2 Pedro 1:16-212 PedroJonathan Adams
¿Por qué confiar en la Biblia?
Transcripción
Contexto y lectura del pasaje
(La grabación comienza con el mensaje ya iniciado.)
…Y ya, como último punto de contexto: Pedro sabe que muy pronto morirá y que los creyentes van a seguir en el mundo, y entonces su enfoque está en la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo. Está fortaleciendo la fe de los creyentes en la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo. Y aquí nos dice que tenemos un fundamento aún más sólido de lo que él experimentó ahí en el monte de la transfiguración. Vamos a leer entonces, comenzando con el versículo 16:
"Cuando les dimos a conocer la venida de nuestro Señor Jesucristo en todo Su poder, no estábamos siguiendo sutiles cuentos supersticiosos, sino dando testimonio de Su grandeza, que vimos con nuestros propios ojos. Él recibió honor y gloria de parte de Dios el Padre, cuando desde la majestuosa gloria se le dirigió aquella voz que dijo: 'Este es mi Hijo amado; estoy muy complacido con Él'. Nosotros mismos oímos esa voz que vino del cielo cuando estábamos con Él en el monte santo. Esto ha venido a confirmarnos la palabra de los profetas, a la cual ustedes hacen bien en prestar atención, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día y salga el lucero de la mañana en sus corazones. Ante todo, tengan muy presente que ninguna profecía de la Escritura surge de la interpretación particular de nadie. Porque la profecía no ha tenido su origen en la voluntad humana, sino que los profetas hablaron de parte de Dios, impulsados por el Espíritu Santo".
Entonces, la segunda venida de Cristo —o nuestra muerte, si Jesús se tarda, si morimos antes de esta segunda venida— son el impulsor de nuestras vidas piadosas aquí en Pedro. Y este es el enfoque, y por eso nos quiere asegurar de la confiabilidad, de la autoridad de la Palabra de Dios.
Si pudieras hacerle una pregunta a Jesús
Recuerdo en mi segundo año de la universidad: estaba circulando una de esas preguntas que como que ayudan a explorar a los compañeros y a formar vínculos, a explorar quiénes somos y qué creemos. Y la pregunta era esta: "Si le pudieras hacer hoy una pregunta a Jesús, ¿cuál sería esa pregunta?". ¿No? Entonces estaba dando vueltas esta pregunta, y lo conversábamos entre todos. Y bueno, pues yo me puse a pensar si sería, no sé, algo acerca de mi vida: cuándo voy a morir, si el Señor va a venir antes de que yo muera, ¿qué profesión voy a tener si el Señor se tarda? ¿Me voy a casar? ¿Voy a tener hijos? ¿Dónde voy a vivir?
Pues son preguntas quizás interesantes, pero yo creo que, pensándolo, pensé: "Bueno, yo creo que Jesús me diría: 'Parte de mi plan para tu vida es que tú confíes en mí y me sigas a mí, y confíes en mi plan para tu vida y estés buscando mi voluntad, independientemente de cuánto tiempo vas a vivir, o si te vas a casar o no, o tener familia o no, o dónde vas a vivir'". Y además, pensándolo bien, dije: "Yo creo que seguramente no sería bueno saber con mucha anticipación". Obviamente, pues en algunos casos, pues sí, sí sabemos con alguna anticipación, pero no es bueno, yo creo, para la mayoría de nosotros saber cuándo vamos a morir. No sería bueno.
O, bueno, tal vez un tema de teología, ¿no?: si se deben bautizar o no los niños, o cuándo va a regresar Jesús. Me puse a pensar: "Bueno, pues Dios sabía que iba a haber controversia sobre algunos de estos temas, y Él ha permitido que haya algunas de estas dudas". Y quizás estas dudas están aquí para que nosotros aprendamos a amarnos a pesar de las diferencias y que busquemos la verdad, y que también determinemos que hay algunas cosas que son principales, de principal importancia, y algunas otras cosas que son de importancia secundaria. Entonces, quizás ese tipo de preguntas tampoco iría. Pues tal vez algo como de interés más común, como cómo hicieron los seres humanos antes del diluvio para vivir tantos años, o algo así.
Pero me recuerda una escena en El caballo y el niño, de C. S. Lewis, en la que el protagonista, el niño, pasa por una experiencia muy, muy tremenda, y su acompañante, una niña, al parecer no pasa por esa misma experiencia. Y el niño le pregunta —bueno, al león le pregunta—: "¿Por qué ella no tuvo que pasar por esta experiencia?". Y le contesta Aslan, el león: "Hijo, te estoy contando tu historia, no la de ella. A nadie se le cuenta una historia sino la suya misma". Y bueno, pues pensé en otras preguntas, pero todas se me hicieron preguntas que, si hiciera esa pregunta, pues yo creo que Jesús no me daría la oportunidad, por decir: "No, creo que hay mejores preguntas", ¿no?
Pedro estuvo ahí: la transfiguración
Pero aquí Pedro, en este pasaje, nos está diciendo que él tuvo esa oportunidad. Él estuvo ahí con Jesús. Él estuvo ahí. ¿Y qué nos dice, qué nos dice acerca de esta oportunidad? Él vivió justo esa experiencia en el monte de la transfiguración. Vean Lucas 9:27-28, que es una de las dos narrativas en los evangelios acerca de la transfiguración. Es el final de un pasaje cuando Pedro hace su confesión de fe, y Jesús les está enseñando y les dice: "Además les aseguro que algunos de los aquí presentes no sufrirán la muerte sin antes haber visto el reino de Dios".
Y a veces paramos ahí porque hay una sección que divide. Recordemos que esas secciones divisorias no estaban en el original; pueden ser de ayuda, pero aquí a veces cortan el flujo del relato. Justo después de decir que algunos presentes no sufrirán la muerte sin antes haber visto el reino de Dios, dice: "Unos ocho días después de decir esto, Jesús, acompañado de Pedro, Juan y Santiago, subió a la montaña a orar". Entonces, está en este contexto de ver el reino de Dios que sucede la transfiguración.
Ahora, no tenemos tiempo de hacer todo un repaso de la transfiguración en esta mañana, pero yo, por muchos años, de chico, cuando leíamos este pasaje, pues la verdad me quedaba como extrañado. Decía: "Bueno, ¿y esto por qué pasó? ¿Por qué está aquí?". Y además, Elías y Moisés, bueno, ¿por qué están ahí ellos con Jesús? Quizás hubieran podido, no sé, escoger a alguien más mediático, tal vez Jonás o el rey David. ¿Por qué están ahí?
Bueno, creo que nos da la respuesta el mismo Pedro en este pasaje. Nos habla de las Escrituras, o de la ley y los profetas. Entonces, Elías está ahí en representación de los profetas. Es el profeta que Malaquías, el último de los profetas del Antiguo Testamento, profetizó que iba a venir antes de Jesús. Entonces, representando a los profetas, ahí está Elías; y Moisés, representando la ley. La ley y los profetas juntos son la Biblia. Así se refiere la Palabra de Dios: no dice "en la Biblia", dice "en la ley y en los profetas", o "en los profetas". Está hablando del Antiguo Testamento, está hablando de la Biblia.
Entonces, esa transfiguración, ¿qué está haciendo? Está confirmando la Palabra de Dios: que Jesús es el cumplimiento de todo el Antiguo Testamento. Ese es el motivo de la transfiguración. Y si se dan cuenta, ahí, en los pasajes, ni Elías ni Moisés dicen nada. Y bueno, esa era otra duda que yo tenía: bueno, ¿y cómo supieron Pedro, Juan y Santiago que eran Elías y Moisés? No tenían fotografías en ese entonces; ¿cómo iban a saber?
No, porque además no dijeron ni pío, ¿no? Entonces vemos que Moisés representa la ley; Elías, los profetas. Y lo que creo que nos está comunicando aquí en la transfiguración es el hecho de que ni Elías ni Moisés dicen palabra alguna, y solamente Dios Padre habla. ¿Y habla de quién? De Su Hijo. Dice: "Este es mi Hijo amado; escúchenlo a Él". Y Él está ahí en representación, pues, de la Palabra de Dios en su totalidad, porque Él es el Verbo; pero también confirmando el Antiguo Testamento con Elías y con Moisés.
Ahora ya saben cómo terminé contestando esa palabra —esa, perdón, esa pregunta— en la universidad. Diciendo: "Pues yo creo que Jesús ya me ha dicho a mí todo lo que yo necesito saber hasta que yo lo vea en gloria". Así que, pues, la verdad es que no tendría… Tal vez le haría una pregunta acerca de deportes o algo así, porque ya todo lo importante ya me lo ha dicho. No necesito saber nada más de lo que está en la Palabra de Dios.
La autoridad de la Palabra de Dios
Entonces, estamos hablando de la autoridad de la Palabra de Dios. No es un mensaje teológico, no quiero que sea eso; quiero que sea para alimentar a la familia aquí en la Iglesia Evangélica de Cuajimalpa. Pero voy a leer una definición de Wayne Grudem, en su Teología sistemática. Define la autoridad de la Palabra de Dios de la siguiente forma: "Cada palabra de las Escrituras es palabra de Dios, de tal forma que el no creer u obedecer cualquier palabra de la Escritura es no creer u obedecer a Dios mismo". Entonces, ahí comenzamos.
Partiendo de ahí, tenemos que preguntarnos: ¿qué está diciendo la Palabra de Dios cuando relata la historia, cuando registra lo que dijeron diversas personas? Pueden ser reyes paganos, puede ser hasta Satanás mismo. Así que todo en conjunto es la Palabra de Dios, en el sentido de que nos está comunicando —todo es inspirado—, nos está comunicando la historia de la salvación.
Más segura que la experiencia de Pedro
Entonces, en primer lugar, la Biblia es la Palabra de Dios, y Pedro nos dice que la Palabra de Dios es más segura aún que su propia experiencia ahí en el monte de la transfiguración. Él estuvo ahí, vio con sus ojos, escuchó, sintió la presencia cuando Cristo se transfiguró, con todos sus sentidos, ¿no? Y pero nos está diciendo que nosotros tenemos un testimonio más seguro de lo que él tuvo ahí en ese monte de la transfiguración. Es una declaración muy importante y muy impactante, porque a veces deseamos tener algo más tangible, alguna experiencia especial o extraordinaria. Pero Pedro mismo, que tuvo esa experiencia —que tuvieron tres personas solamente—, él está diciendo que nosotros tenemos el testimonio de Dios más seguro.
Tenemos, estamos también viendo este libro, el ¿Por qué confiar en la Biblia?. Se los recomiendo mucho. Contiene mucha información acerca de la transmisión de la Biblia, la traducción, los textos, toda esta información. No tenemos tiempo para revisar todo esto, pero lo recomiendo muchísimo. Podemos confiar en esa transmisión porque, al final de cuentas, confiamos en que Dios, que dio Su revelación, también es el Dios soberano de la providencia, que cuida, se asegura de que los textos han estado transmitidos a través de los siglos. No es algo demasiado grande para Dios.
Una narrativa que permea nuestra cultura
Ahora, por años ha estado cada vez más y más de moda decir que lo que importa de la Biblia son las enseñanzas morales, y que hay, pues, muchos errores en la Biblia. Y eso es algo que ya es un lugar común, ¿verdad? Si hablamos con personas, aun católicos —yo hablo con muchos amigos—, todos están de acuerdo en que la Biblia contiene muchos errores, ¿no? Y entonces, "pero lo importante es el contenido moral". Y bueno, es un ejemplo de una de las narrativas perniciosas, una de las narrativas diabólicas, satánicas, que permean nuestra cultura. Y tenemos que cuestionar esas narrativas que todo el mundo acepta, pero que nosotros no podemos aceptar. Y es parte de nuestro crecimiento como cristianos luchar en contra de estas narrativas, que buscan suplantar, buscan quitarle su lugar a Dios.
Thomas Jefferson, por ejemplo, el tercer presidente de Estados Unidos, ya a inicios del siglo XIX tenía esta actitud. Él preparó una versión del Nuevo Testamento. El Antiguo lo echó totalmente por la borda; pero al Nuevo Testamento le quitó todos los milagros y todas las referencias —no solo eso, sino todas las referencias a Cristo, a la deidad de Cristo. Y según él, pues se quedó con todo lo importante, que eran las enseñanzas morales, ¿no? Obviamente no tienen fundamento esas enseñanzas sin que Cristo sea la segunda persona de la Trinidad, que sea realmente Dios y hombre a la vez. Así que, bueno, pues en esta línea, de la cual es parte Jefferson… Y si él no se arrepintió, pues él está ahora esperando el juicio final, en separación de Dios para siempre. Es muy grave.
Toda la Escritura es inspirada
Y no es que contiene la Palabra de Dios la Biblia, o se convierte en la Palabra de Dios por medio de nuestra experiencia; no. Las palabras mismas son inspiradas. Vamos a ver este texto; no podía dejar de mencionar este texto: 2 Timoteo 3:16. Seguramente la mayoría se lo sabe de memoria: "Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia". Y bueno, pues estaba hablando ahí Pablo —sí, Pablo— acerca del Antiguo Testamento, más que todo, pero vemos que aplica esto igualmente al Nuevo Testamento.
Leamos un poco más adelante en 2 Pedro, donde estamos en el primer capítulo. Vamos al tercer capítulo, versículos del 14 al 16: 2 Pedro 3:14-16. Y vemos la actitud de Pedro respecto a la Escritura, al Antiguo Testamento, pero también a las Escrituras, a las demás Escrituras. Dice: "Por eso, queridos hermanos, mientras esperan estos acontecimientos…". Él está hablando de la segunda venida; ya ven, todavía sigue con este contexto. "…esfuércense para que Dios los halle sin mancha y sin defecto, en paz con Él". Ven que sigue el mismo tema del primer capítulo; es consistente. "Tengan presente que la paciencia de nuestro Señor significa salvación, tal como les escribió también nuestro querido hermano Pablo, con la sabiduría que Dios le dio. En todas sus cartas se refiere a estos mismos temas. Hay en ellas algunos puntos difíciles de entender, que los ignorantes e inconstantes tergiversan, como lo hacen también con las demás Escrituras, para su propia perdición".
La Palabra nos hace sabios
Y es justo por esto que, tanto el Nuevo Testamento como el Antiguo Testamento, nos convencen de pecado, de justicia y de juicio. Y nos enseña el camino, y nos guía de las tinieblas a la luz. Nos hace sabios esta Palabra. Lo podemos ver muy claramente en nuestras vidas, en nuestros alrededores. Recomiendo mucho también un devocional que tenemos ahí, creo, en la librería: Palabras de sabiduría. Es de Timothy Keller, y es un devocional diario, y es muy breve, y enseña esto de los Proverbios.
Estábamos leyendo como familia, hace unos días, un cuento en un librito que usamos de cultura general, y eran cinco consejos de un abuelo. Y sin entrar en los cinco consejos, después de cada consejo les preguntaba a mis hijos: "Bueno, ¿este consejo es sabio o es necio?". Y algunos eran sabios, pero otros eran muy necios, porque van en contra de la Palabra de Dios. Entonces vemos cómo una publicación que es supuestamente el cenit del conocimiento de un abuelo, una persona sabia, llena de años… pues una persona joven con la Biblia tiene más sabiduría. Y eso es parte de la autoridad de la Palabra que vemos.
Y nos crea un afecto, devoción, alabanza y obediencia en nuestras vidas; transforma nuestras vidas.
Autores humanos guiados por el Espíritu Santo
En segundo lugar, los autores humanos fueron guiados por el Espíritu Santo. Hay un malentendido de lo que creemos los cristianos. Algunos dicen: "Bueno, que creemos que Dios dictó a estos hombres, como que entraron en trance, como zombies o algo así, y sus manos se comenzaron a mover así, como autómatas", ¿no? No, eso no… eso sencillamente no concuerda con la Palabra de Dios. Lo que sí tenemos es… en nuestro pasaje podemos ver el versículo 21. 2 Pedro 1:21 dice: "La profecía no ha tenido su origen en la voluntad humana, sino que los profetas hablaron de parte de Dios, impulsados por el Espíritu Santo". Por cierto, ahí vemos que el Espíritu Santo también estaba activo en el Antiguo Testamento.
Y bueno, para describir esto, algunos teólogos se inventaron este término —no está en la Biblia, pero… Y pues yo, por lo general, huyo de los tecnicismos, tanto en derecho como en teología, pero bueno, este es uno: es la operación concursiva. Yo prefiero "trabajo conjunto", pero la etimología, o la raíz de la palabra "concursiva", es reunión de gente o carrera conjunta. Que yo creo que describe cómo Dios guió el desarrollo de los hombres y las mujeres —porque hay textos escritos por mujeres en la Biblia, tanto en el Nuevo como en el Antiguo Testamento—: sus vocabularios, su desarrollo intelectual, todo. Todo eso lo guió: conocimientos de gramática, sus maestros, su desarrollo desde muy chiquitos. Pensemos en Gamaliel, por ejemplo, el maestro de Pablo. Todo esto lo controló Dios para que escribieran exactamente lo que Dios quería que escribieran.
Y esto nos habla de la inspiración verbal plena, o plenaria, que le decimos. Es decir, cada palabra en los manuscritos originales es exactamente lo que Dios quiso que estuviera ahí, utilizando a los hombres y las mujeres que Él había escogido para escribir las palabras del Antiguo y Nuevo Testamento. Y Dios fue formando a los escritores. Algunos sabían de pesca, como Pedro, Juan; otros de música, pensemos en David; otros de agricultura —bueno, casi todos, los del Antiguo Testamento especialmente, y el Nuevo Testamento también, porque Jesús usó en Sus parábolas muchísimos ejemplos de la agricultura. Podemos pensar en Amós, como el granjero de Tecoa. Otros, bueno, medicina: Lucas.
Entonces, y pensaba también en Isaías, ¿no? Su famoso ejemplo del alfarero, ¿no? Y me lo imagino: tal vez su papá algún día… tal vez el papá dijo: "Bueno, pues las cosas van mal; pues voy a llevar a mi hijo ahí al alfarero, a ver qué vemos", ¿no? Y de ahí salió. Entonces, Dios estaba en control de todas las circunstancias. Y ciertamente Moisés, que sabía acerca de los dioses de Egipto, y cómo las plagas golpeaban directamente a los dioses de Egipto; y estudió, seguramente, leyes también, como parte de la realeza en Egipto, para ser el gran dador de leyes por inspiración de Dios.
Y Pablo también, obviamente. Vemos… yo creo que la epístola a los Romanos no la hubiera podido escribir Pedro, o Santiago. Eran hombres de otra categoría. Dios los usó para escribir lo que ellos sabían escribir. Las cartas de Juan, o el Apocalipsis, pues yo creo que Pablo sencillamente no hubiera podido escribir esos libros. Dios preparó a cada quien según Su propósito. Eran hombres falibles, pero Dios los usó para plasmar Su Palabra infalible.
La Biblia no contiene errores
Y en tercer lugar vemos justo eso: la Biblia no contiene errores. Todos los hombres y mujeres que escribieron la Biblia —y sí hubo mujeres; ahí tengo una lista breve, que nada más de memoria: Miriam escribió la canción de Miriam; Débora también, una canción; Elisabet; y también María, la madre de Jesús—, todos ellos y ellas eran pecadores y tenían errores en sus pensamientos. Todos, porque todos tenemos errores en nuestros pensamientos. Pero Dios los guió para que, al plasmar la Palabra de Dios, no hubiera ningún tipo de error, ningún tipo de equivocación. Por eso debemos resistir esta idea común de que la Biblia tiene muchas contradicciones y errores.
Ahora, creo que ya es la última palabra, el último término teológico: la inerrancia, ¿no? ¿Qué significa esto? Y es algo que define Kevin DeYoung en el libro Confía en Su Palabra, de la siguiente forma —esto significa la inerrancia—: "La Palabra de Dios siempre está en posición de autoridad sobre nosotros. Nunca nosotros juzgamos la Palabra de Dios. Cuando pensamos que tenemos el derecho de determinar qué partes de la revelación de Dios son confiables y qué partes no, estamos diciendo una de dos cosas: que no todas las partes de la Palabra vienen de Dios, o que Dios no es confiable". Entonces, esa es la definición de inerrancia.
Tres acusaciones comunes
Me parece que hay como tres tipos de acusaciones en contra de la Palabra de Dios que son muy populares y comunes. Uno es que hay contradicciones internas en la Palabra de Dios, ¿no? Usan varios, varios ejemplos. Yo creo que son relativamente fáciles de contestar. Yo, en mi trabajo, llevo a cabo muchas investigaciones internas, entrevisto a muchas personas, y sé que es muy fácil establecer que "Ah, pues mira, una contradicción aquí existe", ¿no? Pero si uno se pone a verlo, en realidad están describiendo lo mismo, tal vez de diferentes formas, ¿no? Entonces creo que sencillamente es cuestión de tener un poco de cuidado al leer.
Otros —la segunda categoría— son contradicciones aparentes con la historia o la ciencia. Y bueno, hay muchísimo que se ha escrito sobre eso; no vamos a entrar en detalle. Y también contradicciones con la moralidad de hoy, ¿no? Dicen: "Bueno, pues en la Biblia se fomentaba la esclavitud, el genocidio, todo este tipo de cosas". Y bueno, hay muchos recursos a los que pueden acudir, incluyendo este libro aquí, para algunos de esos temas; hay muchos, muchísimos recursos.
Pero creo que hay un tema que me gustaría ver: que estos ataques, muchas veces, o casi siempre, tienen que ver con la condición del corazón de la persona que está haciendo el ataque. Estas personas tienen una resistencia espiritual a la Palabra de Dios, porque los convence de pecado, de justicia y de juicio. Y entonces quieren, por cualquier medio que sea, que tengan una excusa por no creer en la Palabra de Dios, en la Biblia. Así que yo creo que es importante no dejarnos enganchar por estas ideas lunáticas.
A mí me han dicho tantas cosas. Me acuerdo de más de un taxista en Chicago que me decía que la Biblia en realidad fue escrita por William Shakespeare, ¿no? Digo, no, pues, cosas… Es como decir que la Biblia fue escrita por Miguel de Cervantes, ¿no? No, no tiene ni pies ni cabeza. Pero la gente quiere tener cualquier pretexto para no creer en la Palabra de Dios. Yo creo que es mucho mejor enfocarnos en el evangelio que hemos estado estudiando, y dejar que estos otros temas secundarios ya vengan con el tiempo.
El peligro de buscar el error en otros
Ahora bien, en mi experiencia, creo que hay un peligro en la iglesia hoy, entre personas que se consideran cristianos, y es el peligro de querer demostrar que algún cristiano conocido está equivocado en doctrina, o aun una persona en nuestras propias iglesias; o peor, bueno, de estos foros de internet, que son discusiones interminables. Creo que muchas veces este instinto viene de un deseo de no querer escuchar lo que la persona tiene que decir. Y quizás, cuando son áreas de mi vida que yo necesito trabajar y reformar, y sencillamente no quiero escuchar a esta persona, entonces busco algún detalle que le puedo encontrar, y quizás cambiar de tema.
Tenemos un excelente ejemplo en la mujer samaritana, en Juan 4. Cuando Jesús la confronta con los cinco esposos que tenía y el hombre con quien estaba viviendo en ese momento, ¿qué hace ella? Mete una controversia teológica, ¿verdad? ¿Verdad? Sí. "Bueno, bueno, ya veo que eres profeta. Vamos a hablar de dónde vamos a adorar: si es en el monte que usan ustedes o en este otro". ¿Ven cómo le cambia el tema? Bueno, ya quiere meterse a una controversia teológica en lugar de escuchar lo que Jesús le estaba diciendo. Jesús, sin embargo, no se dejó enredar: le contestó acerca de lo que realmente importa, apuntando a Él mismo como el Cristo.
El debate en la prepa
Y creo que es importante tener una actitud de humildad. Recuerdo, hace muchos años, cuando estaba en la prepa, en un colegio en Arizona: estaba en un colegio cristiano y tenía un profesor de Biblia, del tema de la Biblia. Entonces estudiamos la Biblia, y él era presbiteriano. Y bueno, yo, como buen adolescente, pues le encontraba muchas fallas a este señor. Y me acuerdo que un día anunció que iba a hacer un debate: iba a invitar a un pastor bautista para que debatieran el tema del bautismo para los infantes, para los bebés. Y bueno, pues yo me emocioné mucho y dije: "No, pues bueno, ahora sí se va a tener que dar cuenta de que está equivocado".
Y bueno, pues el día llegó, y mi maestro, pues, dio su presentación, muy, muy cordial y amable. Y el otro ya había dado su presentación. Durante esa presentación, el bautista se sentó en el escritorio —que primero, pues, me pareció bastante indecoroso—, comenzó a columpiar las piernas, a dar como sonrisa burlona, estaba mascando chicle; pues en realidad haciendo como burla y faltándole al respeto. Y me di cuenta que, en realidad, quien estaba mostrando el fruto del Espíritu, aunque yo creo que estaba equivocado, era mi maestro.
Y entonces, ¿dónde vemos el fruto del Espíritu? ¿Dónde vemos el carácter en conformidad con Cristo? Yo creo que no es en discusiones teológicas, a menos que se hagan con amor, con real cariño hacia la persona y deseo de que Dios use a esa persona, que Dios obre en la vida de esa persona.
Lutero, Lewis, Whitefield y Wesley
Hay dos hermanos que yo creo que podríamos criticar de alguna forma en cuanto a esta doctrina. Martín Lutero, ¿no?, que famosamente dijo que la epístola de Santiago era una epístola de paja. Creo que después ya corrigió eso, ya quitó eso; pero, bueno, como dicen, el internet es para siempre, ¿verdad? No existe internet para Lutero, obviamente, pero… Y C. S. Lewis, ¿no?, que de los salmos imprecatorios, o los salmos de ira y venganza, pues decía que esos salmos son diabólicos y despreciables. Y bueno, obviamente no son formas de referirse a la Palabra de Dios. Pero si mi deseo es: "Cuando yo llegue al cielo, ahí sí le voy a decir a Martín Lutero que estaba equivocado, y a Lewis que estaba equivocado", pues entonces me temo mucho que no vas a tener esa oportunidad, porque ese no es el corazón del evangelio que necesitamos, de amor y de paciencia.
Una última anécdota que siempre recuerdo, acerca del evangelista del siglo XVI George Whitefield, y otro gran evangelista, también del siglo XVI, John Wesley. George Whitefield creía en la soberanía de Dios, como nosotros creemos que enseña la Palabra de Dios. John Wesley era arminiano: creía que la salvación dependía de la voluntad humana. Pero fíjense en este relato. Algunos hombres, quizás con ganas de atizar la controversia, y tal vez para callar sus propias conciencias, se acercaron a Whitefield y a Wesley. Se acercaron a los dos en diferentes momentos y preguntaron si, en su opinión, iban a ver al otro —es decir, a Whitefield o a Wesley— en el cielo.
Y los dos contestaron algo muy parecido, según cuenta el relato. Whitefield contestó: "No, no creo que voy a ver a Wesley". ¿Por qué? "Porque va a estar mucho más cerca de Dios de lo que estaré yo. Tan cerca del resplandor de Dios que no voy a poder verlo". ¿Ven la humildad que tenían estos dos hombres, y la obra del Espíritu que estaba en los dos hombres? Ahora, no estoy diciendo que no importa la verdad. Sí, sí importa; importa mucho. No quiere decir que uno de estos hombres no estaba equivocado y el otro tenía razón; creo que sí. Pero estaban mostrando un espíritu de mansedumbre, de amor entre cristianos.
Una lámpara en un lugar oscuro
Escuchemos las palabras de Pedro en el versículo 19 de nuestro texto: "Esto ha venido a confirmarnos la palabra de los profetas" —es decir, la Biblia—, "a la cual ustedes hacen bien en prestar atención, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que amanezca el día y salga el lucero de la mañana en sus corazones". Me temo que la gran mayoría de los ataques en contra de la Palabra de Dios tienen que ver con la situación del pecador, y debemos darnos cuenta de eso para poder tratar con estas personas; no necesariamente enganchándonos con esos argumentos, sino tratando con amor la condición del corazón.
Vemos rápidamente Marcos 9, versículo 42, versículos del 42 al 48. Dice: "Si alguien hace pecar a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le ataran al cuello una piedra de molino y lo arrojaran al mar. Si tu mano te hace pecar, córtatela. Más te vale entrar a la vida manco que ir con las dos manos al infierno, donde el fuego nunca se apaga. Y si tu pie te hace pecar, córtatelo. Más te vale entrar en la vida cojo que ser arrojado con los dos pies al infierno. Y si tu ojo te hace pecar, sácatelo. Más te vale entrar tuerto en el reino de Dios que ser arrojado con los dos ojos al infierno, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga".
Son palabras de nuestro Señor Jesucristo, y creo que son palabras que provocan rechazo de parte de las personas, porque saben —saben— que tienen pecado, y que les espera, si esta palabra es verdad, les espera condenación. Pero hay esperanza, hermanos, hay esperanza. Y siempre debemos traer esta esperanza. Si creemos en la verdad de la Palabra de Dios, también tenemos las promesas de Dios. 1 Juan 1:9, y con esto terminamos: "Si confesamos nuestros pecados, Dios es fiel y justo; nos perdonará y nos limpiará de toda maldad". Tenemos la certeza más segura aún, hermanos, que si hubiéramos estado ahí en el monte de la transfiguración. Confiemos en la Palabra de Dios: es poderosa para salvar a nosotros y a todos nuestros hermanos, familiares y amigos.
Oración
Oremos. Padre, te pedimos que uses Tu Palabra de forma poderosa; que nos ayudes, Señor, a empaparnos de Tu Palabra, a confiar en ella, porque es poderosa para nuestras propias vidas, Señor, y para las vidas de quienes nos rodean. Te pedimos, Señor, que nos renueves nuestros ánimos para estudiar Tu Palabra, Señor, gozarnos en ella, alabarte por Tu misericordia demostrada en ella, en Cristo Jesús. Amén.
Escúchanos
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Predicamos así cada semana, a las , en Av. México 319.
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