1 Samuel 161 Samuel / Necesitamos un ReyNathan Díaz
Viendo como Dios ve
¿Qué significa realmente que "Dios mira el corazón"? Si somos honestos, esa frase debería darnos más miedo que consuelo, porque la Biblia dice que ningún corazón es bueno. En 1 Samuel 16, cuando Dios rechaza a Eliab y escoge a David —el hijo menor, el que estaba cuidando ovejas—, Nathan Díaz muestra que el "hombre conforme a su corazón" no habla del corazón de David para con Dios, sino del corazón de Dios para con David: Dios escoge por su gracia, no por nuestra virtud, y ve lo ordinario donde nosotros buscamos lo extraordinario.
Transcripción
Introducción: dónde nos quedamos
Seguimos en nuestro estudio de 1 Samuel. Hemos buscado cómo poder tener meditaciones y sermones relacionados tanto a 1 como a 2 de Samuel en los Salmos. Si han notado, en los últimos domingos no hemos estado estudiando 1 Samuel: estamos viendo diferentes salmos, y viendo cómo las experiencias —en gran parte de David— en los salmos son experiencias que Dios usa para apuntarnos a Jesús y para mostrarnos a nosotros cómo podemos depender de Dios y cómo podemos ver el carácter y los atributos de Dios en todas las circunstancias de nuestra vida. Eso está a lo largo de todos los salmos, y creo que es una buena combinación, junto con este libro, estar pensando en varios salmos.
Y la última vez que estuvimos en 1 Samuel estuvimos viendo la caída del rey Saúl: la manera en que falló Saúl en su liderazgo para con Israel, especialmente porque Saúl no está siendo obediente a Dios. Dios le pide algo y él no está obedeciendo, no está escuchando la voz de Dios. Empieza él a crecer en su propio orgullo, en su propia reputación como rey. Y el capítulo 15 termina de una manera muy trágica, con Samuel haciendo la labor que tenía que hacer Saúl al matar al rey Agag, y con Samuel sumamente triste por la situación con Saúl.
Leímos en el versículo 34 del capítulo 15: «Luego Samuel se fue a Ramá, pero Saúl subió a su casa en Guibeá de Saúl. Samuel no vio más a Saúl mientras vivió, y Samuel lloraba por Saúl, pues el Señor se había arrepentido de haber puesto a Saúl por rey sobre Israel».
Entonces ahí nos quedamos: Samuel está lamentando el fracaso de Saúl. Y es interesante cómo está escrito el libro de 1 Samuel, usando ciertas palabras una y otra vez. En realidad, estudiándolo con calma te das cuenta inclusive de la manera hasta poética en la que está armado este libro, en el uso de ciertas palabras. Lo hemos visto con esta palabra de peso, o de gloria, o la palabra que se está repitiendo acerca de la altura, y cosas así que hemos estado enfatizando.
Es interesante que, por ejemplo, esta palabra rechazo: el pueblo rechazó a Dios cuando piden un rey; Saúl rechazó la palabra del Señor —esto es lo que leímos en el capítulo 15: «Tú has rechazado la palabra del Señor»—, y ahora Dios rechaza a Saúl. Entonces esta palabra se está usando a lo largo de toda esta narrativa en relación a Saúl: rechazo, rechazo, rechazo.
Y eso trae tristeza al corazón de Samuel. Y cuando leo sobre la tristeza de Samuel, sí pienso en la manera en la cual nosotros reaccionamos al pecado. Por muy predecible que pueda ser la manera en que alguien rechaza a Dios, siempre tiene que traer tristeza a nuestro corazón, y un sentido de luto en nuestra manera de ver cómo otros están cayendo en pecado, cómo otros están fracasando en buscar y obedecer la palabra de Dios. Sí debe traer tristeza a nuestro corazón. El pecado trae tristeza.
«Llena tu cuerno de aceite y ve» (1 Samuel 16:1–7)
Pero vean el versículo 1 del capítulo 16. Dice: «Y el Señor dijo a Samuel: "¿Hasta cuándo te lamentarás por Saúl, después que yo lo he desechado para que no reine sobre Israel?"». Ahora Dios le dice: "Está bien, lamenta a Saúl; pero ya vamos a comprobar juntos, Samuel, que yo estoy en control, aun cuando las circunstancias son desalentadoras, aun cuando hay desilusión con las circunstancias. Aun así, Samuel, yo estoy guiando la historia para mis propósitos y para mi gloria".
Y entonces nada más pensamos: okay, sí, sí nos desanimamos cuando vemos el pecado, sí nos entristecemos cuando vemos el pecado; pero aun así vemos hacia adelante con esperanza. Aun así tenemos confianza en nuestro corazón de que Dios siempre está en control, y de que él está guiando toda la historia de una manera en la cual él será glorificado al final.
Y entonces, ¿qué es lo que tiene en mente Dios aquí? ¿Hacia dónde va a llevar a Samuel? Dice: «Llena tu cuerno de aceite y ve. Te enviaré a Isaí, el de Belén, porque de entre sus hijos he escogido un rey para mí». Samuel respondió: «¿Cómo puedo ir? Cuando Saúl lo sepa, me matará».
Ya hay tensión aquí entre Samuel y Saúl. Samuel ya ha estado viendo cómo Saúl se está tomando muy en serio este papel de rey, y cómo su corazón se está enorgulleciendo en este rol. Y entonces Samuel sabe que cualquier cosa que amenace el reinado de Saúl pues puede ser un riesgo para su propia vida.
Y el Señor dijo: «Toma contigo una novilla y di: "He venido a ofrecer sacrificio al Señor"». O sea: no vayas diciendo "voy a ir a ungir un nuevo rey"; di "vengo a hacer sacrificio". Va a pasar por la ciudad donde está Saúl, Samuel, en el camino hacia Belén. Y entonces: «Invitarás a Isaí al sacrificio, y yo te mostraré lo que habrás de hacer; entonces me ungirás a aquel que yo te indique».
«Samuel hizo lo que el Señor dijo y fue a Belén. Y los ancianos de la ciudad vinieron a su encuentro temblando, y dijeron: "¿Vienes en paz?"». Bueno, acuérdense de lo que había pasado en el capítulo 15, ¿no?, donde Samuel dijo: «Tráiganme a Agag, rey de los amalecitas», y cuando viene Agag, Samuel lo corta en pedazos. Entonces Samuel no es un profeta así todo bonachón; o sea, la gente conoce que Samuel puede ser bastante confrontativo, y puede ser que esté trayendo algún tipo de juicio. La gente, en cierta manera, le tiene un poco de miedo. Pero él responde y dice: «En paz he venido a ofrecer sacrificio al Señor. Conságrense y vengan conmigo al sacrificio».
«Samuel consagró también a Isaí y a sus hijos, y los invitó al sacrificio. Cuando ellos entraron, Samuel vio a Eliab y se dijo: "Ciertamente el ungido del Señor está delante de Él"». Entonces ve a Eliab, hijo de Isaí, y piensa que él es al que va a ungir. «Pero el Señor dijo a Samuel: "No mires a su apariencia ni a lo alto de su estatura, porque lo he desechado. Pues Dios no ve como el hombre ve, pues el hombre mira la apariencia exterior, pero el Señor mira el corazón"».
La pregunta de hoy: ¿cómo es que Dios ve las cosas?
Entonces, la pregunta que nos vamos a hacer hoy a lo largo de todo este pasaje es: ¿cómo es que Dios ve las cosas? ¿Y cómo podemos nosotros ver las cosas de la misma manera que Dios las ve? Esa es la pregunta que queremos tratar de contestar en este pasaje, porque Dios dice: "Yo veo las cosas de una manera; el hombre ve las cosas de otra manera". Y aquí lo va a mostrar a través de cómo va a ser ungido David.
Ya había anticipado Dios este evento en el capítulo 13. Si recuerdan, en el capítulo 13, versículo 14, ya se le había dicho a Saúl lo que venía: «Pero ahora tu reino no perdurará. El Señor ha buscado para sí un hombre conforme a su corazón, y el Señor lo ha designado como príncipe sobre su pueblo, porque tú no guardaste lo que el Señor te ordenó». Y luego, en el capítulo 15, Samuel le dijo: «Hoy el Señor ha arrancado de ti el reino de Israel, y lo ha dado a un prójimo tuyo que es mejor que tú». Entonces ya dos veces Samuel había anticipado lo que venía en cuanto a ungir un nuevo rey.
Saúl es el rey para ellos, para el pueblo que ellos pidieron. Pero este será un rey —dice Dios— para mí. "Saúl es el rey de ustedes; yo se los di, sí, pero este es el rey que ustedes pidieron. Ahora déjenme mostrarles el rey que yo escojo". Entonces es el contraste: todo el libro va a estar contrastando a Saúl y a David. Saúl como el rey que la gente pidió, y David como el rey que Dios está escogiendo de acuerdo a su propio corazón, un rey para sí mismo.
1) Dios mira el corazón… ¿el corazón de quién?
Entonces, ¿cómo ve Dios las cosas de acuerdo a este pasaje? Quiero que empecemos pensando en esta palabra que aparece aquí: corazón. Apareció en el capítulo 13: un hombre conforme al corazón de Dios. Y luego aquí Dios diciendo: «No mires su apariencia, porque Dios no ve como el hombre ve; pues el hombre mira la apariencia exterior, pero el Señor mira el corazón».
Entonces, vamos a tratar de entender qué es lo que significa todo esto. Esto puede ser muy profundo en la Biblia, y creo que vale la pena que nos detengamos a meditar sobre lo que está diciendo este texto, porque creo que muy fácilmente puede ser malentendido lo que está diciendo aquí.
Cuando Dios dice que él mira el corazón —no lo exterior, sino el corazón—, puede sentirse como algo bueno para nosotros. O sea, podremos decir: "Ah, qué bueno que Dios mira el corazón", porque pues externamente a lo mejor no me veo tan bien, y yo no soy tan impresionante, y ay, qué bueno que Dios mire el corazón, ¿no? Algunos pueden sentir consuelo en ese sentido.
Pero, si somos honestos, cuando Dios dice "ve al corazón"… De hecho, debería darnos más miedo cuando Dios dice: "Veo el corazón". Son malas noticias eso, ¿no es cierto? De hecho: "Señor, prefiero que veas lo externo. Eso es lo que puedo controlar mucho mejor. No quiero que veas mi corazón, porque cuando ves mi corazón salen a la luz cosas que nadie más conoce. Y si la gente las conociera, sería terrible; si la gente conociera los verdaderos deseos de mi corazón, mis verdaderos pensamientos…".
Y en el uso de "corazón" aquí, yo creo que hay verdad en eso; o sea, es cierto: Dios ve nuestro corazón, Dios ve lo que hay en nuestras intenciones. Pero el problema entonces radica en que ningún corazón es bueno, ningún corazón merece la aprobación de Dios. Ese es el problema. Es que nos encontramos con un verdadero dilema. Si Dios dice: "Yo no veo lo externo, yo veo el corazón", y la Biblia afirma una y otra vez que todo corazón es malo, que todo corazón está inclinado hacia el mal —«en pecado fui concebido»—, y constantemente mi naturaleza, la naturaleza de mi corazón, es hacia la rebeldía contra Dios…
Entonces, ¿cuál es este estándar que Dios está buscando en el corazón de una persona? ¿Qué tan puro? ¿Qué tan humilde y apacible tiene que ser un corazón para que Dios diga: "Ah, ese corazón me gusta"? ¿Entienden dónde está el dilema? Hay un problema aquí en cuanto a cómo podríamos estar entendiendo este texto.
Y creo, entonces —y quiero mostrárselos—, que cuando la Biblia habla aquí en 1 Samuel sobre el corazón, de hecho creo que se está refiriendo principalmente al corazón de Dios. Piensen en el significado de corazón en la Biblia: corazón no es un órgano en nuestro cuerpo; corazón es nuestras intenciones, nuestro propósito, nuestra voluntad, nuestros afectos.
Y creo que ha sido un problema a lo largo de toda mi vida, creciendo, conociendo la Biblia porque me la enseñan en la escuela dominical. Yo no sé cuántas veces en mi vida he escuchado sermones donde el predicador dice, hablando acerca del adulterio —vamos a ver eso más adelante—, del adulterio de David con Betsabé y del asesinato de Urías, el esposo de Betsabé… Cuántas veces he escuchado a pastores decir: "¿Y ese era un hombre conforme al corazón de Dios? Y miren lo que hizo". Pues eso me deprime, ¿no? Si digo: este es el mejor hombre que ha habido, con esta descripción, y cómo falló.
Entonces, he escuchado esa frase tantas veces… hasta que escuché a un teólogo que se llama John Woodhouse hablar un poco más profundo acerca de este texto. Y eso realmente me ayudó, porque él dice que cuando leemos esta frase —«el Señor ha buscado para sí» (y ahí está la clave), «el Señor ha buscado para sí un hombre conforme a su corazón»—, ¿su corazón de quién? Conforme al corazón de Dios. O sea, esa frase no está hablando del corazón de David para con Dios; está hablando del corazón de Dios para con David.
¿Entienden la diferencia? No está diciendo: "Yo voy a buscar a la persona más pura que pueda encontrar, la persona que más me ame; esa es la persona que voy a buscar. Voy a buscar virtud en alguien y en base a eso voy a escoger". Dice Dios: no; yo voy a escoger a alguien de acuerdo a mis propósitos, de acuerdo a mi corazón.
Entonces, David va a ser usado por Dios, no por David, sino a pesar de David. Esa es una distinción muy importante aquí, y quiero que lo vean en 2 Samuel, capítulo 7, versículo 21, porque aquí ya tenemos a David mucho más adelante, viendo hacia atrás y reconociendo algo, usando la misma frase.
Vean cómo lo dice aquí. Dice: «Entonces el rey David entró y se sentó delante del Señor, y dijo: "¿Quién soy yo, oh Señor Dios, y qué es mi casa para que me hayas traído hasta aquí?"». ¿Se dan cuenta? David está reconociendo lo insignificante que es él en realidad. Y dice: «Y aun esto fue insignificante ante tus ojos, oh Señor Dios, pues también has hablado de la casa de tu siervo concerniente a un futuro lejano». Entonces David entiende que Dios tiene un plan a largo plazo para su reinado. «Y esta es la ley de los hombres, oh Señor Dios. ¿Y qué más podría decirte David? Pues tú conoces a tu siervo, oh Señor Dios. A causa de tu palabra —y aquí está— y conforme a tu propio corazón, tú has hecho toda esta grandeza, para que lo sepa tu siervo. Por eso tú eres grande, oh Señor Dios, pues no hay nadie como tú, ni hay Dios fuera de ti, conforme a todo lo que hemos oído con nuestros oídos».
¿Ven el énfasis que está haciendo David? "Estoy en esta posición conforme a tu corazón, simplemente porque tú escogiste hacerlo así".
Esa misma frase la podemos encontrar, por ejemplo, en pasajes como Jeremías 3:15, que dice: «Entonces les daré pastores según mi corazón, que los apacienten con conocimiento y con inteligencia». Entonces, ver el corazón, ver como Dios ve las cosas, es ver el corazón de Dios. Es decir, ver que sus propósitos serán cumplidos. Sus propósitos siempre serán cumplidos, no por nuestra bondad o nuestra buena naturaleza, sino por su soberana elección.
Ese es el principio que está siendo desarrollado en la historia de Saúl y de David, porque Dios, nuevamente, no escoge en base a la virtud. Ahora, vamos a ver en el texto que sí hay virtud en David, pero la pregunta es: ¿por qué hay virtud en David? Es nada más el orden de las cosas. ¿No hay virtud en David porque Dios lo eligió, o Dios lo eligió porque hay virtud en él? ¿Entienden la diferencia? Hay virtud en David porque Dios lo escoge; por eso hay virtud en él.
Vean lo que dice Deuteronomio 9:5: «No es por tu justicia ni por la rectitud de tu corazón que vas a poseer su tierra» —eso se lo dice al pueblo de Israel—, «sino que por la maldad de estas naciones el Señor tu Dios los expulsa delante de ti, para confirmar el pacto que el Señor juró a tus padres: Abraham, Isaac y Jacob». Y unos capítulos antes, Deuteronomio 7, versículo 7, dice: «El Señor no puso su amor en ustedes ni los escogió por ser ustedes más numerosos que otro pueblo, pues eran el más pequeño de todos los pueblos; mas porque el Señor los amó y guardó el juramento que hizo a sus padres, el Señor los sacó con mano fuerte y los redimió de casa de servidumbre, de la mano de Faraón, rey de Egipto».
La doctrina de la elección de Dios es el fundamento y la base entera para nuestra humildad. Sin esa doctrina no podemos ser humildes. Sin esa doctrina vamos a decir: "Señor, ve todas mis virtudes. Por supuesto que quieres escogerme".
Vean a Saulo de Tarso. Eso es un buen ejemplo. ¿Dios buscó a alguien que ya estaba inclinado hacia él? Como: "Ah, mira este Saulo; como que ya tiene interés en mí, en seguirme a mí. Mira qué buen corazón. Bueno, ha matado algunos cristianos, pero como que ahí va en el camino correcto". ¿Eso es lo que pasó con Saulo? De hecho, encontramos una y otra vez a Saulo diciendo: "Es que yo no merecía lo que pasó conmigo. Yo iba en camino a perseguir cristianos, y se me aparece Jesús y me dice: 'Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?'". Y en ese momento hay una nueva manera de ver las cosas. De acuerdo a 2 Corintios 4, Dios resplandeció en su corazón, como dijo en el principio, en la creación: «Sea la luz», y fue la luz. De esa manera resplandeció en el corazón de Saulo, para que ahora viera la luz y ahora sirviera a Dios con su vida.
Entonces, hermanos, no nos podemos equivocar en esto. Esta convicción es importante que la tengamos como cristianos: "Sí, Señor, eres tú. No soy yo. No es mi corazón, es tu corazón por mí". Ninguno de nosotros que hagamos énfasis en la elección —comúnmente conocidos como calvinistas— vamos a llegar al cielo para escuchar a Dios decir: "Me diste demasiado crédito. O sea, tenías tú que llevarte un poco del crédito aquí; o sea, no fui todo yo". Yo no tengo miedo de que eso pase. Cuando esté delante de la presencia de Dios y diga: "Señor, fuiste todo tú", no creo que Dios va a decir: "Bueno, un poquito tú; 99% yo, 1% tú". Sino: es tú a través de mí, Señor. Todo, todo es tu corazón por mí.
Así que la seguridad del trono de David descansará enteramente en las promesas de Dios, no en qué tan bien se porta David. ¿Cómo lo vamos a descubrir? David no falla solo una vez, falla muchas veces; pero eso no es la base por la cual Dios va a sostener su trono para siempre. Así es como Dios ve las cosas: de acuerdo a sus propósitos, de acuerdo a lo que él quiere hacer.
Tú y yo estamos aquí solo por la gracia de Dios. Solamente. No hay ninguna otra razón. Dios no dijo: "Voy a escoger a los mejores ciudadanos de la Ciudad de México para hacer esta iglesia", buscando a las personas más bien portadas para que nosotros fuéramos los cristianos que lo representaran. Aquí estamos. Somos el pueblo de Dios de acuerdo al corazón de Dios, de acuerdo a su elección y de acuerdo a sus propósitos.
2) Dios ve lo ordinario
Número dos. Así continúa la historia, porque Samuel está impresionado con Eliab. Y quiero que vean esta palabra que, otra vez, es el lenguaje que usa el autor de 1 Samuel de una manera poética, porque él está usando la palabra ver. De hecho, literalmente en el versículo 1 Dios dice: «Porque de entre sus hijos he visto un rey para mí». Esa es la misma palabra de "escogido" o "vio" que se usa.
Y ahora Samuel, versículo 6, vio a Eliab y piensa: "Pues él está galán y está alto". Bueno, Samuel, ¿no te acuerdas la última vez que viste a alguien impresionante físicamente cómo terminó eso? Pero Samuel está impresionado, cuando Dios le dice: "Mira, Samuel, yo estoy escogiendo a alguien de acuerdo a mi corazón".
Dice: «Entonces Isaí llamó a Abinadab y lo hizo pasar delante de Samuel, y dijo: "Tampoco a este ha escogido el Señor". Después Isaí hizo pasar a Sama, y Samuel dijo: "Tampoco a este ha escogido el Señor". Así hizo pasar a siete de sus hijos delante de Samuel, pero Samuel dijo a Isaí: "El Señor no ha escogido a estos"».
Parece que se acabaron las opciones y ninguno de los hijos de Isaí son los que Dios ha escogido. Así que Samuel tiene que preguntar: «¿Son esos todos tus hijos?». Isaí respondió: "Bueno, aún queda el menor, pero no pensé en llamarlo a él; es el que está apacentando las ovejas". O sea, él está haciendo el trabajo que nadie más quiere hacer en esta casa. Y si estamos hablando de ungir un rey, no creo que David sea el mejor candidato. Esto es lo que está pensando el papá. Isaí es el que está pensando que David no es material como rey. Y tenemos que entender que esto de apacentar ovejas no es algo honorable, necesariamente, en esta cultura.
«Samuel insistió: "Manda a buscarlo, pues no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga acá". Y envió a buscarlo y lo hizo entrar. Era rubio, de ojos hermosos y bien parecido».
Tenemos que entender un poquito mejor este lenguaje que se está usando aquí. Hay algunas traducciones que hablan de que era como rojizo. No estamos bien seguros a qué se refiere la descripción de David: si era pelirrojo, o era medio chapeado, o qué es lo que está describiendo. Pero parecería como que, bueno, pues los demás hermanos eran impresionantes, y ahora parece que David es impresionante. Pero no es la manera en la que el autor está tratando de poner a David realmente. El lenguaje es un poco como: "Ah, mira qué simpático", como cuando ves a un niñito, ¿no?, que dices: "Ah, mira qué tierno". O sea, sí es bien parecido, pero no es que sea impresionante. Es como cuando ves a un cachorrito, ¿no?, que dices: "Ay, mira, me dan ganas de acariciarlo". Es un poco la impresión que está dando David: "Ah, mira, sí es simpático", pero no es impresionante necesariamente, no es material para un rey.
Ahora, lo que quiero que vean —y esto es un patrón de todo el Antiguo Testamento— es que lo que Dios ve es lo ordinario. Así es como Dios ve las cosas. Nosotros buscamos lo extraordinario y nos dejamos impresionar por lo extraordinario. Por eso dice: «El hombre mira la apariencia exterior». Nos dejamos llevar por las cosas impresionantes, pero dice que Dios ve lo que no es impresionante, lo que es ordinario. David es pequeño y es humilde.
Y David, viendo a quien va a apuntar como su descendiente, Jesús, también podemos ver exactamente la misma historia dentro de la vida de Jesús, ¿no es cierto? ¿Cómo empezó Jesús su vida: dentro de lo extraordinario o dentro de lo ordinario? Pues lo más ordinario y lo más humilde: naciendo en un pesebre y trabajando como un carpintero. O sea, nada impresionante en realidad. Bueno, sí es impresionante a veces, ¿no?, o sea, lo de ser carpintero —pero digo, perdón, tengo que aclarar: esto requiere mucha habilidad, ¿cierto?—; pero, al fin y al cabo, algo ordinario, un oficio ordinario.
Y aun cuando Jesús es ungido —le escuchamos a Brian hablar de eso hoy en la mañana: cómo Jesús fue bautizado y por qué fue bautizado—, podríamos pensar: "Ahora sí es esta cosa espectacular; Jesús va a empezar su ministerio". ¿Y qué sigue después de su bautizo? Cuarenta días en el desierto sin comer. Así empieza su ministerio: en lo pequeño y en lo humilde.
Y Ana, recuerden, al principio de este libro ya había orado de esta manera; ya había enfatizado que esta es la manera en la cual Dios trabaja, la manera en que Dios ve las cosas. 1 Samuel 2, versículos 7 y 8: «El Señor empobrece y enriquece, humilla y también exalta. Levanta del polvo al pobre, del muladar levanta al necesitado, para hacerlo sentar con los príncipes y heredar un sitio de honor».
Entonces, Dios escoge las cosas bajas de este mundo, lo humilde de este mundo, para hacer su voluntad, y de esa manera mostrar que efectivamente es él haciendo la obra y no nosotros; para que no confiemos en nuestras capacidades, sino en lo que él puede hacer.
Hermanos, espero que esto sea de ánimo para ustedes, porque ¿cuántos de ustedes sienten que su vida es bastante aburrida y ordinaria? "Señor, es que me paro todas las mañanas, y ahí me voy en el transporte a mi trabajo, y llego a mi oficina y hago lo mismo todos los días, y regreso a mi casa, y nada, nada extraordinario está pasando en mi vida. De hecho, es una vida de monotonía y de rutina". Y mamás con sus bebés pensando: "Estoy cambiando pañales todo el día. Eso es lo que hago: lavo ropa, cambio pañales, hago de comer. Esas son cosas ordinarias".
Las cosas ordinarias que hacemos en nuestras vidas todos los días son las cosas en las cuales Dios quiere que seamos fieles, porque él puede hacer cosas extraordinarias a través de nuestra vida aburrida y cotidiana. Ánimo, hermanos, ánimo, porque Dios sí está trabajando a través de las cosas pequeñas de nuestra vida.
David, fiel en lo ordinario: el pastor
Y aquí lo vemos con David, porque David no nada más es pequeño y es humilde, sino que también es un pastor. Y esto es muy significativo dentro de la historia. Este tema no nada más va a ser significativo dentro de 1 Samuel, en la vida de David, sino que es significativo a lo largo de toda la historia bíblica, especialmente cuando llegamos a Jesús.
Porque encontramos en David a alguien que está siendo fiel para hacer lo ordinario en humildad. Ser pastor es como de lo más humilde. Y no nada más eso, sino que Dios va a usar esta experiencia tan ordinaria de andar arreando ovejas y andar viendo cómo alimentarlas. Y como vamos a ver en el próximo capítulo, inclusive parte de la preparación de David está en proteger a estas ovejas, para lo que va a venir cuando se enfrenta con Goliat.
Pero es David siendo fiel en lo ordinario como pastor, pero con una perspectiva correcta acerca de sí mismo: "Señor, tú me has puesto en una posición de humildad, y cuando yo cuido a estas ovejas…". De hecho, esta va a ser la perspectiva de David, y queda muy claro en el Salmo 23: yo soy esa oveja. Porque son bien mensas, y esa es la verdad acerca de las ovejas: son tontas, no pueden hacer nada en realidad por sí mismas, necesitan alguien que las guíe. David se ve en esa posición. Él entiende que su rol es: yo soy la oveja, tú eres el pastor.
Esto es muy importante, porque es la obra que Dios está haciendo en el corazón de David. Todos queremos ser Saúles; no queremos ser Davides, que se ven a sí mismos dentro de lo ordinario y de lo humilde, y entienden que eso tiene un rol importante en el plan de Dios.
Una palabra sobre la crianza
Padres, una palabra sobre la crianza. Lo digo para todos nosotros, no nada más para unos. A veces nos la pasamos tratando de edificar todo el tiempo la autoestima de nuestros hijos, diciéndoles: "Tú eres especial, tú eres lo mejor". Y es muy fácil presumir a nuestros hijos, ¿no es cierto? "Si no es que mi hijo tiene las mejores calificaciones de todo su salón, de toda su escuela, probablemente de todo el estado". Nos encanta hablar así acerca de nuestros hijos; se convierten en nuestro orgullo.
Y está bien; o sea, hemos estado en estos cursos sobre adopción y acogimiento y todo esto de cómo animar a los niños y cómo ayudarles a entender que son especiales. Y eso es cierto: son creados a imagen y semejanza de Dios, son especiales, son valiosos para Dios. Pero, al mismo tiempo, al mismo tiempo, dentro de la perspectiva que queremos darles acerca de sí mismos, queremos una perspectiva realista también en cuanto al plan de Dios para tu vida: tú necesitas completamente a Dios. Sin él eres inútil. No sirves para nada. Necesitas a Dios, necesitas su gracia en tu vida. Necesitas que él te use en estas cosas especiales que tú tienes. Nunca pienses que estas cosas te hacen especial en sí mismas; te hacen especial solamente cuando Dios las usa para su reino.
Ese es nuestro trabajo como padres en la educación de nuestros hijos, y tenemos la responsabilidad de enseñarles a nuestros hijos: ustedes son como ovejas. Cuando se trata de Dios, tú no tienes lo que se necesita; no importa qué tan talentoso seas, necesitas lo que Dios te puede dar.
Saúl, el pastor que falla; David, el pastor que apunta a Jesús
Ahora, en esta imagen de David como pastor, encontramos que Saúl… ¿Se acuerdan cómo empezó la escena con Saúl en el capítulo 9? ¿Qué estaba haciendo Saúl? ¿Buscando qué? Las ovejas de su padre, ¿se acuerdan? O… los asnos. Sí, son las asnas. Pero es una especie de rol pastoral, ¿no?, el que está haciendo Saúl, y él está fallando en su rol. Y esto es significativo, porque es nada más una imagen que nos da 1 Samuel en contraste: David como un buen pastor que sí entiende cómo tiene que cuidar a las ovejas; Saúl como uno al que se le pierden, y anda confuso y perdido en relación a su responsabilidad.
Y Dios va a llamar a David a ser pastor de ovejas como preparación para ser pastor de su pueblo. Eso es lo que va a pasar: Dios está usando a David, Dios está entrenando a David en este proceso de ser pastor, para un rol mucho más importante. No va a cambiar: va a seguir siendo pastor, pero ahora de todo el pueblo de Dios.
Y claro, esto está siendo puesto por Dios para anticipar la realidad de… ¿quién? De Jesús. Porque entonces, cuando llegue Jesús a la escena, se va a cumplir lo que dijo Ezequiel en Ezequiel 34:23: «Entonces pondré sobre ellas un solo pastor que las apacentará: mi siervo David». Recuerden, Ezequiel es mucho tiempo después de que David muere, pero Ezequiel está anticipando a alguien en el linaje de David. Y dice: «Él las apacentará y será su pastor. Entonces yo, el Señor, seré su Dios, y mi siervo David será príncipe en medio de ellas. Yo, el Señor, he hablado».
Entonces, esta idea de pastor como David para su pueblo va a regresar y se va a cumplir finalmente en Jesús, quien, cuando vio una gran multitud, tuvo compasión de ellos porque eran como ovejas sin pastor, y comenzó a enseñarles muchas cosas. En Juan 10, versículo 11, Jesús dice: «Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas». Entonces, este rol de pastor se va a convertir en un rol muy importante a lo largo de toda la historia bíblica: un rol ordinario, un rol humilde; sin embargo, el rol que Jesús mismo va a asumir en su persona por nosotros.
3) Dios ve a través de la obra de su Espíritu (1 Samuel 16:13–23)
Lo cual me lleva al último punto de este texto, que viene en el versículo 13. Recuerden esta palabra ungir —«úngelo»—: es la misma palabra de Mesías, el ungido; o sea, en griego, Cristo. Y esto es lo que va a pasar con David.
«Entonces Samuel tomó el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. Y el Espíritu del Señor vino poderosamente sobre David desde aquel día en adelante. Luego Samuel se levantó y se fue a Ramá. El Espíritu del Señor se apartó de Saúl, y un espíritu malo de parte del Señor lo atormentaba».
Esta parte que estamos leyendo ahora, desde el versículo 14 al versículo 23, puede ser que cronológicamente, de hecho, esté después de la historia del capítulo 17, que es lo que vamos a ver el próximo domingo: David y Goliat. Y van a ver, porque hay algunos detalles; pero parece que el autor de 1 Samuel acomodó esta parte aquí nada más para mostrarnos el contraste entre Saúl y David en relación al Espíritu de Dios estando con ellos. Por eso dice: «El Espíritu del Señor se apartó de Saúl, y un espíritu malo de parte del Señor lo atormentaba».
«Entonces los siervos de Saúl le dijeron: "Puesto que un espíritu malo de parte de Dios lo está atormentando, ordene ahora nuestro señor a sus siervos que están delante de usted, que busquen un hombre que sepa tocar el arpa; y cuando el espíritu malo de parte de Dios esté sobre usted, él tocará con su mano y le pondrá bien". Entonces Saúl dijo a sus siervos: "Búsquenme ahora un hombre que toque bien y tráiganmelo". Y respondió uno de los mancebos: "Yo he visto a un hijo de Isaí, el de Belén, que sabe tocar. Es poderoso y valiente, un hombre de guerra, prudente en su hablar, hombre bien parecido, y el Señor está con él". Entonces Saúl envió mensajeros a Isaí, y dijo: "Envíame a tu hijo David, el que está con el rebaño". Isaí tomó un asno cargado de pan, un odre de vino y un cabrito, y los envió a Saúl con su hijo David. David fue a Saúl y le servía; y Saúl lo amó grandemente y lo hizo su escudero. Y Saúl envió a decir a Isaí: "Te ruego que David se quede delante de mí, pues ha hallado gracia ante mis ojos". Sucedía que cuando el espíritu malo de parte de Dios venía a Saúl, David tomaba el arpa, la tocaba hábilmente con su mano, y Saúl se calmaba y se ponía bien, y el espíritu malo se apartaba de él».
Aquí es importante nada más ver que la manera en que Dios ve es a través de la obra de su Espíritu. Es cuando Dios está actuando a través de su Espíritu que Dios, de hecho, desarrolla su voluntad en nuestras vidas.
Hay diferentes ministerios del Espíritu, y esto es importante verlo. A lo largo de 1 Samuel, tres veces es que el Espíritu de Dios desciende sobre Saúl para hacer algo. Y esto es importante ver —los ministerios del Espíritu—, para entender que el Espíritu Santo no está limitado solamente a usar creyentes: puede usar a quien él quiera. En el Nuevo Testamento va a usar a Judas, como uno de los discípulos de Jesús, en algún momento, para sanar y echar fuera demonios. Pero el hecho de que el Espíritu Santo use a alguien no significa necesariamente que el Espíritu Santo habita dentro de esta persona y ha sido regenerada.
Y es por eso que tenemos esta idea de "va y viene, va y viene": no porque el Espíritu Santo no habite dentro de los creyentes permanentemente, sino porque cuando el Espíritu desciende sobre alguien para hacer una obra específica, eso sí es en ciertos momentos. Y eso es verdad sobre nosotros también: el Espíritu Santo puede descender sobre nosotros de una manera especial para compartir su palabra con alguien, por ejemplo, o para predicar su palabra. Y eso no significa que el Espíritu Santo no estaba allá dentro de nosotros, sino que hay otro ministerio, además del de regeneración; hay otro ministerio del Espíritu Santo, que es darnos el poder para hacer algo en un momento específico. Y creo que mucho de eso está pasando a lo largo de Samuel. Vamos a ver otros ejemplos más adelante.
Pero aquí hay algo muy interesante: la única mención de cuando el Espíritu viene sobre David en el libro. ¿Y saben por qué? El texto dice por qué: porque el Espíritu del Señor estuvo con David desde aquel día en adelante. A diferencia de Saúl —esto es contraste con Saúl—, que va y viene, con David va a estar a lo largo de todo su reinado, el Espíritu dándole el poder para ser rey de Israel conforme al corazón de Dios.
Va a fallar en ciertos momentos, sí; pero el Espíritu Santo va a estar con él, y vamos a encontrar a David estando muy consciente de esta necesidad que él tiene de que el Espíritu de Dios le dé el poder para ser rey. Porque en el Salmo 51 David ora —¿se acuerdan cómo ora David?—: "Señor, no quites tu Espíritu de mí". Porque David sabe que para poder reinar correctamente necesita la guía del Espíritu de Dios. Y el Espíritu de Dios efectivamente va a estar con él a lo largo de todo su reinado. No va a haber ningún momento, como con Saúl, en el que Dios va a decir: "Bueno, ¿sabes qué? Me voy a apartar de ti. Ya ahí se acabó", que es lo que hizo con Saúl.
Entonces es interesante que simultáneamente nos presenta a David recibiendo el Espíritu, y a Saúl, que ya no tiene el Espíritu de Dios pero que tiene un espíritu malo de parte del Señor. O sea, Dios hace algo a Saúl. No entendemos bien toda la dinámica; hay mucha especulación sobre qué significa exactamente esto, pero entendemos que Dios es soberano sobre todas las cosas, y él puede usar cosas malas sobre la gente como parte de su juicio sobre la gente. Y eso es lo que está haciendo con Saúl. Saúl se va a volver mentalmente inestable de este punto en adelante; lo vamos a encontrar una y otra vez.
Hoy en día hablamos de salud mental —"es que mi salud mental"—. Pues Saúl tiene un problema de salud mental, y se vuelve un poco esquizofrénico y bipolar y todo lo que ustedes quieran decir aquí de términos que se usan hoy en día. Pero el punto es: Dios está en control, y está intencionalmente afligiendo a Saúl con esto. Dios —dice el texto—, Dios es el que lo está haciendo.
Entonces los siervos de Saúl dicen: "La música funciona, ¿no? La música te puede tranquilizar, Saúl". Entonces, como les digo, esta historia puede ser que esté sucediendo ya después de lo de David y Goliat, y por eso ya saben algo acerca de David y empiezan a saber más sobre sus habilidades y otras cosas.
Las características de un hombre con quien Dios está (versículo 18)
Pero quiero que pongan atención a la descripción que aparece aquí en el versículo 18, porque aquí tenemos varias características de David, y la más importante está al final del versículo 18, que es: «y el Señor está con él». Acuérdense: el Espíritu de Dios desciende sobre David cuando es ungido. Este es el evento más significativo del capítulo 16. Y a lo largo de la vida de David es evidente que Dios está con él, y se manifiesta de varias maneras.
Entonces, la lista que viene previo a "Dios estaba con él" es el resultado de que Dios estaba con él. No es que Dios vio estas características y dijo: "Ah, como me gustan estas características de ti, ahora voy a estar contigo". Es: voy a estar contigo, y por lo tanto va a haber estas características que la gente nota.
¿Cuáles son? Número uno: sabe tocar. Aquí está hablando de un instrumento musical, y estoy tentado a meterme en el tema de la música, y de lo poderoso que es el ministerio de la música, y el propósito que Dios tiene en la iglesia para el ministerio de la música. Pero el punto es más amplio, que es: los regalos que Dios da han sido dados para la bendición de otros. Y David aquí está siendo llamado a usar los dones, los talentos que Dios le ha dado, para ser de bendición a otros, no nada más para placer personal. Porque David podría haber dicho: "Pues yo me voy con mi arpa al campo con mis ovejas, y me encanta tocar, y qué bonito es para mí escuchar cómo toco" —David dándose serenatas él solito, ¿no?—. Pero ese no es el punto. Es: Dios quiere usar lo que él le ha dado a David para ser de bendición a otros. Y de hecho, eso es lo que termina pasando en los salmos, ¿no? La habilidad musical que Dios le dio a David se terminó convirtiendo en una de las habilidades musicales de mayor impacto de todos los tiempos, porque hasta el día de hoy cantamos los cantos de David. Entonces, eso es número uno.
Número dos, dice: es poderoso y valiente. Es decir: como Dios está con él, David se va a atrever a hacer cosas difíciles, cosas que normalmente no haría si Dios no estuviera con él. Eso vamos a ver en el próximo capítulo.
Número tres: no es flojo. No se la pasa en redes sociales todo el día, o jugando videojuegos todo el día. Es hombre de guerra: tiene un propósito con su vida, tiene pasión, tiene una meta. Eso es cómo se manifiesta alguien con quien Dios está. No estamos viviendo nuestra vida diciendo: "A ver qué pasa". No. Estamos siempre listos para pelear; para pelear por las cosas que Dios quiere que peleemos, para darle importancia a las cosas a las que Dios les da importancia, y apasionarnos por esas cosas.
Y la otra característica es: prudente en su hablar. Eso es muy interesante, porque esto muestra que la presencia de Dios con David se manifiesta en que tiene dominio propio, y no nada más habla impulsivamente. Sabe cómo manejar una situación, no escalarla, sino tranquilizar las cosas.
Y es bien parecido. ¿Cuántos ya voltearon y dijeron: "Entonces Dios no está con él"? Miren, yo creo que aquí esta descripción de David es mucho más profunda. Creo que tiene que ver con su presencia, con su buena presencia, con su buena compañía para la gente. Creo que a eso es a lo que se refiere esta idea de bien parecido: es la manera en que se relaciona con los demás y cómo hace sentir a los demás. Atrae a la gente.
Todo esto se cumple en Jesús
Claro que todo esto que estamos viendo se profetiza significativamente. Varias veces aparece en este texto —y no es accidente— el detalle de que David es de Belén. Y unos doscientos años después, en Miqueas, se va a estar profetizando: «Pero tú, Belén Efrata, aunque eres pequeña entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que ha de ser gobernante en Israel; y sus orígenes son desde tiempos antiguos, desde los días de la eternidad».
Isaías también, muchos años después de este evento, profetiza en Isaías 11:1: «Entonces un retoño brotará del tronco de Isaí, y un vástago dará fruto de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del Señor. Él se deleitará en el temor del Señor, y no juzgará por lo que vean sus ojos —esto es un paralelo de este pasaje—, ni sentenciará por lo que oigan sus oídos; sino que juzgará al pobre con justicia y fallará con equidad por los afligidos de la tierra. Herirá la tierra con la vara de su boca, y con el soplo de sus labios matará al impío».
Esto todo se cumple en Jesús. Jesús es quien cumple perfectamente todas estas características que se dicen acerca de David, y por lo tanto, a través de Jesús, también se cumplen en nosotros. Estas sí deberían de ser nuestras características. ¿Cómo usas tus talentos? ¿Cómo es que eres valiente para hacer cosas difíciles? ¿Cómo es que tu vida tiene propósito y una meta específica? ¿Cómo es que manifiestas dominio propio en tu manera de hablar? ¿Y cómo es que otros se sienten cuando están contigo: atraídos hacia ti, o "mejor prefiero no estar con él"?
Porque todas estas características apuntan a Cristo, quien fue ungido por Dios, sobre quien vino el Espíritu. Pero eso es verdad de nosotros también. Nosotros también tenemos al Espíritu Santo. Este mismo Espíritu que descendió sobre David y que estaba con David es el mismo Espíritu que está con nosotros, y nosotros también hemos sido ungidos por Dios. 1 Juan 2:20 dice: «Pero ustedes tienen la unción del Santo, y todos ustedes lo saben. […] En cuanto a ustedes, la unción que recibieron de él permanece en ustedes, y no tienen necesidad de que nadie les enseñe; pero así como su unción les enseña acerca de todas las cosas, y es verdadera y no mentira, y así como les ha enseñado, ustedes permanecen en él».
Nosotros tenemos a Dios con nosotros. Todo esto puede ser posible de cada uno de nosotros.
Conclusión: ¿está Dios contigo?
Así que nuestra oración tiene que ser: "Señor, ¿estás conmigo? ¿Estás conmigo?". Esto es lo más importante acerca de David: «y el Señor está con él». Lo más importante, la característica más importante de nuestra identidad, es: ¿está Dios con nosotros, sí o no? Y luego la pregunta es: entonces, ¿cómo se ve eso? ¿Cómo puede la gente saber que Dios está con nosotros?
Todo lo que importa es que Dios está con nosotros, porque Jesús ya nos ha dado la victoria a través de su perfecta vida y sacrificio. Todo lo que importa, hermanos, es ver las cosas como Dios las ve. Ese es el llamado de la palabra de Dios. Y Dios solo estará con nosotros si, cuando nos ve a nosotros, ve a su Hijo primero.
Entonces, veamos las cosas como Dios las ve, al ver a Cristo como el centro de toda nuestra esperanza, de todo el propósito de nuestra existencia, para gloria de su nombre.
Vamos a cantar juntos: "Quiero ver la vida como tú, de gloria en gloria".
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