Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Mateo 7:13-23MateoJonathan Adams

Una decisión obligatoria

Transcripción

Buenas noticias que nos obligan a decidir

Pues desde julio hemos estado estudiando el Sermón del Monte, y ahora, como mencionaba Roberto, estamos por concluir. Hoy vamos a estar meditando y escuchando la Palabra de Dios de Mateo 7, del 13 al 23, y concluyendo la semana que entra, Dios mediante, si el Señor no regresa antes. Tenemos que siempre estar preparados, hermanos, para la venida del Señor; como mencionaba mi tocayo, que el Señor venga pronto siempre es nuestro deseo. La semana entrante estaríamos escuchando el último mensaje sobre este Sermón del Monte, Dios mediante.

Y bueno, tenemos, como mencionaba Roberto, esta fecha muy importante, el 15 de septiembre, que es la noche… esta noche es el Grito. También, por una no exactamente coincidencia histórica —tiene una relación, pero es un poco complicada—, también toda Centroamérica celebra el 15 de septiembre su independencia. Y sí, sí tiene que ver, está ligado con la independencia de México, pero sucedió algunos años después. Tenemos esta tarde que estaba mencionando Roberto.

Pero antes de eso, hermanos, tenemos que escuchar la Palabra de Dios y recordar que son buenas noticias. Seguramente les ha tocado a ustedes estar en un viaje a un lugar que realmente quieren, quieren ir, quieren disfrutar, y en el camino de repente hay un accidente, y cambia nuestra perspectiva. Ya no estamos pensando en dónde queríamos llegar; ya estamos preocupados por una situación mucho más seria. O tal vez estamos muy cansados en alguna noche, ya nos urge ir a dormir, a descansar, y nos acostamos, y de repente algún hijo sufre algún accidente, se cae de algún lugar, se lastima, o se enferma de repente con algo que pareciera bastante grave. Y de repente ya lo que menos estamos pensando es en dormir.

Y sí es importante dormir, hermanos, y llegar a donde queremos llegar, pero hay cosas que son más importantes. Y la aplicación de Jesucristo en este mensaje… ya nos ha dado, ya nos ha dado el meollo de su mensaje, y ahora nos va a obligar a tomar una decisión.

Lectura del pasaje

Vamos a leer Mateo 7, versículos del 13 al 23. Después de las bienaventuranzas, después de la aplicación de la ley a las vidas diarias, nos da este mensaje muy importante; nos urge a la acción: "Entren por la puerta estrecha. Porque ancha es la puerta y espacioso el camino que conduce a la destrucción, y muchos entran por ella. Pero estrecha es la puerta y angosto el camino que conduce a la vida, y son pocos los que la encuentran. Cuídense de los falsos profetas. Vienen a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos feroces. Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los cardos? Del mismo modo, todo árbol bueno da fruto bueno, pero el árbol malo da fruto malo. Un árbol bueno no puede dar fruto malo, y un árbol malo no puede dar fruto bueno. Todo árbol que no da fruto bueno se corta y se arroja al fuego. Así que por sus frutos los conocerán. No todo el que me dice 'Señor, Señor' entrará en el reino de los cielos, sino solo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Muchos me dirán en aquel día: 'Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros?'. Entonces les diré claramente: 'Jamás los conocí. ¡Aléjense de mí, hacedores de maldad!'".

Es muy importante esta última sección, porque deberíamos de estar escuchando absolutamente todos. Jesús está hablando aquí a personas que seguramente estaban muy involucradas en sus sinagogas, y otros que quizás no; pero ciertamente esta parte última es para personas que están muy involucradas, hasta en ministerio. Entonces es una palabra de cuidado y de urgencia para todos, todos nosotros en esta mañana.

No podemos dejarlo en visto

Este mensaje, el Sermón del Monte, es un mensaje muy importante de nuestro Señor Jesucristo. Y al final no nos deja con la opción de sencillamente seguir por nuestro camino, de dejarlo en visto, por definirlo de alguna forma. Si no actuamos, si nos quedamos apáticos, si lo dejamos en visto, ya estamos tomando una decisión, y es pasar por la puerta ancha que lleva a la destrucción.

Hay una escena en El león, la bruja y el ropero que siempre me ha impactado. Es cuando el fauno Tumnus —este personaje, para los que no lo han leído, es un personaje de un mundo, de Narnia, que utiliza C. S. Lewis para ilustrar muchas verdades de la vida y de la vida cristiana—, y este fauno tiene un encargo de la bruja: capturar a cualquier ser humano, a cualquier hijo o hija de Adán o de Eva. Y entonces invita a esta niña pequeña, Lucy, a su hogar; le da de comer, le da un lugar para descansar, y la va conociendo. Y se ve que su conciencia lo comienza a molestar, y le confiesa que está haciendo algo horrible. Y está muy conmovido: "No lo tienes que hacer". Y el fauno Tumnus responde: "No es algo que voy a hacer; es algo que estoy haciendo ahora". La está deteniendo ahí para entregarla a la bruja.

Y, hermanos, y todos los que están aquí con nosotros en esta mañana: esto es lo que Jesús nos está diciendo. Si escuchamos este mensaje, todo este Sermón del Monte, con una apatía, con un dejarlo en visto, en realidad ya estamos tomando una decisión de irnos por la puerta ancha, por el camino ancho que lleva a la destrucción. Si no hacemos nada al respecto, ya estamos tomando la decisión.

Lo que hemos estudiado desde julio

Ahora, ¿qué significan estas metáforas que utiliza Jesús: la puerta ancha, el camino ancho, y también la puerta angosta, la puerta estrecha, el camino estrecho? Pues es lo que hemos estado estudiando desde julio. Así que vamos a hacer un breve resumen y recordar lo que hemos estudiado desde julio. Primero, las bienaventuranzas. ¿Qué son las bienaventuranzas? Son como la primera parte de las epístolas de los apóstoles, que nos dan la parte de la doctrina; nos describen a nosotros como cristianos. Estas son las bienaventuranzas.

Si las bienaventuranzas no te describen en esta mañana —y no estamos hablando de que seamos perfectos, no; las bienaventuranzas describen a las personas que estamos en Jesucristo—, si no te describen esas bienaventuranzas en esta mañana, tu prioridad, mucho antes que pensar en celebrar la independencia, en qué vamos a comer, en hasta dónde vamos a dormir esta noche, tu prioridad es entrar dentro de esas bienaventuranzas.

Las secciones después de las bienaventuranzas, en primer lugar, son una descripción de la actitud que debemos de tener hacia Dios y hacia el reino: una actitud de temor al Señor que nos mantiene lejos del pecado. No viendo qué tanto nos podemos acercar: "Bueno, ¿qué es lo que sí está permitido?". No, no: alejándonos lo más que podamos. Nos enseñan estas partes que compartieron con nosotros nuestros hermanos Roberto, Alfredo, Nathan y Arturo; nos enseñan respecto de nuestras emociones, el trato con otras personas, la pureza sexual, nuestra relación con el dinero, nuestra relación con la autoridad.

Me encontré con una cita que me pareció muy, muy clara, y muy, muy útil. Y a ver, si citamos a autores, hermanos, no es porque ellos tengan en sí mismos autoridad, sino porque son parte de nuestra familia, de nuestra herencia espiritual. Y uno de estos pastores del siglo pasado, el pastor Martyn Lloyd-Jones dice en uno de sus mensajes del Sermón del Monte, dice: "Está claro que ya no estamos bajo ley, pero bajo gracia. Pero eso no significa que no tenemos que cumplir la ley. No estamos bajo ley en el sentido de que la ley nos condena; la ley ya no pronuncia juicio o condenación sobre nosotros". No, pero Jesús sí quiere que vivamos en conformidad con la ley, y aún quiere que vayamos más allá de lo que la ley nos ordena. Y eso viene de la actitud hacia Dios y nuestra actitud hacia el prójimo que nos enseña Jesús en el Sermón del Monte.

Es una explicación, básicamente, del nuevo mandamiento. ¿Cuál es el nuevo mandamiento que Jesús les dio a sus discípulos? Amarnos los unos a los otros: "que se amen los unos a los otros". En otras palabras, el Sermón del Monte no nos dice "vivan así para ser cristianos"; nos dice: "si son cristianos, así es como van a vivir". El Señor murió para que pudiéramos vivir en conformidad con lo que predicó en el Sermón del Monte.

En segundo lugar —y este es breve, porque creo que es tal vez el más obvio—, el Sermón del Monte muestra nuestra necesidad del nuevo nacimiento. Porque no podemos, como mi tocayo mencionaba esta mañana, no podemos ser seguidores, estar en el reino, si no nacemos de nuevo. No somos capaces de cumplir lo que Jesús enseñó en el Sermón del Monte; no nos podemos salvar, por lo tanto, a nosotros mismos cumpliendo la ley.

Y en tercer lugar —creo que este es importante—, si vivimos conforme al Sermón del Monte, vamos a atraer a muchos a que sigan a nuestro Señor, a los caminos del Señor. Y otra vez citando a Martyn Lloyd-Jones —me pareció muy impactante lo que dice aquí—, dice: "Si lees la historia de la iglesia, vas a encontrar que siempre ha sido cuando hombres y mujeres se toman en serio este Sermón del Monte, y se evalúan a la luz del sermón, que ha llegado el verdadero avivamiento. Cuando el mundo ve al hombre verdaderamente cristiano, no solo se siente condenado, sino se siente atraído".

Entonces, hermanos, estamos orando constantemente, y debemos de estar orando constantemente, por el avivamiento en estos días; por un avivamiento aquí en nuestro querido México. Que el Señor, que el Señor otorgue ese avivamiento que necesitamos aquí en México. ¿Y qué va a usar, hermanos? El que nosotros estemos viviendo en conformidad con el Sermón del Monte.

Bajo la Escritura, no sobre ella

Y Lloyd-Jones también nos advierte sobre los que estudian la Biblia con un interés académico o intelectual. Hay un dicho de los primeros cristianos que dice: "La Biblia no se debe de leer sino de rodillas". ¿Eso qué significa? Bueno, pues pudiéramos adoptar esa práctica. Creo que es en Colombia, de mi juventud, y algunos hermanos aquí tienen la costumbre, yo creo que muy sana, de ponerse de pie para leer la Palabra. Tal vez hasta nos podríamos poner de rodillas para leer la Palabra. Pero es una actitud del corazón, hermanos. Hay muchos que pueden estar arrodillados físicamente, pero en su ser interior están todo menos arrodillados.

Es una actitud del corazón que puede reflejarse en una actitud del cuerpo también, pero es una actitud de estar bajo las Escrituras. Las Escrituras nos juzgan a nosotros; es como ningún otro libro, no hay otro libro que sea así. Si leemos… podemos leer a Cervantes, podemos leer a Shakespeare, podemos leer a quien sea, pero siempre nosotros, como seres humanos, vamos a estar criticando esos textos; nosotros estamos en una posición, de alguna forma, de autoridad sobre aun esos autores. Pero la Palabra de Dios es diferente: estamos nosotros bajo esa Palabra de Dios.

Una decisión distinta a levantar la mano

Entonces, este Sermón del Monte es un resumen de cómo se ve una persona que vive en el temor del Señor. Y ahora Jesús nos dice que tenemos que tomar esta decisión, y es una decisión muy diferente a una decisión de levantar una mano en una congregación, o de pasar adelante con un montón de otras personas. He leído que en algunas conferencias muy grandes hasta tienen, de alguna forma, yo les diría, paleros, que levantan la mano para que todos vean: "Ah, pues hay muchos que están levantando la mano. Pues yo, pues, paso desapercibido, o sea, sí, yo quiero conocer a Jesús". O después, que hay un montón que siembran en todos lados del auditorio, ¿no?, que pasan adelante, ¿no? Entonces la gente ve: "Ah, sí, están pasando varios. Bueno, pues yo voy a pasar", ¿no?

Mi madre creció en una iglesia más como de esas tendencias, y me ha dicho que todos sus amigos y compañeros parecía que pasaban adelante para ser salvos todas las semanas, decía ella. Ella decía: "Yo era la única que no pasaba a ser salva todas las semanas", ¿no?

La puerta estrecha y el camino ancho

La puerta estrecha, hermanos, es una que significa que no vamos a estar con las mayorías. No vamos a estar siguiendo el sentido común, o lo que todos están haciendo. Vamos a ver a muchos familiares, amigos, colegas, compañeros, vecinos, que van hacia la puerta ancha, al parecer muchas veces sin preocupaciones: todo les va muy bien, riendo. Y la puerta ancha es muy fácil de encontrar: es la puerta que encuentras si en realidad no estás buscando esa puerta angosta de la que Jesús nos habla. Si buscas la aclamación del mundo, esa es la puerta ancha, la que vas a encontrar. Y los que van hacia esa puerta ancha hasta se van a burlar de nosotros, se van a reír.

Y además de una puerta estrecha, una puerta angosta, es un camino angosto, es un camino estrecho. Tal vez podamos ver algunas de las personas que están en ese camino, y debemos de ser ejemplos de ese camino. Y muchos nos dicen: "Todos los caminos van al mismo lugar. Entonces, ¿para qué te vas por ese camino que va a tener dificultades, que vas a sufrir, que muchas veces vas a andar solo? ¿Por qué te vas por ese camino? Todos los caminos, al final de cuentas, llegan al mismo lugar; son diferentes formas de ver las cosas", ¿no? Esa es la sabiduría del mundo de hoy, ¿verdad?

Y cuando vemos ese camino ancho, cuando vemos a las personas en ese camino ancho, no vemos a personas que tengan las características de las bienaventuranzas. Entonces ahí se fijan, se fijan cómo es que las bienaventuranzas describen al cristiano. No vamos a ver personas por ese camino ancho que parezcan ser pobres en espíritu. No vamos a ver a ninguno que sea manso, o humilde, realmente humilde. No van a parecer preocuparse por tener un limpio corazón. No van a tener misericordia de los demás, esos que andan por el camino ancho. Y van a ser personas que prefieren ganarles a los demás, verles las caras, mejor que ser pacificadores realmente.

Y van a ser personas, en ese camino ancho, que no tienen hambre o sed, y mucho menos hambre o sed de justicia. Ninguno que llora vamos a ver en ese camino ancho; todos van a poner una cara de felicidad, de disfrute. Y obviamente a ninguno vamos a ver en ese camino ancho que esté siendo perseguido por seguir a Cristo. Y no los vamos a ver siguiendo las enseñanzas de Jesús sobre el matrimonio, sobre la ira, los juramentos, la misericordia, la oración. Y cuando veamos a esas personas, vamos a saber que no van en el camino a la vida; van en el camino a la perdición, a la condenación eterna.

Proverbios 1, del 10 al 16, tiene una advertencia al hijo de los caminos de los malvados.

Ese es el mismo camino del que habla Jesús: es el camino ancho que lleva a la destrucción. La senda estrecha es difícil. Leamos nuevamente Mateo 5, del 10 al 12. Así se van a ver los que estamos… nos vamos a ver los que estamos en ese camino, ese camino angosto que lleva a la vida. Dice: "Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque el reino de los cielos les pertenece. Dichosos serán ustedes cuando por mi causa la gente los insulte, los persiga y levante contra ustedes toda clase de calumnias. Alégrense y llénense de júbilo, porque les espera una gran recompensa en el cielo. Así también persiguieron a los profetas que los precedieron a ustedes".

Y nuevamente, veamos 2 Timoteo 3:12. Dice: "Asimismo, serán perseguidos todos los que quieran llevar una vida piadosa en Cristo Jesús". Entonces, ¿evangelio de la prosperidad? No. Los que están siguiendo ese evangelio supuesto de la prosperidad están en ese camino ancho que lleva a la destrucción, hermanos. El Salmo 73 también es otro —no vamos a tomar el tiempo de ir ahí, porque queremos estar conscientes del tiempo—, pero el Salmo 73, apúntenle: dificultades.

Por eso necesitamos la iglesia local

Por esto, hermanos, es tan importante la iglesia, la iglesia local. En la mayoría de nuestras vidas estamos rodeados por personas que van por el camino ancho. Nos estarán presionando constantemente, y nuestro viaje va a ser muy solitario muchas veces. Debemos entender que somos una excepción al encontrarnos en ese camino. Sí, dice Cristo que pocos encuentran ese camino. No nos dice exactamente cuántos; sabemos que hay muchos cristianos en el mundo de esa forma, pero en comparación con todos los habitantes, creo que aquí Cristo nos da a entender que seremos pocos, relativamente, los que encontremos esa puerta estrecha, ese camino estrecho.

Y habrá mucha oposición del maligno, especialmente para unirte a una iglesia; y vamos a hablar un poquito más adelante del tema de la unidad, retomarlo de 1 Corintios. Pero una vez estando dentro de la iglesia, hermanos —y somos realmente poquitos aquí, no pasamos de 200 personas en esta mañana—, pero ¿qué pasa? Nos animamos los unos a los otros, estamos orando los unos por los otros, hermanos, y cuando alguno cae, ahí están sus hermanos, sus hermanas, para ayudarlo a levantarse.

Y en esta mañana, hermano —o los que aquí me escuchan—, si no estás levantando a otros que ves cayéndose en el camino, entonces lo más seguro es que no estás en ese camino angosto; estás en el camino ancho, y por eso las personas a tu alrededor en realidad no sienten que necesitan de esa ayuda. Asegurémonos de estar en ese camino angosto que lleva a la vida. Si te sientes así en el día a día, solo, que estás en un camino angosto, vas a desear fuertemente estar con tus hermanos y con tus hermanas; vas a pensar en ellos también, vas a estar orando por ellos, porque sabes que ellos también están en este camino angosto, este camino difícil.

Así que busquemos dar esas palabras de ánimo, hermanos, de orar los unos por los otros. Ese debe ser un gran gozo para nosotros, porque sabemos que ellos también están orando por nosotros, y lo necesitamos mucho si estamos en ese camino angosto. Si tu reacción es: "Yo no sé de qué está hablando este cuate", yo te puedo asegurar que estás en el camino ancho, y te imploro que busques ese camino estrecho que lleva a la vida en esta mañana.

Elige la vida

Esta enseñanza de nuestro Señor Jesucristo, en realidad Él nos la explica ampliamente, como solo Él lo puede explicar, pero vemos que viene de toda la historia del Antiguo Testamento. Veamos Deuteronomio 30:19-20. Dice: "Hoy pongo al cielo y a la tierra por testigos contra ti, de que te he dado a elegir entre la vida y la muerte, entre la bendición y la maldición. Elige, pues, la vida, para que vivan tú y tus descendientes". ¿Por qué habla de descendientes ahí, hermanos? Porque sabemos que Dios obra por medio de padres en las vidas de los hijos. No es una garantía de que todos los hijos de los creyentes van a creer en el Señor, pero el Señor usa poderosamente los hogares cristianos.

"Ama al Señor tu Dios, obedécelo…". "…mal servir al Señor, elijan ustedes mismos a quiénes van a servir: a los dioses que sirvieron sus antepasados al otro lado del río Éufrates, o a los dioses de los amorreos, en cuya tierra ustedes ahora habitan. Por mi parte, mi familia y yo serviremos al Señor". Él está escogiendo, hermanos, el camino a seguir.

El Salmo 1: el camino y el fruto

Y me gustaría también leer el Salmo 1. Es un salmo con solo seis versículos, pero es tan potente la Palabra de Dios. Quiero que vean la forma en que este habla al inicio del camino, y van a ver que al final habla de los frutos, que es exactamente el orden que Cristo usó en el Sermón del Monte; y pasaremos a hablar de los frutos brevemente también. Dice: "Dichoso es quien no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los burladores, sino que en la ley del Señor se deleita, y día y noche medita en ella. Es como el árbol plantado a la orilla de un río que, cuando llega su tiempo, da fruto y sus hojas jamás se marchitan. ¡Todo cuanto hace prospera! En cambio, los malvados son como la paja arrastrada por el viento. Por eso no se sostendrán los malvados en el juicio, ni los pecadores en la asamblea de los justos. Porque el Señor cuida el camino de los justos, mas la senda de los malvados lleva a la perdición".

Ven ahí cómo está muy clarito: el camino angosto y el camino ancho. Es como si Jesús tomara como su texto ese Salmo 1. Y aún más, a continuación nos habla del fruto y de los falsos maestros.

La finquita en Costa Rica

Me acuerdo que al inicio de este año estuvimos en Costa Rica, y tuvimos el privilegio de visitar a un tío de Lisa. Y este tío trabajó por muchos años en Estados Unidos, después de irse de Costa Rica muy, muy joven; regresó a Costa Rica y se compró una finquita donde trabaja ahí la tierra, y le gusta trabajar mucho la tierra. Pero se ha dado cuenta de una cosa. Y bueno, nos estaba mostrando todos los árboles frutales, y con cada uno le preguntábamos: "Bueno, ¿y cuándo es la cosecha, o cómo son los frutos de este árbol?". Y casi con cada uno nos decía: "Bueno, lo que pasa es que los insectos se meten ahí y se comen la fruta", o "la verdad es que no sé por qué, pero no dan, este tipo de árbol".

Y nos dimos cuenta de que si no sabes atender a los árboles… pareciera que todo se da por arte de magia. Y seguramente así fue en el jardín del Edén, antes de la caída.

Pero ahora, con la caída y el pecado, los árboles, por lo general, si no se atienden bien, si uno no sabe atenderlos, no dan fruto, o dan mal fruto. Esa es la condición natural en nuestras vidas también. El hombre, el hombre carnal, el hombre que está siguiendo… la mujer que está en el camino ancho, va a dar mal fruto. Puede parecer buen fruto, pero cuando lo abras va a estar podrido, va a estar lleno de insectos, va a ser un mal, un mal fruto.

Por sus frutos los conocerán

Por eso es muy importante discernir a quiénes seguimos, porque habla de los maestros falsos, y es muy fácil seguir a maestros falsos. Los vemos muchas veces —no voy a ponerme a decir nombres, porque no se trata de eso—, pero los vemos en la televisión, los escuchamos mucho en internet. Unos tienen miles, y hasta millones de seguidores en muchos casos. ¿Por qué? Porque están en la puerta ancha, están en el camino ancho; les están diciendo a las personas lo que quieren escuchar, lo que el pecador quiere escuchar. Eso les están diciendo: "Tú eres el centro del universo; sé tú mismo, sé tu yo auténtico". Pero tenemos que ver los frutos, hermanos. Tenemos que estar muy, muy alertas, y saber que estos falsos maestros están en el camino de destrucción y van a guiar a caminos de destrucción.

Primero, una prueba doctrinal. Y gracias a Dios, en esta iglesia tenemos muy, muy buena enseñanza, hermanos. Pero bueno, siempre tenemos que estar alertas: ¿están enseñando en conformidad con la Palabra de Dios? ¿Agregan cosas a la Biblia que no están ahí? ¿Agregan o sustraen de la obra de Jesús? Le agregan algo: "Bueno, además de la obra de Jesús necesitamos esto", o "la obra de Jesús alcanzó hasta aquí, pero luego tú tienes que agregar". O agregan requisitos de salvación. Esa es como la parte que creo que es más fácil para nosotros aquí en la Iglesia Evangélica de Cuajimalpa.

El fruto de la división

Pero hay otra parte que es muy importante también: los falsos maestros dividen el cuerpo de Cristo. Ese es su fruto: división. Cuando tomamos la Santa Cena hablamos de discernir el cuerpo de Cristo, y muchas veces pues pensamos en esto en el sentido de que estoy recibiendo los elementos, los símbolos, y entonces tengo que estar consciente de que esto representa el cuerpo y la sangre de nuestro Señor. Pero también el cuerpo de Cristo es su iglesia, y una forma de no discernir el cuerpo es causar divisiones. Los falsos maestros dividen al pueblo de Dios.

Entonces, estos falsos maestros excluyen a todos los que no se doblegan ante sus interpretaciones de la Biblia sobre temas secundarios, ¿no? Entonces, un ejemplo sería si condenamos como impíos y herejes a nuestros hermanos que están en iglesias presbiterianas. No estamos de acuerdo con su interpretación, pero no vamos a causar divisiones en el cuerpo de Cristo declarándolos impíos, herejes y apóstatas; eso sería causar divisiones en el cuerpo de Cristo.

Hace algunos años, un grupo de pastores bautistas comenzaron a crear divisiones con una doctrina llamada de impasibilidad, que es, básicamente, que Dios es incapaz de padecer o de sentir; esa es la definición. Ahora, la primera vez que escuché la doctrina, dije: "Bueno, pues no sé qué pensar acerca de esto". Usaban algunos versículos; por otro lado, me parecía a mí que Dios sí expresaba ira, deleite, gozo. Y bueno, Jesús ciertamente tiene emociones, hasta el día de hoy, y siempre será: es humano, es uno de nosotros. Pero bueno, yo estaba dispuesto a escuchar los argumentos.

Pero cuando vi el comportamiento de estas personas que estaban proclamando esta doctrina —estaban obrando en secreto, tramando excluir a otras personas, haciendo cartas agresivas, amenazantes—, yo sabía que el Espíritu de Cristo no obra así. Ese es fruto de división, y esas personas que están causando división están en el camino ancho que lleva a la perdición. ¿Cómo sabrán que somos cristianos? —volviendo al tema de las misiones, hermanos—: porque nos amamos los unos a los otros, sobre todo eso, sobre todas las diferencias que se pudieran ver.

Whitefield y Wesley

Recuerdo una anécdota muy, muy antigua. Había en el siglo… a ver si lo saco bien… siglo 18, sí, dos predicadores que tenían algunas diferencias doctrinales: George Whitefield y John Wesley. Y alguien se le acercó a George Whitefield y le preguntó: "¿Tú crees que vas a ver a John Wesley en el cielo?". Algunos, veo que ya saben la anécdota, porque ya están sonriendo. Whitefield contestó: "No, no creo que voy a ver a John Wesley en el cielo. Él va a estar demasiado cerca de Dios, y yo no voy a poder ni siquiera dirigir mis ojos hacia ahí para verlo. No lo voy a poder ver, porque él va a estar demasiado cerca de Dios". Porque respetaba… aunque tenían diferencias, respetaba su fe; sabía que tenía un amor por el Señor Jesucristo que los hacía hermanos, los hacía hermanos.

Hay muchos chismosos, especialmente en redes sociales, personas que no conocemos, que andan haciendo divisiones, sembrando cizaña, y debemos de tener mucho cuidado. Tenemos muchos buenos libros; hoy desafortunadamente no hubiéramos podido tener un ejemplo vivo, pero casi siempre tenemos recomendaciones de la librería, y casi siempre son hermanos a quienes conocemos, o por lo menos tenemos hermanos que sí los conocen bien, conocen su forma de vida, saben que sí andan en conformidad con la Palabra de Dios, con el Sermón del Monte. Por sus vidas, por sus frutos los conocerán.

No debemos de seguir enseñanzas de personas que, o sabemos que tienen mal fruto, o sencillamente pues no tenemos idea de sus vidas. Por eso también es importante la iglesia, hermanos. Porque sabemos que el final de esos falsos maestros es la destrucción; es ese "apartaos de mí, nunca los conocí". Y al parecer va a ser sorpresa, hermanos, para esas personas. Así que mucho, mucho, mucho cuidado; que no los sigamos.

La puerta, el camino y la vid

Ahora, ¿cuál es la puerta estrecha? Juan 10:7-9. Jesús nos dice: "Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que vinieron antes de mí eran unos ladrones y unos bandidos, pero las ovejas no les hicieron caso. Yo soy la puerta; el que entre por esta puerta, que soy yo, será salvo". ¿Y quién es el camino angosto? Juan 14:6: "'Yo soy el camino, la verdad y la vida', contestó Jesús. 'Nadie llega al Padre sino por mí'". Y nuevamente, más adelante, versículos 15 y 16 —yo soy el camino, dice nuevamente—: "Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos. Y yo pediré al Padre, y Él les dará otro Consolador para que los acompañe siempre". No estamos solos, en realidad, hermanos, en ese camino angosto.

Y finalmente, ¿cómo podemos asegurarnos de dar buen fruto? Juan 15, versículos del 5 al 8. Jesús dice: "Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada. El que no permanece en mí es desechado y se seca, como las ramas que se recogen, se arrojan al fuego y se queman. Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran, y se les concederá. Mi Padre es glorificado…". ¿Cuándo? "…cuando ustedes dan mucho fruto y muestran así que son mis discípulos".

Que todos se aseguren de estar en la vid, de conocer la puerta y de conocer el camino: nuestro Señor Jesucristo. Vamos a cantar ahora una canción que espero todos podamos hacer nuestra, y después oraremos.

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