1 Corintios 14:20-401 CorintiosNathan Díaz
¿Cómo debe ser el culto público de la iglesia?
Transcripción
Repaso: profecía y lenguas
Estuvimos comenzando con el capítulo 14 de 1 Corintios el domingo pasado, llegando hasta el versículo 25, y hablando acerca de esta naturaleza del don de profecía y el don de lenguas: cómo se ven. Estos dos dones en particular son los que Pablo escoge comparar en este capítulo para mostrarnos que realmente el punto de la iglesia y del congregarnos es la edificación, y que el don de profecía tiene una naturaleza que es de edificación para la iglesia, de poder entender claramente el mensaje de Dios. Y ya les expliqué —no voy a regresar mucho a eso—, pero les expliqué cómo es que este tema de los dones espirituales puede ser un tema controversial, teológicamente hablando, doctrinalmente hablando. Hay diferentes posturas en cuanto a cómo ver la naturaleza de los dones y si continúan o no.
Pero al final del día es una doctrina que consideramos como doctrina secundaria; es decir, no es una doctrina que tiene que ver con nuestra salvación directamente, en el sentido de que lo que tú creas sobre los dones es lo que te salva. Tenemos muchos hermanos y hermanas dentro del movimiento carismático y pentecostal que creo que son genuinamente creyentes en Cristo Jesús. Tenemos diferencias, a lo mejor, con ellos en algunas cosas, pero es algo en lo cual la Iglesia de Cristo tiene un rango diferente de posturas. Y aun dentro de nuestros círculos reformados existe un rango de posturas, desde el cesacionismo —y hay estilos y tipos de cesacionismo muy extremos— y también continuismo —hay continuismo que también es extremo—, y hay todo un rango en medio.
Y a veces los teólogos, los pastores, los maestros quieren definirse dentro de alguno de estos rangos, y, por ejemplo, Tim Keller decía: "Yo soy… creo que soy como 80% cesacionista". Entonces, hay ese tipo de definiciones que a veces la gente quiere hacer sobre dónde están. Y yo me considero un continuista muy moderado, en el sentido de estos extremos de los que estamos hablando, y ya les he explicado por qué: porque creo que el don de profecía continúa. Vamos a ver en un momento más; podemos regresar un poquito a eso.
Pistas sobre el culto público
Pero bueno, hoy vamos a partir desde el versículo 26 y vamos a ver cuál es el impacto de lenguas y de profecía dentro de un servicio de la iglesia. Entonces, realmente es muy interesante esta sección de 1 Corintios 14, porque Pablo nos va a dar aquí algunos principios sobre cómo debe de verse el orden del servicio. Este es uno de los pocos lugares —hay algunos lugares en el Nuevo Testamento, no son muchos— que nos dan pistas de cómo se habría visto un culto público de la iglesia, y este es uno de ellos. Y Pablo quiere dar principios sobre cómo debe de ser el culto público de la iglesia.
Entonces, vamos a recorrer estos versículos, 26 al 40, y ustedes evalúen ustedes mismos si los principios más amplios que está tratando de establecer Pablo son principios que nosotros seguimos en la manera en que llevamos el culto. Ustedes ya pasaron ahorita por todo un culto, desde las 10 de la mañana, en donde hubo cantos y oraciones y participaciones y la Santa Cena. De hecho, en el capítulo 11 vimos principios sobre la Santa Cena y por qué celebramos la Santa Cena cada domingo. Ahora, eso no va a ser mencionado en este capítulo, pero ya lo vimos en el capítulo 11. Pero hay otros aspectos del culto público que Pablo va a tratar.
Lenguas como señal, profecía para convencer
Entonces, número uno… Bueno, venimos del versículo 22. Quiero que regresen ahí, solo al versículo 20, nada más para que tengan un contexto aquí de lo que Pablo ha dicho sobre lenguas y profecía. Dice: "Hermanos, no sean niños en la manera de pensar; más bien, sean niños en la malicia". O sea, en las cosas malas ahí sí sean inocentes, pero en cuanto a cómo aplicar los dones quiero que sean maduros. Y dice: "En la ley está escrito: 'Por hombres de lenguas extrañas y por boca de extraños hablaré a este pueblo, y ni aun así me escucharán', dice el Señor", citando de Isaías 28.
Y dice: "Así que las lenguas son una señal, no para los que creen, sino para los incrédulos; la profecía es una señal, no para los incrédulos, sino para los creyentes. Por tanto, si toda la iglesia se reúne y todos hablan en lenguas, y entran algunos sin ese don o que son incrédulos, ¿no dirán que ustedes están locos? Pero si todos profetizan, y entra un incrédulo o uno sin ese don, por todos será convencido, por todos será juzgado, y los secretos de su corazón quedarán al descubierto; y él se postrará, declarando que en verdad Dios está entre ustedes".
Entonces, ¿cuál es el principio que Pablo estableció ahí? Es que el don de lenguas, cuando dice que es para los incrédulos, es porque acaba de citar Isaías 28. Por lo tanto, está hablando de que cuando alguien no entiende lo que se está diciendo, es como juicio; es una manera de que no entienden el mensaje de Dios para ellos, y es como si Dios estuviera juzgando su incredulidad al no permitirles entender claramente lo que se dice. Entonces, en ese sentido es que es para incrédulos el don de lenguas: como una manifestación del juicio de Dios. Por eso dice Pablo: "Mejor no hablen en lenguas", porque no quieren dar esa impresión de que Dios inmediatamente los está juzgando, porque no saben ni siquiera qué se está diciendo. Pero el don de profecía es para los creyentes.
Y es interesante, porque luego los ejemplos que da son inversos. Habla de cómo, con el don de lenguas —dice en el versículo 23—, entran algunos que no son creyentes, hablan en lenguas y dicen: "Están locos". Entonces, es raro que antes haya dicho que es para los incrédulos: creen que estás loco. Pero esa es la razón: porque es como un juicio de Dios. Y si profetizan, un incrédulo se puede convertir; o sea, va a escuchar el mensaje de Dios, y este análisis lo confronta con su propio pecado de una manera clara y directa; por lo tanto, se convierte.
Entonces, tiene el don de profecía un uso que es evangelismo y conversión de los no creyentes. Por eso dice que el don de profecía es una señal para los creyentes: porque tiene que ver con la manera en que Dios nos usa para comunicar el mensaje del Evangelio a los que no son cristianos, para que sean cristianos. Entonces, tiene esa función de convencer de pecado a la gente, y ese es el ejemplo que da en el versículo 25. Entonces, de ahí venimos; es más un repaso del domingo pasado. Pero si quieren escuchar otra vez una hora y 20 minutos de sermón sobre estos primeros 25 versículos, pueden escucharlos.
Nos hemos tomado más tiempo de lo normal, por lo menos en esa primera sección, porque queremos asegurarnos de que ustedes entiendan lo mejor posible los principios importantes de este capítulo y la naturaleza tan controversial de estos dones. También queremos que haya paz en la iglesia sobre eso. Entonces, más vale tratar de aclararlo. Y ahora sí vamos a ver el versículo 26; todavía ni siquiera hemos empezado.
El culto público debe ser para edificación
Versículo 26, punto número uno sobre cómo debe ser el culto público de la iglesia: "¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando se reúnan, cada cual aporte salmo, enseñanza, revelación, lenguas o interpretación. Que todo se haga para edificación". Entonces, aquí está el primer principio de cómo debe ser un culto público: el culto público debe de ser para edificación. Y menciona aquí Pablo estas cuatro cosas: número uno, un salmo. Ahora, son ejemplos; no es una lista exhaustiva de lo que tú puedes traer a un culto, pero son ejemplos. Un salmo, un canto; una enseñanza; una revelación, dice Pablo; lenguas… Son cinco cosas: interpretación. Esas son las cinco cosas que menciona: salmo, enseñanza, revelación, lenguas, interpretación.
Entonces, aquí ya empezamos a ver algo que es importante en cómo se da el proceso de edificación dentro de un culto público, que es: cada quien trae algo, cada quien aporta algo. Vamos a ver otras cosas en un momento sobre cuántos son los que traen algo, y un poquito más de cómo se ve el orden. Pero, en general, pueden ver que algo que Pablo va a desarrollar es que debe de haber orden dentro del culto. Debe de haber orden, y debe de haber inclusive, creo, un plan de cómo se ve el culto; pero también existe un grado de flexibilidad dentro de cómo se da el culto y quiénes participan. Es decir, no siempre deberían de ser los mismos los que participen y los que traigan estas cosas.
Ahora, con el tiempo y con las culturas, a lo mejor estas cosas que se mencionan aquí cambian un poquito. Vamos a dejar revelación y lenguas e interpretación ahorita, porque eso viene en un momento, más detalles sobre eso. Pero piensen en salmo y enseñanza. Salmos y enseñanza: el salmo es algún tipo de canto, expresión musical; normalmente eso es a lo que se refiere en el culto. Entonces, sería la música y cómo alabamos a Dios juntos con música.
Todos participan, nadie es espectador
Y también, como ustedes vieron en el servicio que acabamos de tener, varias personas pueden compartir algo de la Palabra: enseñanza. Y creo que eso tratamos de aplicarlo al inclusive abrir el espacio a todos los que son miembros dentro de la iglesia. Hombres pueden apuntarse, y Alfredo los ha exhortado recientemente sobre este punto: ustedes tienen la oportunidad de ser de edificación para la iglesia al compartir algo de 5 minutos, algo breve, que da la oportunidad a que varios enseñen dentro de la iglesia. Entonces, en un domingo no nada más me están escuchando a mí, o no nada más están escuchando al que predica la Palabra en el tiempo de la predicación, sino que están escuchando a varias personas que dan enseñanza.
Y la idea, hermanos, es que los dones no son solo para los líderes o para los cristianos maduros; inclusive son para todos los que son creyentes en Cristo Jesús. Entonces, todos tienen dones, todos tienen algo que aportar, y la iglesia debería estar estructurada de tal manera que permita, inclusive en el servicio público de la iglesia, que participen todos con algo, en diferentes áreas, diferentes enfoques, pero que todos participen. Entonces, ustedes no vienen a un evento como espectadores; es lo que tienen que tener claro. Ustedes, cuando vienen a la iglesia, no vienen nada más a decir: "A ver, ¿qué me prepararon hoy? Recibo lo que sea que los líderes han pensado para el servicio". Esa no es la actitud con la que venimos a la iglesia.
Decimos: venimos no como espectadores, sino como participantes activos. Por eso cantamos juntos; todos cantan, para que se oiga su voz de ustedes. Y espero… y esto sería importante, creo que es un buen principio —que es trabajo del ingeniero de audio ahí atrás, pero bueno, a veces no hay uno—, que la música no esté tan fuerte que ustedes no se puedan escuchar a sí mismos cantar. Entonces, por lo menos tratamos de matizar. A veces sí estamos tocando fuerte, pero tratamos de matizar de tal manera que a veces dejamos que la congregación solita esté cantando, porque es importante que ustedes se escuchen cantar. Ustedes están aquí para participar juntos.
Decir amén
Y vean algo que ya dijo Pablo en lo que estudiamos el domingo pasado, cuando habla en el versículo 16, cuando dice: "Si bendices solo en el espíritu, ¿cómo dirá el amén a tu acción de gracias el que ocupa el lugar del que no tiene ese don, puesto que no sabe lo que dices?". Ahí hay un principio interesante que establece Pablo sobre cómo se ve el culto público también, que es esta palabra en hebreo: amén. Que ustedes hasta podrían ir a cualquier parte del mundo, a cualquier iglesia de cualquier parte del mundo, y si ustedes dicen "amén", van a saber qué están diciendo. Es interesante que Pablo haya escogido usar en hebreo esta palabra, y es como que los corintios saben —aunque no hablan hebreo, aunque hablan griego—, ellos saben qué significa amén. Ustedes saben qué significa amén.
Ah, hay algo que espera Pablo de la congregación. Ahora, esto es más común en iglesias pentecostales, pero es algo que podríamos aprender de las iglesias pentecostales: que constantemente, si tú escuchas algo con lo que estás de acuerdo, ¿qué debes de decir? Están de acuerdo. Yo sé que a algunos nos puede costar un poco más que a otros, por cómo crecimos, el contexto, pero es bíblico. Es bíblico porque estamos juntos y queremos participar unos de otros. Entonces, cuando decimos "amén", estamos públicamente estando de acuerdo con lo que acabamos de escuchar, y queremos que el hermano sepa que estamos de acuerdo con él.
Queremos que nos escuche y diga: "Ah, sí, eso que tú acabas de decir, yo también lo creo. Eso que tú proclamas acerca de una verdad de la Palabra de Dios, eso es la convicción de mi corazón también". Un no cristiano no puede decir eso normalmente, porque estamos hablando de verdades del Evangelio. Pero como cristianos, cuando nos reunimos como una iglesia, sí podemos afirmarnos unos a otros públicamente y decir "amén" con convicción. Entonces, gracias, hermanos pentecostales que están aquí, que vienen de esas iglesias, porque son a veces los únicos que escucho decir "amén". Pero es una buena práctica: Pablo espera que los corintios escuchen verdades claramente y las afirmen entre ellos, y podemos ser más bíblicos en esa parte.
Hay un exceso a veces, es cierto. He estado en iglesias donde cada dos palabras están diciendo "amén", y se puede volver una distracción, y hasta podría perder un poquito su significado si lo sobreusamos. Pero, en general, debería de escucharse dentro de la iglesia.
Nos cantamos unos a otros
Y estos principios nos muestran que entonces no venimos a la iglesia… y esto es un concepto erróneo: que tú vienes a escuchar a Dios y cantarle a Dios, y ya. No es cierto. Es verdad que venimos a cantarle a Dios, es verdad que venimos a escuchar la Palabra de Dios, pero también venimos a escucharnos unos a otros y a cantarnos unos a otros. Por eso, en la pandemia no funcionaba muy bien el sistema de: "Transmisión, y vean el servicio, y ahí canten en su casa". Porque de repente estábamos solitos así, y se oía deprimente, porque somos tres o cuatro ahí nada más cantando, y desafinados y todo, y no estamos escuchando a nuestros hermanos, que debería de ser de ánimo: cuando yo oigo al que está cantando junto a mí, aunque esté desafinado, puedo gozarme con que cantamos las mismas verdades, porque creemos las mismas verdades. Y me anima escuchar a mi hermano cantar esas verdades, y me llena de gozo decir: "Él lo cree, yo lo creo; vamos a cantar juntos". Y hay algo de la adoración comunitaria que es muy poderoso en nuestra santificación como cristianos: nos anima. Yo espero que así se sientan cuando salen de un servicio de alabanza aquí en la iglesia, que digan: "Estoy animado por todo lo que cantamos juntos, y la música, y mis hermanos, y las verdades que proclamamos. Eso llena mi corazón de gozo, me da convicción para el resto de la semana". Espero que así se sientan terminando un servicio.
Pues Pablo establece estos principios. Entonces, queremos que de muchas maneras la iglesia pueda participar, de diferentes maneras, para animar a otros. Se va a ver de diferentes maneras en los dones más específicos, pero, en general, tenemos varios dones, y esto lo vamos a ver en lo que continúa. El punto es: para edificación. Pablo solo da algunos puntos como ejemplo, pero el principio es que todo se haga para edificación.
El culto público debe ser en orden
Número dos: cómo debe ser el culto público de la iglesia, versículos 27 al 33. Vamos a leer esos; se establece el punto número dos, que es: en orden. "Si alguien habla en lenguas, que hablen dos, o a lo más tres, y por turno, y que uno interprete. Pero si no hay intérprete, que guarde silencio en la iglesia y que hable para sí y para Dios". Versículo 29… Eso es en cuanto al don de lenguas, dice Pablo. Bueno, y es interesante, porque las veces que yo he escuchado lo que supuestamente es don de lenguas… es decir, yo nunca lo he escuchado aplicado bíblicamente, o por lo menos con los principios de 1 Corintios 14. Cuando yo lo he escuchado, no van uno a la vez: van todos juntos, o sea, más de dos o tres, y no por turno. Lo cual también presenta otro punto: lenguas, y también podría decir oración. Pero las iglesias también que practican que todos oran simultáneamente… Y esto me ha pasado a veces: estoy en iglesias —y les digo esto porque convivo con iglesias de otras denominaciones constantemente—, y he estado en iglesias donde me piden orar, yo empiezo a orar y todos empiezan a orar. Entonces, llega el punto en que sé que ya nadie me está escuchando a mí, ¿no? Ya digo: "Bueno, cada quien está en su propia oración". Está bien; no quiero decir que está mal, a lo mejor.
Pero creo que el principio que establece Pablo es: podemos escucharnos uno al otro y al final decir "amén", porque estamos de acuerdo con lo que está diciendo. Todos estamos enfocados en una persona a la vez. Por eso dice que es importante que haya intérprete, para que puedan estar de acuerdo, como decía en el versículo 16. No hay intérprete, habla en lenguas, nadie sabe lo que está diciendo, no pueden decir amén, no está edificando a nadie. Entonces, no es así como se debe usar el don de lenguas en la iglesia. Y si se va a usar, pues que lo interpreten, que termina haciendo, entonces, como… mejor que profetices. Ahórrate ese paso de tener que traducir; mejor nada más digan lo que quieren decir.
Y eso es el versículo 29: "Y que dos o tres profetas hablen, y los demás juzguen. Pero si a otro que está sentado le es revelado algo, que calle el primero. Porque todos pueden profetizar uno por uno, para que todos aprendan y todos sean exhortados. Los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas, porque Dios no es Dios de confusión, sino de paz, como en todas las iglesias de los santos".
Solo algunos participan
Entonces, varios principios aquí. Número uno, el principio de orden establece que algunos van a participar, no todos. ¿Sí lo ven? Dos, o a lo más tres, de lenguas, y dos, o a lo más tres, profetas. O sea, no va a dar tiempo —y dependiendo del tamaño de la iglesia, menos—, pero no va a dar tiempo para que todos participen; es imposible. Bueno, por lo menos en una manera pública así, donde se les asigna un tiempo. Si se les está asignando un tiempo, pues va a ser limitado cuántos pueden participar. ¿Cuántos participan en la Cena del Señor compartiendo la Palabra? Hoy compartió mi hermano Marcial, Humberto; alguien más participó. Tenemos dos o tres. Yo esperaría que más quisieran, y que se aguanten las ganas para el próximo domingo y se apunten con Alfredo para participar en la Cena del Señor con una meditación. Damos este espacio, pero no todos van a poder participar en cada servicio.
Número dos, sobre el orden, ya lo decía: uno por uno. Ah, y miren otra cosa sobre "algunos", nuevamente; ese es el principio. Cuando decimos que solo algunos participan en el culto público, no estamos diciendo que esos son los únicos que tienen dones; entendemos que todos tienen dones. La razón para que sean solo algunos es porque el objetivo de usar los dones públicamente es la edificación, no simplemente presumir lo que yo puedo hacer. "Ah, no, yo… es un derecho, yo tengo que poder participar, sea como sea". Si esa es la actitud, entonces no es para edificación; es para que la gente me vea. Entonces, por eso es que son algunos. No importa; mientras estemos siendo edificados, está bien. No todos tienen que participar.
Uno por uno
Uno por uno: este principio… otra vez, me interesaría saber por qué algunas iglesias no aplican esto, que claramente Pablo está estableciendo como un principio de orden. Me recordaba cómo aquí en la Ciudad de México hay… a veces tú encuentras esto, pero pocas veces se respeta: un letrero que dice "uno y uno". ¿Y a qué se refiere? Si tú vas, y luego yo, y luego otro, ya sabes cómo tiene que fluir el tráfico, y va a fluir mejor que si todos se están tratando de meter. Entonces, me imagino este principio muy parecido al principio de cómo es manejar en lugares donde sí he visto que respetan esto perfectamente, y siempre se paran y te esperan. Y aunque tú les estés tratando de dar el paso: "No, tú vas, porque tú llegaste primero". Hasta se están peleando por darse el paso. Bueno, hay lugares donde es así; no es aquí así, pero en otros lugares sí.
Y creo que así es el principio dentro de la iglesia también: estarnos cediendo constantemente el lugar para: "A ver, hermano, sí, ¿qué tienes tú que decir?". Lo cual implica… hay algo muy, muy interesante aquí en estos versículos. Versículo 30, dice: "Si a alguien que está sentado le es revelado algo, que calle el primero. Porque todos pueden profetizar uno por uno, para que todos aprendan y que sean exhortados". Es interesante, y también pasa con el don de lenguas: Pablo está implicando aquí que, sea como sea el don de profecía, no puede ser una manifestación incontrolable. ¿Ven el principio? O sea, de que: "¡Ay, me llegó una profecía, tengo que hablar, déjenme hablar!". O sea, no, no puede suceder así. Hay autocontrol para decir: "No, voy a esperar. Creo que Dios quiere que diga algo, pero voy a esperar mi turno".
El profeta puede controlarse
Entonces, aun en los movimientos más carismáticos, que tienen estas manifestaciones, tendríamos que decir: no puedes nada más actuar impulsivamente, donde no haya ningún tipo de control, donde nadie te pueda callar. Por eso dice el versículo 32: "Los espíritus de los profetas" —o sea, este don sobrenatural de profecía— "están sujetos a los profetas". O sea, es decir, el profeta puede controlar cómo sale la profecía y cuándo sale. No tiene que decir: "¡Ay, tengo que decirlo, y lo voy a decir, porque ya no puedo controlarlo más!", y lo dice. Eso no es como se debería de ver en la aplicación del culto público, sino que debe haber orden. Y otra vez, yo he visto esto en algunos lugares: me parece que la gente está en algún tipo de trance extático y sin control. Pero Pablo está diciendo: no, los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas.
Los demás juzguen
Entonces, don de profecía. Otra vez, nada más quiero regresarme tantito a hablar un poquito de qué creo que es y cómo se ve aquí, que es un punto interesante. Aquí habla de algunos, uno por uno, con claridad. Pero vean este otro punto que dice el versículo 29: "Dos o tres profetas hablen, y los demás juzguen". Juzguen. ¿No es interesante? Que el don de profecía se está aplicando de tal manera que no es una palabra infalible de parte de Dios en primera instancia. Es decir, requiere de… ¿es lo que la persona está diciendo de Dios o no? Creo que hay varios principios que podríamos pensar sobre el don de profecía.
Uno es que cuando hay este mandamiento —y esto pasa también en 1 Tesalonicenses 5:19-22, cuando Pablo habla del don de profecía—, dice: "No apaguen el Espíritu; no desprecien las profecías. Antes bien, examínenlo todo cuidadosamente, retengan lo bueno". ¿No es interesante? Que aquí otra vez está este punto de que no desprecien la profecía, pero cuando se da la profecía, examinen si es Dios hablando. Por lo tanto —y esto lo aprendí de Piper, cuando él explica el don de profecía—, él dice: por lo tanto, no digan… Si tú crees que tienes el don de profecía —"Dios está poniendo un sentir en mi corazón de decirle algo a alguien, para darle algún sentido de dirección en su vida"—, no digas: "Dios me dijo". Porque si tú dices "Dios me dijo", imposibilitas discernir si Dios te lo dijo o no. Tú le estás diciendo: "Dios me dijo". Entonces, o te voy a contradecir y te voy a decir mentiroso, o… "A lo mejor sí, pero yo no sé si es Dios; yo tengo este sentido". Y esto es otra vez lo que vemos en Hechos 21: reciben estos de Listra una profecía sobre cómo va a sufrir Pablo en Jerusalén. Pero ¿qué hacer con la profecía? Requirió discernimiento. No sabían qué hacer con la profecía, porque no estaban de acuerdo en qué hacer con la profecía; no había una dirección clara. Yo creo que Pablo estaba en lo correcto y ellos estaban equivocados en decirle: "No vayas a Jerusalén". Pablo dijo: "No, sí voy a ir a Jerusalén". Entonces, entienden cómo la profecía está direccionada a una situación muy, muy específica, muy individual, pero requiere entendimiento colectivo para saber cómo tomar lo que alguien dice.
Por eso creo que no se ve tan místico como algunos creen. Es: yo estoy hablando con ustedes, y el consejo, la sabiduría que puedo obtener de parte de Dios para ayudarte a tener guía en decisiones específicas que estás tomando en tu vida… A lo mejor es Dios hablando, a lo mejor no; pero a lo mejor sí es Dios tratando de usarme a mí para ayudarte a tomar una decisión que honre a Dios. Ahora, yo sé que hay algunos que no llamarían a eso el don de profecía; está bien. Pero a mí me parece que este juzgar y este discernimiento es justamente para saber cuándo Dios está trayendo dirección a otros a través de algo que puso en el corazón de alguien para decir.
El don de Timoteo
Vean lo que dice Pablo a Timoteo en 1 Timoteo 4:14. Dice: "No descuides el don espiritual que está en ti, que te fue conferido por medio de la profecía con la imposición de manos del presbiterio". Ahora, es interesante. Entonces, a Timoteo le dice Pablo: tú recibiste un don espiritual a través de la imposición de manos que se hizo sobre Timoteo cuando fue nombrado como anciano, como pastor de la iglesia. Y creo que fue algo muy simple. No sabemos cómo se vio este momento, pero mi impresión, por leer el resto de la carta de 1 Timoteo, es que los que impusieron manos sobre Timoteo dijeron: "¿En qué quiere usarte Dios, Timoteo? Nuestro sentir, nuestro impulso en este momento, es a pensar que Dios quiere usarte en la enseñanza, que ese es un don que Dios te ha dado a ti, Timoteo". Porque es lo que continúa Pablo desarrollando: sobre el don de enseñanza que tiene Timoteo.
Entonces, yo entiendo que ese es el don espiritual que tenía Timoteo, especial, que el presbiterio reconoció y que le ayudó a Timoteo a tener un sentido de dirección para su vida y para su ministerio dentro de la iglesia. Y eso sucede aquí también. Nosotros podríamos decir: "Yo creo que este hermano tiene el don de enseñanza". Y si yo afirmo ese don, eso es un sentido de dirección para ese hermano de cómo usar lo que Dios le ha dado, y viene a través de la afirmación de otros.
Profecía y enseñanza deben juzgarse
Entonces, ah, otra vez: no creo que la profecía es canon. No creo que es lo que se incluye en las Escrituras, porque cuando aparece en la Biblia, aparece como dirección para cosas muy, muy específicas, momentos muy específicos; no como principios para todos los cristianos de todos los tiempos, sino para decisiones de un periodo específico, de un momento específico. Pero tiene que ser juzgado, dice Pablo. Por cierto, yo incluiría —y creo que Pablo está de acuerdo conmigo— que no nada más la profecía debe ser juzgada; también la enseñanza debe ser juzgada. O sea, las mismas preguntas que haríamos sobre algo que fuera un don de profecía las haríamos sobre algo que alguien enseñara, que es: ¿cómo juzgamos? ¿Está de acuerdo con lo que ya está revelado? O sea, ¿está alineado con lo que dice la Biblia? ¿Glorifica a Dios? ¿Edifica al cuerpo? Juzgamos lo que alguien dice en base a esos principios; juzgamos lo que alguien enseña en base a esos principios: ¿es bíblico?, ¿glorifica a Dios?, ¿edifica al cuerpo? Ya les di ejemplos de lo que yo creo que he escuchado: profecías que no edifican, que no creo que glorifican a Dios y que también no están de acuerdo con las Escrituras. Entonces, yo diría: "No, eso no viene de Dios. Tú dices que viene de Dios; yo no creo que viene de Dios, porque no cumple con los requisitos". La Biblia me invita a juzgar.
Así que si tú dices, profeta, en las elecciones pasadas: "Va a ganar Trump las elecciones", y no sucedió, yo puedo juzgar: tu profecía no fue de Dios. Es un poquito simple, ¿no? Y tampoco creo que glorificaba a Dios, tampoco es que se alineaba con las Escrituras. No sé por qué lo decías; creo que para exaltación propia, porque si eso sucedía, ibas a decir: "Ah, miren cómo Dios sí me muestra cosas". Bueno, ya no me voy a meter en cosas más específicas de crítica, pero quiero que vean, creo, a lo que nos invita Pablo.
Dios no es Dios de confusión
Y el último punto, versículo 33: es tan importante el orden. El orden es… ¿por qué?, dice Pablo. "Porque Dios no es Dios de confusión, sino de paz, como en todas las iglesias de los santos". Entonces, algo muy interesante —y lo vamos a ver en estos siguientes puntos— es que el orden es un reflejo de Dios mismo. Dios es un Dios que hace las cosas ordenadamente, y la iglesia debería reflejar orden, no caos. Y este es el problema con los corintios: estaban rodeados de religiones paganas en donde era una euforia colectiva, sin control, desmedida.
Y dice Pablo: no, no se parezcan a esos templos paganos, donde todos nada más están hablando cosas sin sentido, y donde todos están al mismo tiempo hablando, y no hay claridad. Dios no es así. Dios se ha revelado a nosotros por medio de palabras, de oraciones, de ideas que quiere que entendamos, y queremos reflejar lo más posible a Dios como iglesia. Entonces, ustedes, hermanos, tienen que evaluar si esto es un principio de nuestra iglesia. ¿Reflejamos un Dios que no es de confusión, sino un Dios de orden, Dios de paz? ¿Eso reflejan nuestros servicios? Esa es la pregunta que tenemos que hacernos.
Génesis 1:1-5: ¿qué hace Dios? Día por día. Pudo haber dicho Dios: "A ver, ya, en un segundo, en un día voy a hacer todo, y ya, ahí está". Eso pudo haber sido como lo había hecho Dios, pero no; se tomó el tiempo. Se tomó ese tiempo. Dice: "Día uno voy a hacer esto, día dos voy a hacer esto, día tres voy a hacer esto". Y así, poco a poco, va desarrollando Su creación; llega al séptimo día, descansa. Hay un orden, y ese orden Dios lo establece para que nosotros podamos seguirlo y reflejarlo.
Con diferentes roles
Lo cual me lleva al siguiente punto, que es: con diferentes roles. El orden de la iglesia tiene diferentes roles para diferentes personas, y por diferentes razones. Porque aquí nos estamos metiendo en algo controversial, hermanos queridos. Hemos tenido aquí eventos donde… No son eventos de la iglesia; son eventos donde hemos prestado nuestra iglesia, para lo de las cajitas y otras cosas, donde colaboramos con varias iglesias de varias denominaciones. Y hemos tenido pastoras aquí, no como parte de nuestra iglesia, sino que conocemos. Y bueno, ahí está la pastora, se presenta la pastora; yo siempre me pregunto: ¿dónde están los hombres en su iglesia? No sé.
Aquí Pablo establece un principio: "Las mujeres guarden silencio en las iglesias, porque no les es permitido hablar; antes bien, que se sujeten, como dice también la ley". Ah, bueno, ahorita regreso a este punto de la ley. "Y si quieren aprender algo, que pregunten a sus propios maridos en casa, porque no es correcto que la mujer hable en la iglesia. ¿Acaso la palabra de Dios salió de ustedes, o solo a ustedes ha llegado?". Ah, aquí está el principio. ¿A qué se refiere Pablo cuando dice "las mujeres guarden silencio en las iglesias"?
Tenemos varios problemas con eso. El primer problema que tenemos es lo que leímos en el versículo 26, cuando empezamos esta sección: "Cuando se reúnan, cada cual aporte salmo, enseñanza, revelación, lenguas o interpretación. Que todo se haga para edificación". Bueno, aquí, en estas cosas públicas que está diciendo Pablo, ¿son todas estas cosas públicas prohibidas para las mujeres? O sea, "mujeres", está diciendo, "guarden silencio"; así que de ahora en adelante las mujeres no pueden cantar. ¿Eso es lo que está diciendo? Es más, si ustedes se regresan unos capítulos, van a encontrar el versículo 5 del capítulo 11; ya lo estudiamos. Pablo de hecho estableció principios en el capítulo 11, principios de vestimenta y de cómo nos presentamos a la iglesia. Básicamente, los principios de cómo nos presentamos a la iglesia que establece Pablo en el capítulo 11 son: hombres se ven como hombres, mujeres se ven como mujeres. Es un principio que va en contra de nuestra cultura, ustedes saben, pero que es un principio bíblico.
Ese es el principio de cómo presentarnos a la iglesia de una manera que honre los roles que Dios dio a cada quien: hombres actúan como hombres, mujeres actúan como mujeres. Y una de las cosas que Pablo dijo en el versículo 5 es: "Toda mujer que tiene la cabeza descubierta mientras ora o profetiza deshonra su cabeza, porque se hace una con la que está rapada". Entonces, lo que está diciendo Pablo es: muestren que honran su rol y su posición dentro de la iglesia cuando oran o profetizan, mujeres. O sea, que sí hacían eso: oraban y profetizaban en público.
Lo que significa guardar silencio
Así que, ¿a qué se refiere Pablo cuando dice "las mujeres guarden silencio en las iglesias, porque no les es permitido hablar"? A menos que Pablo realmente se contradiga dentro de la misma carta, inclusive, lo que creo que está diciendo es una explicación, una aplicación del versículo 29, cuando habla de que "dos o tres profetas hablen, y los demás juzguen". Este proceso de juzgar creo que es a lo que se refiere en cuanto a las mujeres: eso déjenlo a los líderes, a los hombres de la iglesia, juzgar estas profecías. No se pongan todos a opinar sobre: "Ah, sí, yo creo que es de Dios", "Ah, esto no creo que es de Dios", y de repente se hace un relajo.
Y honestamente, la iglesia de Corinto era una iglesia muy complicada y muy conflictiva, y yo me imagino que estas mujeres… híjole, no sé qué causa que Pablo… no sé cómo se veía cuando las mujeres participaban, pero a mí me parece que eran mujeres con personalidades bastante fuertes. Ustedes saben esta estadística —creo que no es, y creo que está mal mi estadística, nada más estoy inventándolo, creo—, pero dicen que por cada dos palabras que dice un hombre, la mujer dice 10, algo así. No sé, a lo mejor es más cerca o más lejos, pero a las mujeres les gusta hablar; es la verdad. En general, no a todas, pero en general. Eso parece ser que está causando desorden en la iglesia.
Recuerden: el principio es orden. El principio es orden, y parece que las mujeres, especialmente cuando se trata de juzgar la profecía, causan desorden, por lo menos aquí. Entonces, para mantener el orden dentro de la iglesia, Pablo dice: esa parte de juzgar —donde inclusive ya entra un sentido, a lo mejor, de discernimiento de cómo se alinea con la Palabra de Dios, y por lo tanto es como enseñanza también—, dentro de esa parte, dejen que los líderes de la iglesia —ancianos, diáconos, no sé—, ellos sean los que juzguen la profecía. O sea, déjenselo a ciertas personas. Ustedes pueden profetizar, mujeres; ya cuando se trate de decidir si esto viene de parte de Dios o no… Mejor, ¿quieren discutir sobre si era de Dios o no? Pues espérense a llegar a su casa y ya lo hablan con su esposo. Él las tiene que aguantar todo el tiempo que están en casa; él puede escucharlas, pueden tener una conversación.
Por eso creo que es importante ver: "si quieren aprender algo". O sea, está claramente: la mujer debe de aprender, debe de aprender a discernir también. Pero tengan cuidado con el contexto de cómo aprenden, cómo retan, porque creo que es lo que pasaba. O sea, retar lo que alguien más dijo en público: cuidado. O sea, hay que ser cuidadosos con esa parte, para que no cause desorden en la iglesia.
Arraigado en la creación, no en la cultura
Ahora regreso a este punto de "como dice también la ley", al final del versículo 34: "que se sujeten, como dice también la ley". Fíjense bien en dónde está arraigando Pablo su argumento sobre el rol de las mujeres en la iglesia. Lo está arraigando no en la cultura corintia, porque eso es lo que algunos tendrían la tendencia a pensar, a decir: "Es que los corintios… sí, esas mujeres estaban locas, pero las nuestras no; entonces no aplica". Bueno, pero Pablo no está diciendo que es por su cultura; él está diciendo: es por la ley. Es un argumento muy parecido al que dio en el capítulo 11. ¿Se acuerdan? El capítulo 11, cuando él dice, en el versículo 7: "Pues el hombre no debe cubrirse la cabeza, ya que él es la imagen y la gloria de Dios; pero la mujer es la gloria del hombre. Porque el hombre no procede de la mujer, sino la mujer del hombre. En verdad, el hombre no fue creado a causa de la mujer, sino la mujer a causa del hombre. Por tanto, la mujer debe tener un símbolo de autoridad sobre la cabeza, por causa de los ángeles".
Bueno, ya estudiamos ese capítulo; pueden regresar si quieren ver más sobre la explicación de esos versículos. Pero ven que Pablo está argumentando que los roles regresan hasta el principio, regresan hasta la creación misma de Adán y Eva. Ese es el origen de los roles. Por eso en 1 Timoteo 2:12 Pablo dice: "Yo no permito que la mujer enseñe ni ejerza autoridad sobre el hombre". O sea, y otra vez, ahí está hablando de la enseñanza general, pública, para toda la congregación, la enseñanza más autoritativa que existe dentro de la iglesia. Y Pablo da la razón. La razón, dice Pablo, es porque Adán fue creado primero, después Eva. Ese es su razonamiento.
Entonces, antes de la caída, antes de que hubiera pecado en el mundo, Dios ya había establecido cómo es que el hombre y la mujer iban a complementarse mutuamente. Y Dios en Su Palabra nos está diciendo: "Hombres, yo les encargo a ustedes que tengan autoridad en la iglesia, que ustedes asuman el rol que yo les he dado de enseñanza, y que las mujeres los apoyen en ese rol; que las mujeres sean ayudas idóneas, de ánimo, en ese rol que yo les he dado a ustedes". Y se complementan; no es una competencia, que eso es lo que a veces parece. Y en una cultura feminista como la que vivimos, parece que es lo que termina sucediendo: "Ah, no, nosotras también podemos", y "Ah, ¿por qué nada más los hombres?". Y entonces empieza a haber competencia entre los sexos.
Y parece ser que próximamente México va a tener una presidenta por primera vez en su historia. Honestamente —y no quiero ofender a nadie—, pero honestamente creo que solo es porque es políticamente correcto. O sea: "Ah, pues hay que poner mujer, porque, ah, para decir: una mujer pudo llegar a ser presidenta, qué bien". A veces estas situaciones políticas que se dan no son en base a la capacidad, sino: "Ah, eres mujer; ah, bueno, eso nos hace ver mejor". A veces es… No digo que siempre, pero creo que… Bueno, ya no voy a decir más, porque además esto está público ahí en YouTube, y luego nos van a grafitear aquí enfrente.
Ese es el argumento de Pablo: sujeción a la autoridad para crecer juntos en conocimiento. Ese es el principio. Mujeres, crezcan, sí; aprendan, sí; pero hay un orden y una manera de crecer junto con su esposo. No es tan discriminatorio como pensaríamos. De hecho, la iglesia cristiana dio mayor importancia y prioridad a las mujeres que toda la cultura grecorromana de su tiempo. Esto era sumamente revolucionario: cómo Jesús trató a las mujeres, y cómo las mujeres tuvieron un rol en el ministerio de Jesús, cómo las mujeres tienen un rol en la iglesia. Cuando Pablo dice en Gálatas 3: ya no hay hombre ni mujer. O sea, no hay ventaja con ser hombre o mujer, realmente, porque la salvación en Cristo Jesús nos pone a todos en el mismo nivel. Pero los roles sí son importantes. Y aquí empezamos a ver cómo es que la iglesia es un reflejo de lo que hay en el hogar también. En el hogar se espera que también haya roles; en la iglesia se espera que haya roles, como reflejo de lo que está sucediendo en cada casa, en cada familia.
Los roles reflejan a Dios
Por si creen que esto es… Y vamos a verlo en un momento otra vez: "Porque Dios no es un Dios de confusión, sino de paz, como en todas las iglesias de los santos". Entonces, los roles también los vemos como un reflejo de Dios. El Padre envía al Hijo; el Hijo se somete al Padre; el Espíritu es enviado por el Padre y el Hijo; el Espíritu trabaja para exaltar al Hijo, la obra del Hijo. La Trinidad es, finalmente, una imagen de este orden de libertad que existe con diferentes roles, y una comunidad en que cada persona se da a sí misma libremente para el gozo y el bien de otros. O sea, esta expresión de roles dentro de la iglesia también es un reflejo de Dios mismo. Y si alguien cree, si alguna mujer cree que la sujeción es en algún sentido despectiva: el Hijo se somete al Padre, se sometió al Padre en Su encarnación y en Su humanidad, claramente, y eso no lo hacía inferior. Bueno, hemos hablado ya de eso.
Sujetos a la Palabra de Dios
Número… último punto, número cuatro. Dice… bueno, y dice Pablo: "¿Acaso la palabra de Dios salió de ustedes, o solo a ustedes ha llegado?". ¿Ustedes creen que son tan innovadores en su manera de hacer las cosas? ¿Creen que Dios les ha revelado algo a ustedes de cómo hacer las cosas? Acuérdense que el Evangelio vino a través de mí a ustedes, y que ustedes tienen que sujetarse a la Palabra de Dios. Y vean las otras iglesias. O sea, no pueden ustedes pensar que son tan innovadores, y con sus modas, que lamentablemente es lo que termina pasando en muchas iglesias.
"¿Acaso la palabra de Dios salió de ustedes?". O sea, ¿ustedes establecen cómo debe ser, o la Biblia establece cómo debe ser? ¿O solo ustedes saben cómo hacer las cosas correctamente? O sea, está confrontando aquí a los corintios con su desorden, diciéndoles: "No me importa que ustedes crean que están siguiendo la voluntad de Dios; ustedes tienen que someterse a la Palabra de Dios, y al orden, y a lo que yo les digo como apóstol". Y eso viene en el versículo 37: "Si alguien piensa que es profeta o espiritual…". Ahí está: se creen muy profetas, que saben discernir lo que Dios está diciendo. Ahora sí Pablo habla como apóstol: "…reconozca que lo que les escribo es mandamiento del Señor".
O sea, más vale que reconozcan que yo sí estoy hablando de parte de Dios como apóstol. Esto es ahora sí en Su autoridad apostólica. Y si ustedes no reconocen a Pablo, si ustedes dicen: "Ah, está loco Pablo; nosotros vamos a seguirlo haciendo como lo hacemos, no pasa nada", están en rebeldía contra Dios. Eso es lo que les dice el versículo 38: "Si alguien no reconoce esto, él no es reconocido". O sea, ¿por quién? Por Dios, por la autoridad que Dios le ha dado a Pablo como apóstol.
Anhelen profetizar, no prohíban las lenguas
"Por tanto, hermanos míos…". Aquí viene, y otra vez, hermanos, es muy simple: esta es la razón por la que soy continuista, este versículo. "Por tanto, hermanos míos, anhelen el profetizar, y no prohíban hablar en lenguas". Es muy simple. Yo respeto mucho a muchos hermanos que no son continuistas, pero la razón por la que yo lo soy es porque, si yo digo que el don de profecía y las lenguas han cesado —que entiendo por qué algunos lo dicen—, pero si yo digo eso, eso me obliga a que, cuando yo lea este versículo, yo haga exactamente lo contrario de lo que dice el versículo: no anhelar profetizar y prohibir hablar en lenguas.
Ahora, yo no sé cómo se ve; yo no sé cuál es la naturaleza exactamente de estas dos cosas. Pero me mantengo en una postura abierta, cautelosa, de decir: "Bueno, si Dios quiere hacer eso, que lo haga", porque el mandamiento es anhelar profetizar y no prohibir hablar en lenguas. Él sabe en qué momento. Y creo que por diferentes etapas de la historia Dios hace diferentes cosas, y por diferentes periodos de tiempo. No toda la historia de la iglesia se ve igual. Va a haber tiempos, inclusive en el tiempo apostólico, donde había más expresiones de los dones sobrenaturales, y de repente no tanto, y así iba y venía, y no era siempre parejo. Y creo que la historia de la iglesia no se ha visto siempre parejo, y no sé qué Dios tenga planeado para los próximos años de la historia, especialmente al acercarnos hacia el final. No sé.
Decentemente y con orden
Pero ¿cuál es el principio? Versículo 40: "Que todo se haga", otra vez, "decentemente y con orden". Ese es el principio, hermanos. No entramos en controversia teológica sobre este punto; más bien, establecemos el principio. El principio es que haya orden y decencia dentro de la iglesia. Y, hermanos, este capítulo es confrontación para ambos lados. Si tú dices: "Ah, yo soy cesacionista"… el capítulo confronta a los dos, ¿no? Para él, Pablo dice: "Ah, no desprecien. No voy a prohibir que hablen en lenguas, no voy a prohibir que profeticen; de hecho, anhelen profetizar". Pero para el carismático, o el continuista, dice: "A ver, pero tranquilos. O sea, hagan todo decentemente y con orden: túrnense, hablen uno a la vez, interpreten, que la gente entienda lo que están diciendo, que haya claridad en el servicio".
Entonces, eso es para balancearnos, hermanos. Este capítulo creo que está para ponernos en el centro y decir: "A ver, no vamos a despreciar al Espíritu, no vamos a despreciar los dones del Espíritu. No sabemos exactamente cómo son y cuáles son todos y cómo se ven, pero no vamos a despreciarlos". Pero, por otro lado, no vamos a dejar que esos tomen control y prioridad dentro de la iglesia de tal manera que se desordenen las cosas, y donde ya no haya sujeción a la autoridad de la Palabra de Dios.
El Evangelio trae orden y paz
Entonces, buscamos oportunidades para que todos participen, y reflejamos decencia y orden, porque de esa manera reflejamos a Dios. Ah, Dios, ¡cómo es bueno! Dios es un Dios de belleza. Todo lo que nosotros conocemos como belleza en este mundo, Dios lo hizo, y Dios quiere que reflejemos belleza, hermosura, en la comunión, en el orden del servicio. El Evangelio mismo, ¿se dan cuenta? El Evangelio mismo es Dios trayendo orden y paz a nuestras vidas. Cuando dice el versículo 33: "Porque Dios no es un Dios de confusión, sino de paz", eso es un reflejo del Evangelio. ¿Qué es lo que ha venido Dios a hacer? Dios ha venido a traer orden en un mundo de caos y de desorden.
Dios ha venido a traer paz a una humanidad que estaba separada de Dios por su pecado, una humanidad que había quebrantado y violado la ley de Dios, lo cual es cierto para todos nosotros, "por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios". Dios ha venido a traer paz, como dice Romanos 5:1: ahora tenemos paz para con Dios por medio de la justificación que viene en Cristo Jesús por la fe. Y ahora, cuando nosotros hemos experimentado ese Evangelio, hemos sido perdonados, transformados por este mensaje glorioso de la cruz. Ese es el centro de nuestras vidas, es el tesoro de nuestras vidas.
Ahora buscamos reflejar eso a los demás, ahora buscamos ser eso para los demás. Y como iglesia damos testimonio de eso: que la gente nos vea y diga: "Miren qué orden, miren qué armonía, miren cómo trabajan juntos, miren cómo se aman, miren cómo se animan unos a otros en cada servicio, y salen más contentos que cuando entraron". Porque ese es nuestro Dios; eso es lo que Él ha hecho en cada uno de nosotros para Su gloria. Pónganse de pie…
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