente no hay trascendencia, no hay importancia, no hay moralidad, no hay nada de lo que tú y yo creemos que importa, porque al final simplemente morimos y dejamos de existir. Somos accidentes cósmicos; es todo lo que somos.

Pero si las palabras de Jesús son validadas, y las palabras de este libro, la Biblia, son validadas por un solo evento histórico en este mundo, que es su resurrección, entonces todo cambia. Porque ahora sí existe una esperanza real para nosotros; sí existe una razón para poner atención a las palabras de este libro y creerlas.

Cómo lidiamos con la muerte

Hermanos, este punto: el evangelio es poder sobre la muerte. Ustedes pueden platicar con mucha gente allá afuera, y una de las preguntas más importantes que ustedes pueden hacer, y que pueden observar en la gente, es cómo lidian con la realidad de la muerte. Y van a encontrar diferentes maneras de abordar este tema. Hay gente que lo ignora: "Nada más no quiero pensar en eso". "¿Has pensado en el día que vas a morir?". "No, no, no quiero pensar en eso; mejor nada más quiero disfrutar la vida". Entonces, está nada más ignorando esta realidad de que un día va a morir. Pero, ¿ayuda eso? Eso no significa que no va a suceder; es inevitable.

Hay otras personas que simplemente están pensando tanto en la muerte que están haciendo todo lo posible por alargar su vida. O sea, esta idea de la juventud, de la vida: lo buscamos en pastillas, en suplementos, en ejercicio. Queremos ser lo más sanos posible. ¿Por qué? No porque nos guste la comida sana —realmente, ¿a quién le gusta tanto?—, sino porque creemos que eso es bueno para nosotros y que va a alargar nuestra vida.

Entonces, hay gente que está en una incansable carrera por tratar de alargar los pocos días o años que le quedan de vida. "¿Qué puedo hacer para evitar el cáncer? ¿Qué puedo hacer para evitar otro tipo de enfermedades que pueden llegar a mi vida, situaciones de mi corazón, de la diabetes, todas estas cosas?". Sí, estamos obsesionados con la salud, porque pensamos que pues es la única esperanza que tenemos: vivir unos años más.

Cuando llega el Día de Muertos aquí en México —una celebración—, ¿y qué hacemos en el Día de Muertos en la cultura mexicana? ¿Cómo abordamos el tema de la muerte? Pues nos burlamos de ella, nos reímos de ella, y sentimos que esa es una manera de lidiar con la muerte: "Mejor, mejor nada más vamos a reírnos cuando se trata de la muerte". Porque si lo tomamos demasiado en serio, es sumamente deprimente, ¿no es cierto? Si empiezas realmente a pensar en eso: "Hoy puede ser mi último día de vida; mañana puede ser mi último día de vida; este puede ser mi último año de vida; a lo mejor el próximo año voy a morir".

Estoy seguro, seguro, de que ya crucé la mitad de mi vida. No creo que vaya a llegar a los 90 años. Bueno, sí, no digo... Tengo una tía abuela que tiene 107 ahorita, pero entendemos que eso es muy extraño; no es lo normal. La mayoría de personas están muriendo, y cada vez más jóvenes, por cierto. Hay todas estas estadísticas de que el cáncer está afectando cada vez a más jóvenes. Antes se veía más en las personas más grandes de edad; ahora se ve en los más jóvenes: entre 20 y 40 años están teniendo cáncer, y cáncer terminal, que les deja solamente unos meses o años de vida.

La muerte no es natural

Entonces, todas estas son verdades con las que tenemos que lidiar como seres humanos. Y déjenme decirles algo: la parte tan real acerca de la muerte es que, por más que queramos hacerla ver como algo normal, no es normal; es lo más trágico. Por más que queramos pensar: "Ah, es el ciclo de la vida; pues ya, naces, mueres; naces, mueres", no es natural. No es natural. Algo pasó que hace que las cosas no funcionen como deberían funcionar.

Nuevamente, la Biblia nos dice: la muerte es un juicio de parte de Dios. Eso es: es un juicio de parte de Dios, porque el ser humano ha quebrantado su ley, ha desobedecido su ley, y la paga del pecado es... Romanos 6:23. Y otra vez, regresando a este punto de la resurrección: ¿qué implicaciones tiene la resurrección? ¿Ven la conexión? Pecado, muerte. Entonces, ¿qué significa si Jesús venció la muerte? ¿Qué implicación tiene? Que el pecado, en efecto, ha sido pagado.

¿Entienden? Si yo voy a la tienda y compro algo, yo les doy el dinero, ellos me dan el producto, ¿y qué más me dan? ¿Qué más me tienen que dar? Están obligados: me tienen que dar un recibo. ¿Por qué? Porque tiene que haber algo que diga: "Sí, en efecto, pagaste por eso; es tuyo". Así que, si habláramos en términos financieros, el evangelio es: la muerte de Jesús pagó, y su resurrección fue el recibo que Dios nos dio para mostrarnos que, en efecto, el pago fue hecho. ¿Entienden esa analogía?

Poder para una transformación real

Número dos, lo que está aquí en el texto: el evangelio es poder para una transformación real. Y quiero nada más mostrarles la razón por la cual creo que Pablo está diciendo todas estas personas: para decirnos, sí, fueron testigos, pueden preguntarles, fue un evento histórico. Pero hay algo más que creo que nos está diciendo. Esta es la explicación de por qué todas estas personas que les acabo de decir —más de 500, incluyendo a todos los apóstoles—, la explicación de por qué todos ellos están preparados para morir por esta verdad. "Incluyéndome a mí —dice Pablo—: yo estoy dispuesto a morir por esta verdad. ¿Saben por qué? Porque sé que es cierto".

La explicación de por qué vivimos nuestras vidas como cristianos de una manera tan radical para el reino de Dios simplemente es que creemos que Jesús realmente sí está vivo. Esa es la razón. O sea, eso es lo que dice: "Ah, bueno, sí, sí vale la pena, porque yo puedo vivir juntamente con Cristo, y la muerte no es una amenaza a mi vida". Es la razón por la cual tenemos la pasión por el mensaje con el que hemos sido encomendados, de comunicarlo. Y si tengo que morir por proclamar ese mensaje, está bien, porque Jesús ha resucitado.

Pasado, presente y futuro

Esta transformación real es una transformación en el pasado, en el presente y en el futuro. Vean en el versículo 2, cuando él dice que recibieron este mensaje, "en el cual también están firmes". Esta idea de que están firmes muestra que el evangelio es algo que sostienes; no nada más en un momento, en el que lo recibiste, sino que lo sostienes firme durante todos los días de tu vida. Te agarras de esta verdad día tras día tras día.

Por eso es un error pensar en relación al evangelio —y aquí es donde a lo mejor están estos que han creído en vano, si no están pensando correctamente sobre el evangelio—, la gente que piensa: "Ah, hace 15 años le entregué mi vida a Cristo, cuando escuché por primera vez el evangelio. Ahora ya he pasado a otras cosas". Si tú piensas de esa manera con respecto al evangelio, probablemente has creído en vano. Porque no es un momento de la historia en el pasado de tu vida solamente, sino algo que sigue estando día tras día tras día como parte esencial y fundamental de cómo estás viviendo.

Y, por cierto, otra manera de creer en vano es la manera en que algunos solo ven el evangelio en tiempo presente, porque solamente recurren al evangelio cuando sienten que están en problemas. O sea, cuando algo pasa en mi vida: "Ay, creo que sí necesito ayuda, y ayuda sobrenatural, porque me corrieron de mi trabajo, porque ya no tengo dinero, porque terminó conmigo mi novia, porque quiero entrar a esta universidad, voy a hacer el examen y no estudié". Empiezas a pensar en todas estas situaciones en que te encuentras, en que dices: "¿Ahora qué hago? Ah, voy a voltear a Cristo. Cristo, ¿te acuerdas? Sí moriste por mí, y yo creo eso; acuérdate de que creo eso". Entonces, estamos usando a Dios solamente como una muleta para el tiempo presente, cuando estamos en situaciones difíciles.

Y creo que el evangelio no es solo eso en el tiempo presente, sino que es una transformación real y constante: que aun cuando las cosas van bien, estamos conscientes de la realidad del evangelio en nuestras vidas. Necesitamos ser recordados una y otra vez: "Señor, gracias porque has sido bueno conmigo; las cosas ahorita van bien en mi vida, así que te busco con todo mi corazón". Y: "Señor, ahorita que las cosas no van bien en mi vida, y me está yendo mal en varias áreas, te busco con todo mi corazón". Porque el evangelio es lo más importante en ambas circunstancias, tanto en lo bueno como en lo malo.

Y el evangelio no es solamente sobre el futuro. Porque hay gente que podría decir: "Ah, bueno, sí, me voy al infierno si no acepto a Jesús. No, pues sí, voy a aceptar a Jesús. ¿Qué tengo que hacer? Dime". "No, pues repite esta oración conmigo". Y la repito, y digo: "Ah, ahí está. Ya, el día que muera, yo sé que voy a ir al cielo; ahora puedo seguir adelante con mi vida". Y así es como muchas personas ven el evangelio: lo ven solamente de la manera en que alguien ve contratar un seguro de vida, por si acaso. "Nunca sé; ¿qué tal si me muero? Pues más vale que haya ahí algo que pueda funcionar en una emergencia como esa".

Entonces, piensan en el evangelio solo en términos de "por si acaso", cuando el evangelio es la realidad de un tesoro que Dios nos ha dado, que se llama reconciliación con Dios, e implica una relación personal, constante y diaria con nuestro Salvador. Nuestro pasado ha sido perdonado, nuestro presente está siendo transformado, y nuestro futuro es real y tiene una esperanza real. Eso es el evangelio. Por eso dice Pablo en Romanos 1:16: "Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree, del judío primeramente y también del griego. Porque en él la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: 'Mas el justo por la fe vivirá'".

El evangelio es gracia

Lo cual me lleva al último punto: el evangelio es gracia. Vean lo que dice Pablo en los versículos 8 al 11: "Y al último de todos, como a uno nacido fuera de tiempo, se me apareció también a mí". ¿Se dan cuenta de lo personal que es aquí Pablo con este tema? No es solamente una religión institucional de nuestra cultura; no es simplemente una filosofía; no es solamente una manera de ver el mundo. Esto tiene un impacto real, personal, sobre cada una de las personas que lo experimentan. Y Pablo da su testimonio aquí.

Ahora, noten la diferencia: el testimonio de Pablo no es el evangelio. Ya dijo qué es el evangelio. El testimonio de Pablo es el efecto del evangelio. Algunas personas confunden estas dos cosas, y así: "Si yo digo lo que Dios ha hecho en mí, entonces estoy predicando el evangelio". No. Si tú dices lo que Dios ha hecho en ti, estás diciendo qué es lo que el evangelio ha hecho, el efecto que ha tenido en tu vida. Pero eso no es el evangelio. El evangelio es: Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó al tercer día conforme a las Escrituras. "Ahora déjame decirte qué tiene que ver eso conmigo hoy", dice Pablo.

¿Qué tiene que ver con él? Bueno, vean el versículo 9: "Porque yo soy el más insignificante de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, pues perseguí a la iglesia de Dios". Pablo dice: a pesar de mi pasado, he experimentado el poder del evangelio en mi propia vida. Y no es que yo estaba buscando ser cristiano; de hecho, iba en la dirección opuesta a buscar cómo ser cristiano. "Si alguien me hubiera puesto un título antes de ser cristiano —dice Pablo—, mi título hubiera sido el de...". Impacto y transformación que la gracia de Dios ha tenido en una persona como yo, que no estaba buscándolo ni lo merecía en ninguna manera, y sin embargo Dios me lo ha dado.

Y es gracia porque no está basada en lo que tú puedes hacer o has hecho por ti mismo, sino en lo que alguien más ya hizo por ti. Es la base de la experiencia del evangelio en cada uno de nosotros que lo hemos creído. Nadie de nosotros puede decir: "Ah, bueno, es que yo sí era digno; por eso soy cristiano. Yo sí, como que ya iba en esa dirección; Dios nada más me dio un empujoncito más, y ya". Gracia. La gracia es la respuesta a un llamado que es iniciativa de Dios.

No yo, sino la gracia de Dios en mí

Y vean lo que dice Pablo, versículo 10: "Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no resultó vana". Déjenme decirles que la gracia que yo he experimentado de parte de Dios ahora está produciendo algo en mí: "He trabajado mucho más que todos ellos; aunque" —dice Pablo— "no yo, sino", ¿qué?, "la gracia de Dios en mí". ¿No les encanta esta manera de concluir esta sección acerca de qué es el evangelio? El evangelio es un evangelio que se manifiesta en nuestras vidas a pesar de nuestro pasado. Es un evangelio que recibimos no porque lo hemos buscado ni porque lo merecemos, sino porque Dios ha tenido la iniciativa de buscarnos y amarnos en su gracia. Y es un evangelio que transforma nuestras vidas, de tal manera que la gracia de Dios se empieza a manifestar en la manera en que vivimos nuestras vidas todos los días, y en nuestra manera de tratar a otros.

Ustedes a lo mejor han escuchado estos términos teológicos: monergismo y sinergismo. Y a veces yo lucho con esos términos. Porque monergismo se refiere a que viene solamente en una dirección, la obra de Dios hacia nosotros; y eso es cierto, pero no se queda en esta dirección solamente, sino que hace algo en nosotros. Y sinergismo es como que trabajamos en paralelo con Dios y en colaboración con Dios. Pero hay otro término que creo que explica un poquito mejor... A veces tengo una lucha con esos dos términos, y hay otro término que estaba leyendo el otro día, y me gustó: es energismo. Entonces, no es monergismo ni sinergismo, sino energismo, porque es Dios trabajando dentro de nosotros al transformarnos por su gracia. O sea, la gracia trabaja a través de nosotros, pero es Dios, a través de nosotros, el que siempre está haciendo su obra, ¿entienden?

Y eso creo que es lo que Pablo está explicando. Es: "Pues sí, yo estoy haciendo cosas, pero es Dios. Y sí, yo escogí a Dios y busqué a Dios, pero en realidad era Dios. Y sí, creí, pero en realidad era Dios transformando mi corazón". Y así es como es esta lógica, que a veces nos cuesta trabajo entender: pero es Dios, que me ha transformado desde adentro, de tal manera que mi voluntad, en efecto, sí es de acuerdo a su voluntad; y es mi voluntad, pero es su voluntad. Así es la lógica de la Biblia en relación a la vida cristiana. Así que somos santificados porque empezamos a reflejar la misma gracia que recibimos. Ese es el efecto del evangelio en nuestras vidas.

Así predicamos y así creyeron

Y por eso Pablo termina diciendo: "Sin embargo, haya sido yo o ellos" —o sea, los apóstoles—, "así predicamos y así creían ustedes". O sea, no importa de quién lo escuchen: el mensaje es el mismo. En esto estamos de acuerdo todos, dice Pablo; todos los que somos realmente cristianos, que hemos sido escogidos por Dios, transformados por Dios. Todos estamos de acuerdo en que este es el mensaje más importante que tenemos para comunicar. "Yo lo voy a decir; van a escuchar lo mismo si Apolos lo dice, si Pedro lo dice; cualquiera de los apóstoles va a decir exactamente lo mismo".

Y es lo mismo que podríamos decir sobre la iglesia hoy. La verdadera iglesia de Cristo siempre va a predicar el mismo mensaje, y lo hemos estado haciendo ya por 2000 años; no ha cambiado. Así que el mensaje de la Pascua es el único mensaje, hermanos, que realmente puede sostener el peso de estar al centro de nuestras vidas. Y por eso no lo podemos dejar a un lado y decir: "Hay otras cosas más importantes". En el momento en que hacemos eso, nuestras vidas se van a salir de control.

¿Han experimentado este evangelio? Si han experimentado este evangelio, pueden leer estos versículos como su propia experiencia: "Yo soy el más insignificante de los cristianos, que no soy digno de ser llamado cristiano, pues me había rebelado completamente contra Dios y contra su ley, y quería independencia de Dios. Pero por la gracia..." —yo, Nathan Díaz—, "por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no resultó vana. Antes bien, he trabajado mucho más que muchos; pero no soy yo, sino la gracia de Dios en mí". Y juntos continuamos predicando este único y más importante mensaje. Pónganse de pie.

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