Libertad y Santidad I Alfredo Carrillo
Transcripción
Introducción y lectura de Gálatas 5
… (La grabación comienza con el mensaje ya iniciado.) …y compartir Su Palabra, y es todo un compromiso y es todo un reto estar aquí enfrente. Primeramente Él ha hablado a mi vida con lo que voy a compartir este día. Vamos a abrir nuestras Biblias en el libro de Gálatas, la carta a los Gálatas, capítulo 5, y entonces leerlo. Como dijo nuestro hermano, vamos a tratar de concentrarnos en lo que está aquí escrito y nos olvidamos un poco de lo que dejamos en casa; quizás tenemos alguna preocupación, un problema por ahí. Vamos a apagar celulares y vamos a hacer también reverencia con la Escritura.
Dice así, Gálatas capítulo 5: "Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. He aquí, yo Pablo os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo. Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley. De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído. Pues nosotros por el Espíritu aguardamos por fe la esperanza de la justicia; porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor. Vosotros corríais bien; ¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad? Esta persuasión no procede de aquel que os llama. Un poco de levadura leuda toda la masa. Yo confío respecto de vosotros en el Señor, que no pensaréis de otro modo; mas el que os perturba llevará la sentencia, quienquiera que sea. Y yo, hermanos, si aún predico la circuncisión, ¿por qué padezco persecución todavía? En tal caso se ha quitado el tropiezo de la cruz. ¡Ojalá se mutilasen los que os perturban! Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pero si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros".
Señor, te alabamos, te bendecimos este día. Espíritu Santo, ayúdame en esta mañana, y Tu nombre sea glorificado. Que reconozcamos a través de esta enseñanza nuestra condición de pecado y nuestra necesidad. Gracias por Tu Palabra. En Cristo Jesús.
El contexto de la carta a los Gálatas
Bueno, voy rápido a contextualizar hasta este capítulo. Voy a hablar un poco del capítulo 1 hasta antes de este, es capítulo 4. La situación en Galacia era así: Pablo había ido a predicar; Pablo había predicado el evangelio en ese lugar a los gálatas. Galacia era un lugar principalmente conformado, digamos, por gente pirata, por decirlo así; era gente muy mala, los que se quedaron en ese lugar, en esa isla. Pero habían recibido el evangelio, el evangelio que es Cristo Jesús: que Cristo murió en la cruz por nuestros pecados. Y como decía en la mañana, en la Cena del Señor, nuestro hermano Arturo, merecíamos la condenación, no merecíamos ser perdonados, pero Cristo murió. Hemos sido justificados por ese sacrificio de Cristo, y solamente por eso. Y ese es el evangelio que Pablo les predicó a los gálatas.
Antes del capítulo 5, más o menos podemos dividir dos secciones dentro de la carta. Primero, él se presenta como el apóstol que predicó el evangelio y nuevamente testifica lo que les predicó a los gálatas. Después, en una segunda parte, en una porción de estos capítulos, Pablo les da otra vez nuevamente algo de teología, o mucha teología, acerca del evangelio. Y bueno, ¿cuál era el problema con los gálatas? Ellos habían recibido el evangelio, el mismo que Pablo predicó en todos lados, el mismo evangelio que Jesús predicó cuando Él estuvo aquí: el mensaje de la cruz, de la salvación que solamente es a través de Él, y que no podemos hacer nada; la salvación no es por obras. Y eso es lo que Pablo les predicó.
Pero los gálatas no eran judíos; eso está entendido. No eran judíos, eran gentiles. Gentiles se refiere a todo aquel que no es judío de etnia. Entonces, los gálatas no eran judíos, pero dentro de estas iglesias que se habían conformado en esta isla había cristianos judíos que también habían recibido el mensaje del evangelio. Pero el problema aquí, el conflicto, era que dentro de las costumbres judías había algo que es la circuncisión. Hemos estado estudiando Génesis, y vimos, cuando llegamos al personaje de Abraham, que Dios hace un pacto con Su pueblo, y la señal de este pacto era la circuncisión; o sea, la señal para recordar el pacto.
Pero cuando Cristo viene... pero ese pacto estaba apuntando a Cristo; tengo que aclarar eso. Ese pacto que Dios hizo con Abraham estaba apuntando a Cristo, a lo que Cristo iba a venir a hacer. Y hoy en la mañana también celebramos la Santa Cena, y estamos recordando ese pacto que Cristo hizo. Cristo ahora es nuestra circuncisión; ese es el pacto que ahora representa a Cristo. No necesitamos más ciertas cosas, añadirle al evangelio algo. Ese era el problema: está diciendo que está perdiendo el valor del sacrificio de Cristo. Y eso es lo que Pablo estaba peleando con los gálatas, en lo que Pablo les estaba exhortando y, de alguna manera, regañando.
Los judaizantes se fueron metiendo poco a poco, muy sutiles, y les estaban enseñando a los gálatas que tenían que añadirle algo más al evangelio. En este caso, parte de ello era la circuncisión, dentro de otras cosas; la circuncisión era el punto. Y Pablo, nuevamente, durante estos cuatro capítulos, les vuelve a instruir en el evangelio, recordándoles la magnífica obra de Cristo en la cruz, y que ella es suficiente para salvación y para justificación por la fe. Eso dice en Gálatas, y dice así, vamos a leerlo: "Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado". Nadie, absolutamente nadie será justificado.
Y cuando hablamos de la ley, estamos hablando en términos de los mandamientos que Dios había dictado. ¿Y quién los puede cumplir? Nadie; es un imposible. Por eso dice que la ley es maldición para nosotros, porque no la podemos cumplir. ¿Quién no ha mentido aquí, quién no ha engañado? Dice Jesús que el adulterio se comete en el pensamiento; el acto es la consumación de ese pecado. Lujuria, chismes, en fin: nadie podemos cumplir la ley. Y eso trae maldición a nosotros, porque a través de ella Dios nos está condenando, nos está haciendo ver nuestra condición de pecado. Para eso se puso la ley: para recordar nuestra condición de pecado, y que por nosotros no podemos hacer nada para estar delante del Padre.
He titulado este mensaje "Libertad y santidad". Vamos a hablar de ello; lo divido en dos partes, libertad y santidad, y dentro de estas dos partes tengo tres paréntesis. Qué significa ser libre en Cristo es el primero que vamos a ver. Vamos a ver también los desvíos que hay en el camino, los tropiezos, los estorbos para llegar a esa santidad. Y por último vamos a ver si tenemos libertad o libertinaje.
Qué significa ser libre en Cristo
Dice así en el versículo 1: "Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. He aquí, yo Pablo os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo". Pablo comienza aquí, después de que les habló normalmente del evangelio, después de que él estaba preocupado porque se estaban desviando los cristianos. Dice: "Estad, pues, firmes en la libertad". Estad, permanezcan, no se muevan. Este verbo también lo podemos entender como un llamado a obedecer a Cristo, a Cristo y a Su evangelio: firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres.
Pablo nos recuerda aquí a los gálatas que ellos fueron redimidos, que fueron rescatados del pecado por medio del sacrificio de Cristo, y nada más eso. Dice: estad firmes, permanezcan; ya no son más esclavos del pecado, ya se les abrió esa libertad. Firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres.
"Y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud": ya no más esclavos del pecado, ya no vuelvan atrás, a la vida anterior. Por lo tanto, si ya han sido liberados, si ya hemos sido liberados, desde luego ahora no se pongan otro nuevo yugo. Como decía, ellos venían de unas personas en esta isla que se dedicaban a robar, a matar, como cualquiera de nosotros quizás. Pablo, al haber predicado el evangelio, el evangelio por medio del cual iban a ser libres del pecado, creyeron. Pero ahora, con esta creencia que les estaban metiendo los judaizantes, la circuncisión... se habían quitado ese yugo, esa carga del pecado, y ahora estaban colocándose otro yugo: la circuncisión. Ellos no la necesitaban, porque ni siquiera eran judíos. Querían añadirle algo a su fe; solamente estaban obedeciendo a ritos. Querían ser justificados obedeciendo a ritos, ritos que no les correspondían por no ser judíos.
Ser libre es ser liberado para hacer lo que Dios quiere que seamos. Está un poco enredado: ser libre es ser liberado para hacer lo que Dios quiere que seamos. Los gálatas estaban cediendo a ciertas costumbres del judaísmo. Como les decía, vemos aquí en Gálatas 4:10: "Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años. Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros". No solamente estaban incluyendo la circuncisión, sino estaban guardando el shabat. Esta nueva secta —bueno, digamos nueva—, los llamados judaizantes, que también hay entre los cristianos, todavía los hay, que dicen que guardan el sábado porque dice la Biblia que Dios descansó de toda Su obra, y eso representa el sábado. Pero no lo necesitamos. ¿Por qué? Porque vimos en Hebreos quién es nuestro descanso: ahora Cristo es nuestro descanso. Es solamente un rito, es una obra.
Y los gálatas estaban adoptando solamente cuestiones rituales, y entonces su religión solamente se estaba reduciendo a mero ritualismo, y solamente una pequeña y ligera sombra de cristianismo. Porque, al pretender añadirle algo más al evangelio, estaban suplementando el evangelio. Y por lo tanto, cuando tú le añades algo al evangelio de salvación, estás al mismo tiempo suplantando a Cristo. Si suplementas el evangelio, suplantas a Cristo. Por eso Pablo les dice que Cristo de nada les aprovechará si deciden circuncidarse para una salvación más plena.
¿Y cuántos de nosotros no somos así? Queremos añadirle algo más a nuestra vida cristiana, algo más a este evangelio. Cuando yo reconocí, o cuando reconocemos —no quiero hablar en términos de mí, en general—, cuando todos reconocemos nuestro pecado delante del Señor y le pedimos que Él tome nuestras vidas, que nos redima, que nos perdone, que nos justifique, en ese momento Dios lo hace todo. No necesitamos más. Y por eso es que Pablo les está diciendo aquí: "Y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud". Esa es la manera en que Dios nos ha dado libertad a través de Cristo, y es lo que Pablo aquí nuevamente está recordándoles a los gálatas: ya no sean esclavos del pecado.
¿Estamos siendo esclavos del pecado? ¿Estamos regresando? Hemos visto con Nathan, en los últimos tres sermones, que nos hablaba de la carrera, nos hablaba de la disciplina y nos habló de la santidad; eso es lo que vimos los últimos tres domingos. ¿Y nosotros cómo estamos llevando nuestra vida cristiana? ¿Nuevamente estamos poniéndonos yugos? Hemos creído en el evangelio, venimos aquí y cantamos, oramos, estudiamos la Biblia; pero eso no quiere decir, porque hagas todas esas cosas, que realmente seas salvo. Debe de haber algo en nuestra vida, un cambio.
"De Cristo os desligasteis". Pablo continúa con la exhortación: nuevamente, han dejado a un lado a Cristo todos los que quieren buscar salvación por obras. Dice que al mismo tiempo caen de la gracia, queriendo añadir algo más a la obra de Cristo. Y me llama la atención aquí que dice "de Cristo os desligasteis", o quiere decir: han dejado a un lado a Cristo, "los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído".
¿Se pierde la salvación?
Bueno, vamos a aclarar este poquito, este versículo. Dice: "De la gracia habéis caído". Pareciera que está diciendo Pablo que pierden la salvación; si es que no lo habían visto así, puede malinterpretarse: "se pierde la salvación", cuando está diciendo aquí otra cosa. Y ese es un versículo que usan los arminianos: "la salvación se pierde". Es una mala interpretación. Pablo se está dirigiendo a los gálatas como hermanos; si hubieran perdido la salvación, Pablo no se dirigiría a los gálatas como hermanos. Lo que está sucediendo aquí es que no hay compatibilidad entre la salvación por fe y la salvación por obras. Les está diciendo que están minimizando el sacrificio de Cristo; o sea, dice que caen de la gracia.
¿Cuántos hacemos eso aquí en nuestra vida? Minimizamos el sacrificio de Cristo. A veces empezamos a caer de la gracia no solamente añadiendo cosas, sino desobedeciendo a Cristo, cuando no nos comportamos como alguien regenerado. Y de la salvación dice en Hebreos 6 —vamos a leerlo rápidamente, y ya lo vimos con Nathan—, 6:4, dice así: "Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio". Eres salvo o no eres salvo; no hay un estado intermedio. Y Dios, a través de toda la Biblia, nos habla de eso: no hay intermedios. Si eres salvo, eres salvo.
Y es lo que Pablo les está diciendo aquí: "De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído. Pues nosotros por el Espíritu aguardamos por fe la esperanza de la justicia; porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor". Los que hemos creído en Cristo confiamos en la esperanza de ser justificados en aquel día del juicio, con un veredicto favorable a nosotros el día del juicio final. ¿Y cuál es ese veredicto del que nosotros tenemos esa esperanza? Ser hallados justos delante de Dios. Y eso es a través de la capacitación del Espíritu Santo en nosotros mediante la fe. Esa es nuestra esperanza, los que verdaderamente hemos creído que Cristo nos ha perdonado, que Cristo nos ha justificado, que Cristo nos ha redimido, que Cristo nos ha regenerado.
Liberados para someternos a Dios
No seamos más esclavos; tenemos la libertad ahora en Cristo. Eso es lo que representa la libertad de la que nos está hablando: que hemos sido libres del pecado, ya no más. Y podemos ver los contrastes de cuando no teníamos al Señor y ahora que lo tenemos, entre lo que es la libertad de Cristo y la libertad humana; eso es muy diferente. La libertad humana, al final de cuentas, tiene esclavitud con el pecado. Pablo nos está poniendo aquí en claro la libertad que tenemos en Cristo —cuatro cosas—, y yo encontré: sujeción a Dios y a Su voluntad: eso es libertad en Cristo. Libertad en Cristo es que somos liberados para servir a Dios. Libertad en Cristo es que somos liberados para seguir a Jesús. Libertad en Cristo es que somos liberados para someternos a Dios.
Liberados para someternos a Dios. Esto suena a que fuimos hechos libres para volver a ser esclavos, pero ahora es por amor, por gratitud. Cristo es el camino que Dios abrió para que tengamos libertad del pecado, con Su muerte en la cruz. Ya no más esclavos. ¿Por qué regresamos? ¿Qué cosa es lo que nos atrae allá afuera? O quizás no eres salvo, quizás no has entendido el evangelio. Hagámonos esta pregunta todos los días de nuestra vida: ¿qué efecto está teniendo el evangelio en mi vida? ¿Qué efecto está teniendo Cristo en mi vida? ¿Me sujeto a Dios y a Su voluntad? ¿Sirvo a Dios, sigo a Jesús y me someto a Dios en amor?
Esto es lo que Pablo estaba diciendo acerca de la libertad, y ese era el tema que estaba tratando desde un principio de la carta a los Gálatas: ¿por qué regresan? Lo dice: ¿por qué regresan? Dice el versículo 6 del capítulo 1: "Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente". Y dice:
"No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo". Hay muchas falsas doctrinas últimamente, y a veces hablan tan sutil, tan bonito, que uno puede entenderlo si no está bien cimentado. Como dice aquí Pablo: estad firmes, permanecer; nos pueden jalar. No necesitamos más, no necesitamos una experiencia espiritual para salvación si ya hemos sido salvos, llamados y justificados. Entonces, sí pueden venir esas experiencias espirituales —no estoy diciendo cuáles; eso es de cada quien con el Señor, cada quien en su comunión—, pero para ser salvos no dependemos de experiencias espirituales.
Yo, cuando recibí al Señor, no vi luces, no vi nada milagroso, más que el cambio de mi vida. Ese es el único milagro que vi: que fui perdonado, que me tomó así como era. Es el único milagro: que Dios te toma tal y como eres, con tu pecado. Deja que Cristo haga ese milagro en tu vida, que te tome, no importa qué hayas hecho. Ese es el verdadero evangelio. ¿Quién soy yo para condenar? ¿Quién soy yo para juzgar, si Cristo murió por mí en la cruz? Ese es el verdadero milagro. No necesitamos nada más, no necesitamos añadirle más; hemos sido libres del pecado. Sí, quizás podemos caer otra vez, pero el verdadero cristiano se arrepiente, el verdadero cristiano pide perdón. Ese es el verdadero milagro que Dios hace en nosotros.
Los estorbos en la carrera
Dice el versículo 7: "Vosotros corríais bien; ¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad? Esta persuasión", dice, "no procede de aquel que os llama". Pablo está utilizando una metáfora del mundo del atletismo de aquel entonces, las olimpiadas. Les voy a explicar un poco eso. Los corredores en la antigüedad no corrían como ahora; no había una pista ovalada. Ponían algo a cierta distancia, y el corredor tenía que llegar allá, de ida y de regreso; eso es lo que tenían que hacer los corredores, a ver quién llegaba primero. Pero si un corredor se cruzaba delante del otro, especialmente en los últimos metros antes de llegar al poste, le hacía tropezar y le estorbaba, para disminuir o aminorar su velocidad, para retrasarlo. Así es como Pablo está comparando esa metáfora. Dice: "Vosotros corríais bien; ¿quién os estorbó para no obedecer?".
Y Nathan nos habló también acerca de esta carrera. La carrera de la vida del cristiano no es ver quién llega primero; es ver quién permanece. Es constancia, no es velocidad. ¿Quieres velocidad? Te vas a morir y llegaste primero que todos nosotros. "Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres". "Vosotros corríais bien; ¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad?". Vosotros corríais bien. ¿Qué cosas nos estorban en nuestra vida? ¿Qué cosas nos estorban para vivir en la libertad de Cristo? ¿Hay pecados ocultos en nuestra vida? Eso está estorbando mi vida, eso está estorbando mi carrera hacia Cristo. Porque ese es el punto principal de la vida cristiana: llegar a la meta final, llegar a Cristo, llegar un día con Él, estando delante de Él justificado.
¿Qué estorba mi vida? Debería haber creído en Cristo como Salvador; y si es así, ¿qué estás tomando en tu vida? ¿Qué es lo que está perturbando tu vida? ¿Qué cosa, decía Nathan, estamos cargando? ¿Cuál es el peso que estamos cargando? Vosotros corríais bien. ¿Qué cosas nos están deteniendo? ¿Algún otro corredor? Todos somos corredores aquí, al ser un maratón, porque es la metáfora más correcta: maratón. ¿Nosotros estamos estorbando? A lo mejor yo le he metido el pie a Roberto, yo he...
Un poco de levadura
Versículo 9: "Un poco de levadura leuda toda la masa". Hablaba también en la mañana el hermano David acerca de la preparación de este pan que tomamos. Y en la Biblia siempre está esta figura de la levadura como contaminación; no porque sea mala, pero la levadura en el pan en el que participamos en la Cena, que representa el cuerpo de Cristo, quiere decir que es sin contaminación, como Cristo: sin mancha, sin contaminación, sin pecado. Un poquito de levadura... para los que alguna vez hemos hecho pan. Yo no soy panadero, pero he hecho pan alguna vez en mi vida. Pero así como hay levaduras naturales —en esto es bastante para que le dé Arturo, y ahora saben de eso—, hay otra, de una marca... bueno, vamos... la marca, por favor, me van a cobrar el comercial, en polvo, que un poquitito es súper fuerte, diez veces más que la otra.
Y así hay levaduras en nuestra vida. Hay levaduras muy sutiles, que leudan poco a poco, y levaduras muy fuertes. Un poco de levadura contamina. ¿Qué estamos añadiendo a nuestro evangelio? Queremos añadirle levadura para que el evangelio sea más sabroso, para que la vida cristiana sea más sabrosa. ¿Cómo estamos pensando en nuestra libertad? Y con esta figura de que un poco de levadura leuda la masa, nos imaginamos cuando están preparando la masa y empieza a inflarse, y se ve bonita. Eso es lo que pasa con las cosas que nos contaminan: se ven bonitas, se ven agradables, se antojan. Sale el pan del horno esponjado, y no conformes con eso, le untamos mantequilla y le untamos mermelada para que sea aún más sabroso.
Y así son las cosas en nuestra vida cuando queremos añadirle cosas al evangelio de Cristo, que esto no es suficiente. ¿Qué cosas hay que estamos dejando que contaminen? ¿Qué vemos? Fotografía. ¿Qué oímos? Doble sentido. ¿Qué hablamos? Maldición, juicio. ¿Cuántos no hemos juzgado aquí a otros? Y no tienes que directamente decir una palabra de maldición a alguien, pero el hablar de alguien, quizás... Un poco de levadura leuda la masa. ¿Qué nos está estorbando en nuestra carrera? ¿Queremos regresar a la esclavitud o queremos ser libres? Cosas muy pequeñas nos pueden afectar en nuestra relación y comunión con Cristo.
"Yo confío respecto de vosotros en el Señor, que no pensaréis de otro modo; mas el que os perturba llevará la sentencia, quienquiera que sea. Y yo, hermanos, si aún predico la circuncisión, ¿por qué padezco persecución todavía? En tal caso se ha quitado el tropiezo de la cruz. ¡Ojalá se mutilasen los que os perturban!". Cuando Pablo dice "ojalá se mutilasen los que estorban", está diciendo: ojalá los pudiera quitar. A veces no queremos hacerlo; no queremos quitar las cosas que nos están perturbando, y esto proviene de Satanás. Desviados del camino, corríamos bien. Y esto a veces me pasa también, hermanos: a veces hay cosas que me desvían, y es triste reconocerlo. Luchamos con el pecado, mas no permanecemos en él, mas no vivimos en él. Si eso haces y vives en el pecado, entonces no has sido justificado, no has sido salvado.
¿Libertad o libertinaje?
Versículo 13: "Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos", como dice, "por amor los unos a los otros. Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo". La libertad en Cristo es aquella que nos rescata del pecado por gracia, por fe, a través de Cristo. Pero tampoco debemos confundir esa gracia de "Dios me perdona a cada rato" con una libertad para pecar y pedirle perdón después, como dicen por ahí: "mejor pedir perdón que pedir permiso". El libertinaje: eso es libertinaje. Cuando a un adolescente le das ciertas libertades, lo pueden llevar a un libertinaje: fumar, beber, ir al antro, y muchos otros pecados.
¿Libertad o libertinaje? ¿Qué es lo que tenemos? ¿Qué es lo que hay en mi vida? Debe de haber una transformación en nuestras vidas. Cuando Dios aplica el llamamiento externo, que es el mensaje del evangelio, debe haber un cambio interno en nuestra vida. ¿Libertad o libertinaje? Y ese cambio interno produce amor hacia Dios en agradecimiento; y ese cambio interno, cuando produce amor en agradecimiento hacia Dios, podemos amar a nuestro prójimo. Siempre hablamos de la gracia en este lugar; a veces pareciera que es lo que más nos caracteriza, hartarnos de la gracia, es decir, de las doctrinas de la gracia. ¿Estoy mostrando esta gracia?
Dice: "Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo". ¿Alguna rencilla no aclarada? ¿Un perdón no concedido? ¿Un arrepentimiento no genuino? Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Dice en el 13: "Servíos por amor los unos a los otros".
Y nuevamente está esta paradoja: libertad y servir. Cristo me ha dado libertad para servir. ¿Y quién es nuestro mejor ejemplo de servicio y de gracia? Cristo. Cristo les lavó los pies a los discípulos. ¿Y lo merecían o no? El Hijo de Dios. Servir en amor a mi prójimo como lo hizo Cristo con Sus discípulos, al lavar sus pies: Él es nuestro mayor ejemplo, y eso es lo que nos lleva a la santidad.
Mordiéndonos unos a otros
"Pero si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros". Posiblemente Pablo había escuchado también que había rencillas entre las iglesias, y dentro de la misma iglesia se estaban formando bandos. En la iglesia aquí no pase eso. Quiero pensar que no. Se estaban formando bandos: los que estaban a favor de los judaizantes, legalismo, y los que estaban a favor de los incircuncisos, libertinaje. Y eso es lo que Pablo les estaba diciendo aquí: "Pero si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros".
¿Qué percepción estamos dando a la iglesia, hermanos nuevos? Que cuando lleguen aquí, o cuando llegaron, hayan visto esa gracia en nosotros, ese amor. Normalmente se espera que los que no son cristianos, los de afuera, ataquen a los de acá adentro. Eso es lo que normalmente esperamos: ser atacados por el mundo, no que los de aquí adentro nos ataquemos. No estoy diciendo nada de nadie; solamente es lo que dice la Palabra. Los que no conocen son los que violentan a la iglesia normalmente, no entre los mismos cristianos. Y eso es lo que Pablo está atacando aquí: "Pero si os mordéis y os coméis".
Está usando esta figura de bestias. Pablo ya les había dicho a los gálatas, al capítulo..., de otras bestias contumaces; habla muy fuerte de los gálatas. Hay una figura de dos serpientes que se encuentran —son venenosas las serpientes, la mayoría—: se encuentran, se empiezan a agredir, y una le muerde la cola a la otra, y hacen un anillo y se empiezan a comer. Y eso es lo que está Pablo diciendo: "Si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis"; en algún momento se iba a acabar una con la otra. Y Pablo usa esta figura de bestias para reprender estas peleas que se estaban dando, que no eran de un cristiano santo. La santidad: un cristiano libre que actúa en amor para servir a su prójimo.
Conclusión: libres para correr la carrera
Y así es como concluimos, concluimos hasta este punto. Tenemos libertad, ya no somos esclavos del pecado; pero pareciera que hay cosas que nos estorban en nuestra vida cristiana. Queremos añadirle cosas al sacrificio de Cristo. ¿Qué cosa puede llenar más nuestra vida que Cristo? ¿Cómo estamos? ¿Cómo se está viendo reflejada mi santidad con respecto a mis hermanos? ¿Somos libres o somos esclavos? No tomemos bandos, porque eso es doloroso para la iglesia, y a veces para los que estamos al frente, algunos. Nada, pero duele cuando hay bandos, cuando se están formando grupos. Eso no es amor al prójimo. ¿Somos libres o somos esclavos?
La libertad del cristiano. Que Dios nos ayude y tenga piedad de nosotros; nuevamente, que quiera ser misericordioso. Que reconozcamos nuestra condición de pecado, que reconozcamos nuestra condición caída delante de Él cada día de nuestras vidas, cada momento. Hemos regresado nuevamente a las reuniones; eso es lo que anhelábamos, porque necesitamos estar con los hermanos. Pero para amarlos, no para morderlos. No es como ir en la calle y que un perro te salga y te quiera morder. Aquí no hay perros; perdón por las palabras, que son muy feas, muy fuertes.
Hemos sido libertados del pecado para correr la carrera sin interrupción, para llegar a una vida de santidad. Eso es lo que Dios quiere que seamos, lo que Él quiere que seamos, para la gloria. Que Dios bendiga Su Palabra.
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