Romanos 6RomanosNicolas Osorio
Recuerda quién eres
Transcripción
Bienvenida
Nos da gusto tenerte. Es un honor, realmente, poder tenerte aquí en la iglesia y escuchar la Palabra del Señor de Nicolás hoy. Él realmente es alguien que, pues, he aprendido de él, porque enseña en Simeon Trust, y escucho sus talleres en Simeon Trust, y también siempre que predica y comparte la Palabra es una bendición. Hoy en la tarde va a estar Nicolás hablándonos sobre tipología bíblica: qué es la tipología bíblica, cómo podemos aplicarla en nuestro estudio de la Palabra, estas imágenes que aparecen en el Antiguo Testamento. A las cinco de la tarde Nicolás va a estar compartiendo eso; es nuestra actividad hoy en la tarde.
Así que están invitados todos los que quieran venir. También vamos a hacer preguntas, a lo mejor de otras cosas, pero queremos aprovechar que está Nicolás aquí con nosotros. Así que bienvenido, Nicolás; Juanita, nos da gusto tenerlos siempre. Ya sentimos este sentido de familia con ustedes. Así que bienvenido, Nicolás.
Gracias, gracias. Muy bien, hermanos, buenos días nuevamente. Sí, es un gran honor para mí estar acá. Realmente el honor es nuestro. Con mi esposa amamos a Nathan, a su esposa, a sus hijos; amamos esta iglesia, y realmente nos encanta estar acá. ¿Necesitas algo? ¿Tengo que hacer algo? Ah, niños, pueden subir. Disfruten su clase… o subir, o ir a donde sea; no sé si es subir o bajar. Pero disfruten su clase, niños. Yo creo que estaban preocupados, como: "Ay, Dios mío, me va a tocar quedarme aquí en la predicación. No puede ser". Muy bien. Sí, es un gusto para mí estar acá y poder predicar la Palabra de Dios.
Así que, mientras los niños van a su clase, y todo ese movimiento, les pido que me acompañen a orar, que el Señor nos guíe y obre en nosotros con Su Palabra. Oremos. Nuestro buen Dios y Padre, gracias, gracias por Tu Palabra. Venimos aquí, como cantábamos hace un rato, a adorarte, adorarte, porque Tú eres el Dios verdadero, Tú eres el Creador y sustentador de todas las cosas. En Ti nos movemos, en Ti somos, en Ti existimos. Y por eso nos congregamos como Tu pueblo, para expresarle al mundo que Tú eres el verdadero Dios, y que Tu Hijo Jesucristo es el verdadero Mesías, el verdadero y único Salvador.
Y por eso necesitamos Tu Palabra, Señor, porque seguramente todos venimos aquí con dolor, con angustias, con preocupaciones, también con alegrías, con entusiasmo; posiblemente con mezcla de sentimientos, por cosas difíciles que estamos pasando, y al mismo tiempo por cosas que agradecemos profundamente. Y entonces necesitamos que Tu Palabra nos guíe para adorarte en espíritu y en verdad. Te ruego, Señor, que Tu Palabra corra y sea glorificada entre nosotros; que Tu Espíritu esté sobre nosotros para recibir Tu Palabra como lo que es: no como palabra de hombres, sino como la Palabra del Dios vivo y verdadero. Así que guíanos, ayúdanos, obra en nosotros, transfórmanos, que Tu Palabra hoy podamos ponerla en práctica para Tu gloria. Te lo pedimos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.
Recuerda quién eres
Resulta que a los seis años pasó algo importante en mi vida, algo muy importante. Lo que sucedió a mis seis años es que fui por primera vez al cine. Y la película que fui a ver —y ahí ya ustedes pueden ir calculando mi edad— fue El rey león. Ya un clásico, ¿no? Ya no es nada novedoso, aunque por ahí sacaron una película de Mufasa y eso, pero ya no es lo mismo. El caso es que fui a ver El rey león, y, por supuesto, eso fue memorable, y eso fue impactante para mí: el hecho de ir a un cine por primera vez, niños llorando cuando Mufasa murió, canciones pegajosas, ¿no?, como "Hakuna Matata", y todo eso que marcaron la infancia de mi generación.
Pero después de muchos años aprendí a analizar un poco mejor las películas, y me di cuenta, y entendí cuál es el punto máximo, el punto clímax de esa película, y cómo funciona un poco la trama de esa película. Y me di cuenta de que el punto climático de esa historia es justamente cuando Mufasa se le aparece a Simba. No sé si ustedes pueden recordar El rey león, pero Mufasa se le aparece a Simba en una visión celestial y le dice: "Tú has olvidado quién eres, y al olvidar quién eres, me has olvidado a mí". Entonces le da la frase clave de la película, que es: "Recuerda quién eres".
Eso es lo que va a darle fuerza a Simba para dejar esa vida irresponsable de "Hakuna Matata", ¿no? Esa vida que muchos jóvenes, y de hecho adultos, hoy todavía quieren tener: esa vida de "no importa nada, no hay responsabilidades; yo puedo jugar videojuegos toda la vida, y no hay problemas, y ya tengo treinta años, y eso no importa". Pero esa frase, "recuerda quién eres", le ayuda a dejar esa vida irresponsable para asumir la misión de recuperar el reino de su padre.
Pues bien, aunque eso puede sonar un poco motivacional, yo no vengo a darles una charla motivacional; hoy vengo a predicar la Palabra de Dios. Pero esa idea realmente es muy similar a un argumento de Pablo en la carta a los Romanos: abrazar nuestra identidad como hijos de Dios es fundamental para servir a Dios radicalmente, y para vivir para Su gloria, y vivir en santidad. Así que vamos a Romanos capítulo 6, y quiero mostrarles esta verdad desde la Palabra de Dios. Y mientras leemos, les pido que procuren pensar en la lectura como… tratar de conectar en su mente la relación entre identidad y vida cristiana.
Lectura: Romanos 6
Romanos capítulo 6. Voy a leer todo el pasaje; son 23 versículos. Así que les pido que disfruten la lectura. Yo sé que a veces los textos largos pueden ser incómodos, pero si ustedes lo leen con atención, van a poder percibir el argumento de Pablo, y eso va a ser muy útil para ustedes. Romanos capítulo 6 —el título de mi mensaje es "Recuerda quién eres"; recuerda quién eres—, Romanos capítulo 6, versículo 1. Esto dice la Palabra inspirada por Dios:
"¿Qué diremos, entonces? ¿Continuaremos en pecado para que la gracia abunde? ¡De ningún modo! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? ¿O no saben ustedes que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús hemos sido bautizados en Su muerte? Por tanto, hemos sido sepultados con Él por medio del bautismo para muerte, a fin de que, como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida. Porque si hemos sido unidos a Cristo en la semejanza de Su muerte, ciertamente lo seremos también en la semejanza de Su resurrección.
"Sabemos esto: que nuestro viejo hombre fue crucificado con Cristo, para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado; porque el que ha muerto ha sido libertado del pecado. Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él, sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de entre los muertos, no volverá a morir; la muerte ya no tiene dominio sobre Él. Porque en cuanto a que Él murió, murió al pecado de una vez para siempre; pero en cuanto Él vive, vive para Dios. Así también ustedes, considérense muertos para el pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús.
"Por tanto, no reine el pecado en su cuerpo mortal para que ustedes no obedezcan a sus lujurias; ni presenten los miembros de su cuerpo al pecado como instrumentos de iniquidad, sino preséntense ustedes mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y sus miembros a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no tendrá dominio sobre ustedes, pues no están bajo la ley, sino bajo la gracia. ¿Entonces qué? ¿Pecaremos porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? ¡De ningún modo! ¿No saben ustedes que cuando se presentan como esclavos a alguien para obedecerle, son esclavos de aquel a quien obedecen, ya sea del pecado para muerte, o de la obediencia para justicia?
"Pero gracias a Dios, que aunque ustedes eran esclavos del pecado, se hicieron obedientes de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fueron entregados; y habiendo sido libertados del pecado, ustedes se han hecho siervos de la justicia. Hablo en términos humanos, por causa de la debilidad de su carne. Porque de la manera que ustedes presentaron sus miembros como esclavos a la impureza y a la iniquidad, para iniquidad, así ahora presenten sus miembros como esclavos a la justicia, para santificación. Porque cuando ustedes eran esclavos del pecado, eran libres en cuanto a la justicia. ¿Qué fruto tenían entonces en aquellas cosas de las cuales ahora se avergüenzan? Porque el fin de esas cosas es muerte. Pero ahora, habiendo sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tienen por su fruto la santificación, y como resultado la vida eterna. Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro". Esa es la Palabra de Dios para nosotros hoy.
Una montaña con su cima
Hermanos, este texto, este capítulo completo… Y usted se preguntará: "¿Por qué tan…? ¿Por qué un capítulo completo?". Bueno, porque realmente están muy bien conectadas las ideas de Pablo en este pasaje. Romanos capítulo 6 funciona como una montaña. Tenemos una cima, la cima de la montaña, que son los versículos 12 y 13; hacia allá va todo el argumento de Pablo. Es el punto climático hacia donde él quiere llegar. Pero para llegar a esa cima necesitamos un escalón, una base para subir la montaña; y luego, cuando llegamos a la cima, necesitamos otro escalón para bajar la montaña y aterrizar lo que Pablo está diciendo.
De manera que el pasaje funciona de esa manera: es como un escalón para subir la montaña, versículos 1 al 11; luego, versículos 12 al 13, es la cima de la montaña, el clímax, lo que Pablo quiere finalmente decir como el punto principal de su argumento; para luego volver a bajar la montaña, aterrizarlo, versículos 14 al 23. De manera que la parte más importante de este pasaje serían los versículos 12 y 13, y lo que está pasando es que toda la gran mayoría del texto está sustentando esa idea.
¿Qué es lo que Pablo está sustentando? Bueno, está sustentando un mensaje, o un mandato, pero nos lo dice de manera negativa y de manera positiva. Es el mismo mandato, pero de manera negativa y de manera positiva, en los versículos 12 y 13. ¿Cuál es el mandato negativo? "No reine el pecado en su cuerpo mortal para que ustedes no obedezcan a sus lujurias; ni presenten los miembros de su cuerpo al pecado como instrumentos de iniquidad". Esos son los versículos 12 y 13. Entonces, Pablo nos está diciendo, de manera negativa: no usen su cuerpo así. Nos está diciendo cómo no usar nuestro cuerpo, o cómo no usar nuestra vida: no usen sus miembros para la iniquidad, no usen su cuerpo para el pecado, no dediquen su vida a la lujuria y a la maldad.
Esa es la forma negativa. Pero luego nos dice la forma positiva, versículo 13: "sino…" ¿qué cosa? Básicamente lo mismo, pero de manera positiva: presenten su cuerpo, sus miembros, a Dios como instrumentos… o "como vivos de entre los muertos, y sus miembros a Dios como instrumentos de justicia". Presenten su vida y presenten su cuerpo a Dios como instrumentos de justicia. No usen su cuerpo para la iniquidad; usen su cuerpo para la justicia, usen su cuerpo para servir a la justicia de Dios.
Tiene sentido
Esto lo sabemos todos; no estoy diciendo nada nuevo. Todos aquí llegamos a este lugar sabiendo: "Yo necesito vivir en santidad". Y eso puede sonar difícil: requiere sacrificio, requiere perseverancia, requiere disciplina, requiere dejar cosas que realmente nos gustan. Porque si el pecado no nos gustara, pues nadie pecaría, acá. La razón por la que pecamos es porque nos gusta, porque el pecado nos ofrece cosas que parecen agradables. Entonces, ante esa realidad de la dificultad de cumplir lo que Pablo está diciendo, yo tengo que decirles hoy una convicción que espero que permanezca en sus vidas.
Y si usted está luchando contra el pecado hoy —que, pues, en realidad, sería el testimonio de todos nosotros como hijos de Dios—, seguramente, si usted hoy se está sintiendo como derrotado ante el pecado, y usted tiene esa experiencia, que es típica en consejería: "Pastor, no, yo no logro vencer esto. Esto me domina", quiero decirles que tiene sentido entregar la vida entera a la justicia de Dios. Hoy quiero convencerlos de eso: tiene sentido. Yo quiero que ustedes salgan de aquí no diciendo: "Ya, ya, ya sé cómo ser santo y ser perfecto". No, seguramente no. Pero que ustedes salgan de aquí reconociendo: "Esto tiene sentido".
Tiene sentido dedicar mi vida entera, entregar la vida entera, a la justicia de Dios. Tiene sentido dedicar mi cuerpo a la justicia de Dios. Tiene sentido dedicar mi mente a la justicia de Dios. Tiene sentido dejar de ver redes sociales, si es que eso me está llevando a ver pornografía, por ejemplo, o me está llevando a comprometer mis pensamientos. Tiene sentido dejar de estar mirando catálogos de compras para evitar la codicia, por ejemplo. Tiene sentido cortar con ciertas relaciones personales, porque sé que esas relaciones personales me están llevando a tener tentaciones constantemente. Tiene sentido cambiar mis hábitos para fomentar disciplinas espirituales. Tiene sentido, y quiero convencerlos de eso.
Por supuesto, esas declaraciones tan radicales para nuestra vida diaria necesitan un argumento, y eso es lo que Pablo va a hacer. Pablo ya nos dio la cima de la montaña; ahora lo que vamos a estudiar es por qué. ¿Por qué deberíamos dedicar nuestro cuerpo y nuestra vida entera a la justicia de Dios? ¿Por qué tiene sentido? Y eso es lo que vamos a ver en esta mañana. Todo el argumento de Pablo gira en torno a la identidad; gira alrededor de la identidad del creyente. Por eso tenemos que recordar quiénes somos.
Y para eso vamos a ver esos dos fundamentos de la montaña: el escalón para subir y el escalón para bajar de la montaña. El primer escalón es porque somos uno en Cristo. Esa es la primera razón: porque somos uno con Cristo, estamos unidos a Cristo. Y la segunda razón, es decir, el escalón para bajar la montaña, versículos 14 al 23, es porque somos libres en Cristo. Somos uno con Cristo y somos libres en Cristo, y esas son las bases para esa cima de entregar nuestra vida entera a la justicia de Dios.
Somos uno con Cristo
Tiene sentido entregar la vida entera a la justicia de Dios, primero, porque somos uno con Cristo. Entonces, tenemos que enfocar nuestra mirada en los primeros versículos del capítulo, versículos 1 al 11. Y miren lo que Pablo plantea ahí. Comienza con una pregunta: "¿Qué diremos, entonces? ¿Continuaremos en pecado para que la gracia abunde?". Por supuesto, tenemos que recordar un poco el argumento de Pablo. Creo que en estos días le pregunté a alguien hace cuánto el pastor Nathan no predica Romanos, o algo así: es como varios años. Yo espero que este pasaje no lo hayan estudiado hace poco… realmente no le pregunté; debía haber preguntado.
Pero si usted recuerda cómo está organizado Romanos, pues Pablo se ha enfocado en los primeros capítulos a hablar de la justificación, de cómo podemos llegar a ser justos delante de Dios: no por nuestras obras, sino por nuestra posición delante de Dios en Cristo, por la obra de Cristo, por medio de la fe en Él. Y, por supuesto, eso todo es gracia, como escuchábamos hoy en la reflexión de la Cena: gracia. Entonces Pablo termina, de hecho, el capítulo 5 diciendo que "la ley se introdujo para que abundara la transgresión; pero donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia, para que, así como el pecado reinó en la muerte, así también la gracia reine por medio de la justicia para vida eterna, mediante Jesucristo nuestro Señor".
¿Por qué no?
Pablo termina hablando de la gracia de Dios y mostrando cómo nuestra salvación es una muestra de gracia. Y entonces Pablo tiene que preguntar: "Bueno, pero entonces hagamos la pregunta que de pronto algunos están haciendo: si yo soy salvo por gracia, pues entonces no importa si yo peco, ¿no? Finalmente soy salvo por gracia, y no hay un pecado tan grande que yo pueda cometer como para que Dios me quite Su salvación. Así que, pues, podemos seguir pecando para que la gracia abunde". Entonces, la respuesta de Pablo es: no. Pero lo importante de la respuesta no es el "no", sino el "¿por qué no?".
Porque es importante que usted se haga la pregunta. Si usted dice: "No, no, no, eso no se puede, y ya, punto; no me importa por qué no se puede", entonces usted puede empezar a vivir una vida legalista de: "Ah, yo simplemente sé que no debo hacer esto porque mi religión me lo prohíbe". Usted siempre necesita preguntar por qué. "¿Por qué? Yo quiero entender por qué no tiene sentido pecar".
Y eso es lo que va a desarrollar de ahí en adelante el apóstol Pablo. Y la respuesta que da inmediatamente es una verdad que es fundamental para el cristianismo, y que lamentablemente muchos creyentes no entienden. Yo quiero que usted haga el ejercicio: si alguien le pregunta —si yo le pregunto acá—: ¿cómo es que la muerte de Jesús nos salva a nosotros? Piense qué respondería usted rápidamente. ¿Cómo funciona eso? Porque, sí, todos sabemos: somos salvos por la fe, porque Jesús murió. Pero ¿cómo es esa dinámica? ¿Cómo es que el hecho de que Jesús haya muerto hace dos mil años me salva hoy? ¿Cómo se conecta mi vida con la muerte de Jesús, de tal manera que esa muerte tenga un efecto en mí?
Bautizados en Su muerte
Entonces, lo que Pablo va a explicar es justamente eso: cómo es que la muerte de Jesús tiene un efecto en nosotros. La respuesta de Pablo, básicamente, es el versículo 3: "¿O no saben ustedes que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús hemos sido bautizados en Su muerte?". Es decir, Pablo está afirmando algo. Es una pregunta retórica; cuando usted encuentra una pregunta retórica, lo que está encontrando es una afirmación, realmente: todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús hemos sido bautizados en Su muerte. Y noten que no dice "agua". No: "todos los que fuimos bautizados en agua"; no dice eso. Dice: "todos los que hemos sido bautizados en Él".
Porque Pablo está usando una ilustración que nos ayuda a entender muy claramente esta doctrina preciosa y sumamente importante para nosotros, que es lo que llamamos la unión con Cristo. Y la ilustración es el bautismo. ¿Qué pasa si usted tiene un balde de agua y mete su mano en el balde? ¿Qué sucede cuando saca la mano? Pues está impregnada de agua. Usted y el agua son dos cosas diferentes, pero cuando usted mete la mano en el agua, sumerge o bautiza su mano en el agua, pues ahora el agua lo ha impregnado a usted. Así sucede con la fe: es como sumergirnos en Jesús.
El fuego, el matrimonio y el voto
Sucede también… Y en realidad, esto de la unión con Cristo puede que para muchos suene raro, como: "¿Cómo así que yo soy uno con Cristo?". Pero eso no es nada extraño en nuestra experiencia. En estos días está haciendo bastante frío aquí en la Ciudad de México; entonces, de pronto usted tiene una chimenea. ¿Qué pasa si usted enciende el fuego en la chimenea y usted se acerca al fuego? Pues sucede algo como una especie de contagio. Usted no puede volverse fuego, pero usted sí puede recibir el calor del fuego. Y ese calor, que no le pertenece a usted, le pertenece al fuego, ahora entra en su sistema, y ahora usted se siente caliente. El calor viene a ser suyo porque usted se acercó al fuego.
Y suceden otras experiencias en la vida. Por ejemplo, en el matrimonio: una pareja se casa y —esperemos que no suceda—, pero después de un tiempo se divorcian. ¿Qué pasa ahí? Hay que dividir; es casi como una muerte, ¿no? Todas las posesiones van cincuenta a cincuenta, porque eran uno. El matrimonio es un acto vinculante: "Ahora soy uno con esta persona". Y más allá del tema romántico, ¿no?, como: "Ah, sí, yo soy uno contigo y te amo con todo mi corazón"… no, no es algo romántico; es algo muy real. Todo lo que yo haga le afecta a ella, y lo que ella haga me afecta a mí. Estamos vinculados.
Y sucede incluso, por ejemplo, con un presidente. Votar es un acto vinculante, ¿no? Porque usted vota por alguien, y ahora está diciendo: "Yo quiero que esta persona me gobierne", y lo que haga esa persona me va a afectar a mí. Se está uniendo a alguien, de alguna manera. Eso es lo que sucede en la unión con Cristo. La fe es un acto vinculante. La fe es como acercarnos al fuego; la fe es como sumergir la mano en el agua. Nosotros nos sumergimos en Cristo, y ahora estamos impregnados de Él, contagiados por Él. Todo lo que es Él nos contagia a nosotros.
Muertos al pecado
Ahora, tal vez la más clara definición de esta doctrina es Gálatas 2:20, que posiblemente usted se sabe de memoria: "Con Cristo estoy juntamente crucificado…". Y noten las expresiones de Pablo: "Ya no soy yo el que vive". Yo, ahora, es Cristo en mí. "Yo ya no soy yo; soy Cristo en mí". "Y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a Sí mismo por mí". Por eso es que la fe salva. Mira el versículo 6 de Romanos 6: "Sabemos esto: que nuestro viejo hombre fue crucificado con Cristo, para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado; porque el que ha muerto ha sido libertado del pecado".
Claro: cuando nos unimos a Cristo, Su muerte es nuestra muerte. Por eso es que la muerte de Jesús salva. La fe es un acto vinculante en el que la muerte de Jesús viene a ser su muerte. Así que usted ha muerto al pecado. Tiene sentido. Pero el argumento de Pablo va más allá, porque Pablo no solamente está diciéndonos: "Ustedes ya murieron al pecado". Eso es parte del argumento, muy importante. Pero Pablo da un paso más adelante. Dice: "No solo ustedes han muerto, sino que hay otra cosa que se les ha pegado a ustedes. Hay otra cosa de la que ustedes se han contagiado al creer en Jesús: no solamente de Su muerte, sino que además se han contagiado de…" ¿qué?
Vivos para Dios
Versículo 5: "Porque si hemos sido unidos a Cristo en la semejanza de Su muerte, ciertamente lo seremos también en la semejanza de Su resurrección". Ustedes no solamente han sido contagiados de la muerte de Jesús; han sido contagiados de la vida de Jesús. Eso implica que la obra de Cristo tiene un efecto en nosotros no solo para morir al pecado, sino para comenzar a vivir diferente, para tener una nueva vida. O, como lo dice el versículo 4: "Hemos sido sepultados con Él por el bautismo para muerte, a fin de que, como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida", en una vida nueva. Por eso es que nosotros podemos andar en santidad.
Nuevamente, es como el matrimonio. Imagínese a una pareja recién casados. Llegan a la oficina del pastor, y le dicen al pastor —o, bueno, el hombre le dice al pastor—: "Bueno, pastor, ya nos casamos, y la estamos pasando bien, y el matrimonio es bonito, y gracias, y gloria a Dios por eso. Pero tenemos ya un inconveniente, nuestro primer inconveniente, pastor". "¿Cuál es?". "Pues que ahora ella me dice que no me puedo gastar todo mi salario en videojuegos. Ayúdeme a resolver eso. Dígale a mi esposa que yo sí puedo". ¿No? ¿Qué respondería ese pastor? Bueno, tal vez yo le respondería: "En primer lugar, tú no entendiste qué es el matrimonio, ¿cierto? No entendiste de qué se trata estar casado".
"Ahora ella tiene derecho sobre tu salario, así como tú sobre el de ella, y tú no puedes hacer lo que quieras. Tú no puedes seguir viviendo como un soltero que se gasta todo su dinero en videojuegos, 'Hakuna Matata' y todo eso. No, porque ahora estás casado". Hermanos, es terriblemente peligroso entrar a un matrimonio sin saber qué es el matrimonio. Pero es mucho más grave entrar al cristianismo —decir: "Sí, yo soy cristiano; sí, sí, yo creo"— sin entender la fe; pretender que yo puedo creer en Jesús y continuar viviendo igual que antes. Porque el problema es que ser unido a Jesús es ser vinculado a Jesús por la fe, y eso implica que la vida entera cambia.
Miren lo que dicen los versículos 10 y 11: "Porque en cuanto a que Él murió, murió al pecado de una vez para siempre; pero en cuanto Él vive, vive para Dios". Ahora, el problema es que nosotros hemos sido vinculados a Aquel que murió al pecado, pero vive para Dios. Entonces, la conclusión más lógica, versículo 11, es: "Así también ustedes, considérense muertos para el pecado, pero vivos para Dios". Toda nuestra vida, al ser unidos a Jesús, es nueva, porque ahora vivimos para Él.
Hermanos, ahora nosotros nos despertamos, nos levantamos, comemos, leemos, oramos, nos bañamos, nos vestimos, caminamos o conducimos un carro, trabajamos, hablamos, descansamos, jugamos, reímos, escuchamos música, vemos televisión, dormimos: todo para Dios. De eso se trata ser creyente. Todo lo que hacemos es para Él; toda nuestra vida es para Él. Es de Él, es por Él y es para Él. Y si usted dice: "Ah, pero yo no me había comprometido a eso cuando dije que era cristiano"… entonces usted no entendió de qué se trata el cristianismo. Estamos vinculados a Aquel que vive para Dios: "Así también ustedes, considérense muertos al pecado, pero vivos para Dios". Por eso, hermanos, tiene sentido entregar la vida entera a la justicia de Dios. Si hoy usted está luchando, diciendo: "Sí, pero es que yo no puedo"… Listo, es difícil, no se lo voy a negar. Pero tiene sentido, porque usted ha sido impregnado de resurrección; usted ha sido impregnado de vida, de la vida de Jesús en usted. Ahora la vida de Jesús es parte de su sistema. Tiene todo el sentido que ahora usted entregue su vida entera a la justicia de Dios.
Tiene todo el sentido cerrar redes sociales, si es necesario. "Uy, no, pastor, es que ¿cómo vamos a llegar a ese extremo? ¿Me desconecto del mundo entero?". Bueno, si eso le ayuda a vivir para Dios, tiene sentido. Cortar relaciones: "No, pero es que es mi amigo de toda la vida". Tiene sentido entregar la vida entera para la justicia de Dios. Tiene sentido rendir cuentas. "No, pastor, esa es mi vida privada; yo no quiero que nadie se meta en mi vida". Bueno, tiene sentido rendir cuentas a su pastor, a sus pastores, a su iglesia, a sus hermanos. Tiene sentido rendir cuentas, y que otros se metan en su privacidad, porque usted ahora vive para Él.
Tiene sentido dejar de ver, dejar de escuchar, dejar de tocar, si es necesario. No simplemente porque toca; no porque mi religión me lo prohíbe, sino porque soy uno con Él. La vida de Él es mi vida; ahora estoy vivo para Dios.
Somos libres en Cristo
Pero no solamente por nuestra unión con Cristo, sino aquí hay otra razón. Ya subimos la cima; ya llegamos al versículo 12, que dice: "Entonces, no reine el pecado en su cuerpo mortal", sino, más bien, usen sus miembros para la justicia de Dios. Ya llegamos a la cima. Pero hay otra razón, y por eso ahora tenemos que bajar al segundo escalón, que es: porque somos libres en Cristo. No solamente porque somos uno con Cristo, sino porque somos libres. Versículos 13 y 14; miren cómo se relacionan. Dice el versículo 13: "Sino preséntense ustedes mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y sus miembros a Dios como instrumentos de justicia". Porque —aquí está la razón—: "el pecado no tendrá dominio sobre ustedes".
Y luego está esta famosa frase de "no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia". Y esa frase realmente Pablo no la va a desarrollar en este pasaje, así que no me voy a quedar ahí. Tenemos que entender el capítulo 5, y luego el capítulo 7, para desarrollar un poco más esa frase de "no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia", qué significa eso. Yo no me voy a meter por ahí, pero sí voy a abordar la primera parte de ese argumento de Pablo, que es: "el pecado no tendrá dominio sobre ustedes". ¿Por qué? ¿Cómo podemos estar seguros de que el pecado no tendrá dominio sobre nosotros? ¿Qué significa eso?
Bueno, miren el versículo 17: "Pero gracias a Dios, que aunque ustedes eran esclavos del pecado, se hicieron obedientes de corazón a aquella forma de doctrina a la que fueron entregados; y habiendo sido libertados del pecado, ustedes se han hecho siervos de la justicia". Entonces, lo que Pablo está diciendo es: la razón por la que el pecado no tiene dominio sobre ustedes es porque ustedes ahora son libres del pecado. Son libres; han sido libertados.
Un mejor amo
Pero tenemos que entender bien ese concepto de libertad, porque es muy extraño este concepto de libertad en este pasaje. Y si no entendemos bien el concepto de libertad, entonces podemos terminar usando esa libertad como pretexto para la carne, ¿no?, como dice Pedro. Entonces, ¿qué es libertad en este pasaje? Bueno, de hecho, el versículo 18 ya nos dijo algo muy raro: "Habiendo sido libertados del pecado, ustedes se han hecho…". ¿Cómo así? ¿No que era libre? No: "siervos de la justicia". "Yo pensé que ya no tenía que servir a nadie". Si yo fui hecho libre, mi lógica me dice que entonces yo ya no tengo que ser esclavo de nadie, que yo no tengo que servir a nadie. En otras palabras, ser libre es como no tener amo.
Pero esa no es la libertad de la que habla este pasaje. Mira el versículo 19. El 19: "Hablo en términos humanos, por causa de la debilidad de su carne. Porque de la manera que ustedes presentaron sus miembros como esclavos a la impureza y a la iniquidad, para iniquidad, así ahora presenten sus miembros como esclavos a la justicia, para santificación". Entonces uno dice: "Ah, pero ¿qué clase de libertad es esa? Yo pensé que iba a ser libre para hacer lo que yo quisiera". No. Ser libre, de acuerdo con este pasaje, no es no tener amo, ni ser nuestro propio amo, sino que es tener un mejor amo. Eso es ser libres: tener un mejor amo, que Dios sea nuestro amo, y que nosotros seamos esclavos de Su justicia.
Y entonces usted tiene que preguntar, siempre pregunte: "Pero ¿por qué? ¿Por qué eso es libertad? ¿Por qué ser libre no es que yo sea mi propio amo? ¿Por qué ser libre es que Dios sea mi amo?". La respuesta se la voy a dar en una frase, pero después voy a usar una ilustración de Piper que es muy útil para explicar eso, y espero que lo pueda entender muy claramente. ¿Por qué ser libre no es que yo sea mi propio amo, que yo decida lo que quiero hacer, como "Hakuna Matata", sino, más bien, que Dios sea mi amo? La respuesta es: porque siendo esclavos de la justicia, o siendo esclavos de Dios, es la única manera en la que podemos dar fruto de vida y no de muerte.
El paracaídas
Entonces, lo voy a presentar de esta manera. Algunos dirían: ¿qué puede ser más libre que volar? ¿No le parece? Si usted pudiera volar… Y con esa mentalidad, algunos deciden hacer la locura de lanzarse de un avión con un paracaídas en la espalda, y piensan que eso es ser libre: pues, ¿qué puede ser más libre que saltar de un avión a 10,000 pies de altura y sentir que estamos volando? Hay un pastor en mi iglesia que, en su vida pasada, estuvo en el ejército, algo así, y se la pasaba saltando en paracaídas. Y dice: "Eso es adictivo", ¿no?; uno quiere volver a hacerlo una y otra vez.
Pero el caso es que, imagínese, usted salta del avión y va descendiendo, y usted siente que está volando, pero de repente se da cuenta de que su paracaídas no abre. ¿Puede imaginarse la sensación? Yo creo que no podemos imaginarnos… de pronto, algo; no podemos alcanzar a sentir el pánico y el terror que debe ser que ese bendito paracaídas no abra. En ese instante, cuando usted se da cuenta de que el paracaídas no abre, se acabó la libertad. Ya usted no es libre, porque usted no puede cambiar el resultado. No importa si usted siente que está volando: usted no es libre si no puede cambiar el hecho de que, cuando llegue a tierra, va a quedar embarrado en el piso, y lo único que va a encontrar es la muerte.
Así que, por más que usted sienta que está volando, no es libre. Más bien, libertad es lanzarse en paracaídas, disfrutar el descenso y vivir para contarlo. Eso sí es ser libre. Por eso, hermanos, ser libre no es ser nuestro propio amo. Usted puede ser su propio amo; inténtelo. El problema es que solo tiene una vida para intentarlo, ¿no? Pero inténtelo: viva siendo su propio amo. El problema es que al final va a encontrar muerte, y eso no es ser libre. El problema es que al final usted se va a dar cuenta de que vivir simplemente haciendo lo que me gusta, y disfrutando todo para mis propias pasiones y mis deseos, finalmente va a terminar en algo que se llama infierno. Y eso no es ser libre. Pero si usted es siervo de Dios y esclavo de la justicia, el fruto es muy distinto. Mire el versículo 21: "¿Qué fruto tenían entonces en aquellas cosas de las cuales ahora se avergüenzan? Porque el fin de esas cosas es muerte. Pero ahora, habiendo sido libertados del pecado y siendo hechos esclavos" —o siervos— "de Dios…", el fruto es muy distinto: "tienen por su fruto la santificación, y como resultado la vida eterna". Ser libre es saber que lo que usted está haciendo con su vida va a resultar en vida. Eso sí es ser libre. De manera que nosotros, como amos, no servimos para nada, porque finalmente nos vamos a entregar al pecado, y la paga del pecado es ¿cuál? Muerte. El pecado es muy mal amo, porque usted le sirve, y le sirve, y le sirve toda su vida, y después, al final, lo que le paga es muerte.
Pero así somos nosotros también, si dominamos nuestra propia vida. Entonces, la única forma de ser libres… Si usted hoy sabe que está esclavizado por el pecado, si usted hoy sabe que está entregado a una vida de pecado, la única forma en la que usted puede ser libre no es siendo su propio amo, sino teniendo un mejor amo, ese amo que le ofrece vida si usted se esclaviza a Él. Y ahora sí usted va a entender qué es ser cristiano. Yo no le estoy diciendo que ser cristiano es que usted ya no tiene que servir a nadie. No; estoy diciendo que ser cristiano es servir al mejor amo que podemos servir. Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna.
Recuérdele a su alma
Hermanos, servir al pecado es esclavitud; servir a la justicia de Dios es libertad. Ustedes necesitan recordarle eso a su alma: "Yo soy libre del pecado. Así que hacer eso, ver eso, no tiene sentido; la paga de eso es muerte, finalmente. La dádiva de servir a mi Dios es vida, y yo quiero llegar al piso con vida y contarle a todo el mundo: es maravilloso saltar del avión con el paracaídas funcionando". Recuérdele a su alma, a sus deseos, a sus impulsos: "Yo no tengo que servir al pecado. Yo ya no soy esclavo de eso".
Y entonces usted va a disfrutar una vida de libertad, una vida en donde usted no tiene que hacer una fachada. Porque si alguno aquí está con una fachada, con esa cara feliz —en Bogotá diríamos "de ponqué", ¿no? Ah, bueno, para ustedes es el pastel: cara de pastel—… ¿Qué es cara de pastel? Como: todo perfecto, todo sonriendo, y llego a la iglesia y pongo mi cara de pastel: "Ah, todo está bien". Pero yo sé que por dentro mi vida es un caos, un desastre. Eso no es libertad. Usted no puede ser libre ni en la iglesia.
No es libre vivir una vida doble. No es libre tener que esconder cosas, guardar secretos, y saber, ahí en la mente, todo el tiempo retumbando, ¿no?, como: "Esto pasó, esto hice, y nadie lo sabe". No poder hablar con nuestra esposa o esposo con transparencia; no poder llegar a mi casa y decirle de verdad a mi esposa: "Mi amor, te amo, y todo está bien"; hablar con nuestros hermanos con tranquilidad, porque todo lo que dicen nos hace sentir juzgados. Eso no es ser libre. Libertad es poder vivir en paz, con gozo, sin pecado. Hermanos, ustedes han sido liberados para servir a la justicia. Por eso tiene sentido entregar la vida entera a la justicia de Dios.
Recuerda quién eres
Así que termino diciéndoles: recuerden quiénes son ustedes. Recuerda quién eres. Al olvidar quién eres, es fácil pensar que tu vida es una vida de satisfacer deseos, de ganar dinero, de ser exitoso en este mundo, de agradar a los demás, porque has olvidado que eres uno con Cristo; que Su muerte ahora es tu muerte, pero además Su vida es tu vida. Tú ya no vives; es Cristo en ti. Y además eres libre de eso, libre del pecado, para tener fruto de vida eterna. Por eso Pablo simplemente dice: "Considérense a ustedes mismos" —entiéndanse— "muertos al pecado, pero vivos para Dios".
Considérense uno con Cristo; considérense libres del pecado; y considérense agentes de santificación y vida eterna, para ustedes mismos e incluso para otros. Tiene sentido dedicar la vida entera a la justicia de Dios. Lo único que tienes que hacer es: recuerda quién eres.
Oración
Vamos a orar. Padre celestial, te ruego que nos ayudes, porque todos aquí estamos en esta lucha constante, permanente, con nuestros pensamientos, con nuestros deseos y con nuestras acciones. Y te damos gracias por recordarnos, y darnos fuerza espiritual a través de la verdad del evangelio, de que somos uno con Cristo y que estamos vivos para Ti. Todo lo que somos es para Ti, porque tenemos la vida de Cristo en nosotros. Somos libres del pecado para ser Tus esclavos, de manera que vamos a obtener vida al final. Ayúdanos a recordar que tiene todo el sentido dedicar nuestra vida entera a Tu justicia, y danos la fuerza para hacer los cambios que hay que hacer. Te lo pido en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.
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