Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Mateo 13:1-23MateoJonathan Adams

¿Quién es Jesús?

Transcripción

La parábola del sembrador

Vamos a leer en esta mañana del evangelio de San Mateo, capítulo 13. Esta es conocida como la parábola del sembrador. "Ese mismo día salió Jesús de la casa y se sentó junto al lago. Era tal la multitud que se reunió para verlo, que Él tuvo que subir a una barca, donde se sentó mientras toda la gente estaba de pie en la orilla. Y les dijo en parábolas muchas cosas como estas: 'Un sembrador salió a sembrar. Mientras iba esparciendo la semilla, una parte cayó junto al camino, y llegaron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, sin mucha tierra. Esa semilla brotó pronto porque la tierra no era profunda; pero cuando salió el sol, las plantas se marchitaron y, por no tener raíz, se secaron.

Otra parte de la semilla cayó entre espinos que, al crecer, la ahogaron. Pero las otras semillas cayeron en buen terreno, en el que se dio una cosecha que rindió 30, 60 y hasta 100 veces más de lo que se había sembrado. El que tenga oídos, que oiga'".

Las enseñanzas de Jesús en historias

Pues, como mencionaba Roberto, este es uno de los mensajes que estamos trayendo en estos días del Adviento, en días de preparación para Navidad, acerca de quién es Jesús. Y bueno, pues tenemos muchos, muchos temas. La semana pasada escuchamos del pastor Alfredo acerca de la divinidad de Jesús, la deidad, y vamos a tener mensajes acerca de la encarnación la semana entrante; después, los milagros, la resurrección, varias otras doctrinas muy, muy importantes. Y vamos a enfocarnos en las enseñanzas de Jesús hoy.

Quizás hará falta otro mensaje de los sermones, aunque hace un par de años —no recuerdo exactamente— tomamos todo el Sermón del Monte y predicamos varios mensajes sobre ese sermón. Pero vemos que en las doctrinas vemos el meollo de las enseñanzas de Jesús. Entonces, vemos esas enseñanzas; están en las parábolas, en los sermones. Pero vamos a enfocarnos en las parábolas esta mañana, y les quiero animar a que lean las parábolas. Son muy cortas, muy breves. Vieron aquí que prácticamente la mitad fue introducción, y la parábola en sí creo que fueron cuatro o cinco versículos. Son muy breves, hermanos, pero valen la pena mucho estudiar.

Y nos vamos a enfocar nada más en una parábola en esta mañana, pero las parábolas son un método muy interesante de enseñar de nuestro Señor Jesucristo. Pues tiene muchos ecos de lo que contaban los profetas en el Antiguo Testamento, las metáforas de Isaías —pensamos en Isaías, que acabamos de estudiar con el pastor Nathan—. Son estas grandes historias también; Daniel… Tenemos muchas historias de las que podemos nutrir nuestra imaginación.

Pero vemos que en todas las culturas del mundo —incluyendo la cultura griega, la cultura hebrea, obviamente las culturas azteca, maya— todos tienen cuentos, transmiten los valores muchas veces por cuentos o historias. Antes de la palabra escrita, obviamente, la mayoría de la gente no podía leer. Entonces, estos cuentos e historias formaban su mundo y la imaginación que tenían. Y antes de las luces eléctricas, en las noches, pues muchas veces era tiempo de contar historias.

Y creo que estamos perdiendo mucho de esta tradición, ¿no?, de contar historias. Es muy difícil a veces: alguien dice dos o tres oraciones y ya todos sacaron su celular y están viendo ahí a ver qué cosa los distrae, y no nos enfocamos en estas cosas. Creo que como cristianos debemos de tener un cuidado del uso de estos distractores, ¿no?, y enfocarnos en estas historias que cuenta nuestro Señor Jesucristo.

Y una historia es mucho más fácil de recordar que una lista de cinco cosas, o una fórmula matemática o algo así. Las historias se nos quedan, se nos quedan grabadas. Entendemos esas historias y las vamos aplicando en nuestras vidas, a lo largo de nuestras vidas. Hay historias que yo escuché de chico, entre ellas algunas de las parábolas, que he escuchado por más de 50 años, y voy aplicando estas historias, estas parábolas, en formas nuevas en la vida. Aprendemos realmente lo que aprendemos por medio de las historias.

¿Qué permitimos que nos forme?

Y también es importante la dimensión social: quiénes nos forman en nuestras vidas. Tenemos muchas más fuentes ahora de cosas que nos pueden formar, pero debemos de ser muy intencionales y ser muy cuidadosos en cuanto a qué permitimos que forme nuestras conciencias, nuestras mentes. Tenemos ahora, obviamente, todas las comunicaciones, las redes sociales; todas estas cosas están alimentando nuestro carácter y nuestros seres.

La familia era casi la única fuente de información, de cultura, anteriormente. Y creo que como cristianos es importante que mantengamos la importancia de la familia, ¿no? Por eso antes se preguntaba siempre: "Bueno, ¿quién es tu padre? ¿Quién es tu madre? ¿Cuál es tu familia? ¿De qué familia eres?". ¿Por qué? Porque nos formaban. Y tenemos ahora muchas más fuentes, y es muy importante que escojamos bien nuestras fuentes, que estemos leyendo las parábolas, que estemos leyendo las enseñanzas de la Palabra de Dios.

Y podemos ser discípulos hoy día. Tenemos algunas ventajas, ¿no? No todo es malo. Obviamente podemos tener ventajas de estudiar a los pies de maestros como John Piper, como Tim Keller, como Tedd Tripp, entre muchos otros. Así que esto es algo que debemos de estudiar: enfocarnos en esta sabiduría que podemos obtener de estos maestros.

Una imaginación regenerada

Estamos leyendo los domingos en la tarde, en la clase de consejería… Estamos estudiando el libro de Paul David Tripp, Instrumentos en manos del Redentor. Y es un libro sobre consejería, pero hay un parrafito que tuve que leerlo como cinco veces, porque me sorprendió tanto, y me parece… Lo voy a leer brevemente ahora. Dice: "Quienes batallan con la vida en un mundo caído a menudo quieren explicaciones, pero lo que realmente necesitan es imaginación". Me llamó muchísimo la atención esto. Queremos explicaciones.

Dice: "Quieren estrategias, técnicas y principios, porque sencillamente quieren que las cosas mejoren". ¿Cómo logramos mejorar las cosas? "Pero Dios nos ofrece mucho más que esto. La gente necesita ver a sus familias, vecinos, amigos, ciudades, trabajos, historias e iglesias, y percibir el reino". Necesitas imaginación, dice el autor: "La capacidad de ver lo que es real, pero que no puede verse con los ojos".

Y creo que es lo que hacen las parábolas: nos van formando nuestras imaginaciones, la forma en que vemos el mundo. Si tomamos estos cuadros como nuestras guías, nuestra estrella polar, entonces vamos a tener una imaginación regenerada. Y creo que eso es algo a lo que debemos de aspirar, porque eso es lo que nos da la sabiduría. En vez de buscar técnicas específicas o estrategias, vamos a tener renovada la imaginación por medio de la Palabra de Dios.

¿Por qué enseñaba en parábolas?

Ahora, esta parábola es única, de alguna forma, por algunos motivos en la Biblia. Es el primer párrafo… perdón, la primera parábola que registra Mateo en su evangelio. Entonces, seguramente fue una de las parábolas que contó Jesús al inicio de Su ministerio. Y vemos que es una parábola que Él enseñó a una multitud bastante, bastante grande; hay algunas parábolas que cuenta nada más a Sus discípulos, o a un círculo más limitado. Entonces, es importante también ver el contexto.

Y es la única parábola que realmente Jesús explica con algo de detenimiento. La mayoría no tienen explicación; entonces tenemos nosotros que ir entendiendo la parábola. Y es una parábola en la que los discípulos le preguntaron para qué… por qué enseñaba con parábolas.

Y lo que dice es lo siguiente, ahí en Mateo 13, justo después de lo que acabamos de leer, versículos del 10 al 17: "Los discípulos se acercaron y le preguntaron: '¿Por qué hablas a la gente en parábolas?'. Él respondió: 'A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del reino de los cielos…'". Está hablando con Sus discípulos, y dice: "'…pero a ellos no. Al que tiene se le dará más, y tendrá en abundancia'". Nos recuerda otra parábola, ¿no? "'Al que no tiene, hasta lo que tiene se le quitará. Por eso les hablo a ellos en parábolas: aunque miren, no vean; aunque oigan, no escuchen ni entiendan. En ellos se cumple la profecía de Isaías: "Por mucho que oigan, no entenderán; por mucho que vean, no comprenderán.

Porque el corazón de este pueblo se ha vuelto insensible; se les han tapado los oídos, y se les han cerrado los ojos. De lo contrario, verían con los ojos, oirían con los oídos, entenderían con el corazón, se arrepentirían, y Yo los sanaría". Pero dichosos los ojos de ustedes, porque ven, y sus oídos, porque oyen. Les aseguro que muchos profetas y otros justos anhelaron ver lo que ustedes ven, pero no lo vieron; quisieron oír lo que ustedes oyen, pero no lo oyeron'".

Entonces, de alguna forma, las parábolas estaban dirigidas a personas dentro de la iglesia visible. ¿Qué era la iglesia visible en ese momento? Era el pueblo de Israel. Todos se consideraban parte del pueblo de Dios, pero sabemos que muchos no eran realmente parte del pueblo de Dios. Entonces, Jesús estaba enseñando en estas parábolas para despertar a estas personas. Los confrontaba con sus propias vidas, para que se evaluaran a sí mismos, para determinar si realmente había tenido un cambio, su efecto, el evangelio en sus vidas.

Pero están en los evangelios porque también son para nosotros. Son para nosotros, para despertarnos si estamos dormidos, pero también para enseñarnos y para darnos sabiduría para confrontar a los que están afuera del pueblo de Dios. Y por eso los discípulos también estaban ahí presentes para escuchar.

Cómo leer las parábolas

El pastor James Montgomery Boice fue pastor de la Décima Iglesia Presbiteriana de Filadelfia de 1968 al año en que se fue a la presencia del Señor. Tiene un libro sobre las parábolas de Jesús que leí hace varios años, y estuve repasando un poco en estos días. No sé, honestamente, no sé si está en español, pero se llama Las parábolas de Jesús, sencillamente. Y él ha dividido las parábolas en cinco categorías: parábolas del reino, parábolas de salvación, parábolas de sabiduría y necedad, parábolas de la vida cristiana y parábolas del juicio.

Y él enseña que las parábolas son historias con puntos de contacto con la experiencia del día a día de las personas, pero que tienen verdades espirituales o morales. Entonces, un error que se cometía mucho en el pasado —y creo que todavía es una tendencia en la Iglesia católica romana— es el de tratar de espiritualizar estas parábolas. Hay unos ejemplos hasta chistosos. Por ejemplo, el buen samaritano, el buen samaritano: dijeron: "Bueno, el ladrón que atacó al hombre que estaba por el camino a Jericó… el ladrón es Satanás; el levita y el sacerdote son el pacto antiguo; el samaritano es Jesús". Pero después, hasta el burro representa a Jesús, porque carga a la humanidad.

Y luego, las dos monedas que el samaritano dio al dueño de la posada son los dos grandes mandamientos, ¿no? Entonces pierden todo el sentido de esta historia que contó Jesús, que es: sé un buen prójimo, sé un buen vecino. Entonces, es muy fácil caer en eso si no tenemos cuidado.

Y vamos a revisar entonces brevemente este pasaje, esta parábola del sembrador. Hay más o menos 27 parábolas bien desarrolladas. Hay otras que algunos consideran parábolas, pero que son metáforas o símiles que hizo nuestro Señor. Y esta es una de las parábolas, según Boice, del reino. Entonces, vimos que la parábola del sembrador Jesús la enseña cuando todavía está en Galilea, todavía está cerca de donde Él creció, de Nazaret. Y seguramente ahí el lago del que habla es el lago de Genesaret.

Y en esta parábola —perdón—, Jesús nos da la explicación de esta parábola. Y básicamente el símil es uno: la semilla es el evangelio y la tierra es el corazón humano. Ese es, muy sencillamente, el mensaje que Jesús está contando en esta historia. La semilla es como el evangelio y la tierra es el corazón humano. Entonces, nos explica brevemente cuatro diferentes tipos de tierra, o cuatro diferentes tipos de corazón humano.

El camino: el corazón endurecido

La primera tierra que describe es el camino. Es el camino que ha sido pisoteado, y representa al corazón duro. Y vemos aquí el corazón endurecido. ¿Y qué nos enseña la Palabra que endurece al corazón? Es el pecado continuo. Entonces, el pecado continuo endurece el corazón, nuestros corazones, y nos hace insensibles al mensaje del evangelio. Y nos recuerda mucho el pasaje de Romanos 1, Romanos 1:28 al 32. Es un cuadro de este corazón endurecido por el constante paso del pecado en esta vida.

Dice Romanos 1: "Además, como estimaron que no valía la pena tomar en cuenta el conocimiento de Dios, Él a su vez los entregó a la depravación mental, para que hicieran lo que no debían hacer. Se han llenado de toda clase de injusticia, maldad, avaricia y depravación. Están repletos de envidia, homicidios, desacuerdos, engaño y malicia. Son chismosos, calumniadores, enemigos de Dios, insolentes, soberbios y arrogantes; se ingenian maldades; se rebelan contra sus padres; son insensatos, desleales, insensibles, despiadados. Saben que, según el justo decreto de Dios, quienes practican tales cosas merecen la muerte; sin embargo, no solo siguen practicándolas, sino que incluso aprueban a quienes las practican".

Entonces, es una advertencia muy importante aquí de la Palabra de Dios. Hay muchas personas que piensan: "Bueno, pues yo estoy en mis años todavía de juventud…" —y podemos pensar eso en casi todas las edades, porque casi siempre hay alguien que tiene más años que uno en cualquier momento—, y pensar: "Bueno, pues ahora voy a disfrutar la vida. Voy a disfrutar la vida, y después ya me enfocaré en las cosas de Dios, ya cuando esté un poquito más cerca de la muerte. Pues no quiero desperdiciar esta vida dejando de gozar lo que realmente es deseable en esta vida".

¿Y qué es lo que es deseable en esta vida para esa persona que piensa así? Es el pecado. ¿Y qué hace el pecado? Endurece el corazón. Esa semilla puede caer después, y sencillamente van a llegar las aves del cielo, se la van a comer, y ahí no entró el evangelio. Mucho cuidado, mucho cuidado, todos los que me escuchan, con pensar que vas a tener todavía mañana, todavía esta tarde, para cambiar, para escuchar. No tenemos esa garantía. Y aunque tuviéramos esa garantía, pues, de una larga vida, aquí lo que nos enseña es que ese pecado, esa resistencia al evangelio, ese amor por el pecado en mi corazón, endurece ese corazón y hace que el evangelio no penetre.

El pedregal: el corazón superficial

El segundo tipo de tierra es el corazón superficial, la tierra del pedregal. Entonces, ¿qué pasa? Hay poquita tierra, pero es tierra pedregosa. Primero aceptan el mensaje con gozo. Nos dice que aceptan el mensaje con gozo, pero el gozo dura poco. ¿Y qué es lo que hace que se muera la planta cuando sale el sol? Jesús mismo nos lo dice en la parte final del capítulo: que es aflicción o persecución. Entonces, cuando sentimos esa resistencia de otros que están a nuestro alrededor, cuando sentimos quizás la burla de por qué perdemos el tiempo, o nos juntamos con esa gente que es muy despreciable a ojos de ellos…

Todo eso es persecución. Y si tenemos un corazón pedregoso, ese gozo no va a durar mucho tiempo. Y nos habla de las aflicciones también. Creo que todos hemos estado… hemos experimentado personas que vienen a la iglesia cuando tienen un problema grave. Tienen un problema: "Se me murió el hijo", "Se me enfermó la esposa", "Mi hijo tiene tal y tal padecimiento", y llegan, llegan a la iglesia. Ahora, ¿es algo que Dios puede utilizar para traer a alguien, y quizás lo ha hecho en tu vida? Sí, claro que sí. Dios puede usar esas cosas. Pero cuidado que no sea nada más cuando estamos en esos momentos, y ya cuando sentimos que ya podemos solitos, ahora sí nos apartamos, ¿no?

Y aquí habla también de la aflicción en el sentido de: ¿por qué estoy llegando a la iglesia si estoy en aflicción? Pues para que Dios me quite la aflicción, ¿no? Entonces, si estoy viniendo a la iglesia y me llega una aflicción, o no se me quita, pues ¿qué sentido tiene? ¿Por qué vine? Para deshacerme de mi aflicción. Entonces, si llega una aflicción nueva, o siguen las viejas aflicciones, pues ¿qué sentido tiene? No me está aprovechando nada. ¿Por qué? Porque estoy buscando que se me quite mi aflicción. Eso es lo que realmente quiero de Dios.

Ese es el trato que tenemos: "A ver, yo vengo aquí, me aguanto lo que tenga que aguantar, y Tú me quitas mi aflicción, eso sí, o me das lo que yo realmente quiero", ¿verdad? Esos son corazones pedregosos, que realmente nunca nacieron de nuevo; no tienen ese nuevo nacimiento.

Entre espinos: el corazón distraído

El tercer tipo de tierra es el corazón… bueno, es la semilla que cayó entre espinos. Y dice que las cosas del mundo, las posesiones, ahogan, ahogan la planta que va creciendo del evangelio. Es algo que pasa paulatinamente, porque pues ahí están los espinos, está la hierba mala que luego va a quitarle la vida a esa planta, a esa planta que nace de la Palabra de Dios, y pasa paulatinamente. No es como el que cayó en el camino, que ni siquiera, ni siquiera penetró ahí el evangelio. No es como el que tiene poca tierra, porque pues el sol sale todos los días, prácticamente, y entonces pronto el gozo se acaba, muy pronto.

Pero estos otros, que cayeron en la tierra con mucha maleza, son cosas que pasan paulatinamente. ¿Y por qué? Nos dice: son las preocupaciones del mundo, nos explica Jesús, y el engaño de las riquezas. Y es algo que, como dije, pasa paulatinamente, y tenemos que estar constantemente cuidándonos de este peligro.

Leemos Mateo 19:21 al 24. ¿Se acuerdan del joven rico? "Jesús respondió: 'Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme'. Cuando el joven oyó esto, se fue triste…". ¿Por qué? "…porque tenía muchas riquezas. 'Les aseguro', comentó Jesús a Sus discípulos, 'que es difícil para un rico entrar en el reino de los cielos. De hecho, le resulta más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios'". Muy peligroso esto, hermanos, de amarlas. Es un peligro constante del que debemos de cuidarnos.

Lucas 6:24 y 25. Nuevamente Jesús, hablando, dice: "¡Ay de ustedes los ricos, porque ya han recibido su consuelo! ¡Ay de ustedes los que ahora están saciados, porque sabrán lo que es pasar hambre! ¡Ay de ustedes los que ahora ríen, porque sufrirán y llorarán!". Entonces, esa confianza en las riquezas, en darnos a rienda suelta a los placeres, es un peligro constante en nuestras vidas.

La tierra buena: el corazón abierto

Y el cuarto terreno, el cuarto terreno sí es el terreno bueno, la tierra, la tierra buena: es el corazón abierto. Y veamos brevemente qué nos dice de esta tierra, de esta tierra buena. Vemos las consecuencias, vemos las características de las tierras malas, ¿no? Y aquí vemos las características de la tierra buena, y es que producen frutos. El 30, el 60, el 100: se multiplica con los frutos. Ahora, podríamos pensar: "Bueno, pues esto suena a salvación por obras". Pero no es así, hermanos. No es lo que nos salva; en realidad es una consecuencia de ser salvos.

Leamos brevemente de Santiago. Santiago creo que nos da una explicación muy clara de cómo es que se debe ver este fruto al 30, al 60, al 100. Santiago 2, del 14 al 24: "Hermanos míos, ¿de qué le sirve a uno alegar que tiene fe, si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarlo esa fe? Supongamos que un hermano o una hermana no tiene con qué vestirse y carece de alimento diario, y uno de ustedes le dice: 'Vaya en paz; abríguese y coma hasta saciarse', pero no le da lo necesario para el cuerpo. ¿De qué servirá eso? Así también la fe por sí sola, si no tiene obras, está muerta.

Sin embargo, sin embargo, alguien dirá: 'Tú tienes fe, y yo tengo obras'. Pues bien, muéstrame tu fe sin las obras, y yo te mostraré la fe por mis obras. ¿Tú crees que hay un solo Dios? ¡Magnífico! También los demonios lo creen, y tiemblan. ¡Qué tonto eres! ¿Quieres convencerte de que la fe sin obras es estéril? ¿No fue declarado justo nuestro padre Abraham por lo que hizo cuando ofreció sobre el altar a su hijo Isaac? Ya lo ves: su fe y sus obras actuaban conjuntamente, y su fe llegó a la perfección por las obras que hizo. Así se cumplió la Escritura que dice: 'Creyó Abraham a Dios, y esto se le tomó en cuenta como justicia'. Fue llamado amigo de Dios. Como pueden ver, una persona es declarada justa por las obras, y no solo por la fe".

Entonces, ¿cómo se manifiesta la tierra buena del corazón? Se manifiesta en este fruto, en las obras que menciona aquí Santiago. ¿Y cómo podemos tener un corazón así? Solo es por obra del Espíritu Santo en nosotros, renovándonos. No lo podemos hacer por nuestra propia fuerza, porque nosotros queremos. Tenemos que pedirle a Dios un nuevo corazón, un corazón que es, como dice Ezequiel, un corazón de carne en lugar de un corazón de piedra.

Un maestro como ningún otro

Entonces, los quiero animar, hermanos, a que lean, estudien, memoricen estas parábolas de Jesús. Los van a confrontar constantemente en sus vidas. No crean que va a ser una cosa de sentarse 5 minutos y leerlo. Dios nos trae a la mente Sus enseñanzas a lo largo del día, a lo largo de la noche, meditando en Él, pidiéndole a Él ayuda cuando oramos. Muchas veces Dios nos trae a la mente alguna enseñanza de Su Palabra. Enseñemos, aprendamos, escudriñemos estas parábolas de nuestro Señor Jesucristo.

Y recordemos que el Señor Jesucristo no es como ningún otro maestro. Siempre podemos dudar de las intenciones de algún otro maestro. Podemos pensar: "Ah, tal vez…", y puede ser cierto, ¿no? "Tal vez, ah, pues quiere hacerse pasar por una persona pues muy estudiada, muy entendida, muy culta". Puede hacerse pasar por una persona muy espiritual, o hasta nos puede llevar por un camino a que pues dé más de sus recursos a la iglesia. Pero podemos confiar siempre en nuestro Señor Jesucristo: que Él, lo que hizo, lo que enseñó, siempre fue y siempre es para nuestro bien, porque sabemos que Él dio Su vida por nosotros.

Escuchemos Sus palabras ahora de Mateo 11, un poco antes de esta parábola que hemos visto hoy. Mateo 11:28 al 30: "Vengan a Mí todos ustedes que están cansados y agobiados. Yo les daré descanso. Carguen con Mi yugo y aprendan de Mí, pues Yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus almas. Porque Mi yugo es suave y Mi carga es liviana".

Oremos. Padre nuestro, te pedimos que uses estas palabras sencillas de nuestro Señor Jesucristo, que lleguen directo a nuestros corazones; que las personas que en esta mañana están aquí, que todavía no te conocen, Señor, vean en nuestro Señor Jesucristo no a algún hombre sabio, o un hombre importante, o muy inteligente, o muy, muy influyente, sino lo que realmente es: Tu Hijo, Tu único Hijo amado, quien dio Su vida por nosotros. Ayúdanos, Señor; llénanos de Tu justicia, de Tu verdad, en todo. En Cristo Jesús. Amén.

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