Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

1 Pedro 2:241 PedroAlfredo Carrillo

¿Quién es Jesús?

Transcripción

El glorioso intercambio

Nuevamente, hermanos, estamos continuando con nuestro estudio de quién es Jesús. Y hoy en la mañana estuve escuchando a nuestros hermanos Yusepe y Gildardo; prácticamente dio la predicación que me tocaba a mí. Y vamos a hablar precisamente de este tema del sacrificio sustitutivo de Jesús, y le he titulado "El glorioso intercambio: el justo por los injustos". Y vamos a usar como base bíblica 1 Pedro 2:24. Solamente es un texto, es un solo versículo.

Vamos a abrir nuestras Biblias, y dice así, 1 Pedro 2:24: "Él mismo llevó nuestros pecados en Su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados".

Señor, quiero rogarte que Tú seas sobre mí, Señor, que Tu Espíritu Santo sea el que hable, que Tu Espíritu Santo sea el que convenza, y reconozco mi capacidad delante de Ti para hablar de Ti, Señor. Ayúdame, Padre, y prepara los corazones, Señor, que podamos aterrizar esto en nuestras vidas. En Tu nombre, en Cristo Jesús. Amén.

Lo que el hombre no puede remediar

Y precisamente ayer, a donde me llevaron con el grupo que me tocó, cuando fuimos con los hermanos de Río Blanco, que fuimos a la sierra, me tocó predicar el evangelio a gente que no había escuchado el evangelio, por lo que nos dijeron los hermanos. A eso nos llevaron, como a establecer este inicio, quizás, de una posible iglesia. Y comenzamos hablando acerca de cómo el hombre falló, y les preguntaba qué entendían por pecado, dentro de las preguntas que les hacía, y cuál era la situación en la que el hombre se había colocado delante de Dios a causa del pecado, a causa de la desobediencia.

Y aunque este versículo está dentro de la carta que Pedro escribió a los cristianos que se encontraban, de alguna manera, bajo presión social, y que quizás estaban desanimados porque estaban pasando por sufrimientos, Pedro estaba reafirmando lo que Cristo hizo en la cruz por cada uno de nosotros. Y es lo que hemos estado estudiando a lo largo de estos domingos acerca de nuestra identidad en Cristo, y por qué tenemos nuestra identidad en Cristo, y lo que hablamos hoy en la cena: lo que Cristo hizo por nosotros.

El hombre, desde el principio de la creación, falló. Lo leímos hoy en la mañana en Génesis 3. El hombre desobedeció. Desobedeció al mandato de Dios, rompió este mandato, rompió la comunión, se hizo enemigo de Dios. El hombre siempre ha querido por él mismo remediar su pecado delante de Dios. Él siempre ha querido tomar iniciativa por hacer algo y volver a restablecer la comunión con el Creador.

Les platicaba ayer a las personas que estaban ahí que el hombre hizo vestiduras con hojas; quiso cubrir su pecado. Mas, sin embargo, eso no funcionó. Y hoy hablábamos de ese cordero que sustituía la paga de nuestro pecado. Dios tuvo que asesinar, tuvo que matar a un ser inocente para cubrir el pecado del hombre. Y eso es lo que nos está apuntando a Cristo, lo que sucedió en el principio de la creación: tuvo que morir un inocente, tuvo que tomar nuestro lugar, que Dios proveyó. No lo proveyó el hombre; Dios lo proveyó para cubrir nuestro pecado.

Pero en Génesis 3:15 volvemos, y dice que Dios tomó la solución. Dios dio la solución: que de la mujer iba a provenir un Mesías que se iba a encarnar, algo que estudiaron hace 8 días, hace 15 días. Jesús se iba a encarnar para tomar nuestro lugar, crecer, vivir, darnos Sus enseñanzas. Pero Su obra culminaría en la cruz. Él iba a tomar nuestro lugar en esa cruz. Se le iba a imputar toda nuestra culpa, se le iban a imputar nuestros pecados, se le iba a imputar nuestro juicio.

Y el mundo busca constantemente cómo pagar por sus errores. El hombre, por naturaleza, queremos hacer algo para resolver nuestros propios problemas por nuestros medios. Queremos resolver la enemistad entre Dios y nosotros por nuestros medios. Pero, aún peor, el hombre busca ignorar su culpa. Y aun como cristianos, cuando pecamos, a veces no queremos reconocer nuestra culpa y ponemos excusas: "Es que la mujer que me diste…", y volvemos al inicio. Al hombre le cuesta admitir su culpa, y esa es la razón por la que Cristo vino y tomó nuestro lugar.

Y aquí vemos en esta porción cómo la Biblia nos enseña esta asombrosa y hermosa verdad única, que se llama la doctrina del sacrificio sustitutivo de Cristo. No se trata de lo que nosotros podemos hacer para restablecer la comunión con Dios, sino de lo que Dios ya hizo por nosotros por medio de Aquel que tomó nuestro lugar en la cruz.

Hace 8 días hablaba con alguien también aquí, que vino con alguien de visita y que nunca había escuchado el evangelio, y me daba muchas respuestas acerca de por qué quizás él es bueno; y ustedes saben, ese tipo de preguntas. Si hoy estás aquí nuevamente, quiero que escuches acerca de lo que hizo Cristo por ti también. Y si hay alguien más que viene por primera vez y que escucha esto, también pon atención, porque quizás es la única vez que lo escuchas, y la respuesta a nuestra falta es Cristo.

En nuestro texto quiero que podamos analizar cuatro cosas que podemos ver. La número uno es el peso de la sustitución. Número dos, el lugar de la sustitución. Número tres, el propósito de la sustitución. Y número cuatro, el resultado de la sustitución.

El peso de la sustitución

Dice: "Él mismo llevó nuestros pecados". Ahora estudiamos acerca de la Palabra, que es perspicua. La Palabra es clara; la Palabra de Dios es clara. Y creo que no hay mucho que desbaratar para ver y entender que claramente Cristo llevó nuestros pecados. Dice que Él llevó nuestros pecados. No fue un ángel el que llevó nuestros pecados, no fue un sistema de sacrificios. Eso solamente era temporal: el sacrificar un cordero y presentarlo delante de Dios como sacrificio para cubrir, en cierto sentido, un poco nuestro pecado, pero tenía que hacerlo recurrentemente.

Entonces, no fue este sistema de sacrificios el que iba a cubrir nuestro pecado. Tampoco fue una virgen la que iba a perdonar nuestros pecados. Pedro nos explica que fue Cristo quien llevó nuestros pecados. Nadie más; nadie más lo podía hacer. Él tomó nuestro lugar. Eso se llama sustitución: el intercambio, el lugar que nos tocaba.

Ahora, cada que celebramos la cena, yo no sé qué tanto en realidad estamos conscientes de lo que Cristo hizo en la cruz, de lo que sufrió en la cruz. ¿O es una costumbre lo que venimos a hacer cada 8 días? Él llevó nuestros pecados. Él tomó nuestro lugar en esa cruz. Llevó: esta palabra que dice "llevó" implica que Cristo cargó un gran peso. Él lo llevó sobre Sus espaldas en esa cruz.

Jesús no solamente cubrió nuestro pecado en la cruz; Jesús lo llevó encima de Él: el tuyo, el mío, el de toda la humanidad. Lo que sucedió en la cruz fue una transferencia legal. Teníamos un juicio del cual estábamos acusados, un juicio espiritual. Tu pecado y el mío fueron puestos en la cuenta de Jesús.

Dice en Colosenses 2:13 al 15: "Y cuando ustedes estaban muertos en sus delitos y en la incircuncisión de su carne, Dios les dio vida juntamente con Cristo, habiéndonos perdonado todos los delitos, habiendo cancelado el documento de deuda que consistía en decretos contra nosotros y que nos era adverso, y lo ha quitado del medio, clavándolo en la cruz. Y habiendo despojado a los poderes y autoridades, hizo de ellos un espectáculo público, triunfando sobre ellos por medio de Él". Colosenses 2:13 al 15.

Hizo un espectáculo. Cada que pienso en la crucifixión… Y a veces nos quedamos solamente con estas imágenes de un Jesús que está clavado, y quizás está ahí pacífico, pero va más allá esta condena. De la misma manera que el pecado de Adán se nos imputó, de esa misma manera nuestro pecado le fue imputado a Jesús, el sustituto. Él absorbió nuestro pecado y nosotros absorbimos Su justicia. La expiación es el acto que resulta en el cambio de la disposición de Dios para con nosotros.

Es decir, lo que Cristo hizo en la cruz fue pagar el precio justo y requerido por el Creador por la ofensa de nuestro pecado. La ira de Dios fue removida en esa cruz. Él es nuestra expiación, y el resultado de esta expiación es algo que se llama la propiciación. ¿Qué es la propiciación? La ira de Dios fue removida. Todo eso está ocurriendo en la cruz.

Y a veces no pensamos mucho sobre eso, o no sabemos todo lo que Cristo… toda la obra de Cristo que hizo ahí. Es el rescate que se paga y la actitud de la persona que lo recibe. Hay un costo para cambiar la actitud del ofendido, que en este caso es Dios. Y ese es el mensaje central de la Biblia, la expiación: que Dios ha provisto una manera de apaciguar Su ira y que la humanidad recupere esta comunión. Y lo vemos desde Génesis hasta Apocalipsis: Dios busca reconciliar a Su pueblo.

Dice también el texto: "Él mismo llevó nuestros pecados en Su cuerpo sobre el madero". En Su cuerpo. Él mismo ofreció Su cuerpo en sacrificio, y no fue algo etéreo. No pensemos que fue algo etéreo. Cristo sufrió en la cruz. Experimentó el castigo que nos tocaba, que nosotros merecíamos por nuestra rebelión. Fue en la cruz donde padeció los sufrimientos. Ahí cargó nuestro castigo, el castigo que nos correspondía, y todo lo que Jesús aborrecía profundamente estaba siendo derramado sobre Él.

Cada que celebramos la cena, pensamos eso. Cada que pecamos, pensamos eso. Cada que odio a alguien, pienso eso. Cada que desobedezco, pienso acerca de lo que Cristo hizo en la cruz, de lo que padeció, de lo que cargó, de lo que soportó.

El lugar de la sustitución

Número dos: el lugar de la sustitución, el madero. ¿Qué significaba? Ahora, Pedro, a quien estaba dirigiendo esta carta, entendía claramente de qué estaba hablando. Deuteronomio 21:23 dice que cualquiera que moría colgado de un madero era maldito, maldito por Dios. Jesús tuvo que soportar esta humillación por nosotros. Él fue expuesto en la cruz. Y lo que vemos a través de la narración de la historia es que los que eran crucificados estaban desnudos.

Cristo sufrió toda esta humillación, esta vergüenza, el dolor físico, espiritual. Pero no solamente eso, sino la maldición de Dios también la sufrió, la maldición de la ley. No hay nada más severo y digno de castigo que romper las órdenes de Dios. Y eso no nos está tocando a nosotros: Cristo lo hizo en la cruz. Cristo sufrió en la cruz la ira del Padre. Toda la ira divina Él la soportó por nuestros pecados. Dice que en la cruz puso sobre Sus hombros la maldición dada sobre aquellos que habíamos transgredido los mandamientos de Dios.

Colosenses 2, capítulo 2, versículo 13 y 15, dice: "Y cuando ustedes estaban muertos en sus delitos y en la incircuncisión de su carne, Dios les dio vida juntamente con Cristo, habiéndonos perdonado todos los delitos, habiendo cancelado el documento de deuda que consistía en decretos contra nosotros y que nos era adverso, y lo ha quitado del medio, clavándolo en la cruz. Y habiendo despojado a los poderes y autoridades, hizo de ellos un espectáculo público, triunfando sobre ellos por medio de Él".

Nuevamente, la palabra "maldición" que ocupa aquí el texto es alguien que merece condenación. Jesús no merecía condenación. Nosotros sí merecíamos condenación. Él estaba tomando nuestro lugar. Cristo, sin ser digno de condena, se colocó en nuestro lugar, se hizo esclavo. Pero la buena noticia es que eso trajo una consecuencia positiva a nuestro favor.

Romanos 6, versículo 6 al 7, dice: "Sabemos esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con Cristo, para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado; porque el que ha muerto ha sido libertado del pecado". Esa sustitución nos ha hecho libres. ¿Cómo te sigues sintiendo delante de Dios? ¿Te sigues sintiendo esclavo? ¿O, peor aún, tú mismo te estás haciendo esclavo todavía del pecado? Cristo en la cruz te dio libertad. Tomó tu lugar para darte libertad.

La pena de muerte que Él sufrió, que Dios exigía, te dio esa libertad en Aquel que tomó tu lugar, en Aquel que te sustituyó. Su pago fue perfecto y aceptable para exonerarte. Dice: "Pero ahora, habiendo sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tienen por su fruto la santificación, y como resultado la vida eterna. Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro". Romanos 6:22 y 23.

Hemos sido libertados del pecado, pero el fruto de ese sacrificio en la cruz debe de ser la santidad, nuestra santificación. No podemos usar nuestra libertad como libertinaje. Debemos de pensar lo que Cristo hizo en la cruz. ¿Cómo estamos usando esta libertad para santidad?

"Oh Señor, Tú mostraste favor a Tu tierra, cambiaste la cautividad de Jacob. Perdonaste la iniquidad de Tu pueblo, cubriste todo su pecado. Retiraste toda Tu furia, te apartaste del ardor de Tu ira". Salmo 85 del 1 al 3. Y gloria a Dios, porque Jesús logró el pago aceptable a Dios para darnos libertad, para ser aceptos delante de Él.

El glorioso intercambio en la cruz

Y viene aquel clímax: el intercambio que hizo Cristo. Cristo se hizo maldición por nosotros para que pudiéramos recibir bendición, que es la vida eterna. Tomó el lugar del condenado para que nosotros pudiéramos ser Sus hijos. Ahora, ¿cuáles son algunos de los aspectos de este intercambio, para que podamos recordarlos, y de cómo vivimos nuestra vida?

Pecado por justicia: Él se hizo pecado para que nosotros fuéramos hechos justos. El castigo que merecíamos por el perdón que nos dio: fue castigado por nuestra transgresión para que recibiéramos el perdón. Heridas por sanidad; hoy hacían referencia a Isaías 53. Maldición por bendición, muerte por vida y vergüenza por gloria. Ese es el glorioso intercambio que hubo en la cruz.

El propósito de la sustitución

El propósito de la sustitución: morir para vivir. El sacrificio de Cristo, Su muerte, nos trajo vida. Por la unión con Cristo en Su muerte, el poder del pecado sobre nuestra vida ha sido roto. Eso es lo que da como resultado y propósito la sustitución de Cristo. Él sufrió la muerte que merecíamos para darnos vida. Ya no somos esclavos de nuestras fallas pasadas, ni deberíamos de ser esclavos de nuestras fallas presentes.

Y es lo que Pablo les está recordando a esta iglesia en su carta: "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron, ahora han sido hechas nuevas". "Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo en la fe, en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí". Gálatas 2:20. Muerte por vida.

Pero ahora debemos de vivir en justicia. La sustitución no solamente nos quita lo malo de nuestra naturaleza, que es el pecado, sino que nos ha sido dado lo bueno, que es la justicia de Cristo. Ahora tenemos libertad del pecado y el poder para vivir una vida que agrade… viviendo tu vida. ¿Está agradando a Dios el modo en que vives? Ahora ya no vivimos bajo condenación, ya no vivimos bajo ninguna culpa, ya que el precio que se exigía fue pagado en su totalidad y fue acepto a Dios.

Hay un salmo que me encanta. Salmo 85:10 dice: "La misericordia y la verdad se han encontrado; la justicia y la paz se han besado". Eso sucedió en la cruz. Eso es lo que más… entender que Cristo me da valor, que Él tomó mi lugar.

El resultado de la sustitución

El resultado de vivir la justicia de Cristo, hecha por sustitución en la cruz, tiene dos aspectos también en nuestra vida. Uno es la plenitud, una vida plena. La obra de Cristo es completa y ofrece beneficios para todos, en todos los aspectos de nuestra vida, permitiéndonos una vida abundante, pero espiritualmente. "Me darás a conocer la senda de la vida; en Tu presencia hay plenitud de gozo; en Tu diestra, deleites para siempre". Salmo 16:11. Por medio de Cristo ahora somos sustentados, y Él perfeccionará Su obra en nosotros hasta el final. Y eso es lo que escuchábamos también hoy en la mañana.

Él perfeccionará Su obra en nosotros hasta el final. Todos deberíamos de ponernos un letrero acá atrás, de este: "Disculpe las molestias, obra en proceso". "Estoy convencido precisamente de esto: que el que comenzó en ustedes la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús". Filipenses 1:6.

Otro resultado es tener fe y revelación. La fe y revelación se recibe por gracia mediante la fe, y requiere una revelación espiritual que solamente es dada cuando somos hechos hijos de Dios, para experimentarla plenamente. Sin Cristo teníamos los ojos vendados. Sin Cristo no podíamos vivir la vida santa que Dios requiere, y Su sacrificio en la cruz hizo posible que se nos revelara el propósito del evangelio. Nuestra fe ahora es verdadera. Nuestra fe ahora es real, porque lo que sucedió en la cruz fue real y verdadero.

Dice en Gálatas 3:23 al 24: "Antes de venir la fe, estábamos encerrados bajo la ley, confinados para la fe que había de ser revelada. De manera que la ley ha venido a ser nuestro guía para conducirnos a Cristo, a fin de que seamos justificados por la fe". Gálatas 3:23 y 24. Y luego Romanos 1:16 dice: "Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree, del judío primeramente y también del griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: 'Mas el justo por la fe vivirá'". Y esa es la revelación que ahora podemos tener.

Dice también en Efesios 3, del 4 al 6, dice: "En vista de lo cual, leyendo, podrán entender mi comprensión del misterio de Cristo, que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora ha sido revelado a Sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu; a saber, que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, participando igualmente de la promesa en Cristo Jesús mediante el evangelio". Fe y revelación.

Por Su herida fuimos sanados

Y por último, el resultado de la sustitución de Cristo es que fuimos sanados. Dice: "Por cuya herida fuisteis sanados". Dice Isaías 53:5: "Pero Él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre Él, y por Sus heridas hemos sido sanados". Pero esta sanidad no solamente se refiere a una sanidad física. Hay muchos que aluden a este texto únicamente para decir: "Por eso recurro a Dios, porque Él dice ahí en Isaías 53 que voy a ser sano". Y está bien, en un sentido; está bien. Cristo también logró eso, nuestra sanidad física, pero principalmente se refiere a la sanidad espiritual, a la sanidad del alma.

Y hoy estás a tiempo para entender lo que hizo Cristo en la cruz por ti. Si todavía no lo has comprendido, si todavía no te ha sido revelado, o si todavía estás en rebeldía de alguna manera, Cristo murió en la cruz por ti para darte sanidad al alma, para darnos sanidad al alma. La mayor enfermedad del ser humano es la separación de Dios causada por el pecado, porque tiene consecuencias eternas.

Así como la restauración de la comunión con Dios tiene consecuencias eternas para estar delante de Él, el rechazarle y desobedecerle también tiene consecuencias eternas: sufrir el castigo impuesto por Él, que Cristo ya absorbió en la cruz por ti. Las heridas de Cristo son nuestra medicina, son medicina para nuestra alma. Su dolor compró nuestra paz. Su quebrantamiento compró nuestra restauración en la cruz.

La gravedad del pecado y la inmensidad de Su amor

El sacrificio sustitutivo de Jesús es el recordatorio más grande de dos verdades que podemos ver. Número uno, la gravedad de nuestro pecado. La gravedad de nuestro pecado es tan terrible que requirió la muerte del Hijo de Dios. Número dos, la inmensidad de Su amor. La inmensidad de Su amor también fue tan grande que Cristo estuvo dispuesto a ocupar nuestro lugar.

Vamos a orar. Gracias, Dios, porque mandaste a Tu Hijo, Señor, y tomó nuestro lugar, Señor, en esa cruz. Hemos sido perdonados, hemos sido rescatados, ha sido restaurada la comunión entre Ti y Tu creación. Gracias porque el pago fue suficiente y podemos ver este glorioso intercambio. Gracias por todo lo que hiciste por nosotros y a favor de nosotros. En Tu nombre oramos. Amén.

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