1 Pedro 4:7-111 PedroAlfredo Carrillo
Una iglesia que vive para el fin
Transcripción
Lectura de 1 Pedro 4:7-11
¿Ya están listos? 1 Pedro 4:7-11: "Pero el fin de todas las cosas se acerca. Sean, pues, ustedes prudentes de espíritu sobrio para la oración. Sobre todo, sean fervientes en su amor los unos por los otros, pues el amor cubre multitud de pecados. Sean hospitalarios los unos para con los otros, sin murmuraciones. Según cada uno ha recibido un don especial, úselo sirviéndose los unos a los otros como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. El que habla, que hable conforme a las palabras de Dios; el que sirve, que lo haga por la fortaleza que Dios da, para que en todo Dios sea glorificado mediante Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el dominio por los siglos de los siglos. Amén".
Señor, lo único que quiero pedir esta mañana es que Tú seas en mí, que Tu Espíritu Santo hable a través de mí. No permitas que de mi boca salga, Señor, palabra que no sea Tuya. No permitas que no pueda honrarte y glorificarte, Señor, exponiendo Tu Palabra. Y te ruego por Tu iglesia, Señor, por esta iglesia en Cuajimalpa, Padre: prepara sus corazones, sus oídos, que estemos atentos. Y gracias por Tu misericordia y por Tu amor en Cristo Jesús. Amén.
Las advertencias que nadie creyó
He tenido mucha lucha; de hecho, mi iPad hace rato no quería funcionar. No sé por qué, no me dejaba abrir el archivo. Tenía un poco de distracción, pero, bueno, eso es lo que quiere Satanás: quiere distraernos, quiere desprevenirnos. Y voy a contarles una anécdota antes de continuar con nuestro texto de hoy. El título de este sermón dice: "Una iglesia que vive para el fin". Y este texto habla del fin de los tiempos. Sí: amando, sirviendo y orando.
En 1963 hubo una catástrofe que destruyó seis aldeas en un estrecho valle de los Alpes italianos. Quiero que pongan atención, por favor. La causa fue que se deslizó una parte del monte Toc, que hizo desbordar un lago artificial construido arriba. Lo que hizo especialmente doloroso este siniestro, en el que millares de personas hallaron la muerte, fue que no faltaron las advertencias previas, ya que signos precursores del derrumbamiento habían sido notados desde la época en que se terminó la represa, en 1961. Los geólogos habían advertido aberturas que se habían ido ensanchando.
Unos 10 días antes del deslizamiento, técnicos de una oficina nacional habían señalado el peligro como inminente, y el alcalde había hecho colocar un aviso de peligro. Medios de transporte habían sido puestos a la disposición de la gente, pero la mayoría de los habitantes no creían en este peligro que iba a haber. Desde hace muchos años, el evangelio advierte del juicio que va a tener lugar sobre el mundo. Les suplica que se pongan al abrigo reconciliándose con Dios por medio de Jesucristo. Y, sin embargo, muchos desoyen tales advertencias.
Una carta a cristianos perseguidos
La primera carta de Pedro fue escrita a cristianos perseguidos. Cuenta la historia que el emperador Nerón, en su afán de siempre llevar a cabo que el Imperio romano fuera esplendoroso, dicen que quizás quiso reconstruir la ciudad, y ¿qué hizo? Algunos saben: incendió Roma. Entonces, incendió Roma, pero ahí no le importaba ni su propio pueblo. Las personas se quedaron sin hogar y sin ninguna esperanza, porque sus dioses les fallaron. Se quemaron sus templos, se quemaron sus ídolos. De alguna manera, su cultura había sido destruida, sus raíces, algo en lo que los romanos tenían su gloria.
Entonces el pueblo se empezó a voltear, empezó a airarse el pueblo con Nerón. Nerón tenía que encontrar la solución para redirigir esta ira. ¿Qué es lo que hizo? Bueno, Nerón difundió la idea de que los cristianos habían provocado el incendio. ¿Quién mejor como chivo expiatorio? Echarle la culpa a otro. Los cristianos ya de por sí eran perseguidos por la asociación con los judíos. Entonces, ¿qué mejor que echarles la culpa a los cristianos de que ellos habían provocado el incendio?
Entonces, los cristianos a los que iba dirigida esta carta estaban en esta situación de persecución. Se estaban desalentando, se estaban desanimando, quizás empezaban a dudar de su fe; pero Pedro les estaba recordando que había un propósito escatológico —nos gustan esos términos, ¿verdad?—: el fin de los tiempos se acercaba, la segunda venida de Cristo estaba pronta. Es lo que les decía. Por lo tanto, necesitaban fortaleza espiritual por su sufrimiento y para su sufrimiento. Y Pedro los animaba con esta carta, con la ayuda del Espíritu Santo, recordándoles ¿qué cosas? Su salvación; recordándoles que son ejemplos de los inconversos, y recordándoles que el Señor viene pronto. Amén.
¿De veras queremos que venga pronto? Bueno, vamos a ver lo que dice la carta. Entonces veremos si queremos que venga pronto. Es un buen deseo, claro que sí, pero hay advertencias. Podemos ahora encontrar en nuestro texto cinco puntos, que vamos a ver ahí en pantalla. Vamos a encontrar que Pedro le dice a la iglesia que debe estar preparada para el fin. Número dos, que una iglesia que está preparada para el fin es ferviente en amor. Una iglesia que está preparada para el fin es práctica. Una iglesia que está preparada para el fin es servicial. Y una iglesia que está preparada para el fin tiene una meta hacia donde va a llegar: la meta del fin.
Una iglesia preparada para el fin
"Pero el fin de todas las cosas —versículo 7— se acerca. Sean, pues, ustedes prudentes y de espíritu sobrio para la oración". Preparada para el fin. Cada que estemos viendo punto por punto, quiero que nos hagamos esta pregunta personalmente: ¿estoy preparado para el fin? ¿Nuestra iglesia está preparada para el fin? Pablo... Vero, perdón, me equivoqué de apóstol: Pedro. Hay dos cosas que nos está mostrando en este texto. Nos está enseñando algo indicativo, que es lo que va a suceder, la razón por la cual tenemos que prepararnos; pero también nos va a dar cosas imperativas: ¿qué es lo que tenemos que hacer, de acuerdo a la indicación que Pedro está dando a la iglesia?
La realidad: hay una realidad que está sucediendo en aquel entonces en la iglesia a la que Pedro escribe —en el Ponto, en Galacia, dice en el capítulo 1, cuando Pedro empieza a escribir la carta—; hay una realidad. Todos estamos conscientes también de que hay una realidad ahora. Es una realidad inminente. ¿Y cuál es esa realidad inminente? Que se acerca la segunda venida, que ya es el fin de los tiempos. En aquel entonces, para los cristianos de esa época, también ya estaba cerca la venida del Señor. Cuánto más ahora la realidad es inminente; el fin es inminente.
Pedro no está especulando una fecha, como algunos pastores profetizan o han profetizado que el fin del mundo ya está en tal fecha. Pablo no estaba haciendo esto, especulando sobre la fecha. Enfatiza Pablo a la iglesia que, desde que el Señor Jesucristo subió a los cielos, de ahí se espera ya la segunda venida; y enfatiza de qué manera debemos vivir los últimos tiempos. Entonces, hermanos, si para los primeros cristianos esto era inminente, ya estaba cerca, cuánto más para nosotros. Preparada para el fin: la realidad es inminente.
Mateo 24:6 dice así: "Ustedes van a oír de guerras y rumores de guerras. ¡Cuidado! No se alarmen, porque es necesario que todo esto suceda; pero todavía no es el fin". Entonces hay algo que decimos, que se llama: estamos en el "ya, pero todavía no". Vivimos en un mundo que a menudo nos distrae. Hay muchas cosas que nos distraen y nos hacen olvidar las cosas que de verdad importan, las cosas que nos sirven para la eternidad. El mundo nos distrae con viajes, el mundo nos distrae con mejores empleos. El mundo nos distrae, de hecho, hasta con mejores opciones de socializar, clubes, y nos olvidamos de que hay un cuerpo al que pertenecemos. Nos olvidamos de que Cristo viene.
Vivimos en un mundo marcado por las cosas instantáneas. Queremos todo ya, y a veces nos desesperamos porque el Señor no vemos que venga; queremos que sea instantáneo. Nos gustan las cosas instantáneas, todo con un clic; cosas que nos distraen y muchas veces nos quitan la esperanza. Y debido a que el fin se acerca, dice Pedro que debemos vivir en sobriedad.
Y vamos a ver qué es sobriedad, en amor ferviente y servicio fiel para Dios también. En Lucas 21:34-36 dice así: "Estén alerta, no sea que sus corazones se carguen con disipación, embriaguez y con las preocupaciones de la vida, y aquel día venga súbitamente sobre ustedes —perdón—, que venga súbitamente sobre ustedes como un lazo; porque vendrá sobre todos los que habitan sobre la superficie de toda la tierra. Pero velen en todo tiempo, orando para que tengan fuerza para escapar de todas estas cosas que están por suceder, y puedan estar en pie delante del Hijo del Hombre".
Urgencia, no pánico
¿Te causa pánico hablar del fin? No debería causarnos pánico, sino una urgencia; una urgencia santa, una urgencia a la santidad, para vivir con el propósito por el que fuimos creados, para vivir con el propósito por el que fuimos rescatados. Esa es la urgencia, no el pánico. Lamentablemente, conozco hermanos que sí viven en pánico cuando les hablan de la muerte. De hecho, viven en pánico cuando les dices: "Ya que venga el Señor". "¿Quieres que venga el Señor?". "No, todavía no. Tengo muchas cosas que hacer todavía". Desean que venga, pero que no venga.
La historia avanza hacia el juicio final. Y Pedro está precisamente hablándoles a los cristianos: no solamente hay un juicio final para aquellos que son inconversos; hay un juicio final para nosotros también. ¿Qué es lo que hicimos para el Señor? ¿Qué hicimos para Su reino? Entonces, necesitamos ser renovados, nuestras mentes, para que sean sobrias. ¿Para qué? Para compartir con urgencia el evangelio. Hoy nos hablaba Jorge de eso: ir a compartir el evangelio allá a Veracruz. Pero para eso necesitamos ser sobrios.
Prudentes y sobrios para la oración
Esa es la actitud: y prudentes. ¿Qué significa ser prudente? Tener autocontrol, no dejarse llevar por las pasiones. A veces somos muy viscerales: actuamos con la barriga y no con el discernimiento, y el corazón, y la oración del Señor, y la Palabra. La dejamos a un lado, nos dejamos llevar por las pasiones, por el pánico y las distracciones del mundo. Eso no es tener autocontrol. Y no solamente significa tener autocontrol: "Ah, es que no me provocas ahí y yo me contengo". Va más. Significa también que no tengamos un fanatismo desequilibrado respecto a las cosas futuras, pero que tampoco tengamos indiferencia hacia las cosas futuras. No caer en los dos extremos.
Tenemos que ser prudentes para la oración. Dice que no haya nada que estorbe nuestra oración. Más atrás, en esta misma carta, dice Pedro... les dice a los maridos: ¿cómo estamos con nuestras esposas? ¿Qué es lo que está estorbando nuestras oraciones? 1 Tesalonicenses 5:2-3 dice: "Pues ustedes mismos saben perfectamente que el día del Señor vendrá así como el ladrón en la noche; que cuando estén diciendo: 'Paz y seguridad', entonces la destrucción vendrá sobre ellos repentinamente, como dolores de parto a una mujer que está encinta, y no escaparán". Está siendo prudente, para esperar el fin y estar preparado.
Sobrios. Sobrio es lo contrario de un ebrio. Un ebrio no tiene autocontrol. Un ebrio está perdido con aquello que le da un placer momentáneo y se deja llevar por él. Un sobrio tiene la mente disciplinada y equilibrada mediante la constante influencia de la Palabra de Dios. Así debemos ser: sobrios. ¿Con qué estamos llenando nuestra mente? ¿Para qué? Para que podamos ver la realidad. Un ebrio no puede ver la realidad; de hecho, tiene alucinaciones. Una mente distraída no puede interceder; una mente vigilante sí.
Y eso es lo que hablaba acerca de qué está estorbando nuestra oración. Y esto va para mí primero, lo que voy a decir. Adelante. No quiero evidenciar a nadie, pero solo quiero que levanten la mano los que no viven en la delegación Cuajimalpa. Bájenla. Los miércoles de oración, a las 7 de la noche, a veces son muy poquitos; digo "son" porque a veces yo no vengo. ¿Qué nos está distrayendo de la oración? ¿Qué nos pesa? ¿Cuánto tiempo oramos en nuestra propia casa? No estoy excluyendo a los que levantaron la mano, pero podrían tener un pretexto: que viven a 2 horas de Cuajimalpa. Pero los que vivimos a 5 minutos, ¿cuál es nuestro pretexto?
Sobrios para orar, para estar vigilantes en oración. ¿Cómo podemos interceder si somos dos o tres, a lo máximo 10? Yo recuerdo que hace años el miércoles de oración se veía como ahorita. Y esto es duro para mí, porque yo he faltado. Prudentes y sobrios. 1 Pedro 5:8 dice también: "Sean de espíritu sobrio, estén alerta. Su adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quién devorar". ¿Estás consciente de eso? Antes de tomar cualquier acción, cualquier cosa que quieres hacer, consultas al Señor, porque él está al acecho, buscando a quién devorar.
¿Qué quiere de la iglesia Satanás? Destruirla. "No oren. Se los ruego, que no oren". Entonces seremos destruidos. "No seamos prudentes, no seamos sobrios", para que seamos destruidos. Entonces, eso no es lo que está pidiendo Pedro a la iglesia. El fin se acerca. El fin es inminente. ¿Cómo quieres que el Señor te encuentre el miércoles a las 7? ¿En tu casa viendo tele, palomitas, Netflix, o aquí en oración? ¿El domingo por la mañana, con los hermanos en comunión, sobrios, prudentes? Una iglesia que está preparada para el fin, que vive para el fin, es prudente y sobria.
Una iglesia ferviente en amor
Punto número dos: una iglesia que está preparada para el fin, y que vive para el fin, es ferviente en amor. Dice Pedro: "Sobre todo, sean fervientes en su amor los unos por los otros, pues el amor..." ¿qué dice? "Cubre multitud de pecados", cuando hay un amor como el de Cristo. El amor debe ser una prioridad. Como cristianos, el amor debe ser una prioridad para nosotros. Éramos enemigos de Dios, merecíamos el infierno, pero Dios nos amó a pesar... No como... no "me amó tal y como soy", porque ni me aceptaba: me amó a pesar de lo que era.
El amor es superior a cualquier otra actividad comunitaria. Podemos tener muchas actividades comunitarias, pero, si no hay amor, de nada sirve. Dice 1 Corintios 13 que es como un címbalo que retiñe, como un metal que resuena hueco. Dice, entonces, que nuestro amor como cristianos entre nosotros debe ser superior a cualquier actividad y a cualquier otra cosa. Pero ¿qué más dice la Escritura? Que el amor está por encima de mi prójimo. No importo yo; importa mi prójimo. El amor debería ser una marca distintiva del creyente. El amor debería ser una marca distintiva de la IEC. Es ferviente en amor. Nos estamos preparando para el fin siendo fervientes en amor.
Un amor intenso, activo y sacrificial
¿Y cómo es este amor? Es intenso. ¿Qué tan intenso? Dice "fervientes", dice Pedro. ¿Qué entienden por ferviente? Cuando le decían a su novia: "Te amo con un amor ferviente". Haces lo posible, lo inimaginable, por hacer lo mejor para esa persona. Eso es lo ferviente: un esfuerzo. Pablo usa una palabra... estaba dando un ejemplo de un atleta. ¿Qué hace un atleta para llegar a la meta? Hace un esfuerzo. Corre, corre, corre. Y cuando ve que está cerca de los demás, se estira lo más que puede, para que en la foto salga, a lo mejor, la pura nariz; pero está esforzándose por llegar a la meta. Así de ferviente debe ser el amor.
Esforzarnos. No es un sentimiento pasivo, sino un amor activo; no solamente decir: "Te amo, hermano". Y no solamente es activo: es extensivo. "A ver, yo amo a dos; a los demás no me alcanza". Es extensivo: es para todos, o debe ser para todos. Fervientes. No es un amor emocional, hermanos; es un amor sacrificial. A lo mejor las mamás entienden más este amor sacrificial que los varones. Hacen lo posible porque el bebé esté bien. Se desvelan, no comen. A veces es un amor sacrificial, y debe ser ferviente, intenso, constante.
El amor no es de épocas, no es de parecer: "Bueno, me siento bien, pues amo; si no me siento bien, no amo". Tenemos que... tenemos que amar lo desamado. Cristo amó lo desamado. Amar lo desamado, amar lo desamable, quiere decir que debo amar a pesar del insulto. "Ah, hermano, es que nunca me han insultado".
Es bien fácil decirlo. A Cristo lo insultamos y, sin embargo, nos ama. Debemos amar aunque el amor no vuelva. O estamos amando esperando a que nos amen. O sea, si no, no amo: "Si me vas a amar, sí te amo; si no me vas a amar, no te amo". Fervientes. Amar lo desamado. La unidad de la iglesia se ve reflejada en esto; se ve reflejada si tenemos este amor. Pero, al mismo tiempo, no solamente es que se vea la unidad: se fortalece.
¿Qué pasa en una familia cuando no hay amor? Las familias disfuncionales se desbaratan porque no hay amor. El esposo no quiere a la esposa. La esposa no quiere al esposo. Los hijos no obedecen a la mamá ni al papá. Los papás no respetan a los hijos. Gálatas 5:13-15 dice: "Porque ustedes, hermanos, a libertad fueron llamados; solo que no usen la libertad como pretexto para la carne, sino sírvanse por amor los unos a los otros. Porque toda la ley en una palabra se cumple en el precepto: 'Amarás a tu prójimo como a ti mismo'. Pero si ustedes se muerden y se devoran unos a otros, tengan cuidado, no sea que se consuman unos a otros". Estaba imaginándome ese texto cuando lo estaba estudiando, y era como ver caníbales: se devoran unos a otros hasta que alguien queda y se come a todos.
El amor cubre multitud de pecados
Dice que un ferviente amor tiene poder. Cuando de veras se ama a la manera de Cristo, nuestro amor tiene poder, un poder que no nos imaginamos. ¿Por qué? Porque cubre multitud de pecados. No quiere decir que el amor ignora el pecado, para nada, porque Dios habla acerca de eso. No podemos ignorar el pecado, y menos si tiene nombre y apellido. Y no significa que lo encubramos, no, porque podría continuar. Pero el amor perdona, restaura y no mantiene un registro de los agravios.
¿Se imaginan que Cristo, cuando llegamos al cielo, agarra y dice acá: "Voy a sacar el pergamino de Alfredo, de todos los insultos y todos los pecados"? Todos tenemos un registro de los agravios; no de los que hicimos, porque de esos ni siquiera nos acordamos. Tenemos un registro de lo que nos hicieron otros. Y cuando se nos presenta la oportunidad, sacamos las carpetas y carpetas de "en el año de 1800 me hizo muecas". Ese no es el amor que cubre multitud de pecados. El amor perdona, restaura.
Gálatas 6:1 dice así: "Hermanos, aun si alguien es sorprendido en alguna falta, ustedes que son espirituales, restáurenlo". Restáurenlo. Los que son espirituales, o los que se creen espirituales. Dice: "En un espíritu de..." ¿qué? ¿De odio, de venganza? Dice así: "En un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo —mirándote a ti mismo—, no sea que tú también seas tentado". Una iglesia que está viviendo para el fin tiene un amor que es ferviente y que perdona. Tiene poder para perdonar, porque no viene de ti el poder perdonar: viene de Cristo.
Si estás consciente de lo que es el evangelio: es el perdón de pecados. Cristo tomando tu lugar, porque tú merecías la muerte; sin embargo, Él te perdonó. Ofendiste al Creador del universo; sin embargo, Él te perdonó. ¿Qué hay que pueda perdonar a un semejante, si el Creador del universo me perdonó? El amor promueve la reconciliación en lugar de divulgarlo. No chismea, no divide. Dice Santiago 5:16-20: "Hermanos míos, si alguien de entre ustedes se extravía de la verdad, y alguien le hace volver, sepa que el que hace volver a un pecador del error de su camino salvará su alma..." ¿de qué? "De la muerte, y cubrirá multitud de pecados".
¿Cómo respondemos amorosamente?
Hasta esta pregunta... son preguntas que me hice: ¿cómo puedo actuar amorosamente con tal o cual persona? ¿Cómo lo puedo hacer? Yo lo he hecho; me cuesta mucho trabajo, pero tengo que amar. Hay personas en nuestra iglesia con las que tenemos desacuerdos. Todos tenemos a alguien así. Pero ¿cómo respondemos amorosamente? "Si me habla mal, le contesto mal". No; quizás la manera de amarlo es no provocarlo más a pecado, para que me siga odiando. Es una manera de amar también. ¿Las ignoramos para eludir el conflicto? ¿Chismorreamos para fortalecer nuestro ego y desacreditar a la persona en cuestión? ¿Oramos contra ellas u oramos por ellas?
El amor debe fomentar una comunidad donde el perdón sea rápido y el amor sea intenso. Cristo tuvo este amor intenso y ferviente; un amor intenso y ferviente especialmente en momentos de tensión. El amor no es solamente un sentimiento: es una acción restauradora. Y, hermanos, la pelea no es el escenario en el cual queremos que Dios, que Cristo, nos encuentre cuando Él llegue. No quiero que Cristo nos encuentre como si fuéramos dos hermanitos en una familia, y de pronto abre el papá y la mamá la puerta y nos encuentra peleando. ¿Cómo estamos preparados y viviendo para el fin como iglesia?
Hebreos 12:14-15 dice: "Busquen la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Cuídense de que nadie deje de alcanzar la gracia". Todos necesitan gracia; nadie la merece, pero todos necesitamos gracia. "De que ninguna raíz de amargura, brotando, cause dificultades, y por ella muchos sean contaminados". Ese es el problema: contaminamos a otros. Romanos 12:18 dice, parafraseando: "En lo que dependa de ustedes, procuren estar bien con todos". En lo que dependa de ustedes. Sé que hay hermanos difíciles. Sé que habemos hermanos difíciles, quizás; pero si tú has hecho lo posible, hermano, ahora ora por él. En lo que dependa de ti, está en paz con todos. El Señor hará la obra.
Una iglesia práctica: la hospitalidad
Una iglesia que está viviendo para el fin es práctica. Número tres; vamos a ver la siguiente diapositiva. Dice el versículo 9: "Sean hospitalarios los unos para con los otros, sin murmuraciones". Aquí hay dos cosas: el acto y la actitud. ¿Cuál es el acto? Ser hospitalario. Ahora, en el contexto en que se escribió esta carta, la hospitalidad era muy importante. Estaban siendo perseguidos, necesitaban refugio, necesitaban comida, necesitaban protección en algún lugar, entre hermanos. Era importante la hospitalidad para los que estaban siendo perseguidos.
La hospitalidad era importante en la iglesia primitiva, como debe serlo ahora, porque también había misioneros que eran enviados y llegaban a tal o cual ciudad, y si había hermanos, ellos los acogían. La iglesia local es la familia de la fe, y debemos abrir nuestras vidas. Y a veces no queremos invitar a la casa porque está tirada, o porque es muy chiquita, o porque no tengo mármol en el baño. Aquí hay muchos hermanos que son hospitalarios, y puedo dar ejemplos, pero no quiero, porque alguien se puede ofender si no lo menciono. Pero sí tenemos también esa característica como iglesia. Si hay hospitalidad, ya llevamos una palomita. Hay esperanza.
Hospitalarios, sirviendo como mayordomos de la gracia, ¿verdad?, sin murmuraciones. Dice en Hebreos 13:1-2: "Permanezca el amor fraternal. No se olviden de mostrar hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles". Uno nunca sabe, ¿verdad? Una iglesia que vive para el fin es práctica: práctica amándose, práctica orando, práctica perdonando, práctica siendo hospitalarios. Pero la hospitalidad va más allá también de solamente abrir las puertas de tu casa. Si debemos ser bondadosos con los desconocidos, cuánto mejor, o más, con los hermanos en la fe.
Gálatas 6:10 dice: "Así que, entonces, hagamos bien a todos según tengamos oportunidad, y especialmente a los de la familia de la fe". Los cristianos deberíamos estar dispuestos a suplir las necesidades de los demás. Mateo 25:35-40; no lo voy a leer, solamente está ahí. La hospitalidad va más allá de solamente decir: "Ven a mi casa y quédate un día". La hospitalidad es: veo una necesidad y, si el Señor me lo permite, me lo da, de lo poco que tengo, de lo mucho que tengo, darle al necesitado. Eso también es hospitalidad. Hospitalidad también es lo que hacemos con los misioneros a los cuales apoya la iglesia, que están en otros lados.
Sin murmuraciones
La actitud. Ya vimos el acto; ¿cómo debe ser la actitud? "Sin murmuraciones", ¿verdad? Literalmente, pues, sin murmuraciones. Creo que eso está claro. El servicio que damos a la iglesia, a nuestros hermanos, a quien nos lo pide, debe ser un servicio sin que se sienta como una carga pesada.
Debe ser con amor, voluntario y alegre: la actitud. Muchos vinieron con nuestro hermano Roberto un día, un sábado, a arreglar la iglesia, y a nadie se le obligó. Todos los que vinieron y pudieron venir lo hicieron con amor. Lo hicieron porque en sus corazones estuvo venir a limpiar la iglesia, a restaurarla, a arreglar lo que tuvieron que hacer. Así debe ser: sin carga alguna. Si tengo que llevar a otro hermano al médico —porque también algunas veces ha pasado—, lo llevo sin ningún tema, sin carga. Si alguien iba a 120 y voló su llanta y hay que ir a ayudarlo, vamos a ayudarle a cambiar la llanta sin ninguna pesadez, con gusto.
La actitud: sin murmuraciones. Filipenses 2:3: "No hagan nada por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de ustedes considere al otro como más importante que a sí mismo". Servir de mala gana anula el amor. Debemos poner a nuestros hermanos por encima de nosotros. Eso es muy difícil; pero, si estamos en el Señor y confiamos en Él, el Señor lo hará. Colosenses 3:23 dice: "Todo lo que hagan, háganlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres". Así es una iglesia que vive para el fin. Es lo que dice Pedro.
Una iglesia servicial
Una iglesia que vive para el fin es servicial. Es parte de lo que vimos ahorita. "Según cada uno ha recibido un don especial, úselo sirviéndose los unos a los otros como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios". En el inciso A del versículo 11, en la primera parte, dice: "El que habla, que hable conforme a las palabras de Dios; el que sirve, que lo haga en la fortaleza que Dios da, para que en todo sea glorificado mediante Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el dominio por los siglos. Amén".
Servicial. A ver: todos, cuando hemos recibido al Señor, cuando hemos puesto nuestra fe en Él, el Espíritu Santo viene a nosotros y nos son dados dones. Todos hemos recibido por lo menos un don, todos; pero todos ellos son un regalo de Dios. No nos pertenecen los dones; por lo tanto, tenemos que ponernos al servicio del cuerpo de Cristo. Y algunos me preguntan: "Es que no sé cuál es mi don". Bueno, te hace falta venir más a la iglesia para saber cuál es tu don. ¿Cómo puedes ejercitar un don, o saber que tienes un don, si no lo practicas en la comunidad? Si no haces esto o aquello, o te metes aquí y acá.
Todos hemos recibido un don, un regalo de Dios. Nosotros solamente somos mayordomos de ese don que hemos recibido, y es para el servicio de la iglesia, del cuerpo de Cristo. 1 Corintios 12:11 dice: "Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, distribuyendo individualmente a cada uno según Su voluntad". Entonces, debemos ser buenos administradores de los dones que Dios nos dio. Todo lo que tenemos es don de Dios. Entonces, hermanos, debemos aprovecharlos para el bien común, todos nuestros dones.
Dice "la multiforme gracia". La multiforme gracia: hay muchos. Dios obra así. La gracia de Dios no es monótona; viene de muchas maneras, y la iglesia necesita de todas. Algunos limpian, algunos pintan, algunos reciben, algunos acomodan libros, algunos dan anuncios, algunos se fijan que no falte un foco, algunos solo ven. 1 Corintios 12:4-6 también dice lo mismo: "Ahora bien, hay diversidad de dones, el Espíritu es el mismo", dice; "y hay diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios el que hace todas las cosas". Una iglesia que vive para el fin es servicial.
El que habla y el que sirve
Y Pablo cita aquí dos ejemplos de dones: hablar, dice, y servir. ¿A qué se refiere "el que habla"? Bueno, yo estoy hablando. Es el que enseña, el que enseña, ¿verdad? Que sea la Palabra de Dios lo que tenemos que enseñar aquí, no mi opinión; no lo que yo creo, no la filosofía humana. Por eso tratamos de apegarnos lo más que podemos al texto. Tratamos de tener una doctrina sana, para que cuando hablemos transmitamos la verdad bíblica y no mis opiniones humanas.
Tito 2:7-8 dice así: "Muéstrate en todo como ejemplo de buenas obras, con pureza de doctrina, con dignidad, con palabra sana, irreprochable, a fin de que el adversario se avergüence al no tener nada malo que decir de nosotros". Espero que así sea nuestra vida. El que habla: estamos hablando delante de Dios y de parte de Dios. Hay un juicio para los que estamos aquí exponiendo la Palabra del Señor, y eso me hace temblar, eso me da miedo. Y todos los que estamos aquí deberíamos tener esa misma percepción: de que estamos hablando delante del Creador. Es Su Palabra, no la mía.
El que sirve. Ya hablamos de eso, básicamente. Pero ¿cómo servir? Que sea en el poder de Dios; no en tus fuerzas, no en tu capacidad: en el poder de Dios. Porque también podemos agotarnos espiritualmente. Y créanme que eso pasa: te agotas espiritualmente a veces. Marcos 10:42-45 dice: "Llamándolos junto a Él, Jesús les dijo: 'Ustedes saben que los que son reconocidos como gobernantes de los gentiles se enseñorean de ellos, y que sus grandes ejercen autoridad sobre ellos. Pero entre ustedes no sea así, sino que cualquiera de ustedes que desee llegar a ser grande será servidor, y cualquiera de ustedes que desee ser el primero será siervo de todos. Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar Su vida en rescate por muchos'".
Él es el mayor ejemplo de servicio: Cristo dándose en la cruz a causa de mi pecado; Cristo lavando los pies. Pero no digamos: "Que me laven los pies". Digamos: "Quiero lavar los pies".
La meta del fin: la gloria de Dios
Y, por último, la meta del fin. Una iglesia que vive para el fin de los tiempos le da gloria a Dios. El objetivo no es el crecimiento personal. No vivimos para eso, sino para que Dios sea glorificado en todo y en todas las cosas mediante Cristo. El propósito final de nuestra vida —el amor, hospitalidad, servicio— no es el reconocimiento humano, sino la gloria de Dios. La vida cristiana se vive a través de la obra de Cristo. ¿Qué es lo que hizo Cristo? Subió al Calvario, fue crucificado, murió, fue sepultado y al tercer día resucitó.
Y hace días veíamos que la resurrección es nuestra garantía para estar preparados para el fin. Jesús es nuestro Mediador, y Su objetivo final es la gloria de Dios. Debemos estar preparados para eso, hermanos. Debemos vivir así. Que no se nos olvide que la segunda venida de Cristo está pronta. Entonces, cerrando: el apóstol Pedro nos llama a vivir con urgencia, pero sin pánico. ¿Estás orando con una mente vigilante, con sobriedad? ¿Estás amando fervientemente a tus hermanos? ¿Estás usando tus dones para servir sin quejarte?
Vivimos de tal manera —o deberíamos vivir de tal manera— que, cuando el fin llegue, nuestra vida sea hallada reflejando la gloria de Dios, que Dios ha glorificado en Su Palabra. Vamos a entonar un canto.
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