Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Marcos 2:1-12MateoJonathan Adams

¿Quién es Jesús?

Transcripción

Lectura del pasaje

Comenzando con el versículo uno… No sé si ya está prendido o no. Sí. Bueno, pues ustedes me dicen si estoy hablando demasiado fuerte. Voy a tratar de hablar fuerte por si no está funcionando, por lo menos aquí al frente. Acaba Jesús de sanar a un leproso; es otro milagro anterior. Y en el capítulo uno sana muchos enfermos, pero vamos a enfocarnos en este pasaje en esta mañana.

Dice: "Unos días después, cuando Jesús entró de nuevo en Capernaúm, corrió la voz de que estaba en casa. Se aglomeraron tantos que ya no quedaba sitio, ni siquiera frente a la puerta, mientras Él les predicaba la palabra. Entonces llegaron cuatro hombres que le llevaban un paralítico. Como no podían acercarlo a Jesús por causa de la multitud, quitaron parte del techo encima de donde estaba Jesús y, luego de hacer una abertura, bajaron la camilla en la que estaba acostado el paralítico. Al ver Jesús la fe de ellos, le dijo al paralítico: 'Hijo, tus pecados quedan perdonados'.

Estaban sentados allí algunos maestros de la ley, que pensaban: '¿Por qué habla este así? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar pecados sino solo Dios?'. En ese mismo instante supo Jesús en Su espíritu que esto era lo que estaban pensando. '¿Por qué razonan así?', les dijo. '¿Qué es más fácil, decirle al paralítico: "Tus pecados son perdonados", o decirle: "Levántate, toma tu camilla y anda"? Pues para que sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados…'. Se dirigió entonces al paralítico: 'A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa'. Él se levantó, tomó su camilla enseguida y salió caminando a la vista de todos. Ellos se quedaron asombrados y comenzaron a alabar a Dios. 'Jamás habíamos visto cosa igual', decían".

¿Para qué son los milagros?

Pues al inicio de este mes, como mencionaba Roberto, comenzamos con una serie sobre quién es Jesús, y hoy vamos a estar estudiando los milagros, aunque en particular uno, este, que nos va a ayudar a entender todos los milagros. Y creo que también a entender, si lo pensamos un poco, acerca de lo que estaba mencionando Roberto ahora, de muchos milagros que se dan hoy día, que se reportan hoy día. ¿Para qué son los milagros? Esa es una pregunta importante.

En julio iniciamos con una serie sobre qué es el evangelio, y después, en octubre, iniciamos mensajes acerca de por qué podemos confiar en la Biblia, en la Palabra de Dios. Y espero que ya estén viendo cómo estas tres series forman como un banquito de tres patas, que nos dejan ver desde diferentes perspectivas las mismas verdades: el evangelio; después, ver la infalibilidad, la inerrancia de la Palabra de Dios y su inspiración; y después ver esta última serie que estaremos completando, Dios mediante, en enero, si Dios nos da vida, acerca de quién es Jesús.

Y una de las características que vimos en la serie sobre la Biblia es precisamente lo que acabo de mencionar: la infalibilidad o inerrancia de la Biblia. Y hablamos de la forma en que los hombres han atacado esta doctrina. Han querido quitar partes de la Biblia que no les parecen acordes con lo que ellos creen. Entonces, ellos usan su propia imaginación, hacen un Dios a su propia imagen y deciden cómo debe ser ese Dios. ¿No escuchamos: "Pues yo no creo que Dios haría esto", o "Yo creo que Dios haría esto"? Bueno, pues es lo que esa persona está diciendo: si ellos fueran Dios, ¿no? Entonces están formando un Dios a su propia imagen, y eso se llama un ídolo; no es el Dios verdadero.

En vez de reconocer que estamos nosotros hechos a la imagen de Dios y que Él define quiénes somos, nosotros, como Adán y Eva, quisieron tomar el lugar de Dios y decidir lo que es bueno y lo que es malo para ellos. Y hacen entonces también un Jesús a su propia imagen. Y creo que la visión más aceptada hoy día de Jesús es que fue un buen maestro, que enseñó cosas muy buenas, que sufrió mucho, sufrió injustamente. Pero no excluimos a otras personas, quizás, que son muy buenos, han sido muy buenos maestros, han sufrido injustamente.

Podemos hablar de épocas antiguas, de Sócrates, o de épocas más modernas, de Mahatma Gandhi; otros, hasta en la historia nacional, de Hidalgo, del presidente Juárez; o hasta otros en la imaginación popular, el Che Guevara, ¿no? Estuvimos en el Centro Histórico ayer y vimos librillos, algunos de Jesús, otros del Che Guevara y otros del cura Hidalgo, o sea, todos ahí juntos, ¿no? Es como si uno puede tomar opciones, puede tomar lo mejor de cada uno.

Pero hemos visto que las enseñanzas —si realmente vemos las enseñanzas de Jesús— no nos permiten que lo consideremos así. Porque si Jesucristo no fuera Dios mismo, entonces Sus enseñanzas en realidad serían las de un loco o las de un mentiroso endemoniado. Y lo que han hecho los que niegan Su divinidad, entonces, en siglos pasados, es negar lo que encontramos en los evangelios, y hacen lo mismo con los milagros.

Las explicaciones de la Ilustración

Creo que muchísimas cosas buenas salieron de lo que llamamos la Ilustración, del siglo XVII, el Siglo de las Luces. Creo que hay muchas cosas muy buenas que salieron de ese movimiento y que nos benefician muchísimo hoy: ciencia, medicina, otras cosas así. Pero muchos, algunos por lo menos en ese movimiento, comenzaron a cuestionar la veracidad de la Palabra de Dios, la confiabilidad de la Biblia. Y aun con más ímpetu, en el siglo XIX enseñaron que los evangelios en realidad fueron escritos como 200 o 300 años después de la vida del ser humano llamado Jesús.

Y que entonces, en todo ese tiempo, en esos siglos, pues fueron creciendo las historias, ¿no? Fueron inventando cosas que dijo; tal vez dijo una cosa, pero le iban agregando y agregando más cosas. Tal vez hubo algún evento no milagroso. Tal vez en la alimentación de los 5000, por ejemplo, una muy popular es que un niño muy tierno llegó con sus pececillos y sus panecitos, y como los ofreció, pues a todo el mundo le dio mucha ternura, y todo el mundo tenía guardadita ahí su comida. Y entonces, bueno, pues ya todos se sintieron mal y sintieron mucha ternura y dijeron: "Ay, pues vamos a sacar todos".

Entonces, en realidad era que todos tenían, y el milagro realmente era que pues se habían vuelto muy, muy tiernas las personas, ¿no? Sus corazoncitos habían crecido dos tamañitos o algo así, ¿no? Otros milagros, quizás de sanación: pues bueno, quizás no estaba tan enfermo como realmente dijeron después, y lo que necesitaba era que se animara tantito, y con el tiempo pues ya se iba mejorando. Y entonces, bueno, después de un tiempo dijeron: "No, pues yo creo que sí…", como muchos de nosotros hacemos indebidamente, ¿no?, exagerar las cosas.

Después de algunos años, pues ya resulta, en el ejemplo popular, ¿no?, que el pez que pesqué pues ya era casi de 2 m; ya era 1 m, 2 m, ya era casi una ballena, ¿no? Y muchas de estas enseñanzas se volvieron muy populares. La capital del conocimiento, especialmente en el siglo XIX, en todo el mundo, era Alemania, y de teología era la Universidad de Tubinga. Y, para explicar los milagros, pues hacían el tipo de explicaciones que acabo de hacer, y decían que, bueno, en realidad muchas de las cosas que están en los evangelios fueron inventos después, ¿no? Todo esto se basaba en que los evangelios en realidad eran como del siglo I o algo así.

Un fragmento en un mercado de Egipto

Pero en el año 1920, muy interesante, un egiptólogo llamado Bernardo Grenfell estaba comprando pergaminos y fragmentos antiguos de papiros en un mercado en Egipto.

No se sabe exactamente dónde fue que compró todos estos papiros, pero probablemente cerca de un lugar llamado Oxirrinco. Y se llevó todo un lote, lo compró todo; compró todo: compró baúles y cajas de madera llenos de estos pergaminos y papiros, y se los llevó a Inglaterra para estudiarlos. Y bueno, pues ahí, con algunos otros amigos, duraron años estudiando, y como 15 años después se fijaron por primera vez en un pedacito de pergamino.

Este no es el real, ¿eh? Este no es el real, pero es más o menos de este tamaño. De este tamaño, y más o menos tiene esa formita. La pueden buscar en internet. Ese pedacito de papiro se llama P52; le pusieron así, papiro 52. Y tenía… Y cuando, después de 15 años de estar viendo otros papiros más completos, otros pergaminos, por fin se fijaron en este pedacito chiquito, y se dieron cuenta de lo que era: le buscaron por el material y por el contexto, y vieron que venía de inicios del siglo II, entonces como ciento y pico, del año ciento y pico. Y era un fragmentito del evangelio de Juan, de Juan 18.

Entonces dijeron: "No, pues eso es imposible". Porque nos decían que Juan, especialmente Juan, porque habla de muchas cosas… decían: "Bueno, pues esas son teorías del gnosticismo, que ya vinieron mucho después". Entonces era imposible que este pedacito de papiro tuviera una parte dos o 300 años antes de que supuestamente se había escrito el evangelio de Juan. Y quería decir que en realidad Juan sí existía, y que los demás evangelios fueron escritos en el primer siglo por quienes dice en la Palabra que fueron escritos.

Y, como dice mi padre muy gráficamente, convirtió en basura toneladas enteras de estudios de los alemanes, de estos teólogos alemanes que habían hecho todas estas teorías. Ya este pedacito de papiro hizo que esas toneladas de discursos y de maestrías, doctorados, se fueran totalmente a la basura, ¿no? Pero lo curioso es que, si uno ve las revistas populares, los autores populares, muchos que escriben historias del cristianismo todavía tienen esas ideas del siglo XIX; no se han dado cuenta de que sencillamente eso no puede ser el hecho.

Y vemos que pasa mucho como con los de la teoría de la evolución, que dicen: "Bueno, pues todo es por el azar, y todo llegó a ser sencillamente por el tiempo más el azar". Y los matemáticos serios dicen: "Eso no tiene ninguna posibilidad de haber sucedido". Pero siguen con lo mismo. ¿Por qué? Porque admitir lo contrario sería confrontarse con algo que no entienden: con un Dios, con un Dios que los hizo, que los creó. Y lo mismo pasa con estos estudios. Se niegan a enfrentar al Jesús real, al Jesús que enseñó lo que dice la Palabra de Dios, que hizo los milagros que dice la Palabra de Dios.

Ecos de los milagros del Antiguo Testamento

Ahora vamos a ver brevemente, en primer lugar, los milagros de Jesús, que son ecos de los milagros del Antiguo Testamento. Para los que han estado aquí en la Iglesia Evangélica de Cuajimalpa por algunos años —no recuerdo exactamente; estaba tratando de ver en mis apuntes de cuadernos anteriores exactamente los años—, hace ya algunos años el pastor Nathan nos dio unos estudios completos de los libros de Daniel y de Ezequiel. ¿Cuántos se acuerdan? A ver, levanten la mano. Daniel y Ezequiel. Ya, ya. Poquitos, poquitos se acuerdan.

Y después, del libro de Apocalipsis, y vimos cómo en realidad todo lo que estaba en Apocalipsis, casi escena por escena, ya estaba en Daniel y Ezequiel, en esos escritos apocalípticos. Y eso nos ayuda a entender qué significan, por qué están ahí. Y algo muy parecido pasa con los milagros. En el Antiguo Testamento hay dos épocas en las cuales hay milagros. Si vemos la gran mayoría del Antiguo Testamento, la verdad es que no hay muchos milagros, pero hay dos épocas en las que sí hay muchos milagros.

La primera época es la época del éxodo. Entonces, el éxodo, los 40 años en el desierto, la conquista de la tierra prometida, todo ese proceso: hay muchos milagros. Comenzando con el mar Rojo, el maná en el desierto, la conquista en sí, Jericó, las murallas de Jericó. Esa fue una etapa, y fue… Y estas dos etapas… la otra etapa es la de Elías y Eliseo, de los dos profetas. Y estas dos etapas fueron muy importantes en la historia de la salvación.

En el primer lugar, la identidad, la formación de la identidad del pueblo de Dios al salir de Egipto como esclavos y conquistar la tierra prometida, estableciendo su identidad como pueblo de Dios: los 10 mandamientos, todo lo que implica, toda la ley. Y en esta segunda etapa, con Elías y con Eliseo, estaba en peligro el pueblo de Dios, por los ataques de los asirios —los babilonios, un poquito después—, de perder su identidad y de tomar los dioses de otros pueblos. Y se introduce el concepto del remanente: que no todo el que desciende físicamente o genéticamente de Abraham es parte del pueblo de Dios, sino que hay un remanente que Dios mantiene fieles a Él.

Entonces, estas dos épocas fueron muy importantes. Y si estudiamos los milagros de Jesús, vemos estos ecos. Por ejemplo, la alimentación de los 5000 que hizo nuestro Señor Jesucristo: este es un eco muy claro del maná en el desierto que Dios proveyó a Su pueblo cuando no tenían comida. Entonces, el pueblo no tiene comida, Dios provee comida milagrosamente. Las sanaciones de Jesús son ecos de algunas sanaciones de lepra, por ejemplo, en el Antiguo Testamento. Podemos pensar también en la serpiente que Moisés alzó por instrucción de Dios para curar a los que eran mordidos.

También vemos las resurrecciones, ¿no?, que hay en el Antiguo Testamento. Elías y Eliseo específicamente resucitaron personas, y Jesús también, en tres ocasiones, resucitó a personas en el Nuevo Testamento. Y podríamos hacer un estudio muy, muy interesante sobre los milagros y los ecos del Antiguo Testamento, pero quiero enfocarnos esta mañana en una característica, en una diferencia, en realidad.

Una diferencia: la autoridad propia de Jesús

Y es que, cuando vemos en el Antiguo Testamento, vemos que siempre el profeta —ya sea Moisés, Josué, Elías, Eliseo— siempre decía que esto era por el poder de Dios, o por instrucción de Dios, o por el nombre de Dios. Y en Jesús, cuando vemos en el Nuevo Testamento —y vamos a leer algunos pasajes—, vemos que Jesús mismo da la orden. Él dice: "A ti te digo, levántate y camina". Y eso es algo muy diferente, porque era Su propia autoridad. Vemos que es Su propia autoridad la que rige.

Un ejemplo, en Números 21, de la serpiente que alzó Moisés: el pueblo fue con Moisés y le pidió el pueblo que intercediera ante Dios por ellos. Era muy claro que Moisés no tenía ese poder en sí; tenía que interceder ante Dios. Y cuando Moisés comunicó al pueblo, dijo: "Bueno, esto es lo que manda Dios hacer para curar a los enfermos".

Lo encontramos también —y estos los escogí pues como unas opciones entre muchas que podríamos notar— en la historia de Naamán. ¿Se acuerdan que el rey de Asiria tenía un general muy valioso que se llamaba Naamán? Pero le dio una infección de piel que era básicamente sentencia de muerte en ese entonces, que era lepra: se deshacía la carne y se pudría la carne de la persona en vida. Y el rey de Siria lo manda a Israel por la fama de Eliseo.

Pero Naamán claramente entendía que quien juraba… quien curaba, perdón, y quien lo curó, fue Jehová. Reconoció que solo Jehová sana. Si lo quieren ver, en 2 Reyes 5 ahí Naamán confiesa: "No hay Dios en toda la tierra sino en Israel". Entonces es muy interesante ver cómo Naamán mismo, una persona fuera del pueblo de Dios, viene a Eliseo, pero le queda muy, muy claro que es Dios quien lo sana.

Hay además un pasaje interesante ahí en 2 Reyes 5. Es muy interesante cómo responde Naamán. No tan solo dice: "Reconozco que solo hay un Dios y que está en Israel", sino que hace algo muy interesante. Versículos del 17 al 19, 2 Reyes 5:17 al 19. Naamán fue con muchos regalos y Eliseo los rechazó. Y entonces dice: "'En ese caso', persistió Naamán, 'permítame usted llevarme dos cargas de esta tierra, ya que de aquí en adelante su servidor no va a ofrecerle holocaustos ni sacrificios a ningún otro dios sino al Señor. Y cuando mi señor el rey vaya a adorar en el templo de Rimón —que era el dios de Siria— y se apoye de mi brazo, y yo me vea obligado a adorar allí, desde ahora ruego al Señor que me perdone por adorar en ese templo'".

Entonces, es un pasaje bastante raro, ¿no? Bueno, se va a llevar tierra. ¿Y por qué está diciendo…? Bueno, uno entiende que está apoyando al rey, y entonces se inclinan. Lo que se entiende que iba a hacer es, de alguna forma, colocar esa tierra ahí en el templo para que él estuviera adorando a Dios desde la tierra de Israel, de donde trajo esa tierra física. Iba a estar adorando ahí, en vez de adorar al dios Rimón, ¿no? Entonces, creo que él estaba creyendo en el Dios verdadero y confiando. Y creo que tenemos muy buena probabilidad de ver a Naamán algún día en el reino, con el Señor. Pero él claramente reconoció que era Dios y no Eliseo.

Los discípulos también siempre dirían —en el libro de Hechos lo tenemos— "en el nombre de Jesús". Cuando sanaban, se entendía que era en el poder del Señor y no en el poder propio. Un texto aquí también, Hechos 3:11 al 12: "Mientras el hombre seguía aferrado a Pedro y a Juan…". Este es el hombre que Pedro y Juan sanaron al salir del templo. Era un hombre minusválido que estaba ahí; no tenía uso de sus piernas, y lo sanan. Y entonces dice: "Mientras el hombre seguía aferrado a Pedro y a Juan, toda la gente, que no salía de su asombro, corrió hacia ellos al lugar conocido como el Pórtico de Salomón. Al ver esto, Pedro dijo: 'Pueblo de Israel, ¿por qué les sorprende lo que ha pasado? ¿Por qué nos miran como si por nuestro propio poder o devoción hubiéramos hecho caminar a este hombre?'".

Muy claramente Pedro está diciendo: "No es nuestro propio poder". "El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros antepasados, ha glorificado a Su siervo Jesús". Entonces, nuevamente, en el nombre de Jesús. Y vemos en Marcos que Jesús da la orden directamente, por Su propio poder. Hemos visto ya cómo estos milagros de Jesús eran un eco, pues un cumplimiento de las profecías, de los milagros del Antiguo Testamento. Y hemos visto cómo Jesús, por Su propio poder… No tenía que acudir a que el Padre hiciera el milagro; Él mismo tenía el poder.

Jesús tiene autoridad para perdonar pecados

Y en tercer lugar, y último lugar: Jesús tiene la autoridad para perdonar pecados. Él es el Dios en la carne, como nos predicó Nathan hace 8 días. En el versículo 1 de Marcos nos habla de Jesús como el Hijo de Dios. En el primer capítulo, versículo 24, nos habla de Jesús como el Santo de Dios. Y aquí, en este pasaje, Jesús mismo se refiere a sí mismo como el Hijo del Hombre.

Ahora, este término lo hemos visto, los que estudiamos Ezequiel y Daniel; lo hemos visto. Es un nombre que se usa en el Antiguo Testamento. Y este nombre es un nombre que puede significar servicio a los demás, sufrimiento o llegada en gloria. Entonces, aquí hay un pasaje —hay varios pasajes que podríamos ver—: Daniel 7:13 al 14. Es una visión de Daniel. Dice: "En esa visión nocturna, vi que alguien con el aspecto de un hijo de hombre —ahí está ese término, 'hijo de hombre'— venía entre las nubes del cielo. Se acercó al Anciano de Días, fue llevado a Su presencia, y se le dio autoridad, poder y reino. Todos los pueblos, naciones y lenguas lo adoraron". Y la adoración, como todos sabemos, solo le corresponde a Dios mismo. "Su dominio es eterno y no pasará; Su reino jamás será destruido".

Entonces, es un término que se usó en esa literatura, que también los israelitas encontraron un poco difícil de entender, y tal vez se iban a pasajes un poco más claros. Pero Jesús usó ese nombre para sí mismo.

Por qué Jesús hizo este milagro

Ahora vamos a entender un poco por qué Jesús hizo este milagro. Jesús pudo haber sanado a todos los que estaban ahí, todos en ese pueblo, todos en esa tierra, en un momento, en un segundo; sabemos que tenía ese poder. De hecho, la gente estaba ahí porque Él había sanado al leproso que mencionamos hace unos minutos, en el pasaje anterior. Jesús le dijo que no le contara a nadie. Él hizo todo lo contrario: fue y le contó a todo el mundo. Entonces, a Jesús todo el mundo lo estaba siguiendo, y estaban, al parecer, en la casa de Pedro. Volvió ahí a la casa de Pedro, y pues todos lo que querían ver seguramente era un milagro.

Jesús comienza a enseñar en vez de hacer milagros. Les comenzó a predicar la palabra. Pero llegan estos cuatro hombres llevando a un amigo, y se abren paso por el techo. Cavaron, porque los techos… no, obviamente, con todos nuestros techos alguien tendría que cavar o algo así, o hacer un hueco. Hicieron un hueco donde calculaban más o menos que estaba Jesús, y bajaron a su amigo para que Jesús lo sanara. Y Jesús, lo primero que hace es decirle que sus pecados son perdonados.

Vio la fe de estos hombres que se acercaban, seguramente también la fe de este joven. De hecho, le dice "hijo", de una forma afectuosa. Y los escribas que estaban ahí sabían que solo Dios podía perdonar pecados. Entonces, Jesús hizo esto muy, muy intencionalmente. Sabía que esos escribas estaban ahí, que esto iba a provocar en ellos pues esta reacción de pensar que estaba blasfemando.

Y Jesús había usado ese nombre de Hijo del Hombre porque el nombre de Mesías, o algún otro nombre que pudo haber usado, muchos de los judíos, o casi todos, lo malentendían, hasta Sus propios discípulos, ¿no? Entonces usaba este nombre para sí mismo, y era mucho más de lo que ellos esperaban en el Mesías. No esperaban que el Mesías fuera Dios mismo. Entonces le dice primero: "Tus pecados son perdonados". Eso es lo que necesitaba más ese joven esa mañana.

Y cuando Jesús se dio cuenta de que los maestros de la ley estaban pensando justo lo que era natural en el caso —que estaba blasfemando, diciendo que Él podía perdonar pecados—… Él no estaba diciendo: "Bueno, si cumples con tal y tal cosa, entonces tus pecados son perdonados", ¿no? Ellos lo entendieron muy bien: que Jesús estaba perdonando pecados.

¿Qué es más fácil?

Y Jesús después les hizo una pregunta que yo creo que les congeló la sangre a todos los que estaban ahí, y nos debería también llenar de asombro. Y pensemos la pregunta. Les hizo la pregunta: "¿Qué es más fácil: decir 'Tus pecados te son perdonados', o decir 'Levántate, toma tu cama y anda'?". Cuando leí yo la primera vez esa pregunta de Jesús, no lo pensé mucho, la verdad. La verdad, se me hizo bastante obvia la respuesta. No recuerdo qué edad tenía cuando leí la primera vez esa pregunta —tal vez en la primaria o secundaria, no recuerdo—, pero se me hizo obvia la respuesta.

Pues obviamente es mucho más fácil decir: "Tus pecados son perdonados". ¿Por qué? Porque nadie se va a dar cuenta en ese momento si es cierto o no, si tiene el poder o no de hacerlo. En cambio, si le decimos a alguien que está claramente paralizado: "Levántate, carga tu camita, o tu camilla, y vete caminando"… Bueno, pues ahí sí vamos a ver quién es quién, ¿verdad? Vamos a ver si es cierto, si sí o no. Entonces, para mí se me hacía mucho más fácil decir: "Tus pecados te son perdonados".

Pero si nos damos cuenta de quién lo estaba diciendo, y de lo que pasó enseguida, entonces nos damos cuenta de que era todo lo contrario. Era mucho más difícil decir: "Tus pecados te son perdonados". Vemos que los profetas del Antiguo Testamento, los mismos discípulos, sanaban. Entonces, sí se podía, sí se podía dar. Pero solo hay uno que puede perdonar pecados, y hacerlo le costó Su muerte, Su propia muerte en la cruz. Él estaba perdonando a ese joven por los méritos de Su propia muerte en la cruz.

Y nos dice ahí mismo por qué enseguida sanó al muchacho. El muchacho ya tenía todo lo que necesitaba. En realidad tenía lo más importante, pero por muchísimo: tenía el perdón de sus pecados, tenía paz con Dios. Si Jesús no lo hubiera sanado de su parálisis, la verdad, la gran diferencia era estar perdonado, ser perdonado y estar en paz con Dios. Pero Jesús sí lo hizo; sí lo sanó. ¿Por qué lo hizo? Lo sanó por los que estaban ahí reunidos, y lo sanó por nosotros, para que nosotros supiéramos que Él puede perdonar pecados. Dice en el versículo 10: "Para que sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados…", volteó y le dijo: "Levántate, camina".

¿Cómo saber que tienes el perdón?

¿Cómo puedes tú, en esta mañana, saber que tienes el perdón de tus pecados? Vemos nuevamente a los amigos y al paralítico, que vinieron con fe en Jesús. Ahora, no sabían estos muchachos, no sabían qué era lo que realmente necesitaba su amigo, y no sabían lo que ellos necesitaban. Pero en algo sí le dieron al clavo; en algo sí estaban 100% en lo correcto, y es que Jesús los podía ayudar. Fueron a Jesús. No era lo que ellos estaban buscando, sino la persona que estaban buscando, y esa persona es Jesús.

Al inicio, muchas veces en nuestras vidas… Yo creo que todos podemos ver, los que estamos confiando en Jesucristo; seguramente podemos pensar hacia atrás, hacia la historia, y saber que en un inicio quizás no sabíamos lo que necesitábamos cuando comenzamos a buscar a Jesús, pero sabíamos que lo necesitábamos a Él. Todos tenemos circunstancias que nos afligen en la vida y que quisiéramos que mejoraran, que se remediaran: relaciones familiares, padres, hijos, cónyuges; relaciones de trabajo; mencionaba Humberto la inseguridad que todos vivimos; la falta de recursos, enfermedades. Pero Jesús sabe cuál es nuestra necesidad más profunda, y podemos ir a Él.

¿Cómo sabemos? ¿Cómo podemos saber que tenemos el perdón de nuestros pecados? Jesús dice: "Vengan a Mí todos ustedes que están cargados y cansados, y Yo les daré descanso". Y dice: "El que viene a Mí, de ninguna manera lo echaré fuera".

Oración

Oremos. Padre, te pedimos que fortalezcas nuestra fe, Señor. Y para los que están aquí en esta mañana, que no han confiado en Tu Hijo Jesucristo para todas sus necesidades, Señor —y en primer lugar para paz con Dios—, te pedimos que Tú obres en sus corazones, que Tú les des esa fe para acudir a Jesús, porque Él sabe de las cargas, Él sabe de los problemas, Él tiene piedad de nosotros y es poderoso para salvarnos. Te pedimos que nos animes a los que estamos confiando en Cristo, que sepamos que es todo lo que necesitamos. Todo lo que necesitamos lo tenemos en Cristo. Te lo pedimos en el nombre de ese Hijo Tuyo, Jesucristo, quien dio Su vida por nosotros. Amén.

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