1 Pedro 2:18-251 PedroDaniel Villarreal
Aprendiendo a sufrir
Transcripción
Oración e introducción
… (La grabación comienza durante la oración inicial.) ...ser usado por Ti y exponer tu Palabra con fidelidad, Señor, y que Cristo sea exaltado en medio de esta iglesia; y que a la luz del texto puedan ser confrontados, puedan ser consolados, puedan ser capacitados, Señor, para seguir adelante en su carrera de fe. Te lo pido en el nombre de Jesús.
Mis hermanos, ser cristiano —escuchen bien—, ser un verdadero cristiano, no significa ignorar que vivimos en un mundo caído. Ustedes saben eso, ¿verdad? Vivimos en un mundo que está roto; vivimos en un tiempo, en una cultura, en una sociedad particular, y no podemos evadir sus realidades. Este mundo está caído, y eso tiene muchas implicaciones que debemos considerar, hermanos, y que son parte fundamental de aprender a disfrutar de la gracia de Dios en el aquí y ahora. Dios, al encarnar a su Hijo, nos dio una esperanza futura, amén. Pero ¿qué hay del aquí y ahora? Tú todavía no estás en la eternidad. La buena noticia es que el evangelio nos orienta en un mundo desorientado. Voy a repetir eso: el evangelio nos orienta para vivir en un mundo desorientado. Y el pasaje que vamos a ver esta mañana es radical en muchos sentidos.
Lectura de 1 Pedro 2:18-25
Ahora sí, vayan a sus Biblias, en el capítulo 2 de 1 Pedro, versículos 18 en adelante. Dice la Palabra de Dios:
"Siervos, estén sujetos a sus amos con todo respeto, no solo a los que son buenos y afables, sino también a los que son insoportables o injustos. Porque esto halla gracia, si por causa de la conciencia ante Dios alguien sobrelleva penalidades sufriendo injustamente. Pues ¿qué mérito hay, si cuando ustedes pecan y son tratados con severidad lo soportan con paciencia? Pero si cuando hacen lo bueno sufren por ello y lo soportan con paciencia, esto halla gracia con Dios. Porque para este propósito han sido llamados, pues también Cristo sufrió por ustedes, dejándoles ejemplo para que sigan sus pasos, el cual no cometió pecado, ni engaño alguno se halló en su boca" —citando Isaías 53—. Versículo 22... el cual... perdón, 23: "y quien cuando lo ultrajaban, no respondía ultrajando; cuando padecía, no amenazaba, sino que se encomendaba a Aquel que juzga con justicia. Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia, porque por sus heridas fueron ustedes sanados. Pues ustedes andaban descarriados como ovejas, pero ahora han vuelto al Pastor y Guardián de sus almas".
El telón de fondo: el sufrimiento
¡Wow! El telón de fondo, hermanos, de esta carta es el sufrimiento. Sí, ese es el tema central de 1 Pedro: el sufrimiento. Pedro está escribiendo a personas que están sufriendo, y lo extraordinario de esta carta es que no solo está repleta de consuelo, sino que Pedro ayuda a los creyentes a marchar hacia adelante a pesar del sufrimiento. Y eso es evidente en los versículos 11 y 12, donde Pedro nos dice cómo se ve la vida cristiana en acción. A veces nosotros tenemos una perspectiva de cómo debería ser la vida cristiana, pero ¿en dónde tenemos que basar nuestra perspectiva acerca de cómo vivir como hijos de Dios? En las Escrituras.
Así que presta atención, porque Pedro nos da un modelo de cómo se ve la vida cristiana, cómo debería verse la vida cristiana en acciones. Él dice, básicamente: un cristiano vive como un extranjero o peregrino, sí; lucha como un soldado, y se comporta como un representante... ¿en dónde? Aquí, aquí en la tierra, ¿sí? ¿Cuál fue la oración del Señor Jesús? "No son de este mundo". Pero en realidad no son de este mundo, pero seguimos viviendo en este mundo y el ahora. Para que aprendamos a vivir en este mundo; no es que nos amoldemos —no me malentiendan, hermanos—, pero es que tú eres luz, así como Dios es luz.
Pero fíjate lo que dice el versículo 11 y 12, porque a lo mejor vas a decir: "Bueno, es que tú me estás inventando estas cosas". Fíjate: "Amados, les ruego como a extranjeros y peregrinos, que se abstengan de las pasiones carnales" —¿qué hacen esas pasiones?— "que combaten contra el alma". Y luego, versículo 12: "Manténganse entre los gentiles con una conducta irreprochable, a fin de que en aquello que les calumnian como malhechores, ellos, por razón de las buenas obras de ustedes, al considerarlas, glorifiquen a Dios en el día de la visitación". Entonces, este es el modelo de Pedro: un cristiano vive como un extranjero, lucha como un soldado, sí, y se comporta como un representante, que no es otra cosa que las palabras del Señor Jesús dichas en el Sermón del Monte, ¿sí o no?
Y Pedro aplica primero este modelo al tema de la autoridad, en el contexto; pero ahora pasa Pedro a aplicar este estilo de vida cristiana al tema del sufrimiento. Creo que no soy el único aquí que no disfruta sufrir, ¿verdad? ¿O a cuántos les gusta sufrir? Bueno, a mí ni tantito, esa es la verdad. No nos gusta sufrir, al menos de manera personal. A mí no me gusta; no me gustan las obstrucciones, no me gusta que algo interrumpa e irrumpa en mi vida, de ninguna manera. Yo quiero diseñar mi vida y hacer que funcione de acuerdo con mi plan soberano. Y bueno, si tú eres igual que yo, necesitas escuchar este texto.
Fue Charles Spurgeon, comentando el famoso versículo del Salmo 119, "Lámpara es a mis pies tu palabra", quien dijo: "Todos necesitamos la Palabra de Dios, no solo para iluminar nuestras cabezas, sino para guiar nuestros pies mientras transitamos a través de la oscuridad de este mundo caído". Todos necesitamos estas instrucciones, mis hermanos. Todos nos enfrentamos al sufrimiento, ¿sí o no?, de alguna manera. Así que escucha.
Siervos sujetos a sus amos
Pedro introduce este tema del sufrimiento a través de esta discusión, que es impactante, sobre la autoridad. Y en el versículo 18 él dice: "Siervos, estén sujetos a sus amos con todo respeto". Es increíble, porque después se le agrega: "no solo a los que son buenos y afables" —no solo a los que les caes bien y te tratan tan bonito—, "sino también a los que son insoportables". Y me encanta cómo lo pone la NBLA.
En el tiempo en el que escribió Pedro, hermanos, los siervos eran considerados una propiedad material más. Los siervos no tenían derechos como tal; no se podía decir si algo era justo o no para los que eran siervos. Así que, para cualquiera que leyera estas palabras, eran palabras radicales para la cultura de ese momento. Pero la forma en que Pedro habla sobre esto lo hace poniendo la gracia de Dios en el centro, poniendo al siervo al mismo nivel que cualquier otra persona. El siervo también es alguien por quien Cristo murió, y en este sentido todos somos iguales en Cristo, amén.
Ahora, Pedro, inspirado por el Espíritu Santo, no niega la injusticia que a menudo se cometía con los que eran siervos. Pero lo que Pedro está diciendo es: en esos momentos de injusticia —pongan atención—... o sea, realmente Pedro era consciente de que a estos siervos se les trataba mal. Pero en esos momentos de injusticia, él les dice a estos siervos: "Su responsabilidad es vivir sumisamente, incluso aun cuando tus autoridades, o tus amos, ejerzan su poder de manera injusta. Así que sean respetuosos, no solo con los que son amables y buenos, sino también con los que son injustos". Y yo creo que esa es la instrucción de Pedro en este versículo 18, y es una buena introducción a un tema tan difícil como lo es el sufrimiento.
Yo creo que te preguntas esta mañana: ¿por qué luchas con el sufrimiento? ¿Porque no te gusta sufrir? ¿Porque crees que no debería ser parte de tu vida el sufrimiento? Y mi intención es confrontarte en esta mañana. Así que quiero que prestes atención a estos tres principios que creo que expone Pedro en este pasaje, que es muy importante: tres principios sobre el sufrimiento.
Has sido llamado a sufrir
En primer lugar: tú has sido llamado a sufrir. ¿Y cuántos dicen amén? Tú has sido llamado a sufrir; tú y yo hemos sido llamados a sufrir. El sufrimiento no es un fracaso del plan de Dios. El sufrimiento no es una obstrucción, una interrupción en el plan de Dios. El sufrimiento no es Dios olvidándose de lo que Él ha prometido. El sufrimiento no es el resultado de la infidelidad de Dios. El sufrimiento —escúchame bien—, el sufrimiento está en el centro de la voluntad de Dios para su pueblo. Versículos 19 y 21 dicen: "Porque esto halla gracia, si por causa de la conciencia ante Dios alguien sobrelleva penalidades sufriendo injustamente. Pues ¿qué mérito hay, si cuando ustedes pecan y son tratados con severidad lo soportan con paciencia? Pero si cuando hacen lo bueno sufren por ello y lo soportan con paciencia, esto halla gracia con Dios". ¿Y qué dice el versículo 21? "Porque para este propósito han sido llamados". Amén. Ahora sí, dice antes: "Porque esto halla gracia delante de Dios". El que tú... has sido llamado, como representante del Señor Jesucristo, a sufrir por el bien, a sufrir por Él, a sufrir por su reino, por su causa, a sufrir momentos de injusticia, sí. Esa es tu vida.
No todo sufrimiento es persecución
Y Pedro lo deja muy claro. Él dice: "¿Qué mérito hay si, cuando pecas, fracasas, eres débil...?". En todos esos momentos, ¿qué mérito hay, si cuando es tu consecuencia lo soportas con paciencia? Así que Pedro no está hablando del sufrimiento como un resultado de nuestro pecado, en este contexto, o como un resultado de nuestra debilidad, o como un resultado de nuestro fracaso. Y eso a veces pasa: a veces nuestro sufrimiento es el resultado de nuestra propia rebelión y de nuestra propia insensatez; a veces nuestro sufrimiento es consecuencia de nuestra necedad. La triste realidad es que tenemos una gran capacidad para complicarnos la vida; tú te saboteas todo el tiempo.
A veces lo que llamamos persecución no es persecución en absoluto; más bien es el resultado de la arrogancia cristiana, el orgullo cristiano y la justicia propia, de verdad, hermanos. Creo que debemos aceptar el hecho de que tenemos la capacidad de convertir el mensaje del evangelio, el mensaje de la gracia inmerecida de Dios en Cristo, en un motivo de orgullo, en una razón para condenar a los que no son creyentes, y hoy llamamos persecución cuando nos rechazan. Así que no debemos confundir el enojo de la gente —porque la gente ya de por sí está enojada con Dios—, no debemos confundir el enojo que la gente tiene con lo que Pedro está diciendo en este pasaje.
Porque mira, básicamente lo que Pedro está diciendo —escucha, escúchame bien— es: en este mundo quebrantado, en este mundo caído, que ha abandonado a Dios, que ha abandonado su sabiduría, que ha abandonado su ley, ustedes van a sufrir por el simple hecho de ser cristianos. Ustedes van a sufrir por el simple hecho de ser verdaderos cristianos. Y no es que tú te pongas una etiqueta, porque sabemos que las iglesias están llenas de gente que se dice ser cristiana. Por eso enfatizo: tú vas a sufrir por el simple hecho de ser un verdadero cristiano.
Esto halla gracia con Dios
Ahora, noten lo que dice aquí. Él dice: "Porque esto halla gracia con Dios", allí en el versículo 20, al final. Y es muy interesante que Pedro ponga la gracia de Dios justo a un lado de esta experiencia de sufrimiento. ¿Este sufrimiento tiene algo que ver con la gracia de Dios? En otras palabras, ¿es agradable a la vista de Dios que tú sufras? ¿De qué está hablando Pedro? Bueno, realmente no puedes entender de qué está hablando a menos que coloquemos este pasaje en su contexto más amplio. Cuando Pedro dice "esto halla gracia con Dios", está trayendo temas de los que ya ha hablado en toda la carta.
En primer lugar: cuando sufro a causa de mi lealtad a Cristo; cuando estoy dispuesto a perder mi reputación por Cristo, a perder mis posesiones por Cristo, a perder cosas que son importantes, valiosas para mí; sufrir incluso personalmente por causa de Cristo, eso es algo que solo puede nacer de una verdadera adoración. Ese tipo de disposición al sacrificio personal solo sucederá cuando Dios sea el tesoro más valioso en tu corazón; cuando no hay nada más importante que Él, nada más importante que su honor, nada más valioso para ti que su presencia, que su amor, que su gracia. Y cuando adoras a Dios de esa manera, Dios se complace y Dios es honrado.
Hay una segunda cosa. Pedro ha dejado muy claro en el primer capítulo que Dios nos llama al sufrimiento. Él nos llama a los momentos de prueba, a los momentos de dificultad, porque esos momentos obran la gracia de Dios en nuestros corazones. Eso es lo que dice Pedro: obran la gracia de Dios en nuestros corazones. Dios usa esos momentos difíciles, Dios usa esos momentos de sufrimiento para llevarnos más allá de nuestros límites, los límites de nuestra propia sabiduría, los límites de nuestra propia fuerza, para que confiemos en Él y solo en Él. Él usa esos momentos de sufrimiento para abrir nuestras manos, para que dejemos ir las cosas de este mundo que hemos buscado para darnos descanso, para darnos paz, para darnos esperanza, y entonces confiemos en Él y solo en Él.
Escucha: es gracia de Dios que tú sufras, que tú sufras injustamente, porque Dios usa esos momentos para cambiarte, para transformarte. Y hasta que Él regrese y nos llame a casa, damos evidencia todos los días de que somos personas que necesitan ser cambiadas todos los días.
Un testimonio para el mundo
Hay una tercera cosa: Dios usa nuestro sufrimiento injusto y nuestra resistencia como testimonio para el mundo que nos está mirando. Recuerda el modelo de Pedro: tú y yo estamos llamados a vivir de manera representativa en este mundo. Y no hacemos eso solo en la iglesia, o así, estando aquí los domingos; no, hacemos eso donde Dios nos ha puesto. Vives entendiendo que representas al Salvador, y no lo haces solo con tus palabras, sino que lo haces con la forma en la que tú vives. Y entonces, en estos momentos, cuando de una manera justa, de una manera que agrada a Dios, estás dispuesto a enfrentar la pérdida personal por amor al Señor Jesucristo, tú estás encarnando así el evangelio.
Déjame hacerte una pregunta: ¿qué oportunidades, en este momento, en las situaciones, en tus circunstancias, en lugares, con tus relaciones, donde Dios te ha puesto... qué oportunidades te está llamando a encarnar el evangelio en la forma en la que vives? Tal vez sea la persecución sutil de X persona que está empeñada en complicarte la vida, que sabe lo que tú representas y está buscando oportunidades para empujarte, para hacerte tropezar; algo así como los fariseos que seguían a Cristo para escucharlo enseñar. Sabemos que no hicieron eso porque ellos no fueron estudiantes sinceros del Mesías; la Biblia es muy clara: ellos hicieron eso para atraparlo, para acusarlo. Y, mis hermanos, no sé ustedes, pero yo, cuando leo los Evangelios, creo que si yo hubiera estado allí en ese momento, donde estaba Cristo, yo me hubiera volteado y les hubiera dicho: "¿Por qué no me dejan en paz?". Cristo no hizo eso.
Tal vez son personas en donde trabajas, que se burlan de tu fe, que quieren ponerte en situaciones en las que estás tentado a romper las reglas. Tal vez sea un pariente que piensa que estás loco, y te hace saber una y otra vez que estás loco por ser cristiano. O tal vez solo te invade el deseo de que cierto grupo de personas te acepte, pero en realidad nunca vas a encajar, nunca vas a ser aceptado. ¿Qué dice Juan? "Por eso el mundo no nos conoce, porque no le conocen a Él" tampoco. Nunca vas a encajar, nunca te van a dejar entrar al club, porque no les gusta lo que tú representas. Tú vas a sufrir por el simple hecho de ser cristiano.
Y en todos esos momentos, lo mejor que podemos hacer es sonreír, porque la gracia de Dios está obrando en nosotros; la gracia está trabajando en tu vida. Y lo que es asombroso es que Dios se agrade de eso. Dios se agrada cuando soportamos esa hostilidad, y Dios sonríe cuando estamos satisfechos por tenerlo a Él como nuestro Padre, y no por ceder y tratar de encajar con cierto grupo de personas. Ahora, eso no significa que tú te vas a aislar; por favor, no me malentiendan.
Y todavía es más asombroso que Dios te ame tanto que no quiera que permanezcas en tu pecado, de ninguna manera. Así que te está empujando cada vez más a esos momentos, a esas situaciones donde estás recibiendo mucha presión, mucha oposición, mucha hostilidad. Es Dios el que se está encargando de ponerte en esas situaciones, para que abandones tu justicia propia, para que abandones tu sabiduría, para que abandones tu fuerza, y encuentres tu descanso, y tu esperanza, tu paz, en Él y solo en Él. Dios te está empujando a eso para que dejes ir los ídolos de tu corazón, de la vida cotidiana, que nunca van a satisfacer tu corazón, y encuentres entonces satisfacción única y exclusivamente en Él. Así que ese momento de sufrimiento es gracia, es gracia de Dios. Y Pedro dice: "No, ¿acaso no lo entiendes? Tú has sido llamado a esto". Y este llamado es un llamado de gracia, y en ese sentido es que tú eres un modelo de cómo la gracia te levanta y te capacita una y otra vez en medio del sufrimiento.
Jesús es nuestro ejemplo en el sufrimiento
Lo que nos lleva a nuestro segundo punto: Jesús es nuestro ejemplo en el sufrimiento. Versículos 21 al 23, dice: "Porque para este propósito han sido llamados, pues también Cristo sufrió por ustedes, dejándoles ejemplo para que sigan sus pasos, el cual no cometió pecado, ni engaño alguno se halló en su boca; y quien cuando lo ultrajaban, no respondía ultrajando; cuando padecía, no amenazaba, sino que se encomendaba a Aquel que juzga con justicia".
Creo que todos nosotros, debido al pecado que sigue morando en nosotros, tenemos la extraordinaria capacidad de hacernos la vida peor de como está. Irónicamente, nos encanta sabotearnos, y empeoramos las cosas, ¿sí o no? Y entonces Pedro dice que Jesús es un maravilloso ejemplo en el sufrimiento, y dice que Jesús no cometió pecado cuando sufrió injusticias reales. Escúchame: el sufrimiento no cambia las reglas del juego, ¿o sí? ¿O crees que porque tú estás sufriendo mereces cierto permiso? "No, es que yo estoy sufriendo". El sufrimiento no te da permiso para hacer cosas que Dios te ha dicho que no.
El sufrimiento no da permiso para pecar
Y es que somos vulnerables en esos momentos; por eso yo toco este punto, porque es algo real. Cuando sentimos que se ha hecho una injusticia, sí; cuando sentimos que estamos bajo mucha presión, bajo mucha debilidad, donde nuestras vidas parecen no mejorar, todas las injusticias parecen caer sobre nosotros una tras otra tras otra; en esos momentos tendemos a hacer aquellas cosas que Dios ha dicho que no podemos hacer, y a encontrar en esas cosas consuelo y refugio. Así que cuidado. No hay mayor injusticia que la que se le hizo a Jesús en la cruz del Calvario, y dice Pedro: "Y Él no cometió pecado". Él no cometió pecado.
Pero nosotros tendemos a dejar que las injusticias nos ahoguen. Sí, probablemente se te ha hecho una injusticia. Como dije al principio, Pedro no está negando que a estos siervos se les trataba terriblemente; él no está negando eso. Así que yo, esta mañana, no estoy negando que tú te sientas quizá miserable por alguna injusticia que se te haya hecho, pero eso no te da permiso a pecar.
Y a ver, los más jovencitos que están acá: cuando los padres les prohíben ciertas cosas, cuando no les dan lo que ellos quieren, cuando se sienten incomprendidos, cuando se sienten rechazados, el trato es injusto hacia ellos, y sienten que su situación es única y que nadie entiende su sufrimiento, ¿qué hacen? "Pues me busco el noviecito, la noviecita, que sí me comprenda y me ame". Cuando el esposo es rechazado por la esposa, y por si no fuera poco, en el trabajo —híjole, mi jefe— ya lo regañó al señor, y no recibe de su esposa lo que él merece, ¿cuál es la vía de escape? La pornografía, ver cosas que no debes ver; tomarte unas copas para aliviar el estrés, más de las que deberías; "fumarme un cigarrito, y ¿por qué no?, un poquito de algo más fuerte". ¿Qué haces en esos momentos, cuando la vida parece injusta?
Las esposas: cuando el hombre no les hace caso, para no decir otra cosa, y parece como si él no estuviera en la casa —no hay hombre en la casa—, ¿a dónde vas cuando tú sientes eso en tu corazón, cuando tienes esa necesidad de que un hombre te guíe, de que un hombre te ame? ¿A dónde vas? Al chisme con las amigas, o con la mamá, para contarles lo malo que es su esposo; y para quitarse el coraje se van a comprar unos zapatos nuevos. Pero Pedro dice: "No". Pero lo dice... no nos parece gracioso, pero esto es una realidad de nuestros hogares. Y Pedro dice: "No: Jesús permaneció comprometido con la voluntad de su Padre, incluso a través de la injusticia, incluso a través de la tortura en la cruz, incluso a través de la muerte". Ese es nuestro ejemplo.
Cristo no pecó ni se vengó
Dice Pedro: "Él no cometió pecado, ni se halló engaño en su boca". Jesús nunca buscó levantar o aliviar su sufrimiento al comprometer la verdad; Jesús nunca estuvo dispuesto a mentirse a sí mismo para salir de esa dificultad. Jesús permaneció comprometido con su Padre. También dice: cuando lo ultrajaron, cuando fue amenazado, no volvió a amenazar. Jesús no aplicó ojo por ojo; Él no buscó lastimar a los que lo estaban lastimando. No se bajó a acabar con todos los que lo estaban crucificando; no se entregó a la venganza. Aquí estaba el Señor todopoderoso; Él tenía el poder para hacerlo. Él podría haber llamado legiones de ángeles —Él lo dice—, pero simplemente no estaba dispuesto a hacer eso.
¿Sabes por qué? El pasaje te lo dice: porque Jesús creía en Dios. Creía en la presencia, en el poder, en la justicia, en la sabiduría, en la soberanía del Señor. Cuando lo insultaban, no respondía con insultos; cuando padecía, no amenazaba, sino que continuaba encomendándose al que juzga con justicia. Sí, bien en el pasaje: "sino que se encomendaba". Aquí, en el versículo 23 —véanlo con sus ojos—, al final, que dice: "Y quien cuando lo ultrajaban, no respondía ultrajando; cuando padecía, no amenazaba, sino que se encomendaba" —continuamente— "a Aquel que juzga con justicia". ¿Eso tú haces cuando sientes que se hizo una injusticia contra ti?
Jesús no creía que este mundo está dirigido por el destino, que este mundo es un caos, sino que creía que todo lo que sucedía sucedía debido a la sabiduría buena, sabia, santa, llena de gracia y amorosa de un Dios soberano, que es la definición definitiva de todo lo que es correcto, de todo lo que es bueno y de todo lo que es verdadero. ¿Tú crees eso? Y no me digas que sí solo porque asistes los domingos a la iglesia, porque esto se hace real saliendo de aquí, allí en tu casa. Tú demuestras la verdadera creencia de tu corazón en momentos en los que estás recibiendo un trato que no mereces. Y nuevamente, no estoy negando que probablemente seas tratado de una manera injusta, pero eso no es excusa para darte permisos.
Y entonces es entonces que tú y yo demostramos que realmente creemos en un Señor del cielo y de la tierra que gobierna todas las cosas con su poder, que nada sucede fuera de su voluntad. Es entonces cuando demostramos literalmente que creemos que todo lo que Dios ordena es correcto; está allí, en esos momentos. Y yo te pregunto: ¿tú eres un creyente, o eres un creyente de domingo? ¿Eres un creyente en esos momentos? ¿Hay pecados que dejas entrar en tu corazón? Pecados que cuestionan la sabiduría de Dios, pecados que cuestionan su fidelidad, pecados de envidia, pecados de duda, pecados de miedo, pecados de ira.
¿Existe realmente una unidad entre la teología confesional y la teología callejera, cotidiana? En otras palabras, ¿vives lo que dices que crees? Escuchen esto: la teología no es un fin en sí misma —y yo sé que desde este púlpito lo han dicho mil veces—, la teología no es un fin en sí misma. El propósito de la teología es producir santidad en el pueblo de Dios, una santidad que nos lleve a adorarle como Él es.
Tal vez estés sentado aquí y estés pensando: "Bueno, Daniel, vivir así es demasiado para mí; ya me aplastaste". Y esa es la intención: confrontarte, yo les dije desde el principio. Probablemente dices: "Bueno, está bien, yo no vivo de esa manera. Odio sufrir, odio que me maltraten, que se hagan injusticias contra mí. Quiero que la vida sea cómoda, que sea fácil; quiero ser aceptado, quiero ser validado por otros; no quiero que mi reputación, que mis posesiones o mis seres queridos se vean comprometidos de ninguna manera. Y este llamado parece muy difícil... ¿Qué hago yo?". Espero que reconozcas todo eso, amén. Esta es la posición en la que estamos tú y yo.
Jesús es nuestro sustituto en el sufrimiento
Bueno, Pedro tiene una tercera cosa que decir: Jesús no es solo tu ejemplo en el sufrimiento; Jesús es tu sustituto en el sufrimiento. Gloria al Señor que está ese pedazo ahí, ese pedazo adicional que nos da esperanza. Versículo 24, dice: "Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia, porque por sus heridas fueron ustedes sanados. Pues ustedes andan descarriados como ovejas, pero ahora han vuelto al Pastor y Guardián de sus almas".
Ahora, para consolarnos, Pedro, como buen pastor, tiene que humillarnos primero; tiene que aplastarnos primero. Y lo hace mediante la declaración más clara de la provisión del evangelio que probablemente tenga el Nuevo Testamento. Dice: "Él mismo" —hablando de Cristo— "llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia, porque por sus heridas ustedes han sido sanados". ¡Qué preciosa declaración del evangelio! ¿Por qué? Porque al final de esta discusión sobre el sufrimiento, Pedro comienza a hablar sobre nuestro pecado, y sobre la provisión que Cristo ha hecho por nuestro pecado.
Tu mayor problema es tu pecado
Porque tu lucha en el sufrimiento, hermanos y hermanas, la lucha más profunda en el sufrimiento, no es el sufrimiento mismo: es tu pecado. El pecado que está dentro de ti es lo que arruina tu vida; no las circunstancias, no las personas, no las injusticias. ¿Cuántas veces hemos escuchado a alguien decir: "Es que... arruinó mi vida"? No; lo que arruina tu vida es el pecado que está dentro de ti. Probablemente esa injusticia es real, es profunda; pero si el pecado que está dentro de ti te ahoga en esos momentos, entonces sí, tu vida puede ser destruida por completo. El pecado tiene esa capacidad.
Y Pedro está diciendo: "No, ¿no entiendes que tu mayor problema en la vida no es tu sufrimiento? Tu mayor problema en la vida es tu pecado". Eso es lo que destruye y complica tu vida; eso hace que la vida sea difícil. No que tú no tengas un buen trabajo, no que tú no tengas una buena familia, no que tú no tengas una buena educación. Lo que hace que la vida sea difícil, que la vida sea complicada, es el pecado que está en tu corazón y que necesita ser erradicado de raíz. Y la única manera de destruirlo es el evangelio, es el poder del evangelio.
Y entonces, pero dice: la mayor necesidad que puedes tener es atendida por la cruz de Jesucristo, para que en los momentos de sufrimiento experimentes la gracia, experimentes la victoria, y puedas soportar todas las cosas que debes soportar. Porque, acuérdate: para esto has sido llamado, para el sufrimiento, ¿bien? Incluso cuando estoy sufriendo, incluso cuando estoy enfrentando esos momentos de injusticia, debo recordarme a mí mismo que mi mayor problema en la vida existe dentro de mí y no fuera de mí. Mi mayor problema existe dentro de mí y no fuera de mí. Y para eso tengo la sangre derramada del Señor Jesucristo; lo dijo Frank en el tiempo de la Cena del Señor.
El ahora mismo del evangelio
Ahora, observen lo que dice más adelante: "Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia". Cuando estás leyendo un pasaje de las Escrituras y llegas a una parte donde se encuentra ese "a fin de", sabes que lo que sigue será una declaración de propósito. Ahora, esto es lo que está haciendo Pedro: Pedro no está hablando ahora del perdón pasado —escucha bien—, no está hablando del perdón pasado. Pedro tampoco está hablando de la esperanza futura. Estas palabras en realidad apuntan al aquí y ahora. Gloria a Dios que tenemos perdón a través de la muerte de Cristo, y hay esperanza: nuestra ciudadanía está en los cielos, somos extranjeros y peregrinos. Pero también hay esperanza aquí y ahora; Pedro nos está recordando el ahora mismo del evangelio.
Lo que está diciendo es esto: Jesús derramó su sangre por ti para que, en estos momentos difíciles de sufrimiento, tuvieras el poder de decir no al pecado y hacer lo correcto. Y alabado sea el Señor por eso, hermanos. No sé si lo están viendo: incluso el sufrimiento predica el evangelio. Porque en esos momentos sé que no puedo pensar en la respuesta correcta; en esos momentos de sufrimiento sé que no tengo la fuerza para pensar de manera coherente, sé que no tengo la sabiduría, sé que esto está más allá de mí, de mis fuerzas. Y si no hay un Jesús y no hay una cruz, no hay esperanza para mí en este momento.
Pero hay un Jesús, y hay una cruz, y Jesús murió para que yo pudiera decir no a la envidia, no a la ira, no a la duda, no al miedo, no a los celos, no a la venganza, no a los pecados de la boca. Y es Jesús el que me da la capacidad de seguir hacia adelante y hacer lo correcto; no porque yo sea justo, no en mis fuerzas, sino porque he sido hecho justo en Él, para la gloria de Dios. Hermanos, no sé ustedes, pero esto me emocionó muchísimo esta semana, mientras yo estudiaba este pasaje y llegué a esa frase de Pedro: "Para que muramos al pecado y vivamos a la justicia". Y en mi corazón yo decía: "Gracias, Señor, porque hay esperanza para mí. Por tus heridas yo he sido sanado, y estoy de pie gracias a Ti".
El Pastor y Guardián de nuestras almas
Y luego, si eso no es suficiente para ustedes, hermanos, para celebrar conmigo, Pedro dice: "Pues ustedes andan descarriados como ovejas, pero ahora han vuelto al Pastor y Guardián de sus almas". Una de las declaraciones más preciosas en el Nuevo Testamento. Y esto es increíble, ¿sabes por qué? Porque tú nunca sufres fuera del cuidado de tu Pastor. Nunca, nunca estás solo; nunca sufres fuera del cuidado de tu Redentor, porque Él nos ha atraído hacia Sí mismo. Ustedes son sus ovejas. Si eres un hijo de Dios, si eres hija de Dios, es imposible que estés en una situación, en un lugar, en una circunstancia o en una relación que esté fuera del cuidado de tu Pastor. Nada.
Y todos nos sabemos este salmo: "El Señor es mi pastor, nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Unges mi cabeza con aceite. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor moraré por largos días".
Si eso es cierto, si eso es verdad, hermanos, pueden soportar; pueden soportar. Y mientras estás soportando, tu vida está dando gloria a Dios, porque para este propósito tú has sido llamado. Es la voluntad de Dios que tú sufras; y cuando sufres y soportas, Él se agrada, Él sonríe. Y a medida que soportas, creces en gracia; y mientras soportas, estás testificando al mundo. ¿Quién sino nuestro Dios podría concebir tal plan?
Oración final
Vamos a orar. Señor bendito, gracias por tu Palabra. Aplícala en nuestros corazones para la gloria de tu nombre, y que cada vez más, en medio del sufrimiento, Tú nos des tu gracia para soportar, Señor, para que nos parezcamos cada vez más a tu Hijo; porque es en su nombre que oramos esto. Amén.
Escúchanos
Ven un domingo
Predicamos así cada semana, a las , en Av. México 319.
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